1/6 – LLAMADA FINAL DE LA SABIDURÍA

El Amor que Vale

Serie: Una palabra al sabio

1/6 – LLAMADA FINAL DE LA SABIDURÍA

Adrian Rogers

“LLAMADA FINAL DE LA SABIDURÍA” | Pastor Adrian Rogers. Predicaciones, estudios bíblicos. Tema #01, Serie “UNA PALABRA AL SABIO”.
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El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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33/63 – Lo único que te falta | Marcos 10:17-31 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Marcos

33/63 – Lo único que te falta | Marcos 10:17-31

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

¡No creas en ti mismo!

Coalición por el Evangelio

¡No creas en ti mismo!

El sutil orgullo que crece adentro

Marshall Segal 

Una de las cualidades más peligrosas del orgullo es que tiene la capacidad de colarse en lugares de nuestro corazón donde una vez vivieron otros pecados. Tan pronto empezamos a conquistar con la ayuda de Dios alguna actitud pecaminosa, hábito, o adicción, sucede que nos maravillamos de nuestra propia fuerza, resolución, o pureza, como si de alguna manera lográramos todo esto por nuestra cuenta. C.S. Lewis escribe: “Al diablo le gusta ‘curar’ una pequeña falla dándote una grande” (Mero Cristianismo, p. 127). La confianza que sentimos en nosotros mismos después de derrotar el pecado nos puede alejar más de Dios que ese pecado recién conquistado.

Si luchamos contra algunos pecados, pero le damos la bienvenida al orgullo, vamos a perder la guerra. Pero si sofocamos el orgullo, obligaremos a todos los demás pecados a morir de hambre al privarlos de su oxígeno.

La guerra del orgullo en tu contra

El orgullo perdura en nosotros más que la mayoría de los pecados porque no somos capaces de ver cuan venenoso y mortal realmente es. El orgullo colorea nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea al soplar una especie de niebla espesa que traiciona la realidad. Paraliza nuestras almas y nos mantiene tan concentrados en nosotros mismos que quedamos casi físicamente incapaces de amar. Y nos maldice si se lo permitimos, arrastrándonos a la muerte, pero haciéndonos creer que estamos en control.

1. El orgullo te mentirá

El orgullo nos convence de que somos más importantes que Dios, y que nuestro punto de vista es mejor que el suyo. “Más engañoso que todo, es el corazón” (Jeremías 17:9). Tu corazón. Más específicamente, el orgullo en tu corazón (Abdías 1:3), que te dice que sabes más que el Dios que todo lo sabe. Podemos ser guiados a ciegas por nuestro orgullo, lo que Salomón llama “la lámpara de los impíos” (Proverbios 21:4).

C.S. Lewis, quien llama al orgullo “el gran pecado”, escribe: “Un hombre orgulloso siempre mira hacia abajo —con desdén— a las cosas y a las personas; y por supuesto, cuando estás mirando hacia abajo, no puedes ver lo que está por encima de ti” (p. 124). El orgullo fija nuestros ojos firmemente en nosotros mismos —en nuestras necesidades, nuestros dones, nuestro esfuerzo, nuestros problemas— y por lo tanto, aleja nuestros ojos de la soberanía, la suficiencia, y la belleza de Dios. Nubla nuestra visión de Él, y eleva nuestra visión de nosotros mismos. Y no solo nos ciega a Él, sino que también elimina cualquier motivación para buscarle (Salmo 10:4).

Y lo peor de todo, el orgullo usa a menudo una apariencia de piedad, pero carece por completo de poder (2 Timoteo 3:2-5), generando una falsa confianza y una segura destrucción.

2. El orgullo te paralizará

El orgullo nos hace ciegos y nos engaña, pero también nos paraliza, nos hace ineficaces e inútiles. Llegamos a estar tan centrados en nuestra propia vida que terminamos desperdiciándola. Una vez más, C.S. Lewis escribe: “El orgullo es un cáncer espiritual: se deshace de la posibilidad misma del amor, el contentamiento, o incluso del sentido común” (p. 125). Si no lo tratamos, el orgullo se multiplica y propaga, llegando incluso a corromper nuestras mejores actitudes y esfuerzos. Tenemos que matarlo, y matarlo consistentemente, probando rutinariamente nuestro corazón, y usando la espada del Espíritu, la palabra de Dios (Efesios 6:17).

Si sentimos una falta de compasión por las necesidades de aquellos que nos rodean, o una sequía en nuestra generosidad, o una frialdad en nuestra preocupación por los inconversos, o una indiferencia, o incluso reticencia, en servir o sacrificarse por los demás, muy probablemente las células malignas del orgullo están reproduciéndose en nuestras almas.

3. El orgullo te puede matar

Si permitimos que el orgullo viva libremente dentro de nosotros, seguramente nos va a matar. Su objetivo principal no es hacernos sentir mejor, sino dirigirnos al dolor y castigo eterno, separados de Dios. Salomón nos advierte: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu” (Proverbios 16:18). Isaías presenta esa aterradora advertencia con una mayor definición: “Porque el día del Señor de los ejércitos vendrá contra todo el que es soberbio y orgulloso, contra todo el que se ha ensalzado, y serán abatidos” (Isaías 2:12).

Todo orgullo debe perecer. De hecho, cada persona orgullosa debe pagar esa pena horrible. Pero Dios, en Cristo, hizo posible que nosotros podamos morir a nuestro orgullo sin tener que morir por ello. Jason Meyer escribe: “La gloria de Dios y el orgullo del hombre chocarán en uno de dos sitios: el infierno o la cruz. O bien pagamos por nuestros pecados en el infierno, o Cristo paga por nuestros pecados en la cruz” (Killjoys, p. 13, trad.).

Una de dos, o el orgullo te va a matar, o te rendirás a través de la fe y permitirás que Dios mate al orgullo que hay en ti.

Tu guerra contra el orgullo

Entonces, ¿cómo matar ese orgullo que amenaza con matarnos? Meyer continúa: “En última instancia, el orgullo es un asunto de adoración. No podemos pensar en nosotros mismos menos, a menos que pensemos en alguna otra cosa más” (p. 18). No derrotaremos al orgullo pensando más en nosotros mismos, sino centrándonos más en la búsqueda de Dios. Esto hace eco en la definición popular que C.S. Lewis da con respecto a la humildad: “La humildad no es pensar menos de nosotros mismos, sino pensar en nosotros mismos menos”.

En humildad nos ponemos menos atención, y como recompensa ganamos todo.

1. La humildad te abrirá los ojos

El Salmo 25:9 promete que Dios “dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino”. Mientras que el orgullo nubla nuestra comprensión del bien y el mal, y nos ciega a Dios, la humildad sana nuestra ceguera y nos ayuda a ver de verdad. Todavía me acuerdo cuando me puse mi primer par de gafas durante el cuarto grado. No entendía el grado de mi ceguera hasta que miré a través de esos lentes. Lo mismo se aplica al orgullo y a la humildad.

El diablo nos ciega a Dios, invadiendo la luz con oscuridad (2 Corintios 4:4). Pero Dios inunda nuestra oscuridad con luz y visión, mostrándonos cuán bueno y verdadero es el Evangelio (2 Corintios 4:6). Vemos la recompensa infinita que tenemos en Cristo, y la desesperada necesidad que tenemos de Él. Meyer dice: “No nos volvemos mejores para necesitar menos de Dios. No. Mas bien, a medida que maduramos, aprendemos a depender más y más en nuestro Padre Celestial” (p. 16).

Si nuestra vida se centra en ver más a Dios y en ayudar a otros a ver más de Dios, estaremos mucho menos preocupados y seremos menos orgullosos.

2. La humildad va a satisfacer tu corazón

La humildad no solo nos cuida y nos muestra la realidad. La verdadera humildad delante de Dios, y su misericordia, satisface todos los anhelos que por el orgullo intentamos satisfacer nosotros mismos. Si supiéramos lo felices que seríamos sin nuestro orgullo, lo habríamos dejado hace ya mucho tiempo.

Dios mismo se deleita en el humilde. “Porque el Señor se deleita en su pueblo; adornará de salvación a los afligidos” (Salmo 149:4). Si estás en Cristo, Dios se complace genuinamente en ti. Dios ama dar gracia a los humildes – más gracia aún por encima de toda la gracia que ya nos ha mostrado. “Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5). El humilde ha podido experimentar una clase de gracia que los soberbios no conocen. A Dios le fascina encontrarse con los humildes, y les da fuerza en la debilidad (2 Corintios 12:9-10).

Los que han sido humillados por Dios, y en el proceso reciben más de Dios, pueden cantar: “En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán” (Salmo 34:2).

3. La humildad te librará del orgullo

Dios mismo, hablando a Salomón, promete a los humildes: “Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). La libertad que, en nuestro orgullo, anhelamos tan desesperadamente, viene completa y libremente de parte de Dios y mediante la fe. La cura que tratamos de fabricar o ganar en nuestra fuerza, viene completa y libremente de las manos mismas del cirujano.

Santiago (al igual que Pedro) cita Proverbios, diciendo: “‘Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes’. Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones” (Santiago 4:6-8). Esa es una promesa increíble para todas las personas que luchamos contra el orgullo. Si huyes del diablo (y todas sus tentaciones al orgullo), no solo vas a poder escapar, sino que él va a acabar huyendo de ti. Y si humildemente sigues al Dios que has ofendido una y otra vez con tu orgullo, no solo Él te va a recibir, sino que va a correr hacia ti con todo amor y misericordia.

Cree en Dios

Hay que batallar contra el orgullo con la misma firmeza con la que luchamos en contra de todos los demás pecados. Y tal vez más, porque el orgullo es el “gran pecado” que alimenta a los otros. Te va a cegar y a engañar. Te va a paralizar, e incluso matar. A menos que, en humildad y fe, seas liberado de la tiranía del orgullo y del peso de tu rebelión contra Dios.

No creas en ti mismo; cree en Dios. Eres totalmente incapaz de lograr o ganar lo que más desesperadamente necesitas. La belleza del evangelio es que ya no necesitas hacerlo. Esa carga y responsabilidad ahora se apoya en los hombros de Cristo; y su libertad, humildad, y gozo, ahora descansan en los tuyos.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN DESIRING GOD. TRADUCIDO POR JUAN MANUEL LÓPEZ PALACIOS.

Juan el Bautista

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Juan el Bautista

R. C. Sproul

https://www.ivoox.com/46409604

A veces me gusta atormentar a mis estudiantes del seminario haciéndoles una pregunta que tiende a producir cierta distracción.  Les pregunto, «En tu opinión, ¿quién dirías que es el mayor profeta del Antiguo Testamento?»  Y eso usualmente da inicio a un debate.

Algunos dicen Elías, por allí dicen Jeremías, otros dicen Isaías y todos mencionan a su favorito. Luego yo digo: «Bueno, creo que el profeta más importante en el Antiguo Testamento es Juan el Bautista».

Y entonces me miran con consternación y dicen, «Bueno, pero ¿cómo es eso? Juan el Bautista está en el Nuevo Testamento».

Y les digo, «Sí, Juan el Bautista es mencionado y registrado en las páginas del libro llamado Nuevo Testamento, pero en términos de la historia Redentora pertenece al período del Antiguo Testamento; es decir, a ese período en la historia redentora donde todos los procesos del antiguo pacto aún están vigentes”.

Jesús dice que la ley y los profetas gobernaron hasta Juan, y esa pequeña palabra «hasta», significa “hasta e incluyendo” a Juan. Y Jesús también dijo de Juan el Bautista, «Entre los nacidos de mujer, no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista”.

Pero,» Él dijo, «el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan.» Esa es una declaración bastante enigmática. ¿Está Jesús diciendo, por ejemplo, que yo soy mayor que Juan el Bautista?

Yo ciertamente califico para ser el más pequeño del Reino, así que, si soy el más pequeño en el reino, eso debe hacerme mayor que Juan el Bautista. Lo que Jesús está diciendo obviamente es que Juan aún pertenece a ese período de preparación para el avance del reino de Dios.

Pero cualquiera que vive de este lado del reino venidero de Cristo disfruta de un estado de mayor bendición y felicidad que cualquiera de los personajes en el Antiguo Testamento.  Ahora, tengo decir que de todos los personajes que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento, quizás la figura más subestimada es la figura de Juan el Bautista.

Y realmente no entiendo por qué es que los cristianos de hoy le dan tan poca importancia a este hombre, particularmente a la luz del grado de atención que se le da en las páginas del Nuevo Testamento. Es interesante para mí, que en los cuatro Evangelios, solo dos de los cuatro evangelios nos hablan acerca del nacimiento de Jesús.

Cada uno de los cuatro Evangelios empieza comunicando algo sobre Juan el Bautista.Tradicionalmente, los estudiosos han argumentado que el primer evangelio escrito fue el evangelio de Marcos. Y Marcos, curiosamente, no nos da información sobre el nacimiento de Jesús, sino que empieza su evangelio con estas palabras, «Principio del Evangeliode Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías”.

Así es… así es como inicia Marcos su evangelio; él dice: “Principio del evangelio de Jesucristo”, y luego lo siguiente que Juan dice es: “Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí Yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas’.”

Luego, justo en la siguiente línea leemos, «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados». Y luego, lo que sigue es una breve descripción y recuento del ministerio de Juan.

Para mí es significativo que Marcos inicie su evangelio presentando a Juan; y, en el evangelio de Lucas leemos de la anunciación del ángel Gabriel a Zacarías, el padre de Juan.

Ahora, ¿por qué es que el Nuevo Testamento dedica tantas palabras y le da tanta importancia a Juan el Bautista? También es interesante, para mí al menos, que si lees los historiadores seculares del primer siglo y escuchas lo que ellos dicen acerca de lo que está pasando dentro del contexto de Palestina, obtenemos más información fuera de las Escrituras acerca de Juan que de Jesús.

Solo hay dos o tres referencias, no muy claras sobre Jesús, de los historiadores seculares de aquel día; pero, Juan obtuvo fama nacional y renombre, y hay una razón para eso.

Se debe a que su presencia era de suma importancia para sus contemporáneos, porque la voz de la profecía había estado en silencio, en Israel, por cuatrocientos años.

Y, y si vemos la última página del Antiguo Testamento en los escritos del profeta Malaquías, la última página, el último capítulo, la última profecía del Antiguo Testamento registra estas palabras, Malaquías, capítulo cuatro, versículo cinco,

«He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

Ustedes recordarán que, en el primer segmento del Polvo a la Gloria, vimos la preocupación de los profetas sobre el tema del día del Señor.

Ese suceso futuro que sería un evento tanto del derramamiento del juicio de Dios y de traer la redención a los fieles. Y profeta tras profeta, en el Antiguo Testamento, habló acerca de este Día de la venida del Señor.Y la última profecía del Antiguo Testamento tiene que ver con el Día del Señor, pero tiene este detalle: que antes del Día del Señor, Elías vendría y entonces después de esa profecía, la voz de profecía cesa en Israel.

Y no hay señal de Dios por cuatrocientos años para el pueblo, hasta que, de repente, del desierto cerca de Jerusalén, viene un hombre vestido en un atuendo tradicional típico del profeta ascético que vivía en el desierto, cuyo comportamiento y vestimenta son reminiscentes del Elías del Antiguo Testamento.

Y viene proclamando la cercanía radical del reino de Dios. Su mensaje es simple: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Y las escrituras hacen referencia a las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías venidero, cuya aparición será proclamada por Elías y por aquel que sale y proclama que enderecen los caminos por la venida del Señor.

Y así, de repente, Juan el Bautista aparece en escena con este mensaje radical del reino de los cielos, o del reino de Dios que se ha acercado. Ahora, noten la diferencia entre la predicción de la venida del reino de Dios que se encuentra en el resto de los profetas del Antiguo Testamento y como se distingue de la profecía de Juan el Bautista.

En términos simples, los profetas del Antiguo Testamento estaban diciendo que el reino de Dios está viniendo algún día. Juan dice que está cerca y usa dos imágenes cruciales para hacer énfasis en la cercanía radical de la llegada del reino de Dios.

Él dice, por un lado, “el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles». Ahora de nuevo, en la representación que había sido usada por los profetas del Antiguo Testamento para describir el Día del Señor, como este ocurriría con el Israel infiel, era un tiempo de poda, un momento de cortar ramas muertas y tirarlas al fuego.

Ahora viene el profeta diciendo que “el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles”. No es que el leñador está solo cortando la corteza exterior del árbol, sino que ha tomado el hacha y ha atravesado hasta el centro del tronco y la idea es que con un golpe más del hacha, y el árbol caerá derrumbado. La otra imagen, «el bieldo está en su mano».

Ahora, a veces mal interpretamos esto; es decir, pensando como si alguien, en su jardín, está recogiendo con su bieldo las hojas de otoño mientras un viento frío corre por su rostro.

No, el bieldo del que se habla aquí es un rastrillo, que es un instrumento utilizado por los agricultores judíos para separar la cizaña del trigo.

Y la manera en que era hecho esto en el piso donde se rastrilla, donde el trigo y la cizaña están juntos en una pila, pero la cizaña al ser tan liviana, mucho más liviana que la substancia del grano que estuvo mezclado con ella, que todo lo que un granjero tenía que hacer para separar lo bueno de lo que no tenía valor, él no tenía que sentarse y poner sus manos en la pila y tratar de escoger el trigo y separar la cizaña; en realidad, todo lo que tenía que hacer era poner su gran rastrillo en la pila y tirar lo tomado al aire, y con el más mínimo viento, la más leve brisa de aire se llevaría toda la paja, como el hombre impío del que habla el salmista, a quien el viento repele y aleja.

Y mientras la cizaña se va volando, luego el trigo caería directamente al suelo y el granjero podría así recogerlo y usarlo. Bueno, la imagen que Juan usa es la del rastrillo en su mano; es decir, el momento decisivo de separación de la crisis venidera está cerca. Entonces tenemos esta alarma encendida por este hombre, quien salió del desierto llamando a la gente al arrepentimiento.

Juan hace algo más que es totalmente radical para su tiempo. Él sale y llama al pueblo judío a ser bautizado. En otras palabras, su ministerio está tan íntimamente conectado con su obra de bautismo que es conocido por el nombre “Juan el Bautizador”, o “Juan el Bautista”.

Ahora, lo que hace que esto sea tan significativo es que en el Antiguo Testamento el pueblo judío, a fin de estar bien considerado y caer en gracia para con Dios, se le requería que creyera ciertas verdades del pacto y a los hombres se les requería que fueran circuncidados; es decir, que compartan la señal del pacto.

Ahora, si un gentil se convertía al judaísmo y quería ser recibido en la comunidad judía, el gentil convertido tenía que pasar por tres ritos, bueno, o tres cosas. Primero, tenía que hacer profesión de fe en las verdades y las doctrinas del judaísmo.

En segundo lugar, tenía que pasar por el rito de la circuncisión. Y tercero, tenía que pasar por lo que era llamado el rito del bautismo prosélito porque siendo gentil, era considerado un extranjero y un forastero del pacto, e inmundo.

Entonces tenía, de alguna manera, que tomar un baño para ser limpiado antes de poder ser aceptado en la comunidad judía. Ahora, de repente, por primera vez en la historia judía, aquí viene un profeta judío, el cual viene al pueblo judío justo a las afueras de Jerusalén y les dice, «Tomen un baño».

Ahora, esto era incendiario, provocador. Las autoridades de las instituciones religiosas en Jerusalén salieron al río Jordán y vieron lo que Juan el Bautista hacía y estaban furiosos. Y decían, ‘Tenemos a Abraham por padre, somos judíos, ¿qué quieres decir al requerir este rito del bautismo?’ Mientras que la gente de la tierra, el pueblo, voluntariamente se sometía a este rito, reconociendo que no estaban limpios. Y Juan se dirigió a las autoridades y les llamó serpientes y cosas peores, y básicamente lo que decía era, ‘Dios ha determinado un nuevo requerimiento para su pueblo porque el rey está a la puerta.

Tu Mesías está por llegar y no están listos para él. Están impuros. Y antes de que llegue, ustedes deben tomar un baño. Bueno, pueden imaginar el escándalo y la controversia que esto provocó. Y leemos en el evangelio de Juan que una delegación fue enviada por las autoridades para interrogar a Juan sobre lo que estaba haciendo y lo vemos en el primer capítulo del evangelio de Juan.

Leemos en el versículo 19, capítulo uno, «Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Entonces, ¿qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el Profeta? Y respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres? Para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’.” Ahora lo que es significativo, y también desconcertante en esto, es que las autoridades vienen a Juan el Bautista y le preguntan directamente, «¿Eres Elías?», y él dice, «No soy». Sin embargo, leemos estos comentarios que están registrados en el evangelio según Mateo en el capítulo diecisiete, versículo 10: «Y sus discípulos entonces Le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?

Y respondió Él, dijo: Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos.”

Jesús dijo, «Elías vino, y ellos no le conocieron. Y estoy a punto de sufrir el mismo destino que él sufrió». Ahora, lo que Jesús insinúa aquí, en otro lugar lo deja bien claro cuando dice, «Y si queréis aceptarlo, él (Juan el Bautista) es Elías, el que había de venir».

Ahora tenemos a Juan diciendo, «No soy Elías», y Jesús está diciendo: él es Elías, pero lo está diciendo de forma críptica y enigmática. Es como que Jesús está diciendo, en cierto sentido, Juan es Elías. Es decir, Juan cumple con la profecía del Antiguo Testamento en cuanto a Elías.

La forma en la que esto se reconcilia, creo que se encuentra al inicio del Evangelio según San Lucas. En el momento en el que el ángel anuncia el nacimiento venidero de Juan el Bautista a Zacarías, él dice en el versículo trece: «No temas Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento. Porque él será grande delante del Señor; no beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre».

Permítanme comentar este pasaje porque más tarde, leemos que mientras María estaba embarazada ella visitó a Elizabeth, su prima, quien estaba embarazada hacía unos meses más que María, pero no había dado a luz a su bebé.Y cuando María visitó a Elizabeth se nos dice que el bebé en el vientre de Elizabeth saltó de gozo.

Esto quiere decir que aun antes de que Juan el Bautista naciera, él dio testimonio de la venida de Cristo. Se nos dice aquí que él será lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre, y él volverá a muchos hijos de Israel al Señor su Dios, y también irá delante de Él en el espíritu y poder de Elías.

Luego una cita de Malaquías, «El hará volver los corazones de los padres hacia los hijos”, y al desobediente hacia la sabiduría del justo, para preparar al pueblo para el Señor».

Aquí está cómo Lucas resuelve el problema: Esto no es simplemente la resurrección de Elías, sino Elías ‘redividus’, es el avivamiento del ministerio profético de Elías, ya que Juan el Bautista ahora viene en el poder de Elías y en el espíritu de Elías cumpliendo la profecía de Malaquías de que antes de la venida del día del Señor, Elías regresaría.

Ahora, obviamente, su misión más importante era dar testimonio de Jesús; y cuando lo vio venir al Jordán, él cantaba, el cantó el “Agnus Dei”: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Y le pide a Jesús que lo bautice, y Jesús dice, «No, vine aquí para que me bautices». Y Juan se muestra reacio, renuente a someterse a la orden del Mesías.

Él dijo, ‘No entiendo esto, eres mayor que yo, tú deberías bautizarme’. “Y Jesús le responde a Juan y le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia». En tantas palabras Jesús le dijo, ‘¡Hazlo! ¡Confía en mí!’. Y entonces Juan bautiza a Jesús. ¿Por qué? Bueno, porque era necesario que Jesús obedeciera cada detalle de cada ley que fue impuesta sobre el pueblo de Dios, y Dios había impuesto ahora un nuevo requisito.

Y aunque Jesús no tuvo pecado en sí mismo, para cumplir toda justicia se somete al bautismo de Juan. Esto es solo un esbozo corto de Juan el Bautista. Al pasar las páginas del Nuevo Testamento, verán con qué frecuencia se hacen alusiones y referencias a este hombre, su ministerio y su importancia en la historia de la redención.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

2/7 – Hombres de Renombres

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Noé y el Diluvio – El Evangelio en el Antiguo Testamento

2/7 – Hombres de Renombres

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/hombres-de-renombre/

Leslie Basham: Terroristas, mandatarios, torcidos, dictadores. En ocasiones parece ser como si el mundo estuviese arropado por el mal. 

Esta es Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Es fácil sentirse impotente, sentirse vencido.  Pero tenemos que recordar que estos son solo hombres. Ellos no tienen poder contra Dios.

Leslie Basham: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín. Nancy continúa explorando el Evangelio en el Antiguo Testamento en la serie, Noé y el diluvio.

Nancy Leigh DeMoss: Hemos estado hablando acerca de la era en la que vivió Noé, la era en la cual Dios envió un diluvio para juzgar al mundo. Como dije anteriormente, si solo escuchas los primeros días de la serie y no continúas por el resto de la serie te sentirás deprimida porque nos estamos enfocando mucho en la depravación del hombre y en la maldad extrema que había en la tierra en esos días.

Es deprimente, pero pienso que es importante que profundicemos y que entendamos cuán pecador puede llegar a ser el hombre. Porque si no entendemos la pecaminosidad del hombre, luego cuando Dios envíe Su juicio sobre la tierra vamos a pensar que Dios es injusto. Nosotras cuestionaremos a Dios y lo retaremos.

Pero si te percatas de cuán pecador es el hombre, entonces no retarás a Dios. Te darás cuenta de que los juicios de Dios son justos y verdaderos. También, si nunca ves cuán pecador puede llegar a ser el hombre, entonces tampoco podrás apreciar y disfrutar  del gozo de la salvación, que ha sido provista por Dios para nosotros a través de Jesucristo.

Y nos adentramos en Génesis capítulo 6; en la última sesión vimos el primer párrafo. Allí vimos que  en esos días se había esparcido e iba en aumento la maldad sobre la tierra. Los descendientes de Caín, el hijo de Adán, y sus descendientes se volvieron paganos y se alejaron de Dios de forma extrema.

En Génesis, en el capítulo 6 en el versículo 4, habla acerca una raza poderosa de gigantes que vinieron a la tierra en esos días y que se convirtieron en una fuerza dominante en la tierra. Ellos fueron llamados en algunas de nuestras traducciones, Nefilim o Nefilitas (NTV). En el versículo 4 dice: “los Nefilim” o los gigantes dependiendo de tu traducción, estuvieron en la tierra en aquellos días. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre. En hebreo la palabra Nefilim significa “caídos” u “ocasión de caer”. Se relaciona con caerse. Algunas traducciones se refieren a ellos como “violentos”. Es una palabra que sugiere violencia. Estos fueron gigantes y  se nos dice dos cosas de ellos. Ellos eran fuertes y eran hombres de renombre.

Eran poderosos. Eran guerreros feroces. Hoy en día ves estos juguetes con que los niños juegan y estos son hombres poderosos que conquistan cualquier cosa sobre la tierra. Estos fueron hombres reales y poderosos. Súperhombres. Ellos eran fuertes. Ellos dominaban a otras personas, ellos eran hombres de renombre. Ellos eran famosos. Ellos eran héroes. Estos hombres en la medida que ves todo este pasaje, tienes la impresión de que ellos eran arrogantes. Se oponían a Dios (eran anti–Dios).

Ellos se dieron a conocer a través de sus actos de violencia, de rebeldía y de corrupción. Probablemente eran gobernantes. Porque si eres fuerte y poderoso puedes hacer todas estas cosas, y llegarás a la cima bien rápido. Probablemente estaban controlados por demonios, dependiendo de cómo interpretes el pasaje del que hablamos en la sesión anterior, acerca de los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombre”. Al ver nuestro mundo hoy, vemos que hay personas que son gigantes. No gigantes físicamente, pero gigantes en términos de su personalidad y de su influencia. Por así decirlo, ellos son los gobernantes de esta tierra. No necesariamente son gobernantes literales, pero son hombres que ejercen un gran poder y una gran influencia en nuestro mundo.

Algunos de estos Nefilim modernos, de estos gigantes, son obvios. Son los dictadores crueles y déspotas quienes disponen de millones de seres humanos como si no tuvieran ningún valor. Los Adolfo Hitler, los Saddam Hussein, los Amins de hoy—simplemente hombres malvados que destruyen a otros seres humanos.

Pero al meditar en este texto, me doy cuenta de que hay otros Nefilim en nuestra cultura. Son los hombres poderosos, los hombres de renombre, quienes no son tan abiertamente corruptos. La cultura los ha abrazado. Son populares. Pienso en muchos de los iconos de nuestra cultura pop.

Pienso en Bill Maher, un comediante que dice que la religión es un desorden neurológico. Él dice que “la oración es una noción tan tonta como Santa Claus”. Ora a santa y él te dará  lo que tú quieres. Es tan tonto. Es tan infantil. Él continúa diciendo “Son los idiotas de hoy en día que toman la Biblia literalmente”. Él dice también, “En los últimos diez años tenemos el doble de personas que dicen que no tienen una religión. Encuentro que eso es bastante alentador.” Él es un hombre que se gana la vida profanando, y haciendo humor en contra de Dios.

Y pienso también en Bill Gates, que no es tan abierto en su oposición al cristianismo. En una entrevista que le hizo la  revista Time  le preguntaron acerca de la religión y la existencia de Dios. Él contestó: “Yo no tengo ninguna evidencia de eso. En términos de manejo del recurso de tiempo la religión no es muy eficiente. Tengo muchas  cosas que pudiera hacer en un domingo en la mañana”. Un hombre que se hizo a sí mismo, que no necesita a Dios o no se percata que sí lo necesita.

Luego tenemos otros Nefilim de los tiempos modernos, unos gigantes con mucha influencia, personas anti-Dios que se encuentran en el escenario religioso. Pienso en Gene Robinson, quien es el primer obispo abiertamente homosexual dentro de la Iglesia Episcopal. Él dijo: “Es la tradición de otras denominaciones el interpretar las Escrituras de forma literal, pero nunca  ha sido esa la tradición en la denominación anglicana.” Contestó esto cuando le preguntaron sobre el punto de vista de la Biblia acerca de la homosexualidad.

Ahora, cuando leemos acerca de los Nefilim del siglo XXI, vemos estos hombres fuertes, poderosos, de influencia, hombres y fuerzas anti-Dios. Es fácil sentirse impotente. Eso fue lo que hicieron los Nefilim en los tiempos de Noé.  Ellos eran poderosamente abrumadores, ellos eran gigantes. Miras a estos gigantes y dices, “¡Son enormes! ¿Qué podemos hacer en contra de este tipo de personas tan malvadas?”

Esta gente del Antiguo Testamento, en los días de Noé, parecían invencibles poderosas y desde el punto de vista humano, ellos eran “los hombres poderosos de la antigüedad, hombres de renombre.”  Tenemos que recordar que estos Nefilim, ya sea que hayan vivido en los días de Noé o en nuestros días, son simplemente hombres. Ellos no tenían ni tienen ningún poder sobre Dios. De modo que aunque estés viviendo en los días de los Nefilim modernos o rodeada de ellos en nuestra cultura…

Pienso en una mujer quien me habló recientemente acerca de su ex-esposo que había enloquecido y había comenzado a aterrorizarla a ella, a su familia, a la comunidad y terminó en la cárcel— un Nefilim moderno.  Uno pudiera creer que en el corto plazo los gigantes están ganando, pero Dios tiene la última palabra. Él está escribiendo el último capítulo y por la gracia de Dios, tú sobrevivirás, y verás a Dios triunfar sobre los gigantes de maldad de nuestros días.

No estoy tratando de deprimirte al señalarte cuán malvadas pueden ser las cosas y cuán depravadas han sido las culturas y cuán depravada es nuestra cultura hoy, pero creo que es importante que tengamos un vistazo de cómo la pecaminosidad del hombre ha traído tanta corrupción a esta tierra. Recientemente he estado mirando  artículos, titulares, historias, noticias, y viendo esta corrupción por todos lados y la violencia de nuestro mundo hoy. Déjame leerte artículos que he visto recientemente—los titulares de los principales artículos.

En el área de la bahía de San Francisco “el fiscal del distrito presentó cargos el miércoles contra un hombre de Richmond, acusado apuñalar hasta la muerte a su hijo adoptivo de 18 meses de edad”.

El día después de Acción de Gracias, en Worcester, Massachusetts, una noticia leía:

“Un hombre fue acusado por apuñalear a dos familiares durante la cena de Acción de Gracias, alegando que le criticaron sus modales en la mesa durante la cena”.

El centro de prevención de violencia doméstica y sexual estima que “una de cada tres niñas y uno de cada siete niños es abusado sexualmente para la edad de dieciocho años, y en la mitad de los casos los abusadores son miembros de la familia”.

Luego estas estadísticas: “un asesinato es reportado a la policía cada 21 minutos, un robo cada 48 segundos,  asalto agravado cada 28 segundos.  Se estima que cada cinco minutos una mujer es víctima de violación o de intento de violación”.

La Asociación Americana de Psiquiatría dice que “para la edad de 18 años, un joven norteamericano habrá visto 16,000 muertes simuladas y 200,000 actos de violencia”.

El embarazo en adolescentes ha incrementado en un 621% desde el 1940.

Por lo menos 30 millones de mujeres han sido vendidas para prostituirse a nivel mundial en los últimos veinte años. En Tailandia hay 800,000 niños en prostitución, 400,000 en la India, 250,000 en Brasil y entre 90,000 a 300,000 en los Estados Unidos.  Niños que practican la prostitución.

En los Estados Unidos, el ingreso generado por la pornografía es mayor que la combinación de todos los ingresos generados por las franquicias de balompié profesional, baseball y baloncesto. La pornografía infantil genera $3 billones anualmente.

Uno de cada tres niños concebido en los Estados Unidos es abortado. Más de 33 millones de abortos se han practicado tan solo en los últimos veinte años.

Wao, esto es difícil de creer, ¿no es cierto? Cuando le enseñé esa lista de estadísticas y titulares a nuestro productor, él dijo “ ¡Qué lista tan deprimente!” Y es realmente deprimente. En la medida que escuchas este tipo de titulares y de historias, pienso que estarías de acuerdo conmigo que hay dos palabras por las cuales nuestro mundo se caracteriza: corrupción y violencia.  Esas eran las mismas dos palabras que caracterizaban la época en la que Noé vivió.

Lo que fue un evento aislado, una excepción (recuerdas cuando Caín mató a Abel—que fue algo sorprendente) se propagó durante el tiempo de Noé. Se convirtió en la norma—corrupción y violencia. Estamos en Génesis capítulo 6, vamos a leer comenzando en el verso 5:

Y el Señor vio que era mucha maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal… La tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, (algunas traducciones dicen la voy a destruir) porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra (vv. 5,11-13)

Algunas de sus traducciones dicen, “he decidido el fin de todo ser”. (RV-60) “La tierra está llena de violencia por ellos.” Ves todas estas palabras, “violencia,” “corrupción,” “maldad”, “iniquidad”. Lo que se describe aquí es un reinado de terror, algo similar a los titulares que acabamos de escuchar.

Los recuentos noticiosos de nuestros tiempos no nos dicen nada comparado con  la época en la que vivió Noé. Si recuerdas bien, la ley aún no había sido entregada al hombre—la Ley de Dios, pero Dios vio lo que estaba aconteciendo y dijo, “es corrupto; es perverso”, porque los hombres tienen una ley escrita en sus corazones. Ellos sabían que estaba mal.

Había una responsabilidad ante Dios, aunque ellos no tenían la ley de Dios escrita. Desde luego, nosotras tenemos la ley de Dios escrita… ¿Cuánto más responsabilidad tenemos? En la medida en que vemos este pasaje, primero quiero que veamos el grado de pecaminosidad del hombre en ese día; lo permeado que puede llegar a estar y cuánta influencia tiene el pecado.

Veamos el versículo 5, “Era mucha la maldad de los hombres en la tierra.” Había mucho pecado, era masivo, extendido, pecado profundo generalizado.  El versículo 11 y el versículo 13 dicen que la tierra estaba llena de violencia. Esto es opresión extendida; crueldad extendida. Lo que hemos escuchado que sucedió en Irak en los años pasados, esa era la condición de toda la tierra en ese tiempo. Las personas eran torturadas, oprimidas y la crueldad estaba saliendo a flote. El versículo 12 dice que,  “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”. Se había extendido el pecado; el pecado había permeado todo.

En la medida en la que lees este pasaje,  es como si Dios fuera el fiscal. Él está estableciendo su caso contra el acusado. Déjame reiterar eso, si no entendemos la pecaminosidad del hombre, si no nos damos cuenta cuán pecador el hombre es,  y cuán pecador puede llegar a ser,  los juicios de Dios podrán lucir excesivos o injustos.

Este es el trasfondo de todo esto, y es por eso que nos estamos pasando tantos días en esta sección. Hoy en día no escuchas muchas enseñanzas y prédicas o conversaciones acerca de la pecaminosidad del hombre, y no escuchamos muchas enseñanzas tampoco acerca del Antiguo Testamento.

Pienso que es para nuestro detrimento, porque el Nuevo Testamento nunca será precioso para ti, si no has experimentando el peso del Antiguo Testamento, el peso de nuestra culpa, el peso de nuestro fracaso y de nuestra pecaminosidad ante un Dios santo.

Este es el trasfondo que nos ayuda a entender por qué fue absolutamente justo de parte de Dios acabar con toda la tierra en una inundación catastrófica. Y porque todos los juicios de Dios son justos.

Hoy en día vemos que el mundo está lleno de violencia  en una escala global o mundial y también a pequeña escala. Terrorismo, guerra, violación, violencia doméstica, crímenes violentos, divorcio, abuso de niños, división en las iglesias— ¿Es una forma de violencia, no es así?  Nada de esto es nuevo. El corazón del hombre es pecaminoso, y cuando el hombre es dejado en sus propios caminos, cuando el hombre no le cree a Dios y no entra en la gracia de Dios, su corrupción solo se empeora.

Lo que acabamos de leer en Génesis es el resultado inevitable de cualquier cultura que se rehúsa reconocer a Dios. Hemos estado hablando del linaje de Caín, de los hombres que se hacen a sí mismos, que viven a su manera y viven sin Dios. Esto es lo que pasa. Leemos un pasaje similar en el capítulo 1 de Romanos, donde se describe ese espiral descendente de nuestra cultura. Romanos capítulo 1 versículo 28 dice, “Como no tuvieron a bien reconocer a Dios, (justo como en la época de Noé),  Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran cosas que no conviene”. Ellos estaban llenos de toda injusticia,  maldad, avaricia y malicia. Colmados de envidia, homicidios, pleitos, engaños y de malignidad.

Son chismosos, detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo (siempre pensando en nuevas formas para pecar), desobedientes a los padres, sin entendimiento, indignos de confianza, sin amor, despiadados; los cuales, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican.” (Ro 1:28-32).

Esa es la descripción de la época de Noé, pero esa es también la descripción de cualquier cultura que rehúsa reconocer a Dios. Es ahí hacia donde se dirige. No se pone mejor, solo se empeora. El hombre dejado a sí mismo solo empeora las cosas. Y eso es  lo que leemos en  2da a Timoteo donde Pablo dice que:

“En los últimos días… Los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios ( vv. 1-4).

Así era en los tiempos de Noé,  y eso es lo que vemos más y más en nuestros días en la medida en que nos acercamos al fin. Veremos más y más de lo mismo. Tenemos que darnos cuenta que la corrupción humana y la violencia es seria y tiene consecuencias serias.

El Salmos 11 el versículo 5, dice, El Señor prueba al justo y al impío, 
y su alma aborrece al que ama la violencia. Proverbios capítulo 21, “La violencia de los impíos los arrastrará…”— ¿Te suena eso como el diluvio? — “Porque se niegan a obrar con justicia” ( v.7).

¿Cuál debe ser entonces nuestra respuesta?  Más adelante estaremos hablando más acerca de eso en esta serie, pero déjame tocar algunos puntos. Primero, pienso que debemos de orar para que Dios reivindique la justicia. Eso fue lo que hizo el salmista en el Salmo 7 en el versículo 9. Él dijo: “Oh Dios justo, quien pruebas las mentes y los corazones, trae a su fin la violencia del que hace maldad y dale seguridad al justo”. (Parafraseado).

Es correcto orar para que la justicia prevalezca y que la maldad sea juzgada. “Señor, trae la maldad a su fin”. ¿Qué podemos hacer, más que orar? “Señor, reivindica la justicia. Pon fin a la violencia de los malvados”.

En la medida en que oremos por esto, tenemos que revisar nuestros propios corazones. Porque es tan fácil señalar a otros—es muy fácil. No hay duda de la corrupción y de la violencia que existe en el mundo, quizás hay  mucha corrupción y violencia alrededor de ti  y en el mundo en el que vives. Quizás es tu jefe, quizás tu cónyuge, miembros tu familia. Pero he aquí lo que no vemos tan fácilmente: ¿En la medida en que Dios mira tu corazón, ve Él allí corrupción y violencia? Tal vez no en las formas manifiestas, flagrantes que encabezaría un titular en el periódico, pero,

¿Qué tal en tu forma de hablar? ¿Hay en tu hablar engaño, grosería, aspereza hacia tus hijos, crueldad hacia tu esposo, o hacia tus hijos, o quizás a espaldas de tu jefe? ¿La corrupción y la violencia están en tus conversaciones?

¿Hay violencia en tus actitudes? Quizás nunca hayas salido a matar una persona, pero, ¿acaso has odiado tanto una persona que desearías que estuviera muerta?   Tengo que decir, oh Dios, que no solo  el mundo allá fuera que necesita de Ti y de Tu gracia. Es mi corazón. He cometido asesinato en mi corazón. Mi corazón es corrupto es violento apartado de Tu gracia.

¿En tu comportamiento hay aspereza, existe corrupción? Examina tu corazón y luego ora por el regalo de un verdadero arrepentimiento. Me encanta el pasaje en Jonás capítulo 3 donde el rey de Nínive, habiendo sido advertido por Jonás de que el juicio vendría, hizo una proclamación. Él dijo: “Sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios con fuerza, y vuélvanse cada uno de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos”.

Quizás haya en tu corazón corrupción y violencia, o en tu lengua o en tus manos. ¿Qué debes hacer? Humíllate. Clama a Dios en arrepentimiento. Apártate del mal camino y de la violencia que está en tus manos. No te puedes arrepentir por el resto del mundo, pero sí puedes arrepentirte por ti misma.

Puedes decirle, “Señor, no es mi hermano, no es mi hermana, no es mi vecino, no son todos esos criminales allá afuera —  soy yo, oh Dios, parada aquí delante de Ti, en necesidad de Tu misericordia y de Tu perdón. Señor, ten misericordia de mí. Yo me entrego, yo me humillo delante de ti. Me arrepiento de mi maldad, me arrepiento de mi corrupción, de la violencia de mis propias manos y de mi propio  corazón”.

Leslie Basham: Esa es Nancy Leigh DeMoss. Si nunca le has rendido tu corazón al Señor, espero que respondas al mensaje de hoy. No retrases el hacer las cosas correctamente. Si te has rendido a Él por primera vez, nos gustaría invitarte a que visites nuestra página web en la cual encontrarás recursos que te ayudarán a crecer en la fe. Solo visita   www.AvivaNuestrosCorazones.com.

El mensaje que Nancy nos trajo hoy es parte de la serie Noé y el diluvio: El Evangelio en el Antiguo Testamento. Verás poderosos recordatorios de Jesús en la medida en que profundizamos en esta historia.  Puedes ver a Jesús en muchas de las historias del Antiguo Testamento.

Nancy Leigh DeMoss : Realmente hay mucha corrupción y mucha maldad en este mundo, pero Dios está obrando en medio de todo ello. Una de las formas como está obrando es trayendo a las mujeres de regreso a su corazón, a Su llamado y a Su diseño para ellas. Y de eso se trata el movimiento de la Mujer Verdadera: Dios llamando a las mujeres en este  mundo a volverse a las sendas antiguas y a vivir Sus propósitos en este mundo.

Muy pronto estaremos llevando a cabo la primera conferencia de Mujer Verdadera en Santo Domingo, República Dominicana. Está dirigida principalmente a maestras, a esposas de pastores, a líderes ministeriales; a mujeres que sean de influencia en sus iglesias o en sus comunidades.  Estamos pidiéndole a Dios que comience un movimiento en todas las iglesias y en todas las comunidades de América Latina, trayendo a la mujer hispana de vuelta hacia Él.

Si quieres saber más acerca de esta conferencia, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie Basham: Esperamos que puedas ser parte de este gran ejército de mujeres que ha dicho “Sí Señor” y que participes en esta conferencia.

Bueno, estamos viviendo en tiempos donde hay increíbles avances en la tecnología, pero ¿hace esto que el mundo sea mejor? Estaremos discutiendo acerca de eso en nuestro próximo programa. Por favor vuelve a sintonizar Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1Matthew Henry (1996, c1991). Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible: Complete and Unabridged in One Volume (Genesis 6:4/data/data/com.infraware.PolarisOfficeStdForTablet/files/.polaris_temp/image1.png). Peabody: Hendrickson.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Cuidando la naturaleza

Isha – Salmos

DÍA 135 – Salmo 98

Dosis: Alabanza

Cuidando la naturaleza

“¡Brame el mar y todo lo que él contiene; el mundo y todos sus habitantes! ¡Batan palmas los ríos, y canten jubilosos todos los montes!” (Salmo 98:7–8) (NVI)

Este salmo es una canción de gozo y victoria por la salvación y la redención. El salmista anima a cantar y alabar porque Dios siempre triunfa. Después del llamado a la oración, Israel adora a Dios, seguido por todas las naciones y terminando con el universo entero. Todos debemos regocijarnos, el salmista pinta una fiesta con coros melodiosos, arpas, clarines y trompetas y se invita a la creación misma para que también participe de la alabanza a Dios. ¿Es posible que la creación alabe a Dios? Hemos visto en otros salmos que ella también participa como expresión del poder y el amor de Dios por la humanidad.

Sin embargo este salmo nos recuerda también que hoy podemos tener una mirada diferente de la naturaleza. La descripción de una naturaleza viva y activa contrasta con la descripción que el apóstol Pablo hace de la misma después del pecado del hombre: “Pues toda la creación espera con anhelo el día futuro en que Dios revelará quiénes son verdaderamente sus hijos. Contra su propia voluntad, toda la creación quedó sujeta a la maldición de Dios. Sin embargo, con gran esperanza, la creación espera el día en que se unirá junto con los hijos de Dios a la gloriosa libertad de la muerte y la descomposición. Pues sabemos que, hasta el día de hoy, toda la creación gime de angustia como si tuviera dolores de parto.”

Hoy, en lugar de ver el mar bramando, lo vemos asfixiándose por el petróleo y la basura derramada en sus costas. Los ríos no baten sus palmas sino que acarrean peces muertos por intoxicación. ¿Cantan los montes jubilosos cuando sus árboles son incendiados y talados? Sin irnos a los extremos, debemos recordar que somos guardianes de este planeta, y al proteger la creación, adoramos al Creador.

Existen muchas maneras de cuidar del ambiente, pero más que hacer una lista de reglas, recordemos que nuestros hábitos espirituales pueden reflejarse en nuestros hábitos externos. Finalmente, los hábitos crean el carácter. Así que aprendamos a amar la limpieza. Cuidemos la limpieza de nuestro corazón porque de él mana la vida, y de ese mismo modo tengamos limpia nuestra casa, nuestro auto, nuestra ropa. Amemos también el orden. Si tenemos nuestras prioridades en el orden correcto, también aprenderemos a guardar cada cosa en su lugar.

Amemos la creatividad. Alabemos a Dios por lo que ha creado, aprendamos a maravillarnos con los animales, las plantas y las flores, y de ese modo, sabremos cuidarlas, valorarlas y protegerlas. Amemos la obediencia. Si aprendemos a obedecer a Dios, con facilidad podremos obedecer a nuestras autoridades cuando se nos pida separar basura o usar ciertos contenedores o evitar ciertas prácticas. Un día la creación dejará de gemir. Un día volverá a su gloria original. ¡Y nosotros también!

Oración: Señor, enséñame a alabarte con todo el corazón y a cuidar el mundo que has creado. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 151). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

El oro o la vida

Miércoles 29 Enero

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

Marcos 8:36

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

1 Timoteo 6:6-7

El oro o la vida

Transcurría el año 1859. Un barco, sobrecargado de pasajeros, navegaba en las aguas del Misisipi. Muchos de ellos eran mineros que volvían de las minas de oro del noroeste de los Estados Unidos. De repente el barco tropezó con un gran tronco medio sumergido y comenzó a hundirse. Los pasajeros se precipitaron a los botes salvavidas. Algunos se lanzaron al agua. Pero uno de ellos se hundió como una piedra hasta el fondo del río. Cuando hallaron su cuerpo, se descubrió que todos sus bolsillos estaban llenos de pepitas de oro, pepitas que los mineros habían abandonado para salvar su vida. En algunos instantes este hombre, antes de lanzarse al agua, se apoderó de todas las riquezas que pudo tomar. Esto le costó su vida.

El comportamiento de este hombre puede parecernos insensato, pero, ¿no arroja una gran luz sobre el nuestro? El objetivo de mi vida, ¿es tener el mundo a mi disposición, con sus riquezas, sus placeres, eventualmente acompañadas de algunas buenas obras para darme buena conciencia?

Toda esta adquisición, sin valor para Dios, solo puede cargarme cuando comparezca delante de él, y conducirme, no al fondo del río, sino a los tormentos eternos (2 Tesalonicenses 1:9). Dios no quiere que nuestra alma se pierda. Él pagó el precio para salvarla. Jesús, su Hijo, sufrió el castigo que merecían nuestros pecados. Entonces Dios puede quitar para siempre la culpabilidad de todo el que cree en él, lo cubre con su justicia que le da acceso al cielo. ¿Dudaremos en hacer la buena elección?

Génesis 32 – Mateo 18:15-35 – Salmo 18:7-15 – Proverbios 6:1-5

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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