El Secreto de la Victoria

Isha – Salmos

DÍA 98 – Salmo 60

Dosis: Obediencia y Fidelidad

El Secreto de la Victoria

“Oh Dios, tú nos has rechazado y has abierto brecha en nuestras filas; te has enojado con nosotros: ¡restáuranos ahora! Has sacudido la tierra, la has resquebrajado, repara sus grietas, porque se desmorona. Has sometido a tu pueblo a duras pruebas; nos diste a beber un vino embriagador.” (Salmo 60:1–3) (NVI)

Este salmo nos confronta con la verdad de que así como Dios daba a su pueblo grandes victorias, también permitía las derrotas. La fuerza del pueblo de Israel era su fe y su obediencia. Cuando el pueblo pecaba, sufría las consecuencias ya sea en derrotas militares o en otro tipo de calamidades como la misma fuerza de la naturaleza. En este Salmo el pueblo está angustiado sufriendo un caos social que interpretan como un castigo divino. El poema describe la situación en que se encuentran, como un gran terremoto pero a la vez se intuye un fracaso militar del que solo Dios sería capaz de librarles: “Da a tus fieles la señal de retirada, para que puedan escapar de los arqueros. Líbranos con tu diestra, respóndenos para que tu pueblo amado quede a salvo.” “Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana. Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos.”278

Los israelitas concebían a Dios como un guerrero invencible, un aliado, que en esta ocasión permitió la derrota al no ir con ellos a la batalla. ¿No eres tú, oh Dios, quien nos ha rechazado? ¡Ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos! ¡Dios en medio de nuestras batallas personales! ¡Acompañándonos en nuestros retos, luchando al lado de nosotras como un poderoso gigante! Estas palabras me hicieron recordar la experiencia de Moisés cuando Dios le ordenó guiar al pueblo. Lo único que quería Moisés era estar seguro que Dios iría con ellos y estaría en medio de Israel. Recordemos aquel diálogo tierno:280 Moisés le dijo al SEÑOR:

—Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor. Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.

—Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el SEÑOR.

—O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?

—Está bien, haré lo que me pides —le dijo el SEÑOR a Moisés—, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo.

¿En qué somos diferentes? En que confiamos en un Dios santo. ¿Cuál es el secreto de nuestras victorias? Que Él está con nosotras.

Oración: Señor enséñame el secreto de tu presencia en mi vida y a no confiar en mis propias fuerzas, sino a depender de ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 113). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.


Deja un comentario