5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

John MacArthur

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Abra su Biblia en Santiago capítulo 1. Estaremos estudiando los versículos 13 al 18. Santiago 1:13 al 18. Si no terminamos todos estos versículos en esta noche, probablemente cubriremos la parte que nos quede el próximo domingo por la noche, cuando también estaremos teniendo un tiempo de alabanza. Y de alguna manera, lo vamos a coordinar para que sea una tarde maravillosa si el Señor quiere que nos tomemos más tiempo.

Observe su Biblia conforme le veo los versículos 13 al 18. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas.”

Al llegar a este texto, permítame pedirle que vea el versículo 14. Comienza con estas palabras “cuando alguno es tentado.” Todos nosotros podemos dar testimonio de la veracidad de esa afirmación. Toda persona es tentada. La tentación es la experiencia común de todo ser humano. No cristiano o cristiano. Pablo dice en 1 Corintios 10 que las tentaciones son comunes al hombre.

Un escritor antiguo dijo que inclusive cuando somos salvos, debemos recordar que nuestro bautismo no ahogó nuestra carne. La tentación es común a todo hombre. Todo hombre es tentado. Todos, entonces, enfrentamos la batalla de la tentación. Y la manera en la que la enfrentamos es una marca de la legitimidad de nuestra fe o la ausencia de la verdadera fe salvadora.

Así como la manera en la que enfrentamos las pruebas y respondemos a ellas en los versículos 2 al 12 fue vista como una prueba de fe genuina, así también la manera en la que enfrentamos la tentación también es una prueba de fe genuina.

Es normal para la gente no redimida el no aceptar la responsabilidad por su propia pecaminosidad. Cuando se ven tentados y pecan, es típico para ellos culpar a alguien más. Los niños llegan al mundo rehusándose a aceptar la responsabilidad por su conducta. La primera vez que usted reprende a su pequeño niño por algo, su reacción inicial, automática es decir “no lo hice,” “no fue mi culpa,” “pero no entiendes.”

Aceptar la responsabilidad total por la debilidad y la tentación no es algo que los hombres hacen muy bien. Los hijos evaden la culpabilidad de su propia culpa y llegan a ser adultos que prácticamente hacen lo mismo.

En este pasaje, Santiago está diciendo que la manera en la que usted responde a la tentación y a quién usted culpa es otra indicación de la legitimidad de su fe salvadora o la ausencia de la misma.

Ahora, en un sentido el cambio de los versículos 12 al 13 es un cambio rápido para Santiago. Él había estado hablando de las pruebas. Él había estado usando el mismo verbo, peirazō, el mismo nombre, peirasmos, el cual significa pruebas o tribulaciones. Él había estado usando esa misma palabra para hablar de las pruebas que el Señor permite que vengan a nuestra vida para hacernos fuertes. Él acaba de decir que las personas que soporta esas pruebas es bendecida. Esas pruebas, aprendimos, son circunstancias externas que prueban nuestra fe, que producen crecimiento espiritual.

Pero esas pruebas también pueden convertirse en tentaciones. Y en lugar de ser un medio de crecimiento espiritual, pueden convertirse en una fuente de solicitud a la maldad. Toda situación difícil que viene a mi vida o me fortalece porque obedezco a Dios y permanezco confiando en Su cuidado y confiando en Su poder y entonces, o crezco, o me veo tentado a dudar de Dios, negar Su palabra, desobedecer, hacer lo que es práctico. Y de esta manera, he caído y me he vuelto presa a la solicitud a hacer el mal.

La misma palabra que significa una incitación a la maldad es también usada para hablar de una prueba. La diferencia es cómo responde a la misma. Si usted responde a una prueba con obediencia, entonces descubrirá que es un medio para crecer espiritualmente. Si usted responde a una prueba con desobediencia, se ha convertido en una tentación y usted se ha vuelto presa de ella. Toda prueba tiene el potencial de volverse en una tentación dependiendo de nuestra respuesta.

Entonces, Santiago hace este cambio de las pruebas que nos llevan a crecimiento y bendición a tentaciones, que llevan al pecado y a la muerte. Toda situación en la vida que enfrentamos, entonces, nos provee con una decisión. De hecho, demanda una decisión. Perseveraré, avanzaré en fe en Dios al obedecer Su palabra o escucharé la voz que sugiere cuál es el camino fácil de salir, el cual es la desobediencia; y caigo en pecado.

Ahora, si caigo en pecado, ¿quién tiene la culpa? ¿Es la culpa de Dios, quien trae las pruebas o las permite? ¿Es la culpa de mis circunstancias? ¿Es la culpa de que yo fui criado por Dios como soy y no puedo evitarlo? ¿Quién tiene la culpa? Si Dios trae las pruebas, ¿acaso Él entonces es responsable cuando se vuelven tentaciones?

Este tema de quién tiene la culpa en la tentación por el pecado es el corazón de este pasaje. Y es algo esencial porque realmente es algo tan antiguo como el pecado.

Abra su Biblia en Génesis, capítulo 3. Génesis, capítulo 3. Conforme llegamos al versículo 11, Adán y Eva ya cayeron en pecado y son confrontados por Dios. Y Dios le habla a Adán en el versículo 9: “… y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Él nunca antes había hecho eso, pero había participado en el pecado y tenía miedo de enfrentar a una deidad infinitamente Santa. Y entonces, se estaba escondiendo.

Y versículo 11: “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” De pronto tienen una conciencia de sí mismo que nunca antes había tenido. “¿Has comido del árbol de que Yo te mandé no comieses?” Escuchen al hombre. Todo lo que tendría que haber respondido era sí, lo hice. “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” ¿Quien tuvo la culpa? Bueno, él sugiere que la tuvo la mujer. Digo, después de todo él se fue a dormir una noche y nunca antes había visto a una mujer en su vida; y despertó a la mañana siguiente y estaba casado con una. Ni siquiera sabía lo que era una mujer. Pero el punto de fondo aquí es que él no está culpando a Eva. Esta es la afirmación: Él dice “la mujer que me diste”. ¿Quién tuvo la culpa? Dios tuvo la culpa. Pudiste haber seleccionado cualquier mujer que Tú querías. ¿Por qué la escogiste a ella? ¿Por qué hiciste a una mujer que sabías que iba a hacer eso?

Por cierto, Adán no es el único que le ha hablado a Dios en esos términos. Observe el versículo 13: “Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?” Y la mujer dijo: “yo lo hice.” ¡No! Ella dijo: “Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.” Soy una víctima, así como mi marido de algo que Tú creaste; yo estaba en este huerto maravilloso y de pronto, apareció una serpiente. Yo no hice esa serpiente. Yo no hice que esa serpiente hablara. Culpan a Dios.

Y así ha sido desde ese entonces. Dios me hizo, Dios me hizo con mi pecaminosidad, Dios me hizo con mis circunstancias. Dios me colocó en la situación en la que estoy en mi matrimonio. Dios me dio mi medio ambiente. Dios creó el escenario. Dios creó lo que me rodea. No es mi culpa.

En Isaías 63:17, usted oye esta afirmación extraña: “Oh, Jehová, ¿por qué nos has hecho errar de los caminos y endurecido nuestro corazón del temor?” ¡Que cosa tan terrible culpar a Dios por el pecado de usted! Pero esa es la tendencia de la carne caída. Evadir la responsabilidad por nuestra conducta e inclusive llegar al punto de culpar a Dios.

Todos somos tentados. Todos pecaremos. Y con frecuencia, culparemos Dios al culpar nuestras circunstancias, al culpar nuestra debilidad, al culpar nuestras propensiones, al culpar nuestro medio ambiente, al culpar lo que nos rodea, al culpar a nuestros amigos, al culpar a nuestros parientes, al culpar a nuestra familia, al culpar nuestra condición económica o lo que sea. Entonces, el versículo 13 de Santiago dice: “cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios.” Esta es una exhortación que le prohíbe a toda persona jamás de culpar a Dios.

Robert Burns, el famoso poeta escocés escribió: “Tú sabes que me has formado con pasiones salvajes y fuertes. Y escuchar a su voz engañosa, con frecuencia me ha llevado a hacer lo equivocado.” Fin de la cita. Y Robert Burns ha expresado lo que la gente ha creído a lo largo de los siglos: que Dios nos hizo con pasiones salvajes y fuertes y, por lo tanto, ¿qué más podría esperar Él fuera de susceptibilidad de la tentación?

Inclusive los judíos entre los rabinos de tiempos antiguos creían esto. Ellos llamaban al impulso malo del hombre yetzar hara. Y decían que el yetzar hara es el impulso malo del hombre en contraste al impulso bueno. Y algunos de los judíos razonaban que debido a que Dios ha creado todo, y debido a que Él creó al hombre, Él también debió haber creado el yetzar hara. Si Él hizo todo, entonces, Él debió haber hecho eso.

Y entonces, tenemos dichos rabínicos como este: “Dios dijo: “Yo lamento el haber creado la tendencia mala en el hombre, porque si no lo hubiera hecho así, él no se hubiera rebelado contra mí. Yo soy el creador de la tendencia mala. Yo fui el creador de la ley como un medio de curación. Si ustedes se ocupan con la ley, ustedes no van a caer en el poder de la ley. Dios colocó la tendencia buena en la mano derecha del hombre y la mala en su izquierda.” Así decían los rabinos. Es algo extraño, pero es una tendencia antigua que Dios es responsable por nuestra tentación y nuestro pecado.

Santiago prohíbe de manera absoluta un pensamiento así. De hecho, él implica que alguien que realmente conoce a Dios tiene una mansedumbre y un quebrantamiento por su propia culpabilidad por el pecado y no pensaría en culpar a Dios como un acto continuo, aunque ocasionalmente podamos tener ilusiones así.

Ahora, observe de nuevo en el versículo 13 que usted tiene un participio presente pasivo. Cuando alguno está siendo tentado, no diga, mientras que está en el proceso de pelear la batalla, mientras que está en el proceso de ser tentado, que nadie se justifique a sí mismo, que nadie evada su responsabilidad al decir que Dios está haciendo esto. Cuando usted está en el camino de la tentación continua y usted se está acercando al borde de ceder, no se justifique diciendo que es tentado por Dios. Ninguno diga eso. Usted casi podría colocar entre comillas la frase soy tentado por Dios, como si Él estuviera usando esto como una cita de una persona que está en esa misma situación.

Ahora, quiero mostrar algo muy interesante en la selección de preposiciones en este versículo. La frase en español sólo tiene una manera de expresarlo, de parte. Y un significado. Pero en el griego, hay dos palabras que pueden ser traducidas de parte de. Una es apo y la otra es upo. Son palabras muy importantes. A-p-o y la otra u-p-o. Apo significa remoto. Algo distante. Una relación indirecta. Upo significa una agencia directa. El que de hecho lo está haciendo.

Aquí, la selección es apo, algo distante. Y lo que él está diciendo es cuando uno es tentado no diga que es tentado de parte de Dios. No es que Dios está ahí directamente tentándome, sino que Él, de manera remota, es la causa real de este problema. A distancia. Dios es el que me creó de esta manera, quien creó mis circunstancias, me colocó en este medio ambiente, causó que todo esto sucediera. Él es el que realmente es responsable. No es algo normal que alguien diga: “Dios de hecho me está solicitando a hacer el mal”. Pero es común que la gente diga que “Dios es quien me creó en la situación en la que estoy y, por lo tanto, en últimas es responsable por lo que yo hago”.

La mayoría de los hombres no llegan al punto de ver a Dios como el tentador directo, pero piensan que Dios, de manera indirecta, tiene la culpa. Apo, al permitir la situación y la posibilidad de fracaso. Y entonces, esto diría “jamás te atrevas a decir que Dios no sólo es el agente cercano de la tentación, sino que Él ni siquiera es el agente remoto de la tentación. Nunca digas eso.” Nunca te veas a tí mismo como una víctima pobre de la providencia de Dios o de la creación de Dios o de que Dios permite que algo suceda. Esto no es culpar a Satanás, esto no es culpar a los demonios o al mundo de los hombres, sino que Santiago prohíbe que se culpe a Dios.

Proverbios 19:3 dice: “la necedad del hombre pervierte su camino y su corazón se enoja contra Jehová.” Filón dijo: “cuando la mente ha pecado y se ha distanciado de la virtud, culpa a las causas divinas.” Y tiene razón. Escapar la responsabilidad por el pecado es un pasatiempo humano favorito. Y en cualquier momento en el que usted culpa a algo más, quizás usted en últimas está haciendo que Dios sea responsable, quien creó todo.

Algunas personas inclusive han llegado al punto de decir que Dios tiene la culpa en la tentación. Y si usted no cree que es así, entonces acuérdese de Mateo 6:13 en donde la oración de los discípulos dice: “no nos metas en tentación”. Leí a un escritor esta semana que dijo que tenemos que rogarle a Dios que no nos meta en tentación, porque si no se lo pedimos, Él lo hará. Santiago no tiene lugar alguno para un fatalismo tan necio como ese.

Como el hombre pobre que culpa a su pobreza cuando él se vuelve un ladrón y roba y piensa que se justifica en su robo porque él era pobre y culpa a sus circunstancias. Como el borracho, quien sale y choca en su auto y mata a alguien en el proceso; y culpa a su esposa por un matrimonio infeliz o una unión infeliz o culpa a sus negocios, su trabajo, por llevarlo a beber. O culpa a la presión y se siente justificado de cualquier culpabilidad real. Así son los hombres cuando culpan a Dios por hacer sus pasiones internas.

Los hombres culpan a Dios por crear sus circunstancias. De nuevo, Robert Burns, el poeta escocés, dijo que él, y cito “era impulsado por las pasiones; sin embargo, la luz que lo desvió, realmente era luz del cielo”. Fin de la cita. De nuevo, expresando lo que los hombres han pensado durante años y es que ellos realmente no son responsables por la manera en la que son, simplemente, así fueron hechos. Santiago dice que esto es intolerable. Dios no es responsable por la tentación. Usted no puede decir eso. Y si Él no es responsable por la tentación, Él tampoco puede ser responsable por ¿qué? Por el pecado que resulta de ella.

Ahora, para apoyar esa exhortación en el versículo 13, Santiago nos da cinco pruebas. Cinco pruebas. Y esto es simplemente tan rico. Y quiero que usted entienda esto, porque esto es muy, muy práctico. Hay cinco pruebas de que Dios no es responsable por la tentación y, por lo tanto, por el pecado.

Número uno, la naturaleza de la maldad. La naturaleza de la maldad. El versículo 13 dice: “cuando uno es tentado no diga que es tentado por parte de Dios,” quien es la causa indirecta. Y aquí está la razón: “porque Dios.” Porque Dios. Literalmente, en el texto griego dice Él no tiene experiencia con la maldad ni Él tienta a ningún hombre.

Ahora escuche esto: estas son noticias, porque los dioses paganos y las deidades paganas de la historia religiosa siempre se prestan a la tentación. ¿Alguna vez ha leído mitología griega? ¿Alguna vez ha leído acerca de las deidades de Asia antigua? ¿Alguna vez ha leído algún estudio etnológico que muestra las religiones de los hombres? Usted encontrará que las deidades y los dioses del paganismo siempre se prestan a la tentación, a la maldad. Y ellos mismos con frecuencia son vistos pecando y tentando a otros a pecar.

Y la razón es que, debido a que todos los dioses falsos, escuche esto, son la creación de las mentes de hombres caídos o las mentes de demonios caídos y han salido de ese estado caído. Y, por lo tanto, manifiestan la misma corrupción y la misma impiedad de la que surgieron. Su naturaleza es corrupta porque sus creadores son corruptos. Y ningún arroyo puede levantarse por encima de su fuente.

Pero Dios, dice, no puede ser tentado por el mal. La palabra sólo utilizada aquí en el Nuevo Testamento, apeirastos, significa “Él no tiene experiencia en la maldad”. Él no tiene experiencia alguna de la maldad. Él no tiene capacidad para cometer maldad. Él no es vulnerable a la maldad. Y, por cierto, la palabra mal es neutro plural. Sin un artículo. Simplemente, un mal de cualquier tipo. La esfera entera del mal no tiene manera alguna de penetrar la naturaleza de Dios. Todo mal es repulsivo para Dios. No puede hallar lugar alguno en Su naturaleza Santa. Entonces, la naturaleza del mal está infinitamente apartada de la santidad de Dios.

En Levítico 19:2 dice: “Jehová es Santo”. En Levítico 20:26: “Jehová es Santo”. En Isaías 6: “Santo, Santo, Santo”. Primera de Pedro 1:16 “el Señor es Santo”. La santidad no puede ser penetrada por el pecado. Entonces, la naturaleza de la maldad nos aparta de Dios. Él puede ser solicitado a la intención mala. Yo creo que Satanás, en Job 1, vino ante Dios para tratar de hacer que Dios perdiera la fe en Su propia habilidad para mantener la virtud justa en uno de sus santos verdaderos, esto es Job.

Yo creo que Apocalipsis 12:10 dice que Satanás siempre es el acusador de los hermanos. Él va a Dios para tentar a Dios para que viole el pacto con Su pueblo debido a sus muchos pecados. En Romanos 8 nos dice que la implicación ahí es que hay alguien que quiere condenarnos, que quiere acusar a los elegidos de Dios, pero nadie puede hacerlo porque Cristo ya nos ha justificado delante de Dios. Pero yo creo que Satanás en cualquier momento y lugar tiene acceso y quiere venir delante de Dios, pero Dios no tiene vulnerabilidad alguna debido a que la naturaleza del mal es totalmente diferente a la naturaleza de Dios. Él es impenetrable al ataque del mal. Su Santidad no se mezcla con nada de manera eterna.

De hecho, en Habacuc usted recordará lo que dice en el versículo 13 del capítulo 1. “Tú eres muy limpio de ojos para ver el mal y no puedes ver la iniquidad.” Tú eres demasiado puro para ver el mal. Demasiado puro para ver la iniquidad. Dios es un Dios Santo. La naturaleza del mal, entonces, hace que sea imposible que Dios jamás llegue a ser tentado de manera exitosa o llegar a tentar a alguien más. Porque tentar a alguien más significaría que Él tuvo un deleite en ver que alguien más haga algo malo.

Pero el que no conoce el mal no puede deleitarse en el mal. Segunda de Samuel 24 presenta un punto interesante. Probablemente necesito hacer referencia al mismo. Dice esto, simplemente para que no lo encuentre y despierte su curiosidad. “Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.” Ahora David cometió pecado, el pecado de contar a su pueblo en lugar de confiar en Dios. Él iba a confiar en el poder de su pueblo.

Y dice que el enojo del Señor se despertó en contra de Israel. Y Él incitó a David. Y eso parece decir, Él mismo tentó a David a cometer este pecado. Éste es el único lugar en la Biblia en donde algún pensamiento como este se presenta; pero por el Espíritu Santo de Dios, tenemos un pasaje que se compara, paralelo, en 1 de Crónicas 21. Este es un paralelo de ese pasaje y lo que dice es esto. “Y Satanás se levantó en contra de Israel y tentó a David a contar a Israel.” El aspecto preciso de esa tentación para ver quién fue el tentador está en 1 Crónicas 21:1. Y dice que Satanás lo hizo. La perspectiva más amplia que Samuel señala es que Dios permitió que esto sucediera porque David tuvo la elección de responder o no responder a la incitación de Satanás. Dios no tienta a la maldad. Eso representa de manera explícita aquí y cuando usted va a 2 Samuel 24 y parece que Él fue el que tentó a David, usted meramente tiene que ir a 1 Crónicas 21 y dice que Satanás lo hizo. Lo que el escritor de Samuel está diciendo es que estuvo dentro de lo que Dios permitió para cumplir el juicio de Dios si David, de hecho, escogió hacer lo malo.

Mateo 4 dice que el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. De nuevo, alguien dice “bueno, ¿acaso Dios por el Espíritu llevó a Jesús a ser tentado?” No, lo llevó para ser probado. Y debido a que Él aprobó todas las pruebas, ninguna de ellas fue realmente tentación porque nunca lo llevaron a pecar. Y a través de todas esas pruebas, Él probó ser el Hijo de Dios. Los ángeles vinieron y le sirvieron.

Dice: “bueno, ¿qué hay acerca de Mateo 6:13, “no nos metas en tentación”?” Eso, de nuevo, tiene que ver con pruebas. Y ese es el clamor de un corazón de un Santo que está diciendo: “¡oh, Dios!, conforme oro, no me lleves a ninguna prueba que sea más de lo que pueda soportar. Señor, no nos metas al tipo de pruebas que nos causarían ser tentados, porque son más de lo que podemos manejar.” Y el Señor va a responder esa oración porque, dice 1 de Corintios, “no os ha sobrevenido ninguna tentación, ninguna prueba que no sea común al hombre. Y Dios, quien es fiel, no dejarán que sean tentados más de lo que podáis soportar. Sino que juntamente con la tentación dará la salida para que podáis resistir.” No nos metas al poder de alguna prueba está más allá de nosotros. Esa es la oración de Mateo 6.

Entonces, la verdad de Santiago permanece en pie. Dios no tienta a nadie. Él permite que la tentación se lleve a cabo. Y hombres como David pueden tomar una decisión, pero Dios no tienta. Él permite que seamos probados, así como Él permitió que Cristo fuera probado, pero nunca más de lo que podamos soportar. Y siempre nos da el recurso para la victoria si escogemos ese recurso.

Y cuando clamamos, “no nos metas en la prueba o la tentación,” simplemente estamos diciendo: “Dios, Te pedimos que hagas lo que has prometido que harás y nunca nos dés más de lo que podemos soportar.” Entonces, la naturaleza de la maldad dice que Dios no puede ser tentado. Él ni siquiera puede experimentar la maldad, por lo tanto, Él no puede tentar a nadie más. Y como dije, para tentar a alguien más, Él tendría que deleitarse a sí mismo en la tentación y el pecado, lo cual es incapaz de hacer. Su deleite es solo en aquello que es puro y santo.

Entonces, Santiago dice que la naturaleza de Dios nos dice, o la naturaleza de la tentación nos dice que Dios no puede ser la fuente de la tentación y el pecado porque la maldad es contradictoria a Su naturaleza.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre. La naturaleza del hombre, no sólo lo que es la maldad, sino lo que el hombre es. Observe el versículo 14. Esto es tan interesante. “sino que cada uno es tentado,” literalmente hekastos, cada uno, cada individuo, es tentado “cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” La primera palabra es “sino”. Aquí está el hecho que es esencial, la tentación no viene de Dios, sino que cada hombre, cada uno de nosotros, sin excepción alguna, todo individuo, no hay ninguno que esté afuera de esta afirmación. Toda persona es tentada, este es un tiempo presente, está atravesando por la experiencia repetida de la tentación cuando él es atraído y seducido, escuche esto, subráyelo, “por su propia concupiscencia”.

Atraído o seducido son dos palabras interesantes. Ambas son participios. La primera viene de la caza de animales y es usada de atraer a un animal a una trampa. Se pone una trampa y el animal es atraído a la trampa. El verbo mismo,helkō (-mai) significa ser llevado por un poder interno. Un poder interno. Significa ser llevado a una trampa, ser seducido a una trampa. Ser llevado y atrapado. Es un término de caza de animales.

El segundo término, seducido, es un término de pesca. Esa palabra significa literalmente capturar. Y su uso literal era capturar a un pez con un anzuelo. Para atraer con un anzuelo y atraparlo. En 2 Pedro 2:14-18 es traducido atraer o engañar. Deleazomenos, significa atraer para atrapar a un pez con un anzuelo.

El problema es este: toda persona es tentada cuando muerde el anzuelo o es atrapado por la trampa y somos llevados, somos engañados por nuestra propia ¿Qué? concupiscencia. Estos términos, el ser tentado, es ser atraído de manera engañosa y después, atrapado en pecado.

Simplemente, piense aquí en la imagen. La razón por la que los animales son atraídos y atrapados y los peces muerden el anzuelo y son atrapados es porque el anzuelo se ve bien. Se ve atractivo. Y lo único que ven, es el anzuelo. Y en lugar del placer que esperan, cuando muerden en anzuelo viene el dolor de la captura y la muerte. Y así es con la tentación. Está ahí y promete una satisfacción agradable, promete algo placentero, promete gran placer, diversión, recompensa. Y lleva a la víctima a su trampa a la muerte.

Ahora, ¿qué hace eso? ¿Qué hace eso? ¿De quién es la culpa? ¿Qué nos atrae de una manera tan fuerte al anzuelo? ¿Es Dios? No. ¿Es Satanás? No. Satanás muerde el anzuelo y el mundo muerde el anzuelo. Y los demonios muerden el anzuelo. Y los hombres muerden el anzuelo. Y muchas personas muerden el anzuelo. ¿Qué es lo que nos atrae el anzuelo? ¿Qué nos atrae a la trampa? ¿Qué es? La concupiscencia. Y ésa es la naturaleza del hombre. Nuestra condición caída tiene una parte de su entidad, deseo por la maldad. Note que no dice que él es atraído de la concupiscencia sino de su propia concupiscencia. Muy enfático.

‘Su propia’ enfatiza que no estamos hablando de algún término genérico que todo el mundo posee en común, que no es igual para toda persona, sino que cada individuo, hekostas, cada individuo tiene su propia inclinación de deseo pecaminoso, lo cual es lo que lo atrae al anzuelo. ¿Y no es verdad que la pasión de una persona es la repulsión de otra? Claro que sí. Yo veo a personas quienes literalmente por su concupiscencia son llevadas a la homosexualidad. Eso me repulsa de manera total. Usted puede mover ese anzuelo delante de mí y usted verá que me voy en la dirección opuesta. Todos tenemos cierta, no quiero usar la palabra virtud, pero todos tenemos ciertas características en nuestros deseos pecaminosos, en nuestra concupiscencia que nos hacen vernos atraídos hacia ciertas trampas y a ciertos anzuelos que otros. Y esa es la razón por la que él está individualizando esto al decir de su propia concupiscencia. Ahora, esto se refiere a la inclinación del alma a disfrutar o a adquirir algo.

La palabra concupiscencia es epithumia, la palabra medular es thumos, se añade la preposición. Significa deseo del alma. La pasión fuerte del alma. Y el problema cuando pecamos no es Dios. El problema ni siquiera es del diablo, el problema ni siquiera son los demonios. El problema ni siquiera es el mundo o los hombres impíos, escuche. El mundo, los hombres impíos, los demonios y el diablo, todo rodeó a Jesucristo en Su vida entera. Y, sin embargo, Él nunca pecó porque nunca en Él hubo epithumia alguna, no hubo concupiscencia. No hubo atracción en Él. No hubo nada en Él que lo atrajo al anzuelo en manera alguna.

Como puede ver, el problema no fue el tentador que estaba afuera, el diablo no lo hace hacerlo a usted, como algunos dicen. El problema no es el tentador que está afuera, sino el traidor que está adentro. Ése es el problema. Nuestra tendencia a ser tentados se debe a la naturaleza del hombre. Y sus propios deseos peculiares y el alma de cada persona tienen sus propios patrones del deseo carnal y como resultado de su ambiente y su crianza y sus decisiones personales. Entonces, lo que hace que sea tan absurdo cuando la gente se amputa partes del cuerpo, el problema es que en la naturaleza del hombre hay una propensión a desear cosas que satisfacen. Y si son atraídas esas cosas afuera de la voluntad de Dios, ahí está la capacidad de morder el anzuelo.

Por cierto, notará que dice “cuando él es atraído de su propia concupiscencia,” aquí se usa hupo, el engaño real es la concupiscencia, el agente cercano y directo y la causa responsable del pecado es la concupiscencia. Pogo dijo, “hemos encontrado al enemigo y el enemigo somos nosotros.” Eso es correcto, eso es profundo. El enemigo somos nosotros.

Observe Romanos 7 por un momento y permítanme refrescar su mente con un pasaje que hemos este estudiado en el pasado. Romanos 7. Pablo le va a decir aquí en donde está el problema comenzando en el versículo 15. “Porque lo que hago no lo entiendo,” está hablando como creyente, “pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” Se oye familiar, claro. “Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.” En otras palabras, hay cosas que sé que están bien y que están mal y sé cuáles son. Y quiero hacer lo que está bien y no quiero hacer lo que está mal. Entonces, la ley es buena. La ley me está dando las señales correctas por todo este deseo malo, dice él en el versículo 17, “no soy ya más yo.” No soy el yo real. No es el yo regenerado, “sino que es el pecado que mora” ¿en dónde? “En mí”.

Como puede ver, el problema, dice él, es que mi propensión a ser tentado se relaciona con el pecado que mora en mí, el cual se relaciona con mi carne, él va a decir eso en el versículo 18, sé que en mí, esto es en mi carne, en mi carne, dice en el versículo 23, hay un principio en mis miembros, mis partes corporales que está en guerra en contra de la ley en mi mente y está tratando de llevarme cautivo a la ley del pecado. Me veo a mi mismo como un hombre miserable, versículo 25, sirviendo la ley del pecado con mi carne.

Ahora, ahí está el problema. El problema es que aunque hemos sido redimidos y aunque hemos recibido una nueva naturaleza y aunque hemos sido creados en Cristo Jesús todavía tenemos un enemigo dentro de nosotros mismos; y es la pasión. Es ese anhelo por encontrar satisfacción en algo que en sí mismo puede ser algo bueno. De hecho, la mayoría de la concupiscencia simplemente es un regalo, una dádiva buena de Dios que ha sido torcida y pervertida.

Dios, por ejemplo, nos da la bendición del sueño y algunas personas tienen un deseo pecaminoso por el sueño hasta que se vuelvan perezosos, holgazanes. Dios nos ha dado el beneficio de tener la ropa para cubrir nuestros cuerpos y mantenernos caliente. Y para algunas personas, se convierte en una concupiscencia que los consume de manera total, en donde están tan enamorados con la satisfacción que terminan siendo personas que viven para lo que los viste al grado que literalmente controla su presupuesto y su vida.

Es maravilloso que Dios nos haya dado el regalo del abrigo, del refugio para mantenernos lejos, protegidos de los elementos. Un hogar donde vivir, la realidad maravillosa de la privacidad y la capacidad de conducir nuestros asuntos en algún tipo de lugar cómodo con aquellos que amamos. Sin embargo, para algunas personas, quieren vivir en un exceso de una manera que va más allá de la necesidad humana y se vuelve un ídolo.

No hay nada de malo con la sed, Dios nos ha dado eso como un deseo, lo cual nos lleva a hacer cosas benéficas para nuestro cuerpo. Pero algunas personas beben hasta el punto que se emborrachan. No hay nada de malo con el alimento, pero algunas personas se vuelven glotonas. No hay nada de malo con que nuestras necesidades sean suplidas, pero es fácil pervertir nuestras necesidades e ir más allá de lo que realmente son. Inclusive el sexo es dado por Dios como un regalo maravilloso y glorioso, pero cuando se pervierte y se busca más allá de la voluntad de Dios se convierte en el anzuelo que atrapa a la persona que es motivada por la concupiscencia por esas cosas.

No necesitamos a Satanás. No necesitamos a los demonios. Ni siquiera necesitamos al mundo. Lo único que necesitamos es la pasión de la carne que reside en nosotros y se va a mover hacia los anzuelos. Y como dije, normalmente la pasión de raíz es la perversión de un regalo dado por Dios de algo que se ha corrompido. Entonces, Dios no es responsable porque nosotros seamos tentados y porque nosotros pequemos. La naturaleza de la maldad nos dice eso porque no tiene parte en la naturaleza de Dios.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre nos dice en dónde está el problema. Está en nosotros. La concupiscencia es el culpable.

Ahora, Santiago nos lleva a un tercer pensamiento que expande este segundo. La tercera prueba de que Dios no es la fuente del pecado es la naturaleza de la concupiscencia. Habiendo identificado a la concupiscencia en la naturaleza del hombre, ahora procede a explicar los versículos 15 y 16 en términos muy, muy prácticos y útiles. Y en esto quiero que se concentre. Este realmente es el corazón del mensaje para nuestra propia vida. Santiago cambia metáforas, y se aleja de la caza y de la pesca; y ahora habla del nacimiento humano conforme llega al versículo 15 y habla de la naturaleza de la concupiscencia.

“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido,” y aquí ve a la concupiscencia como una madre concibiendo, “va a producir un hijo.” El hijo es el pecado. “… da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Esto es tan, tan útil. Escuche con atención. La mayoría de la gente piensa en el pecado como un acto solitario o una serie de actos o conductas. Dios está diciendo aquí que el pecado no es un acto, el pecado es el resultado de un proceso. ¿Muy bien? Es el resultado de un proceso.

Comienza con, escuche esto, comienza con el deseo,epithumia o concupiscencia. Y quiero ayudarle aquí. Escriba la palabra deseo y después escriba del lado opuesto, la palabra emoción. El deseo se relaciona con la emoción. Comienza con un sentimiento. Comienza con ese sentimiento de querer ser satisfecho. Querer adquirir algo para satisfacerlo a usted. Algo nuevo, algo que está siendo movido enfrente de su rostro, lo vio en la joyería, lo vio en la agencia de autos. Lo vio en el centro comercial o lo que sea. O hay una casa y pasa enfrente de la casa todo el tiempo y es estrictamente emoción. Le hace algo a usted. Lo hace sentir a usted un anhelo. Ahí es donde todo comienza. El pecado comienza con un deseo.

En segundo lugar, está el engaño, la segunda palabra. Y puede escribir al lado de la palabra engaño la palabra mente. Lo que sucede es que usted comienza con el deseo en su emoción y después, llega a un engaño en su mente, porque usted comienza a justificar y a racionalizar el derecho que usted tiene por aquello que usted desea. ¿Verdad? Esto es simplemente el patrón inevitable.

Ahora, eso es lo que hemos encontrado en el versículo 14, ser atraído y seducido. El anzuelo es mordido, caemos en la trampa. Engaña el intelecto. El intelecto ve y dice tengo el derecho de tener esto. Eso se ve bien. Eso me va a satisfacer. Eso va a satisfacer mi necesidad. Eso va a calmar mi deseo. Y entonces, lo que comienza con deseo y la emoción pasa al engaño en la mente. Y usted, realmente cree que tiene el derecho de tenerlo. Usted cree que está ahí y es hermoso. Usted cree que lo va a satisfacer. Usted cree que le va a dar lo que quiere.

Y entonces, usted sale y ¿qué sucede? La concupiscencia concibe. Llamemos a esta palabra el diseño. Ahora, el concepto de cómo usted va a alcanzar el pecado comienza a formarse. Esto ocurre en la voluntad. Usted ha pasado de las emociones a la mente, ahora su voluntad está activa y usted está jugando con su mente. Lo que su mente ya ha concluido, su voluntad lo está formando en un diseño. Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido. Entonces, el diseño comienza formarse.

Por cierto, la palabra concebido, sullabousa literalmente significa embarazarse. Cuando la concupiscencia, por así decirlo, en seducida por la prostitución de ese anzuelo que ha sido mordido, se embaraza. Y el diseño es concebido, por así decirlo, en el vientre del alma de una persona. La emoción, el deseo, algo satisfactorio pero malo. Después, entonces pasa a la mente y se convence a sí mismo de que tiene todo el derecho de tenerlo. Y habiéndose convencido de eso, entonces concibe el pecado mismo. El pecado siendo concebido. Y después, tenemos una cuarta palabra, desobediencia. El acto ocurre. Da a luz el pecado.

Cualquier niño que nace, nace con ese mismo proceso. Primero, hay un deseo entre un hombre y una mujer. Ese deseo por un hijo entonces actúa en su mente. Ellos deciden hacer eso, lo deciden en su mente, quieren hacer esto. Después, ellos conciben ese niño. Después, más adelante, da a luz a ese niño. Y así es con el pecado. Es concebido como un deseo inicialmente en la emoción. Y después, es justificado en la mente, es concebido en la voluntad y es producido en la conducta. Esa es la secuencia.

La frase da a luz el pecado, ¿lo ve ahí? Es tiktō, significa dar a luz. Y ocurre en la conducta. Entonces, junto a la desobediencia, escriba conducta. El acto en sí de la emoción, a la mente, a la voluntad, a la conducta. Las emociones llevan a la mente a racionalizar. La mente que racionaliza lleva a la voluntad a planear; y ahora el bebé nace y la obra se comete y todo comenzó con el deseo.

Ahora, permítame decirle algo muy práctico. ¿En qué punto en nuestras vidas entonces enfrentamos el pecado? ¿Aquí afuera al nivel de la conducta? No, ahí atrás al nivel de ¿qué? Del deseo. Es la persona que puede controlar sus respuestas emocionales la que va a enfrentar eficazmente al pecado. O la persona que si siente esas respuestas emocionales, tiene una mente que está santificada. Y cuando pasa de las emociones a la mente, es detenida en ese punto. Si llega a la voluntad y algo es concebido, nacerá. Un niño concebido es un niño nacido. Ese niño tiene que salir. Y entonces, al enfrentar el pecado en nuestras vidas, no sólo lo enfrentamos al final del proceso de manera eficaz, sino que tenemos que regresar al principio.

Si usted permite que las emociones sean expuestas al anzuelo, va a enfrentar problemas. Y como usted sabe, todo en nuestra sociedad mala va a enfocarse en sus emociones.

Todas las cosas dramáticas, todas las películas y la televisión y los libros y la música y la ropa y todas las imágenes y sonidos que atraen nuestra atención, todo esto está diseñado, en primer lugar, a cautivar la emoción. Todo eso es una fachada que busca atraernos.

Inclusive la publicidad en la televisión simplemente me sorprende. Veo cómo venden un auto y usted no tiene idea alguna del área mecánica del auto. Y no es nada más que un pedazo de maquinaria, nada. Fuera de algún tipo de drama con música algo rara, cosas de la época espacial que están volando por todos lados. ¿Y qué tiene que ver con el auto? No tiene nada que ver con el auto, pero tiene que ver todo con sus ¿qué? Sus emociones. Sus emociones. Ahí comienza todo. Ahí comienza todo. Una mujer se pone perfume y deja un rastro. Eso no es para su intelecto. Necesitamos protegernos al nivel de las emociones.

Y, en segundo lugar, al nivel de la mente. Y entonces, la mente debe ser traída bajo la cautividad de Cristo. ¿No es esa una gran verdad? Llevar todo en la mente a la obediencia o al cautiverio de Cristo. Una mente no protegida, no controlada, va a ser llenada de imágenes malas. Y entonces, tengo que controlar mis emociones. Tengo que controlar mi mente, porque ahí es en donde esto comienza.

Entonces, quiero asegurarme que mis emociones estén entregadas a las cosas de Dios. ¿Sabe lo que es una bendición maravillosa necesaria? Es la buena música cristiana, porque me encanta la música y a todo el mundo le gusta la música y la emoción es básicamente emocional más que cognitiva. Mucha de la música es cognitiva. Pero la mayor parte de la música es emocional. ¿Y no es maravilloso que tenemos el privilegio en estos días, en esta época, de tener el placer emocional y tener el alma que canta y los sentimientos que disfrutamos con música que honra a Dios? ¿Y no es maravilloso que cuando los pequeños crecen aprendiendo toda esta música cristiana buena, les ayuda para que sus respuestas emocionales y sus gozos y sus tristezas puedan sintonizarse con música que básicamente glorifica a Dios en lugar de que sea música del mundo?

Hay maneras en las que enfrentamos nuestras emociones. Usted no puede exponer sus emociones continuamente a cosas que lo alejan de las cosas de Dios. Usted no puede hacer eso sin pagar un precio alto. Y la mente, es muy simple. Usted necesita la mente de Cristo. Usted necesita una mente renovada. Necesita una mente que está puesta en las cosas de arriba y no en las cosas de la tierra. Usted necesita una mente que está saturada en la Palabra de Cristo morando en ella ricamente. Usted necesita una mente, Pablo dice en Romanos 12:2 que es transformada y no se conforma al mundo. Usted necesita, ¿si se lo puedo decir de manera simple? Amar al Señor su Dios con toda su mente.

¿Qué hay en su mente? ¿Qué hay en su mente? Si su mente se alimenta de la Palabra de Dios, entonces usted va a detener el pecado en ese punto ahí atrás, en el punto inicial. Si sus emociones están bajo el control del Espíritu de Dios y sus sentimientos han sido llevados cautivos a Él, usted va a detener el pecado ahí atrás, en donde comienza.

Si usted le da rienda suelta a sus emociones y las expone a todo lo que el mundo le presenta, usted va a dejar que su mente sea una puerta abierta para que todo entre y salga. Y no es cultivada. Y no está arada a profundidad con la Palabra de Dios; entonces va a concebir el pecado. Y usted va a dar a luz a un hijo.

Y quiero añadir que él añade en el versículo 15: “… y cuando el pecado es consumado o concluido,” apokueō, significa causar que esté embarazado, “cuando el pecado da a luz,” es sinónimo de tiktei, el otro verbo que es utilizado, da a luz el pecado. Y el pecado, siendo consumado, da a luz ¿qué? La muerte. Cuando el pecado nace, nace de un homicida. ¡Qué retrato! ¡Qué retrato! La emoción y de la emoción viene la decisión y de la decisión viene la concepción de la voluntad y después, la conducta. Y el retrato de dar a luz un hijo es tan hermoso que llega al final, cuando el niño nace y el niño resulta ser un homicida.

El pecado es un homicida. La paga del pecado es ¿qué? Muerte. Muerte espiritual. Separando el alma de Dios. La muerte física, separando el alma del cuerpo. Muerte eterna, separando el alma y el cuerpo de Dios. Y él aquí no está hablando en particular de cristianos o no cristianos. Él simplemente está diciendo: todo lo que el pecado siempre produce es muerte. Inclusive para un creyente, puede ser muerte física. Como 1 Corintios 11 y 1 Juan 5:16 lo demuestran, todo tipo de muerte fluye del pecado.

Entonces, la idea de que usted está trayendo alguna conducta que satisface su vida es una mentira. Lo único que usted trae es pecado y lo único que el pecado trae es muerte. Y entonces, él dice en el versículo 16 “dejen de ser engañados, amados hermanos míos.” Dejen de ser engañados. De nuevo, es la palabra de la que obtenemos la palabra planeta, engañados, como si algo se está desviando. Deben saber dónde está el problema, él está diciendo. No sean engañados. Dejen de culpar a Dios y empiecen a culparse a sí mismos. Y comiencen a ver hacia adentro y no vivan de manera ciega la vida simplemente aceptando lo que es y después, culpando a Dios. Reconozcan que dentro de ustedes tienen a un enemigo y que ese enemigo es su propia condición caída. Y ustedes deben enfrentar su propia concupiscencia y ese enemigo. No pueden exponer su emoción a todo lo que lo atrae. Usted no puede dejar que su mente sea cautivada por esas cosas. Usted debe saber dónde está el problema, no ser engañado en esto. Regresen ahí y enfréntenlo a ese nivel. Deténganlo al comienzo.

Y llene su mente con las cosas de Dios para que nunca pueda atraer sus sentimientos y concebir pecado en su voluntad. Si sus emociones están controladas, si su mente está controlada, lo deja sin tener un compañero para concebir el pecado. La naturaleza de la maldad, la naturaleza del hombre y la naturaleza de la concupiscencia eliminan el hecho de que Dios podría llegar a tentarnos a pecar y después, una prueba directa de la naturaleza de Dios, versículo 17, obsérvelo. Esto es tan maravilloso. La naturaleza de Dios. Aquí está el corazón del texto.

Simplemente, entienda esto: nadie puede culpar a Dios por el pecado porque toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Digo, las únicas cosas que descienden de Él son ¿qué? Son buenas y perfectas. Poseemos una naturaleza que produce pecado. Dios no. La naturaleza de Dios es tal que sólo produce bien. Esto es algo doble. Del lado negativo, lo que está diciendo es que Dios nunca podría producir pecado. Del lado positivo, entienda esto, lo que está diciendo es que Dios va a derramar bien, bien, bien, bien, bien y más bien. ¿Cómo es posible que usted vaya a buscar anzuelos para buscar la satisfacción cuando Dios está derramando todo lo que usted podría necesitar para toda su satisfacción?

El lado negativo, Dios nunca podría producir maldad. Él es bueno. El lado positivo, Él produce un bien interminable y sin límites que hace que una persona sea un necio al permitir que sea tentado para haberse atraído a un anzuelo cuando toda la bondad de Dios está disponible por Su gracia. Nuestra carne es un pozo de agua pestilente cuando pensamos en lo que hace. ¿Y por qué vamos a ir a beber de eso cuando podemos venir a beber al pozo, a la fuente de la vida misma? Dios nos da toda buena dádiva y todo don perfecto.

Note ahí los dos todos. Toda, todo, todo incluido. Toda, todo. Note las dos dádivas. Dádiva, dádiva. Una es dosis, significa el acto de dar. Una es dōrēma, significa el regalo dado. Todo acto de dar y todo regalo dado en el acto de dar es bueno y perfecto. Bueno significa bueno, no hay comparación para esto. No es bueno, no es mejor, no es lo mejor. Es simplemente bueno, está completo. No le falta nada. Todo es suficiente. Es perfecto. Abarca todo. Todo regalo bueno dado por Dios es perfecto, es benéfico, absolutamente completo.

No es sorprendente que Jesús dijera en Mateo: “Pedid” y ¿qué? “y se os dará; buscad y hallaréis.” ¡Oh, qué maravilloso pasaje! Y si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo en su alma que es bueno y correcto y se lo pide a Dios, ¿no creo que Él se lo va a dar a usted? “Pues si vosotros, siendo malos,” dice Él, “sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,” si ustedes padres, que están caídos, saben cómo ser buenos con los hijos que aman, “cuanto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que,” ¿Qué?, “le piden.”

Y en Lucas 11:13 dicen que Él les dará Su Espíritu Santo. Qué torpe es buscar trampas atractivas y anzuelos, siendo atraídos por concupiscencia cuando Dios tiene tanto que dar. Una provisión interminable. Toda buena dádiva y todo don perfecto es de Él para darlo.

Una mujer vio al mar por primera vez en su vida y le dijo a su amiga ‘¡qué maravilloso es ver a algo de lo cual hay suficiente!’ Y cuando usted está viendo la bendición de Dios, usted está viendo algo de lo cual hay suficiente.

De regreso al versículo 17, toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Todo es de arriba. Todo está fluyendo desde arriba. ¡Qué necio es ir tras el anzuelo del pecado! ¡Qué torpe es entrar a la trampa, cuando toda buena dádiva y todo don perfecto desciende como lluvia del cielo sobre nosotros! Satanás trató de decirle a Eva que Dios estaba reteniéndole cosas de ella. Dios no está dejandote tener lo mejor, más vale que busques la satisfacción. Más vale que busques lo mejor. Dios ha retenido lo mejor de ti. Ella creyó esa mentira y el niño fue concebido y nació la muerte. El niño fue la muerte.

Y me acuerdo cuando estaba pensando en esto esta tarde, 2 Samuel 12, el terrible pecado de David con Betsabé. Escuche lo que dice la Palabra de Dios. Natán, claro, se acerca a David. Versículo 7: “Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre.” Tú eres el pecador, tú lo hiciste, tú eres el adúltero, tú eres el homicida. “Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.” David, ¿por qué buscaste aquello que era prohibido cuando yo te hubiera dado todo, cualquier cosa? Toda cosa perfecta, es el gozo de Él dárnoslo. Descienden de Él.

Noten aquí que Él es llamado el Padre de las luces. Esta es una gran afirmación. Esa era una manera antigua judía para referirse a Dios como el creador. Las luces que él tiene en mente son el sol, la luna y las estrellas. Él es el Padre de las luces. Los cuerpos celestes. Usted pregunta por qué Él está escogiendo este título. Porque encaja con su ilustración. Él es el Padre de las luces porque con Él no hay mudanza ni sombra de variación. Muy vívido. Muy vívido.

Él es el que creó todos los cuerpos estelares. Él creó todos ellos, pero Él no es como ellos. Ellos varían, ellos cambian. Incrementan. Traen luz. Los vemos en la mañana. Están en la noche. Incrementan, disminuyendo su brillo. Su beneficio para nosotros viene y se va. Y Dios no es así. Dios es brillante luz de gloria y luz de bondad y luz de gracia y no varía. No es, y él usa el término parallagē del cual obtenemos la palabra paralaje. Y no pasa de una condición a otra. No tiene sombras. Nunca se oscurece. Primera de Juan 1:5, en Él, no hay, ¿qué? Tinieblas en absoluto. Oscuridad en absoluto. Malaquías 3:6: “Yo Jehová no cambio”. No han días en los que Él deja de dar dádivas espirituales. No hay días en los que Él deja de dar luz espiritual. El flujo de cosas buenas de Dios nunca varía, nunca se detiene.

David, David, Yo te hubiera dado tales y tales cosas. Digo, que quede claro, un pez gordo no busca anzuelo. ¿Entiende eso? Y usted está haciendo a un lado los recursos divinos con lo que el mundo le ofrece en ese anzuelo. Llénese de dádivas divinas, fuente de la vida eterna. Sintoniza mi corazón para cantar Tu gracia. Torrentes de misericordia nunca cesan, llaman a las canciones más fuertes de alabanza. Los arroyos de misericordia nunca cesan, nada puede ocultar la bondad de Dios, nada puede detener su benevolencia. Nada puede interrumpir el flujo, la corriente de su luz celestial. No muerda el anzuelo del diablo. No conciba y dé a luz a un hijo mortal que podría llevarlo a su propia muerte. Dios da todo el bien y sólo bien. ¿Quién es responsable por el pecado? Usted. Eso es correcto, usted.

Y una prueba final, y simplemente la voy a mencionar porque quiero entrar a detalle en nuestro próximo mensaje. Una prueba final, la naturaleza de la regeneración. Véala en el versículo 18. Vamos a entrar a detalle en la próxima semana. “Él de Su voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad para que seamos primicias de Sus criaturas.” Entienda esto, Dios no pudo habernos tentado a pecar. Dios no quiere que pequemos porque Dios nos regeneró para hacernos como Él. La naturaleza en la regeneración hace a un lado que Dios jamás nos lleve a pecar. Él nos dio vida nueva. La concupiscencia da a la luz la muerte, pero Dios da vida. Dios no nos tienta a hacer el mal, Él nos recrea para hacer el bien. Y para hacernos Sus primicias, Su propia posesión amada.

¿Quién tiene la culpa de su pecado? Más vale que lo sepa porque usted tiene que enfrentarlo. Agustín, el gran Santo de Dios, había vivido con una prostituta antes de su conversión. Después de que fue salvado de manera maravillosa, él estaba caminando por la calle y esta prostituta lo vio. Ella lo llamó por nombre y él siguió caminando. Él la vio, pero mantuvo sus ojos fijos hacia adelante y caminó. Ella siguió gritándole y corrió detrás de él. Y finalmente, ella le dijo: “Agustín, soy yo.” A lo cual, él respondió: “lo sé, pero yo ya no soy yo.”

Es correcto, Él nos hizo hacer nacer de nuevo para ser nuevas criaturas de Su propia posesión. Y nosotros somos nuevas criaturas que nos permite vencer el mal si usamos los medios de la gracia, las armas de nuestra batalla, las cuales no son carnales, oración, el estudio de la Palabra de Dios, una mente disciplinada. La fortaleza de la rendición de cuentas espiritual para detener el pecado en el punto en donde comienza.

Bueno, tomó más tiempo del que quizás debió haber tomado, pero es tan importante. Oremos.

Padre, qué verdad tan práctica y tan básica hemos aprendido en esta noche. Gracias por la victoria que vemos en nuestras propias vidas que Tú nos das, por Tu Espíritu que nos muestra que tenemos una carne que se puede conquistar. Gracias porque si andamos en el Espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne. Gracias porque si tenemos la mente de Cristo, si nuestra mente está llena con la riqueza de Tu Palabra, nuestra conducta es controlada.

Oh Dios, Te damos gracias por la esperanza maravillosa que encontramos en la obra del Espíritu. Reconocemos nuestra condición caída, reconocemos nuestra propensión a ser tentados, pero también celebramos la victoria que está disponible en el poder del Espíritu Bendito para aquel cuyas emociones y mente están controladas por ese mismo Espíritu y por la Palabra de Dios. Oramos con eso en mente, por toda persona aquí, por causa de Jesús. Amén.

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5/17 – Dos sueños en la cárcel 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

5/17 – Dos sueños en la cárcel

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

Fui un pastor adicto a la pornografía

Coalición por el Evangelio

Fui un pastor adicto a la pornografía

Garrett Kell

Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR HAROLD BAYONA.

Eclesiastés

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Eclesiastés

R.C.Sproul

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Uno de mis libros favoritos en el Antiguo Testamento es el libro corto de Eclesiastés. Puede sonar extraño para la gente, pero mi trabajo en mi posición como profesor de filosofía y de apologética, es parte de la razón por la cual este libro es tan importante para mí, porque expresa la sabiduría de Dios contra una reinante atmósfera cultural de escepticismo.

Otra razón por la que amo este libro es personal. Este es el libro de la Biblia que Dios utilizó en mi propia conversión personal. De hecho, el único texto de la escritura que la persona que me habló acerca de Cristo mencionó de pasada fue una extraña referencia del libro de Eclesiastés que decía: «Y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda».

Y yo, soy quizás la única persona en la historia de la iglesia que se convirtió a Cristo por ese versículo, pero fue una experiencia profunda de iluminación cuando me senté y escuché eso; y cuando se aplicó a mi vida, me vi a mí mismo yendo a ninguna parte, tirado en el suelo del bosque en el que había caído y me estaba pudriendo y desintegrando.

Y esa es la visión que vi de mi propia alma cuando este texto me fue presentado. Así que, mi amor personal por el libro es infinito por esa razón. Pero el libro de Eclesiastés es enigmático para muchas personas, porque en su mayoría es pesimismo y tiene un aire de cinismo en ocasiones y escepticismo; Y es uno de los libros más difíciles en el Antiguo Testamento de interpretar, por esta razón.

Y hay todo tipo de interrogantes sobre quién exactamente escribió el libro. Se atribuye al predicador o el Koheleth de Israel y hay alusiones a Salomón; y la tradición entiende que Salomón escribió todo el libro, pero hay dudas al respecto.

Y una de las teorías es que hay una especie de diálogo que se da en este libro y el Koheleth es más o menos una contraparte del creyente.

Y así las acusaciones del escéptico se levantan y luego la respuesta de la sabiduría de Dios responde. Y ese tipo de acercamiento a la literatura sapiencial no tiene precedentes en el mundo antiguo, pero por estas y otras razones, el libro es un poco difícil de entender de vez en cuando.

Pero es, es casi como leer a un filósofo existencial del siglo veinte y descubrir esas filosofías milenios atrás. En ocasiones es como leer a Sartre y Camus o Kierkegaard o algunos de los otros pensadores ateos de nuestro tiempo.

Pienso, por ejemplo, en Ernest Hemingway quien a veces ha sido descrito en la literatura norteamericana como uno que adoptó el naturalismo pesimista. Él vio la futilidad de la existencia humana y se quejó de los problemas sin significado que atacaron su propia alma.

Él acabó con su propia vida, como saben, suicidándose. Uno de los libros por lo que es famoso se traduce del inglés como ‘El sol sale’. El título de ese libro se toma directa y literalmente del texto del libro de Eclesiastés.

Pues bien, el libro empieza con una sensación de una visión cíclica de la vida que era común en el mundo antiguo, sobretodo en elementos de la filosofía griega, donde la idea era que todo en este mundo simplemente va dando vueltas y vueltas en un círculo sin fin.

Y no hay un comienzo definitivo para la experiencia humana ni un punto final de triunfo, sino que todo está encerrado en este círculo sin fin que va a ninguna parte. ¿Dónde inicia y termina un anillo?

Pienso en la famosa película que comunicó esta idea hace años, donde Jane Fonda actuó en esta película llamada «Baile de ilusiones».

En esa película toda la historia estaba centrada en la pobreza durante la gran depresión de Estados Unidos y se ofreció un premio a aquellos que tenían dificultad económica, a quien pudiera ganar un maratón de baile. Así que todas estas parejas entraron a esta maratón y bailaron durante horas y horas y algunos se cansaron y se retiraron, algunos duraron más de un día y en el segundo día, con el fin de acelerar el evento, el maestro de ceremonias en la película aceleraba de vez en cuando el ritmo de la danza.

Y mientras la gente corría alrededor bailando en un círculo, él gritaba en el micrófono «vueltas y vueltas y vueltas dan y dónde pararán, nadie lo sabrá”.

Y toda la trama de esa película era comunicar el principio existencial de la falta de sentido. Bien, el libro de Eclesiastés empieza con estas palabras: «Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad».

Ahora, entiendan la frase «vanidad de vanidades» o «vanidad de vanidad – vanidades», es una forma literaria común en el mundo antiguo. La encontramos en el Nuevo Testamento cuando Jesús es llamado el Señor de señores, o el Rey de reyes.

Es una forma de expresar el grado superlativo de alguna cosa. Por eso, con lo que el libro inicia es una declaración en el grado superlativo de una idea, y la idea en la que se hizo hincapié aquí es la idea de la vanidad.

Ahora, usamos el término “vanidad” en referencia al egoísmo o al orgullo. Recuerdo que teníamos en casa un pequeño mueble que estaba en la habitación de mi abuela, donde se sentaba en la mañana y se miraba en el espejo y se ponía maquillaje, y ese pequeño mueble se llamaba tocador y se usaba para retocar la vanidad de una persona con respecto a su apariencia o sea su vanidad; pero esa no es la connotación de vanidad aquí.

Aquí, el término vanidad no se refiere al orgullo sino a lo que se hace en vano, lo que es inútil. Y así podríamos traducir la idea aquí, “la futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Ahora esa es la trama central que el libro aborda y nos damos cuenta que en el libro de Eclesiastés, poéticamente, existen dos puntos distintos de referencia.  Por un lado, existe la frase «debajo del sol, o debajo del cielo». Ahora, «debajo del sol», según muchos comentaristas, se refiere a la esfera de este mundo.

Debajo del cielo, se refiere a la esfera del dominio de Dios. Y así lo que está pasando aquí es el conflicto entre dos reinos, el reino de este mundo y la perspectiva de este mundo. Este sería el reino de Dios, el reino eterno que da una perspectiva completamente diferente.

Saben, se nos dice que vivimos en la era del secularismo y siempre oímos hablar del humanismo secular o secularismo humanista. Coloca ese pequeño «ismo» al final de la palabra secular y cada vez que veas un ismo, estás hablando de una ideología, una filosofía, un sistema de pensamiento.

La palabra «seculum» es una de las palabras latinas que se refiere a este mundo y difiere de la palabra «mundus». «Mundus» en latín describe este mundo, espacialmente. «Seculum» describe este mundo con respecto al tiempo o temperamento y el motivo básico del secularismo es que vivimos en el aquí y ahora, en este «seculum», en lo temporal, y estamos separados de lo eterno.

El corazón del secularismo enseña que no hay eternidad. Sólo hay temporalidad; y cualquier propósito que encontremos en este mundo tiene que ser descubierto en este mundo, y el axioma es: ‘tú sólo vives una vez, luego mueres. Así que, mejor hacerlo con gusto. Ese es el credo del hombre moderno, y ese credo es tan viejo como la gente. Y lo que, lo que el autor está haciendo es explorar las implicancias de la vida en este mundo cuando es cortado de lo eterno o de lo trascendente.

Por eso dice, «Vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?»

Ves, él está haciendo la pregunta: «¿De qué sirve todo el dolor y esfuerzo y el trabajo de mis manos? Toda la vida es hierba, trabajamos tan duro como podemos, pero en el análisis final, perecemos y nuestro trabajo perece con nosotros».

«Una generación va y otra generación viene, mas la tierra permanece para siempre. El sol sale y el sol se pone, a su lugar se apresura, y de allí vuelve a salir. Soplando hacia el sur, y girando hacia el norte, girando y girando va el viento; y sobre sus giros el viento regresa. Todos los ríos van hacia el mar, y el mar no se llena; al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir. Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír. Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.»

Esta es información extremadamente pesimista y cada ser humano ha experimentado la amenaza de eso, del pesimismo y de la duda que aparece cuando uno se despierta y se mira en el espejo y dice, «¿Por qué estoy haciendo esto?»

A mi edad, me encuentro con personas que son mis contemporáneos, y muchos de ellos han pasado por crisis al entran en sus últimos años. Y ellos me miran y dicen, «R.C., tiene que haber algo más que esto». Y yo digo, «Hay mucho más que esto». Y de eso se trata este libro.

Así que, al inicio vemos este llanto de futilidad, y en la medida que avanza el libro, varias cosas se examinan, las cuales la gente persigue con el fin de encontrar la felicidad, significado e importancia para sus vidas. Buscan el placer. Se evalúa el hedonismo. El hedonismo es esa filosofía que dice que el propósito de la vida es el de maximizar el placer y minimizar el dolor.

Oímos a nuestra propia generación ser descrita como los buscadores de placer, aquellos que andan buscando de fiesta en fiesta, de droga en droga, de embriaguez en embriaguez, de entretenimiento o diversión a más diversión. El placer físico se convierte en el narcótico de elección para las personas que no tienen esperanza.

El apóstol Pablo entiende eso en el Nuevo Testamento cuando escribe a los Corintios, quienes estaban convencidos de que no había vida después de la muerte, o algunos que hacían esa pregunta, y Pablo les estaba contestando. Él cita uno de los axiomas de los filósofos epicúreos: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. Ahora, Pablo no está diciendo a la comunidad cristiana, «Vamos a comer, beber y ser felices».

Él introduce eso al decir: ‘Si Cristo no resucita…. entonces vamos a comer, beber y ser felices pues mañana moriremos. Porque si Dios no es nuestro hogar, si estamos atados a la experiencia secular y eso es todo lo que hay, entonces tiene sentido ser un hedonista, comer, beber y ser feliz pues mañana morirás.’

Pero siempre hay un precio, lo que los filósofos llaman la paradoja hedonista: Que si tú persigues el placer y tienes éxito en la búsqueda, tú estarás aburrido. Si buscas el placer y no tienes éxito en la búsqueda, estarás frustrado, así que el final del hedonista es el aburrimiento o la frustración. Y lo que está exponiendo aquí, en esta literatura sapiencial es el sinsentido del hedonismo, la locura de tratar de encontrar el significado de su existencia por el simple hecho de tener una gran fiesta.

Y entonces va y dice en el capítulo 3: «Hay un tiempo señalado para todo». Para mí es sorprendente e inclusive increíble, increíble cómo en esta era de pesimismo, aún nuestra música popular ha sido influenciada por algo tan antiguo como el Libro de Eclesiastés. «Hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo». Ya ves, ahora vemos el motivo distinto que se opone a ello, el motivo de la importancia de las diversas cosas que experimentamos en este mundo.

Aquí lo temporal – tiempo- le es dado propósito debajo del cielo, y no hacemos lo mismo todo el tiempo. En algunas ocasiones ciertas cosas son apropiadas, otras veces no lo son. No reímos en un funeral, nosotros lloramos. No nos lamentamos en un nacimiento. Hay un tiempo para reír, hay un tiempo para llorar.

Hay un tiempo para plantar, hay un tiempo para cosechar. Hay un tiempo para llorar, hay un tiempo para bailar, y la persona sabia que evalúa su vida en este mundo desde la perspectiva de Dios, tiene la sabiduría para diferenciar entre qué tiempo es, y lo que es apropiado en un momento dado.

Herman Melville en su libro Red Burn, hizo esta observación: Él dijo, «Hasta que no entendamos que un duelo es mayor que 1,000 alegrías nunca entenderemos lo que el cristianismo está tratando de hacer con nosotros».

Y en ese momento sus observaciones se basaban en un texto de este libro, «Mejor es ir a una casa de luto que pasar su tiempo con los tontos”.  Ves, Dios es un Dios que está íntimamente involucrado con el sufrimiento humano y el evangelio es un evangelio que es proclamado a las personas que han experimentado el duelo del sufrimiento humano; y el pueblo de Dios ha de ser de personas que están allí en el dolor.

Buscamos bajo el sol y parece que la injusticia prevalece. Versículo 16 del capítulo 3, «Aun he visto más bajo el sol: que en el lugar del derecho, está la impiedad, y en el lugar de la justicia está la iniquidad».

Y así va, a lo largo de todo el libro, la locura de buscar el significado a través de la riqueza, a través del conocimiento, a través de la fortuna, a través de la fama, y todo lo demás.

Y entonces llegamos a la conclusión de que la muerte nos llega a todos, pero Dios es la respuesta a todas las preguntas que las personas sufren.

Capítulo 12, el capítulo final, empieza con esta advertencia: «Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer; antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia».

Y luego en el versículo 9, «El Predicador, además de ser sabio, enseñó también sabiduría al pueblo; y ponderó, investigó y compuso muchos proverbios. El Predicador trató de encontrar palabras agradables, y de escribir correctamente palabras de verdad.

Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos bien clavados las de los maestros de colecciones, dadas por un Pastor». Y luego dice en el verso 13, «La conclusión, …., es ésta».

Eso es lo que siempre buscas cuando estás estudiando cualquier filosofía. ¿Cuál es el fin del asunto? ¿Cuál es el principio concluyente? Así que venimos al libro. El libro inicia con la declaración: “Futilidad de futilidad, todo es fútil”.

Bien, ¿cuál es la conclusión? «Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo».

Esa es la conclusión. Él está diciendo: ‘es la conclusión de tu trabajo, es la conclusión de tu dolor, es la conclusión de tu alegría. Teman a Dios, obedezcan sus mandamientos, porque lo que está diciendo es que tu vida será evaluada, no en los términos de este mundo o en el seculum del aquí y ahora, o del patrón cíclico de este mundo, sino que nuestras vidas, su importancia, su valor y lo que valen serán juzgados por el que juzga desde una perspectiva eterna; y quién nos dirá: «Apártense de mí, nunca los conocí», o dirá: «Bien hecho, siervo bueno y fiel».

Y cuando Él diga eso, hasta la última gota de sudor que ha caído de la frente de tu cabeza por su obra, cada dolor en tu corazón, cada dolor en tu alma, encontrará su plenitud de sentido y significado y tú descubrirás que todo … las experiencias que experimentaste en tu vida cuentan.

Nada es fútil bajo el cielo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

18/27 – La humildad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

18/27 – La humildad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humildad-de-cristo-/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes quizás están familiarizadas con los escritos de Andrew Murray, quien fuera escritor y pastor en Suráfrica.  Él vivió  a  finales de los 1800 y principios de los 1900.  Él dijo que si nosotros nos hiciéramos la pregunta,  “¿Cual es la característica más prominente de Cristo—la raíz y esencia de todo Su carácter como nuestro Redentor?  Solo podría haber una respuesta”. ¿Qué dirías tú? 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones  con Nancy Leigh DeMoss en  la  voz de Patricia de Saladín.

Nancy  está continuando su enfoque  en Jesús en la serie llamada, El Cristo incomparable. Entonces, ¿cuál dirías tú que es la característica número uno de Cristo? 

Nancy: Esta es la respuesta que nos da Andrew Murray: “Es Su humildad.”1

El llamado a la humildad es un tema recurrente en el ministerio de Jesús aquí en la tierra.  Él dijo:

“Bienaventurado los mansos—Los humildes en Mateo capítulo 5 versículo 5

“El menor entre ustedes será el mayor”. En Lucas 9 capítulo

“El que se humille será exaltado”. Lucas 14 versículo 11

Ahora, toda  esta enseñanza  sobre la humildad fue algo revolucionario en los días de Jesús,  De hecho, en  el mundo antiguo no existía en griego o en latín una palabra que comunicara el ideal cristiano de la humildad.  De manera que, el que Jesús caracterizara la humildad y la mansedumbre como una virtud positiva y deseada era algo radicalmente opuesto al pensamiento prevaleciente de la época, y, debo añadir, que de igual manera es totalmente contrario al pensamiento de hoy en dia.

En la Antigüedad, los filósofos consideraban la palabra ‘manso’, por ejemplo,  como  sinónimo de cobardía o de timidez.  Muchos consideraban la humildad como un vicio, y no como una virtud.  Entonces aquí viene Jesús a la tierra, e introduce todo un nuevo sistema de valores—todo lo opuesto a lo que el mundo valora.

Y por cierto, eso es lo que ocurre con el Reino de Cristo.   Es justamente  lo opuesto al reino de este mundo.  No hay  ningún  otro lugar donde esto sea  más evidente que con este tema de la humildad.

Por Su  ejemplo y por Sus enseñanzas, Jesús introduce el concepto de la humildad como una gracia.  Él eleva este concepto para convertirlo en una virtud.

Andrew Murray ha escrito un maravilloso libro llamado “La humildad”.

Él dice,

Humildad es el reconocimiento de que todo se lo debemos a Dios… Humildad es ser nada para que Dios lo sea  todo…Humildad, es un lugar de entera dependencia de Dios, es el primer deber y la más elevada  virtud del hombre.  Es la raíz de todas las demás virtudes.

El primer deber y la más  elevada  virtud del hombre; la raíz de toda virtud.

Ahora, si la humildad es la raíz de  cada virtud, entonces el orgullo está en la raíz  de cada pecado—comenzando desde el momento en que Lucifer se exaltó a sí mismo para ser como Dios. Él se reveló en contra de la autoridad de Dios, y fue expulsado del  cielo.

Fue  el orgullo que  rompió  nuestra relación con Dios  en el Huerto del Edén.   Así es que para poder ser reconciliados con Dios, para poder ser restaurados a la comunión con Dios, era necesario que se produjera una restauración de la humildad que perdimos en la caída. ¿Tiene sentido?  El orgullo cortó nuestra relación con Dios.  Así es que para que esa relación fuera restaurada, debía haber una restauración de la humildad.  Pero  ¿cómo iba esto a suceder?  Nosotros éramos muy orgullosos para ser humildes.

Y Andrew Murray dice—y me encanta esta cita,

Jesucristo tomó nuestro lugar  y cumplió a cabalidad el destino eterno del hombre a través Su vida de perfecta  humildad. Su humildad es  nuestra   salvación.  Su salvación  es nuestra humildad.    Por tanto, estudia   la   humildad   de   Jesús.  Este es el secreto; la raíz escondida de tu redención.

Así   que esto es  lo   que   quiero  que hagamos   hoy—estudiar la humildad de Jesús.    Ahora bien podríamos hacer  toda  una  serie  sobre la humildad de Cristo. Es  demostrada de tantas formas a   través de Su vida y de Su ministerio terrenal,  pero vamos a limitarnos a ver tan solo algunas de ellas.

Primero que todo, la humildad de Cristo es demostrada en Su encarnación.   Hemos  hablado  sobre esto en esta  serie del Cristo incomparable.   En el momento en que Cristo, quien es igual a Dios, tomó  la naturaleza humana y vino a la tierra.  Él puso a un lado la majestad,  y el  esplendor  del  cielo  y conformó Su naturaleza divina a las limitaciones de nuestra humanidad.

Su  humildad  se   ve   en   Su   nacimiento, al haber nacido de una pobre muchacha adolescente  bajo circunstancias humildes—no con pompa, ni con  fanfarria…  sino en un pesebre en un establo de animales.

Su humildad  se ve cuando Él puso a un lado Sus derechos, Sus privilegios, y el ejercicio independiente de Sus atributos divinos.

C.S. Lewis lo expresa de esta manera:

La  doctrina de  la  encarnación esta enfáticamente en  el  centro  del   Cristianismo, que el Hijo de Dios descendió a la tierra [humildad]. Jamás una semilla  ha caído tan lejos del árbol, en tan obscura y fría tierra, como lo hizo el Hijo de Dios [Su humildad]1

Hay un precioso poema navideño escrito por Richard  Crashaw en el siglo XVII que  expresa la humillación  de Cristo en Su venida a esta tierra.  A pesar de que el lenguaje es antiguo, creo que van poder captar el corazón del mismo, de manera que pongan  mucha atención:

Que  la luz enceguecedora  que destella el Gran Ángel  disminuyera Su centellear para  brillar en los ojos de un humilde Pastor;
Que  el Dios inmensurable descendiera tan bajo como prisionero  y en pocos  harapos descansara;
Que del seno de Su madre Él se alimentara;
Aquél  que se alimenta con el néctar de  la familia celestial;
Que un vil pesebre, de baja estima, Él probara;
Aquél que sentado  en las alturas en un trono de estrellas, en el cielo hace Su tronar;
Que Aquél  a quien  el  sol le sirve, apenas mirara como a través de las nubes de su infancia .
Que Él,  aquella antigua Palabra Eterna pudiera ser un Niño; y gimiera; Que Aquél que hizo el fuego, temiera  al frío;
Que la majestad de las alturas del Palacio de los Cielos, fuera cuidado en una choza de arcilla…
Que la gloria misma sirviera nuestras penas y temores, Y que la eternidad fuera sometida al tiempo,
¡Que esto sea nuestro sobrecogedor asombro y  maravilla!

La encarnación—Cristo inclinándose hacia nosotros. Es una demostración de Su humildad, pero la humildad de Cristo no fue solo demostrada cuando Él nació como un bebé en Belén.  Fue demostrada a través de toda Su vida y de Su ministerio aquí en  la tierra.

Ahora bien, a nivel humano, Jesús tenía mucho más en  lo que Él podía gloriarse—Sus antecedentes, Sus dones, Sus habilidades, Su conocimiento, Su herencia, Su realeza, y todo lo demás. Pero las Escrituras dicen—y Él lo dice de sí mismo—que Él era “humilde de espíritu”. (Por cierto, ¿no resulta irónico que  nosotros, los que no tenemos nada de qué gloriarnos, orgullosamente nos exaltamos a nosotros mismos? ¡Debería ser todo lo contrario!)

Entonces, ¿como fue que Jesús demostró humildad durante Su vida y ministerio aquí en la tierra? Bueno, las Escrituras dicen que Él no buscó honra ni alabanza de los hombres, solo de Dios.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice, “No recibo gloria de los  hombres”; (5:41). “Yo no busco mi propia gloria” (8:50).  Cuando nosotros buscamos gloria y alabanza de los hombres, estamos demostrando un corazón orgulloso.  Pero Jesús tenía un corazón humilde.  Él dijo, “Yo no buco Mi propia gloria.  Yo no busco alabanza de los hombres”.

Vemos Su humildad en el hecho de que Él era totalmente dependiente de Su Padre Celestial—no independiente, sino  dependiente.

En Juan capítulo 5, Jesús dijo, “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (vs. 19).”Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía” (vs.30).

Juan capítulo 8: “Yo no hago nada por mi cuenta sino que  hablo estas cosas como el Padre me ensenó” (vs.28). Por cierto, esa humildad y  dependencia de Su Padre en ningún otro lugar fue más claramente visible que en Su vida de oración. Hablaremos de esto en una próxima sesión.

Su humildad fue vista en Su servicio.  Él siempre buscó el mejor interés de los demás. Él puso las necesidades de los demás por encima de Su bienestar.  Vemos a Jesús acercarse a los discípulos luego de ellos haber tenido una discusión acerca de quién sería  el mayor, y entonces ellos entran a la cena, y ¿qué hace Jesús? Él adopta la posición más baja, la de un siervo esclavo,  y lava los pies de los discípulos.  Él se inclina para servir a los siervos.  Su humildad es vista en Su servicio.

Su humildad es vista también en lo que llamamos Su entrada triunfal en Jerusalén, lo que muchos celebrarán dentro de varias semanas, el Domingo de Ramos.  Esa entrada triunfal cumplió las palabras dichas por el profeta Zacarías. En Zacarías capítulo 9 “He aquí, tu rey viene a ti… [¿Cómo viene?] humilde, y montado en un asno” (9:9).  Los reyes guerreros, cuando entraban a un pueblo, lo hacían a caballo.  Pero si un rey entraba en un asno, era señal de paz y no de guerra.

Los judíos de esos días esperaban al Mesías como un rey conquistador, pero Él vino como un Rey humilde en misión de paz.  Porque y Él no llenó sus expectativas de cómo debía lucir un rey conquistador, ellos lo rechazaron. Éllos no se percataron de quien Él era.  Y fue Su humildad lo que hizo que no se percataran.

Su humildad no solo fue vista en Su servicio y en Su entrada humilde en Jerusalén, sino también fue vista en Su sufrimiento y en Su respuesta ante los insultos y las injurias durante toda Su vida, pero especialmente hacia el final de Su ministerio, durante la Pasión de Cristo, como vamos a estar estudiando en las próximas semanas. Él fue calumniado.  Su carácter difamado.  Él fue acusado de estar poseído por demonios, de ser un borrachón, un glotón un loco, un lunático.

Yo puedo decir solamente que mi instinto, bajo circunstancias similares, sería el defenderme a mí misma, el defender mi reputación, y el resentir a aquellos que me mal interpretan y me critican, y  vengarme haciéndole  exactamente lo mismo a ellos.  Pero Cristo no hizo nada de esto.  En cambio, Él se humilló a sí mismo.

Y Su humildad no solamente es vista en estos aspectos de Su  vida aquí en la tierra, sino que Su humildad es vista, en última instancia, en Su muerte.  ¿Qué dice Filipenses capítulo 2? “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”  (vs.8). Nosotros vemos esa humildad a medida que Él exhala Su último aliento, cuando  Él  dice, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” Lucas capítulo 23 versículo 46—una humilde sumisión de Sí mismo a Su Padre.

Su humildad es vista en la absoluta sumisión a la voluntad de Su Padre.  A través de toda Su vida, al venir a esta tierra, en la vida que el vivió aquí en la tierra, en Su sufrimiento, Su pasión y Su muerte—vemos Su sumisión a la voluntad del Padre.  Esto es una expresión de humildad, de Su humildad de  corazón.

Y  entonces debemos  recordar que Jesús será siempre humilde por toda la eternidad.  Él no solo fue humilde cuando fue a la cruz, sino cuando se levantó de los muertos y ascendió a los cielos.  Él no perdió Su humildad, Él aún es el humilde, Dios encarnado.

Primera a los Corintios capítulo 15 nos  dice:

“Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquél que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (vs. 28).

¿Qué está diciendo? (Vemos mucha “sujeción” en este versículo.)  La Escritura dice en este pasaje que Dios está en el proceso sujetar todas las cosas a los pies de Cristo.  Pero cuanto todo este sujeto bajo los pies de Cristo ¿qué hará Cristo? Él mismo se  sujetará a Aquél que sujetó todas las cosas en Él para que Dios sea todo en todo— el siempre humilde Dios encarnado.

Y cuando vemos la visión de Juan  en el libro de Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde él ve el resplandeciente y santo Dios sentado en Su trono, ¿a quién ve Juan al lado del trono? ¿Cómo aparece Cristo en esa imagen? Juan nos dice, “Yo vi a un Cordero de pie, como inmolado” (5:6)—el humilde Hijo de Dios—Él  siempre humilde Dios encarnado, por toda la eternidad.

En su libro titulado “Los Milagros”, C.S. Lewis nos da una maravillosa descripción pictórica de la humildad y la humillación de Cristo.  Permíteme leerte parte de esto.  Él dice:

En la historia cristiana, Dios… desciende y desciende desde las alturas de Su ser absoluto, al tiempo y al espacio, baja a la  humanidad, baja a la raíz misma de la humanidad creada por Él mismo.  Pero Él desciende para volver a subir de nuevo y llevar Consigo a pecadores arruinados.

La imagen que tenemos aquí es la de un hombre fuerte, descendiendo  cada vez más y más para colocarse encima una gran y complicada carga. Él debe inclinarse para poderla levantar.  Él debe casi desaparecer, increíblemente, bajo la carga antes de poder enderezar Sus espaldas bajo este gran peso, y se  marcha con esta gran masa tambaleante sobre Sus hombros.

O también podemos pensar en un buzo, primero quitándose su ropa y luego mirando hacia arriba y luego lanzándose al mar,  desapareciendo, rápidamente descendiendo a través del agua tibia y verde, adentrándose cada vez más profundamente en el agua negra y fría, hundiéndose cada vez más hasta llegar a sentir la presión en aumento de una zona de muerte, de lama y de lodo y de podredumbre. Y  luego sube de nuevo, hacia la luz  y los colores,  sus pulmones casi al explotar, hasta llegar a la superficie, trayendo en Sus manos algo precioso, y aún goteando agua; algo que había bajado a rescatar.

¿No es esta una imagen grandiosa de la obra  redentora y  humilde de Cristo? Permíteme leerte este pasaje, tan familiar para muchas de nosotras, pero uno que debe ser leído una y otra vez.  Vamos a lavar nuestros corazones con esta Palabra:

Filipenses, capítulo 2, los versículos del 5 al 11—y piensen en este hombre fuerte descendiendo cada vez más bajo, colocándose bajo esta pesada carga para levantarla; piensen en ese buzo bajando a las partes obscuras, llenas de lama y podredumbre para rescatar aquello precioso y traerlo hacia arriba de nuevo.  Piensen en estas dos imágenes a medida de que les leo porciones de Filipenses capítulo 2:

“Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.  Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra,  debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

Para que Dios sea todo en todo.  Él descendió. Él bajó, bajó, y bajó, a rescatarnos, para llevarnos hacia arriba.  Dios le exaltó a Él.  Nuestra esperanza de exaltación eterna, habiendo sido rescatadas de las profundidades de nuestra pecaminosidad, está en el hecho de que Cristo se humilló a sí mismo y bajó  en esa misión de rescate.

Permíteme de nuevo ir una vez más a  una cita del maravilloso libro sobre la humidad, escrito por Andrew Murray.  Él dice,

¿Debe sorprendernos que la vida cristiana sea a veces tan débil y poco fructífera cuando la raíz misma de Cristo es dejada de lado, o es desconocida?… Si la humildad es el secreto de Su  expiación, entonces la fortaleza y salud de nuestra vida espiritual depende enteramente en que nosotros nos coloquemos esa gracia también, y que hagamos de la humildad lo que más admiremos en Él, lo que más le pidamos a Él, la sola cosa por lo cual sacrificaríamos todo lo demás… ¡O que la humildad de Jesus sea vista en mí y en todo lo que me rodea!

Entonces, ¿cómo cultivamos la humildad? Creo que el punto de partida es reconocer que no la tenemos, y que no viene de manera natural. Es una gracia.  Es algo que Dios nos da, pero también somos llamadas a humillarnos a nosotras mismas.  Es una elección que hacemos.  ¿Y qué es lo que nos lleva a tomarla? ¿Qué nos hace abandonar nuestra altanería, nuestro orgullo nuestra autosuficiencia y nuestro espíritu independiente? ¿Qué hace falta para llevarnos al lugar de la humidad donde preferimos ser humildes y no orgullosas?  Como Murray dice, “Estudia la humildad de Cristo.  Considera a Cristo”.

Jesús dice en Mateo capítulo 11:

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mi, que soy manso [apacible, como dice la  NVI]  y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.” (v.29)

Murray dice,

Solamente a medida de que la  vida de Cristo en Su divina humildad  more en nosotros es  que podremos ser verdaderamente humildes.   Nosotros heredamos nuestro orgullo de otro, de Adán; debemos de obtener nuestra humildad de Otro, [con O mayúscula], también.

Es Cristo en nosotros, el perfecto y humilde Cristo, Quien es nuestra fuente de humildad.  Él nos motiva a ser humildes.  Él nos capacita para ser humildes.  Él es nuestra humildad—Cristo en nosotros.”Aprended de Mí  que soy manso y humilde de corazón”.

  • Medita en Él.
  • Contempla Su humildad, Su servicio, Su amor y la distancia que Él estuvo dispuesto a descender para rescatarnos.
  • Y sobre todo, medita frecuentemente en la cruz.  Vuelve tus ojos a Jesús.  Mira a la cruz.  Medita en Su sufrimiento, Su sangre derramada, Su muerte, la forma como descendió y descendió y descendió y descendió a los abismos para rescatar a seres como nosotros.

Medita en Cristo.  Medita en la Cruz:

La cruz excelsa al contemplar,
Do Cristo allí, por mí murió,
De todo cuanto estimo aquí,
lo más precioso es Su amor.2

Oh, gracias a Ti, gracias a Ti, Jesús, por escoger el  camino de la humildad.  Por descender, y venir; por descender  para alcanzarnos en nuestra bajeza, movido por Tu amor, por Tu sumisión y Tu obediencia a la voluntad de Tu Padre, y por el anhelo y el deseo de rescatarnos, para hacernos Tu más preciado tesoro y posesión.  Gracias a Ti por exaltarnos a través de Tu humillación.

De manera que hoy, Señor Jesús, levantamos Tu Nombre. Te exaltamos.  Elevamos Tu nombre, que es sobre todo nombre.  Tú eres el incomparable, y humilde Cristo, y te amamos. Perdónanos por exaltarnos a nosotras mismas, por nuestro orgullo, nuestra necedad, nuestro espíritu independiente, nuestras terquedades, por nuestras rebeliones contra Ti.  Oh que en este día nos humillemos como Tú te has humillado, para que Tú puedas derramar gracia, la gracia de Cristo sobre nosotras en este dia. Estas cosas las pido en el santo  nombre de Jesús, amén.

Leslie: Luego de haber oído este mensaje de Nancy Leigh DeMoss,  Yo me siento  motivada  adorar a Jesus por Su increíble humildad.

Ella está en una serie llamada El Cristo incomparable.  Ha sido un  enriquecedor estudio  sobre  la vida y persona de Jesús, un tema que todas necesitamos.  Si  te has perdido algún mensaje de esta serie, lo puedes oir en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  También podrás encontrar allí las transcripciones para cada programa y  otros recursos que te pueden ayudar a darle seguimiento a  lo que has oído.

¿Te puedes imaginar la presión en la que Jesús se encontraba?  Él era constantemente criticado.  Él invirtió su vida en sus amigos que no lo entendían, mientras Él tenía una asignación inmensa de parte de Dios. Sin embargo, la vida de Jesús fue marcada por la serenidad.  Aprendamos de esta característica de Él el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. S. Lewis.Miracles. p. 401.
2 Issac Watts. «When I Survey the Wondrous Cross.»

Rey Humilde, En Espíritu y en Verdad, Tu Reino Aquí ℗ 2010 En espíritu  y en verdad.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Poderoso Defensor

Isha – Salmos

DÍA 102 – Salmo 64

Dosis: Seguridad

Poderoso Defensor

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; protégeme del temor al enemigo. Escóndeme de esa pandilla de impíos, de esa caterva de malhechores. Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas. Emboscados, disparan contra el inocente; le tiran sin temor y sin aviso.” (Salmo 64:1–4) (NVI)

Este salmo es también un clamor por apoyo divino de alguien que se siente atacado y perseguido por un grupo de personas organizadas para atacarle. Nuevamente las intrigas y los planes de sus enemigos cargan su alma. ¿Alguna vez experimentaste este tipo de ansiedad? ¿Qué le aconsejarías a una persona que se siente así? Generalmente cuando atravesamos una experiencia similar nuestro corazón se endurece y nos llenamos de amargura.

Pero en este caso, el salmista derrama su corazón a Dios y le pide que haga tres cosas que está seguro Él puede hacer para defenderlo: “escúchame”, “protégeme” y “escóndeme”, de personas que se ocultan para atacarle, que le lanzan flechas ponzoñosas de mentiras y calumnias. Nuevamente vemos aquí imágenes de guerra para describir la forma como sus adversarios lo atacan hasta hacerlo sentir muy vulnerable. Sin duda estas personas quieren acabar con su reputación y con su resistencia emocional.

Sin embargo, el salmista cree que Dios tiene la capacidad de obstaculizar las malas intenciones y transformar el curso de las acciones humanas: “Pero Dios les disparará sus flechas, y sin aviso caerán heridos. Su propia lengua será su ruina, y quien los vea se burlará de ellos. La humanidad entera sentirá temor: proclamará las proezas de Dios y meditará en sus obras. ¿Crees en un Dios así? ¿En un Dios capaz de defenderte? Él siempre responderá más allá de nuestras expectativas y su amor será como un cerco de fuego alrededor nuestro.289 ¡Podemos vivir confiadas!

Amada, debemos estar seguras que ningún complot que se levante en nuestra contra prosperará, porque Dios es nuestro poderoso defensor. El salmista pasa del lamento a la gratitud, al experimentar la acción liberadora de Dios. Es interesante notar que muchas veces, antes que la respuesta de Dios se evidencie en hechos, Él ya pondrá la certeza en nuestro corazón que hemos sido escuchadas, está con nosotras y responderá nuestra oración. Su Espíritu es el que nos ayuda a confiar y a declarar como el salmista: “Que se regocijen en el SEÑOR los justos; que busquen refugio en él; ¡que lo alaben todos los de recto corazón!”

Oración: Señor, defiéndeme de las malas intenciones y sé tú mi poderoso defensor. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 117). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

La resurrección

Miércoles 18 Diciembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Y vi a los muertos… de pie ante Dios… Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:6, 12, 15

La resurrección

http://labuenasemilla.net/20191218

«El 13 de marzo de 1995, la marina francesa procedió a la inmersión en el mar del cuerpo del explorador Paul-Émile Victor, fallecido a la edad de 87 años. Según las últimas voluntades expresadas por el difunto, el cuerpo fue envuelto en dos sudarios y recubierto por una bandera tricolor».

En su momento, Dios encontrará todos los cuerpos, los quemados en las hogueras o en los hornos crematorios, los despedazados por las fieras en los anfiteatros o perdidos en los campos de batalla, las cenizas humanas dispersadas en la naturaleza o en el fondo de los mares, los cuerpos enterrados desde hace milenios. Y todos resucitarán, ya sea “a resurrección de vida”, o “a resurrección de condenación” (Juan 5:29).

La Biblia enseña que habrá dos resurrecciones. El Señor Jesús vendrá a buscar a los suyos, a quienes rescató al precio de su sangre. Él resucitará a todos los creyentes que hayan muerto y les dará, como a los creyentes que estén vivos en ese momento, cuerpos semejantes al suyo. Todos entrarán entonces en su Paraíso. Esta es la primera resurrección.

Luego, al final de los tiempos, tendrá lugar la resurrección de todos los que no hayan creído. Ellos comparecerán ante el “gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11) y serán condenados a los tormentos eternos. Quizás alguien diga: ¿Cómo podrá suceder esto? Nada es imposible para Dios. ¿No fue él quien hizo el universo de la nada? Y él hace algo aún más sorprendente: justifica a los que creen en su Hijo Jesucristo.

Hageo 2 – Apocalipsis 11 – Salmo 144:1-8 – Proverbios 30:7-9

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