¿Cómo ser un mal Sacerdote de tu Hogar?

¿Cómo ser un mal Sacerdote de tu Hogar?

Por: José Luis Salinas Orozco.

El término «sacerdote del hogar» no se encuentra en las Escrituras, sin embargo, es funcional para definir la labor paternal y espiritual del padre sobre su familia. A continuación, escribiré cinco puntos en los que solemos fallar como padres de familia en nuestra responsabilidad ante nuestros hijos, esposa y ante Dios.

Escribo esto con mucha reverencia ante la gran labor que tenemos los padres de familia como cabeza de nuestro hogar. Es decir, primero, escribo esto como una reflexión personal. Segundo, como consejos para compartir con quienes se encuentran donde yo me encuentro.

Introducción

Dios ha instituido tres tipos de gobernantes sociales como representantes suyos en autoridad humana, pero delegada por Dios. Me refiero a que hay tres tipos de gobiernos a quienes Dios les pedirá cuentas y que al mismo tiempo ha dado privilegios de ser sus embajadores de justicia en la tierra. Estos son: Los ancianos de la Iglesia1, los magistrados civiles2 y los padres de familia3.

En esta economía familiar, el padre es la cabeza de este gobierno4. Esto quiere decir dos cosas para los hombres, padres de familia. Quiere decir que tenemos un privilegio incomparable: ser el representante y gobierno de Dios en la Tierra. Esto trae privilegios de ser quien toma las decisiones y puede guiar en la verdad a su familia. Sin embargo, también conlleva un gran encargo. Dios será quien le pedirá cuentas por lo que hizo o lo que dejó de hacer. Una responsabilidad que no tiene nuestra esposa, por ejemplo. A quien se le ha dado más, se le exigirá más.

Habiendo dicho esto, mencionaré cinco errores comunes y acentuados por nuestra cultura pop y pensamiento progresista. Cinco errores son pocos, pero diré cinco porque creo son los más importantes y abarcan otros errores que no están enlistados:

1. Descuida tu Vida Espiritual.

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil porque la cadena se rompe siempre en su punto más débil. La familia es más que una cadena, es una torre, donde el cimiento principal es el padre. Si el padre cae, la familia suele caer. Por lo cual, si quieres fallar como sacerdote de tu hogar, descuida los medios de gracia para ti mismo (la Palabra, los sacramentos, la oración, etc.).

No seas estricto en tu santificación. Toma a la ligera tu labor como padre y como esposo. Descuida tu corazón dejando que se pervierta y complazca con las vanidades de este mundo. No tendrás que enseñarlo a tus hijos, ellos verán inmediatamente tu descuido familiar.

2. Profana el Día de Reposo.

Usa el domingo como un sábado familiar, pero con culto dominical matutino. Dedica solo dos horas de culto público en el día y utiliza el resto del día para que tus hijos pequen contra Dios. No prepares el corazón de tu familia desde el sábado por la noche, ni dispongas el corazón de tu familia desde el domingo por la mañana.

Haz las compras de la semana, adelanta trabajo, que tus hijos hagan las tareas que olvidaron hacer el viernes o sábado, sintoniza un deporte, pierde tu tiempo en redes sociales e invita a tu familia a hacer lo mismo. Además, no enseñes a tus hijos el culto privado, las oraciones extendidas, la meditación de la Palabra, ni la importancia del culto público vespertino. Da la impresión a tus hijos que el Día del Señor es solamente las Dos Horas del Señor.

3. Olvida el Culto Familiar.

La semana no es para Dios tampoco. En tanto que «[el día del Señor] será día de reposo» es totalmente ignorado, «seis días harás toda tu obra» lo cumplimos al pie de la letra, de modo que no tenemos un espacio familiar para Dios.

Que el culto familiar sea tan ignorado en tu práctica paternal que tus hijos ni siquiera conozcan la bendición de reunirse diariamente a orar por sus vidas, a compartir sus cargas, a meditar en la Palabra y a unirse en la adoración por medio del canto de los salmos. Tu hijo necesita educación secular, no espiritual.

4. Descuida el Bautismo y sus bendiciones.

No bautices a tus hijos. Cuando crezcan diles que no hay seguridad de que sean salvos sino hasta que tengan una edad suficiente para ser salvables. Ignora las bendiciones familiares que Dios ha prometido a los hogares de los creyentes. Vuestros hijos no son santos, no son apartados. No les des la impresión que ellos tienen un deber de rendirse a Dios en arrepentimiento y fe desde pequeños. No les recuerdes el deseo y oferta de Dios: «yo seré tu Dios y el de tus hijos»5.

5. Descuida tu Matrimonio.

Viola flagrantemente: «ama a tu esposa, como Cristo amó a la Iglesia»6. Descuidar el amor es la fórmula perfecta para la desintegración familia, hazlo y cumplirás tu cometido. No fortalezcas el vínculo matrimonial. Descuida tu deber conyugal7. Llega siempre cansado a tu casa, lleva tus problemas de oficina a tu hogar, descuida tus finanzas, mantén relaciones dudosas con otras mujeres. La fórmula perfecta para un divorcio técnico o práctico.

Conclusión

Haz todo esto y fracasarás rotundamente como sacerdote de tu hogar. Probablemente, no tendrás los peores hijos del mundo. Puede ser que tengas hijos morales o que sean pastores y misioneros. Pero tendrás hijos doctrinalmente débiles y con un carácter lejos de la piedad cristiana. Puede ser que tengas hijos líderes de iglesia, pero tendrás hijos que pervierten la verdad y corrompen la adoración y la unidad de la Iglesia.

Empero, si quieres tener hijos de la promesa conforme al corazón de Dios: Retén la sana doctrina y enséñala a tu familia. Guarda tu corazón y el de tu familia. Instruye a tiempo y fuera de tiempo. Recuerda la Palabra a tu familia en el camino, en la comida y al dormir. Así tendrás una familia que trasforma la sociedad y no una familia que se adapta a sus vanidades.

El guardar el Día de Reposo es la evidencia visible que tienes un Señor y que te rindes a sus mandamientos. Significa que estás comprometido con deleitarte en Él y no en las vanidades del mundo. Significa que quieres que tus hijos reciban las promesas en su corazón y que disfruten de Su Salvador.

«¿Por qué el encargo de guardar el día de reposo es más especialmente dirigido a los que gobiernan las familias y demás superiores?

»El encargo de guardar el día de reposo es más especialmente dirigido a los que gobiernan las familias, y demás superiores, porque ellos están obligados, no solo a cumplirlo ellos mismos, sino que tienen que velar para que quienes están bajo su responsabilidad, también lo guarden; y porque muchas veces ellos tienden a estorbarlos obligándolos a trabajar en las ocupaciones de ellos mismos».

Si quieres ser un verdadero sacerdote de tu hogar vela por el culto familiar. Como Joel Beeke indica: «El culto familiar regular hará que nuestros hogares sean lugares más benditos para vivir. Los hará más armoniosos; más santos. Los ayudará a honrar a Dios»8.

Si quieres ser un verdadero sacerdote de tu hogar administra a tus hijos la bendición, sello y señal del bautismo; dale la importancia que la Escritura le da. No lo relegues a una «doctrina secundaria», porque en la Biblia es todo menos secundaria. Como dice la Segunda Confesión Helvética: «“el Reino de Dios es de los niños”, y estos están incluidos en el pacto de Dios. ¿Por qué, pues, no deben recibir la señal del pacto de Dios? ¿Por qué no deben ser consagrados por el santo bautismo, teniendo en cuenta que ya pertenecen a la Iglesia y son propiedad de Dios y de la Iglesia». No les quitemos la bendición a nuestros hijos.

Si quieres ser un fiel sacerdote de tu hogar ama a tu esposa.  Mira a Cristo en su amor por nosotros e imítalo hasta el cansancio. Sé diligente en el cuidado y cultivo de tu relación matrimonial. No dejes que las vanidades del mundo te inviten a pecar de ningún modo.

Sé diligente con tu labor de padre y recibe las bendiciones que Dios tiene preparadas para quienes tenemos esta labor: «Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: “Ciertamente yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí para siempre… porque yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco”». 1 Samuel 2:30 NBLA.

Para gloria de Dios.


1 Hechos 20:28.

2 Romanos 13:1-4.

3 Génesis 18:19.

4 Efesios 5:23.

5 Génesis 17:7 comp. Hechos 2:38-39.

6 Efesios 5:25-33.

7 1 Corintios 7:5.

8 El Culto Familiar, Joel Beeke.

Artículo tomado de: https://fereformadagt.wordpress.com/

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Esclavos de Cristo

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Bienaventurados son el esposo y la esposa que continúan afectuosos, considerados y amantes después que las campanas nupciales han dejado de sonar.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que son tan condescendientes y corteses el uno con el otro como son con sus amigos.

1Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 5Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
7Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1 Pedro 3.1–7).

Bienaventurados son aquellos que tienen un sentido de humor, porque este atributo será un medio disponible para absorber el impacto de los embates de la vida.

Bienaventurados son los que aman a su cónyuge más que a ninguna otra persona en el mundo y que alegremente cumplen su promesa matrimonial de fidelidad y de ayuda mutua por ambas partes.

Bienaventurados son los que llegan a ser padres, porque los hijos son la herencia del Señor.

Bienaventurados son aquellos que dan gracias a Dios por el alimento antes de participar de él y que separan algún tiempo cada día para la lectura de la Biblia y la oración.

Bienaventurados son aquellos cónyuges que nunca se hablan uno al otro en voz alta y que hacen de su hogar un sitio donde nunca se oye una palabra desalentadora.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que fielmente asisten a los cultos de adoración de la iglesia y que trabajan juntos en la iglesia para la extención del Reino de Cristo.

Bienaventurada es la pareja que tiene una comprensión completa de los asuntos financieros y que delinea un plan de sociedad con el dinero que recibe.

—Heraldo Cristiano—Habana, Cuba.

Algunas otras Bienaventuranza después de meditar…
Bienaventurados son los esposos que se someten a lo que Dios ordena en Su Palabra, la esposa que se somete a su marido y el esposo que ama a su esposa.

Bienaventurados los esposos que dependen de la gracia de Dios cada día.

Bienaventurados los esposos que no se ocultan nada y que se tienen confianza como la tuvieron Adán y Eva en el huerto; desnudos de cuerpo y de alma, el uno para con el otro y de nada se avergüenzan.

Bienaventurados aquellos esposos que se esfuerzan día a día por trabajar para traer el sustento a sus hogares.

Bienaventurados los esposos que ponen a Dios en el inicio de su día y que antes de dormir claman a Dios juntos.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos de Dios por cada momento que les permite vivir juntos.

Después de 2 años de matrimonio puedo decir que…

Bienaventurados los esposos que pese a las dificultades confían en Dios.

Bienaventurados los esposo que saben perdonar y cubrir las faltas de su cónyuge.

Bienaventurados los esposos que se ayudan mutuamente y son un apoyo el uno para con el otro.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos cada día por estar juntos y ser moldeados por el Señor en sus matrimonios.

Bienaventurados los esposos que saben reconocer sus errores y pecados, para arrepentirse y enmendarlos.

Bienaventurados los esposo que siempre recuerdan el día que Dios permitió conocerse.

Bienaventurados los esposos que aman a Dios más que el uno al otro y se comprometen con fidelidad a morir día a día al orgullo…

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com

El narrador magistral

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El narrador magistral

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Me encanta una buena historia. Sin embargo, he descubierto que la mayoría de las historias, especialmente las más recientes, no son tan buenas. Las historias verdaderamente buenas son típicamente muy antiguas. Han superado la prueba del tiempo. No solo se comunican con nuestras mentes y conectan nuestros corazones con sus personajes, sino que también llegan a lo más profundo de nuestras almas. Las buenas historias nos hacen reír y llorar. Nos retan y nos consuelan. No nos dejan iguales.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Hace poco tiempo, terminé de leer el clásico de Víctor Hugo «Los Miserables». Tan pronto como puse el libro de nuevo en el estante, me sentí atraído a leerlo otra vez, ya que solo después de terminar de leer el libro sentí que entendía todo lo que Hugo comunicaba desde la primera página. Las buenas historias son así. Los buenos narradores ofrecen a los lectores atentos un lente a través del cual pueden apreciar el mensaje principal de la historia. Una vez que los lectores lo ven, quieren leer la historia de nuevo, porque ahora entienden de qué se trata. Se sienten como si hubieran descifrado su código y como si incluso fueran parte de la historia.

Nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje.

Esta es una razón por la que a los niños les encanta leer los mismos cuentos una y otra vez antes de dormir, y es por eso que como cristianos nos encanta leer la Biblia una y otra vez. Pero ¿cuántas veces has escuchado a un incrédulo o a un ateo profesante decir algo como: «Leí la Biblia una vez, y me di cuenta que no era para mí»? Cuando escucho eso, quiero responder: «En realidad, nunca has leído la Biblia». Puede que hayan leído las palabras, pero no tenían los ojos para ver, los oídos para oír y el corazón para percibir lo que el Autor de la Biblia está comunicando. Ellos no podían entender el mensaje principal del Autor, por lo que no deseaban volver a leerla.

Jesús fue el narrador magistral que, como fue profetizado en el Salmo 78 (ver Mateo 13:35), a menudo enseñó usando parábolas para ilustrar Su mensaje principal. Lo hizo así al menos por dos razones: para confundir a los que lo rechazaron y para iluminar a los que lo recibieron (Marcos 4:11-12). Si alguien piensa que todas las historias de Jesús son confusas, es porque nuestro Dios soberano no le ha dado ojos para ver, oídos para oír o corazón para percibir la verdad salvadora del glorioso evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, nosotros como creyentes amamos las parábolas de Jesús, no solo porque son buenas historias bien contadas sino porque el Espíritu Santo nos ha abierto nuestros ojos, oídos y corazones para entender su mensaje. Nos identificamos con los personajes de Sus parábolas, y queremos oírlas una y otra vez mientras descansamos para siempre en el amor pródigo de nuestro Padre por nosotros.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

Madres Piadosas

Evangelio Blog

Madres Piadosas

POR TOM ASCOL

Uno de los mayores desafíos que puede enfrentar un niño es crecer en un hogar donde el padre está ausente o espiritualmente desvinculado. La Biblia es clara en cuanto a que los padres tienen la responsabilidad de tomar la delantera en la guía y el gobierno de sus hogares. El diseño de Dios para las familias prevé que los hijos sean criados en familias biparentales con los padres a la cabeza.

Pero, ¿qué pasa con los niños que crecen en hogares en los que el padre está ausente (física o espiritualmente, o ambas cosas)? ¿Están los niños privados del liderazgo espiritual de un padre condenados a una vida de fracaso? ¿Debe una madre que no tiene el apoyo de su marido para criar a sus hijos resignarse a que éstos salgan mal?

Difícilmente. Una madre piadosa puede tener una poderosa influencia sobre sus hijos incluso en ausencia de un padre plenamente comprometido. El líder de la iglesia del Nuevo Testamento llamado Timoteo lo demuestra de manera significativa.

En 2 Timoteo 1:5, Pablo recuerda a su joven colega su herencia espiritual. “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” Llama la atención la ausencia de cualquier referencia al padre de Timoteo. Evidentemente, Timoteo creció en un hogar donde su padre no era un gran líder espiritual.

De hecho, su padre probablemente no era creyente en absoluto. Cuando leemos por primera vez sobre Timoteo en Hechos 16, se le describe como «hijo de una mujer judía que era creyente, pero su padre era griego» (v. 1). Era el hijo de un matrimonio mixto desde el punto de vista religioso.

La madre de Timoteo, Eunice, se casó fuera de la fe en clara violación de la ley del Antiguo Testamento (véase Deut. 7). Tal vez creció en un hogar donde la fe judía se practicaba sólo nominalmente o tal vez simplemente se rebeló contra sus padres. En algún momento, quizás en el primer viaje misionero de Pablo (Hechos 14:6), se convirtió en creyente.

Cuando Pablo escribe su última carta a Timoteo, puede describir la fe de Eunice como «sincera» y como si hubiera comenzado antes que la de Timoteo. El silencio con respecto al hombre de la casa es ensordecedor. Tanto si estaba vivo o muerto, como si era religioso o no, Pablo no da ninguna pista de que el padre de Timoteo proporcionara alguna orientación espiritual a su hijo.

Las primeras lecciones de formación espiritual que recibió Timoteo vinieron de su madre y su abuela. Pablo lo reitera cuando le recuerda a Timoteo que «desde la infancia conoces las sagradas escrituras» (2 Tim. 3:15). ¿Quién le enseñó a Timoteo la Biblia cuando era niño? No su padre. Su madre y su abuela se encargaron de que aprendiera las Escrituras de niño.

Algunos de los siervos de Dios más útiles a lo largo de la historia tienen una gran deuda espiritual con sus madres. El gran líder de la Iglesia de los siglos IV y V, Agustín, tenía un padre violento e incrédulo y una madre piadosa, fiel y cristiana. Fueron las oraciones llenas de lágrimas de su madre, Mónica, las que Dios utilizó para sacarlo de su despilfarro de joven y dirigir su corazón hacia la gracia de Dios en el Evangelio.

Del mismo modo, John Newton, el autor de “Sublime Gracia,” fue criado por una madre piadosa y un padre impío. De su madre aprendió a memorizar himnos, respuestas del catecismo y las Escrituras, todo ello antes de que ella muriera cuando él tenía siete años. Fueron esas lecciones tempranas las que Dios trajo a su mente cuando era joven y las que utilizó para salvarlo de una vida de comercio de esclavos y libertinaje.

Aunque el padre y el abuelo de Charles Spurgeon eran pastores, él se refiere regularmente en sus sermones y libros a la influencia espiritual ejercida sobre él por su madre.

En una ocasión, Eliza Jarvis oró estas palabras en presencia de sus hijos: «Ahora, Señor, si mis hijos siguen en sus pecados, no será por ignorancia que perezcan. Y mi alma debe dar un rápido testimonio contra ellos en el día del juicio si no se aferran a Cristo». Spurgeon escribió más tarde acerca de esa oración, señalando que el «pensamiento de que una madre diera un rápido testimonio contra mí, atravesó mi conciencia y conmovió mi corazón.»

El llamado a ser madre es una vocación muy elevada. Incluso cuando la vida en el hogar está llena de dificultades y desafíos, una madre cristiana tiene una gran oportunidad de influir en sus hijos para Cristo. Su familia es su campo de misión, y como todos los misioneros fieles, ella debe confiar en que el Señor le suministrará la gracia para enfrentar todos los desafíos mientras busca aprovechar todas las oportunidades para impactar a la nueva generación con el evangelio.

http://www.evangelio.blog

Armando Valdez (cristiano, esposo y padre)

Es un privilegio que el Dios soberano se haya fijado en un pecador como yo para ser objeto de su gracia y redención; y luego permitirme trabajar en Su obra: Su Iglesia. Solo puedo decir «A Dios se la gloria y a Jesucristo».

En este blog he estado publicado artículos de reconocidos autores en su mayoría y que son expositores fieles a la Palabra de Dios. Algunas son traducciones que he estado realizando, tengo aun pendientes más artículos por traducir que estan en proceso. Pido a Dios que me siga permitiendo hacerlo y a ustedes lectores si me pueden considerar dentro de sus oraciones, se los agradecería. Todo es para Su gloria. Agradezco todos sus comentarios. Se que no todos podrían estar de acuerdo con lo que dicen ciertos autores pero todos los comentarios son bien recibidos. Deseo que este blog les sea de bendición.

El Fin Principal De La Redención

HeartCry Missionaty Society

El Fin Principal De La Redención

Por: Jonathan Edwards

Muchas veces nos topamos con la idea errónea de que Dios hizo todo lo que hizo por nosotros, sin embargo las Escrituras nos enseñan algo completamente diferente. Aquí en palabras de Jonathan Edwards:

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace.” – Lucas 2:14

“Que la gloria de Dios sea el más alto y último fin de la obra de redención, es confirmado por el canto de los ángeles en el nacimiento de Cristo… debe de suponerse que ellos sabían cuál era el fin de Dios al mandar a Cristo al mundo; y que su regocijo en esa ocasión, sus mentes se regocijaran más en aquello que era más valioso y glorioso de esto, lo cual debe consistir en su relación con su principal y ultimo fin. Y además debemos suponer, que la cosa que principalmente ocupó sus mentes fue la más gloriosa y gozosa en este asunto; y sería lo primero en la canción que era expresar los sentimientos de sus mentes, y la exaltación de sus corazones.”

Jonathan Edwards (Obras, vol.1, p.110)

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

9Marcas

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

1. Estudia las Escrituras de forma temática. Aunque debes estudiar toda la Escritura profunda y ampliamente, puede ser muy útil leer a través de las Escrituras para trazar temas que se encuentran a lo largo de la Biblia. Si estudias la manera en que temas como la creación y la nueva creación, el reposo del sábado, el reinado, el pacto y la morada de Dios en medio de su pueblo se desarrolla a través de la Escritura, obtendrás una visión panorámica de la gloria de Dios y la maravilla de la salvación.

2. Adopta la actitud del Nuevo Testamento hacia el Antiguo Testamento. Mientras estudias el Nuevo Testamento presta atención de cerca a la manera como se cumple, aclara, amplifica y algunas veces reemplaza algo en el Antiguo Testamento. Y mientras lo haces podrás entender la unidad de la Escritura, la unidad de los propósitos salvadores de Dios a través de la historia y la riqueza multifacética de la obra salvadora de Cristo.

3. Estudia el Antiguo Testamento con una visión hacia Jesús y el Nuevo Testamento. Mientras lees el Antiguo Testamento haz preguntas como: «¿Dónde encaja este pasaje en la cronología de la historia redentora? ¿Cómo este pasaje apunta hacia Jesús? ¿Cómo este pasaje da forma al fundamento de lo que un cristiano cree? ¿Cuáles pasajes del Nuevo Testamento ofrecen luz a estas preguntas?».

4. Estudia los libros proféticos del Antiguo Testamento. Los libros proféticos del Antiguo Testamento contienen algunas de las enseñanzas más ricas de la Biblia sobre la vida, ministerio y supremacía de Jesucristo. También profundizan nuestro conocimiento de Dios y apuntan hacia la consumación de la obra salvadora de Dios.

5. Lee un buen libro sobre teología bíblica. Comienza con el libro de  Graeme Goldsworhthy titulado The Goldsworthy Trilogy [La trilogía Goldsworthy] o el de Vaughan Roberts God’s Big Picture: Tracing the Storyline of the Bible [Panorama de Dios: trazando la historia de la Biblia].

Mark Deve

Viviendo santamente como hermano

The Master’s Seminary

Viviendo santamente como hermano

Luis Silva

Vivir en santidad no es para débiles. Requiere paciencia, perseverancia y dependencia. En un mundo cada vez más hostil, vivir una vida santa puede ser un verdadero reto para el creyente, sobretodo porque hoy en día la verdad se ha convertido en algo relativo. Para muchos, simplemente no es relevante. Sin embargo, la Escritura es clara en cuanto a que el creyente debe vivir santamente —independientemente de dónde se encuentre y de la situación que enfrente— puesto que Él es santo (1 P. 1:16). La santidad es una de las doctrinas prácticas del cristianismo. No es algo que solo debes conocer. Toda persona que se haya arrepentido de sus pecados y que confiese que Jesucristo es su Señor y Salvador (Ro. 10:8) tiene el privilegio y responsabilidad de ser un testimonio vivo de la obra regeneradora de Jesús en su vida.

Dios es santo y no cambia, así como tampoco lo hacen sus estándares. La Biblia enseña que «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (He. 13:8). Esta porción del libro de Hebreos es una declaración preciosa de la inmutabilidad de Dios. El creyente puede tener la certeza y seguridad de que es hijo de y sirve a un Dios santo, poderoso y soberano que no cambia, que se ha revelado y se ha dado a conocer desde el principio como tal: «Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo» (Lv. 11:44a). Verdaderamente hay un llamado por parte de Dios a la santidad. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, tanto en Levítico como en 1 Pedro, Dios manda a los suyos a vivir vidas santas porque Él es santo. Él es el mismo. El estándar no ha cambiado, la vara de medición sigue siendo la misma. Hay consistencia en el llamado de Dios a vivir una vida santa. Es un mandato que debe cumplirse. Por eso, todo creyente genuino debe anhelar esta verdad y perseverar en vivir santamente todos los días de su vida.

Relaciones piadosas en familia

Si bien es cierto que el creyente tiene el privilegio de pertenecer a la familia más grande y hermosa que existe sobre la faz de la tierra: la familia de Dios —la Iglesia—, también debe entender que hay relaciones adicionales que deben caracterizarse por la santidad. La familia de cada creyente no es la excepción a esto. El cristiano debe modelar el carácter de Cristo con cada uno de los miembros de su familia. Debe vivir piadosamente, de tal manera que el Señor sea honrado y que no haya oportunidad de ser un mal testimonio. Mucho está en juego. Si verdaderamente el cristiano es quién dice ser: hijo de Dios, habrá evidencia —fruto— como testimonio de ello. R.C. Sproul, en su libro «La santidad de Dios», afirma lo siguiente: «La verdadera fe siempre produce una conformidad real a Cristo. Si la justificación nos sucede, entonces la santificación seguramente la seguirá. Si no hay santificación, significa que nunca hubo justificación»[1]. Si eres hijo de Dios, debes obedecer a tu Señor, buscando agradarle y cumplir su voluntad, «lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Ro. 12:2).

El deseo de Dios de ver a sus hijos viviendo en santidad es hecho manifiesto cuando Jesús ora al Padre, diciendo: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad» (Jn. 17:17). Esto no se refiere únicamente al contexto de la iglesia. No se trata de vivir vidas santas al encontrarse con hermanos en la fe nada más. El cristiano debe «[vivir] de una manera digna de la vocación con que [ha] sido [llamado]» (Ef. 4:1), ya sea en la iglesia, en el trabajo o en casa con su familia.

El pecado mina las distintas relaciones interpersonales, especialmente las relaciones familiares. Por eso, cada día es más común encontrar discordias, pleitos y enemistades entre parientes cercanos. Hay divisiones familiares provocadas por la disputa de herencias o simples desacuerdos, por ejemplo. A menudo, estas roturas llevan a consecuencias muy trágicas: odio, ira, homicidio, violencia, rechazo, venganza o actos atroces. Es de esperarse cuando el Señor no está en medio de una relación, cuando no se vive en santidad sino sujeto a pasiones y emociones bañadas de orgullo y egoísmo. Verdaderamente para el cristiano es muy difícil sostener relaciones piadosas con los diferentes miembros de la familia, si es en sus propias fuerzas.

El camino equivocado

Sin embargo, esto no es nuevo. Dios advirtió a Caín lo siguiente en Génesis 4:7: «el pecado yace a la puerta y te codicia». Sin embargo, Caín hizo caso omiso a lo que sigue: «pero tú debes dominarlo» (Gn. 4:7). Caín lo había experimentado y sabía lo que Dios estaba diciéndole, pero de igual forma no se controló. No dominó ese pecado que tocó a su puerta. Por eso, este hombre pasaría a la historia como el autor intelectual y material del primer caso bíblico de envidia, egoísmo y asesinato. Por primera vez, un hombre levantaba su mano contra su hermano: «Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató» (4:8).

Este triste acto ilustra lo que el pecado es capaz causar en el ser humano. Tan poderoso fue el egoísmo y la envidia que Caín sintió en contra de su hermano Abel, que terminó quitándole lo que Dios le había dado: la vida. Esto trajo consecuencias devastadoras sobre sí mismo y su descendencia. Caín fue maldecido (4:11) y sería «vagabundo y errante» (4:12), viviendo en temor. Una vez que se deja entrar al pecado, causará dolor y devastación. Sin Cristo, las relaciones son duras, sufridas e irreconciliables. Solo viviendo una vida piadosa en completa dependencia del Señor hará que vivas santamente como hermano, a diferencia de Caín.

El camino correcto

Solo un corazón regenerado por Cristo, que anhela vivir agradando a Dios, que renuncia cada día al orgullo y que vive aferrado a su Señor, puede vivir en santidad personal y en cada una de las relaciones interpersonales en las que esté involucrado. Esto incluye las relaciones familiares más cercanas tales como hermanos y primos, entre otros. A lo largo de la Biblia se encuentran enseñanzas sabias que, al ponerlas en práctica en dependencia del Espíritu Santo, harán que el carácter de Dios se forme poco a poco en la vida del creyente. Es indispensable que el cristiano se aferre a la verdad de la Escritura para ser transformado, buscando sabiduría de lo alto para aprender a vivir en santidad. Un ejemplo de ello se encuentra en el libro de Proverbios: «La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa» (Pr. 19:11). Incluso si tu hermano, tu primo, tu sobrino o cualquier otro familiar cercano te ofendió, debes ejercer dominio propio. Debes evitar ser como Caín. Realmente no era algo serio lo que sucedió con Abel. Simplemente se dejó dominar por el pecado. Podría haber no mucha diferencia entre el enojo de Caín y el enojo que llegues a sentir contra tu hermano. Ten mucho cuidado y no te dejes dominar por el pecado, sino que satúrate de la Palabra de Dios, dependiendo de tu Señor en todo momento. Es Él quien es «lento para la ira y abundante en misericordia» (Nm. 14:18), no tú; por lo tanto, aférrate a Él y acude a Él, de tal manera que puedas ser como Él.

Por la gracia de Dios, el cristiano ha sido «[sellado] en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que [le] es dado como garantía de [su] herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria» (Ef. 1:13–14). Por lo tanto, tu vida no puede reflejar nada diferente que una vida consagrada al Señor. Tanto tus padres, como tus hermanos, primos y demás familiares deben ser partícipes de ese testimonio. Además, si alguno de ellos no es creyente, tu responsabilidad es aún mayor. Ten cuidado. No dejes de lado tu testimonio como hijo de Dios. No des lugar para que hablen mal de Cristo. Testifica a todos con tus acciones que eres cristiano. Busca vivir de acuerdo a tu posición en Cristo (Gl. 2:20), «[haciendo] todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre» (Col. 3:17). Recuerda que eres de Dios y, como tal, “no [te] ha llamado a impureza, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

Una vida santa refleja amor por Jesús (Jn. 14:15). Si quieres que tu relación con tu hermano, primo o pariente cercano se caracterice por la piedad, debes primero amar a tu Dios «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc. 10:27). No puedes amar de una manera diferente a esto. No hay atajos. No hay alternativas. Ama a tu hermano, no cedas ante el pecado que toque a la puerta. No cedas a tu orgullo y emociones. Procura siempre su bienestar. Busca agradar a Dios a través de tu trato. Vive para Dios y sé testimonio siempre, amando a todo el que esté a tu alrededor y buscando servir en lugar de ser servido. Comienza por tu casa, por tu familia. Que siempre testifiques de Jesucristo ante el mundo manteniendo relaciones piadosas con tu hermano y tu familia para la gloria de Dios, consistente con la fe que profesas, «estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en [ti] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Fil. 1:6).

[1] R. C. Sproul, La santidad de Dios (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 1998), 141.

El ahora cuenta para siempre

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El ahora cuenta para siempre

R.C. Sproul 

El siguiente artículo apareció por primera vez en la edición de mayo de 1977 de Tabletalk Magazine:

El título de esta sección: «El ahora cuenta para siempre», intenta centrar la atención en la importancia que tiene nuestra vida actual frente al destino eterno al que nos enfrentamos.

Vivimos en una cultura que pone el énfasis en el «ahora». Se llama la «generación Pepsi»; se nos dice que vivamos la vida con «entusiasmo» porque «solo viviremos una vez». Metas de corto plazo, métodos pragmáticos de resolución de problemas, una histeria silenciosa para hacer que suceda «ahora», todo apunta a la desesperación del hombre moderno con respecto al futuro. La suposición tácita es que es «ahora o nunca» porque no hay un futuro final para la humanidad.

Nuestra aserción cristiana es que hay algo más para nuestras vidas que el «ahora». Si no es así, entonces incluso el «ahora» carece de propósito. Sin embargo, decimos que el ahora cuenta. ¿Por qué? El ahora cuenta porque somos criaturas que tenemos un origen y un destino que está arraigado y fundamentado en Dios.

¿Dije «arraigado»? ¿Por qué es tan importante esa palabra? Recientemente hemos experimentado un fenómeno cultural de proporciones épicas. El drama televisivo, Raíces, ya ha tenido un efecto estremecedor en nuestra gente. ¿Podemos explicar la reacción nacional a Kunta Kinte y la lucha racial? No lo creo. Ni tampoco Alex Haley. Raíces tipifica un problema que trasciende la raza. Es el problema de identidad que enfrenta todo hombre moderno: ¿quién soy?

La pregunta de la identidad nunca puede ser respondida solo en términos del presente. Saber quién soy implica un descubrimiento de mi pasado (mi origen) y al menos un vistazo a mi futuro (mi destino). Si soy un accidente cósmico que surge del polvo y está destinado a convertirse en polvo, entonces no soy nada. Soy un chiste: una historia contada por un idiota. Pero si mis verdaderas raíces están arraigadas en la eternidad y mi destino está anclado en esa misma eternidad, entonces sé algo sobre quién soy. Sé que soy una criatura de trascendencia eterna. Si es así, mi vida importa. Lo que hago hoy cuenta para siempre. Ahora, el «ahora» significa algo. 

Raíces nos conmovió profundamente porque provocó la esperanza de que, si retrocedemos lo suficiente, podríamos encontrar continuidad y estabilidad. Raíces tenía su figura mesiánica en el Gallero George. Un episodio completo transcurrió y la figura del Gallero George nunca se hizo visiblemente presente. Sin embargo, su «presencia invisible» impregnaba cada escena. Nunca he visto una producción televisiva en la que un personaje estuviera tan obviamente presente sin aparecer en la pantalla. Cuando George apareció, condujo a su familia en un nuevo éxodo a una nueva tierra prometida. Raíces miró hacia atrás y hacia adelante de tal manera que le dio significado al presente. 

Mientras que la televisión nos regaló Raíces, así mismo Hollywood nos ha regalado a Rocky. Esta película ha capturado la imaginación del público de una manera fresca. Tal vez representa solo un ejercicio de nostalgia, un regreso a Frank Merriwell y al final feliz original. O quizás representa una protesta a la era del antihéroe y la trama de caos que caracteriza a la cinematografía moderna. Sea cual sea el motivo, la película reflexiona no en el tema de la Cenicienta, sino el retrato de la sensibilidad humana que se muestra en la misericordia de Rocky como recaudador de deudas para el prestamista y su ternura en la pista de hielo. 

Una calidez encomiable se ve en el amor de Rocky por los animales y los adolescentes rebeldes y en su afecto por su mánager. El fruto de la disciplina, la perseverancia y la devoción a la dignidad son en realidad puestos en roles de virtud. Rocky trabajó y luchó no por un premio momentáneo sino por una actitud de valor que perdura. 

Tal vez Rocky sea un hito. Quizás estamos empezando a ver que hay más en la vida que la Pepsi-cola. No es ahora o nunca, sino ahora y para siempre. El ahora cuenta, para la eternidad.

Han pasado treinta años desde que escribí mi ensayo original bajo el título «El ahora cuenta para siempre». Fue en la década de 1970, en un momento en que nuestra cultura aún se tambaleaba por los efectos perjudiciales de la guerra de Vietnam, y aún más significativamente de la revolución moral radical que marcó la década de 1960. La historia ha demostrado que la revolución moral de la década de 1960 ha introducido muchos más cambios en la vida en los Estados Unidos que la revolución política de 1770. Nuestra cultura fue descrita en la década de 1970 como una que estaba fuertemente influenciada por el secularismo. La idea principal del secularismo es que la vida está desligada de la eternidad. Toda la vida debe ser vivida en el aquí y el ahora, en este saeculum, porque no hay una dimensión eterna. 

Tras el secularismo vino la filosofía del relativismo. Aunque el relativismo fue adoptado en muchos ámbitos en la década de 1970, desde entonces se ha establecido tan firmemente en nuestra cultura que el número estimado de estadounidenses que adoptan alguna forma de relativismo filosófico o moral alcanza más del 95 por ciento. En este sentido, nuestra cultura ha pasado de lo que entonces se llamaba neopaganismo a una cultura ahora de neobarbarianismo. Aunque la ley a favor del aborto conocida como Roe v. Wade ya estaba vigente cuando escribí mi primer ensayo, la proliferación del aborto a demanda —que alcanza el millón y medio al año— ha marcado de tal manera nuestra cultura como una cultura de muerte, que todos los vestigios de nuestra cultura civilizada mueren con la muerte de cada bebé no nacido. Nuestra nación es una nación en guerra consigo misma, donde los valores, la familia y la moralidad han sido tan golpeados en familias y condados, estados y la nación, que la base unificada de nuestra antigua civilización ha sido hecha añicos.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado en los últimos treinta años, y es el hecho de que porque Dios reina, todo lo que sucede hoy tiene consecuencias que duran hasta la eternidad. Es tan cierto hoy como lo fue la primera vez que tomé el bolígrafo para escribir el título, lo que sucede ahora cuenta para siempre. Que la cultura sea paganizada, que la cultura sea bárbara, pero que la Iglesia sea la Iglesia y nunca negocie la dimensión eterna de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Cautivado por la gloria

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Cautivado por la gloria

Irwyn Ince

Mientras escribo esto, estoy en la fase final de un entrenamiento para un maratón de remo. Sí, de remar, no de correr. Remar 42 195 metros en la máquina de remo Concept2 Erg es el equivalente a correr unos 42 kilómetros. Creo que completarlo me tomará alrededor de tres horas y media. Mi entrenamiento durante los últimos cuatro meses se ha centrado en aumentar mi resistencia, desarrollando tolerancia a la incomodidad y fortaleza mental para seguir adelante cuando llegan los momentos dolorosos. Yo (al igual que cualquier otra persona que intente un evento como este) tengo necesidad de perseverancia.

Esto es lo que el pastor dice en Hebreos 10:35-36:

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia [o, perseverancia], para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Lo interesante aquí es cómo el autor de Hebreos comienza a abordar las preocupaciones de sus lectores. Él quiere que ellos perseveren, pero no comienza su mensaje diciéndoles: «Aguanten», «No se desanimen» o «Perseveren en la fe». Todas estas cosas las dirá o las insinuará más adelante en la carta, pero no al principio. En cambio, comienza con un punto teológico: la gloria, majestad y autoridad inigualables del Hijo de Dios.

Tal vez no haya otro capítulo en la Biblia que presente la divinidad de Jesucristo tan enfáticamente como el primer capítulo de Hebreos. Sin embargo, el autor no ofrece un conocimiento intelectual separado del corazón. Lo que me encanta es que toda esta rica teología sobre Jesucristo es el epítome de la teología aplicada a la vida.

Para poder perseverar como cristianos en medio del caos de la vida, lo que tiene que estar a la vista es cuán glorioso es Jesús. Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo. Seguir a Jesús es costoso. Si nuestros corazones no están palpitando al ritmo de la grandeza de Jesús, nunca creeremos que vale la pena ser cristiano.

El desfibrilador teológico que resucita el corazón del cristiano y lo mantiene latiendo a través de cada valle es que Jesús es el Profeta glorioso, el Sacerdote glorioso y el Rey glorioso.

Ninguna exhortación a perseverar en la fe será eficaz a menos que seamos cautivados por la gloria incomparable de Jesucristo.

EL PROFETA GLORIOSO

La Palabra de Dios en Cristo nos fue hablada plena y definitivamente. Tenemos lo que los padres de la fe, como Abraham, no tuvieron: la plena, completa y definitiva Palabra de Dios. En pocas palabras, Dios ha elevado el estándar. Jesús no es simplemente uno de los profetas; Él es el heredero de todas las cosas. Él tiene una herencia: el mundo entero. Él vino a reclamar el mundo como Su posesión, porque fue a través de Él que el mundo fue creado. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la expresión exacta de Su naturaleza.

La devoción a esta verdad es lo que nos recuerda que debemos someter las palabras que nos habla el mundo a Aquel quien es la Palabra. Hay demasiadas voces diciéndonos demasiadas cosas en esta era de la información. Estamos sobresaturados. ¿Cuál es el filtro a través del cual nuestros corazones y nuestras mentes deben examinar toda esta información? Cada voz que escuchamos tiene que estar subordinada a la voz de Jesús.

EL SACERDOTE GLORIOSO 

Cuando vino Aquel que es el resplandor de la gloria de Dios, vino como el Cordero de Dios sin mancha que quita el pecado del mundo. Vino como la ofrenda de sacrificio y como el que la ofrece. Él es el gran sumo Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como el único que podía aplastar el pecado. Mientras era golpeado y latigado, mientras la sangre fluía de Su cabeza, Sus manos y Sus pies, se estaba llevando a cabo la purificación por los pecados de todo aquel que pone su confianza en Él. Es como lo dice el compositor de este himno:

De Su cabeza, manos, pies
Preciosa sangre allí corrió;
Corona vil de espinas fue
La que Jesús por mí llevó
(Himno «La cruz excelsa al contemplar», de Isaac Watts)

Cuando Jesús expió nuestros pecados, se sentó. La obra había sido terminada, y ya no hay necesidad de ningún otro sacrificio por el pecado.

Permíteme hacer esta pregunta: ¿En qué área de tu vida estás siendo tentado a purificarte tú mismo para ser aceptado por Dios? Esta tentación puede seguir asediándonos aunque seamos cristianos, y es algo que conduce a la autojustificación. Deleitarnos continuamente en Jesús y reconocerlo cada día como nuestro gran y glorioso sumo Sacerdote le da confianza a nuestros corazones de que somos aceptos en el Amado.

EL REY GLORIOSO

No fue en ningún lugar antiguo donde Jesús se sentó. Fue a la derecha de la Majestad en lo alto. Él es el Rey y Juez supremo. Nos cuesta ver cómo todas las cosas están sujetas a Su señorío. Pero la declaración de que el Hijo es el heredero de todas las cosas, la expresión exacta de la naturaleza de Dios y Aquel que sostiene el mundo es contundente. En verdad, no existe nada sobre lo cual Él no tenga autoridad absoluta. Esto debe ser reconfortante para aquellos que creen y una advertencia para aquellos que no.

Hay una sola manera de perseverar y crecer como cristiano. Incluso me atrevería a decir que hay una sola manera de perseverar y crecer en la vida, punto. Y se empieza teniendo una visión clara de la gloria de Jesucristo: el Profeta glorioso que nos declara la Palabra definitiva de Dios, el Sacerdote glorioso que nos purifica y el Rey glorioso que nos gobierna y nos protege.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Irwyn Ince
Irwyn Ince

El Dr. Irwyn Ince es pastor asistente de Grace Presbyterian Church en Washington, D.C., y director del Grace DC Institute for Cross-Cultural Mission.

¿Qué es el MIEDO al HOMBRE?

Teología Express

¿Qué es el MIEDO al HOMBRE?

 Samuel Barceló

Samuel Barceló es maestro en la Iglesia Evangélica de la Gracia, en Barcelona (España), y además sirve en su llamado al ministerio musical como cantautor cristiano. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es el miedo al hombre?

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria