¿Por qué, Señor?

Sábado 21 Diciembre

¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?

Salmo 10:1

¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?

Job 7:19

Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.

Salmo 86:5

¿Por qué, Señor?

http://labuenasemilla.net/20191221

A menudo dirigimos esta pregunta al Señor cuando permite que atravesemos días difíciles, cuando estamos solos o nos sentimos incomprendidos.

«¿Por qué, Señor?», fue el clamor de muchos hombres de Dios mencionados en la Biblia. Esto nos consuela a nosotros que tenemos una fe tan débil. En los momentos más duros, ¿quién de nosotros no ha tenido la impresión de que Dios no respondía, como si nos hubiera olvidado o no nos escuchara? En esos momentos, pidámosle que nos ayude a ser valientes, que aprendamos a esperar pacientemente su respuesta, sin perder la confianza en él, sin olvidar cuánto nos ama.

Pidámosle también que transforme esos tristes «por qué» en «para qué», es decir, «con qué fin». Entonces el Señor nos revelará que él obra para nuestro bien, para el bien de cada uno de aquellos a quienes ama. Nos mostrará lo que quiere corregir en nuestros pensamientos o comportamiento, para que confiemos más en él y nos parezcamos más a su Hijo. Y si no siempre entendemos la razón de tal o cual prueba, tendremos la explicación en el cielo, cuando la historia de nuestra vida será como proyectada ante nuestros ojos a la luz de la gracia de Dios. Entonces no diremos más: «por qué», sino, «gracias».

“Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).

Zacarías 4-5 – Apocalipsis 14 – Salmo 145:8-13 – Proverbios 30:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Por fe, victoria. Por fe, derrota

Grace en Español

Josías Grauman

Por fe, victoria. Por fe, derrota

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

7/17 –  ¡José es exaltado!

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

7/17 –  ¡José es exaltado!

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

Episodio 15 – ¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Episodio 15

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

Todos creen esta doctrina

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Todos creen esta doctrina

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/39106613

De seguro conocen ese dicho que tenemos en Estados Unidos, una máxima, un principio de nuestro legado nacional: nunca discutimos de religión ni política, pero cada vez que dos norteamericanos se sientan a conversar, terminan hablando de religión y política.

Y cada vez que hay una discusión sobre religión, tarde o temprano, y a menudo es más temprano que tarde, la discusión se enfoca en algún punto de la doctrina de la predestinación. Es una de las cosas que nos desconcierta, pero que a la misma vez estimula nuestras mentes. Y la perplejidad que experimentamos a causa del concepto de la predestinación, a veces nos inducirá a profundizar más en la teología, y esto es solo uno de esos temas que generan mucho interés y discusión, y también controversia.

Cuando observo la historia de la erudición cristiana, puedo notar que cada gran maestro cristiano, cada teólogo que alguna vez la iglesia haya producido, en algún momento u otro; cada uno de ellos ha tenido que enfrentar este tema de la predestinación; y aunque hay una amplia divergencia en la interpretación de la doctrina de la predestinación, hay algo en común que he podido identificar en cada teólogo que he examinado, cada uno está de acuerdo: y es que esta doctrina debe tratarse con sumo cuidado.

Es un tema peligroso ya que cuanto más lo estudiamos, la tendencia es que haya más preguntas que respuestas. Y estoy convencido de que de todas las doctrinas con las que lidiamos en el cristianismo, no hay otra que esté más llena de malentendidos y confusiones que la doctrina de la predestinación.Así que eso ya amerita cierto tipo de sobria precaución cuando tratamos este tema.

Yo agregaría a la advertencia de precaución que hacen los teólogos, algo que creo que esta doctrina también requiere, y es una medida extra de generosidad al ser tratada ya que necesitamos ser pacientes con los demás y con aquellos que difieren de nuestra posición en este punto en particular ya que como dije, hay mucho en juego aquí.

Los ánimos pueden caldearse cuando discutimos el tema de la predestinación y debemos ser cuidadosos en manifestar el fruto del Espíritu Santo entre nosotros cuando tocamos este tema. He mencionado todo esto sabiendo que podría no funcionar porque una vez que nos metamos en esta doctrina, quién sabe lo que puede pasar. Déjenme decirles al inicio, a manera de introducción, y también deben saber que vamos a tener seis sesiones sobre este tema, y puede parecer una gran cantidad de tiempo dedicado a una doctrina como la predestinación, pero les aseguro desde ya, que en seis sesiones de aproximadamente media hora solo lograremos dar un vistazo a vuelo de pájaro.

Hay tantas preguntas afines que surgen de cualquier estudio de la predestinación, que estoy convencido que esto requiere de un estudio profundo que podría tomar años y años y años antes de siquiera tener la esperanza de llegar al fondo. Por eso veo este curso más como una introducción a la doctrina de la predestinación.

Ahora, vengo diciendo ‘la’ doctrina de la predestinación como si hubiera una sola doctrina de la predestinación o como si existiera tal cosa como ‘una doctrina posible de la predestinación. Hay quienes miran al tema de la predestinación y la expresan en categorías tales como: Ellos dirían (una discusión entre cristianos sería así): “¿Tú crees en la predestinación?

Algunos responderán a esa pregunta, ya sea diciendo: “Sí, yo creo en la predestinación”, o dirán: “No, yo no creo en la predestinación” como si todos entendieran de lo que estamos hablando cuando nos referimos a la doctrina de la predestinación.

Algunos se llegan a sorprender al saber que cada iglesia, que yo sepa históricamente, cada denominación de la que esté al tanto, en su historia, ha formulado una declaración doctrinal de algún tipo, ha precisado alguna doctrina de predestinación.

Hay una doctrina católica romana de la predestinación, una doctrina luterana de la predestinación, una doctrina presbiteriana de la predestinación, una doctrina metodista de la predestinación y podemos continuar. Así que hay que estar claros desde el principio de que existen muchas, muchas doctrinas distintas de la predestinación.

No hay tal cosa como ‘la’ doctrina de la predestinación; aunque sospecho que cuando la gente la reduce a ‘una’, generalmente lo que tiene en mente es: ¿cuál es la doctrina de predestinación?

La variedad presbiteriana en el tema, o la que usualmente se llama la doctrina calvinista de la predestinación, porque Juan Calvino y la predestinación parecen ser casi sinónimos en la cultura, como si el primer teólogo en la historia que haya hablado acerca de la predestinación fue Juan Calvino.

Pero veremos en un breve análisis histórico que, en realidad, ese no es el caso. Pero lo que nos interesa en este estudio es observar y tratar de discernir la doctrina bíblica de la predestinación.

La razón por la que tantas denominaciones distintas y diversas iglesias tienen doctrinas de la predestinación es porque la Biblia habla de la predestinación, y todos los cristianos que toman la Biblia en serio son, por lo tanto, llevados a tomar en serio el concepto de la predestinación porque es un concepto y una palabra que está en el Nuevo Testamento.

Tomemos un momento y permíteme leer un par de pasajes, para refrescar la memoria y que nos presentan esta idea de la predestinación. Leamos ahora el primer capítulo de la carta de Pablo a los Efesios, donde Pablo en su saludo inicial dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad.”

Y luego, si seguimos avanzando en el capítulo uno de Efesios, el verso 11: “En El también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad.”

Ahora, por supuesto, este no es el único lugar en la Biblia donde encontramos este concepto de la predestinación, pero acabo de leer este pasaje para que todos vean que la palabra ‘predestinación’ es una palabra bíblica.

Y debido a que es una palabra bíblica, todos aquellos que han sido estudiantes diligentes de la Biblia han intentado comprender lo que la Biblia quiere decir por predestinación divina. Antes de ver esto de cerca, permítanme darles un poco más de antecedentes históricos.

Hay muchas, muchas, muchas, muchas teologías diferentes en la historia de la iglesia cristiana, así como hay muchas denominaciones que ya hemos mencionado, pero creo que es prudente decir que  hay históricamente tres tipos genéricos de teología.

Los teólogos hacen referencia a esto en tres categorías generales: Una es conocida como pelagianismo. La segunda es conocida como Semi-pelagianismo y la tercera es el Agustinianismo.

Ahora, la razón para estas tres designaciones de tipos básicos de teología tiene sus raíces en el siglo IV, cuando la iglesia pasó por una controversia titánica debido a varios temas serios de la teología.

Y el único, el hombre que fue reconocido y generalmente aclamado como el mejor teólogo, al menos en los primeros mil años de historia cristiana, sino el más grande teólogo de toda la historia cristiana, quien defendió la fe en ese período, fue por supuesto, San Agustín.

Y su principal oponente en distintos debates en ese período de la historia cristiana fue un monje llamado Pelagio. Y uno de los puntos álgidos que estaba en debate era cuán importante o necesaria era la gracia de Dios para la salvación humana.

Pelagio opinaba que la gracia de Dios ayuda a los humanos a ser salvos, pero que de ninguna manera era necesaria. Su hipótesis primaria era que el hombre, en su estado natural, tiene dentro de sí la capacidad de guardar los mandamientos de Dios hasta el punto de poder ser redimido sin ayuda alguna de la gracia divina.

Agustín hacía hincapié en la dependencia absoluta del pecador caído en la gracia de Dios para su salvación, y rechazó al pelagianismo como una forma primitiva de simple humanismo. El pelagianismo fue visto no solo como una subdivisión del pensamiento cristiano, sino más bien como un pensamiento sub-cristiano; es decir, ni siquiera calificaba para ser cristiano.

Ahora, cuando digo que hay tres líneas básicas de pensamiento que han llegado históricamente a través de la iglesia, concuerdo con esta configuración. Yo no inventé esta categorización, pero concuerdo con ella. Estos son los tres tipos genéricos principales que han influenciado en la historia de la iglesia y veo al pelagianismo como el padre del liberalismo.

El socinianismo surgió en el siglo XVI, el liberalismo en el siglo XIX, y para que conozcan de dónde vengo, consideraría el pelagianismo como no-cristiano; para ser más exacto, como claramente anticristiano; no como una opción para el pensador cristiano. Ahora, los debates que se han llevado a cabo dentro de la iglesia entre el semipelagianismo y el agustinianismo, los que se reflejaron después, más adelante, en la historia entre los Remonstrantes en el siglo XVI y los Calvinistas, y los Metodistas. Esto lo consideraría como debates dentro de la familia de la fe.

Los argumentos entre el semi-pelagianismo y el agustinianismo; el semi-pelagianismo señala que el hombre no puede ser salvo fuera de la gracia de Dios, pero hay algo que el hombre debe hacer, aún en su condición caída, para cooperar con la gracia divina y asentir a ella, antes que Dios lo salve.

Es decir, tú no puedes ser salvo fuera de la gracia de Dios, pero, en el análisis final es en el hombre en quien recae, ya sea el cooperar con la gracia de Dios o el rechazar la gracia de Dios, y ese es el punto decisivo de si una persona es salva o no.

El agustinianismo dice que el hombre está tan severamente caído que depende totalmente de la gracia de Dios, incluso para su respuesta inicial al evangelio, aún para su cooperación y asentimiento al evangelio de Cristo, en primer lugar.

Así que puedes ver desde el principio que el debate tiene sus raíces en el tema de la capacidad del ser humano para responder al evangelio en su estado caído. Y yo diría que, mientras entramos a cualquier discusión sobre la predestinación, siempre estará acechando tras bambalinas de estas discusiones sobre la predestinación, este debate fundamental, entre los semi-pelagianos y los agustinianos.

Ahora, también debo advertirles desde ya que estoy convencido del punto de vista agustiniano de la predestinación y estaré exponiendo la postura agustiniana de la predestinación en estas sesiones.

Intentaré explicarlo, aclarar malentendidos que creo que abundan al respecto, y trataré de responder a las objeciones levantadas por los hermanos y hermanas semipelagianos; y trataré de convencerte y persuadirte de que la postura agustiniana es la postura paulina y por lo tanto es la postura bíblica y por consiguiente la correcta.

Pero, por supuesto, no todos lo creen, no todos están de acuerdo con esto; y creo, una vez más, que tenemos que ser honestos desde el principio y reconocer que algunos líderes cristianos muy importantes y que han tenido una enorme influencia positiva en el reino de Dios, no han abrazado la postura que voy a exponer en esta serie.

Permítanme dibujarles un cuadro de posiciones y tratar de ser justo, de mente abierta y todo eso; y voy a enumerar en este lado de la pizarra a los teólogos de la historia de la iglesia, quienes, en este tema de la predestinación, a mi juicio, se agruparían en el lado de la postura agustiniana.

Y luego para balancear, trataré de mencionar los nombres de los teólogos que están en el otro lado. Así que primero veremos la postura pro-agustiniana. Recuerden que aún no hemos definido en sí la postura agustiniana. Esto es todavía el contexto. Veremos qué es lo que dice esta postura.

Entre aquellos que siguen a Agustín en la doctrina de la predestinación, incluiría (y esto puede sorprenderte y aún ser cuestionado por otros). Pero empecemos con Agustín mismo ya que él creyó lo que él mismo enseñaba. Así que pongamos a Agustín al inicio de la lista.

 

Luego yo diría que el discípulo quizá más eminente de Agustín con respecto a la teología en general, e incluso a estas doctrinas en particular, a mi juicio el hombre que pertenece a este lado de la columna es Santo Tomás de Aquino.

Casi puedo oír a Francis Schaeffer gritándome desde el cielo ahora mismo porque de seguro no estaría de acuerdo con tener a Aquino en esta categoría. Pero recuerda que el propio Aquino habló de su deuda para con Agustín más que con cualquier otro teólogo en la historia de la iglesia.

Pero como Santo Tomás de Aquino es el teólogo por excelencia de la iglesia romana y dado que la teología católica romana contemporánea no abraza la postura agustiniana de la predestinación, los protestantes generalmente suponen que, por lo tanto, Santo Tomás tampoco lo hizo. Puedes objetar eso si quieres. Dejaré eso abierto para debate y discusión.

Con el próximo nombre, no hay debate. El siguiente definitivamente es del equipo de Agustín. Es el reformador de los reformadores, el hombre que más enfatizó la predestinación en el siglo dieciséis durante la Reforma, ¿quién fue? No, no era Juan Calvino. Juan Calvino era su subordinado.

El hombre que más rigurosamente defendió la postura agustiniana de la predestinación fue Martín Lutero. Ahora, eso es una sorpresa porque, en el mundo de hoy, el luteranismo se alinea en el lado opuesto del presbiterianismo en esta doctrina particular.

Eso se debe a una pequeña peculiaridad en la historia de la iglesia, donde poco después de la muerte de Lutero, el grupo luterano, bajo el liderazgo de Felipe Melancthon tomó un rumbo distinto y no siguió a Martín Lutero en su articulación de la postura de la predestinación.

 

Pero creo que se puede decir que Lutero escribió más sobre predestinación de lo que Calvino jamás pudo soñar y que no hay nada en la doctrina de la predestinación, que me venga a la mente, que Juan Calvino alguna vez enseñó y que Lutero no lo haya enseñado antes y más fuerte. Entonces, ahora podemos poner a Calvino como un compañero menor – Juan Calvino.

Luego, agregaría en este lado de la columna a Jonathan Edwards. Ahora, ¡Recuerda! Vamos a ser honestos justos y comprensivos en cuanto a todo esto. Ahora, si tú me hicieras la pregunta: “RC, ¿quiénes crees que son los cinco teólogos más importantes que hayan existido?

No tendría problema alguno en identificar a los cinco teólogos más importantes que hayan existido. Ellos serían: Agustín, Aquino, Lutero, Calvino y Edwards. Ahora, te digo algo, ellos están muy por arriba de los próximos cinco, quienes quiera que sean.

Ahora, por más parcializado que esto esté, creo que se puede decir que si preguntáramos a cien teólogos de distintas denominaciones quiénes fueron los diez mejores teólogos de la historia, al menos 98 de los 100 mencionarían a estos cinco entre los diez.

Es decir, aquí se está reconociendo a cinco titanes y gigantes de la fe cristiana y si todos ellos concuerdan en exponer la postura agustiniana de la predestinación, ¿eso quiere decir que la postura agustiniana de la predestinación es la correcta?

Por supuesto que no, porque estos cinco hombres no estaban de acuerdo en muchas cosas y aunque concordaron en la esencia de este tema particular, no hay garantía de que sus puntos de vista individuales o colectivos sean la versión correcta.

No apoyamos la infalibilidad de la tradición humana o de la infalibilidad de Agustín, Aquino, y los demás, Lutero, Calvino, Edwards; ni uno de esos o todos juntos. Pero les digo algo, cuando esos cinco están de acuerdo en algo, a eso le presto atención.

Y desarrollo este punto por esta razón, que muy a menudo, la así llamada postura “Reformada” de la predestinación es ligeramente desestimada como una aberración calvinista única en la historia de la iglesia y eso es históricamente falso. Ahora vayamos al otro lado y veamos los grandes teólogos que calzan en esta columna.

Bueno, tenemos a Pelagio, también a Erasmo, allí está Finney, a Wesley y también a Arminio, estos son algunos de los nombres importantes en la historia de la iglesia. Puedo escuchar en este momento a alguien que no está convencido de la postura agustiniana gritando a todo pulmón en protesta diciendo: “¡No es justo poner a estos cinco contra los otros cinco!”

Así que estoy listo para escribir el nombre de otra persona en este lado si quieres darme algunos grandes teólogos que tomaron esta otra posición. Ten presente que la abrumadora mayoría de cristianos evangélicos hoy en día están de este lado.

Este es un grupo minoritario en la escena contemporánea. Lo que más me llama la atención de este lado es que, en términos de absoluto poder de erudición bíblica, no se encuentran los titanes de ese lado. Los encuentras aquí. Pero tal vez si miramos la escena contemporánea, sería un poco diferente.

Si yo digo hoy: postura pro-agustiniana de la predestinación, incluiríamos allí (no tomaré tiempo para escribirlos, pero tú puedes ponerlos en el lado pro), incluiríamos a Francis Schaeffer, Gordan Clark y Cornelius Van Til y todos esos teólogos presbiterianos, así como algunas figuras anglicana y episcopales como J.I. Packer, Roger Nicole y otros por el estilo (Roger Nicole siendo bautista, por supuesto).

Al otro lado estarían los que no creen en la postura agustiniana, entre ellos estarían figuras como Clark Pinnock, John Warwick Montgomery y Norman Geisler del Seminario Teológico de Dallas.

Estos son algunos líderes formidables en el mundo evangélico contemporáneo que no han – Billy Graham, a pesar de no ser un teólogo, sin embargo es un líder cristiano muy influyente y que estaría del lado de los no-agustinianos, aunque confío en que su esposa Ruth estaría en la columna correcta.

Pero, en todo caso, lo que intento mostrarles aquí es que los cristianos están divididos y quiero que le demos la atención necesaria. Si te opones a la postura agustiniana de la predestinación, a la luz de aquellos exponentes de la iglesia que lo han presentado, creo que debemos considerarla muy seriamente antes de descartarla por completo.

Creo que los exponentes se merecen el respeto debido como para escuchar lo que han intentado enseñar a la iglesia sobre este punto. Bueno, tomemos algunos minutos para señalar algunas definiciones básicas.

La palabra ‘predestinación’ en español se compone de un prefijo y una raíz. El prefijo ‘pre’ significa ‘antes’, y la palabra ‘destino’ es una palabra que todos conocemos en el idioma español. Muchos llegaron a Ligonier esta semana ya que Ligonier era su destino; era el lugar donde tenían que ir. Cada vez que tú haces una reserva de vuelo con un agente de viajes, lo primero que quiere saber es cuál es tu destino, hacia dónde te diriges, el lugar dónde esperas llegar.

Ahora, cuando hablamos de la doctrina de la predestinación, no estamos hablando específicamente de si Dios causó directamente un accidente automovilístico o si se determinó de antemano que estés sentado en la silla donde te encuentras sentado ahora mismo. La doctrina de la predestinación se preocupa específicamente del tema de nuestro destino final.

Solo tenemos dos destinos disponibles como seres humanos; finalmente están: el cielo o el infierno; es decir, estar en un estado de salvación o estar en un estado de condenación. Y la predestinación propiamente dicha no se refiere a las preguntas diarias sobre si dejo o no esta tiza en el suelo, si eso estaba predestinado.

Eso caería bajo el título teológico de la providencia. Y esas interrogantes son preguntas legítimas para la teología: ¿cuánto de la soberanía de Dios está involucrada en nuestras acciones y actividades cotidianas, etc.

Pero la doctrina de la predestinación propiamente dicha se preocupa del tema de la salvación, y la predestinación se refiere a algo que ocurre antes que lleguemos a ese destino. La predestinación tiene que ver con la participación de Dios en el resultado final de nuestras vidas.

Ahora, esto te puede sonar extraño, pero tanto los agustinianos como los semi-pelagianos concuerdan en que la predestinación es algo que Dios hace. La predestinación tiene que ver con la elección de Dios con respecto a la salvación de las personas.

Y esto también puede sorprenderte, que ambas partes concuerden que Dios hace esa elección sobre nuestro destino final antes que nazcamos, de hecho, en la fundación del mundo, como acabamos de leer en Efesios, que Dios escogió a ciertas personas en la fundación, antes de la fundación del mundo.

Ahora, esto puede sorprenderte. Juan Wesley creía eso. Felipe Melancthon creía eso (Quise poner a Felipe Melancthon en esa lista hace un momento, también, pero no lo hice). En todo caso, dónde está el punto de división es en esta coyuntura crítica: ¿sobre qué base Dios elige para salvarte antes de la fundación del mundo?

¿La elección de Dios para salvarte está basada en su conocimiento previo de algo que Él mira por los corredores del tiempo y ve que tú vas a hacer? Y por lo tanto, mirando por los pasillos del tiempo sabe, por ejemplo, que Diego va a responder positivamente al Evangelio, que tú vas a elegir a Cristo cuando te llegue la oportunidad de escoger.

Sabiendo que vas a elegir a Cristo, entonces Dios te elige para salvación. Pero Él basa esa elección en su conocimiento previo de la decisión de Diego. ¿Estamos claros? De modo que Dios te está eligiendo para salvación, pero Él te escoge por algo que Él prevé en tu vida.

La postura agustiniana, por el contrario, diría que lo que Dios prevé en tu vida no tiene nada que ver con tu elección, que su elección es puramente por el puro placer de su voluntad, sin contemplar algo que tú puedas o no puedas hacer en el futuro. Eso es básicamente el meollo del asunto, de si la elección es o no con respecto a lo que haces, o sin una vista previa de lo que haces o qué harás con respecto a la proclamación del Evangelio.

Hay otras cosas que todos tenemos en común, pero luego al coincidir en ciertos puntos, surgen las divergencias. Y lo primero en lo que todo cristiano está de acuerdo es en que el Dios que adoramos es un Dios soberano. Cómo se desarrolla la soberanía en los asuntos de la salvación, eso es lo que nos divide; así que en nuestra próxima sesión veremos el concepto de la soberanía de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

20/27 – La vida de oración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

20/27 – La vida de oración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-vida-de-oracion-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Yo debo confesar que a menudo, cuando oro, a nivel de mis sentimientos, siento que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces no puedo sentirlo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no veo y no siento, es aún real, y que Dios está ahí, y que está oyendo, que Él está escuchando, y que Él responderá.

Leslie: Estás escuchandon Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En las últimas semanas, hemos estado estudiando la vida de Jesús, siguiendo el bosquejo de un libro escrito por Oswald Sanders, El Cristo incomparable [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Aquí está Nancy en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: Hoy queremos ver algo más que hace a Cristo incomparable, nadie es como Él.  Jesús fue un hombre de oración, y oraba porque era un hombre. Esto es parte de Su humanidad. Es una expresión de Su sentido de dependencia como hombre, el hecho de que Él oraba a Su Padre Celestial.

Como humanos, estamos necesitados y somos dependientes; no somos autosuficientes ni independientes. Necesitamos provisión, protección, dirección, sabiduría, ayuda, consuelo, y ánimo. Dios es el dador de toda buena dádiva y de todo don perfecto. Él es la fuente de todo lo que necesitamos.

La oración significa que nos humillamos y reconocemos que estamos en necesidad, y le pedimos a Dios—quien lo tiene todo—que nos ayude a suplir esa necesidad. Eso significa que la oración es la expresión más grande de dependencia que podemos ofrecer a un Dios todo suficiente. Es el reconocimiento de que sabemos que Lo necesitamos.

Mientras pensaba en eso esta semana, me impactó que si realmente creyeramos que somos personas necesitadas y que Él es todo suficiente, que está dispuesto, y que es capaz de suplir todas nuestras necesidades, ¡entonces oraríamos! Pero el hecho es que oramos poco. Permíteme hacerlo más personal. El hecho es que yo no oro más o porque no me doy cuenta cuán necesitada realmente estoy, o porque tengo un espíritu orgulloso y autosuficiente, o porque no creo que Él puede satisfacer mis necesidades, o porque no creo que Él quiera satisfacerlas.

Si yo creyera que estoy necesitada y que Él está dispuesto y es capaz, entonces oraría. Así que si no oro, entonces hay algo que está mal con lo que estoy creyendo.

Tú no puedes conocer realmente a Cristo sin considerar seriamente Su vida de oración. Definitivamente es una de las cosas más importantes acerca de Él. Es una de las cosas que sale a relucir en los evangelios –particularmente en el Evangelio Lucas—una y otra vez. Lee el Evangelio de Lucas en algún momento, y traza un círculo a cada referencia a la oración. Podrás ver que Él, Cristo, era un hombre de oración.

En esta sesión, quiero hacer 10 observaciones acerca de la vida de oración de Cristo. No es nada profundo ni que no hayas escuchado antes, pero al meditar en Cristo como un hombre de oración, y en mi deseo de convertirme en una mujer de oración, aquí hay 10 cosas que he observado acerca de la vida de oración de Cristo que deberían animarnos y motivarnos.  

1. Él oraba a Su Padre. Su vida de oración estaba basada en una relación familiar. El hecho de que Él orara a Su Padre revela la intimidad de Su relación con Él. Sus oraciones no eran solo listas de peticiones, como suelen ser las mías —por favor has esto, y has aquello, y no olvides esto, y necesito aquello. Sus oraciones eran mucho más que eso. Él estaba pasando tiempo con alguien que conocía íntimamente, a quien amaba, y sabía que lo amaba y con quien quería pasar tiempo.

Pienso que el Salmo 27 el versículo 4, que es uno de mis versículos favoritos, es algo que Jesús pudo haber dicho:

“Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésta buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo.”

Jesús tenía ese deseo de estar con Su Padre. Así que Sus oraciones nacían de una relación con Él. 

2. Oraba con frecuencia. Él oraba mucho. No solo un poco, sino mucho. A veces Él se apartaba de la multitud con el propósito expreso de orar; pero a veces, oraba en el transcurso de su rutina diaria y de sus actividades. Mientras lees los evangelios, puedes darte cuenta de que los momentos claves de Su vida estuvieron marcados por la oración —Su bautismo, la elección de los doce discípulos, el Monte de la Transfiguración, la alimentación de los 5000, el Huerto de Getsemaní, la cruz — esos fueron momentos importantes que estuvieron marcados por la oración.

Pero Él también oraba en los momentos que no eran tan importantes, como una forma de vida. Él oró después de un día completo de ministrar, cuando estaba cansado. Él era un hombre. Un hombre de carne y hueso. Te imaginas cómo estaría, sumamente cansado. Él oraba antes de empezar un nuevo día de ministerio, con la gente presionándolo y con cosas pendientes por hacer y lugares a donde ir. Él oraba como parte de su rutina. Cada ocasión era adecuada para orar –para comunicarse con Su Padre, manteniendo esa línea de comunicación abierta. No había un evento, acontecimiento o detalle demasiado grande o demasiado pequeño para no fuera un motivo de oración. Él vivió orando y murió orando. Él oraba con regularidad. Esa era su forma de vida.

3. Él oraba solo y en compañía de otros.

En Lucas capítulo 5 versículo 15 vemos una ocasión en donde se nos dice que Jesús oró solo con Su Padre.

Ahora, Su fama crecía, y grandes multitudes se reunían a escucharle y a ser sanados de sus enfermedades; pero Él se retiraba a lugares desolados y oraba (v. 15-16).

Así que a veces Él dejaba la multitud —dejaba la presión, las responsabilidades, las fechas límites, y las demandas. Era un acto intencional de Su parte. Se retiraba y de manera intencional Él iba a sitios desolados donde no fuera interrumpido o distraído, y allí oraba. Sabemos también que hubo momentos en que Él fue a esos lugares desolados y trató de estar solo, y las multitudes le siguieron y se lo impidieron.

Una cosa me encanta del Salvador es que Él nunca se molestó con la gente. Me sucede a veces que cuando estoy en esos lugares desolados y quiero estudiar y buscar al Señor, cuando llega la multitud y me interrumpe puedo molestarme con la gente misma a la que el Señor me llamó a servir. Y digo esto por aquellas de ustedes que tienen niños pequeños y saben lo difícil que es apartarse de la multitud. A veces alejarse a un lugar desierto no significa enviarlos de campamento o que tú salgas de la casa por una semana. A veces significa que en medio de la multitud tú encuentres un lugar tranquilo en tu corazón.

Jesús sabía cómo hacer eso también, Él lograba estar sereno en medio de una multitud. Él oraba cuando estaba a solas con Su Padre, pero también en lugares públicos. Lucas capítulo 3 nos dice que Él oró en Su bautismo. Juan capítulo 6 nos dice que Él oró en la alimentación de los cinco mil, alzando los ojos al cielo y dio gracias —un lugar bastante público. Juan capítulo 11 dice que también oró ante la tumba de Lázaro. Así que Él oró en lugares públicos.

Luego Él también oraba con Sus discípulos. Yo creo que además de los momentos en que oraba sólo con Su Padre, esos tiempos de oración con Sus discípulos deben haber sido muy especiales para Él y también para ellos.

Lucas capítulo 11 nos dice,

Ahora Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dice, “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.”

Así que Jesús estaba con Sus discípulos. Ellos le veían orar. Ellos le escuchaban orar. De alguna manera, ellos estaban cerca cuando Él estaba orando, así que estaban motivados para decir, “Señor, enséñanos a orar.”

Versículo 2 Y Él les dijo, “Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.” (v. 2).

Él se llevó a Sus discípulos al lugar de oración. Podemos verlo nuevamente en el Monte de la Transfiguración en Lucas capítulo 9, “Y como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar”. (v.28). Él los llevó consigo. Él oró con ellos.

En el Huerto de Getsemaní, Él estaba con Sus discípulos. Cuando fue a orar, se retiró a la distancia de un tiro de piedra, pero Él oraba fervientemente. No puedo dejar de pensar que los discípulos sabían lo que estaba sucediendo. Probablemente lo podían ver. Tal vez podían escucharle mientras oraba.

Yo creo que Jesús sentó el patrón para que nosotros oremos con la familia de Dios. Oramos juntos cuando decimos, «Danos hoy el pan nuestro de cada día.” (Lucas 11:3). Yo sé que hay algunas personas que no se sienten cómodas orando con otros, pero quiero decirles que cuando lo hacemos en nuestro equipo de trabajo, es algo dulce. Algunas veces, yo llamo a mi madre y hago una oración de bendición al final del día. Ora con aquellos que conoces y que amas. Busquen al Señor juntos.

En nuestro equipo de trabajo nos encanta orar juntos. No solo nos encanta, sino que lo necesitamos. Estamos desesperados. Nosotros tenemos reuniones de oración de pie. Si escuchamos de una necesidad de alguno de nuestros oyentes, o de algo que sucede en el ministerio, espontáneamente nos reunimos. Hay mucha oración por aquí. No porque somos súper espirituales, sino porque realmente necesitamos al Señor, y lo necesitamos juntos. Permíteme animarte a que aproveches esas oportunidades.

Bueno, y me detuve mucho en este punto. Así que movámonos hacia otros.

4. Jesús siempre encontró tiempo para orar

Sin duda alguna, Él estaba más ocupado que lo que cualquiera de nosotros jamás estará—cuando pensamos que su lista de cosas pendientes consistía en todo el plan de redención que tenía que completar en tres años. Pero nunca estuvo tan ocupado que no tuviera tiempo para orar. Siempre fue una prioridad para Él.

Yo me reuní con algunos amigos para escuchar sus comentarios sobre estas sesiones, y estuvimos discutiendo este capítulo. Una de las jóvenes dijo que una de las primeras cosas que notó en el capítulo del libro de Oswald Sanders sobre la vida de oración de Cristo fue el orar a pesar del sentimiento de culpa por no orar lo suficiente. Yo conozco ese sentimiento: “No soy una persona que ora mucho; me voy a sentir culpable”. Y esta joven siguiendo diciendo, “pero mientras leía este capítulo me di cuenta de que Jesús realmente veía la oración como Su trabajo más importante. Él ponía todas las otras demandas por debajo de esto. Leer este capítulo me inspiró a orar aun cuando mi trabajo es agobiante”. Esas palabras son buenas palabras de aliento. Jesús siempre encontró tiempo para orar.

¿Quién de nosotros puede comparar su carga de trabajo con la de Cristo? ¿Quién de nosotras tiene más distracciones e interrupciones que las que Él enfrentaba cada día? Las suyas eran situaciones de vida o muerte. Cosas como, “¡Ven pronto que mi hija se está muriendo!” “Ya es demasiado tarde; ya se murió.” Eran cosas reales las que lo presionaban. Él tenía emergencias donde quiera. Pero Él encontraba tiempo para orar. Si alguien podía justificar el saltar o apresurar su tiempo de oración, Jesús parecía ser la persona indicada. Pero en las temporadas más ocupadas y con más presión de Su vida Él oró más, no menos.

Estuve leyendo otro libro sobre la vida de Cristo, meditando para esta serie, y me encontré con otro antiguo escritor que dijo, “Nosotros hacemos de nuestras ocupadas agendas y de las presiones demandantes una razón para no orar; Jesús las hizo una razón para orar.”1 ¿No es eso una buena palabra? Jesús siempre encontró tiempo para orar.

5. Jesús oró por aquellas cosas que Él sabía agradarían y honrarían a Su Padre y que redundaban en el avance del Reino de Dios.

Él estaba más interesado en eso que en Su propio bienestar. Siempre estaba sometiendo Su voluntad a la de Su Padre.

Me encanta el pasaje de Juan capítulo 12 el versículo 27, donde Jesús dice,

“Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora?” Pero para esto he llegado a esta hora. [Yo vine para morir, por esa razón Él me envió aquí. ¿Cuál es entonces su oración? Él no ora al Padre que le salve de esa hora, sino que dice] Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo:  le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.” (v. 27-28).

En Su caso, glorificar el nombre de Dios significaba sufrir la cruz. Sus propios deseos estuvieron siempre sujetos y dirigidos hacia aquello que glorificaría y honraría al Padre.

Juan 17 “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,” (Juan 17:1). Ese fue siempre el propósito. Has lo que sea necesario para que Tú seas glorificado.

6. Jesús creía que Dios le escuchaba cuando oraba. Él oraba con la fe y la confianza de que Dios le escuchaba y respondería Sus oraciones. En la tumba de Lázaro en Juan capítulo 11, dice “Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído.” (v. 41-42). ¿Sabías que tú puedes tener la misma confianza cuando oras? Tal vez tú pienses, “¡Pero es que yo no soy Jesús!” Pues escucha este versículo.

“Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.” (1 Juan 5: 14-15).

Él pensaba que Dios le escuchaba cuando Él oraba y que Dios le respondería. ¿Tú crees eso cuando tú oras? Yo debo de confesar que cuando oro, a nivel de mis sentimientos, a menudo creo que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces tampoco lo siento. Mi vida de oración no es como esas que leo a veces donde la gente siente la presencia de Dios — eso no suele suceder conmigo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no puedo ver ni sentir sigue siendo real, y que Dios está ahí y que Él está escuchando, y que Él va a responder.

7. Jesús oró mucho durante Su pasión. Es hacia esa semana que nos acercamos en esta serie; la semana del arresto, juicio y crucifixión de Cristo, también conocida como La Semana Santa. Él oró mucho en esos días en particular. En Lucas capítulo 22, vemos a Jesús en Getsemaní. Estaremos haciendo toda una sesión sobre ese evento. Escuchamos a Jesús orar en la cruz. Veremos de manera más breve lo que Él oró en la cruz.

Pero Yo quiero ver por un momento a Juan capítulo 17, la oración sacerdotal que hizo Jesús —la verdadera oración del Señor— la cual hizo entre el aposento alto y Getsemaní. Esta es una mirada íntima a la vida de oración de Cristo. Permíteme darte un bosquejo de ese capítulo.

  • Él oró por Sí mismo en Juan  17 de los versículos 1-5)
  • Él oró por Sus discípulos de los versículo  6-19

Él dijo en el versículo 11 “Guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros; “No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno (v.15)”; “Santifícalos en la verdad (v.17)”. Él oró primero por Sí mismo y luego por Sus discípulos.

  • Y entonces me encanta esto, de los versículos 20-26 ¡Él oró por nosotros!

“Más no ruego solo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos [¡Esos somos nosotros!], para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria…” (v.20-21, 24).

Piensa en Jesús orando estas cosas por nosotros. Esto muestra Su corazón, ya que oró por otros cuando probablemente estaba siendo consumido con Sus propias necesidades. Él oró por Sí mismo, oró Sus discípulos, oró por nosotros, pero sobre todo—en Su vida de oración durante la semana de su pasión y durante toda su vida—Él oró por la gloria de Dios, para que se hiciera Su voluntad.

Tan solo unas horas después de la oración de Juan 17, Él oró en Getsemaní, y le dijo a sus discípulos, “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mt. 26:41). ¿No es interesante que sus discípulos se durmieron y cayeron en tentación? Jesús oró (mientras ellos dormian) y venció la tentación. Él conquistó al pecado y a la muerte. Él compró nuestra salvación. Y me llegó el pensamiento mientras meditaba anoche en este pasaje, imagínate¿Y si el Señor no hubiera orado? ¿Y si Él se hubiera quedado dormido cuando se suponía que estuviera orando?

Nosotros no podemos responder esa pregunta, porque Él hizo siempre la voluntad de Su Padre, pero piénsalo. ¿Qué hubiera pasado si se hubiera dormido en vez de orar? ¿Hubiera caído Él también en la tentación? Sé que es una pregunta absurda porque Jesús no pecó ni podía pecar, pero ¿No te alegra saber que Él oró? Yo me pregunto cuál sería la diferencia en nuestras vidas si nosotras oráramos en vez de dormir. Por supuesto que el sueño es un buen regalo. Hay un tiempo de dormir, pero hay un tiempo de levantarse y orar.

8. Jesús oró de manera fervorosa y apasionada. No oraciones monótonas. Yo pienso que, si fuera posible, nuestras oraciones harían que Dios se durmiera. Él debe estar allá arriba preguntándose si realmente nos interesa que Él nos conceda lo que le pedimos. ¿Realmente esto les importa? Yo creo que Dios podría pensar así acerca de muchas de mis oraciones. ¡Pero no de las de Jesús!

En Hebreos capítulo 5 nos dice que, “Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.”

Estamos casi llegando al Huerto de Getsemaní en esta serie. Cuán pocos de nosotros conoce aunque sea un poco lo que significa agonizar en oración como Jesús lo hizo.

9. Aun cuando fue abandonado por Su Padre, y Dios rehusó responderle, Él oró.

Nosotras sabemos que el Salmo 22 es un salmo mesiánico. Jesús oró parte de él en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo.” (v. 1-2).

Cuando Jesús se hizo pecado por nosotros, Dios le dio la espalda a Su Hijo. Pero Jesús siguió orando. En la hora más oscura y desolada de su vida, a través de sus oraciones en la cruz, Él demostró fe de que Dios aún estaba allí. Incluso cuando Él no podía sentirlo.

Gloria a Dios. A aquellos que estamos en Cristo, Dios nunca nos abandonará ni nos dejará. Pero a veces es así como nos sentimos, ¿no es cierto? No podemos sentir Su presencia, ni podemos ver lo que Él está haciendo. Pero la pregunta es, ¿oraremos de todas maneras como lo hizo Jesús?

10. Jesús sigue orando. Él continúa orando por nosotros en el cielo aun hoy. Él oró durante toda Su vida en la tierra. Él oró a través de Su pasión. Oró en la cruz. ¡Y sigue orando! Él no ha parado. “Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25). En Romanos capítulo 8 versículo 34 nos dice que Él está “a la diestra de Dios intercediendo por nosotros”. ¿No te da gozo saber esto?

¡Gracias Jesús por tus oraciones por nosotras! Gracias Señor que oraste cuando era fácil y cuando no lo era, y oraste cuando estabas muy ocupado y cuando había calma, oraste con otros y oraste solo, oraste a Tu Padre celestial porque le conocías y le amabas, y querías estar con Él. Señor, hemos sido animadas por tu vida de oración y estamos agradecidas. Muchas gracias. Ahora junto con los discípulos te pedimos que Tú nos enseñes a orar. Oh Señor, Tú eres realmente incomparable. Te amamos y te adoramos. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, ayudándote a aprender más acerca de la oración a través de la vida de Jesús. Este mensaje es parte de la serie titulada, El Cristo incomparable. Para escuchar los mensajes de esta serie predicados hasta ahora, visita la página  www.AvivaNuestrosCorazones.com. Cuando estés allí puedes escuchar los programas anteriores o leer las transcripciones.

Esto es lo que descubrió una oyente del Reino Unido hace poco. Ella estaba enferma y en cama por muchas semanas, y quería usar su tiempo sabiamente. Ella no podía salir de la casa para ir a la iglesia, ni tenía la energía para leer. Cuando descubrió AvivaNuestrosCorazones.com dijo,

Yo absorbí tanto del ministerio en internet —escuchando las transmisiones cada día, pero también escuchando serie tras serie de los archivos. Había tal riqueza allí, y fui edificada en tantas áreas.

Estando ya fuera de su lecho, ella aún escucha las grabaciones del ministerio y continúa diciendo,

Me siento atacada por los valores del mundo desde todos los ángulos, y siento que he llegado a entender el patrón de Dios para la femineidad más claramente por medio de la enseñanza de Aviva Nuestros Corazones.

Alrededor del mundo, las mujeres pueden accesar a AvivaNuestrosCorazones.com gracias a los oyentes que contribuyen financieramente y hacen posible el ministerio. ¿Le pedirías al Señor que te muestre lo que Él podría haberte dado para apoyar a Aviva Nuestros Corazones?

Puedes hacer tus donaciones de cualquier monto en AvivaNuestrosCorazones.com, o puedes llamarnos al 1-800-569-5959, y especificar que deseas contribuir con el ministerio de alcance en español.

En el Huerto de Getsemaní, Jesús agonizó en oración. ¿Por qué Él asumió Su próxima prueba con tal angustia? No fue solamente el dolor de la cruz. Había algo más allá. Considera la angustia de Cristo mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

James Stalker. Pulpit Legends: Studies on the Person of Christ. (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 1995), 195.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Dónde está Dios?

Isha – Salmos

DÍA 104 – Salmo 66 y 67

Dosis: Alabanza y Presencia

¿Dónde está Dios?

“Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!” (Salmo 66:18–20) (NVI)

El salmo 66 alaba los poderosos hechos de Dios, el salmista no sólo recuerda los portentos de Dios a favor de su pueblo sino además cómo Él interviene en la vida personal de quienes le aman y le temen. Por eso, invita a que canten y alaben al Señor pues aunque permite pruebas, Él nos sostiene. Pero a la vez, nos recuerda algo fundamental; que si hay pecado en nuestra vida, nuestra oración será estorbada. Dios siempre nos oye, pero el pecado puede obstaculizar que recibamos la respuesta que queremos hasta que venga la confesión y el cambio de conducta. ¿Hay pecado en nuestras vidas que no le hemos confesado al Señor? Oraremos como David para que el Señor nos lo muestre.

El salmo 67 exhorta a que todos los pueblos le alaben. ¡Qué maravilla será cuando esto se cumpla! Mientras tanto, debemos ir a las naciones y anunciar el Evangelio para que todos crean. El salmista anhela que la bendición de Dios alcance a todos: “Dios haga resplandecer su rostro sobre nosotros, para que se conozcan en la tierra sus caminos, y entre todas las naciones su salvación. Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben. Sin embargo, muchos hoy se enfrentan a la duda: ¿dónde está Dios? ¿Cómo explicamos su presencia cuando un huracán o un terremoto destruyen toda una ciudad o un pueblo? ¿Dónde está Dios durante un genocidio?

Se cuenta de un niño que fue llevado ante un famoso maestro. “Hijo, te daré un florín si me dices dónde vive Dios”, le pidió el sabio. El niño respondió: “Yo te daré dos, si me dices dónde no está”. Dios está en todo lugar. Aunque no podamos verlo, Él está ahí, en medio de las tragedias más terribles. Como dice el salmista, él nos escucha y no rechaza nuestras plegarias. ¿Dónde está Dios durante los problemas? Una cosa te aseguro: ahí está. Él está en todo lugar.

También se cuenta de un famoso rabino que preguntó a sus invitados dónde habita Dios. Ellos se rieron de él: “¿Qué estás diciendo? ¡El mundo está lleno de su gloria!” Pero él contestó: “Dios habita donde se le deja pasar”. ¿Percibes la diferencia? Dios está en todo lugar. Él está atento a todo lo que pasa. Nada escapa de su escrutinio, pero Dios habita, vive, mora, ayuda, auxilia a todo aquel que le busca.

En las tragedias de la vida la gente se acuerda de que Dios existe, pero Dios atiende a las plegarias solo de aquellos que le dejan entrar a su vida. Cuida que nada se interponga entre tú y Dios. Confiesa hoy si algún pecado está estorbando tu oración. Recuerda que Dios está más cerca que tu propio corazón.

Oración: Señor, muestra si hay pecado que estorbe hoy mi oración. Gracias porque estás en mi vida y puedo acudir a ti en todo momento. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 120). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Él se llama el Verbo

Viernes 20 Diciembre

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Juan 1:1

El Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

Él se llama el Verbo

El evangelio de Juan nos presenta a una Persona divina y eterna llamada la Palabra, o “el Verbo” (Juan 1). Declara que “el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). “El Verbo” no es otro que Jesús, el Hijo de Dios.

Esto significa que en Jesús Dios habla, se expresa, se comunica con nosotros. “Dios… nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2).

http://labuenasemilla.net/20191220

Escuchar a Jesús es, pues, escuchar a Dios hablándonos. Su vida en la tierra proclama la grandeza y la santidad de Dios, pero también su bondad y su maravilloso amor. Jesús dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Él nos revela la verdad sobre nuestro estado interior, pero también la gracia divina que responde a ello. “La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). Toda su persona expresa el profundo interés y las compasiones de Dios por el hombre.

Su muerte en la cruz es un poderoso mensaje que proclama fuerte y claramente el amor de Dios frente al odio del hombre. Su vida santa entregada por nosotros, los culpables, trae la salvación: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

En el libro del Apocalipsis (cap. 19:11-13) encontramos otra vez al Verbo. Allí también lleva otro nombre: “Rey de reyes y Señor de señores” (v. 16). En esta ocasión, el Verbo viene para juzgar, porque el tiempo de la gracia de Dios habrá pasado. Prestemos, pues, atención ahora a sus palabras de gracia.

Zacarías 2-3 – Apocalipsis 13 – Salmo 145:1-7 – Proverbios 30:11-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

6/6 – Nacido para ser santo

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

6/6 – Nacido para ser santo

John MacArthur

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Quiero darle la bienvenida a nuestro estudio continuo de la epístola de Santiago. Puede tomar entonces su Biblia y abrirla en Santiago. Tenemos mucho por delante en esta gran epístola, pero vamos a detenernos en esta noche para una breve mirada al versículo 18. Normalmente, estaríamos tomando otra sección comenzando en el versículo 19, debido a que mencionamos el versículo 18 en nuestro último estudio. Pero quiero detenerme un momento y desarrollar nuestro entendimiento de Santiago 1:18, porque es un versículo tan, tan importante. Este es un versículo que realmente expresa de una manera muy simple el significado del nuevo nacimiento. El significado de la salvación.

Me llamó la atención esta mañana en la recepción para nuestros invitados que habían llegado por primera vez, conocer a una joven de Japón que entiende algo de inglés, inglés coloquial. Y confesó esta mañana que le resultó muy difícil seguir lo que estaba diciendo en el mensaje. Y me hizo pensar no tanto en el hecho de que las palabras que digo no son tan claras como tales sino en el hecho de que entre más tiempo pasa y usted es cristiano y entre más se involucra en el cristianismo y en la Palabra de Dios, en cierta manera, más lingo evangélico usted quizás desarrolle; y alguien que llega y habla algo de inglés a nivel de conversación va a tener una dificultad sería para entender lo que usted está diciendo. Es un buen recordatorio también que de vez en cuando necesitamos regresar a la realidad simple de lo que el Evangelio realmente es. Y eso es lo que queremos hacer en esta noche.

Veamos juntos el versículo 18 de Santiago capítulo 1. Dice esto: “Él,” hablando del Padre, Dios Padre mencionado en el versículo 17, “de Su voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad para que seamos primicias de Sus criaturas.” Un versículo simple, pero uno en el que se encierra toda la riqueza del nuevo nacimiento. El Antiguo Testamento dijo ‘sed santos porque Yo, Jehová, soy santo.’ Pedro dice en su epístola ‘sed santo porque yo soy santo’. Para entrar en la presencia de Dios, el hombre debe ser santo, apartado del pecado a la justicia.

Ahora, los hombres no son santos, eso es obvio. No son justos, esto es, son pecaminosos. No piensan correctamente, no hablan correctamente, no actúan correctamente, no hacen lo correcto. No perciben de manera apropiada a Dios. No se perciben de manera correcta a sí mismos. No perciben de manera correcta la Verdad de Dios, la revelación de Dios, la ley de Dios o la voluntad de Dios. Pero a pesar de que los hombres no son santos y no están bien con Dios, en la mayoría de los casos, no perciben que no son santos. No entienden que no son justos. No están de acuerdo de manera dispuesta con el diagnóstico de las Escrituras de que son pecaminosos. Los hombres no son santos, y peor que eso, no reconocen ni la necesidad de santidad. Y en muchos casos, la ausencia de la misma. Y si reconocen que no son santos, normalmente, culpan a alguien más por esa realidad.

Y eso es lo que estábamos explicando en nuestra última mirada de este capítulo tremendo. Indirectamente, los hombres imponen la responsabilidad de su pecaminosidad en Dios de manera típica. Y como vimos en los versículos 13 al 18, vimos que no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos por nuestra propia pecaminosidad. Ciertamente, no podemos culpar a Dios al decir ‘bueno, Dios nos creó. Dios hizo leyes que son imposibles de guardar. Dios me ha permitido ser como soy, por mi ambiente. Me ha colocado en circunstancias que me imponen de tal manera que no puedo controlar mi conducta,’ etcétera, etcétera.

Pero lo que Santiago nos dice es que Dios no puede tener parte alguna en nuestra pecaminosidad ni de manera directa o indirecta. Entonces, los hombres deben ser santos para tener una relación con Dios. No son santos. Y en la mayoría de los casos, ni siquiera reconocen que no son santos. Y si reconocen que pecan, normalmente culpan a alguien más y ese alguien, de manera muy vaga, es el Dios que los colocó en las circunstancias en las que están y les dio los impulsos que les dio y entonces, quieren evadir la responsabilidad.

Entonces, Santiago dice en los versículos 13 al 18 que usted no puede culpar a nadie más que a sí mismo por su pecado. En el versículo 13 él dice ‘la naturaleza del mal demuestra eso. Ninguno puede decir cuando es tentado soy tentado por parte de Dios porque Dios no puede ser tentado por el mal ni Él es tentado por nadie.’ Usted no puede tentar a Dios por la maldad porque Dios y la maldad son mutuamente exclusivos. Se excluyen de manera mutua.

Y después, en el versículo 14, la naturaleza del hombre, él dice, el hombre tiene su propio problema. El hombre es tentado cuando es atraído y seducido por su propia concupiscencia. Y el problema está en el hombre. Está en su pecaminosidad, en su estado caído.

Después, él habla acerca de la naturaleza, la concupiscencia en los versículos 15 y 16. Y la concupiscencia cuando concibe, da a luz al pecado. Y el pecado, cuando finalmente llega a su punto de maduración, da a luz a nada más que la muerte y no se equivoque en eso. En otras palabras, entienda que es la realidad del pecado. Entonces, no está en Dios, porque Dios y el mal son incompatibles. El problema está en la naturaleza del hombre. Y en la naturaleza del hombre está en su deseo malo, su concupiscencia, su pasión por lo que está mal.

Después, en el versículo 17 él regresa a hablar de la naturaleza de Dios y él dice: “es de Dios de quien desciende toda buena dádiva y todo don perfecto y nunca hay sombra alguna en eso.” Así que no puede culpar a Dios porque Su naturaleza es únicamente dar cosas buenas. De Dios, sólo sale el bien. Entonces, él dice que no podemos culpar a Dios por nuestro pecado debido a la naturaleza de la maldad, la naturaleza del hombre, la naturaleza de la concupiscencia y la naturaleza de Dios.

Después, en el versículo 18, en cierta manera, él resume su argumento al decir “la naturaleza de la regeneración misma,” o la conversión o salvación, o el nuevo nacimiento, “nos muestran que Dios no nos lleva al pecado.” El versículo 18 dice “de Su voluntad,” en otras palabras, fue Su voluntad el hacernos nacer para que seamos como Él. Una especie de primicias de Su propia creación. Entonces, el propósito de la regeneración fue dar nacimiento para que vivamos. Crearnos para hacer bien, no maldad. Darnos poder sobre el pecado como parte de una nueva criatura.

Entonces, Dios de ninguna manera está involucrado en nuestra pecaminosidad. Él no puede mezclarse con la maldad. El problema está en el hombre. En el hombre, el problema se encuentra encerrado en su concupiscencia. La naturaleza de Dios es tal que Él solo da regalos buenos. Y cuando Dios toca su vida, es para producir vida, no muerte. Para producir justicia, no pecado. Para ser una nueva criatura, no ejercer a la antigua, la vieja.

Entonces, todas esas cosas que vimos la última vez apuntan al hecho de que Dios no puede ni de manera directa o indirecta ser la fuente del pecado. Dios no tienta a los hombres a pecar, ni puede hacerlo.

Y entonces, vimos el versículo 18 a la luz de eso. Pero el versículo es tan rico porque explica este asunto del nuevo nacimiento o de dar a luz una persona, de regenerar una persona. Y demanda una mirada más cercana y más larga; y queremos hacer eso en esta noche. Él nos presenta el tema de la regeneración en el versículo 18 en conexión o en relación a un punto en su contexto. Y el punto es lo que le acabo de decir. Él está usando la regeneración como una manera de demostrarle que Dios no lleva a la gente a pecar. Él nos lleva a ser criaturas de un nuevo tipo como Él. Él los saca del pecado a una nueva vida. Y eso sería incoherente con cualquier pensamiento de que Él nos lleva a pecar. Él está recreándonos y alejándonos del pecado, no acercándonos al pecado.

Pero fuera del contexto mismo, conforme vemos al versículo, quiero examinarlo por sí mismo porque dice tanto acerca de la regeneración. Y la enseñanza entera de la regeneración y el nuevo nacimiento es digna de nuestra atención cuidadosa.

Ahora, mantenga en mente lo que dije hace un momento y lo vimos en el texto: que el hombre está lleno de concupiscencia. Y la concupiscencia produce pecado; y el pecado, da a luz la muerte. Es verdad que, sin santidad, nadie jamás tendrá una relación con Dios. Nadie jamás conocerá a Dios de manera plena. Nunca nadie entrará a la presencia eterna de Dios sin santidad. Sin embargo, el hombre es impío y es pecaminoso. Y todo en su naturaleza produce concupiscencia y maldad.

Para darle un entendimiento más claro de eso, observe Romanos conmigo, capítulo 3. Una parte, una porción muy conocida de las Escrituras para los estudiantes de la Biblia. Pero una que necesita ser examinada a la luz de este punto en particular. Al final del versículo 9, él dice: ‘judíos y griegos por igual, todos están bajo pecado’. Todos están literalmente bajo el dominio del pecado. Todos están sujetos al control del pecado.

Y después, él procede a mostrar esto de manera extensa al citar a partir de algunos pasajes del Antiguo Testamento. Y él dice: “como está escrito, no hay justo, ni aún uno.” No hay un solo ser humano creado en este mundo, desde la caída de Adán, que sea justo. Y eso significa que está en una relación correcta con Dios y hace lo justo, que obedece la voluntad de Dios en y por sí misma. No hay justo, ni aún uno. No hay quien entienda. Esto es: no hay alguien que comprenda de manera completa lo que Dios demanda y que tenga la capacidad de entender de manera plena esto y lo cumpla.

No hay quien busque a Dios. La inclinación del hombre busca del pecado. Los hombres aman ¿qué? Las tinieblas, Juan 3, en lugar de la luz porque sus obras son malas. Todos se desviaron, se han desviado a sí mismos del camino que Dios ordenó para la justicia. Todos se volvieron inútiles. La palabra griega tiene que ver con leche agria. Son buenos para nada. Son absolutamente inútiles. No hay nadie que haga el bien, no hay ni siquiera uno.

Y después, él describe la naturaleza de su maldad. “Sepulcro abierto es su garganta.” Apesta como un cadáver muerto cuyo olor sale de una tumba. “Con sus lenguas engañan. Veneno de áspides o de serpientes está debajo de sus labios.” Un hombre básicamente es revelado en su conversación y en su boca. Y la condición de su naturaleza pecaminosa, mala, horrenda, contaminada, mortal, sale de su boca. La boca está llena de maldición y amargura. “Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y destrucción hay en sus caminos, no conocieron camino de paz y no hay absolutamente reverencia hacia Dios ante sus ojos.”

Aquí está una definición del hombre pecaminoso, el hombre sin Dios. Y el mundo entero se encuentra bajo esto en el versículo 18, para que toda boca sea silenciada y todo el mundo este culpable delante de Dios. Y no hay manera alguna, él dice en el versículo 20, en la que mediante su carne puedan ser justificados por Dios al guardar algunas reglas, al obedecer la ley, aunque sea la ley de Dios. La ley simplemente produce el conocimiento del pecado, no produce justicia.

Entonces, ahí está la definición del hombre a partir de Romanos 3. El hombre, en su estado pecaminoso. Observe Efesios 2. En Efesios 2 dice en el versículo 1: “y Él os dio vida a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” Y aquí encontramos que el hombre se caracteriza de nuevo como estando muerto. El hedor de un cadáver y la característica de su mortandad es una mortandad en delitos y pecados. Simplemente, usando dos palabras para mostrar el tipo de amplitud y la extensión de su pecaminosidad. “Él anda,” dice, “según la corriente de este siglo.” En otras palabras, su conducta diaria es dictada por el sistema maligno. El que está a cargo de su vida es el príncipe de la potestad del aire. El Espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Esos son títulos para Satanás. Él opera, versículo 3, en los deseos de la carne. Él satisface el deseo de la carne y de la mente; y es, por naturaleza, un hijo de ira. Esto significa que él es objeto del juicio, él es objeto del juicio de Dios.

Ahora, todo esto es muy básico, muy elemental. El hombre, para poder tener una relación correcta con Dios necesita ser santo. El hombre no es santo. El hombre reconoce que no es santo. Y algunas veces, si él reconoce que no es santo y es pecaminoso, él tiende a culpar a Dios por sus circunstancias, evade la responsabilidad que lo mantiene confinado bajo la sujeción al pecado, y, por lo tanto, aislado de Dios.

Ahora, la pregunta que surge es: ¿qué vas a hacer para ayudarle a este hombre? ¿Qué vas hacer para cambiar la situación? ¿Qué es lo que este hombre necesita? Los cambios externos no son suficientes. Él no puede por alguna resolución en su propia mente determinar que él va a obedecer la ley de Dios y salir de su estado de mortandad. Él no puede darse a sí mismo vida nueva. Lo que él necesita es ser recreado. Él necesita un nuevo corazón, una nueva persona, un nuevo principio de vida. Él necesita nacer de nuevo. Él necesita comenzar de nuevo y salir como alguien diferente. Como si en las palabras de Nicodemo, él pudiera regresar al vientre de su madre y comenzar de nuevo con una nueva naturaleza, una naturaleza diferente. Debido a que la santidad es la condición absoluta para ser aceptado, para tener comunión con Dios, el hombre pecaminoso en su condición de muerte caída jamás puede tener esta comunión. Y Dios no va a aceptar su persona corrupta; entonces, él necesita una vida nueva. Él necesita una vida totalmente nueva.

Entonces, cuando hablamos del Evangelio del nuevo nacimiento, no estamos hablando acerca de añadir algo, no estamos hablando acerca de agregar algo, no estamos hablando acerca de colocar algún tipo de moño, acerca de colocar algún tipo de ropa en un hombre viejo. Estamos hablando acerca de una transformación total. Entrar en una relación correcta con Dios demanda una persona totalmente nueva. Usted necesita regresar y comenzar de nuevo y nacer de nuevo para tener una vida nueva.

Ahora, las Escrituras afirman esto. Esto ni siquiera es nuevo en el Nuevo Testamento. Esto fue parte de la promesa en expectativa del Antiguo Testamento. Jeremías, por ejemplo, dice que: “engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso.” Y Jeremías dice: “podría el etíope cambiar su piel?” ¿Puede él, de manera dispuesta y simplemente por estar dispuesto, puede cambiar el color de su piel oscura? Y después, Jeremías dice: “¿podrá el leopardo cambiar sus manchas?” Y la respuesta es: ¡claro que no! Entonces, “¿cómo podréis vosotros hacer bien cuando estáis acostumbrados a hacer el mal?”

Usted no puede cambiar su vida tampoco; entonces, usted necesita una transformación. Esto es Jeremías 13:23. Y ahí en el capítulo 31 viene la promesa maravillosa de esa transformación. Jeremías 31:31: “he aquí, vendrán días, dice Jehová, cuando haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no según el pacto que hice con sus padres en el día que los tomé de la mano de la tierra de Egipto,” y demás. Él dice: “haré un nuevo pacto,” versículo 33. Pondré Mi ley en su interior. La escribiré en sus corazones. Seré su Dios y serán Mi pueblo. Voy a meterme adentro y voy a cambiar su interior. No lo pueden hacer por sí mismos. Entonces, alguien más tiene que hacerlo por ellos. El hombre tiene que tener un cambio en la médula misma de su ser. El hombre natural, esto es el hombre no regenerado, el hombre que no conoce a Dios, el hombre pecaminoso, el hombre no redimido, el hombre no salvo, no, dice 1 Corintios 2:14, “no puede recibir las cosas del Espíritu de Dios”. Él no puede recibirlas. Él está muerto y un cadáver no responde a nada.

Entonces, ¿que necesitas? Entonces, ¿qué necesita? Necesita un nuevo nacimiento. Necesita vida nueva. Le acabo de leer Efesios 2:1 al 3, cómo los hombres están muertos en delitos y pecados siguiendo los deseos de la carne y los deseos de la mente. Los deseos de la carne, estando sujetos al liderazgo de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. Son hijos de ira. Pero dice inclusive cuando estábamos muertos en delitos y pecados, en el mismo capítulo, en el versículo 5, Cristo nos dio vida y nos resucitó. Y aquí está la idea de una resurrección de los muertos. De vida nueva, de un nuevo nacimiento. Romanos 6 dice: “cuando crees en Cristo, usted muere y resucita para caminar,” y usa esta frase maravillosa, “en vida,” ¿qué? “En vida nueva.”

Ahora, esto es lo que toda persona debe tener: vida nueva. La vida antigua tiene que ser totalmente quitada y debe venir nueva vida. En Efesios 4:24, usted se ha puesto al nuevo hombre, lo cual, escuche esto, según Dios, es creado injusticia y santidad verdadera. Cuando usted llega a la salvación, usted se viste de un nuevo hombre, una nueva persona. No ropa nueva. Una persona nueva. Es una recreación.

La mejor y más vívida ilustración de esto se encuentra en el encuentro maravilloso entre Jesús y Nicodemo. Entonces, pase a Juan 3 y veámoslo brevemente y recordemos esta historia que es maravillosa. Maravillosa. Hubo un hombre de los fariseos, esto es, él era un líder religioso de gran estima. Él pudo haber sido tan prominente como cualquier maestro porque en el versículo 10, Jesús dice “tú,” y usa el artículo definido, “tú eres el maestro de Israel y ¿no conoces estas cosas?”

Entonces, aquí hay un hombre que es reconocido quizás públicamente como el maestro de Israel, de cierta prominencia. Un fariseo bien instruido en la ley. Él se acerca a Jesús y le dice: “sabemos que eres un maestro de Dios.” Aquí hay un hombre de gran estima, hay un hombre que reconoce su propio llamado. Pero reconoce a uno que está significativamente por encima de él en entendimiento. Entonces, él viene a Jesús y le dicen el versículo 2: “sabemos que eres un maestro que ha venido de Dios, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces a menos de que Dios esté con Él.”

Y él nunca dice lo que está en su corazón. Él no hace una pregunta. Pero Jesús lee su corazón y “Jesús respondió”. Esa es una afirmación interesante porque él no preguntó nada. Él simplemente dijo “Tú eres un maestro” y procedió a decir “vienes de Dios, sabemos eso.” Pero Jesús respondió la pregunta en su corazón y dijo “de cierto, de cierto te digo que a menos de que un hombre nazca de nuevo, un” no puede ver el Reino de Dios. Y Él sabía lo que estaba en el corazón de Nicodemo. Y lo que era es: ¿cómo entro en el Reino? Aquí había un hombre que era un maestro en Israel, un fariseo. Tenía todo a su favor en términos religiosos, pero sabía que no había entrado verdaderamente al Reino de Dios.

¿Cómo sabía que no había entrado? Porque no había nada adentro de él que confirmara esto. Entonces, viene Jesús y la pregunta de su corazón es ¿qué hago para entrar al Reino? Y la explicación sería: soy religioso, estudio la ley, trato de vivir según el código del Antiguo Testamento. Soy un hombre ético, soy un hombre confiable, soy un hombre respetable. ¿Qué necesito añadir a mi vida para entrar al Reino? Y Jesús dijo “no añades nada. Comienzas de nuevo. Simplemente, matas todo y comienzas con el nacimiento. Tienes que nacer de nuevo.” Nicodemo le preguntó cómo un hombre podía nacer de nuevo cuando era viejo.

Ahora, él no está preguntando lo físico. ¡Por favor! Él no está diciendo “físicamente, ¿cómo regreso y nazco?” Él sabe de qué está hablando Jesús. Él simplemente está siguiendo con el mismo lenguaje velado, en términos parabólicos habla de meshal, el tipo de palabras que usaban. Y él está siguiendo esa misma metáfora, esos mismos términos descriptivos que Jesús está utilizando. Y él está diciendo cómo es que alguien, teniendo tantos años en una religión, tantos años siguiendo un código, tantos años ahora como fariseo y rabino y maestro de la ley, cómo ahora llega y deshace todo esto y comienza desde el principio. Eso es lo que está diciendo.

Y si alguna vez le ha dado usted testimonio a un judío ortodoxo de cualquier edad, usted entenderá esta manera de pensar. ¿Cómo puedo llegar a desenredar toda esta búsqueda de toda la vida de religión y comenzar de nuevo? Eso era lo que estaba en la mente de Nicodemo. ¿Puede entrar en el vientre de su madre otra vez y nacer? Y en este punto él está hablando en términos figurados como Jesús. Él está diciendo de nuevo, de manera coherente con la analogía que Jesús estaba utilizando, ¿cómo puedo nacer de nuevo espiritualmente? Él sabe que Jesús está hablando espiritualmente. ¿Cómo lo puedo hacer? ¿Cómo puede suceder? Y Jesús le dice básicamente que no lo puede hacer. No lo puedes hacer, Nicodemo. De cierto, de cierto te digo, a menos de que un hombre nazca de agua y el Espíritu, él no puede, ¿qué? Entrar al Reino de Dios. Él dice que no lo puede hacer. Tiene que ser hecho mediante agua y el Espíritu. Tiene que ser realizado por un poder y un recurso que está fuera de ti mismo. Afuera de ti. Y ese poder es el agua y el Espíritu.

Ahora, ¿a qué se refiere eso? Ese es el agua de la salvación. Yo creo que, si usted regresa por un breve momento a Ezequiel 36, usted verá a Jesús hablándole a Nicodemo en términos muy conocidos. Él conocía el Antiguo Testamento. Él conocía la promesa de Ezequiel 36, versículo 25: “rociaré agua limpia sobre vosotros”. ¿Quién es el que va a rociar? Dios. Este es un acto soberano. “Y seréis limpios de su inmundicia y de todos vuestros ídolos. Y Yo os limpiaré.”

Lo que él le está diciendo a Nicodemo es esto: Número uno, Dios te debe limpiar de manera soberana. En segundo lugar, viene mediante el Espíritu Santo. Necesitas una salvación soberana que viene de afuera de ti. Así como Ezequiel profetizó, agua limpia, limpiando tu impiedad, tu inmundicia.

Pablo, escribiéndole a Tito, habla del lavamiento del agua mediante la Palabra. El agua de la regeneración, versículo 26, “y un nuevo corazón os daré y un nuevo espíritu colocaré dentro de vosotros. Quitaré el corazón de piedra de vuestra carne y os daré un corazón de carne.” Después esto, “colocaré Mi Espíritu dentro de vosotros y haré que desde adentro caminen en Mis estatutos. Guardareis Mis ordenanzas y las haréis.”

Entonces, cuando Jesús le dice a Nicodemo que debe hacer del agua y el espíritu para entrar al Reino, él está llevando a Nicodemo de regreso a Ezequiel 36 y diciéndole “tú sabes lo que el profeta dijo, necesitas una limpieza soberana que viene de Dios afuera de ti y la implantación de Su Espíritu Santo en tu corazón para darte una nueva vida y un nuevo corazón y una nueva motivación.” ¿Por qué? Versículo 6, “si tratas de hacerlo por ti mismo, aquello que es nacido de la carne es ¿qué? Lo único que vas a hacer es reproducirte a ti mismo. Más de ti. Pero aquello que es nacido del Espíritu es ¿qué? El Espíritu. Entonces, no te sorprendas de que te he dicho os es necesario nacer de nuevo. No te sorprenda.

Después, Él dice: “el viento sopla de donde quiere y oyes su sonido y no sabes de dónde viene y a dónde va.” Así es todo aquel que es nacido del Espíritu. ¿Sabe usted qué es lo que está diciendo aquí? Él está diciendo “no puedo decirte cómo o cuándo el Espíritu Santo hace esto, pero este es un acto soberano del Espíritu Santo. No puede ser rastreado. Ni siquiera puedes verlo venir o yéndose, pero el Espíritu de Dios se mueve en donde Él quiere y da nuevo nacimiento a quien Él quiere como el Dios soberano mediante la agencia del Espíritu, mediante el lavamiento del agua de la palabra en la regeneración, limpia el corazón, implanta al Espíritu dentro de un hombre. Lo que necesitas, Nicodemo es una nueva vida y ese es un acto soberano de Dios.”

Simplemente, lo que Jeremías 24 dijo en el versículo 7 en donde Dios dijo: “Yo les daré un corazón para conocerme.” Una nueva naturaleza, un nuevo corazón, una nueva vida. Si alguno está en Cristo, 2 Corintios 5:17, “nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Entonces, lo que estoy diciendo aquí es que un nuevo nacimiento es esencial. Eso es lo que es la salvación. Es Dios descendiendo soberanamente a un pecador y por Su gracia, limpiando a ese pecador, implantando Su Espíritu en ese pecador de tal manera que la limpieza de ese pecador se encarga de su relación con Dios y la implantación del Espíritu se encarga de su poder para vivir en la voluntad de Dios. Y ése es el propósito de la regeneración.

Ahora, quiero hacer cuatro preguntas en nuestro versículo. Santiago 1:18. Regresemos. Esa fue introducción. Santiago 1:18, quiero hacerle cuatro preguntas de la regeneración. Preguntas muy simples y no nos va a tomar más que un tiempo breve responder las cuatro. En primer lugar, ¿qué es? Acabas de decir que el hombre no puede conocer a Dios sin santidad. El hombre no es santo. El hombre no reconoce su impiedad y cuando la reconoce, tiende a culpar a Dios. ¿Cómo es que él va a llegar a salir del dilema? Él está aquí culpando a Dios por ello o no reconociéndolo. ¿Cómo es que él va a cambiar? Bueno, dice usted, alguien le trae a él estándares más elevados, alguna ética más elevada, una ley que supuestamente debe guardar y lo hace por sí mismo. No. Aquello que la carne produce es más carne.

Entonces, lo que tiene que suceder, es que él necesita la intervención divina de un Dios soberano, quien por Su Espíritu entra, lava su pecado, implanta una nueva vida en él. Le da a Su Espíritu para activar esta nueva vida a la obediencia. Ese es un acto soberano. Esa es realmente la regeneración.

Pero entremos a este versículo y veamos las cuatro preguntas. Pregunta número uno: ¿qué es? ¿Cuál es la naturaleza de la regeneración? Y ya hice referencia a esto, de hecho, ya cubrimos una gran porción. Pero esto es simplemente una frase, “Él de Su voluntad nos hizo nacer”. Esa es la naturaleza de la regeneración. Es Dios dándonos a luz, dando nacimiento a nosotros como seres nuevos. Usted no es lo mismo. Usted es una creación totalmente nueva. Es el mismo verbo, por cierto, actualmente el mismo que se usa en el versículo 15. Dios, cuando Él concibe, produce la regeneración, produce la vida nueva. Es el mismo verbo. Está en el tiempo aoristo entonces, mira hacia atrás, hacia el momento de la salvación cuando nacimos mediante un Padre divino y se nos dio vida nueva como hijos de Dios.

Ahora, si usted quiere una definición técnica para “nos hizo nacer”, aquí hay una que creo que es excelente. Es dada por el teólogo Berkhoff hace muchos años atrás. Pero realmente lo dice: “la regeneración es ese acto de Dios mediante el cual el principio de la vida nueva es implantado en el hombre y la disposición gobernante de su alma es hecha santa.” Esa es una gran definición. “La regeneración es ese acto de Dios mediante el cual el principio de vida nueva es implantado en el hombre y la disposición gobernante de su alma es hecha santa.”

Esta es una transformación total. Eso no se oye para nada como Romanos 3, ¿verdad? O para nada como Efesios 2:1 al 3. De hecho, Pedro dice que nos volvemos participantes de la naturaleza divina. Dios nos da Su propia vida, Su propia virtud justa, Su propia santidad es implantada en nosotros. Simplemente, es un pensamiento tremendo: como cristiano, usted y yo poseemos la naturaleza misma de Dios, 2 Pedro 1:4. Somos participantes de esta naturaleza divina.

Ahora, en su plenitud, todavía estamos por recibir todo lo que eso implica. Pero ya ese principio de vida nueva es implantado en nosotros. Esto es completado en un momento del tiempo. No es un proceso. Es un acontecimiento. Es un acto mediante el cual Dios lo hace a usted nuevo. Es una obra secreta. No puede ser percibida. Esa es la razón por la que no podemos, en las palabras de Jesús, identificar al trigo de la cizaña. Porque este acto en particular es imperceptible. Es conocido únicamente mediante su efecto. Nosotros no podemos ver a Dios recreando a alguien. Ese es un milagro divino, invisible al ojo humano.

Pero implanta en la persona un nuevo principio de vida y una nueva disposición que es capacitado y es motivado y llevado a guardar la ley de Dios. Maravilloso. Supera la mortandad del pecado. Y la naturaleza mortal del pecado. Ya no estamos sujetos al pecado, dice Pablo en Romanos capítulo 6, el pecado ya no tiene dominio sobre nosotros. Ahora nosotros seguimos a un nuevo Amo de manera dispuesta y con anhelo.

Jesús dijo en Juan 10, “Yo he venido para que tengan” ¿Qué? “vida.” ¿Qué es lo que los hombres muertos más necesitan? Vida. Y entonces, Él viene para darnos vida nueva. Entonces, ¿qué es la regeneración? ¿Qué es? Nos hizo nacer. ¿Qué es lo que eso significa? Él nos dio vida nueva. Transformación total de la persona interna.

Segunda pregunta: ¿Quién lo hace? Bueno, eso ya se lo dije a partir de Juan capítulo 3. ¿Quién lo hace? Regrese una vez más al capítulo 18. Él de Su voluntad nos hizo nacer. Él, siendo Dios Padre, mencionado en el versículo 17 como la fuente de toda buena dádiva y todo don perfecto, Él de Su voluntad, está al principio en el griego en el versículo, lo cual lo coloca en la posición enfática mostrando que la voluntad soberana de Dios es la raíz de esta nueva vida. No podía ser de otra manera, porque ¿cómo es que una persona muerta se va a dar vida a sí misma? Es imposible. La fuente de vida nueva es Dios. Dios. Es la gracia del Dador, no es el deseo del receptor. Ese deseo del receptor es motivado por la gracia del Dador. Entonces, de manera total, es la decisión y la obra del Dios todopoderoso. Si yo soy salvo y usted es salvo, ¿quién recibe todo el crédito? Dios. Lo alabamos.

Regrese a Juan 1:12. Y quiero agregar un poco más a este pensamiento. Usted dice, “pero espera un momento, ¿acaso yo no recibí a Cristo?, ¿acaso yo no creí?” Claro, creyó. Usted creyó y lo recibió. Observe el versículo 12 de Juan 1. “Más a todos los que Le recibieron les dio potestad o la autoridad de ser hijos de Dios. A los que creen en Su nombre.” Usted dice: “eso es correcto. Yo creí y yo recibí. ¿Acaso yo no hice eso? ¿Acaso yo no inicie eso?” Observe el versículo 13: “los cuales son engendrados,” o nacidos no de sangre, no hablando de un nacimiento humano ni de la voluntad del hombre, sino de ¿quién?, “sino de Dios.” Usted creyó y usted recibió porque fue la voluntad de ¿quién? De Dios. Es algo soberano. Si usted creyó, si usted recibió, detrás de todo esto, estuvo la voluntad soberana determinante de gracia de Dios.

Ningún hijo jamás ha nacido en el mundo humanamente hablando, porque él o ella quiso nacer. ¿Es correcto? El nacimiento de un hijo estrictamente es la decisión de los padres. No de los hijos que no han nacido. El nacimiento espiritual es análogo a eso. Es la decisión del Padre Divino soberano. “Ninguno puede venir a mí,” dijo Jesús, “a menos de que el Padre” ¿qué? “Lo traiga.” A menos de que el Padre lo traiga. Inclusive la fe misma que ejercemos es concedida por gracia por parte de Dios.

Entonces, nuestra experiencia consciente de la conversión, nuestra experiencia consciente de entregar nuestra vida a Jesucristo, de creer en Su muerte y resurrección, de abrirle nuestros corazones para recibirle, de creer el Evangelio, todo eso es una consecuencia de Su voluntad soberana.

Amados, cuando se detienen a pensar en que fueron salvos porque Él predeterminó en la eternidad pasada el salvarlo, eso es algo maravilloso. Dios, en Su gracia y amor, predeterminó tener una relación de amor eternamente íntima con usted. Simplemente, porque eso es lo que Él quiso. ¡Maravilloso! Juan lo expresó de esta manera: “nosotros le amamos a Él porque Él” ¿qué? “Nos amó primero.” Un hijo ama a un padre humano como una respuesta al amor y cuidado paternal o maternal y la vida que le dieron a ese hijo. Y debido a que Dios ha determinado salvarnos, debido a que Dios decidió darnos vida nueva y una naturaleza santa, es absolutamente imposible, dice Santiago, que Él pudiera llegar a meternos o llevarnos a pecar. ¿Se da usted cuenta de lo incongruente que es esto? ¡Qué pensamiento tan emocionante! Él los predestinó para amarnos. Para darnos vida nueva, para que tuviéramos comunión eterna con Él. Y Él anhela que nosotros estemos en Su presencia. Y cuando vamos a Su presencia, Él nos va a ver como Su propio Hijo y Él va a derramar bendición eterna sobre nosotros, Sus hijos, por los siglos de los siglos de los siglos.

No es sorprendente que Juan dice en 1 Juan 3 “mirad el amor que el Padre nos dio para que fuésemos llamados hijos de Dios.” Él ni siquiera puede pensar en un adjetivo. Es absolutamente indescriptible. Él simplemente dice: mirad cuál amor nos ha dado el Padre. Él ni siquiera podía pensar en un adjetivo para describir este tipo de decisión soberana libre, predeterminada de amar.

Ahora, regresando a Santiago 1:18, simplemente un pensamiento más acerca de este punto en particular. Cuando él dice “de Su voluntad,” usa la palabra boulētheis,aoristo participio. No es sólo un deseo, sino que es una voluntad activa de lograr algo. No es que Dios sólo lo está deseando. Él desea que seamos salvos. Es que Él lo quiere al punto de que, de hecho, sucede.

¿Me permite decirle algo que es muy profundo en términos teológicos? Esto es lo que diríamos que es la voluntad productiva de Dios. Esto es: cuando Él lo determina, sucede. No es un deseo. Usted puede desear algo, “¡oh… me gustaría!, ¡Cómo me gustaría que esto pasara!” Y quizás, realmente no sucede. Está muy distante de lo que sucederá. O podría decir quiero que esto pase porque está dentro de su poder, que esto pase. Esta es la intención de la palabra aquí. El deseo de Dios produce el fin de ese deseo.

Entonces, ¿qué es la regeneración? Es Dios recreándonos. ¿Y quién lo hace? Dios lo hace mediante Su poder soberano y nosotros respondemos a Su gracia.

Tercera pregunta, muy bien, hemos preguntado qué y quién. Aquí está la tercera: ¿Cómo sucede? ¿Cómo sucede? Usted dice’ bueno, Dios simplemente desciende y ¡bam!, usted simplemente es salvo.’ ¿Qué sucede? ¿Cómo sucede? Bueno, veamos nuevamente el versículo. Versículo 18: “Él, de Su voluntad, nos hizo nacer,” aquí viene, “por la palabra de verdad.” O con la palabra de verdad. O, literalmente, por la palabra de verdad. Eso significa la Palabra de Dios, las Escrituras. Como puede ver, Dios nos regenera y nos lava y nos limpia y nos da una nueva persona interna e implanta un espíritu en nosotros mediante el poder de Su ¿qué? De Su palabra. De Su palabra. Los hombres nacen de nuevo mediante el poder de la Palabra. Si usted no oye la Palabra, usted no oye el mensaje que salva.

En 1 Tesalonicenses 2:13 Pablo está felicitando a los Tesalonicenses por cómo respondieron a la predicación de la Palabra de Dios. Él dice: “por esto damos gracias a Dios sin cesar, porque cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra de Dios,” escuche esto, “la cual actúa en vosotros los creyentes.” Es la palabra que opera con un corazón creyente. Dios, soberanamente se mueve para redimir. Una persona responde al estar expuesta a la Palabra con fe y la salvación se lleva a cabo.

La voluntad de Dios entonces, de la salvación, es traída al corazón de una persona mediante un entendimiento de la Palabra mezclada con fe y la regeneración se lleva a cabo. ¿Cómo sucede eso? Sucede mediante la Palabra de Dios. Y de nuevo, le recuerdo Tito 3:5, “no por obras de justicia que hayamos hecho,” no recibimos la salvación y una nueva vida al hacer cosas, al tratar de obedecer a Dios en la carne, sino según Su misericordia, Él nos salvó, escuche esto, por el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo. Ahí están las mismas dos cosas, el lavamiento del agua de la Palabra y la implantación del Espíritu Santo. Esa es la obra soberana de Dios. Entonces, la Palabra de Dios es el punto.

Ahora, permítame tomar esa frase en mayor profundidad. La Palabra de verdad; la Palabra de verdad. Esa designación en particular es utilizada varias veces en el Nuevo Testamento. En 2 Corintios 6:7, usted no necesita buscar esto, simplemente se las voy a mencionar. Dice: “por la Palabra de verdad, por el poder de Dios, y sigue. En Colosenses 1:5 él dice: “del cual oísteis antes,” escuche esto, “la Palabra de la verdad del Evangelio.” La palabra de la verdad del Evangelio. Y ahí la palabra de la verdad está específicamente ligada al Evangelio.

Por cierto, 2 Timoteo 2:15 también menciona la Palabra de verdad, “que usa bien la Palabra de verdad”. Entonces, la Palabra de verdad en general es la Palabra de Dios. Es aquello que Dios nos trae para presentar, explicar, para darnos un entendimiento de Su revelación de sí mismo. De manera específica, en base a Colosenses 1:5, podríamos llamar a la Palabra de la verdad del Evangelio.

Ahora, con eso en mente regresamos a Santiago y podemos simplemente decir que no estaría fuera de lugar decir que nacemos de nuevo con la palabra de Verdad, no sólo la revelación general de Dios sino como Colosenses 1:5 dice, su revelación específica del Evangelio.

Y usted pregunta qué es el Evangelio. Las buenas noticias de que Jesús vino, murió y resucitó, de tal manera que la gente es salvada cuando Dios, soberanamente, determinar darles nuevo nacimiento, darles una naturaleza nueva para lavar su pecado e implantar su Espíritu en ellos. Él extrae un entendimiento de eso mediante el conocimiento que viene en el Evangelio que es predicado, que les es dado. Eso mezclado con fe resulta en el nuevo nacimiento.

En Romanos 10:17, simplemente estoy tomando algunas Escrituras relacionadas que vienen a la mente que creo que se relacionan con esto conforme en cierta manera estamos terminando, pero en Romanos 10:17, recuerde esto, ¿cómo pues invocarán a Aquel en quien no han creído y cómo creerán en Él de quien no han oído? y ¿cómo oirán sin un predicador? y después, él dice ¿y cómo predicarán, a menos de que sean enviados? Y demás. Está hablando acerca de cómo necesitamos tener predicadores. ¿Cómo van a oír si no tienen un predicador? ¿Cómo vamos a enviar a alguien si no hay alguien a quien enviar? La gente debe tener un predicador. “Cuán hermosos,” citando de Isaías, “son los pies de los que predican el Evangelio.”

¿Qué tan importante es predicar? ¿Por qué? Porque en el versículo 17, la fe viene por el oír un discurso acerca de Cristo. Esa es la expresión griega correcta del 10:17. La fe viene por el oír el Evangelio de Jesucristo, Romanos 10:17. Entonces, Dios soberanamente salva al moverse en una vida y recrear esa vida, pero eso se lleva a cabo cuando una persona oye y entiende el Evangelio y está mezclado con fe. Y eso produce el nuevo nacimiento. ¿Qué es? Es transformación total. ¿Quién lo hace? Dios lo hace mediante Su propia voluntad soberana. ¿Cómo sucede? Al oír y creer en el Evangelio de Jesucristo, que Él murió en la cruz y resucitó, eso viene mediante la Palabra de Dios revelada.

Otra Escritura acerca de esto es 1 Pedro 1. “Siendo nacidos de nuevo” dice, y aquí está la definición del medio. “Siendo renacidos no de simiente corruptible,” él no está hablando acerca del nacimiento humano sino de incorruptible, y aquí viene, “por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” Por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por la carne, usted no puede tener un nuevo nacimiento en la carne. Es simplemente como la hierba; y la gloria del hombre es como la flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae. La carne no puede producir nada que dure. Pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Ahora escuche esto, “y esta es la palabra que por el Evangelio os ha sido predicada.” Y de nuevo, él dice: “ustedes nacen de nuevo mediante la Palabra, y la palabra mediante la cual ustedes nacen de nuevo es por el Evangelio y el Evangelio es la historia de la muerte y la resurrección de Jesús.”

Entonces, Dios escoge soberanamente redimir, desciende, limpia el corazón, implanta SU Espíritu; pero para hacer eso, el corazón debe comprender el Evangelio conforme es predicado claramente y esa comprensión mezclada con fe trae vida nueva, vida nueva. Ahora, si algo va a cambiar en nosotros, Dios lo debe hacer. Pero también debemos nosotros responder al Evangelio.

Ahora, eso nos deja con una pregunta. Una pregunta. ¿Por qué se hace? ¿Por qué? ¿Por qué se molesta Dios en hacer esto? Sabemos quién, sabemos cómo, pero ¿por qué? ¿Cuál es el propósito de hacernos nuevos? Al final del versículo 18, esto es maravilloso. “Para que seamos primicias de Sus criaturas.” ¡Hombre, qué afirmación! Realmente, podríamos ver esta en profundidad. Las ramificaciones de esto simplemente son tremendas.

Para que seamos. Esta es una cláusula de propósito, con el propósito de producir un nuevo tipo de creación. Eso es lo que Dios quiere. Dios quiere un nuevo tipo de creación. Y nosotros somos las primicias de eso. Eso es maravilloso. ¿Qué son primicias? Bueno, si tuviéramos el tiempo y no vamos a tomar el tiempo, podríamos estudiar el Antiguo Testamento y podríamos ver Éxodo 23:19, Levítico, capítulo 23, Deuteronomio, capítulo de 18, Deuteronomio, capítulo 26, eso habla de primicias. Cuando usted plantaba una cosecha, Dios dijo: “quiero sus primicias.” Las primicias significaban dos cosas: quiero lo primero en orden y quiero lo mejor.

Cuando levanten esa cosecha, tráiganme una ofrenda y quiero lo primero que cosechen y eso va a mostrar que ustedes viven por fe, porque si ustedes toman lo primero, la tendencia para un granjero es tomar lo primero que él cosechó y él lo almacena en caso de que nada más salga. Entonces, “me traen lo primero y me traen lo mejor”. Esas son las primicias. Lo primero de una cosecha completa que viene después, y eso es exactamente lo que significa aquí.

Él dice, “quiero que ustedes,” y esto es emocionante, “sean lo primero y lo mejor indicando de una cosecha entera que está por venir más adelante.” Eso es maravilloso. Ahora, escúcheme con atención, ¿se da cuenta usted de que la gente del mundo no continuará como lo son ahora? ¿Sabe eso? ¿Sabe usted que nos dirigimos a una transformación total del mundo como lo conocemos? ¿Sabe usted que esta operación entera sobre la tierra se va a quemar y la Biblia nos dice que el Señor va a recrear esta tierra como Él quiere? Él, a Su semejanza, va a hacer una creación nueva, todo va a nacer de nuevo, todo. Los hombres y las mujeres y el polvo y los montes y los valles y el agua y el pasto y las plantas y los animales y todo. De hecho, va a hacer un nuevo cielo y una nueva tierra. Está por venir una creación nueva y nosotros, simplemente somos la primera evidencia de esto.

Como Pablo dice en Romanos 8, el mundo aún ni siquiera sabe lo que vamos a ser, porque todavía estamos velados en nuestra carne y esperando la manifestación de los hijos de Dios cuando sea claro para todo el mundo lo que realmente somos. Eso es algo emocionante, saber que soy eso en ese aspecto. Yo soy una muestra como un cristiano y usted también de lo que está por venir. Simplemente, somos la primera probada de la nueva creación. Es increíble. Somos de Él. Y Él nos recrea como símbolos, como ejemplos, como ilustraciones de Su creación nueva que está por venir.

¿Quiere saber cómo va a ser el futuro? Le voy a decir cómo va a ser. Va a ser como nosotros, totalmente nuevos por dentro. Va a ser como nosotros después de que también recibamos lo nuevo por fuera. Pero simplemente, somos las primicias. ¿Qué es eso? Las primicias es la promesa de la cosecha completa. La promesa de la cosecha completa. Y nosotros somos las primicias. ¡Qué pensamiento! Dios dice: “quiero tomarlos para que sean mi posesión especial. Quiero tomarlos para que me pertenezcan a Mí. Para que sean símbolos de la creación nueva, completa que está por venir.”

¿Se da cuenta de que aquí estamos en esta pequeña Grace Community Church, en este pequeño puñado de paredes en esta noche y el mundo no tiene idea de lo que somos, pero simplemente somos primicias de una creación nueva increíble, cuando Dios vaya a recrear el cielo en su totalidad y la tierra en su totalidad? Simplemente, somos las primicias.

La creación, dice en Romanos 8, está gimiendo esperando su recreación. Y también nosotros estamos gimiendo por esa recreación. No de nuestra alma, eso ya pasó, sino de nuestros ¿qué? De nuestros cuerpos en donde cuelga la carne. Esta vida nueva que tenemos en Cristo es una prueba de la gloria futura, cuando el universo entero será recreado.

Entonces, ¡qué privilegio tan maravilloso disfrutamos! ¿Qué es la regeneración? Es recreación. Haciéndonos totalmente nuevos en el interior. ¿Quién lo hace? Dios lo hace soberanamente. ¿Cuándo sucede o cómo sucede? Sucede cuando oímos con corazones que creen la Palabra del Evangelio y, Dios mezcla su fe con Su poder soberano y nos transforma. ¿Y por qué lo hace? Porque debemos sobresalir en el mundo como ejemplos vivos de la dirección a la que este mundo se dirige cuando Él lo vuelva a crear.

Ahora, colocando esto de regreso en el contexto de Santiago, intente decirme ahora que Dios quiere que pequemos y le voy a decir a usted que le falta un tornillo. No hay manera alguna en la que Dios quiera que usted peque. No hay manera en la que Él esté contento con su pecado. Él lo creó a usted para ser un modelo de una sociedad sin pecado. Eso es lo que Él quiere. Entonces, cuando usted peque, no lo culpe a Él. Culpe a quien debe culpar, a su carne. Y anhele el día cuando su carne sea redimida. Eso es lo que significa nacer de nuevo. Y tenemos mucho por qué alabar a Dios. Inclinémonos en oración.

Padre nuestro, titulamos al mensaje de esta noche: Nacidos para ser Santos. Y, de hecho, estamos comprometidos con eso. Hemos sido hechos nuevos, para que nosotros, que éramos impíos, seamos santos. ¡Qué verdad tan tremenda es esa! Padre Te damos tantas gracias por hacernos los símbolos de Tu creación nueva. Y Padre, oramos porque brillemos como luces en el mundo. Como aquellos que han sido redimidos, que estemos tan agradecidos que vivamos de tal manera como para representar de manera apropiada esa creación nueva entera de la cual no somos más que las primicias.

Perdónanos por esos momentos cuando te hemos culpado por nuestro pecado. Y ayúdanos a reconocer que es Tu deseo recrearnos para la santidad. Y ayúdanos a buscar eso con todas nuestras fuerzas y en el poder del Espíritu. Y Padre, si hay alguno en nuestra comunión en esta noche que no ha venido a Cristo, que no ha nacido de nuevo, que aún no ha recibido el principio de vida, que no ha sido cambiado en el interior, que no ha sido lavado de todo su pecado y que no ha recibido un nuevo espíritu y una nueva persona interior, un nuevo principio de vida, quien no ha recibido al Espíritu Santo para que viva en ellos, que no son Tus amados especiales y Tu posesión íntima, Tus primicias y una promesa de un nuevo universo entero. Oh Señor, que ésta sea la noche cuando abrazan a Jesucristo. Que crean en el que murió en la cruz por ellos, derramó Su sangre para pagar el castigo de su pecado. Resucitó en el tercer día para su salvación. Que crean en el Jesucristo viviente y que experimenten esa gloriosa misericordia soberana y la gracia y el gozo de ser las primicias, de ser ejemplos vivientes de la regeneración venidera. Oh Dios, ayúdanos a nosotros que Te conocemos a vivir al nivel de quienes somos. Y que representemos de manera apropiada en este mundo lo que está por venir en el futuro. Oramos en el nombre de Cristo. Amén.

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6/17 – Siete vacas flacas

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

6/17 – Siete vacas flacas

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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