Dios es nuestro modelo

Domingo 26 Abril

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen… para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos.

Mateo 5:44-45

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Efesios 5:1

Dios es nuestro modelo

Toda persona necesita ser salva por la gracia de Dios. La salvación es gratuita y se obtiene al creer en Jesús, como usted puede leerlo a menudo en este devocional. ¿Se necesita algo más para ser hijo de Dios? No, ¡lo que es absolutamente necesario es: creer que lo que el Señor Jesús hizo en la cruz era imprescindible para entrar en esa relación con Dios!

En los versículos citados en el encabezamiento, los hijos de Dios, y solo ellos, están puestos ante un modelo: Dios. Él nos amó aunque éramos sus enemigos en nuestros pensamientos y acciones. Ahora nos pide que lo imitemos. Para un ser humano, ¿es natural amar a su enemigo? Si fuese así, Dios no tendría que pedirlo. Pero esto solo es posible para los que tienen una nueva vida, la nueva relación que viven con Dios por la gracia, una relación de hijos de Dios, conocido como Padre. Solo porque soy un hijo de Dios puedo imitar a mi Padre, por supuesto, muy débilmente.

Al convertirnos, se estableció una maravillosa relación entre Dios y nosotros, como Padre e hijos. Desde entonces, debemos imitarlo en toda nuestra conducta. Él nos pide que manifestemos Sus caracteres en el mundo, y nos da la capacidad para hacerlo. Por ejemplo, debemos hacer el bien a todos los hombres. ¿Por qué? Porque así actúa nuestro Padre.

“También Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21).

Isaías 38-39 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

¿A quién piensa ver en el paraíso?

Sábado 25 Abril

(Jesús le dijo al malhechor crucificado:) De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23:43

¿A quién piensa ver en el paraíso?

Esta pregunta fue formulada por un periodista a un deportista, quien respondió: «A veces tengo miedo de encontrarme con gente que no merece estar ahí».

El juicio que tenemos sobre los demás es personal: juzgamos a una persona según su apariencia, o por la manera cómo se comporta con nosotros. Algunos nos parecen más dignos que otros debido a su carácter o a su actividad humanitaria, por ejemplo. Algunos parecen egoístas, otros se dedican a hacer buenas obras.

Pero nuestro juicio es necesariamente superficial, pues nos es imposible conocer los motivos que mueven a los demás. Solo Dios conoce perfectamente el fondo de las cosas, y dará a cada uno según sus obras. “Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14).

Pero esto no es lo que cuenta, pues Jesús prometió el paraíso al malhechor crucificado. Según nuestra apreciación, este hombre no hubiese merecido el paraíso. Entonces, ¿por qué Jesús le abrió la entrada a ese lugar? Sencillamente porque reconoció que era culpable y puso su confianza en Jesús para obtener el perdón. ¿Le molesta esta gracia de Dios? ¿No quisiera estar con un criminal en el paraíso? Si piensa así, ¿en qué se basa para pensar que usted tiene su lugar allí? “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16).

¡Nadie merece el cielo, pero Dios lo da gratuitamente a todo aquel que cree en Jesús!

Isaías 37 – Marcos 1:21-45 – Salmo 48:9-14 – Proverbios 14:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Muerto al Pecado

Alimentemos El Alma

Desatando la Verdad de Dios un día a la vez

Serie: Las lecturas diarias de MacArthur

Muerto al Pecado

John MacArthur

Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez y por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Romanos 6:10

Los cristianos han muerto al pecado. Por tanto, es inconcebible para Pablo que podamos seguir viviendo en el pecado del que fuimos librados por la muerte de Cristo. Solo una mente corrupta usando la lógica pervertida podría argumentar que continuar en pecado magnifica la gracia de Dios. Es evidente que la muerte termina la vida, es igualmente obvio que la muerte al pecado debe poner fin a una vida de continua transgresión.

[ Muerto al pecado ]habla de un hecho histórico que se refiere a nuestra muerta en la muerte de Cristo. Ya que estamos [ en Cristo ] (Romanos 6:11; 8.1) y Él murió en nuestro lugar (Romanos 5.6-8), somos contados como muertos con Él. Por tanto, estamos muertos a la pena y dominio del pecado. La muerte es permanente. La muerte y la vida son incompatible. Así que la persona que ha muerto al pecado no puede seguir viviendo en pecado. Ciertamente podemos cometer pecados, pero no vivimos más en la dimensión del pecado y bajo el dominio del pecado (cp. Romanos 8.2-4). No es solo que no debemos seguir viviendo en pecado continuo, sino que no podemos.

La frase [ los que hemos muerto al pecado ] no describe una clase avanzada de los cristianos. Pablo está hablando aquí de todos los creyentes. Su argumento es que una vida justificada debe ser una vida santificada. Santidad práctica en tanto la obra de Dios como cualquier otro elemento de la redención. Cuando nacemos de nuevo, Dios no solo nos declara justos, sino que también comienza a cultivar la justicia en nuestras vidas. No hay tal cosa como un verdadero convertido a Cristo que es justificado pero que no está siendo santificado.

¿Qué le resulta más difícil acerca de la noción de [ morir al pecado ]?

The Gospel According to the Apostles, pp.113-114 

John MacArthur

 

Job

Jueves 23 Abril

Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.

Job 42:3-5

Job

La historia de Job, relatada en la Biblia en el libro que lleva su nombre, es extraña. Era un hombre de una conducta ejemplar, recto, generoso y lleno de compasión por los pobres. También era “temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 2:3). Y súbitamente perdió no solo todos sus bienes, sino también a sus hijos y su salud. A todos estos sufrimientos se añadieron los causados por las insinuaciones y las acusaciones de sus amigos.

Hoy nuestras palabras también pueden ser habladurías para los que sufren. ¡Cuántas palabras se dicen para romper el silencio! Job, herido en su espíritu, proclamaba su inocencia en medio de sus desgracias. Sus amigos le repetían: Dios te castigó porque lo mereces, pues Dios recompensa a los buenos y castiga a los malos. Job rechazó esta visión de las cosas. Él no solo no había cometido una falta particular, sino que también constató que otros justos sufren (cap. 12:4), y que mucha gente mala tiene una vida próspera (cap. 12:6; 21:7-15).

Job sabía que Dios existe y trataba de obedecerle. Entonces, ¿por qué recibió este mal, este sufrimiento? ¿Por qué Dios se mantuvo en silencio? Job interpeló a Dios y le pidió que le mostrara el porqué de esta situación. Dios respondió personalmente a Job y le mostró que Él, el Creador, se ocupa de cada una de sus criaturas. Job lo conoció más de cerca y experimentó que Dios “es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11). A veces Dios guarda silencio, pero no está ausente en nuestros días sombríos. ¡A veces hay que callar para conocerlo mejor!

Isaías 34 – 2 Pedro 3 – Salmo 47 – Proverbios 14:9-10

La falsa enseñanza adentro y afuera | 2da parte

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La falsa enseñanza adentro y afuera | 2da parte

Sean Michael Lucas

Nota del editor: Esta es la segunda parte del articulo «La falsa enseñanza adentro y afuera«, que es el segundo capítulo en la serie «Falsos maestros«, publicada por la Tabletalk Magazine. 

El peligro de adentro

Ciertamente, dentro de la iglesia evangélica hay una variedad de errores que requieren corrección y reprensión ministerial. La mayoría de estos tienen algo que ver con el trabajo del evangelio en la vida del creyente; la falsa enseñanza en esta área inevitablemente plantea preguntas sobre la esencia misma del evangelio.

Quizás la falsa enseñanza que más comúnmente se disfraza del evangelio es el moralismo. Típicamente en las iglesias evangélicas el evangelio básico es predicado y enseñado: los pecadores que confían solo en Jesús tienen sus pecados perdonados y se les promete el cielo. Sin embargo, a partir de ahí, muchas de estas mismas iglesias enseñan a sus feligreses que una vez son salvos les corresponde a ellos «caminar bien y mejorarse». La vida cristiana es de esfuerzo, y Dios bendice a quienes se ayudan a sí mismos, trabajan duro, no se meten en problemas, dicen la verdad y «viven una vida buena «. Inconscientemente, tal vez, las personas comienzan a creer que este es el evangelio, una transacción casi económica en la que le damos a Dios nuestra obediencia y Él nos da bendición: suficiente comida y refugio, buenos matrimonios y niños bien educados, buen trabajo y vacaciones ocasionales.

Claro está que este no es el evangelio en lo absoluto, es moralismo. Y sin embargo, como el sociólogo Christian Smith nos mostró hace varios años en su libro Soul Searching: The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers (Un examen de conciencia: La vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidenses), esta es la fe básica de la mayoría de los adolescentes evangélicos y, por extensión, la de sus padres y sus iglesias. Dios está relativamente distante de nuestras vidas, excepto en tiempos de tristeza o dolor cuando se acerca para sanarnos; lo que Él realmente quiere de nosotros es que seamos buenos y amables con los demás, y Él les da la bendición del cielo a las personas buenas cuando mueren.

En el peor de los casos, este tipo de moralismo puede deslizarse hacia una versión ligera del evangelio de la prosperidad. Aquí las bendiciones no son meramente alimentos suficientes o refugio, matrimonios y niños relativamente buenos; más bien, nuestra obediencia es el camino hacia un fantástico éxito material . Aquellos que viven bien son los que conducen los Cadillac Escalades con un «Bendecido» escrito en letras brillantes en la ventana trasera; supuestamente, la bendición de conducir el Cadillac fue el resultado de que Dios honró nuestra obediencia. Los que agradan a Dios son esos que pueden pagar la educación privada de sus hijos o los campamentos de verano más caros. Aquellos que son cristianos obedientes son los que viven en las grandes comunidades privadas. Este tipo de compensación o “quid pro quo” es el corazón mismo del moralismo, que es el meollo del pensamiento en el evangelio de la prosperidad.

Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

Otro tipo de falsa enseñanza es el legalismo. El legalismo y el moralismo están relacionados entre sí, pero mientras el moralismo afirma su intercambio con Dios en términos generales —moralidad por bendición— el legalismo tiene un entendimiento muy específico, aunque no bíblico, del tipo de obediencia que Dios demanda y bendice. En Gálatas, el legalismo tomó el aspecto de prácticas judías particulares requeridas para ser parte del pueblo de Dios: circuncisión, leyes dietéticas y días festivos. En nuestros días, el legalismo puede lucir como maneras muy específicas y extra escriturales de honrar el Día del Señor; puede lucir como prácticas o reglas especiales para el noviazgo; o puede lucir como una manera de rechazar o relacionarse con la cultura popular que hace de una preferencia personal o familiar un mandato bíblico. En el fondo, sin embargo, el legalismo es un tipo de moralismo que hace ver como el evangelio enseñara que ultimadamente nos ganamos el favor de Dios por lo que hacemos.

Lo que hace que el moralismo y el legalismo sean tan difíciles de manejar para nosotros es que el evangelio sí prescribe prácticas espirituales particulares. El evangelio dice que si en verdad estamos en Jesús daremos fruto visibles. Jesús dijo: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14:15), y: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor «(Jn 15:10).

La diferencia, sin embargo, entre la obediencia al evangelio y un tipo de pensamiento moralista o legalista es la siguiente: obedecemos en respuesta al amor de Dios que se nos muestra en Jesucristo. No obedecemos para obtener ganancias de Dios, ya sean Sus bendiciones o Su amor. De hecho, ninguno de nosotros puede obedecer a Dios en el estándar requerido para Su bendición; nuestras obras son aceptables para Él solo porque Él las recibe en y por medio de Jesús. Y nuestra obediencia no ocurre independientemente de la influencia y el poder del Espíritu Santo, quien trabaja en nosotros para querer y hacer Su voluntad.

Hay otro tipo de falsa enseñanza que es lo opuesto al moralismo y el legalismo. Algunos pueden ver todo esto y decir: «Todo este énfasis sobre la obediencia realmente distorsiona el evangelio. Dios no exige nada de nosotros, sino el confiar en Su Hijo. Mientras creamos en Jesús, Él nos recibe tal como somos con Su «amor unilateral». Como resultado, estos cristianos restan importancia a la obediencia hasta tal punto que se vuelven antinomianos.

Estrictamente hablando, los antinomianos están «en contra de la ley», negándole cualquier lugar legítimo a la ley de Dios como guía para la vida cristiana. La mayoría de los evangélicos no son tan tontos como para negar específicamente el lugar que ocupa la obediencia a la ley de Dios; no pueden negar las enseñanzas explícitas de Jesús, Pablo, Santiago y Juan sobre la obediencia cristiana. El antinomianismo contemporáneo tiende a ser un poco más sutil: denigrando el papel de los imperativos en la predicación, restando énfasis a la necesidad de cualquier esfuerzo en la vida cristiana, ofreciendo condiciones fáciles para la restauración en casos de pecados graves y restándole importancia a la disciplina en la iglesia.

De nuevo, lo que hace que el antinomianismo sea difícil es que está muy cerca de la verdad. Nuestra justificación se basa no en algo que hacemos, sino en la obra de Cristo que recibimos solo por la fe. Como ya lo dijimos, nuestro esfuerzo viene como resultado de la influencia y el empoderamiento del Espíritu. Y el perdón es gratuito para el arrepentido, ya que venimos una y otra vez al Padre arrepentidos de nuestro pecado y nuestra transgresión. La diferencia entre el antinomianismo y el evangelio, sin embargo, es una de énfasis. Somos justificados libremente en Cristo, pero eso nos lleva a actuar: debemos trabajar y luchar contra nuestro pecado. El arrepentimiento requiere que nos alejemos del pecado y nos sometamos a la disciplina de la iglesia.

Estos peligros están todos dentro de la iglesia evangélica. Tal vez los reconozcas y los hayas escuchado, o tal vez incluso los hayas creído. Y sin embargo, el moralismo, el legalismo y el antinomianismo son todas formas de falsa enseñanza. Necesitamos prestar atención a nosotros mismos y a nuestra enseñanza, incluso mientras tratamos de proteger al pueblo de Dios de los errores que puedan ocurrir adentro.

Nota del editor: En la tercera parte de este articulo, “La falsa enseñanza adentro y afuera”,  veremos como la cultura que nos rodea puede hacernos distorsionar el mensaje del evangelio.
Este articulo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine. Lo hemos dividimos en 4 partes para facilitar la lectura:
1ra parte: Introducción
2da parte: El peligro de adentro
3ra parte: El peligro de afuera
4ta parte: Pastoreando con la Palabra
Sean Michael Lucas

Sean Michael Lucas

El Dr. Sean Michael Lucas es pastor principal de Independent Presbyterian Church en Memphis, Tennessee, y profesor principal de Historia de la Iglesia en el Reformed Theological Seminary.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

¡Deténgase!

Miércoles 22 Abril

Espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

1 Samuel 9:27

¡Deténgase!

El despertador suena; Juan salta de la cama, va corriendo a la ducha y luego se toma un café. Después de cuarenta y cinco minutos en un metro repleto de gente, llega a su trabajo. A una primera reunión le sigue otra. Durante la pausa del mediodía, continúa hablando de negocios con sus compañeros. Luego tiene reuniones con los clientes, debe redactar informes urgentes mientras responde a incesantes llamadas telefónicas… A las ocho de la noche por fin llega a su casa, devora una comida rápida mientras lee su correo. Luego se sienta en el sofá y enciende el televisor. Poco después lo apaga porque está demasiado cansado para continuar viendo la película, así que se acuesta en su cama y se queda profundamente dormido. El despertador suena…

Estimado Juan (y cualquier lector que se reconoce en él), es absolutamente necesario que deje de correr de ese modo, sin reflexionar. Si continúa así, y si su corazón no se para antes, llegará a la jubilación, a la vejez, sin darse cuenta. Deténgase y escuche esa voz interior que le dice que se está perdiendo lo principal. Hoy Dios quiere darle a conocer esa felicidad a la cual aspira y que no consigue construir. Si tiene una Biblia, ábrala y lea el Evangelio, descubra que Dios lo ama y preparó todo para que usted sea feliz.

Sí, al igual que Juan, detengámonos ahora y escuchemos el mensaje de Dios, que nos dice en particular: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Repetimos lo que leímos ayer acerca de una mujer muy atareada: Jesús le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria” (Lucas 10:41-42).

Isaías 33 – 2 Pedro 2 – Salmo 46:8-11 – Proverbios 14:7-8

24/27 – Enfocadas en lo eterno

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Proverbios 31: La mujer contra-cultura

24/27 – Enfocadas en lo eterno

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/enfocadas-en-lo-eterno/

El fruto de un árbol aparece a medida que éste recibe nutrientes y crece. Se va formando de adentro hacia afuera. Algo parecido ocurre con nuestra vida espiritual. Por lo tanto, el intentar hacer buenas obras separado de una relación con Dios es semejante a tratar de pegarle una fruta a un árbol muerto.

Cuando descubres un nuevo consejo de belleza, ¿verdad que te gustaría compartirlo? Estás a punto de escuchar cómo cultivar la belleza que no se desvanece con los años al terminar el programa de hoy desearás enviarle a una de tus amigas esta transcripción de Aviva Nuestros Corazones. A continuación escuchemos a Nancy Leigh De Moss en la voz de Patricia de Saladín compartiendo la serie La mujer contra-cultural, basada en Proverbios 31.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Alguna vez te has preguntado cómo era la apariencia de la mujer virtuosa? ¿Te la puedes imaginar? Creo que si pensamos en ello, probablemente todas tenemos la imagen de que era una mujer físicamente bella. Quizás lo era, pero ¿sabes qué?, en realidad no tenemos la certeza.

De hecho, aquí no estamos hablando de una mujer en particular, sino de una mujer que personifica a esa mujer con un carácter cuya combinación de rasgos y cualidades son los de una mujer que camina con Dios.

Creo que por eso no encontramos nada en Proverbios 31 que nos diga cómo se veía esta mujer. No encontramos una descripción de sus características físicas. No sabemos si ella era alta o bajita, gruesa o delgada. En fin, no sabemos su aspecto. Sin embargo si conocemos su belleza interna, una belleza que el mundo no puede dar, aquella que no encontraremos en las portadas de las revistas.

Así que, en toda la porción del pasaje que hemos estado estudiando en el transcurso de estas últimas semanas, la apariencia física de la mujer virtuosa nunca se menciona. Su atractivo y su belleza surgen por completo de su corazón, forman parte de su carácter.

Hoy estaremos estudiando el versículo 30 que sí menciona el aspecto de la hermosura. Pero no se refiere a ésta de la manera que lo hace el mundo. Proverbios 31:30 dice: “Engañosa es la gracia y vana la belleza”.

Esta mañana busqué la palabra “engañosa” en uno de mis libros de referencia y algunos de sus sinónimos son: fraude; algo que no vale nada; algo que es falaz. Así que el encanto por sí solo, aislado de un carácter piadoso, es una farsa. Es simplemente una fachada.

Estos sinónimos me traen a la memoria ese versículo en Proverbios capítulo 11 versículo el 22 que dice: “Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción”. Ella es una imitación. Ella tiene un encanto físico, una belleza externa, pero es un fraude. No es lo auténtico.

Como tiene una belleza externa, es como si le colocaran una alhaja en el hocico a un cerdo. ¡Pero continúa siendo un cerdo! No importa lo que le hagas a una mujer aparentemente bella, si en su interior tiene un corazón de un cerdo, entonces no es realmente hermosa.

“Engañosa es la hermosura,” dice el pasaje, “y la belleza es pasajera” (refiriéndose a esa belleza externa). Lo que quiere decir, es que no perdura. Seguramente ya estás enterada de esto si pasas de los 40 años de edad.

Yo hago un esfuerzo por arreglarme en las mañanas, pero cuando llega la tarde me siento desaliñada. La belleza pasa. Aunque logres verte bella temprano en la mañana, no lograrás que dure todo el día. Lo que quiero decir es que pasará no importa cuánto maquillaje o cuánta laca te pongas. Y ni pensarlo con el paso de los años. Eso es lo que sucede con la belleza externa.

“Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada”. Esta segunda parte del versículo nos ofrece un gran contraste. ¿Te das cuenta? Refiriéndose al encanto, a lo externo, a la belleza externa… Dice que “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza (NVI)….” Y es aquí donde encontramos la contraposición. “Pero la mujer que teme al Señor…”

Eso me deja entender que puedes ser una mujer con una relación reverente hacia el Señor y no necesariamente tener una belleza externa. Así que si te dan a escoger, ¿cuál de las dos cosas sería más importante para ti? Es posible que digas: “Me gustaría tener las dos cosas.” Bueno eso es lo que el mundo nos dice. Pero debes saber que si te enfocas en obtener la belleza externa, estás invirtiendo en algo que no es duradero y que en sí mismo no es particularmente significativo.

Dios creó la belleza. No hay nada pecaminoso en ser hermosa. Tampoco es pecaminoso que te vistas de forma que resulte atractiva para tu esposo. Pero ten en cuenta que si en eso es en lo que te mantienes enfocada, estás invirtiendo en algo que no permanece.

No importa el éxito que tengas en el asunto de la belleza exterior, si no te esfuerzas en lo interior— tu espíritu, tu carácter, tus actitudes— estás en el lado perdedor. Una mujer que teme al Señor— esa mujer tiene algo que perdura, algo que es verdadero, algo que tiene mucho valor. Tiene algo que no se desvanecerá.

Creo que la segunda parte de este versículo es la clave del capítulo completo. “La mujer que teme al Señor”.

A propósito, ¿recuerdas dónde empezó el libro de Proverbios? Nos encontramos ahora en el último capítulo, Proverbios 31. ¿Pero recuerdas lo que nos dice Proverbios 1:7? “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” Este es el inicio, el punto de partida.

Proverbios es el libro que trata la sabiduría— cómo vivir tu vida sabiamente, cómo ver toda la vida desde la perspectiva de Dios, cómo resolver los aspectos prácticos de la vida de manera sabia. ¿Cuál es el punto de partida para lograrlo? Todo empieza con el temor del Señor.

¿Deseas saber cómo criar a tus hijos? ¿Deseas saber cómo amar a ese esposo tan difícil? ¿Deseas saber cómo ordenar tus prioridades? El libro de Proverbios abarca todos estos temas. ¿Cómo empezar? El punto de partida es el temor del Señor.

Si no eres una mujer que teme al Señor, entonces en última instancia tus esfuerzos por ser una mujer piadosa son como los de aquella persona que toma un palo, lo entierra y luego le pega frutas, por ejemplo melocotones, y dice: “Ahí está, ya tengo un árbol de melocotones.” Realmente no tienes un árbol de melocotón. Lo que tienes es un palo enterrado en la tierra con algunos melocotones pegados a él.

Como mujeres cristianas, algunas de nosotras somos semejante a ese palo enterrado en el suelo con tan solo unas cuantas conductas o comportamientos cristianos pegados a él. Si no cultivas una relación con Dios que sea realmente espiritual; si tus raíces no profundizan en tu relación con Dios; si no tienes el amor de Dios y la reverencia hacia Dios recorriendo por tus venas, entonces el fruto que surge no será un fruto espiritual.

Una vez que hayas desarrollado el temor del Señor en tu vida te darás cuenta que no es tan difícil llevar fruto. Llegará— no de manera natural, sino sobrenaturalmente. El fruto viene si estas ocupándote de las raíces de tu relación con Dios. En eso consiste ser una mujer con temor de Dios.

¿Significa esto que le tiene miedo a Dios? Bueno en cierto sentido deberíamos tenerle miedo a Dios. Algún día en Aviva Nuestros Corazones me encantaría hacer una serie sobre lo que significa temer al Señor. Sabemos que de acuerdo al libro de Proverbios, el temor del Señor se refiere a tener una confianza reverente en Dios, a no tomar Su Nombre en vano, a no tomarlo a la ligera, sino a tener este tipo de reverencia, este tipo de asombro ante Dios.

Juntamente con esa confianza reverente viene el aborrecimiento de la maldad. Amar a Dios es aborrecer todo lo que Dios aborrece. Así es que esto es lo que queremos decir cuando nos referimos a una mujer que tiene temor de Dios. Es una mujer que vive siempre consciente de la presencia de Dios. Vive cada momento y cada aspecto de su vida con la consciencia de que Dios está presente y que sus ojos están en todo lugar contemplando el bien y el mal.

Pienso cuántas cosas en mi vida serían diferentes si viviese todo el tiempo en el temor de Dios, consciente de Su presencia. Cuántas cosas dejaría de decir, a cuántos lugares dejaría de ir, cuántas cosas dejaría de hacer, cuántas cosas dejaría de comer, si estuviera viviendo y caminando con un conocimiento consciente de la presencia de Dios.

Si deseas convertirte en una mujer virtuosa y desarrollar ese sentido de temor de Dios es necesario pasar tiempo con Dios y en Su Palabra. La Palabra te ayudará a desarrollar esa reverencia, ese asombro, y esa confianza en Él, así como, ese aborrecimiento por la maldad. Luego todo lo que tenga que ver con tu vida estará ordenado alrededor de esa consciencia de la presencia de Dios.

El encanto y la belleza física— esas cosas son una ilusión. Son fugaces. Son momentáneas. Pueden atraer pero no duran. Aquello que si perdura es una relación con Dios. Ese tiene que ser el enfoque y la prioridad número uno de tu vida y del a mía si queremos llegar a ser las mujeres que Dios quiere que seamos.

Annamarie: La belleza externa siempre se desvanece; no importa lo que digan los comerciales. Pero cuando desarrollamos una belleza interna, siempre ésta permanece. Esto es lo que nos ha estado explicando Nancy Leigh DeMoss al compartir Proverbios 31. Pronto volverá con nosotros con más de esta enseñanza.

Suponte que llegas a un mostrador de belleza en un centro comercial. Probablemente esperas recibir algunos consejos de maquillaje para luego comprar varios productos nuevos. Imagínate que después de los consejos la representante te los ofrece gratis, sin cargo alguno.

Esta situación es algo parecida al programa de hoy. Has recibido un buen consejo en cuanto a desarrollar la verdadera belleza. Ahora deseamos recomendarte un libro que te ayudara a crecer profundamente en el tema.

El título del libro es “Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios” . Nancy escribió el libro conjuntamente con algunas de sus amigas como Mary Kassian y Dorothy Patterson. Carolyn Mahaney escribió un capítulo muy útil que trata acerca de desarrollar la verdadera hermosura. El siguiente paso para aplicar lo que has escuchado hoy es leer este libro. Si visitas AvivaNuestrosCorazones.com allí encontrarás como obtenerlo.

Nancy Leigh DeMoss: “Engañoso es el encanto y pasajera (o sea que no dura) la belleza (belleza física eterna); la mujer que teme al Señor (la mujer piadosa) es digna de alabanza”.

La Escritura está diciendo aquí que la verdadera belleza de una mujer radica en ser piadosa. Esto es lo que le aporta valor a su vida y lo que la hace atractiva para Dios y para el tipo correcto de persona. Por lo tanto el punto aquí es que la virtud debe ser tu primer objetivo, no la belleza física.

Esto retoma el tema sobre el cual ya hemos hablando de 1ra de Pedro capítulo 3 versículo 3 donde Pedro dice: “Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis amedrentadas por ningún temor. (1 Pedro 3:3-6)

Pedro dice que estas mujeres confiaban en Dios y aceptaban la autoridad de sus maridos. En la cultura de hoy, estos versículos como que se nos atoran en la garganta. Si deseamos experimentar el gozo, la plenitud, la paz y la recompensa que Dios tiene disponible para nosotras las mujeres, solo la encontraremos caminando por la vida como mujeres de Dios, mujeres que tienen la belleza descrita en las Escrituras, mujeres con esa belleza verdadera con una belleza espiritual.

¿Y en qué consiste esta belleza? En este pasaje la define como una mujer de espíritu apacible y suave, una mujer que es santa, una mujer que confía en Dios, una mujer que acepta la autoridad de su esposo.

Podrías decir: Pero “¡Vivir así sería miserable!” Pero te diré quién es realmente miserable. Aquellas mujeres que día tras día, por años lo han hecho a la manera del mundo. Lo han hecho a su manera. Se han resistido a la autoridad de Dios. Se han resistido a la autoridad de sus maridos. Y ahora quizás se han divorciado varias veces.

Algunas de las que escuchan hoy este programa han pasado por este arduo camino. Ciertamente ellas podrían decir que: “no vale la pena hacerlo a la manera del mundo”. Han aprendido a través de lecciones muy duras, extremadamente duras. Desearían que algunas de las más jóvenes pudieran aprenderlas sin tener que recorrer el camino por el cual ellas han tenido que pasar.

Ellas podrían decirle a las más jóvenes: “Teme al Señor. Hazlo a Su manera. Es verdad que es difícil, pero las recompensas son estupendas”.

Y hay un pasaje en el Antiguo Testamento en Isaías capítulo 3 que describe, un tipo de mujer diferente. Es la imagen de una mujer que se enfoca en la belleza externa en vez de en el temor de Dios. Y solo quiero leer el pasaje para que podamos apreciarlo. Ya hemos visto la imagen de la mujer que teme al Señor y como ella es realmente bella.

Pero en Isaías capítulo 3 en el versículo 16, el Señor dice: “Puesto que las hijas de Sión son orgullosas”. Es decir que son altaneras y arrogantes, refiriéndose a la actitud de sus corazones. Recuerden que lo que está en el corazón de una persona siempre se va a reflejar en su conducta y en su apariencia externa. Nos relacionamos con la parte externa de las personas. Nuestra apariencia externa va a reflejar lo que tenemos en el corazón.

La mujer que teme al Señor refleja cierto tipo de conducta y de hermosura. Pero en estos versículos de Isaías se está hablando de un tipo de mujer distinta, de mujeres altivas. La Escritura continúa diciendo que ellas: “Andan con el cuello erguido y los ojos seductores, y caminan con paso menudo haciendo tintinear las ajorcas en sus pies, el Señor herirá con tiña el cráneo de las hijas de Sión, y el Señor desnudara su frente” (Versículos 16-17).

¿Qué nos está queriendo decir él? Este tipo de belleza, la belleza externa y mundana se desvanece. No permanece. El Señor la puede hacer desaparecer tan rápido como la obtuviste.

El versículo 18 dice: “Aquel día el Señor les quitara el adorno de las ajorcas, los tocados y las lunetas, los pendientes, los brazaletes y los velos, las redecillas, las cadenillas de los pies, las cintas, las cajitas de perfume y los amuletos, los anillos y aretes de nariz, las ropas de gala, las túnicas, los mantos y las bolsas, los espejos, la ropa interior, los turbantes y los velos”.

¿No te suena esto como algo moderno? No estoy diciendo que estas cosas en sí mismas sean malas, pero estos versículos se están refiriendo a aquellas mujeres cuyo corazón se preocupa por lo externo. La Escritura dice que de ser este tu enfoque, aquel que surge de un corazón altanero en vez de un corazón que teme a Dios, entonces fracasarás. Dios te lo va a arrebatar todo. No durará.

En el versículo 24 de Isaías capítulo 3 leemos: “Y sucederá que en vez de perfume aromático habrá podredumbre; en vez de cinturón, cuerda; en vez de peinado artificioso, calvicie; en vez de ropa fina, ceñidor de cilicio; cicatriz en vez de hermosura”.

No creo que esto se refiera tan solo a lo físico. Tampoco pienso que quiere decir que algún día todas las mujeres impías se quedarán calvas. Este no es el punto. El punto es que si solo te has concentrado en lo externo y lo externo está influenciado por tu corazón altanero y orgulloso, llegará un día en que todas las cosas que pensabas que eran tan hermosas, tan bellas y tan importantes te serán quitadas. Toda una vida de esfuerzo se convertirá en nada.

Dios se llevará todas esas cosas y a cambio serás una de esas mujeres que veo tan a menudo hoy en día, una mujer de apariencia dura. Mujeres que se ven tan desgastadas. Estoy pensando en mujeres que tienen mi edad, mujeres que a mediado de los 50 parece que tienen 60 o 70 años de edad.

No tiene nada de malo en verse sesentona u ochentona cuando tienes 60, 70 u 80 años de edad. Pero algunas mujeres hoy en día simplemente se ven agotadas, usadas y desgastadas. Las líneas de expresión, la dureza en sus ojos, la miseria en sus corazones— son testimonio de la realidad de este pasaje.

Sé que en el contexto inmediato Dios está hablando de la nación de Israel. De hecho continúa diciendo en el versículo 25: “Tus hombres caerán a espada y tus poderosos en batalla.” ¿No es esto justo lo que vemos hoy en día? Vemos hombres que no son hombres, hombres que no son aquellos guerreros, aquellos líderes que necesitamos que sean.

En el versículo 26 leemos: “Sus puertas se lamentarán y estarán de luto; y ella, desolada, se sentará en tierra”.

El contexto de este pasaje nos ofrece una imagen de lo que le sucederá a la nación de Israel. ¿No les resulta interesante que Dios eligió a las mujeres para que personifiquen la nación? Creo que las mujeres reflejan mucho más el espíritu y el corazón de una nación que los hombres.

Tantas mujeres se me acercan para expresar su preocupación, su frustración de que los hombres no asumen su rol de liderazgo; que los hombres no son espirituales; que los hombres no son hombres. No es mi intención decir que estas no son preocupaciones válidas. Pero lo que debemos hacer es hacer de este asunto un tema de oración en vez de un tema de crítica.

Pero lo que quiero enfatizar es que nuestras naciones reflejan más las actitudes y los valores de las mujeres que el de los hombres. Cuando una nación pierde mujeres con virtudes propias del hogar y con un corazón por las cosas eternas, por las cosas que realmente importan, los hombres y niños perderán también ese sentir.

Y pienso que esto es un reflejo de aquellas mujeres que no tienen temor de Dios.

No quiero poner toda la responsabilidad sobre las mujeres. Los hombres tienen que rendirle cuentas al Señor por sus propias elecciones y por sus propios valores. Pero es una realidad que nosotras las mujeres tenemos mucha responsabilidad y mucha cuenta que rendirle a Dios.

En el capítulo que sigue en el libro de Isaías vemos la solución de Dios, Su plan y como Él quiere lidiar con la pecaminosidad de una nación y el pecado de sus mujeres. En Isaías capítulo 4 leemos acerca de cómo Dios purificó y limpió a las mujeres de Sión.

Versículo 4: “Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sión”.

¿No te alegras por la misericordia? ¿No le agradeces a Dios por la gracia que es mediante la sangre de Jesucristo? En esa sangre hay purificación y perdón.

“Con espíritu de juicio y espíritu abrasador, el Señor lavará la inmundicia de las hijas de Sión y limpiará la sangre que haya en Jerusalén”. (NVI)

Escuchen amigas, el avivamiento tiene un alto precio. La purificación puede ser dolorosa. Conlleva el arrepentimiento de la altanería y del egoísmo y volver a tener un corazón humilde que teme al Señor.

Más adelante en el versículo 5 leemos: “Entonces el Señor creará sobre todo el lugar del monte Sión y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche”.

¿Qué representan el humo y el fuego? En el Antiguo Testamento representan la presencia de Dios. ¿Deseas la presencia de Dios sobre tu hogar? ¿Deseas la presencia de Dios sobre tu iglesia? Algunas de ustedes tienen una carga por sus hogares, sus iglesias y sus comunidades, tal y como debe de ser. Pero, ¿cómo se obtiene eso? Mediante el anhelo de las mujeres de ser limpiadas y purificadas.

“Por sobre toda la gloria habrá un toldo que servirá de cobertizo, para dar sombra contra el calor del día, y de refugio y protección contra la lluvia y la tormenta.” (Isaías 4:4-6 NVI)

Oh mujeres, en la medida que estemos dispuestas a caminar en el temor del Señor, en la medida que estemos dispuestas a ser limpiadas de nuestra culpa, de nuestra suciedad, por el fuego de la presencia de Dios, Él se encargará de enviar a nuestros hogares, a nuestras iglesias, a nuestras comunidades y a nuestra nación un nuevo sentido de Su presencia, de Su protección y de Su gloria.

Annamarie Sauter: Todo en la vida fluye de nuestra relación con Dios. En última instancia esto es lo que Proverbios 31 le enseña a las mujeres. Nancy Leigh DeMoss volverá con nosotros para orar.

Cuando escuchas una enseñanza tan útil como la de este capítulo de Nancy de Proverbios 31, es fácil decir: “Sí estoy lista para vivir mi vida para la gloria de Dios”. A la mañana siguiente te sientes cansada, estás muy ocupada y eres bombardeada por anuncios que te dicen totalmente lo opuesto a lo que has escuchado hoy.

Por eso espero que vuelvas a escuchar esta serie dentro de un tiempo. Esta serie se llama La mujer contra-cultura. Cuando te sientas tentada a olvidar la importancia de servir a los demás y enfocarte en Dios, el escuchar a Nancy te ayudará a recordarlo. Esta serie contiene un material muy enriquecedor. Cada vez que lo repases aprenderás algo nuevo.

Mañana estaremos escuchando acerca de algunas mujeres que han mostrado cualidades como las que vemos en Proverbios 31. Les daremos la oportunidad a nuestras radioescuchas de honrar a mujeres piadosas en sus vidas. Les aseguro que serán tocadas e inspiradas por estas historias. Ahora vamos a orar junto con Nancy.

Nancy Leigh DeMoss: Padre, confesamos que como mujeres hemos pecado contra Ti al no temerte y darte la reverencia que mereces. Es difícil para nosotras admitirlo, pero nuestros pecados, si nuestros pecados, nuestros corazones altaneros y nuestra falta de santidad han tenido una influencia dañina en nuestros hogares, en nuestras relaciones, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades y en nuestras iglesias.

Así que clamamos a ti Señor y oramos para que limpies nuestra suciedad, para que laves nuestras manchas de sangre con la sangre de Jesucristo. Ten misericordia de nosotras y restaura el fuego y la nube de Tu presencia en nuestros corazones, en nuestros hogares y en nuestras relaciones. Que Tu gloria sea vista por todos a medida que nos convertimos en mujeres que temen al Señor. Oramos en el Nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh De Moss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¡Marta, Marta! (6)

Martes 21 Abril

María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres… Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Lucas 10:39-42

Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios.

1 Samuel 15:22

¡Marta, Marta! (6)

Lectura propuesta: Lucas 10:38-42

Pasaje bíblico:

Aquel día había mucho trabajo porque Marta y su hermana María recibieron a Jesús y a sus discípulos en su casa. Marta se esforzaba por servir al Maestro, mientras María estaba sentada a sus pies para escucharlo. Marta, atormentada viendo a su hermana dejarla servir sola, pidió a Jesús que le dijera algo. Pero él respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas”. No le reprochó el hecho de servirle, pero le mostró que en su presencia lo más importante es escucharlo.

Aplicación: Yo también podría escuchar al Señor decirme: afanado y turbado “estás con muchas cosas”. ¡Cuántas veces estoy sumergido en múltiples actividades, preocupado por muchas cosas! Marta se atormentaba no por sus intereses personales, pues servía al Señor, pero le servía hasta el punto de estar «distraída», y reprochaba a su hermana por no ayudarla.

Yo también puedo ocuparme del Evangelio, hacer visitas, involucrarme en las cosas del Señor, pero dejar de contemplarlo a él, es decir, no tomar el tiempo para orar tranquilamente y escuchar su Palabra. Entonces mi servicio se vuelve más difícil, y la irritación me vence.

Como a Marta, el Señor me interpela con insistencia. Me recuerda lo más importante: escucharle, estar en su presencia. Luego podré servirle útilmente, permaneciendo cerca de él.

(continuará el próximo martes)

Isaías 32 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

El nombre que salva

Lunes 20 Abril

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Romanos 10:13

En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre (que el de Jesús) bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Hechos 4:12

El nombre que salva

En el año 1885 Louis Pasteur descubrió la vacuna contra la rabia, lo cual lo hizo célebre en toda Europa. En el distrito de Smolensk (Rusia), diecinueve personas mordidas por un lobo con rabia oyeron hablar de esa vacuna que podía curarlas. A pesar de sus graves heridas emprendieron el viaje hasta París.

Llegaron el 14 de marzo de 1886. Aquellas personas extranjeras, con sus gorros de piel y sus vendajes, llamaban la atención. Como eran incapaces de hablar en francés, solo repetían: ¡Pasteur, Pasteur! Fueron conducidos hasta él. Y esos campesinos rusos, que parecían destinados a morir, fueron curados, excepto tres de ellos, cuyo estado era muy grave.

En agradecimiento, el zar Alejandro III dio a Pasteur una considerable suma de dinero para la fundación hoy llamada Instituto Pasteur. Esos pobres rusos no hablaban ni una palabra en francés, pero conocían el nombre del que podía salvarlos.

En otra esfera, el mundo entero sufre una enfermedad mortal, que es el pecado. Para curarse solo hay un remedio; basta con saber un solo nombre. Todo el que por la fe invoca ese nombre, recibe la curación y la salvación. Ese nombre es el nombre de Jesús, en quien hallamos el perdón, la liberación y la paz.

“Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él… Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:38-43).

Isaías 30-31 – 1 Pedro 5 – Salmo 46:1-3 – Proverbios 14:3-4

El domingo

Domingo 19 Abril

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan…

Hechos 20:7

Oh Señor, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.

Isaías 26:8

El domingo

Para los cristianos, el domingo es un día especial en la semana. Es el “día del Señor”, el día de la resurrección de Jesús. Al final de aquel día, Jesús apareció a sus discípulos, quienes estaban reunidos. Ocho días después se presentó nuevamente en medio de ellos y habló especialmente a Tomás, quien aún no había querido creer en su resurrección.

Seguidamente los discípulos, y luego los primeros creyentes, se reunían cada domingo para “partir el pan”, es decir, para celebrar la Cena, esa comida que recuerda la muerte de Jesús.

Nosotros tampoco debemos faltar, el primer día de la semana, a esa cita que reúne a los creyentes para estar en la presencia de Jesucristo y recordarlo. Él desea que lo hagamos: “Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). ¡Qué inmenso privilegio!

El día que el Señor eligió para confiar al apóstol Juan la redacción del Apocalipsis fue un domingo. Juan estaba solo, exiliado en la isla de Patmos, y no podía disfrutar de la comunión que gozaban los hermanos ese día. Pero Dios se ocupó especialmente de él y le dio una revelación extraordinaria (Apocalipsis 1:10).

Si por diversas razones (enfermedad, distancia, persecución…) no podemos reunirnos en torno al Señor Jesús el domingo, leamos la Palabra de Dios, si es posible. Consagrémosle ese día; él nos dará gozo y ánimo. Antiguamente, Dios prometió a los suyos que estaban dispersos: “Les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde lleguen” (Ezequiel 11:16).

Isaías 29 – 1 Pedro 4 – Salmo 45:10-17 – Proverbios 14:1-2

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