Respetar la vida

Sábado 18 Abril

Tus manos me hicieron y me formaron.

Job 10:8

Vida y misericordia me concediste.

Job 10:12

(Tú, Dios) me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

Salmo 139:13-14

Respetar la vida

Para algunas personas, la vida humana parece no tener mucho valor. Muchas veces hay agresiones y muertes por cualquier motivo. Sin hablar de crímenes, guerras y terrorismo, el aborto y la eutanasia se han vuelto comunes en algunos países donde la gente quisiera poder escoger la muerte según su conveniencia.

La Biblia nos muestra la importancia de cada ser humano para Dios, primeramente porque fue creado a Su imagen (ver Génesis 1:27). No debemos, pues, despreciar a nadie; es preciso respetar la vida que Dios da.

Dios formó al ser humano de una forma maravillosa. “En oculto fui formado, y entretejido… Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Salmo 139:15-16).

Dios tiene su plan para cada uno de nosotros. Al profeta Jeremías le dijo: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1:5).

¿Cómo intervino Dios ante el desprecio a la vida humana, mostrado ya por medio de Caín, quien mató a su hermano Abel? Dios se hizo hombre en la persona de Jesús, don y manifestación del amor divino hacia los hombres. ¿Lo recibieron, lo respetaron? La cruz en la que Cristo fue clavado es la respuesta de los hombres al amor de Dios. ¿Destruiría Dios a los asesinos? No, Jesús murió para salvar a los pecadores, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Isaías 28 – 1 Pedro 3 – Salmo 45:6-9 – Proverbios 13:24-25

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

«Si y amén» en todo

Ministerios Alimentemos El Alma

Serie: En paz me acostaré

Devocional Clásico de Inspiración Diaria

“El Amén” – Apocalipsis 3:14

Charles H. Spurgeon

La palabra «amén» confirma solamente lo que fue antes, y Jesús es el gran Confirmador, inmutable, para siempre es «el Amén» en todas todas sus promesas. Pecador, te consolaré con esta reflexión, Jesucristo dijo: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso»(Mateo 11:28). Si Tú vas a Él, te contestará «Amén en tu alma; su promesa será verdadera para tí. Él dijo de sí mismo en los días que estuvo en el mundo: «No acabará de romper la caña quebrada»(Isaias 42:3). Oh, tú, pobre, quebrantado y lastimado corazón, si vas a Él, te dirá «Amén», y eso será verdad en tu alma como lo fue para cientos de casos en los años pasados.

Cristiano, ¿no es de gran consuelo para ti también que no haya ni una palabra que haya salido de los labios del Salvador de la cual se haya jamás retractado? Las palabras de Jesús prevalecerán cuando el cielo y la Tierra pasen. Si has podido asirte aunque sea de media promesa, encontrarás que es verdadera. Guárdate de aquel que es llamado «anulador de la promesa», que destruirá mucho del consuelo de La Palabra de Dios.

Jesús es «sí y amén» en todos sus oficios. Él fue Sacerdote para perdonar y para lavar una vez, y es Amén como Sacerdote todavía. Él fue Rey para gobernar y reinar para su pueblo, y para defenderlo con su poderoso brazo; Él es un Rey Amén, el mismo todavía. Él fue Profeta en la antigüedad, para predecir las buenas cosas por venir; sus labios son muy dulces y todavía  destilan miel: Él es un Profeta Amén. Es Amén respecto a los méritos de su sangre, es Amén respecto a su justicia. Aquella vestidura sagrada permanecerá bella y gloriosa cuando la naturaleza se corrompa. Es el Amén en cada título que porta; tu Esposo, que nunca busca el divorcio; tu Amigo, un amigo más fiel que un hermano; tu Pastor, contigo en el valle de sombra de muerte, tu Ayudador y tu Libertador; tu Castillo y tu Alto Refugio, el Cuerno de tu fortaleza; tu confidente, tu gozo, tu todo y tu «si y amén» en todo.

Charles Spurgeon

“El Príncipe de los Predicadores”

Es considerado por muchos como uno de los predicadores más grandes de la historia. La vida y el ministerio de Charles Spurgeon realmente son inspiradores.

Predicó su último sermón en junio de 1891 y murió seis meses después.

En paz me acostaré_Charles H. Spurgeon_2da. Edición_ Peniel_2015

El límite de la vida

Viernes 17 Abril

El que cree en el Hijo (de Dios, Jesucristo) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Juan 3:36

El límite de la vida

Estos son algunos extractos de un periódico reciente: «Una empresa californiana acaba de desvelar un proyecto investigativo que trata de descubrir los secretos de la salud humana… La sociedad se puso como objetivo aplazar los límites del envejecimiento e incluso de la muerte», gracias a las nuevas tecnologías. De esta manera se podrían detectar, muy temprano, todas las anomalías en el cuerpo humano para corregirlas y prolongar la vida hasta… ¿por qué no?… ¡La inmortalidad en la tierra! Este es el viejo sueño del hombre que quiere vivir sin Dios… El autor del artículo añade: «Esto nos hace estremecer y soñar a la vez».

Nosotros solo diríamos que nos hace estremecer. Cuando algunos hombres terminan por hacerse pasar por dioses, Dios el Creador les recuerda que él es quien hace vivir y morir, y que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Para obtener la vida eterna es inútil contar con los miles de millones de dólares que son empleados en la investigación. ¡Solo basta con aceptar el don gratuito de Dios! “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Recibimos ese don si reconocemos como Salvador a Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió para expiar nuestros pecados, y resucitó, dando así la prueba de su victoria sobre la muerte. Jesucristo mismo declaró: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). No se trata solo de tener una vida sin fin, en el más allá, sino que desde ahora el creyente puede decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21).

Isaías 27 – 1 Pedro 2:11-25 – Salmo 45:1-5 – Proverbios 13:22-23

La oración con poder

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Serie: En paz me acostaré

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“Así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol” – Exodo 17:12

Charles H. Spurgeon

Tan poderosa fue la oración de Moisés, que todo dependía de ella. Las peticiones de Moises desconcertaban al enemigo mucho mas que las batallas de Josue. Sin embargo, ambas eran necesarias.

Por ello, en el conflicto del alma, la fuerza y el fervor, la decisión y la devoción, el valor y la vehemencia deben unir sus fuerzas, y todo ira bien. Debes luchar por tu pecado, pero la mayor parte de la lucha debe hacerse a solas y de forma privada con Dios. La oración como la de Moisés levanta la señal del pacto ante el Señor. La vara era el emblema de Dios obrando con Moisés, el símbolo del gobierno de Dios en Israel. Aprende, tú, santo que suplicas, a levantar la promesa y el voto de Dios ante Él. El Señor no puede negar sus propias declaraciones. Levanta la vara de la promesa y tendrás lo que quieres.

Moises se cansaba, y entonces sus amigos lo ayudaban.

En cualquier momento en que tu oración decline en vigor, permite que la fe sostenga una mano y que la santa esperanza eleve la otra, y la oración, sentada sobre la roca de Israel, la roca de nuestra salvación, perseverará y prevalecerá. Cuídate de la debilidad en la devoción; si Moisés la sintió, ¿quién puede escapar? Es mucho más fácil luchar contra el pecado en público que orar contra él en privado. Es de notar que Josué nunca se cansaba en la batalla, pero Moisés sí se cansaba en la oración. Cuanto más espiritual el ejercicio, más difícil es para la sangre y la carne mantenerlo.

Clamemos, entonces, por fortaleza especial, y que el Espíritu de Dios, que nos ayuda en nuestras debilidades, como lo hizo con Moisés, nos capacite para continuar con nuestras manos firmes, hasta que se ponga el sol, hasta que la noche de la vida se termine, hasta que lleguemos al amanecer de un mejor sol en la tierra en la que la oración se consume en alabanza.

Charles Spurgeon: Vida y ministerio de “El Príncipe de los Predicadores”

Es considerado por muchos como uno de los predicadores más grandes de la historia. La vida y el ministerio de Charles Spurgeon realmente son inspiradores.

Predicó su último sermón en junio de 1891 y murió seis meses después.

En paz me acostaré_Charles H. Spurgeon_2da. Edición_ Peniel_2015

 

Amar a sus enemigos

Jueves 16 Abril

En el mundo estaba (Jesús), y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:10-12

Amar a sus enemigos

Al final de una manifestación contra las guerras y la violencia, realizada en julio de 2014 en París, las fuerzas del orden fueron agredidas, las vitrinas rotas, los comercios saqueados, violentas escenas estallaron en varios sectores de la ciudad. ¡Demostración concreta del estado del corazón del hombre!

Cuando Jesucristo vino a la tierra, reveló el corazón de Dios, trayendo la gracia y la verdad. Él dijo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28). La gente estaba maravillada de las palabras de gracia que salían de su boca (Lucas 4:22). Jesús ponía en práctica lo que decía: “cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).

Crucificando a Jesús, el hombre no solo demostró su tendencia a hacer el mal, sino también a rechazar el bien. Jesús dijo: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). El estado desesperado del hombre pone en evidencia la grandeza de la obra de Cristo.

Esta obra renueva totalmente el corazón de todo el que reconoce su estado ante Dios. Siendo enemigo de Dios, hijo de ira, se convierte en hijo muy amado del Padre por la fe en la obra de Cristo. Jesús lo libera de todo lo que era en otro tiempo, para que pueda amar como él y seguir su ejemplo.

Isaías 26 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿Quién guía tu vida?

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Serie: En paz me acostaré

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«Guíalos por siempre» – Salmo 28:9

Charles H. Spurgeon

El Pueblo de Dios necesita ser guiado. Es muy pesado por naturaleza. No tiene alas o, si las tiene, son como la paloma que se quedó a dormir entre los rebaños, necesita gracia divina para hacerlas volar en las cubiertas de plata y con plumas de oro resplandecientes. Por naturaleza, las chispas vuelan, pero las almas pecadoras de los hombres, caen. Oh, Señor, «guíalos por siempre».

El mismo David dijo: «A ti, Señor, elevo mi alma» (Salmo 25:1), y acá siente la necesidad de que las almas de otros hombres sean elevadas tanto como la suya. Cuando pides esta bendición para ti mismo, no te olvides de pedirla para otros también. Hay tres maneras en las cuales el pueblo de Dios necesita ser guiado: necesitan ser guiados en su carácter. Guíalos, Señor, ¡no permitas que tu pueblo sea como la gente del mundo! «El mundo entero está bajo el control del maligno»(1 Juan 5:19), ¡guíalos fuera de allí!. La gente del mundo va detrás del oro y la plata, buscando sus propios placeres y la satisfacción de sus deseos, pero, Señor, eleva a Tu pueblo por encima de esto, guárdalo de ser vituperador, como llama John Bunyan al hombre que está siempre tras del oro. ¡Establece sus corazones en el Señor resucitado en la herencia celestial!. Más aun, los creyentes necesitan ser prosperados en el conflicto.

Si en la batalla parecen desfallecer, oh Señor, complácete en darles la victoria. Si el pie del enemigo está sobre sus cuellos en algún momento, ayúdalos a tomar la espada del Espíritu y a la larga batalla. Señor, eleva el espíritu de tus hijos en el día del conflicto, no permitas que se sienten en el polvo, lamentándose para siempre. No permitas que el adversario los aflija con dolor y los preocupe, pero si han sido, como Ana, perseguidos, permíteles cantar de la misericordia de un Dios que libera.

También podemos pedir a nuestro Señor ¡que los guíe en el fin! Guíalos, Llevándolos a su hogar; levanta sus cuerpos de la tumba y eleva sus almas a tu eterno Reino en gloria.

Charles Spurgeon: Vida y ministerio de “El Príncipe de los Predicadores”

Es considerado por muchos como uno de los predicadores más grandes de la historia. La vida y el ministerio de Charles Spurgeon realmente son inspiradores.

Predicó su último sermón en junio de 1891 y murió seis meses después.

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El discípulo Andrés

Miércoles 15 Abril

Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Mateo 25:21

El discípulo Andrés

Andrés era uno de los doce discípulos de Jesús. Mucho menos conocido que Juan o Simón Pedro, no escribió un evangelio, ni una epístola. Se habla muy poco de él… Sin embargo, en tres ocasiones Andrés interviene de manera muy oportuna:

1. Cuando conoció a Jesús, su primera preocupación fue llevar a su hermano Simón a Jesús (Juan 1:42). Dios empleó a un discípulo humilde y discreto para llevar a Jesús a quien llegaría a ser el muy conocido apóstol Pedro. Estemos siempre atentos a la voz del Maestro, dispuestos para servirle humildemente.

2. Jesús pidió a sus discípulos que alimentasen a una multitud hambrienta, pero ellos no tenían nada. Entonces Andrés habló a Jesús de un niño que tenía “cinco panes de cebada y dos pececillos” (Juan 6:9). Aunque era muy poco, lo mencionó porque Jesús estaba allí. Y, gracias a él, los pequeños recursos del niño fueron puestos en manos de Jesús, quien los multiplicó. ¡La multitud fue alimentada y saciada!

3. Poco antes de la muerte de Jesús, los griegos expresaron el deseo de verlo. Se dirigieron a Felipe, quien se lo comentó a Andrés, y ambos hablaron al Señor (Juan 12:20-22). Así, por medio de Andrés, los griegos fueron llevados a Jesús.

Las intervenciones simples y discretas de Andrés fueron el origen de grandes bendiciones.

No tratemos de ser conocidos. Como Andrés, cumplamos sencilla y fielmente las pequeñas cosas que el Señor pone a nuestro alcance. ¡Y dejémosle que saque una rica bendición de ello!

Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Martes 14 Abril

Vino el Señor y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

1 Samuel 3:10

Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Colosenses 4:17

¡Samuel, Samuel! (5)

Lectura propuesta: 1 Samuel 3:1-21

Pasaje bíblico: Samuel todavía era joven y servía al sacerdote Elí en el templo de Dios. Una noche escuchó que alguien lo llamaba. Pensó que era Elí. Dos veces más escuchó el mismo llamado, pero no era Elí quien lo llamaba. Entonces Elí comprendió que era Dios quien quería revelarse a Samuel, y lo animó a responder. La cuarta vez Samuel escuchó dos veces su nombre: “¡Samuel, Samuel!” (1 Samuel 3:10). E inmediatamente respondió: “Habla, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10). Entonces Dios le habló y le confió una misión de profeta.

Aplicación: Samuel ya servía a Dios sirviendo a Elí. Pero Dios le había preparado otro servicio, y quería revelarse a él personalmente. Lo llamó por su nombre para que Samuel aprendiese a escucharlo.

Cada cristiano es llamado a servir al Señor en sus ocupaciones diarias, es decir, en casa, en el trabajo, entre los creyentes… El Señor también puede llamarnos para un servicio más concreto, más difícil. Entonces su llamado se vuelve apremiante, como si nos llamase dos veces por nuestro nombre.

Es posible que no discernamos ese llamado, o también podemos rehusar oírlo. A veces es necesario que alguien nos ayude, como lo hizo Elí con Samuel.

Estemos disponibles para el Señor y no dudemos en responder: “Habla, porque tu siervo oye”.

(continuará el próximo martes)

Isaías 23 – 1 Pedro 1:1-12 – Salmo 44:1-8 – Proverbios 13:16-17

¿Por qué permaneció en la cruz?

Sábado 11 Abril

Los que pasaban le injuriaban… si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz… A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Mateo 27:39-4042

¿Por qué permaneció en la cruz?

El predicador leyó este texto, se detuvo y preguntó a su auditorio: «¿Por qué Jesús permaneció en la cruz?». ¡Qué pregunta! Luego el predicador continuó: «Si Jesús hubiera descendido de la cruz, yo hubiera podido pensar que era alguien excepcional, ¡pero no hubiera sido salvo, y mis pecados estarían todavía en mi conciencia!».

Estas palabras me alcanzaron como una flecha, y ese día comprendí sobre qué se funda la gracia de Dios.

¿Por qué Jesús permaneció en la cruz? Porque había venido a la tierra para morir en sacrificio por los pecados de los hombres. Por amor a su Padre y por amor a nosotros, Jesús aceptó llevar la condenación que debía caer sobre cada uno de nosotros (Marcos 10:45).

Jesús había venido de parte de Dios, y había demostrado su poder por medio de muchos milagros. ¡Sin embargo estaba allí, crucificado entre dos malhechores! No fueron los clavos los que lo retuvieron en la cruz, sino algo más fuerte que todas las cadenas: su obediencia a Dios y su amor hacia nosotros. Él había dicho: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:7). El Hijo de Dios se hizo el Siervo de Dios. Tenía el poder para descender de la cruz, pero de su propia voluntad permaneció allí.

El Hijo de Dios dio su vida para ser el Salvador del mundo. Se ofreció en sacrificio por el pecado, por nuestros pecados. Se ofreció por amor a la humanidad, por amor a cada uno de nosotros.

Isaías 19 – 2 Tesalonicenses 1 – Salmo 42:1-6 – Proverbios 13:11

Crucificado por mí y por usted

Viernes 10 Abril

Le llevaron (a Jesús) a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera… Era la hora tercera cuando le crucificaron… Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.

Marcos 15:222527

Crucificado por mí y por usted

Cuando Jesús vivió en esta tierra, en los países sometidos al imperio romano ciertos condenados a muerte eran crucificados. Eran atados de pies y manos a una cruz, y allí morían asfixiados. A veces eran clavados para que sus sufrimientos fueran mayores.

¿Por qué la muerte de Jesús en una cruz en Jerusalén es de una gravedad excepcional, si la crucifixión era algo corriente en esa época? Porque por medio de Jesús, Dios mismo había venido al mundo, para revelarse a los hombres. Él trajo un mensaje de verdad, amor y paz. Pero los hombres aborrecieron a Jesús, lo menospreciaron, y finalmente lo crucificaron, porque las obras de ellos “eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:19-20).

¿Por qué Dios permitió que los hombres cometieran semejante maldad, y no libró a Jesús? Porque nos amaba, y solamente Jesús podía llevar el castigo que merecían nuestros pecados.

¿Por qué Jesús se dejó crucificar? Porque quería salvar a la humanidad, a usted y a mí, por medio de su sacrificio. No alcanzamos a comprender semejante amor. Pero creámoslo, y aceptemos que Cristo sufrió y murió en nuestro lugar. Sin el arrepentimiento ante Dios y la fe en Jesucristo no se puede recibir el perdón divino.

¿Cuántas personas tomarán conciencia hoy de que fue por ellas personalmente que Jesucristo murió, y que tienen necesidad de su sacrificio para estar en paz con Dios? ¿Usted, quizás?

Isaías 17-18 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10