Libres para morir

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Libres para morir

Joseph A. Pipa Jr.

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

La unión del creyente con Cristo Jesús es primordial en la práctica de la mortificación. En Romanos 6:1-13 específicamente, Pablo muestra la relación entre nuestra unión con Cristo y nuestro deber de hacer morir la carne. En Romanos 6, el apóstol refuta la idea de que la justificación promueve el pecado. Él enseña que la obra de Cristo en la cruz, la cual es la base de la justificación, también es la base para la santificación.

Pablo basa su argumento en la unión del creyente con la muerte y resurrección de Cristo. Él dice: “Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección” (Rom 6:5).

Cuando te encuentras frente a la tentación, cuando la lujuria se levanta en tu interior para atacarte, considérate muerto al pecado.

La Biblia establece esta unión de dos maneras: el creyente está unido a Cristo a través de un pacto y a través de su conversión. En primer lugar, el creyente está unido a Cristo por medio de un pacto. En 1 Corintios 15:21-22, Pablo establece que toda la humanidad fue llevada al pecado y a la condenación porque estaba en pacto con Adán. De manera similar, todos los elegidos son salvos porque están en unión con el Señor Jesucristo.

Cuando Cristo vino al mundo, Él obedeció la ley de Dios perfectamente y ofreció Su vida sin pecado como sacrificio por los pecados de Su pueblo. Debido a que Cristo es la Cabeza federal de Su pueblo, actuó por todos Sus elegidos, y ellos actuaron en Él. Cuando Él obedeció, ellos obedecieron; cuando Él murió, ellos murieron; cuando Él resucitó de entre los muertos, ellos resucitaron también. De este modo, la culpa de sus pecados le fue imputada a Él mientras colgaba en la cruz, saciando así la ira de Dios; y en consecuencia, sus pecados les son perdonados (Rom 3:24-26). Además, ya que Cristo obedeció perfectamente la Ley, Su obediencia perfecta les es imputada, y Dios los declara justos (Rom 6:72 Co 5:21). Este perdón e imputación de Su justicia es la justificación del creyente.

En segundo lugar, el creyente está unido a Cristo por su conversión. Lo que Cristo hizo por nosotros legalmente, mientras estuvo en la tierra, llega a ser nuestro personalmente cuando nacemos de nuevo, nos arrepentimos y creemos en Él (conversión). Cuando nos convertimos somos injertados en Cristo personalmente ya que Su Santo Espíritu mora en nosotros. Esta unión personal con Cristo es la base de nuestra santificación.

En cuanto a la santificación, dos cosas ocurren en el momento de nuestra conversión. Primero, debido a nuestra unión con Cristo, cuando nacemos de nuevo, el viejo hombre muere (Rom 6:6). En la conversión, la muerte de Cristo es aplicada a nosotros, provocando así la muerte de nuestra naturaleza pecaminosa, por lo tanto, estamos muertos al pecado. Aunque Dios en Su providencia ha dejado un remanente de pecado en nosotros y debemos luchar para matarlo (mortificación), nuestra unión con Cristo en Su muerte garantiza la victoria en esta lucha.

Segundo, cuando nacemos de nuevo, somos librados del poder del pecado. Pablo dice que el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos es el mismo poder que nos regenera y que está obrando continuamente en nosotros (Rom 6:8-9Ef 1:18-20). Así que, vivimos por el poder de Su resurrección (Gál 2:20); y por lo tanto, nuestra unión con Cristo certifica que la obra de la mortificación no fallará.

¿Cómo, pues, utilizamos la realidad de nuestra unión en la muerte y resurrección de Cristo para luchar contra el pecado? Primero, Pablo nos llama a practicar el deber del pensamiento espiritual  positivo (Rom 6:11). La doctrina sobre el poder del pensamiento positivo es errónea, pero hay poder en el pensamiento espiritual. Pablo nos exhorta a pensar espiritualmente sobre nuestra unión con Cristo y considerarnos muertos al pecado.

Cuando te encuentras frente a la tentación, cuando la lujuria se levanta en tu interior para atacarte, considérate muerto al pecado. Cuando te lamentas por tu falta de amor a Dios y falta de crecimiento en Su gracia, debes recordarte que vives una nueva vida en Cristo y que por Él puedes crecer en santidad. Desarrolla el poder del pensamiento espiritual.

Segundo, practica el deber del enlistamiento espiritual. Pablo utiliza un concepto militar en los versículos 12-13. Como el pecado ya no es nuestro amo, no debemos permitirle gobernar nuestros cuerpos para obedecer sus lujurias. Él usa el término cuerpo porque las perversidades del pecado en el alma normalmente se manifiestan en los apetitos del cuerpo, y así el cuerpo se convierte en un instrumento del pecado: nuestros ojos, lengua, manos y pies.

Pablo dice: deja de enlistar a los miembros de tu cuerpo para servir al pecado; más bien, ofrécete a Dios como uno que ha resucitado de entre los muertos y que le pertenece. La mortificación es el resultado de nuestra consagración a Dios. 

Tercero, haz uso de tu bautismo. Debido a la unión con Cristo, el bautismo es una herramienta dada por Dios para ayudarnos a mortificar el pecado. En los versículos 3-4, Pablo usa el bautismo para comprobar que no debemos continuar en el pecado.

El Catecismo Mayor de Westminster (#167) da respuesta a la pregunta “¿Cómo debemos aprovechar nuestro bautismo?”  con lo siguiente:

“El deber muy indispensable (pero muy olvidado) de aprovechar nuestro bautismo debemos cumplirlo a lo largo de toda nuestra vida, especialmente en tiempos de tentación, y cuando estemos presentes en el bautismo de otros; por medio de una consideración seria y agradecida acerca de su naturaleza y los propósitos por los cuales Cristo lo instituyó, los privilegios y beneficios que por consiguiente confiere y sella, y de nuestro voto solemne que en ello hemos hecho. Mediante el humillarnos por nuestra suciedad pecaminosa, por estar lejos de y caminar contrario a la gracia del bautismo y nuestros compromisos; mediante el crecimiento hacia la seguridad del perdón del pecado, y en todas las demás bendiciones con las cuales hemos sido sellados en el bautismo; mediante el fortalecerse de la muerte y resurrección de Cristo (en quien hemos sido bautizados) para la mortificación del pecado y el avivamiento de la gracia; y mediante el esforzarse por vivir por fe, a fin de vivir en santidad y justicia, como los que en su bautismo han rendido sus nombres a Cristo; y para andar en amor fraternal, como corresponde a quienes hemos sido bautizados por un mismo Espíritu en un solo cuerpo”.

“Aprovechar” quiere decir apropiar el bautismo a nuestra vida. Nota de manera particular que nos apropiamos de los beneficios del bautismo “mediante el fortalecerse de la muerte y resurrección de Cristo (en quien hemos sido bautizados) para la mortificación del pecado y el avivamiento de la gracia”. El bautismo nos recuerda que estamos unidos a Cristo y que hemos muerto al pecado y a su poder en nosotros. A medida que reflexionamos en el bautismo y su significado, obtenemos fuerzas por la muerte y resurrección de Cristo. Además, el bautismo nos recuerda nuestra obligación de arrepentirnos, mortificar nuestro pecado y buscar la santidad. Por lo tanto, el bautismo es un puente útil para conectar lo que somos en Cristo con nuestra lucha contra la tentación y el pecado.

Nuestra unión con Cristo garantiza nuestra mortificación. Debemos recordarnos del poder que tenemos en Cristo, enlistar nuestros cuerpos al servicio de la justicia y usar nuestro bautismo como el medio para lograr estos fines. 

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Joseph A. Pipa Jr.
Joseph A. Pipa Jr.

El Dr. Joseph A. Pipa es presidente y profesor de teología sistemática e histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary (Seminario Teológico Presbiteriano de Greenville) en Greenville, Carolina del Sur. Él es el autor de Did God Create in 6 Days? [¿Creó Dios todo en 6 días?].

¿De qué manera unifica el reino de Dios a toda la Biblia?

The Master’s Seminary

¿De qué manera unifica el reino de Dios a toda la Biblia?

Lucas Alemán

Hay muchos temas importantes en la Biblia: la gloria de Dios, el pacto, la salvación, la ley, la promesa, el pueblo de Dios, el juicio, etc. Aunque todos estos temas son importantes y merecen ser estudiados de manera seria, hay un gran tema que predomina y le da coherencia a todos los demás temas y ese es el reino de Dios.

Todos los otros temas explican partes del reino de Dios, pero solo el reino de Dios explica el todo. Desde el primer capítulo de la Biblia, se presenta a Dios como el rey que crea un reino y dos ciudadanos, Adán y Eva, más específicamente, para que «ejerzan dominio» sobre la creación (Gn. 1:26–28). Sin embargo, en Génesis 3, un «insurrecto» los engaña para que quebranten su lealtad al rey y se rebelen contra Dios. Este episodio en el plan de redención marca la caída de la humanidad y, como resultado, toda la creación es sometida a los efectos devastadores del pecado que existen hasta el día de hoy. En el versículo 15 de ese mismo capítulo, Dios promete que solo la «simiente» de la mujer derrotará a este «insurrecto» y revertirá los efectos de la caída, haciendo que los ciudadanos de su reino «ejerzan dominio» sobre su creación de una vez por todas.

Desde ese entonces, los ciudadanos han estado esperando a esta “simiente”, que en el Nuevo Testamento se identifica como Jesucristo, el rey (Lc. 1:32–33; 22:29; 1 Ti. 6:15). Su redención a través de la expiación es la base para la restauración del reino, donde «ya no habrá más maldición» y todos los ciudadanos «reinarán [juntamente con él] por los siglos de los siglos» (Ap. 22:3, 5). Así es como el reino de Dios unifica a toda la Biblia de manera orgánica con Jesucristo como el punto más alto del plan de redención.

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

Un asunto de vida o muerte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Un asunto de vida o muerte

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

El mundo cristiano está lleno de camisetas, folletos y baratijas que hablan de cómo tener una vida cristiana ideal. Cada año, los cristianos gastan millones de dólares en libros de autoayuda y guías de cómo vivir una vida abundante. La mayoría de las veces, a los cristianos se les dice que si quieren ser realmente grandes cristianos, simplemente necesitan seguir algunos consejos prácticos.

Qué extraño pensar que el camino a la vida es a través de la muerte; la muerte de nuestro pecado y la negación de nosotros mismos.

La verdad es que cada cristiano, que no ha sido seducido por las tácticas superficiales y el polvo mágico de los gurús cristianos infantiles de la tierra evangélica de Nunca Jamás, sabe muy bien que vivir la vida cristiana es mucho más que leer el último libro cristiano de auto-ayuda. Es un poco irónico que uno de los más grandes libros jamás escritos sobre la vida cristiana sea el clásico de John Owen La mortificación del pecado, un libro que trata sobre la muerte del cristiano a sí mismo y un libro sobre el cual hemos basado esta serie especial de Tabletalk magazine.

La tesis del libro de Owen se basa en la exhortación del apóstol Pablo a mortificar la carne: «porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis» (Rom 8, 13). Qué extraño pensar que el camino a la vida es a través de la muerte; la muerte de nuestro pecado y la negación de nosotros mismos (Lc 9:23). De hecho, el fundamento mismo de nuestra justificación está en la muerte de la muerte misma a través de la muerte de Jesucristo, y el fundamento de la vida cristiana y la santificación está en la muerte del yo a través de la muerte de nuestro pecado. Ahí yace la simplicidad de la vida abundante del cristiano en Cristo (Jn 10:10).

Lo que nos hace diferentes del mundo de pecadores que nos observa no es que no pecamos, sino que odiamos nuestro pecado, que nos arrepentimos de nuestro pecado y que buscamos seriamente mortificar nuestro pecado que ha sido llevado a la cruz y puesto sobre nuestro Salvador que expió por nuestro pecado, y todo esto para la gloria de Dios. En su prefacio de La mortificación del pecado, Owen escribió: «Espero… que la mortificación y la santidad sean promovidas en mi corazón y en el corazón y en la vida de los demás, para gloria de Dios; y que de esta manera el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo pueda ser enaltecido en todas las cosas». Mientras que muchos cristianos suponen que su crecimiento espiritual es medido en algún tipo de tabla de crecimiento celestial, nosotros solo crecemos a medida que nos convencemos más y más de la santidad de Dios y de la ausencia de la verdadera santidad en nuestras propias vidas, mortificando el pecado y viviendo obedientemente coram Deo, ante la presencia de Dios, para la gloria de Dios y por causa de Su Hijo en el cual morimos, y en quien hemos sido resucitados a una vida abundante.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Cuáles son las diferentes categorías de estudio en la teología?

The Master’s Seminary

¿Cuáles son las diferentes categorías de estudio en la teología?

Lucas Alemán

El estudio de la teología —la sistemática, más específicamente— está compuesto de diez categorías. Aunque hay muchas clasificaciones y se puede organizar de diferentes maneras, es importante comenzar por algún punto para facilitar el estudio.

La categoría más fundamental de todas es la bibliología pues identifica a la única fuente verdadera de toda la verdad cristiana: las sagradas Escrituras. Es por medio de las proposiciones en estas Escrituras que Dios ha revelado aspectos de su ser divino, como sus atributos o perfecciones, de manera más completa. En esto consiste la segunda categoría, a saber, la teología propia.

La cristología es la doctrina de la persona y la obra del Señor Jesucristo, su encarnación, la humillación durante su vida terrenal y su exaltación dentro del plan de redención —algo crucial para la fe cristiana porque si Cristo no es lo que alegó ser, entonces su expiación fue deficiente—. La doctrina de la pneumatología es la cuarta categoría que describe a la persona y obra del Espíritu Santo a lo largo de todas las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis.

La antropología es la doctrina de la humanidad que, a diferencia del secularismo, busca entender al hombre desde la perspectiva de Dios. La hamartiología, que es la sexta categoría en el estudio de la teología, está intrínsecamente relacionada con la antropología, pues define directamente a la humanidad como caída, corrompida en su relación con Dios, con otras personas y con la creación. Esta doctrina afecta obviamente a la soteriología, la doctrina de la salvación, ya que la humanidad necesita ser rescatada del pecado.

La angeleología, a menudo ignorada en el estudio de la teología, intenta captar todo lo que las Escrituras revelan respecto a los ángeles, tanto los que son santos como los que son malignos. La novena categoría es la eclesiología que define a la iglesia como «el lugar más preciado de la tierra», como dijo Charles Spurgeon. Y, por último, está la escatología que trata con los sucesos del final de los tiempos como la culminación de los propósitos redentores de Dios. Las diez categorías se relacionan entre sí debido a la naturaleza orgánica de la revelación divina y, por ende, redundan en la gloria misma de Dios.

#90segundosdeteología

Lucas Alemán

Lucas Alemán

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

Cuando un incrédulo muere

The Master’s Seminary

Cuando un incrédulo muere

Consolando sin distorsionar la verdad

George Lawson

Mi teología me dice que no puedo mentir, aun cuando quisiera lograr algo bueno (Romanos 3:8). La mentira es una violación del carácter y la voluntad de Dios, pues Dios es el Dios de la verdad. Él no puede mentir y la Biblia claramente demuestra que él no tolera la mentira (Tito 1:2).

Mentir nunca es correcto, jamas es amoroso y es innecesario. Los seguidores de Cristo ser conocidos como aquellos que siempre dicen la verdad. Esto no nos da licencia para ser groseros, crueles o indiferentes, ya que se nos manda a decir la verdad en amor. No importa de que estemos hablando, tanto buenas o malas noticias, alegrías o dificultades, vida o muerte, debemos hablar siempre con amor.

Uno de las mayores y más desafiantes invitaciones para un pastor es cuando se le pide que hablen en un funeral. Una familia en duelo a menudo suele solicitar la presencia de un pastor para hablar palabras de consuelo, esperanza y paz. En ciertas ocaciones se espera que el pastor hable buenas y elogiables palabras acerca del difunto. Por esta razón a veces le es más fácil a un pastor decir palabras como:

«Nos consuela que su sufrimiento ha terminado» o …

«Ella está en un lugar mejor ahora» o …

«Sé que lo veremos de nuevo»

Pero ¿qué pasa si esas palabras no son ciertas porque la persona nunca conoció a Cristo? ¿Tenemos los pastores licencia para pronunciar estas «buenas palabras»? Y si estas palabras no son ciertas, ¿existen palabras de consuelo que podamos compartir a aquellos que murieron incrédulos? Cabe mencionar que esta no es una situación a la cual solamente los pastores se enfrentan, sino que todo creyente que busca ofrecer palabras de consuelo para los que están en duelo probablemente se han preguntado lo mismo.

Afortunadamente, hay palabras de consuelo y de verdad que podemos compartir con aquellos que sufren, incluso cuando no estamos seguros sobre sobre el destino eterno de su ser querido que murió. Por lo tanto la respuesta es sí, sí podemos ofrecerles palabras de consuelo sin vernos en la necesidad de abandonar la verdad de la Escritura con el fin de ofrecer palabras de aliento.

¿Qué le puede decir a aquellos que han perdido un familiar incrédulo?

1. Dios es un Dios de esperanza y misericordia

Si la Biblia no hubiese registrado la conversión del ladrón junto a la cruz de Cristo, nadie habría esperado que tal hombre fuese al cielo. Él pasó toda su vida en rebelión hacia Dios, incluso mientras estaba colgado en una cruz, lanzó acusaciones contra el Hijo perfecto y santo de Dios (Mateo 27:39-44). Sin embargo, la Biblia nos indica que su corazón fue cambiado en los últimos momentos de su vida; sus pecados fueron perdonados y por ende Jesús le prometió que estaría en el paraíso (Lucas 23:40-42).

El ejemplo previo nos demuestra que no podemos saber a ciencia cierta cuál es la condición del corazón de una persona momentos antes de su muerte. Sin embargo sabemos que la misericordia de Dios es sobreabundante, vasta e incomprensible, como nos dice Romanos 9:15-16:

«Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.»

Si bien hay que tener cuidado de no abusar la gracia de Dios, ni de ofrecer falsas esperanzas en medio del duelo de seres queridos, podemos decir sin temor a equivocarnos que Dios es un Dios misericordioso y que su misericordia está disponible a todo pecador que se arrepiente hasta el último momento de su vida.

2. Dios es un Dios de amor y gracia

En segundo lugar, podemos hablar acerca de las gracias comunes que Dios da a toda persona, en particular al permitirnos vivir y experimentar esta vida. La Escritura habla de un amor y gracia común que Dios proporciona a toda persona (nota: no estoy hablando de una gracia salvadora a toda persona). En Mateo 5:44, Jesús nos mandó a amar a nuestros enemigos, porque nuestro Padre que está en los cielos «hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.» Dios derrama su amor de manera general a todo el mundo, incluyendo aquellos que abiertamente se postulan como sus enemigos (vea Hechos 14:17). Por lo tanto, podemos hablar acerca de la gracia común y la bondad de Dios las cuales el difunto pudo disfrutar mientras vivía.

3. Dios es un Dios de justicia y rectitud

Cuando un incrédulo muere también podemos proporcionar consuelo al decir que Dios siempre hará lo que correcto y justo. En Génesis 18, Abraham dudó la justicia de Dios al saber acerca de la destrucción inminente de Sodoma y Gomorra. Dios le dio a Sodoma y Gomorra aplica oportunidad para arrepentirse, inclusive al punto de estar dispuesto a retener su furia sobre la ciudad entera si encontraba solamente a diez personas justas que vivieran allí. Es increíble observar la gracia y la paciencia del Señor en esta narración. Dios es un Dios que hace perfecta justicia y separa correctamente a los justos de los impíos. Por lo tanto podemos confortarles al recordarles que en medio del dolor pueden confiar en que el Señor hará lo correcto y lo justo. Como nos recuerda Romanos 9:14, no existe injusticia alguna en Dios.

Si nos mantenemos hablando acerca del carácter inmutable de Dios, no tenemos que temer el ofrece «buenas palabras» que no sean a su vez verdaderas. No importa quien sea la persona que haya muerto, usted puede decir con toda libertad que Dios es un Dios de compasión y de fidelidad, un Dios sabio y poderoso, soberano y justo y que en su providencia siempre hará lo justo. Aun cuando la persona haya muerto sin un conocimiento de Dios, su incredulidad no altera el carácter perfecto de Dios en lo más mínimo.

Por último, quisiera alentarle a recordar que más allá de palabras de aliento, como creyente usted tiene un mensaje importante que dar al mundo:

4. Dios es un Dios de salvación

No tenemos que saber el destino eterno de la persona que acaba de morir para saber con certeza cuál es el mensaje que el difunto quisiera que diésemos a su familia y amigos. En Lucas 16, Jesús nos da ha saber el mensaje que un incrédulo le gustaría dar a aquellos que aún están vivos:

Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento (Lucas 16:27-28).

Lo que las personas presentes necesitan escuchar son las buenas nuevas de salvación. Ellos necesitan saber que el Dios santo, que creó todas las cosas y en contra de quien todos hemos pecado, tiene el poder de perdonar y de dar vida eterna a todos aquellos que ponen su confianza en el Señor Jesucristo (Hechos 4:12). Jesús murió como sacrificio por el pecado, pues la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Pero se levantó en victoria sobre la muerte después de tres días y ahora ofrece su justicia perfecta como regalo para todos aquellos que creen (2 Corintios 5:20-21).

Como creyentes no podemos distorsionar la verdad para aliviar el dolor de las personas que han perdido un ser querido. No tenemos el derecho de abandonar la verdad de la Biblia con el fin de ofrecer consuelo a aquellos que están de luto. Nuestras palabras de consuelo deben llevar a las personas al Dios de toda consolación, el lugar donde las almas que lloran pueden encontrar verdadero consuelo y paz.

Existen palabras de consuelo que podemos compartir con los que sufren aun cuando el destino eterno del recientemente fallecido sea desconocido. Como creyentes podemos asistir a estos funerales para ofrecer consuelo al hablar acerca de los atributos de Dios. No estamos obligados a decir nada acerca de la persona que murió, pero estamos obligados a decirle a los que todavía están vivos que la única manera de encontrar verdadero consuelo y paz es por medio del evangelio de Jesucristo.

 

George Lawson

George Lawson se graduó de The Master’s Seminary en el 2010.

Hoy en día es el pastor de la iglesia Baltimore Bible Church, en Baltimore, MD (EEUU). Él y su esposa Jennifer tienen tres hijos.

4/11 – Él restaura mi alma

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Serie: El Salmo 23

4/11 – Él restaura mi alma

Benjamin Shaw

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «El Salmo 23», publicada por la Tabletalk Magazine.

Los pasajes en la Biblia con los cuales el creyente está familiarizado pueden ser un problema. Los hemos escuchado y leído muchas veces. Tal vez hayamos escuchado predicaciones de ellos con frecuencia. El resultado es que ya no pensamos en ellos cuando los leemos o cuando los escuchamos siendo predicados. Creemos que sabemos lo que significan. En ocasiones es bueno detenernos cuando los leemos, analizarlos frase por frase, palabra por palabra, preguntándonos qué significan. Es bueno pensar, reflexionar y meditar en ellos, para que podamos escucharlos de nuevo y oír la Palabra de Dios hablándonos como si fuera la primera vez.

«Él restaura mi alma». Cuatro palabras sencillas en español. Dos palabras sencillas en hebreo. Pero, ¿qué significan? ¿Qué nos dicen? ¿Qué deberían decirnos? Tenemos ante nosotros la imagen del Pastor con Su rebaño. Las imágenes en el versículo 2 son claras. Podemos ver los exuberantes pastos junto al tranquilo arroyo donde el rebaño descansa bajo la protectora mirada de su Pastor. Pero ¿»Él restaura mi alma»? ¿Qué imagen traen esas palabras a tu mente? ¿Cómo vemos al Pastor restaurando las almas de Su rebaño? Es fácil pensar que tal vez David haya cambiado su enfoque aquí de la oveja a la persona. Pero las siguientes frases también se refieren al rebaño y a la dirección del Pastor, haciéndonos reflexionar sobre la conexión de esta cláusula con las que preceden y con las que siguen.

El Buen Pastor no solo trae de vuelta a las ovejas descarriadas, sino que da vida a los muertos.

Él restaura. Es en este punto que recibimos ayuda de otros pasajes que también utilizan la analogía del pastor. Tal vez el mejor pasaje del pastor en el Antiguo Testamento sea Ezequiel 34. Este pasaje bien pudo haber estado en la mente de Jesús cuando comenzó Su discurso sobre el Buen Pastor en Juan 10. En Ezequiel 34, escuchamos al Señor condenar a los pastores de Israel. Parte de su culpa es que no habían traído de vuelta a las ovejas que se habían extraviado (v. 4). Cuando el Señor más adelante en el pasaje declara que Él mismo será Su Pastor, dice, en parte, que traerá de vuelta a las ovejas que se han descarriado (v. 16). Ahí está la conexión que estamos buscando. Tendemos a ver a las ovejas que yacen pacíficamente en el prado y olvidamos que las ovejas son animales desorientados. Se levantan, caminan alrededor, se extravían. Es la tarea del pastor traerlas de vuelta. En el salmo, entonces, vemos al Pastor activo, yendo tras aquellas ovejas que se han desviado y trayéndolas de vuelta al rebaño. Y nosotros somos consolados, sabiendo que nuestro Buen Pastor no permitirá que nos alejemos demasiado. Él nos buscará y nos traerá de vuelta al rebaño.

Mi alma. Mi vida. Mi nephesh. El Buen Pastor no solo trae de vuelta a las ovejas descarriadas, sino que da vida a los muertos. Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, y nuestro Buen Pastor nos da vida nueva. Las ovejas que están débiles, enfermas o heridas, el Pastor fortalece, sana y venda (Ez. 34:16). Él los restaura a la vida plena para que nuevamente puedan pararse, caminar y alimentarse, para que se mantengan como parte del rebaño. Nuestra vida anterior nos dejó no solo muertos en nuestros pecados, sino débiles, enfermos y dañados por nuestros pecados. Es el Buen Pastor, entonces, quien al restaurar nuestras almas venda nuestras heridas, sana nuestras enfermedades y nos da fortaleza en lugar de debilidad.

Nuestra nephesh no es solo nuestra vida, sino el asiento de nuestros apetitos. Al restaurar nuestras almas, Él nos hace tener hambre y sed de justicia. Él alimenta esa hambre y sacia esa sed. Nuestra nephesh es también el asiento de nuestras emociones. Al restaurar nuestras almas, Él nos da alegría en la mañana después de la noche de llanto. Él cambia nuestro luto en danza. Él desató nuestro cilicio de lamentación y angustia, y nos ciñó con la nueva vestimenta de alegría. El nephesh también se refiere ocasionalmente a nuestros acciones mentales, nuestro pensar y nuestro conocimiento. Al restaurar nuestras almas, el Buen Pastor renueva nuestro pensamiento y nuestro conocimiento. Comenzamos a entender las cosas de una nueva manera. La Palabra, que una vez no era más que palabras en una página, comienza a tener significado. Comenzamos a escuchar, entender y conocer la voz de nuestro Pastor. Escuchamos Su llamado y respondemos siguiendo Su dirección, incluso si nos lleva a través del valle de sombra de muerte.

Nuestra restauración tampoco es simplemente individual, aunque el salmo a menudo es leído como una promesa para el individuo. El Pastor nunca es el pastor de una sola oveja. Es el Pastor del rebaño. Al restaurar las vidas del rebaño, Él restaura también la vida del rebaño. Lo convierte en un rebaño de ovejas sanas y fuertes, capaces de unirse por el bien de la manada.

A excepción la nueva vida, nada de esta restauración es instantánea. La curación de los enfermos y los heridos toma tiempo. El fortalecimiento de los débiles toma tiempo. La renovación de los apetitos y de la mente toma tiempo. El Buen Pastor usa el rebaño en la restauración del individuo. A medida que el individuo se fortalece, el Pastor lo usa a su vez para restaurar a otras almas. Que seamos complacidos cuando nuestro Buen Pastor restaure nuestras almas para que podamos ser utilizados por Él en la restauración de las almas de los demás.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Benjamin Shaw
Benjamin Shaw
El Dr. Benjamin Shaw es decano académico y profesor de Hebreo y Antiguo Testamento en el Presbyterian Theological Seminary en Greenville.

 

3/11 – En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Salmo 23

3/11 – En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce

Michael G. McKelvey

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «El Salmo 23», publicada por la Tabletalk Magazine.

El Salmo 23 nos proporciona un maravilloso ejemplo del cuidado y la protección de Dios en imágenes que estimulan la imaginación. Pero para la mentalidad contemporánea, el contexto de estas metáforas a muchos le puede resultar desconocido. Las imágenes del pastor son en realidad una metáfora de la realeza en el antiguo Medio Oriente. Así que cuando David expresa: «Jehová es mi pastor», esto implica más que una hermosa metáfora pastoral; él está diciendo: «Jehová es mi Rey [pastor]». Por lo tanto, en este salmo David canta del Rey divino que lo guía y lo sostiene, y esto es visto inicialmente en el verso 2. Usando la metáfora pastoral, David observa lo que Dios hace por él: «En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce». Al examinar con atención el lenguaje de este verso, queda claro que el cuidado de Dios para con Su pueblo es amplio y abarca todo.

Cristo como el Buen Pastor cuida de nosotros en el camino, sosteniéndonos a cada paso, en cada estación.

En hebreo, el texto literalmente dice: «En pastizales de pasto, me hace descansar; sobre aguas de descanso, él me guía». En el paisaje semiárido de la antigua Palestina, no abundaban las tierras de pastoreo. Los pastores tenían que guiar a sus rebaños hacia lugares con suficiente pasto. El pastor necesitaba saber a dónde ir, la mejor ruta para llegar y el paso al que debía llevar el rebaño. Era probable que tuvieran que atravesar por terrenos áridos y escabrosos, así como por incontables peligros de bestias salvajes y ladrones en el camino.

Esta realidad destaca la grandeza de Dios vista en este verso. La frase «lugares de verdes pastos» resalta la abundante provisión de Dios. La palabra traducida como «lugares de[…] pastos» significa tierras de pastoreo, y sugiere algo así como prados verdes. La adición de «hierba fresca» (traducida como «verde» en LBLA) subraya aún más la abundancia de provisión. El término a menudo se refiere a la hierba copiosa y abundante de la primavera después de que la temporada de lluvias ha regado la tierra (Dt. 32:22 S 23:4). Por lo tanto, la frase transmite la imagen de una tierra de pastoreo fresca y abundante. Después de un viaje largo y agotador, no podría imaginarse un mejor destino. El texto también revela la centralidad de las acciones de Dios. El lenguaje está en voz causativa lo que indica que es Dios quien provoca la acción: «[Él] me hace descansar». El Rey Pastor está guiando soberanamente a David a esta abundancia y dándole un lugar donde habitar. Esta idea de un lugar de residencia se relaciona con el tema «refugio» predominante en el libro de los salmos, el cual también está presente en el resto de este  salmo (23:5-6). Así pues, Dios provee un lugar seguro para que David reciba la provisión que necesita desesperadamente.

Pero la descripción que David hace de la provisión del Señor hasta este punto aún no está completa. La declaración paralela en este versículo proporciona otra imagen del cuidado de Dios para Su pueblo. David literalmente dice: «Hacia aguas de reposo, Él me guía». La provisión de agua es esencial para la vida, especialmente para un rebaño en una tierra árida y difícil. Un lugar de aguas tranquilas (es decir, donde no hay corrientes) sería un escenario para el pastor dar de beber y lavar a las ovejas, pero también era un lugar donde podía limpiar y curar las heridas que estas sufrían durante el tumultuoso viaje. Notablemente, el lenguaje de Dios guiando a David en este pasaje se encuentra en otras partes del Antiguo Testamento (Éx. 15:13Sal. 1:3Is. 40:1149:10), y en este versículo subraya la protección del Señor a Su siervo escoltándolo hacia «aguas de reposo». Esta frase a menudo se traduce como aguas «calmadas» o «quietas», destacando la tranquilidad de las aguas. Si bien esta es una forma perfectamente adecuada de interpretar este versículo, es importante notar que la palabra traducida «reposo» es en realidad un sustantivo en hebreo y es la última palabra en la frase «aguas de reposo». Esto implica que «reposo» es en realidad el escenario de las aguas y del lugar en el que ellas se encuentran. En el Antiguo Testamento, esta palabra para «reposo» a menudo se refiere a Canaán como un lugar de descanso para Israel (Dt. 12:91 R 8:56Is. 11:10y para la morada de Dios (Sal. 95:11132:814Is. 66:1). Esto sugiere que Jehová mismo es el lugar de «reposo» a la luz del Salmo 23:2, y el final del salmo (v. 6) corrobora esta idea. De manera que, el último lugar de descanso para el pueblo de Dios es Dios mismo.

Este versículo en el Salmo 23 presenta al pueblo de Dios la maravilla de la abundante provisión (tanto material como espiritual) que tenemos en Su Hijo, el Buen Pastor. Cuando oramos, «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mt. 6:11), lo hacemos basados en la realidad de que Jesús, nuestro Rey soberano, nos guía a través de esta vida, proveyendo todo lo que necesitamos para cada día y para la vida eterna misma. Todo lo que hemos necesitado hasta el momento presente ha sido provisto por Su mano (vv. 31-34), y Él continuará proveyendo para nosotros hasta que llegue el día en que nos lleve a la provisión eterna de Su reposo. Cristo como el Buen Pastor cuida de nosotros en el camino, sosteniéndonos a cada paso, en cada estación. Y cuando «pasemos por las aguas» de la muerte, Cristo estará con nosotros (Is. 43:2), y nos guiará a los pastos abundantes, a la «Tierra de Emanuel».

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Michael G. McKelvey

Michael G. McKelvey

El Dr. Michael G. McKelvey es profesor asociado de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Reformado en Jackson, Miss., y un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América. El es autor del libro Moses, David and the High Kingship of Yahweh.

La gran división: el paganismo y el cristianismo

Coalición por el Evangelio

La gran división: el paganismo y el cristianismo

AUGUSTUS NICODEMUS GOMES LOPES

Estamos presenciando hoy el gigantesco resurgimiento de una cosmovisión antagónica al cristianismo, aparentemente nueva, pero no es otra cosa que el antiguo paganismo.

Históricamente, el paganismo, como religión y cosmovisión del antiguo Imperio Romano, tuvo su declive con el advenimiento y el asombroso crecimiento del cristianismo, comenzando en el siglo I y culminando siglos más tarde con la dominación del racionalismo y la consecuente secularización del estado. Lo curioso es que, paralelamente a esta secularización, el mismo viejo paganismo regresa de las cenizas hoy, disfrazado de una nueva espiritualidad, creciendo y extendiéndose en todos los círculos de la sociedad occidental moderna que fue edificada sobre valores cristianos.

La diferencia fundamental entre la cosmovisión pagana y el cristianismo radica en el tema de las distinciones. Para el paganismo, la realidad consiste en un solo elemento: el universo es uno y armónico, y todas las cosas son meras formas o manifestaciones de una sola sustancia. En otras palabras, hay que ver la realidad como un todo uniforme, sin distinciones de seres o existencias. Toda la realidad está en el mismo círculo. En cambio, el cristianismo entiende que hay distinciones fundamentales en la base de nuestra existencia y de la realidad como un todo. Los siguientes cinco puntos ilustran ese contraste.

1) La distinción entre Dios y el mundo 

La relación entre el hombre y Dios es la subordinación de la criatura al Creador, lo que implica respeto, obediencia, y adoración del ser creado ante quien lo creó

En la cosmovisión pagana que cada vez domina más nuestra civilización, Dios y el mundo son uno. La mejor figura para ilustrar esta perspectiva es la de un círculo. Dios y el mundo están dentro del mismo círculo, tienen niveles iguales de existencia, y uno es la extensión del otro. Todo está unido en una realidad divina. El mundo se creó a sí mismo a través de la evolución. Tiene su propia fuerza interior que le sostiene y le mantiene siempre en el proceso evolutivo. Según esta concepción, el mundo no necesita un creador distinto de sí mismo. Un ejemplo del impacto de esta nueva espiritualidad es el surgimiento de la ecología radical la cual se ha convertido en una religión para sus adherentes, divinizando, a su manera, la Tierra y sus ecosistemas.

En cambio, el cristianismo declara que Dios y el mundo son distintos y, por lo tanto, están ubicados en diferentes círculos. Dios existe eternamente por sí mismo. Él creó el mundo no como una extensión de sí mismo, sino como una existencia separada.

2) La distinción entre Dios y la humanidad 

Desde el punto de vista pagano, la humanidad es una con Dios, una expresión de la divinidad. No necesitamos reverenciar nada más que a nosotros mismos. No hay un Dios personal que se comunique a través de la verdad objetiva. No estamos bajo reglas o autoridad, y podemos crear nuestras propias leyes así como establecer nuestros propios valores.

Para el cristianismo, sin embargo, el ser humano, aunque lleva en sí mismo la imagen y semejanza de Dios, fue creado por Él no como una extensión de Dios, sino como una criatura con existencia distinta y separada del Creador. La relación entre el hombre y Dios es la subordinación de la criatura al Creador, lo que implica respeto, obediencia, y adoración del ser creado ante quien lo creó. Quien establece la verdad y las reglas es el Creador, no la criatura.

3) La distinción entre religiones 

El paganismo considera que todas las religiones son una sola. Si toda la humanidad es realmente una, entonces hay solo una religión después de todo. Todas las religiones comparten la misma experiencia mística, a través de la cual sus seguidores se vuelven divinos.

El cristianismo hace una distinción entre las dos únicas religiones que existen en realidad: el paganismo, por un lado, que se manifiesta en la forma de muchas religiones, diferentes pero todas de acuerdo en que el ser humano alcanza la bienaventuranza en base a sus propios méritos. Por otro lado, el cristianismo histórico, que presenta a Jesucristo como el único y suficiente salvador de la condición humana y donde la salvación es ofrecida por gracia.

4) La distinción sobre el problema del ser humano 

Para la cosmovisión pagana solo hay un problema real: las distinciones, o separaciones, creadas por el cristianismo. De esta manera, los partidarios del paganismo moderno argumentan que estas separaciones deben ser rechazadas. Solo así podrá la humanidad tomar conciencia de la unidad mística de todas las cosas. En general, la espiritualidad pagana desea abolir las diversas separaciones o dicotomías que esta considera la causa única de los problemas humanos, por ejemplo:

Dios/mundo

Dios/hombre

Humanos/animales

Correcto/incorrecto

Hombre/mujer

La solución del problema del ser humano no está dentro de nosotros, como dice el paganismo, sino afuera de nosotros, en la maravillosa persona de Jesucristo 

Para el cristianismo, sin embargo, estas distinciones fueron introducidas por Dios mismo. El problema del hombre no son estas distintas separaciones, sino aquella separación que es la causa de todos los males, problemas, dolores, y angustias de la humanidad: la separación moral y espiritual entre el hombre y Dios. Esa es, de hecho, la gran división. Por supuesto, esta separación es negada por la cosmovisión pagana que pone a Dios y al hombre dentro del mismo círculo.

Para el cristianismo, por el contrario, esta separación radical es causada por nuestra inclinación al mal, al egoísmo, a la crueldad, en contraste con la naturaleza de Dios que es perfecta, justa, verdadera, y coherente. Como resultado, separado del Creador, el ser humano vive una existencia ciega y solitaria llena de incertidumbres, angustia, inquietud, y culpa, teniendo como referencia solamente a sí mismo o a la naturaleza.

5) La distinción sobre la solución al problema del ser humano

El paganismo predica que la solución está dentro de cada uno. Dice que el círculo está completo cuando el ser humano se encuentra a sí mismo. El “yo” necesita ponerse en el centro de las cosas. Esto se hace eliminando tanto las separaciones antes mencionadas como los controles racionales. La espiritualidad deseada no se encuentra en el mundo de las ideas, sino en el mundo de las experiencias. Los hippies, por ejemplo, pensaron que las drogas ayudarían en ese viaje de autodescubrimiento. Muchas personas, a su vez, utilizan la meditación para descubrir la conexión entre ellos y el todo.

El cristianismo, por el contrario, afirma que la solución está fuera de nosotros. El hombre es incapaz de encontrar en sí mismo las referencias y respuestas que busca, porque se encuentra en un estado de caída y separación. Dios, a su vez, se reveló en Cristo Jesús y propone una reconciliación con su criatura caída a través del perdón gratuito de sus pecados.

La solución, por lo tanto, no está dentro de nosotros, como dice el paganismo, sino afuera de nosotros, en la maravillosa persona de Jesucristo y en su obra de salvación realizada a través de su muerte y resurrección.

Publicado originalmente en Coalición por el evangelio: Brasil. Traducido por Lea Meirelles.

2/11 – El Señor es mi pastor, nada me faltará

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Salmo 23

2/11 – El Señor es mi pastor, nada me faltará

Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie «El Salmo 23», publicada por la Tabletalk Magazine.

Pasaron muchos años antes de que pudiera decir: «Amo el Salmo 23». Todavía puedo ver la portada de la versión del libro de cuentos de mi hijo. Allí está David, con mejillas color rubí y cabello rizado, con el cayado de pastor a su lado, ovejas inmaculadas a su alrededor. Él era el niño modelo, todo lo que yo no era. Este chico perfecto me condenó.

Me tomó más de veinte años y algunas penas mayores antes de que se pudiera abrir esa puerta que tenía cerrada. Ese niño no escribió este salmo. El David del Salmo 23 necesitaba la restauración del alma (v. 3): había visitado «el valle de la sombra de la muerte»; se enfrentó al «mal» (v. 4); él tenía enemigos (v. 5). Este fue un creyente bien probado hablando de una larga experiencia con Dios. Su confianza en el futuro se basó en experiencias del pasado.

Lo que Jacob y David vieron solo vagamente, Jesús lo vio claramente. El Pastor debe sufrir por Sus ovejas.
Pero David no estaba replanteando todo simplemente por su propia experiencia. Él no es la primera persona en la Biblia que dice: «El Señor es mi pastor». Simplemente se estaba aplicando a sí mismo algo que había aprendido de Jacob.

Génesis 48:15-16 registra la escena al final de la vida de Jacob cuando bendice a José y a sus dos hijos:

El Dios delante de quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día, el ángel que me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos.

Jacob no había sido la oveja más fácil. Incluso después de su encuentro con el ángel en el vado de Jaboc, necesitaba ser desenredado. Su triste repetición de la locura de sus padres de tener hijos favoritos llevó a la disfunción familiar, los celos, el pecado y la tristeza. Pero ahora miró hacia atrás con una visión clara y se maravilló de la forma en que el Pastor lo había perseguido y lo había preservado, lo había herido solo para protegerlo y le había producido tanto bien. Su hijo José ya había visto eso (45:5-8), y más tarde lo confirmaría: lo que otros pensaban para el mal, Dios lo usó para bien (50:20); la versión del Antiguo Testamento de Romanos 8:28.

David había aprendido que lo que fue cierto para Jacob también era cierto para él. Y sin mencionar situaciones específicas en su propia vida, describe el pastoreo del Señor de una manera que muestra cuán aplicable es para cada situación en nuestras vidas también.

Cuando sabes que el Señor es tu Pastor, puedes estar seguro de que no te faltará nada. En otra parte, David registra que incluso en la vejez nunca había «visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan» (Sal. 37:25).

El verbo que David usa («nada me faltará»/»nada querré») aparece en otra parte. Durante las peregrinaciones en el desierto, a la gente no le faltó nada (Éx. 16:18). Moisés pudo decir: «Por cuarenta años el Señor tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado» (Dt. 2:7). Dios prometió que lo mismo sería cierto en la tierra que les estaba dando (8:9). Él había hecho provisión para esto en la ley concerniente a la espiga (Lv. 19:9-10).

Por lo tanto, David probablemente también estaba pensando en cómo Jehová había guiado a la multitud por el desierto (Sal. 77:20; 78:32) y había demostrado ser el «Pastor de Israel» (80:1). Si Jehová pudiera proveer para ese enorme rebaño, concluyó David, entonces seguramente podría hacerlo para una sola oveja. Y ahora el Señor había vindicado su fe satisfaciendo todas sus necesidades.

Lo que al principio parece una lección de pastoreo del Pastor resulta ser la confianza de un creyente basada en la verdad de la Palabra de Dios y la revelación de Su carácter. Quizás esto es menos del David pastor pensando en cuidar ovejas y más del David expositor que se aplica la Palabra de Dios a sí mismo. Así, vino a compartir la fe de Jacob y experimentar la provisión soberana del Dios del éxodo.

Jesús vio un significado profundo en estas palabras; debe haberlas cantado con alegría. Miró hacia atrás a Sus padres Jacob y David y, al igual que ellos, confió en Su Padre para satisfacer todas Sus necesidades. De hecho, como Él explicó a Sus desconcertados discípulos, Su Padre le proporcionó Su alimento: «Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis… Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra» (Jn. 4:32, 34).

Pero Jesús también debe haber leído el Salmo 23 con un profundo sentimiento de carga. Porque Él sabía que, en última instancia, Él mismo era «el Buen Pastor» que «da Su vida por las ovejas» (10:11, 14). Lo que Jacob y David vieron solo vagamente, Jesús lo vio claramente. El Pastor debe sufrir por Sus ovejas.

Como el Buen Pastor, Jesús tomaría el lugar de Sus ovejas y sería llevado al matadero (Is. 53:7). Para ellos, Él sería herido (Za. 13:7; ver Mt. 26:31). Él daría todo de Sí mismo para proporcionarnos todo. ¿La implicación? Como Él no fue eximido sino que fue entregado por todos nosotros, podemos estar seguros de que Él nos dará todo lo que necesitamos (Ro. 8:32).

Esto es lo que quiere dejar dicho un cristiano al decir: «El Señor es mi pastor, nada me faltará».

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

 

Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson
El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

¿Qué es la inspiración de las Escrituras?

The Master’s Seminary

¿Qué es la inspiración de las Escrituras?

Josías Grauman

La inspiración es la doctrina que enseña que Dios es el autor de la Biblia. En 2 Pedro 1, Pedro explica que la Biblia no es un invento humano. El texto bíblico no se originó en la mente humana, sino que los autores bíblicos literalmente fueron «cargados» por el Espíritu Santo. En otras palabras, aunque cada autor humano escribió desde su propia experiencia y contexto, y con su propio vocabulario y estilo, el Espíritu los llevó a decir exactamente lo que Él quiso. Esto es lo que Pedro enfatiza al afirmar que los autores bíblicos fueron inspirados.

Pero la inspiración no sólo se trata del autor. Algunos liberales dicen que los autores fueron «inspirados» por el Espíritu con ciertas ideas, pero que, a la hora de escribir, ciertos errores humanos entraron en las palabras que escribieron. Pablo brinda una respuesta clara a la afirmación anterior cuando, en 2 Timoteo 3:16, dice que toda la Escritura —es decir, el texto mismo— fue inspirado por Dios. La palabra que Pablo usa en este versículo para comunicar la inspiración de la Escritura es, en el original, θεόπνευστος (teópnuestos), que literalmente significa que toda la Escritura fue exhalada, o soplada por Dios. El producto final, las palabras mismas, son palabras que Dios escribió y, por lo tanto, cada palabra refleja los atributos de su autor.

La Biblia es poderosa porque su autor es poderoso. La Biblia es inerrante porque su autor no puede errar. La Biblia es suficiente porque su autor es omnisapiente y sabe exactamente lo que sus hijos necesitan. Cada palabra es perfecta. Cada palabra es intencional. Por lo tanto, cada palabra debe ser creída, obedecida y predicada por sus hijos.

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.