Las falsificaciones (2)

Miércoles 13 Mayo

¿Quién decís que soy yo? Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús:… sobre esta roca edificaré mi iglesia.
Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
En él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.
Las falsificaciones (2)

Ayer dijimos que algunas religiones, aunque toman algo del cristianismo, en realidad son falsificaciones de la verdad.

Esas religiones consideran a Jesús como un hombre y un profeta notable, pero niegan totalmente su divinidad. Lo respetan, pero no lo reconocen como el Hijo de Dios, Dios Hijo. Esto está en flagrante contradicción con lo que nos enseña la Biblia respecto a Jesús: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). “El Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:114). Su mismo nombre afirma lo que él es: Jesús significa Dios Salvador.

Todo el cristianismo se basa en esta persona. ¡Atentar contra él es atacar el fundamento de la fe cristiana, y entonces todo se derrumba! El que rebaja a Jesús al nivel de un simple hombre pierde todo: ¡ya no tiene la revelación de Dios, ni Salvador, ni paz, ni esperanza! ¿Por qué? Porque es su Persona la que da todo el valor a la obra que él cumplió; y es por medio de esta obra que él salva a los que creen en él. Solo una persona divina podía revelar plenamente a Dios y satisfacer las exigencias de su santidad. ¡Esto fue lo que Jesús hizo en la cruz!

“Escudriñad las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). ¡Esta es nuestra única garantía para no dejarnos descarriar por los que corrompen el evangelio de nuestra salvación!

Las falsificaciones (1)

Miércoles 13 Mayo
Hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
No creáis a todo espíritu… porque muchos falsos profetas han salido por el mundo… Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios.
Las falsificaciones (1)

La cajera examinó el billete con el que iba a pagar mis compras. Lo pasó por los rayos ultravioleta de un pequeño detector, y luego me lo devolvió: «Lo siento, señor, es falso». Estupefacto, tomé el billete y le di otro, que la cajera aceptó. Al llegar a casa examiné minuciosamente el billete rechazado y lo comparé con otro. ¡Realmente no veía ninguna diferencia!

Las falsificaciones abundan en muchos ámbitos: billetes falsos, marcas falsas, diversas imitaciones… ¿Sabía usted que en el ámbito espiritual Satanás es el gran especialista de la falsificación? Existen varias religiones que se parecen mucho al cristianismo. ¿Cómo podemos distinguir lo verdadero de lo falso? El apóstol Juan nos lo revela (1 Juan 4:1-6):

1) Esas religiones no aceptan que Jesucristo, el Hijo de Dios, “venido en carne”, se hizo hombre para vivir entre los hombres.

2) Hablan según los principios del mundo, y el mundo las escucha.

3) No se someten a las enseñanzas de los apóstoles.

Estos criterios nos permitirán descubrir a esos falsos profetas y sus peligrosas falsificaciones de la verdad. Cuanto más se parecen a ella, más peligrosas son. Todo lo que oímos sobre Jesucristo, sometámoslo a la luz penetrante de la Palabra de Dios. Todo está ahí, pues el fundamento del cristianismo es Jesucristo. “La verdad… está en Jesús” (Efesios 4:21).

(mañana continuará)

Inversión de valores

Domingo 10 Mayo
Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.
Inversión de valores

Charles Colson, consejero del presidente de los Estados Unidos, pasó de los honores del poder a la cárcel. En 1973, cuando estalló el escándalo de Watergate, el presidente tuvo que dimitir y su consejero fue enviado a la cárcel. Con respecto a esto Charles Colson escribió: «Vi mis pecados publicados despiadadamente en las portadas de los periódicos de todo el mundo. Tomé consciencia de la triste realidad del corazón humano y de mí mismo: era un pecador».

Más adelante experimentó la liberación que dan la fe en Jesucristo y el perdón divino. Entonces su vida cambió radicalmente. Dejó de ser ese político despiadado y pasó a ser un hombre compasivo; fundó la asociación «Prison Fellowship» (Confraternidad carcelaria), para ayudar a los presos y a sus familias.

Esta trayectoria excepcional lo hizo llegar a una conclusión: «Mi vida había sido el ejemplo perfecto del éxito, el cumplimiento del gran sueño americano. De repente comprendí que Dios no había empleado mi éxito para ayudar a los presos, sino que debido a mi mayor humillación (mi condena en la cárcel), mi vida empezó a ser útil a Dios. Para mostrar Su gloria, empleó precisamente el periodo de mi vida del cual yo no podía gloriarme. Al perder todo lo que, a mis ojos, hacía de Charles Colson alguien importante, encontré el ser verdadero que Dios quería que fuese, y el verdadero objetivo de mi vida».

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (Romanos 7:4).

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¿En qué podemos basar nuestras convicciones?

Sábado 9 Mayo

Para siempre, oh Señor, permanece tu palabra en los cielos.

Salmo 119:89

Tu palabra es verdad.

Juan 17:17

La palabra del Señor permanece para siempre.

1 Pedro 1:25

¿En qué podemos basar nuestras convicciones?

La Biblia es la revelación de la verdad divina. Que los eruditos estén de acuerdo con ella o no, la Biblia sigue siendo lo que es: la palabra inmutable de Dios. Muchas veces, a lo largo de los siglos, los científicos han tenido que modificar sus hipótesis, reconocer como verdadero lo que habían declarado falso, o inversamente. ¡Pero la Biblia no cambia! Su objetivo no es satisfacer nuestra curiosidad, ni aumentar nuestros conocimientos; ella trata ante todo el aspecto espiritual y moral de las cosas. No busquemos, pues, en ella la solución a los enigmas científicos.

Por supuesto, la Biblia afirma hechos que no sabríamos explicar. ¿Cómo comprender la aparición del universo, la existencia de nuestro planeta, cuna de la humanidad? ¿Cómo explicar la resurrección de un cuerpo que ya hedía, como el de Lázaro (Juan 11), o la ascensión de Jesús al cielo, su próximo regreso, el arrebatamiento de los creyentes…? Estos hechos nos superan y los aceptamos sin explicación porque fue Dios quien lo afirmó mediante su Palabra. Lo creemos, y esto nos basta. ¿Seríamos más sabios que Dios, queriendo penetrar en lo que no le pareció útil revelarnos en la Biblia?

Nos sorprende que muchas personas estén dispuestas a creer teorías de todo tipo, pero cuando es Dios quien les habla, cuestionan y rechazan la verdad. ¡Solo la Palabra de Dios es totalmente fiable! ¡Nunca nos equivocaremos si sacamos de ella nuestras certezas!

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La definición de la Verdad

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

La definición de la Verdad

John MacArthur

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6

Entonces, ¿qué es la verdad?

Esta es una definición simple tomada de lo que enseña la Biblia: La verdad es lo que es coherente con la mente, voluntad, carácter, gloria y ser de Dios.

Yendo más allá en el punto: La verdad es la propia expresión de Dios. Ese es el significado bíblico de verdad y es la definición que empleo a lo largo de este libro. Porque la definición de verdad fluye de Dios, la verdad es teológica.

La verdad también es ontológica, que es una extraña manera de decir que es como las cosas realmente son. La realidad es lo que es porque Dios lo declaró y lo hizo así. Por eso, Dios es el autor, fuente, determinante, gobernador, árbitro, máximo ejemplo y juez definitivo de toda la verdad.

El Antiguo Testamento hace referencia al Todopoderoso como <<Dios de verdad>> (Deuteronomio 32:4; Salmos 31:5; Isaias 65:16). Cuando Jesús dijo de sí mismo:<<Yo soy…….la verdad>>(Juan 14:6, énfasis agregado), de ese modo Él estaba haciendo una profunda declaración acerca de su propia deidad. Él estaba aclarando también que toda <<verdad>> debe ser definida en términos de Dios y su eterna gloria. Después de todo, Jesús es <<el resplandor de su gloria [la de Dios], y la imagen misma de sus sustancia [su persona]>> (Hebreos 1:3).

El es la verdad encarnada, la perfecta expresión de Dios y de ahí, la encarnación absoluta de todo lo que es verdad.

Jesús también dijo que la Palabra escrita de Dios es verdad. No contiene meramente trozos de verdad; ella es la pura, inalterable e inviolable verdad,  que (según Jesús) <<no puede ser quebrantada>> (Juan 10:35).

Dios se reveló a sí mismo a la humanidad mediante las Escrituras y mediante su Hijo. Los dos encarnas perfectamente la esencia de qué es la verdad.

¿De qué manera tiene que someterse a la verdad que Dios ha revelado en Su Palabra?

Verdad en guerra, pp2-3

 

John Mac Artur

 

 

 

 

 

Dios no nos dice “quizá”

Viernes 8 Mayo

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

1 Timoteo 1:15

Dios no nos dice “quizá”

El pueblo de Israel acababa de hacer un becerro de oro para adorarlo como «su dios», transgrediendo así el primer mandamiento de la Ley. Por ello Moisés, su conductor, intercedió por ellos, pero no les prometió nada. Les dijo: “quizá podré conseguir la remisión de vuestro pecado”, es decir, quizá podré hacer que Dios les perdone (Éxodo 32:30, V. M.).

Cuando Jesús murió en la cruz para expiar nuestros pecados, dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). Inclinó la cabeza y entregó su espíritu a Dios. Tres días después resucitó y subió al cielo, en donde Dios le dio un lugar a su diestra. Jesús no nos deja, como Moisés, con un “quizá”… La Biblia afirma: “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios… Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Y agrega: “Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:121417).

Jesús está sentado a la diestra de Dios, prueba de que Dios está satisfecho con la obra hecha, y que el problema del pecado quedó definitivamente resuelto. Desde entonces, el perdón divino está asegurado a todo aquel que arrepentido confiesa sus pecados a Dios. No es un “quizá”, sino una certeza.

Cierto día alguien le preguntó a una señora mayor: – ¿Está segura de haber sido perdonada y ser salva?– ¡Por supuesto! No soy muy culta, pero la Biblia dice que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Estoy segura de formar parte de ellos, ¡sé que Cristo murió por mí, lo creo!

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El Evangelio es poder de Dios

Miércoles 6 Mayo

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre.

1 Tesalonicenses 1:5

El Evangelio es poder de Dios

A lo largo del Antiguo Testamento descubrimos que Dios actuó en la historia de su pueblo. Muchas personas creyeron en Dios y fueron liberadas de sus pecados. Eran salvas, no debido a sus obras, sino por la fe en las promesas de Dios. Más tarde el Nuevo Testamento nos muestra sobre qué fundamento Dios pudo perdonar a los creyentes: el sacrificio de Cristo en la cruz. El Evangelio tiene un alcance universal, es ofrecido a todos y todos pueden aceptarlo.

Jesús tuvo que sufrir una muerte vergonzosa para salvarnos; tuvo que morir como un malhechor. En la cruz sufrió el castigo que exigía la justicia divina frente al pecado del hombre. El hecho de que Dios lo resucitase demuestra que esa justicia divina fue enteramente satisfecha.

La muerte y la resurrección de Jesús, ocurridas hace dos mil años, ¿cómo pueden cambiar hoy nuestra vida? Esto es posible porque Jesús aceptó ser condenado por Dios, juez de todos, en nuestro lugar. ¡Dios es justo salvando a los que creen en el sacrificio de Jesús!

El Evangelio no es, pues, una enseñanza intelectual que podríamos aprender y practicar para beneficiarnos de ella. Es el poder de Dios que salva y cambia la vida de todo el que cree. Este poder nos lleva a dejar de lado (como muerta) nuestra antigua manera de vivir, y nos hace nacer a una vida nueva, la vida de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor.

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Jesús me liberó

Jueves 7 Mayo

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.

Juan 6:44

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:1

Jesús me liberó

Testimonio

«Como la mayoría de adolescentes mi edad, vivía sin preocuparme por el mañana. Mi vida era salir, pasarla bien… Para mí, Dios era el Creador, pero nada más. Sin embargo me hacía una pregunta: ¿Quién es realmente Dios y de por qué estamos en la tierra? Conocí a una creyente que me habló de Jesús y me explicó algunas cosas. Ya me habían predicado el Evangelio, pero esta vez la manera en que esta persona me habló de Jesús me tocó tanto que me hizo tomar conciencia de que la verdadera vida es Jesucristo: para tener esa nueva vida bastaba con creer que Jesús había pagado el precio de mis pecados en mi lugar. Luego empecé a ir con unos creyentes a su reunión del domingo. Cada vez aprendía más, y algunas cosas iban cambiando en mí. Con el tiempo, mi vida cambió completamente y mi fe creció. Entonces me pregunté qué hubiese sido de mí si no hubiese conocido a Jesucristo. Él me liberó del pecado, y desde que me arrepentí, tengo una vida más que hermosa.

A menudo me persiguen porque soy creyente, pero sé que a Jesús lo persiguieron, así que a mí también me pueden perseguir. Él dijo: “El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). ¡Doy gloria a Dios por lo que hizo por mí, y por lo que continúa haciendo! Tengo 16 años, me gusta hablar de Cristo a los que me rodean, animo a todos los jóvenes a buscar a Cristo y a vivir piadosamente, pues solo Jesús puede salvarnos».

Jennifer
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¡Saulo, Saulo! (8)

Martes 5 Mayo

(El apóstol Pablo contó:) Me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Hechos 22:6-8

¡Saulo, Saulo! (8)

Lectura propuesta: Hechos 9:1-30

Relato bíblico: Saulo, joven e impetuoso, pensaba que debía “hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret” (Hechos 26:9). Perseguía a los cristianos hasta llevarlos a la muerte. Pero yendo a Damasco para capturar a otros, una luz resplandeciente que venía del cielo lo cegó, y escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Aterrado y ciego, respondió: “¿Quién eres, Señor?”. Entonces Jesús se reveló a Saulo, quien llegaría a ser el apóstol Pablo, evangelizaría varios países del imperio romano y escribiría una parte de la Biblia.

Aplicación: ¿Qué hacía Saulo? Perseguía a los cristianos. ¿Qué le dijo el Señor? “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. ¡Es una lección básica! Haciendo mal a los creyentes, Saulo no solo atentaba contra el recuerdo de un Hombre que había vivido y enseñado en la tierra, sino que se oponía a Aquel que está vivo. Perseguía a Jesús quien acababa de hablarle mediante “una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol” (Hechos 26:13).

¿La voz del Señor ha resonado en mi corazón? Quizá no como para aterrarme físicamente, sino para llevarme a decir: ¡Señor Jesús!, para que lo reciba como mi Salvador, como “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28).

Esta voz del Señor también me interpela por mi nombre, y me dice: «Estos creyentes a los que tal vez critiques están unidos a mí». Sí, al rechazar a los creyentes, uno rechaza al Señor, y al amarlos, uno ama al Señor.

Te quiero, te quiero mucho

Lunes 4 Mayo

Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:17-19

Te quiero, te quiero mucho

Te quiero un poco, te quiero mucho, te quiero muchísimo… ¿Qué niño no ha deshojado una margarita cantando este estribillo? Un poco, mucho: acostumbramos medir el amor. Amamos a unas personas más que a otras.

Pero la Biblia dice que Dios ama a todos los seres humanos. Y los ama tanto que esta noción sobrepasa el pensamiento humano. “De tal manera amó Dios al mundo (a los hombres), que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Esto nos lleva a darle gracias “por su don inefable” (2 Corintios 9:15). Su grandeza no se puede medir, y la razón es muy sencilla: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Su naturaleza es amar. Nos ama según la plenitud de su ser infinito.

Dios nos mostró este amor. El apóstol Juan escribió: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros”. Luego el apóstol Juan afirma: “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros” (1 Juan 4:9-1016).

Con respecto a los que han creído, Jesús dijo a su Padre: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23). Y a ellos les dijo: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9). ¡El amor del Padre por el Hijo es la medida infinita del amor que él tiene por nosotros!

Isaías 48 – Marcos 7:1-23 – Salmo 51:13-19 – Proverbios 14:31-32

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