LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Stephen Davey

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Texto: Job 25-31


A pesar de todo su dolor, angustia, y soledad, Job va a rehusarse a abandonar su integridad. Aprendamos juntos, a partir del ejemplo de este gran hombre de Dios, a mantenernos firmes en medio de las dificultades de la vida.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Las cinco solas de la Reforma

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Las cinco solas de la Reforma

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En cada una de las cinco solas de la Reforma, el énfasis está en el calificativo «solo». Mira este breve video de R.C. Sproul a través de los años enseñando la verdad del evangelio que fue redescubierto durante la Reforma del siglo XVI.

Transcripción

A lo largo de las ‘solas’, el énfasis está en… el calificativo «solo».

El mundo creado está llamado a reflejar la gloria de Dios. El hecho de que Dios crea una criatura coloca a esa criatura en deuda con el Creador. Y la única razón por la que existes… y que existo…. es por Él.

Nada hay inherentemente digno en el polvo y de eso hemos sido formados.  La razón por la que vales es porque Dios dice que vales. Y el mundo entero está lleno de Su gloria. Solo Dios puede doblegar la conciencia absolutamente.

Un campesino armado con un versículo de las Escrituras tiene más autoridad que un papa o un directorio de iglesia que no tiene Escritura.

Esto fue tachado por los reformadores. Esto fue tachado por los reformadores. Y mi justicia inherente… está tachada. Para que tengas solo fe, solo gracia, solo Cristo.

La prerrogativa divina de misericordia y gracia es: «Tendré misericordia… del que Yo tenga misericordia». Esa es Su prerrogativa. Dios no le debe gracia salvadora a nadie.

Suelo hablar con mis amigos arminianos acerca de esto y les digo: «Déjenme hacerles una pregunta: ¿Por qué eres creyente y muchos miembros de tu familia o amigos que tienes, no son creyentes, siendo que ambos escucharon el evangelio?».

Jesús no dice que ningún hombre puede venir a él a menos que Dios lo ayude. Él dice que ningún hombre puede venir a él, a menos que Dios no le trajere.

Nadie es salvo solo porque afirma la doctrina de la justificación. ¿Qué pasa si niegas la doctrina de la justificación solo por fe? Eso es un asunto distinto, porque ahora estás negando que eres salvo por Cristo y solo por Cristo, y esa negación podría ser suficiente para condenarte.

Solo Cristo merece la salvación frente a un Dios justo y santo. Porque Él es el único que no tiene pecado.

Toda la doctrina de la justificación por la fe, toda la doctrina de la salvación por la gracia, se basa en el principio de que la ley de Dios se ha cumplido por… Cristo.

Cuando pongo mi confianza en Él, Él me imputa o pone a mi cuenta Su justicia. Y sobre la base de esa justicia imputada, Dios me declara justo ahora. Entonces, si muero ahora mismo, iré al cielo ahora mismo, porque tengo toda la justicia necesaria para llegar allí, es decir, la justicia de Jesucristo. Esas son buenas noticias.

Tú rechazas eso, estás rechazando el evangelio.

Ministerios Ligonier
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Somos la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Existimos para proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible. Nuestra misión, pasión y propósito: ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y Su santidad.

¡Cuidado con las librerías «cristianas»!

Esclavos de Cristo

¡Cuidado con las librerías «cristianas»!

Eduar Barbosa Caro

Estaba mirando con detenimiento la vitrina del local. Había un libro sobre la vida de Martín Lutero y, justo al lado, una obra que aseguraba tener los secretos para el éxito en los negocios.

Debajo, otro título afirmaba que, quien lo leyera, podría convertirse en un líder con mucha influencia. Más allá, otro estante tenía obras con “palabras de Dios” para mí, con recetas para lucir más joven o para convertirme en un campeón. Era una librería cristiana. ¿O no?

Ubicando el problema

Lamentablemente, estanterías como las que describí hace un momento no son la excepción, sino la regla, en cuanto a muchas librerías que se autodenominan cristianas. Aunque podamos encontrar en estos lugares algunos libros que tengan doctrina sana, casi la totalidad de los textos que comercializan actualmente tienen el propósito de consentir al hombre y satisfacer sus deseos pecaminosos, además de su curiosidad, con misticismos y mentiras.

Las doctrinas de hombres que intentan dar fórmulas para todo son lo más común: “descubra las fuerzas y habilidades innatas y cómo avanzar para obtener salud, abundancia, importancia y éxito”, plantea una descripción del libro Su mejor vida ahora, de Joel Osteen[1]. Esto no es cristianismo. Es charla motivacional, pseudopsicología, gnosticismo y egoísmo todo junto. Libros como estos olvidan el principal problema que aqueja la humanidad: la muerte espiritual, el pecado y nuestra rebelión contra Dios. Presentan un dios (así, en minúscula) cuya finalidad es cumplir todos nuestros deseos, para lo cual Cristo es una especie de amuleto o llave mágica.

Esta literatura es dañina y ofende a Dios. Se rotulan como cristianas muchas obras que, por el hecho de ser escritas por los que ellos consideran grandes hombres de dios (también en minúscula, porque no sirven al Señor sino a las riquezas y a sus propias concupiscencias), entonces son aptas para la lectura de los creyentes. Son textos maquinados por hombres y mujeres que buscan llenar auditorios y estadios, pero poniéndole una máscara de piedad a la avaricia, el orgullo y la exaltación.

Aquí vale la pena hacer una anotación. Buena parte de quienes consumen estos libros van a ellos para que les digan lo que quieren oír [2], no lo que la Biblia enseña. No son simples víctimas. Esto continúa impulsando una industria que glorifica al ser humano y enriquece a blasfemos como TD Jakes, Joyce Meyer, Benny Hinn o Creflo A. Dollar, y a otros como Cash Luna, Guillermo Maldonado, Claudio Freidzon y Dante Gebel.

Mezclando la verdad con el error

Una de las cuestiones más alarmantes de estas librerías es que mezclan la verdad con el error, poniendo al lado de nombres como el de Charles Spurgeon, R. C. Sproul, Loraine Boettner, Thomas Watson y John Owen, a lobos disfrazados de ovejas. Si bien ningún ser humano es infalible, podemos afirmar rotundamente que sí hay literatura que alimenta espiritualmente y que esta, normalmente, está casi ausente de estos locales. Se deja por fuera gran parte de la doctrina bíblica que ha enseñado la iglesia del Señor durante siglos, reemplazándola por imaginaciones, falsas revelaciones actuales y nuevos movimientos que capturan a los falsos convertidos y a los incautos.

Alguna vez ingresé a una de estas librerías y pregunté por teología reformada. Los que atendían me miraron como si estuviera hablando en mandarín. Conversaron un momento y luego me señalaron unos títulos que tenían en un rincón polvoriento, entre libros de sanación y milagros. Haciendo un escaneo, encontré algo de historia del cristianismo y unas biografías, que eran físicamente difíciles de alcanzar porque estaban insertados entre las columnas que formaban el resto de textos. En otra ocasión, vi cómo guardaban los libros de sana doctrina entre el techo y la parte más alta de los estantes, donde la vista casi no alcanza a llegar. Sea esto intencional o no, demuestra la aversión que tienen la mayoría de los negocios por aquello que confronte el pecado, llame al arrepentimiento y ponga la mirada en Cristo como debe ser.

¿Qué podemos hacer?

Si quiere comenzar a leer o hacerlo con más frecuencia, tenga en cuenta que nada puede reemplazar la lectura sistemática, cuidadosa y profunda de las Escrituras. Ellas son “ la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores” [3]. Por eso, los siguientes consejos presuponen que usted tiene una vida cristiana en crecimiento y que se congrega regularmente para escuchar la Palabra de Dios, la sana doctrina. Si posee dificultades con alguna de estas cosas, arrepiéntase y pídale perdón al Señor para que le ayude a ser más disciplinado.

  1. Pida al Señor sabiduría y discernimiento para que, con la ayuda del Espíritu Santo, pueda tener la claridad de decidir qué lecturas son adecuadas.
  2. Averigüe quién es el autor, la denominación a la que pertenece y sus posiciones teológicas. Esto le ayudará a hacerse una idea de qué es lo que puede encontrarse.
  3. Consulte con su pastor o algún hermano maduro en la fe para que puedan recomendarle autores que honren a Dios con la vida que llevan (llevaban) y la doctrina que profesan (profesaban). Evite al máximo caer en la trampa de que no importa lo que crean o cómo vivan las personas que usted lee, siempre y cuando lo que escriban sea agradable.
  4. Lea autores considerados clásicos, así como también escritores actuales. Hay muchas enseñanzas que la Iglesia ha defendiendo a lo largo del tiempo, así que no se cierre a conocer lo que dijeron aquellos que nos precedieron.
  5. Busque editoriales y librerías que sean explícitos en la línea que manejan. Normalmente, aquellos que mezclan la verdad con el error son tibios al definir qué venden y qué no. Esto es un mal síntoma. Para conocer algunas, puede volver al punto tres.
  6. ¡Lea! Y hágalo con constancia. A veces el tiempo es reducido, pero sabemos que el Señor utiliza la vida y las obras teológicas de hermanos en Cristo para beneficio nuestro.

Estos consejos no pretenden ser una fórmula infalible ni una lista exhaustiva, pero sí nos permitirán, con la ayuda de nuestro buen Dios, asegurarnos al máximo de que lo que leemos está de acuerdo con el Evangelio bíblico, histórico y verdadero. Recordemos que hay muchas doctrinas atractivas y novedosas que prometen cosas que Dios no ha prometido. Debemos rechazarlas con firmeza y no apoyar su difusión. Denúncielas. No compre libros o películas que las promuevan. Pídale al Señor Su divina asistencia para nutrirse con literatura que glorifique al Dios Trino. Tenga celo por la sana doctrina. ¡Cuidado con las librerías “cristianas”!

[1] Este hombre es apoyado por falsos maestros y pastores como la popular Joyce Meyer. Fragmento extraído de: http://bit.ly/2qTdEff  (esta librería y editorial comercializa textos como los criticados en este artículo).

[2] 2 Timoteo 4:3

[3] De las Sagradas Escrituras. Confesión Bautista de Fe de 1689. Párrafo 1.

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com

La parábola del rico insensato

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Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola del rico insensato

 Miguel Núñez

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

Al principio del capítulo 12 del Evangelio de Lucas, encontramos a Jesús rodeado de varios miles de personas mientras les advierte contra la levadura de los fariseos (v. 1). De inmediato, Él continúa diciendo una segunda advertencia respecto a quién debemos temer:

Y Yo os digo, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen más nada que puedan hacer. Pero Yo os mostraré a quién debéis temer: temed al que, después de matar, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo: a este, ¡temed! (vv. 4-5).

La Biblia de Estudio de La Reforma

Hubo además una tercera advertencia de parte de Jesús para todo hombre y mujer: «Y os digo, que a todo el que me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre le confesará también ante los ángeles de Dios; pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios» (vv. 8-9).

Jesús vino a salvar lo que se había perdido y a restaurarnos a una vida centrada en Dios, que glorifica a Dios y que está llena de gozo.

Justo en medio de esta rica enseñanza espiritual «uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo». Pero Él le dijo: «¡Hombre! ¿Quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?»» (vv. 13-14). El Maestro intentaba enseñar a la multitud y a Sus discípulos algunos principios importantes sobre la vida en el Reino de Dios. Pero es obvio que este hombre solo estaba interesado en las cosas relacionadas con el reino de los hombres. El hecho de que se dirigiera a Jesús como maestro, revela que en ese tiempo se esperaba que los maestros con ciertos niveles de autoridad fueran capaces de emitir un juicio justo en casos de esta naturaleza.

Pero Jesús se niega a quedar atrapado en el ámbito terrenal. Después de todo, Cristo había enseñado a Sus seguidores: «Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18:36). Es posible que quien hace la petición sea el más joven de los dos, ya que en aquellos días el hermano mayor era quien ostentaba el derecho a la propiedad o tenía el permiso necesario para hacer cualquier cosa con la herencia. Independientemente de esto, la misión de Jesús estaba relacionada con el tema más importante de todo el universo: la salvación de la humanidad, así que al parecer el hombre que hace la petición o no prestó atención a las enseñanzas de Jesús o fue incapaz de entender lo que acaba de oír.

El Maestro pasa por alto la petición y aprovecha la oportunidad para narrar una parábola enfatizando de qué se trata la verdadera vida. Veamos las características del hombre de la parábola. No es un hombre agradecido. Su tierra produce abundantemente, y suena como si esto ocurriera de manera natural por la gracia común de Dios. De hecho, en esa primera frase, el sujeto es la tierra y no el hombre, pero no hay evidencia de que este reconociera que el Creador es quien provee los nutrientes a la tierra, la lluvia y el sol que permiten a la tierra producir de la manera en que lo hace.

Además, el hombre es muy egocéntrico. Se refiere a sí mismo más de diez veces usando los pronombres personales «yo» y «mi». Su estilo de vida egocéntrico también puede verse en la idea de almacenar «todo mi grano y mis bienes». No lo comparte con nadie ni lo vende a otros que lo necesiten.

Este hombre también es ignorante; cree que rige su vida. Se dice a sí mismo que ha almacenado lo suficiente para vivir durante muchos años, pero sin tener garantía alguna de que esto sucederá. Su cosmovisión refleja su narcisismo. Él dice: «Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.» (v. 19). Solo piensa en deleitarse en placeres mientras otros mueren de hambre.

Además, este hombre vive como un necio, como alguien que no cree en Dios o que vive como si Dios no existiera. «El necio ha dicho en su corazón: “No hay Dios”» (Sal 14:1). Él es ajeno a la soberanía de Dios. «Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?”. Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios» (Lc 12:20-21).

Esta parábola es corta y simple, pero al mismo tiempo es rica y profunda. Después de la caída, los descendientes de Adán adoptaron una cosmovisión egocéntrica, terrenal y centrada en el «aquí y ahora». Jesús vino a salvar lo que se había perdido y a restaurarnos a una vida centrada en Dios, que glorifica a Dios y que está llena de gozo. Abrazar esto debe ser nuestra prioridad.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Miguel Núñez
Miguel Núñez

El Dr. Miguel Núñez es pastor principal de la Iglesia Bautista Internacional, es presidente y fundador de Ministerios Integridad & Sabiduría en Santo Domingo, República Dominicana. Es autor de varios libros, incluyendo El poder de la Palabra para transformar una nación y Una Iglesia conforme al corazón de Dios.

El ministerio oculto de las labores domésticas

Alimentemos El Alma

El ministerio oculto de las labores domésticas

Por Michele Morin 

Traducción por Yura Gonzalez

Lo que aprendí de Elisabeth Elliot

Hoy realicé las tareas domésticas que imagino que mujeres más hacendosas y dedicadas al hogar hacen todo el tiempo: la limpieza que requiere separar los muebles de la pared, pasar la aspiradora debajo de las camas y aplicar ferozmente un paño a los travesaños de las sillas y los recovecos de los estantes.

Las rutinas hogareñas son la música de fondo detrás de todo lo que hago. El estudio ministerial va acompañado del sonido de la lavadora y de la cadencia de la preparación continua de la comida. En invierno, hay que alimentar la estufa con abundante leña y; en verano, es necesario ocuparse del jardín.

Este ritmo constante de actividad es lo que mantiene unido un hogar, y sorprendentemente he descubierto que es posible encontrar una existencia plena y significativa en medio de una tediosa rutina. En la vida no es más importante lo qué haces sino porqué lo haces. Nadie me enseñó esa lección mejor que Elisabeth Elliot.

Escritora y ama de casa

Hace veintisiete años, empaqué mi taza de café favorita, archivos personales, algunas muestras de trabajo y abandoné mi carrera en recursos humanos. Cuatro bebés en ocho años, la escuela en la casa, el ministerio de la iglesia y un enorme huerto dejaban poco tiempo para el estudio profundo. Pero desde el principio me sumergí con fervor en los libros de Elliot y encontré una mentora en ella.

Pronto descubrí que Elliot se apresuró en encontrar la conexión entre las rutinas de la vida doméstica y los misterios de la práctica espiritual. Aunque se convirtió en una oradora pública muy solicitada, y sus palabras llegaron (y aún llegan) a millones a través de los ministerios de la radio y la prensa; afirmó que disfrutaba mucho más las tareas domésticas, porque sabía cómo hacerlo y (a diferencia de escribir un libro) sabía cuáles serían los resultados.

Su minuciosidad fue fomentada en parte por su directora de internado, que decía: «No andes con una Biblia debajo del brazo si aún no has barrido bajo la cama» (Becoming Elisabeth Elliot, 34). No quería escuchar hablar de espiritualidad a alguien con el suelo sucio.

Con su dicción perfecta, humor irónico y su expresión sensata y nítida de la palabra de Dios, Elliot ha influido en mi forma de enseñar y cómo criar a mis hijos como nadie. Además ha transformado enormemente mi actitud hacia las tareas domésticas.

Mezcla de gracia y valentía

Aunque no llego al nivel de Elliot, me motiva su afirmación de que la autodisciplina, en el hogar o en cualquier otro sitio, es una alegre entrega, un «gran sí al llamado de Dios» que ante todo encuentra su camino en una vida a través del fiel desempeño de pequeñas tareas invisibles (Joyful Surrender, 16).

Ella me ayudó a ver las tareas domésticas en analogía con nuestra vida espiritual en general. Así como quitar las migajas de la mesa del comedor nunca será asunto de una vez (al menos en mi casa), tampoco lo son las prácticas de formación espiritual. Al ocuparnos de la salud e integridad de nuestras almas, todos los días habrá «migajas» que retirar, lo que es bueno, porque nos mantiene conscientes de nuestra dependencia de Dios.

La fuerte base evangélica de Elliot me ha ayudado a mantenerme alejada de una mentalidad autosuficiente, porque ella me recuerda que “la disciplina no es mi reclamo sobre Cristo, sino la evidencia de Su reclamo sobre mí»(Joyful Surrender, 28). Practicamos el autocontrol en la tierra por milagro de la gracia, según las pautas de las Escrituras y a través de la inspiración y el poder del Espíritu de Dios. Nuestra propia voluntad es lo que ofrendamos a Dios, un “sacrificio vivo” (Romanos 12: 1).

Poseía Elliot una mezcla de valentía y gracia tal que es imposible determinar (e inútil preguntarse), dónde termina una y comienza la otra. Hablaba con la certeza de alguien que siempre ha elegido el camino de la obediencia y la fe, para aprender que el gozo y la profunda intimidad con Dios no tienen precio, incluso cuando obedecer se siente como una acción pequeña e invisible.

Compromiso diario con la fe

En una vida marcada por grandes dificultades y oportunidades tanto para la gloria como para el dolor, es evidente que Elliot se convirtió en alguien impresionante al establecer un compromiso diario con la fe en lugares invisibles. Una fe brutalmente práctica y claramente mística la llevó al ministerio de decir la verdad con audacia, forjada en un crisol de soledad y admiración por los caminos de Dios. Apoyándose en sus dudas, encontró la lealtad de Dios y lo acogió al mismo tiempo “como viaje y destino” (Becoming Elisabeth Elliot, 253).

En diversas etapas de su vida la estuvo escribiendo idiomas no escritos, actuando como madre soltera, planchando las camisas de su marido, recibiendo visitas en su casa de Nueva Inglaterra, viajando por todo el mundo como oradora y luchando con la tecnología para producir más de dos docenas de libros. Ella volcó fielmente su vida al servicio de Dios, convencida de que todo era parte de su llamado. Nunca le otorgó mayor importancia a las «tareas ministeriales» sobre las tareas domésticas.

Ella sabía (y me ha enseñó a ver) que el ministerio de la mantención y cuidado siempre fue parte del buen plan de Dios para la humanidad. Desde el principio, Adán y Eva fueron los colaboradores designados por Dios y, como portadora de su imagen, imito a Dios cuando me dedico a la tarea que mantiene a mi familia alimentada, vestida, y estoy en el lugar correcto a la hora correcta. Por lo tanto, todas las tareas mundanas que se repiten en esta vida maternal tienen significado.

Imitamos a Dios al realizar tareas ordinarias y organizar el desorden. Arreglar un armario desordenado, desinfectar la bandeja de una silla de bebé , distribuir la ropa limpia y doblada por toda la casa son tareas tan discretamente rutinarias como el trabajo que Dios hace en nuestro tiempo para regar sus árboles con lluvia o, en la historia, para preparar el maná que alimentó a una generación de israelitas (Éxodo 16).

Los quehaceres domésticos y la Gran Obra

La misericordia, la justicia y la preparación de sándwiches comparten el mismo territorio en el sistema de valores del cielo, porque el Dios que trabaja y ha trabajado en nuestro nombre nos invita a unirnos a él en la Gran Obra.

Manifiéstese tu obra a tus siervos,
y tu majestad a sus hijos,
y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90: 16-17)

Dejemos que continúe el trabajo de las tareas domésticas y que encontremos satisfacción en la más pequeña tarea realizada con el mayor amor en una vida enfocada en ganar lo que nunca podemos perder.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Qué es el humanismo secular?

Got Questions

¿Qué es el humanismo secular?

El ideal del humanismo secular es que la humanidad se reconozca como parte de la naturaleza no creada y eterna; su objetivo es auto remediar al hombre sin referencia a o ayuda de Dios. El humanismo secular surgió de la Ilustración del siglo XVIII y el libre pensamiento del siglo XIX. Algunos cristianos se sorprenderán al saber que en realidad comparten algunos compromisos con los humanistas seculares. Muchos cristianos y humanistas seculares comparten un compromiso con la razón, la investigación libre, la separación de la iglesia y el estado, el ideal de la libertad, y la educación moral; sin embargo, se diferencian en muchas áreas. Los humanistas seculares basan su moralidad e ideas sobre la justicia en la inteligencia crítica sin ayuda de las Escrituras, en la que los cristianos confían para el conocimiento de lo verdadero y lo erróneo, el bien y el mal. Y aunque los humanistas seculares y los cristianos desarrollan y utilizan la ciencia y la tecnología, para los cristianos estas herramientas son para utilizarse en el servicio del hombre para la gloria de Dios, mientras que los humanistas seculares ven estas cosas como instrumentos para alcanzar fines humanos sin referencia a Dios. En sus investigaciones sobre el origen de la vida, los humanistas seculares no admiten que Dios creó al hombre del polvo de la tierra, habiendo primero creado la tierra y todas las criaturas vivientes en ella de la nada. Para los humanistas seculares, la naturaleza es una fuerza eterna, que se autoperpetúa.

Los humanistas seculares pueden sorprenderse al saber que muchos cristianos comparten con ellos una actitud de escepticismo religioso y están comprometidos con el uso de la razón crítica en la educación. Siguiendo el patrón de los de Berea, los humanistas cristianos leen y escuchan la instrucción, pero nosotros examinamos todas las cosas a la luz de las Escrituras (Hechos 17:11). Nosotros no simplemente aceptamos cualquier declaración o percepción mental que entra en nuestras mentes, sino que probamos toda idea y «conocimiento» contra la norma absoluta de la Palabra de Dios para obedecer a Cristo nuestro Señor (ver 2 Corintios 10:5; 1 Timoteo 6:20). Los humanistas cristianos entienden que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en Cristo (Colosenses 2:3) y buscan crecer en el conocimiento completo de todo lo bueno para el servicio de Cristo (Filipenses 1:9; 4:6; cf. Colosenses 1:9). A diferencia de los humanistas seculares, que rechazan la noción de la verdad revelada, nos adherimos a la Palabra de Dios, que es el estándar contra el cual medimos o comprobamos la calidad de todas las cosas. Estas breves observaciones no dilucidan plenamente el humanismo cristiano, pero añaden vida y relevancia a la definición clínica dada en léxicos (por ejemplo, El Tercer Nuevo Diccionario Internacional de Webster que define el humanismo cristiano como «una filosofía que aboga por la realización del hombre en el marco de los principios cristianos»).

Antes de considerar una respuesta cristiana al humanismo secular, debemos estudiar el término humanismo en sí mismo. El humanismo generalmente recuerda el renacimiento o el avivamiento del antiguo conocimiento y cultura que se llevó a cabo durante el tiempo del Renacimiento. Durante este tiempo, los «humanistas» desarrollaron modos rigurosos de erudición basados en modelos griegos y romanos, y trataron de construir un nuevo estilo latín (en las artes literarias y plásticas) y las instituciones políticas basadas en ellas. Sin embargo, mucho antes del Renacimiento, el «Humanismo cristiano» prosperó en las obras y el pensamiento de San Agustín, Aquino, Erasmo y otros. Algunos incluso ven en Platón, un filósofo pagano, un tipo de pensamiento que es compatible con la enseñanza cristiana. Mientras que Platón ofrece mucho de lo que es provechoso, sus hipótesis y conclusiones ciertamente no eran bíblicas. Platón, al igual que Nietzsche, creía en la «eterna recurrencia» (la reencarnación); él, y los griegos en general mostraron respeto superficial a sus dioses, pero para ellos el hombre era la medida de todas las cosas. Expresiones contemporáneas del humanismo secular rechazan los elementos cristianos nominales de sus precursores, y las verdades bíblicas esenciales, como el hecho de que los seres humanos llevan la imagen de su Creador, el Dios revelado en la Biblia y en la vida terrenal y ministerio del Señor Jesús.

Durante la revolución científica, las investigaciones y descubrimientos de científicos ampliamente capacitados que pueden ser considerados humanistas (hombres como Copérnico y Galileo) desafiaron el dogma católico. Roma rechazó los resultados de las nuevas ciencias empíricas y emitió pronunciamientos contradictorios sobre asuntos fuera del dominio de la fe. El Vaticano dijo que, ya que Dios creó los cuerpos celestes, éstos deben reflejar la «perfección» de su Creador; por lo tanto, rechazó los descubrimientos de los astrónomos que las órbitas de los planetas son elípticas y no esféricas, como previamente se creía, y que el sol tiene «manchas» o zonas más frías, más oscuras. Estos hechos empíricamente verificables, y los hombres y mujeres que los descubrieron, no contradijeron las enseñanzas bíblicas; el verdadero cambio de la verdad bíblicamente revelada hacia el humanismo naturalista — caracterizado por el rechazo de la autoridad y la verdad bíblica, y que conduce hacia una forma de humanismo abiertamente secular — se produjo durante la Ilustración, que abarcó los siglos XVIII y XIX y echó raíces en toda Europa, floreciendo especialmente en Alemania.

Numerosos panteístas, ateos, agnósticos, racionalistas y escépticos, persiguieron varios proyectos intelectuales que no estaban sujetos a la verdad revelada. En sus formas separadas y distintas, hombres como Rousseau y Hobbes buscaron soluciones amorales y racionales al dilema humano; además, obras como La Fenomenología Del Espíritu de Hegel, La Crítica De La Razón Pura de Kant, y La Ciencia Del Conocimiento de Fichte, pusieron las bases teóricas para futuros humanistas seculares. Consciente o inconscientemente, los académicos contemporáneos y los humanistas seculares construyen sobre esa base cuando promueven exclusivamente enfoques «racionales» a las cuestiones sociales y éticas, y formas antinomianas de libre determinación, en ámbitos tales como la autonomía individual, la libertad de elección en las relaciones sexuales, la reproducción y la eutanasia voluntaria. En el ámbito cultural, los humanistas seculares dependen de métodos críticos al interpretar la Biblia y rechazan la posibilidad de una intervención divina en la historia humana; en el mejor de los casos, consideran la Biblia una «historia sagrada».

Con el nombre de «alta crítica «, el humanismo secular se difundió en las escuelas de teología y promovió su enfoque antropocéntrico o racionalizado de estudios bíblicos. A partir de Alemania, la «alta crítica» a las finales del siglo XIX intentó «ir detrás de los documentos» para disminuir el énfasis del mensaje autoritario del texto bíblico. Como ha observado Darrell L. Bock, el carácter especulativo de la alta crítica trató la Biblia «como un espejo brumoso hacia el pasado» y no como el registro histórico inerrante de la vida y las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles («Introducción», Roy B. Zuck y D. L. Bock, Una Teología Bíblica Del Nuevo Testamento, 1994, p. 16). Por ejemplo, en su Teología Del Nuevo Testamento, Rudolf Bultmann, un exponente de la alta crítica, depende en gran medida de suposiciones críticas. Como señala Bock, el autor es «tan escéptico sobre el retrato de Jesús en el Nuevo Testamento que apenas habla de una teología de Jesús» (ibid).

Si bien la alta crítica debilitó la fe de algunos, otros, como B. B. Warfield del Seminario de Princeton, William Erdman y otros, persuasivamente defendieron la Biblia como la Palabra de Dios. Por ejemplo, en respuesta a los escépticos que cuestionaron la fecha temprana y autoría joánica del cuarto evangelio, Erdman y otros fieles siervos del Señor han defendido estos puntos esenciales con argumentos críticos y con igual erudición.

Asimismo, en la filosofía, la política y la teoría social, académicos cristianos, juristas, escritores, formuladores de la política y artistas, han usado armas similares al defender la fe y convencer corazones y mentes para el Evangelio. Sin embargo, en muchas áreas de la vida intelectual, la batalla está lejos de terminar. Por ejemplo, en los círculos literarios más allá del mundo académico, las ideas de Ralph Waldo Emerson siguen teniendo gran influencia. El panteísmo de Emerson equivale a una negación de Cristo; es sutil y puede engañar a los incautos a alejarse del Evangelio. Emerson sostuvo que el «Over Soul» dentro de las personas, (un término genérico, no sectario que significa «presencia perdurable sobre»), hace de cada persona la fuente de su propia salvación y verdad. En la lectura de escritores como Emerson y Hegel, los cristianos (especialmente aquellos que contenderían ardientemente por la fe una vez dada a los santos [Judas 3]) deben ejercer prudencia y mantener la Palabra de Dios en el centro de sus pensamientos y humildemente seguir siendo obedientes a ella en sus vidas.

A veces, los humanistas seculares y cristianos han participado en un diálogo honesto sobre la base o fuente de orden en el universo. Si lo llaman razón o la fuerza motriz de Aristóteles, algunos racionalistas seculares deducen correctamente que la Verdad moral es un prerrequisito para el orden moral. Aunque muchos humanistas seculares son ateos, generalmente tienen una alta opinión de la razón; por lo tanto, los apologistas cristianos pueden dialogar con ellos racionalmente acerca del Evangelio, como Pablo lo hizo en Hechos 17:15-34 cuando se dirigió a los atenienses.

¿Cómo debería responder un cristiano al humanismo secular? Para los seguidores del Camino (Hechos 9:2; 19:19,23), cualquier forma legítima del humanismo debe ver la plena realización del potencial humano en la sumisión de la mente y la voluntad humana a la mente y la voluntad de Dios. El deseo de Dios es que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan y hereden la vida eterna como Sus hijos (Juan 3:16; 1:12). El humanismo secular pretende hacer ambos mucho menos y mucho más. Su objetivo es sanar a este mundo y glorificar al hombre como autor de su propia salvación progresiva. En este sentido, el humanismo «secular» se siente muy a gusto con ciertos substitutos religiosos para el verdadero Evangelio de Dios — por ejemplo, las enseñanzas de Yogananda, el fundador de la Sociedad de la Auto-Realización. Por el contrario, los humanistas cristianos siguen al Señor Jesús en el entendimiento que nuestro reino no es de este mundo y no puede ser plenamente realizado aquí (Juan 18:36; 8:23). Fijamos nuestras mentes en el reino eterno de Dios, no en las cosas terrenales, porque hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo — quien es nuestra vida — vuelva, seremos manifestados con Él en gloria (Colosenses 3:1-4). Esto es verdaderamente una gran visión de nuestro destino como seres humanos, porque somos Su descendencia, como han dicho incluso los poetas seculares (ver el poema de Arato «Phainomena»; CF. Hechos 17:28).

Uno no tiene que ser un cristiano para apreciar que el humanismo impulsado por la razón sola no puede tener éxito. Incluso Emmanuel Kant, escribiendo su Crítica de la Razón Pura durante el apogeo de la Ilustración alemana, entendió esto. Los seguidores de Cristo no deberían caer víctimas de la falsedad de la filosofía y la tradición humana, o ser tomados cautivos por formas del humanismo basadas en la fe romántica en la posibilidad de la auto realización humana (Colosenses 2:8). Hegel basó el progreso humano en el ideal de la razón como espíritu mismo “instanciando” a través de etapas dialécticas progresivas en la historia; pero si Hegel hubiese vivido para ver las guerras mundiales del siglo XX, es dudoso que hubiese persistido en detectar el progreso humano en esta debacle de la historia. Los cristianos entienden que cualquier forma de humanismo puesta aparte de una redención de origen divino, es condenada al fracaso y es falsa a la fe. Basamos una visión elevada del hombre en una visión elevada de Dios, ya que la humanidad ha sido creada a la imagen de Dios, y estamos de acuerdo con la Escritura acerca de la situación desesperada del hombre y el plan de Dios de la salvación.

Como observó Alexander Solzhenitsin, el humanismo no ofrece ninguna solución a la condición desesperada de la humanidad. Él escribe: «Si el humanismo fuera correcto en la declaración que el hombre nace para ser feliz, no nacería para morir. Ya que su cuerpo está condenado a morir, su tarea en la tierra claramente debe ser de una naturaleza más espiritual”. Desde luego. La tarea de la humanidad es buscar y encontrar a Dios (Hechos 17:26-27; cf. 15:17), nuestro Redentor verdadero que nos ofrece una herencia mayor que la terrenal (Hebreos 6:9; 7:17). Cualquiera que abra la puerta a Cristo (Apocalipsis 3:20) heredará ese mejor lugar que Dios ha preparado para aquellos que le aman y son llamados según Sus propósitos (Efesios 1:11; Romanos 8:28; Hebreos 11:16; cf. Mateo 25:34; Juan 14:2). ¿Cuánto más excelente es esto que todos los objetivos orgullosos y elevados contenidos en los manifiestos humanistas seculares?

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Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús.

Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

 Aaron L. Garriott


Nota del editor:
 Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El tema del Reino de Dios ocupó un lugar importante en las enseñanzas de Jesús desde el principio de Su ministerio terrenal (Mt 4:17Mr 1:15Lc 4:43). Él proclamó que Su venida a la tierra significaba que el Reino de Dios se había acercado. Estaba inaugurando el reino de Dios en medio de Sus oyentes. Los milagros y la enseñanza acompañaban y demostraban esta inauguración. Su enseñanza tomó diferentes formas, pero la más importante de ellas fueron las parábolas, que usó para enseñar a Sus oyentes algo sobre la naturaleza del Reino. Las parábolas del grano de mostaza (Mt 13:31-32Mr 4:30-32Lc 13:18-19) y la levadura (Mt 13:33Lc 13:20) revelan algo del avance misterioso y lo imperceptible del Reino de Dios. Miraremos brevemente a cada una por separado.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Jesús comparó el Reino de Dios con un grano de mostaza, cuya pequeña forma inicial comparada con su impresionante forma final le proporcionaba a Jesús una ilustración adecuada del avance del Reino de Dios desde su inauguración hasta su consumación. Siendo una de las semillas más pequeñas de Palestina, la semilla de mostaza con el tiempo produciría un árbol parecido a un arbusto que alcanzaría más de tres metros de altura. La diminuta semilla llegaría a ser tan grande que las aves del cielo la encontrarían propicia como morada.

Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria.

Esta descripción se remonta al rey Nabucodonosor de Babilonia. Él soñó con un árbol que había crecido tanto que las aves del cielo se posaban en él. Sin embargo, el árbol fue cortado en un instante. La interpretación de Daniel reveló que todos los reinos de los hombres colapsarán, incluso el del poderoso Nabucodonosor (Dn 4). Pero el Reino de Dios es diferente. Aunque la inauguración de este Reino no fue impresionante, crecería hasta alcanzar su forma final y gloriosa, hasta que las aves del cielo anidaran en sus ramas (Ez 31:6).

Para que Sus oyentes entendieran el mensaje, Jesús contó otra parábola para ilustrar virtualmente la misma idea sobre el Reino de Dios. En esta parábola, una mujer esconde levadura de la masa de la semana pasada en tres medidas de harina. El poquito de levadura tiene su efecto en toda la masa. Como la levadura, el Reino de Dios comienza pequeño, y su obra es a menudo oculta e invisible, hasta que su resultado final es materializado.

Estas parábolas gemelas ilustran el crecimiento del Reino de Dios a ocurrir entre la primera y la segunda venida de Jesús. En ellas, Jesús demostró que la manera en que inauguró el Reino de Dios no tiene por qué sembrar dudas sobre el poder y la legitimidad de Su oficio mesiánico y del Reino. La humilde inauguración no fue un error; fue planificada por Dios. Juan Calvino señaló: «El Señor abre Su Reino con un comienzo frágil y despreciable, con el propósito expreso de que Su poder sea ilustrado más plenamente por su inesperado progreso».

Desde que Jesús pronunció estas parábolas, la semilla de mostaza ha echado raíces y ha florecido. El pan leudado se ha expandido exponencialmente. Aquellos que se opusieron a Jesús y a Sus seguidores después de Su ascensión trataron de aplastar la naciente Iglesia —cortar el árbol— antes de que llegara más allá de Jerusalén. Sin embargo, sus intentos fueron inútiles. De hecho, mientras más cortaban, más crecía el árbol. El martirio de Esteban es un ejemplo, ya que aceleró la dispersión que llevó el evangelio más allá de Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los confines de la tierra (Hch 8:4). La historia de la Iglesia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que ni siquiera las puertas del infierno prevalecerían contra ella (Mt 16:18).

Pero el Reino que Jesús inauguró espera Su regreso para su consumación completa y final. Mientras tanto, caminamos por fe y no por vista (2 Co 5:7). Somos ciudadanos de este Reino que no puede ser conmovido (Heb 12:28). Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria (Mt 25:31Mr 14:62). Aquel que se encarnó y nació en un estado humilde volverá en esplendor y juicio (1 Tes 4:16Ap 1:7) para consumar el Reino. Y finalmente, el tabernáculo de Dios estará con el hombre (Ap 21:3-4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

La epidemia de la soledad

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La epidemia de la soledad

Thomas Brewer

Soy un millennial. No es que esté orgulloso de ese calificativo, dado su uso durante la última década. De todos modos, nunca he conocido un mundo sin televisión, teléfonos móviles y computadoras, pero he podido experimentar lo que sería vivir en un mundo así. Recuerdo haber trabajado como consejero en un campamento en Maryland hace algunos años. Este campamento no tenía internet inalámbrico, y los teléfonos inteligentes todavía no existían. Solíamos quedarnos despiertos hasta tarde en la noche en el vestíbulo, conversando y riéndonos con otros miembros del personal. Cuando mi hermana menor fue a trabajar allí un par de años después, el campamento ya había instalado Internet inalámbrico. Le pregunté sobre el vestíbulo. Ella dijo que por las noches, prácticamente ya nadie lo usaba. Muchos se quedaban en sus habitaciones para ponerse al día con el correo electrónico y navegar por Internet.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Es extraño que la tecnología pueda cambiar la forma en la que vivimos, pero lo ha hecho, y lo sigue haciendo. Somos criaturas físicas, y nuestro entorno no solo nos rodea. Somos parte de él, y él es parte de nosotros. Algo de nuestro medio ambiente —y, por lo tanto, de nosotros— ha cambiado en los últimos años. Robert D. Putnam, en su estudio histórico sobre la conexión social en los Estados Unidos, Solo en la bolera, escribe:

Las últimas décadas han sido testigos de una sorprendente disminución del contacto regular con nuestros amigos y vecinos en una amplia gama de actividades. Pasamos menos tiempo conversando durante las comidas, intercambiamos visitas con menos frecuencia, participamos con menos frecuencia en actividades recreativas que fomentan la interacción social informal, pasamos más tiempo mirando (aunque a veces se haga en presencia de otros) y menos tiempo haciendo. Conocemos menos a nuestros vecinos, y a nuestros viejos amigos no los vemos tan seguido.

En su muy estudiado libro, Putnam destaca el verdadero declive de la participación política, cívica y religiosa en las últimas décadas. Y, por supuesto, cuando hay más aislamiento —es decir, menos conexión social— hay más soledad. Un par de encuestas recientes, incluyendo una realizada por el proveedor de atención médica Cigna, junto con otra de The Economist y la Kaiser Family Foundation, resaltan la omnipresencia de la soledad en el mundo occidental. Esta última halló que el 22 por ciento de los adultos en los Estados Unidos a menudo o siempre se sienten solos, carecen de compañía o se sienten excluidos. Según los expertos, los jóvenes son más propensos a sentirse solos que las personas mayores, y la soledad parece estar aumentando entre todos. Varios estudios, como uno de la Sociedad Americana del Cáncer, incluso han relacionado la soledad con la mala salud y con un mayor riesgo de muerte. Algunos han tomado estos datos y le han dado un nombre: «la epidemia de la soledad».

¿Qué es lo que ha causado nuestra soledad? No podemos señalar a una sola cosa, porque el problema es complejo. Putnam lo reconoce, pero también sugiere algunos factores que contribuyen, como la tecnología. Sin embargo, la tecnología, como el Internet inalámbrico, de alguna manera ha traído más conectividad. Permite que personas de diferentes lugares del mundo se comuniquen entre sí. Las redes sociales, por ejemplo, han permitido que mucha gente se vuelva a conectar. No obstante, al mismo tiempo, las redes sociales no pueden ofrecer el mismo nivel de involucramiento que la presencia personal. Es decir, no se compara con invitar a un amigo a cenar. Otras tecnologías ofrecen una experiencia similar. La televisión puede parecer genial cuando estamos solos, pero también puede parecer vacía. Igualmente podríamos apuntar a una tecnología como el automóvil, el cual nos ha brindado una mayor libertad de movimiento, pero a menudo a costa de aislarnos. Los humanos ahora viven más distanciados que nunca, lo que resulta en menos oportunidades de verse. Y cuando viajamos, cada uno está aislado en su propio auto.

También podríamos apuntar a los cambios sociales y religiosos ocurridos durante el siglo pasado. Putnam señala que las mujeres que ingresaron a la fuerza laboral moderna a mediados del siglo XX cambiaron significativamente nuestra conexión social. Reconoce que las mujeres suelen estar más comprometidas socialmente que los hombres, y si ambos en la pareja están trabajando, simplemente hay menos tiempo para involucrarse en la comunidad. (Eso no quiere decir, por supuesto, que las mujeres nunca deberían ingresar al mercado laboral. Después de todo, antes de que los hombres ingresaran a la fuerza laboral moderna, también estaban en casa, en la granja familiar). Además, también podemos reconocer el creciente número de estadounidenses que se han desvinculado de la religión organizada. En general, y al no pertenecer a un grupo religioso particular que se reúna regularmente, nuestra conexión social ha disminuido. En cualquier caso, independientemente de las causas del aumento de nuestro aislamiento, estamos más aislados que nunca.

Tal vez tú no te sientas aislado. Si no te sientes así, probablemente conozcas a alguien que sí. La soledad está en todas partes hoy. Los estudios lo dejan claro. Así que ¿cómo deberíamos vivir? Como cristianos, estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesucristo y vendar a los quebrantados de corazón (Is 61:1). Si conoces a muchas personas, tienes amigos y estás conectado socialmente, comparte esa abundancia con las personas solitarias y los necesitadas. Identifícalos en tu iglesia para que sean amigos y recíbelos, porque Cristo nos recibió a nosotros (Rom 15:7). Las personas solitarias suelen ser fáciles de detectar porque se sientan solas en la iglesia y no hablan con nadie. Si estás solo y aislado, recuerda que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu (Sal 34:18). El cristiano nunca está realmente solo, porque Dios está con él (Jn 14:16-17). Ora para que Dios te conceda amigos y una comunidad, y cuando lo haga, compártelos con otros.

En una era solitaria y aislada, tenemos la gran oportunidad de reflejar la luz de Jesús en nuestro mundo, pues Jesús nos ha dicho que todos sabrán que somos Sus discípulos si nos amamos unos a otros (Jn 13:35). ¿Y qué otra solución tiene el aislamiento que no sea el amor de Cristo?

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

¿Cómo ser un mal Sacerdote de tu Hogar?

¿Cómo ser un mal Sacerdote de tu Hogar?

Por: José Luis Salinas Orozco.

El término «sacerdote del hogar» no se encuentra en las Escrituras, sin embargo, es funcional para definir la labor paternal y espiritual del padre sobre su familia. A continuación, escribiré cinco puntos en los que solemos fallar como padres de familia en nuestra responsabilidad ante nuestros hijos, esposa y ante Dios.

Escribo esto con mucha reverencia ante la gran labor que tenemos los padres de familia como cabeza de nuestro hogar. Es decir, primero, escribo esto como una reflexión personal. Segundo, como consejos para compartir con quienes se encuentran donde yo me encuentro.

Introducción

Dios ha instituido tres tipos de gobernantes sociales como representantes suyos en autoridad humana, pero delegada por Dios. Me refiero a que hay tres tipos de gobiernos a quienes Dios les pedirá cuentas y que al mismo tiempo ha dado privilegios de ser sus embajadores de justicia en la tierra. Estos son: Los ancianos de la Iglesia1, los magistrados civiles2 y los padres de familia3.

En esta economía familiar, el padre es la cabeza de este gobierno4. Esto quiere decir dos cosas para los hombres, padres de familia. Quiere decir que tenemos un privilegio incomparable: ser el representante y gobierno de Dios en la Tierra. Esto trae privilegios de ser quien toma las decisiones y puede guiar en la verdad a su familia. Sin embargo, también conlleva un gran encargo. Dios será quien le pedirá cuentas por lo que hizo o lo que dejó de hacer. Una responsabilidad que no tiene nuestra esposa, por ejemplo. A quien se le ha dado más, se le exigirá más.

Habiendo dicho esto, mencionaré cinco errores comunes y acentuados por nuestra cultura pop y pensamiento progresista. Cinco errores son pocos, pero diré cinco porque creo son los más importantes y abarcan otros errores que no están enlistados:

1. Descuida tu Vida Espiritual.

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil porque la cadena se rompe siempre en su punto más débil. La familia es más que una cadena, es una torre, donde el cimiento principal es el padre. Si el padre cae, la familia suele caer. Por lo cual, si quieres fallar como sacerdote de tu hogar, descuida los medios de gracia para ti mismo (la Palabra, los sacramentos, la oración, etc.).

No seas estricto en tu santificación. Toma a la ligera tu labor como padre y como esposo. Descuida tu corazón dejando que se pervierta y complazca con las vanidades de este mundo. No tendrás que enseñarlo a tus hijos, ellos verán inmediatamente tu descuido familiar.

2. Profana el Día de Reposo.

Usa el domingo como un sábado familiar, pero con culto dominical matutino. Dedica solo dos horas de culto público en el día y utiliza el resto del día para que tus hijos pequen contra Dios. No prepares el corazón de tu familia desde el sábado por la noche, ni dispongas el corazón de tu familia desde el domingo por la mañana.

Haz las compras de la semana, adelanta trabajo, que tus hijos hagan las tareas que olvidaron hacer el viernes o sábado, sintoniza un deporte, pierde tu tiempo en redes sociales e invita a tu familia a hacer lo mismo. Además, no enseñes a tus hijos el culto privado, las oraciones extendidas, la meditación de la Palabra, ni la importancia del culto público vespertino. Da la impresión a tus hijos que el Día del Señor es solamente las Dos Horas del Señor.

3. Olvida el Culto Familiar.

La semana no es para Dios tampoco. En tanto que «[el día del Señor] será día de reposo» es totalmente ignorado, «seis días harás toda tu obra» lo cumplimos al pie de la letra, de modo que no tenemos un espacio familiar para Dios.

Que el culto familiar sea tan ignorado en tu práctica paternal que tus hijos ni siquiera conozcan la bendición de reunirse diariamente a orar por sus vidas, a compartir sus cargas, a meditar en la Palabra y a unirse en la adoración por medio del canto de los salmos. Tu hijo necesita educación secular, no espiritual.

4. Descuida el Bautismo y sus bendiciones.

No bautices a tus hijos. Cuando crezcan diles que no hay seguridad de que sean salvos sino hasta que tengan una edad suficiente para ser salvables. Ignora las bendiciones familiares que Dios ha prometido a los hogares de los creyentes. Vuestros hijos no son santos, no son apartados. No les des la impresión que ellos tienen un deber de rendirse a Dios en arrepentimiento y fe desde pequeños. No les recuerdes el deseo y oferta de Dios: «yo seré tu Dios y el de tus hijos»5.

5. Descuida tu Matrimonio.

Viola flagrantemente: «ama a tu esposa, como Cristo amó a la Iglesia»6. Descuidar el amor es la fórmula perfecta para la desintegración familia, hazlo y cumplirás tu cometido. No fortalezcas el vínculo matrimonial. Descuida tu deber conyugal7. Llega siempre cansado a tu casa, lleva tus problemas de oficina a tu hogar, descuida tus finanzas, mantén relaciones dudosas con otras mujeres. La fórmula perfecta para un divorcio técnico o práctico.

Conclusión

Haz todo esto y fracasarás rotundamente como sacerdote de tu hogar. Probablemente, no tendrás los peores hijos del mundo. Puede ser que tengas hijos morales o que sean pastores y misioneros. Pero tendrás hijos doctrinalmente débiles y con un carácter lejos de la piedad cristiana. Puede ser que tengas hijos líderes de iglesia, pero tendrás hijos que pervierten la verdad y corrompen la adoración y la unidad de la Iglesia.

Empero, si quieres tener hijos de la promesa conforme al corazón de Dios: Retén la sana doctrina y enséñala a tu familia. Guarda tu corazón y el de tu familia. Instruye a tiempo y fuera de tiempo. Recuerda la Palabra a tu familia en el camino, en la comida y al dormir. Así tendrás una familia que trasforma la sociedad y no una familia que se adapta a sus vanidades.

El guardar el Día de Reposo es la evidencia visible que tienes un Señor y que te rindes a sus mandamientos. Significa que estás comprometido con deleitarte en Él y no en las vanidades del mundo. Significa que quieres que tus hijos reciban las promesas en su corazón y que disfruten de Su Salvador.

«¿Por qué el encargo de guardar el día de reposo es más especialmente dirigido a los que gobiernan las familias y demás superiores?

»El encargo de guardar el día de reposo es más especialmente dirigido a los que gobiernan las familias, y demás superiores, porque ellos están obligados, no solo a cumplirlo ellos mismos, sino que tienen que velar para que quienes están bajo su responsabilidad, también lo guarden; y porque muchas veces ellos tienden a estorbarlos obligándolos a trabajar en las ocupaciones de ellos mismos».

Si quieres ser un verdadero sacerdote de tu hogar vela por el culto familiar. Como Joel Beeke indica: «El culto familiar regular hará que nuestros hogares sean lugares más benditos para vivir. Los hará más armoniosos; más santos. Los ayudará a honrar a Dios»8.

Si quieres ser un verdadero sacerdote de tu hogar administra a tus hijos la bendición, sello y señal del bautismo; dale la importancia que la Escritura le da. No lo relegues a una «doctrina secundaria», porque en la Biblia es todo menos secundaria. Como dice la Segunda Confesión Helvética: «“el Reino de Dios es de los niños”, y estos están incluidos en el pacto de Dios. ¿Por qué, pues, no deben recibir la señal del pacto de Dios? ¿Por qué no deben ser consagrados por el santo bautismo, teniendo en cuenta que ya pertenecen a la Iglesia y son propiedad de Dios y de la Iglesia». No les quitemos la bendición a nuestros hijos.

Si quieres ser un fiel sacerdote de tu hogar ama a tu esposa.  Mira a Cristo en su amor por nosotros e imítalo hasta el cansancio. Sé diligente en el cuidado y cultivo de tu relación matrimonial. No dejes que las vanidades del mundo te inviten a pecar de ningún modo.

Sé diligente con tu labor de padre y recibe las bendiciones que Dios tiene preparadas para quienes tenemos esta labor: «Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: “Ciertamente yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí para siempre… porque yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco”». 1 Samuel 2:30 NBLA.

Para gloria de Dios.


1 Hechos 20:28.

2 Romanos 13:1-4.

3 Génesis 18:19.

4 Efesios 5:23.

5 Génesis 17:7 comp. Hechos 2:38-39.

6 Efesios 5:25-33.

7 1 Corintios 7:5.

8 El Culto Familiar, Joel Beeke.

Artículo tomado de: https://fereformadagt.wordpress.com/

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Esclavos de Cristo

Bienaventuranzas de los Matrimonios Cristianos

Bienaventurados son el esposo y la esposa que continúan afectuosos, considerados y amantes después que las campanas nupciales han dejado de sonar.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que son tan condescendientes y corteses el uno con el otro como son con sus amigos.

1Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 5Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
7Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. (1 Pedro 3.1–7).

Bienaventurados son aquellos que tienen un sentido de humor, porque este atributo será un medio disponible para absorber el impacto de los embates de la vida.

Bienaventurados son los que aman a su cónyuge más que a ninguna otra persona en el mundo y que alegremente cumplen su promesa matrimonial de fidelidad y de ayuda mutua por ambas partes.

Bienaventurados son los que llegan a ser padres, porque los hijos son la herencia del Señor.

Bienaventurados son aquellos que dan gracias a Dios por el alimento antes de participar de él y que separan algún tiempo cada día para la lectura de la Biblia y la oración.

Bienaventurados son aquellos cónyuges que nunca se hablan uno al otro en voz alta y que hacen de su hogar un sitio donde nunca se oye una palabra desalentadora.

Bienaventurados son el esposo y la esposa que fielmente asisten a los cultos de adoración de la iglesia y que trabajan juntos en la iglesia para la extención del Reino de Cristo.

Bienaventurada es la pareja que tiene una comprensión completa de los asuntos financieros y que delinea un plan de sociedad con el dinero que recibe.

—Heraldo Cristiano—Habana, Cuba.

Algunas otras Bienaventuranza después de meditar…
Bienaventurados son los esposos que se someten a lo que Dios ordena en Su Palabra, la esposa que se somete a su marido y el esposo que ama a su esposa.

Bienaventurados los esposos que dependen de la gracia de Dios cada día.

Bienaventurados los esposos que no se ocultan nada y que se tienen confianza como la tuvieron Adán y Eva en el huerto; desnudos de cuerpo y de alma, el uno para con el otro y de nada se avergüenzan.

Bienaventurados aquellos esposos que se esfuerzan día a día por trabajar para traer el sustento a sus hogares.

Bienaventurados los esposos que ponen a Dios en el inicio de su día y que antes de dormir claman a Dios juntos.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos de Dios por cada momento que les permite vivir juntos.

Después de 2 años de matrimonio puedo decir que…

Bienaventurados los esposos que pese a las dificultades confían en Dios.

Bienaventurados los esposo que saben perdonar y cubrir las faltas de su cónyuge.

Bienaventurados los esposos que se ayudan mutuamente y son un apoyo el uno para con el otro.

Bienaventurados los esposos que son agradecidos cada día por estar juntos y ser moldeados por el Señor en sus matrimonios.

Bienaventurados los esposos que saben reconocer sus errores y pecados, para arrepentirse y enmendarlos.

Bienaventurados los esposo que siempre recuerdan el día que Dios permitió conocerse.

Bienaventurados los esposos que aman a Dios más que el uno al otro y se comprometen con fidelidad a morir día a día al orgullo…

Artículo de: http://www.esclavosdecristo.com