2/6 – De la tribulación al triunfo, 1ª Parte

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

2/6 – De la tribulación al triunfo, 1ª Parte

John MacArthur

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Abramos nuestras Biblias al primer capítulo de Santiago. Y quiero leerle los versículos 2 al 12. Santiago, capítulo 1, versículo 2 al 12.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas. Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

G. K. Chesterton dijo: “yo creo en meterse al agua caliente. Creo que te mantiene limpio.” Y existe, para tener la certeza, la necesidad de nuestras vidas de una prueba, para ver si de hecho somos genuinos. Y algunas veces, no hay mejor prueba que el agua caliente o el agua de las tristezas y las pruebas. La manera en la que uno enfrenta los problemas es una indicación de su fe. Y los problemas que vienen a su vida y a mi vida hablan de la realidad de nuestra fe o de la ausencia de la misma.

Por lo tanto, en el propósito de Santiago, el cual es darnos pruebas de fe viviente, lo primero de lo que él quiere hablar es de la prueba de la aflicción. Porque la aflicción revelará si su fe es una fe viva o una fe muerta. Si es una fe genuina o una fe de imitación. Si es una fe salvadora o una fe no salvadora.

Es un punto de comienzo muy natural por la simple razón de que toda persona que vive en el mundo vive en medio de pruebas. De hecho, somos criaturas caídas. Somos criaturas pecaminosas. Vivimos en medio de una sociedad caída y pecaminosa. Y como resultado de eso, experimentamos problemas constantes. De hecho, parece como si nunca se va muy lejos si es que se va en absoluto.

Job lo expresó de esta manera en el capítulo 5, versículo 7. Dijo: “el hombre nace para la aflicción como las chispas vuelan hacia el aire.” Es como si dijera que la naturaleza caída es como un fuego que produce chispas. La consecuencia natural del fuego de la caída del hombre son problemas. De hecho, en Job 14:1 dijo: “el hombre que nace de una mujer,” y eso obviamente incluye a todos nosotros, “el hombre que nace de una mujer es de pocos días y llenos de problemas.”

En el Salmo 22:11 David dijo: “no estés lejos de mí,” clamándole a Dios, “no estés lejos de mí, porque el problema está cerca de mí.” En Isaías 8:22, Dios habla a través de Isaías de Su juicio en el mundo que dejó a los hombres, y cito: “para ver la tierra y encontrar únicamente problemas.” Y sin duda alguna, se puede acordar, si ha leído esas maravillosas verdades de la sabiduría humana que conocemos como el libro de Eclesiastés, esas palabras conocidas en el capítulo 2: “por lo tanto, aborrecí la vida, porque el trabajo que se lleva a cabo de la debajo del sol es triste para mí, porque todo es vanidad y aflicción de espíritu.”

Y después, en el versículo 23: “porque todos sus días son tristezas y su trabajo tristeza; sí, su corazón no descansa en la noche.” Problemas, problemas, problemas, vanidad día y noche; la vida parece no ser más que problemas y sólo problemas.

Francamente, inclusive para los cristianos, inclusive para aquellos de nosotros que somos los hijos de Dios, enfrentamos constantemente problemas en un mundo lleno de problemas. E inclusive cuando en cierta manera, nuestro pequeño mundo está bajo control, alguien lo invade y lo echa a perder inevitablemente. Y usted sabe que es el caso si ha tenido un grupo de niños en su casa últimamente. No importa cuánto proteja su pequeño mundo, tienen una manera de dañarlo. Y no son más que una pequeña ilustración de cómo es la vida. Hacemos todo lo que podemos por protegernos a nosotros mismos, por tener la paz perfecta y la comodidad, pero inevitablemente, el problema llega de afuera o de adentro. El salmista -y estuve revisando algunos de los escritos de los Salmos esta semana, y recordé una vez más que el salmista de manera repetida le habla al Señor y le pide al Señor que lo libre de problemas; pero él nunca tiene la presunción de pedirle al Señor que lo libre de la aflicción, porque él sabe que no puede pasar.

Él simplemente dice: “no me libres de él, solo sácame del mismo cuando estoy ahí.” Inclusive en el matrimonio; el matrimonio, dice Pedro, es la gracia de la vida. Es como decir esa es la crema batida en la parte de arriba. Es lo mejor de las cosas en la vida. Pero inclusive en el matrimonio, 1 Corintios 7:28, dice: “si te casas, reconoce que tendrás aflicción de la carne.” Digo, si tienes problemas simplemente siendo tú, imagínate cómo será cuando tiene que ser tú con alguien más, tratándose de quiénes ellos son. Va a haber problemas inclusive en las mejores cosas que Dios nos da.

Jesús mismo no pudo evitar el problema. De hecho, Él dijo de Sus discípulos “han estado conmigo en Mis aflicciones.” Él dijo es normal que en el mundo tengan de tribulación, aflicción. Espérenlo. Está por todos lados. Jesús gimió en Su Espíritu. En Juan, capítulo 11:33, se registra eso. Juan 12:27 registra esto. Inclusive en Juan 13, creo que es por el versículo 20, 21, lo registra nuevamente. Él sabía lo que era tener un espíritu atribulado. Él estuvo atribulado. Pablo dijo que estuvo atribulado en todos lados, 2 Corintios 4:8.

Lo esperamos, esperamos problemas en nuestra familia, esperamos problemas de nuestros amigos, esperamos problemas de nuestro trabajo, esperamos problemas de la escuela, lo esperamos en el mundo económico, lo esperamos de la crítica, esperamos problemas en la forma de enfermedad; inclusive esperamos problemas que vienen a nuestras vidas en la forma de muerte conforme llega la gente que está muy cerca de nosotros; los problemas vienen de la persecución… Digo, así es la vida.

Y si usted cree que es el único que lo está enfrentando, usted no ha estado mirando a su alrededor últimamente. Todo el mundo está en la misma situación. Ahora, Santiago de hecho dice, que, si tu cristianismo es genuino, se va a manifestar en los problemas. Digo, francamente, si no es bueno para los problemas, no es bueno para nada. Si sólo es bueno cuando no lo necesito, no lo necesito. Si mi fe en de Dios sólo es buena cuando estoy bien, entonces, ¿de qué me sirve mi fe? Es para sostenerme cuando todo va mal. Es una prueba legítima de la legitimidad de la fe ver cómo se conduce en los problemas.

Ahora, observe por un momento el versículo 2, conforme pensamos un poco en este concepto. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,” poikilos, muchos colores, variados. Esto no es para enfatizar el número sino la diversidad de los problemas. No es la idea de que vamos a tener muchos problemas. Eso es verdad. Es la idea de que vamos a tener todo tipo de problemas. Diferentes tipos, multicolor fue el significado original de la palabra. Viniendo en todo tipo de matices y tamaño y variedades. Todo tipo de problemas. Viniendo de nuestra familia, viniendo de nuestros parientes, viniendo de tantas áreas de decepción, sea cual sea, todo tipo de problemas.

Ahora, observe también las pruebas diversas. La palabra es una palabra muy familiar para un estudiante de las Escrituras, peirasmos. Significa pruebas. Y básicamente, tiene la idea de problemas. Algo que rompe la idea de tranquilidad, que rompe el patrón de paz, y consuelo, y gozo y felicidad. Realmente, no sabemos específicamente las pruebas que Santiago tiene en mente conforme él escribe. Realmente, no sabemos lo que estaba pasando entre los judíos dispersos que él habría identificado como alguna prueba específica. Y probablemente, está bien que no lo conozcamos, porque la naturaleza general de la vida está tan llena de problemas, que una instrucción general en esta área es muy aplicable a un rango amplio de cosas, no sólo a la gente a quien Santiago escribió, sino también a nosotros. Y debido a que él los llama diversas pruebas, pruebas de colores diferentes, las pruebas variadas, sin duda alguna, está suponiendo que vienen en todo tipo de forma. Y realmente, no es específicamente importante qué estaba enfrentando la gente en este momento.

Ahora, la palabra prueba no necesariamente denota alguna solicitud a la maldad. No necesariamente significa tentación. En un sentido, es desafortunado que haya sido traducida en algunas versiones como tentación. Es traducida pruebas en algunas ediciones. La misma palabra del versículo 2 es traducida tentaciones en el versículo 12. Y el contexto aquí muestra claramente que la idea no es enfatizar alguna solicitud subjetiva a la maldad, sino más bien una dificultad objetiva que prueba y fortalece la fe. En sí misma, y de sí misma, esta prueba no es una solicitud a la maldad. Simplemente, es una dificultad objetiva que entra a la vida, que puede ser una prueba de la legitimidad de nuestra fe.

Y, por cierto, según Moulton y Milligan, eruditos excelentes que nos han dado un léxico del idioma griego, dicen que la palabra siempre expresa la idea de una prueba. Siempre expresa la idea de una prueba. Es una palabra muy rara, francamente en el griego secular. Pero es una palabra muy común en el griego bíblico, debido a que la prueba de la fe es una parte tan importante de la vida espiritual.

De hecho, la forma del verbo de peirasmospeirazō, significa probar a alguien. Probar a alguien. Entonces, es la idea de una prueba. Sea que resulte en cosas buenas o resulte en cosas malas, el punto aquí es la prueba. Todo problema que viene a su vida y toda aflicción, sea una pequeña o una grande, se convierte entonces en una prueba de su fe; usted la aprueba o la reprueba.

Aprobar. Escuche esto: si pasa la prueba, escuche, la mantiene como prueba. Reprobar la prueba la convierte en una tentación. Si termina como pecado, ha mostrado ser una tentación exitosa y si termina en una victoria, ha mostrado ser una prueba exitosa. Una tentación lo lleva a pecar y lo hace fallar. Lo hace caer. Una prueba lo lleva a la fortaleza y lo hace permanecer de pie.

Entonces, las aflicciones son pruebas que revelan la legitimidad y la fortaleza de su fe. Por un lado, pueden revelar la legitimidad de su fe y pueden, por otro lado, revelar también la fortaleza de su fe. Lo que usted hace en medio de una aflicción revelará si usted realmente cree en Dios y si genuinamente es salvo. Y también revelará qué tan fuerte realmente es la fe salvadora.

Ahora, quiero decirle que hay muchas personas a lo largo de la historia que han pasado esto por alto. Muchas personas han pensado que Santiago estaba enfatizando mucho en las obras. Y quiero que sepa en esta epístola, que Santiago enfatiza mucho en la fe. No está desequilibrado. Es muy fuerte en la fe. No sólo en las obras. Y Martín Lutero dijo: “ésta es una epístola de paja.” Mostrando que realmente era inútil, porque hablaba tanto de la justicia de obras, que realmente no entendió el punto. Santiago realmente enfatiza la fe y las obras sólo son una manifestación, es sólo una prueba de fe verdadera.

Ahora, permítame decir otra cosa. Debemos señalar que Santiago no está distinguiendo aquí entre las pruebas internas y las pruebas externas. Porque no podemos distinguir entre ambas tampoco. He descubierto en mi vida que toda aflicción externa rápidamente se convierte en una interna. Ninguna aflicción que he visto, jamás se queda fuera. De lo contrario, no es mucha aflicción. Se me a mi mente, por así decirlo, se internaliza y se convierte en una aflicción. Entonces, Santiago no está diciendo: “aquí están las cosas externas y más adelante vamos a entrar a la tentación, lo cual es lo interno.” Cualquier prueba es externa e interna. La vida cristiana no puede hacer una distinción así.

Simplemente, hay pruebas en general y nuestra vida está constituida de las mismas. Vienen en la forma de decepciones, frustraciones, malos entendidos, sueños no cumplidos, expectativas no cumplidas, gran pérdida, gran soledad, temor, crítica, persecución, conflicto. Y quizás, todas comienzan por fuera. Pero, tarde o temprano, terminan en el interior. Y eso es lo que las hace una aflicción.

Eso es la vida. Y todas vienen, observe el versículo 3, con el propósito de probar su fe. Para ayudarle a saber si su fe es real. Y qué tan fuerte es esa fe. Son pruebas de legitimidad para aquellos que dicen tener fe verdadera y pruebas de la fortaleza de la fe. Entonces, en un sentido se pueden aplicar tanto al creyente como a incrédulos.

Entonces, recuerde que el propósito de Santiago ahora es el probar la fe. Y amados, quiero decirles que cuando usted enfrenta una prueba, realmente debe ver con cuidado esa prueba y examinarla a la luz de cómo usted reacciona. Y qué es lo que dice acerca de su fe. Eso es lo que usted debe aprender de la misma. Y si usted persevera en el medio de las pruebas como patrón de vida, si usted persevera en medio del sufrimiento como patrón de vida, y nunca abandona su confianza en Dios, entonces usted prueba que tiene fe genuina.

Robert Johnston, escribiendo en un comentario de Santiago hace muchos años atrás, dijo esto, y cito: “Santiago nos muestra que donde no hay más que una profesión vacía o un mero sentimiento soñador, no basado en convicciones firmes e inteligentes de la verdad, el fuego de la aflicción los va a quemar.” Fin de la cita.

Además, él añadió, y cito: “pero donde hay fe verdadera, la aflicción, de manera natural, lleva a un pensamiento más profundo, que, bajo otras circunstancias, en el pecado y sus postres, y de esta manera, libera el corazón del control de la justicia personal. La fuente de la debilidad lleva a una lucha apasionada con Dios en oración. Y la experiencia de la gracia que nos sostiene, obtenida de esta manera, fortalece y lleva a la esperanza con respecto al tiempo venidero.” Fin de la cita.

Esa es una afirmación muy rica y llena de significado. Pero lo que él básicamente está diciendo es: usted coloca a un cristiano falso en medio de la aflicción e inevitablemente lo va a destrozar, lo va a quemar. Usted coloca a un creyente verdadero en una aflicción, en una prueba y lo va a llevar a no confiar en su propia fuerza. Le va a mostrar su propia debilidad y lo va a llevar a la oración para apoyarse, para depender en la debilidad de la fortaleza de Dios, en lugar de depender de su propia debilidad.

La prueba, entonces, para una fe falsa, la quema. La prueba para la fe verdadera causa dolor. El dolor de la ineptitud, la debilidad y la hace que se vuelva de depender en sí misma a depender de la fortaleza de Dios. Entonces, la prueba o la aflicción se convierte en la primera de las pruebas de Santiago para la fe viviente.

Ahora, así es como comienza esta sección y quiero mostrarle en esta noche cómo es que la termina. Vayamos al versículo 12. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación”. Esta es una bienaventuranza, por cierto, en la misma línea de Mateo 5, en donde Jesús dio las bienaventuranzas. Y le dije la semana pasada que es casi como si las bienaventuranzas y el Sermón del Monte se encontraran detrás del pensamiento de Santiago. Y veremos esto a lo largo de la epístola.

Pero él dice: “bienaventurado el varón que soporta la tentación porque cuando,” o literalmente después de que su prueba haya pasado, “recibirá la corona de vida que el Señor ha prometido a los que le aman.” Aquí esta una declaración de la bienaventuranza del que pasa la prueba. Bienaventurado significa feliz. Mejor aún, significa satisfecho. Mejor aún, significa satisfecho de gozo interno. Satisfecho de gozo interno. Un estado del alma en éxtasis. Un estado del alma en gozo.

De hecho, en el capítulo 5 de Santiago, versículo 11, él dice lo mismo: “he aquí, tenemos por bienaventurados a los que soportan.” Y después, él dice que deben “recordar la paciencia de Job” y demás. Consideramos a la gente verdaderamente feliz que soporta, que pasa las pruebas. Ahora, esta no es felicidad debido a la libertad de la prueba. Esto es felicidad debido a la victoria sobre las pruebas. Gran diferencia. Gran diferencia. No es la felicidad vacía, carnal, de alguien que nunca tuvo conflicto. Es la emoción de uno que perdió y ganó. Que perdió y ganó. No es la felicidad del espectador, es la felicidad del participante. Feliz, satisfecho, con un estado interno de gozo, es el hombre que soporta la prueba.

Y de nuevo, no es cuestión de solicitar al pecado. Si ese fuera el asunto, en el versículo 12, si soportar la tentación a pecar fuera el punto, no habría dicho que ‘feliz es el hombre que lo soporta’. Habría tenido que decir ‘feliz es el hombre que lo resiste’. Pero dice: “bienaventurado, satisfecho es el hombre que lo soporta.”

Y hay tres palabras claves en el versículo 12: la palabra soportar, la palabra tentación o prueba y la palabra probado. Y las mismas tres palabras aparecen en los versículos 23. “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” Y después, en el versículo 4: “mas tenga la paciencia su obra perfecta. Tened por sumo gozo la prueba de vuestra fe produce paciencia.” Entonces, tiene prueba, prueba, soportar en los versículos 2 y 3, tiene prueba, prueba, soportar en el versículo 12 y, por lo tanto, concluyo que el versículo 12 está hablando de lo mismo de lo cual está hablando versículo 2. Y estos dos versículos cierran el texto que se encuentra en el medio de ellos. Y la sección entera es acerca del triunfo sobre las pruebas; lo mismo en mente en el versículo 2 y en el versículo 12.

Observe que en el versículo 12 dice: “bienaventurado el hombre que soporta.” Así como en el versículo 3, la prueba de vuestra fe produce paciencia. La misma idea, la misma palabra. Ahora, para soportar en el versículo 12, significa soportar de manera paciente, triunfal. No significa ‘¡Oh, soporté! Apreté mis dientes, contuve mi respiración y la soporto. No es esto. No es soportar de manera pasiva. No es una supervivencia pasiva. Esto es ser el ganador. Es hupomenō, presente activo indicativo. De manera paciente y triunfal, ser el ganador.

Ahora, el punto es simple. La persona que dice ser cristiana y enfrenta pruebas y sale como ganador, lo cual significa que él nunca se rinde en su fe, nunca abandona a Dios, muestra que el cristiano genuino. Y él recibirá la corona de vida que el Señor le dará a aquellos que Le aman.

Digo, hay personas que vienen y usted y yo los vemos, vienen a la Iglesia, profesan a Cristo, se bautizan, enfrentan problemas en su vida y se van. Digo, se van. Y quizás, nunca regresen. Quizás, se quemaron en una relación, quizás tenían su ojo en alguna muchacha y le dijo al hombre que se fuera a dar la vuelta, no era su tipo, lo que sea. O quizás vinieron y tuvieron que enfrentar alguna lucha. Un querido amigo, un miembro de su familia murió. Simplemente, los aplastó. Y se fueron y quizás, le levantaron el puño a Dios y ahí, se acabó.

Como puede ver, la perseverancia en medio de la prueba es la prueba de la fe viviente. Ahora, Santiago, en el versículo 12, llama a aquellos que perseveran “aquellos que Le aman.” Oh, eso es maravilloso porque básicamente esa es la esencia de nuestra actitud hacia el Señor en la salvación. Lo amamos. Nosotros le amamos a Él ¿por qué? Porque Él nos amó primero. Esto consiste en una relación de amor. Esto no es sólo alguna transacción en donde Dios nos salva sin importar cuál es nuestra actitud. Y una vez que somos salvos, podemos tener la actitud que queramos. ¡No! Aquellos de nosotros que verdaderamente somos salvos tenemos un amor profundo, continuo por Él. Usted, en cierta manera, puede subrayar eso en su Biblia como una definición maravillosa de un cristiano verdadero. Los que Le aman. Al Señor. Primera de Juan 2 dice: “que le amaremos a Él o amaremos al mundo. Pero no a ambos. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” Digo, eso es elemental.

Y, además, él dice, en Primera de Juan 2:19: “salieron de nosotros porque no eran de nosotros. Si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron de nosotros para que se manifestase que nunca fueron de nosotros.” Y lo que Juan está diciendo ahí, cuando la prueba vino, para mostrar si amaban a Dios o si amaban al mundo, amaron al mundo y se dividieron. Y estuvo bien, porque, de hecho, nunca pertenecieron. Es en la prueba que el verdadero amor se manifiesta.

En Primera de Pedro, si es tan amable de ver el capítulo 1 por un momento, Pedro habla de lo mismo en el versículo 6. Habla de muchas pruebas. Las pruebas diversas de la que Santiago habla. Y después, él dice en el versículo 7, casi como si tomara la misma idea de Santiago, para que la prueba de vuestra fe, él dice, todas las pruebas son una prueba para mostrar la validez de su fe. Para que la prueba de su fe, la aflicción de su fe, siendo más preciada que el oro que perece, aunque es probado por fuego, sea hallada para alabanza, gloria y honra en la aparición de Jesucristo.

En otras palabras, él dice: “su fe está siendo probada para mostrar su legitimidad, para que, teniendo fe genuina, estén de pie delante del Señor cuando Él venga. Y después, en el versículo 8, él define esa fe verdadera, “a quien, sin haberle visto,” ¿cuál es la siguiente palabra? “Le amáis.” Y de nuevo, ese mismo pensamiento. La prueba de la fe es pasada por aquellos que aman a Dios, aquellos que aman a Dios.

Oímos el eco del salmista en eso, creo que es el Salmo 97. Estoy adivinando y voy a ver. Versículo 10, sí, él dice: “vosotros que amáis a Jehová, aborreced el mal.” Eso es correcto. Y de nuevo, el pueblo de Dios se designa como aquellos que aman al Señor. “Todas las cosas son para bien para aquellos que,” ¿qué? “Que aman a Dios.” Esa es una definición de un cristiano. Escuche. Un cristiano no es alguien que simplemente en algún punto en el tiempo creyó en la verdad. Un cristiano es alguien que tiene un amor continuo por Dios. Y ese amor permanece estable, inclusive en la aflicción.

Digo, ¿qué diríamos acerca de un amor a nivel humano que sólo fuera bueno si no hay problemas? Olvídalo, eso no sirve de nada. El punto entonces es simple: aquellos que aman, son aquellos que se aferran a Él en base al amor, sin importar cuál sea la prueba y la aflicción. Y de esta manera, prueban que su fe es genuina.

¿Qué significa amarlo? Bueno, esencialmente Jesús lo dijo una y otra vez “si Me llamáis, guardad Mis mandamientos.” Juan 14:15, Juan 15:9 y 10, Primera de Juan 2, versículos 5 y 6, Primera de Juan 4:16, Primera de Juan 5:1, 2 y 3, todas dicen lo mismo. “Si me amáis, guardad Mis mandamientos.” El que guarda Mis mandamientos es el que ama.

Entonces, la legitimidad de la fe es edificada sobre el amor. Pero el amor, para ser demostrado como genuino, deben ser probado. Invariablemente, si es amor verdadero, pasa la prueba y mantiene obediencia. Pasa la prueba y mantiene obediencia.

Ahora, regresemos al versículo 12 y veamos un poco más este versículo. Como creyentes, que expresamos, profesamos nuestra fe, vamos a ser probados. Y si pasamos la prueba, aferrándonos al Señor, aunque pueda haber momentos de lucha y tiempos de duda, nuestra fe no es destruida, no es eliminada. Nos aferramos a Él porque lo amamos. Si ese es el caso, entonces, seremos bendecidos.

Ahora, para resumir esta idea permítame decirle que el propósito de la prueba es entonces doble. Número uno: su propósito es para exhibir la calidad de la fe. La prueba, como he estado diciendo, está diseñada para revelar qué tipo de fe usted tiene.

Regrese al versículo 12. La frase “porque cuando es probado,” literalmente, “cuando eres aprobado después de la prueba.” Esa es la idea. Amados, ¿pueden percibir eso en su vida? Miren, cuando las pruebas de aflicciones y problemas vienen, cuando hay una muerte, cuando hay soledad o una pérdida o problemas, sea cual sea el problema, ¿puede ver que en medio de esto Dios está probando la validez de su fe? Él está haciéndolo a usted aprobado. Él está colocándolo en el medio del fuego, por así decirlo, para que pueda salir con la escoria habiendo sido quemada y la fe verdadera brillando. Aquellos que se aferran a su confianza en Dios en medio de las pruebas, aquellos cuya fe no decae, aunque la prueba pueda persistir, muestran que tienen fe viva, fe viva.

Ahora, quiero desviarme por un momento, porque este es un lugar perfecto para hablar de algo muy importante, un pensamiento teológico muy importante. ¿Ha oído usted la frase “la perseverancia de los santos”? Esa es una frase maravillosa, una común en la teología. Permítame hablar de eso por un momento.

¿Qué significa cuando oímos “la perseverancia de los santos”? Diríamos que es parte de nuestro credo teológico que creemos en la perseverancia de los santos. En otras palabras, creemos que los santos nunca abandonarán su fe. Siempre perseverarán creyendo en Dios en medio de toda aflicción. Esa es la perseverancia de los santos.

En otras palabras, no van a creer por un tiempo y van a dejar la fe, perseverarán. No habrá ninguna prueba que enfrenten que los haga rendir su fe. ¿Por qué? Porque no hay tentación ni prueba que hayas enfrentado, sino que porque no os ha sobrevenido ninguna tentación o prueba que no sea humana, sino que fiel es Dios que no te dejará ser tentado más de lo que puedas resistir, sino que siempre dará la ¿qué? Salida para que podáis soportar. Siempre existe la posibilidad de la perseverancia de los santos verdaderos. Y los santos verdaderos siempre perseverarán. Ese es un pensamiento muy, muy importante.

Permítame decirle por qué es importante. Durante años, crecí escuchando una frase “seguridad eterna”. ¿La ha oído? Creemos en la seguridad eterna. Esta es una buena frase. De hecho, solía oírla de esta manera: “una vez salvo,” usted la sabe… “Siempre salvo”. Usted la sabe. Y esta es una frase común. Una vez salvo, siempre salvo. Y nos gusta creer esto. Digo, ¿a quién no le gusta creer eso? A mí no me gustaría ser parte de un sistema que dijera una vez salvo, …bueno nunca sabes. No quiero eso. No. El énfasis en la frase ‘una vez salvo, siempre salvo’ está bien, pero lo que esto está diciendo en un sentido es que algunas personas se ponen muy nerviosas aquí y dicen: “oye, espera un momento, ¿“una vez salvo, siempre salvo” significa que puedes hacer lo que quieras y a Dios, en cierta manera, no le queda otra opción sino estar contigo? Y el énfasis de eso está en el poder sustentador de Dios y eso está bien. La idea de la seguridad eterna significa que Dios te sostiene, está seguro en Su promesa incambiable. Esta seguro en su poder inviolable. Y las Escrituras enfatizan eso. Estamos seguros, estamos seguros debido al poder de Dios. No hay duda al respecto.

Por ejemplo, permítanme explicarlo: estamos seguros en nuestra salvación debido a la promesa y el poder de Dios. Juan 10, ¿se acuerda? Probablemente ha regresado ahí muchas veces al pensar en la seguridad eterna, Juan 10:28. “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás. Y nadie los arrebatará de Mi mano.” ¿Por qué? “Mi Padre, quien me las dio es mayor que todos y ninguno puede sacarlos de la mano de Mi Padre,” ¿verdad? Entonces, estamos eternamente seguros debido a la promesa y el poder de Dios. “El que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” En otras palabras, es la promesa y el poder de Dios.

En segundo lugar, decimos que estamos seguros no sólo debido a la promesa y el poder de Dios sino debido a las oraciones de Cristo. Él intercede constantemente a favor nuestro, ¿verdad? De tal manera que sin importar lo que hagamos, Él intercede a nuestro favor y le dice al Padre que Él ya pagó por ese pecado y que, por lo tanto, está perdonado.

En Juan 6 Él dice: “todo el que el Padre me da viene a Mí y el que a Mí viene, no le echo fuera.” Él nunca abandona a ninguno de los Suyos. En Juan 17, Él ora por todos los Suyos, para que puedan entrar a la plenitud de la salvación y esa oración será respondida. En Lucas 22, Él habla de Pedro y Él dice: “Satanás te quiere tener, pero Yo he orado por ti, para que tu fe no falte.” Y Él dice: “cuando acabes esto, quiero que fortalezcas a los hermanos.”

En otras palabras, Pedro estaba seguro no sólo por la promesa y el poder de Dios, sino por la oración de Cristo. “Si alguno pecare,” dice Primera de Juan, “abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo y Él es la propiciación para nuestros pecados y no sólo para los nuestros, sino también para los pecados del mundo entero.” Cristo es nuestro intercesor, nuestro intermediario.

Hay un tercer elemento en esto. Estamos seguros no sólo debido a la oración y a la promesa de Dios y a la oración, la promesa y el poder de Dios y las oraciones de Cristo, sino también debido a la presencia del Espíritu. La presencia del Espíritu Santo. El Espíritu Santo está en nosotros, es la garantía de gloria futura, ¿no es cierto? ¿Acaso Efesios 1 no dice que tenemos las arras del Espíritu?, estamos sellados por el Espíritu hasta el día de la redención.

Ahora, todo eso enfatiza la seguridad eterna desde el punto de vista del poder de Dios, la presencia de Dios mediante Su Espíritu y las oraciones de Jesucristo. La Trinidad entera nos asegura para siempre. De tal manera que ningún cristiano que cree en el Señor será jamás perdido. ¿No es eso maravilloso? Eso es seguridad eterna. Y nuestra salvación y nuestra seguridad están basadas, escuche esto, en la fidelidad del pacto de Dios. Está basada en la fidelidad del pacto de Dios. “Y el mismo Dios de paz,” dice Pablo a los tesalonicenses, capítulo 5, versículo 23, “os santifique por completo. Y oro porque todo vuestro espíritu y alma y cuerpo sean guardados irreprensibles hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Estoy orando porque sean preservados irreprensibles hasta que Jesús llegue aquí. Dice el versículo 24: “y fieles es el que os llama, el cual también lo hará.” Estamos seguros en base a la fidelidad de pacto de Dios. ¡Eso es maravilloso! Dios preserva a Su pueblo de la apostasía, Él preserva a su pueblo de desviarse. Y Él los lleva a todos al cielo. Eso es claramente la enseñanza de las Escrituras.

Escuche lo que las Escrituras dicen: “Salmo 31: “tened buen ánimo y Él fortalecerá vuestro corazón. Todos los que esperan en Jehová.” Salmo 37, “los pasos de un buen hombre son ordenados por Jehová.” Salmo 37, nuevamente, versículo 28: “porque Jehová ama el juicio y no deja a sus santos,” escuche esto, “son preservados para siempre.” ¡Maravilloso! Salmo 41:2 dice: “Jehová lo preservará y lo mantendrá vivo y Él será bendecido en la tierra.” Salmo 97:10, “vosotros que amáis a Jehová, odiad el mal. Él preserva las almas de Sus santos. Él los libra de las manos del impío.” Salmo 116:6, “Jehová preserva a simple”. ¿No le da gusto eso? “Yo fui humillado y me ayudó. Él no dejará que tu pie sea movido, el que te guarda no se adormecerá. He aquí, el que guarda a Israel no se adormecerá ni dormirá. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra, tu mano derecha. El sol no te afectará de día ni la luna de noche, Jehová te guardará de todo mal”. ¡Maravilloso!

Romanos 16:25: “y Aquel que es poderoso para estableceros según mi Evangelio.” Segunda de Timoteo 1:12: “por lo cual también sufro estas cosas, no obstante, no me avergüenzo porque yo sé en quién he creído. Y estoy persuadido de que es poderoso para guardar aquello que le he encomendado hasta que aquel día.” ¿Se acuerda de ese? “Y Él es poderoso para guardar lo que le he encomendado”. Y, ¿qué es lo que le he encomendado? Mi alma. Segunda de Timoteo 4:18. “Y el Señor me librará de toda obra mala, escuche esto,” y me preservará hasta Su Reino Celestial, a quien sea gloria por los siglos de los siglos, amén.” Primera de Pedro 1:5 dice que somos guardados por el poder de Dios. Judas 1, “somos guardados en Jesucristo”. Y Judas 24: “y Aquel que es poderoso para guardados en caída y presentaros sin mancha delante de Su gloria, con gran alegría,” ¿no son esas Escrituras maravillosas? Es un lenguaje fuerte acerca de la seguridad eterna.

Pero quiero apresurarme a decir que hay otro lado de esto. Hay otro lado en esto. Usted pregunta cuál es el otro lado. El otro lado es que no sólo somos guardados por Dios, sino que, desde el punto de vista humano, también perseveramos.

En otras palabras, usted no es guardado por Dios si usted deja su fe en el medio de una prueba. Y de nuevo, usted regresa a esa paradoja aparente de la obra de Dios y la responsabilidad del hombre. Usted es salvo porque usted fue escogido en Él desde antes de la fundación del mundo, sin embargo, usted no es salvo sin que usted ejerza fe, ¿verdad? Usted está seguro debido a la fidelidad de pacto de Dios, pero usted no está seguro sin ejercer perseverancia. El medio, entonces, de la seguridad eterna es llevado a cabo mediante el poder del Espíritu energizando, capacitando al creyente verdadero para perseverar en fe en medio de todas las pruebas.

Berkhof, Louis Berkhof, quien fue un teólogo excelente, llama a la perseverancia y cito: “esta operación continua del Espíritu Santo en el creyente mediante la cual la obra de la gracia divina que se comenzó en el corazón, es continuada y es llevada a su término.” Fin de la cita. Entonces, nuestra parte es soportar.

Escuche lo que dice también en las Escrituras. Mateo 24:13, “el que perseverare hasta el final, será salvo”. Ahora, acabamos de decir que Dios no nos va a guardar. Hemos volteado la situación y parece contradictorio, pero no lo es. Es la manera en la que Él nos guarda al capacitarnos mediante Su Espíritu para perseverar.

Entonces, Jesús les dijo a los judíos en Juan 8:31: “si perseveráis en Mi palabra, entonces seréis verdaderamente Mis discípulos.” Primera de Corintios 15, “además, hermanos, os declaro el Evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis,” escuche esto, “por el cual también sois salvos si recuerdan lo que os prediqué, a menos de que habéis creído por nada.” Si usted no se aferra al mismo, usted muestra que su fe no fue real.

Colosenses 1, escuche este texto: “y a vosotros erais enemigos en vuestra mente por obras malas, Él ahora os ha reconciliado en el cuerpo de Su carne mediante la muerte para presentarlos santos irreprensibles delante de Él.” ¿No es eso maravilloso? Salvación. Somos presentados a Dios santos, irreprensibles en Su presencia.

Y después, dice: “si perseveráis en la fe arraigados y no sois movidos de la esperanza del Evangelio.” Usted sólo es seguro si soporta. Usted sólo es seguro si permanece, si soporta. El soportar es el medio mediante el cual la seguridad se manifiesta. Por lo tanto, Hebreos 2 dice que debemos prestar más atención a las cosas que hemos oído, no sea que en algún momento nos resbalemos. Que no nos resbalemos. Somos hechos participantes de Cristo, Hebreos 3:14, si nos aferramos de manera estable hasta el final.

Hebreos 4:14 dice: “retengamos nuestra profesión.” Hebreos 6:12: “deseamos que cada uno de ustedes muestre la misma diligencia de certeza plena de esperanza hasta el final. Y no seáis perezosos, sino seguidores de aquellos,” escuche, “que, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas.” Esa es la perseverancia de los santos. Perseveramos, soportamos. Hebreos 10:39 dice: “no somos de aquellos que se regresan para perdición sino de aquellos que creen para la salvación del alma.”

Pedro inclusive dijo en 2 Pedro 1:10: “si hacéis estas cosas, nunca caeréis.” Y entonces, el punto es que nadie está seguro que no soporta. Usted pregunta entonces qué sucede cuando alguien no soporta. Muy simple, 1 Juan 2:19: “salieron de nosotros porque nunca fueron de nosotros.” Reprobaron la prueba de la fe genuina. Ninguna prueba, entonces, amados, entienda, ninguna prueba es tan grande que podría separarlo de su Señor si su fe es genuina. Sólo es una prueba para manifestar la legitimidad de esa fe.

Entonces, la seguridad eterna no es suficiente por sí misma, no es cuestión de que una vez salvo, siempre es salvo sin importar lo que usted crea y sin importar lo que usted haga. No. Si no hay perseverancia, si usted no pasa la prueba y se aferra al Señor, si usted no continúa amando y obedeciéndolo en medio de toda prueba de la vida, entonces da evidencia de tener una fe ilegitima. ¿Cuantas personas que usted conoce, que vinieron a la Iglesia por un tiempo, tuvieron algo de problemas en su vida y se fueron? Hicieron una profesión de fe en Cristo, pero ya no perseveraron, no pueden ser identificados como aquellos que lo aman. Su vida no se caracteriza por la obediencia.

Me encanta lo que dice la confesión de fe de Westminster. Y cito: “aquellos a quienes Dios ha aceptado en Su amado. Y amados eficazmente y santificados por Su Espíritu no pueden ni total ni finalmente caer del estado de la gracia, sino que ciertamente perseverarán hasta el final y serán eternamente salvos. Esta perseverancia de los santos no depende de su propia libre voluntad, sino de la inmutabilidad del decreto de la elección fluyendo del amor de Dios Padre libre, incambiable, de la eficacia y del mérito y la intercesión de Cristo, de la permanencia del Espíritu y de la simiente de Dios dentro de ellos y la naturaleza del pacto de gracia, del cual también surge la certeza e infalibilidad del mismo.

No obstante, pueden, mediante las tentaciones de Satanás y del mundo, la prevalencia de la corrupción que permanece en ellos y el descuido de los medios de su preservación, caer en pecados tristes. Y por un tiempo, continuar en ellos, por los cuales incurren en el desagrado de Dios y entristecen a Su Espíritu Santo, llegan a ser privados en alguna medida de Sus gracias y comodidades, sus corazones se endurecen, su conciencia es herida, escandalizan y lastiman a otros y traen juicios temporales en sí mismos.” Fin de la cita. Ahora, lo que la confesión de Westminster está diciendo es que un cristiano puede meterse en muchos problemas, pero nunca, en definitiva, dejar su fe porque él perseverará. Las pruebas, entonces, prueba la fe genuina.

Medite en los siguientes himnos: “más seguro nunca está nadie que los amados del Salvador. Ni la estrella que está en la altura ni el ave que está escondido en su nido. Dios los atiende y los sustenta, en Sus cortes santas, florecen. Como un padre amable los libra, en Sus brazos amorosos, Él los lleva. Ni la vida ni la muerte jamás del Señor puede apartar a Sus hijos. Porque Su amor y compasión profunda los conforta en la tribulación. Pequeño rebaño, al gozo entonces, cede. El Dios de Jacob siempre te protegerá. Descansa seguro con este, tu defensor, ante Su voluntad se rendirán todos los enemigos. Lo que Él toma o lo que Él nos da nos muestra el amor del Padre que es tan preciado. Podemos confiar Su propósito de manera total porque es el bienestar de Sus hijos.” Fin de la cita.

Sí, somos guardados. Y somos guardados para perseverar. Alguien ha escrito: “Jesús vive y yo también. Muerte, tu aguijón se ha acabado para siempre. Él murió por mí para romper las cuerdas de la muerte, Él me resucitará del polvo, Jesús, mi esperanza y confianza. Jesús vive y reina de manera suprema, y Su Reino todavía permanecerá y yo también con Él estaré siempre viviendo. Siempre reinando. Dios ha prometido que así sea, Jesús, mi esperanza y confianza. Jesús vive y por Su gracia, la victoria sobre mis pasiones me da. Limpiaré mi corazón y camino siempre viviendo para Su gloria. A mí me resucita del polvo, Jesús mi esperanza y confianza. Jesús vive y bien lo sé, nada puede separar mi corazón de Él, ni la vida, ni la muerte, ni poderes, ni infierno, ni gozo, ni tristeza, por todos los siglos. Ninguno de Sus santos es perdido. Jesús es mi esperanza y confianza. Jesús vive y Su muerte no es más que mi entrada a la gloria. Esto es valentía, entonces, para mi alma, porque Tú tienes una corona de vida delante de mí. Tú hallarás que tus esperanzas fueron justas. Jesús es la confianza del cristiano.” Fin de la cita.

Cuando las pruebas vienen a su vida o la mía, muestran la legitimidad de nuestra fe al darnos la oportunidad de perseverar y habiendo perseverado, podemos mirar atrás y decir: “sí, yo sé que pertenezco al Señor.”

Hay un segundo propósito que quiero mencionarle brevemente. Estas pruebas no son sólo para mostrar la calidad de la fe, sino para fortalecer esa fe, para fortalecer esa fe. Y veremos ese propósito más adelante. No en este momento, pero simplemente, manténgalo en su mente. También fortalece nuestra fe y sirven de esta manera a un propósito muy bueno.

Pero para aquellos que no decaen debajo de la prueba, note de regreso al versículo 12, para aquellos que no se colapsan, Él dice: “después que son aprobados, recibirán la corona de vida”. Para aquellos de ustedes que son estudiantes de griego, esto es lo que me gusta llamar un genitivo de aposición. Literalmente, sería traducido de esta manera: para recibir una corona la cual es vida. La corona equivale a la vida. El punto aquí es éste: la corona es la vida eterna. La promesa de la vida eterna es lo que Dios les ha prometido a aquellos que Le aman. La vida eterna, escuche esto, es nuestra recompensa definitiva. Usted dice “pensé que ya tenía eso”. Bueno, sí, lo tiene. Lo tiene en promesa. Algún día, lo va a tener en plenitud. Todavía estamos esperando la salvación total. Todavía estamos esperando el entrar en nuestra recompensa futura. Esa es la razón por la que es un tiempo futuro. Él recibirá la corona. ¿Qué es la corona? Es la vida eterna. Y en la venida del Señor, Él nos concederá la plenitud de la vida eterna.

Esto nos recuerda de 2 Timoteo 4:8, “por lo demás, está guardada para mí una corona, la cual es justicia, la cual el Señor, el juez justo me dará a mí en aquel día, y no sólo a mí, sino a todos aquellos que aman Su venida.” En el momento en el que el Señor venga y nos lleve consigo mismo, habrá una corona. Esa corona es la vida eterna. Habrá una corona. Esa corona es la justicia. En este momento, tendremos justicia eterna y vida eterna. Y yo creo que se refiere a la vida eterna que recibimos en la venida de Jesucristo.

De hecho, todas las recompensas que el Señor nos concede se encuentran encerradas en nuestra vida eterna, en últimas. Primera de Timoteo 6:12: “pelea la buena batalla de la fe, echa a mano de la vida eterna.” La plenitud de la promesa de la vida eterna. De hecho, en Primera de Pedro 5:4, “cuando el príncipe de los pastores aparezca, recibiréis una corona, la cual es gloria.” Entonces, es vida eterna, es justicia, es gloria. Esas no son coronas que le pertenecen a diferentes cristianos. Esas son coronas que le pertenecen a todos los cristianos. Todos los cristianos. Recibirán vida eterna, justicia eterna y gloria eterna.

Por cierto, Apocalipsis 2:10 también menciona la corona de vida nuevamente. Y ahí se le promete a aquellos que fueron fieles hasta la muerte, a aquellos que atravesaron por pruebas. Es el mismo contexto. Él está escribiendo en la Iglesia de Esmirna. “Van a tener tribulación por un corto período de tiempo. Si muestran que son fieles en medio de eso, inclusive si significa la muerte, entonces Yo te voy a recompensar con vida eterna”.

Ahora, permítame decir esto: la vida eterna no es ganada mediante perseverancia. No es ganada mediante perseverancia. Pero la perseverancia es la prueba de la fe verdadera y el amor verdadero, el cual es recompensado mediante la vida eterna. ¿Entiende esa distinción? No es ganada mediante perseverancia, es la recompensa de perseverar lo cual muestra la legitimidad de la fe salvadora.

La palabra corona, por cierto, es la palabra stephanos. Es usada de diferentes maneras, pero generalmente, en la cultura del Nuevo Testamento, tenía que ver con una guirnalda que era colocada en la cabeza de un ganador en un evento, en un certamen deportivo. Algunos comentaristas piensan que debido a que los judíos rechazaron la idea entera de la competencia, no les gustaba el hecho de que muchos de esos juegos se jugaban con hombres totalmente desnudos que participaban o con muy poca ropa, lo cual ofendía a los judíos. Y entonces, tenían un desagrado más bien severo hacia eso. Y entonces, creen que Santiago nunca se habría referido a stephanos con respecto a este tipo de competencia. Pero creo que en cierta manera eso es exagerar el punto.

Sabemos con certeza, a partir de las antigüedades de Josefo, que existieron juegos así, juegos de competencia, que se tenían en la ciudad de Jerusalén bajo el reinado de Herodes el grande. Y entonces, es probable que estuvieran familiarizados con la stephanos como la corona del ganador. Y obviamente, cuando usted está hablando de soportar una prueba hasta el final, esto encaja con el contexto aquí. A algunos le gustaría que creyéramos que stephanos tiene que ver con la corona para un rey o la guirnalda que era colocada en la cabeza de alguien. En una boda o en una celebración, una festividad, de tal manera que se convierte en una corona de celebración, una corona de gozo, una corona de felicidad. Pero me parece que incluye prosperidad y felicidad y honra y realeza. Pero el contexto debe ser el de una corona de un ganador. Y debido a que eso habría sido algo familiar para ellos, algo que habrían conocido, es muy simple suponer que eso es exactamente lo que Santiago tenía en mente. Entonces lo que él está diciendo es que el Señor va a recompensar con vida eterna a aquellos que demuestran que tuvieron salvación verdadera al haber perseverado.

Entonces, amados, conforme abrimos esta sección, entendemos que la vida está llena de pruebas. Digo, simplemente así va a ser. Y la manera en la que enfrentamos esas pruebas manifiesta la legitimidad o la ausencia de la misma de nuestra fe. Si soportamos, si perseveramos, si somos victoriosos demostramos fe salvadora verdadera. Y al final, estaremos recibiendo la recompensa de esa fe salvadora. La recompensa de ese amor continuo, la cual es la plenitud de la vida eterna, la justicia eterna, la gloria eterna. Eso es para aquellos que muestran ser genuinos.

Ahora, la pregunta que inmediatamente surge en este punto, habiendo visto el versículo 2 y el versículo 12, ¿cómo puede un cristiano soportar las pruebas de manera práctica? ¿Cómo podemos hacer eso? ¿Cuál es el aspecto práctico de soportar?

Y eso es lo que Santiago quiere que veamos. Él es muy pragmático. No es suficiente decir que debo perseverar. Dime cómo. ¿Cómo perseverar? Observe en su bosquejo por un momento y siga esos cinco puntos que les di. Esos son los aspectos pragmáticos de una fe perseverante. Se requieren varias cosas. Una actitud gozosa. Una actitud gozosa. Versículo 2: “tened por sumo gozo.” Una mente que entiende, versículo 3, “sabiendo esto,” una voluntad sumisa, versículo 4: “más tenga la paciencia su obra perfecta.” Déjela hacer lo que va a hacer. Y después, un corazón que cree; que no tenga fe que titubea, versículo 6, si no pida fe verdadera, versículo 8. No sea de doble ánimo.

Después, en los versículos 9 al 11, un espíritu humilde. La manera en la que va a enfrentar de manera victoriosa las pruebas es con una actitud gozosa, una mente que entiende, esto es percibiendo la realidad de la prueba y el propósito de la misma, una voluntad sumisa, aceptándola del Señor, sometiéndose a la misma y aprendiendo lo que Él quiere que usted aprenda, un corazón creyente, que nunca titubea en fe y un espíritu humilde que está dispuesto a aceptarlo todo. Ahora, así es como usted enfrenta sus pruebas.

Ahora, específicamente vamos a ver todas esas la próxima semana. Y van a ser tan ricas y tan prácticas. Y quiero darle una tarea, no venga solo la próxima semana. Acabamos de graduar a los alumnos de la Universidad ayer; ellos ya se fueron. Y entonces, los extrañamos. Pero queremos que traiga a algunas personas para que tomen su lugar, conforme entramos a maneras prácticas en las que ustedes pueden ser victoriosos en toda prueba y en toda aflicción. Y eso es para la próxima semana. Inclinémonos en oración juntos.

Padre, nuestros corazones están tan llenos de gratitud y esperanza conforme hemos compartido en la verdad de Tu palabra. Te damos gracias porque nos has traído a varias pruebas para probar nuestra fe. Para que habiendo demostrado que nuestra fe es genuina, habiendo pasado la prueba y demostrado que somos los que Te amamos al mantener obediencia, recibiremos bendición, sí, la corona de vida que Tú darás, como Tú has prometido, a aquellos que Te pertenecen a Ti.

Gracias por esa gran esperanza. Gracias porque no sólo nos aseguras por Tu fidelidad y pacto, sino que nos capacitas por medio de Tu Espíritu para perseverar y disfrutar de la victoria que viene a aquellos que caminan contigo. Bendice nuestra semana. Que las pruebas de esta semana prueben ser la fuente de nuestro mayor gozo, por causa del Salvador. Amén.

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Joel, Miqueas, y Habacuc

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Joel, Miqueas, y Habacuc

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Como dije antes, es habitual que hagamos una distinción entre los profetas mayores del Antiguo Testamento y los profetas menores. Los profetas mayores son Jeremías, Isaías, Ezequiel y Daniel, y luego tenemos 12 profetas menores. Y como dije, la distinción no es entre los que son importantes y los que no lo son. La única diferencia que vemos aquí es entre el tamaño o la longitud de los libros de estos profetas que llevan su nombre.

Ezequiel, Daniel, Jeremías e Isaías son libros muy extensos, mientras que los escritos de los profetas menores son más cortos. No tenemos suficiente tiempo para cubrir todos los profetas menores, por lo tanto, solo les estoy dando breves pinceladas.

Pero, espero despertar el interés para que examinen más de cerca todo el contenido que se encuentra en los libros de los profetas menores, porque cada vez que Dios pone su palabra en la boca de un profeta y esa persona se convierte en un agente de revelación y habla la palabra de Dios, no hay nada de menor importancia en ello.

Y por eso, digo esto, mientras estudiamos brevemente algunos de los otros profetas menores. El primero que quiero ver es el profeta Joel. Como ya mencionamos en el caso de Amós, dijimos que el tema del día del Señor era un tema que se presenta como un tapiz en toda la literatura del Antiguo Testamento.

En el segundo capítulo de Joel, leemos sobre el día del Señor. Verso 1: «Tocad trompeta en Sion, y sonad alarma en mi santo monte. Tiemblen todos los habitantes de la tierra, porque viene el día del Señor, porque está cercano; día de tinieblas y lobreguez, día nublado y de densa oscuridad.

Como la aurora sobre los montes, se extiende un pueblo grande y poderoso; nunca ha habido nada semejante a él, ni tampoco lo habrá después por años de muchas generaciones. Delante de él consume el fuego, y detrás de él abrasa la llama. Como el huerto del Edén es la tierra delante de él; y detrás de él, un desierto desolado, y de él nada escapa».

Aquí, se nos relata los términos gráficos de las personas que sufren, que se retuercen de dolor y todas las manifestaciones espantosas del terremoto y el temblor de los cielos y el oscurecimiento del sol y la luna. Al final de esta terrible descripción del día del Señor, hay un llamado al arrepentimiento en el verso 12: “Aun ahora, declara el Señor volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente».

Luego el profeta anuncia la promesa de Dios de traer una lluvia tardía que refrescará la tierra y causará un nuevo crecimiento, nueva salud y una nueva prosperidad.

Así tenemos, junto con esta imagen terrible de juicio, la imagen positiva de restauración y de gloria; y alcanza su clímax en el capítulo 2, verso 28: «Y sucederá que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones.

Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días. Y haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas”. Y así por el estilo: “antes que venga el día del Señor, grande y terrible».

Ahora, hay una profecía en este segundo capítulo de Joel que creo que muchos de ustedes ya conocen, porque ocupa un lugar destacado en un acontecimiento crucial que está registrado en el Nuevo Testamento en el libro de Hechos.

Cuando la iglesia se reúne para celebrar la fiesta de Pentecostés y, en el día de Pentecostés, repentinamente un viento recio sopla y lenguas de fuego descienden del cielo sobre aquellos que estaban reunidos en ese lugar y empiezan a hablar en otras lenguas.

Y mientras la gente está observando lo que sucede, empiezan las acusaciones contra los creyentes reunidos diciendo que debían estar borrachos por comportarse de esa manera extraña.

Y Pedro se levanta y da su famoso discurso en el día de Pentecostés y dice: «Porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis… sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel” que Dios derramaría su “Espíritu sobre toda carne».

Y luego Pedro cita directamente de este pasaje que, al menos, esta parte de la profecía futura de la venida del día del Señor, en cuanto a la frescura y la novedad de vida y el poder que estará presente en el día de la visita del Señor, se cumple de manera espectacular en el día de Pentecostés. Y podemos ver a lo largo de los profetas menores y ver otros pasajes que tienen importancia significativa para el cumplimiento del Nuevo Testamento.

Pensemos, por ejemplo, en el profeta Miqueas. Miqueas es uno de los libros más pequeños de los profetas menores; y, no es muy conocido en la iglesia moderna el libro de Miqueas, pero Miqueas tiene algunas cosas muy importantes que decir, y una de ellas es la profecía que está contenida en el capítulo 5 del libro que lleva su nombre.

El capítulo 5 inicia con estas palabras: “Agrúpate ahora en tropas, hija de guerreros; han puesto sitio contra nosotros. Con una vara herirán en la mejilla al juez de Israel”. Una vez más, vemos esta sombría profecía de destrucción; sin embargo, hay un «pero» aquí.

“Pero tú Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel.  Sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad. Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel.

Y El se afirmará y pastoreará su rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del señor su Dios. Y permanecerán, porque en aquel tiempo El será engrandecido hasta los confines de la tierra. Y Él será nuestra paz».

Cada año en Navidad, oímos alguna referencia al pequeño pueblo de Belén. Al parecer, pequeño e insignificante entre las ciudades de la nación judía, sin embargo, de este pueblo saldrá el Único al que Dios ungirá como su rey.

A menudo cuando me encargo de la educación de adultos y me sumerjo en algunos de los temas más profundos ​​de la teología sistemática, recibo esta respuesta de la congregación, ellos dicen: “¿No podemos hacerlo más simple?» «¿No honra Dios una fe como la de un niño?» Y yo les digo: ‘Sí, pero no una fe aniñada.

Y Dios nos llama a ser como niños en cuanto al mal, pero maduros en nuestro entendimiento, así que a veces el estudio de las cosas de Dios requiere un uso riguroso de nuestra mente y un estudio a fondo». Pero, vivimos en un mundo consumista que quiere todo establecido en tres lecciones fáciles y no hay forma de que tomemos todo el contenido de la palabra de Dios y la reduzcamos a tres lecciones fáciles.

Pero en un sentido, en una ocasión, Dios en su misericordia, se dignó a hacer precisamente eso y encontramos tres lecciones fáciles en el libro de Miqueas. Si dirigimos nuestra atención al capítulo 6, verso 8, esta famosa porción de Miqueas. «El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?».

Cada vez que tenemos la sensación de llegar al fondo de esto, a cuál es el núcleo esencial de la fe ¿Qué es lo que a Dios más le interesa que se manifieste en nuestras vidas? Una vez más, ¿Qué demanda el Señor de ti? Y el pasaje responde de esta manera. En primer lugar, hacer justicia. Él no está dirigiéndose aquí solo a los administradores de justicia en los tribunales; ciertamente, ellos están incluidos dentro de lo que Dios requiere.

Pero de nuevo, mira la relación estrecha entre la palabra justicia y la palabra rectitud en el Antiguo Testamento, porque la justicia no está determinada por el precedente jurídico o la conveniencia política. En Israel, la justicia siempre se define en términos de rectitud.

Recuerdo haber estado involucrado muchos años atrás en el ámbito de las relaciones laborales en Pittsburgh, cuando trabajaba con un hombre llamado Wayne Alderson, quien era absolutamente incansable en su deseo de trabajar con personas que estaban enemistadas en el lugar de trabajo.

Y solía ir de un lado a otro con él, dando seminarios en varias sedes de varias compañías de Fortune 500,  trabajadores y directivos trabajando juntos en este campo.

Recuerdo que una vez me hizo ir hasta la mitad del estado de Pensilvania para uno de estos seminarios en una fundidora de acero. Y se fue todo el día y estaba agotado y nos dirigíamos a casa por la autopista Turnpike de Pennsylvania; y era como las 2 de la mañana y Wayne estaba manejando.

Y pude ver cuán cansado él estaba y le dije: «Wayne, ¿por qué haces esto?». Esa fue una pregunta directa en medio de la noche cuando nuestras defensas estaban bajas y él no tenía un micrófono delante de él, ni la prensa estaba allí para grabar sus palabras, por lo que no tenía la necesidad de dar algún tipo de respuesta heroica o respuesta altruista a mi pregunta.

Solo dije: «¿Por qué haces esto?» Y él respiró profundamente por el cansancio y me miró y dijo, «Porque eso es lo correcto por hacer». No era lo más popular para hacer, no era lo más rentable, pero era lo que se debía hacer.

Y, francamente, su respuesta me avergonzó porque yo estaba pensando: «¿Por qué estoy haciendo esto?» No puedo imaginar por qué lo estoy haciendo. Bueno es porque es lo correcto por hacer. Y esa es la primera cosa que Dios requiere de nosotros, que en tanto esté en nosotros hagamos lo que es correcto.

Y la rectitud nos es revelada en toda la Escritura: aquellas cosas que Dios nos las define como las cosas correctas. Y así, Miqueas dice ¿qué haces tú? ¿Qué requiere Dios? Dios exige que hagas justicia, que practiques la rectitud, que haga lo correcto.

A continuación, la segunda cosa es amar la misericordia. Eso es un poco confuso y, probablemente, si tienen más de una traducción diferente del texto en su grupo, obtendrán más de una versión diferente de esta palabra ya que la palabra que se usa aquí es una palabra que está en hebreo y es la palabra “hesed”. Y la he visto traducida de muchas muchas maneras distintas en inglés.

A menudo se traduce con la palabra “misericordia”, pero la traducción más común en inglés es una frase de dos palabras “steadfast love”. Creo que la interpretación que es mucho más precisa para esta frase es “amar con lealtad”.

“Hesed” es el término que se utiliza en la Escritura una y otra vez para describir el carácter del amor de Dios por nosotros. Es su amor del pacto. Es su amor fiel, leal a su pueblo. Su misericordia fluye de su lealtad personal hacia su pueblo amado.

Entonces, lo que Miqueas dice aquí es que lo que Dios requiere de nosotros no es solo hacer lo que es correcto, sino que nuestras relaciones en este mundo han de ser marcadas por la lealtad, por el tipo de amor que cubre una multitud de pecados, por una especie de amor que en su naturaleza es misericordioso, sufrido.

En un sentido, la totalidad de 1 Corintios 13 se resume en esta palabra “hesed”, este es el amor del que habla el Nuevo Testamento: El amor que es fiel, el amor que es amable, el amor que persevera.

Y finalmente, la tercera cosa que Miqueas menciona es andar humildemente con tu Dios. En Ligonier, tenemos nuestra pequeña revista Table Talk, y si tú conoces sobre Table Talk, sabes que nosotros constantemente tenemos unas pequeñas porciones en la parte inferior de la página llamadas Coram Deo, Coram Deo.

Y la razón para ello es que hace varios años, uno de nuestros miembros del consejo se me acercó y me dijo, «RC, ¿cuál es la gran idea?» Eso sonó como cuando mi madre con las manos en la cadera me preguntaba: ‘¿cuál es la gran idea?’

Le dije: «¿Qué quiere decir con cuál es la gran idea?» Él dijo: «Quiero saber en pocas palabras, la gran idea de lo que estás tratando de comunicar en esta enseñanza». Y le dije: «Bueno, si quiere que la reduzca a una simple declaración, sería la frase latina “Coram Deo».

El preguntó: «¿Qué es eso? «, y le dije, «Esa fue una frase muy importante para Lutero y Calvino y los reformadores magistrales del siglo 16, para encapsular la esencia de lo que estaban enseñando».

Significa literalmente “delante del rostro de Dios” y el concepto es que como cristianos debemos vivir nuestras vidas enteras como si estuviéramos plenamente conscientes de vivir nuestras vidas ante los ojos de Dios, delante de su rostro, en su presencia y que hemos de hacer todas las cosas en sujeción a su soberanía y a su autoridad.

Es por eso que usamos esa frase y eso es lo que Miqueas está diciendo. ¿Qué demanda el Señor de ti? Demanda que ames la justicia y la rectitud, que manifiestes misericordia como Dios lo hace, un amor leal y que andes humildemente delante de Él en cada aspecto de tu vida.

El profeta Habacuc, es uno de mis favoritos. Habacuc fue una persona persistente. Él es una especie de mini Job en el Nuevo Testamento. Él empieza con una declaración de una carga. Leemos al inicio del capítulo 1 de su libro la carga que tenía el profeta Habacuc:

» ¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión?

La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia…» y demás. Él está diciendo que la nación está desmoronándose, los paganos han tomado el control, ¿cómo puedes dejar que estas cosas pasen?

¿Cómo puedes permitir que triunfe el mal sobre la justicia? Él clama oh Dios, tú eres demasiado santo para mirar al pecado pero pareciera que toleras esas calamidades que están sucediendo.  ¿Qué está pasando?

Así que en el capítulo 2, dice: «Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido». ¿Has oído de la torre de vigilancia? Eso está asociado con Habacuc.

Habacuc dice que ha sacudido su puño en el rostro de Dios, que ha exigido una respuesta para su teodicea, para que Dios le explique por qué Él tolera todo este mal y voy a subir a mi torre de vigilancia y no me voy a mover.

Voy a ser como alguien que se sienta en una cabina de teléfono y me voy a quedar allí hasta que reciba una respuesta de Dios. Es por eso que digo que este es un tipo persistente, Habacuc.

Y, por último, Dios habla y responde y dice: “Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea. Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará». Vean.  Esto es lo que sucede con la palabra de Dios. Nos encanta escuchar las promesas de Dios, pero cuando Dios es lento para cumplir las promesas que Él da a su pueblo y cuando el Señor tarda, nos impacientamos, nos inquietamos, y a veces nos molestamos con Dios.

Y Dios le dice a Habacuc que se calme, que él ha dado su palabra, que puede tardar, pero que sin duda las cosas ocurrirán. Luego, en el capítulo 3, leemos en el verso 16, la reacción de Habacuc a la palabra de Dios. «Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy”.

Me encanta esta descripción porque se ajusta perfectamente a la descripción de las personas en el Antiguo Testamento cuando se encuentran con el Dios vivo. Habla de temblar en la presencia de Dios, de sus labios temblorosos.

¿Alguna vez has visto a un niño que ha estado a punto de llorar y que hace todo lo posible para no hacerlo y tú sabes que es una batalla perdida cuando los labios inferiores empiezan a moverse y a temblar y tú sabes que en cualquier momento la fuente empezará a salir a borbotones?

Bueno, esto es lo que él dice que le pasó. ‘Cuando Dios habló, yo temblé, mis labios empezaron a temblar y un sentido de podredumbre entró en mis huesos’. Y entonces hace la declaración que se cita tres veces en el Nuevo Testamento, «Mas el justo por su fe vivirá». Es decir, el justo vivirá por la confianza.

Baja de tu torre de vigilancia Habacuc y confía en mí, es lo que Dios está diciendo. Y, por último, su himno de la fe en el capítulo 3, versículo 17, «Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del redil, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación».

Este es el mensaje de fe. Traducido en lenguaje moderno, se estaría diciendo algo como esto: Aunque mi negocio fallé por completo, caigan los mercados de valores, la economía esté en ruinas, la nación sea conquistada por invasores extranjeros, pierda mi auto, pierda mi casa, pierda todo, aún así, me regocijaré en el Dios de mi salvación pues Él «ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar».

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

14/27 – La transfiguración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

14/27 – La transfiguración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-transfiguracion-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss te recuerda la esperanza de la resurrección.

Nancy Leigh DeMoss: Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de encontrar una manera de cambiar externamente la forma de sus cuerpos. Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Eso me gusta!

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Los evangelios recuentan un incidente en una montaña. La ropa de Jesús comenzó a brillar, y Su gloria fue revelada. ¿Por qué fue ese momento tan significativo? Exploraremos esa pregunta continuando en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: A través de estas últimas sesiones, hemos estado mirando a la persona y la naturaleza de Cristo. Hemos estado viendo algunas enseñanzas doctrinales profundas aquí. Espero que todo esto esté haciendo a Cristo más real y más precioso para ti y que estés alcanzando un  mayor sentido de asombro de quién Él es y por qué vino a este mundo.

Hoy estaremos viendo una increíble escena en la vida de Cristo—lo que frecuentemente llamamos la transfiguración de Jesús. Si estás siguiendo en tu Biblia, déjame pedirte que vayas al Evangelio de Mateo, al capítulo 16.

Ahora, el recuento de la transfiguración realmente ocurre en Mateo 17, pero quiero darte algo del trasfondo y del contexto que nos ayudará a ver el escenario para este recuento de la transfiguración de Cristo.

Al llegar al capítulo 16, vemos que la gente está confundida acerca de quién es Jesús, así que Jesús pregunta a Sus discípulos, “¿Quién dice la gente que soy yo?” y Le ofrecen varias respuestas, y entonces recuerdas la asombrosa confesión que hace Pedro:  Creo que “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (v. 16). Pedro tiene razón. Él lo ha entendido. Claro, Jesús dice, “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (ver v. 17)

Déjame recordarte de todas las cosas que hemos estado hablando en esta serie acerca de la deidad de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la doble naturaleza de Cristo, de la impecabilidad de Cristo; no hay manera de entender todo esto a menos que el Espíritu Santo te lo revele así como lo hizo con Pedro.

Pero entonces, todavía estamos en Mateo capítulo 16, Jesús les explica a Sus discípulos, ahora que ellos se dan cuenta de quien Él es, Él les explica lo que les espera. A la luz del hecho de que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, ellos están diciendo “Tú eres Dios, tú eres el Mesías”. La descripción de Jesús de lo que está por suceder les golpea como un montón de ladrillos. El problema es que hemos leído esto tantas veces, que no sentimos el impacto de cómo ellos se sintieron la primera vez que escucharon esto.

Observa el versículo 21 de Mateo 16. Jesús dice, antes de que pueda haber exaltación, tiene que haber humillación. Él habla acerca de Su humillación en los versículos 21 hasta el versículo 26. Déjenme leer solo una porción de esto.

Desde ese momento Jesús comenzó a mostrar a Sus discípulos  que Él debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas [¿Sufrir? Sí, sufrir muchas cosas] de los ancianos y sumos sacerdotes, ser asesinado, [y esto fue todo lo que ellos oyeron; ellos no oyeron la parte que sigue] y en el tercer día resucitar.

Ellos se quedaron estancados en el sufrimiento y en la muerte, y están pensando, “¡¿Qué?!” Mira el versículo 22:

Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá”. Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” (vv. 22-23).

Así  que, antes de que pueda haber exaltación, debe haber humillación—no solo para el Maestro, como acabamos de leer, sino también para Sus siervos. Mira el versículo 24:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (vv. 24-25).

Así que, primero la humillación, después la vindicación—el regreso de Cristo en gloria y el juicio final. Mira el versículo 27:

“Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de Su Padre con Sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta . En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.” (vv. 27-28).

Ahora, ese es el contexto, el trasfondo para la transfiguración de Jesús, el Monte de la Transfiguración acerca del cual leemos comenzando en Mateo capítulo 17, versículo 1.

“Seis días después [una semana después de toda esta conversación]  Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.” (vv. 1-2).

Ahora, vamos a caminar a través de este pasaje, y quiero que veamos varias cosas acerca de la transfiguración.

Antes que todo, la transfiguración señala a la gloria de Cristo.

Esta escena parece haber tenido lugar en la noche. Leemos en el relato de Lucas que los discípulos estaban cargados con sueño (9:32). Era de noche. Había oscuridad… Pero aquí está todo brillante y claro y blanco.

Ahora, entiende este cuadro. Esto no es como una luz brillando sobre Jesús. Ésta es la gloria de Dios desde dentro de Cristo brillando hacia fuera a través de su forma humana, Dios mismo dentro de un siervo. Recuerda, Él es el Dios/hombre. Aquí está lo divino brillando a través del velo humano—la gloria de Dios emanando desde adentro.

 El relato de Lucas dice que “su ropa se hizo blanca y resplandeciente” (9:29). Esa palabra resplandeciente, en algunas traducciones más antiguas es brillante. Es una palabra que significa “emitir destellos de luz”. Es como destellos de relámpagos. Eso es lo que está pasando aquí. Así que tenemos esta luz centelleante y esta blancura resplandeciente.

Ahora, mientras reflexionas en este pasaje, trae a tu mente descripciones del Antiguo Testamento en donde la gloria y la presencia de Dios eran manifiestas. ¿Cómo lucía aquello? La manifestación de Dios en el Antiguo Testamento estaba frecuentemente acompañada por luz, fuego y resplandor.

Piensa acerca de cómo Dios se apareció primero a Moisés. ¿Cómo se le apareció? En un arbusto ardiendo en llamas.

Piensa en los Hijos de Israel en el desierto. ¿Cómo les guió Dios? Con una columna de fuego de noche y una brillante, resplandeciente nube de día.

Mientras reflexionaba en esto, tarde, ayer en la noche, mi mente fue hacia Ezequiel capítulo 1. No te pediré que vayas allí, pero hay una visión en Ezequiel de la gloria del Cristo preencarnado. Antes de que Cristo viniera a este mundo, ésta es la descripción. Escucha lo que dice:

“Y sobre el firmamento que estaba por encima de sus cabezas había algo semejante a un trono, de aspecto como de piedra de zafiro; y en lo que se asemejaba a un trono, sobre él, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. Entonces vi en lo que parecían sus lomos y hacia arriba, algo como metal refulgente que lucía como fuego dentro de ella en derredor, y en lo que parecían sus lomos y hacia abajo vi algo como fuego, y había un resplandor a su alrededor.” Como el aspecto del arcoíris que aparece en las nubes en un día lluvioso, así era el aspecto del resplandor en derredor.

Podrás darte cuenta del cuadro que se presenta aquí—realmente las palabras se quedan cortas. Había esta brillante,magnífica, esplendorosa visión del Cristo preencarnado. Y Ezequiel dice:

“Tal era el aspecto de la semejanza de la gloria del SEÑOR. Cuando lo vi, caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.” (Ezequiel 1:28)

A Ezequiel se le dio esta visión, este atisbo de Cristo en Su gloria en el cielo, pero ahora Cristo ha venido a la Tierra. Él está caminando en Palestina. Él sube a esta montaña y lleva a tres de Sus discípulos más cercanos con Él. A ellos se les ha dado este visión de la plenitud de la gloria de Dios, un atisbo del Cristo encarnado en Su gloria.

Esta es una ocasión durante Su vida terrenal en la cual el velo es levantado, el velo de Su humanidad, y ellos ven un atisbo de la gloria que Él tenía antes de venir a esta tierra, y de la gloria que será de Cristo por toda la eternidad.

Juan capítulo 1 lo describe de esta manera: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (v. 14).

El hombre que escribió eso estaba ahí en el Monte de la Transfiguración. Ellos han visto Su gloria con sus propios ojos.

Otro de los hombres que fue testigo de esto escribió en 2da Pedro capítulo 1: … “Fuimos testigos oculares de su majestad…estábamos con Él en el monte santo.”(vv.16-18).

Un comentarista dijo algo acerca de esto que pensé que podía ser útil. Él dijo,

“Esencialmente, esto no fue un nuevo milagro, sino el cese temporal de uno que estaba en curso. El verdadero milagro era que Jesús pudiera abstenerse de manifestar Su gloria la mayor parte del tiempo.”

Así que aquí esta Jesús—Él es Dios—pero lo oculta; lo cubre con carne humana durante los 33 años que vivió y caminó en esta tierra excepto por este momento en el monte donde el velo se quita y tenemos la cesación temporal de este milagro que estaba en curso.

Así que la transfiguración señala a la gloria de Cristo. También señala a Su regreso en gloria. 

Jesús les dio a Sus discípulos un anticipo de lo que estaba por venir. Esta es la gloria que ellos habían estado esperando. Esta es la gloria que ellos habían esperado del Mesías. Esto es lo que ellos pensaban que Jesús vendría a la tierra para hacer. Jesús les había dicho que habría sufrimiento, que habría una cruz, que habría traición, que habría muerte…Pero luego de esto, el Hijo del Hombre regresaría a la gloria. Él ya les había dicho eso. Ahora Él les está dando un atisbo de lo que podían esperar después de la cruz.

Y luego esta transfiguración apunta de una manera poderosa a la cruz, a la pasión, a la muerte de Cristo. El versículo 3 nos dice, “Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él”—hablando con Jesús.

Ahora, pudieras preguntarte de qué estaban ellos hablando. Moisés, Elías y Jesús. Y podríamos hacer una serie completa acerca de esta escena, pero solo te daré la versión condensada y resumida hoy. Quiero enfocarme en el Cristo incomparable. ¿De qué estaban ellos hablando? 

El recuento de Lucas de este momento nos dice que ellos “hablaban de la partida de Jesús, que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén” (9:31). Ahora, Jesús les había dicho a Sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén. ¿Y qué pasaría allí? Él sufriría, y sería asesinado.

Las Escrituras dicen ahora que en Su transfiguración, Jesús estaba hablando con Moisés y Elías acerca de Su partida que ocurriría en Jerusalén. ¿De qué estaban ellos hablando? De Su muerte.

Algunas de sus traducciones más antiguas, en lugar de la palabra “partida”, dicen que ellos estaban hablando acerca de su “fallecimiento”. Algunas veces hablamos de personas que han muerto como que han partido; se han ido.

La palabra griega traducida como “deceso” es la palabra éxodo— “partir”. Piensa en esto. 1400 años antes, cuando los Hijos de Israel estaban en esclavitud, en servidumbre de los crueles capataces egipcios, Dios había levantado un libertador. ¿Cuál fue su nombre? Moisés—para guiar a los hijos de Israel fuera de la esclavitud. ¿Cómo se le llamó a eso? El Éxodo.

Ahora, aquí está Moisés, el libertador, el que presidió el éxodo, humanamente hablando, hablando con Jesús acerca de Su próximo éxodo—la muerte de Cristo—a través de la cual Dios traería liberación a gente que toda su vida había sido esclava, en servidumbre del pecado. Tú ves, el éxodo del Antiguo Testamento, solo apuntaba al éxodo del Nuevo Testamento. La muerte de Cristo, Su partida hizo posible para nosotras el ser libertadas de nuestra esclavitud del pecado.

Tú ves aquí la centralidad de la cruz en la historia de Dios. Acerca de eso era que ellos estaban hablando—de la muerte de Cristo, la cual probaría ser nuestro éxodo, nuestro rescate del pecado. Esa cruz es el punto crucial en toda la historia humana.

Mira el versículo 4:

“Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ El versículo 5 nos dice que: Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: ‘Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a Él oíd.” (Mateo 17:4-5) Oímos esta misma declaración en el bautismo de Cristo.

Pero mientras Pedro aún estaba hablando, es como si Dios le hubiera dicho “¡Cállate!”  y no quiero decir esto de una forma irreverente. Fue como, “¡Dejen de hablar! Escuchen a Jesús. Escúchenle a Él, este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

Ahora, sabemos que no solo estaba Dios complacido en Su Hijo, el Hijo de Dios sin pecado y sin mancha, sino que yo pienso que Él  también está diciendo que estaba bien complacido con el sacrificio que Jesús se estaba alistando para hacer—el sacrificio de Su propia vida por los pecados de la humanidad.

Dios estaba diciendo, “Estoy complacido con este sacrificio. Es aceptable para Mí. Aceptaré el sacrificio de Tu vida en lugar de cada humano pecador que hayas redimido de este planeta. Jesús, lo que Tú vas a hacer al dar Tu vida es suficiente. Me satisfará. Satisfará Mi ira justa contra el pecado. Estoy complacido. Yo acepto este sacrificio”.

A menudo lees en el Antiguo Testamento acerca de sacrificios que eran de olor fragante, aceptables para Dios. Ellos apuntaban hacia  Jesús. Y Dios dice, “Estoy complacido con Mi Hijo. Estoy complacido con Su sacrificio”.

“Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor [sin duda]. Entonces se les acercó Jesús [Me encanta esto…Él se acercó], y tocándolos, dijo: ‘Levantaos y no temáis’.”  (vv. 6-7).

¿Ves la misericordia y la bondad de Cristo? Ellos no fueron consumidos por la santidad y la gloria de Dios. ¿Por qué? Ellos eran pecadores. Pero en anticipación del sacrificio que Jesús iba a hacer por su pecado, Jesús los tocó y les dijo “Levantaos y no temáis”.

Si no fuera por Jesús, tú y yo tendríamos que temblar con temor de un Dios justo y santo, todos los días de nuestras vidas y por toda la eternidad. Pero podemos levantarnos y no tener temor porque Cristo ha hecho ese sacrificio.

Y cuando ellos levantaron sus ojos, no vieron a nadie sino solo a Jesús. Y cuando bajaron la montaña, Jesús les mandó diciendo, “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos”.  (vv. 8-9).

Así que vemos en esta escena la sumisión y el sacrificio de Cristo, un asomo de lo que Él dejó a un lado para venir a la tierra. Cuando vemos Su gloria, vemos lo que le costó vestirse de humanidad. Me choca que en ese momento, con el velo de humanidad quitado lo suficiente para que nosotros viéramos la gloria que todo el tiempo había estado ahí, Jesús pudo haber optado simplemente por regresar al cielo en ese momento. Pero en vez de eso (¿no te llena esto de agradecimiento?), Él escogió volver y bajar de la montaña, a tratar con la necesidad humana, con fuerzas demoníacas, con el pecado, la muerte, la enfermedad, y la cruz.

Todo esto señala no solo a la gloria de Cristo, sino también a la cruz de Cristo…pero hay más. La transfiguración señala hacia nuestra transformación a la semejanza de Cristo. ¿Cómo así?

Las Escrituras dicen que Él fue “transfigurado” enfrente de ellos.  Esa no es una palabra que usamos en el lenguaje diario. El lenguaje original, el griego aquí, la transliteración de esa palabra es que Él tuvo una metamorfosis. Una metamorfosis tuvo lugar. Es una palabra que significa que Él cambió totalmente su apariencia. Ellos podían reconocerle aún como Jesús, pero Él se veía totalmente diferente. La gloria era tan grande. La implicación es que la gloria de Dios en nosotros es lo que nos cambiará y nos hará diferentes.

Esta es una palabra que es usada sólo en este relato—de la Transfiguración—y en otros dos lugares en el Nuevo Testamento. Uno es Romanos capítulo 12 que dice, “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos, (transfigurados, cambiados) mediante la renovación de vuestra mente” (v. 2). Vuélvete una persona nueva, totalmente diferente. No dejes que el mundo te presione en su molde, sino conviértete en una nueva persona, transfigurada; pasa por una metamorfosis.

El segundo uso es en 2da a los Corintios capítulo 3, el versículo 18. Dice,

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, [como hicieron los discípulos en ese día] estamos siendo transformados [he aquí la palabra—transfigurado, metamorfosis, cambiado—tanto internamente como externamente—estamos siendo transformados] en la misma imagen de gloria en gloria”.

¡Wao! ¡Qué proceso! Mientras contemplamos al Cristo transfigurado, mientras contemplamos Su gloria, estamos siendo transfiguradas conforme a Su semejanza, transformadas. Esa transformación es un proceso invisible que toma lugar en las vidas de los creyentes durante sus vidas aquí en la tierra. Y nos está preparando para la eternidad en el cielo, donde esa plenitud de nuestra humanidad, redimida, será restaurada, sin pecado. Seremos libres de esa naturaleza pecaminosa, y seremos conformadas a la imagen de Cristo. ¡Wao!

Y una cosa más…espera, ¡hay más! No solo la transfiguración nos señala a nuestra transformación a Su semejanza, sino que también apunta a nuestra gloria futura y a la transformación final de nuestros cuerpos físicos.

Moisés y Elías, quienes habían muerto (o transportados, en el caso de Elías) cientos de años antes, aún existían. Esto era una declaración poderosa para muchos de los judíos en los días de Jesús quienes no creían en la vida después de la muerte. Ellos aún estaban vivos. Esto habla de la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo.

Pero entonces miras el glorioso cuerpo resucitado de Cristo que vemos solo por un momento allí en el Monte de la Transfiguración—ropas radiantes, rostro radiante. Es un cuadro de lo que Dios tiene preparado para nosotros por lo que ha logrado para nosotros a través de Su éxodo. Así leemos en Filipenses capítulo 3:

“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará [es una palabra un poco diferente pero similar. Él transformará . Es una palabra que significa “cambiar la forma externa de”] él transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación [¿no se gozan ustedes con esto?] en conformidad al cuerpo de su gloria” (vv. 20-21).

Amigas, no pasen demasiado tiempo tratando de buscar una manera de cambiar la forma de sus cuerpos externamente.  Porque por un lado, mientras más viejas nos ponemos, más imposible resulta esto, y por otro lado, Dios va a transformar nuestros cuerpos de humillación  para que sean como Su cuerpo glorioso. ¡Uff! ¡Me gusta eso!

Al final de los  tiempos, esa transformación externa y física de nuestros cuerpos tomará lugar. Pero mantén en mente que una transformación, una transfiguración, una metamorfosis se está llevando a cabo  ahora mismo dentro de nosotras, un cambio interno, no solo de apariencia sino también de esencia. Quienes somos está siendo cambiado conforme a Su semejanza mientras contemplamos la gloria de Dios.   Me gusta eso.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss te ha estado mostrando por qué la transfiguración de Jesús importa tanto para ti y para mí. Pienso que ese mensaje va a darle esperanza a muchas mujeres hoy.

Cuando las mujeres son confrontadas con la Palabra de Dios, hace una diferencia inmensa en sus casas, en sus emociones, y en sus relaciones. Nancy nos da aquí un ejemplo.

Nancy: Aviva Nuestros Corazones tiene la meta de trata de conectar a las mujeres con la Palabra de Dios.

No hace mucho, una oyente escribió desde Minnesota para contarnos que eso es lo que ha pasado en su vida. Ella dijo, “Yo crecí en la iglesia pero no en la Palabra. Yo solo estaba escuchando pero nunca buscando la Palabra de Dios por mí misma”.

Pero Dios ha usado el ministerio de Aviva Nuestros Corazones para conectar a esta mujer con Su Palabra. Ahora ella está escudriñando las Escrituras por sí misma. Ella escribió, “Gracias  por su programa de radio. Ha sido una bendición en mi vida”.

Ese tipo de conexiones se dan por un trabajo en equipo. Aquellos que apoyan nuestro ministerio financieramente juegan un papel clave en ayudarnos a hablar a oyentes como ella. Así que si aprecias lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones, ¿considerarías ofrendar cualquier monto para hacer posible este ministerio?

Puedes hacer tu donación en línea en AvivaNuestrosCorazones.com, o llamarnos al 1-800-569-5959. Cuando llames déjanos saber que estás donando para el alcance hispano del ministerio, y asegúrate de dejarnos saber cómo llegaste a conocer ANC.

Leslie: ¿Alguna vez has oído personas referirse a Jesús como un profeta? Cuando comprendas un poco la forma de pensar de la gente en el tiempo de Jesús, entenderás porqué Su rol como profeta era un tema tan importante. Nancy hablará de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Filipenses 1. “Varón de dolores”.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El Secreto de la Victoria

Isha – Salmos

DÍA 98 – Salmo 60

Dosis: Obediencia y Fidelidad

El Secreto de la Victoria

“Oh Dios, tú nos has rechazado y has abierto brecha en nuestras filas; te has enojado con nosotros: ¡restáuranos ahora! Has sacudido la tierra, la has resquebrajado, repara sus grietas, porque se desmorona. Has sometido a tu pueblo a duras pruebas; nos diste a beber un vino embriagador.” (Salmo 60:1–3) (NVI)

Este salmo nos confronta con la verdad de que así como Dios daba a su pueblo grandes victorias, también permitía las derrotas. La fuerza del pueblo de Israel era su fe y su obediencia. Cuando el pueblo pecaba, sufría las consecuencias ya sea en derrotas militares o en otro tipo de calamidades como la misma fuerza de la naturaleza. En este Salmo el pueblo está angustiado sufriendo un caos social que interpretan como un castigo divino. El poema describe la situación en que se encuentran, como un gran terremoto pero a la vez se intuye un fracaso militar del que solo Dios sería capaz de librarles: “Da a tus fieles la señal de retirada, para que puedan escapar de los arqueros. Líbranos con tu diestra, respóndenos para que tu pueblo amado quede a salvo.” “Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana. Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos.”278

Los israelitas concebían a Dios como un guerrero invencible, un aliado, que en esta ocasión permitió la derrota al no ir con ellos a la batalla. ¿No eres tú, oh Dios, quien nos ha rechazado? ¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos! ¡Dios en medio de nuestras batallas personales! ¡Acompañándonos en nuestros retos, luchando al lado de nosotras como un poderoso gigante! Estas palabras me hicieron recordar la experiencia de Moisés cuando Dios le ordenó guiar al pueblo. Lo único que quería Moisés era estar seguro que Dios iría con ellos y estaría en medio de Israel. Recordemos aquel diálogo tierno:280 Moisés le dijo al SEÑOR:

—Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.

—Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el SEÑOR.

—O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?

—Está bien, haré lo que me pides —le dijo el SEÑOR a Moisés—, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo.

¿En qué somos diferentes? En que confiamos en un Dios santo. ¿Cuál es el secreto de nuestras victorias? Que Él está con nosotras.

Oración: Señor enséñame el secreto de tu presencia en mi vida y a no confiar en mis propias fuerzas, sino a depender de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 113). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Pesado en la balanza de Dios

Jueves 12 Diciembre

Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.

Tito 3:4-5

Pesado en la balanza de Dios

http://labuenasemilla.net/20191212

En el cielo nadie podrá levantar la mano y decir: Estoy aquí porque lo merezco. La mejor de las acciones hechas por el mejor de los cristianos aún es una obra imperfecta, más o menos ambigua en sus motivos o incompleta en su ejecución. Los ojos de nuestros semejantes quizá no vean ningún defecto, pero en la balanza de Dios será demasiado liviana, como dice el autor del Salmo 62: “Pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que nada” (Salmo 62:9). A la luz del cielo, esta acción se verá llena de manchas. “No hay quien haga lo bueno” (Salmo 14:3). “Todos ofendemos muchas veces” (Santiago 3:2).

Frente a Dios y a su perfecta justicia es imposible conservar una buena opinión de nosotros mismos. Debemos confesar, como Abraham: “Soy polvo y ceniza” (Génesis 18:27), o como Job: “Yo soy vil” (Job 40:4). Sin embargo, estos patriarcas fueron hombres excepcionales. Isaías declaró que todos nuestros actos son como un vestido sucio (Isaías 64:6). Incluso la gloriosa compañía de apóstoles, profetas y mártires de todos los tiempos está compuesta por pecadores perdonados. Ellos pueden proclamar: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amen” (Apocalipsis 1:5-6).

Llegamos a una sola conclusión: todos somos pecadores, y todos necesitamos el perdón obtenido por un gran Salvador. Solo por la fe en su obra somos purificados y llegamos a ser más blancos que la nieve (Salmo 51:7).

Eclesiastés 12 – Apocalipsis 5 – Salmo 140:6-13 – Proverbios 29:21-22