¿Cómo funciona la psicología con la consejería bíblica?

¿Cómo funciona la psicología con la consejería bíblica?

La psicología secular se basa en las enseñanzas de psicoanalistas como Sigmund Freud, Carl Jung y Carl Rogers. La consejería bíblica, o noutética, por otro lado, está basada directamente en la Palabra revelada de Dios. La consejería bíblica ve la Escritura como suficiente para equipar al hijo de Dios para toda buena obra (2 Timoteo 3:17). Los consejeros bíblicos enseñan que el problema básico del hombre es de naturaleza espiritual; por lo tanto, los psicólogos ateos, que están espiritualmente muertos, no tienen una visión real de la condición humana.

En este sentido, lo que se suele llamar «consejería cristiana» es diferente de la «consejería bíblica» en que la consejería cristiana a menudo utiliza la psicología secular como complemento de la Biblia. Esto no quiere decir que un consejero cristiano no sea también un consejero bíblico, pero a menudo los consejeros cristianos son cristianos que integran la psicología secular en su consejería. Los consejeros bíblicos o noutéticos rechazan la psicología secular por completo.

La mayor parte de la psicología es de naturaleza humanista. El humanismo secular promueve a la humanidad como el estándar más alto de verdad y moralidad y rechaza la fe, lo sobrenatural, y la Biblia. Por lo tanto, la psicología secular es la manera en que el hombre trata de entender y reparar el lado espiritual del hombre sin referencia a, o reconocimiento de lo espiritual.

La Biblia declara que la raza humana es una creación única de Dios, hecha a imagen de Dios (Génesis 1:26; 2:7). La Biblia trata expresamente de la espiritualidad del hombre, comenzando con su caída en el pecado en el Jardín del Edén y las consecuencias que le siguieron, particularmente en lo referente a su relación con Dios.

La psicología secular, por otra parte, está basada en la idea de que el hombre es básicamente bueno y que la respuesta a sus problemas yace dentro de él mismo. La Biblia, sin embargo, nos pinta un cuadro muy diferente de la condición del hombre. El hombre no es «básicamente bueno»; está “muerto en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1) y su corazón es “engañoso más que todas las cosas y perverso” (Jeremías 17:9). Por lo tanto, el consejero bíblico toma un enfoque radicalmente diferente: en lugar de buscar soluciones a los problemas espirituales dentro de la propia mente, él busca confrontar el pecado, obtiene sabiduría de lo alto (Santiago 3:17), y aplica la Palabra de Dios a la situación.

Los consejeros bíblicos, como opuestos a los psicoterapeutas y a muchos “consejeros cristianos”, ven solo a la Biblia como la fuente de un enfoque comprensible y detallado para entender y aconsejar a la gente (2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:4). El consejero bíblico está comprometido a dejar que Dios hable por Él mismo a través de Su Palabra. El consejero bíblico sigue la Biblia y busca ministrar el amor del verdadero Dios viviente, cuyo amor trata con el pecado y produce obediencia.

La psicoterapia se basa en las necesidades. Las necesidades de autoestima, de amor y aceptación, y de valoración tienden a dominar. Si estas necesidades son satisfechas, se cree que la gente será feliz, amable y moral; si no son satisfechas, la gente será miserable, odiosa e inmoral. La consejería bíblica enseña que la verdadera satisfacción y felicidad sólo puede ser encontrada en una relación con Dios y en la búsqueda de la piedad. No hay psicoterapia que pueda hacer que una persona egoísta sea desinteresada, por ejemplo, pero el siervo obediente de Dios estará satisfecho con su entrega alegre y desinteresada (2 Corintios 9:7).

Entonces, ¿cómo funciona la psicología con la consejería bíblica? No se puede. La psicología secular comienza y termina con el hombre y sus ideas. La verdadera consejería bíblica guía a los pacientes hacia Cristo y la Palabra de Dios. La consejería bíblica es una actividad pastoral, producto del don espiritual de la exhortación, y su objetivo no es la autoestima sino la santificación.

¿Cuáles son los atributos de Dios?

La Biblia, la palabra de Dios, nos dice cómo es Dios y cómo no es. Sin la autoridad de la Biblia, cualquier intento de explicar los atributos de Dios no sería mejor que la opinión del hombre; la cual por sí misma es a menudo incorrecta en la comprensión de Dios (Job 42:7). ¡Decir que es importante para nosotros tratar de entender cómo es Dios, es como una gran subestimación! El descuidarlo, probablemente va a ocasionar que nos preparemos, persigamos y adoremos dioses ajenos, lo cual es contrario a Su voluntad (Éxodo 20:3-5).

Solamente lo que Dios ha escogido de Sí mismo para ser revelado, puede ser dado a conocer. Uno de los atributos o cualidades de Dios es que Él es «luz», queriendo decir que Él mismo nos revela la información de Sí mismo (Isaías 60:19, Santiago 1:17). La realidad de que Dios ha revelado conocimiento de Sí mismo no debería ser ignorada (Hebreos 4:1). La creación, la Biblia, y el Verbo hecho carne (Jesucristo) van a ayudarnos a conocer cómo es Dios.

Comencemos entendiendo que Dios es nuestro Creador y que somos una parte de Su creación (Génesis 1:1, Salmos 24:1). Dios dijo que el hombre fue creado a Su imagen. El hombre está sobre el resto de la creación y le fue dado dominio sobre ella (Génesis 1:26-28). La creación fue estropeada por la «caída», no obstante, brinda un destello de Sus obras (Génesis 3:17-18); Romanos 1:19-20). Al considerar la inmensidad de la creación, la complejidad, la belleza, y el orden, podemos tener una sensación de la grandeza de Dios.

La lectura de algunos de los nombres de Dios, puede ser de ayuda en nuestra búsqueda de cómo es Dios. Veamos los siguientes:

Elohim – El Fuerte, Divino (Génesis 1:1)

Adonai – Señor, indicando una relación Maestro — siervo (Éxodo 4:10,13)

El Elyon – El Altísimo, El más Fuerte (Isaías 14:20)

El Roi – El Fuerte que ve (Génesis 16:13)

El Shaddai – Todopoderoso Dios (Génesis 17:1)

El Olam – Dios eterno (Isaías 40:28)

Yahvé – SEÑOR «Yo Soy», lo cual significa el Dios Eterno, que existe independientemente de cualquier otro ser. (Éxodo 3:13,14).

Dios es eterno, lo cual significa que no tuvo principio y que Su existencia nunca va a terminar. Él es inmortal, infinito (Deuteronomio 33:27; Salmos 90:2; 1ª Timoteo 1:17). Dios es inmutable, lo cual significa, que es inalterable; es decir que Dios es absolutamente digno de confianza y fidedigno (Malaquías 3:6; Números 23:19; Salmos 102:26,27). Dios es incomparable, lo cual significa que no hay nadie como Él en obras o existencia; es inigualable y perfecto (2ª Samuel 7:22; Salmos 86:8; Isaías 40:25; Mateo 5:48). Dios es inescrutable, lo cual significa que no tiene límite, no se lo puede llegar a conocer por completo, es insondable (Isaías 40:28; Salmos 145:3; Romanos 11:33,34).

Dios es imparcial, lo cual significa que no hace distinción de personas en el sentido de mostrar favoritismo (Deuteronomio 32:4; Salmos 18:30). Dios es omnipotente, lo cual significa que es todopoderoso; Él puede hacer todo lo que le agrada, pero Sus acciones siempre estarán de acuerdo con el resto de Su carácter (Apocalipsis 19:6, Jeremías 32:17,27). Dios es omnipresente, lo cual significa que siempre está presente, en todas partes (Salmos 139:7-13; Jeremías 23:23). Dios es omnisciente, lo cual significa que conoce el pasado, presente y futuro, aún lo que estamos pensando en cualquier momento; puesto que conoce todo, Su justicia siempre será administrada imparcialmente (Salmos 139:1-5; Proverbios 5:21).

Dios es uno, lo cual significa que no solo no hay otro, sino que también es el único en poder suplir las necesidades más profundas y anhelos de nuestros corazones. Sólo Él es digno de nuestra adoración y devoción (Deuteronomio 6:4). Dios es justo, lo cual significa que no puede y no va a pasar por alto la maldad; es debido a Su rectitud y justicia, que Jesús tuvo que experimentar el juicio de Dios. Nuestros pecados fueron puestos sobre Él para que de esta manera fuéramos perdonados (Éxodo 9:27; Mateo 27:45-46; Romanos 3:21-26).

Dios es soberano, lo cual significa que es supremo. Toda Su creación junta no puede impedir Sus propósitos (Salmos 93:1; 95:3; Jeremías 23:20). Dios es espíritu, lo cual significa que es invisible (Juan 1:18; 4:24). Dios es una Trinidad, lo cual significa que es tres en uno, el mismo en substancia, poder y gloria por igual. Dios es verdad, lo cual significa que está de acuerdo con todo lo que es, Él va a permanecer incorruptible y no puede mentir (Salmos 117:2; 1ª Samuel 15:29).

Dios es santo, lo cual significa que está separado de toda corrupción moral y es hostil a ella. Dios ve todo el mal y esto lo enfada. Dios es referido como un fuego consumidor (Isaías 6:3; Habacuc 1:13; Éxodo 3:2, 4, 5; Hebreos 12:29). Dios es clemente – esto incluiría Su bondad, benevolencia, misericordia y amor – las cuales son palabras que dan tintes de significado a Su bondad. Si no fuera por la gracia de Dios, Su santidad nos excluiría de Su presencia. Afortunadamente este no es el caso, porque Él desea conocernos a cada uno personalmente (Éxodo 22:27; Salmos 31:19; 1ª Pedro 1:3; Juan 3:16, Juan 17:3).

Ya que Dios es un Ser infinito, ningún ser humano puede responder plenamente esta pregunta del tamaño de Dios, pero a través de la Palabra de Dios, podemos entender mucho acerca de quién es Dios y cómo es Él. Que todos continuemos buscándole de todo corazón (Jeremías 29:13).

El papel del hombre y de la mujer

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

Episodio 6
El papel del hombre y de la mujer

Por R.C.Sproul

Bienvenidos una vez más a nuestro estudio sobre el matrimonio cristiano. Esta será nuestra última sesión juntos. He guardado el material controversial para este momento, porque, vamos a estar viendo el papel del hombre y de la mujer en el matrimonio. Creo que es importante que prestemos atención a este tema tal como se aborda en el Nuevo Testamento debido al gran nivel de controversia que ha rodeado este asunto en los últimos años. Así que, me gustaría dirigir su atención, si me permiten, a la instrucción que recibimos en el capítulo 5 de la carta de Pablo a los Efesios. Voy a empezar en el versículo 21, donde leemos estas palabras, «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Esto suele entenderse como el enunciado que conecta lo que Pablo había enseñado antes en esta epístola con lo que seguirá después.

 Algunos ven en este versículo un indicador clave de cómo se debe entender lo que sigue. Dicen que ese versículo nos llama a la sumisión mutua, el uno al otro; entonces, luego menciona que las esposas se sometan a sus esposos, los hijos a sus padres y así por el estilo. Algunos dicen que lo que realmente dice el texto es que todas nuestras relaciones como cristianos, empleadores-empleados, dueños-esclavos, hijos-padres, implica una postura de sumisión mutua. De modo que la forma en que realmente debemos leer este texto es la siguiente, «Mujeres, estén sometidas a sus maridos; maridos, sométanse a sus mujeres». No tengo tiempo ahora para ver todos los tecnicismos que están involucrados en la comprensión y manejo de este pasaje, pero solo déjenme decirles cuál es mi posición al respecto. 

Creo que es una distorsión grave de este texto bíblico, que implica lo que llamaríamos una exégesis desesperada. No creo que nadie se inclinaría a tratar el texto de esta manera, si no tuviéramos el tipo de controversia que tenemos en nuestra cultura, en este momento, sobre los papeles de los hombres y de las mujeres, porque si lo aplicamos consistentemente a lo largo del texto tendríamos que decir, «Padres, obedezcan a sus hijos, ya saben; así como Cristo es la cabeza de la iglesia y la iglesia es la cabeza de Cristo» – si revirtiéramos todo, terminaría en una extraña locura y el pasaje no tendría sentido.  Más bien, creo, como ha sido el consenso a través de la historia de los intérpretes bíblicos, que, lo que el apóstol está diciendo aquí es que todo cristiano en algún momento está llamado a someterse. Ninguno de nosotros es soberano en sí mismo. 

Hay todo tipo de lugares donde debo someterme a la autoridad y al liderazgo de los demás; y hay lugares donde también estamos llamados a ser sumisos.  Pero miremos, entonces, a lo que el apóstol nos manda aquí, observemos que él lo introduce diciendo: «sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo». Francamente lo que me aterroriza de la controversia que rodea este texto es que veo a la gente enfurecida diciendo: «¿Quién se cree el apóstol Pablo, diciéndole a las esposas que tienen que someterse a sus esposos y cosas así?» Se enojan tanto por esto y yo digo: «Espera un minuto.  Espera un minuto». Si esto fuera simplemente Pablo el apóstol, mostrando su lado machista y su conocimiento humano, entonces sería una declaración de arrogancia suprema y no culparía a ninguna mujer en el mundo por estar indignada por ello. Pero tengan cuidado. Si Cristo es quien Él dijo que era y Él estaba diciendo la verdad cuando dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra». 

Es decir, que, si la autoridad de Dios es dada a Jesús y luego Jesús entrega esa autoridad a Sus apóstoles; entonces, con lo que estamos luchando en este texto no es contra las ideas de algún rabino judío, sino que estamos luchando contra la ley de Dios. Si esta es la Palabra de Dios, entonces tenemos que escuchar humildemente, en el temor de Dios.  Bueno, habiendo dicho eso, vamos a observar y ver qué pasa con este texto que es tan controversial. En la parte inicial, donde Pablo dice: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor», ahora la segunda frase no molesta a muchas mujeres cristianas, están perfectamente dispuestas a someterse a la autoridad y al liderazgo de Cristo, pero aquí Pablo está diciendo que debe haber una analogía, que una esposa debe someterse a su esposo de una manera análoga a la forma cómo ella se sometería a Jesucristo. Ese es un nivel poderoso de sumisión. Eso es darle al esposo un nivel significativo de autoridad. 

La analogía continúa. «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia», de modo que de una forma similar a la que Cristo es la cabeza de la iglesia, el hombre es llamado a ser la cabeza de la esposa, y he visto todo tipo de malabares que los comentaristas hacen con ese texto para sacar un significado por debajo de la manga. Pero el significado obvio de ‘ser cabeza’ en el Nuevo Testamento y en el idioma griego es estar en la posición de preeminencia y en la posición de liderazgo. Lo que entiendo que este texto está diciendo es que en el hogar, el esposo debe ser la cabeza del hogar. Esto no es una licencia para ser tirano. Esto no es una licencia para degradar a la mujer o para tratar a la mujer como una esclava. Pero la responsabilidad de la autoridad final y del liderazgo en el hogar está conferida al esposo. Si una mujer se resiste a eso, si esa interpretación es correcta, obviamente; si la mujer se resiste a eso, ella se está resistiendo a Dios. Es Dios quien da esa directriz. Por esto digo que me asusta cuando oigo a una mujer protestar tan vehementemente contra esto. 

Una vez más, si protestan contra mí, está bien. Si están protestando contra otros seres humanos, está bien; pero si la protesta es contra Dios, entonces ese es un asunto muy, muy serio. Ahora, otra pregunta surge inmediatamente y es esta: ¿Debe una mujer, siempre y en toda circunstancia, someterse a su esposo? He visto enseñanzas que se dan sobre el mundo cristiano evangélico que hablan de una cadena de mando y dicen que esa cadena de mando es tan sólida, que una mujer es responsable de obedecer a su esposo, sin importar lo que su esposo le pida que haga. Si el esposo le dice que se involucre en la prostitución, ella debe seguir con sumisión piadosa ese rol. Si el esposo le dice que no puede ir a la iglesia los domingos por la mañana, ella debe abstenerse de ir a la iglesia el domingo por la mañana. Damas y caballeros, eso va en contra de todo lo que la Escritura nos dice sobre la obediencia a Dios. 

Sí, hay un nivel de autoridad que Dios delega en las Escrituras. Dios es supremo. Él le delega a Cristo, Cristo le delega a los apóstoles y se nos dice que toda autoridad en este mundo en última instancia proviene de Dios. Estamos llamados a ser sumisos a los reyes y a honrar a los príncipes, a obedecer a los jueces civiles y demás. Pero, en otra parte, la Escritura deja en claro que debemos obedecer a quienes tienen autoridad sobre nosotros solo bajo estas dos condiciones: cuando esa autoridad nos ordena a hacer lo correcto o nos prohíbe hacer lo que está mal. Permítanme decirlo de otra manera: una mujer, o cualquier persona, puede desobedecer a la autoridad cuando sea que esa autoridad le ordene hacer algo que Dios prohíbe o le prohíba hacer algo que Dios manda. 

En esas dos instancias, si hay un conflicto entre la autoridad de Dios y el conflicto de la autoridad humana, no solo podemos desobedecer a la autoridad humana, debemos desobedecer a la autoridad humana.  Vemos eso en el Nuevo Testamento cuando Cristo le ordena a Sus apóstoles que prediquen el Evangelio. Ellos empiezan a predicar el Evangelio y las autoridades vienen a ellos y les dicen que dejen de predicar el Evangelio; ¿y qué dicen ellos? «¿Debemos obedecer a Dios o debemos obedecer a los hombres?» y la respuesta es obvia. Si hay un conflicto entre lo que Dios manda y lo que el hombre manda, debemos obedecer a Dios. 

Entonces, si un esposo ordena a su esposa que se involucre en la prostitución, ella no solo puede desobedecerlo, sino que debe desobedecerlo. Si ese esposo le exige que se abstenga de ir a la iglesia, cuando Dios ha mandado a cada creyente a no descuidar la reunión y comunión entre los santos, ella debe desobedecer a su esposo y estar allí. ¿Pero qué pasa si él le ordena o le prohíbe ir al servicio de los miércoles por la noche? Ella está incomoda, está molesta, decepcionada, etcétera, pero Dios no ordena estar en la iglesia el miércoles por la noche. Esa no es la asamblea semanal de los santos, en ese momento ella debe reconocer el liderazgo de su esposo y ser una esposa sumisa, no una alfombra, sino que debe mostrar su compromiso con Dios y con Cristo en su disposición a someterse, ella misma, al liderazgo de su esposo. 

Hay un consuelo aquí para las mujeres, creo que quizás Dios tiene sentido del humor, porque Él dice, «mujeres estén sometidas a sus propios maridos». No es que tengas que someterte al esposo de otra y que cada hombre tenga autoridad sobre toda mujer. Eso no es lo que dice. «Sométanse a sus propios maridos», me gusta la palabra «propio» allí, porque propio, la palabra propio en griego es la palabra idion, de la que obtenemos la palabra «idiosincrasia», que indica las peculiaridades propias de una persona; algo que es único para esa persona. Pero también es la palabra griega de la que proviene la palabra «idiota» en español. Así que, con un poco de flexibilidad en la traducción, podemos leerlo así, donde Dios dice: «Mujeres, sométanse a sus esposos idiotas; es como: Yo sé que son idiotas, pero quiero que, por mí, ustedes se sometan a ellos de todos modos». 

Siempre escuchamos en nuestra cultura el mito del matrimonio ‘mitad y mitad’. No se me ocurre nada peor porque en esa situación de ‘mitad y mitad’, donde no hay autoridad final, lo que los seres humanos caídos tienden a hacer en esa situación es enfrascarse en una lucha perpetua de poder donde todos están buscando conseguir el 51% de las acciones para tener el control. Dios soluciona eso. Dios dice que la última palabra, autoridad y liderazgo han sido conferidos al hombre.  Ahora, no estoy tan seguro de que eso sea un privilegio, sino más bien una responsabilidad de muchísimo peso. Me gustaría decir algo a las mujeres. Sé que las mujeres han clamado en las últimas décadas, sufriendo por la forma en la que hemos interpretado este pasaje, donde los hombres han comprado el mito de que la única forma en que Dios podría decir a las mujeres que se sometan a sus esposos, es si ellos fueran naturalmente superiores a las mujeres. Eso no es cierto, en lo absoluto. 

La sumisión, cuando hablamos de división de trabajo en la Biblia, nunca lleva consigo la idea de inferioridad. Incluso nuestra doctrina de la Trinidad dice que el Hijo se somete al Padre y que el Espíritu Santo está sometido tanto al Padre como al Hijo y ante eso no podemos deducir que se trata de inferioridad o que hay menos dignidad para el Espíritu Santo de la que hay en el Hijo o en el Padre.  Así que en el matrimonio no hay menos dignidad ni menos importancia, no hay menos valor para la mujer que para el hombre, y si es el hombre el que enseña eso, entonces eso es una mala interpretación de lo que la Biblia está diciendo; son los hombres los que están distorsionando su papel y lo están usando como excusa para ser tiranos. Eso es lo que ha sucedido y las mujeres han gritado: «¡Basta ya!» Así que, hemos escuchado el lamento de las mujeres y pienso que sí necesitamos escucharlas. Pero mujeres, creo que hay algo que necesitan escuchar de los hombres. La razón por la que quiero mencionar esto es porque los hombres no lo dirán.  

Se hicieron algunos estudios psiquiátricos y se descubrió que el hombre estadounidense en promedio tiene 5 veces más pesadillas que la mujer estadounidense. Ustedes dirán, «¿qué tiene que ver eso con esto?» Esto es lo que tiene que ver: el principal, el miedo número uno que aparece en las pesadillas del hombre estadounidense es el miedo a proveer para su familia. No creo que todos, en verdad, entendemos la importancia de eso. También se dice que cuando los hombres se reúnen y hablan en privado entre sí, hablan libremente sobre deportes, negocios y de mujeres; pero no se sentarán allí en un grupo y dirán, «Tengo miedo. No sé si seré capaz de manejar esta responsabilidad». Porque a los hombres se les enseña desde que son niños, que en el momento en que están en esa iglesia frente al pastor y frente a la congregación y dicen, «Tomo a esta mujer para que sea mi legítima esposa», ellos están asumiendo, sienten la responsabilidad, en última instancia, por el bienestar de su esposa y por el bienestar de sus hijos.  

Me parece, y no estoy orgulloso de admitir esto, me parece que el punto… una de las cosas que más me preocupan en la vida, es el dinero. El asunto que me preocupa no es si puedo tener suficiente dinero para comprar un auto nuevo. Lo que me preocupa es: ¿tendré suficiente dinero para que, si muero, mi esposa pueda quedar bien? ¿Tengo suficiente dinero para que mis hijos estudien, para que mis hijos tengan con qué comer, para que. . . ? Ya saben. Solo siento el peso de esa responsabilidad, porque eso es lo que la cultura me ha impuesto; pero no es solo esta cultura. Son generaciones de la humanidad, desde el Huerto del Edén en adelante. La mujer fue creada para ser una ayuda idónea, no una sirvienta. Fue creada como la reina del paraíso. Adán es el rey y no es que Eva sea la esclava. Ella es la reina, ella es la pareja, ella es una compañera de trabajo, pero ella es la ayuda idónea. A él se le da la responsabilidad principal, en última instancia, de asegurarse de que el huerto sea cuidado. 

Bien, eso puede ser difícil de comprender para una mujer, porque ella dice, «¿Eso significa que no tengo neuronas? ¿Eso quiere decir que no tengo nada?», ¡Por supuesto que no! No puedo pensar ni siquiera en 3 oportunidades, en 25 años, en mi propio matrimonio, en las que mi esposa haya estado de acuerdo con mi entendimiento de este texto. Ella cree que delante de Dios, yo debo ser cabeza del hogar, y estamos en desacuerdo con respecto a decisiones todo el tiempo. Pero ella no es un palo ni una roca, ella es un ser humano y estoy llamado a respetar su juicio. Estoy llamado a respetar su perspectiva. Estoy llamado a respetar su persona y si ella no está de acuerdo con una política en la que creo que debiéramos participar, sería impío de mi parte ignorarla y simplemente decirle: «Oye, las mujeres son para verlas y no para escucharlas». Esa no es la actitud que vemos en las Escrituras. 

Nosotros lo conversamos, y yo diría que la gran mayoría de nuestras decisiones se toman en conjunto. Tal vez 3 veces en 25 años hemos tenido un impase donde no pudimos estar de acuerdo. Entonces le dije, «Bueno, cariño, tenemos que tomar una decisión, y yo me hago responsable; así que tendré que pedirte que te sometas». Ahora, soy afortunado, esas tres veces dijo, «Está bien».  Pero puedo entender la dificultad en esto, aún así esta es la forma en la que Dios ha ordenado Su creación.  «Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo». Por lo que a mí respecta, esa es la parte fácil del pasaje, pero por supuesto la hierba siempre es más verde del otro lado. Creo que a las mujeres les toca desempeñar el papel más fácil. Ojalá solo tuviese que someterme y dejar que mi esposa ejerza la posición de liderazgo y autoridad en la casa. La parte difícil viene ahora.

 Escucha lo que Dios le dice al hombre: «Maridos, amad a vuestras mujeres». Ahora, si allí se detuviera, no sería tan malo, pero escucha lo que dice, «amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella». Nunca he conocido a una mujer que dijera que le costaría someterse a la autoridad de su esposo si su esposo fuera Jesús. Ella nunca tendría miedo de ser explotada por Jesús. Nunca sería víctima de un tirano. Nunca sería víctima de abuso. Nunca sería una esposa maltratada. Nunca sería una esposa abusada, ¿verdad? Lo que Dios me dice como esposo y para ti como esposo, es que eres responsable de amar a tu esposa, así como Jesús amó a la iglesia. ¿Cuánto ama Jesús a la iglesia? Pues mira, Jesús es elevado por Dios a la mano derecha del Padre. Eso significa que Él está en el lugar de la autoridad cósmica. Él es responsable de dirigir el universo porque en Él, por Él y para Él son todas las cosas. ¿Entiendes la pesadilla administrativa que significa organizar, operar y administrar el universo todos los días? 

Si alguna vez un esposo tuviese una excusa para decir, «Estoy demasiado ocupado con asuntos importantes como para hablar con mi esposa», ese sería Jesús. Pero este mismo Jesús que es responsable de manejar el universo, promete y cumple la promesa, de escuchar toda oración que venga de Su novia. Él escucha a Su novia. Se preocupa por Su novia. Tanto es lo que le preocupa Su novia que Él da Su vida por Su novia. Tiendo a ser más líder que seguidor, porque he encontrado muy pocas personas en este mundo a las que estoy dispuesto a seguir. Pero es emocionante cuando encuentro a alguien a quien admiro lo suficiente y respeto lo suficiente y confío lo suficiente como para seguir. Una cosa es importante para mí antes de seguir a alguien, no quiero seguir a alguien y ser sorprendido. No quiero ser leal a alguien solo para que esa persona me traicione y me dispare por la espalda, en la espalda. 

¿Pero puedes imaginar lo liberador que es seguir a alguien que sabes de antemano que está preparado para morir por ti? Esa es la responsabilidad que tengo con mi esposa, que voy a amarla, no solo con abrazos tiernos, sino que debo vivir de tal manera que ella entienda que estoy dispuesto a sacrificar mi vida por ella.  ¿Ahora entiendes cómo es que esto funciona para ambos? Es difícil para mí comprometerme con cualquiera, con una mujer, para decir: «Estoy listo para morir por ti, por tu propio bienestar». Es particularmente difícil para mí amar a mi esposa a ese nivel cuando mi esposa está peleándome en cada paso del camino. Pero, por otro lado, es muy, muy difícil para una mujer someterse a un hombre en el que no confía. ¿Qué pasaría con nuestros matrimonios si me tomara mi responsabilidad en serio? 

Es decir, «voy a dejar de leer lo que le toca a ella y solo prestaré atención a lo que a mí se me manda a hacer y me ocupo de mis propias responsabilidades y empiezo a amar a mi esposa tal como Cristo ama a Su iglesia. No creo que tendría problemas con la sumisión. Por el contrario, creo que, si ella se dedicara a ser mi ayuda idónea, encontraría en respuesta a eso un amor sacrificial de mi parte y nunca se sentiría oprimida. Realmente creo eso.  Realmente creo que eso pasaría. Sé que hace algunos años, un libro que conmocionó al mundo cristiano y tuvo gran éxito, incluso en la sociedad secular, fue el libro de Marabel Morgan, Mujer Total, que hablaba, ya saben, de ser creativa y todas las distintas cosas que hacer con tu esposo – como recibirlo en la puerta arreglada y bien vestida. Esto se convirtió en la broma del momento, a todos los hombres les gustó, pero a las mujeres no. 

Todo el mundo –pobre Marabel recibió todo tipo mensajes y llamadas de odio. Se quedó en cama dos días después que el libro salió y lloró por el recibimiento que tuvo. Pero ella hizo una declaración en ese libro, yo lo leí a través de los ojos de un hombre y la declaración en ese libro, Mujer Total, que nunca he olvidado fue – no – fue la declaración…, ella le estaba hablando a las esposas y les dijo, «Mujeres, aquí está el secreto», les dijo, «Sus maridos no quieren su consejo. Quieren su admiración». Ahora, me puedo imaginar a una mujer leyendo eso y enfurecerse. Ella dice, «¡Mira! ¡No valora mi consejo! Todo lo que quiere es que exalte su ego. Todo lo que quiere, es que lo haga sentir como un héroe». Puedo entender cuán degradante puede ser para una mujer leer ese tipo de consejo en un libro. «Oigan, señoras, su esposo no quiere su consejo; él quiere su admiración». 

 ¿Pero adivina qué? Él quiere – no sé si él quiere tu consejo, pero sí sé que quiere tu admiración.  Cuando leí eso, dije: aquí hay una mujer que entiende a los hombres, porque los hombres tienen los egos más frágiles del mundo. Lo más frágil en la creación es el ego humano y de los dos egos, creo que el del hombre es el más frágil. Sé que si hablo con mil personas y 999 de ellas me dicen que hice un trabajo estupendo, pero mi esposa me dice, «Mmm, estuvo casi excelente», estaré devastado.  Quiero que mi esposa me admire y ella quiere que yo la ame. Ella quiere que yo la valore. Ella quiere que yo la honre y hay un sentido al que Dios me ha llamado – y esto podría ser fácilmente distorsionado – a ser Cristo para ella, no solo para ser su príncipe encantado, sino para ser su sacerdote, porque el apóstol continúa aquí y dice: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra». 

Aquí no dice que solo debo limpiarla y rehacerla y cambiarla, sino que debo proteger su integridad y que debo ofrecerla a Cristo al final de nuestra vida y decir, «Aquí está la novia que me diste. No encuentres moretones en ella, por favor. No la encuentres herida a causa de mi tiranía», solo espero que la novia que le presente a Jesús, al final de mi vida, sea una que esté completa.  Eso es lo que Él quiere. Esto no es una batalla. Esto no es un concurso de autoridad. Este es ese lugar que Dios creó, que vimos originalmente, donde los dos serían una sola carne. Pablo continúa diciendo, «Este es el misterio, que los hombres amen a sus mujeres como a sus propios cuerpos, porque ningún hombre aborreció su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida». Ese es mi trabajo, sustentarla y cuidarla y, al hacerlo, Cristo es honrado y los matrimonios son perfeccionados.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Las críticas y los elogios

Renovando Tu Mente

Serie: El matrimonio íntimo

Las críticas y los elogios

R.C.Sproul

Una vez más quisiera darles la bienvenida a esta serie de sesiones sobre el matrimonio cristiano. La última vez estuvimos hablando de los problemas en la armonía y ajustes sexuales dentro del matrimonio, y en esa ocasión mencioné que según las últimas encuestas y sondeos que se han realizado entre los investigadores, la razón número uno, dada en los Estados Unidos, para la ruptura del matrimonio, ha sido el problema del sexo. En esa ocasión dije que desafiaría ese argumento en algún momento de nuestras discusiones, y ese momento ha llegado. 

Antes de decir y proponer el desafío, permítanme darles todas las razones que se dan. La razón número uno que nos dan los investigadores es el sexo. El segundo problema más grande, según los investigadores, que destruye la armonía en el hogar, es el dinero; y la tercera razón que se da con frecuencia es el problema de la interferencia de los suegros. Ahora, ciertamente reconozco y concedo que esos tres problemas han causado estragos en los matrimonios en este país. Pero creo que hay algo que es aún más grave en su alcance para herir y destruir matrimonios. 

Yo diría que el problema número uno en los matrimonios es la lengua humana. Es lo que nos decimos el uno al otro, lo que creo que contribuye más que cualquier otra cosa a la ruptura de la confianza, la ruptura del amor y la ruptura del respeto entre dos personas en la relación matrimonial. Ese problema puede manifestarse sexualmente, o en el área del dinero; podemos entender cómo esos problemas ocurren, así como la intrusión de suegros; pero no hemos aprendido a dialogar, no solo el uno con el otro a través de la comunicación, sino que a menudo hemos sido crueles y desconsiderados, haciéndonos daño el uno al otro con comentarios imprudentes.

Por el contrario, permítanme leerles una breve sección del Antiguo Testamento que implica una celebración del amor, que se encuentra en el Cantar de los Cantares.  El capítulo 4 de Cantar de los Cantares comienza así, el autor dice, «Cuán hermosa eres, amada mía. Cuán hermosa eres. Tus ojos son como palomas detrás de tu velo; tu cabellera, como rebaño de cabras que descienden del monte Galaad». Ahora, puede que no suene a cumplido decir que tu cabello me recuerda a un rebaño de cabras que se pasean por la ladera montañosa de Galaad, pero en la antigüedad eso, por supuesto, era una expresión romántica, de hecho, era una expresión poética de la belleza. 

Luego dice, «Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas tienen mellizas». No dirían eso de mí, no hay dos como tú iguales, pero aquí se describe a la persona como que tiene dientes, así como los mellizos que cada uno es idéntico e igual el uno con el otro. «Y ninguna de ellas ha perdido su cría», es decir, no hay huecos entre los dientes. «Tus labios son como hilo de escarlata, y tu boca, encantadora. Tus mejillas, como mitades de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David edificada con hileras de piedras; miles de escudos cuelgan de ella, todos escudos de los valientes. Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios. Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti». 

Ahora, la tradición dentro de los grupos cristianos dice que lo que encontramos en Cantar de los Cantares es una forma simbólica de expresión extendida, una alegoría del amor perfecto de Cristo por Su iglesia, que lo que tenemos aquí es un canto espiritual que celebra el amor que Cristo tiene por Su novia. Queridos amigos, creo que eso representa más de lo que podría señalar, la distorsión y la intrusión en la fe cristiana de la postura griega de la que les hablé, la cual ve la atracción y el amor físico como algo que es intrínsecamente malvado. Yo diría, solo de paso, pues no hay tiempo para defender eso desde una perspectiva académica. Es simple, no hay justificación alguna para interpretar Cantar de los Cantares solo como una alegoría del amor de Cristo por la iglesia. Lo que tenemos aquí es una canción de amor divinamente inspirada, donde el Espíritu Santo está celebrando el romance entre dos personas. Creo que eso es fantástico. 

Ahora, debido a que este tema nos incomoda, tenemos que reinterpretarlo y sacar de ahí una lección espiritual. Pero piensa en esto: para que esto pudiera calificar como una alegoría del amor espiritual, primero tendría que ser aceptable a Dios por el contenido que tiene. Así que, ¿por qué no lo tomamos por lo que dice?  Pero lo que quiero que veamos aquí, es que, en esta expresión de amor divinamente inspirada, la relación verbal entre el hombre y la mujer es de cumplidos. No escuchas en esta canción de amor, en esta celebración del romance, al hombre diciéndole a la mujer, «¿Por qué no haces esto?» o la mujer diciéndole al hombre, «Siempre llegas tarde, nunca lograrás nada por ti mismo». En otras palabras, la lengua está siendo usada para honrar a la pareja. 

En el Nuevo Testamento se nos dice que la lengua es un pequeño miembro que se jacta de grandes cosas y tiene la capacidad de, con solo una chispa, incendiar bosques enteros, que la lengua es el miembro más destructivo del cuerpo humano. Con ella alabamos a Dios, pero con ella también traemos maldiciones el uno al otro.  Recuerdo cuando era niño que había un chico en nuestra comunidad que era un hostigador y él solía burlarse de mí.  Solía ir a la calle a jugar con los chicos y él decía, «Aquí viene el dientón». Así se burlaba de mis dientes, eso me afectó mucho. Él era mayor que yo y yo, quería ser aceptado por los niños mayores, poder jugar con ellos. Cada vez que yo aparecía, este mismo chico seguía hablando de mis dientes grandes. 

Un día llegué a casa llorando y mi madre me encontró en la puerta posterior. Me dijo, «¿Qué pasa?»  Y yo le dije, «Esto y el otro y me volvió a decir dientón». Mi madre sintió lástima por mí, ella intentó ayudarme a lidiar con este tipo de cosas que le sucede a todos en la vida. Ella me dice, «Hijo, déjame decirte cómo responder cuando alguien te dice algo que no es muy agradable.  Solo diles: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Yo dije: «Ok, eso suena bien». Así que volví a salir, llegué a la calle y aquí viene el mismo chico, me dijo: «Aquí vienen los dientes gigantes otra vez». Lo miré y le dije: «Palos y piedras me romperán los huesos, pero los apodos nunca me harán daño». Y yo pensaba en mi cabeza, «Esa es una mentira, porque sí me duele» y descubrí que lo que mi madre me dijo no era verdad.  

Una vez me rompí la cabeza en una roca. Había sangre por todas partes. Llegué a casa, pensé que iba a morir.  Vino el doctor y tomó unos sujetadores y los apretó en la parte superior de mi cabeza y en un par de días, yo estaba bien. En otra ocasión, un tipo viene, me rompe el brazo, me ponen un yeso y seis semanas después mi brazo está bien.  Pero un insulto, una palabra desconsiderada, puede penetrar donde ninguna piedra puede llegar, o donde ningún palo puede tocar, porque puede llegar al alma.  Tuve una experiencia en consejería, la cual es mi ilustración favorita sobre esto. 

Una mujer vino a verme porque su matrimonio estaba en problemas. No pude evitar notar, cuando esa mujer entraba a mi oficina, que era una mujer extraordinariamente atractiva. Ella realmente lo era. Y comenzó a contarme sobre los problemas que estaba teniendo en su matrimonio y luego me contó toda su historia y dijo que no podía responderle a su marido porque sabía que no era atractiva. Pensé, «Oh, no. Aquí estoy otra vez. Igual que mi madre». Mi madre solía ir a comprar su ropa en una tienda en el centro y en un centro comercial y luego iba al salón de belleza y luego entraba en la casa con el aspecto de Lady Di, recién salida de la revista ¡Vanidades! o algo así, y decía: «Ay, me veo horrible esta noche». Y nosotros decíamos siempre, «Ay, ¿vas a insistir con eso, mamá?», porque ella estaba buscando cumplidos. Porque mi respuesta se suponía que debía ser, «Ay, no mamá, te ves increíble. Eres la madre más hermosa del vecindario». 

Entonces, cuando esta mujer me dijo eso en el salón de consejería, que no podía responder a su marido porque sabía que no era lo suficientemente atractiva, quería decirle: «Basta, señora. No juegue conmigo». Pero esta vez me di cuenta de que ella hablaba en serio.  Así que empecé a explorar su pasado y esto es lo que dijo. Ella dijo que cuando era una joven adolescente, entrando a la adolescencia, luchó con su apariencia por varias razones. Lo primero que le afectó fue el acné adolescente, acné de jovencita, granos, bien, y tuvo que ponerse una crema en la cara todas las noches. Además de eso, cuando le salieron sus dientes adultos le salieron todos torcidos y por lo tanto sus dientes se veían raros, y ella era una de las primeras chicas de su clase en tener que usar lentes, su medida era tan fuerte que sus lentes eran como el fondo de una botella. 

Así que aquí está esta chica andando, con frenillos en los dientes, crema para los granos, lentes de fondo de botella con los que va mirando a su alrededor mientras está caminando, no es muy bonita, ¿cierto? Sin embargo, al mismo tiempo, la naturaleza la dotó de un cuerpo muy hermoso. Ella fue una de las primeras en desarrollarse y los chicos se dieron cuenta. Un día ella estaba caminando por el patio de la escuela cuando tenía 13 o 14 años y el joven que era el súper atleta y el chico famoso en el campus la vio venir, él se rio y le dijo a otro dentro de su grupo: «Miren a fulanita si pones una bolsa sobre su cabeza, ella sería genial». 

¿Qué pasó en los años siguientes? Los frenillos hicieron su trabajo, sus dientes se enderezaron, superó al acné adolescente, los lentes de contacto reemplazaron los lentes de botella de vidrio y el patito feo emerge como una hermosa joven. Todos los que la vieron notaron su belleza, excepto ella. O sea, 25 años después, todavía estaba convencida de que todo lo que le faltaba para ser una buena esposa, era una bolsa sobre su cabeza. La lengua humana puede devastar a otra persona.  

Una vez estuve en un aeropuerto y buscaba algo para leer, estaba viendo los libros de bolsillo y vi este libro que me llamó la atención y el título del libro simplemente fue Crítica. Lo tomé del estante, lo miré y no pude reconocer el nombre del autor, y la editorial nunca la había oído. Abrí las páginas, el papel era papel barato y la impresión estaba en líneas onduladas y pensé: «Esta es una imprenta sencilla, alguien lo imprimió en su sótano», pero como no tenía nada más que leer, entonces compré el libro y lo llevé al avión. El libro comenzó con una historia en la que este hombre contaba sobre su visita a la ciudad de Nueva York, ese fue su primer error y decidió conocer la ciudad de noche. Ese fue el error número dos. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando decidió entrar por un callejón por la noche, en la ciudad de Nueva York. 

Entonces, así empieza caminando por este callejón en la noche, en Nueva York, cuando llega a la mitad del callejón y hay luna llena, ve a dos tipos salir por detrás de la basura con cuchillos brillando a la luz de la luna y empiezan a caminar hacia él. En este punto, el autor interrumpió su propia narrativa y le dice al lector: «¿Qué crees que hizo este hombre en esa circunstancia? ¿Qué harías tú?» Si fueras algo inteligente, ¿qué harías? ¡Corre, corre tan rápido como puedas! Quiero decir, si vieras a dos tipos caminando hacia ti, con cuchillos, en la ciudad de Nueva York, en un callejón y pudieras salir corriendo de ahí, eso es lo que harías, ¿verdad? La auto preservación, es un instinto natural. Dijo, sabemos que tenemos que huir de eso, pero no sabemos cómo huir de esto. 

¿Qué haces cuando alguien se te acerca y te dice: «Me gustaría hacerte algunas críticas constructivas?». La Biblia nos dice, y es parte de la introducción a este programa, que debemos decir la verdad en amor. Cuántas veces has tenido a un amigo cristiano que se acerca y te dice: «Hermano o hermana, quiero decirte algo en amor». El mejor consejo que puedo darte es que si alguien se te acerca y te dice que quiere decirte algo en amor, lo mejor que puedes hacer 95 veces de 100 es dar la vuelta y correr, corre por tu vida. Existe tal cosa como la crítica constructiva, lo sé y no sé cuáles son los porcentajes exactos, pero mi mejor apuesta es que al menos 95 de cada 100 críticas que recibes y oyes de la gente, son críticas destructivas y no se hacen en amor. 

Pero se nos ha enseñado toda la vida que aceptemos las críticas con gratitud. Le damos a la gente licencia para criticarnos. Cuando alguien se acerca y te dice, «Hermano quiero decirte algo en amor», y te clavan el cuchillo, como cristianos, esto es lo que se supone que tenemos responder, «Ay, gracias. Necesitaba escucharlo. Eso realmente va a ayudarme en mi santificación y si realmente me amas, hazlo de nuevo. Húndelo todavía más para que yo pueda crecer en el Espíritu», mientras te matan. Cuando si tuviésemos un poco de cerebro, nos daríamos la vuelta y correríamos. Una vez más, hay formas y maneras de experimentar críticas constructivas y todos las necesitamos.  

Recuerdo que cuando escribí un libro hace unos años para la editorial Harper and Row, se lo entregué a mi editor y me lo devolvieron después de que él lo editó y conté más de diez mil correcciones que había que hacer. Eran cambios menores, una coma aquí y allá, pero miré y – mi manuscrito regresó con tanta tinta roja en él, que parecía un árbol de Navidad. Yo estaba tan deprimido, y luego recordé algo que alguien me había dicho, una señora me había dicho una vez, «R.C., nunca dejes que nadie te diga que no puedes escribir».  Una experiencia que tuve allí sucedió así, un consultor vino a mí y me dijo, «R.C., quiero que escribas en un pedazo de papel los 5 elogios más significativos que hayas recibido en tu vida». 

Entonces dije, «Bueno, ese es un ejercicio divertido, ¿no? Es decir, puedo sentarme aquí, recostarme y tratar de recordar cosas bonitas que la gente dijo de mí». Me esforcé por recordar. Todo el mundo ha tenido al menos 5 cumplidos en su vida, entonces escribí los primeros 5 que vinieron a mi mente… y me sorprendió mucho lo que vi. Si ese hombre hubiera venido y me hubiera dicho, «R.C., anota en un papel, las 50 personas que han tenido la influencia más positiva en tu vida», no sé qué nombres habría escrito para completar esas 50 personas, pero sé que nunca hubiera soñado con incluir a esta mujer, cuyo nombre apareció dos veces en esa primera lista de 5 cumplidos. 

Era mi profesora de inglés de 8vo grado. Nos había dado una tarea, la más memorable; , nos había dado la tarea de escribir un ensayo descriptivo. Fue nuestra primera experiencia con la escritura creativa. Así que escribí este pequeño ensayo que inventé sobre una montaña, lo entregué, ella llevó los papeles a su casa. Cuando los calificó, los trajo de vuelta. Los iba a entregar a toda la clase y repartirlos cuando dijo, «Alumnos, ahora vamos a repartir estos papeles, pero antes de hacerlo, quiero leer uno a toda la clase» y leyó mi artículo a toda la clase, y luego, cuando terminó fue a la pizarra de anuncios que estaba por encima de la pizarra negra, tomó un alfiler y puso mi ensayo en la pizarra de anuncios. 

Tienes que entender que este era el 8vo grado y por lo general lo único que subió en ese panel de anuncios en nuestro salón de clases fueron obras de arte, y yo sólo obtenía D’s en primer grado. Fui terrible. Sé que fui el único chico de toda esa clase que nunca tuvo ningún trabajo de arte en esa pizarra. O sea, era realmente malo y me daba cuenta de ello. Pero ahora en 8vo grado, no fue algo que dibujé, sino algo que escribí fue lo que llegó a la pizarra de arte. En ese papel decía, «A+, no dejes que nadie te diga que no puedes escribir». ¿Tienen idea de cuánta gente ha intentado decirme que no puedo escribir? ¿Saben cuántas personas han tratado de disuadirme de hacer lo que quería hacer artísticamente con un lapicero? Me he aferrado hasta el alma, algunas veces hasta he tomado con mis uñas aquella amable declaración que esa mujer me hizo porque creía en su cumplido. 

Sé que lo dijo en serio y confié en su autoridad. Ese sería un buen ejercicio para ti. Es decir, si realmente quieres averiguar sobre ti mismo, vete a casa y haz lo mismo. Anota los 5 elogios más significativos que crees haber recibido. Luego, cuando termines, si quieres hacer un ejercicio de terror, dale vuelta a la hoja y anota las 5 críticas más dolorosas que hayas recibido y quién las ha dicho. Eso te dará acceso directo al centro de tu propio dolor emocional, el lugar donde estás sufriendo y te sorprenderás, estoy seguro, al ver lo que aún estás cargando en tu vida; comentarios que la gente hizo hace años, años, años y años y que todavía te paralizan y todavía te duelen. Entonces, recién empezarás a ver el poder de la lengua humana. Tenemos que entender eso, porque lo que nos decimos el uno al otro en el matrimonio es lo que crea el ambiente de confianza, de intimidad y de amor.  

Cuando me casé con mi esposa, juré cuidarla. Sé que las mujeres de hoy no quieren que las pongan en un pedestal, porque sienten que así son cosificadas; son objetos y cosas así. No estoy seguro de entender todo eso porque soy un hombre y no estoy seguro de que entienda a las mujeres. Nunca entenderé a las mujeres. ¿Ok? Pero nunca he conocido a una mujer que no quisiera ser apreciada. Nunca he conocido a un hombre que no quiera ser apreciado, y lo que digo con mi boca es lo que comunica cuánto aprecio a mi esposa. Por supuesto que lo que hago también comunica, pero nada puede destruir más rápido, su sentido de ser apreciada, que un comentario cruel, desconsiderado y cortante que sale de mi boca.  

La Biblia nos dice una vez más, que en cualquier tipo de relación saludable, no solo entre esposo y esposa, sino también con amigos y compañeros, es que estamos llamados a edificarnos unos a otros, a fortalecernos unos a otros, a no separarnos unos a otros. Pero lo que pasa en un matrimonio es que nos enojamos el uno con el otro y tú me dices algo que duele. 

¿Cuál es mi respuesta natural? Fuego con fuego, herida por herida, represalias, contraatacar y muy pronto se convierte en una guerra y luego decimos estas terribles palabras, «Cariño, no quise decir eso» y ella desea decir, «¿Entonces por qué lo dijiste?».

¿Saben qué? La Biblia dice que hay ciertas cosas a las que no puedes dar marcha atrás: la flecha lanzada, una vez tiras hacia atrás el arco y sueltas esa cuerda y la flecha comienza a volar, no puedes llamarla de vuelta. E incluida en esa lista de la Biblia está la palabra hablada. Una vez lo digo, puedo disculparme por ello, puedo fingir que exageré, pero lo dije y ella lo escuchó y ahora está almacenado; podría estar haciendo daño por otros 30 años. Pero donde hay amor, hay bondad. Y cuando hay bondad, hay un deseo de hacer lo que Cristo nos ha dicho que hagamos, presentar a nuestras novias a Él sin mancha, estar dispuestos a dar nuestra vida para honrar a quien amamos.  

Soy un hombre que está en el ojo público y tengo mujeres que se me acercan de vez en cuando, mueven sus pestañas y me dicen «Ay, eres tan lindo» y todo eso.  Me miro al espejo, sé que eso no es cierto. Pero empiezan a jugar estos juegos, entonces puedo responder en una de dos maneras. Puedo responder y dejarme halagar por eso y, por lo tanto, ser tentado; o puedo verlo como una amenaza a lo que amo. La adulación es vana. Incluso tenemos la expresión, de halagos no se vive. Con esto no le estoy diciendo a las parejas que se mientan unas a otras sobre sus talentos y sus fortalezas. Decirle a tu esposa que es una gran cocinera cuando es una pésima cocinera no es de lo que estoy hablando. Ella sabe que es una pésima cocinera y no confiará en ese cumplido si le dices que es una buena cocinera cuando no es una buena cocinera.  

Pero cuando un cumplido es auténtico, es creíble; cuando te tomas el tiempo para encontrar algo de valor en tu pareja y cristalizarlo, ponlo en palabras y dile – dile – de lo que te has dado cuenta. Cuando nos honramos unos a otros de esa manera, podemos sanar el daño que nos hemos hecho. Los psicólogos nos dicen que se necesitan 9 cumplidos auténticos para superar el dolor de una crítica. Así que tenemos que ser lentos para hablar y herir, y mantener nuestra ira a raya, para que esa lengua no le prenda fuego al bosque.

¿Qué es una Mujer?

Evangelio Blog

¿Qué es una Mujer?

Por Eric Davis

“¿Puede dar una definición de la palabra ‘mujer’?”

Esta fue la pregunta formulada por la senadora Marsha Blackburn a la jueza Ketanji Brown Jackson recientemente en su audiencia de confirmación en el Tribunal Supremo.

Qué pregunta más extraña para una confirmación. Uno esperaría, tal vez, preguntas sobre las complejidades de la ley y la Constitución de los Estados Unidos. ¿Por qué una pregunta cuya respuesta ya conocen todos los seres humanos vivos? ¿Por qué plantear una pregunta que requiere cero educación a alguien con dos títulos de Harvard, siendo confirmado para el más alto tribunal de los Estados Unidos?

Fue un momento decisivo.

Un día los fariseos se acercan a Jesús y le preguntan, probablemente en relación con su limpieza del templo, su enseñanza y sus milagros: “¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio esta autoridad?” (Mateo 21:23 ).

«24 Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, que si me la contestáis, yo también os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 ¿De dónde era el bautismo de Juan?, ¿del cielo o de los hombres? Y ellos discurrían entre sí, diciendo: Si decimos: «Del cielo», Él nos dirá: «Entonces, ¿por qué no le creísteis?». 26 Y si decimos: «De los hombres», tememos a la multitud; porque todos tienen a Juan por profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Él a su vez les dijo: Tampoco yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. (Mateo 21:24-27 ).

La negativa a responder a una pregunta básica cuya respuesta se conoce es reveladora.

A la pregunta: «¿Puede dar una definición de la palabra ‘mujer’?» El juez Jackson dijo: «No, no puedo. No soy biólogo».

Tal vez hubiera sido apropiado que el senador siguiera con la pregunta: «¿Es usted una mujer? ¿Con qué criterio lo sabe?». Pero la respuesta de Jackson es suficientemente reveladora.

“18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad; 19 porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. 20 Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. 21 Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido.” (Rom 1:18-21 ).

Como nos dice Romanos, nuestro problema no es que no sepamos, sino que odiamos saber. La depravación de la humanidad es que aborrecemos el conocimiento que brota continuamente a nuestro alrededor, así que suprimimos la verdad. Vemos las cosas y sus definiciones imposibles de malinterpretar, preconcebidas, por todas partes. Y jugamos al juego de la verdad.

Los supresores de la verdad operan cada hora sabiendo lo que son los hombres y las mujeres; incluso creyendo que existen y son distintos. Entran en los baños públicos de su género sin tener que pararse a pensar en ello. ¿Contratan a un biólogo para que les acompañe a los baños públicos para que les ayude a definir y decidir qué baño es para ellos? ¿Contratan a un biólogo para que les acompañe en su dormitorio para orientarles a ellos y a su cónyuge sobre la intimidad? Cuando se ponen de parto, rompen aguas y su marido las lleva corriendo al hospital, ¿se paran en la puerta de la maternidad y preguntan: «Espera, ¿hay algún biólogo aquí que pueda ayudar a confirmar algunas cosas primero?»

Saben muy bien lo que están haciendo. Odian saber lo que no pueden desconocer, así que lo suprimen. Sólo puedes suprimir lo que sabes y eres capaz de definir. Y sólo se puede suprimir lo que se odia. Debajo de esto hay un odio a la ineludible autoridad de Dios. La forma en que compran, van al baño, ejercen la sexualidad y se reproducen les predica todos los días que Dios los hizo y eligió su género inmutable para ellos; y aún más detestable, todo predica que Dios es Dios y ellos no; que ellos son la criatura y Él es el Creador; que ellos deben ser los adoradores y Él debe ser el Adorado. Nada es más repugnante que eso para la mente entregada y oscurecida.

Este es un tipo de pensamiento muy peligroso. Es el tipo que, a cada segundo, vive, opera y piensa con suposiciones intuitivas básicas que todos, desde Yakarta hasta Japón y Jersey, entienden claramente. Pero los suprimen y te obligan a creer cosas que sabes que no son ciertas. Quieren que finjas que puedes desconocer lo que sabes irresistiblemente y de forma continua.

Por lo tanto, se trata de un tipo de mentira elevado. No es una mentira en el sentido de que todo el mundo es un mentiroso por romper el mandamiento (cf. Éxodo 20:16 , Stg 2:10 , Rom 3:23 ). No, se trata de un tipo de mentira diferente. Un hombre se hace pasar por mujer e insiste en participar en deportes femeninos. Una vez desconocido y mediocre en el deporte, ese hombre, entre las mujeres, de repente está en el podio. Esto se llama fraude, maldad y mentira. Sería como si yo, sin tener formación ni certificación en cirugía cardio-torácica, entrara en un quirófano con un paciente que necesita un trasplante de corazón y dijera: «Vale, estoy aquí para hacer la operación». «Uh no, porque estarás defraudando a todo el mundo». Es una locura y una falta de amor para todos los involucrados. Es mentir y es un fraude. Y es amoroso decirlo porque permitir que el engaño se propague es poco amoroso para todos. «Pero la gente puede ser quien quiera ser». Nunca dejarías que alguien que no tiene formación ni certificación en neurocirugía, pero que insiste en que es neurocirujano, opere el cerebro de tu hijo.

Esto es un mal profundo, un odio de la peor clase. Es una locura y tiene que acabar ya.

En cuanto a la definición de mujer, no hace falta decir mucho. Una mujer es un ser humano femenino adulto que está hecho a imagen de Dios. Una mujer es el género no masculino (a pesar del debate, faltan pruebas para fundamentar la afirmación de las Escrituras de que el sexo y el género son diferentes). La mujer posee una anatomía y fisiología sexual no masculina. La mujer es el género que está preparado para el embarazo y el parto (algunas mujeres no pueden quedarse embarazadas, pero siguen teniendo la anatomía y la fisiología para ello). La mujer es portadora de los cromosomas XX. Ningún hombre ha menstruado, ni menstruará, ni se quedará embarazado, ni dará a luz. Y los que insisten en lo contrario saben que mienten.

Y si eso no es suficiente para definir a una mujer, o todavía no está claro, tal vez necesites pedirle a Dios que dé luz a tu corazón oscurecido y supresor de la verdad.

Si no sabemos (no vamos a saber) lo que es una mujer, entonces ¿por qué la celebración de que tenemos una mujer negra nominada al Tribunal Supremo? Las implicaciones van unidas de forma inconveniente e inextricable a las afirmaciones, incluso a las falsas. Sería mejor que quienes intentan desconocer lo que saben sobre el género se abstuvieran de hablar de los derechos de la mujer. No digan nada sobre la mujer del año. Hasta que no den la definición de mujer que conocen, dejen de usar la palabra en las frases. Si usas el baño de mujeres, compras ropa de mujer, llamas a tu hija hija y te niegas a dar una definición de mujer, estás caminando en un tipo de maldad de siguiente nivel. Es una luz de gas abusiva y es malvada.

Pero hay buenas noticias para los pecadores como ese y yo y todos nosotros. Increíblemente, el Dios que nos hizo a su imagen y semejanza no fue movido a abandonarnos completamente en nuestro pecado y mentira. Movido por su tierna misericordia, Dios resolvió darnos su más preciada posesión, su Hijo. Hace dos mil años, Dios Hijo se hizo humano y vivió entre este mundo. Jesucristo vivió esa vida que nosotros no pudimos; una total perfección moral-espiritual en pensamiento, palabra, naturaleza y obra. Jesús nunca pecó. Siempre dijo la verdad. Entonces, hizo lo impensable. En lugar de salir de la inmundicia de este mundo, se ofreció en nuestro lugar, por nuestro pecado. Dios Padre responsabilizó a Jesús de todo el pecado de los que confían en él. En la cruz, Jesús fue tratado como si hubiera cometido nuestro pecado. Murió como nuestro sacrificio de ira. Pero, la muerte no pudo vencerlo. Al tercer día, Cristo salió de la tumba, victorioso sobre el pecado, Satanás y la muerte. Ascendió de nuevo al cielo, donde se encuentra hoy. Dios otorga los beneficios de la obra salvadora de Cristo a los pecadores que simplemente ponen una fe infantil en Jesucristo. Al confiar únicamente en la persona de Cristo, el peor de los pecadores es declarado instantánea e irreversiblemente perdonado, justo, hijo de Dios y heredero de la vida eterna.

El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte

Ministerios Ligonier

Serie: El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

Antes de empezar formalmente esta serie breve de enseñanza, hay un par de cosas que quiero decir a todos ustedes. En primer lugar, reconozco que entre la amplia audiencia de toda la región hay personas en diferentes ocupaciones, doctores, empleados, pastores. Personas en diferentes actividades.

Y, en un grupo de gente tan variado, es habitual que el orador se dirija de una manera más abstracta y académica, quisiera pedirles de su paciencia, si es posible, para aclarar que estoy dirigiendo estas charlas a los que padecen alguna enfermedad, y luego a los amigos y familiares que han tenido que enfrentar de primera mano niveles profundos de dolor, de incertidumbre, de aflicción y en muchos casos hasta la muerte misma.

Y lo otro que quiero decir a manera de prefacio es que en la medida que toco estos asuntos tan delicados, no voy a estar hablando como doctor, ni como sicólogo, ni como filósofo como aún podría suponerse; pero estaré hablando desde una perspectiva doble, primero como teólogo, pero más importante como ser humano, porque el problema del sufrimiento es algo que inmediatamente nos saca del mundo de lo abstracto y nos toca en el punto de nuestra propia humanidad.

Y cada vez que me encuentro con este tema del sufrimiento, ya sea como una pregunta filosófica o como un grito de dolor de alguien que está en medio de ese sufrimiento en el momento que la hace, la pregunta que escucho en mi profesión es inevitablemente: “¿Dónde está Dios en todo esto?”

Y luego, la siguiente pregunta es una a la que todo teólogo teme oír, y la pregunta es: “¿Por qué?”. Cuando estoy afligido, cuando tu estás afligido, cuando el dolor invade tu vida y llega la amenaza de muerte, lo primero que preguntamos es “¿Por qué?, ¿Por qué yo?, ¿Por qué pasó esto?, ¿Cómo pudo permitir Dios que estas cosas sucedan?”

Ahora, cada vez que hacemos esta simple pregunta “¿por qué?”, estamos haciendo una pregunta acerca del propósito. Las preguntas de “por qué” son las preguntas sobre el propósito. Las preguntas de “por qué” preguntan sobre el significado.

No estamos preguntando “cómo”, no preguntamos “cuándo”, no preguntamos “qué”; preguntamos “por qué”. Y creo que hay una razón por la cual hacemos esa pregunta. Una cosa es experimentar dolor, pero otra cosa es anticipar que mi sufrimiento y mi dolor no valen nada.

Si voy a tener que pasar por el dolor, si voy a tener que pasar por el sufrimiento, tengo que saber dentro de mi mismo que hay algún tipo de razón para eso, que no se trata solo de un ejercicio inútil.

Esto vino a mi mente de una manera muy vívida y muy personal hace solo unas semanas atrás. Mi esposa, Vesta, y yo habíamos regresado a Orlando después de un viaje y habíamos estado hablando en… ni siquiera recuerdo dónde estábamos, pero cada vez que estamos lejos del hogar y volvemos a casa, es una experiencia de gran alegría.

Recuerdo que mientras entrábamos al estacionamiento le dije a mi esposa, dije: “Al fin en casa”, “qué maravilla”. Seguimos estacionándonos y ya en el garaje mientras apagaba el motor, salía del auto y daba la vuelta por detrás del auto, la puerta de nuestra cocina se abrió y mi hija apareció en la puerta.

Tan pronto como ella nos vio, se echó a llorar y soltó de golpe estas palabras: “Papi, acabo de perder a mi bebé”. Y ella se acercó a mí y yo solo extendí mis brazos a ella y me agarró y la abracé mientras lloraba en mi hombro. Y le tomó unos minutos el reponerse de la impresión de vernos regresar y de explicarnos lo que había sucedido.

Ella acababa de empezar su noveno mes de embarazo, un embarazo que había sido muy difícil y que había involucrado un período largo de náuseas matutinas y algunas dificultades con hemorragias. Pero justo ese día ella sintió la ausencia de vida en su interior y fue a ver a su médico, el doctor la examinó, le hizo varios exámenes y le dio la noticia, con tristeza, de que el bebé había muerto.

Bueno, por supuesto, eso siempre será algo realmente difícil de oír para cualquier futura madre. Pero además de eso, el médico le explicó que el procedimiento que era necesario que ella siguiera sería este:  que la llevarían al hospital a la mañana siguiente e inducirían el parto; hablamos de eso y ella dijo: “Papi, ellos quieren que pase por el trabajo de parto, pero mi bebé está muerto”.

A menudo me he quedado profundamente admirado por la fuerza de las mujeres para pasar por el trabajo de parto y a menudo me he preguntado cómo después de haber pasado por eso toman la decisión de hacerlo de nuevo, y algunas veces, muchas veces más.

Y mientras hablo con mujeres de esto, les digo: “¿Cómo pueden soportar pasar por este proceso que eufemísticamente llamamos trabajo de parto?”

Y ellas dicen: “es por lo que sabemos que nos espera al final del dolor”. Es una mujer que está dispuesta a soportar el dolor del parto porque espera con ansias el momento en que una vida emergerá. Y una vez que esa vida está allí y sostiene a su bebé por primera vez, el dolor queda en el olvido, al menos por ese momento, y ella dice: “vale la pena, lo haría de nuevo”.

Pero ¿cómo vas al hospital a dar a luz y pasar por el trabajo de parto sabiendo que lo que te espera al final de tu dolor es muerte? Y de eso es de lo que mi hija y yo tuvimos que hablar; ella buscaba en mí al teólogo, no solo al padre. Ella quería tener algunas respuestas de peso a su pregunta y francamente no tenía ninguna.

Así que fuimos al hospital al día siguiente, su esposo, su madre y yo, la ingresaron y le indujeron el parto. Nos sentamos allí en la sala de partos junto a ella contando las contracciones y ella estaba siendo heroica, pensé. Estaba orgulloso de ella.

Y después que habían pasado varias horas ella dijo: “Papi, por qué no bajas un rato y comes algo y luego regresas en unos minutos ya que me siento bien”. Entonces, me excusé. Me alegré por el respiro, bajé las escaleras y pedí algo rápido para comer. Solo me tomó 15 o 20 minutos y luego regresé apurado para continuar con la espera.

Y mientras me acercaba, abriendo puertas que llevaban a la sala, de repente me quedé paralizado por un grito largo y espeluznante. Me tomó unos momentos para darme cuenta de que era mi hija la que estaba gritando de esa forma. Y para serles honesto, yo estaba aterrorizado de avanzar por esas puertas y llegar a la sala, y en lo que me acercaba al lugar, una enfermera me detuvo, levantó sus manos y me dijo: “Ya viene el bebé”.

Así que corrí de vuelta hacia el pasillo por unos momentos y luego finalmente la enfermera salió y me dijo: “Está bien, ya puede entrar”.

Entonces entré y vi algo que nunca olvidaré; mi esposa nunca olvidará, mi yerno nunca olvidará, y yo sé que mi hija nunca olvidará mientras yo viva.

Mi hija estaba en la cama y estaba sosteniendo en su seno una pequeña niña de 8 meses que no tenía vida. Y yo estaba preocupado por los procedimientos médicos, los reglamentos. ¿Cómo se les ocurre dejar a este bebé sin vida en los brazos de una madre?

¿Por qué no se la llevaron y procedieron de la manera que ellos lo hacen? Y mientras discutía eso con las enfermeras, me dijeron: “La madre necesita ver el fruto de su trabajo de parto”.

Ella sostuvo al bebé por 45 minutos, por una hora. Entraron y tomaron fotos, un mechón de cabello, le pusieron nombre e hicieron todas esas cosas; y mi hija lloraba, yo lloraba, su esposo lloraba y todos lloraban. Pero, mientras hablamos de esto hoy, en las últimas semanas, ella me dijo: “Papi, tenía que cargar a mi bebé porque tenía que saber que mi trabajo de parto no fue en vano, que mi dolor no fue en vano”.

Justo este lunes recibía en mi oficina la noticia, de que la esposa de una figura deportiva muy famosa en Estados Unidos había fallecido.  Judi, esposa joven de Bob Griese, el ex mariscal del campo de los delfines de Miami murió esta semana después de luchar contra el cáncer por varios años.

Ahora, no soy un amigo personal cercano de la familia Griese, pero estuve en Miami hace un mes dando una serie de conferencias y después de una de ellas, una mujer se me acercó, atravesando a toda la gente, llegó a mí y me dijo: “RC”, ella dijo, “Quiero pedirte un favor personal”.  Y yo dije: “¿De qué se trata?”. Ella dijo: “Tengo una amiga muy querida que está luchando contra el cáncer por varios años y ahora se encuentra realmente deprimida”.

Y pasó a contarme algo de la historia de Judi Griese. Y me dijo: “Judi ha estado escuchando tus grabaciones y te conoce, no en persona, pero a través de ese material educativo”. Luego dijo: “Estoy segura de que significaría mucho para ella si tú, de alguna manera, pudieras ir y verla”. Y yo dije: “Claro, iré”.

Y seré honesto con ustedes, no recuerdo haberme sentido más incapaz que cuando me subí a ese auto para ir a visitar a esa mujer que había estado luchando con esa enfermedad por varios años. Y nos dirigimos a esta hermosa sección de Miami y vi el hogar de los Griese. La casa de los Griese es una casa muy bonita, y la ironía era que al otro lado de la calle estaba la casa de la familia Buoniconti, y ustedes recordarán, aquellos de ustedes que miran los deportes profesionales, saben que Nick Buoniconti fue un jugador profesional en Miami que ha estado en las noticias durante los últimos años porque su hijo, quien era un atleta muy talentoso, quedó paralizado por una lesión y ahora está parapléjico.

Así que una nube de sufrimiento se cernía sobre estos vecinos, estos amigos de mucho tiempo. Bueno, esta señora me llevó a la casa y tocó el timbre. Bob abrió la puerta y me hizo entrar a la sala de estar donde Judi estaba sentada en una silla. Entré y me senté junto a ella en la silla, y, queridos amigos, no tenía idea de qué decirle.

Ella me miró y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y me dijo: “RC, no creo que pueda resistirlo mas”. Yo no sabía qué decir. O sea, ¿qué puedes decir? ¿Acaso dices: “No digas eso”? o dices: “Tú tienes que soportar, no te rindas, tienes que resistir”.

Y pensé, ¿quién soy yo para decirle a esta mujer cuánto tiene que soportar? Así que no dije nada.  Solo tomé su mano y me senté allí sintiéndome cada vez más y más incapaz en ese momento mientras sostenía su mano por cerca de 45 minutos y solo la escuchaba hablar.

Y cuando terminamos, tuvimos un tiempo de oración y me retiré. Al día siguiente recibí la noticia de que ella se había caído por las escaleras y la llevaron de urgencia al hospital, y ella nunca regresó a casa del hospital. Fue básicamente el fin.

Pero esta señora vino a verme al día siguiente y estaba muy emocionada y me dijo: “Oh”, ella dijo, “no te imaginas cuán maravilloso fue anoche cuando visitaste a Judi Griese”. Respondí: “Yo no dije nada”. Le dije: “Estaba tan avergonzado”; le dije: “Yo sé que ella estaba esperando que yo le diera algunas palabras de consuelo y sabiduría y que le explicara el consejo secreto del Dios Todopoderoso, para lo cual no estoy preparado, no importa cuánto de teología he estudiado”. Y le dije: “Yo no hice nada, todo lo que hice fue sentarme allí y sostener su mano por 45 minutos”. Ella me dijo: “Pero, eso era todo lo que ella quería y era todo lo que necesitaba”.

Ella ha escuchado todos los sermones y ha escuchado todos los temas, pero ella solo quería que alguien le mostrara que ella importaba. Y me dijo: “Te guste o no, porque eres un ministro, representas la presencia de Cristo para ella”.

Yo dije: “Ey, es una pobre representación”. Y pensé en ese momento en una declaración que Martin Lutero hizo alguna vez. Él dijo: “Es deber de todo cristiano el ser Cristo para su prójimo”. Ahora, Lutero era muy bueno como teólogo como para afirmar eso de manera literal. Martín Lutero entendió que a todos nosotros nos quedaban muy grandes los zapatos de Cristo, pero ser cristiano significa representarlo, llevar su consuelo, su paz, su comprensión y no su juicio a las personas que están en dolor.

No tengo muy a menudo la oportunidad de escuchar a los televangelistas, esa es la nueva palabra que se ha acuñado este año, los predicadores televisivos, pero escuché, no hace mucho, escuché a uno de estos predicadores, ni siquiera podía recordar en ese momento quién era, pero él estaba de pie e hizo esta declaración a la gente que estaba viendo la televisión.

Él dijo: “Quiero que entiendan que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento y que Dios, Dios no tiene nada que ver con la muerte. La muerte es algo que se entromete en la creación de Dios.”

Y, por supuesto, este ministro continuó diciendo y asignando todo dolor, todo sufrimiento, toda enfermedad y toda muerte al diablo. Y mientras escuchaba eso, para ser honesto con ustedes, quería arrojar algo a través de la pantalla del televisor. Y ahora intento… trato de entender qué pasa por la cabeza de un ministro, ya sea un ministro de televisión o cualquier otra clase de ministro, para ponerse de pie y decir a la gente que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento o que Dios no tiene nada que ver con la muerte y la única cosa que se me ocurre es que este ministro de alguna forma quería responder a los problemas que las personas tienen cuando les sobreviene el sufrimiento, porque algunos se enojan con Dios.

Mucha gente se enoja con Dios. Dicen: “Oye, tú sabes que esto no es justo, ¿cómo puedes dejar que estas cosas me pasen a mí? Otra vez, ¿por qué? ¿Dónde está Dios en todo esto? Lo que el ministro televisivo estaba tratando de hacer con tanto cuidado, era absolver a Dios de toda culpa y toda responsabilidad por permitir que algo desagradable le ocurra a una de sus queridas criaturas.

Así como los filósofos solían decir, que si Dios es realmente amoroso y si Dios es realmente poderoso, entonces no podría permitir que suceda toda la tragedia, dolor, sufrimiento y tristeza que suele suceder en este mundo.

Así que, el ministro televisivo lo envolvió todo en papel de regalo y dijo: “Dios simplemente no tiene nada que ver con esto”. Ahora, estoy seguro de que lo que él estaba tratando de hacer era lograr que las personas se sintieran cómodas, porque ellos no podían… ellos no querían pensar en un Dios que, de hecho, podía estar involucrado en su dolor.

Pero dos cosas vinieron a mi mente en ese momento. Lo primero que pensé fue: “me pregunto si este hombre alguna vez ha leído el Antiguo Testamento”. “Me pregunto si este hombre alguna vez leyó el Nuevo Testamento” porque el Dios del judaísmo, el Dios del cristianismo es un Dios que se especializa en sufrimiento.

La batalla contra el diablo

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el diablo

R.C. Sproul

Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión. 

Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos.  Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?». 

Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso. 

Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?».  Ellos dijeron, «No, no, no.  Esa no es la razón». 

Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí».  Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?» 

Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más? 

Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.  

Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás.  Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal». 

Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado». 

Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás. 

Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera.  Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados.  Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?

Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo? 

Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».  

Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».

Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz. 

Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso.  Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo».  La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.  

Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa.  «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos.  Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham. 

Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.  

Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás. 

Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida.  Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes». 

El cristianismo es completamente sobrenatural.  Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha.  Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural. 

¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas.  Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.  

Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal. 

La batalla contra la carne

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

En la carta de Pablo a la iglesia de Roma en el capítulo 13, él hace este comentario: «La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Ahora, estoy seguro de que muchos de los que acaban de oírme leer este texto, saben de un incidente histórico poco usual que está asociado con este pasaje. ¿Cuántos de ustedes tienen una idea en su mente de lo que estoy hablando? Déjenme ver esas manos. Veo a algunos. 

Hace siglos había un joven que era muy brillante y que era muy desenfrenado; cuya madre era cristiana y cuya madre oraba por él todos los días, esperando que este joven viera el error de sus caminos y así sucesivamente. En una ocasión, después de haber estado supuestamente toda la noche de parranda, se encontraba en un estado de estupor – una especie de resaca. Mientras caminaba junto a un jardín, he aquí estaban algunos niños jugando en el jardín. Estaban jugando un juego de niños donde se utiliza un estribillo que los niños se dicen los unos a los otros; y el estribillo era el siguiente: «Tolle lege, tolle lege, tolle lege», que literalmente, aunque no era el propósito del juego, pero literalmente se podía traducir como: «Recoge y lee», «Toma y lee». 

Aquel hombre que pasaba por ahí se detuvo en seco y tuvo una abrumadora sensación de que la divina providencia se entrometía en su vida. Pues allí, en el jardín, vio una copia del Nuevo Testamento y acababa de oír a estos niños gritar: «Recoge y lee. Recoge y leer». Así que se acercó, recogió las Escrituras y permitió que el texto se abriera dondequiera que lo hiciera. Cuando lo hizo, sus ojos cayeron sobre estas palabras: «no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Cuando leyó esas palabras, fue como si cada palabra de este texto fuera una flecha que atravesaba su alma. Su conciencia estaba tan convulsionada por la lectura, que en aquel lugar se convirtió al cristianismo. Su nombre, el cual estoy seguro de que ya lo reconocieron, fue Aurelio Agustín, más tarde obispo de Hipona y considerado por casi todos los historiadores como el más grande teólogo de los primeros 1000 años de la iglesia cristiana.  

Agustín se convirtió por un pasaje que hablaba directamente del conflicto en la vida entre la carne y el espíritu. Recuerdo que hace unos años, Rod Serling, el creador de «La dimensión desconocida», entró en una relación comercial con Bennett Cerf y un grupo de otros hombres, quienes estaban tratando de encontrar maneras de descubrir nuevos talentos en el mundo literario, y probaron…  crearon diferentes concursos para que los jóvenes escritores se involucraran en esta iniciativa en particular; y como parte de este esfuerzo de muchos de estos hombres, cada uno tomó uno de los clásicos de la literatura inglesa y escribió una reseña crítica de la misma. Bennett Cerf tal vez escribiría sobre Shakespeare, y otro sobre Milton, y así por el estilo. Bueno, en todo caso, a Rod Serling se le asignó la tarea de escribir una reseña crítica de la famosa obra de San Agustín, «Las confesiones». 

Por cierto, ¿Cuántos de ustedes han leído alguna vez «Las confesiones» de San Agustín? Bien, ese es un número muy pequeño en este grupo, y si el número es el mismo en televisión, permítanme amonestarles ahora mismo y decirles esto: lo que mi madre solía decir en una situación como esta es que ella tomaba un dedo de esta mano y un dedo de esta mano, y ella los juntaba de esta manera y decía: «Debería darte vergüenza». Ahora escuchen, si has sido cristiano durante un año y no has leído «Las confesiones» de San Agustín, debería darte vergüenza.  Ese es un clásico al que necesitamos estar expuestos.  Ahora, aquí tenemos a Rod Serling, quien leyó el libro y dijo – en su evaluación hizo comentarios críticos y sarcásticos, de que a su juicio este libro era uno de los libros más sobrevalorados en la historia de la literatura occidental. Él dijo: «Simplemente no merece la posición y la fama que ha disfrutado a lo largo de los siglos».

En esta crítica, el punto que hizo que fuera tan severo fue que él estaba convencido de que el libro fue escrito por alguien que tenía una preocupación neurótica por la culpa y llamó la atención sobre un pasaje en «Las confesiones» que ilustraría su convicción, de que Agustín tenía esa preocupación neurótica y adolescente por la culpa.  Se refiere a la historia cuando Agustín recordó, ya anciano, las cosas que había hecho en su vida de las que estaba más avergonzado. Recordó un incidente que tuvo lugar cuando era adolescente, en el que se involucró con otros jóvenes en una broma de muchachos, cuando los muchachos entraron en el huerto privado de alguien y dejaron pelado un árbol de peras. Se quedaron con las peras que pertenecían a otra persona, robaron todas esas peras y luego se fueron.  

Ahora Agustín, cincuenta años después, lamenta esta broma de la infancia; y Rod Serling dice, «¡Por favor, Agustín! ¡Es decir, ¿qué te pasa?! ¡Es decir, allá afuera hay gente culpable de adulterio y de asesinato y de grandes robos, cosas realmente serias, y aquí tenemos a este tipo todo angustiado por robar unas cuantas peras cuando era un niño!» Pero Agustín explicó qué fue lo que le hizo sentirse tan arrepentido. No fue el simple acto de robar esa fruta, sino que él dijo: «Al examinar mi vida, y considerar las cosas malas que he hecho, que eran malas, puedo ver que había ciertos pecados en los que caí, que, aunque no eran excusables, ciertamente eran comprensibles». 

Sí, Agustín confesó todo tipo de pecados sexuales cuando era joven – engendró hijos ilegítimos y más – y tuvo remordimiento por eso. Él dijo, «Pero puedo entenderlo. Existe un fuerte impulso biológico a involucrarse sexualmente y esa tentación puede sucederle a una persona cuando está en un momento de debilidad, así que cualquiera puede sucumbir a ella».  Él dijo, «Eso lo puedo entender.  No lo excusa, pero puedo entenderlo».  Él dijo, «Puedo entender a un hombre muerto de hambre, que robe una rebanada de pan. No creo que un hombre que se muere de hambre tenga derecho a robar una rebanada de pan», dijo Agustín, «pero puedo entender la fuerza que lo tentó a hacerlo». Él dijo: «Sin embargo, yo robé peras cuando no me gustaban las peras. Es decir, no había nada que estimulara mis pasiones a robar esas peras excepto una cosa, el simple placer de hacer algo que sabía que estaba mal». Lo que Agustín lamentaba era el ejercicio de su naturaleza caída, de su carne, por el puro placer de hacerlo.  

Se ha dicho que uno de los delitos más egoístas jamás cometidos es el vandalismo, porque el vandalismo no beneficia a la persona que realiza la acción, sino que se hace por el puro placer de hacer daño a la otra persona o a la propiedad ajena, y por lo general son personas que ni siquiera las conocen.  Tan solo la semana pasada a Juan le dispararon por la ventana posterior de su auto. Cuando llegó la policía dijeron: ¿cuántos casos hay en el vecindario? Había algo así como 50 casos, en los que unos chicos conducían de forma temeraria y usaban sus rifles. Solo estaban vaciando sus armas en los autos de la gente, gente que no conocían, gente que no les había hecho nada. No había una enemistad, sino que los jóvenes lo hicieron por el puro placer de hacer algo malo a otros o probablemente – no lo sé – causaron varios miles de dólares en daños a la propiedad de otras personas. 

Pero damas y caballeros, eso no es algo que lo hace simplemente la gente salvaje, desenfrenada y malvada.  Anoche estaba leyendo una vez más la historia del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y particularmente estaba leyendo sobre lo que sucedió en Polonia, justo antes de que se estableciera el gueto de Varsovia y se creara el Campo de Treblinka, donde se estaban creando las etapas iniciales de la solución final del genocidio. Leí de mujeres que estaban embarazadas, en su noveno mes, que se vieron obligadas a ir a los vagones de ganado y dar a luz a sus hijos allí, sin siquiera tener la posibilidad de acostarse; donde la madre y el niño morían. Leí estas atrocidades una y otra vez, y me mantenía diciéndome a mí mismo «¿Cómo es posible que un ser humano pueda hacerle estas cosas a otro ser humano?» Por sorprendente que sea, me dije «En el caso del holocausto, no era un ser humano haciendo esto a otros seres humanos. Eran ocho millones de seres humanos que sufrían a manos de una red de personas que estaban involucradas en eso». 

Diariamente, sistemáticamente, en Auschwitz se cremaban ocho mil personas cada día.  Es decir, fueron cremados y asesinados. ¿Se dan cuenta de cuánta gente se necesita para asesinar a ocho mil personas cada día? ¿Se dan cuenta? Esto no se trata tan solo de un Charles Manson aislado. Esto fue algo que reveló el lado oscuro del corazón del ser humano, lo que Joseph Conrad llamó el «corazón de las tinieblas». Pablo habla de un estado de la humanidad que él llama «la carne», y ya hemos visto que Lutero dijo que los tres – la gran tríada de enemigos para el crecimiento cristiano se trata del mundo, la carne y el diablo. 

Ahora, cuando hablamos de la carne, quiero que entendamos, sin entrar en los tecnicismos de esta, que cuando la Biblia habla de la lucha que sostenemos con la carne, no está simplemente hablando del cuerpo – que la lucha entre la carne y el espíritu no puede compararse con la lucha entre el cuerpo y el alma o el cuerpo y la mente. Antes bien, de lo que el Nuevo Testamento está hablando cuando menciona esta feroz lucha, que continúa en la vida cristiana entre la carne y el espíritu, es la lucha entre el poder del pecado en nuestra naturaleza humana caída, en contra de la influencia de Dios el Espíritu Santo en nuestras vidas. 

De modo que toda la lucha y el proceso de santificación involucra lo que Pablo llama una «guerra». Hay una guerra en marcha, y es una guerra entre la carne del hombre y el Espíritu de Dios. Ahora, me molesta mucho cuando escucho a predicadores levantarse y decir, ya saben: «Ven a Jesús y todos tus problemas habrán terminado», porque eso simplemente es una mentira. Mi vida se complicó cuando me convertí en cristiano. Antes de ser cristiano, aunque no era feliz, tenía un grado relativo de paz.  Sabía que estaba haciendo cosas que no debía hacer. Me refiero a que, no había aniquilado totalmente mi conciencia, pero estaba en camino a lograrlo. Es decir, repitiendo ciertas acciones puedes cauterizar la conciencia y poner callos en el alma, donde alguna vez quizás sentiste un poquitito de – remordimiento – de culpa, ahora puedes hacer estas cosas, repitiéndolas y ya no te afectan. . . y experimentas lo que la Biblia llama «dureza de corazón». 

Pero cuando llegué a Cristo, encontré una nueva conciencia y ahora las cosas de las que antes no me preocupaba, se convirtieron en motivos de preocupación ética, y la vida se volvió complicada.  ¿No habría sido lindo si hubiera dicho: «Bueno, lo que hice cuando me convertí fue que cambié mi carne, fui comprado por el Espíritu y ahora vivo feliz para siempre?». Esa es la lucha de la santificación. Aunque el poder de la carne está roto y ahora el poder de la carne está sometido al Espíritu de forma muy real en el proceso de la regeneración; la carne, damas y caballeros, no queda totalmente aniquilada en la conversión.  La guerra continúa.  Ahora, escucha lo que dice el apóstol en el capítulo 8 de Romanos.  Dice en el versículo 4, «para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que – escucha esto – «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios». 

¿Cuál es el tema de esta serie de clases? Cómo agradar a Dios. Aquí el apóstol dice, «los que están en la carne no pueden agradar a Dios».  Que Dios no está complacido – Él nunca ha estado complacido por un estilo de vida dominado por la carne.  Ahora, cuando nos dice esto, ¿se refiere a que Dios odia las cosas físicas? Muy a menudo esa es la forma en que este versículo ha sido interpretado, entre este y otros pasajes parecidos; así que los cristianos creen que ser espirituales significa negar el cuerpo y que cualquier cosa que tenga algo que ver con lo físico necesariamente está mal.  Por eso es que hemos visto que surgen incidentes en la historia de la iglesia, donde los cristianos se han involucrado en todo tipo de formas rigurosas de ascetismo, formas de abnegación y autoflagelación, donde vas y te escondes en una celda como un ermitaño, te golpeas a ti mismo y dejas de comer y te pones flaco como un alfiler y tomas todo tipo de votos para el celibato y, porque el sexo está mal, no solo fuera del matrimonio sino también dentro del matrimonio. La comida está mal.  Cualquier cosa que traiga placer físico se considera incorrecta. Damas y caballeros, eso fue inventado por el maniqueísmo no por el cristianismo. 

La primera afirmación del Dios que hizo el mundo físico, ¿cuál fue? Él mira ese orden físico y dice: «Eso es bueno». Platón llegó a la conclusión de que todo lo físico está tan lejos del espíritu puro, que por su propia fisicidad es imperfecto y por lo tanto el ideal de los griegos para la redención era el ser liberado del cuerpo. El cuerpo es visto como la prisión del alma. El mundo judeocristiano no lo veía así. El cristianismo no cree en la resurrección desde el cuerpo, sino en la resurrección del cuerpo; por lo que, cuando la Biblia habla de la guerra entre la carne y el espíritu, no está diciendo que la materia sea mala y que el espíritu sea bueno. No, no, no. Si miras en Gálatas donde Pablo expone las obras de la carne, ¿qué dice? «Las obras de la carne incluyen cosas tales como borrachera, inmoralidad, impureza». 

Ahora, hagamos una pausa ahí por un momento.  Esas cosas indicarían ¿qué? Pecados físicos. La borrachera es algo que sucede cuando tenemos apetito físico, un deseo físico de alcohol, nos excedemos en esas cosas y nos emborrachamos. Sin duda podemos ver la conexión entre el cuerpo y la acción allí. El adulterio es un pecado físico.  Es sucumbir, otra vez, a los instintos biológicos y pasiones donde Dios ha dicho, «No». Pero si miras esa lista, él sigue y habla de mentir, envidiar, odiar. Ahora, obviamente no puedes mentir, envidiar y odiar fuera de tu cuerpo, pero esas no son acciones físicas, ¿no es cierto? Tienen que ver con actitudes y disposiciones del corazón.  Observa esto. . . la envidia.  

Mencioné antes el pecado del vandalismo. ¿Por qué crees que ocurre el vandalismo? El vandalismo es simplemente la acción externa de la envidia interna.  La actitud básica del vándalo es la siguiente: «Si no puedo disfrutar de lo que posees -no lo haré, me aseguraré de que tú tampoco lo puedas disfrutar». No lo roba solo para sí mismo, sino que lo destruye para que nadie más pueda disfrutarlo.  En un sentido esto es incluso peor que el robo en sí mismo, porque surge de un espíritu de envidia hacia las pertenencias de otras personas. ¿Tienes idea de qué tan destructiva, por ejemplo, es la envidia para las relaciones humanas? ¿De cuántas formas las personas infringen la ley por estar motivadas por la envidia? ¿Cuántas veces te han calumniado o has sido atacado injustamente debido a la envidia de alguien? ¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios, en su orden de prioridades, Dios pone la envidia en los primeros 10 puestos de la ley? «No codiciarás». 

 El Nuevo Testamento nos enseña que si alguien más recibe un beneficio – algo bueno le sucede – se supone que debemos alegrarnos de su buena fortuna, en lugar de alegrarnos por su caída. Hay una expresión, una expresión cínica, en el golf.  No me gusta, pero dice así: «Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Si alguien manda la bola al agua, no lo hace feliz a él, pero ciertamente, sí hace feliz a su oponente».  Lo que me gusta ver en un torneo de golf es cuando todo el mundo está animando a los demás participantes para que todos jueguen lo mejor posible y lograr que alguien gane en vez de que alguien pierda. Hay una diferencia porque no estás deseando que a la otra persona le vaya mal. Eso es lo que hacemos cuando caemos en la envidia.  

Así que, a lo que trato de llegar es a esto, que la carne se refiere a la antigua naturaleza caída. En el tiempo que queda, les hago esta pregunta: La Biblia dice que «la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios», Pablo sigue, «vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu». Pero aquí está el problema, pueden estar en el Espíritu, damas y caballeros, pero todavía mienten y tienen envidias y sí, incluso aún cometen adulterio y aún se emborrachan. En otras palabras, seguimos realizando las obras de la carne a pesar de que estamos en el Espíritu.  

Ahora, sé que hay algunos que dicen, «O estás en la carne o estás en el Espíritu», que no puedes ser un cristiano carnal. Ahora, cuando Bill Bright dice esto, lo hace de forma muy pastoral; él le dice a la gente: «Mira, tienes estas cosas que te influencian, tienes esta guerra que está delante tuyo. ¿Quién va a estar en el trono? ¿Quién va a ser el vencedor? ¿Vas a vivir en dependencia del Espíritu Santo o vas a complacer a la carne por el resto de tu vida?» Él está hablando de una vida llena del Espíritu, que hace un énfasis a nivel espiritual, en lugar de darle más espacio a la carne. Pero algunas personas han creado a partir de eso y de otros, las teorías de que hay diferentes tipos de cristianos. Un cristiano carnal que no tiene el Espíritu de Dios y un cristiano espiritual que ya no es carnal.  

Damas y caballeros, cualquiera que no tenga el Espíritu de Cristo no es un cristiano carnal. Es un no cristiano carnal, ¿de acuerdo? Así que, en ese sentido, un «cristiano carnal» es una contradicción de términos. Si una persona es solo carne – lo que el Nuevo Testamento llama carne – sin el Espíritu Santo viviendo en él, entonces está fuera del reino de Dios. No tiene cómo agradar a Dios. Sin embargo, si una persona tiene el Espíritu Santo viviendo en él, esa persona puede hacer cosas carnales. Esa persona aún puede luchar con su carne, pero es una persona espiritual.  Ahora, se convierte en un asunto de grado, de cuánto estamos dispuestos a someternos al Espíritu Santo.  La persona que agrada a Dios es una persona que busca el fruto del Espíritu en su vida.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Guardaos de la levadura de los fariseos

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

Guardaos de la levadura de los fariseos

R.C. Sproul

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

Si todavía no tienes la guía de estudio de Cómo agradar a Dios, por favor escribe tu correo electrónico en el siguiente formulario para recibirla.

Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?»  Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos.  ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana?  Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta.  Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.  

Ahora, lo resalto por una razón.  Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?»  Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga.  Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?»  Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Veamos por un momento este texto que todos hemos oído.  Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia.   Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia. 

Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto?  Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello.  Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa.  Él da una condición necesaria: si-entonces.  A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios. 

Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo.  Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.  

Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios.  Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’.  Todos conocen esa frase, ¿cierto?  ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos. 

Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia.  Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia. 

Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido.  ¡Eso es recontra fácil, por favor!  Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos.  Fueron lo peor de lo peor.  ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad?  La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento.  Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.  

Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos.  Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’. 

En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia.  Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo.  Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.

Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo. 

Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas.  ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado.  Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida.  Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos». 

Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar.  Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos?  «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!  Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas». 

Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores.  No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento.  Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal.  Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios.  Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?» 

Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas».  Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento.  ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes?  Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel.  Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general. 

Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer?  Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios.  Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien?  Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así:  Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda.  Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.  

Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf!  Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez!  Ese era un asunto menor de la ley.  Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo.   El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».  

Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento.  Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento.  El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo.  Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe».  Me pregunto cómo nos iría con eso.  Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores. 

¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura.  La memorizaban.  Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias.  El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto?  ¿Ven por qué esto es tan espantoso?  

Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia.  Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho?  Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.  

Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica.  Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.  

De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro.  Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no.  Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu.  Es lo externo y lo interno.  Es el exterior y el interior.  No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios. 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Y… ¿qué dice la Biblia sobre la salvación?

Coalición Por El Evangelio

Y… ¿qué dice la Biblia sobre la salvación?
MIGUEL NÚÑEZ

La salvación es un tema que ha sido de mucha controversia a lo largo de los siglos, principalmente cuando comenzamos a hablar de cómo es ganada o de si es posible o no perder nuestra salvación. Desde el inicio, tenemos que recordar es que precisamente, la doctrina que dividió la iglesia Católica de la iglesia Protestante en su momento, fue la doctrina de la salvación. Esto sucedió cuando Martín Lutero llegó a entender que la salvación es algo que Dios da por gracia y no por obras (Efesios 2:8-9); y que somos justificados por la fe y no por las obras de la ley. Gálatas 2:16 dice que “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”. Este entendimiento causó una gran división en el momento de la Reforma.

Por otro lado, dentro de la misma fe evangélica, ha ocurrido una división en ocasiones entre las iglesias que creen que es Dios quien hace la elección del individuo y lo salva soberanamente; y otros que piensan que el individuo tiene la habilidad todavía de escoger a Dios. Los primeros son llamados calvinistas y los segundos son llamados armenianos, basados en la exposición que Arminio hizo de esta doctrina en el siglo XVII.

Para comenzar queremos decir que la palabra “salvación” viene de la raíz hebrea Yasha. Esta raíz hebrea significa “el ser espacioso”. De esa misma raíz hebrea salen las palabras liberación, emancipación, preservación, protección y seguridad. Según la obra “Understanding Christian Theology”, del autor Earl. D. Radmacher, la palabra salvación hace referencia a la liberación de una persona o grupo de personas de una situación de peligro y restrictiva, donde ellos no eran capaces de ayudarse a sí mismos. Note esta última frase de esta cita, que dice que ellos no eran capaces de ayudarse a sí mismos. Esto es importante, porque eso es exactamente lo que ocurre con nuestra salvación: Dios nos ha dado salvación en un momento en que nosotros no éramos capaces de liberarnos nosotros mismos.

Como ocurre la salvación

La palabra salvación tiene un significado pasado, presente y futuro. En el pasado, yo fui liberado de la pena del pecado, cuando Cristo fue a la cruz y murió por mis pecados; y ese es el acto de justificación. El significado presente de la salvación es porque en este momento a través del proceso de santificación yo estoy siendo liberado del poder del pecado; y el significado en el porvenir de mi salvación es que llegará un momento en que yo seré liberado, no solamente de la pena y del poder del pecado, sino que yo seré liberado también de lo que es la presencia de pecado; y eso será entonces durante la etapa de glorificación, que tiene que ver con nuestra entrada al reino de los cielos.

En la salvación, toda la Trinidad está involucrada. La salvación es un proceso complejo que involucra la conversión de mi estado de no creyente a mi estado de creyente. Esto es posible cuando yo llego a depositar mi confianza en Cristo como Señor y Salvador. En la cruz, Cristo murió en sustitución nuestra, y esto hizo posible la reconciliación entre Dios y el hombre que estaban enemistados. Y esta reconciliación fue hecha posible porque Cristo aplacó la ira de Dios contra el pecado del hombre al morir en la cruz (propiciación). De esta manera Cristo hizo posible y real nuestra redención, que implica el ser comprado por precio en un mercado de esclavos, como nosotros fuimos comprados por la sangre de Cristo en el mercado del pecado. Todo esto conlleva un proceso de regeneración de mi espíritu, y esto pudo ser hecho posible porque mis pecados fueron imputados (cargados a la cuenta de) Cristo en la cruz y desde la cruz entonces, cuando yo creo en Jesús como Señor y Salvador, Él me imputa (carga a mi cuenta) Su santidad. Cuando Cristo hace esto, entonces Dios nos adopta como hijos suyos; nos hace parte de su familia, hasta el punto que en Efesios 1:5 nos llama hijos adoptados. Y una vez hemos sido adoptados, Dios comienza un proceso de santificación a través del cual vamos siendo limpiados de todos nuestros hábitos pecaminosos, y Él nos preserva a través de ese proceso hasta que nosotros entremos en gloria, que es lo que es conocido como glorificación.

Esa conversión se produce en nosotros a través de lo que es la predicación de la Palabra, por eso dice el Salmo 19:7 “La ley del SEÑOR es perfecta, que convierte el alma”. Y así mismo dice Romanos 10: 9-13 “que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: TODO EL QUE CREE EN EL NO SERA AVERGONZADO. Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO”. Con esto entendemos que la predicación de la Palabra es esencial para la conversión del individuo.

Perseverancia de los santos

Con relación al tema de si la salvación se puede perder o no, la Palabra es bien específica. Aquella persona que ha recibido a Cristo genuinamente de corazón y ha sido convertida, transformada o regenerada, no puede perder su salvación. Observemos las palabras del Señor Jesús en Juan 10:27-29Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre”. Notemos en primer lugar que el versículo 28 habla de que “yo les doy vida eterna”. Si es vida eterna, es una vida que no puede perderse mañana, porque entonces no era eterna. Vida eterna implica una vida que comienza en un momento dado, el día en que la recibí, y no va a terminar nunca. Si yo puedo recibir salvación hoy y la puedo perder mañana, pues entonces no tengo vida eterna, y Cristo dice que Él nos da vida eterna. Por otro lado, este pasaje garantiza nuestra salvación, porque dice que nosotros estamos en las manos del Padre y que nadie nos puede arrebatar de esas manos. Por tanto, es el Padre quien garantiza nuestra salvación. 

El apóstol Pablo hablaba a los Romanos 8:38-39 diciendo lo siguiente: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Notemos cómo Pablo dice que él está convencido: no es que él tiene una opinión, un sentir, ni que él piensa. Pablo está está convencido de que nadie nos podrá separa del amor de Dios que está en Cristo Jesús. Y él hace referencia a cosas que pudieran separarnos como ángeles, principados, porvenir, etc., y él termina diciendo que ninguna otra cosa creada nos podrá separa del amor de Dios, y como nosotros somos una de esas cosas creadas, ni nosotros mismos podemos separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús.

Asimismo, Filipenses 1:6 dice lo siguiente con relación a la perseverancia nuestra: “estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”. Pablo una vez más habla de que él está convencido de que aquel que comenzó nuestra salvación, y esa es la persona de Jesús, a través del Espíritu Santo, va a perseverar con nosotros hasta el último día o hasta el día de Cristo Jesús.

Estos tres pasajes, y otros, nos hablan claramente de que nuestra salvación ha sido garantizada por Dios mismo. No es nuestra fidelidad a Dios que nos hace perseverar sino la fidelidad de Dios para con nosotros que nos preserva. Y este es un buen punto de enseñanza a tener pendiente.


Publicado origianlmente en Integridad & Sabiduría.

Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.