El Mismo Menú

Isha – Salmos

DÍA 134 – Salmo 97

Dosis: Rectitud

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“¡Ustedes, los que aman al Señor, odien el mal! Él protege la vida de sus justos y los rescata del poder de los perversos.” (Salmo 97:10) (NTV)

El matrimonio es un misterio. Dos personas se unen para formar una nueva unidad. Mi abuelita contaba que cuando salía con mi abuelo a un restaurante, sin ponerse de acuerdo, terminaban pidiendo lo mismo. Estaban tan conectados que adquirieron los mismos gustos a través de los años.

Del mismo modo, al ir conociendo a Dios vamos imitando sus gustos. Él no se amolda a nosotros, sino que quiere que nuestros deseos se alineen con los de Él. Esto hará que amemos lo que Dios ama y odiemos lo que Él odia. En este verso en particular leemos que Él odia la maldad. ¿Y nosotras? Pensemos en algunos ejemplos. ¿Nos incomoda cuando otros toman ventaja sobre los demás? ¿Arde nuestro corazón cuando alguien miente? ¿Queremos ser como aquellos que reciben riquezas aún cuando lo hacen de manera deshonesta? ¿Cuál es nuestro deseo en la vida: complacer a otros o al Señor? Si fuéramos a un restaurante con Dios (en sentido figurado), ¿pediríamos el mismo platillo que Él?

El salmo dice: “El SEÑOR ama a los que odian el mal; él protege la vida de sus fieles, y los libra de manos de los impíos. La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Alégrense en el SEÑOR, ustedes los justos, y alaben su santo nombre.” ¡Qué hermoso saber que su luz nos alumbra para distinguir el bien del mal sobre todo en una época donde impera el relativismo moral!

Sin embargo a veces permitimos que ambos convivan con nosotras. Se cuenta de una mujer que vivía en la sierra. Siempre andaba tan ocupada que no se detenía a matar los alacranes que entraban a su casa. Varias veces le sugirieron que pusiera veneno o trampas, pero ella decía que tenía que aprender a convivir con la naturaleza. Entonces un día, un alacrán picó a su hijo y éste murió. Jamás se perdonó el haber sido tan descuidada.

Seamos precavidas. Muchas veces cuidamos a nuestros hijos de peligros físicos, pero dejamos que los escorpiones de las fuerzas espirituales aniden en nuestros hogares. Permitimos prácticas nocivas porque ahora todo se tilda de “normal.” No le advertimos lo suficiente acerca de las malas influencias y amistades Somos condescendientes en pro de la tolerancia aún con nosotras mismas. Si amamos a Dios, estaremos sintonizadas con él y pediremos el mismo menú que hará bien a nuestras vidas y a nuestras familias.

Oración: Señor, enséñame a amarte más, a discernir y odiar más lo malo. Muéstrame cómo proteger a mis hijos del peligro. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 150). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

¿Practicar solamente, o vivir?

Martes 28 Enero

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Santiago 2:1418

Para mí el vivir es Cristo.

Filipenses 1:21

¿Practicar solamente, o vivir?

«Creer en algo y no vivirlo, es deshonesto», decía Gandi.

Estábamos charlando con algunos amigos sobre el tema de la religión y la fe, el cual es debatido a menudo. Varios reconocieron «creer y no practicar». Luego uno de ellos, después de reflexionar, agregó: «Seamos honestos, si yo no practico, ¡es porque eso no me interesa!».

Una fe de fachada no es la fe. La Biblia nos muestra que la fe que no se pone en práctica está “muerta” (Santiago 2:17), no tiene vida ni valor. No podemos separar la fe de su aplicación a la vida práctica. Si acepté a Jesús como mi Salvador personal, es para vivir en relación con él.

«Practicar», ¿significa cumplir cada día unas obligaciones, obedecer unas leyes? No, para el creyente, vivir su vida con Cristo es una elección del corazón, libremente consentida. No se trata de practicar una religión, sino de vivir una relación, una comunión con una persona viva, Jesús, a quien Dios me dio como Salvador y Señor.

Ser cristiano es vivir con Dios y para Dios. “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, para que las cumplamos (Efesios 2:10).

“Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:8).

Génesis 31 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23 

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