Una página de Lutero

Domingo 5 Julio
La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio.
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Una página de Lutero

«Evita como a una peste peligrosa y como a un veneno infernal decir: «Cometí tal y tal pecado, Dios me aborrece, soy objeto de la justa ira del juez».

Di más bien: «Soy un pecador, eso sí, pero sé que Dios quiere recibir a los pecadores, a los que sienten su pecado».

Sin esto, ningún hombre sería salvo. “Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Romanos 11:32).

Si reconoces realmente tus pecados, si tiemblas, si estás turbado y cargado por temor al juicio y al infierno, ten ánimo, pues Dios quiere manifestarte su amor y su gracia. Él quiere salvarte. Todas sus promesas nos aseguran que él no desea la muerte del pecador, pues es un Dios de paz y de gracia.

No te dejes llevar por el desánimo, cree “en esperanza contra esperanza” (Romanos 4:18). Jesucristo es el médico de los corazones quebrantados. Él desea levantar a los caídos, y no quiere apagar “el pábilo que humea”.

Entonces, si eres una vela cuyo pábilo todavía está humeando, no te apagues a ti mismo por la desesperación o el desánimo. Si eres una caña cascada o quebrada, no te quiebres totalmente a ti mismo, sino ven a Jesús, el dulce amigo de las almas».

Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Martín Lutero (1483-1546)

Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Conocer a Dios

Sábado 4 Julio
(Jesús dijo:) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Conocer a Dios
Testimonio

«Todas las religiones pretenden brindar la felicidad. Un día quise conocer a Dios y empecé a estudiar varias religiones, pero, para mi mayor asombro, ninguna pudo asegurarme la paz interior. La Biblia me enseñó que las religiones no pueden proporcionar esa felicidad; esto solo puede hacerlo un contacto personal con Dios. Para tener una relación con una persona es necesario conocerla. La única forma de conocer a Dios es leyendo su Palabra, la Biblia; por medio de ella Dios nos habla y nos invita a acercarnos a Jesús, quien declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Él también dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Esto significa que en lo más profundo de nuestro ser debe producirse un acontecimiento extraordinario. ¿Cuál? Incluso si somos personas honestas, debemos sentir el peso del pecado que está en nosotros, y mirar hacia el Salvador. Entonces, el Espíritu Santo opera un milagro maravilloso en nosotros dándonos una nueva vida espiritual.

Cuando conocí a Jesús, reconocí mi estado pecaminoso y le pedí perdón por mis pecados. En ese momento recibí la vida eterna».

El testimonio que acabamos de leer nos pone en guardia contra el engaño de las religiones y sectas humanas.

Jesús dijo: “Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos” (Lucas 21:8).

Suzanne

El testimonio que acabamos de leer nos pone en guardia contra el engaño de las religiones y sectas humanas. Jesús dijo: “Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos” (Lucas 21:8).

El poder del Hijo de Dios (2)

Viernes 3 Julio
Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.
No temas; yo (Jesús) soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
El poder del Hijo de Dios (2)

Frente a una gran multitud, Jesús había resucitado a su amigo Lázaro, cuyo cuerpo ya estaba en descomposición. A pesar de haber sido testigo del poder del Hijo de Dios, parte de esa multitud se volvió en su contra. Poco tiempo después pidió su muerte a grandes voces, y Jesús fue crucificado. Así fue como mataron “al Autor de la vida’’ (Hechos 3:15). Luego dos de sus discípulos bajaron su cuerpo de la cruz, lo embalsamaron, lo colocaron en una tumba e hicieron rodar una piedra para cerrar la entrada.

¿Qué voz podría resonar ahora para hacerlo salir de la tumba, como a Lázaro? No obstante, tres días después, algunas mujeres encontraron la tumba vacía. Su divino ocupante ya no estaba allí: había resucitado, había salido por sí mismo. Nadie se lo había mandado. Salió de la tumba por su propio poder. Él había anticipado este hecho extraordinario: “Le era necesario al Hijo del Hombre… ser muerto, y resucitar después de tres días” (Marcos 8:31).

Sí, Jesús podía resucitar a Lázaro. Tenía el poder para salir él mismo de la muerte como vencedor, después de haber dado su vida en la cruz para salvar a los que creen en él.

La resurrección de Jesús proclama que la justicia de Dios está satisfecha y la muerte está vencida. Cada creyente puede exclamar: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?… Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:55-57).

El poder del Hijo de Dios (1)

Jueves 2 Julio
(Jesús) clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió.
Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
El poder del Hijo de Dios (1)

Lázaro, el hermano de Marta y María, reposaba desde hacía cuatro días en una tumba cerrada con una pesada piedra. Una enfermedad lo había matado en poco tiempo.

La multitud que había venido para el sepelio se acercó y se detuvo ante la tumba. ¿Qué sucedía? ¿Existiría un médico que luchara por un paciente declarado muerto hacía varios días? De repente, de entre la multitud, alguien dio la orden de quitar la piedra que cerraba la entrada. Marta, la hermana del muerto, dijo: “Señor, hiede ya…” (Juan 11:39). ¡Lázaro estaba realmente muerto!

Entonces la misma voz resonó. Era la voz de Jesús, un amigo de la familia en duelo, quien llamó: “¡Lázaro, ven fuera!”. ¿Acaso no sabía Jesús que Lázaro estaba muerto?

¡Pero qué sorpresa cuando dentro de la tumba hubo un movimiento! Lázaro, el muerto, despertó al oír la voz de Jesús. Y obedeciendo a su irresistible autoridad, salió.

Este relato tan conocido nos interpela. Si realmente un muerto está obligado a obedecer a la voz de un hombre, ¿quién es ese hombre, sino el Hijo de Dios, el Príncipe de la vida?

Un día nadie podrá resistir a la autoridad de esa voz, pues “todos los que están en los sepulcros oirán su voz”. Usted también escuchará, obedecerá y saldrá… ¿Será para resurrección de vida, porque usted ha creído en él y ha recibido la vida eterna? ¿O será para resurrección de condenación?

Riqueza exterior y riqueza interior

Miércoles 1 Julio
Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y como un muro alto en su imaginación.
Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
Riqueza exterior y riqueza interior

Aparentar, mostrar la mejor cara, no es sinónimo de una gran riqueza interior. Muchas personas viven obsesionadas por su apariencia, y a menudo nuestra sociedad incentiva tal comportamiento. En efecto, ostentando algunos rasgos externos de riqueza, o un hermoso lenguaje, cada uno trata de mostrar una hermosa apariencia. Pero la Biblia declara: “El Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

En contraste con esto está Aquel que se hizo pobre (tercer versículo del encabezamiento). Se trata de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien se hizo hombre y aceptó ser pobre entre los pobres. La Biblia dice de él, incluso antes de su venida a la tierra: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Sin embargo, su pobreza voluntaria nos interpela: “Se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.

Su muerte en la cruz enriquece a todos los que lo aceptan como su Salvador. Desde entonces tienen la vida eterna que Dios les da, y la esperanza de estar un día con su Salvador en el cielo para compartir su gloria.

Me preocupo…

Martes 30 Junio
(Jesús dijo a Marta:) Afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria.
Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Me preocupo…

¡Todo me inquieta! Mi salud, mi situación profesional, mi familia… Mis cercanos me preocupan. Los veo hundirse en situaciones insostenibles, y eso me enferma. Me siento responsable de su felicidad. Las circunstancias que atraviesan y las mías son el centro de mis preocupaciones: con tal que tenga lo necesario para vivir, que mi hija no se enferme… y luego, aunque todo transcurra como lo espero, aun encuentro algo en lo que no había pensado y que arruina mi dicha…

La preocupación es un veneno del cual no puedo deshacerme. Se ha vuelto una verdadera obsesión en mí.

De hecho, sé muy bien que Dios me ve. Y más aún, sus ojos están siempre sobre mí, porque desea ayudarme y tener una relación verdadera y sincera conmigo. A pesar de esto, yo no pienso más que en mis preocupaciones…

¿Continuaré con esta obsesión? Dios me llama a confiar en él, a entregarme totalmente a él, ¿dudaré en hacerlo? Pedro, el discípulo de Jesús, tenía razón cuando dijo: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Puedo descansar en mi Dios, confiar en él; él me ama, se ocupa de mí; vela sobre los míos. Puedo contarle mis preocupaciones. Él las llevará en mi lugar. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26).

Amor indescriptible

Lunes 29 Junio
Dios es amor.
(Jesús dijo:) El Padre mismo os ama.
Amor indescriptible

«Cuando mi esposa decidió elegir otra vida, me encontré solo en nuestro apartamento. Después de algunas semanas no pude pagar más el alquiler y, lleno de deudas, tuve que vivir en mi carro (coche). La depresión y la angustia me invadieron. Hasta pensé poner fin a mis días. Un amigo cristiano me aconsejó hablar con Dios para pedirle su ayuda. Y lo hice sinceramente, por primera vez, esa misma noche. Oré a Dios con confianza, y entonces sentí como unos brazos que me rodeaban. Lleno de una paz indescriptible, me dormí en el aparcamiento ¡sobre el volante de mi auto! Desde que mi corazón fue marcado por su amor, Jesús produjo una verdadera y completa restauración en mi vida. Por eso hoy deseo compartir este mensaje de amor que tanto me conmovió».

Jerry

Para realizar este trabajo en el alma, Dios solo nos pide que confiemos plenamente en su amor. Al mismo tiempo nos dice cuánto nos amó él, el Dios Santo. Por una parte nos muestra hasta qué punto somos pecadores, y por la otra nos revela la prueba de su amor hacia nosotros: “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), para quitar los pecados que nos separaban del Dios santo. Aceptarlo con fe nos conduce a realizar lo que dijo el apóstol: “Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Admiración ante la creación

Domingo 28 Junio
¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.
He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.
Alabaré al Señor en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
Admiración ante la creación

sus 85 años, el académico Jean d’Ormesson dijo: «Siempre he sentido un asombro por vivir. Ya de pequeño me detenía un momento en el juego y me preguntaba qué hacía allí. Hace unos 5 años, un día de verano estaba bañándome en el Mediterráneo cuando de repente, al salir del agua, fui invadido por un sentimiento de admiración, como un vértigo. ¿Por qué el sol? ¿Por qué el mar? ¿Por qué las rocas?».

Este hombre de letras, a sus 80 años, se maravillaba de su propia existencia, aparentemente sin reconocer al autor de la vida. Y este «asombro por la vida» que lo empujaba a preguntarse de dónde venimos y a dónde vamos inquieta a la humanidad desde siempre. Las respuestas confiables nunca vendrán de las reflexiones del hombre ni de sus razonamientos. Sin revelación, ¿cómo conocer el origen de nuestra existencia? Las respuestas solo pueden venir de su Creador: “Dios, que da vida a todas las cosas” (1 Timoteo 6:13).

Solo puedo conocer el significado y la meta de mi vida en la tierra si Dios me los revela, y lo ha hecho. Él ha dado al hombre la capacidad de reconocer Su poder y Su grandeza por medio de la naturaleza que nos rodea. Vino a la tierra en la persona de Jesús, su Hijo. Tomó un cuerpo humano y vivió entre los hombres, como lo narra la Biblia. La lectura de este Libro ha iluminado a los creyentes de todas las generaciones. Les ha dado el descanso de espíritu. Arroja gran luz sobre el sentido de sus vidas, y muestra el objetivo: Cristo, nuestra esperanza.

¿Diamante o carbón?

Sábado 27 Junio
No sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.
Ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz… comprobando lo que es agradable al Señor.
¿Diamante o carbón?

¿Por qué los diamantes forman parte de las piedras preciosas más bellas? Por su brillo y su resplandor. Todos los colores del arco iris se ven reflejados en ellos. Sorprendentemente, el carbón posee la misma composición química del diamante. Solo se distinguen por la forma en la que se organizan los átomos de carbono. ¡Pero a nadie se le ocurriría ofrecer un anillo de compromiso con un trozo de carbón incrustado! Entonces, ¿cuál es la diferencia entre el carbón y el diamante? El primero absorbe la luz sin devolverla, mientras el segundo se deja atravesar por ella y la refleja.

Y nosotros, ¿somos un pedazo de carbón o un diamante? Como el carbón que absorbe la luz, ¿recibimos las bendiciones, los servicios prestados, sin dar gracias a Dios y a los demás? ¿Estamos tan ensimismados que olvidamos a quienes nos rodean?

Dios quiere arrancarnos de nuestro egoísmo natural para que nos abramos a su amor. Para ello es necesario dejarnos «atravesar» por el amor y la luz de Jesús. Entonces podremos reflejar sus caracteres y ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa”, resplandeciendo como luminares en el mundo (Filipenses 2:15). Así, nuestra vida hablará de él. La comunión diaria con nuestro Salvador hará brillar, como un diamante, el fruto del Espíritu que él hace nacer en nosotros: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23), aun cuando a menudo no tengamos conciencia de ello.

El matrimonio (5): Un hogar fundado sobre la roca

Viernes 26 Junio
Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.
El matrimonio (5): Un hogar fundado sobre la roca

Cualquier constructor sabe muy bien que la solidez de un edificio depende en gran parte de sus fundamentos. Cuando se trata de fundar una familia, es lo mismo. Joven cristiano, es necesario estar atento cuando se comienza a pensar en el matrimonio. La roca sólida es Cristo. Es indispensable que un hijo de Dios se case con una hija de Dios si quieren vivir en armonía. “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). La Biblia nos dice que no nos unamos en yugo desigual con un incrédulo (2 Corintios 6:14).

Sobre la base sólida de una fe común, el hogar puede construirse armoniosamente. La educación de los hijos, si Dios los da, está fundada sobre la Palabra de Dios, leída y explicada regularmente (Deuteronomio 6:7). La oración es el recurso cotidiano de la pareja. El apóstol Pedro invita a los esposos a mantener una atmósfera propicia para la oración. Dice: “Para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

En cierta ocasión Dios dijo respecto a su pueblo: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” (Deuteronomio 5:29). Dios ama los corazones que se gozan escuchándole. Como Josué, nos invita a comprometernos decididamente: “Yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:15), conscientes de que solo Dios puede darnos la fuerza.