Brote de vida

Domingo 3 Mayo

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.

Eclesiastés 11:9

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud.

Eclesiastés 12:1

Brote de vida

Cuando la vida surge, por ejemplo, cuando escuchamos el primer llanto de un niño al nacer, cuando vemos los primeros brotes de la primavera, es milagroso: ¡La vida ya está allí por completo! ¡Qué maravilla! Su fuerza nos sorprende, su fragilidad nos inquieta. Su poder organizador nos sorprende tanto como su completa dependencia del entorno. La vida sigue siendo un misterio total, deslumbrante.

La admiración ante la vida nos hace pensar en el autor de ella, es decir, Dios, quien posee la vida en sí mismo (Juan 5:26). La diversidad y la superabundancia de la vida muestran algo de la grandeza del Dios vivo. Esta admiración se transforma en agradecimiento cuando tomamos conciencia de que nuestra vida es un regalo de Dios. ¡Él es la fuente de ella, y también es el que la sustenta!

“Alégrate”: Bajo la mirada bondadosa de Dios, hay lugar para el amor y el gozo, a pesar de la fragilidad de la vida. Pero el camino está demarcado: “Acuérdate de tu Creador”.

Si la vida es un regalo maravilloso, ¡debería honrar al que me la dio! Lo que haya hecho con ese regalo, ¿soportará el juicio del Dios infinitamente bueno y santo? No, pues el pecado que está en mí destruyó toda relación con él y orienta mi vida en un sentido opuesto a su voluntad.

Pero en su bondad, Dios envió a su Hijo Jesús para darnos otra vida, una vida nueva, espiritual, eterna. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

Isaías 46-47 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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Sin Dios no comprendo nada

Sábado 2 Mayo

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas.

Isaías 40:26

Toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Hebreos 3:4

¡Cuán innumerables son tus obras, oh Señor!… La tierra está llena de tus beneficios.

Salmo 104:24

Sin Dios no comprendo nada

J. Henri Fabre (1823-1915), célebre entomólogo, afirmó: «No puedo decir que solo creo en Dios, pues lo veo… Sin Dios no comprendo nada. Sin él todo es tinieblas… Cuanto más observo, tanto más brilla esa inteligencia detrás del misterio de las cosas».

Ese sabio verdaderamente «veía» al Creador a través del mundo de los insectos que observaba y admiraba.

Su constatación coincide con lo que el apóstol Pablo escribió: “Lo que de Dios se conoce les es manifiesto (a los hombres), pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:19-20).

Las cosas creadas constituyen un testimonio visible al Dios invisible. La inteligencia que Dios dio a los hombres los capacita para discernir la sabiduría del Creador a través de la naturaleza.

Rechazar ese mensaje divino es parecerse a aquellos de quienes Jesús decía: “Viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13:13).

Recibirlo por la fe conduce a ver al Invisible (Hebreos 11:27), a comprender que el mundo fue constituido “por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). ¡Por la fe vemos, comprendemos, estamos convencidos!

El Dios creador también es el Dios Salvador, un Dios de amor plenamente revelado por Jesucristo, su Hijo, a quien envió del cielo a la tierra para salvar a todo el que cree en él.

Isaías 45 – Marcos 6:1-29 – Salmo 51:1-5 – Proverbios 14:27-28

La importancia de la Verdad

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

La importancia de la Verdad

John MacArthur

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32

Cada cristiano verdadero debería conocer y amar la verdad. Las escrituras dicen que una de las características claves de <<los que se pierden>> (aquellas personas que están condenadas por su incredulidad) es que <<no recibieron el amor de la verdad para ser salvos>> (2 Tesalonicenses 2:10). Es claro que el amor genuino por la verdad se edifica en la fe salvadora. Es por lo tanto, una de las distintivas de cada  creyente verdadero. Según las palabras de Jesús, ellos conocieron la verdad, y la verdad los ha hecho libres (Juan 8:32).

 En una época en que la sola idea de verdad está siendo atacada con desdén (aun en la iglesia donde las personas deberían reverenciar la verdad), el consejo sabio de Salomón nunca fue tan oportuno: <<Compra la verdad, y no la vendas>> (Proverbios 23:23)

No hay nada en todo el mundo más importante o más valioso que la verdad. Y la iglesia tendría que ser <<columna y baluarte de la verdad>> (1 Timoteo 3:15)

No saber lo que usted cree es, por definición, una especie de incredulidad. Negarse a reconocer y defender la verdad revelada de Dios es una especie particularmente tenaz y perniciosa de la incredulidad. Abogar por la ambigüedad, exaltar la incertidumbre u otra cosa que deliberadamente nubla la verdad es una manera pecaminosa de nutrir la incredulidad.

¿Dónde tiene dudas en sus creencias?

Verdad en guerra, pp. xi-xii

John Mac Artur

Un solo sacrificio para los que creen

Viernes 1 Mayo

Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Romanos 5:10

Con una sola ofrenda (Cristo) hizo perfectos para siempre a los santificados.

Hebreos 10:14

Un solo sacrificio para los que creen

Quizá nos hemos preguntado por qué la muerte de un solo hombre, Jesucristo, basta para la salvación de innumerables creyentes. ¿Cómo pudo Jesús llevar en la cruz el castigo que merecían todos los pecados de ellos? Antes de contestar, debemos hacer otra pregunta: ¿Quién es Jesucristo? No es solo un hombre, es el Hijo de Dios. Por eso su muerte tiene un valor infinito.

El mal que cometemos no solo es una falta para con los hombres, sino primeramente para con Dios, y esta falta se llama pecado. Es una ofensa contra el Dios Santo, nuestro Creador. Ninguna obra humana puede borrarla. El juicio de Dios debe ejecutarse de todos modos: sea sobre el que la cometió, sea sobre un sustituto perfecto, capaz de soportar enteramente este juicio. En su propia perfección, Jesús, el Hijo de Dios, es ese sustituto para todos los que se arrepienten.

Un hombre, aun ejemplar, no habría podido pagar el precio infinitamente alto de nuestra salvación. Y si este precio no fuera pagado totalmente, no habría salvación posible. Además Dios, quien es perfectamente santo, no podría aceptar nuestras obras para pagar nuestra deuda o para completar lo que faltase.

La Escritura nos enseña que Cristo es Dios mismo, manifestado en naturaleza humana. Por eso su muerte tiene un valor infinito, de tal manera que la gracia puede ser ofrecida a todos los hombres. Su muerte basta para salvarnos. Por eso, al morir, Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30).

Isaías 44 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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¿Tiene la Biblia errores?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

¿Tiene la Biblia errores?

R.C. Sproul

“La Biblia es la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Desde la venida de la teología neo-ortodoxa a principios del siglo XX, esta afirmación se ha convertido en un mantra entre aquellos que quieren tener una visión elevada de la Escritura y a la vez evitar la responsabilidad académica de afirmar la infalibilidad bíblica y la inerrancia. Pero afirmar esto es un oxímoron por excelencia.

Volvamos a examinar esta fórmula teológica insostenible. Si eliminamos la primera parte, “La Biblia es”, obtenemos “la Palabra de Dios, la cual se equivoca”. Si lo analizamos más y tachamos “la Palabra de”, y “la cual”, llegamos a la conclusión final:

“Dios se equivoca”.

Pensar que Dios se equivoca de alguna manera, en algún lugar, o en alguna cosa que haga es repugnante tanto para la mente como para el alma. Aquí la crítica bíblica alcanza el punto más bajo del vandalismo bíblico.

¿Cómo podría una criatura sensata concebir una fórmula que habla de la Palabra de Dios como errante? Parecería obvio que si un libro es la Palabra de Dios, no pudiera (en efecto, no puede) errar. Si se equivoca, entonces no es (de hecho, no puede ser) la Palabra de Dios.

Atribuir a Dios cualquier error o falibilidad es teología dialéctica extrema.
Tal vez podamos resolver la antinomia diciendo que la Biblia se origina en la revelación divina de Dios, que lleva la marca de su verdad infalible, pero esta revelación es mediada por autores humanos que, en virtud de su humanidad, manchan y corrompen esa revelación original por su inclinación al error. Errare humanum est (“Errar es humano”), gritó Karl Barth, insistiendo que al negar el error, uno se queda con una Biblia doceta, es decir, una Biblia que simplemente “parece” ser humana, pero que en realidad es el producto de una humanidad fantasmal.

¿Quién argumentaría en contra de la propensión humana al el error? De hecho, debido a esa propensión existen los conceptos bíblicos de la inspiración y la superintendencia divina de la Escritura. La teología clásica ortodoxa siempre ha sostenido que el Espíritu Santo supera el error humano al producir el texto bíblico.

Barth dijo que la Biblia es la “Palabra” (verbum) de Dios, pero no las “palabras” (verba) de Dios. Con esa gimnasia teológica quería resolver el dilema insoluble de llamar a la Biblia la Palabra de Dios, que al mismo tiempo se equivoca. Si la Biblia es errante, entonces es un libro de reflexión humana sobre la revelación divina, solo otro volumen humano de teología. Puede tener un profundo conocimiento teológico, pero no es la Palabra de Dios.

Los críticos de la inerrancia argumentan que la doctrina se inventó en el escolasticismo protestante del siglo XVII, donde la razón superó la revelación, lo que significaría que no era la doctrina de los reformadores magisteriales. Por ejemplo, señalan que Martín Lutero nunca usó el término inerrancia. Eso es correcto. Lo que dijo fue que las Escrituras nunca se equivocan. Juan Calvino tampoco usó el término. Dijo que deberíamos recibir la Biblia como si escucháramos las palabras audibles viniendo de la boca de Dios. Los reformadores, entonces, no usaron el término inerrancia, pero articularon claramente el concepto.

Ireneo vivió muchos antes del siglo XVII, al igual que Agustín, el apóstol Pablo, y Jesús. Ellos, entre otros, enseñaron claramente la veracidad absoluta de la Escritura.

La defensa de la inerrancia de parte de la iglesia descansa sobre la confianza de la iglesia en la visión de la Escritura sostenida y enseñada por Jesús mismo. Queremos tener una visión de las Escrituras que no sea ni más alta ni más baja que el punto de vista de Jesús.

La plena confianza de las Sagradas Escrituras debe ser defendida en cada generación, contra toda crítica. Esa es la genialidad del libro The Inerrant Word: Biblical, Historical, Theological, and Pastoral Perspectives [La palabra inerrante: Perspectivas bíblicas, históricas, teológicas, y pastorales]. Debemos escuchar atentamente a esta reciente defensa.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por la Coalición por el Evangelio. Te recomendamos leer el libro del Dr. Sproul, ¿Puedo confiar en la Biblia?

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

 

 

 

 

 

La justicia en la tierra

Jueves 30 Abril

¿Pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades.

Salmo 58:1-2

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

La justicia en la tierra

¿Le gustaría que hubiese más justicia en la tierra?

Quizá este sea su deseo. El mundo actual está lleno de injusticias que a menudo provocan celos y amargura en las personas que las sufren. Los comportamientos egoístas se multiplican, las desigualdades sociales son cada vez más marcadas. Entonces la gente acusa a Dios de permitir todo esto, de no interesarse en el mundo. E incluso algunos dicen: ¿Puede él verdaderamente hacer algo?

Hace más de 2000 años Dios envió a su Hijo a la tierra, prueba contundente de todo el interés que tiene por nosotros. Jesucristo “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Sus contemporáneos tuvieron que reconocer su amor, su gracia y su perfección moral. Dijeron: “Nada digno de muerte ha hecho este hombre” (Lucas 23:15), sin embargo lo crucificaron. Ese día se cometió la mayor injusticia, se condenó a muerte al único hombre justo. Pero Dios lo resucitó, y Jesús subió al cielo. Su presencia en el cielo muestra que la justicia de Dios fue satisfecha por su sacrificio en la cruz.

Hoy, aunque no hay hombre justo en la tierra, “ni aun uno” (Romanos 3:10), la justicia de Dios por la fe en Jesucristo se ofrece a todos mediante el Evangelio. Todos los que creen son “justificados gratuitamente por su gracia” (Romanos 3:24), gracias al precio que Jesús pagó cuando murió en la cruz.

Isaías 43 – Marcos 5:1-20 – Salmo 50:7-15 – Proverbios 14:23-24

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Convertíos a mí

Miércoles 29 Abril

Convertíos al Señor vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia.

Joel 2:13

No haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor, no guardaré para siempre el enojo.

Jeremías 3:12

Convertíos a mí

Quizás usted diga: «Escuché hablar del Señor en mi infancia, pero dejé todo eso…». Sin embargo no es demasiado tarde, la invitación aún está vigente: “Convertíos… y viviréis” (Ezequiel 18:32). Convertirse es dar media vuelta, cambiar de dirección, aceptar a Jesús como Salvador. No espere más; volviéndose a Dios, el hombre encuentra el camino que lo lleva a la vida eterna.

“Convertíos a mí con todo vuestro corazón” (Joel 2:12). Todo iba bien y de repente llega un problema de salud, de trabajo, de pareja… Vuélvase al Señor, escuche sus palabras, no desprecie este tiempo de prueba, no se endurezca, no se desanime.

“Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved al Señor, y decidle: Quita toda iniquidad” (Oseas 14:2). De hecho, “en ti (Dios) hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4).

Hay dos actitudes indispensables para ir a Dios: el arrepentimiento y la fe (Hechos 20:21). Arrepentirse es reconocer ante el Señor que nos hemos descarriado, es confesar nuestras faltas y abandonarlas. Y la fe es recibir el perdón de Dios y depositar nuestra confianza en él.

“Conviértase ahora cada uno de su mal camino” (Jeremías 18:11). “Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones” (Ezequiel 18:30). Se trata, pues, de reconocer sencillamente nuestros pecados ante Dios, de orar a él, escuchar su Palabra, aceptarla como verdadera, esperar su liberación. Entonces seremos felices y libres en compañía de Aquel que nos perdonó todo.

Isaías 42 – Marcos 4:21-41 – Salmo 50:1-6 – Proverbios 14:21-22

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¡Simón, Simón! (7)

Martes 28 Abril

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Lucas 22:31-32

¡Simón, Simón! (7)

Lectura propuesta: Lucas 22:1-46

Pasaje bíblico: Era la última velada que Jesús pasaba con sus discípulos. Él sabía todo de antemano y les advirtió que esa noche todos lo abandonarían (Juan 16:32). Pero enseguida Pedro declaró que aunque todos los demás lo abandonaran, él no lo haría. En el fondo, refutaba la advertencia de su Maestro. Entonces Jesús lo llamó por su anterior nombre: “Simón, Simón”. Le explicó que iba a sufrir los ataques de Satanás, pero también le dijo que ya había orado por él para que su fe no se debilitara. ¡Pedro negaría a su Maestro, pero Jesús lo levantaría!

Aplicación: ¡Qué fácil es creerse fuerte cuando todo va bien, e incluso creerse más fuerte que los demás! Sin embargo la Palabra es clara: no tenemos ninguna energía espiritual en nosotros mismos. Nuestra única fuerza se halla permaneciendo en comunión con el Señor.

Cuando atravesamos la prueba, pronto nos sentimos turbados, desamparados. Y lo más triste es que entonces las dudas surgen en nuestra mente. La fe vacila, y nos sentimos desorientados (Salmo 88:15).

Sin embargo el Señor siempre está ahí y nos llama por nuestro propio nombre para decirnos: “He rogado por ti, que tu fe no falte”.

Y si hemos caído, el Señor quiere levantarnos, como lo hizo con Pedro. Incluso puede utilizarnos para ayudar a nuestros hermanos y hermanas, y para hacer visible la antorcha de la fe. Una antorcha que, por la gracia del Señor, nunca se apagará.

(continuará el próximo martes)

Isaías 41 – Marcos 4:1-20 – Salmo 49:16-20 – Proverbios 14:19-20

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Hermanos, orad por nosotros.

Lunes 27 Abril

Hermanos, orad por nosotros.

1 Tesalonicenses 5:25

Orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16

Oren unos por otros

En Kenia (África), cuando se viaja de Mombasa a Likoni en ferri, hay que tener mucha paciencia hasta poder cruzar la bahía. Mientras tanto, los vendedores ambulantes aprovechan para ofrecer sus mercancías a los conductores de los automóviles que hacen la cola.

Mientras esperaba en la fila, un niño de unos diez años de edad se acercó y me habló. Estaba desfigurado: tenía unas marcas profundas de quemaduras en la mejilla. Le pregunté si conocía a Jesucristo. Y él me respondió sonriendo: «Claro que sí, ¡es mi Salvador!». Entonces le di un tratado que hablaba del buen Pastor. El niño se fue muy contento con el regalo en la mano.

Pronto volvió y me dijo: «¿Todavía tiene libritos? A mis amigos les gustaría tener uno». Con mucho gusto le di algunos y le pedí que distribuyese unos tratados de evangelización a los conductores que estaban esperando del otro lado. Lo animé con estas palabras: «¡Ahora eres un pequeño misionero!». Muy contento, se fue para cumplir con esta misión.

Después de una hora de espera nos acercamos al trasbordador; mi amiguito llegó corriendo y me dijo: «Eh, tú, me olvidé decirte que me llamo Garry. ¿Quieres orar por mí?».

¿Oramos unos por otros? La Biblia nos pide que lo hagamos. ¿Quién puede contar los beneficios que recibimos cuando los hermanos y hermanas en la fe oran por nosotros? Seguro que no me olvidaré de orar por Garry, mi amiguito de Kenia.

Isaías 40 – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

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