Maduro y humilde | Tim Challies

El carácter del cristiano: maduro y humilde
Por: Tim Challies

Estamos explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios a todos los creyentes. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprendamos juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy consideraremos por qué los ancianos -y todos los cristianos- deben esforzarse por vivir vidas maduras y humildes.

Pablo le dice a Timoteo: “no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo.” (1 Timoteo 3: 6). Este es un llamado a la madurez espiritual y de esto aprendemos que los ancianos deben ser maduros al menos por dos razones: Porque la madurez está acompañada por la virtud de la humildad y porque la inmadurez está acompañada con los vicios del orgullo y la condenación. Por lo tanto, debemos dar posiciones de responsabilidad sólo a aquellos que son espiritualmente maduros. John Piper escribe, “al nuevo creyente, si se le otorga demasiada responsabilidad demasiado pronto, puede hincharse fácilmente con orgullo. La implicación es que parte de la esencia del cristiano es un proceso que lo hace más humilde y hace crecer su protección contra el orgullo. Debemos ver evidencias en su vida de que la humildad es una virtud asentada y no fácilmente derribada “.

Si los ancianos son humildes, la gente será humilde, evitando mucha discusión.

Alexander Strauch dice: “La madurez requiere tiempo y experiencia para lo cual no hay sustituto, así que un nuevo convertido no está preparado para la ardua tarea de pastorear el rebaño de Dios. “No hay nada de malo en ser “un nuevo convertido”. Todos los cristianos comienzan la vida en Cristo como bebés y crecen hasta la madurez. Un anciano, sin embargo, debe ser maduro y conocer su propio corazón. Un nuevo cristiano no conoce su propio corazón o no entiende la astucia del enemigo, por lo que es vulnerable al orgullo “la más sutil de todas las tentaciones y el más destructivo de todos los pecados”. De nuevo, él dice: “Si los ancianos son humildes, las personas serán humildes, evitando así mucha discusión. Si los ancianos son líderes de servicio, la iglesia será marcada por una humildad y servicio como la de Cristo” Dios llama a todos los cristianos a la madurez y la humildad, y ese crecimiento tiene lugar en el contexto de un liderazgo maduro y humilde.

Este llamado a la madurez se ve en toda la Palabra de Dios, no sólo para los líderes, sino para todos los cristianos. Lo que los ancianos deben modelar, todos los cristianos lo deben poseer. El autor de la carta a los Hebreos dice: “Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” (Hebreos 5:14) y pide a esta congregación que abandonen “las enseñanzas elementales acerca de Cristo, (y que) avancemos hacia la madurez… “(Hebreos 6: 1). Pablo dice que Dios da a la iglesia pastores y maestros “a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo… ” (Efesios 4: 12-13). Elogia a Epafras por estar “siempre esforzándose intensamente a favor vuestro en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios.” (Colosenses 4:12). Dios espera que sus hijos crezcan en madurez y que esto a su vez conduzca a la humildad.

Por lo tanto, en cierto sentido, este tema de madurez y humildad llega al corazón de toda esta serie: “el carácter del cristiano”. Los líderes cristianos -y todos los cristianos- deben esforzarse por volverse más parecidos a Cristo y crecer en madurez espiritual. A medida que crezcan en la madurez, necesariamente crecerán en humildad.

Auto-evaluación
Entonces ¿Qué hay de ti? ¿De qué maneras necesitas buscar mayores medidas de madurez y humildad? Te animo a considerar estas preguntas:

¿Hay evidencias en tu vida de que estás creciendo tanto “en la gracia como en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18)?
¿Eres más maduro espiritualmente ahora que lo que eras hace un año atrás? ¿Hace dos años? ¿Cómo lo sabrías?
¿Buscas el crédito y la gloria del hombre, o eres feliz de ser desconocido y no apreciado? Muchos cristianos quieren ser considerados como siervos, pero no quieren ser tratados como siervos. ¿Eres tu así?
¿De qué manera tus padres, hijos, conyugue, jefe o pastores dicen que necesitas crecer?
Puntos de oración
La fidelidad de Dios nos mantendrá firmes, incluso cuando nuestro crecimiento se demore. Toma aliento mientras oras de estas maneras:

Te ruego, Padre, que me hagas más parecido a tu Hijo en cada área de mi vida.
Te ruego que no dejes que haya puntos ciegos en mi vida y, si han existido, que me des la gracia de verlos y apartarme de mi pecado.
Te ruego que yo aproveche al máximo los medios de gracia para que a través de ellos pueda llegar a ser más como Cristo.
Te ruego que me ayudes a ser el siervo de todos y así perseguir la verdadera grandeza.
La próxima semana concluiremos esta serie considerando lo que significa que los ancianos y todos los cristianos sean respetados por los de afuera.

Publicado originalmente en Challies.com

Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

La gravedad mortal de las palabras imprudentes | Tim Challies

La gravedad mortal de las palabras imprudentes
Por Tim Challies

Un técnico de una compañía aérea se olvidó de comprobar los registros de los vuelos anteriores y, por tanto, no tomó medidas ante un fallo de control que se había repetido varias veces en los últimos días. Su descuido fue uno de los motivos por los que el avión se estrelló en un vuelo posterior.

Un ingeniero no puso los frenos en los vagones cisterna estacionados, que pronto empezaron a moverse por sí solos hasta que, fuera de control, se salieron de las vías y explotaron. Su imprudencia provocó gran cantidad de muertes y destrucción.

Un conductor de camión se distrajo por un problema con su remolque, no se dio cuenta de una señal de alto y atravesó una intersección a gran velocidad, poniéndose inmediatamente en la trayectoria de un autobús que circulaba a gran velocidad. Su imprudencia se cobró la vida de muchos pasajeros y le valió una larga condena en prisión.

Cada una de estas personas tuvo que rendir cuentas por su imprudencia, por su negligencia y por toda la devastación provocada. Y con razón, porque la imprudencia no es un asunto menor. La imprudencia es una cuestión moral que puede tener graves consecuencias.

Jesús tenía en mente la imprudencia el día en que las autoridades religiosas se enfrentaron a Él por no cumplir su interpretación de la ley religiosa. Señaló que las palabras de ellos eran malas porque sus corazones eran malos. «¿Cómo podéis hablar bien, si sois malos?», preguntó. «Porque de la abundancia del corazón habla la boca». Y en ese contexto ofreció la más solemne de las advertencias. «Os digo que en el día del juicio la gente responderá por toda palabra imprudente que diga».

Las palabras tienen un poder inmenso: poder para hacer tanto bien y poder para hacer tanto mal. Las palabras pueden fortalecer a los débiles o quebrantarlos, consolar a los tristes o afligirlos, aliviar a los agobiados o abrumarlos aún más. Las palabras pueden tener sabor a vida o sabor a muerte, olor a cielo u olor a infierno. Pueden hacer la obra de Dios o del diablo, servir a la causa de Cristo o de Sus enemigos. Las palabras son tan maravillosas como terribles, tan bellas como horribles, tan preciosas como espantosas.

No es de extrañar, entonces, que la Biblia se refiera a nuestras palabras tan a menudo y con tanta solemnidad. Porque nuestras palabras ponen ante nosotros una elección cada día y en cada momento. Cada vez que abrimos la boca, cada vez que deslizamos nuestras pantallas, cada vez que pulsamos nuestros teclados, nos atribuimos el poder de la vida y de la muerte.

Lo que tal vez necesitemos recordar es que tendremos que rendir cuentas por nuestras palabras, por todas nuestras palabras. Habrá un juicio no sólo por las palabras que usamos intencionadamente mal o que usamos deliberadamente para herir a otros, sino también por las palabras que usamos imprudentemente. Seremos responsables ante Dios no sólo por lo que fue totalmente malintencionado, sino también por lo que fue simplemente negligente, apático, irresponsable, imprudente o impetuoso.

Porque al igual que la falta de prudencia es una cuestión moral cuando se trata del transporte, también lo es cuando se trata de la comunicación. Así como la imprudencia puede expresarse en las acciones, también puede expresarse en el habla. Y así como es correcto y justo que se rindan cuentas por el desempeño descuidado de las tareas, también es correcto y justo que se rindan cuentas por la pronunciación imprudente de palabras. Porque las palabras pueden causar tanto daño como los hechos.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Líderes de familia | Tim Challies

Líderes de familia
Por: Tim Challies

Estamos explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios a todos los creyentes. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy vamos a considerar por qué es importante que los padres –tanto los ancianos como todos los cristianos– guíen a sus familias de una manera que honre a Dios.

En 1 Timoteo 3:4-5 leemos: “(Un anciano) gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?)”. Pablo le dice a Tito de la misma manera que a los ancianos: que “tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía”. (Tito 1:5-6). Entonces, ¿qué significa esto y por qué es tan importante?

Simplemente significa que el liderazgo del hombre dentro del hogar demuestra su capacidad para dirigir dentro de la iglesia. Por el contrario, su incapacidad para liderar dentro del hogar demuestra su incapacidad para liderar dentro de la iglesia. Por esta razón, la casa en lugar de la oficina o el aula es el campo de pruebas donde confirma la capacidad de liderazgo de un hombre. ¿Por qué? Como lo explica Alexander Strauch: “Dirigir la iglesia local se parece más a dirigir una familia que a dirigir una empresa o un país. Un hombre puede ser un empresario exitoso, un funcionario público capaz, un brillante gerente de oficina o un líder militar de alto rango, pero puede ser un terrible anciano de una iglesia o padre de familia. Por lo tanto, la capacidad de un hombre para supervisar su hogar también es un prerrequisito para la supervisión de la familia de Dios”.

Pero, ¿qué significa entonces para un hombre administrar bien su casa? John Piper ofrece una traducción alternativa del griego que ilumina bastante el asunto: “líder de una casa bien ordenada”. Él explica que, “debe tener hijos sumisos. Esto no quiere decir perfectos, pero sí quiere decir bien disciplinados, que no hacen caso omiso de las instrucciones de sus padres de manera abierta y regular. Los hijos deben honrar a sus padres y él debe ser un líder espiritual amoroso y responsable en el hogar”.

Una vez más, si un hombre no puede conducir con ternura y amar sacrificialmente a su propia familia, no debe dársele el privilegio y la responsabilidad de liderazgo en la iglesia. Si no puede destacarse en uno, no va a destacarse en el otro. Así que, si un hombre tiene familia, todo el proceso de evaluación de él como candidato para ser anciano debe implicar observar de cerca su casa. Thabiti Anyabwile advierte de “hombres que podrían estar demasiado preocupados con los asuntos de la iglesia y ocuparse muy poco de lo que está pasando bajo su propio techo. Uno piensa en el reproche precipitado y equivocado de Eli en cuanto a Ana mientras ella oraba, al mismo tiempo que era descuidado en la responsabilidad para con sus hijos rebeldes (1 Samuel 1-2). Un anciano atiende los asuntos de su casa”.

¿Y qué acerca de la gran pregunta sobre lo que significa que los hijos sean creyentes? Se trata de un texto complicado que ha sido objeto de mucha discusión, pero me encuentro en un acuerdo sustancial con el hábil manejo que Justin Taylor hace del pasaje. Señala que la palabra traducida como “creyentes”, –como en “que tenga hijos creyentes”– puede ser traducida como “fiel”. Esta traducción permite al texto complementarse muy bien con 1 Timoteo 3:4, con su énfasis en el control, la obediencia y la sumisión. Él concluye: “Lo que no debe caracterizar a los hijos de un anciano es la inmoralidad y la rebeldía indisciplinada si los hijos están aún viviendo en su casa y bajo su autoridad”.

Ahora bien, ¿qué pasa con los padres cristianos que no son ancianos? ¿Cómo honramos el texto, incluso en la medida que ampliamos su aplicación? Pues bien, estas otras personas también deben exhibir la habilidad y la piedad en sus relaciones familiares. Ellos, también deben tratar de ser ejemplares. Los padres deben dirigir y enseñar amorosamente a sus hijos, las madres deben cuidar a sus hijos con alegría, ejercitando paciencia y una autoridad amorosa sobre ellos. Pablo escribe: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor” (Efesios 6:4; ver también Génesis 18:19; Salmo 78:4; 2 Timoteo 3:15). En la Shemá, Dios a través de Moisés le dice a los hijos de Israel, tanto a hombres como mujeres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón y diligentemente las enseñarás a tus hijos” (Deuteronomio 6:6-7; ver también Deuteronomio 4:9; 11:19).

Del mismo modo, los Proverbios describen repetidamente la importancia de disciplinar a los hijos. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24; ver también Proverbios 19:18; 22:15; 23:13-14; 29:15, 17). Una gran cantidad de pasajes narrativos muestran el peligro de descuidar tal atención y disciplina. El autor de Hebreos hace hincapié en la importancia de disciplinar a los hijos como una expresión de amor hacia ellos. Él pregunta: “¿qué hijo es aquél a quien su padre no disciplina?” (Hebreos 10:7). De hecho, Dios “nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad” (versículo 10; véase Hebreos 10:3-11 para el contexto).

Las mujeres desempeñan un papel específico y vital en la familia. Pablo instruye a Tito, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5). Una vez más, Pablo escribe: “Por tanto, quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche” (1 Timoteo 5:14).

De principio a fin la Biblia coloca a todos los padres bajo la responsabilidad de enseñar y formar a los hijos y de esa manera de ejercer el cuidado y la amorosa supervisión sobre ellos.

Auto-evaluación
Entonces, ¿qué en cuanto a ti? Te animo a reflexionar sobre estas preguntas a continuación para ver cómo puedes crecer en tu liderazgo en el hogar:

¿Estás buscando formas de mejorar en la manera que enseñas y disciplinas a tu familia?
Cuando tu familia está expuesta públicamente, ¿están tus hijos fuera de control, o siguen por lo general tu ejemplo y responden a tu corrección?
¿Puedes hablar del estado espiritual de tus hijos? ¿Conoces la condición de sus almas? ¿Oras por ellos de manera específica?
Padres, ¿dirigen a sus familias espiritualmente? ¿Son los devocionales familiares parte de su rutina? Madres, ¿enseñan y entrenan a sus hijos? ¿Oran con ellos y los disciplinan con amor?
Puntos de oración
Nuestro Padre celestial anhela ayudar a los padres terrenales (y, por supuesto, a las madres). Considera la posibilidad de orar de esta manera en la medida que buscas con humildad y denuedo ser un buen padre de familia:

Oro para que hagas de mí un líder fiel y paciente en mi casa.
Oro para que me ayudes a mostrar a mis hijos que los quiero, tanto de una manera firme como de una manera tierna.
Oro para que pueda mostrar el Evangelio en la forma en que amo, dirijo y cuido de mis hijos.
Oro para que pueda tener una comprensión más profunda de lo que significa que Dios es mi Padre y que así pueda imitarlo en la forma en que cuido de mis hijos.

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Publicado originalmente en Challies.com. Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

Hasta los confines de la tierra | Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine:La historia de la Iglesia | Siglo XVIII

Burk Parsons

David Brainerd (1718-47) vivió en misión para Dios. Brainerd viajó miles de kilómetros a caballo, evangelizando a los nativos americanos y proclamando el evangelio en las colonias de América del norte. Su principal objetivo en la vida era proclamar la buena nueva de Jesucristo, al escribir: «No me importaba dónde ni cómo vivía, ni qué penurias pasaba, con tal de ganar almas para Cristo». Brainerd fue a la presencia del Señor a una edad temprana, pero su legado continúa vivo. Además, Brainerd era muy apreciado por muchos de sus colaboradores del siglo XVIII. Jonathan Edwards (1703-58), teólogo de renombre durante el Primer Gran Despertar, se dedicó a dar a conocer la historia de Brainerd con el fin de animar y dar ejemplo a la iglesia para que continuara viviendo en misión para Dios.

Brainerd fue una luz brillante en el siglo XVIII, pero él no estaba solo. Esta fue la era del Primer Gran Despertar tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, y Dios levantó a muchos predicadores para alcanzar a los inconversos con las buenas nuevas de Jesucristo. Las misiones protestantes, que habían estado en marcha desde la Reforma del siglo XVI, disfrutaron de un nuevo enfoque, y muchos hombres y mujeres obedecieron el llamado de Jesús de ir hasta los confines de la tierra y hacer discípulos de las naciones. Hoy, la iglesia sigue beneficiándose del fruto de quienes trabajaron durante el siglo XVIII para dar a conocer a Cristo entre todas las naciones. La predicación, la himnología y la piedad del siglo XXI se han visto moldeadas en gran medida por la labor de los fieles cristianos del siglo XVIII.

Estudiamos la historia de la iglesia no solo para aprender del pasado y recordarlo, sino también para que nos ayude a servir con sabiduría y a glorificar a Dios ahora y en el futuro. Contemplamos a las grandes figuras de épocas pasadas para aprender de sus éxitos y fracasos. Examinamos sus vidas para animarnos a imitarles en la medida en que siguieron a Cristo (1 Co 11:1). Porque hasta que Cristo regrese, debemos preocuparnos por ver la conversión y el discipulado de nuestros vecinos y de las naciones. A medida que trabajamos hacia este fin, debemos descansar en la gloriosa verdad de que Dios está cumpliendo soberanamente Sus propósitos mientras obra soberanamente en y a través de nosotros como Sus instrumentos. Como algunos han dicho, la historia es una historia escrita por el dedo de Dios, y esa historia se centra en la historia de la cruz de Cristo Jesús, que viene de nuevo cuando culmine Su misión, cuando se haya satisfecho la Gran Comisión y todos los elegidos de toda tribu, lengua y nación hayan sido salvados.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Olvidando Lo Que Queda Atrás? | Andrew Kerr

¿Olvidando Lo Que Queda Atrás?
Por Andrew Kerr

Pensé que sería apropiado, a medida que avanzamos en este año, considerar, brevemente, el celo de Pablo por «seguir adelante» con el Señor.

7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, 9 y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe, 10 y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, 11 a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. 12 No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también[e] fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. – Filipenses 3:7-14

Como muchas afirmaciones bíblicas, no debe ser absolutizada, particularmente cuando se trata de olvidar lo que está detrás.

El apóstol casi con toda seguridad toma esta metáfora de la arena – la longitud del campo en Atenas era de 607 pies desde los bloques de salida hasta el poste de llegada.

Para obtener el premio, los corredores no deben distraerse – mirar hacia atrás no sólo deletrea peligro sino que también hace que los atletas se desaceleraran: un retraso en el titubeo resultaría en una derrota.

Para alcanzar el objetivo del corredor y recibir la llamada del 1er premio, se necesita una concentración mental total, ojos fijos en la meta, motivados por el olor del éxito, para hacer que el esfuerzo de los tendones valga la pena.

Cuando traducimos esta metáfora al ámbito espiritual, es útil pensar en lo siguiente cuando la aplicamos a nosotros mismos:

Es bueno mirar hacia atrás en las siguientes circunstancias:

  1. Conmemorar lo que Dios ha hecho – en la redención, en la historia, en los avivamientos, a través de los héroes, para las iglesias y en los creyentes.
  2. Reflexionar sobre la obra de la gracia de Dios en nuestras propias vidas – predestinados, llamados, justificados, el progreso hasta la fecha en la gracia santificante, y todo lo que precede a la gloria que nos espera.
  3. Arrepentirse o profundizar en el arrepentimiento de los pecados no confesados o confesados superficialmente.
  4. Reparar las relaciones que deberían haberse arreglado hace mucho tiempo – es trágico cuando muere un hermano o hermana con el que no nos hemos reconciliado.
  5. Para guiarnos de la contrición, a las promesas del Evangelio, por la gracia y la gloria que se encuentra en Cristo, en la búsqueda de la santidad.

¿Por qué es bueno mirar hacia atrás a esas cosas?


A. Acelera (y de hecho es parte de) la santificación y el progreso que Pablo persigue en la búsqueda de la plena conformidad con Cristo – la ingratitud y la impenitencia en realidad frenarán nuestro caminar y nos obstaculizarán en esta carrera.

B. Nos anima y nos estimula cuando pensamos en lo que Dios ya ha hecho, y sabiendo que Él es fiel, y seguramente continuará haciendo lo mismo – Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

C. Glorifica a Dios y está ordenado en la Escritura – ya que A y B todo obrará para bien.

Es malo mirar hacia atrás en las siguientes circunstancias:

  1. Cuando nos llena de una pena impropia, un resentimiento amargo o un desánimo sombrío, hay algunas cosas que necesitan ser decididamente «encarpetarlo» si queremos correr bien.
  2. Cuando nos encerramos en nosotros mismos en una introspección malsana sobre los pecados anteriores, no podemos deshacer los problemas que no se pueden resolver y que no hemos causado.
  3. Cuando estamos llenos de vanos arrepentimientos sobre decisiones que tomamos que fueron tontas o imprudentes y que nos dejan en dolor, vacilantes o confundidos – Cristo derramó su sangre y se ofreció a sí mismo por (y a) nosotros para quitar estos grilletes de nuestros pies y sogas de nuestros cuellos (en cambio debemos confiar en Dios, mientras esperamos con optimismo, para ver cómo nuestros numerosos, trágicos, errores serán soberanamente anulados, en el amor, para bien).
  4. Cuando empezamos a jactarnos ante el Señor en nuestro pedigrí, herencia, religión, rituales, servicio, esfuerzos como obras de justicia por las cuales nos justificamos.
  5. Cuando comenzamos a jactarnos ante Dios en cualquiera de los casos anteriores y por lo tanto volvemos nuestra mirada hacia nosotros mismos (y nos alejamos de Cristo que se nos ofrece gratuitamente en los medios de gracia).

¿Cómo y cuándo debemos mirar hacia atrás?
Así que mira hacia atrás al Dios que ha hecho grandes cosas por nosotros, y mira hacia atrás para confesar tu pecado para poder avanzar; pero no mires hacia atrás para acumular crédito para ti mismo – en vez de eso mira hacia adelante a Cristo, que es tanto la meta como el llamado – el Resucitado, Exaltado, Salvador tiene gracia en el presente, más gracia para el futuro, y gloria al final, cuando el llamado hacia arriba esté completo, cuando veas Su rostro sonriente.

Recuerden, siempre, ¡mirar a Cristo!
Y si estás plagado de la tendencia a mirar hacia atrás de manera equivocada, o si siempre estás mirando por encima del hombro al pecado, acelera el paso, mira a Cristo – Su mirada siempre fue correcta. ¡Él fijó ambos ojos en la Cruz! Lo hizo para ganar (y luego conceder a los que lo piden) la gracia sobreabundante de mantener los ojos fijos en Él.

Artículo de: Evangelio Blog

Amable | Tim Challies

El carácter del cristiano: amable
Por: Tim Challies

Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos, que son en realidad un llamado de Dios para todos los cristianos. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos.

Quisiera que consideremos juntos si estamos mostrando estos rasgos, y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a ver lo que significa para un anciano —y para cada cristiano— ser amable.

Pablo escribe a Timoteo que el anciano debe ser “no pendenciero, sino amable” (1 Timoteo 3:2-3). De manera similar, le dice a Tito que el anciano no debe ser “pendenciero” (Tito 1:7). La característica positiva aquí es la amabilidad y se opone a dos características negativas como el ser pendenciero o violento. El anciano (y, por lo tanto, cada cristiano maduro) busca la amabilidad y huye de la violencia y de la argumentación trivial.

Ser amable es ser tierno, humilde y sensible; conocer qué postura y respuesta se adecua para cada ocasión. Indica amabilidad y el deseo de extender misericordia a otros, y un deseo de someterse tanto a la voluntad de Dios como a las preferencias de otras personas. Tal amabilidad será expresada primero en el hogar y sólo después de esto subsecuentemente en la iglesia. Es un rasgo poco común, pero uno que conocemos y amamos cuando lo vemos y lo experimentamos.

Alexander Strauch resalta que perseguir la amabilidad es imitar a Jesús. El escribe, “Jesús nos dice quién es como persona: es manso y humilde. Sin embargo, demasiados líderes religiosos no son mansos ni humildes. Ellos son controladores y orgullosos. Utilizan a la gente para satisfacer sus crecientes egos. Pero Jesús es refrescantemente diferente. Él realmente ama a la gente, sirviendo desinteresadamente y dando Su vida por ellos. Él espera que sus seguidores -especialmente los ancianos que dirigen a Su pueblo- sean humildes y mansos como Él”. De manera similar, John Piper escribe: “Esta [amabilidad] es lo opuesto de ser belicoso o beligerante. No debe ser áspero o mezquino. Debe estar inclinado a la ternura y recurrir a la dureza sólo cuando las circunstancias recomiendan esta forma de amor. Sus palabras no deben ser ácidas o divisivas, sino útiles y alentadoras “.

El anciano, entonces, debe ser amable, capaz de controlar su temperamento y su respuesta a los demás cuando es atacado, calumniado y cuando se encuentra en situaciones tensas o difíciles. Está marcado en todo momento por la paciencia, la ternura y un espíritu dulce. Negativamente, no debe perder el control ni física ni verbalmente. No debe responder a otros con fuerza física o amenazas de violencia. Cuando se trata de sus palabras, no debe pelear ni altercar ni ser uno que ama discutir. Incluso cuando es empujado y exasperado no arremete con sus palabras, no aplastará una caña magullada ni apagará un pábilo humeante.

Estoy seguro de que ustedes se dan cuenta de que Dios llama a todos los cristianos -no sólo a los ancianos- a ser amables. Los ancianos deben servir como ejemplos de mansedumbre, pero cada uno de nosotros debe mostrar este rasgo si queremos imitar a nuestro Salvador. Hay muchos textos a los que podemos recurrir, entre ellos este que nos dice que la mansedumbre es un fruto necesario del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio” (Gálatas 5: 22-23). Poco después Pablo dice: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre” (Gálatas 6: 1).

El exhorta a los cristianos de Éfeso a caminar de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados y dice que esto implica vivir “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos con otros en amor, deseosos de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz “(Efesios 4: 1-3). Al hablar de la congregación bajo el cuidado de Tito dice: “Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra; que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres.”(Tito 3: 1-2). La evidencia es clara: debemos ser amables para que podamos servir como una muestra de quien se ocupa tan amablemente con nosotros.

Auto-evaluación
Así que, ¿qué de ti? ¿Tu vida refleja la mansedumbre y humildad de la amabilidad? Te animo a hacerte en oración preguntas como estas:

Cuando alguien te hace daño, ¿eres propenso a atacar con ira? Si es así, ¿se expresa ese enojo físicamente, verbalmente o ambos?
¿Están las personas temerosas de enfrentar el pecado en tu vida porque temen tu ira o tus palabras cortantes? ¿Te temen tu esposa y tus hijos?
¿Tus amigos y familiares dirían que eres amable? ¿Dirían que los tratas con ternura?
¿Te gusta jugar al abogado del diablo? ¿Te gusta un buen argumento? ¿Qué indicaría tu presencia en los medios sociales?
Puntos de oración
El Dios de paz está ansioso por darte la paz de Dios (Filipenses 4: 7, 9). Por lo tanto, te animo a orar de esta manera:

Ruego que me hagas más parecido a Cristo para que yo sea manso como él es manso. Ruego que yo pueda considerar regularmente todas las formas en que Tú has sido tan paciente y amable conmigo.
Ruego que me ayudes a tragar mi orgullo, confesar mis pecados a los demás, y restaurar las relaciones tensas que tengo.
Ruego que me des la gracia de ser paciente y tranquilo cuando otros me atacan y me malinterpretan. Ayúdame a responder con mansedumbre incluso en las circunstancias más difíciles.
Oro que yo sea lento para comenzar una discusión o para entrar en la de algún otro.


Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter. Publicado originalmente en Challies.com. Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho – Lucas 2:20

¿Cuál era el motivo de su alabanza? Alababan a Dios por lo que habían oído: por las buenas nuevas de gran gozo que decían que les había nacido un Salvador. Imitémoslos; levantemos nosotros también un cántico de acción de gracias por haber oído de Jesús y de su salvación. También alababan a Dios por lo que habían visto. Hay una música más melodiosa: aquello que hemos experimentado, que hemos sentido en nosotros, de lo que nos hemos apropiado… «Las cosas que hemos hecho tocante al Rey».

No es suficiente oír acerca de Jesús. El mero acto de oír puede afinar el arpa, pero son los dedos de la fe viva los que producen la música. Si has visto a Jesús con la visión de la fe que Dios da, no consientas que haya las telarañas entre las cuerdas del arpa, sino que, en alta voz, para alabanza de la soberana gracia, despierta tu salterio y tu arpa.

Un motivo por el cual alababan a Dios aquellos pastores era la concordancia entre lo que habían oído y lo que habían visto. Observa la última frase: «Como se les había dicho». ¿Has encontrado que el evangelio no ha sido para ti lo que la Biblia dice que debiera haber sido? Jesús prometió que te daría descanso. ¿No has gozado en él de la más dulce paz? Él dijo que tendrías gozo, bienestar y vida, creyendo en él. ¿No has recibido todas estas cosas? ¿No son sus sendas, sendas de gozo, y sus pasos, pasos de paz? Sin duda puedes decir con la reina de Sabá: «Ni aun se me dijo la mitad». He hallado a Cristo más amable de lo que sus siervos me dijeron que era.

Contemplé su parecer mientras lo describían, pero eso era un mero manchón comparado con la realidad; porque el Rey en su hermosura eclipsa toda la belleza imaginable. Sin duda, lo que hemos visto guarda relación con lo que hemos oído: más aún, lo excede.

Glorifiquemos, pues, y alabemos a Dios por un Salvador tan precioso y que tanto satisface.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 36). Editorial Peregrino.

Templanza | Tim Challies

El carácter del cristiano: templanza

Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Estamos explorando cómo las diversas cualidades de los ancianos son en realidad el llamado de Dios a todos los creyentes. Mientras los ancianos están destinados a ejemplificar estas cualidades, todos los cristianos deben exhibirlas. Quiero que consideremos si estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida. Hoy vamos a ver lo que significa para los líderes cristianos y para todos los cristianos, ser templados y sobrios en lugar de borrachos o perversos.

Pablo le dice a Timoteo que un anciano no debe ser “dado a la bebida” (1 Timoteo 3:2-3). Otra vez, le dice a Tito que un anciano sea “no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida.” (Tito 1:5-7). ¿Por qué esta cualidad especial? ¿Qué es lo que la hace importante?

Alexander Strauch dice claramente: “La embriaguez es pecado, y la gente persistentemente borracha requiere disciplina eclesiástica. … Así que una persona en una posición de confianza y autoridad sobre otras personas no puede tener un problema con la bebida.” Otra vez, él escribe: “Si un anciano tiene un problema con la bebida, conducirá a la gente al extravío y traerá reproches a la iglesia. Su sobre-indulgencia interfiere con el crecimiento espiritual y el servicio, y puede conducir a pecados más degradantes.” Vale la pena señalar que la Biblia no echa la culpa de la embriecha sobre el alcohol mismo, sino sobre el que lo consume. Comentando sobre 1 Timoteo 3, Juan Stott señala que Pablo “no exigía que fueran abstemios totales, puesto que Jesús mismo cambió el agua en vino e hizo del vino el emblema de su sangre. … Lo que Pablo requiere, sin embargo, es la moderación, como un ejemplo del dominio de sí mismo ya mencionado…”

John Piper amplía un poco las implicaciones del pasaje cuando dice: “La calificación general aquí sería como la de la templanza, es decir, el dominio propio — no adicto a nada perjudicial, debilitante o mundano. La libertad de la esclavitud debe ser tan apreciada que no se le cede ningún tipo de servidumbre.” Piper extiende el alcance de este mandato del alcohol a cualquier otro tipo de intoxicante o estupefaciente — una común y creo que justa extensión del principio.

Como hemos visto para cada una de estas cualidades, Dios requiere que todos los cristianos —no sólo los ancianos— persigan los mismos estándares. Pablo le dice a la iglesia en Corinto que no deben asociarse ni comer con “cualquiera que lleve el nombre de hermano” y que sea “borracho” (1 Corintios 5:11). ¿Por qué? Porque los borrachos (entre otros) “no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). Una vez más, Pablo dice, “los que hacen tales cosas (como emborracharse) no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:21). En otras partes, él ordena: “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). Pedro está de acuerdo: “El tiempo ya pasado os es suficiente para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces y abominables idolatrías” (1 Pedro 4:3).

Los Proverbios también advierten contra la embriaguez muchas veces y de muchas maneras. “El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio” (Proverbios 20:1). “No estés con los bebedores de vino, ni con los comilones de carne” (Proverbios 23:20). Considere también este pasaje:

“¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas? ¿De quién las contiendas? ¿De quién las quejas? ¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos enrojecidos? De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclados. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece en la copa; entra suavemente, pero al final como serpiente muerde, y como víbora pica. Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón proferirá perversidades. Y serás como el que se acuesta en medio del mar, o como el que se acuesta en lo alto de un mástil. Y dirás: me hirieron, pero no me dolió; me golpearon, pero no lo sentí. Cuando despierte, volveré a buscar más” (Proverbios 23:29-35).

Finalmente, a grupos específicos de personas también se les dice que estén sobrios. Los diáconos deben mantenerse con la siguiente norma: “Los diáconos también deben ser… no dados al mucho vino” (1 Timoteo 3:8). Y otra vez Pablo escribe: “las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino” (Tito 2:3).

La Biblia lo deja muy claro: el pueblo de Dios debe ser esclavo solamente de Jesucristo. Deben resistirse a cualquier competidor, y el principal entre ellos, el alcohol.

Auto-evaluación
Así que, ¿que de ti? ¿Tu vida refleja la sobriedad y el autocontrol? Te animo a hacerte preguntas como estas:

¿Tienes una posición bíblicamente informada sobre si los cristianos pueden consumir alcohol o no? ¿Cumples tu posición?
¿Eres capaz de tomar alcohol con moderación y sin intoxicarte? ¿Estarían de acuerdo tus amigos y tu familia con eso?
¿Te encuentras tentado a beber demasiado cerca de tu límite? ¿Sucumbes regularmente a la tentación de tener “apenas un trago más”?
¿Hay otras sustancias a las que eres adicto? ¿Buscas el alcohol o cualquier otra sustancia para la felicidad y la satisfacción que sólo Cristo puede proporcionarte?
Puntos de oración
Si tú bebes regularmente, de vez en cuando, o nada en absoluto, te animo a considerar el orar en algunas de estas formas:

Ruego que profundices mis convicciones sobre el alcohol para que pueda participar (o no participar) con libertad y confianza. Ayúdame a no violar nunca mi conciencia, a no juzgar a los demás y a no hacer alarde de mi libertad.
Ruego que yo pueda disfrutar de tus dones sin ser esclavizado a ellos. Ruego que me des la victoria sobre toda borrachera y sobre la indulgencia. Incluso si esto es una tentación impensable en este momento, te pido que me ayudes a nunca bajar la guardia, sino siempre a ser vigilante.
Ruego que me hagas más parecido a Cristo, quien fue capaz de estar cerca del alcohol y de los que lo consumieron, pero que no podía ser acusado de embriaguez porque nunca se excedió en ello.


Publicado originalmente en Challies.com.

Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio.

Hospitalario | Tim Challies

El carácter del cristiano: Hospitalario
Por: Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hoy continuamos con nuestra serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos que son en realidad un llamado de Dios para todos los creyentes. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos. Quisiera que consideremos juntos si es que estamos mostrando estos rasgos y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a mirar lo que implica para un anciano —y para cada cristiano— ser hospitalario. Veremos por qué razón Dios eleva este rasgo a un lugar de tanta importancia.

Pablo le dice a Timoteo, “Un obispo debe ser… hospitalario” (1 Timoteo 3:2) y hace eco de esto en su carta a Tito (Tito 1:8). La palabra griega “hospitalario” (philoxenon) indica un amor por los extraños. En días cuando no existían hoteles de buena calidad y accesibles como en la actualidad, se esperaba que los cristianos extendieran hospitalidad a otros viajeros creyentes o predicadores itinerantes. Ellos los alimentarían y les proveerían un lugar limpio para dormir, a fin de que no fueran a pensiones sucias, peligrosas y desagradables. Por supuesto la palabra tiene más extensiones que incluyen otras formas de hospitalidad. Pero primordialmente, indica una disposición a invitar a otros dentro de tu hogar para una estadía ya sea breve o extensa.

¿Por qué hacer énfasis en este rasgo particular? Alexander Strauch lo explica de esta manera: “La hospitalidad es una expresión concreta de amor cristiano y vida familiar. Es una virtud bíblica importante… Darse uno mismo al cuidado del pueblo de Dios significa compartir la vida del hogar con otros. Un hogar abierto es señal de un corazón abierto y de un espíritu amoroso, sacrificial y servicial. La falta de hospitalidad es una señal segura de un cristianismo egoísta, sin vida y sin amor”. La hospitalidad es una manifestación abierta y tangible del carácter piadoso.

Un hogar abierto muestra el amor cristiano, pero también lo hace posible. La hospitalidad crea oportunidades para relaciones, discipulado y evangelismo. Crea un contexto natural para ver un modelo de matrimonio, paternidad y una amplia serie de virtudes cristianas. Si bien debemos enseñar a otros lo que la Biblia dice, también debemos demostrar lo que dice, y esto lo hacemos al invitar personas a nuestros hogares y a nuestras vidas.

¿Solamente los ancianos son llamados a compartir sus vidas y sus recursos abriendo sus hogares? No, es un llamado para todos los cristianos. Si bien la ley en el Antiguo Testamento coloca un gran énfasis en el cuidado y la protección del peregrino, este cuidado por los extranjeros es aún más explícito en el Nuevo Testamento. Pedro le escribe a todos los cristianos cuando dice “Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones” (1 Pedro 4:9) y Pablo le dice a toda la congregación en Roma que ellos deben estar “practicando la hospitalidad” (Romanos 12:13). El autor de Hebreos dice, “No se olviden de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2). Pablo instruyó a Timoteo para que la iglesia extendiera su benevolencia a una viuda “si ha mostrado hospitalidad” (1 Timoteo 5:9-10). Jesús enseñó que seremos juzgados sobre la base de nuestra hospitalidad, puesto que cuando amamos y recibimos a otros, en realidad lo estamos amando y recibiendo a Él (Mateo 25:35-40).

Strauch concluye diciendo que “difícilmente exista algo más característico del amor cristiano que la hospitalidad. Por medio del ministerio de la hospitalidad compartimos las cosas que más valoramos: familia, hogar, recursos financieros, comida, privacidad y tiempo. En otras palabras, compartimos nuestras vidas”.

Auto-evaluación
¿Qué acerca de ti? ¿Dirían otros que tu eres hospitalario? Reflexiona en las siguientes preguntas y al responderlas sé honesto contigo mismo y con Dios:

¿Cuántas personas de tu iglesia has invitado a tu hogar para una comida? ¿Cuándo fue la última vez que alguien se quedó un noche en tu hogar?
¿Se acercan otros a ti cuando necesitan ayuda o das la impresión de que no quieres que te molesten?
¿Tiene tu familia la intención de recibir a otros en tu hogar, incluso si son diferentes a ti o si te hacen sentir incómodo o perturbado?
¿Por qué temes recibir a otros en tu vida y en tu hogar? ¿Qué promesas te ha dado Dios a las cuales te puedes aferrar para tener esperanza, paz y seguridad?
Puntos de oración
Toma aliento en la verdad de que el Dios del débil y marginado te recibe a ti y ora a Él de esta manera para obtener su ayuda:

Oro para que me llenes con tu Espíritu de manera que mi vida pueda llevar fruto en obras de amor para otros.
Oro para no aferrarme a todas las cosas que me das y para recordar que mi hogar, mi comida, mi tiempo y todo lo demás te pertenecen a ti. Ayúdame a ser un administrador fiel de todas estas cosas.
Oro para que me des el denuedo para recibir a otros como tu me has recibido a mí.
Oro para que la motivación de mi corazón sea que, a través de amar a otros, yo mismo pueda expresar mi amor por Cristo. Por favor, dame gran gozo y libertad en ser hospitalario.
En el próximo artículo consideraremos lo que implica para los ancianos y para todos los cristianos no ser pendenciero, sino amable.

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio

3 PRINCIPIOS PARA HONRAR A TUS PADRES A MEDIDA QUE VAN ENVEJECIENDO

3 PRINCIPIOS PARA HONRAR A TUS PADRES A MEDIDA QUE VAN ENVEJECIENDO

Por Jim Newheiser Elyze Fitzpatrick

HONRAR A TUS PADRES
Aunque los hijos adultos están libres del control paterno, siguen teniendo la responsabilidad de honrar a sus padres (Éx 20:12). Los hijos adultos honran a sus padres cuando buscan su consejo respecto a decisiones importantes. También muestran amor y respeto invirtiendo en la relación por medio de visitas frecuentes y llamadas telefónicas. Muchas familias jóvenes honran a padres que viven lejos usando sus recursos limitados y sus días de vacaciones para ir a visitarlos. Esto puede producir recuerdos que duran toda la vida y lazos más fuertes con nuestros hijos y nietos. A medida que los hijos adultos ganan una perspectiva más madura de la edad adulta, entienden y valoran cada vez más todo el esfuerzo de sus padres, y eso suele llevarlos a un mayor agradecimiento.

HONRA A TUS PADRES ASEGURÁNDOTE DE QUE SUS NECESIDADES ESTÉN CUBIERTAS
Aunque muchos de nosotros anhelamos disfrutar esa etapa del nido vacío en la que se supone tendríamos menos responsabilidades, por lo general estos son los años en que nuestros padres ancianos comienzan a necesitar más de nuestra ayuda. Jesús mismo enseñó que tenemos la obligación de honrar a nuestros padres, lo que incluye asegurarnos de que sus necesidades materiales estén cubiertas. Él condenó fuertemente a los fariseos por usar el servicio a Dios como una excusa para evitar su deber (Mt 15:3-6). Jesús incluso cumplió esta parte de la ley mientras moría en la cruz, asegurándose de que alguien cuidara de Su madre porque Él ya no podría hacerlo en Su humanidad. Él la encomendó dulcemente al cuidado de Su amado amigo, el apóstol Juan, quien la llevó a su casa (Jn 19:26-27).

El apóstol Pablo manda a los hijos y nietos a proveer para las necesidades económicas de sus madres y abuelas viudas antes de pedirle ayuda a la iglesia (1Ti 5:4). De hecho, él condena como peores que incrédulos a los que no cumplen esta obligación básica para con la familia (1Ti 5:8).

Desgraciadamente nuestra cultura poscristiana se está apartando rápidamente de los valores bíblicos. La responsabilidad de cuidar de los ancianos se ha transferido de la familia al estado. La mayoría de los hijos adultos simplemente suponen que es tarea del gobierno proveer para sus padres ancianos. Pero incluso cuando sus necesidades físicas están siendo cubiertas por una institución, muchas de estas personas mayores se sienten solas. Sus hijos están demasiado ocupados con sus propias familias y carreras como para tener mucho tiempo para el abuelo o la abuela. Suponen que ya que las necesidades físicas de sus padres están cubiertas no necesitan que los visiten.

Mientras más se hunda nuestra sociedad en el ensimismamiento, más sufrirán las personas mayores. Esa generación que aprendió a abortar bebés no deseados porque eran un estorbo en su estilo de vida está comenzando a lidiar con sus parientes mayores, a quienes también consideran un estorbo.1 El porcentaje de gente de edad avanzada en nuestra población aumentará notablemente a medida que los baby boomers (todos los que nacieron durante la explosión de natalidad que hubo tras la Segunda Guerra Mundial) alcancen la edad de jubilación. Habrá menos trabajadores pagando impuestos para financiar la Seguridad Social, el seguro médico del estado y otros programas para los ancianos. El incremento en los costos médicos podría aumentar la presión social y política para deshacerse de los ancianos, ya sea por medio de la eutanasia o negándoles la atención médica. Los políticos ya están hablando sobre la necesidad de racionar la atención médica y se cuestionan si vale la pena desperdiciar recursos limitados en personas no productivas que de cualquier manera ya no van a vivir mucho tiempo.

LOS CRISTIANOS TIENEN LA OPORTUNIDAD DE SER LUZ EN EL MUNDO
Así como los primeros cristianos demostraron el valor que le daban a la vida, así como su amor por sus semejantes al cuidar a bebés no deseados que habían sido abandonados para morir,3 nosotros tenemos la oportunidad de manifestar la luz de Cristo por la manera en que cuidamos a los miembros ancianos de nuestra familia. Muchas familias cristianas han aceptado a una abuela viuda o a un abuelo inválido en sus casas para que puedan pasar sus últimos días rodeados de los que los aman y cuidan de ellos. Otros, cuyos padres todavía son algo independientes, pasan mucho tiempo ayudando a mamá y papá con varias tareas del hogar. Tal amor refleja el amor sacrificial de Jesús, quien sacrificó tiempo, comodidad, privacidad y dinero por amor a los demás. Hacerse cargo de un padre anciano puede ser extremadamente estresante, sobre todo cuando tienes que lidiar con sus enfermedades físicas y mentales. Pero podemos mostrarles ese amor porque hemos sido muy amados (1Jn 4:19).

ACEPTANDO LAS LIMITACIONES
Cuando una madre anciana o necesitada se muda con sus hijos, tendrá que recordar que su hijo o su yerno es ahora la cabeza de la casa. Quizá ha tenido que vivir por su cuenta durante muchos años, pero ahora tendrá que vivir bajo la autoridad de otro. No importa cuánto pueda amar a esa persona, le será difícil aceptar este cambio en la relación.

Uno de los mayores retos para las personas mayores es aceptar las nuevas limitaciones. Para ellas es muy difícil admitir que ya no pueden vivir solas y que ya no deben manejar ni administrar sus propias finanzas. También se encuentran en una posición donde deben considerar con humildad las necesidades e intereses de los miembros de su familia (Mt 7:12), aceptando y no resistiéndose a las limitaciones que se les impongan. Si tienen que lidiar con las penosas señales de una demencia precoz, también van a llegar a frustrarse cuando se den cuenta de que ya no pueden pensar tan claramente como solían hacerlo. Llegará un punto en el que tendrán que confiar en seres queridos que están en su sano juicio para que tomen por ellos las decisiones difíciles.

La manera de tratar con estas pérdidas es aceptando que Dios es soberano y que nos ha quitado algo que Él mismo nos había dado (Job 1:21).

La buena noticia para el creyente es que estos sufrimientos son temporales. Nuestra bendita esperanza es que un día nuestras enfermedades ya no existirán más; nuestros cuerpos serán resucitados en la semejanza de Su glorioso cuerpo cuando Él regrese (Fil 3:20-21). Esta dulce promesa por sí sola es lo suficientemente poderosa como para sostener a los creyentes mientras atraviesan el valle de sombra de muerte —incluso una muerte lenta como la que resulta de padecer demencia o alzhéimer.

A veces los hijos con padres ancianos vienen a nosotros pidiendo consejo sobre cómo manejar la renuencia de sus padres a recibir ayuda o aceptar las limitaciones. Cuando los padres viven solos los hijos temen por su seguridad, y quizá por la seguridad de los demás (en el caso de padres ancianos que ya no deberían manejar un carro). En este tipo de situaciones, los hijos también tienen que reconocer su propio poder limitado. Por lo general no pueden obligar a sus padres a que actúen con prudencia, y podrían dañar la relación si lo intentan. A menos que el padre sea un gran peligro para sí mismo o para los demás, puede ser que tengas que esperar pacientemente y confiar en que el Señor cuide de ellos.

Otro posible factor que pudiera complicar las cosas son los conflictos entre los hermanos. La hija que vive cerca de los padres o que se los lleva a su casa puede sentir que está soportando una carga muy grande mientras los demás se quedan muy cómodos. Los que viven más lejos pudieran sospechar que el hijo que está más involucrado en las vidas de los padres está sacando ventaja de su posición adquiriendo los bienes paternos y las herencias. Es muy importante que los hermanos se comuniquen francamente sobre estos temas y lo hagan de acuerdo a los principios bíblicos de suponer lo mejor (1Co 13:7), pasar por alto las faltas (1P 4:8) y considerar los intereses de los demás por encima de los propios (Fil 2:3-4).

Una vida fiel en medio de estos retos puede parecer que está más allá de tu alcance. Tratar de equilibrar la responsabilidad de cuidar a tus padres ancianos con el resto de tus responsabilidades (cónyuge, hijos que vivan en tu casa e hijos que se han ido de la casa) seguramente va a ser abrumador. Permítenos recomendarte que busques el consejo bíblico de tu pastor o de un consejero bíblico que te pueda ayudar a clasificar tus variadas responsabilidades y priorizarlas.

Este artículo 3 principios para honrar a tus padres a medida que van envejeciendo fue adaptado de una porción del libro Nunca dejas de ser padre, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Páginas 171 a la 176