Una hermosa igualdad

Lunes 27 Enero

¿Qué debo hacer para ser salvo? Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Hechos 16:30-31

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

Una hermosa igualdad

Durante cierto tiempo, siendo aún pequeño, el tema de mi alma me atormentaba. Sabía que era pecador y que Jesús había muerto por mí. Yo aceptaba su sacrificio, y oraba, pero no tenía paz. Leía mi Biblia, sabía de memoria los pasajes que presentan el Evangelio, y repetía: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16); ponía mi nombre en cada lugar donde en ese maravilloso versículo podía insertarlo. Sin embargo, no sentía en mí la presencia de esa vida eterna ni experimentaba esta paz tan deseada.

No obstante quería terminar con esta inquietud persistente. Suplicaba al Señor que me liberara. Un día, pensando en el versículo tan conocido: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”, tomé una hoja de papel y escribí la maravillosa igualdad:

Creer en el Señor Jesús = ser salvo.

¡No era una ecuación, con una incógnita para descubrir, como en las matemáticas! Era una certeza; Dios, por medio de su Palabra, me daba la seguridad. La paz vino a mi corazón, y nunca más me abandonó.

Creer en el Señor Jesús es mi responsabilidad. Ser salvo depende solo de Dios. Él, en su gracia, decidió que el hecho de creer conduce inevitablemente al hecho de ser salvo. El que cree en Jesús puede decir sin pretensión: soy salvo.

Esta gracia divina se hace cargo del estado del más grande de los pecadores, si él se arrepiente. Cristo pagó por él en la cruz.

Génesis 30 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El verdadero calvario

Domingo 26 Enero

(Jesucristo) se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:8

El verdadero calvario

«Fue muy duro, viví un verdadero calvario». Esta expresión, utilizada por un deportista después de su maratón, comúnmente designa una prueba larga y dolorosa. Pero, ¿pensamos en el origen de esta palabra? El Calvario es una pequeña colina situada cerca de Jerusalén, donde Jesucristo fue crucificado. ¿Por qué este término despierta un eco grave y solemne en el corazón de los cristianos? Porque fue allá, en ese lugar de la “Calavera” (en latín “calvaria”, que dio origen a la palabra calvario), donde Jesús su Salvador sufrió el suplicio de la crucifixión y expió los pecados de los que creen en él. Sin embargo, esto fue, no una derrota, sino una victoria, porque la muerte no pudo retenerlo; sí, Jesús resucitó (Mateo 28:6).

Este triunfo del amor divino sobre el odio, del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, es el mensaje central del cristianismo. Sin esta victoria de Jesús en la cruz, el hombre estaba condenado por el Dios santo. Además de los sufrimientos infligidos por los hombres, Jesús tomó sobre sí mismo el castigo divino que nosotros merecíamos. Con esta única condición, Dios, quien ama a los pecadores, puede concederles gracia y vida eterna.

La muerte de Jesús, testimonio elocuente de la compasión y misericordia de Dios, es el precio pagado para dar la vida al creyente. En el Calvario, Cristo “como oveja a la muerte fue llevado” (Hechos 8:32), y allí “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). “Fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

Génesis 29 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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Un solo pueblo

Isha – Salmos

DÍA 132 – Salmo 95

Dosis: Unidad

Un solo pueblo

“Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado!” (Salmo 95:6–7) (NVI)

Vivimos en una sociedad que exalta el yo. Palabras con “auto” se han vuelto comunes: auto-disciplina, auto-estima, auto-control y muchas más. El individualismo impera. Pero la Biblia nos enseña a pensar en el “nosotros”. Y el salmista lo sabía bien. Dios vino a salvar y redimir un pueblo. Un pueblo está formado por personas, y por lo tanto, debemos pensar en “plural”. Ahora bien esa pluralidad misteriosamente nos conduce a la unidad. Recordemos el deseo del Señor Jesús en su oración: “No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno.” Este salmo nos alienta también a experimentar la unidad en aspectos fundamentales de nuestra vida espiritual como:

1. La oración. Generalmente oramos por peticiones personales “Señor, te pido por mi… te doy gracias porque…” Pero cuando nos unimos como iglesia, debería abundar el “nosotros”, porque nos reunimos para clamar a una voz. “Señor, venimos… te pedimos… agradecemos…” Dejemos nuestras peticiones personales para nuestros tiempos a solas con Dios y usemos nuestro tiempo en conjunto para clamar por las necesidades del pueblo de Dios en nuestra ciudad, nuestro país y el mundo.

2. La alabanza. ¡Qué maravilloso es juntarnos para alabar a Dios! El salmista enumera al principio del salmo cómo lo podemos hacer: “Vengan, cantemos con júbilo al SEÑOR; aclamemos a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos. Si bien existen momentos apropiados para el silencio y la meditación, también los hay para la alabanza, el gozo y la alegría

3. La obediencia: Hay un clamor del salmista porque el pueblo escuche la voz de Dios, la obedezca y permanezca fiel: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón, como en Meribá, como aquel día en Masá, en el desierto, cuando sus antepasados me tentaron, cuando me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras.” ¡Qué interesante que en un salmo de gratitud y alabanza se haga énfasis en la fidelidad de corazón!

4. La Adoración: Todo esto nos conducirá a una adoración comunitaria genuina. El salmista pide que vengamos y nos postremos con reverencia, reconociendo a nuestro Hacedor, como ovejas de su prado. Después de la alabanza, viene el silencio. A veces nos incomoda el silencio, pero haríamos bien en ponerlo en práctica más seguido. Guardemos silencio en conjunto, cuando nos reunimos, y escuchemos la voz de Dios. Como el rebaño que somos, reconozcamos la voz del Pastor.

Oración: Señor, enséñame a vivir la unidad con tu pueblo, a orar, alabar y adorar en conjunto porque esto te agrada. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 148). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Estáis tristes

Sábado 25 Enero

Jesús les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

Lucas 24:17

Vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.

Juan 16:22

Estáis tristes

Lectura propuesta: Lucas 24:13-35

Los dos discípulos que iban a Emaús estaban tristes porque habían perdido al Maestro a quien amaban, y también porque estaban decepcionados: esperaban que Jesús estableciera el reino de Dios en la tierra… pero Jesús había muerto crucificado. Podemos comprenderlos. Cuando perdemos a un ser querido, o cuando nuestras esperanzas son decepcionadas, la tristeza nos invade.

Mas Jesús ya no estaba en la tumba, había resucitado. Sin darse a conocer, se acercó a ellos y los escuchó. “Estáis tristes”, les dijo. Jesús ve si estamos tristes o felices, airados o apacibles, colmados o decepcionados. Y él viene a «caminar con nosotros», a hablar a nuestro corazón, a hacernos tomar consciencia de las razones de nuestra tristeza.

A veces tenemos la impresión de que él no ha respondido a nuestra expectativa, y nuestra fe se debilita. ¿Cómo volver a confiar y a hallar ese gozo que Jesús promete? Hablándole de lo que nos entristece y escuchándolo, como lo hicieron los dos discípulos. ¿Cuál fue el resultado? El Señor hizo «arder» su corazón, les enseñó a conocerlo mejor, y finalmente abrió sus ojos. Su tristeza desapareció y su gozo fue tal que, olvidando su cansancio, volvieron a Jerusalén esa misma noche, para compartir su alegría con los otros discípulos.

Tu presencia es el bien supremo;

Tu amor jamás se agota;

«Tu corazón dispensa a los que ama

;Reposo, felicidad, perfecta paz.

Génesis 28 – Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

30/63 – Mero Cristianismo II | Marcos 9:43-50

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Marcos

30/63 – Mero Cristianismo II | Marcos 9:43-50

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

La alegría de la disciplina  

Isha – Salmos

DÍA 131 – Salmo 94

Dosis: Corrección

La alegría de la disciplina

“¿Acaso no oirá el que nos puso las orejas, ni podrá ver el que nos formó los ojos? ¿Y no habrá de castigar el que corrige a las naciones e instruye en el saber a todo el mundo? El SEÑOR conoce los pensamientos humanos, y sabe que son absurdos. Dichoso aquel a quien tú, Señor, corriges; aquel a quien instruyes en tu ley.” (Salmo 94:9–12) (NVI)

Este salmo es otro clamor por la justicia. Donde el salmista expresa la mala conducta y la opresión que sobre él y su pueblo ejercen los malhechores. Mientras clama por la justicia y espera en la misericordia de Dios reafirma su fe y llega a decir cosas trascendentales para nuestra vida como ésta: “¿Quién se levantó a defenderme de los impíos? ¿Quién se puso de mi parte contra los malhechores? Si el SEÑOR no me hubiera brindado su ayuda, muy pronto me habría quedado en mortal silencio. No bien decía: «Mis pies resbalan», cuando ya tu amor, SEÑOR, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”

Pero en este salmo se expresa también un tipo de felicidad, aparentemente contradictoria, que llega a la vida del hombre y la mujer que aceptan ser corregidos por Dios. ¡Es la dicha de la disciplina divina! Mucho se ha debatido con el tema de la disciplina. En la universidad me saturaron de posturas psicológicas, pero la Biblia nos confirma que es necesaria. Por eso disciplino a mi hijo. De no hacerlo, le haría un daño terrible. No quiero que se vuelva un niño irrespetuoso, grosero y chocante. Por su bien, debo corregirlo a tiempo.

Del mismo modo, Dios nos disciplina por nuestro bien. Lo último que sentimos es alegría cuando pasamos por problemas, pues muchas veces, Dios permite que experimentemos las consecuencias de nuestros errores para moldearnos, pero debemos recordar este versículo. ¿Quién es dichoso? Aquel a quien Dios mismo le enseña. ¿Cómo lo hace? Por medio de su palabra. Por eso debemos leerla constantemente. Teniendo la certeza que Dios nos trata como a hijas legítimas cuando nos corrige.

¿Qué dicha o qué bendición trae la disciplina? En primer lugar, nos trae descanso durante la aflicción. Dios usa las pruebas para enseñarnos cosas que de otro modo no comprenderíamos. ¿Cómo poner en práctica la paciencia si todo sale en orden y en sus tiempos? ¿Cómo ejercer el dominio propio si nadie nos saca de quicio? ¿Cómo aprender a amar a las personas difíciles si siempre nos tratan con amabilidad? Pero cuando las cosas van mal, debemos trabajar en lo positivo y desechar las actitudes negativas. Eso trae bendición.

Segundo, la corrección nos trae descanso de las pruebas. Después de la tormenta viene la bonanza. ¡Siempre! Piensa en una madre a quien no le importa la conducta de su hijo, a qué hora come, o a qué hora duerme, que lo deja destruir propiedad ajena y faltar el respeto a los demás. ¿Pensarías que lo ama? Si clamamos por la justicia debemos empezar por corregir lo deficiente en nosotras mismas. Dios tiene ese cuidado de Padre amoroso, y por eso, somos dichosas.

Oración: Señor, soy feliz porque tú me instruyes, me enseñas y me corriges. Aunque a veces no lo entiendo, sé que haces todo por mi bien. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 147). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Él calma la tormenta

Isha – Salmos

DÍA 130 – Salmo 93

Dosis: Poder

Él calma la tormenta

“Se levantan las aguas, SEÑOR; se levantan las aguas con estruendo; se levantan las aguas y sus batientes olas. Pero el Señor, en las alturas, se muestra poderoso: más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más poderoso que los embates del mar.” (Salmo 93:4) (NVI)

Nunca he estado en una tormenta, pero por lo que he visto en documentales y películas no me gustaría estar en una. Sin embargo, conozco las tormentas de la vida de primera mano. Esos días que parecen interminables donde todo sale mal. Como en una tormenta, parece que ola tras ola me embate y me deja sin sentido. Me siento cansada, abatida, incapaz de seguir luchando en contra de lo que parece imposible.

Así se sentían los discípulos en aquella barca en el mar de Galilea, y no hablamos de inexpertos como yo, sino de hombres que habían hecho allí su vida y su oficio. Conocían el mar de Galilea como la palma de su mano, y aún así, esa noche, no supieron qué hacer. Mientras tanto, el Señor Jesús dormía. Estaba agotado después de un día de mucha actividad hasta que sus discípulos lo despertaron.

A veces parece que el Señor duerme mientras nuestras barcas se hunden en los problemas y las tristezas. No bien sobrevivimos una ola gigantesca, cuando una más comienza a formarse en el horizonte. No bien perdemos el mástil, cuando la tormenta amenaza la popa. ¿Y dónde está Dios mientras esto sucede? Lo mismo pensaban los discípulos, así que lo despertaron. ¿Acaso no le importaba a Jesús que perecieran?

El salmista nos da una respuesta rotunda: “El SEÑOR reina, revestido de esplendor; el SEÑOR se ha revestido de grandeza y ha desplegado su poder. Ha establecido el mundo con firmeza; jamás será removido. Desde el principio se estableció tu trono, y tú desde siempre has existido.”

Jesús es el mismo Dios de este salmo, y con una reprensión, una sola exclamación, el mar se aquieta y se hace gran bonanza. Hoy ha sido un día de tormentas. La tarde cae y me siento exhausta. Si recibo otra mala noticia seguramente colapsaré. Pero confío en que Dios no me dejará hundirme. Cuando Él considere que es el momento, mostrará su poder y aquietará las aguas.

Pienso en la vida de Horacio Spafford. Un abogado exitoso, padre de cuatro hijas, promotor de Moody y otros evangelistas. Planeó ir a Inglaterra para participar de unas reuniones evangelísticas, pero detenido por el trabajo, mandó a su esposa y sus cuatro hijas primero en el S.S. Ville du Harve. En medio del Atlántico, el barco chocó contra otro y se hundió en 12 minutos. Las cuatro hijas de Horacio murieron. Su esposa se salvó. ¡Qué tormenta lo hirió! Pero en medio del dolor, escribió uno de los himnos que más consuelo nos traen durante las tormentas de la vida: “De paz inundada mi senda ya esté o cúbrala un mar de aflicción, cualquiera que sea mi suerte, diré: Estoy bien, tengo paz, ¡Gloria a Dios!”

Oración: Señor, gracias porque tú calmas las tormentas de la vida. Ven hoy en mi auxilio, te lo ruego. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 146). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Invocar el nombre de Jesús

Jueves 23 Enero

Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Mateo 1:21

Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.

Mateo 1:16

Invocar el nombre de Jesús

“Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Joel 2:32; Hechos 2:21). En todo tiempo, el que ha clamado a Dios ha sido escuchado: “Invócame en el día de la angustia; te libraré” (Salmo 50:15). Cada uno puede experimentarlo, porque Dios no cambia. Tan pronto como nos dirigimos a Dios con sinceridad, él nos ayuda en cada situación: sea en medio del sufrimiento, la violencia, el hambre, la enfermedad, la desesperación…

El nombre de “Jesús” significa «El Eterno salva». Jesús no solo fue enviado para mostrarnos la salvación de Dios, sino que él mismo es esa salvación, él mismo es ese Dios que salva. Y su nombre no puede estar separado del objetivo de su venida: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Jesucristo vino, pues, para librarnos de nuestros pecados. Por supuesto, él también conoció el sufrimiento de los seres humanos y se compadeció de ellos, pero su objetivo esencial era librar a los hombres de sus pecados. Por eso dijo a un paralítico: “Tus pecados te son perdonados”. Y luego agregó: “Toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:20, 24).

Tal vez algunos se sienten incómodos al escuchar esta precisión sobre el sentido de la misión del Señor Jesucristo, e incluso les irrita que siempre se lo recuerden. Sin embargo, ahí está lo esencial de lo que Jesús vino a traer… Y todo el Nuevo Testamento lo confirma.

¿Creemos en Cristo? ¿Podemos confiar en él y aceptar sin alteración la totalidad de su mensaje? Si así es, entonces somos “cristianos”. Y recibimos felices esta palabra: “Tus pecados te son perdonados”.

Génesis 26 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Como una catarata ruidosa

Isha – Salmos

DÍA 129 – Salmo 92

Dosis: Gratitud

Como una catarata ruidosa

¡Cuán bueno, Señor, es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre. Proclamar tu gran amor por la mañana, y tu fidelidad por la noche, al son del decacordio y de la lira; al son del arpa y del salterio!” (Salmo 92:1–3) (NVI)

Todas hemos visto un chorro de agua, hemos contemplado y disfrutado de la regadera. Pero nada nos prepara para una catarata. ¡Miles y miles de litros de agua! Un ruido estruendoso, una vista magnífica. Como dice el salmista, es bueno dar gracias. Y cuando Dios dice en su palabra que algo es bueno, debemos tomarlo muy en cuenta.

Pero a veces nuestra gratitud semeja a las gotas que salen de un gotero. Mientras el salmista se desborda en gratitud y escribe un poema para cantarse: “Tú, SEÑOR, me llenas de alegría con tus maravillas; por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos. Oh SEÑOR, ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos! Él había aprendido a contemplar la catarata de bendiciones.

El salmista reconoce las bendiciones en su propia vida: “Me has dado las fuerzas de un toro; me has ungido con el mejor perfume. Me has hecho ver la caída de mis adversarios y oír la derrota de mis malvados enemigos. Tanto como aquéllas que se desbordan hacia su pueblo amado: “Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del SEÑOR, florecen en los atrios de nuestro Dios. Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos, para proclamar: «El SEÑOR es justo; él es mi Roca, y en él no hay injusticia.»334

¡Qué admirable es nuestro Dios! ¡Qué increíble su creatividad al formar seres humanos únicos! Cientos, cientos de ellos y tener un propósito para cada vida.

Demos gracias a Dios porque esto es bueno, desbordándonos en gratitud como una catarata que no puede dejar de fluir. Pensemos en los detalles de nuestra vida, nuestra familia, nuestra historia. Glorifiquemos a Dios con alegría. Como decía el salmista, todo el día encontraremos motivos de alabanza y por la noche podremos recordar y proclamar su fidelidad.

Oración: Señor, tengo tantas cosas que agradecerte. Dame la sencillez para reconocer tus muchos detalles que hacen mis días más hermosos. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 145). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Dios primero

Miércoles 22 Enero

Bendice, alma mía, al Señor.

Salmo 104:1

Él (Jesucristo) que es el principio… para que en todo tenga la preeminencia.

Colosenses 1:18

Dios primero

Como todos los occidentales, hemos aprendido a conjugar los verbos comenzando por la primera persona: yo soy, tú eres, él es… Pero en el idioma hebreo se invierte el orden y se conjuga: él es, tú eres, yo soy, partiendo de la tercera persona del singular. ¿No hay allí un buen ejemplo de lo que debería ser nuestra manera de pensar? Siempre debemos comenzar mirando primero hacia Dios y decir: Él es. Luego considerar a nuestro prójimo para conjugar: tú eres. Y por último pensar en nosotros para decir: yo soy.

En este orden –Dios, el prójimo, y luego uno mismo– Jesús enseñó la ley de Dios al hombre que fue a él para cuestionarle: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27). Su vida ilustró perfectamente el orden de prioridades que enseñaba a su auditorio. Desde muy joven se ocupaba de los intereses de Dios su Padre (Lucas 2:49), y a lo largo de su vida buscó “primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).

Pero Jesús también pensaba en todos los seres humanos. Vino a vivir en la pobreza para enriquecerlos con las bendiciones celestiales, para salvarlos y darles la felicidad (2 Corintios 8:9). Él fue el buen Samaritano que vino a socorrer a ese hombre herido, incapaz de salvarse por sus propios medios (Lucas 10:30-37); él es ese buen pastor que salió a buscar a su oveja perdida (Lucas 15:4-5). Iba de un lugar a otro haciendo el bien (Hechos 10:38).

Amigos cristianos, aprendamos a imitar a nuestro perfecto modelo poniendo nuestras prioridades y pensamientos en el orden correcto: Él, tú, yo.

Génesis 25 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

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