La voz de la iglesia

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La voz de la iglesia

R.C. Sproul

Cuando Planned Parenthood adoptó una estrategia para ganar el debate sobre el aborto y establecer el derecho legal para que las mujeres puedan hacerse el aborto libre, se hicieron una pregunta estratégica: «¿De dónde vendrá nuestra oposición más fuerte?» La organización anticipó que la oposición vendría más ferozmente de la Iglesia Católica Romana. Así que, con el fin de contrarrestar el impacto de la comunidad católica, Planned Parenthood adoptó una táctica para alentar a las iglesias protestantes a apoyar el derecho de la mujer al aborto libre. Fomentó el uso de slogans como «El derecho de una mujer a elegir» y «El derecho de una mujer sobre su propio cuerpo». Otra parte de la estrategia fue cambiar el lema “pro aborto” por el de «pro elección». En otras palabras , el esfuerzo para legalizar el aborto libre fue envuelto en la bandera de la libertad personal.

La estrategia de Planned Parenthood fue eminentemente exitosa. En su mayor parte, las principales iglesias liberales respaldaron la cruzada feminista a favor de la «elección». Lo más penoso fue el silencio de las iglesias evangélicas, las iglesias comprometidas con la autoridad de la Biblia y la fe cristiana clásica. Le tomó muchos años a la iglesia evangélica llegar a un consenso sobre el mal del aborto, pero lo más trágico es que muchas de ellas todavía se niegan a hablar en contra de la destrucción de bebés hechos a la imagen de Dios.

Hace varios años, produje una serie de enseñanza, de la cual surgió mi libro sobre el aborto. Hicimos un esfuerzo para llevar estos materiales educativos a las iglesias evangélicas, a fin de ayudarlos a instruir a sus miembros sobre este asunto ético profundamente serio . Me entristeció recibir la misma respuesta una y otra vez. Innumerables pastores evangélicos me dijeron que no podían usar nuestros materiales en sus iglesias porque el tema del aborto es muy controversial. Decían que si se oponían al aborto libre dividirían sus iglesias. ¿Qué? ¿Dividir sus iglesias? ¿Qué mal podría ser mayor que dividir una iglesia? La respuesta es la siguiente: permanecer en silencio en cuanto al problema ético más serio al que se ha enfrentado Estados Unidos alguna vez.

Si la matanza de millones de bebés no nacidos se va a detener, la iglesia debe, una vez más, volver a ser la iglesia. Aquellos que se esconden detrás de la idea de que la iglesia nunca debería hablar sobre asuntos políticos han pasado por alto las versiones escriturales de lo que podríamos llamar crítica profética. Pudo haber sido políticamente incorrecto por parte de Natán confrontar a David por su adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías (2 Sam. 12:1-15a). Pudo haber sido políticamente incorrecto por parte de Elías confrontar a Acab por tomar posesión de la viña de Nabot en forma pecaminosa (1 Re. 21). Pudo haber sido políticamente incorrecto que Juan el Bautista desafiara el matrimonio ilícito de Herodes el Tetrarca (Mat. 14). En estos y otros ejemplos de la Sagrada Escritura, vemos representantes de la iglesia que no intentan convertirse en el Estado sino que hacen una crítica profética al Estado, a pesar de las consecuencias que ello pudiera acarrearles. La iglesia no debe pretender ser el Estado, más bien debe ser la conciencia del Estado, una conciencia que no puede permitirse el lujo de ser cauterizada y callada.

El Estado es un instrumento ordenado por Dios. También está gobernado por Dios. La iglesia no necesita ser el Estado, pero debe recordarle al Estado el deber que Dios le ha dado. La razón principal de la existencia de cualquier gobierno es mantener, sostener y proteger el carácter sagrado de la vida humana. Cuando el Estado falla en hacer eso, se ha demonizado. Y es el deber sagrado de la iglesia y de cada cristiano expresar su oposición.

Las principales estrategias de la iglesia evangélica para terminar con el aborto han sido presionar a las clínicas de aborto y a los funcionarios electos. No hay nada malo con estas estrategias; sin embargo, una estrategia que no se ha utilizado o adoptado ampliamente es protestar contra las iglesias que apoyan el horrible asesinato de bebés no nacidos. Es hora de que los cristianos hagan una crítica profética a la iglesia, específicamente a aquellas iglesias que apoyan el aborto libre o que guardan silencio sobre este asunto tan importante.

En mi propia ciudad, una de las iglesias evangélicas más grandes públicamente le dió la bienvenida a una mujer que en Estados Unidos es la más notable y elocuente defensora de los abortos por parto parcial (dilatación y extracción). Eso es un escándalo para la comunidad cristiana. Es un escándalo para la causa de Jesucristo. Esa iglesia necesita ser llamada a rendir cuentas.

Es hora de que las iglesias que entienden el mal del aborto se pongan de pie y den la cara, sin importar el riesgo o el costo. Cuando la iglesia guarda silencio en medio de un holocausto, deja de ser una verdadera iglesia. Dondequiera que la dignidad humana esté bajo ataque, es el deber de la iglesia y del cristiano levantar su protesta. Esto no es un asunto político, y tampoco es un asunto temporal. No se trata de cuáles cristianos puedan estar en desacuerdo. Es una cuestión de vida o muerte, cuyos resultados tendrán repercusiones eternas.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

R.C. Sproul

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

El aborto

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El aborto

Randy Alcorn

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Definiendo el ser humano«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Algunos defensores del aborto afirman basar sus creencias en la Biblia. Sostienen que las Escrituras no prohíben el aborto. Están equivocados. La Biblia, de hecho, enfáticamente prohíbe el asesinato de personas inocentes (Éx. 20:13) y claramente considera que los bebés que aún no han nacido son seres humanos dignos de protección (21:22-25).

Job describió en detalle la forma en que Dios lo creó antes de que naciera (Jb. 10:8-12). Lo que estaba en el vientre de su madre no era algo que podría convertirse en Job sino alguien que era Job, el mismo hombre, solo que más joven. Dios le dice al profeta Isaías: «Así dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará» (Is. 44:2). Lo que cada persona es, no simplemente lo que podría llegar a ser, estuvo presente en el útero de su madre.

Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda.

El Salmo 139:13-16 pinta una imagen vívida de la relación íntima de Dios con una persona nonata. Dios creó las «entrañas» de David no en el nacimiento, sino antes del nacimiento. David le dice a su Creador: «me hiciste en el seno de mi madre» (v. 13). Cada persona, independientemente de su linaje o discapacidad, no ha sido fabricada en una línea de ensamblaje cósmica, sino que personalmente ha sido formada por Dios. Todos los días de su vida están planeados por Dios aún antes de que exista uno solo de ellos (v. 16).

Meredith Kline observa: «Lo más significativo acerca de la legislación sobre el aborto en la ley bíblica es que no hay ninguna. Era tan impensable que una mujer israelita deseara un aborto que no había necesidad de mencionar esta ofensa en el código penal». Todo lo necesario para prohibir un aborto era la orden: «No matarás» (Ex. 20:13). Todos los israelitas sabían que el niño en el vientre de su madre era un niño. Nosotros también, si somos honestos. Todos sabemos que una mujer embarazada está «cargando un niño».

Cada niño en el útero es obra de Dios y parte del plan de Dios. Cristo ama a ese niño y lo demostró volviéndose en uno: pasando nueve meses en el vientre de Su madre terrenal.

Así como niño pequeño y  adolescente, los términos embrión y feto no se refieren a no humanos, sino a humanos en diversas etapas de desarrollo. Es científicamente inadecuado decir que un embrión humano o un feto no es un ser humano simplemente porque se encuentra en una etapa más temprana que un bebé. Esto es como decir que un niño pequeño no es un ser humano porque aún no es un adolescente. ¿Alguien se vuelve más humano a medida que crece? Si es así, entonces los adultos son más humanos que los niños, y los jugadores de fútbol son más humanos que los jinetes. Algo que no es humano no se vuelve humano o más humano al envejecer o crecer; lo que es humano es humano desde el principio, o nunca puede ser humano en absoluto. El derecho a vivir no aumenta con la edad y el tamaño; de lo contrario, los niños pequeños y los adolescentes tienen menos derecho a la vida que los adultos.

Una vez que reconocemos que los nonatos son seres humanos, el tema sobre su derecho a vivir debería resolverse, independientemente de cómo fueron concebidos. La comparación entre los derechos de los bebés y los de las madres es desigual. Lo que está en juego en la gran mayoría de los abortos es el estilo de vida de la madre, a diferencia de la vida del bebé. En tales casos, es razonable que la sociedad espere que un adulto viva temporalmente con un inconveniente si la única alternativa es matar a un niño.

Los defensores del aborto desvían la atención de la gran mayoría de los abortos (99 por ciento) al concentrarse en la violación y el incesto debido al factor de simpatía. Dan la falsa impresión de que los embarazos son comunes en tales casos. Sin embargo, ningún niño es un despreciable «producto de violación o incesto», sino la única y maravillosa creación portadora de la imagen de Dios. Tener un hijo y abrazarlo  puede hacer mucho más bien por una mujer victimizada que el conocimiento de que un niño murió en un intento por reducir su trauma.

Cuando Alan Keyes se dirigió a estudiantes de secundaria de una escuela en Detroit, una niña de trece años le preguntó si él haría una excepción a su posición pro-vida en casos de violación. Él respondió con esta pregunta: «Si tu padre viola a alguien, y lo condenamos por esa violación, ¿crees que sería correcto que diga: ‘OK, porque tu padre es culpable de esa violación, nosotros te vamos a matar?’» La clase respondió «No». Cuando se le preguntó por qué una niña debería llevar un embarazo luego de sucederle algo tan horrible, él respondió sabiamente con esta analogía:

Digamos que cuando tienes 19 años, Estados Unidos se involucra en una guerra. Y, cuando esto ha sucedido anteriormente, se ha hecho un reclutamiento militar obligatorio y las personas de tu edad serían reclutadas, y serían enviadas a la guerra, ¿no? Tu te tendrías que ir. Tendrías que vivir en el campo de batalla y arriesgar tu vida. Muchas personas de hecho arriesgaron sus vidas, vivieron dificultades cada día y finalmente murieron. ¿Por qué? Porque estaban defendiendo ¿qué cosa? Nuestro país y defendiendo su libertad. Tuvieron que pasar por dificultades, ¿verdad? Tuvieron que luchar para obtener la libertad.

El principio de la libertad es que nuestros derechos provienen de Dios. ¿Crees que está mal pedirle a la gente que haga sacrificios para mantener nuestro respeto por ese principio? …Pero no creo que sea correcto tomar ese dolor y de hecho empeorarlo …¿Sabes lo que añadiría si te permitiera tener un aborto? Añadiría la carga, el peso de ese aborto. Y en algún momento, la verdad de Dios que está escrita en tu corazón regresa a ti. Y eres herida por esa verdad.

Así que no creo que sea justo, ni para el niño ni para la mujer, dejar que esta tragedia arruine  sus vidas; tanto la vida física del niño como la vida moral y espiritual de la madre. Y creo que en esta sociedad hacemos un daño terrible porque no tenemos el coraje de apoyar y defender lo que es verdad. (ProLife Info Digest, 2 de febrero de 2000)

En su libro, Victims and Victors (Víctimas y vencedoras), David Reardon y asociados recurren a los testimonios de 192 mujeres que quedaron embarazadas como resultado de una violación o incesto. Resulta que cuando las víctimas de la violencia hablan por sí mismas, su opinión sobre el aborto es casi unánime y es exactamente lo contrario de lo que la mayoría predeciría: casi todas las mujeres entrevistadas dijeron que lamentaban haber abortado a sus bebés concebidos por violación o incesto. De las que dieron una opinión, más del 90 por ciento dijo que no le aconsejaría a otras víctimas de violación sexual que tuvieran un aborto. Ninguna de las que dio a luz a un niño expresó algún arrepentimiento por haber tenido al bebé.

La imposición de la pena capital al hijo inocente de un delincuente sexual no le hace nada malo violador ni le hace nada bueno a la mujer. Crear una segunda víctima, nunca repara el daño a la primera. El aborto no brinda alivio ni sanidad a una víctima de violación.

Los discípulos de Cristo no entendieron cuán valiosos eran para Él los niños, por lo que reprendieron a los que trataron de acercarlos a Él (Lc. 18:15-17). Pero Jesús dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios».  Jesús consideró la atención a los niños como parte esencial de Su reino, no como una distracción.

La visión bíblica de los niños es que son una bendición y un regalo del Señor (Sal. 127:3-5). Sin embargo, la cultura occidental trata cada vez más a los niños como obstáculos. Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda. Debemos defender la causa de los débiles y huérfanos; mantener los derechos de los pobres y oprimidos; rescatar a los débiles y necesitados; y librarlos de los malvados (Sal. 82:3-4).

Cristo dijo que lo que hagamos o no hagamos por los niños más débiles y vulnerables, lo hacemos o no lo hacemos para con Él. En el día del juicio, «El Rey les dirá: ‘En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis’” (Mt. 25:40).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Randy Alcorn
Randy Alcorn
Randy Alcorn es fundador y director de Eternal Perspective Ministries. Es un autor muy reconocido y sus libros de los más vendidos de New York Times. Él ha escrito más de cincuenta libros, incluidos “Heaven” y “The Treasure Principle.”