8 maneras en que las pruebas nos ayudan

8 maneras en que las pruebas nos ayudan
Katie faris

¿Tomarnos por sorpresa? Sí. ¿Revelar nuestro temor, ansiedad, enojo y autocompasión? Sin duda. ¿Traer tristeza y dolor? Absolutamente. Las pruebas hacen muchas cosas, pero ¿qué bien traen a nuestras vidas?

En su carta a los judíos cristianos en la dispersión, Santiago entrega este imperativo: “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (Stg 1:2-3).

Estos son excelentes versículos para memorizar en una clase de escuela dominical, pero ¿qué pasa cuando perdemos nuestro trabajo y no podemos pagar la hipoteca? ¿De qué sirve la quimioterapia, estar en cuidados intensivos, sufrir un accidente de tránsito o persecución por nuestra fe?

Cuando la fe verdadera sobrevive el calor del refinamiento, el fruto es más dulce que el costo sufrido

Hay una razón por la cual Santiago nos dice que tengamos por sumo gozo cuando nos hallemos en pruebas como estas. Él sabe que cuando la fe verdadera sobrevive el calor del refinamiento, el fruto es más dulce que el costo sufrido. Aquí hay ocho maneras en que las pruebas ayudan a producir constancia.

1-Las pruebas profundizan nuestras vidas de oración
Cuando estamos abrumados, podemos orar como Josafat: “No sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti” (2 Cr 20:12). Como respuesta a noticias devastadoras, lloramos, ayunamos y oramos como lo hizo Nehemías (Neh 1:3-4). En medio de la preocupación, nuestras peticiones son dadas a conocer delante de Dios y echamos toda ansiedad sobre Él, porque tiene cuidado de nosotros (Fil 4:6; 1 P 5:7). Cuando nos hacen falta palabras para orar, “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” intercediendo “por nosotros con gemidos indecibles” (Ro 8:26). La oración humilde cultiva una dependencia de Dios, ataca nuestro orgullo y nos prepara para deleitarnos en el Señor, quien nos escucha y responde conforme a su sabiduría.

2-Las pruebas aumentan nuestro conocimiento de la Palabra y el carácter de Dios
Una temporada en el desierto nos invita a internalizar las promesas de Dios, a aprender como los israelitas errantes que nosotros no vivimos de pan solamente sino “de todo lo que procede de la boca del Señor” (Dt 8:3). El salmista dice: “Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda Tus estatutos” (Sal 119:71) y Job confiesa “He sabido de [Dios] solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Dios, con frecuencia, usa el sufrimiento para hacer crecer nuestro conocimiento de su Palabra y su verdadero carácter.

3-Las pruebas incrementan nuestra gratitud hacia nuestro Salvador
Cuando experimentamos dolor, recordamos la manera en que Jesús tomó de la copa de la ira de Dios en nuestro lugar. Él oró: “Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lc 22:42), y luego fue “herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Is 53:5).

La oración humilde cultiva una dependencia de Dios, ataca nuestro orgullo y nos prepara para deleitarnos en el Señor, quien nos escucha y responde conforme a su sabiduría

Nuestro dolor nos hace más conscientes del dolor de Jesús, incrementando nuestra gratitud por la agonía que sufrió en la cruz. También nos regocijamos porque a través de su sacrificio, nuestro pecado es perdonado y nuestra salvación asegurada. Recordamos y clamamos: “¡Gracias Jesús, por sufrir en nuestro lugar!”

4-Las pruebas nos hacen más como Jesús
Aunque los hermanos de José pensaron hacerle mal, “Dios lo cambió en bien” para mantener a muchos vivos durante la hambruna (Gn 50:20). Nuestro Dios redentor, quien obró nuestra salvación a través del doloroso sacrificio de Jesús en la cruz, continúa trabajando todas las cosas, incluyendo nuestras pruebas, para el bien de quienes lo aman (Ro 8:28-29). Una cosa buena que Dios hace a través de nuestras dificultades es hacernos más como Jesús, quién “aprendió obediencia por lo que padeció” (He 5:8).

5-Las pruebas nos equipan para consolar a los demás
En nuestras pruebas, Dios tiene la intención de consolarnos de una forma tan abundante para que rebosemos de un cuidado compasivo por los demás. Pablo escribe que Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción” (2 Co 1:4). Dios quiere que llevemos su consuelo a otras familias, amigos y vecinos. Nuestra experiencia en las pruebas nos ayudan a comprender lo que otros pudieran sentir y necesitar, y nuestra experiencia del consuelo de Dios nos prepara para estar al lado de ellos para orar y servirles con delicadeza.

6-Las pruebas preparan un eterno peso de gloria
Tal vez no podamos ver lo que nuestras pruebas están haciendo, pero están funcionando. Toda “aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación” cuando miramos los que no se ve (2 Co 4:17-18). Cada ida al centro de tratamiento. Cada montaña de papeles y cheques firmados. Cada noche sin dormir cuidando a niños enfermos. Rendido ante Él, todo es significativo en el reino de los cielos.

7-Las pruebas nos recuerdan que la tierra no es nuestro verdadero hogar
Añoramos la presencia de Dios en medio de la soledad. Las lágrimas mueven nuestros corazones hacia un lugar donde “no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor” (Ap 21:4). Los cuerpos enfermos esperan ansiosamente la llegada de los cuerpos nuevos. La muerte nos hace desear la resurrección. Estas pruebas nos recuerdan que esta tierra no es nuestro verdadero hogar. Aumentan nuestra hambre del cielo.

8-Las pruebas examinan y fortalecen nuestra fe
Las pruebas comprueban la autenticidad de nuestra fe, la cual llena nuestros corazones de la gozosa garantía de nuestra salvación y “resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo” (1 P 1:7). Este fortalecimiento de nuestra fe nos motiva a despojarnos “también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve”, y a correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús… quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz” (He 12:1-2).

Dios está haciendo algo a través de tus pruebas
Aún sabiendo todo lo bueno que producen nuestras pruebas, dudo que escogeríamos de manera intencional un sufrimiento para nosotros mismos o para aquellos a quienes amamos. Pero Dios es más sabio que nosotros. Sus caminos son más altos que nuestros caminos (Is 55:9), y Él utiliza nuestras pruebas para sus propósitos visibles y no visibles en nuestras vidas.

Tal vez no sepas lo que Dios está haciendo en una prueba en particular, pero dadas las muchas opciones presentadas en las Escrituras, puedes saber que Él está haciendo algo. Dado lo mucho que Él te ama, puedes saber que es para tu eterno bien. Esta es una buena razón por la cual podemos regocijarnos.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Lauren Charruf Morris.
Katie Faris es la esposa de Scott, y sus mejores trabajos en progreso son sus cinco hijos que abarcan las edades de 2 a 13 años de edad. Ella es la autora de Loving My Children: Embracing Biblical Motherhood (Amando a mis hijos: Abrazando la maternidad Bíblica). Ella se congrega en Sovereign Grace Church en Marlton, Nueva Jersey. Puedes leer más escritos de Katie en su sitio web, blog, Instagram o Facebook.

La solución a la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 5

La solución a la ansiedad
Por Eric B. Watkins

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

Vivimos en un mundo en el que tenemos tantos avances tecnológicos, tantas cosas a nuestra disposición para hacernos la vida más sencilla, desde microondas y limpiadores de platos hasta celulares y Siri. Sin embargo, en medio de todas estas cosas que existen para hacer nuestras vidas más fáciles y simples, todavía parece que nuestras vidas son sumamente complicadas. Muchas personas están estresadas, confundidas y llenas de ansiedad. Los centros de ayuda psicológica se han vuelto tan prolíficos como las cafeterías, y la mayoría de los pastores admitirán que hay más personas en la iglesia que necesitan ayuda consejería que recursos adecuados para ellos. Vivimos en un mundo en el que abunda la ansiedad. Pero como cristianos, podemos acudir a la Biblia para hallar la solución de Dios a la ansiedad: enfocarnos en Cristo y en la esperanza que tenemos en Él. Para ello, leemos aquí Romanos 8:18-30 como el texto principal para que nos sirva de aliento.

Las pruebas y los desafíos que resistimos no son nuevos en muchos sentidos. «No hay nada nuevo bajo el sol», incluida la ansiedad (Ec 1:9). En muchos sentidos, la iglesia del primer siglo era una iglesia bajo una presión extrema. Los poderes políticos de la época eran todo menos amistosos hacia el cristianismo. El emperador Nerón es conocido por su violento desdén hacia la iglesia. Su persecución hacia los cristianos fue extrema, ya que se apoderó de sus propiedades y torturó sus cuerpos. Son bien conocidas sus degradadas «fiestas en el jardín» en las que utilizaba a los cristianos como antorchas humanas para entretener a sus invitados paganos. Los cristianos en Roma vivían bajo la amenaza diaria de la muerte y experimentaban una marginación social diferente a todo lo que la mayoría de nosotros hemos conocido. Si la ansiedad es la reacción natural de la mente al estrés, la iglesia en Roma tenía muchas razones para tener ansiedad.

Pablo escribió el libro de Romanos a fin de consolar y animar a una iglesia bajo ataque, para que pudieran personificar la gracia bajo presión. La iglesia en Roma estaba comprensiblemente perpleja. Se habían encomendado a Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores. Sin embargo, su lealtad a Jesús les había traído todo menos paz y tranquilidad terrenales. En muchos aspectos, su estatus social y ventaja material había sido mejor antes de que se identificaran con Jesús y Su iglesia. Ahora, eran extraños y extranjeros en su propia tierra, presenciando visiblemente todo el peso de la hostilidad de Satanás hacia la iglesia. Nerón no era más que un títere movido por hilos satánicos, trayendo violencia y destrucción a la iglesia. Los cristianos sintieron el aguijón de la mordedura serpentina de Nerón y fueron tentados a sentir ansiedad y desesperanza. ¿Dónde estaban Jesús y Su reino? ¿Dónde estaba la paz que habían esperado? ¿Qué sería de sus hogares, trabajos y familias?

Es complicado pintar este cuadro sin ver al menos alguna similitud entre nuestros días y los de la Roma del primer siglo. Puede que no experimentemos todo el peso de la persecución que la iglesia padeció en aquellos días, pero tampoco estamos protegidos de las realidades del mal. Sabemos que identificarnos con Cristo puede ser costoso. Conocemos la oposición social y el distanciamiento. Sabemos que las astillas de la cruz pueden ser dolorosas, incluso si palidecen en comparación con el peso de la cruz de nuestro Salvador. También conocemos la tentación a sentir ansiedad y desesperación. Vemos tormentas avecinándose en el mundo que nos rodea y la disposición de muchos en la iglesia de transigir su voz en lugar de defender la verdad. Los lobos rodean el rebaño y las ovejas guardan silencio.

Es en este contexto pastoral que Pablo pronunció palabras de aliento. Lo que los cristianos romanos necesitaban escuchar no eran trivialidades o promesas vacías de «tu mejor vida ahora». Lo que necesitaban era que su mirada ansiosa fuera quitada de las cosas de este mundo y sus dioses falsos, y puesta en Cristo y la esperanza segura del cielo que le pertenece a los que son de Él. Esto es exactamente lo que hace Pablo en Romanos 8:18-30. Él comienza mostrándole a la iglesia que las pruebas y tribulaciones que soportamos son endémicas de este presente siglo malo. Comenzaron justo después de la creación cuando las cosas muy buenas que Dios había creado fueron inmediatamente sujetas a la vanidad y la frustración como resultado del pecado. Desde el momento en que Adán pecó contra Dios, una nube oscura y amenazante comenzó a proyectar su sombra sobre toda la creación. No solo la humanidad, sino la creación misma fue dañada debido a la entrada del pecado en el mundo. La creación comenzó a anhelar aquel día en que la maldición se revertiría y las cicatrices del pecado finalmente desaparecerían, cuando la muerte se convertiría en algo del pasado y la vida estaría caracterizada por la belleza, la pureza y la paz. Según Pablo en Romanos 8, la creación anhela el día escatológico de la nueva creación, cuando de una vez por todas las cosas serán tan hermosas y pacíficas en la tierra como lo son en el cielo.

Lamentablemente, la mayoría de los cristianos piensan en la escatología (si es que piensan sobre ello) de manera demasiado sensacionalista. Nos enfocamos en preguntas como qué sucederá exactamente justo antes del final, quién podría ser el anticristo y si habrá un rapto secreto de la iglesia. Tales temas han demostrado ser una distracción del interés escatológico real de la Biblia, que es la presencia «ya y todavía no» del reino de Cristo. Jesús ya es Rey, y Su reino ha venido como resultado de Su vida, muerte y resurrección. El Espíritu, según Pablo, es una garantía de lo que es nuestro en Cristo. Las primicias del reino de Dios ya están presentes, aunque la plenitud de ese reino aún está por venir.

Pero es la tensión de la naturaleza del «ya y todavía no» del reino de Cristo lo que crea tanta dificultad para nosotros. Esperamos el «todavía no» ahora —esperamos el cielo en la tierra— y cuando nos vemos obligados a vivir con paciencia y perseverancia, a menudo nos preocupamos y nos inquietamos. Esperamos la corona de gloria ahora y nuestra fe se descarrila con demasiada facilidad cuando Dios pone sobre nosotros la cruz del sufrimiento. Como dijo Martín Lutero, hemos pasado mucho más tiempo cultivando nuestra teología de la gloria que nuestra teología de la cruz. Este no fue un problema exclusivo del primer siglo. Nuestras comodidades modernas nos han entrenado para esperar resultados inmediatos en casi un abrir y cerrar de ojos. Por tanto, aprender a vivir pacientemente entre el «ya» del reino de Cristo y el «todavía no» de su consumación escatológica puede resultar difícil. Pablo amablemente dirige la atención de la iglesia de regreso a la creación (que ha estado aguardando pacientemente durante bastante tiempo), pero también dirige nuestros ojos hacia la nueva creación cuando dice: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Rom 8:18). Lo que soportamos ahora palidece tanto en comparación con lo que se revelará a nosotros más adelante, que Pablo dice que lo anterior ni siquiera es digno de ser comparado con lo postrero.

Los cristianos son una paradoja cronológica. Vivimos en la tierra pero pertenecemos al cielo. Nuestras vidas se desarrollan en esta era, pero en última instancia, están definidas por la era venidera. Nuestro Rey está con nosotros y, sin embargo, viene a nosotros. Dios no es simplemente nuestro compañero de viaje; Él es también nuestro destino. Ya estamos en Cristo pero aún no somos lo que seremos plenamente en Él cuando estemos con Él en el cielo. Es posible que estas verdades no se entiendan fácilmente, pero están en el centro de lo que significa ser cristiano —estar en Cristo— y tener a Cristo en nosotros.

Esto nos lleva a Romanos 8:28-30, que en muchos sentidos es el crescendo de consuelo de Pablo. Se podrían decir muchas cosas sobre esta sección, pero nos enfocaremos en una sola: la conformidad a la imagen de Cristo. Pablo termina esta edificante sección dirigiendo la atención de la iglesia al gran «bien» que Dios continúa haciendo, incluso en este presente siglo malo, que consiste en conformar a aquellos a quienes Él ama (la iglesia) a la imagen de Cristo. Los sufrimientos que soportamos en este presente siglo malo son una herramienta que Dios usa para moldearnos a la imagen de Cristo. No están fuera de Su cuidado providencial; ni tampoco son caprichosos. Más bien, incluso las cosas difíciles que soportamos tienen un buen objetivo: nos conforman a la imagen de Cristo.

Quiénes somos en Cristo informa nuestra respuesta a las pruebas y adversidades. En lugar de llevarnos a la ansiedad o desesperanza, las pruebas deben recordarnos que el cielo será mejor, que Cristo es suficiente y que estas aflicciones leves y momentáneas que soportamos ahora son incomparables con el eterno peso de gloria que nos aguarda con Cristo en el cielo. Por lo tanto, no nos preocupamos; no tememos; no tenemos necesidad de estar ansiosos. Como nos recuerda el himno Castillo Fuerte: «Nos pueden despojar, de bienes, nombre, hogar. El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Eric B. Watkins
El Dr. Eric B. Watkins es el pastor principal de Covenant Presbyterian Church (OPC) en St. Augustine, Florida, y autor de The Drama of Preaching [El drama de la predicación].

Los efectos de la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 4

Los efectos de la ansiedad
Por Rebecca VanDoodewaard

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

tomarnos algo de tiempo darnos cuenta. Poner en marcha el generador justo en la terraza frontal de la casa puede parecer una buena idea en una tormenta, pero los dolores de cabeza causados por la intoxicación con monóxido de carbono pronto nos dirán lo contrario. Como cualquier otra cosa sobre lo que la Escritura nos advierte, la ansiedad también tiene algunos efectos muy perjudiciales. La palabra neotestamentaria para ansiedad, merimna, también se traduce como «cuidado» o «preocupación». Dado que la ansiedad es real y prevalente en nuestro mundo, también lo es su impacto. Y aunque la ansiedad puede provenir de escenarios imaginarios, de problemas reales y presentes o de una sensación de fatalidad inminente, una vida de ansiedad perpetua hace imposible amar a Dios y al prójimo como debiéramos. Independientemente de la causa o el origen, la ansiedad perturba la vida en múltiples aspectos.

EFECTOS FÍSICOS
Hay una razón por la que Jesús preguntó: «¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?» (Mt 6:27). Todos sabemos que la ansiedad no es la clave para una vida larga y saludable. Sentirse asustado, decaído y perder el sueño es solo el principio. Aunque condiciones como el dolor crónico, la discapacidad o la enfermedad crónica pueden generar ansiedad, también puede suceder a la inversa. La ansiedad crónica puede crear dolor, enfermedad y otros problemas físicos debido a un estado físico anormal. La adrenalina y el cortisol realizan muchas funciones esenciales en nuestro cuerpo (Dios nos los dio por una buena razón). Un aumento en estas hormonas nos permite afrontar situaciones de estrés por medio de una fisiología alterada: el pulso se acelera, la respiración se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan, proporcionando más oxígeno al cerebro y a los músculos, enfocando nuestra concentración. Pero cuando estas hormonas fluyen por nuestros sistemas con mucha frecuencia o por mucho tiempo, pueden producirse una serie de problemas.

Cada vez más, los científicos encuentran vínculos entre la ansiedad y efectos físicos negativos. Los estudios han demostrado que la ansiedad puede provocar enfermedades cardíacas en adultos generalmente sanos y que el estrés emocional crónico y la ansiedad están relacionados con la predisposición a una serie de problemas del sistema digestivo, desde el reflujo gástrico hasta el síndrome del intestino irritable y cáncer. La situación es más preocupante con la edad, ya que los adultos mayores son propensos a tener comorbilidades que aceleran las condiciones físicas y los deterioros relacionados con la ansiedad. Los estudios de investigaciones están creciendo. Preocuparte hasta la muerte puede ser un peligro más cierto de lo que pensamos.

EFECTOS RELACIONALES
La ansiedad tiene efectos demostrables y medibles en nuestro cuerpo. Pero la causa suele estar en nuestra vida mental y espiritual. Por ello, no podemos esperar que nuestras relaciones no se vean afectadas. Los efectos relacionales de la ansiedad también son sumamente perjudiciales. Clínicamente, la ansiedad está vinculada a problemas con la memoria de corto plazo, la concentración, el funcionamiento verbal y espacial, la capacidad de concentración al leer y mucho más. No es de extrañar que dificulte la socialización.

Sin embargo, las dificultades van más allá de los aspectos funcionales. Sabemos por experiencia que visitar a una persona verdaderamente ansiosa es difícil. Si se entabla una conversación, tiende a centrarse en lo superficial o a arrastrarnos al mundo de oscuras preocupaciones en el que vive la otra persona. Una anciana que conocí no solo recitaba letanías de accidentes y diagnósticos terribles durante las visitas, sino que también enumeraba posibles providencias difíciles, detallando temores sobre el futuro. Parecía como si hubiera abierto de par en par la puerta a los pensamientos oscuros, sin tener en cuenta sus efectos. Ella había enfrentado una aflicción real en su vida, pero era su ansiedad por el futuro lo que impedía tener una verdadera cercanía relacional con otras personas.

La ansiedad nos da vuelta hacia nosotros mismos y nuestros problemas. Nos encogemos hacia adentro, agobiados por cargas que no deberíamos llevar, arrastrándolas y tropezando con otras personas a nuestro paso. Jeannie Marie Guyon le dijo a una amiga: «La melancolía contrae y marchita el corazón […] Magnifica y da un falso colorido a los objetos, y así hace que tus cargas sean demasiado pesadas de llevar». La ansiedad da color a nuestra visión del mundo con un lente pecaminosamente negativo. Es evidente que este tipo de efectos dificulta la socialización y las relaciones sanas con los demás.

Pero los efectos van más allá de la socialización. En su himno y oración «Padre, lo sé toda mi vida», Anna Waring pide «un corazón en reposo de sí mismo, que se calme y sienta simpatía». La ansiedad nos roba esto. Torcidos hacia adentro, no estamos en reposo dentro de nosotros mismos. Por el contrario, nos consumen nuestros propios pensamientos y preocupaciones y, por lo tanto, nos aislamos de las oportunidades reales que nos rodean. La ansiedad nos roba las interacciones sociales, sí, pero también la capacidad y la oportunidad de servir. Nos roba las conexiones espirituales que fluyen de tener comunión con otros y ser útiles. El aislamiento relacional que produce la ansiedad no es ninguna casualidad. Es una de las tácticas de Satanás. Un creyente sin relaciones estrechas ni compromiso con la comunidad es un blanco fácil para la duda y la desesperanza. Los efectos relacionales y espirituales de la ansiedad están estrechamente relacionados.

EFECTOS ESPIRITUALES
El impacto de la ansiedad realmente comienza y termina en el alma. Si la ansiedad afecta nuestras relaciones humanas, ¿cómo no va a afectar nuestra relación con Dios? La ansiedad suele producirse cuando dudamos o perdemos de vista la sabiduría y la bondad de Dios. En lugar de ser como un niño destetado con su madre, nuestras almas están agitadas y deseosas, preocupadas por cosas que están fuera de nuestro control (Sal 131:2). No podemos descansar en la providencia. Esto es particularmente cierto cuando estamos ansiosos por cosas que ni siquiera han sucedido. Elisabeth Elliot nos recuerda que Dios promete gracia no para nuestra imaginación, sino solo para la realidad. Nos promete nuevas misericordias para cada mañana, no para cada preocupación. Una vez más, Waring afirma: «Hay espinos en cada camino que exigen un cuidado paciente; hay una cruz en cada lugar, y una gran necesidad de oración; pero un corazón humilde que descansa en Ti es feliz en cualquier lugar». Reconocer los peligros espirituales de la ansiedad no es negar que hay cosas duras y aterradoras en este mundo. Sin embargo, Guyon nos advierte: «Es más seguro que un exterior triste repela la piedad en vez de atraerla. Es necesario servir a Dios, con cierto gozo de espíritu, con una libertad y apertura, que haga patente que Su yugo es fácil».

Este es el meollo del asunto, ¿no es así? La mayoría de las veces estamos ansiosos porque no creemos o sentimos que nuestro Pastor sea bueno. A veces las tinieblas nos oprimen, y es una batalla espiritual creer que Dios es bueno todo el tiempo. A veces sentir esa verdad es una esperanza lejana. Es por eso que la ansiedad tiene un efecto tan peligroso en nuestras almas. Nos hace dudar del Padre, incluso de Aquel que no rehusó a Su único Hijo. La ansiedad escucha mentiras; mentiras que pueden ser ruidosas e invasivas, pero mentiras al fin y al cabo. Pero estar ansioso también transmite esas mentiras, ya que llevamos el nombre de Cristo en la iglesia y en el mundo mientras nos comportamos como si Él no fuera omnipotente, omnisciente, omnipresente y bueno. La ansiedad trata de sacar la verdad, y cuando eso ocurre, las mentiras se alinean para entrar. Las mentiras sobre el carácter y las promesas de Dios son las más devastadoras, pues buscan crear dudas acerca del único que es nuestro Ayudador. La ansiedad y las mentiras que la acompañan nos separan de Dios. Tal vez por eso Elaine Townsend escribió: «Señor, enséñame a nunca estar ansiosa, sino a compartir contigo mi corazón; y muchas gracias por tu paz mientras comparto contigo».

CONCLUSIÓN
En conjunto, todos estos efectos son preocupantes. Pero no dejes que te produzcan ansiedad. Muestran claramente la insensatez de justificar nuestra preocupación. Todos lo hacemos, ¿no es así? A veces lo hacemos eligiendo algo importante y valioso por lo que preocuparnos. En nuestras propias mentes, la ansiedad por nuestros hijos está justificada por nuestro amor por ellos. Justificamos nuestra preocupación por la sociedad debido a nuestro interés por la seguridad y la moralidad. Justificamos las preocupaciones por la salud afirmando que es parte de ser buenos administradores de ella. Otras veces, intentamos justificar nuestra preocupación eligiendo situaciones de crisis para alimentarlas, reflexionando sobre el impacto que tendrían los accidentes de tráfico o las enfermedades terminales. Justificamos nuestra ansiedad en nuestra propia mente y quizás incluso ante los amigos.

Pero algo tan destructivo para nuestros cuerpos, mentes y almas debe ser combatido. Algo que tiene el potencial de alejarnos de Dios, de nuestras comunidades y de la buena salud no puede realmente ser justificado, ¿verdad? No tenemos ninguna excusa para ceder, dar tregua, ni para negociar. Ninguna justificación es suficiente. A veces equiparamos la preocupación con el discernimiento, el interés o incluso el amor y la oración. Pero el fruto de esas cosas es la acción piadosa y la confianza. Dan vida. El fruto de la ansiedad mata a diferentes niveles. No lo justifiquemos. Hay mucho en juego. Luchemos contra ello. Esa batalla puede que no sea breve ni clara, y puede implicar la ayuda de médicos, pastores y otros, pero abandonar esta buena batalla no puede ser una opción para los hijos de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Rebecca VanDoodewaard
Rebecca VanDoodewaard es autora de Reformation Women: Sixteenth-Century Figures Who Shaped Christianity’s Rebirth [Las mujeres de la Reforma: Figuras del siglo XVI que moldearon el renacimiento del cristianismo] y de las series para niños de Banner Board Books.

La causa de la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 3

La causa de la ansiedad
Por Matt Ryman

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

a ansiedad parece que va en aumento en el mundo hoy. Según una organización de salud: «Los tHan pasado casi dos años desde que alguien vino y me dijo: «Creo que tienes mucha ansiedad y ni siquiera lo sabes». Sonreí y pensé con orgullo: «¿De qué está hablando? No tengo ansiedad». Nunca nadie me había sugerido tal cosa. Me comprometí a considerar en oración la preocupación de esta persona. Aproximadamente un mes después, los ancianos de nuestra iglesia me concedieron un año sabático de emergencia. Esta persona tenía razón en ambos aspectos. Ciertamente estaba experimentando una gran cantidad de ansiedad, y ni siquiera lo sabía.

Descubrí que mi ansiedad no me había estado afectando a mí solamente. Debido a que influyó en la forma en que interactuaba con los demás, había afectado negativamente a los miembros de nuestro personal en diferentes grados. Pasé mucho tiempo disculpándome con ellos y pidiéndoles perdón. Todos mostraron gracia. Nunca lo olvidaré. Cuando mi año sabático llegó a su fin, ya no cuestioné si tenía ansiedad. En cambio, comencé a hacer una pregunta muy importante: «¿De dónde viene mi ansiedad?».

Sin duda, quería omitir esa pregunta. En el fondo, sabía que Jesús era la solución definitiva a mi ansiedad. Creía que Él podía destruir la ansiedad que me estaba destrozando, y quería que Su bola de demolición comenzara a obrar, pero ¿qué destruiría? Las cosas son muy diferentes hoy. Todavía lucho con la ansiedad de vez en cuando, pero soy consciente de ello cuando sucede y he aprendido cómo encontrar alivio a través de la fe en Cristo. Para cualquiera que desee afrontar la ansiedad, comprender la causa es una parte importante de la ecuación.

La ansiedad es difícil de definir. Involucra elementos de preocupación, nerviosismo, aprensión y miedo. A veces la ansiedad se experimenta sin ninguna razón discernible. A menudo, está conectada a la anticipación del peligro, la desgracia o la pérdida. Vemos mucho la ansiedad en la Biblia. El padre de Saúl se puso ansioso cuando no sabía dónde estaba Saúl (1 Sam 10:2). El salmista habla metafóricamente acerca de «[comer] el pan de afanosa labor» (Sal 127:2). Isaías tiene palabras para aquellos con un «corazón tímido» (Is 35:4). Daniel dijo que su espíritu estaba angustiado dentro de él (Dn 7:15). Marta estaba «preocupada y molesta por tantas cosas» (Lc 10:41). Incluso el apóstol Pablo experimentó ansiedad (2 Co 11:28). No debería sorprendernos, entonces que cuarenta millones de personas en los Estados Unidos solamente luchen con la ansiedad de manera regular. Todo el mundo ocasionalmente lucha con algún nivel de ansiedad; es inevitable.

En última instancia, la causa de la ansiedad es la caída de la humanidad. Cuando Adán y Eva comieron el fruto prohibido y sumergieron al mundo en el pecado y la miseria, la siguiente emoción que experimentaron fue miedo (Gn 3:10). El miedo, por supuesto, es uno de los elementos de la ansiedad. Una vez que la relación previamente perfecta entre Dios y el hombre había sido dañada, el sentido de seguridad y paz de Adán y Eva desapareció. No sabían lo que les deparaba el futuro. No sabían lo que Dios haría en respuesta a su pecado. Él había prometido que morirían si comían el fruto prohibido (2:17). Tal vez no sabían completamente lo que eso significaba. Sin embargo, por primera vez, tuvieron miedo. Estaban ansiosos. La caída es la causa principal de la ansiedad.

Así como se producen ondas cuando arrojas una roca a un estanque, hay una variedad de efectos relacionados con la ansiedad que fluyen de la caída. Podríamos llamar a estos efectos causas secundarias de la ansiedad. Los seres humanos caídos se ven afectados por estas causas secundarias de diferentes maneras y en diversos grados. Una causa secundaria de la ansiedad es el impacto de la caída en la bioquímica humana. En Estados Unidos, alrededor del 18% de personas luchan con la ansiedad debido a un desequilibrio químico en su cerebro. Tienen un trastorno de ansiedad clínicamente diagnosticado. La terapia y la medicación a menudo son necesarias.

Lamentablemente, los cristianos que se encuentran en tal situación a menudo son alentados a simplemente «orar más» o «leer más la Biblia». He sentido dolor junto con miembros de nuestra iglesia que se han sentido como ciudadanos de segunda clase debido a comentarios (bien intencionados) como estos. Por lo tanto, es muy importante reconocer la similitud entre los trastornos de ansiedad y otras condiciones médicas crónicas. El problema no es que el individuo no esté haciendo lo suficiente. El problema a veces está fuera de su control. Si no le diríamos a alguien que usa una silla de ruedas que «simplemente ore más», no deberíamos decirle esas cosas a alguien con un trastorno de ansiedad diagnosticado. Estas preciadas personas necesitan compasión e intervención médica, no clichés.

Otras causas secundarias que contribuyen a la ansiedad incluyen la personalidad, experiencias de vida y situaciones estresantes. Puede haber aspectos de tu personalidad dada por Dios que te hacen más propenso que otros a tener ansiedad. Tal vez tienes ansiedad por algo que te sucedió cuando eras más joven. Si uno de tus padres perdió su trabajo cuando eras niño, no sería sorpresa que tiendas a ponerte muy ansioso cada vez que tu jefe quiera hablar contigo. Las causas secundarias de la ansiedad son variadas y complejas.

Sin lugar a duda, una de las causas secundarias más poderosas de la ansiedad es el pecado. Cuando pecamos, experimentamos culpa y vergüenza. Nos ponemos ansiosos pensando en las posibles consecuencias. Piensa en el temor y la angustia que Jacob sintió cuando se enteró que Esaú, a quien había defraudado (dos veces), venía de camino (Gn 32:7). El rey David habló de un profundo conflicto interno derivado del pecado no confesado (Sal 32:3). Santiago nos dice: «Confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados» (Stg 5:16). Seguramente parte de nuestra sanidad es el alivio de la ansiedad relacionada con el pecado. La buena noticia es que servimos a un Dios de gracia que siempre está listo para perdonarnos y renovarnos en Cristo.

Otra causa secundaria importante de la ansiedad es una fe débil. Considera lo que Jesús dice en Mateo 6:25-34. Él nos instruye a no estar ansiosos por satisfacer nuestras necesidades básicas (comida, ropa). Observa cómo Él compara nuestro valor con el valor de las aves (v. 26). Si no creemos que somos valiosos para Dios, estaremos ansiosos acerca de si Él proveerá para nosotros. Jesús también dice que estar ansioso no puede alargar nuestras vidas (v. 27). Si no estamos seguros de lo que sucederá cuando muramos, no podremos evitar sentirnos ansiosos por nuestras muertes inevitables. Luego, Jesús se refiere a la ropa (v. 28). Aparentemente, preocuparse por nuestra apariencia no es nada nuevo. Finalmente, Jesús conecta estas tres formas de ansiedad con una causa: «hombres poca fe» (v. 30).

Alguien con ansiedad puede simplemente necesitar fortalecer su fe en la soberanía, bondad y fidelidad de Dios. Puede que necesite pasar mucho más tiempo considerando la forma en que la cruz revela cuán valiosos somos para Dios. Jesús enseña que hay una clara conexión entre tener una fe fuerte y tener menos ansiedad (no clínica). Sin embargo, Él no enseña que podemos tener suficiente fe para eliminar permanentemente la ansiedad. Debemos tener cuidado de no equiparar una fe fuerte con la ausencia de ansiedad. El apóstol Pablo tuvo una fe más fuerte que tal vez cualquier otro ser humano en la historia, y sin embargo, como se mencionó anteriormente, él experimentó ansiedad. Pero no debemos asumir que no hay nada que podamos hacer con respecto a nuestra ansiedad. Una vez que hemos identificado las causas secundarias de nuestra ansiedad, debemos preguntarnos a nosotros mismos y a los demás cómo luciríamos si tuviéramos una fe más fuerte. En mi caso, mi ansiedad provenía en gran medida de una peligrosa mezcla de orgullo y una carga de trabajo inmanejable. Estaba tratando de hacer demasiado, no estaba pidiendo ayuda, y estaba siendo aplastado por el peso de más responsabilidad de la que podía llevar. Fortalecer mi fe en Cristo requería estar dispuesto a no sobrecargarme en el trabajo.

Comprender la causa primaria de la ansiedad e identificar las secundarias es un paso de crítica importancia hacia la libertad. Estar conscientes de tales cosas nos ayuda de dos maneras. Primero, nos ayuda a ser amables, compasivos y pacientes con las personas que experimentan ansiedad. Saber que la ansiedad tiene un conjunto complejo de causas nos impide sugerir soluciones simples. Nos permite ayudar a las personas que tienen ansiedad en lugar de causarles involuntariamente aún más preocupación o miedo. Segundo, comprender la causa primaria e identificar las causas secundarias de la ansiedad son ejercicios de esperanza.

Nada es demasiado difícil para el Señor (Gn 18:14). Todas las cosas son posibles con Dios (Mt 19:26). Y podemos hacer todo en Cristo que nos fortalece (Flp 4:13). Muchos, muchos cristianos (incluyéndome a mí) se han convencido aún más de estas verdades debido a la forma en que el Señor los ha ayudado con gracia y poder a manejar, e incluso superar, la ansiedad. Si luchas con la ansiedad, dos cosas son ciertas. Necesitas ayuda, y tu ayuda viene del Señor (Sal 121:2).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Matt Ryman
El Rev. Matt Ryman es un plantador de iglesias en Minneapolis, Minnesota. Anteriormente, sirvió como pastor principal de University Presbyterian Church en Orlando, Florida.

Aliento para Padres en Nuestra Cultura Sexualmente Confusa

Aliento para Padres en Nuestra Cultura Sexualmente Confusa
Por Carl Trueman

3 Consejos
En primer lugar, sé consciente de que los niños están siendo influenciados y no sólo a través de las aulas. Viene a través de YouTube. Viene a través de TikTok. Viene a través de las redes sociales. Por lo tanto, sean conscientes. Este es un mundo muy diferente al que existía hace cinco o diez años, cuando mis propios hijos estaban todavía en la universidad. El mundo se ha transformado y las influencias en la vida de nuestros hijos son omnipresentes, profundas y poderosas. Seamos conscientes de ello.

En segundo lugar, mantén las líneas de comunicación abiertas con tus hijos. No se gana nada cortando la comunicación con tus hijos. Si tú no hablas con ellos, alguien lo hará. Así que mantén las líneas de comunicación abiertas.

En tercer lugar, sé consciente de que probablemente piensen de forma muy, muy diferente a como tú lo haces. En los últimos 10-15 años se ha producido un cambio radical en la forma en que los jóvenes entienden la identidad, la política sexual, etc. Sé consciente de ello y prepárate para darte cuenta de que no piensan de la misma manera que tú.

Además, nunca hay que perder la esperanza. Cuando pienso en la crianza de los hijos en general, mi mente se dirige a menudo al segundo ladrón en la cruz. Si recuerdas, es el que se arrepiente en el último momento. Y está muy claro que sabe bastante de teología. Sabe que Dios es santo. Sabe que es un pecador. Sabe que Jesús está muriendo una muerte inmerecida ese día. Y lo más importante de todo, hace esa sorprendente declaración: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas a tu reino».

Se da cuenta de que Jesús va a inaugurar su reino pasando por la muerte, no escapando de ella. Cuando me enfrento a padres que luchan con hijos que se han alejado, siempre les señalo al segundo ladrón y les digo: ¿Cuándo aprende el segundo ladrón estas cosas? Es posible que Dios se lo haya metido en el cerebro cuando está colgado en la cruz, pero el texto no nos lo dice. Y si el texto no nos dice que debemos buscar razones más mundanas, bueno, creo que lo que sucedió fue que ese joven fue bien enseñado cuando era pequeño. Sus padres le enseñaron bien. Le enseñaron la palabra de Dios.

Yo les diría a los padres cuyos hijos tienen dificultades o cuyos hijos se han alejado y quizás están profundamente inmersos en formas de vida inmorales, no se desesperen. Si le enseñaste bien a tu hijo, entonces el Señor todavía puede usar lo que le enseñaste en el momento apropiado para traerlo de vuelta. Así que no te desesperes.

Esa sería mi palabra. Mantén las líneas de comunicación abiertas, ora las promesas y no desesperes.

Carl R. Trueman is autor de Strange New World: How Thinkers and Activists Redefined Identity and Sparked the Sexual Revolution.

El antídoto contra la ansiedad

Renovando Tu Mente

Serie: La ansiedad

Episodio 1
El antídoto contra la ansiedad
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.

La palabra griega que se traduce como «ansiedad» en el Nuevo Testamento es una palabra interesante. Significa que alguien es desintegrado, arrastrado en direcciones opuestas o dividido en partes. Cuando estamos ansiosos por el mañana, estamos siendo distraídos de lo que está directamente frente a nosotros, y nuestra atención está dividida y no permite enfocarse en el hoy. Es precisamente por eso que experimentamos tensión cuando nos sentimos ansiosos, porque nos sentimos destrozados e incapaces de poner toda nuestra atención en lo que Dios ha puesto ante nosotros hoy. Charles Spurgeon dijo: «La ansiedad no despoja al mañana de sus penas, solo despoja al hoy de sus fuerzas».

La ansiedad tiene una forma de hacernos sentir atrapados cuando en realidad hemos sido liberados de la preocupación del mañana. Una vez liberados por el Espíritu, somos capacitados para obedecer el mandato de Jesús de no preocuparnos por el día de mañana (Mt 6:34). Sin embargo, a muchos cristianos se les ha enseñado que Jesús instruyó a no tener ninguna preocupación ni inquietud por el futuro o que tomar precauciones sabias o prepararse para el futuro significa que de alguna manera no estamos confiando en Dios. Pero las Escrituras están llenas de sabiduría sobre cómo debemos pensar y planificar para el futuro. De modo que, mientras oramos a nuestro Padre por el pan de cada día, al igual que Israel tenía que depender diariamente del maná de lo alto, confiamos en Dios mientras trabajamos diligentemente en nuestra planificación y preparación para el futuro.

Sin embargo, seguimos luchando contra la ansiedad porque nos importa nuestro propio bienestar y el de aquellos a los que tanto amamos. Nos llenamos de ansiedad por el futuro de nuestras familias, nuestra salud, nuestras iglesias, nuestros empleos, nuestras inversiones y nuestras naciones porque nos preocupamos por ellos. Nos llenamos de ansiedad porque nos importa, y nos importa porque amamos. No obstante, nuestro amor y cuidado producirá ansiedad cuando nos centramos en nosotros mismos en lugar de acudir a Dios.

Dios nos manda amarlo por encima de todos los demás amores, y nos llama a echar todas nuestras ansiedades sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros. No nos dice que echemos algunas de nuestras ansiedades sobre Él, sino todas, incluso las que pensamos que tenemos bajo control, que las echemos sobre Él y las dejemos con Él. Cuando nos volvemos ansiosos, a menudo es porque creemos que tenemos el control. De modo que, cuando experimentemos ansiedad, recordemos que Dios cuida de nosotros más de lo que podríamos cuidar de nosotros mismos. Corramos a Él en oración, porque ir a nuestro Padre en oración es el antídoto contra la ansiedad. Cuando oramos, estamos admitiendo que no somos Dios y que no tenemos el control, pero que Él sí lo tiene y que está obrando todas las cosas para nuestro bien. He comprobado que los que más oran son los que menos se preocupan.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

La Maldición De Conseguir Lo Que Quieres

La Maldición De Conseguir Lo Que Quieres
POR DAVE DUNHAM

La libertad puede sentirse como una esclavitud. Si suena un poco hiperbólico hacer tal afirmación, es sólo porque no hemos considerado cuidadosamente lo que amamos y la naturaleza de la libertad. A menudo pensamos en la libertad en términos de hacer lo que queremos, conseguir lo que queremos e ir a donde queremos. Es el potencial de la posibilidad ilimitada, la eliminación de los límites. Pero tal noción de libertad nos traiciona. A veces obtener lo que quieres es una maldición.

Los valores culturales americanos nos han enseñado a conceptuar la libertad como lo opuesto a la obligación, la responsabilidad y el límite. Cualquier cosa que inhiba la autonomía personal, la independencia, y la auto-actualización es la esclavitud. Está representada en toda la literatura (véase Walden; Into the Wild; The Awakening), la psicología y la filosofía (The Ego and the Id; Being and Time; The Fountainhead), el cine (American Beauty; Fight Club; y Wild) y en la música («Shake It Off»; «The Middle»; y «Like it, or Not»). Está arraigado en la cultura popular por todo tipo de eslóganes ubicuos: «Sé fiel a ti mismo»; «Sólo hazlo»; «sigue a tu corazón»; «autenticidad sobre todo». El concepto describe la libertad puramente como «libertad de». La libertad significa estar sin responsabilidad. Como dijo Ayn Rand:

Libertad (n. f.): No pedir nada. No esperar nada. No depender de nada. (The Fountainhead)

La autonomía completa y total es la conceptualización normal de la libertad.

Pero esta conceptualización de la libertad resulta ser una maldición. Conseguir exactamente lo que quieres, sin restricciones, sin límites, usualmente nos deja angustiados, asqueados y en un estado autodestructivo. James K.A. Smith lo compara con un joven que sube a un buffet sin la supervisión de sus padres. Ve ante él una gran cantidad de alimentos para comer y darse el gusto, y no hay nadie que le diga «no». Es capaz de atiborrarse hasta que la libertad se convierte en náuseas y asco. Al principio tal «libertad» realmente se siente excitante y nos da la ilusión de satisfacción y alegría. A la larga nos llevará a la destrucción y al asco.

En parte esto se debe a que las cosas que perseguimos son todas incapaces de satisfacer realmente, no importa la cantidad de nuestra indulgencia en ellas. Están limitadas en su capacidad de traerme realmente alegría y satisfacción. Así que, Smith escribe:

Cuando la libertad es mera voluntariedad, sin más orientación ni objetivos, entonces mi elección es sólo otro medio por el que intento buscar satisfacción. En la medida en que sigo eligiendo tratar de encontrar esa satisfacción en cosas finitas, creadas – ya sea sexo o adoración o belleza o poder – voy a estar atrapado en un ciclo donde estoy más y más decepcionado de esas cosas y más y más dependiente de esas cosas. Sigo eligiendo cosas con rendimientos decrecientes, y cuando eso se vuelve habitual, y eventualmente necesario, entonces pierdo mi capacidad de elegir. Lo nuevo me tiene ahora. (En El Camino con San Agustín, 66)

Perseguir mi esperanza y satisfacción en cosas finitas suele significar que me convierta en esclavo de ellas. Lo que comenzó como libertad se convierte finalmente en una esclavitud de otro tipo. Vemos que esto ocurre muy obviamente en las drogas y el alcohol. La libertad de elegir mi propio estilo de vida, la libertad de buscar el placer o escapar del dolor en mis propios términos resulta en adicción. Lo mismo sucede con la pornografía, la intimidad, la televisión, los videojuegos, y cualquier otra cosa que busquemos para satisfacernos. ¡Conseguir lo que quieres se convierte en una maldición!

Un ejemplo interesante de esta libertad convertida en esclavitud se ve en la vida del actor Russell Brand. Brand no es un modelo a seguir, pero experimentó un cambio masivo en sus pensamientos sobre la promiscuidad. Smith cita a Brand en una entrevista que le hizo a Joe Rogan, diciendo:

Este es el punto – cuando obtienes las cosas que tu cultura te dice que debes hacer y las experimentas ahora sabes que puedes dejar de perseguir la zanahoria porque le has dado un mordisco y es como, «Espera un minuto: esto es una mierda…» Es difícil de aprender porque todo lo que tiene un orgasmo al final del mismo, ya sabes, hay un grado de placer que se tiene. Pero toma un tiempo reconocer el costo emocional en mí, el costo espiritual en otras personas, el hecho de que me impide convertirme en padre, en esposo, de asentarse, de arraigarse, de volverme realmente entero, de convertirme en hombre, de conectarme. Lleva un tiempo darse cuenta de eso. Creo que mucha gente no tiene la oportunidad de salir de ese patrón. (97)

Brand dice que toda su promiscuidad lo dejó vacío y hueco. A veces conseguir lo que quieres no es más que una forma diferente de esclavitud.

La libertad «de» tiene un costo. Nos cuesta mucho. La mujer que dejó a su marido para huir con un antiguo novio de la escuela secundaria finalmente despertó y se dio cuenta de que había cometido un terrible error. El hijo pródigo, que se gastó toda su herencia, se despertó en un corral de cerdos. El músico que dejó a su familia para perseguir sus sueños, se despertó un día al darse cuenta de que había pasado casi 40 años persiguiendo un sueño que nunca se materializó y perdiendo lo único que realmente amaba, y todo por nada.

La verdad es que la libertad no equivale a «autonomía». Todos somos esclavos de algo y alguien. Las Escrituras nos dicen expresamente que somos esclavos del pecado o esclavos de la justicia (Romanos 6:16-19); somos esclavos de Dios o esclavos de Satanás. El tipo de autonomía que queremos no existe para las criaturas. Pero en la economía de Dios el mundo no funciona como creemos que debería. Porque la búsqueda de «la libertad como autonomía» resulta en la esclavitud; pero la esclavitud a Cristo resulta en la verdadera libertad. Jesús tiene un «yugo» pero es fácil, nos dice (Mat. 11:28-30), y es Él quien nos hace verdaderamente libres (Gal. 5:1). Romanos 6:22 señala un intercambio de amos esclavos: el pecado contra Dios. Este intercambio produce un resultado diferente: la muerte contra la vida. Es una paradoja, por supuesto (la esclavitud a Cristo produce libertad), pero es la realidad. También es una invitación a buscar la verdadera libertad en Cristo, y una advertencia de que conseguir lo que quieres es una maldición.

De hecho, Dios dice esto en múltiples lugares de las Escrituras. Cuando Israel insiste en un Rey «como las otras naciones» (1 Samuel 8:5), Él se lo da porque han rechazado a Dios como su Rey (v. 7). El Rey Saúl es una forma de castigo para Israel. Vemos lo mismo desempacado en Romanos 1, donde Dios «los entregó» a sus propias concupiscencias (v. 24). Consiguieron lo que querían, pero era un tipo de condena. ¡Conseguir lo que quieres es una maldición!

La libertad «de» siempre llevará a la destrucción. La libertad «a» y la libertad «para», cuando están atadas a Cristo, conducen a la verdadera satisfacción. ¿Qué es lo que deseas? ¿Qué es lo que persigues? Aparte de Cristo, todo terminará en adicción, decepción, vacío y destrucción. Escoge la esclavitud a Jesús y encuentra lo que realmente quieres. Conseguir lo que quieres es una maldición, ¡a menos que lo que quieras sea Cristo!

¿Psicología o Biblia?

¿Psicología o Biblia?
OSKAR AROCHA

Según investigaciones, la psicología es comúnmente la disciplina de estudio con más profesores ateos.[1] Este no es un dato difícil de creer, pero sí es un dato que se presta a ser mal representado. A menudo en círculos cristianos encontramos comentarios que promueven al rechazo abierto y completo de la psicología. Es cierto que debemos ser sospechosos de cualquier enseñanza cuya cosmovisión sea incorrecta, pero de manera similar la Escritura nos enseña que hay cierta nobleza en comparar todos los conocimientos a la luz de los principios de la palabra de Dios (Hch. 17:11). ¿No puede un cristiano aprender de un biólogo, médico, o psicólogo ateo? El espíritu cristiano no debe rechazar sin antes analizar, porque el amor todo lo cree (1 Co. 13:6). El llamado del cristiano es, entonces, a juzgar con juicio justo, conforme a las evidencias.

¿Para qué sirve la psicología?
En pocas palabras, la psicología es el estudio científico de la conducta y los procesos mentales que le acompañan. Debido a la complejidad humana, la psicología se divide en docenas de ramas interrelacionadas. En sentido general la Psicología tiene 4 metas que energizan sus avances: Describir la conducta observada; Explicar lo observado y su relación con diversos factores; Proponer teorías que puedan predecir futuros resultados, y; Proponer métodos que ayuden a modificar los trastornos o disfunciones hacia formas más deseables.

El resultado más común es que las evidencias que serán analizadas no serán distintas solo porque el analista sea cristiano. Evidencia de esto lo tenemos en el libro de Proverbios. Los proverbios sirven de ejemplo bíblico para mostrar los beneficios que podemos obtener luego de observar y estudiar la conducta humana. Muchos de los proverbios que encontramos en la Biblia no son mandatos, sino sabias conclusiones a la conducta observada que pueden ser identificadas por personas a quienes Dios en su gracia común les haya dado la sensibilidad o el talento para hacerlo. Por esa razón, no debe sorprendernos cuando encontramos en Proverbios mucho sentido común para todos los hombres y que en la historia otros hombres con sabiduría humana hayan alcanzado similares conclusiones sin influencia del conocimiento bíblico. Por ejemplo: “¿Has visto un hombre diestro en su trabajo? Estará delante de los reyes” (Prov. 22:29a) es sabiduría divina; “Quien bien come bien trabaja” es un refrán popular.

El conocido psicólogo Dr. Hobart Mowrer, ateo y suicida, que en su momento fue presidente de la asociación de Psicología Americana, fue de gran ayuda, rechazando la teoría de que los trastornos libraban a los pacientes de responsabilidad.[2] El Dr. J. Davies es uno de los profesionales seculares modernos que a manera de crítica han admitido que “muchos en vez de tener baja autoestima están plagados de amor propio y no son capaces de amar a otros”.[3] Todos podemos beneficiarnos de los estudios de la psicología. No obstante, cuando tratamos el tema de las causas, conclusiones fundamentales, o métodos de cambio, no debe sorprendernos que a menudo las interpretaciones estén significativamente inclinadas por los prejuicios seculares.

Consejería bíblica vs. Psicología secular
La diferencia distintiva de la consejería bíblica y la psicología secular se resumen en una palabra: “corazón”. La psicología rechaza el concepto de que el ser humano fue creado a la imagen de Dios, es decir, que fuimos diseñados por Dios, para funcionar a la manera de Dios, para los propósitos de Dios, y que en el centro de todo encontramos el corazón. Para la ciencia secular, el corazón no es más que el asiento de las emociones, pero las Escrituras muestran el corazón como el centro de control moral y de motivación de la persona. La Escritura usa la palabra corazón para incluir los pensamientos, las emociones, las decisiones, la conducta, las conversaciones, los deseos y todas las demás cosas en la vida de una persona. Por esa razón, cuando Dios habla de cambiar nuestras disfunciones, o pecados, lo define en términos espirituales, y nos provee de las buenas noticias de que nos dará un nuevo corazón (Ez. 36:26).

El conocimiento secular asume que para tener buenas interpretaciones y conclusiones no se puede incluir a Dios y sus enseñanzas como parte de los factores fundamentales. Esa premisa es exactamente lo que cataliza sus errores más comunes. Por ejemplo:

Asumen que la naturaleza humana es básicamente buena o no aceptan de que tenga una inclinación natural hacia el mal.
Promueven que las personas tienen la respuesta a sus problemas dentro de sí mismas.
Algunos proponen que la clave para entender y corregir las actitudes y acciones de una persona yace en alguna parte de su pasado.
Indican que los problemas de los individuos son el resultado de lo que alguien les ha hecho.
Enseñan que los problemas humanos pueden ser puramente psicológicos en su naturaleza, sin relación con ninguna condición espiritual.
Asumen que la palabra de Dios no tiene nada que ofrecer para los problemas profundamente arraigados y que solo los puede resolver un profesional mediante el uso de terapia.
Promueven que la guía Cristo-céntrica de las Escrituras, la oración y el Espíritu Santo son recursos inadecuados y simplistas para solucionar ciertos problemas.
Ignoran las causas fundamentales y le llaman causas a muchos factores circunstanciales.
Sus metas están definidas por los deseos de la sociedad, no lo que honra al Creador. En sentido general la psicología secular no define metas más allá de cambios observables en la conducta.
En cambio, la consejería bíblica aspira ser fiel al diseño de Dios, sabiendo que sin un corazón que anhele a Dios sobre todas las cosas, es imposible agradar a Dios (Heb. 11:1-6). Un cambio real, significativo y duradero necesita la gracia de Dios que fue comprada con la sangre de Jesús, y que llega a los pecadores por medio de un cambio en el corazón.

¿Qué hago si soy psicólogo o estudiante de psicología?
¡Maneja con precaución! El Dr. Sam Williams, profesor de Consejería en el Southeastern Baptist Theological Seminary recomienda que si no eres hábil en el pensamiento crítico y en el conocimiento bíblico, teológico y apologético, serás absorbido, y terminarás funcionando principalmente como un psicólogo que también es cristiano, y no como uno que principalmente es cristiano y que también es psicólogo. Sin embargo, si estás preparado para asumir el reto, habla con tu pastor. Si quieres ser misionero en un ambiente académico hostil, mi recomendación sería que por cada hora de clase o libro de psicología, estudies un libro de teología, uno de consejería Bíblica y uno de apologética o cosmovisión cristiana.

[1] Neil Gross, Sociology of Religion, p 70, 2009

[2] Larry Crabb, Effective Biblical Counseling & Basic Principles of Biblical Counseling.

[3] J. Davies, “The Importance of Suffering: The Value and Meaning of Emotional Discontent”, citado en Reflexiones sobre la Fe y el Sufrimiento: Caminando Con Dios en medio del Sufrimiento de Dr. Tim Keller.

Crédito de imagen: Lightstock.

​Oskar Arocha es Ingeniero Agrónomo, y posee una maestría en Estudios Teológicos (M.T.S.), del Seminario Bautista Reformado, en Carolina del Sur. Conoció al Señor en el año 1981, y fue ordenado como diácono en el año 2006, en la Iglesia Bautista de la Gracia. A lo largo de su caminar con Cristo, Oskar ha servido como líder de jóvenes, coordinador de eventos de parejas, director de alabanza, y otros ministerios más.

¿De qué Manera La Consejería Noutética Difiere de Otras Formas de Consejería Cristiana?

¿De qué Manera La Consejería Noutética Difiere de Otras Formas de Consejería Cristiana?
Por Jay E Adams

Mucho en la consejería pretende ser cristiano. Sin embargo, la mayor parte de la orientación que se hace por parte de los cristianos es una mezcla de sistemas de consejería incrédulos que han sido «saneadas» para que suene cristiana. No estoy diciendo que todos los que usan los sistemas de consejería paganos eclécticos lo hacen de mala fe, pero es muy claro que, incluso entre los mejores, la Biblia es “introducida” después de que la teoría y la práctica se han adoptado con el fin de hacer que de alguna manera se haga “cristiano” lo que se esta haciendo. Peor aún, en otros casos, la Biblia se entremezcla para que parezca cristiana. Incluso aquellos que honestamente creen que rociar algunos versículos de la Biblia de alguna manera santifica la consejería, en muchos casos, debe tener la conciencia tranquila al respecto. En algunas situaciones, sin embargo, puede haber aquellos que simplemente sabe tan poco de la Biblia, cómo interpretarla y aplicarla, que sinceramente creen que este proceso hace legitimo el nombre de “Consejería Cristiana.”

La Consejería verdaderamente cristiana (Consejería noutética, o la que está en línea con Consejeria noutética, pero no utiliza el nombre) tiene una base bíblica de principio a fin. Véase la respuesta a la pregunta anterior para más detalles. Lo que hace la diferencia, en lo fundamental, es si un sistema se basa en la promesa de que la Biblia tiene todas las respuestas para vivir como Dios manda. La Biblia enseña esto en pasajes tales como 2 Pedro 1:3, donde las promesas de Dios se dice que proporcionan justamente tal ayuda. Y, además, en 2 Timoteo 3:17, desde tres perspectivas distintas, Pablo dice que las Escrituras son suficientes para toda tarea a la que un anciano es llamado hacer. Lo que hace la diferencia entre los sistemas que se dicen cristianos y los que son verdaderamente, entonces, es si incluyen materiales extraños también. La Consejería cristiana, para justificar el nombre, debe afirmar (y en la práctica demostrar) la suficiencia de las Escrituras para la consejería.

Hay muchos que dicen que su orientación es cristiana y bíblica, pero la prueba se presenta en la evaluación de lo que realmente hacen cuando asesoran. La cuestión es si ellos incorporan o no otras creencias y prácticas. La Consejería noutética se basa totalmente en la Escritura. Otros sistemas, dicen serlo y no lo son. Al llegar al fin de examinar lo que la gente hace en la consejería, es bastante evidente que sus afirmaciones son falsas. Esa es la forma en que se diferencia de otros sistemas de orientación que dicen ser cristianos. Justifica la afirmación al nombre “cristiano” y al nombre “bíblico.”

Algunos de los que pretenden hacer consejería “bíblica” sólo utilizan la Biblia para apoyar lo que, previa inspección, resulta ser un sistema no-cristiano. Un buen ejemplo de esto es la escuela de los temperamentos, revivido por O. Hallesby y otros. Ellos tomaron esta idea sobre la forma de los médicos-filósofos griegos que creían que el cuerpo estaba regulado por las proporciones de los cuatro humores (líquidos o que tenían que ver con el temperamento) que se poseía. Los modernos defensores “cristianos” de este sistema conveniente omiten la base de fluidos para el sistema, propagando la teoría de los cuatro temperamentos y añaden versículos bíblicos o historias sobre las personalidades de los personajes bíblicos que utilizan para ilustrar su punto de vista.

Al hacer esto, la Biblia se convierte en un libro de ilustraciones del cual la gente de los temperamento toman materiales para “respaldar” sus creencias. Debido a que utilizan mucho la Biblia erróneamente interpretada y utilizada para fines para los que nunca fue su intención –lo que tienen que decir puede impresionar a los incautos como pareciendo muy cristiano. El hecho es, sin embargo, no hay nada fundamentalmente cristiano o bíblico acerca de la teoría del temperamento en absoluto. En efecto, llamarlo así es un engaño de la clase más grosera. Los cristianos tienen que ser mucho más exigentes, y no aceptar todo lo que dice ser cristiano como tal. A menos que el sistema es bíblico de principio a fin, no es cristiano.

Jay E Adams

La razón por la que somos zarandeados

MEDITACIÓN DIARIA
La razón por la que somos zarandeados
El Señor puede usar el proceso de zarandeo para purificar nuestra fe, posicionándonos para recibir su gracia.

23 de abril de 2022

Lucas 22.31-61

En el pasaje bíblico de hoy, Cristo le dice a Pedro que Satanás ha pedido permiso para zarandear a los discípulos como trigo. Parece extraño pensar que el enemigo quisiera conversar con Dios sobre las personas, pero esto es una realidad —incluso ese fue el caso de Job (Job 1.6-12). ¿Alguna vez se ha preguntado si Satanás habla de usted? Podemos pensar que no somos tan especiales, pero nuestro verdadero potencial nos hace importantes en el ámbito espiritual.

A menudo, suponemos que Satanás nos tienta en nuestros puntos débiles, pero también ataca donde somos fuertes. De hecho, bajamos la guardia porque tenemos confianza en nuestras fuerzas, y ahí es cuando él ataca. Considere a Pedro: se jactó de su lealtad al Señor Jesús y, sin embargo, fracasó cuando negó conocerlo. Satanás se dirige a los creyentes que tienen clara la verdad de Dios, porque ellos son su mayor amenaza.

Jesucristo comparó a los discípulos con el trigo, porque este es zarandeado o tamizado mediante una sacudida vigorosa que separa la paja del grano. Él sabe que Satanás quiere sacudir nuestra fe desde sus cimientos para que sigamos nuestro propio camino, lejos de Dios. El Señor puede usar este proceso de zarandeo para purificar nuestra fe, posicionándonos para recibir su gracia.

Biblia en un año: 2 Reyes 4-6