3-Un atajo

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Aviva Nuestros Corazones

Serie:  Rut: El poder transformador del amor redentor 

3-Un atajo

Annamarie Sauter: Tan a menudo vivimos pensando en nosotras mismas, que olvidamos el efecto que nuestras vidas tienen en las personas que nos rodean. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Tú y yo podemos ser un instrumento de ruina y destrucción para las vidas de quienes nos rodean, pero cuando elegimos obedecer a Dios, nuestras vidas pueden ser instrumentos de bendición y avivamiento.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Hoy continuamos nuestro estudio del libro de Rut en el Antiguo Testamento. Ya hemos visto que Rut vivió en una era corrupta y caótica, cuando la mayoría de las personas a su alrededor estaban haciendo lo que les parecía bien a sus propios ojos. Suena familiar.

Y tú, ¿alguna vez te has encontrado con ganas de huir de la presión? Debo decirles que la otra noche recibí, en un período de veinticuatro horas, un par de correos electrónicos que simplemente detallaban mucho trabajo y crearon algo de presión en mi mente. Era tarde en la noche, y finalmente eché un vistazo a todo lo que sabía que estaría involucrado en el seguimiento de estos correos. Dije, creo que me voy a acostar, quizás si me voy a dormir al despertar mañana ya no esté todo este trabajo aquí.

De maneras pequeñas, pero también para algunas de nosotras en grandes maneras, la tentación en medio de la presión, del dolor, de los problemas, de los asuntos de la vida, es querer escapar. Bueno, te alegrará saber –a medida que nos adentramos en la historia de Rut– que no eres la única que se encuentra deseando correr y escapar de la realidad de la vida.

Estamos en el libro de Rut en el primer capítulo, seguimos en el versículo 1. Esta historia tuvo lugar en los días de los jueces, la era oscura de la historia de Israel; y la Escritura dice:

«Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces, en Israel hubo hambre en el país. Y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab consu mujer y sus dos hijos» (v.1) .

«Hubo hambre en la tierra». Ahora, cuando revisamos otros libros del Antiguo Testamento, particularmente el libro de Deuteronomio, encontramos que bajo el antiguo pacto, Dios prometió a Su pueblo que si lo obedecían serían bendecidos, y esa bendición vendría en forma material y de prosperidad física, la tierra sería fructífera, ellos serían fértiles, tendrían familias y la tierra produciría en abundancia.

Ahora, Dios nos bendice hoy de diferentes maneras, ya no promete ese mismo tipo de bendiciones. Pero para la nación de Israel, Dios les dijo que si lo obedecían, la tierra y sus mujeres serían fructíferas. Serían prósperos.

También les prometió que si desobedecían Sus leyes, habría consecuencias naturales y físicas de su desobediencia. Prometió que habría castigo y que vendría en forma de hambruna y escasez, opresión militar y diferentes formas en que serían castigados si desobedecían a Dios.

Ahora, el propósito de Dios al traer este tipo de consecuencias era que quería mostrar que Él era el que tenía el control de la tierra, que no eran los dioses paganos cananeos de Baal y Astarot quienes estaban a cargo de la tierra y controlaban la fertilidad, sino que Dios era el Señor y el dueño de la tierra, y Su propósito al traer el castigo era restaurar a Su pueblo y llevarlo a un lugar de obediencia. Dios sabía que cuando hubiera presión, el pueblo clamaría a Él y Él podría bendecirlos y enviarles Su misericordia.

Pienso en esa línea de Francis Thompson, El sabueso del cielo, donde Dios dice: «Todo lo que tomé de ti, lo tomé no para hacerte daño, sino para que tú lo busques en Mis brazos». Te das cuenta, cuando Dios envía una hambruna, ya sea una hambruna literal o una hambruna espiritual o una hambruna emocional en nuestras vidas, Su propósito no es arruinar nuestras vidas. Su propósito es abrir nuestros corazones y nuestras manos para recibir lo que solo Él puede darnos.

Ahora bien, en esos días hubo hambre en la tierra, por lo que sabemos que probablemente Dios estaba castigando a Su pueblo. Estaba tratando de restaurarlos y llevarlos a un lugar de obediencia. Se nos dice que en medio de esa hambre, un hombre de Belén en Judá, dejó Judá, dejó su tierra natal para irse a vivir al país vecino de Moab.

Ahora la palabra Belén significa «casa de pan», la palabra Judá significa «alabanza»; así que este hombre vivía en un lugar que significaba «casa de pan y alabanza». Ese mismo nombre muestra que el hambre era inusual en la tierra, que la norma era la fertilidad y la prosperidad, que Dios estaba enviando el hambre para castigar a Su pueblo.

Dios quiere, por cierto, que nuestras vidas sean casas de pan y alabanza; casas de plenitud; casas de abundancia. Puede que no siempre sea plenitud física, abundancia material, pero Dios quiere que nuestras vidas sean fructíferas, plenas.

Cuando desobedecemos a Dios, Él a menudo envía hambre a nuestros corazones y a nuestras vidas de alguna manera, para que veamos las áreas en las que lo hemos desobedecido. Es importante que en esos tiempos aceptemos que el hambre viene de la mano de Dios.

La Escritura dice que este hombre salió de Belén, de Judá, tomó a su esposa y sus dos hijos y se fue a vivir por un tiempo a Moab, el país vecino. Moab estaba aproximadamente a 97 km de Belén. Si te imaginas un mapa de Canaán, estaba al otro lado del Mar Muerto.

Los moabitas, como recordarás, eran descendientes de Lot, como resultado de su relación incestuosa con su hija mayor, de ahí venía esta nación. Los moabitas eran enemigos de los judíos. Había malas experiencias entre los moabitas y los judíos, pero este hombre sintió que el hambre era tan terrible en su tierra que decidió huir, escapar al pais vecino, a Moab. Eso fue lo que le pareció mejor en ese momento.

Ahora, ten en cuenta por qué Dios enviaba hambrunas en esos días; porque quería castigar a Su pueblo que le había desobedecido. Entonces, si la hambruna era el resultado de la desobediencia por parte del pueblo de Dios, ¿cuál era la solución para el hambre y la escasez? No era correr, era arrepentirse. Elimelec, este hombre judío, eligió correr en lugar de ser quizás un instrumento de avivamiento y llamar al pueblo de Dios al arrepentimiento, a días de oración y ayuno, a buscar al Señor.

Realmente, irse a Moab reveló falta de fe y que él no vio el propósito ni la mano de Dios en medio de esta situación. Creo que no hay duda de que debió haberse quedado donde estaba. Pero el lugar donde estaba parecía tan lleno de problemas que pensó que el lugar al que se dirigía sería la solución a sus problemas. Entonces, en lugar de quedarse donde estaba, en Belén, y arreglárselas con Dios, reunir a su familia y a los demás y buscar a Dios, reunió a su familia y se fue a otro país pensando que estarían mejor allí.

Lo que sugerimos aquí es que probablemente tenía la intención de quedarse solo por un corto tiempo. Dice que se fue a vivir por un tiempo, pero cuando llegamos al final del versículo 2, vemos que él continuó allí. Hizo un viaje corto pensando que volvería, pero tres de los cuatro que dejaron Judá y se fueron a Moab, nunca regresaron, terminaron quedándose en Moab, viviendo allí, plantando allí a su familia. Se encontraron con consecuencias aún peores de las que estaban tratando de escapar cuando llegaron a Moab.

Déjenme decirles que el camino a la destrucción y el camino a la amargura (vamos a ver a Noemí como una mujer que sabía mucho sobre la amargura), ese camino comienza cuando tratamos de escapar de las consecuencias que Dios ha diseñado para moldearnos, para santificarnos, para disciplinarnos. Cuando intentamos huir de esas circunstancias, nos encaminamos hacia algo mucho peor.

Recuerdo ese versículo del Salmo 55 donde el salmista dice: «¡Quién me diera alas como de paloma! Volaría y hallaría reposo. Ciertamente huiría muy lejos; Moraría en el desierto. (Selah) Me apresuraría a buscar mi lugar de refugio contra el viento borrascoso y la tempestad» (vv. 6–8).

¿Alguna vez deseaste que Dios te llamara a las regiones deshabitadas del mundo? Ahora, Señor, si pudiera ir a esta isla desierta donde no hay gente, donde no hay problemas. Bueno, hay días en los que solo queremos escapar de todo. En ese salmo vemos que David aprendió lo mismo que la familia de Noemí iba a aprender: la clave no es huir. La clave es enfrentar el problema, enfrentar la dificultad, encontrar a Dios dentro del problema y abrirnos camino hacia el ojo de la tormenta.

Muy a menudo, cuando estamos en tiempos de hambre, pérdidas, dificultades, privaciones, circunstancias que nos presionan, tal vez sea por nuestro propio pecado o los pecados de otros, pero la hambruna nos afecta a nosotros, y en lugar de buscar el rostro de Dios y preguntar por qué estamos en esta condición, lo que hacemos es mirar otros campos del mundo, otros países, otros lugares, y ponemos nuestro corazón en ese lugar.

A menudo creo que no es porque el mundo o el lugar al que corremos sea tan atractivo, sino porque el lugar en el que vivimos, la realidad del mundo en el que estamos se ha vuelto tan seca, y pensamos que tiene que ser mejor en otro lugar. Entonces, en lugar de enfrentar la verdadera causa de nuestra sequedad y llegar a la fuente del problema, hacemos lo que hicieron Elimelec y su familia. Hacemos lo que hizo el hijo pródigo, huimos a un país lejano.

Invariablemente, buscamos algún sustituto de lo que hemos perdido, pensando que si pudiéramos estar en una situación diferente, si pudiéramos mudarnos, si pudiéramos tener un conjunto diferente de circunstancias, entonces nos libraríamos de nuestros problemas. El problema es que cuando huimos de nuestros problemas, abandonamos la misericordia de Dios que Él quiso darnos en medio del hambre, en medio de nuestros problemas.

Nos decimos a nosotras mismas: «Es solo por un corto tiempo. Solo necesito un descanso. Solo tengo que alejarme un poco». ¿Entonces cómo hacemos eso? Bueno, Moab puede tomar muchas formas diferentes en nuestras vidas. Para mí, la otra noche fue simplemente irme a la cama. «Me iré a dormir y escaparé de todo esto». Ahora, no hay nada de malo en dormir cuando es hora de dormir, pero si estoy durmiendo para huir de la presión y de los problemas, voy a encontrar que realmente eso no resuelve mis problemas.

Algunas de nosotras corremos hacia la comida o al centro comercial –de compras; otras corremos a un trabajo, a una carrera. Es posible que en algún momento te hayas encontrado corriendo a una ubicación geográfica diferente. Quizás toda tu familia se muda solo para escapar de algunos problemas.

Todas nosotras a veces nos encontramos corriendo hacia nuestras amigas; y no hay nada de malo con los amigos, a veces pueden darnos consejos piadosos, pero a veces solo estamos tratando de conseguir a alguien que pueda sentir empatía, alguien que sienta compasión y alguien que sea un escape para nosotras de la realidad, de la dolorosa realidad de nuestras circunstancias.

Sé de mujeres que han corrido hacia las drogas, el alcohol, medicamentos recetados y eso se ha convertido en un escape. Están tratando de anestesiar el dolor, tratando de no tener que enfrentar la realidad de su hambre. Hay mujeres que han corrido a los brazos de un hombre pensando que ese es su lugar de escape. Quizás piensan que pueden salir del dolor de su matrimonio actual, del dolor de sus relaciones difíciles actuales para encontrar a alguien que sea comprensivo, cálido, que tenga un oído atento y que se identifique con su situación.

¿Qué están haciendo en realidad? Están corriendo hacia Moab. Huyendo del hambre, de su situación actual, de su matrimonio actual, de su entorno. Creo que esta es una de las razones por las que para las mujeres de hoy, incluidas las cristianas, son tan importantes las novelas románticas. Son un escape del dolor, del mundo real, de la vida real. Un escape a un mundo de fantasía, de sueños.

El internet ofrece muchos medios de escape, no solo para los hombres, sino también para las mujeres. Un medio para encontrar relaciones, atajos del dolor de las relaciones reales en este mundo, a relaciones en un mundo de fantasía. A menudo nos decimos a nosotras mismas: «No va a ser por mucho tiempo, solo voy a probar, solo voy a ver cómo se siente, solo voy a experimentar, solo voy a tener un pequeño alivio, será por un corto periodo de tiempo».

Probablemente eso fue lo que pensó Elimelec. Solo vamos a ir a Moab por un tiempo, mientras la presión aumenta. Regresaremos. Pero sabes qué, Elimelec nunca regresó, sus hijos nunca regresaron. Y muy a menudo, terminamos quedándonos en ese país lejano.

Di una conferencia recientemente y leí algunos de los comentarios de las mujeres que luego compartieron sobre temas importantes: la adicción y la esclavitud. No comenzaron siendo adictas al alcohol, a las pastillas para dormir o a la comida. ¿Qué sucedió? Pensaron que solo iban a escapar por un corto tiempo. Pero poco tiempo se convirtió en un largo tiempo, y ahora descubren que están encarceladas en su Moab. No pueden escapar, no pueden salir.

Ahora no tienen un corazón para Dios, no tienen un corazón para el pueblo de Dios. Y las consecuencias en Moab son mucho peores de las que estaban tratando de escapar mientras estaban en casa. Un lugar que a menudo pensamos que traerá alivio, libertad de la presión y de los problemas, termina convirtiéndose en un lugar de dolor aún mayor…y a veces incluso la muerte.

Es interesante que al leer esta historia se nos recuerda que cuando dejamos la voluntad de Dios, cuando dejamos el lugar que Dios ha diseñado para nuestra santificación, rara vez nos vamos solos. Dice que este hombre se fue y se llevó a su esposa y sus dos hijos con él. Invariablemente, tú y yo nos llevamos a otros con nosotras cuando dejamos la voluntad de Dios.

Puede que no tengamos la intención de herir a otros, pero nuestras decisiones sí afectan a los demás. De hecho, todo lo que tú y yo hacemos –nuestras actitudes, nuestras acciones, nuestras elecciones, todo lo que hacemos– afecta la vida de nuestra familia y de las personas que nos rodean. Ahora, sus vidas pueden arruinarse por nuestra desobediencia, o pueden ser bendecidas por nuestra obediencia. Pero nuestras vidas sí tienen influencia.

No pienses ni por un momento que las decisiones que tomas que parecen tan pequeñas e insignificantes no tienen nada que ver con quienes te rodean.

Me pregunto si Elimelec hubiera podido leer la historia que leímos y saber qué iba a pasar, qué le iba a pasar a su familia… Supongo que era un hombre que se preocupaba por su familia, los amaba. No creo que quisiera llevarlos a un lugar donde sus vidas fueran a ser destruidas, pero aparentemente no se detuvo a pensar en lo que esta decisión de huir podría significar para sus seres queridos, y ni hablar de lo que significó para su propia vida.

Tú y yo podemos ser un instrumento de ruina y destrucción para las vidas de quienes nos rodean, pero cuando elegimos obedecer a Dios, nuestras vidas pueden ser instrumentos de bendición y avivamiento.

Desafortunadamente, a menudo son los niños quienes se ven afectados por nuestras decisiones y quienes pagan las consecuencias.

A menudo me sorprenden las tarjetas de oración que las mujeres entregan en nuestras conferencias. Con frecuencia, las mujeres aparentemente no ven la conexión entre sus propias decisiones y dónde están sus hijos espiritualmente. He visto tarjetas en las que las mujeres decían: «Tengo esta esclavitud a algún hábito pecaminoso, un área donde no tengo autocontrol, por favor, oren por mí». Y luego, en la siguiente línea, dicen: «Oren por mis hijos que están viviendo vidas de inmoralidad abierta y latente». No están haciendo la conexión.

Al elegir vivir vidas que están fuera de control y no vivir vidas entregadas a Dios, han creado un entorno en el que es más fácil para sus hijos avanzar en su pecado y en sus estilos de vida destructivos.

Creo que una de las cosas que hace que esto sea más desafiante –era cierto entonces y es cierto hoy– es que hay tan poca diferencia medible en esta era, entre Moab, el país pagano, e Israel, donde vivía el pueblo de Dios. El pueblo de Dios había caído tanto en los caminos del mundo, que no creo que Moab realmente pareciera tan lejano desde un punto de vista espiritual.

Moab era un lugar pagano e idólatra que ofrecía sacrificios de niños. Allí se practicaba una religión malvada, pero los judíos estaban haciendo muchas de las mismas cosas.

Así que hoy, cuando las iglesias se vuelven tan parecidas al mundo, cuando nos mudamos a ese país lejano, ese lugar de escape y huida, muchas veces no pensamos que sea tan importante. No nos damos cuenta de cuánto nos hemos alejado de los caminos de Dios.

Ahora, la sugerencia aquí es que Elimelec tomó a su familia y los condujo a Moab; eso plantea la pregunta: ¿Qué pasa si tu esposo los lleva a ti y a su familia por un camino equivocado? ¿Fue Noemí parcialmente responsable aquí? ¿Quién tuvo la culpa y qué debe hacer una esposa si su esposo dice: «Vamos a Moab»?

Permítanme hacer varias sugerencias que no surgen directamente de este texto, sino a modo de aplicación. Creo que la primera es asegurarte de que tu conciencia esté tranquila como esposa.

Hay algunas cosas que no se cuentan en esta historia. No sabemos, por ejemplo, ¿influyó Noemí en Elimelec para que fuera a Moab? ¿Fue idea suya? Como Sara diciéndole a Abraham que tomara a Agar para resolver el problema de cómo tener hijos.

¿Era Noemí tan miserable e infeliz y llorona que Elimelec dijo: «Nos vamos de aquí. No voy a aguantar más a esta mujer quejumbrosa. Vamos a Moab»? No lo sabemos.

¿Tenía miedo Noemí? ¿No estaba contenta? O tal vez ninguna de las opciones anteriores. Cuando vio que su esposo estaba a punto de tomar una decisión equivocada, ¿se acercó a él? ¿Oró por él? ¿Lo animó a considerar las consecuencias? ¿Cuál fue su actitud? ¿Oró para que Dios cambiara su corazón?

¿Fue una víctima o fue parcialmente responsable de esa decisión?

Aquí está el desafío: cuando veas a alguien en una situación difícil, en un matrimonio difícil, por ejemplo, no asumas que conoces todos los hechos.

Veo algunos matrimonios y escucho a una de las partes contar la historia y pienso: «¡Oh! ¡No puedo creer que esa esposa haya tenido que aguantar esa situación dentro de ese matrimonio!» Pero el hecho es que no conozco todos los detalles.

No sabemos si Noemí fue culpable o no.

Ahora, al fin de cuentas, ya sea que ella fuera inocente o culpable, todavía había gracia disponible. Pero primero, como esposa, asegúrate de que tu conciencia esté limpia, ten cuidado cuando saques conclusiones sobre los tratos de Dios en la vida de otras personas. Puede parecernos muy obvio que alguna esposa es la parte inocente, pero el hecho es que no lo sabemos. No sabemos qué sucede detrás de las paredes de una casa.

He escuchado tantas historias en las que escuché por primera vez el lado de uno de los involucrados y pensé que la culpa era del otro. Entonces escuché al otro, y pensé que el primero tenía la culpa. La verdad a menudo se encuentra en algún punto intermedio, rara vez tenemos todos los hechos.

Así que asegúrate de que tu conciencia como esposa esté limpia, que hayas tenido una actitud piadosa, un espíritu correcto, que no sea tu desobediencia lo que contribuya a que la familia vaya en la dirección equivocada, que tu esposo no esté reaccionando a tus sentimientos, lloriqueos, tus miedos, tu descontento. He visto a maridos sacar a sus familias del ministerio, de la iglesia, de la voluntad de Dios, como reacción a la actitud de una esposa quejumbrosa.

Y él parece el malo. No digo que no tenga sus propios problemas, solo digo, como esposa, si tu familia va en la dirección equivocada, asegúrate de que no fue tu pecado lo que contribuyó, incluso en una pequeña parte, a esa decisión.

Entonces recuerda que Dios no te hace responsable por el pecado de tu esposo, Dios te hace responsable de tus elecciones, de tu pecado, de tus reacciones, de tus respuestas, recuerda que puede haber ocasiones en las que tengas que seguir a tu esposo a una situación que tal vez no sea la voluntad ideal de Dios para tu familia. Cuando lo hagas, por obediencia a Dios y a tu esposo, puede haber ocasiones en las que tengas que sufrir consecuencias con el resto de tu familia por la decisión equivocada de otra persona.

Digamos que tu esposo hace un cambio de carrera o una reubicación geográfica y no se hace dentro de la voluntad de Dios y tienes que mudarte con él. Puedes terminar con tu esposo en Moab sin ningún pecado propio, sino teniendo que seguirlo y experimentar algunas de las consecuencias de sus decisiones incorrectas.

Ahora, ¿qué pasa cuando terminas ahí? Recuerda que no puedes controlar sus decisiones. No puedes controlar sus elecciones, pero aún puedes estar bien con Dios. Todavía puedes tomar decisiones correctas en términos de tus reacciones, tus respuestas.

Cuando tu esposo te lleva a esa situación, y por cierto, esto puede ser en ambos sentidos; porque muchas esposas toman decisiones equivocadas que también afectan a los maridos. Somos un ministerio de mujeres y por eso hablamos a las mujeres. Cuando tu esposo toma, como lo hará a veces, decisiones incorrectas, tú puedes responder de una manera piadosa.

No puedes culpar a tu esposo y sus decisiones, de tus respuestas incorrectas (tus quejas, tus críticas). Eres responsable de tus elecciones, de cómo respondes a esa situación.

Así que aquí tenemos a un hombre que tomó una decisión y una esposa que lo siguió. Si ella fue parte de esa decisión o no, no lo sabemos. Incluso si fue víctima de la decisión equivocada de su esposo, llega el punto en esta historia cuando tiene que asumir la responsabilidad de su propia vida y regresar a Belén. Ella no tiene que pasar su vida prisionera de sus malas decisiones. Llega un momento en que ella puede, en nombre de su familia, arrepentirse, regresar a Judá, dejar Moab y tomar las decisiones correctas.

Eso nos dice que tú y yo podemos tomar decisiones correctas y piadosas independientemente de nuestro pasado, independientemente de lo que hayamos hecho o de lo que nos hayan hecho, podemos tener una relación correcta con Dios. Independientemente de dónde se encuentra espiritualmente tu familia, independientemente de si tu esposo camina con Dios o no, tú puedes caminar con Dios.

Incluso si tu esposo te lleva a Moab y lo sigues por obediencia a Dios y reverencia a tu esposo, puedes tener una relación íntima, personal y correcta con Dios. En última instancia, mientras esperas en el Señor y te rindes a Él, en plena confianza de lo que Él hará contigo, vas a experimentar lo que finalmente experimentó Noemí, y ese es el gozo de la restauración, viendo que Dios realmente puede sacar bien del mal.

La Escritura dice que Dios hará incluso que la ira de los hombres lo alabe, que las decisiones equivocadas de otros que afecten nuestras vidas puedan, en última instancia, convertirse en decisiones que glorifiquen a Dios, si estamos dispuestas a mantener nuestro lugar, a tomar nuestro lugar ante el Señor con humildad y obediencia y decir: «Señor, yo elijo, independientemente de las decisiones que tomen otras personas, elijo caminar contigo y confiar en Ti, Tu presencia y tu provisión me bastarán en este lugar».

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado mostrando que cada una de nosotras es responsable de sus decisiones. Y tú, ¿cuál es tu «Moab»? ¿Buscarás hoy al Señor? 

Muchas veces no hacemos las preguntas correctas, y esto es clave para obtener respuestas correctas. Mañana Nancy te hablará acerca de esto. Ahora, ella regresa con unas últimas palabras.

Nancy: Me pregunto si viene a tu mente alguna situación en la que otra persona haya tomado una decisión equivocada y haya afectado tu vida; quizás tu marido…o tus padres, quizás sea un jefe, o el pastor de tu iglesia, y terminaste experimentando algunas consecuencias debido a las decisiones equivocadas de otra persona.

¿Reconocerías la verdad de que es posible que Dios te conceda vivir una vida piadosa y caminar con Él incluso en medio de esas circunstancias? Si has estado resentida y resistiéndote, lloriqueando, quejándote, amargada, hablando mal de otra persona por las decisiones que ha tomado, ¿te arrepentirías ahora mismo en tu corazón y dirías, «Señor, no es solo su pecado, es también el mío. Así es como respondí. Así es como he reaccionado en mi espíritu, mis palabras, mis acciones… No he esperado en Ti . No he confiado en Ti? ¿Le pedirías perdón a Dios por tus reacciones incorrectas, o por cualquier parte que pudiera haber contribuido a esa decisión equivocada? No puedes elegir por otra persona, pero puedes elegir caminar con Dios.

Señor, ¿comenzarías incluso en este momento a derramar Tu gracia y a crear circunstancias para lograr la restauración de las mujeres que pueden estar en un Moab hoy porque alguien más tomó una decisión incorrecta? ¿Les darías un sentido de esperanza y fe en que todavía tienes el control y que vas a hacer que estas circunstancias funcionen para su bien supremo y para Tu gloria? Oro por el amor de Jesús y en Su nombre, amén.

Annamarie:Conociendo el poder del amor redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

La Rendición de Cuentas Bíblica

9Mark

Serie: CLASES ESENCIALES: DISCIPULADO

Clase 11

La Rendición de Cuentas Bíblica

Por: Capitol Hill Baptist Church

Introducción

Imagina estos escenarios:

  • Jonathan lucha con la pornografía por internet pero tiene vergüenza de hablar acerca de ello.
  • Debbie se enoja con sus hijos pero desea luchar contra la ira.
  • Wendy sabe que está en una carrera que es agresiva y si no tiene cuidado puede tomar control de su vida.

Una de las mayores mentiras del maligno es pensar que como cristianos podemos caminar solos—luchar con el pecado utilizando nuestra propia agenda y con nuestras propias fuerzas. Sin embargo, uno de los argumentos que hemos estado discutiendo acerca del discipulado es que los cristianos nunca deben luchar solos.

Estás en una guerra por la vida y la muerte. La batalla no puede ser ganada luchando por ti mismo. Necesitas ayuda del Señor provista por el Espíritu Santo y a través de otros creyentes. Este es el diseño de Dios para tu vida—pelear junto a los demás que están luchando para eliminar el pecado y parecerse más a Cristo.

Para este fin, queremos pasar el día de hoy reflexionando acerca de la responsabilidad bíblica y como luce en la vida de los creyentes. Primero, recuerda que hay malicia en rehusarse a rendir cuentas.   

Salmos 10:4 El malo por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. (RVR60)

Los cristianos deben buscar rendir cuentas

Comenzamos con tres razones bíblicas por las que queremos buscar rendir cuentas.

  1. La Escritura motiva la confesión

1 John 1:9-10 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (RVR60)

La confesión es útil porque alivia nuestra carga de culpa y vergüenza, pero no lo hacemos solo porque nos hace sentir mejor. Primero y ante todo, confesamos nuestro pecado porque la Biblia nos lleva a hacerlo.

La confesión de pecado comienza con Dios. David clamó a Dios: «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (Salmo 51:4a). Nuestro pecado como cristiano es en última instancia una ofensa ante un Dios Santo. Debemos correr a Dios primero antes de reconciliarnos con los demás, pero también es importante confesar el pecado a otros creyentes. «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5:16).

Las relaciones de discipulado sanas incluyen conversaciones acerca del pecado. La confesión es un acto de inicio de apertura y vulnerabilidad acerca del pecado ante Dios y con otros creyentes. Nunca es fácil hacerlo, pero la Biblia motiva de manera consistente a los cristianos a sacar su pecado de la oscuridad a la luz (Juan 1:1-53:19-211 Juan 1:5-7). Nunca debe permitirse que el pecado sea escondido y persista en la oscuridad. Traer el pecado a la luz significa exponerlo ante Dios y los demás (Efesios 5:3-16; ver especialmente el versículo 11).

La confesión de pecado trae misericordia para el pecador. Salomón escribe: «El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» (Proverbios 28:13)

  1. La Escritura nos advierte acerca del auto-engaño

Apenas ayer estaba cambiando de línea en la autopista y casi choco un vehículo que estaba en mi «punto ciego.» ¿Sabes lo que es el punto ciego? Tu espejo retrovisor no puede ver todo vehículo que viene detrás de ti. Hay un punto donde el vehículo puede estar transitando en la próxima línea de la autopista y no será visto por tu espejo retrovisor.

Los cristianos tienen «puntos ciegos»—maneras en las que los creyentes viven en ignorancia de morar en pecado y sus efectos dañinos en su vida. La ignorancia es la clave aquí. El pecado puede cegarme a mis propias faltas. El pecado me hace estar engañado acerca de la profundidad y amplitud de los problemas en mi vida.

El autor de los Hebreos escribe: «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.» (Hebreos 3:12-13)

El auto-engaño afecta a todos los cristianos. El autor de los Hebreos advierte a los creyentes: ¡Cuídate/ten cuidado! Puedes tomar decisiones necias que llevan a tener un corazón pecaminoso e incrédulo. El auto-engaño lleva a los creyentes a un ateísmo momentáneo—momentos en los que nuestra auto-dependencia y falta de confianza en Dios nos lleva a vivir más conforme al mundo y menos conforme a la verdad. Richard Sibbes describe dos pecados como los más peligros que los demás: «el orgullo espiritual y la seguridad.»[1] ¡No seas alejado de Dios por ellos!

¿Cuál es el antídodo para el auto-engaño? Según el autor de los Hebreos, es motivarnos unos a otros regularmente. Por tanto, él dice, «antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy;» para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.» Fíjate en las dos ideas que la palabra «para que» conecta —motivarnos unos a otros diariamente ayuda a prevenir el endurecimiento que puede ocurrir a través del engaño del pecado. Esta motivación diaria es un antídoto para el engaño del pecado. Ayuda a prevenir el endurecimiento del corazón.

  1. La Escritura nos motiva a la honestidad acerca de la debilidad

Consideremos 2 Corintios 12:9. Pablo está en medio de una larga sección en 2 Corintios donde está defendiendo su apostolado contra los falsos apóstoles que están invadiendo la iglesia. En el capítulo 11, él habla acerca de jactarse y dice: «Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré. Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.» (2 Corintios 11:1830) A diferencia de la carne, que se jacta de su fortaleza, Pablo quiere enfocarnos en la debilidad. ¿Por qué? Porque sabe que Dios trabaja a través de nuestra debilidad. En el capítulo 12:7, él habla acerca de un aguijón en la carne que estaba atormentándolo. Pablo no fue específico acerca del problema pero cualquiera que sea, Pablo ruega a Dios que se lo quite. En respuesta, Cristo dice: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» En lugar de quitarle el dolor, Dios provee gracia para que Pablo soporte la prueba. El poder de Dios es manifestado a través de la debilidad de Pablo. La respuesta de Pablo: «Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (12:9-10). Pablo se jactará de su debilidad porque es en su debilidad que el poder de Cristo es evidente. Mientras Dios provee gracia para pasar por una prueba, te das cuenta de lo que es realmente la fortaleza. Contrario al pensamiento del mundo, donde una fortaleza es fortaleza y donde una debilidad es una debilidad, podemos ver a Dios manifestar su poder en medio de nuestra debilidad. Por tanto, de manera muy apropiada Pablo concluye diciendo: «porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (12:10).

¿Cómo ves tu propia debilidad? ¿Es una fuente de vergüenza o un motivo para jactarse como Pablo hizo con el poder de Cristo? Contrario al mundo, que nos enseña a reflejar confianza y jactancia en nuestras fortalezas, Pablo nos exhorta a nosotros (los cristianos) a ser honestos acerca de nuestra debilidad porque es en nuestra debilidad que Dios manifiesta su fortaleza.

La necesidad de rendir cuentas

Dios, en su gran sabiduría, nos hizo para que viviéramos en comunidad y por eso nos dio la iglesia. En su gran bondad, Dios pone a los creyentes en medio de comunidades de pacto donde podemos escuchar la Palabra de Dios y crecer junto a otros creyentes.

Ahora, puedes decir, «yo recibo mucha motivación de los hermanos de la iglesia y a través de la lectura de la Palabra de Dios. Me ha estado yendo muy bien sin relaciones de rendición de cuentas.»

Eso está bien. Si deseas pensar de esa manera, está bien. Pero es peligroso. El pecado es un asunto serio. Sus efectos en tu vida son tan dominantes que va más allá de cualquier cosa que puedas imaginar. Basado en las tres razones de la Escritura mencionadas anteriormente, mi opinión es que la rendición de cuentas no es solo aconsejable sino una parte necesaria de tu crecimiento cristiano. Necesitamos a otros hermanos y hermanas en Cristo que caminen junto a nosotros para ayudarnos a ver las muchas maneras en que el pecado nos daña. Leer Santiago 5:1619-20.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

Guía para relaciones de rendición de cuentas

Con ese fin, quiero sugerir algunos lineamientos para relaciones de rendición de cuentas. Para que tus relaciones de rendición de cuentas sean efectivas sacando a la luz el pecado que prevalece en tu vida, a continuación nueve principios generales:

  1. Haz buenas preguntas.

En la Biblia aprendemos que para realmente entender a otra persona tenemos que hacer buenas preguntas. Salomón escribe: «Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre;
Mas el hombre entendido lo alcanzará.» (Proverbios 20:5). Para llegar al pecado, alguien tiene hacerte buenas preguntas. En mi mente, las buenas preguntas son las de la profundidad del corazón. Hay preguntas que van más allá de los aspectos superficiales de la vida y «sacan» el pecado que está en lo más profundo de tu corazón.

Considera un ejemplo de un cristiano que lucha con la mentira. Puedes comenzar haciendo preguntas de búsqueda de hechos para entender las circunstancias que rodean el pecado— ¿Cuándo comenzó este problema? ¿Qué tan frecuente le mientes a los demás? ¿En cuáles situaciones eres más dado a decir una mentira? Pero ve más profundo, tienes que hacer preguntas más perspicaces— ¿Qué estás tratando de ocultar con tu mentira? ¿Qué motivos egoístas te hacen mentirle a los demás? ¿Cuál es el «beneficio» de mentir y realmente piensas que vale la pena? ¿Cómo piensas rendir cuentas a Dios cuando tengas que explicar tu costumbre de mentir?

  1. No tengas temor a confrontar.

Cuando ves el pecado en la vida de alguien, ¿eres lo suficientemente valiente para confrontarlo?

Proverbios 26:4-5 dice: «Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión.»

La persona sabia está hablando con el necio y evaluando como responder al necio. Él no debe responder un comentario necio con otro comentario necio, o terminará como el necio (vers. 4). Por el otro lado, el hombre sabio no debe responder al necio de tal manera que «confirme» el engaño del necio de que es realmente sabio (vers. 5). La persona sabia ve como el necio se engaña a sí mismo y busca salvarlo de una futura auto-decepción.

Un comentarista escribe: «la persona sabia debe exponer las distorsiones del necio para servir a sus propios intereses a expensas de la comunidad y no debe aceptarlo en silencio y así contribuir a establecer su mundo desordenado contra la ley de Dios.[2]

Proverbios 24:6 muestra como la ventaja de otra persona es valiosa para deshacer visiones incorrectas de nosotros mismos, porque el necio se ha convencido a sí mismo de que es «sabio,» él necesita que la persona sabia le ayude a ver su propia necedad.

  1. Sé honesto

Hay pocas cosas mejores en esta vida que una respuesta honesta de un amigo y un beso de los labios de mi esposa. Salomón escribe: Proverbios 24:26 «Besados serán los labios del que responde palabras rectas.» Salomón consideró que una respuesta honesta es tan «maravillosa» como un beso.

Las respuestas honestas son muy importantes o la rendición de cuentas no funciona. Solo puedes cuidar de otra persona hasta donde la persona está dispuesta a ser honesta con su vida.

¿Qué beneficios obtienes de la honestidad? La honestidad ayuda a los demás a ver tu corazón, a conocer tus motivaciones, a evaluar dónde estás ciego y a ver donde necesitas más ayuda. Sin la honestidad la confianza mutua nunca puede ser construida y sin la confianza el discipulado no prosperará.

  1. Sé vulnerable

La rendición de cuentas simplemente no funciona si no estás dispuesto a ser vulnerable. Ciertamente, esto es difícil porque es muy incómodo tener otra persona involucrándose «en tus cosas,» observando tu pecado y jugando con tu vida. Para que la rendición de cuentas funcione, tienes que darte a conocer a los demás.

Aunque Pablo había reprendido a los corintios por su pecado, no dejó de hablar francamente con ellos ni de ser abiertos con ellos. Él escribe: «Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado.» (2 Corintios 6:11). Sin embargo, él tuvo que amonestarlos porque se habían enfriado hacia él y habían «cerrado» sus corazones. «No estáis estrechos en nosotros, pero sí sois estrechos en vuestro propio corazón. Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.» (2 Corintios 6:12-13).

Para que la rendición de cuentas funcione, también tienes que permitir que otros sean entrometidos. La palabra entrometido tiene una mala connotación en nuestra cultura, pero la utilizo de forma deliberada. Significa que necesitas que las personas vean más allá de lo superficial y vean algunos de los asuntos «más profundos» de tu corazón —orgullo y egoísmo, dolor y sufrimiento, temor del hombre, etc. Necesitas que las personas hablen a esas áreas, aun cuando no quieres escuchar consejo porque podría «arruinar» tus propios planes.

  1. Ten gracia.

Un esposo cristiano recientemente compartió con nosotros su deseo de recibir retroalimentación directa de su esposa. Él le pidió a ella que fuera honesta acerca de sus errores. Ella tomo seriamente sus palabras y compartió algunas de sus luchas con su comportamiento inconsistente.

Él dijo, «mi reacción a sus comentarios no fue con gracia. Por la manera en que reaccioné, no pensarías que realmente le pedí retroalimentación. Si hubiera sido ella, hubiera estado renuente de darme retroalimentación nuevamente.»

Pablo escribe en Colosenses: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Hablar con gracia se caracteriza por hablar con un tono suave (Proverbios 15:1) y una actitud amorosa (Efesios 4:29). Escuchar el punto de vista de otros sobre tus errores puede ser doloroso, incómodo y estresante. Puedes hacer que una experiencia difícil sea menos difícil poniendo siempre gracia en tu forma de hablar, tono y actitud.

  1. Sé humilde (Santiago 4:6-10)

Una relación de rendición de cuentas es una reunión entre dos pecadores que necesitan la gracia y misericordia de Dios. La altivez, la arrogancia, la venganza, el odio, la manipulación —son auto-destructivas y arruinan la rendición de cuentas bíblica genuina. Cuando le hablas a los demás acerca de su pecado, nunca debes hacerlo con una actitud pecaminosa. Eso no quiere decir que vas a ser perfecto cuando te diriges hacia el pecado de alguien sino que siempre debes ser cuidadoso acerca de tus motivaciones cuando le hablas a alguien acerca de su pecado.

La humildad es un componente necesario de la rendición de cuentas bíblica. La humildad equilibra el ambiente y le dice a la otra persona: «soy un pecador con una necesidad tan desesperada de la gracia de Dios.» La humildad motiva al oyente a tener un corazón y oídos abiertos a lo que puedas decir. Nadie desea escuchar a una persona arrogante sino a una persona humilde; muchos estarán dispuestos a escuchar. De manera práctica, una forma de hacer esto es por medio de la transparencia —permítele ver tus luchas.

  1. Sé un exhortador (Hechos 15:32)

La motivación es una parte importante de la rendición de cuentas. Una búsqueda honesta del pecado puede llevar al desánimo. Ten cuidado porque puedes abrumar a una persona con su pecado. La sabiduría, la oración y la guianza de los demás puede ayudarnos a entender cuando hablar acerca del pecado y que tan frecuente. Mucho muy rápido puede ser abrumador. Poco, poco frecuente puede llevar a una rendición de cuentas superficial. Como discipulador necesitas ser sabio acerca de cómo ayudas a alguien a ver su propio pecado. Considera cosas como: «¿Cuánto puede soportar esta persona? ¿Él o ella tiene ‘oídos para escuchar’ lo que necesito decirle? ¿Cuáles señales de crecimiento espiritual he visto en ellos y los he motivado con esta información?

Un seguimiento incesante del pecado sin misericordia lleva a la persona a un cristianismo sin esperanza. Un seguimiento incesante del pecado con mucho amor y motivación lleva a conformarnos a la imagen de Cristo.

  1. Ponte disponible (Gálatas 6:10)

Si no tienes tiempo no permitas que tu corazón compasivo le diga que «si» a alguien que necesita ayuda. La rendición de cuentas implica un compromiso de consentimiento (por ejemplo, semanal). Las reuniones poco frecuentes pueden ser un problema y suceden en esta iglesia.

Si no tienes tiempo para alguien no le haces ningún bien al decirle que «si» cuando piden tu ayuda. Solo di que «si» cuando realmente tengas tiempo en tu agenda. La rendición de cuentas y el discipulado serán frustrados si no tienen consistencia. Si, ¡persíguelos si lo necesitan! (Romanos 14:19)

  1. Enfócate en la Palabra (Hebreos 4:12-13)

Existe un peligro en limitar las relaciones de discipulado solo a la rendición de cuentas. Algunas personas se reúnen y pasan la mayor parte de su tiempo hablando acerca de sus luchas. Aunque obviamente apoyamos a los cristianos que hablan acerca del pecado, no queremos que esto sea lo único que caracterice su relación.

Las relaciones de rendición de cuentas siempre deben estar enfocadas en la Palabra. Aun en situaciones donde el pecado significativo necesite ser discutido, es importante como cristianos que de manera frecuente y rápida volvamos la conversación de vuelta hacia la Palabra de Dios.

Nuestro pecado distorsiona nuestra habilidad de ver la vida adecuadamente. La Palabra de Dios nos ayuda a corregir nuestra visión equivocada y ver el pecado como realmente es —una piedra de tropiezo para nuestras relaciones con Dios y con los demás.

En conclusión –

  • La rendición de cuentas buena y bíblica implica hacer buenas preguntas, no temiendo la confrontación, siendo honesto, disponible, vulnerable, con gracia y enfocado en la Palabra.
  • Los cristianos deben evitar el cristianismo nominal y anónimo. La rendición de cuentas bíblica es una parte importante y necesaria del crecimiento espiritual.
  • La rendición de cuentas es una parte del discipulado no toda.
  • Marcos 12:28-31 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (RVR60)
  • Finalmente, en el discipulado amas a Dios primero cuando amas a tu prójimo como a ti mismo.

[1] Richard Sibbes, The Bruised Reed [La Caña Cascada], (Carlisle, PA:  The Banner of Truth Trust, publicado primeramente en 1630, edición revisada en 1998), Pág. 95.

[2] Bruce K. Waltke, The Book of Proverbs Chapters 1-15 [El Libro de Proverbios capítulos 1-15], (Grand Rapids:  Eerdmans Publishing Co, 2004), p349.

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

Una de las partes más difíciles de la vida cristiana es el hecho de que ser un discípulo de Cristo no nos hace inmune a las pruebas y las tribulaciones de la vida. ¿Por qué un Dios bueno y amoroso nos permitiría pasar por cosas tales como la muerte de un niño, enfermedades y daños a nosotros mismos y nuestros seres queridos, dificultades financieras, preocupación y temor? Ciertamente, si nos amara, quitaría todas estas cosas de nosotros. Después de todo, ¿no significa el amarnos que Dios quiere que nuestras vidas sean fáciles y cómodas? No, no es así. La Biblia enseña claramente que Dios ama a aquellos que son Sus hijos, y “todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Eso debería significar entonces que las pruebas y tribulaciones que Él permite en nuestras vidas son parte de todas las cosas que nos ayudan a bien. Por lo tanto, para el creyente, todas las pruebas y tribulaciones deben tener un propósito divino.

Como en todas las cosas, el propósito final de Dios es que seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del cristiano, y todo en la vida, incluyendo las pruebas y tribulaciones, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. Se explica la manera en que las pruebas logran esto en 1 Pedro 1:6-7: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimentamos para que podamos descansar en el conocimiento de que es real y va a durar para siempre.

Las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5). Jesucristo fue el ejemplo perfecto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto para las pruebas y tribulaciones de Jesucristo como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Sin embargo, debemos tener cuidado de nunca hacer excusas por nuestras “pruebas y tribulaciones” si son el resultado de nuestra propia maldad. «Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno» (1 Pedro 4:15). Dios perdonará nuestros pecados porque el castigo eterno para ellos ha sido pagado por el sacrificio de Cristo en la Cruz. Sin embargo, todavía tenemos que sufrir en esta vida las consecuencias naturales por nuestros pecados y malas decisiones. Pero Dios usa incluso esos sufrimientos para moldear y formarnos para Sus propósitos y nuestro bien supremo.

Las pruebas y tribulaciones vienen con un propósito y una recompensa. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman»(Santiago 1:2-4,12).

A través de todas las pruebas y tribulaciones de la vida, tenemos la victoria. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Aunque estamos en una batalla espiritual, Satanás no tiene autoridad sobre el creyente en Cristo. Dios nos ha dado Su Palabra para guiarnos, Su Espíritu Santo que fortalecernos, y el privilegio de venir a Él en cualquier lugar y en cualquier momento, a orar por todo. Él también nos ha asegurado que no habrá tentación que nos pondrá a prueba más allá de nuestra capacidad para resistir, y “dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

17 – LA BONDAD DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

17 – LA BONDAD DE DIOS

Quizás uno de los momentos más divertidos de esta vida sea cuando observamos como un pequeño perro o gato persiguen su propia sombra. En vano tratan de alcanzarla. Cuando se mueven, su sombra se mueve con ellos. Esto no sucede en el caso de Dios. Santiago nos dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (James 1:17).

Dios nunca cambia. En Él no hay «sombra de variación». Esto no está únicamente sugiriendo que Dios es inmaterial y que por lo tanto es incapaz de tener una sombra, sino que asimismo nos dice que Dios no tiene un «lado sombrío» en un sentido figurativo o moral. Las sombras sugieren oscuridad, y en términos espirituales la oscuridad sugiere maldad. Como no hay maldad en Dios, tampoco hay ningún indicio de oscuridad en Él. Él es el Padre de las luces.

Cuando Santiago agrega que no hay «sombra de variación» en Dios no alcanza con entender esto simplemente en términos del ser incambiable e inmutable de Dios. Se trata también de una referencia al carácter de Dios. Dios no es solo enteramente bueno, sino que es siempre bueno. Dios no sabe cómo ser otra cosa que no sea bueno.

La relación entre la bondad y Dios es tan estrecha que hasta los filósofos paganos como Platón equiparan la máxima bondad, el bien supremo, con Dios mismo. La bondad de Dios se refiere tanto a su carácter como a su conducta. Sus actos proceden de su propio ser. Dios actúa en base a lo que Él es. De la misma manera que un árbol corrupto no puede producir fruta incorrupta, tampoco un Dios incorrupto puede producir fruta corrupta.

La ley de Dios refleja su bondad. El que Dios sea bueno no es consecuencia de que Dios obedezca y pueda ser juzgado por alguna ley cósmica ajena a sí mismo, o debido a que Dios define la bondad de manera tal que pueda actuar sin estar sujeto a ninguna ley y por el solo poder de su autoridad le sea permitido declarar sus acciones como buenas. La bondad de Dios no es ni arbitraria ni caprichosa. Dios no obedece una ley, sino que la ley que obedece es la ley de su propio carácter. Dios siempre actúa de acuerdo con su propio carácter, que es eterno, inmutable, e intrínsecamente bueno. Santiago nos enseña que todo lo bueno y lo perfecto provienen de Dios. Dios no es solo el estándar principal de bondad; es la Fuente de toda bondad.

Uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento es el de Rom. 8:28. «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados«. Este texto sobre la providencia divina es tan difícil de comprender como lo es de popular. Si Dios es capaz de hacer que todo lo que nos suceda redunde en nuestro bien, entonces en última instancia todo lo que nos suceda será bueno. Conviene resaltar aquí la expresión en ultima instancia. En el plano mundano nos pueden suceder cosas que sean maldad. (Debemos estar precavidos y no llamar al bien, maldad o a la maldad, bien.) Encontramos aflicción, miseria, injusticia, y otro montón de maldades. Sin embargo, Dios en su bondad trasciende todas estas cosas y hace que ellas ayuden para nuestro bien. Para el cristiano, en última instancia, no existen las tragedias. En última instancia, la providencia de Dios hará que todas estas maldades tan cercanas redunden para nuestro beneficio final.

Martín Lutero comprendió muy bien este aspecto de la buena providencia de Dios cuando dijo que «si Dios me pidiera que comiera el estiércol de la calles, no solo lo comería sino que sabría que es para mi bien».

Resumen

La  Criatura (Tiene sombra) DIOS (No tiene sombra)

l. Las criaturas tienen sombra por causa de la oscuridad del pecado.

2. Dios no tiene un lado sombrío.

3. Dios no está bajo ninguna ley.

4. Dios es inseparable de la ley.  Ley / DIOS

5. Dios es su propia ley.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 34:6-7

Ps. 25:8-10                                        

Ps. 100:1-5

Rom. 8:28-39

James 1:17

La teología y la Iglesia

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

La teología y la Iglesia
Por W. Robert Godfrey

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).

En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.

Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.

Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.

En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.

La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).

En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:

Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.

Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.

El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.

Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.

Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.

Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.

Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.

En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop. 

El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).

Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.

La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
W. Robert Godfrey

El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

La teología y la Iglesia

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La teología y la Iglesia

Por W. Robert Godfrey

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).

En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.

Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.

Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.

En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.

La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).

En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:

Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.

Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.

El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.

Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.

Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.

Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.

Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.

En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop. 

El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).

Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.

La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
W. Robert Godfrey

El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

¿Somos espíritu, alma, y cuerpo?

Coalición Por El Evangelio

¿Somos espíritu, alma, y cuerpo?

¿Dicotomía o tricotomía? 

DAVID BARCELÓ

A medida que avanzaba en mis estudios de psicología, esta pregunta cobraba cada vez mayor importancia en mi cabeza. Las implicaciones son muchas. ¿La persona humana es tricotómica, compuesta de espíritu, alma, y cuerpo? ¿O por otro lado es dicotómica, compuesta de cuerpo y alma? En otras palabras, ¿cuándo hablamos de espíritu y de alma, estamos refiriéndonos a lo mismo?

Este es el argumento que uno escucha una y otra vez para justificar la presencia de la psicología en círculos evangélicos: “Somos un ser tripartito, tres partes, creados a imagen de Dios, como la Trinidad, somos espíritu, alma, y cuerpo”. Pero, ¿es este un argumento bíblico o solo un mito ampliamente aceptado?

Tal como escribe Ed Welch,

“Los ingredientes de lo psicológico ciertamente existen. Están entre los rasgos más importantes e interesantes de nuestra vida interior, los cuales incluyen nuestros patrones de pensamiento, emociones y motivaciones individuales. Pero, ¿es ese depósito conceptual –lo psicológico– una categoría real y útil, o es innecesaria y equívoca para entender la naturaleza humana? ¿Hay una parte distintiva en nosotros que no es espiritual ni biológica –sino psicológica?”

Como sigue exponiendo Welch, esta idea tripartita de la persona la popularizó Clyde Narramore a final de los años 50 con su anuncio de que

– si tienes un problema físico, debes ir al médico;

– si tienes un problema espiritual, debes ir al pastor;

– si tienes un problema del alma (psicológico), debes ir al psicólogo.

Parece lógico: tres partes de la persona, tres tipos de problemas, tres profesionales… Pero, ¿es esta la verdad bíblica? ¿Existe un área inmaterial de la persona que está desconectada de las Escrituras? ¿Quién decide lo que es psicológico y lo que es espiritual? Ansiedad, temor, problemas matrimoniales, rencor, ira, tristeza… ¿Son problemas del espíritu o del alma? ¿Existe una parte psicológica en mí que no tiene nada que ver con Dios? Las implicaciones de la tricotomía son alarmantes. Mirando atrás puedo decir que este asunto fue clave en mi proceso de dejar atrás la psicología y abrazar la consejería bíblica de todo corazón. 

Tricotomía y la Biblia

El pasaje que se suele usar para defender la tricotomía es 1 Tesalonicenses 5:23: “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Pero si esta doctrina es tan importante, ¿por qué solo se cita aquí esta expresión; espíritu, alma, y cuerpo? En este pasaje el apóstol Pablo, en su deseo de describir la totalidad de nuestro ser, usa estos tres términos. ¿Pero pudiera haber utilizado otros? De hecho en Deuteronomio 6:5 encontramos una tricotomía diferente para expresar la plenitud de nuestra persona: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”.

Y otra tricotomía más la vemos en Mateo 22:37: “ Y Él le contestó: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.

Entonces nos encontramos con el reto de tener varias tricotomías, ¡e incluso alguna “cuatricomía” también!: “y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” (Mr. 12:30). 

Dicotomía y la Biblia

Estos pasajes usan varias palabras para abarcar la totalidad de la persona, pero estas descripciones son siempre una enumeración de términos, no una lista exhaustiva. Para entender la antropología bíblica nos es necesario ver las Escrituras en su totalidad.

Dios formó al hombre “del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida” (Gn. 2:7). Dos sustancias. Según el contexto la sustancia material es llamada cuerpo o carne, y la sustancia inmaterial es llamada espíritu, alma, mente, pero sobre todo corazón. Estas palabras se usan de forma indistinta para referirse a la dimensión inmaterial de la persona, siendo corazón el término más usado y amplio para referirse a la vida interior del ser humano. Desde una óptica bíblica los pensamientos, motivaciones, y voluntad residen en el corazón, y el corazón se expresa a través del cuerpo.

Somos seres espirituales vestidos de una “morada terrestre” o “tabernáculo” (2 Co. 5:1). Aunque el “hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). Dos sustancias, pero una sola persona. No es que tenga un cuerpo y tenga un alma. Es que soy un cuerpo y soy un alma. Como dice C. S. Lewis: “Somos seres compuestos –un organismo natural en un estado de simbiosis con un espíritu supernatural”. [1] Y en otra ocasión escribe:

“El espíritu (se siente) ‘en casa’ con su organismo, como un rey en su propio país o un jinete sobre su caballo –o mejor aún, como la parte humana de un centauro está ‘en casa’ con la parte equina”. [2]

El uso intercambiable de alma y espíritu es evidente en las Escrituras. Tanto el alma como el espíritu sienten tristeza (Jn. 13:21Mt. 26:38), y sienten gozo (Is. 61:3Sal. 86:4); tanto el alma como el espíritu pecan (Sal. 32:2Ez. 18:4), necesitan salvación (1 Co. 5:5Stg. 1:21) y son llevadas al cielo (He. 12:23Ap. 20:4). La diferencia no es ontológica. Nos referimos a lo mismo. La diferencia es semántica. Es una diferencia de lenguaje la que encontramos entre espíritu y alma. Por lo general el alma se entiende como más apegada al cuerpo, y el espíritu como más despegada del cuerpo. No es lo mismo que te digan “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 almas”, que “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 espíritus”. Seguramente irías a la primera casa, pero no a la segunda, ¿verdad?

Es imposible distinguir entre alma y espíritu, porque nos referimos a lo mismo. Encontramos en la Biblia muchos paralelismos hebreos que usan ambos términos como sinónimos. [3] Es tan imposible separarlos, que al describir el poder incomprensible de la Palabra de Dios, el autor de Hebreos nos dice que la Palabra es capaz de penetrar hasta partir el alma y el espíritu (He. 4:12). Aquí no se refiere a partir el alma, y a partir el espíritu, sino a dividir entre las dos, a separarlas.

Existe un yo interior e invisible, y un yo exterior y visible. El interior solo lo ve Dios, pero se expresa a través de un cuerpo que actúa, piensa, anda, habla, y siente. Por eso, aquello que la psicología moderna llama enfermedades desde la consejería bíblica entendemos que son meros síntomas de un asunto interior, de un corazón que se expresa. [4]

Somos un corazón que se comunica a través de un cuerpo. Esta es la comprensión bipartita del ser humano que la iglesia cristiana siempre ha sostenido. Como dice el Catecismo de Heidelberg, en su pregunta 1, “Pertenezco, en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador Jesucristo”. 

Sí. Los pastores y consejeros tenemos hoy día la gran responsabilidad y el gran reto de ser instrumentos en las manos de Aquel que conforta nuestras almas (Sal. 23:3), y tratar aquellos asuntos del corazón que según el mundo son psicológicos. 

[1C.S. Lewis, Miracles (New York: Macmillan, 1960), 126.


[2] C.S. Lewis, e Weight of Glory and Other Addresses (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), 126.

[3] En el Nuevo Testamento griego pneuma y psiqué, y en el Antiguo Testamento hebreo ruah y nefesh. (Gn. 49:61 S. 1:15Job 7:11Is. 26:9Lc. 1:46-47).

[4] Understanding the Influences on the Human Heart. e Journal of Biblical Counseling. Winter 2002, 48. CCEF, Filadelfia. 

Publicado originalmente en la revista 9Marks.

David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.

¿Cuál es nuestra teología?

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

¿Cuál es nuestra teología?
Por Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

on varias e importantes las convicciones que impulsan a la revista Tabletalk, las cuales también han impulsado la historia completa del ministerio de Ligonier. Una de estas convicciones fue expresada hace unos quinientos años por Martín Lutero (¿quién más podría ser?).

Todos somos teólogos; todo cristiano debe serlo. Todos deben ser teólogos para poder ser cristianos.

Pero ¿cuál es esa teología? Y, en particular, ¿cuál es nuestra teología?

TEOLOGÍA

Teología es hablar de Dios (en el mejor y más elevado sentido); es decir, pensar y hablar sobre Dios de forma coherente y lógica. Y para el creyente cristiano, esto significa una teología enraizada en la revelación que Dios ha dado y que la expresa. Por tanto, hay un sentido correcto en el que estamos llamados a tener una «teología de todo», porque de una forma u otra todo el cosmos —el desarrollo de la historia, los descubrimientos que hacemos— todo es parte del desarrollo de la autorrevelación de Dios en la creación, la providencia, la redención y la consumación. Como señaló Abraham Kuyper, nada en el cosmos es ateo en sentido absoluto. O para citar una autoridad superior: «Por que de Él, por Él y para Él son todas las cosas» (Rom 11:36). Por eso, omnes sumus theologi —todos somos teólogos— ya seamos físicos nucleares, astronautas, amantes de la literatura, jardineros, recolectores de basura o incluso «teólogos». Este es el privilegio, el reto, el romance de nuestras vidas, en cualquier vocación imaginable. En última instancia, tomando prestadas las palabras de Pablo, solo una cosa hacemos (Flp 3:13). ¿Pablo hacía solo una cosa? Claro que no. Pero sí, hacía solo una cosa, pero en mil actividades diferentes. Lo mismo ocurre con nosotros. En todas las cosas somos teólogos porque sabemos que toda la vida es para conocer a Dios.

Pero ¿cómo funciona la teología? Tal vez nos ayude una ilustración. Hay un programa en la televisión de la BBC que me gusta mucho. Se llama The Repair Shop [El taller de reparaciones], y —en medio de tantas cosas en la televisión que son deprimentes o inmorales, o ambas cosas— es un programa que te hace sentir bien. Personas comunes y corrientes traen sus reliquias dañadas, deterioradas, deformadas y algunas casi destruidas para que las reparen. A menudo nos cuentan historias profundamente conmovedoras o por qué el artículo (que puede tener poco valor en sí mismo) es tan importante para ellos por su conexión con un ser querido. Entonces vemos las habilidades extraordinarias de los artesanos y artesanas —expertos en carpintería y metalurgia, mecánica y mobiliario, instrumentos musicales y mecanismos, objetos blandos y duros— trabajando lo que parece ser magia. Mientras que la gente como yo remienda y espera lo mejor, ellos primero deconstruyen y solo entonces reconstruyen y devuelven la gloria perdida a las reliquias. Luego, el maravilloso desenlace: somos testigos (y compartimos) la abrumadora gratitud de los distintos propietarios, sus elogios y, a menudo, su alegría hasta las lágrimas al descubrir el objeto restaurado en todo su esplendor, normalmente debajo de una manta muy ordinaria (lo que sugiere una mayor restauración).

La teología es el taller de reparación del evangelio. Sus diversos «loci» o temas (Dios, la creación, la caída, la providencia, la redención, la glorificación) son, por así decirlo, otros tantos departamentos de expertos que primero deconstruyen nuestros daños personales y luego nos reconstruyen hasta hacer realidad la visión original en nuestra creación. De este modo, lo que nuestros antepasados llamaban la teología de la peregrinación, en la que vemos por un espejo, se convierte en la teología de la visión en la que veremos cara a cara. Habiendo sido creados a imagen de Dios para glorificarle y disfrutar de Él para siempre, seremos por fin semejantes a Él.

¿Cuál es entonces el contenido de nuestra teología?

NUESTRA TEOLOGÍA

Se dice que Tomás de Aquino dijo que la teología viene de Dios, nos enseña sobre Dios y nos lleva a Dios. Y puesto que la vida eterna consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, a quien Él ha enviado (y esto solo lo hacemos por medio del Espíritu; Jn 17:3; ver 14:23, 25), nuestra teología comienza (y termina) con Dios. Nos dice quién es Él: un Dios que es tres personas, la siempre bendita Trinidad, en la eterna comunión de Su ser tripersonal como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta teología nos lleva a conocer Su maravilloso carácter unificado y simple, que en nuestra limitada capacidad logramos captar aspecto por aspecto en lo que llamamos Sus atributos. De hecho, estas son solo algunas formas de describir Su perfección, Su divinidad, Su infinita y gloriosa deidad.

Así pues, nuestra teología es una teología del Dios trino que es suficiente para sí mismo y en sí mismo y quien en todas Sus automanifestaciones es amor santo. No es de extrañar, pues, que nuestra teología esté impulsada por las visiones gemelas del profeta de la santidad y del apóstol del amor, en Isaías 6 y Apocalipsis 4-5. Es un hecho sorprendente que en estas dos visiones parece estar resumida toda nuestra teología.

Ellas reflejan la divinidad de Dios, «el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8), y la historia de la creación (v. 11): que todas las cosas en el cielo y en la tierra fueron hechas por el Dios trino, «Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible» (el Credo Niceno), por medio de Su Palabra, el Hijo Eterno, y por el ministerio ordenador, llenador y completador del Espíritu que se movía sobre las aguas originarias.

Estas visiones nos proporcionan un espejo en el que vemos que nuestro destino creado yace detrás de nosotros casi irreconocible. Fuimos creados por Dios para Su gloria y para disfrutar de Él; en una palabra, para la comunión con Él y la alabanza a Él. Pero ahora nos encontramos, como Isaías, abrumados por el descubrimiento de quién es Dios —el Santo— y nos damos cuenta de que somos como un antiguo castillo escocés que se ha convertido en una reliquia arruinada, destruida por los asaltos de Satanás. Estamos abandonados, incapaces de restaurarnos a nosotros mismos, deshechos e impuros. Ninguno de nosotros es capaz de abrir un libro que contenga un plan para nuestra salvación y restauración (Ap 5:4).

Pero no es así como nuestra teología termina. Dios quiere Su imagen de vuelta. Es cierto que debemos descubrir que estamos arruinados antes de poder ver nuestra necesidad de restauración. Pero entonces nuestra teología según Isaías y Juan nos dice que no se trata de un Dios diferente, sino de un mismo Dios tres veces santo cuyo mensajero trae la restauración a través de un carbón encendido de un altar de sacrificio que primero incinera y luego restaura. Y esta teología bíblica nos dice que en su visión Isaías vio la gloria del Señor Jesús (Jn 12:41). Entonces, como nuestra teología sostiene que la revelación es progresiva y acumulativa, entendemos que la persona a la que apunta la visión de Isaías no es otra que el León de Judá, el Cordero de Dios inmolado que quita el pecado del mundo (Ap 5:6-10). Y a medida que profundizamos para «aprender a Cristo» (Ef 4:20), contemplamos Su única persona divina en Sus dos naturalezas unidas en esa única persona, en Sus dos estados de humillación y exaltación y en Sus tres oficios como Profeta, Sacerdote y Rey: un solo Señor Jesucristo.

En este contexto, descubrimos que algo nos sucede: por el Espíritu seráfico, nuestras vidas entran en contacto vivo con Cristo en Su sacrificio expiatorio. Somos perdonados y justificados de la culpa del pecado. Y en ese mismo momento se inaugura la quema del pecado en nosotros. No puede ser de otra manera, ya que como Calvino señaló regularmente, pensar que podemos tener a Cristo para la justificación sin tenerlo para la santificación es despedazarlo, ya que nos ha sido dado para ambas cosas. El Espíritu nos une a un solo Cristo que es a la vez «justificación y santificación» para nosotros (1 Co 1:30). Por lo tanto, el pecador que es justificado comparte también y simultáneamente Su muerte al dominio del pecado y Su resurrección a novedad de vida para Dios (Rom 6:2-4). Tener cualquier otra teología es entender mal cómo la gracia reina «por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor» (5:21).

No es de extrañar que la visión trascendente de Isaías termine en una obediencia incondicional: «Heme aquí; envíame a mí» (por muy duro que sea el camino; Is 6:8-13). Y no es de extrañar que la visión de Isaías se haga eco en la experiencia de Juan del canto celestial: «Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8); y culmina en una adoración sin fin: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (5:13). No es casualidad que las conferencias nacionales de Ligonier tradicionalmente terminen con el canto del «Aleluya» de Handel.

Sí, esta es nuestra teología. Ha sido el latido del corazón de Ligonier desde los primeros días de «La confraternidad de enseñanza de R.C. Sproul», expresado ahora por cincuenta años en una multitud de formas. Aquí todos formamos parte de esa confraternidad de enseñanza. Y esta teología, nuestra teología, se convierte en el taller de reparación divino, que nos lleva desde la ruina hasta la restauración final, pasando por la redención. ¡Soli Deo gloria!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?
Por Chris Larson

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

inisterios Ligonier ha seguido creciendo desde que nuestro querido fundador, el Dr. R.C. Sproul, falleció en el 2017. Muchos miembros del equipo se han unido a nosotros recientemente, añadiendo sus experiencias y habilidades. Es alentador ver cómo el alcance crece gracias a sus notables esfuerzos. Pero cualquier empresa duradera debe mantener su enfoque en la misión original y estar en guardia para evitar irse a la deriva. Por lo tanto, en muchas de nuestras reuniones de equipo, a menudo reitero la única cosa que hacemos en Ligonier: teología, teología, teología. No, no he olvidado cómo contar. La cuestión es recordar lo vital que es la teología no solo para nuestra misión como ministerio, sino para nuestras propias vidas como individuos. Permíteme ilustrar esto.

Quizá hayas visitado el Museo Británico de Londres. Es uno de mis lugares favoritos. Pasar por delante de maravillosas antigüedades de varios milenios de la historia del mundo es impresionante. Cada artefacto cuenta una historia. Pero en una visita reciente, aprendí que no cada artefacto cuenta una historia completa.

Hay una zona en la colección de Mesopotamia con artefactos de Asiria, incluidos algunos de Senaquerib, ese violento rey del que se habla en el Antiguo Testamento. En su época, fue el terror de Oriente Medio, asediando ciudades y sometiendo naciones. Hay un relieve en el Museo Británico del asedio de Laquis, una pequeña ciudad fortificada en la ruta hacia Jerusalén. Los reyes conquistadores paganos solían construir este tipo de monumentos para presumir de sus victorias. La escena representa la espantosa matanza de los israelitas por parte de Senaquerib en Laquis.

¿Qué falta en el Museo Británico? Sabemos que Senaquerib se dirigía a destruir Jerusalén y completar su conquista de Judá (2 Re 18:13-19:37). Cuando los ejércitos llegaron a asediar la capital, el profeta Isaías aconsejó al rey Ezequías que confiara en el Señor para su liberación. No hay ningún artefacto que cuente la victoria de Senaquerib sobre Jerusalén porque nunca ocurrió. La Biblia dice que un ángel del Señor destruyó de la noche a la mañana el ejército del rey extranjero, que interrumpió la campaña militar y regresó a Nínive.

El Señor lucha por Su pueblo. El poderío de los asirios no era rival. A través de las generaciones de Israel se transmitió la verdad de que solo hay un Dios y que Él no está callado (Ex 20:1-20; Dt 6:4; Is 44:6-8).

La palabra teología significa simplemente el estudio de o sobre Dios. La teología no es una actividad académica seca y polvorienta. La teología es el filo de una navaja con la vida y la muerte a ambos lados. Los israelitas tenían una teología correcta y vivieron. Los asirios tenían una teología corrupta y perecieron. Lo que está en juego no puede ser de mayor importancia para cada alma. Jesucristo dijo que conocer a Dios y a quien Él ha enviado es entrar en la vida eterna (Jn 17:3).

Al principio, Adán y Eva conocieron a Dios en verdad y luego suprimieron esa verdad en injusticia, y así la incredulidad destrozó el cosmos y nos arruinó hasta la médula. Desde ese trágico momento de exilio del Edén, en nuestro estado natural estamos en una batalla impía lanzada contra el santo Creador. Que haya guerra entre las naciones y falta de paz entre uno y otro es solo una manifestación de nuestra primera rebelión. Qué lío de pecado hemos hecho, y sin la capacidad de poder salvarnos. Si hemos de ser salvados, debe venir de fuera de nosotros. Sin una buena teología, la realidad es como un rompecabezas con pequeñas piezas, todas desparramadas, sin una imagen unificada. La teología, bien entendida, nos da una imagen de la realidad para ayudarnos a dar sentido al rompecabezas. Nos guía para recomponer las piezas, así como la imagen de la caja del rompecabezas, para que entendamos el mundo y a nosotros mismos correctamente. De este modo, la teología informa a todos los ámbitos del conocimiento y la experiencia humana.

El Dr. R.C. Sproul se centró en la teología como disciplina, abarcando todo lo que Dios ha revelado de forma general y particular. La humanidad está alejada de Dios. Como nuestros primeros padres, nacemos siendo supresores de la verdad. Sí, todo el mundo sabe que Dios es, pero no todo el mundo sabe quién es Dios. Ese es nuestro problema fundamental: no sabemos quién es Dios. Y porque no sabemos quién es Dios, no sabemos quiénes somos.

Ministerios Ligonier comenzó en el verano de 1971, justo cuando Estados Unidos estaba saliendo de la turbulenta década de los sesenta. Los cristianos se enfrentaban a un relativismo desenfrenado y a la agitación social. El secularismo se aceleró en la cultura y la teología liberal hizo metástasis en muchas iglesias y denominaciones. Allí, en las laderas de las montañas Allegheny de Pensilvania, cerca de un pequeño pueblo llamado Ligonier, comenzó un pequeño ministerio que buscaba equipar a los cristianos para conocer a Dios de una manera mejor y más profunda y para darlo a conocer. Este esfuerzo de discipulado y formación fue impulsado por el deseo de defender el cristianismo clásico, y esperando ayudar a inundar la cultura con cristianos bien entrenados y articulados que busquen ser fieles en el avance de la Gran Comisión. Por diseño, era una forma de evadir los principales medios de comunicación y a las iglesias establecidas bien financiadas.

Ante la abierta animosidad cultural a la que se enfrenta la Iglesia hoy en día, que sigue creciendo, los que son cristianos solo de nombre se están alejando. Las iglesias sincretistas establecidas, se van evaporando. El futuro de la Iglesia pertenece a los cristianos de convicción. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son, en última instancia, teológicos; para reparar las ruinas, las soluciones deben ser teológicas.

Afortunadamente, a lo largo de los años, Dios ha traído muchos discípulos de la visión del Dr. Sproul que están comprometidos con la difusión del evangelio del Señor Jesucristo y con ver crecer una teología arraigada en las Escrituras en las iglesias de todo el mundo. La labor es intensa, sí, pero la promesa es segura: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (Hab 2:14). Estamos enrolados en ese esfuerzo. Una de las maravillas del evangelio es que hombres y mujeres pecadores sean utilizados para avanzar la misión de Dios en este mundo caído, trabajando en y a través de nuestras batallas con el mundo, nuestra propia carne y el diablo.

En su clásico libro La santidad de Dios, el Dr. Sproul comenta sobre Romanos 12:2:

El método clave que Pablo subraya como medio para la vida transformada es la «renovación de la mente». Esto significa nada más y nada menos que la educación. Una educación seria, profunda y disciplinada en las cosas de Dios. Exige un dominio de la Palabra de Dios. Tenemos que ser personas cuyas vidas han cambiado porque nuestras mentes han cambiado.

Por la gracia de Dios, el enfoque estricto del Dr. Sproul en la enseñanza de la teología ha cambiado muchas vidas. Él creía que todo el mundo es un teólogo y que importa ahora y para siempre si eres un teólogo bueno o malo. El simplemente impartir información a la mente humana es insuficiente. A través de la luz de la Escritura y la obra del Espíritu Santo, empezamos a comprender el carácter santo de Dios y nos damos cuenta de nuestra pecaminosidad. La Iglesia debe redescubrir el compromiso inquebrantable de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Esta no es solo una declaración de la misión de Ministerios Ligonier, es el llamado de todo creyente. Si se diluye el carácter de Dios, se debilita nuestra capacidad de alcanzar a los incrédulos con el evangelio. Las estrategias misioneras bien intencionadas que se centran en el crecimiento por el solo hecho de crecer pueden dar beneficios temporales, pero tales estrategias no desarrollarán discípulos sanos ni plantarán iglesias sanas. La actividad ministerial con poca visión de futuro no es sostenible. El compromiso teológico en aras de los números es fatal.

Aunque el pueblo de Dios se ha visto a menudo consternado por circunstancias que escapan a su control, el progreso de la misión de Dios en este mundo es seguro. Nosotros, como el siervo de Eliseo en otro momento angustioso en el que los israelitas se vieron amenazados, tenemos la tentación de preocuparnos por las nubes de tormenta que se acumulan. Pero debemos recordar que «los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (2 Re 6:16).

Al cumplir Ligonier su quincuagésimo año de ministerio, damos gracias por la bendición de Dios en nuestro pasado. Sin embargo, es evidente que tenemos la oportunidad de servir al pueblo de Dios como nunca antes. Hay mucho trabajo por hacer entre las naciones. ¿Podrías orar para que Dios despierte a más personas y le vean como Él realmente es? Que podamos ver una recuperación de la verdadera teología en la que hombres y mujeres, niños y niñas tengan una relación restaurada con Dios el Padre a través de Dios el Hijo y a través de la poderosa gracia de Dios el Espíritu Santo, y vivan vidas fructíferas ahora y para siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Larson
Chris Larson

Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.

Discipulando personas que están heridas

9Mark

Serie: CLASES ESENCIALES: DISCIPULADO

Clase 10

Discipulando personas que están heridas

Por: Capitol Hill Baptist Church

Introducción

Imagina estas situaciones:

  • Un amigo cercano llama, su esposa acaba de morir en un accidente trágico.
  • Uno de los miembros de tu grupo pequeño acaba ser despedido de su trabajo.
  • Tu esposa sufre un dolor crónico que afecta todo lo que hace.
  • Una joven esposa viene a tu puerta llena llorando. Su esposo acaba de empacar y dijo que la abandonaba.

¿Cómo respondes a estas situaciones? ¿Qué haces? ¿Cómo oras? ¿Cómo oras por esta persona? ¿A qué lugar de la Escritura vas? ¿Cómo das consuelo?

Vivimos en un mundo caído que muchas veces trae dolor, dificultad y sufrimiento. Para ser un buen discipulador es importante pensar en cómo ministrar a aquellos que están heridos.

Aunque nuestro estudio de hoy no será comprensivo, espero que sea una buena introducción al tema.

Lo que estamos pensando hoy es lo que los teólogos llaman una teología del sufrimiento. Cuando estudiamos una teología del sufrimiento somos forzados a hacer varias preguntas:

  • ¿Cómo veo el sufrimiento?
  • ¿Cómo es que mi visión del sufrimiento da forma a mi fe?
  • ¿Hay alguno de mis pensamientos sobre el sufrimiento que no sea bíblico?
  • ¿Cómo es que mi visión del sufrimiento da forma a la manera que cuido de los demás?

Para la mayoría de las personas (¡incluyendo muchos cristianos!), es una regla general buscar placer y evitar el dolor a toda costa. Sin embargo, lo que encontramos en la Escritura es que Dios utiliza el sufrimiento como un medio para ayudarnos a crecer en intimidad con Él y para darle más gloria. John Piper escribe:

«Debemos hablar de tal manera que hagamos que sufrimiento parezca normal y útil, y que no es una sorpresa en esta era caída. Los esfuerzos de la cultura norteamericana están casi todas diseñadas para construir una cosmovisión opuesta en nuestra mente. Aumentar la comodidad, la facilidad y la seguridad. Eliminar todas las decisiones que puedan traer incomodidad, problemas, dificultad, dolor o sufrimiento. Añade este esfuerzo cultural a nuestro deseo natural de gratificación inmediata y placer efímero, y el poder combinado para debilitar la satisfacción superior del alma en la gloria de Dios a través del sufrimiento es grande.» (John Piper, Counseling Suffering People [Aconsejando a personas que sufren], JBC, invierno 2003)

¿Qué dice la Biblia acerca del sufrimiento? 

  • La Biblia es realista y honesta acerca del sufrimiento en un mundo caído. No pinta una imagen «optimista» de la vida cristiana, sino que es directa acerca de las dificultades que enfrentamos como creyentes (Génesis 3:16-192 Pedro 3:8-224:12-19).
  • Dios es totalmente soberano y totalmente bueno. (Isaías 40; Lucas 18:19). Sabemos de la Escritura que esto es verdad, aunque en tiempos difíciles nuestro intelecto o sentimientos nos llevan a negarlo. Nuestra mente pregunta, «¿Por qué un Dios bueno permite que le sucedan cosas malas a las personas buenas?» Nuestros sentimientos nos dejan ver lo muy heridos que estamos y por eso dudamos de la bondad de Dios. La verdad es verdad, aun cuando estamos luchando. Esa es una realidad a la que necesitamos aferrarnos AHORA MISMO. En lugar de negar a Dios, necesitamos clamar a Dios. Clamar a Dios es una manera de reconocer su soberanía y bondad, aun en medio de la confusión y el dolor. La cruz (la muerte de Cristo por nosotros) es de hecho la evidencia principal de la soberanía (Hechos 4:27-28) y  bondad de Dios (Romanos 5:8).
  • Al mismo tiempo, el hombre es pecador y responsable de sus acciones (Romanos 3:23; Gálatas 6; Filipenses 2:12-13). El pecado viene del hombre no de Dios. Decir lo contrario sería una blasfemia contra un Dios Santo. El hombre tiene una responsabilidad total en las decisiones pecaminosas que toma. Salomón describe como el necio cosecha necedad sobre su cabeza a través de la vida que vive.
  • Dios utiliza todo para sus buenos propósitos. Los hombres y las mujeres toman decisiones pecaminosas que los hieren a ellos mismos y a los demás, y cosechan dificultades en su propia vida y la vida de los demás. Dios usa todo (incluyendo nuestra decisión necia y sus consecuencias) para sus buenos propósitos (Génesis 50:20Romanos 8:28).
  • Dios construye cosas buenas en la vida de sus hijos, aun a través de las circunstancias difíciles. Las circunstancias difíciles no son agradables. El dolor es real y no es placentero. En consecuencia, las personas muchas veces interpretan el sufrimiento como un castigo de Dios. Sin embargo, la Escritura dice que Dios utiliza el sufrimiento para formar y moldear a sus hijos. No debemos desanimarnos porque nuestro sufrimiento «da fruto apacible de justicia» a los que en ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:5-11).
  • ¿Cómo debemos responder al sufrimiento como cristianos: volvernos a Dios y no alejarnos de Él. [Ejemplos de capellanía.] Para aquellos que están padeciendo sufrimientos hay muchas preguntas que deben ser respondidas, como «¿qué hacemos para que las cosas mejoren?» o «¿por qué está sucediendo esto?» Sin embargo, la pregunta más importante que una persona puede hacer y responder es: «¿Hacia quien nos volvemos en medio de nuestro sufrimiento?» Debemos confiar en la bondad soberana de Dios (Salmo 42:51156:3).

¿Cuáles son los propósitos de Dios en el sufrimiento?

En un mundo que normalmente vive para el placer y evita el dolor, los cristianos deben luchar por la tendencia a evitar el sufrimiento. El sufrimiento no es algo insignificante. Dios tiene propósitos para nuestro sufrimiento. Nosotros ciertamente no podemos entender todos los propósitos de Dios para el sufrimiento, pero podemos entender algunos porque son revelados en la Escritura.

  • El sufrimiento nos da una oportunidad para destacarnos como cristianos en un mundo que no honra a Dios. Debemos tener como un privilegio el sufrir como cristiano; no debe haber vergüenza en ello. «Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello» (1 Pedro 4:16).
  • El sufrimiento nos enseña a depender de Dios y no de nosotros mismos. Lo que es sufrimiento muchas veces hace en nosotros es que elimina los aspectos superficiales de nuestra vida, es como cuando pelamos una cebolla hasta llegar al centro. Lo que encontramos cuando llegamos al centro es la fealdad y falsedad de nuestro pecado; no queremos confiar en Dios o construir nuestra vida alrededor de Él. Queremos ser auto-dependientes y autosuficientes. Sin embargo, el sufrimiento nos enseña a volvernos de nuestra auto-dependencia y en lugar de eso volvernos hacia Dios. «Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia… pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Corintios 1:8-9).
  • El sufrimiento nos enseña los decretos de Dios. «Bueno me es haber sido humillado,
    Para que aprenda tus estatutos.» (Salmo 119:71).
  • El sufrimiento nos hace madurar hasta convertirnos en personas piadosas que el Señor está moldeando por Él mismo. «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna» (Santiago 1:2-4).
  • El Salvador recibe gloria a través de nuestro sufrimiento. «Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría» (1 Pedro 4:13).
  • El sufrimiento hasta nos permite compartir la gloria del Hijo. «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados» (Romanos 8:17).

Es la prerrogativa de Dios permitir el sufrimiento. El dolor puede insignificante o significativo. Considera esto por un momento: Dios pudo haber escogido dejarnos en nuestro dolor y no hacer nada al respecto. Sin embargo, en su misericordia y porque el dolor no está más allá de la soberanía de Dios, Él utiliza el sufrimiento para traer mayor gloria hacia sí mismo y para formarnos más a su imagen.

Es nuestro privilegio y gozo ser partícipes del sufrimiento ya que Dios recibe gloria a través de ello.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

¿Cómo preparamos a nuestros amigos del discipulado para el sufrimiento?

El mejor momento para aprender acerca del sufrimiento no es en medio de una crisis. La mejor manera de preparar a alguien para el sufrimiento es reflexionando sobre una teología del sufrimiento cuando los tiempos son buenos.

  • Toma tiempo para hablar acerca del sufrimiento. Generalmente, en nuestras relaciones de discipulado solo hablamos acerca de las dificultades cuando estamos experimentando sufrimiento. No esperes a que llegue el sufrimiento para hablar acerca de ello. Si estás discipulando a alguien, haz que sea una prioridad hablar acerca del sufrimiento antes de que llegue. Sabemos que todo el mundo pasará por algún sufrimiento (en mayor o menor grado) en su vida. Por tanto, no se trata de un asunto de si el sufrimiento llegará sino
  • Ayúdales a eliminar los conceptos mundanos acerca del sufrimiento. Para la mayoría de los cristianos, hay algunas afirmaciones mundanas que influencian sus pensamientos acerca del sufrimiento. Ayúdales a desenredar las afirmaciones mundanas de su sufrimiento. Por ejemplo: mencionamos anteriormente como las personas consideran que el sufrimiento es algo malo. Ayúdales a darse cuenta que esto es contrario a la Escritura; el sufrimiento es una parte normal de la vida cristiana.
  • Estudia los propósitos de Dios para el sufrimiento según lo revelado en su Palabra. ¿Por qué? Eres más capaz de otorgar un significado piadoso al sufrimiento en medio de las dificultades si tienes tiempo para estudiar con antelación los propósitos de Dios según son revelados en la Escritura.
  • Estudia el sufrimiento utilizando buenos artículos y libros cristianos. Debido a que los autores cristianos han luchado con este tema por cientos de años, hay muchas cosas buenas escritas sobre el tema. Dos recomendaciones de libros: el libro de Steve Estes y Joni Erickson Tada titulado When God Weeps [Cuando Dios llora] o el libro de Don Carson How Long Oh Lord? [¿Por cuánto tiempo Dios?].
  • Construye relaciones antes de que llegue el sufrimiento. Como discipulador, puedes conocer mejor a la persona cuando las cosas no están tan difíciles—puedes explorar más de su vida, conocer sus fortalezas y debilidades y aprender acerca de ellos cuando las cosas están bien. Si construyes la relación en los tiempos buenos tendrás un fundamento sobre el cual trabajar cuando las cosas se pongan difíciles.
  • Enfócate en la fe. Recuérdales que los problemas llegarán y que deben prepararse para responder a ellos con fe (Juan 16:33).
  • Ayúdales a construir un fundamento en la bondad y soberanía de Dios. Cuando los cristianos luchan con el sufrimiento, ya sea que se den cuenta o no, lo que hacen muchas veces es dudar del carácter de Dios (Lucas 6:47-48). Ellos dudan de la bondad o de la soberanía de Dios o de ambas cosas. Puedes ayudar a preparar a las personas para el sufrimiento construyendo en ellos un entendimiento firme del carácter de Dios, especialmente de su bondad y soberanía. Una de las mejores cosas que puedes hacer como discipulador es estudiar el carácter de Dios con tu amigo cristiano, no solo con el fin de prepararlo para el sufrimiento sino porque le ayudará durante toda su vida cristiana.
  • Enséñales a meditar en el evangelio. Antes de que llegue el sufrimiento, construye en ellos el hábito de consultar y meditar regularmente sobre las verdades del evangelio. Ayúdales a recordar que Dios envió a su Hijo a sufrir en su nombre.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro amigo discipulado cuando los tiempos son difíciles?

  • Como discipulador y miembro de la misma iglesia, debes aceptar tu responsabilidad del pacto para ser partícipe de su sufrimiento. Nuestro pacto dice, «para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan» (1 Corintios 12:25-26). Si una persona lucha, no todos sentimos su dolor literalmente, pero si debemos mostrar preocupación por la persona. (Hablando de manera práctica, en una iglesia de 800 personas no podemos todos mostrar preocupación con el mismo nivel de involucramiento; algunos estarán directamente involucrados, mientras otros lo estarán en un segundo plano y orarán.)
  • Está presente cuando llegue el sufrimiento. No permitas que las personas experimenten el sufrimiento a solas. A pesar de sus muchos comentarios necios, debemos seguir dándole el crédito a los amigos de Job por la manera como lo cuidaron al principio de sus pruebas. Cuando fueron donde él se angustiaron mucho por los sufrimientos de Job. Después de un primer lamento y de rasgar sus vestidos, ellos siguieron la costumbre judía y se sentaron con él en silencio por siete días y noches. ¿Por qué? El texto dice: «Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande» (Job 2:13). Tu presencia en medio del sufrimiento es un medio poderoso de cuidar de los demás.

[Historia: Si hay tiempo, contaré la historia del hospital acerca del camionero y su esposa que perdieron su bebé. Él lloró como un bebé luego que la enfermera les llevó el niño muerto y les permitió sostenerlo, yo me senté en silencio por un largo tiempo y no sabía que decir. Finalmente, oré por ellos y me fui. Me sentí incompetente e inútil porque me senté en silencio por un largo tiempo y no supe que decir. Más tarde, me di cuenta lo mucho que significó para ellos el que solo me senté con ellos en medio de su dolor.]

  • Sé un embajador de consolación. Tienes un deber de mostrar consolación a los demás debido a que Dios primero lo hizo por ti. Pablo escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (2 Corintios 1:3-4). No acapares la consolación que has recibido. Dios te consuela para que puedas consolar a otros. ¿Cómo hemos sido consolados? Por el evangelio. Dios envió a su Hijo a morir por nuestros pecados para que no tuviéramos que soportar la ira de Dios que merecíamos. ¡Qué buenas nuevas es eso para nuestros oídos! ¡Cuán consolador debe ser eso para nuestros corazones! Dios cuidó de nosotros al convertirse en el sacrificio principal en nuestro nombre—al enviar a su Hijo a morir por nosotros.
  • Ponte en la disposición de hacer sacrificios por los demás (Gálatas 6:10). Sufrir nunca parece llegar en un momento conveniente. No puedes programar una crisis en tu zarzamora y esperar que se ajuste perfectamente al tiempo asignado. Muchas veces las situaciones difíciles surgen cuando no tienes el tiempo para dedicarte a los demás. Por tanto, sería muy probable que requiera que como discipulador hagas sacrificios de tu tiempo para cuidar de una persona que tiene una lucha.
  • Instruye gentilmente en la dificultad pero principalmente consuela en la crisis. En medio de una situación difícil las personas pueden rápidamente abrumarse por las emociones y confundirse acerca de lo que deben hacer. Gentilmente y con gracia instrúyeles y guíales si necesitan ayuda, pero tu objetivo principal es mostrar consolación en medio de una crisis.
  • Reafirma el carácter de Dios: habla acerca de la misericordia y la bondad de Dios (2 Samuel 24:14Salmo 34:8). En medio de sus luchas las personas muchas veces buscan respuestas a las preguntas difíciles: «¿Por qué mi hijo está muriendo de cáncer?» «¿Por qué mi esposo tiene que morir ahora de un infarto?» «¿Por qué perdí mi trabajo; es que a Dios no le importa?» No te sumerjas en una discusión abstracta y teórica acerca de teología (por ejemplo: no trates de explicar el problema de maldad y como un Dios bueno puede permitir que maldad prevalezca). Enfoca tu conversación en reafirmar el carácter de Dios y su necesidad de confiar en su misericordia y bondad.
  • No trates de explicar lo que no sabes. Puede que no tengas una buena respuesta con algunas de estas preguntas «por qué.» No te sientas como que necesitas elaborar una respuesta o que has fallado en tu discipulado cristiano. Está ben decir «no sé.» Y luego enfoca tus respuestas lo mejor que puedas en las verdades fundamentales que han sido reveladas a nosotros en la Escritura. En lugar de tratar de responder las preguntas que no sabes, responde lo que sabes: el evangelio. En su sufrimiento, recuérdales verdades del gran evangelio como el carácter misericordioso y amoroso de Dios; el sacrificio suficiente del Salvador sufriente en nuestro lugar, etc.
  • La verdad siempre es verdad y el pecado siempre es pecado (Jeremías 10:10-11Romanos 6:23). En medio de una crisis, la verdad en blanco y negro y el pecado puede muchas veces convertirse en gris. Algunas veces las personas pueden comenzar a reconstruir su teología del sufrimiento en medio de una crisis. Cuando eso suceda, asegúrate de permanecer firme en lo que sabes que es verdad y lo que sabes que es mentira.
  • Ora con ellos y/o por ellos. Una de las cosas más consoladoras que puedes hacer por una persona es orar por ellos en medio de sus luchas. Ellos pueden no saber cómo orar porque están abrumados por sus luchas. Ora palabras de consuelo. Permite también que tus oraciones sean instructivas, dirigiendo su mente y corazón hacia verdades que pueden ser difíciles de enfocar en medio de su lucha. Para los creyentes que pueden hacerlo, ofrece orar con ellos. Es una motivación orar juntos e ir ante el trono juntos (Efesios 1:15-23).
  • Piensa como servirles de manera práctica, especialmente en medio de una crisis (Gálatas 6:13). Una de las primeras preguntas que puedes hacer cuando una persona está pasando por una lucha o crisis es, «¿Qué puedo hacer para ayudarte?» Piensa de manera práctica en lo que se refiere a ayudar a una persona que está luchando.

[Dos ejemplos: (1) Timmy se quedará con el carro de su papá luego del infarto. Justo después de que mi papá murió, Timmy se presentó y preguntó que podía hacer para ayudar. Él se dio cuenta de que el carro de papá aun estaba esperando en Newark y lo rescató en solo minutos antes de que fuera retirado por la grúa. (2) El miembro de la iglesia que respondió el teléfono por el pastor que mató a alguien en un accidente de automóvil. La mujer se presentó en la casa del pastor y se ofreció a lidiar con la gran cantidad de llamadas que sabía que llegarían una vez que la voz se difundiera en la iglesia.]

  • No temas pedir ayuda externa. Como discipulador, habrá momentos cuando estarás agobiado por las dificultades de tu amigo que está siendo discipulado. No temas buscar consejo externo (especialmente de pastores, o de otros miembros piadosos), y acércate a otros si no estás seguro sobre cómo ayudar. Estar abrumado o el hecho de que los demás tienen más conocimiento sobre cómo ayudar en un problema específico, pueden ser indicadores de que debes buscar ayuda externa.

En conclusión –

  • Discipular personas que están heridas comienza cuando los tiempos son buenos para edificar un fundamento sólido para cuando lleguen los tiempos difíciles.
  • Lidiar con las dificultades y las crisis requiere de discernimiento, mucha oración, amabilidad y consolación y una disposición a ayudar.
  • Alabado sea Dios por el privilegio que tenemos de guiar a otros que están sufriendo hacia la bondad y la misericordia de Dios.

CHBC

Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos