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Cuidando la naturaleza

Isha – Salmos

DÍA 135 – Salmo 98

Dosis: Alabanza

Cuidando la naturaleza

“¡Brame el mar y todo lo que él contiene; el mundo y todos sus habitantes! ¡Batan palmas los ríos, y canten jubilosos todos los montes!” (Salmo 98:7–8) (NVI)

Este salmo es una canción de gozo y victoria por la salvación y la redención. El salmista anima a cantar y alabar porque Dios siempre triunfa. Después del llamado a la oración, Israel adora a Dios, seguido por todas las naciones y terminando con el universo entero. Todos debemos regocijarnos, el salmista pinta una fiesta con coros melodiosos, arpas, clarines y trompetas y se invita a la creación misma para que también participe de la alabanza a Dios. ¿Es posible que la creación alabe a Dios? Hemos visto en otros salmos que ella también participa como expresión del poder y el amor de Dios por la humanidad.

Sin embargo este salmo nos recuerda también que hoy podemos tener una mirada diferente de la naturaleza. La descripción de una naturaleza viva y activa contrasta con la descripción que el apóstol Pablo hace de la misma después del pecado del hombre: “Pues toda la creación espera con anhelo el día futuro en que Dios revelará quiénes son verdaderamente sus hijos. Contra su propia voluntad, toda la creación quedó sujeta a la maldición de Dios. Sin embargo, con gran esperanza, la creación espera el día en que se unirá junto con los hijos de Dios a la gloriosa libertad de la muerte y la descomposición. Pues sabemos que, hasta el día de hoy, toda la creación gime de angustia como si tuviera dolores de parto.”

Hoy, en lugar de ver el mar bramando, lo vemos asfixiándose por el petróleo y la basura derramada en sus costas. Los ríos no baten sus palmas sino que acarrean peces muertos por intoxicación. ¿Cantan los montes jubilosos cuando sus árboles son incendiados y talados? Sin irnos a los extremos, debemos recordar que somos guardianes de este planeta, y al proteger la creación, adoramos al Creador.

Existen muchas maneras de cuidar del ambiente, pero más que hacer una lista de reglas, recordemos que nuestros hábitos espirituales pueden reflejarse en nuestros hábitos externos. Finalmente, los hábitos crean el carácter. Así que aprendamos a amar la limpieza. Cuidemos la limpieza de nuestro corazón porque de él mana la vida, y de ese mismo modo tengamos limpia nuestra casa, nuestro auto, nuestra ropa. Amemos también el orden. Si tenemos nuestras prioridades en el orden correcto, también aprenderemos a guardar cada cosa en su lugar.

Amemos la creatividad. Alabemos a Dios por lo que ha creado, aprendamos a maravillarnos con los animales, las plantas y las flores, y de ese modo, sabremos cuidarlas, valorarlas y protegerlas. Amemos la obediencia. Si aprendemos a obedecer a Dios, con facilidad podremos obedecer a nuestras autoridades cuando se nos pida separar basura o usar ciertos contenedores o evitar ciertas prácticas. Un día la creación dejará de gemir. Un día volverá a su gloria original. ¡Y nosotros también!

Oración: Señor, enséñame a alabarte con todo el corazón y a cuidar el mundo que has creado. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 151). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

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