¿Me puedo casar con un incrédulo?

Protestante Digital

¿Me puedo casar con un incrédulo?

WILL GRAHAM

Pregunta: ¿Puede un cristiano casarse con un no cristiano?

Respuesta: ¡No, no, no, no, no, no, no, no!

Aquí van ocho razones…

Razón 1: No glorifica a Dios.

¿Cuál es la gran meta de la vida cristiana sino glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre? 1 Corintios 10:31 se lee, “Si, pues, coméis o bebéis o hacéis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Podríamos añadir a la lista paulina: “Si, pues, os casáis, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Dios ha estipulado muy claramente en su bendita Palabra que sus hijos se casen con hijas del Señor y viceversa. Casarse con un incrédulo no glorifica a Dios.

Razón 2: No honra a Cristo.

¿Por qué murió Cristo? ¿Por qué se entregó por nosotros? Explica Tito 2:14 que lo hizo todo con el fin de “redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Morimos con Cristo. Ahora andamos en el poder de una nueva vida. Agradecidos por su preciosa obra de salvación, seguimos al Señor gozosa y libremente. Por lo tanto no nos hagamos esclavos de los hombres (1 Corintios 7:23).

Cristo es nuestro Señor. Sólo Él es digno de nuestra obediencia. No pequemos contra el Salvador que nos rescató y nos redimió para sí. ¿Cómo podemos casarnos con alguien cuya vida no se centra en nuestra joya más preciosa, el Señor Jesús? Casarse con un incrédulo no honra a Cristo.

Razón 3: Ofende al Espíritu Santo.

El Espíritu de Dios es santo, santo, santo. Su labor en la economía del Nuevo Pacto es la de santificarnos y hacernos semejantes a Cristo en todo. El Espíritu no quiere que nos casemos con incrédulos. Razona 2 Corintios 6:16 de la siguiente forma: “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente”. Al casarnos, nos hacemos una sola carne con nuestro cónyuge así que es necesario que nos casemos con alguien en el Señor. ¡No frustremos el propósito del Espíritu en nuestras vidas! Casarse con un incrédulo ofende al Espíritu divino.

Razón 4: Es una violación de la Palabra de Dios.

La Escritura dice textualmente que un cristiano no se puede casar con un incrédulo. 1 Corintios 7:39 revela que un cristiano puede casarse con quién él o ella quiera bajo una sola condición: “con tal de que sea en el Señor”. Los creyentes solteros son libres para casarse solo con un seguidor de Jesús. La Biblia no está en contra del matrimonio; pero sí se opone a los matrimonios mixtos entre creyentes e incrédulos. Casarse con un incrédulo es una violación de la Palabra.

Razón 5: Es un yugo desigual.

Pablo ofrece la analogía de un yugo desigual para defender la idea de que un cristiano no debe tener compañerismo con la injusticia. Aludiendo a Deuteronomio 22:10, manda 2 Corintios 6:14, “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” Explica John MacArthur: “Con esta analogía, Pablo enseñó que no es correcto unirse en iniciativas espirituales comunes con aquellos que no son de la misma naturaleza (incrédulos).

Es imposible que todas las cosas se hagan para la gloria de Dios en una situación así”. El matrimonio es la forma más íntima de compañerismo espiritual que hay. Por esta razón los cristianos, si no tienen el don de continencia, se tienen que casar con otros creyentes. Casarse con un incrédulo es un yugo desigual.

Razón 6: Es egoísmo.

Si algún creyente insiste en casarse con su novio o novia no cristiano/a, hay que hacerle la siguiente pregunta: “¿Por qué quieres casarte con él o ella si sabes que esta forma de actuar no glorifica a Dios, no honra a Cristo, ofende al Espíritu, viola la Palabra y constituye un yugo desigual?” Invariablemente la respuesta que te da será algo como: “Es que no entiendes. Sé que no es del Señor todavía pero es una persona realmente maravillosa. Es casi cristiano/a. A veces viene conmigo al culto y me hace sentir tan especial. Me dice cosas bonitas. Me ama tal como soy. Me entiende. Nos llevamos tan bien”.

Se trata de puro egoísmo. En vez de colocar al Señor en primer lugar, tal creyente opta más bien por rendir culto a sus sentimientos personales y subjetivos. Por un lado está la voluntad inmutable de Dios. Por otro lado, la voluntad sentimentalista del creyente. Y se escoge conforme a las emociones. ¡Qué tragedia! De nuevo digo, ¡qué tragedia! Casarse con un incrédulo es egoísmo sentimentalista.

Razón 7: Estorbará la vida espiritual de tus hijos e hijas.

Después de la boda vienen los niños. ¿Qué clase de ejemplo piadoso va a ejercer un padre o una madre no creyente? ¿Cómo puede un incrédulo enseñar grandes verdades espirituales a sus niños y niñas? No puede. ¿Acaso los peques aprenderán de él o ella acerca de la belleza la lectura y meditación bíblica, de la comunión con el Señor a través de Cristo en oración o de la necesidad de congregarse semanalmente con otros hermanos en la fe? ¡Qué va! ¿No prefieres que tus hijos vean a sus padres cantando las maravillas del Señor en el hogar? Casarse con un incrédulo estorbará la vida espiritual de tus hijos e hijas.

Razón 8: Lleva a la depresión espiritual.

No me gusta emplear razones egoístas para obedecer a Dios. Pero coloco este octavo argumento porque es algo que he visto suceder decenas de veces a lo largo de los años. Quiero guardar a mis lectores de caer en la misma trampa. Ves a una jovencita cristiana toda emocionada porque se va a casar con su novio incrédulo. ¿Y qué pasa?

Pasa un año, pasan dos años y ve que el tipo no tiene ningún interés en las cosas del Señor (aunque debería de haberse dado cuenta de esto mucho antes de pensar en salir con él).

Y luego siempre acontece una de dos cosas: o después de un tiempo de enfriamiento espiritual la mujer se va definitivamente de la iglesia o simplemente sigue congregándose de forma deprimida en las reuniones pidiendo oración por la conversión de su marido. Anda amargada, triste, abatida, echándole la culpa a Dios, “¿Por qué no obras en mi marido, Señor?” Por algo será que Dios nos dijo que no nos casaremos con incrédulos. Casarse con un incrédulo lleva a la depresión espiritual.

Conclusión

Pregunta: ¿Puede un cristiano casarse con un no cristiano?

Respuesta: ¡No, no, no, no, no, no, no, no!

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

http://www.pastorwillgraham.com

¿Qué es la oración?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Qué es la oración?

Barry J. York

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Los cristianos reformados siempre están listos para responder cuando les preguntan: “¿Qué es la oración?”. Esa es la pregunta 178 del Catecismo Mayor de Westminster, donde se responde  que: “La oración es el ofrecimiento de nuestros deseos a Dios, en el nombre de Cristo, por la ayuda del Espíritu Santo, con la confesión de nuestros pecados y reconocimiento agradecido de Sus misericordias”. Aquí vemos tres verdades centrales acerca de la oración. 

Orar es comunicar nuestros deseos a Dios, nuestro Padre. Orar no es simplemente pensar en Dios o tener preocupaciones. Más bien, orar es expresar a Dios la necesidad de nuestro corazón. En su libro Theology of Prayer [La teología de la oración], B. M. Palmer afirma que la oración es “el lenguaje en el que las criaturas expresan su dependencia”. Aquellos que no perciben sus necesidades realmente no oran. Son como el fariseo en la parábola del Señor, el cual, puesto en pie en el templo declarando a los demás cuán superior era, “oraba para sí de esta manera”, no para Dios (Lc 18:11).

Orar es ser capacitado por el Espíritu Santo para hablar con el Padre.

En cambio, las Escrituras presentan la oración verdadera como una ofrenda que se eleva buscando la atención celestial, como el incienso ofrecido ante el Señor en el templo (Ap 8:5). Orar es echar nuestras ansiedades sobre Dios (1 Pe 5:7), clamar a Dios en angustia (Sal 34:17) y dar a conocer nuestras peticiones delante de Dios en cada circunstancia (Flp 4:6-7). Orar es presentarle nuestros deseos a Dios.

Orar es venir ante el Padre por medio de la fe en los méritos de Cristo. Un ciudadano estadounidense no puede ser funcionario en el Reino Unido ni asumir que él merece privilegios especiales de parte de la reina. Del mismo modo, ningún pecador puede permanecer ante el Rey del cielo por sus propios méritos. Aún así, por fe en la obra de Cristo, somos hechos ciudadanos del reino celestial por medio de Su justicia. De esta manera, obtenemos “confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús” (Heb 10:19). Esta posición de rectitud ante Dios es lo que implica orar “en el nombre de Cristo”, como indica el catecismo. Por consiguiente, cada vez que oramos debemos recordar nuestra posición al confesar nuestros pecados y agradecer a Dios por cómo Él nos recibe misericordiosamente a través de Jesús.

Orar es ser capacitado por el Espíritu Santo para hablar con el Padre. En el momento mismo de nuestra conversión, el Espíritu Santo que regeneró nuestros corazones también nos selló como hijos adoptados de Dios. Él puso en nuestros corazones el clamor de un niño pequeño a Dios: “¡Abba, Padre!” (Rom 8:15).

El Espíritu luego continúa ayudándonos a orar, proveyendo oraciones que fueron registradas para nosotros (Mt 6:9-13), llenándonos con alabanzas bíblicas (Ef 5:18-19) y ayudándonos cada vez que pedimos al Padre (Lc 11:13). Cuando nuestro sufrimiento es demasiado grande como para expresarlo con palabras, el Espíritu incluso gime por nosotros (Rom 8:26). El Espíritu Santo es el aliento mismo de las oraciones de la Iglesia. 

En conclusión, orar es tener el aliento del Espíritu ayudándonos a comunicarnos, la sangre del Hijo abriendo el camino y el oído del Padre sintonizado a cada una de nuestras súplicas. Nuestro Dios triuno provee todo lo que necesitamos para orar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Barry J. York
Barry J. York

El Dr. Barry J. York es presidente y profesor de teología pastoral en el Reformed Presbyterian Theological Seminary en Pittsburgh. Es el autor de Hitting the Marks [Dando al blanco].

¿Pueden los CRISTIANOS hacer NEGOCIOS?

Teología Express

¿Pueden los CRISTIANOS hacer NEGOCIOS?

Newton Peña

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¿Por qué es tan difícil orar?

Ministerios Ligonier

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Serie: Preguntas claves sobre la oración.

¿Por qué es tan difícil orar?

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Orar es difícil porque humillarnos, vencer nuestro orgullo y acabar con nuestra obstinación y pecaminosidad es difícil. Cuando oramos, morimos a nosotros mismos y la muerte duele. Es por eso que nuestra carne lucha tan fuertemente contra la oración. Cuando oramos, estamos entrando en una verdadera guerra contra nuestra carne y contra las flechas ardientes de nuestro acusador y sus huestes. Aunque no tienen miedo de nosotros, le tienen terror a Aquel que está en nosotros y es por nosotros, y desprecian que estemos orando a Aquel que los ha aplastado y que los destruirá.

Además, orar es difícil porque con frecuencia nuestro enfoque está en la oración misma y no en Dios. Aprendemos sobre la oración, no para saber mucha información sobre ella, sino para que podamos orar poniendo nuestro enfoque en Dios. Por Su gracia soberana le conocemos y sabemos que Él está ahí, y que no solo oye sino que escucha; que no está en silencio, sino que siempre contesta nuestras oraciones y siempre actúa de acuerdo a Su perfecta voluntad, para nuestro bien supremo y para Su gloria. Cuando reconocemos la soberanía de Dios en la oración, también recordamos Su amor, gracia, santidad y justicia, y a la vez somos confrontados con la dura realidad de nuestro miserable pecado, a la luz de Su gloria y Su gracia.

En la vida siempre encontraremos algún grado de dificultad para orar, pero, a pesar de eso, siempre debemos orar.

Por lo tanto, los cristianos en realidad no creemos en el poder de la oración; creemos en el poder de Dios y es por eso que oramos. Así que, al orar, se nos recuerda lo que no somos; se nos recuerda que no somos Dios y que no tenemos el control. Se nos recuerda que Dios es soberano y que está en control, y por eso  debemos reconocer que la oración es nuestra rendición diaria y continua del control que creemos tener sobre nuestras vidas a Aquel que sí las controla y se preocupa por ellas más que nosotros mismos.

Si pensara por un segundo que mis débiles oraciones pudieran cambiar la mente de Dios y Su perfecta voluntad, dejaría de orar completamente. Yo soy pecador, no lo sé todo ni puedo controlarlo todo. Sin embargo, debido a que Dios es omnisciente y omnipotente, y tiene en mente Su gloria y nuestro bien supremo, podemos confiar en Él. A veces, la respuesta de Dios a nuestra oración es «no», a veces es «espera», a veces es «sí», y a veces es «sí, y más allá de lo que puedas imaginar». En la vida siempre encontraremos algún grado de dificultad para orar, pero, a pesar de eso, siempre debemos orar. También debemos orar para que Dios nos ayude a orar, considerando la oración menos como una lista de supermercado y más como una carta de amor, no simplemente hablando con Dios sino teniendo comunión con nuestro compañero más cercano y más amoroso. 

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Quién eres tú para juzgar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Dando una respuesta

¿Quién eres tú para juzgar?

Gregory Koukl

Nota del editor: Este es el duodécimo y último capítulo en la serie Dando una respuesta, publicada por Tabletalk Magazine.

«No juzguéis» (Mt 7:1) es el único versículo bíblico que incluso los críticos están convencidos de que es divinamente inspirado; al menos así parece por la manera en la que confiadamente lo usan en contra de los cristianos. Sin embargo, el mal uso de este versículo es muy fácil de contrarrestar una vez que veas lo que realmente está sucediendo.

La acusación «¿quién eres tú para juzgar?» está basada en un malentendido. 

Primero, un calificador. Juzgar es encontrar la falta, y la verdadera falta —la verdadera culpa moral— es central para el mensaje cristiano.  Son las malas noticias las que hacen que las buenas noticias sean buenas. Pero, si el encontrar fallas es nuestro espíritu, es el equivocado. Si nuestro juicio es simple condescendencia, tendremos que dar cuentas a Cristo por ello. Nunca debemos esperar que los incrédulos se comporten como cristianos; no tienen la capacidad de hacerlo. Eso debería estar claro. 

Sin embargo, no creo que la condescendencia sea el problema. Por lo general, hay algo más en juego aquí. Por un lado, tomada literalmente, la acusación «¿quién eres tú para juzgar?» está basada en un malentendido. Si esto es un pedido de nuestras credenciales morales, entonces no tenemos nada que ofrecer. No somos los autores de las reglas que gobiernan el comportamiento. Nosotros estamos tan sujetos a estas normas —y condenados por ellas— como cualquiera.  

Más bien, siendo nosotros mismos criminales, se nos ha mostrado el camino al perdón, y simplemente damos a conocer esa buena noticia. Dios es bueno, y nosotros no. Hay una justicia y, si no fuera por misericordia, la experimentaríamos. Dejar esto claro a los demás es un acto de bondad, no de condescendencia. 

Si fueras un pasajero en el carro de tu amigo y le dices: «En caso que no te hayas dado cuenta, vas por encima del límite de velocidad y hay un policía más adelante», lo más probable es que él sienta que le estás haciendo un favor; y se lo estarías haciendo. Por supuesto que el ejemplo tiene sus limitaciones, pero creo que puedes ver el punto. 

Pero hay algo más que no quiero que pases por alto. Es lo más importante que hay que saber sobre este desafío. «¿Quién eres tú para juzgar?» resulta que no es una pregunta, sino una declaración disfrazada: «Nadie puede emitir juicios de ningún tipo». Y debido a que la moralidad es sólo una cuestión de opinión personal, todos los juicios están fuera de los límites. Esta es la táctica del relativista. 

Por supuesto, el relativista siempre se engaña a sí mismo en este aspecto. Aunque puede que se haya autoconvencido por el momento, esto no es lo que en realidad cree, puesto que está lleno de juicio cuando le conviene. De hecho, y esto lo habrás notado, la acusación es contraproducente, ya que es en sí misma un juicio implícito del cristiano. 

Resulta que cuando los críticos imponen cualquier versión del «no juzguéis», no es una apelación para que seas virtuoso; es una demanda para que los dejes en paz. Citan a Jesús no en base a una convicción sino por conveniencia, no deseando ser objetos de ninguna crítica moral. 

Entonces ¿cómo maniobramos con gracia, pero con astucia, cuando enfrentamos este desafío? Creo que lo mejor es navegar por situaciones como esta haciendo preguntas. A la luz de las observaciones mencionadas arriba, estas son algunas que me viene a la mente. 

Tu primer paso al enfrentar cualquier desafío es simplemente preguntar: «¿Qué quieres decir?» y esperar por una respuesta. Deja que tu amigo desarrolle un poco su preocupación. Obtener más información te dará más con que trabajar. Si resulta que tu juicio fue motivado por desdén o desprecio, entonces pedir una disculpa es lo que corresponde. 

También podrías aventurarte a decir: «Estoy confundido con tu pregunta. ¿Crees que te estaba imponiendo mi estándar personal? Si te di esa impresión, lo siento. Yo solo quise advertirte acerca del estándar de Dios, el mismo bajo el cual estoy yo». 

Si él parece estar jugando la carta del relativismo, pregúntale: «¿Estás diciendo que nunca está bien señalar un error? De ser así, ¿por qué estás haciendo eso conmigo ahora mismo?» Déjalo responder. Ayúdalo a ver que el juego del relativismo puede ser jugado fácilmente al revés. Si dice: «¿Quién eres tú para juzgar?», pregunta: «¿Quién eres tú para encontrar falta?»

El punto no es ser astuto o simplista, sino más bien mostrarle que se está escondiendo del problema real: su propia culpa delante de Dios. Reafírmale que no estás menospreciándolo. Por el contrario, solo estás dándole información que pudiera rescatarlo, alejándolo de su pecado y culpa y llevándolo a la misericordia de Dios.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Gregory Koukl
Gregory Koukl

Gregory Koukl es presidente de Stand to Reason (STR.org) y autor de Tactics: A Game Plan for Discussing Your Christian Convictions y The Story of Reality: How the World Began, How It Ends, and Everything Important that Happens in Between.

¿Por qué ser agradecida? – Nov 26

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 26 – ¿Por qué ser agradecida?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-que-ser-agradecida/

Carmen Espaillat: ¿Por qué estás agradecida?

Mujer 1: Porque Dios es bueno porque, Él me salvó, porque cada día Él me sostiene con Su gracia, porque Él es el todo de mi vida.

Mujer 2: Estoy agradecida porque Dios no me ha dejado en mi pecado y aun cuando tal vez  no me gusten las circunstancias que Él ha utilizado para hacerme ver que estoy mal eso es una muestra de Su amor para conmigo.

Mujer 3: Yo estoy agradecida porque tengo la Palabra de Dios y porque cada día en la mañana puedo buscarlo a Él y tener una relación personal con Él que no es solo algo aéreo algo virtual sino que es una relación personal, que Él puede hablarme a mí y yo puedo hablarle con Él a través de la oración.

Mujer 4: Bueno estoy muy agradecida por la grandiosa salvación que tengo en Cristo Jesús.

Mujer 5: Estoy agradecida por el privilegio de vivir una vida centrada en el Evangelio.

Mujer 6: Estoy tan agradecida por la salvación, la salvación que Dios me ha dado,  el perdón de mis pecados por ser hija de Dios, por tener una herencia con Cristo, por la esperanza que hay en Él.

Carmen Espaillat: ¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Acción de Gracias es un día profundamente agradable y significativo, pero es mucho más que solo un día en el calendario, especialmente para aquellos que saben lo que significa ser perdonado.

Nancy nos explica por qué, continuando en esta serie, La actitud de gratitud.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que un cristiano ingrato es realmente una contradicción. En realidad tal cosa no debería existir cuando lo piensas. Nosotras éramos culpables, pecadoras condenadas, sin relación con Dios, separadas de Dios, separadas de Él, sin esperanza – esa era la realidad de cada una de nosotras. Esa es la condición en que nacimos.

Entonces Dios en Su gran misericordia y gracia se dignó a salvarnos, a redimirnos, a comprarnos del pecado, a liberarnos, a enviarnos a Jesús, a darnos Su Santo Espíritu, a darnos Su Palabra, a darnos Su Cuerpo, Su Pueblo, a darnos la esperanza y las promesas de la vida eterna.

¿Y es impensable que seamos otra cosa que agradecidas? Culpa, gracia, y gratitud – ese es el Evangelio, y nosotras muy a menudo por diversas razones nos quedamos cortas en la parte de la gratitud. Creo que necesitamos ser recordadas – sé que yo también – de la gracia de Dios y donde Dios me encontró y de lo que Él nos salvó.

Para algunas de nosotras que  conocimos al Señor como niñas, es difícil recordar cómo era. No tengo recuerdos de antes de ser salva. Venir a confiar en Jesús es mi primer recuerdo. A veces olvidamos dónde Dios nos encontró y dónde estábamos separadas de Él y qué maravilla es que Él nos salvara.

Mi padre no era un hombre muy emocional, pero cuando él  iba a hablar acerca de dónde Dios lo había  encontrado como un hombre joven, un rebelde, a  mediados de sus veinte años y cómo Dios lo salvó – el viernes, 13 de octubre, 1950 – él se ponía lloroso porque nunca se recuperó de la maravilla  de que Dios lo hubiera  salvado.

Yo no quiero tampoco superar  el asombro, y creo que un corazón agradecido es una manera de conservar el asombro; y mantener el asombro es una manera de ayudarnos a mantener un corazón agradecido.

Puedo recordar el último Día de Acción de Gracias en la iglesia en que he estado asistiendo aquí en Little Rock, la noche antes del Día de Acción de Gracias había un servicio especial por ser la víspera de Acción de Gracias. Y una oportunidad se abrió para que  las personas  compartieran sobre el año y su testimonio sobre la fidelidad y de la grandeza de Dios y lo que Él había hecho por ellos.

Uno tras otro, hombres, mujeres, una niña pequeña, algunos ancianos, algunos jóvenes,  se acercaron al micrófono y dieron su testimonio personal de lo que Dios había hecho por ellos en el último año. Le dieron gracias.

Mi corazón  fue tan alentado mientras escuchaba sus testimonios – desde diferentes ámbitos de la vida. Tantas experiencias diferentes de vida durante este año pasado, y sin embargo los escuché al unísono dando gracias al Señor. Esto simplemente creó acción de gracias en mi propio corazón porque estas personas estuvieron dispuestas a ir a un micrófono y decir, “Dios ha sido tan bueno. Yo le doy gracias”.

Y hoy queremos hablar no solo acerca de cómo dar gracias sino también de cuándo dar gracias. ¿Cuándo debemos darle gracias al Señor?

Permíteme empezar diciendo que – todo el tiempo debemos darle gracias al Señor – y vamos a hablar sobre eso, pero hay algunos momentos particulares en los que debemos darle gracias al Señor. Quisiera señalar varios de esos.

El primero es, que creo que hay algunas ocasiones especiales cuando es particularmente apropiado darle gracias al Señor –  los días festivos, las festividades, por ejemplo. Esa palabra vino originalmente de dos palabras: días santos, que en inglés es Holiday. Así que mientras pensamos en el Día de Acción de Gracias, en la Navidad, en algunos de los días santos en nuestro calendario de la iglesia, por ejemplo – el Día de la Reforma, es el último día de octubre – algunos de estos días santos fueron creados para ser oportunidades para nosotros para parar y pensar acerca de nuestra fe cristiana y acerca de lo que significa para nosotros y acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros; detenernos  hacer un balance, y de una manera especial apartar tiempo para darle gracias al Señor.

Me encanta tomar tiempo en las festividades para darle gracias a Dios mientras reflexiono en Su bondad.

Me encanta hacer eso en la Víspera de Año Nuevo y en el Día de Año Nuevo. De hecho, por varios años una de las mayores bendiciones de mi año ha sido un servicio especial de Víspera de Año Nuevo que hemos celebrado en mi casa. Tenemos las familias que se reúnen. Simplemente llevan bocadillos y es como un tipo de cena compartida, se pone todo sobre la mesa. Tenemos niños y jóvenes y sus padres, y pasamos un gran tiempo de compañerismo y  de disfrutar unos  con otros.

Luego al final  de la tarde  tenemos un tiempo de alabanzas y de acción de gracias. Damos testimonios de lo que el Señor ha hecho en el último año de Su bondad. Leemos las Escrituras juntos. Oramos y oramos por el Año Nuevo. Alabamos a Dios por las misericordias que Él nos ha demostrado a lo largo del año pasado y por la fidelidad que anticipamos durante el próximo año. Esos han sido tiempos preciosos.

Ocasiones especiales para agradecer al Señor. En el Antiguo Testamento los judíos tenían sus propias festividades. Tenían tres festividades  cada año, por ejemplo, una en que todos los varones judíos debían hacer una peregrinación a Jerusalén, con el propósito principal de agradecerle al Señor. Dos de esas ocasiones eran al principio y al final de la cosecha.

Así que al principio de la cosecha, ellos ofrecían sus primeros frutos  al Señor y decían, “Gracias, Señor, por lo que Tú has provisto y por lo que sabemos que Tú vas a proveer.” y al final de la cosecha, cuando todo el grano y el trigo y las provisiones de alimentos ya se habían reunido, ellos se detenían y tomaban un tiempo para reflexionar en la bondad de Dios, para decir, “Gracias Señor,” para ofrecer sus diezmos y sus ofrendas y sus acciones de gracias al Señor.

Momentos especiales del año, momentos especiales en nuestras vidas para dar gracias. Hay tiempos en las Escrituras y tiempos en nuestras propias vidas cuando nos detenemos para darle gracias a Dios en la finalización de una tarea o de un compromiso.

Pienso  cuando el templo fue construido y tuvieron  ese maravilloso servicio de acción de gracias, cuando terminaron. También cuando el muro fue reconstruido en Jerusalén luego de 70 años de exilio, el pueblo se detuvo. Ellos trabajaron duro, trabajaron durante un largo tiempo pero al final se detuvieron para decir, “Gracias,” Gracias al Señor y para adorarle. De hecho, hubo personas cuyo trabajo era ser “agradecedores”, para conducir al pueblo en acción de gracias. Estos eran músicos, instrumentalistas, y cantantes, y ellos ayudaron en la ofrenda de acción  gracias al Señor.

En la medida que tendremos compromisos en el curso de nuestras vidas, es bueno que nos detengamos en el principio y en el final para decir, “Gracias, Señor, por lo que Tú vas a hacer, y gracias, Señor, por lo que Tú has hecho”.

Recuerdo cuando construí mi casa. Al final de ese tiempo, tuvimos una dedicación de la casa. Se la ofrecimos al Señor, pero también dimos acciones de gracias. Al final del primer año de grabar Aviva Nuestros Corazones, tuvimos una reunión especial, y le dimos gracias al Señor por lo que Él había hecho al dar a luz a este ministerio y por las personas que habían sido parte del mismo.

Las bodas, los funerales son ocasiones, cuando hay creyentes involucrados, para dar gracias. Cuando mi papá se fue a su hogar a estar con el Señor, tuvimos un servicio de celebración, un tiempo para celebrar su vida y la bondad de Dios en darnos ese papá ese esposo y amigo para aquellos que estábamos presentes.

Todas estas ocasiones diferentes proveen oportunidades para dar gracias al Señor, pero no solo en las ocasiones especiales. Las Escrituras dicen también que Sus misericordias son nuevas cada mañana y que cada día el Señor nos colma de beneficios. Así que si el Señor nos ha honrado en darnos regalos cada día, Él nos está dando nuevas misericordias cada día, ¿no te parece que nuestro agradecimiento debe ser diario?

Diario — cada día —cada mañana y cada tarde — había levitas en el Antiguo Testamento que fueron asignados para “estar presentes cada mañana para dar gracias y para alabar al Señor, y asimismo por la noche,” dice 1 Crónicas en el capítulo 23 versículo 30.

Y el salmista dice, “A media noche me levantaré para darte gracias a Ti” (Salmos 119:62, parafraseado).

Tres veces al día Daniel se arrodillaba y oraba y le daba gracias al Señor.

Así que continuamente debemos estar dándole gracias a Dios mientras Él nos bendice continuamente.

Efesios capítulo 5 dice, “Dando siempre gracias por todo” (versículo 20).

Primera Tesalonicenses capítulo 1, Pablo dice, “Damos gracias a Dios por todos vosotros” (versículo 2).

Hebreos capítulo 13, “Ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre” (versículo 15).

Continuamente – Salmos capítulo 34, “Bendeciré al Señor [¿cuándo?] en todo tiempo; continuamente estará Su alabanza en mi boca” (versículo 1).

Ahora eso no significa que las cosas van a salir bien todo el tiempo, desde nuestro punto de vista humano. No significa que las circunstancias van a ser siempre de nuestro agrado o siempre cómodas o fáciles o convenientes, pero el salmista dice, “Como un acto de mi voluntad, voy a bendecir al Señor en todo tiempo; continuamente estará Su alabanza en mi boca”.

No es solo en esta vida, sino que el Salmo 30, el, versículo  12, dice, “Oh Señor, Dios mío, te alabaré por siempre” – por siempre.

Esto es lo que vamos a estar haciendo por toda la eternidad – dando gracias, adorando, honrando al Único que ha derramado tanta gracia en nuestras vidas.

El Día de Acción de Gracias no es solo un día del año, no es solo un evento en el año. Es bueno tener esas ocasiones especiales cuando nos detenemos y de una manera consciente damos gracias. Pero el Día de Acción de Gracias realmente debería ser La vida de acción de gracias – una forma de vida – día tras día, mañana, tarde, y noche – continuamente, siempre dando gracias al Señor.

Carmen: El espíritu  de Acción de Gracias en verdad no tiene que terminar hoy. Nancy Leigh DeMoss te ha estado alentando a mostrar gratitud cada día durante todo el año.

Ella estará de vuelta, pero te quiero dejar saber acerca de una manera poderosa en la que puedes crecer en agradecimiento: Obtén una copia del libro de Nancy, Sea Agradecido: Su camino al gozo.

Es un libro maravilloso lo puedes  en tu librería cristiana favorita.

Ahora, volvamos a la enseñanza de Nancy.

Nancy: Un Día de Acción de Gracias Ann Landers publicó en su columna una lista que alguien le había enviado de cosas por las cuales estar agradecidas.

Así es como decía esta lista:

Sé agradecida por la ropa que te queda un poco ajustada porque significa que tienes suficiente para comer.

Sé agradecida por el desorden que tienes que limpiar después de una fiesta porque significa que has estado rodeada de amigos.

Sé agradecida por los impuestos que pagas porque significa que tienes un empleo.

Sé agradecida por el césped que necesitas cortar y las ventanas que tienes que arreglar porque significa que tienes un hogar.

Sé agradecida por tu factura de la calefacción porque significa que tienes con qué calentarte.

Sé agradecida por la ropa sucia porque significa que tienes ropa para vestir.

Sé agradecida por el espacio que encontraste al final del estacionamiento porque significa que puedes caminar.

Sé agradecida por la señora que canta fuera de tono detrás de ti en la iglesia porque significa que puedes escuchar.

Sé agradecida cuando las personas se quejan por el gobierno porque significa que tienes libertad de expresión.

Sé agradecida por la alarma que suena temprano en las horas de la mañana porque significa que estás viva.

Tenemos mucho por lo cual estar agradecidas, y queremos hablar acerca de por qué cosas deberíamos estar agradecidas. ¿Cuáles son algunas de las cosas por las cuáles deberíamos dar gracias? Hemos dicho que tenemos todas las razones en el mundo para tener una actitud de gratitud porque éramos culpables, y Dios derramó Su gracia sobre nosotras y la gratitud es nuestra respuesta razonable – culpa, gracia, y gratitud. Ese es el Evangelio de Cristo.

Tenemos que empezar diciendo que de acuerdo a las Escrituras debemos ser agradecidas por todo, y eso incluye, bueno, lo incluye todo.

En Efesios capítulo 5 Pablo dice, “Dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 20).

¿Cuáles son algunas de esas cosas que encajan debajo de todo por lo cual debemos estar agradecidas?

Quiero que veamos el dar gracias a Dios por las bendiciones físicas y materiales y el dar gracias a Dios por las bendiciones espirituales.

Primero, las bendiciones físicas y materiales. Permíteme apresurarme a decir que esas no son las bendiciones más importantes, pero usualmente son las primeras que vienen a la mente y eso nos lleva a empezar mientras tratamos de expresarle gratitud al Señor.

La Palabra de Dios dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto” (Juan 1:17). Dios es el dador. No tenemos nada bueno que haya venido de nosotras mismas. Cada regalo que tenemos viene de Dios.

El Primer libro de Crónicas el capítulo  29 es un relato del servicio de alabanza, el servicio de acción de gracias que se llevó a cabo luego que los judíos habían traído sus ofrendas que se iban a utilizar para construir el templo. Cuando todas las ofrendas habían sido recolectadas, el rey David los dirigió en una oración de acción de gracias. Él le agradeció al Señor por las bendiciones materiales y físicas que Él había provisto para el templo.

David dijo en este maravilloso salmo de alabanza,

De ti proceden la riqueza y el honor; tú reinas sobre todo y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre (versículo 12-13).

Lo que David estaba diciendo es, “Todo lo que tenemos proviene de Ti. Todo es un regalo que procede de Ti, y aún lo que nosotros te damos, Tú nos los diste para que te lo diéramos de vuelta. Nosotros no tenemos nada que no haya venido de Ti, por eso te damos gracias”.

Así que necesitamos darle gracias a Dios por aquellas cosas que solemos pasar por alto – la salud, un hogar, comida, ropa – esas bendiciones tangibles, materiales.

Pienso en cuán a menudo Jesús daba gracias antes de participar de una comida. Agradecerle a Dios por nuestra comida nos recuerda que nosotras tenemos muchas otras cosas por las cuales estar agradecidas.

Entonces no solo tenemos bendiciones físicas y materiales; Dios también nos ha llenado con bendiciones espirituales, demasiadas para contarlas. Encuentro que es tan bueno para mí hacer una lista de algunas de esas bendiciones y estimular mi memoria y mi mente acerca de todas las cosas que Dios ha hecho por mí en el reino espiritual.

Permítanme enumerarles aquí algunas de las cosas que, mientras estaba estudiando las Escrituras, algunos de los versículos que me hablaron acerca de las bendiciones espirituales por las cuales debemos estar agradecidas:

El Salmos 75, versículo 1, dice, “¡Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias! Pues cercano está Tu nombre”. Los hombres declaran tus maravillas.

Dando gracias por la cercanía de la presencia de Dios.

¿Sabías que en la era del Antiguo Testamento, el tiempo del antiguo pacto hasta que Cristo vino y murió en la cruz, los creyentes judíos no podían acercarse a Dios? Había un velo grueso que los separaba del lugar santísimo donde la presencia de Dios moraba. Pero cuando Jesús murió, ese velo se rasgó de arriba abajo, y nos fue dado acceso a la presencia de Dios. Ahora se nos invita a acercarnos a la presencia de Dios.

Recibí un correo electrónico la semana pasada de una mujer que dijo que en un retiro reciente de mujeres ellas tenían un modelo de tamaño real del tabernáculo. Ella dijo, “No me di cuenta de lo mucho que me impactaría entrar al Lugar Santísimo. Me sentí abrumada cuando me di cuenta de que no tenía que arriesgar mi vida al entrar a la presencia de Dios como lo hicieron los israelitas”.

Esto es un gran recordatorio de cuán agradecidas deberíamos ser al experimentar la presencia de Dios cuando sea y donde sea – dando gracias a Dios por la cercanía de Su presencia.

El Salmo 30 dice que debemos “celebrar la memoria de Su santidad” – dando gracias a Dios por Su santidad (versículo 4).

Isaías capítulo  12 dice que demos gracias por Su misericordia. “Te doy gracias, oh Señor, porque aunque estabas airado conmigo, se ha apartado tu ira y me has consolado” – dando gracias a Dios por Su misericordia (versículo 1).

Pablo dice en 2da a los Corintios capítulo 9, demos gracias por Jesús. “Gracias a Dios por su don inefable” (versículo 15). Eso es suficiente para mantenernos dando gracias a Dios por toda la eternidad, y luego con Cristo vienen otras tantas bendiciones.

Colosenses capítulo 1 dice,

Dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz. Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al Reino de Su Hijo amado, en quien tenemos redención por su sangre: el perdón de los pecados. (Versículos 12-14).

Pablo dice que él le dio gracias a Jesucristo “porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” – el llamado al ministerio (1 Timoteo 1:12).

Tú dices, “Bueno pero yo  no he sido llamada al ministerio; yo tengo un trabajo normal”.

No sé qué clase de trabajo tienes, pero sí sé que Dios nos ha llamado a ser Su sierva, a ser sacerdotes para Él, a servirlo, y a servir a otros. Pablo dice que eso es una increíble bendición.

Le agradezco a Dios por el privilegio de enseñar Su palabra, tanto para una audiencia como ustedes con muchas personas  o de uno a uno en el curso de la vida cotidiana. Eso es una bendición. Es un privilegio por el cual estoy profundamente agradecida.

Y también Pablo dice en 1era a los Corintios capítulo 15 que él dio gracias a Dios por la victoria sobre la muerte y sobre la tumba. “A Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 57).

La muerte es un enemigo, pero ya no es un enemigo final. Cristo ha venido y ha roto el poder de la muerte y del infierno , el pecado  y nos ha libertado de la muerte y de la tumba.

Luego Pablo pasa a través de esa larga porción de Romanos capítulo 7 donde él habla acerca de los problemas que él tiene con el deseo de hacer el bien pero no siempre teniendo el poder de hacer lo que es correcto y la lucha que se da dentro de él a causa del pecado que mora en nosotros.

Y él llega al final del pasaje, y exclama, “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Versículo 24). ¿Quién me libertará de este dominio del pecado?

Luego él dice, “Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.

¿Qué es lo que  él está diciendo? “Doy gracias a Dios por la liberación a través de Cristo del dominio, del control del pecado en mi vida.”

Luego Pablo agradece a Dios por el triunfo del Evangelio. “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de Su conocimiento” (2 Corintios 2:14).

Este mundo puede parecer como que está ganando contra Cristo y contra Su reino, pero las puertas del infierno no prevalecerán contra el reino de Cristo, en contra de la iglesia de Cristo. Su Evangelio es triunfante.

Así que los ángeles y los 24 ancianos en el cielo dieron gracias a Dios por el poder y el reino de Cristo. Apocalipsis capítulo 11 dice, “Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras y serás, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar” (versículo 17).

Le damos gracias por Su gobierno y reino eterno. Él reina el día de hoy y por toda la eternidad sobre todos los reyes y presidentes y principados y poderosos y gobernantes de esta tierra. Él reina sobre todo en el cielo y sobre todo en la tierra y sobre todo debajo de la tierra. Todos los poderes del infierno están bajo Su autoridad máxima.

Tanta otras bendiciones espirituales – le doy gracias por Su Espíritu Santo. Le doy gracias por la convicción de pecado. Le doy gracias por Su Palabra. Le doy gracias por la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, y por lo que eso significa en mi vida personalmente, y por el privilegio de ser parte de ese cuerpo. Así que le damos gracias a Él.

Oh Padre, no tendremos el tiempo suficiente por toda la eternidad para agradecerte, pero nuestros corazones están llenos, y estamos agradecidas, y te decimos, “Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias”. Amén.

Carmen : Ese profundo sentido de agradecimiento  se desborda a través de todas las páginas de su  libro. Se titula Sea Agradecido: Su camino al gozo.

Mantén el espíritu de la  Acción de Gracias todos los años próximos y más allá. Sea Agradecido te ayudará y te enseñará por qué el agradecimiento es una actitud tan importante. Va a afectar profundamente tu manera de ver las circunstancias en tu vida. Nancy te mostrará cómo incorporar el agradecimiento día tras día.

¿Sabías que una gran parte del Nuevo Testamento fue escrito desde un lugar de gratitud? Descubre por qué, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblias de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Es esta vida lo único que existe?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Dando una respuesta

¿Es esta vida lo único que existe?

Bruce P. Baugus

Nota del editor: Este es el undécimo capítulo en la serie Dando una respuesta, publicada por Tabletalk Magazine.

Dios «ha puesto la eternidad en sus corazones», dice el Predicador acerca de los hijos de los hombres (Ec 3:11). La idea no es solo que conservamos un concepto intelectual o una noción de la eternidad sino que tenemos un sentido profundamente arraigado de que nuestra vida actual en este mundo no es lo único que existe, que hay un «para siempre» que hace que esta vida sea mucho más transcendental de lo que muchos se atreven a imaginar, y que revela la vanidad de vivir solo para las cosas de este siglo. 

Es imposible entender las obras y enseñanzas de Jesús sin presuponer la existencia eterna del ser humano.

Esta consciencia de la eternidad pertenece a lo que Juan Calvino llama el sensus divinitatis, e inevitablemente orienta aun a los no regenerados a nuestro futuro eterno. Esto es evidente en la fascinación humana con la vida después de la muerte y la manera en la que hablamos de los que han «partido». También es visible en cómo los humanos religiosos se han portado en todas las épocas, incluyendo la nuestra. Lo que nos sucede después de la muerte es una doctrina cardinal en casi todas las religiones y normalmente se considera como algo decisivo para la forma en que debemos vivir esta vida en preparación para lo que sigue. 

Que la eternidad esté en nuestros corazones es una de las razones por las cuales las personas que están dedicadas a la búsqueda de placeres temporales comúnmente encuentran la vida tan vacía. Como observa C.S. Lewis, nuestros anhelos son más profundos y llegan más lejos y aspiran a cosas mucho más altas de lo que cualquier cosa a la mano puede satisfacer. Vivir para el presente exige que reprimamos activamente este sentir interno de la eternidad y que neguemos nuestros anhelos (y aspiraciones) más profundas a fin de tranquilizarnos a nosotros mismos con anhelos mucho más superficiales. 

Curiosamente, los antiguos epicúreos identificaron el miedo a la muerte como el mayor obstáculo para una vida entregada a los placeres temporales; una evidencia más del sentido universal de la eternidad (y la expectativa de juicio). Para librarse del miedo a la muerte, idearon  una antropología atomista en la cual no somos nada más que seres materiales sensibles. Su única esperanza, en otras palabras, era que la muerte fuera en realidad nuestro destino final. Ahí es donde más o menos donde muchos estadounidenses se encuentran en la actualidad y es uno de los propulsores detrás de la aceptación popular del naturalismo metafísico en el Occidente secular. Si la muerte no es nuestro destino final, debemos enfrentarnos a la vanidad de cualquier vida no vivida para la eternidad. 

No obstante, sin importar cuán vigorosamente uno niegue la vida después de la muerte, la sensación de que hay algo más allá que solo esta vida persiste obstinadamente; tan obstinadamente que Immanuel Kant, quien negaba que alguien pudiera saber tal cosa, sin embargo, admitió que debemos creer por lo menos que existe la vida después de la muerte para vivir correctamente en esta vida. 

Kant estaba parcialmente en lo correcto, la razón sola «no puede» penetrar la eternidad para descubrir «la obra que Dios ha hecho desde el principio y hasta el fin» (Ec 3:11). Y aun así, el sentido de eternidad está impreso en nuestros corazones tan firmemente como lo está la conciencia de Dios y de la obra de la ley (Rom 1:19-222:14-16). Nuestras conciencias, deseos, aspiraciones y miedos nos traicionan. 

Jesús no se movía en una cultura post-ilustrada de agnósticos seculares como muchos de nosotros, pero aun el judaísmo del Segundo Templo tenía a sus saduceos que negaban la resurrección. Sus negaciones, sin embargo, no detuvieron a Jesús; Él simplemente señaló cuán básica es la suposición de una vida después de la muerte (y una resurrección futura) para toda la estructura de la revelación bíblica y sugirió que aquellos que negaban esto no entendían las Escrituras ni el poder de Dios (Mr 12:18-27). 

La suposición de las Escrituras es también la suposición de Cristo. Es imposible entender las obras y enseñanzas de Jesús sin presuponer la existencia eterna del ser humano. Jesús no discutió tanto este tema sino que más bien presionó a la gente para que se enfrentaran al dilema en el que se encontraban. Solo hay dos estados eternos: un reino glorioso de paz y justicia en el cual los justos se deleitan completamente en Dios en medio de una creación nueva e incorruptible, y un lugar horrible de tinieblas de afuera, un fuego inextinguible y un tormento que hace crujir los dientes (Mt 8:11-1213:40-4249-5022:1-1324:36-25:46). Cristo habló de estos dos estados en términos claros, dio advertencias sobrias e hizo promesas preciosas basadas en sus realidades. 

Es más, Jesús afirma audazmente que el destino eterno de cada persona depende de si uno lo recibe a Él por fe tal como Él se nos es ofrecido en el Evangelio o si uno lo rechaza para presentarse ante  Dios en el juicio final con solo nuestra conciencia condenatoria como abogada. 

«Yo soy la resurrección y la vida», Jesús le dijo a Marta: «El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11:25-26). A continuación, le hizo directamente a ella y a cada uno de nosotros la pregunta crucial: «¿Crees esto?»

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Bruce P. Baugus
Bruce P. Baugus

El Dr. Bruce P. Baugus es profesor asociado de filosofía y teología en el Reformed Theological Seminary en Jackson, Mississippi, y es un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. Es autor de Reformed Moral Theology.

Contentamiento o amargura – Nov 25

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una actitud de gratitud

Aviva Nuestros Corazones

Nov 25 – Contentamiento o amargura

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Escuchen mamás; es tan importante que ustedes tengan un espíritu agradecido con sus esposos y con sus hijos, que no sean lloronas, quejumbrosas porque sus hijos crecerán no queriendo estar en casa si la atmósfera en su hogar es de un espíritu quejumbroso.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss,  en la voz de Patricia de Saladín.

Una mujer escribió en respuesta al programa que se transmitió ayer. Ella es divorciada y tiene cuatro niños en casa. Ella escribió: «Sola y vacía. Yo sé que tengo un corazón mal agradecido».

En sus circunstancias, ¿tiene ella el derecho de sentir ingratitud? Nancy nos mostrará cómo dar gracias a través de grandes dificultades, mientras continuamos con la serie: La actitud de gratitud.

Nancy Leigh DeMoss: Todas nosotras hemos sido bendecidas por algunos de los himnos escritos por Fanny Crosby. Esta mujer escribió más de 8,000 canciones en su vida. Estamos muy familiarizadas con algunas de ellas como: A Dios Sea la Gloria, Bendita Seguridad, Redimidos: Como Amo Proclamarlo, Donde Él Me Guíe, y un sinnúmero más que han sido de tanta bendición al pueblo de Dios a través de los años.

Lo que tal vez no sepas es que Fanny Crosby era una mujer quien por los estándares de hoy en día podría haber sido una persona muy desafortunada, miserable y atormentada. Pudo haber sido una mujer infeliz, miserable, problemática. De hecho, si ella  hubiera vivido en la cultura de hoy en día ella habría podido ser exactamente así.

Su padre murió cuando ella aún era muy joven, y ella fue criada por su madre y por su abuela. Cuando tenía solamente seis semanas de nacida y como resultado de una negligencia médica, ella quedó ciega de por vida. Esas circunstancias trágicas y traumáticas de su infancia pudieron haberle dado a la mayoría de las personas más que razones suficientes  para tener una vida de autocompasión, de lástima, amargura y desórdenes sicológicos.

Sin embargo, en su autobiografía Fanny Crosby escribió estas palabras, ella dijo: «Parecía la intención de que por la bendita Providencia de Dios yo debí haber sido ciega toda mi vida, y le agradezco a Él por la dispensación».

Ves, Fanny Crosby era una mujer agradecida. Ella sabía lo que era tener la actitud de gratitud. El doctor que destruyó su vista nunca se perdonó a sí mismo y se mudó del área. Pero no hubo lugar en el corazón de Fanny  para el resentimiento hacía ese hombre.

Ella dijo: «Si pudiera conocerlo en este momento, le diría: ¡Gracias! ¡Gracias! una y otra vez por haberme hecho ciega».

Ves, la ceguera que la mayoría hubiese considerado un accidente o una tragedia o una maldición, ella consideró que fue una de sus grandes bendiciones. De hecho ella aceptó su ceguera como un don de Dios.

Ella dijo: «No hubiera escrito miles de himnos si hubiera sido obstaculizada por las distracciones de ver todas las cosas interesantes y los objetos hermosos que se hubieran presentado para que los notara». Siempre buscaba una razón para estar agradecida.

El primer poema de Fanny fue escrito cuando ella tenía solamente ocho años. Y muestra su perspectiva, su actitud de agradecimiento que tenía desde ese momento hasta su muerte a la edad de 95 años.

Escribió siendo una niña de ocho años lo siguiente:

«Oh, qué niña tan feliz soy, ¡a pesar de que no puedo ver! Estoy resuelta a que en este mundo  estaré contenta.  Cuántas bendiciones disfruto  ¡Que otra gente no!  Así que llorar o suspirar porque estoy ciega yo no puedo, ni lo haré.

Esa puede ser una estrofa un poco extraña – «Yo no puedo, ni lo haré» – pero es una gran teología. Una mujer con un corazón agradecido, y qué bendición ha sido su vida. La llenura, la fragancia, la belleza de su vida aun décadas  después está viva entre nosotras aún hoy en día – la llenura de un corazón agradecido.

Hemos estado viendo las características de un corazón agradecido y las características de un corazón ingrato, desagradecido. Y hoy quiero que veamos que la gente con un corazón agradecido está fácilmente contentas mientras que la gente desagradecida o malagradecida  se convierten en prisioneras de la amargura y del descontentamiento.

Por muchos años he estado hablando de las personas   que son crónicamente infelices, crónicamente deprimidas, crónicamente frustradas y emocionalmente inestables. Hay muchas mujeres así incluso en nuestras iglesias hoy en día – siempre miserables, siempre con algún desorden mayor.

Me he convencido por muchas y muchas conversaciones con personas  miserables que muchas veces estos desórdenes brotan de un corazón malagradecido, de la incapacidad de ser agradecidas.

No estoy diciendo que los problemas no sean reales. Solo estoy diciendo que cuando vas hacia la raíz, seguido encuentras una raíz de ingratitud. Puedes ver circunstancias externas que proveen alguna clase de explicación, pero la raíz no son esas circunstancias.

Ves, Fanny Crosby pudo haber sido una mujer miserable, pero ella no lo fue. Ella fue fructífera. Ella estaba plena. Ella fue bendecida. Ella era libre a pesar de que sus circunstancias pudieron haberla dejado miserable, pudieron haberla dejado con toda clase de desórdenes psicológicos.

Pero porque ella fue una persona agradecida, ella fue una persona contenta y estable.

Una persona malagradecida se aferra a sus derechos. Y como resultado se coloca en una posición de dolor y de decepción cuando Dios u otros fallan en alcanzar o llenar sus expectativas. Cuando Dios no hace lo que debería, desde su punto de vista, o cuando otros no alcanzan lo esperado, cuando sus padres o su pareja no hacen lo que ellos piensan que tienen que hacer; entonces estas personas se ponen en una situación de decepción porque están aferrándose a sus derechos.

Pero las personas agradecidas le han entregado todos sus derechos a Dios. Así que ellas ven toda la vida a través de unos ojos agradecidos. Un corazón agradecido realmente te da un par de lentes diferente con los que ves al mundo.

La persona agradecida no tiene lugar en su corazón para emociones egoístas y emociones destructivas – emociones como la amargura, el resentimiento y la ira. Así que las personas  con corazones agradecidos fácilmente se contentan mientras que las personas malagradecidas son prisioneras de la amargura y el descontento.

Aquí tenemos otra característica de un corazón agradecido. Un corazón agradecido será revelado y expresado a través de palabras de agradecimiento. Nuestro corazón se muestra en las palabras que hablamos. Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

Así que una persona que tiene un corazón agradecido hablará palabras de agradecimiento; mientras que, una persona que tiene un corazón malagradecido ¿qué clase de palabras hablará?

  • palabras de queja
  • palabras de murmuración
  • palabras ofensivas
  • lloriqueos

Ves, un espíritu agradecido capacita a las personas para ver las circunstancias más dolorosas de la vida con acción de gracias, para responder a los problemas, al dolor y al sufrimiento con gratitud.

Alguien dijo: «Algunas personas se quejan porque Dios pone espinas sobre las rosas, mientras que otras personas lo alaban por poner rosas entre las espinas».  La gente agradecida expresa su agradecimiento con palabras de gratitud.

Algunas de ustedes están familiarizadas con David Brainerd. Él fue un misionero a los Indios Americanos, de hecho murió a la edad de 29 años. Él realmente derramó su vida en el servicio como misionero.

Encontramos en él a un hombre que fue caracterizado por un espíritu agradecido, y ese espíritu le permitió contar sus bendiciones aún cuando estuvo en medio de increíbles dificultades. Él vivió en circunstancias muy sencillas, primitivas, llevando el Evangelio a lugares remotos.

En una ocasión, mientras él visitaba a unos amigos, de repente le dio un dolor de muelas y escalofríos. Durante la noche le atacó una fiebre muy alta y tuvo mucho dolor en todo su cuerpo.

Pero de cualquier forma, él agradeció a Dios que esta situación le tomó mientras estaba con amigos y no mientras estaba solo en esos lugares remotos.

Luego, hubo otra ocasión en la que él se enfermó en su choza y tuvo dolores severos. Y en esta ocasión él  escribió en su diario: «Bendito sea el Señor. No estoy al aire libre. Tengo una casa y numerosas comodidades que me ayudan».

Él no tenía numerosas comodidades, desde el punto de vista de hoy en día. Pero como él tenía un corazón agradecido, él verbalizaba esa gratitud incluso en medio de esas circunstancias cuando estaba enfermo en esta pequeña choza en la que vivía.

Luego hubo otra ocasión en la que él enfrentaba largas semanas de soledad y el escribió: «Forjándome a través de pantanos en terrenos rocosos en noches oscuras y separado de toda compañía humana».

En este momento él no estaba con amigos. En este momento él estaba solo, y esto es lo que él  escribió en esta ocasión: «Cuántas razones para estar agradecido tengo por este retiro». Luego siguió explicando que el contacto con la gente le ha dado el privilegio de la amistad y el compañerismo, pero que cuando estaba solo, eso le llevaba a experimentar una comunión más íntima con el Señor.

  • Cuando él estuvo acompañado, él estuvo agradecido por las personas.
  • Cuando él estuvo solo, él estuvo agradecido porque no tenía gente y eso lo llevaba hacia  una intimidad mayor con el Señor.
  • Cuando él podía quedarse en casa, él estaba agradecido por ello.
  • Cuando él estaba en una pequeña choza en aquellos lugares remotos, él estuvo agradecido de que tenía numerosas comodidades.

Las personas  agradecidas expresan su corazón en palabras de agradecimiento.

Aquí hay una característica más. Las personas agradecidas son como manantiales refrescantes,  dadoras de vida para otros. Su gratitud se derrama hacia otros. La gratitud es contagiosa, y por cierto, también lo es la ingratitud.

La gente desagradecida halará a otros alrededor de ellos hacia el lodo y el fango de su propia arena movediza de ingratitud. Ambas cosas son contagiosas.

Todas hemos conocido personas  con quienes no es divertido estar  cerca porque son personas  negativas. Siempre hay algo malo. Ellas siempre tienen ese desánimo en la boca para la forma de enfrentar y de ver la vida.

Y les preguntas: «¿cómo has estado?» Y la primera cosa que sale de sus bocas va a ser negativa.

Puedo decirte que yo naturalmente tiendo hacia una manera negativa de pensar y de responder. Una de las cosas que estoy tratando de hacer, que quiero hacer un hábito, es que cuando las personas me pregunten: «¿cómo  estás?» si hay alguna necesidad, alguna carga o preocupación, quiero sentir la libertad de poder compartirla, pero primero tratar de decir algo sobre cuán bueno es Dios y cuán bendecida soy. Quiero decir palabras de agradecimiento antes de compartir una carga, antes de compartir una preocupación.

Porque te digo, podemos convertirnos en alguien miserable para los que están  cerca. Esa actitud negativa es tan contagiosa. Sabemos cómo es  tener nuestra propia actitud afectada negativamente por personas que son negativas.

La ingratitud envenena y contamina la atmósfera en nuestros hogares, en nuestros corazones y en otras relaciones. Y déjame preguntarte, por cierto, ¿cómo está la atmósfera en tu hogar? ¿Es posible que entre las cuatro paredes de tu propio hogar haya habido un espíritu contaminante de ingratitud, un espíritu negativo?

Escuchen mamás, es tan importante que ustedes tengan un espíritu agradecido  con su esposo y con sus hijos, que ustedes no sean lloronas, quejumbrosas porque sus hijos crecerán no queriendo estar en casa si la atmósfera en el hogar es un espíritu de quejas. Es contagioso. Contamina.

Pero también te digo que, la gratitud es igualmente  contagiosa. En las siguientes sesiones, queremos hablar sobre  cómo luce en la práctica el agradecimiento, el trabajo práctico de un corazón agradecido. ¿Cómo se expresa a sí mismo?

Déjame hacerte varias sugerencias aquí sobre cómo debemos dar gracias. Y voy a ir hacía las Escrituras para encontrar esta enseñanza sobre cómo damos gracias.

Primero, se nos dice en las Escrituras que debemos dar gracias audiblemente, en voz alta, fuerte. No solo teniendo pensamientos agradecidos – ahí es donde se comienza   – sino expresando esos pensamientos agradecidos en palabras.

Anteriormente definimos la ingratitud  como el aprender a reconocer y a expresar aprecio por los beneficios que he recibido de Dios y de otros. Un corazón agradecido reconoce esos beneficios y luego expresa gratitud por esos beneficios a Dios y a otros. Hemos recibido beneficios de otros. Y también hemos recibido beneficios de Dios. Si vamos a dar gracias necesitamos dar: «Gracias» – gracias a Dios y gracias a los otros.

Necesitamos hablar. Hebreos capítulo  13 versículo 15 dice: «Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre». Me doy cuenta de que hay tantas cosas por las cuales estoy agradecida en mi corazón si me detengo y pienso en ello, pero no me  detengo  a pensar en ello. A veces cuando sí pienso en ello, simplemente lo digo.

Dilo. Háblalo. Di: «Dios ha sido bueno».

Mientras manejábamos sobre el puente cruzando el río esta mañana de camino para esta sesión de grabación, veía sobre ese río y el sol justamente estaba saliendo sobre el río y estaba reflejándose en el agua. Y  simplemente dije en voz alta: «Gracias Dios por este precioso paisaje. Nos refresca. Es uno de los lugares más hermosos en ésta zona».

Mi corazón se sentía agradecido, y es importante decir verbalmente, «Gracias Señor», expresarlo en voz alta, ofreciendo el fruto de labios dando gracias a Su nombre.

Y entonces  la Escritura también nos dice que agradezcamos al Señor con música, el Salmo 28 dice: «…le daré gracias con mi cántico» (versículo 7). Cántale al Señor. El Salmo 147 canta al Señor con acción de gracias. El salmo Es un mandamiento.

Y quizás puedes estar pensando, «pero es que yo no soy buena cantante». Bueno yo tampoco canto bien. De hecho, me encanta cantar, pero no me dejarían cantar en estas grabaciones. Sigo amenazándoles de que uno de estos días simplemente voy a soltarme a cantar, pero no quieren que haga esto las grabaciones de radio.

Pero  me encanta cantar pero lo mejor es cuando lo hago y nadie está cerca. Pero mientras sea en la iglesia con otros del pueblo de Dios o con un grupo como éste o simplemente  solita mientras me arrodillaba ante el Señor esta mañana antes de venir a la sesión habiendo tenido una noche corta, estando cansada e insegura de cómo todo esto iba a compaginar; simplemente  me detuve y de rodillas empecé a cantarle al Señor con agradecimiento, cantándole alabanzas al Señor.

Porque hay algo en cantarle al Señor, cantarle nuestra  gratitud a Él, algo que levanta nuestros espíritus, nos energiza y nos recuerda por  lo mucho que tenemos para estar agradecidas. Hay muchas ocasiones en las Escrituras en las que la música es  parte de dar gracias.

Pienso en la historia  de Nehemías cuando el muro de Jerusalén había sido reconstruido y el pueblo se reunió para dedicar la muralla. La Escritura dice que: «En la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, a fin de celebrar la dedicación con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos, acompañados de címbalos, arpas y liras» (Nehemías12:27).

Cantando al Señor usando instrumentos musicales para entonar himnos, acción de gracias y alabanzas al Señor.

Yo estudié piano en la universidad. Pero no toco  de oído, así que no he tocado mucho desde mis años en la universidad. No toco mucho. Pero algunas veces en mi casa cuando estoy ahí, es tan infrecuente en estos días, pero tengo un piano y algunas veces, incluso a altas horas de la noche, o a veces en la noche después de un largo día, me siento en el  piano y empiezo a tocar y a cantar con el himnario abierto en frente de mí, cantando coros e himnos, canciones y salmos de alabanza al Señor.

Algunas veces me encanta  hacerlo con un piano, y algunas veces es simplemente genial hacerlo a capela. Algunas veces incluso leo un pasaje de la Escritura que es un salmo de alabanza y empiezo a cantar al Señor sin usar una melodía que alguien más haya  escrito sino que solamente  creo mi propia melodía cantándole al Señor.

Me hubiese encantado enseñarte como, pero de cualquier forma cortarían esa parte de la grabación. Pero tomo un pasaje de la Escritura que es justamente un salmo de acción de gracias y simplemente empiezo a cantarle al Señor. Con mi canto le agradezco. Así que ¡canten!

Hoy en día ves en las iglesias y ves  tanta gente que no está cantando durante el tiempo que es para eso. Quiero decir, es un tiempo para cantar, coros, himnos de alabanza, pero la gente  no mueve la boca. Y te voy a decir esto: Tú no puedes cantar sin mover la boca; simplemente no puedes hacerlo.

Necesitamos cantarle al Señor. Tú vuelves y me dices: “pero es que yo no soy  gran cantante”. Bueno yo tampoco. Pero canto de cualquier forma. Así que ¡habla y canta!

Y luego también damos gracias con la oración. En Colosenses capítulo  1 el apóstol Pablo dice: “Damos gracias a Dios, … orando siempre por vosotros” (versículo 3), agradeciendo a Dios en nuestras oraciones.

Pablo continúa diciendo en Colosenses capítulo  4 “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (versículo 2). Orando con acción de gracias, así que estoy expresando mi gratitud  a Dios a través de las oraciones.

Mientras he estado preparando esta serie, he pensado en lo poco que realmente le digo “Gracias” a Dios. Pienso que tengo un corazón agradecido. Me siento como una mujer muy bendecida.  Pero esto no quiere decir que todo en mi vida haya salido bien, o haya sido fácil, pero trato de enfocarme en las bendiciones de Dios, y trato de pensar  mucho en ellas.

Pero  a menudo me quedo corta de expresárselo a Él. Así que  necesito aprender a decir gracias en mis oraciones. ¿Qué tan seguido clamamos al Señor, le pedimos cosas y luego olvidamos regresar cuando Él ha respondido para darle gracias, o inclusive decir gracias antes de recibir la respuesta? Así que también  damos gracias a Dios en oración.

Hay otros dos aspectos más en las Escrituras de cómo damos gracias a Dios, y quiero llamar tu atención hacia ellos en estos últimos momentos. Hay un aspecto privado en el dar gracias, y hay uno público. Vamos a ver primero el privado , la adoración en privado.

Considero que uno de los grandes ejemplos en las Escrituras es Daniel en el Antiguo Testamento. Él fue un hombre con un corazón agradecido. Él expresaba su corazón agradecido con palabras y en oraciones de gratitud.

En el capítulo 2 de Daniel nos dice la ocasión en la que el rey, el rey Nabucodonosor, tuvo un sueño y ordenó que Daniel se lo interpretara. Daniel fue delante del Señor y le pidió que lo ayudara a entender el sueño del rey.

Y el Señor le dio sabiduría. El Señor le dijo lo que significaba el sueño. La Escritura nos lo cuenta en Daniel capítulo 2 en el versículo 19:

Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión de noche. Daniel entonces bendijo al Dios del cielo. Daniel habló, y dijo:

Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, …Él es quien revela lo profundo y lo escondido … A ti, Dios de mis padres, doy yo gracias y alabo, porque me has dado sabiduría y poder, y ahora me has revelado lo que te habíamos pedido, pues el asunto del rey nos has dado a conocer (versículos 19-23) lo que Daniel estaba diciendo es: “Dios, te pedimos que Tú nos mostraras lo que significaba el sueño del rey, y ahora regresamos a ti y te damos gracias”.

Pero Él expresó esto en privado. Ésta fue una alabanza privada. Daniel era un hombre quien a solas con Dios expresaba gratitud.

Pero luego llegamos al capítulo 6 de Daniel. Y ahora hay otro rey, el rey Darío. Este emitió un edicto, un edicto, de que por 30 días nadie podría hacerle alguna petición  a nadie sino al rey para cualquier cosa. Esto fue una trampa para Daniel de parte de algunos de sus compañeros a quienes él no les agradaba y querían deshacerse de él y de su posición en el gobierno.

Y la Escritura relata en Daniel capítulo 6 versículo 9:

Que cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (y su aposento superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como lo solía hacer antes, él  continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios (versículos 9-10).

Daniel aparentemente tenía el hábito de tres veces al día arrodillarse, orar y agradecer a Dios en privado. Alabanza y adoración en privado.

Pero déjame solamente decir que no es suficiente que nuestra adoración y agradecimiento sea en privado. Necesita también  ser en público.

El salmista dijo en el Salmo 57: “Te alabaré entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones (versículo 9).

Lo que él está diciendo es, “Dios en medio de aquellos que no son creyentes, en medio de naciones paganas, en medio de los gentiles cantaré alabanzas a Ti”. Y luego él dice: “No solamente en medio de los que no son creyentes, sino en compañía del pueblo de Dios daré gracias”.

Salmo 35 versículo 18: “En la gran congregación te daré gracias; entre mucha gente te alabaré”.

Salmo 111 versículo 1: “¡Aleluya! Daré gracias al Señor con todo mi corazón, en la compañía de los rectos y en la congregación”.

¿Te has encontrado alguna vez en esos momentos de adoración en tu iglesia o en tu grupo pequeño en los que el líder dice: “Nos tomaremos un momento para simplemente agradecer al Señor”? Se nos pide que compartamos un testimonio o   digamos una palabra de adoración, de agradecimiento, o que elevemos oraciones de gratitud  al Señor.

Y entonces  luego  escuchas este grande y largo silencio. Luego tal vez una persona valiente lo interrumpe y dice algo por lo que está agradecido. Y entonces otro largo silencio.

No hay nada malo con el silencio, a menos que sea tiempo de agradecer. En ese momento necesitamos hablar, cantar y expresar: “Dios ha sido tan bueno conmigo”.

Podrías decir: “Bueno, lo que pasa es que yo no soy del tipo de persona que le gusta hablar en público”. Escucha, si has recibido la gracia de Dios por tus grandes culpas, Su abundante gracia, entonces no podrás evitar ser una persona agradecida y expresar esa gratitud no solo cuando estés sola sino también cuando estés en público.

“Daré gracias a Dios con todo mi corazón en la compañía de los rectos y en la congregación”.

Carmen Espaillat: El libro de Nancy Sea Agradecido: Su camino al gozo. Puede ayudar a que la acción de gracias sea una realidad en tu vida durante todo el año. Cuando tomas las palabras de este libro a conciencia, te quejarás y reclamarás menos y expresarás agradecimiento más seguido.

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Mañana Nancy describirá una de las razones de mayor peso para estar agradecidas. Oremos para que tengas un especial día de Acción de Gracias mañana  y espero que te unas a nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss  es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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¿Es la Navidad una estafa pagana?

Coalición por el Evangelio

¿Es la Navidad una estafa pagana?

KEVIN DEYOUNG

Lo hemos escuchado tantas veces que es prácticamente parte de la misma historia de Navidad.

Los romanos celebraron su festival de invierno de siete días, Saturnalia, a partir del 17 de diciembre. Fue algo completamente pagano lleno de libertinaje y adoración al dios Saturno. Para marcar el final del solsticio de invierno, el emperador romano estableció el 25 de diciembre como una fiesta para Sol Invictus (el Sol Invicto). Tratando de hacer que el cristianismo fuera más agradable para los romanos y más popular entre la gente, la iglesia aceptó estas fiestas paganas y puso la celebración del nacimiento de su Salvador el 25 de diciembre. Sin importar lo que las fiestas navideñas se hayan convertido en la actualidad, comenzaron como una imitación de fiestas paganas reconocidas. Si te gusta la Navidad, le debes tu gratitud a Saturnalia y Sol Invictus.

Esa es la historia, y todos, desde los cristianos liberales hasta los cristianos conservadores y aún los no cristianos, parecen estar de acuerdo en que es verdad.

Excepto que no lo es.

Para empezar, debemos distinguir entre orígenes que sugieren una estafa y aquellos que sugieren una reprimenda. La existencia de una conexión entre una celebración cristiana y una celebración pagana podría implicar una imitación sincrónica (“Oye, cristianicemos esta popular fiesta pagana para hacer nuestra celebración más agradable”), o podría significar un rechazo deliberado (“Oye, esta fiesta pagana es horrible, así que pongamos algo distintivamente cristiano en su lugar”). Después de la conversión de Constantino en el siglo IV, en algunas ocasiones los cristianos adaptaron y cristianizaron fiestas paganas. Si lo hicieron con sabiduría y eficacia está abierto a un debate histórico, pero la motivación fue transformar el paganismo del mundo romano en lugar de arrasar con él. Aún si la Navidad se dispuso el 25 de diciembre debido a Saturnalia y Sol Invictus, eso por sí solo no implica que la celebración cristiana del nacimiento de Cristo realmente comenzara como una fiesta pagana.

Pero en el caso de la Navidad, hay buena evidencia de que el 25 de diciembre no se eligió debido a las fiestas de invierno paganas. Este es el argumento que Andrew McGowan, de la Escuela de Teología de Yale, hace en su artículo “Cómo el 25 de diciembre se convirtió en Navidad” (publicado en inglés por primera vez en el 2002 en Bible Review). Permítanme tratar de sintetizar el excelente trabajo histórico de McGowan abordando tres preguntas.

¿Cuándo empezaron los cristianos a celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre?

A diferencia de la Pascua, que se desarrolló como una fiesta cristiana mucho antes, no hay mención de celebraciones de nacimiento por parte los primeros padres de la iglesia. Escritores cristianos como Ireneo (130-200) y Tertuliano (160-225) no dicen nada sobre una fiesta en honor al nacimiento de Cristo, y Orígenes (165-264) incluso se burla de las celebraciones romanas de aniversarios de nacimiento como prácticas paganas. Esta es una muy buena indicación de que la Navidad aún no estaba en el calendario eclesiástico (o al menos no era muy conocida), y si lo estaba, no habría estado ligada a una festividad romana similar.

Sin embargo, esto no significa que nadie estaba interesado en la fecha del nacimiento de Cristo. A finales del siglo II, había un interés considerable en determinar la fecha del nacimiento de Jesús, y Clemente de Alejandría (150-215) señaló varias propuestas diferentes, ninguna de las cuales era el 25 de diciembre. La primera mención del 25 de diciembre como el cumpleaños de Jesús proviene de un almanaque de mediados del siglo IV llamado Calendario Filocaliano. Unas décadas más tarde, alrededor del 400 d.C., Agustín indicaría que los donatistas celebraban las fiestas de Navidad el 25 de diciembre, pero se negaban a celebrar la Epifanía el 6 de enero porque pensaban que esta era una invención reciente. Ya que los donatistas (un grupo que surgió durante la persecución bajo Diocleciano en 312) se oponían obstinadamente a cualquier transigencia ante sus opresores romanos, podemos estar seguros de que no consideraban la celebración de la Navidad, o la fecha del 25 de diciembre, como pagana en su origen. McGowan concluye que los donatistas debían estar sumergidos en alguna tradición norteafricana antigua y, por lo tanto, las primeras celebraciones navideñas (que conocemos) pueden fecharse en la segunda mitad del siglo III. Esto es mucho antes de Constantino y durante un período de tiempo en el que los cristianos intentaban evitar firmemente cualquier conexión con la religión pagana.

¿Cuándo se sugirió por primera vez que la Navidad surgió de orígenes paganos?

Ninguno de los padres de la iglesia hace referencia alguna a una supuesta conexión entre Navidad y Saturnalia o Sol Invictus en los primeros siglos de la iglesia. Podrías pensar: bueno, por supuesto que no. Eso hubiera sido vergonzoso. Sin embargo, si el objetivo de basar tu fiesta de nacimiento cristiana en una fiesta de nacimiento pagana es hacer que tu religión sea más popular o más accesible, seguramente alguien diría algo. Además, como señala McGowan, no es como si los futuros líderes cristianos rehusaron hacer estas conexiones. Gregorio Magno, escribiendo en 601, instó a los misioneros cristianos a convertir los templos paganos en iglesias y a readaptar los festivales paganos como días festivos para los mártires cristianos.

No hay sugerencia alguna de que el nacimiento de Jesús fue establecido en una fecha de fiestas paganas hasta el siglo XII, cuando Dionysius bar-Salibi afirmó que la Navidad se trasladó del 6 de enero al 25 de diciembre para corresponder con Sol Invictus. Siglos más tarde, los estudiosos de religiones comparadas (posteriores a la Ilustración) comenzaron a difundir la idea de que los primeros cristianos modernizaron los festivales del solsticio de invierno para sus propios fines. Durante el primer milenio de la historia de la iglesia, nadie hizo esa conexión.

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?

La primera respuesta a esta pregunta es que algunos cristianos no lo hacen. En la rama oriental de la iglesia, la Navidad se celebra el 6 de enero, probablemente por las mismas razones (según un cálculo diferente) que la Navidad llegó a celebrarse el 25 de diciembre en Occidente. Aunque no podemos afirmarlo, hay buenas razones para pensar que el 25 de diciembre se convirtió en la fecha de Navidad debido a su conexión con la fecha (presunta) de la muerte de Jesús y la fecha de la concepción de Jesús.

Hay tres fechas que entran en juego en este cálculo. Comencemos con la fecha de la muerte de Jesús.

Alrededor del 200 d. C., Tertuliano de Cartago notó que Jesús murió el día 14 de Nisán, que era equivalente al 25 de marzo en el calendario solar romano. En el Este, hicieron sus cálculos usando el día 14 del primer mes de primavera en su calendario griego local. En el calendario romano, esto era el 6 de abril. Así que, dependiendo de a quién le preguntes, Jesús murió el 25 de marzo o el 6 de abril.

Tanto en Occidente como en Oriente, se desarrolló la misma tradición de que Jesús murió en la misma fecha en que fue concebido. Un tratado cristiano anónimo del norte de África del siglo IV afirmaba que el 25 de marzo era “el día de la pasión del Señor y de su concepción. Porque en ese día fue concebido, en el mismo que sufrió”. Agustín, en La Trinidad, mencionó ese mismo cálculo. De manera similar, en Oriente, el obispo Epifanio de Salamina del siglo IV sostuvo que el 6 de abril Cristo quitó los pecados del mundo y en la misma fecha fue “encerrado en el útero sin mancha de la santa virgen”. El hecho de que esta curiosa tradición existiera en dos partes diferentes del mundo sugiere que puede haber tenido sus raíces en algo más que una mera especulación. Al menos, como observa McGowan, estos primeros cristianos estaban tomando prestado de una antigua tradición judía que decía que los eventos más importantes de creación y redención ocurrieron en la misma época del año.

Desde la fecha de la muerte de Cristo, hasta la (misma) fecha de su concepción, podemos ver fácilmente de dónde podría haber venido la fecha de la Navidad. Si Jesús fue concebido el 25 de marzo, entonces la mejor fecha para celebrar su nacimiento debe ser nueve meses después, el 25 de diciembre (o, en Oriente, el 6 de enero). Si bien no podemos saber con certeza que de aquí es de donde viene el 25 de diciembre, y ciertamente no podemos ser dogmáticos sobre la historicidad de la fecha, existe una mejor evidencia antigua que sugiere que nuestra fecha de Navidad está ligada a la muerte y concepción de Cristo, en vez de las celebraciones paganas de Saturnalia y Sol Invictus.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

¿Es Jesús realmente Dios?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Dando una respuesta

¿Es Jesús realmente Dios?

James R. White

Nota del editor: Este es el décimo capítulo en la serie Dando una respuesta, publicada por Tabletalk Magazine.

No es posible que los cristianos crean que el Dios que creó este vasto universo realmente entró en Su propia creación como hijo de un carpintero en un rincón sin importancia del Imperio Romano hace casi dos mil años, ¿verdad? Seguramente, los cristianos solo están haciendo una declaración teológica cuando hablan de la deidad de Cristo, ¿no es así? Ellos no pueden creer que Jesús es realmente el Dios-hombre, el Creador en medio de Su propia creación, ¿cierto?

Tan increíble como pueda sonar, eso es exactamente lo que los creyentes cristianos afirman. Es más, en realidad creemos que esa es la única manera consistente de leer los escritos de Sus discípulos. De hecho, las propias palabras de Jesús, cuando son leídas en el contexto del judaísmo del primer siglo, indican claramente que Él se veía a Sí mismo como el Hijo de Dios que había descendido del cielo. Una de esas indicaciones puede derivarse del Evangelio generalmente considerado como el más antiguo, el Evangelio de Marcos. Cuando Jesús se presentó en Su juicio ante el sanedrín judío, le preguntaron solemnemente: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Su respuesta fue directa: “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo” (Mr 14:61-62). Es posible que los lectores modernos pasen por alto el significado de las palabras de Jesús, pero Sus oyentes seguramente no lo hicieron. Ellos sabían que Él se estaba basando en dos pasajes muy bien conocidos y significativos de las Escrituras hebreas, el Salmo 110:1 y Daniel 7:13, este último presentando una figura divina que tiene seguidores que le adoran. La respuesta fue rápida: “Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus ropas, dijo: ‘¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece?’ Y todos le condenaron, diciendo que era reo de muerte” (Mr 14:63-64). Aquellos que escucharon Sus palabras sabían muy bien lo que significaban.

La tumba vacía es un testimonio silencioso de la veracidad de las afirmaciones de Jesús.

Anteriormente en Su ministerio, después de realizar una sanación milagrosa, Jesús hizo una declaración similar que también terminó bajo acusación de blasfemia. En el Evangelio de Juan, Jesús defendió Su curación de un hombre en el día de reposo diciendo: “Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo” (Jn 5:17). Aquí Jesús apela al hecho de que Dios trabaja en el día de reposo, sosteniendo el universo. Él se refirió a Dios como Su propio Padre de una manera única, y reclamó la misma prerrogativa. Y nuevamente Sus oyentes entendieron la importancia de Sus palabras: “Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios Su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Jn 5:18). Los judíos no buscaban matarlo por simplemente estar confundido o ser arrogante. Ellos entendieron Sus palabras como blasfemia, la pena para la cual era la muerte. Jesús no los corrigió, sino que inició una larga exposición sobre Su perfecta armonía con el Padre.

Por supuesto, Jesús también afirmó tener autoridad sobre la muerte misma, ilustrada no solo al levantar de entre los muertos a un hombre llamado Lázaro, públicamente, frente a Sus enemigos (cap. 11), sino también en Su afirmación de que Él daría Su vida y la volvería a tomar (Jn 10:17-18), una promesa que cumplió al resucitar de la muerte después de Su crucifixión. Siempre es sabio considerar bien las palabras de Alguien que no solo predice Su muerte (pues es algo que muchos hombres sabios han hecho a lo largo de los siglos), sino que al mismo tiempo afirma que tomará Su vida y se levantará de entre los muertos (algo que solamente Jesús ha predicho y cumplido). La tumba vacía es un testimonio silencioso de la veracidad de las afirmaciones de Jesús.

Por consiguiente, no nos sorprende que los seguidores originales de Jesús, los apóstoles, hayan escrito en sus cartas frases como “nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús” (Tit 2:132 Pe 1:1) y el “Señor de gloria” (1 Co 2:8). El apóstol Pablo aun incluyó a Jesús en una versión ampliada de la antigua oración judía conocida como el Shemá, identificándolo con el Dios de Israel (8:6) al igual que otros hicieron la misma afirmación (Jn 12:41Heb 1:10-12). El excelso lenguaje que usaron para describir a Jesús nunca podría ser usado para referirse a un simple hombre. No, ellos claramente creían que Jesús era el Dios-hombre, verdaderamente hombre pero verdaderamente Dios.

Evidentemente, si el Creador ha invadido Su propia creación, no podemos escondernos de lo que Él demanda de nosotros. No podemos ser neutrales acerca de Jesús. Él llama a todas las personas, en todo lugar, a que se arrepientan, crean y  doblen sus rodillas ante Él. Porque Él es verdaderamente digno de nuestra alabanza y lealtad.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
James R. White
James R. White

El Dr. James R. White es el director de Alpha and Omega Ministries y autor de numerosos libros, incluyendo What Every Christian Needs to Know About the Qur’an [Lo que todo cristiano necesita saber sobre el Corán].