¿Tiene usted paz? (1)

Miércoles 24 Agosto
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:1
¿Tiene usted paz? (1)
“Mis padres me criaron en la fe judía. Mi madre me hablaba del Mesías que un día libraría a todos los hombres de las aflicciones que los abruman. Pero el genocidio nazi había destruido en mí esa semilla de esperanza. Después de mis estudios, la música llegó a ser mi religión; me convertí en cantante, autor-compositor y comediante profesional. Pronto aparecí en la sala de música del Olimpia, Francia, en la cartelera de los cantantes más famosos… Pero este triunfo no me dio la paz interior.

 – ¿Tiene usted la paz?, preguntaba a veces a los artistas famosos que me rodeaban. Recuerdo la respuesta del cantante Jacques Brel: -Con el dinero uno puede pagar casi todo lo que quiere, tú lo sabes; pero esa paz de la cual hablas no tiene precio, no la puedes comprar ni con todo el oro del mundo.

Decidido a saber más sobre este tema, hablé con mi padre, quien había estudiado numerosas religiones. Le conté sobre mi búsqueda espiritual y me escuchó con atención. Me dijo que entre sus cosas tenía un Nuevo Testamento que un misionero judío le había dado. Me sorprendió que un judío hubiera podido ser el promotor de ese libro normalmente rechazado por mi pueblo. Mi padre agregó que para mí tal vez sería una lectura provechosa. Mejor ir directamente a la fuente, pensaba él. Era un hombre liberal a su manera, abierto al diálogo, aunque apegado a las tradiciones judías. Seguí, pues, su consejo”.

(mañana continuará)
Jeremías 27 – 1 Corintios 2 – Salmo 99:1-5 – Proverbios 22:1-2

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Cuéntele todo a Jesús

Martes 23 Agosto
(Jesús dijo al padre de un niño que tenía un espíritu mudo:) Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
Marcos 9:23-24
Con mi voz clamé al Señor, y él me respondió desde su monte santo.
Salmo 3:4
Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará.
Salmo 77:1
Cuéntele todo a Jesús
“Recuerdo a una joven que se opuso firmemente a mí diciéndome que ella no quería ser salva. Era joven y quería gozar la vida. No pensaba renunciar a sus placeres para volverse seria y juiciosa, porque, según ella, perdería su alegría. No tenía ninguna intención de abandonar sus pecados, ningún deseo de ser salva. Sin embargo, conocía el Evangelio, porque había sido criada en una escuela de misioneros. Durante largo rato dio libre curso a su amargura; luego le dije:

 – ¿Podemos orar?

 – ¿Por qué oraría yo? Respondió con desprecio.

 – No puedo orar en su lugar, pero oraré primero, y luego usted podrá repetir al Señor todo lo que acaba de decirme.

 – No soy capaz, dijo un poco desconcertada.

 – Sí, sí puede, le respondí. ¿No sabe usted que él es Amigo de los pecadores? (Mateo 11:19).

Esto la tocó. Hizo una oración imprecisa, pero a partir de ese momento el Señor trabajó en su corazón; al cabo de algunos días ella sabía que era salva”.

Di todo a Jesús, di todo a Jesús,
No puedes llevar solo tus cargas;
Di todo a Jesús, di todo a Jesús,
Él da el verdadero reposo.
Jeremías 26 – 1 Corintios 1 – Salmo 98:4-9 – Proverbios 21:31

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Tiempo para reflexionar

Lunes 22 Agosto

Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar al Señor vuestro Dios.

1 Crónicas 22:19

Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Hebreos 11:6

Tiempo para reflexionar

Se le cayeron sus llaves, y cuando se agachó para recogerlas, se dio cuenta de que su mano no le respondía. Muy preocupado, fue directamente a consultar al médico. Súbitamente se halló en una cama de hospital, su cuerpo sometido a los exámenes más exhaustivos, su alma a la deriva, su existencia de hombre activo trastornada. Durante sus largas noches de insomnio, la incertidumbre y el miedo lo asaltaban: ¿Cómo voy a hacer con mi trabajo? ¿Será grave? ¿Voy a sanar?

Quizá, como este hombre, usted está enfermo y preocupado por el futuro. ¿Permitiría Dios esta pausa imprevista a fin de darle tiempo para reflexionar, para hacer un balance?

En este periodo difícil, Dios quiere tomar o retomar contacto con usted, y espera una señal de su parte. Cuéntele sus preocupaciones y sus angustias, él desea su bien. Es tiempo de hacerse verdaderas preguntas: ¿Cuál es el objetivo real de su vida? ¿Debe darle una nueva orientación? También es el momento de consultar el Libro de los libros, la Biblia, para saber lo que Dios quiere decirle. Él lo ama, dio a su Hijo para salvarlo del juicio eterno que usted merecía. Jesucristo fue condenado en su lugar. Acéptelo como su Salvador y Señor.

Y a usted que lo ha olvidado durante algún tiempo, él le dice: “No haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo” (Jeremías 3:12).

“Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22).

Jeremías 25 – Lucas 24:36-53 – Salmo 98:1-3 – Proverbios 21:29-30

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Orando en todo tiempo

Domingo 21 Agosto
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.
Efesios 6:18
Las palabras nunca salían de mi boca
“Invité a Malaï, una joven madre tailandesa, a una reunión de oración de madres. Después de presentarla a otras cristianas, ella dijo:

 Saben, yo nunca he orado.

 – No hay ningún problema. Usted puede sentarse simplemente y escuchar, pero si quiere orar con nosotras, es fácil. Orar es hablar con Dios utilizando palabras y frases sencillas.

Malaï empezó a orar durante el tiempo de adoración, de acción de gracias y de intercesión. Cuando la reunión terminó, le pregunté sonriendo:

 – ¿Dijiste que no sabías orar?

 – Cuando yo era budista, me respondió ella, quería orar y decir algo a Buda, pero las palabras nunca salían de mi boca. Solo hace cuatro días que soy cristiana, y durante la hora que acabamos de pasar juntas, las palabras de alabanza, de agradecimiento y de intercesión me vinieron naturalmente. Nunca antes había vivido algo semejante”.

Orar a Dios es hablarle como a un amigo que está sentado a nuestro lado. Cuando uno ora, la belleza del lenguaje no cuenta, sino dejar que el corazón se exprese libremente. Orar es dirigirse en palabras o pensamientos a Dios. Quizá sea también clamar, llorar… Es hablarle de nuestros problemas cotidianos, pero igualmente de nuestras alegrías. Es decirle ¡gracias!

La oración es la respiración anhelante del nuevo hombre, producida por la obra del Espíritu Santo, quien mora en todos los verdaderos creyentes. De ahí que hallar a alguien orando es verlo manifestando la vida divina en una de sus características más hermosas y conmovedoras: la dependencia.

(según F. Nichols)
Jeremías 24 – Lucas 24:1-35 – Salmo 97:8-12 – Proverbios 21:27-28

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Primer vuelo

Sábado 20 Agosto
El águila… excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.
Deuteronomio 32:11
El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos.
Deuteronomio 33:27
Vosotros visteis… cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.
Éxodo 19:4
Primer vuelo
Encaramado en un acantilado a más de 1800 metros de altura, en la soledad de los Alpes austriacos, percibí un nido: allí anida un par de águilas. Son el orgullo y la distracción de un pueblo cercano de la montaña. Observé a través de los binoculares la maniobra de estas grandes aves de rapiña.

Esa mañana parecía reinar una gran agitación en el nido donde pude distinguir claramente dos jóvenes aguiluchos. Sus padres los empujaron lentamente fuera del nido, y ellos terminaron por caer como piedras, agitando sus pequeñas alas de forma desordenada e ineficaz. Luego los aleteos fueron más regulares y amplios… las crías ya no se caían, ¡volaban! Fue entonces cuando los dos adultos surgieron como relámpagos e interrumpieron esta primera lección ubicándose cada uno bajo un aguilucho para llevarlos al nido sobre su espalda.

Entonces pensé en la manera como, algunas veces, Dios enseña a sus hijos a utilizar las “alas” de la fe. En una situación difícil, si pierden el equilibrio, aprenden a contar con las promesas divinas. Rápidamente descubren que Dios está ahí, por debajo de ellos, desplegando su protección como las alas del águila.

Sí, para el creyente es una experiencia irremplazable contar solo con el Dios invisible. Su objetivo, sacándonos de nuestro acogedor nido, es fortalecer nuestra confianza en su fidelidad y en su amor.

Jeremías 23:21-40 – Lucas 23:26-56 – Salmo 97:1-7 – Proverbios 21:25-26

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Las compasiones de Jesús

Viernes 19 Agosto
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
2 Corintios 1:3-4
Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana.
Lamentaciones 3:22-23
Las compasiones de Jesús
Frederick Booth-Tucker (1853-1929) fue un activo evangelista, primero en India, luego en América, y por último en Gran Bretaña. Su primera esposa murió debido a una epidemia de cólera. Él se volvió a casar y tuvo nueve hijos, de los cuales tres murieron en la infancia. Una noche en la que había predicado sobre la compasión de Jesús, un oyente se adelantó y le dijo: “¡Si su esposa estuviera muerta, como la mía, y sus hijos lloraran por su madre, usted no podría hablar de un Dios de amor, comprensivo y compasivo!”.

Algunos días más tarde, la segunda esposa del predicador perdió la vida en un accidente ferroviario, dejándolo solo con sus seis hijos. Al final del servicio fúnebre, de pie frente al ataúd, Frederick se volvió hacia los asistentes y dijo: “El otro día alguien me dijo que si mi esposa estuviera muerta, yo no podría proclamar que Jesucristo es compasivo. Si este hombre está aquí, quiero decirle que Cristo responde en este mismo momento a cada una de mis necesidades. Mi dolor es inmenso, pero hoy Cristo es mi consuelo”. Justamente el hombre en cuestión estaba presente, y se arrodilló cerca del féretro, permitiendo a Booth-Tucker decirle quién es Jesús para el que cree.

Verdaderamente Jesús puede comprender nuestras penas. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Jeremías 23:1-20 – Lucas 23:1-25 – Salmo 96:7-13 – Proverbios 21:23-24

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¿Ha recibido usted una multa de tránsito?

Jueves 18 Agosto
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Romanos 3:23-24
¿Ha recibido usted una multa de tránsito?
Yo sí. Sobrepasé el límite de velocidad de 9 km/h. Mientras el oficial hacía el informe, pensé que sería mejor que él fuera tras los malos conductores o los delincuentes. Pero el hecho era que yo había violado la ley, y debía guardar silencio.

A veces vemos el pecado de la misma manera: lo clasificamos por categorías. “Hay grandes pecadores que violan abiertamente la ley de Dios, y hay otros como yo. Por cierto, yo cometo errores de vez en cuando, pero no soy como ellos…”. Sin embargo, ¿qué piensa Dios? Él aborrece el mal. Y nosotros, cada uno sin excepción, hemos transgredido su voluntad. El versículo del día es claro: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

¿Qué podemos hacer? Simplemente creer en Jesucristo, quien pagó en nuestro lugar por nuestros pecados (Isaías 53:5). Él prometió que, si le confiamos todo nuestro ser, nos perdonará y nos dará una nueva vida.

¿Cómo puede ser esto? Abandonando la idea de hacer cualquier cosa para merecer su gracia, nos arrodillamos a los pies de Jesús con una actitud arrepentida. Confesamos que somos pecadores y que hemos cometido innumerables pecados. Dejemos de lado nuestro egoísmo, nuestro orgullo, para decirle: “Señor Jesús, perdóname. Haz de mí una nueva persona. Hazme pasar de la muerte a la vida eterna”. Y Jesús lo hace.

“Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5).

Jeremías 22 – Lucas 22:47-71 – Salmo 96:1-6 – Proverbios 21:21-22

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Vivir tranquilamente en un mundo donde todo va mal

Miércoles 17 Agosto
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.
Isaías 26:3
(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Juan 14:27
Vivir tranquilamente en un mundo donde todo va mal
Nuestro futuro es cada vez más incierto: el planeta está en peligro, nuestras condiciones de vida se degradan, el desempleo aumenta, la corrupción y la violencia son evidentes cada día. ¿Cómo disfrutar la vida en un contexto que produce tanta ansiedad?

¿Debemos actuar como el avestruz y enterrar nuestras cabezas en la arena, es decir, no escuchar más las noticias y pensar solo en nosotros mismos? ¿Debemos aprovechar al máximo el momento presente diciendo: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”? (1 Corintios 15:32).

La Biblia nos propone otro camino: poner nuestra confianza en Dios. Él es un Dios de paz. Para recibir esta paz debemos reconciliarnos con Dios, porque por naturaleza somos sus enemigos, pecadores desobedientes. Jesucristo hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). La fe en él nos lleva a conocer la paz de la conciencia. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Entonces podemos contar con sus cuidados, con su amor y su poder. ¿Quién podría turbarnos si el gran Dios de los cielos, quien encerró el viento en sus puños (Proverbios 30:4), se ocupa de nosotros? El apóstol Pedro dormía plácidamente en la cárcel, incluso cuando el rey Herodes quería matarlo. Como Pedro, nosotros también podemos estar tranquilos, cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida, si ponemos nuestra confianza en Dios.

Jeremías 21 – Lucas 22:24-46 – Salmo 95:6-11 – Proverbios 21:19-20

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Terrible inconsciencia

Martes 16 Agosto
Dios… ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia.
Hechos 17:30-31
Prepárate para venir al encuentro de tu Dios.
Amós 4:12
Terrible inconsciencia
Conducíamos a alta velocidad. Delante de nosotros iba un auto que transportaba varias bicicletas mal amarradas sobre su techo. Nuestros hijos observaban la escena divertidos. De repente, una de las bicicletas se soltó, hizo una pirueta y cayó produciendo una ráfaga de chispas… Hubo un grito, un giro brusco e inesperado, pero pasamos sanos y salvos. Desafortunadamente, detrás de nosotros, un auto frenó estrepitosamente y se estrelló contra otro vehículo.

Nos detuvimos un momento y luego continuamos nuestro viaje. Los daños solo fueron materiales. En nuestro auto nadie hablaba. Los niños estaban asustados porque ahora comprendían el peligro de la carretera. Este peligro siempre había estado allí, no había aumentado, pero ellos habían tomado consciencia, y su actitud había cambiado.

A menudo sucede lo mismo en el aspecto espiritual. Muchos siguen tranquilamente su camino, no porque sea seguro, sino porque no tienen consciencia del peligro. ¿Qué peligro? Tener que enfrentar el juicio de Dios y su condenación. Esta es una realidad solemne. Debemos mirarla de frente… y experimentar un apropiado temor.

Pero hay otra cosa de la cual debemos ser conscientes: el amor de Dios por todos los hombres. Un amor profundo, inmenso, capaz de responder a toda la miseria humana. Un amor que promete el perdón a todo el que pone su confianza en Jesucristo y en su sacrificio en la cruz.

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7).

Jeremías 20 – Lucas 22:1-23 – Salmo 95:1-5 – Proverbios 21:17-18

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