Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

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Cómo servir al cuerpo fuera de nuestras zonas de confort

Scotty Anderson

El confort implica algunos conceptos: tranquilidad física, ausencia de dolor y libertad sin restricciones. Tu zona de confort es la situación en la que menos te molesta estar. Es el lugar donde te apartas para descansar y ser renovado. La Biblia nos habla de esos lugares: la familia, la comunidad, los rituales, el día de reposo, la música, los retiros. Jesús tenía Sus compañeros, participaba en fiestas y a veces se alejaba de las multitudes. Todo esto es bueno cuando se hace en el momento correcto y de la manera correcta. Si te examinas con honestidad, lo más probable es que descubras un conjunto multidimensional de preferencias sociales, económicas, lingüísticas, políticas, generacionales, familiares, estilísticas y dietéticas que reflejan tus zonas de confort. Puede que no tengan nada de malo en sí mismas, pero, cuando las obedecemos como si fueran reglas, pueden llegar a violar seriamente el llamado al discipulado.

¿Qué podría ser más opuesto al ejemplo y mandamiento de Cristo que una vida de total comodidad? Jesús nunca vaciló al señalar la incomodidad que implica el seguirle. «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mt 8:20). «Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Lc 9:23). «Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Mr 9:35).

Esa pérdida de confort es parte de un plan maestro. El llamado al servicio desinteresado y enfocado en los demás refleja el ejemplo de Cristo:

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:5-8).

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana, con el fin de servir a los que no lo merecían.

EL COSTO DEL CONFORT

Así que ¿cómo se vería el Reino de Dios en tu iglesia si reordenaras tu vida según las prioridades de Cristo? Permíteme mostrarte cinco actos de servicio que pueden ayudarte hoy mismo a salir de tu zona de confort.

(1) Servir por misericordia en tiempos de crisis. La comunidad de los elegidos tiene prioridades diferentes: «En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia» (Pr 17:17). El Nuevo Testamento usa el lenguaje familiar («hermano») previendo el sacrificio que suele darse entre los miembros de la familia. Incluso en la cruz, Jesús le dijo a Su discípulo: «»¡He ahí tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19:27). En una crisis, entramos en acción aun cuando hacerlo perturbe nuestra propia situación. Por lo tanto, planifícate para las crisis y responde como miembro de una familia.

Cristo abandonó Su confort supremo en los cielos para someterse a la mayor humillación de toda la historia humana.

(2) Servir donde sea necesario. ¿Qué pasaría si en lugar de ver el servicio en la iglesia como el ejercicio de nuestros talentos, lo vemos como nuestro deber de analizar nuestro entorno para humildemente «llenar los huecos» (p. ej.: saludando, cuidando a los niños, visitando a enfermos, ofreciendo ayuda tecnológica)? Si no te encuentras ocupado en la iglesia, pregúntate en qué pasas tu tiempo y si eso realmente es más importante que servir.

(3) Servir a raíz del dolor. Un hallazgo sorprendente en el comportamiento humano revela que las personas que han experimentado ciertas pruebas tienden a ser menos comprensivas hacia otros que atraviesan pruebas similares. Tendemos a querer que los demás «aguanten» porque nosotros aguantamos. Sin embargo, en 2 Corintios 1:3-7, Pablo usa su aflicción para modelar el comportamiento sobrenatural de consolar «por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (v. 4). Toma la decisión consciente de tratar a las personas que sufren con la misericordia y la gracia que has recibido de Cristo.

(4) Servir mediante la participación en la adoración congregacional. Para algunas personas, la adoración es fácil, pero otras luchan con la distracción, la inseguridad y la falta de familiaridad. La adoración colectiva no es una experiencia individual. Es un mandato congregacional:

Y que la paz de Cristo reine en vuestros [plural] corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros [plural], con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros [plural] corazones (Col 3:15-16).

Es un servicio a Dios y es para el beneficio de los que te rodean.

No es muy complicado. Cientos de miles en todo el mundo llenan estadios y coliseos cada semana para ver partidos y conciertos. Se visten adecuadamente para la ocasión, muestran un entusiasmo apropiado y se unen para elevar sus cantos rituales. La naturaleza colectiva de esos eventos hace que la experiencia sea mejor. ¿Cuánto más, entonces, merece la iglesia que participes plenamente?

(5) Servir mediante la hospitalidad. Los muchos mandatos a amar al extranjero no deberían sorprendernos (Lv 19:33-34Mt 25:35Rom 12:131 Pe 4:9). Es una de las cosas más incómodas que puedes hacer, y también una de las más gratificantes. «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Heb 13:1-2). La hospitalidad a menudo implica abrirle la puerta a algo y a alguien que naturalmente te hace sentir incómodo. Después de la predicación del evangelio, pocas cosas son tan valiosas para el avance del Reino. Te mostraron bondad siendo un extranjero, te invitaron a una mesa donde no merecías un lugar y obtuviste una familia. Hay pocas respuestas a la gracia que superen el ejercicio de la hospitalidad bíblica.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Scotty Anderson
Scotty Anderson

El reverendo Scotty Anderson es pastor asistente de familias y jóvenes en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, SC

La bondad y la paciencia como testimonios

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La bondad y la paciencia como testimonios

Donny Friederichsen 

Un verano yo estaba en Santa Cruz, California, y tuve la oportunidad de aprender a surfear. Santa Cruz es uno de los mejores lugares del mundo para surfear. Sin embargo, como crecí en el este de Tennessee, solo había experimentado las aguas cálidas del golfo de México, no las aguas frías del océano Pacífico. En la playa, mi profesor me dio un traje de buceo de cuerpo completo y me dijo:  «Ponte esto». Estaba confundido; era verano. De hecho, el día estaba algo caluroso. El sol estaba resplandeciendo, y no había ni una nube en el cielo. ¿Por qué necesitaría un traje de buceo? El profesor explicó que aunque el aire estuviera cálido, el agua de las costas de Santa Cruz es particularmente fría debido a que las corrientes oceánicas traen agua hacia el sur desde el gélido Ártico. Me dijo que sin el traje de buzo, probablemente no iba a durar mucho en el agua. 

La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

Tenía razón. Si bien el día estaba soleado y caluroso, el agua estaba terriblemente fría. No obstante, el traje de buceo mantuvo mi cuerpo tibio y me ayudó a estar en el agua mientras intentaba surfear.

En realidad, el traje de buzo no me convirtió en surfista. Técnicamente, es posible que alguien, incluso en las frías aguas de Santa Cruz, surfeara sin usarlo. Pero el traje de buzo sí lo hizo más fácil; sí hizo que fuera más probable que yo pudiera surfear. Creo que esta es una metáfora adecuada del rol de la paciencia y la bondad en nuestro testimonio cristiano. Cuando estamos vestidos adecuadamente, es más fácil hacer lo que estamos llamados a hacer. Los gimnastas no usan ropa de bomberos y los bomberos no usan mallas. Cuando estamos vestidos de paciencia y bondad (Col 3:12), es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo.

La bondad y la paciencia en la Biblia

¿Qué es la paciencia bíblica? Santiago 5:7-11 la describe en términos del agricultor que planta la semilla y espera el fruto. Es como el profeta que proclama la Palabra de Dios y soporta el sufrimiento mientras espera el tiempo de Dios. El agricultor permanece emocionalmente calmado cuando hay un retraso. El profeta permanece sereno frente a la provocación. ¿Cómo pueden hacer esto? Porque conocen la verdad. El agricultor sabe que a su tiempo, el fruto aparecerá. El profeta sabe que en el tiempo de Dios, la Palabra surtirá su efecto. La paciencia está relacionada con nuestro entendimiento y conocimiento. La paciencia es el conocimiento de la providencia de Dios puesto en práctica.

¿Qué es la bondad bíblica? No es una dulzura o amabilidad melosa y empalagosa hacia todas las personas. La bondad bíblica no es tener una personalidad alegre y vibrante. No es simplemente buscar la aprobación de alguien (Gal 1:10); de hecho, en ocasiones puede ser como un golpe en la cabeza (Sal 141:5). La palabra que se traduce como «bondad» en el Nuevo Testamento transmite la connotación de «utilidad». La verdadera bondad es proveer algo beneficioso o procurar hacerle verdadero bien a alguien.

Cuando nos vestimos de paciencia y de bondad de esta manera, es más fácil testificar de la verdad y de la obra transformadora de Cristo. Si queremos amar a nuestro prójimo (Mr 12:31), haríamos bien en recordar que las primeras dos palabras que Pablo usa para definir el amor en 1 Corintios 13 son «paciente y bondadoso» (v. 4). Debemos ser «amables [bondadosos] unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Ef 4:32). Pablo también le indica a Timoteo que:

El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad (2 Tim 2:24-25). 

De hecho, recordar que fuimos llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios (Rom 2:4) debería movernos a demostrar la misma paciencia y bondad. 

La bondad y la paciencia hoy en día

Esta actitud ha sido necesaria para la Iglesia en todas las edades, pero tal vez es particularmente necesaria hoy en día. Vivimos en una era marcada por la crueldad. Participamos en la crueldad voyerista cuando vemos cómo los «jueces» destruyen sin piedad a los participantes en los concursos de talentos en la televisión. Nos quejamos de los troles de las redes sociales, hasta que atacan a alguien con quien no estamos de acuerdo. Compartimos videos y memes virales que humillan y degradan a otros. Si algo de esta actitud cruel resuena en ti, toma esto como una oportunidad para arrepentirte. Por varias razones, parece que la paciencia y la bondad, incluso como manifestaciones de la gracia común, están escaseando. Esto nos da aun más razones para practicar la paciencia y la bondad como un fruto del Espíritu (Gal 5:22).

El libro de Proverbios nos dice que si seguimos la bondad, hallaremos la vida (Pr 21:21). ¿Qué pasaría si nuestras acciones cotidianas estuvieran caracterizadas por la paciencia y la bondad? ¿Qué pasaría si preguntáramos «cómo estás» y de verdad nos importara la respuesta? ¿Qué pasaría si les diéramos propinas generosas a los que nos sirven? ¿Qué pasaría si no condujéramos como si estuviéramos enojados con todo el mundo? ¿Qué pasaría si de verdad amáramos a nuestro prójimo? Al parecer, esto pudiera llamar la atención del mundo que nos observa. Al parecer, la gente pudiera notar eso. Sin embargo, incluso eso no sería suficiente.

Así como el traje de buceo no me convirtió en surfista, nuestra paciencia y bondad no ganarán por sí solas a la gente para Cristo. Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia» (Tit 3:5). La salvación es una expresión de la perfecta bondad amorosa de Dios. Nosotros nunca amaremos lo suficiente. Nuestra paciencia y bondad son buenas, pero insuficientes. La gente aún necesita escuchar el evangelio predicado. «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Rom 10:17).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donny Friederichsen
Donny Friederichsen

El Rev. Donny Friederichsen es pastor de Covenant Presbyterian Church (PCA) en Short Hills, Nueva Jersey.

Satanás bajo el control de Dios

Esclavos de Cristo

Satanás bajo el control de Dios

Joel Beeke

Satanás bajo el control de Dios, a pesar de los ataques continuos.

A pesar del éxito que tuvo Satanás al conseguir que Adán y Eva desobedecieran a Dios, para romper el pacto con Dios, y para hundir a toda la raza humana en el pecado, Satanás permaneció bajo el control de Dios por toda la era del Antiguo Testamento.

Ello es evidente por la relación de Satanás con Saúl en 1 de Samuel 16:14–23 y en los tratos de Satanás con Dios y Job en Job 1. Satanás no podía actuar más allá de los límites establecidos por Dios en su soberano poder como el Creador. Sin la voluntad permisiva de Dios, “no tiene mucho movimiento” (cf. Catecismo de Heidelberg, Q. 28). A eso se refería Martín Lutero cuando dijo: “Aún el diablo le pertenece a Dios”.

Sin embargo, Satanás ha herido frecuentemente el talón de la semilla de la mujer desde el Edén. Las naciones caminaron en su oscuridad, en la ceguera de su falta de fe, y acogiendo el pecado. Pero Dios en su soberanía, escogió gente para sí en medio del reinado de oscuridad de Satanás. Aún con su pueblo escogido de Israel, empero, la oscuridad solía prevalecer. Pero Dios todavía conservó a sus 7,000 que se rehusaron a doblar la rodilla ante Baal (1 Reyes 19:18). Y les prometió a estos restantes que caminaron por la fe y retaron el dominio del pecado, que pronto enviaría al Salvador del pecado y la muerte.

La influencia de Satanás es evidente en el conflicto entre Caín y Abel, Ismael e Isaac, Esaú y Jacob, Egipto e Israel. La meta de Satanás siempre es la misma: eliminar la semilla escogida. La prueba es la orden de Faraón de destruir a todos los bebés varones de Israel. Prueba es el ataque de Egipto a los israelitas en el Mar Rojo. La prueba es el complot de Amán contra Ester y su pueblo.

Satanás está al acecho en cada esquina a través de todo el Antiguo Testamento, tratando de derrocar los propósitos a largo plazo de Dios. Satanás incitó a David a censar al pueblo (1 Crónicas 21:1). Satanás acusó de pecador al sumo sacerdote Josué (Zacarías 3:1). Satanás trató de empobrecer al pueblo escogido de Dios a través de prácticas paganas asociadas con rituales de orgías (1 Reyes 18:28), brujería (2 Reyes 9:22), ocultismo (2 Reyes 21:6–7), y adivinación (Miqueas 5:12). Pero las campañas malignas de Satanás, sin importar cuán bien planeadas estén, continúan fallando, pues Dios las utiliza para alcanzar sus propósitos, en vez de frustrarlos. Satanás cuestionó la piedad de Job diciendo que estaba basada en su conveniencia, pero al final, Dios perfeccionó a su siervo Job a través de severos juicios y lo llevó a ser como el oro. Satanás planeó hacer que Balaam maldijera a Israel, pero el Espíritu de Dios vino sobre Balaam para que en vez de ello profetizara la agraciada voluntad de Dios para Israel. Satanás está tan limitado por las órdenes de Dios, dijo Calvino, “que está obligado a prestarle su servicio” (Institución de la Religión Cristiana, 1.14.17).

Qué consuelo es saber que los estratagemas malignos de nuestro mayor enemigo están completamente bajo el control de nuestro mejor Amigo.

[…] de modo que “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Por esta razón Calvino pudo concluir que: “Aun el diablo puede, a veces, actuar como un doctor para nosotros”.

Joel Beeke (2008). La lucha contra Satanas: Conociendo al enemigo sus debilidades, estrategias, y derrota (12–14). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

El peligro del Feminismo en la iglesia –

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

92 – «El peligro del Feminismo en la iglesia»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

La bendición de Dios

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La bendición de Dios

Aaron L. Garriott

Hay dos tipos de personas: los que se quedan para ver los créditos de las películas y los que salen temprano del cine para evitar el tránsito. No es de extrañar que, en una cultura donde muchas iglesias se esfuerzan por entretener, las personas en las iglesias vean la adoración como un espectáculo y salgan cuando les convenga (cuando haya pasado la «parte buena»). Pero esta salida temprana conducirá a una desnutrición espiritual, pues se están perdiendo la culminación de la adoración: la bendición.

Una bendición es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe.

¿La bendición? ¿Te refieres a la «oración» final que hace el pastor con las manos levantadas? ¿No es eso como los créditos de una película? Quizás hemos malentendido su naturaleza y propósito, viéndolo como una despedida especial de parte de Dios en el mejor de los casos. Pero históricamente, la bendición ha sido un componente vital en la adoración de la iglesia. Desde los tiempos de la Iglesia primitiva hasta la Edad Media, y desde los reformadores hasta los puritanos, vemos esta tradición litúrgica donde el ministro levanta las manos para pronunciar una bendición sobre la congregación. Junto con la invocación, la bendición sirve como como el segmento final de la liturgia que indica que Dios tiene la primera y la última palabra. Esta práctica está codificada en el Directorio para la Adoración Pública de Dios de la Asamblea de Westminster, la cual prescribe que el ministro «despida a la congregación con una bendición solemne». ¿De dónde vino esta práctica y cuál es su propósito?

Dios instituyó la bendición aarónica después de la inauguración del sacerdocio levítico:

Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: “El Señor te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti Su rostro, y te dé paz”». Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré (Nm 6:23-27).

Con este pronunciamiento, la congregación recién formada podía estar segura de que el Señor se había comprometido con ellos antes de que entraran a la tierra prometida para tomar posesión de ella. Desde la primera bendición, aprendemos que es (1) un mensaje de parte de Dios, (2) entregada a Su pueblo a través de ministros de la Palabra y (3) con el propósito de sostener y fortalecer la fe.

En primer lugar, una bendición es una «buena noticia» de parte de Dios. Es un mensaje objetivo que confirma nuestro encuentro con el Dios vivo a través de Sus medios de gracia. Por lo tanto, es diferente a una oración o a una doxología. La diferencia es que una oración o una doxología es de nosotros hacia Dios, mientras que una bendición es de Dios hacia nosotros. En otras palabras, la doxología y la oración se dirigen hacia arriba; la bendición se dirige hacia abajo. Ambos son importantes para la piedad cristiana, pero debemos saber distinguirlos en la adoración de la Iglesia. Hablando sobre la bendición aarónica, John Owen dice: «Las palabras prescritas para los sacerdotes no eran una oración, sino una bendición autoritativa y una señal instituida de la bendición de Dios sobre Su pueblo». Es por esto que, históricamente, la postura apropiada, si es que hay una, no es con los ojos cerrados y las manos cerradas, sino con los ojos abiertos y las manos abiertas, recibiendo por fe el pronunciamiento divino. En cuanto a la postura del que pronuncia la bendición, los ejemplos de Aarón (Lv 9:22) y de Cristo (Lc 24:50) indican que es más apropiado levantar ambas manos.

En segundo lugar, una bendición es pronunciada por hombres calificados a quienes se les ha encomendado la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, el ministerio fue dado primariamente al linaje de Aarón (2 Cr 30:27Heb 5:1-5). En el Nuevo Testamento, estos deberes han sido encomendados a ancianos calificados; por tanto, la autoridad para pronunciar la bendición sobre el pueblo de Dios (en el contexto apropiado y de la forma apropiada) se basa en el oficio ministerial. Con su autoridad declarativa y derivada, los ancianos ordenados pronuncian sobre el pueblo de Dios lo que ya es cierto acerca de ellos: Él es su Dios y ellos son Su pueblo. Pero si eso ya es cierto acerca de la congregación, ¿por qué necesitan recibirla?

La respuesta es que una bendición, en tercer lugar, es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe. La misma es llevada a cabo con un propósito: confirmar la promesa de que Dios está con nosotros y nos bendice. Por lo tanto, ha de ser recibida con fe. El Señor nos habla a través de Sus palabras de bendición, pronunciadas sobre nosotros por Sus ministros. Es decir, es por este medio que la bendición de Dios es comunicada a Su pueblo. El Señor dijo: «Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré». Debemos responder con fe a este pronunciamiento objetivo de la bendición divina. Juan Calvino señala que en la bendición aarónica, a los sacerdotes «se les ordena pronunciar la bendición de manera audible, no susurrar oraciones; así que deducimos que ellos predicaron sobre la gracia de Dios, y que el pueblo podía entenderla por fe». Calvino continúa diciendo que, a través de la bendición, «Dios entrega Su nombre a los sacerdotes para que sea presentado diariamente como una promesa de Su voluntad y de la salvación que procede de la misma». La bendición, entonces, debe creerse por fe y recibirse con gratitud y seguridad.

Al igual que los israelitas, estamos esperando una tierra que ha sido garantizada con una promesa (Jn 14:3Ef 1:14). Como peregrinos débiles que somos, necesitamos este pronunciamiento regular que, como viento en popa, sopla el aliento necesario para impulsar nuestras velas. La bendición aarónica culminará hermosamente con la consumación de la promesa del nuevo pacto, cuando Dios more con Su pueblo (Ap 21:3) y Su nombre sea escrito sobre nosotros (14:1). A través de este pronunciamiento regular, se nos recuerda que este es nuestro destino: la bendita y gloriosa presencia de Dios por siempre. Allí Cristo pronunciará la bendición divina sobre Su novia y «[veremos] Su rostro, y Su nombre estará en [nuestras] frentes» (22:4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

La Escritura Es La Regla De La Vida

HeartCry Missionaty Society

La Escritura Es La Regla De La Vida

Juan Calvino

1. La meta de la nueva vida en Cristo es que los hijos de Dios exhiban la «melodía y armonía» de Dios en su conducta. ¿Qué melodía? La canción del Dios de justicia. ¿Qué armonía? La armonía entre la justicia de Dios y nuestra obediencia. Únicamente andando en la maravillosa ley de Dios podemos estar seguros de nuestra adopción como hijos del Padre. La ley de Dios contiene en sí misma la dinámica de la nueva vida por medio de la cual Dios restauraSu imagen en nosotros; pero por naturaleza somos perezosos y negligentes, por lo cual necesitamos la ayuda y el estímulo de un principio que nos guie en nuestros esfuerzos. Un sincero arrepentimiento de corazón no garantiza que no nos desviemos del camino recto. Es mas, muchas veces nos encontramos perplejos y desconcertados. Busquemos, pues, en la Escritura el principio fundamental para reformar y encauzar nuestra vida.

2. La Escritura contiene un gran numero de exhortaciones, y para tratarlas todas necesitaríamos un gran volumen. Los padres de la iglesia han escrito grandes obras sobre las virtudes que son necesarias en la vida cristiana. Son escritos de un significado tan valioso que ni los eruditos mas hábiles podrían agotar las profundidades de una sola virtud. Sin embargo, para una devoción pura, no es necesario leer las excelentes obras de los padres de la iglesia, sino solamente entender la regla básica de la Biblia.

3.   Nadie debería sacar la conclusión de que la brevedad de un tratado sobre la conducta cristiana hace que los escritos elaborados de otras personas sean superfluos, o que su filosofía no tenga valor. Sin embargo, los filósofos están acostumbrados a hablar de los principios generales y de reglas específicas, pero la Escritura tiene un orden propio. Los filósofos son ambiciosos y, por consiguiente, apuntan a una exquisita claridad y una hábil ingenuidad; pero la Escritura tiene una hermosa precisión y una certeza que sobrepasa a todos los filósofos. Los filósofos a menudo hacen unas demostraciones conmovedoras, pero el Espíritu Santo tiene un método diferente (directo, sencillo y entendible), el cual no debe ser subestimado.

JUAN CALVINO

El primer teólogo en sistematizar las Escrituras, sus enseñanzas fueron de vital importancia para la reforma de la iglesia.

¿Por qué Martín Lutero publica las 95 TESIS y cuáles fueron las consecuencias? 

BITE

Serie: Biografía

¿Por qué Martín Lutero publica las 95 TESIS y cuáles fueron las consecuencias? 

El concilio de Constanza de 1417 que quemó a Jan Hus en la hoguera, había suprimido el movimiento de reforma iniciado por John Wycliffe.

Un siglo después, un monje y profesor de la Universidad de Wittenberg, Martín Lutero, tomó la batuta de los reformadores.

En 1516, Alberto de Brandenburgo le pidió prestada una suma sustancial a los banqueros alemanes para comprarle al papa León X el arzobispado de Mainz, a pesar de tener ya otros dos obispados. Las dinastías poderosas tenía intereses creados para mantener a la Iglesia como un negocio familiar.

El arzobispado de Mainz haría de Alberto el primado de Alemania. Pero ocupar tres obispados era irregular. Se necesitaba mucho dinero, pero Alberto sabía que el papa lo necesitaba.

El papa autorizó a Alberto a vender indulgencias, que eran básicamente certificados de remisión de pecados, con el objetivo conseguir el dinero. La mitad del dinero iría al papa para reconstruir la catedral de San Pedro, y el resto a Alberto para pagar el dinero prestado para sobornar al papa.

Pero un desconocido monje llamado Martín Lutero había estado leyendo el Nuevo Testamento, en griego y latín, recientemente traducido por Erasmo. Con estas lecturas Lutero aprendió que Jesús ya había pagado el precio requerido para la salvación de la persona. Jesús era el cordero de Dios, sacrificado en la cruz como nuestro sustituto. Había llevado sobre él toda la pena de nuestro pecado. No había nada que los seres humanos pudieran pagar para comprar la salvación. Todo lo que teníamos que hacer era arrepentirnos de nuestros pecados y recibir por fe la dádiva de Dios.

Lutero se dio cuenta de que la venta de indulgencias era explotar a las masas en nombre de la religión. Como sacerdote, Lutero era responsable de educar a su rebaño y protegerlo de los lobos voraces. En este caso, los lobos resultaban ser sus superiores, a quienes había hecho el voto de obedecer. Pero también era profesor con ciertas libertades académicas; tenía el derecho de expresar sus opiniones para el escrutinio de sus colegas y estudiantes.(2)

El 31 de octubre de 1517, Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Era una apelación al debate académico. Decía Lutero que la iglesia estaba en un error y que vender las indulgencias era una explotación corrupta de las masas pobres. Su desafío fue tan sensacional, que de inmediato se empezaron a hacer muchas copias de las tesis.

En diciembre de 1520 se le preguntó a Lutero si estaba dispuesto a comparecer ante el emperador Carlos para ser juzgado por herejía. Jan Hus, el reformador checo, y otros de los predecesores de Lutero habían sido quemados en la hoguera a pesar de que la iglesia les aseguro salvoconducto. A Lutero no se le había dado tal seguridad, sin embargo aceptó asistir.

Felizmente, Federico, duque de Sajonia y protector de Lutero, obtuvo el salvoconducto.

Lutero enfrentó el juicio en la ciudad de Worms. Las autoridades intentaron intimidarlo para someterle, o eliminar la amenaza que representaba este pobre monje.

Lutero no estaba procurando ser un héroe. Estaba siendo obediente a su conciencia, de la que afirmaba que estaba cautiva a la palabra de Dios. El no sabía que estaba inaugurando una nueva era, desatando un movimiento de grandes dimensiones.

Así inició la Reforma Protestante. Una reforma de la que seguimos hablando 500 años después.


Gran parte del material para este video se extrajo del libro: El libro que dio forma al mundo de Vishal Mangalwadi

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¿Existen realmente «las iglesias virtuales»?

9Marcas

¿Existen realmente «las iglesias virtuales»?

¿De verdad existen «las iglesias virtuales»?

Ciertamente, los cristianos podemos conectarnos y ver a un pastor predicar en una transmisión de video en vivo. Podemos unirnos a un chat grupal. Y Dios usará estas cosas para bien. Pero eso no significa que debamos llamar a estas actividades «iglesias».

Solo piensa en esto: ¿Alguna vez has llamado «iglesia» a una conferencia cristiana, a una reunión denominacional o a un campamento juvenil? ¿No? ¿Por qué no? Hay predicación, oración y canto. No obstante, entendemos que no son iglesias. Podríamos empezar a llamarlas iglesias. Podríamos redefinir la palabra «iglesia» para incluir conferencias y campamentos. Pero sabemos que llamarlas «iglesias» no las convertirá en iglesias, al menos según los estándares de la Biblia.

Lo mismo ocurre con la «iglesia virtual» o la «iglesia de Internet». Según los estándares bíblicos, estas cosas no existen. No son iglesias. Cuando decimos esas palabras, sin darnos cuenta redefinimos la palabra iglesia. Estas frases o expresiones son un abuso de lenguaje.

LA GUÍA DE LA BIBLIA «CÓMO CONSTRUIR UNA IGLESIA»

¿Qué aprendemos cuando recurrimos a Jesús y la Biblia como nuestra guía de «Cómo construir una iglesia»?

Paso # 1 para construir una iglesia: descubrimos en las Escrituras, que el propósito de una iglesia es reunir a los cristianos en el nombre de Jesús. La misma etimología de la palabra griega para «iglesia» lo enseña. Ekklesia, traducido literalmente, significa asamblea. Entonces, una iglesia, ante todo, es una asamblea de personas que se identifican y declaran el nombre de Jesús y su evangelio.

Aun así, si la etimología no te convence, hagamos una exégesis. Jesús mismo dice que la reunión de creyentes tiene su autoridad y enarbola su bandera. Después de referirse a una acción de una «iglesia» (Mateo 18:17), Jesús afirma la licencia de la iglesia para actuar como actuó al decir que la reunión física lo representa: «Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20). Él está «allí» y «entre» los «reunidos»: tres palabras espaciales. Y es en ese espacio, ese espacio físico, donde una iglesia declara oficialmente el evangelio y se identifica con el evangelio.

Paso # 2. ¿Cómo se identifica la iglesia con Jesús y su evangelio?

Si Mateo 18 nos da el Paso # 1, Mateo 28 nos da el Paso # 2: bautizar a las personas en el nombre de Jesús y enseñarles toda la Biblia (Mt. 28: 19-20). Lo cual tiene sentido. Son los que se reúnen en su nombre los que deben bautizar y enseñar en su nombre. Son aquellos con los que él promete vivir ahora (Mt. 18:20), con los que promete habitar siempre, especialmente cuando se mueven en el tiempo y el espacio (Mt. 28:20). Nunca dice que morará en Internet.

Dispersas entre las naciones, cada una de estas reuniones funciona como un puesto de avanzada o una embajada del reino de Jesús. Él No quiere que sus seguidores reclamen una tierra, tracen fronteras en un mapa y levanten un ejército. Sin embargo, sabe que sus ciudadanos todavía necesitan un lugar geográfico sobre el cual posarse una vez a la semana, una forma de hacerse visibles para que ellos sepan quiénes son y que el mundo sepa quiénes son.

La asamblea es donde la iglesia encuentra su espacio geográfico una vez a la semana, un espacio santificado que mira hacia el jardín del Edén y el Templo donde Dios habitó con el hombre, y también hacia los nuevos cielos y tierra donde morará con ellos de nuevo. Hace que la iglesia (la iglesia universal) sea tridimensional, encarnada, visible, transformadora durante un par de horas el domingo. Puedes entrar, mirar a tu alrededor, codearte y sentir cómo aumenta la temperatura de la habitación a medida que los cuerpos llenan el espacio. La asamblea es donde los incrédulos pueden venir y presenciar el reino de Dios y decir: «Dios está realmente entre ustedes» (1 Co. 14: 24–25).

El paso # 3 para construir una iglesia es: meditar este evangelio y reafirmarnos unos a otros como miembros del mismo cuerpo a través de la Cena del Señor: «Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo» (1 Co. 10:17; véase también Mateo 26: 27-28). Por tanto, Pablo está profundamente preocupado por cómo la iglesia practica la Cena «cuando se reúnen como iglesia» (1 Co.11: 18–34). Percibe que, en esta frase, hay un sentido en el que la iglesia no es una iglesia hasta que se reúne. Por tanto, insiste en que, cuando participan de la Cena, ambos «disciernen el cuerpo» y «que se esperen el uno al otro» (vv. 29, 33).

No digo todo esto solo porque sea un congregacionalista o un tipo al estilo de Una Asamblea. La «Forma de Gobierno de la Iglesia Presbiterial» de la Asamblea de Westminster (1645), el primo menos conocido de la «Confesión de Westminster», dice que una iglesia «se reunirá en una sola asamblea» para el culto público.

POR QUÉ QUIERES REUNIRTE REALMENTE, NO SOLO VIRTUALMENTE

Sin duda, la tecnología de Zoom o Google Chat nos brinda algunos de los beneficios de la presencia real. Alabado sea el Señor. Sin embargo, también se puede entender por qué muchos cristianos de todo el mundo simpatizan más que nunca con la broma del general de la Infantería de Marina: «La presencia virtual es una ausencia real». Este punto es afirmado sinceramente por cualquiera que esté parado en una playa esperando un rescate de la Marina.

Asimismo, no querrás estar virtualmente con tu esposa en una luna de miel. De hecho, quieres estar con ella realmente. No querrás reunirte virtualmente con tus hijos la mañana de Navidad. De hecho, quieres reunirte con ellos físicamente. ¿Cuántos de nosotros en esta temporada de pandemia, estamos al mismo tiempo, descubriendo como nunca antes la diferencia entre la presencia virtual y la presencia real en nuestras iglesias?

¿Recuerdas cómo luchaste con el odio oculto hacia un hermano durante toda la semana, pero luego su presencia en la Mesa del Señor te llevó a la convicción y la confesión? ¿Recuerdas cómo luchaste con sospechas hacia una hermana, pero luego la viste cantando las mismas canciones de alabanza que tú, y tu corazón se avivó? ¿Recuerdas cómo luchaste con la ansiedad por las elecciones recientes, pero luego el predicador declaró la venida de la victoria y la vindicación de Cristo, escuchaste gritos de «¡Amén!» a tu alrededor y te acordaste de que perteneces a una ciudadanía celestial pactada en la esperanza? ¿Recuerdas todas las veces que has tenido la tentación de mantener tus luchas a escondidas, mas la tierna, pero apremiante pregunta de la pareja de ancianos durante el almuerzo: «¿Cómo estás realmente?», te llevó a la luz?

Hermano, tú y yo podemos «descargar» las verdades bíblicas virtualmente. Maravilloso. Sin embargo, no podemos sentir, experimentar y presenciar cómo esas verdades se encarnan en la familia de Dios, lo cual, fortalece nuestra fe y crea lazos de amor entre hermanos y hermanas.

Según los estándares bíblicos, la iglesia virtual no existe. ¿Y no te alegras? Las Escrituras nos ofrecen algo encarnado, mejor y vivificante: la asamblea de su novia comprada con sangre, que es hermosa.

Una última pregunta: ¿Eres un pastor que está pensando en iniciar un «campus virtual»? Hermano, no engañes a la gente obviando lo real. Respalda las Escrituras insistiendo en que la Biblia significa incomodar sus vidas y horarios por amor. El amor en persona siempre es mejor que el amor virtual. Pregúntales a tu esposa e hijos si no estás seguro.

Por Jonathan Leeman

Jonathan (@JonathanLeeman) edita la serie de libros 9Marks, así como el 9Marks Journal. También es autor de varios libros sobre la iglesia. Desde su llamado al ministerio, Jonathan ha obtenido un máster en divinidad por el Southern Seminary y un doctorado en eclesiología por la Universidad de Gales. Vive con su esposa y sus cuatro hijas en Cheverly, Maryland, donde es anciano de la Iglesia Bautista de Cheverly.

Viviendo santamente como hijo

The Master’s Seminary

Viviendo santamente como hijo

Rodrigo Ávila

Hoy en día existe una tendencia mundial en favor de los derechos de los niños. Este es un esfuerzo admirable. Cada sociedad debe procurar que, en lo posible, se garantice la protección y el bienestar de los niños en cada área de sus vidas. Lamentablemente, algunas de las medidas que buscan un avance en estos derechos han llegado a extremos perjudiciales. Un ejemplo de estas medidas es aquella que permite a menores de edad «cambiarse de sexo» sin la aprobación de sus padres.

Afortunadamente, Dios provee en su Palabra un método inmensamente superior al que la sociedad ofrece. La sociedad solo puede ofrecer seguridad y bienestar pasajeros. Y muchas veces lo que logra es lo opuesto: vulnerabilidad y malestar duraderos. Dios, por otro lado, promete una bendición integral, tanto en esta vida como en la venidera, a todos aquellos niños, y no tan niños, que obedecen y honran a sus padres. Como se examinará a continuación, esta promesa se extiende también a aquellos que ya no viven bajo el mismo techo de sus padres.

En Efesios 6, el apóstol Pablo continúa su enseñanza sobre los diversos roles y responsabilidades de los respectivos miembros de una familia. En el contexto previo del capítulo 5, Pablo habló sobre los roles de las esposas y los esposos. Ahora es el turno del papel de los hijos con respecto a sus padres.

Los hijos deben obedecer a sus padres 

Efesios 6:1 habla claramente acerca del rol de los hijos: «Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor». El verbo obedecer tiene que ver con hacer lo que es indicado o con cumplir las órdenes de alguien. El presente imperativo de este verbo señala que la obediencia de los hijos es una acción continua. Todo cristiano sabe que obedecer cualquier mandamiento divino requiere de mucho esfuerzo y dedicación. No sucede espontáneamente, sino que demanda un trabajo arduo en dependencia de Dios. De hecho, obedecer sin la ayuda y el poder del Espíritu de Dios es simplemente imposible. En esta misma línea de pensamiento, el Dr. Andreas Köstenberger comenta acertadamente lo siguiente:

En el pasaje más extenso de Efesios, Pablo indica que la sumisión de los hijos a sus padres es el resultado de la llenura del Espíritu (Efesios 6:1; cf. Efesios 5:18: «sed llenos del Espíritu»), lo que sugiere que solo los hijos que han sido regenerados pueden vivir consistentemente este patrón de relación en el poder del Espíritu Santo[1].

Es debido a la asistencia y a la llenura del Espíritu que los hijos creyentes son capaces de obedecer y honrar a sus padres de una manera que agrada a Dios.

Debe notarse también que esta obediencia se debe hacer «en el Señor» (Ef. 6:1a). Esta expresión indica que últimamente la obediencia de los hijos es a Cristo. En Colosenses 3:20, el pasaje paralelo de Efesios 6:1–3, se le ordena a los hijos a obedecer a sus padres en todo «porque esto es agradable al Señor». Además, Pablo continúa esta sección diciendo que se debe obedecer a los padres «porque esto es justo» (Ef. 6:1b). En otras palabras, «esta es la motivación para que los hijos obedezcan a sus padres»[2]. Eso no puede hacerse de otra manera que no sea dependiendo de Él.

Los hijos deben honrar a sus padres

En el versículo 2, Pablo exhorta a los hijos a honrar a ambos padres. ¿Qué implica poner en práctica este mandamiento? En palabras de Calvino: «el precepto, honra a tu padre y a tu madre, comprende todos los deberes mediante los cuales se puede expresar el afecto sincero y el respeto de los hijos hacia sus padres»[3].

Pablo continua diciendo que este «es el primer mandamiento con promesa» (Ef. 6:2b). Este mandato y las promesas adjuntas en el verso 3 hacen referencia al quinto de los Diez Mandamientos (Éx. 20:12). El aparente problema es que el segundo mandamiento del Decálogo incluye promesas, es decir, castigo para los que odian a Dios, pero misericordia o amor inquebrantable para los que aman a Dios (Éx. 20:4-6). ¿Cómo, entonces, puede ser el quinto mandamiento el primero con promesa? La solución consiste en notar que el quinto mandamiento es el primer mandamiento con una promesa específica, mientras que las promesas del segundo mandamiento son generales y, por lo tanto, deben aplicarse a todos los mandamientos.

El versículo 3, entonces, provee dos motivaciones extra, expresadas en dos promesas, para obedecer a los padres: «para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra». Köstenberger, una vez más, ofrece una excelente observación sobre este texto: 

La promesa de que le iría bien a los hijos que honran a sus padres se refería en el contexto original a una larga vida en la tierra (prometida) de Israel (Éxodo 20:12: «para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da»). Pablo universaliza la promesa y así indica su continua relevancia y aplicabilidad. La promesa ya no está limitada geográficamente; a los hijos obedientes se les promete una larga vida en la tierra dondequiera que vivan[4].

Esto no significa que no haya excepciones a esta regla general. La Escritura habla de impíos que prosperan (Job 21:7; Sal. 10:5; 73:3–9, 12; Jer. 12:1–3). El punto es, como dice Calvino, que «la promesa es una larga vida; de la cual somos guiados a comprender que la vida presente no debe pasarse por alto entre los dones de Dios»[5].

¿Qué hay de los hijos que ya no están en casa? 

Una importante pregunta que surje en este punto es: ¿están los hijos que ya no viven bajo el mismo techo de sus padres exentos de obedecerles y honrarles? Sobre esto, Hoehner observa correctamente lo siguiente:

Cuando los hijos se van de casa y/o se casan, serán responsables de sus propias decisiones y, si están casados, dejarán a su padre y a su madre y se unirán a su cónyuge (cf. Génesis 2:24; Efesios 5:32). Incluso entonces, aunque la obediencia ya no sea necesaria, el honor a los padres debe continuar (Éxodo 20:12; Deut. 5:16; Mateo 15:4; Marcos 7:10; Mateo 19:19; Marcos 10:19; Lucas 18:20)[6].

En una ocasión Cristo confrontó a ciertos escribas y fariseos (Mt. 15:1-20). La razón fue porque ellos quebrantaban el mandamiento sobre honrar a los padres con una excusa aparentemente piadosa. Ellos decían a sus progenitores que no podían proveer para sus necesidades debido a que el dinero que poseían lo ofrendaban a Dios. Cristo rechazó esas excusas tajantemente. Él los acusó de invalidar el mandamiento de Dios por su tradición y de enseñar como doctrinas, mandamientos de hombres. Las acciones de estos líderes religiosos estaban llenas de hipocresía y maldad al punto de que merecían ser castigados severamente. El maldecir a los padres era condenado en el Antiguo Testamento por medio de la pena capital (Éx. 21:15, 17; 20:9; Dt. 21:18-21, 27:16). Martyn Lloyd-Jones dice lo siguiente sobre esta actitud: 

Ese fue un peligro muy sutil, y es un peligro que todavía está presente con nosotros. Hay jóvenes que hoy están haciendo un gran daño a la causa cristiana al ser engañados por Satanás en este mismo punto. Están siendo groseros con sus padres, y lo que es más grave, son groseros con sus padres en cuanto a sus ideas cristianas y su servicio cristiano. Por lo tanto, son un obstáculo para sus propios padres no convertidos. Tales cristianos no pueden ver que no dejamos de lado estos grandes mandamientos cuando nos convertimos en cristianos, sino que, más bien, debemos vivirlos y ejemplificarlos más de lo que lo hemos hecho antes[7].

La necesidad de brillar en medio de la oscuridad

En la que se cree fue su última epístola, Pablo le dice a Timoteo que en los postreros días vendrían tiempos peligrosos (2 Ti. 3:1). En los versículos siguientes el apóstol pasa a dar una lista del carácter impío de los hombres de esa época. Lo que llama la atención en esta terrible lista es la inclusión de aquellos que son desobedientes a los padres. Esta es una clara indicación de que para Dios la obediencia a los padres no es un pecado menor sino un pecado grave y que por ende tiene consecuencias devastadoras.

No cabe duda de que actualmente estamos viviendo en tiempos en que la depravación de la sociedad ya casi no conoce límites. Es entonces crítico que la Iglesia brille en medio de las tinieblas. No será fácil. Nunca lo ha sido. Sin embargo, la Iglesia brillará si sus miembros continuamente están siendo llenados del Espíritu Santo. De esta manera, tendrán el poder para asumir sus roles dentro de la familia y de paso disfrutar las maravillosas bendiciones que Dios les ha prometido.

[1] Andreas Köstenberger, God, Marriage, and Family: Rebuilding the Biblical Foundation, 2nd. ed. (Wheaton, IL: Crossway, 2010), 105–106.

[2] Harold W. Hoehner, Ephesians: An Exegetical Commentary, (Grand Rapids: Baker Publishing Group, 2002), 787.

[3] John Calvin and William Pringle, Commentaries on the Epistles of Paul to the Galatians and Ephesians (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010), 327.

[4] Köstenberger, God, Marriage, and Family, 106.

[5] Calvin and Pringle, Commentaries on the Epistles of Paul to the Galatians and Ephesians, 328.

[6] Hoehner, Ephesians, 789.

[7] D. Martyn Lloyd-Jones, Life in the Spirit: In Marriage, Home, and Work – An Exposition of Ephesians 5:1–6:9 (Grand Rapids: Baker Book House Company, 1975), 240–241.

Rodrigo Ávila

Rodrigo Avila es graduado de The Master’s Seminary (B.Th.). Durante su tiempo en esta institución trabajó como editor y coordinador de internet en Gracia a Vosotros. También fue miembro de Grace Community Church en Los Ángeles, California, donde sirvió como diácono y maestro de estudios bíblicos. Él escribe en su blog llamado «Teología en Llamas». Actualmente se encuentra terminando un interinato en Kerrville Bible Church en Kerrville, Texas. Él y su familia tienen planes de moverse pronto a Chile con el fin de plantar una iglesia en la ciudad de Valparaíso. Rodrigo está casado con Sheila y tienen tres hijos: Ian, Evan y Susana.

Ofrece la misma gracia que predicas

Alimentemos El Alma

Ofrece la misma gracia que predicas

Por Paul Tripp 

Traducción por María Gigliola Montealegre-Chaves

Lo he hecho por años. Era muy bueno haciéndolo, pero no lo sabía. Moldeó la forma en que predicaba y la forma en que me esforzaba en pastorear a las personas. Me habría sentido ofendido si hubieras cuestionado mi teología. Yo era un apasionado defensor de las «doctrinas de la gracia». Las conocía muy bien y podía expresarlas con claridad, pero algo estaba ocurriendo en los cimientos. Enérgicamente devalué en los deberes, los procesos y las relaciones del Ministerio Pastoral la misma gracia que teológicamente defendí. Mi ministerio no se sustentaba en la gracia. Carecía de los frutos de la gracia: confianza y seguridad. Por lo tanto, intenté hacer en las personas lo que sólo Dios puede realizar y reiteradamente le solicité a la ley llevar a cabo aquello que sólo la divina gracia podía lograr.

¿Cómo sucede esto? El corazón de cada creyente, que sigue siendo librado del pecado, es arrastrado lejos del sustento del nowismo de la gracia hacia algún tipo de legalismo. Incluso después de ser salvados por la gracia, tendemos a pensar: «soy una persona virtuosa y no necesito del Salvador». Pensando que somos nosotros los que guardamos la ley, la llevamos a los infractores con la esperanza de que vean su comportamiento errado y se esfuercen por mejorar.

Nadie predica más la ley que aquel que cree guardarla. Y nadie otorga la gracia con más ternura que aquel que sabe que la necesita con desesperación. La tentación de regresar al legalismo nos da la bienvenida a todos.

Los recursos que necesitamos

Existen dos lugares determinados en los que un pastor tiene la tentación de devaluar la gracia. Primero, existe la tentación de devaluar la gracia de la presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros, nos ilumina, condena, guía y faculta. (Ver Romanos 8:1-11). Dios sabía que nuestra lucha contra el pecado era tan profunda que no bastaba con perdonarnos. No, sumado al perdón Él nos abrió y se metió dentro de nosotros por medio de su Espíritu. En su presencia tenemos los recursos que necesitamos para ser quienes deberíamos ser y hacer aquello para lo que fuimos llamados.

Cuando devalúas esta gracia, crees que tu trabajo como pastor es dirigir la vida de las personas. Simplemente te conviertes en alguien demasiado presente en sus vidas y muy dominante de sus pensamientos y decisiones. Tu ministerio inicia a migrar de uno que está centrado en decirle a la gente lo que Dios ha hecho por ellos, a uno que está dominado por decirle a las personas lo que tienen que hacer.

La madurez en el Cuerpo de Cristo nunca es fruto de este tipo de pastoreo No, el fruto es una uniformidad cultural y de comportamiento que se disfraza de madurez. Sólo cuando el pastor se sustenta en la gracia del Espíritu Santo que mora en nosotros, se libera de dirigir la vida de las personas y se vuelve más consciente de cuándo hablar y cuándo callar, cuándo tener una participación más activa y cuándo dejar de tenerla, y cuándo aconsejar y cuándo confiar en Dios para que sea Él quien guíe.

La meta no es tener una congregación que se ajuste uniformemente al estilo de vida del pastor, sino una que se amolde progresivamente a la imagen de Jesús. Es decir, una congregación que crezca en Cristo a pesar de que, desde abajo, sus miembros tomen diferentes decisiones.

Susténtate en la gracia

Existe una segunda gracia que los pastores están tentados a devaluar. Es la gracia del sacerdocio de todos los creyentes. Esta gracia no sólo le da la bienvenida a todos los creyentes al santuario de Dios a través de la sangre de Jesús, sino que también llama a cada creyente a ser un ministro de esa gracia en la vida de los demás. (Ver Colosenses 3:12-17). Cuando devalúas esta gracia, el ministerio se convierte en un lugar dominado y controlado por el personal asalariado, los ancianos y los diáconos. No predicas la verdad sobre la importancia del ministerio santificante del cuerpo de Cristo, no le das a la gente la visión del ministerio, no los llamas a adquirir un compromiso con el estilo de vida que le da forma al ministerio, y no los preparas para el servicio. Haces hincapié en un ministerio programático formal dejando de lado el llamado a formar un ministerio informal de miembro a miembro.

Su fruto es una congregación pasiva que cree que el ministerio nunca será oficial a menos que el pastor esté presente, que piensa en el ministerio como un programa semanal de reuniones dirigidas por el personal pastoral, y que se han convertido más en consumidores que en participantes. Las «articulaciones y los ligamentos» no cuentan con la confianza ni el reconocimiento para desempeñar su papel y como resultado el cuerpo se debilita.

Cuando un pastor adopta una teología de la gracia pero a nivel funcional devalúa la gracia de Dios en la vida del creyente, estará muy presente y dominante en el ministerio, y el fruto de este ministerio será la uniformidad y la pasividad en el Cuerpo de Cristo. Muy diferente a la verdadera madurez que produce un ministerio sustentado en la gracia de Dios.

Para un pastor, sustentarse en la gracia es una guerra. Una y otra vez nuestros farisaicos corazones migran hacia un ministerio de legalismo y control Es importante, y demuestra humildad, confesar que necesitamos desesperadamente de la gracia para ser capaces de sustentarnos en ella. ¿No crees que es reconfortante saber que se nos ha otorgado la gracia que necesitamos en el ministerio para que no devaluemos la gracia que predicamos?

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.