La presencia del Señor

Domingo 17 Febrero

En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.

Éxodo 20:24

(Jesús dijo:) Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Mateo 18:20

La presencia del Señor

¿Cuál es el objetivo de los cristianos cuando se reúnen? Adorar a Dios, alabar, orar, leer juntos la Biblia, encontrarse con los hermanos y hermanas en la fe… ¡por supuesto! Pero, sobre todo, estar con el Señor. La presencia del Señor es uno de los grandes beneficios de las reuniones cristianas.

El Señor Jesús es invisible, sin embargo está allí según su promesa. Su presencia es espiritual, pero efectiva y real para la fe, como cuando se presentó en medio de los suyos el domingo de su resurrección. “Vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Juan 20:19).

Jesús hizo esta promesa a quienes se reunirían en torno a él, en su honor. El Espíritu Santo también está allí obrando. Comunica lo que viene de Dios, y nos presenta todas las virtudes de la persona de Cristo. Podemos decir que anima la reunión. Obra en los pensamientos de cada uno, en tanto que el Señor, mediante su presencia efectiva, es la fuente misma de la bendición. Siendo nuestro Salvador y al mismo tiempo el Dios soberano, sigue siendo Aquel que nos amó y que nos ama. Él es a quien amamos, a quien oramos y adoramos, sirviéndole con gozo y fervor. Él está allí, en medio de aquellos por quienes se dio a sí mismo.

Es tu presencia el bien supremo;

Tu amor no menguará jamás;

Tu corazón da a los que te aman

Descanso, gozo, plena paz.

2 Samuel 10 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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¿Para qué sirven las buenas obras?

¿Para qué sirven las buenas obras?

“Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” Efesios 2:8-10.

Muchas Iglesias están experimentado hoy en día un despertar a las verdades del evangelio. Sin embargo, al contemplar la gracia de Dios en la salvación del hombre es fácil caer a un entendimiento incorrecto de las buenas obras. –Si las buenas obras no nos salvan— pensamos, —¿por qué debo hacerlas?—.

En este video, el pastor Justin Burkholder reflexiona sobre Efesios 2 y el propósito de las buenas obras en la vida cristiana.

 

 

¿Para qué sirven las buenas obras?

Nuestro mecanismo de defensa

Febrero 16

Nuestro mecanismo de defensa

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. (Salmo 66:18)

Según el versículo de hoy, ni siquiera se puede conversar con Dios, mucho menos crecer espiritualmente, si se albergan pecados en el corazón. Por eso es tan esencial la confesión.

Primero tiene que estar dispuesto a aceptar el castigo de Dios por su pecado. Si piensa que Él está obrando con rudeza, debe examinar su vida para ver si lo merece. Por la misma razón que los padres deben castigar la mala conducta de un hijo, Dios lo castiga a usted para que no repita sus errores.

Dios también ha puesto un sistema de sentido de culpa en usted para su propio bien. La vida espiritual sin sentido de culpa sería como la vida física sin dolor. El sentido de culpa es un mecanismo de defensa; es como una alarma que funciona para guiarlo a la confesión cuando usted peca. Es cuando usted tiene que confrontar su pecado y reconocer delante de Dios que es una afrenta para Él. Ese reconocimiento debe ser parte de su vida antes de que pueda crecer espiritualmente, ya que elimina el pecado que lo detiene a usted.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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El verdadero gozo en la intimidad del matrimonio

Sábado 16 Febrero

Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y… no sois vuestros. Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.

1 Corintios 6:19-20

El verdadero gozo en la intimidad del matrimonio

Desde el Génesis, la Biblia emplea el verbo conocer para hablar de la relación conyugal. Conocer al cónyuge sobrepasa la intimidad física o intelectual. Esto significa vivir una relación de corazón y espíritu, una comunión profunda entre los esposos.

Lo que permite que el encuentro conyugal sea vivido como una comunión, es la capacidad de amar al otro con respeto, lealtad, ternura y pureza de corazón. Lo opuesto es querer imponer su manera de vivir las relaciones conyugales, o dejarse llevar por el deseo egoísta. Recordemos que lo que toca el cuerpo, toca la persona y puede dejar heridas en el alma y en el corazón.

Esta pureza en los afectos recíprocos de la pareja ayudará a dominar una sexualidad «instintiva», sin control, para vivirla como un regalo de Dios en la esfera del matrimonio. La Palabra de Dios advierte: “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro” (1 Corintios 7:4-5).

El noviazgo es un período privilegiado para aprender a entrar en esa comunión de las almas, que precede al encuentro de los cuerpos, reservado para el matrimonio.

Esta pureza de sentimientos, buscada en la oración común (1 Pedro 3:7) y en la lectura de la Palabra de Dios, guardará a los esposos cristianos en ese camino según Dios, que lejos de ser frustrante, lleva al verdadero gozo de la pareja.

2 Samuel 9 – Hechos 1 – Salmo 22:25-31 – Proverbios 9:13-18

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La iglesia es una comunidad, no un servicio

La iglesia es una comunidad, no un servicio

Es prudente asumir que si no participas y permaneces dentro de un cuerpo local de discípulos (o como lo conocemos: la iglesia), entonces deberías de estar preocupado acerca de tu salvación. No te preocupes: no estoy intentando argumentar que tu salvación depende de tu asistencia a un servicio o de tu presencia dentro de un edificio. Ir a la iglesia no puede salvarte. De hecho, nada de lo que tú puedas hacer puede salvarte. Por eso Jesús tuvo que hacerlo, con su muerte en la cruz. Sin embargo, lo que me gustaría explicar hoy es que si bien ir a la iglesia no es la causa de tu salvación, ser parte de una es definitivamente un resultado.

No siempre lo entendí así. Recuerdo cuando era niño discutir con mis padres sobre el porqué tenía que ir a la iglesia. Incluso les dije una vez que prefería ir al primer servicio porque “podía salir pronto de ese asunto y continuar con los propios el resto del día”. Mis padres no estuvieron muy felices cuando dije eso. Aun de niño, ¡era un terrible pecador!

Creo que la razón por la cual no comprendía el propósito de ir a la iglesia era parcialmente porque eso era exactamente lo que comprendía (o entendía mal) sobre la iglesia: un lugar para ir o un servicio al cual asistir. Sin embargo, la descripción de iglesia que observamos en la Biblia no es nada de eso. Revisa Hechos 2:42-47:

Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales (milagros) se hacían por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Revisa también Hebreos 10:24-25:

Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Por último, revisa 1 Juan 3:11-18:

Porque éste es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos, no se maravillen si el mundo los odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él. En esto conocemos el amor: en que El puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanosPero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

¿Observas el modelo? La iglesia nunca fue algo a lo que los cristianos tenían que ir a, y no deberíamos de enseñar eso, especialmente si también creemos que el solo atender a un servicio o entrar a un edificio podría de alguna manera mediar en nuestra relación con Dios.

Ahora bien, si la iglesia no es un servicio o un edificio, entonces ¿qué es? Yo soy parte de un grupo que está plantando una iglesia en Guatemala y hay una frase que nos gusta usar para describir nuestras reuniones:

No somos un evento al que asistimos, somos una comunidad a la que pertenecemos.

La iglesia no es un edificio y tampoco es un servicio. El término “iglesia” viene de la palabra griega, ekklesiaEkklesia era una palabra que se usaba con frecuencia para expresar “asamblea” o “una reunión de personas”. Sin embargo, su uso en el Nuevo Testamento es un poco diferente. Para Pablo, la iglesia no era un edificio ni era una reunión de personas (o lo que podríamos llamar hoy, un servicio de iglesia). La iglesia eran los reunidos (o mejor dicho “los que han sido llamados a reunirse”), las mismas personas. Nuestra identidad como iglesia debe ser como la de una comunidad que está enraizada en la persona y obra de Jesucristo, en quien mora la plenitud de Dios. La iglesia son las personas. Ninguno es perfecto. En realidad, esa es la mera razón por la que podemos ser una comunidad. Podemos venir de una gran variedad de trasfondos, pero todos tendremos dos cosas en común: todos somos pecadores, y más importante, todos tenemos a Jesús.

De manera que, los cristianos no deberíamos entrar a una comunidad de discípulos esperando encontrar perfección, sino esperando ver a Jesús operando en los corazones de sus miembros. Incluso entonces, ¿es perfección lo que realmente queremos ver? ¿Cuántos de nosotros nos sentiríamos completamente fuera de lugar, inseguros e inadecuados si nos uniéramos a una iglesia y nos diéramos cuenta que nosotros somos los únicos imperfectos? ¡No nos sentiríamos bienvenidos, nos sentiríamos condenados! Sin embargo, muchos de nosotros tratamos a la iglesia de esta manera: como una reunión de domingo donde todos pretendemos ser perfectos mientras el resto de la semana nos estamos ahogando en pecado preguntándonos cómo los demás lo hacen y parece que están bien. La verdad es: nadie está bien. Cuando Jesús murió en la cruz, él hizo evidente que nadie es perfecto. Así que en lugar de actuar como que lo somos, admitamos que nadie lo es y hagamos lo que estamos llamados a hacer: amarnos los unos a los otros y buscar la santidad. Toma tiempo crecer en una iglesia. Toma más que solamente entrar al edificio, sentarse durante un servicio, y salir cuando éste ha terminado. Después de todo, no solamente requiere que compartamos el evangelio: debemos compartir nuestras vidas (1 Tes. 2:8).

El Señor ha preparado Su iglesia para ti, llena de creyentes quebrantados y que son llamados a amarte, enseñarte y ayudarte en tu caminar con el Señor. Y ¡tienes que devolverles ese amor!

Quizá es de suma importancia que recordemos que la comunión con los otros en la iglesia es otra forma de comunión con Cristo. John MacArthur lo expresa mejor cuando dice, “Cualquiera que está en comunión con Cristo debería también estar en comunión con cualquier otro que también está en comunión con Cristo”.

Por lo tanto, mi oración por ti hoy es que en respuesta al amor de Cristo y el poder del evangelio, no solo asistas a la iglesia, pertenezcas a la iglesia.

 

Steven es uno de los pastores de Iglesia Reforma. Sirve como el director de operaciones de Coalición por el Evangelio. Él vive en Guatemala con su

esposa, Gabriela. Escribe para su blog Cultiva y habla sobre temas de fe, cultura y teología en su podcast Confesiones. Puedes encontrarlo

en Twitter Instagram.

 

La iglesia es una comunidad, no un servicio

La necesidad del arrepentimiento

Febrero 15

La necesidad del arrepentimiento

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmo 51:10)

No puede haber verdadera confesión sin arrepentimiento. Muchas veces no confesamos nuestro pecado porque no estamos dispuestos a abandonarlo. Cuando era un joven cristiano, recuerdo haberle dicho al Señor que me arrepentía por determinados pecados que había cometido y después le daba gracias por haberlos perdonado. Pero eso era lo único que hacía.

Ocurrió algo importante en mi vida espiritual cuando comencé a decir: “Señor, gracias por perdonarme esos pecados. Sé que no te agradan, y no quiero volver a cometerlos”. Eso puede ser difícil de decir porque a veces queremos cometer ciertos pecados otra vez. Pero revelamos falta de madurez espiritual cuando queremos eliminar el castigo del pecado pero deseamos retener el placer. Para que su confesión de pecado sea genuina, debe apartarse de sus pecados.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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Horóscopos

Viernes 15 Febrero

No sea hallado en ti… quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera que hace estas cosas.

Deuteronomio 18:10-12

Horóscopos

La mayoría de los periódicos y revistas poseen su página de astrología, y muchos lectores los tienen como referentes para explicar su carácter, interpretar lo que les sucede y tomar sus decisiones. Suerte, trabajo, amor perdido o encontrado, salud, solo se necesita leer en cada sección la predicción que corresponde a su signo astrológico. Redactado de una manera hábilmente ambigua, tiende a orientar la conducta del lector en la semana. El astrólogo que lo firma se vuelve un poco su dueño, y se lucra explotando la credulidad del lector. Algunas personas, pese a ser escépticas sobre la fiabilidad de estos horóscopos, los leen regularmente como una distracción, sin creer demasiado. Pero, ¡cuidado, peligro! La Palabra de Dios nos alerta solemnemente contra los videntes, médiums, y cualquier tipo de gurús, sea como juego o por convicción (ver el versículo del día). Estas prácticas pueden realmente llegar a poner en contacto con los demonios. Sin saberlo, muy a menudo los lectores se ponen así bajo la influencia de fuerzas ocultas y nefastas.

No se deje engañar. Solo Dios es dueño del futuro, próximo o lejano. Crea en Aquel que merece ser creído, quien nunca engaña. Él no nos revela todo sobre nuestro futuro cercano, para que mantengamos activa nuestra confianza en él; sin embargo, es muy claro respecto al futuro eterno de cada uno. Este futuro reposa exclusivamente sobre una persona: Jesucristo, a quien tenemos que recibir como Salvador durante el tiempo de nuestra vida en la tierra.

2 Samuel 8 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

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La Iglesia frente al mundo

John MacArthur

La Iglesia frente al mundo

Note que nuestro Señor consideró como un hecho que el mundo aborrecería a la iglesia.  Lejos de enseñar a sus discípulos que trataran de ganar el favor del mundo con adaptaciones del evangelio a las preferencias mundanas, Jesús hizo advertencias serias en el sentido de que la búsqueda de aprobación por parte del mundo es una característica de los profetas falsos: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lc. 6:26).

Además explicó: “el mundo…a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Jn. 7:7).  En otras palabras, el desprecio del mundo hacia el cristianismo se deriva de motivos morales, no intelectuales: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn. 3:19-20).  Por esta razón, sin importar cuán dramáticos sean los cambios en el campo de la opinión mundana, la verdad cristiana nunca será popular para el mundo.

No obstante, casi en todas las eras de la historia eclesiástica ha habido personas en la iglesia que se han convencido de que la mejor manera de ganar el mundo es ofrecer lo que le apetece al mundo.  La aplicación de esa metodología siempre ha distorsionado el mensaje del evangelio.  Los únicos períodos históricos en los que la iglesia ha tenido una influencia significativa en el mundo han venido como producto de la firmeza del pueblo de Dios en negarse a ceder ante presiones externas, para proclamar con denuedo la verdad a pesar de la hostilidad del mundo.  Cada vez que los cristianos se niegan a cumplir la tarea de confrontar las tendencias populares, la Iglesia ha perdido esa influencia y en su impotencia ha quedado fusionada de manera inconfundible con el mundo.  Tanto las Escrituras como la historia atestiguan sobre la veracidad de este hecho.

En últimas, el mensaje cristiano no puede ser torcido para conformarse a las vicisitudes de la opinión mundana.

La verdad bíblica es fija y constante, no sujeta a cambio ni adaptación.  Por otro lado, la opinión del mundo está en flujo constante y caprichoso.  Las diversas modas y filosofías populares que dominan el mundo cambian de forma radical y regular de generación en generación.  La única cosa que permanece constante es el odio del mundo hacia Cristo y su evangelio.

Lo más probable es que el mundo no acogerá por mucho tiempo la ideología que está en boga este año, cualquiera que esta sea.  Si el patrón de la historia sirve como indicador, durante el tiempo en el que nuestros bisnietos sean adultos, la opinión mundana será dominada por un sistema de creencias y valores diferente por completo al de la actualidad.  La generación del mañana renunciará a todas las modas y filosofías contemporáneas, pero una cosa permanecerá sin cambio: Hasta que el Señor mismo regrese y establezca su reino en la tierra, sin importar cuál sea la ideología que tenga mayor popularidad en el mundo, será tan hostil a la verdad bíblica como todos los sistemas y paradigmas que la hayan precedido.

Modernismo

Considere por ejemplo lo sucedido durante el siglo pasado.  Hace cien años la Iglesia recibió el embate del  modernismo, aquella visión del mundo basada en la noción de que solo la ciencia puede explicar la realidad.  En efecto, el punto de partida del modernista era la presuposición de que nada sobrenatural es real.

Debió ser obvio de inmediato que el modernismo y el cristianismo eran incompatibles en lo fundamental.  Si nada sobrenatural es real, la mayor parte de la Biblia es incierta y carece de autoridad: La encarnación de Cristo es un mito (lo cual también anula la autoridad de Cristo),  y todos los elementos sobrenaturales del cristianismo, incluido Dios mismo, deben ser definidos en términos naturalistas.   El modernismo se oponía al cristianismo en su medula.

No obstante, la Iglesia visible a principios del siglo veinte estaba llena de personas convencidas de que el modernismo y el cristianismo podían y debían ser reconciliados.  Insistieron en que si la Iglesia no marchaba al ritmo de los tiempos de los tiempos mediante su acogida del modernismo, el cristianismo no sobrevivirá el paso del siglo veinte.  Dijeron que la Iglesia se haría cada vez más irrelevante para las personas modernas y en poco tiempo moriría.  Por eso fabricaron un “evangelio social”  despojado del evangelio verdadero de salvación.

Por supuesto, el cristianismo bíblico sobrevivió sin problemas el paso del siglo veinte.  Allí donde los cristianos mantuvieron su compromiso con la veracidad y autoridad de las Escrituras, la Iglesia floreció.  En cambio, aquellas mismas iglesias y denominaciones que se acogieron al modernismo fueron las únicas que perdieron relevancia y prácticamente se extinguieron a finales de siglo.  Muchos edificios grandiosos pero vacíos dan testimonio mudo de los efectos letales de endosar el modernismo.

Posmodernismo

El modernismo ya es considerado en la actualidad como una manera anticuada de pensar.  La visión dominante del mundo en círculos seculares y académicos se llama hoy día posmodernismo.

Los posmodernistas han repudiado la confianza absoluta del modernismo en la ciencia como el único sendero a la verdad.  De hecho, el posmodernismo ha perdido todo interés en “la verdad” e insiste en que no existen verdades absolutas, objetivas ni universales.

Es evidente que el modernismo fue una necedad que debió abandonarse, pero el posmodernismo es un paso trágico en la dirección equivocada.  A diferencia del modernismo que por lo menos mantuvo su interés en la veracidad o falsedad de convicciones, creencias e ideologías básicas, el posmodernismo niega por completo de forma objetiva y cierta.

Para el posmodernista, la realidad es que el individuo quiera imaginar.  Eso significa que lo “verdadero “es determinado por la opinión subjetiva de cada persona y que no existe una verdad objetiva con autoridad para gobernar la realidad y que se aplique de forma universal a toda la humanidad.  El posmodernista cree que es inútil sentarse a discutir si una opinión es superior a otra.  Después de todo, la realidad no es más que una construcción abstracta de la mente humana y la perspectiva que una persona tenga de la verdad es tan válida como la de cualquier otra.

Tras dar la espalda al conocimiento de la verdad objetiva, el posmodernista se dedica más a bien a la búsqueda del “entendimiento” del punto de  vista de la otra persona.   Así las palabras verdad y entendimiento adquieren significados nuevos y radicales.  Lo irónico es que esa clase de “entendimiento” requiere que todos descartemos de entrada la posibilidad de conocer cualquier verdad.  De este modo, la “verdad” se reduce a simples opiniones personales que por lo general conviene no comunicar a los demás.

Esa es la exigencia esencial y no negociable que el posmodernismo impone a todos: No debemos ni siquiera pensar que se puede llegar a conocer alguna verdad objetiva.  Los posmodernistas sugieren con frecuencia que todas las opiniones deben tratarse con el mismo respeto.  Por eso en lo superficial, el posmodernista parece motivado por el establecimiento de una mentalidad amplia cuyas prioridades son la armonía y la tolerancia.  Todo suena muy caritativo y altruista, pero lo que sostiene el sistema de creencias del posmodernismo es una intolerancia absoluta hacia toda visión del mundo que plantee cualquier verdad universal, en particular el cristianismo bíblico.

En otras palabras, el posmodernismo comienza con una presuposición que es irreconciliable con la verdad objetiva y dada por revelación divina en las Escrituras.  Como el modernismo, el posmodernismo se opone de forma fundamental y diametral al evangelio de Jesucristo.

A pesar de esto, la iglesia está  llena en la actualidad de personas que defienden ideas posmodernistas. Algunas lo hacen de forma deliberada y consciente, pero la mayoría ni siquiera se dan cuenta de ello.  Han incumbido tanto en el espíritu del siglo que no pueden regurgitar más que opiniones mundanas.  El movimiento evangélico todavía intenta recuperarse de su larga batalla contra el modernismo y no está preparado para enfrentarse a un adversario nuevo y diferente.  En consecuencia, muchos cristianos no han reconocido el peligro extremo que representa el pensamiento posmodernista.

La influencia del posmodernismo ya ha infectado a la Iglesia.  Los evangélicos bajan de tono su mensaje para que la verdad del evangelio no rechine tanto en el oído posmoderno.  Muchos se sienten demasiado intimidados como para afirmar que la Biblia es verdadera y que los demás sistemas religiosos y visiones del mundo son falsos.  Algunos que se llaman cristianos han ido más lejos y niegan a propósito la exclusividad de Cristo.   Se atreven a cuestionar su afirmación de que El es el único camino a Dios.

El mensaje bíblico es claro.  Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).  El apóstol Pedro proclamó a una audiencia hostil: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12).  El apóstol Juan escribió:  “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).  Una y otra vez, la Biblia recalca que Jesucristo es la única esperanza de salvación para el mundo.  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5).   Cristo es el que único que puede hacer expiación por el pecado y por eso Cristo es el único que puede dar salvación.  “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y  esta vida está en su Hijo.  El que tiene al hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12).

Esas verdades son antítesis al argumento central del posmodernismo.  Son afirmaciones de verdades exclusivas y universales que declaran a Cristo como el único camino al cielo y a todos los demás sistemas de creencias como senderos falsos y erróneos.   Esto es lo que enseñan las Escrituras.  Es lo que la iglesia verdadera ha proclamado a lo largo de la historia.  Es el mensaje del cristianismo y no puede ser cambiado para acomodarse a la sensibilidad de los posmodernistas.

A diferencia de ello, muchos cristianos pasan por alto las afirmaciones exclusivas de Cristo y mantienen un silencio vergonzoso.  Todavía peor, algunos en la iglesia, incluidos unos  cuantos líderes prominentes del mundo evangélico, han comenzado a sugerir que quizá las personas puedan salvarse sin tener un conocimiento personal de Cristo.

Los cristianos no podemos no podemos capitular al posmodernismo sin sacrificar la esencia misma de nuestra fe.  Es evidente que la afirmación bíblica de que Cristo es el único camino de salvación esta fuera de armonía con la noción posmoderna de “tolerancia”.  Sin embargo, es lo que la Biblia enseña con claridad rotunda y la Biblia, no la opinión posmodernista, es la autoridad suprema para el cristiano.  La biblia es lo único que debería determinar lo que creemos y proclamamos al mundo.  Sobre esto no podemos debatirnos sin importar cuánto se queje este mundo posmodernista de que nuestras creencias nos hacen “intolerantes”.

Por qué un único camino?

La defensa de credo exclusivo en un mundo inclusivo

John MacArthur

Un distintivo del cristiano

Febrero 14

Un distintivo del cristiano

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados. (1 Juan 1:9)

El apóstol Juan escribió su primera epístola para definir la diferencia entre un cristiano y un incrédulo. Nuestro versículo de hoy indica que la confesión caracteriza al primero. El versículo siguiente dice: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso” (v. 10). Los hombres no regenerados niegan su pecado, pero los cristianos aceptan la responsabilidad por el pecado y lo confiesan.

La confesión de pecado no tiene lugar solamente en la salvación. Continúa, como la fe, durante toda la vida de un creyente. La disposición de confesar el pecado es parte del modelo de vida que caracteriza a todos los creyentes. Ese modelo también incluye el amor (1 Jn. 3:14), la separación del mundo (2:15), y la enseñanza por el Espíritu Santo (2:27). Desde luego que hay varios grados de confesión, a veces no hacemos una confesión tan completa como debiéramos, pero un verdadero creyente finalmente reconoce su pecado.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

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El gozo de confiar en Dios

Jueves 14 Febrero

Alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre.

Salmo 5:11

Has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Salmo 63:7

El gozo de confiar en Dios

Una palabra para los jóvenes cristianos

Queridos jóvenes: ¿Cómo podemos conocer y conservar el gozo profundo de la fe? “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Para perseverar en la fe debemos buscar cada día la presencia de Jesús, tener un diálogo real, humilde y confiado con él.

Buscar su presencia es poner nuestra confianza en él, conscientes de que vivimos bajo su mirada. Aprendan a ver cómo el Señor Jesús obra en sus vidas, descúbranlo en el día a día. Él nunca los abandonará. Él dio su vida en la cruz por amor a ustedes.

Buscar al Señor también significa recibir su Palabra, la cual alegra el corazón: “Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16). Aprendan a leer y meditar la Biblia, allí encontrarán respuestas a sus preguntas. La Palabra de Dios nos permite descubrir las maravillas que él hizo. Ella nos invita a alabar, a adorar y a regocijarnos ante Dios: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos” (Salmo 95:2).

Algunas veces el cristiano debe atravesar momentos de prueba, sufrimiento y tristeza. Pero, incluso en esos momentos, el Señor desea hacerle sentir el gozo de su amor. El apóstol Pablo dio testimonio de ello: “Entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10).

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría… Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” (Colosenses 3:16-17).

2 Samuel 7 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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