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1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

11 OCTUBRE

1 Reyes 14 | Colosenses 1 | Ezequiel 44 | Salmos 97–98

En el Libro de Oración Común de la iglesia anglicana, el Salmo 98 se conoce como el Cantate Domino (“Cantad al Señor”) y está ubicado entre la lectura nocturna del Antiguo Testamento y su equivalente del Nuevo, desbordante de adoración y gozo vivificantes.

El Salmo 98 tiene tres estrofas. La primera (98:1–3) celebra la “salvación” de Dios (que vemos en cada versículo). La palabra tiene quizás un uso más amplio que el que le damos actualmente. Incluye la victoria sobre los enemigos: la “diestra” y el “santo brazo” del Señor (98:1) llevarán a cabo esta “salvación” o victoria. Sin embargo, también incluye nuestro significado del término: Dios reconcilia al pueblo con él y lo transforma por su gracia. Mientras él “se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel” (98:3), la gloriosa verdad es que “el Señor ha hecho gala de su triunfo; ha mostrado su justicia a las naciones” (98:2); “¡Todos los confines de la tierra son testigos de la salvación de nuestro Dios!” (98:3). No es de extrañar, pues, que debamos cantar “un cántico nuevo” al Señor (98:1). Esta expresión no se refiere tanto a una composición nueva, escrita quizás para la ocasión, como a una reacción fresca ante las nuevas misericordias derramadas sobre nosotros.

La segunda estrofa (98:4–6) responde con una adoración emocionada a cada acto de Dios en la primera, que celebra su venida en poder y salvación. De hecho, todos nuestros actos de adoración constituyen un adelanto del fin, pues la salvación total descrita brevemente espera la consumación. Aclamamos “alegres al Señor, el Rey” (98:6) como preludio del anuncio de la culminación de su reino. Los instrumentos enumerados aquí se utilizaban regularmente como parte de la adoración en el templo (cf. 1 Crónicas 16:5–6) o en ocasiones alegres como la coronación de un nuevo rey (p. ej., 1 Reyes 1:39).

Si la alabanza de la segunda estrofa se estructura en un cántico orquestado, la de la tercera (98:7–9) es inarticulada. Sin embargo, no es menos poderosa por ser tosca. Incluso ahora, todo el universo declara la gloria de Dios. No obstante, si diversos pasajes del Antiguo Testamento anuncian una enorme renovación del orden creado (Salmo 96:11–13; Isaías 2; 11; 55:11–12), Pablo no sólo también lo hace sino que reconoce que el cumplimiento depende de la transformación de los seres humanos al final: “La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para alcanzar así la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:19–21).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 284). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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