Ese librito me indicaba la dirección

Sábado 1 Febrero

Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.

Salmo 34:18

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

Ese librito me indicaba la dirección

«Usted debería leer este libro», dijo una estudiante japonesa a una mujer en la entrada de su casa, mientras le ofrecía un librito. «Lo encontré en la calle, seguramente se le cayó a alguien». La joven sabía que esa mujer, viuda y madre de tres niños, había buscado consuelo en el templo sintoísta. También había acudido al sacerdote budista y había hecho una larga peregrinación, pero todo había sido en vano: su dolor persistía.

«Yo lo leí, prosiguió la joven; relata la sorprendente historia de un hombre que ayuda a todos los que están abandonados. Pensé que podría ayudarle».

La mujer tomó el pequeño libro. Era el evangelio de Lucas en japonés. Más tarde ella diría: «Leí ese libro desde el principio hasta el fin, sin detenerme. Una convicción se impuso en mí: me indicaba una dirección para mi vida, esa dirección que yo buscaba desde hacía mucho tiempo.

Rápidamente averigüé si había cristianos en mi vecindario, pero no tuve éxito. Sin embargo un día, en la ciudad vecina, escuché que un hombre hablaba de Iesa Kirisuto (Jesucristo). Le pedí que viniera a mi pueblo en la montaña. Otras personas también fueron cautivadas por el mensaje del Evangelio. Leyendo la Palabra de Dios encontraron la fe en Jesucristo. Después de algunos meses se formó una pequeña comunidad de cristianos.

Jesús me devolvió las ganas de vivir: se convirtió en mi Salvador y mi Dios».

Génesis 35 – Mateo 20:16-34 – Salmo 18:31-36 – Proverbios 6:16-19

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Frente a la muerte

Viernes 31 Enero

(Jesús libra) a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:15

Frente a la muerte

Cuando un hombre se encuentra frente a la muerte, muy a menudo su máscara se cae. Más de uno ha debido reconocer que construyó su vida sobre un fundamento inestable y persiguió una ilusión. Aquí están las expresiones de tres personas frente a la muerte:

– «Voy a hacer un salto aterrador en las tinieblas».

– «Hasta este instante pensaba que no había Dios ni infierno. Ahora sé y siento que los dos existen. Por la justa sentencia del Todopoderoso, voy a la perdición».

– «En el curso de mi vida me aseguré contra todo, salvo contra la muerte. Y ahora debo morir sin estar preparado, en absoluto».

Qué contraste con las últimas palabras de estos hombres, que reconocieron a Jesucristo como su Salvador, y que lo amaban:

El evangelista Esteban: sus enemigos “se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo… dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:54-56).

Dwight L. Moody dijo: «¡Es maravilloso! La tierra se esfuma, el cielo se abre. ¡Dios me llama!».

David Brewster, el inventor del caleidoscopio, declaró: «Veo a Jesús, lo veo tal como es. Hace varios años que poseo esta claridad. ¡Oh, cuán luminoso es! Me siento seguro y feliz».

Todos los que por la fe en el Señor Jesús han puesto su vida en orden con Dios, no temen a la muerte ni a la eternidad. Han sido librados del juicio de Dios. Conocen su amor, y “en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Génesis 34 – Mateo 20:1-15 – Salmo 18:25-30 – Proverbios 6:12-15

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Un diseño perfecto

Isha – Salmos

DÍA 136 – Salmo 100

Dosis: Gratitud

Un diseño perfecto

“Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado.” (Salmo 100:3) (NVI)

Una vez más el tema es la alabanza y la acción de gracias. El salmista empieza diciendo: “Aclamen alegres al SEÑOR, habitantes de toda la tierra; adoren al SEÑOR con regocijo. Preséntense ante Él con cánticos de júbilo.” Pero este salmo añade un ingrediente especial. Un motivo diferente de alabanza. Que tiene que ver con gozarnos y alegrarnos porque Dios es nuestro Creador y no solamente le pertenecemos sino que hizo un diseño único en cada una de nosotras.

Mi amiga Claudia nació con la piel morena. De niña, en la escuela, le hacían burla y le decían: “La negrita de los hot cakes”, en referencia a la imagen de la caja de la harina para preparar panquecillos, donde se mostraba la cara de una mujer africana. Estas risas y burlas fueron minando su confianza en sí misma. En la adolescencia anduvo encorvada, siempre pensando en que no era hermosa y detestando su color de piel.

En su juventud conoció a Cristo y conociéndole a Él, comenzó a verse de manera distinta. Aceptó su cuerpo, su color y sus circunstancias. Se apasionó por el trabajo misionero y por un continente en especial: África. Con ansias se preparó para su primer viaje al país de Ghana y llegó con una sonrisa. Caminando por una aldea, comenzó a oír que los niños le gritaban: “¡Zulaminga!” (se pronuncia “zalaminga”). No bien se detuvo, preguntó a su intérprete qué le gritaban los niños. Ella sonrió y le dijo: “Te están diciendo mujer blanca”. Dios le dio un regalo a Claudia en esas palabras aquel día, lo que en su país había sido un color oscuro, para otros era blanco. Todo dependía de los ojos con que se mirara. Entonces ella elevó su gratitud a Dios. Si ella hubiera escogido ser blanca, quizá se hubiera equivocado. Pero el Señor eligió lo mejor para ella. Pues su color de piel, entre otras cosas, la protegió del clima, el calor y le dio aceptación entre las mujeres a quienes iba a servir.

No conozco hasta hoy una mujer que no quiera cambiar algo de su cuerpo: cutis, ojos, nariz, cabello, estatura. Pero haríamos bien en detenernos este día y mirar aquello en nuestro cuerpo que no nos agrada particularmente y dar gracias a Dios por ello. Y decir: “es bueno”. Sí, aún esa nariz aguileña y ese cabello crespo y ese color de piel “todo es bueno.” Lo que hoy vemos como un defecto, puede ser usado por Dios para abrirnos puertas en el futuro. Claudia ha aprendido que el color de la piel no es importante. Ama a los niños blancos y de piel más oscura, pero sobre todo ama a su Creador.

El salmo 100 nos invita a alabar a Dios. Nos pide reconocer que Él es Dios y Él nos creó. ¡Cuántas teorías existen sobre la creación! Pero existe una sola verdad: Dios nos hizo y con un diseño perfecto. Por esa razón, vengamos hasta su presencia con las manos llenas de gratitud y alabanza. Porque Él es bueno.

Oración: Señor, gracias porque tú me hiciste, enséñame a ser agradecida por tu diseño perfecto en mi vida. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 152). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Yo soy, yo era

Jueves 30 Enero

(Jesús dijo:) El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida… Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

Juan 5:24-25

Yo soy, yo era

Esta mañana, en la escuela, aprendimos a conjugar el verbo ser en presente y en pasado: yo soy, yo era… La maestra explicó: «El pasado indica que la acción terminó. Por ejemplo, si yo digo: yo estuve enferma, significa que ya no estoy enferma».

Los alumnos propusieron ejemplos: yo era joven, yo soy viejo, yo estuve triste, yo estoy feliz; yo estuve muerto, yo estoy vivo… Gaston levantó la mano: «Maestra, yo estuve muerto, eso no quiere decir nada. ¡Cuando uno está muerto, está muerto!».

Sí, Gaston tiene razón. Ninguno de nosotros puede decir: «yo estuve muerto, y ahora estoy vivo».

Sin embargo, en el Apocalipsis hallamos estas palabras en boca de un hombre, Jesucristo. Él dice al apóstol Juan: “Yo soy… el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17-18). Estas palabras tienen un alcance incalculable: Jesús estuvo muerto, ¡pero ya no lo está!

Él murió verdaderamente un día, clavado en una cruz. Luego fue sepultado. Pero tres días después resucitó. Muchos testigos lo vieron, e incluso lo tocaron, después de su resurrección.

Hoy, él dice: “Estuve muerto”. En la hora en que usted lee estas líneas, ¡él vive! Y prometió: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Su resurrección es la prueba de que él venció a la muerte, y que tiene el poder de resucitar a los que creen en él. Y lo que él prometió, lo cumplirá. Desde ahora, “el que… cree… ha pasado de muerte a vida”.

Génesis 33 – Mateo 19 – Salmo 18:16-24 – Proverbios 6:6-11

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Cuidando la naturaleza

Isha – Salmos

DÍA 135 – Salmo 98

Dosis: Alabanza

Cuidando la naturaleza

“¡Brame el mar y todo lo que él contiene; el mundo y todos sus habitantes! ¡Batan palmas los ríos, y canten jubilosos todos los montes!” (Salmo 98:7–8) (NVI)

Este salmo es una canción de gozo y victoria por la salvación y la redención. El salmista anima a cantar y alabar porque Dios siempre triunfa. Después del llamado a la oración, Israel adora a Dios, seguido por todas las naciones y terminando con el universo entero. Todos debemos regocijarnos, el salmista pinta una fiesta con coros melodiosos, arpas, clarines y trompetas y se invita a la creación misma para que también participe de la alabanza a Dios. ¿Es posible que la creación alabe a Dios? Hemos visto en otros salmos que ella también participa como expresión del poder y el amor de Dios por la humanidad.

Sin embargo este salmo nos recuerda también que hoy podemos tener una mirada diferente de la naturaleza. La descripción de una naturaleza viva y activa contrasta con la descripción que el apóstol Pablo hace de la misma después del pecado del hombre: “Pues toda la creación espera con anhelo el día futuro en que Dios revelará quiénes son verdaderamente sus hijos. Contra su propia voluntad, toda la creación quedó sujeta a la maldición de Dios. Sin embargo, con gran esperanza, la creación espera el día en que se unirá junto con los hijos de Dios a la gloriosa libertad de la muerte y la descomposición. Pues sabemos que, hasta el día de hoy, toda la creación gime de angustia como si tuviera dolores de parto.”

Hoy, en lugar de ver el mar bramando, lo vemos asfixiándose por el petróleo y la basura derramada en sus costas. Los ríos no baten sus palmas sino que acarrean peces muertos por intoxicación. ¿Cantan los montes jubilosos cuando sus árboles son incendiados y talados? Sin irnos a los extremos, debemos recordar que somos guardianes de este planeta, y al proteger la creación, adoramos al Creador.

Existen muchas maneras de cuidar del ambiente, pero más que hacer una lista de reglas, recordemos que nuestros hábitos espirituales pueden reflejarse en nuestros hábitos externos. Finalmente, los hábitos crean el carácter. Así que aprendamos a amar la limpieza. Cuidemos la limpieza de nuestro corazón porque de él mana la vida, y de ese mismo modo tengamos limpia nuestra casa, nuestro auto, nuestra ropa. Amemos también el orden. Si tenemos nuestras prioridades en el orden correcto, también aprenderemos a guardar cada cosa en su lugar.

Amemos la creatividad. Alabemos a Dios por lo que ha creado, aprendamos a maravillarnos con los animales, las plantas y las flores, y de ese modo, sabremos cuidarlas, valorarlas y protegerlas. Amemos la obediencia. Si aprendemos a obedecer a Dios, con facilidad podremos obedecer a nuestras autoridades cuando se nos pida separar basura o usar ciertos contenedores o evitar ciertas prácticas. Un día la creación dejará de gemir. Un día volverá a su gloria original. ¡Y nosotros también!

Oración: Señor, enséñame a alabarte con todo el corazón y a cuidar el mundo que has creado. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 151). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

El oro o la vida

Miércoles 29 Enero

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Marcos 8:36

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

1 Timoteo 6:6-7

El oro o la vida

Transcurría el año 1859. Un barco, sobrecargado de pasajeros, navegaba en las aguas del Misisipi. Muchos de ellos eran mineros que volvían de las minas de oro del noroeste de los Estados Unidos. De repente el barco tropezó con un gran tronco medio sumergido y comenzó a hundirse. Los pasajeros se precipitaron a los botes salvavidas. Algunos se lanzaron al agua. Pero uno de ellos se hundió como una piedra hasta el fondo del río. Cuando hallaron su cuerpo, se descubrió que todos sus bolsillos estaban llenos de pepitas de oro, pepitas que los mineros habían abandonado para salvar su vida. En algunos instantes este hombre, antes de lanzarse al agua, se apoderó de todas las riquezas que pudo tomar. Esto le costó su vida.

El comportamiento de este hombre puede parecernos insensato, pero, ¿no arroja una gran luz sobre el nuestro? El objetivo de mi vida, ¿es tener el mundo a mi disposición, con sus riquezas, sus placeres, eventualmente acompañadas de algunas buenas obras para darme buena conciencia?

Toda esta adquisición, sin valor para Dios, solo puede cargarme cuando comparezca delante de él, y conducirme, no al fondo del río, sino a los tormentos eternos (2 Tesalonicenses 1:9). Dios no quiere que nuestra alma se pierda. Él pagó el precio para salvarla. Jesús, su Hijo, sufrió el castigo que merecían nuestros pecados. Entonces Dios puede quitar para siempre la culpabilidad de todo el que cree en él, lo cubre con su justicia que le da acceso al cielo. ¿Dudaremos en hacer la buena elección?

Génesis 32 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El Mismo Menú

Isha – Salmos

DÍA 134 – Salmo 97

Dosis: Rectitud

El Mismo Menú

“¡Ustedes, los que aman al Señor, odien el mal! Él protege la vida de sus justos y los rescata del poder de los perversos.” (Salmo 97:10) (NTV)

El matrimonio es un misterio. Dos personas se unen para formar una nueva unidad. Mi abuelita contaba que cuando salía con mi abuelo a un restaurante, sin ponerse de acuerdo, terminaban pidiendo lo mismo. Estaban tan conectados que adquirieron los mismos gustos a través de los años.

Del mismo modo, al ir conociendo a Dios vamos imitando sus gustos. Él no se amolda a nosotros, sino que quiere que nuestros deseos se alineen con los de Él. Esto hará que amemos lo que Dios ama y odiemos lo que Él odia. En este verso en particular leemos que Él odia la maldad. ¿Y nosotras? Pensemos en algunos ejemplos. ¿Nos incomoda cuando otros toman ventaja sobre los demás? ¿Arde nuestro corazón cuando alguien miente? ¿Queremos ser como aquellos que reciben riquezas aún cuando lo hacen de manera deshonesta? ¿Cuál es nuestro deseo en la vida: complacer a otros o al Señor? Si fuéramos a un restaurante con Dios (en sentido figurado), ¿pediríamos el mismo platillo que Él?

El salmo dice: “El SEÑOR ama a los que odian el mal; él protege la vida de sus fieles, y los libra de manos de los impíos. La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Alégrense en el SEÑOR, ustedes los justos, y alaben su santo nombre.” ¡Qué hermoso saber que su luz nos alumbra para distinguir el bien del mal sobre todo en una época donde impera el relativismo moral!

Sin embargo a veces permitimos que ambos convivan con nosotras. Se cuenta de una mujer que vivía en la sierra. Siempre andaba tan ocupada que no se detenía a matar los alacranes que entraban a su casa. Varias veces le sugirieron que pusiera veneno o trampas, pero ella decía que tenía que aprender a convivir con la naturaleza. Entonces un día, un alacrán picó a su hijo y éste murió. Jamás se perdonó el haber sido tan descuidada.

Seamos precavidas. Muchas veces cuidamos a nuestros hijos de peligros físicos, pero dejamos que los escorpiones de las fuerzas espirituales aniden en nuestros hogares. Permitimos prácticas nocivas porque ahora todo se tilda de “normal.” No le advertimos lo suficiente acerca de las malas influencias y amistades Somos condescendientes en pro de la tolerancia aún con nosotras mismas. Si amamos a Dios, estaremos sintonizadas con él y pediremos el mismo menú que hará bien a nuestras vidas y a nuestras familias.

Oración: Señor, enséñame a amarte más, a discernir y odiar más lo malo. Muéstrame cómo proteger a mis hijos del peligro. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 150). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

¿Practicar solamente, o vivir?

Martes 28 Enero

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Santiago 2:1418

Para mí el vivir es Cristo.

Filipenses 1:21

¿Practicar solamente, o vivir?

«Creer en algo y no vivirlo, es deshonesto», decía Gandi.

Estábamos charlando con algunos amigos sobre el tema de la religión y la fe, el cual es debatido a menudo. Varios reconocieron «creer y no practicar». Luego uno de ellos, después de reflexionar, agregó: «Seamos honestos, si yo no practico, ¡es porque eso no me interesa!».

Una fe de fachada no es la fe. La Biblia nos muestra que la fe que no se pone en práctica está “muerta” (Santiago 2:17), no tiene vida ni valor. No podemos separar la fe de su aplicación a la vida práctica. Si acepté a Jesús como mi Salvador personal, es para vivir en relación con él.

«Practicar», ¿significa cumplir cada día unas obligaciones, obedecer unas leyes? No, para el creyente, vivir su vida con Cristo es una elección del corazón, libremente consentida. No se trata de practicar una religión, sino de vivir una relación, una comunión con una persona viva, Jesús, a quien Dios me dio como Salvador y Señor.

Ser cristiano es vivir con Dios y para Dios. “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, para que las cumplamos (Efesios 2:10).

“Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:8).

Génesis 31 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23 

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Un Salmo Misionero

Isha – Salmos

DÍA 133 – Salmo 96

Dosis: Alabanza Y Adoración

Un Salmo Misionero

“Ustedes, familias de los pueblos, ¡tributen al Señor la gloria y el poder! ¡Tributen al Señor la honra que merece su nombre! ¡Traigan sus ofrendas, y vengan a sus atrios! ¡Adoren al Señor en la hermosura de la santidad! ¡Tiemblen ante él todos en la tierra!” (Salmo 96:7–9) (RV Contemporánea)

Parece ser que este salmo se compuso también para ser entonado cuando se trasladaba el arca. Aquí el salmista nos insta a que alabemos al Dios santo, glorioso y majestuoso y a la vez que todos reconozcan su gobierno universal. En este último sentido podemos decir que también es un salmo misionero.

Desde el principio, Dios ha llamado a hombres y mujeres para anunciar quién es y qué hace. Un misionero es un enviado, pero en cierto sentido todos lo somos cuando participamos activamente de la obra misionera. Dios ha elegido a algunos para que vayan hasta lo último de la tierra, otros asumimos un compromiso misionero apoyando económicamente a los que van y otros se comprometen a orar para acompañar a los misioneros en la batalla espiritual.

¿Cuál es la motivación principal para la obra misionera? Que la gloria de Dios brille en cada rincón y que las familias de los pueblos conozcan y adoren a Dios. ¿Cómo estás ayudando para que esto sea posible? Elige una de las tres formas que hemos descrito pero no dejes de participar en esta gran obra. Ya sea aquí o allá, sé parte de la misión de Dios para el mundo.

En el salmo se repiten los verbos: “tributen, traigan”. Muchas veces vamos al templo para recibir. Sin embargo, aquí aprendemos que debemos dar, principalmente la gloria a Dios. El principio básico de la oración verdadera también es dar, no recibir. ¿Cuánto dejas que Dios hable y cuánto hablas tú? Pero a la vez están los verbos: “Alégrense, canten, póstrense”. Indicando que todo esto debemos hacerlo con alegría.

Nosotras también tenemos el privilegio de adorar a Dios en su hermoso santuario. Su santidad es uno de los atributos que encierra muchos más. Dios es santo, y su santidad es hermosa. Un día todas las naciones temblarán ante su presencia. Algunos la haremos con familiaridad, pues le hemos adorado aquí en la tierra y le conocemos. Otros lo harán con terror, pues le rechazaron y tarde comprenderán la verdad del evangelio. Pero lo más hermoso será reunirnos como un pueblo redimido, y qué alegría saber que de algún modo participamos en la misión de llevar el Evangelio a tierras lejanas.

Oración: Señor, quiero ser parte de tu trabajo misionero, ya sea que me envíes o que pueda yo apoyar a los que van. Enséñame qué hacer y cómo. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 149). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Una hermosa igualdad

Lunes 27 Enero

¿Qué debo hacer para ser salvo? Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Hechos 16:30-31

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Romanos 10:9

Una hermosa igualdad

Durante cierto tiempo, siendo aún pequeño, el tema de mi alma me atormentaba. Sabía que era pecador y que Jesús había muerto por mí. Yo aceptaba su sacrificio, y oraba, pero no tenía paz. Leía mi Biblia, sabía de memoria los pasajes que presentan el Evangelio, y repetía: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16); ponía mi nombre en cada lugar donde en ese maravilloso versículo podía insertarlo. Sin embargo, no sentía en mí la presencia de esa vida eterna ni experimentaba esta paz tan deseada.

No obstante quería terminar con esta inquietud persistente. Suplicaba al Señor que me liberara. Un día, pensando en el versículo tan conocido: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”, tomé una hoja de papel y escribí la maravillosa igualdad:

Creer en el Señor Jesús = ser salvo.

¡No era una ecuación, con una incógnita para descubrir, como en las matemáticas! Era una certeza; Dios, por medio de su Palabra, me daba la seguridad. La paz vino a mi corazón, y nunca más me abandonó.

Creer en el Señor Jesús es mi responsabilidad. Ser salvo depende solo de Dios. Él, en su gracia, decidió que el hecho de creer conduce inevitablemente al hecho de ser salvo. El que cree en Jesús puede decir sin pretensión: soy salvo.

Esta gracia divina se hace cargo del estado del más grande de los pecadores, si él se arrepiente. Cristo pagó por él en la cruz.

Génesis 30 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

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