Los Nombres de Dios

Isha – Salmos

DÍA 128 – Salmo

Dosis: Protección

Los Nombres de Dios

“Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro.” (Salmo 91:1–2) (NTV)

Aunque no sabemos quién escribió este salmo, se le considera uno de los más populares del salterio. ¿La razón? La completa confianza que el salmista deposita en Dios. Dice Calvino: “Aunque muchos hablan de la providencia de Dios y dicen creer que Dios cuida a los suyos, pocos están dispuestos a dejar su seguridad completamente a él”. Debo aceptar que muchas veces tomo precauciones innecesarias porque no confío plenamente en Dios. Pero el salmista conocía tan bien a Dios que usa cuatro nombres que nos enseñan grandes verdades.

Altísimo (‘elyon). La raíz de esta palabra se usa para describir algo que está arriba o una persona en una posición prominente. En el caso de Dios, sugiere a un Dios que está por encima, y como él está arriba nos puede cuidar todo el tiempo. ¡Qué privilegio saber que podemos comunicarnos y confiar con reverencia en el que está por encima de todo y todos! Este nombre del Señor nos trae confianza.

Todopoderoso (shadai). Este nombre apunta al poder de Dios. En la raíz de esta palabra se implica la palabra “pecho”. Es decir, el Todopoderoso es quien nos suple, nos satisface y nos nutre, tal como una madre a su bebé. Es un Dios que ayuda y nos colma de todo tipo de bendiciones. Como él todo lo puede, nada está fuera de su alcance. Lo mismo puede darnos de comer que el vestido, o incluso nos puede sacar de todo peligro. Este nombre del Señor nos trae descanso.

Jehováh (yahveh). Los judíos temían tanto pronunciar este nombre que solo usaban las letras como siglas. El verbo, sin embargo, se deriva de “ser”. Esto declara que Dios es eterno. Pensemos en la reverencia y asombro que los judíos tenían ante Dios. ¿Y cómo usamos nosotros su nombre? Saber que Dios es asombroso, único y eterno nos debe hacer callar y arrodillarnos. No usemos el nombre del Señor en vano. El significado de este nombre del Señor nos produce reverencia.

Dios (‘elohim). El nombre de Dios está en forma plural pero se usa como un adjetivo o un verbo en singular. Conlleva la idea de fuerza y preeminencia. Esta palabra indica la idea la Trinidad. ¡Qué hermoso nombre para recordarnos que Dios nos libra vez tras vez de todo peligro! Este nombre nos trae paz.

Dice Spurgeon: “Tomar una verdad general y hacerla nuestra por fe personal es la más alta sabiduría”. Recordemos que podemos confiar en Dios y ocultarnos bajo sus alas. Creamos sus palabras: «Yo la libraré, porque ella se acoge a mí; la protegeré, porque reconoce mi nombre. Ella me invocará, y yo le responderé; estaré con ella en momentos de angustia; la libraré y la llenaré de honores. La colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación.» él nos puede y quiere cuidar, y descansemos en ello.

Oración: Señor, ayúdame a comprender la profundidad del significado de tus nombres para conocerte mejor y confiar más en ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 144). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

El cristianismo, ¿una religión?

Martes 21 Enero

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Santiago 1:27

El cristianismo, ¿una religión?

«El cristianismo es una relación personal, no una religión». Esta afirmación quizá lo deje perplejo, o le parezca exagerada.

Muchas personas consideran el cristianismo como una religión, es decir, como un «conjunto de creencias concernientes a Dios y al mundo que nos rodea». Entonces, ¿por qué podemos afirmar lo contrario?

Porque a menudo una religión se traduce por un conjunto de reglas a seguir, hacer buenas obras para ser aceptados por Dios.

Ahora bien, la fe cristiana es todo lo opuesto: ella se apoya en la certeza de que Dios hizo todo lo necesario para salvar a los hombres. Ella cree que Dios mismo se acercó al hombre para hacerse conocer: él dio a “su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La enseñanza de la Biblia es, pues, opuesta a esta noción de religión, en la cual cada uno trata de asegurar su salvación mediante sus propios esfuerzos. Para ser salvo no se trata de hacer, sino de creer.

Por supuesto, esta vida espiritual se manifiesta seguidamente en la actividad del creyente. Él lee la Biblia, ora al Señor, ama a su prójimo, ayuda a las personas necesitadas… Tiene un modelo a seguir: Jesucristo. En este sentido, el creyente tiene una “religión”, que debe ser “pura y sin mácula delante de Dios”. Pero esta actividad no es el origen de una relación feliz con Dios, sino la consecuencia, el resultado.

Génesis 24:33-67 – Mateo 13:44-14:12 – Salmo 14 – Proverbios 4:7-9

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Tiempo y Eternidad

Isha – Salmos

DÍA 127 – Salmo 90

Dosis: Sabiduría

Tiempo y Eternidad

“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.” (Salmo 90:12) (NVI)

El cuarto libro del salterio comienza con este salmo atribuido a Moisés, ¿y quién mejor que el caudillo de Israel para enseñarnos sobre el tiempo? En primer lugar, nos confronta con la eternidad de Dios: “Señor, tú has sido nuestro refugio generación tras generación. Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios. ¡Qué hermosa afirmación, donde se nos asegura que Dios no se rige por el tiempo, ni funciona de la misma manera que para nosotras, porque Él que es eterno: “Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche.”328

¿Te dice algo el número 22,550? Si bien a Dios el tiempo no lo limita, nosotras dependemos del tiempo. Moisés nos recuerda que: “Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, sólo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan, y con ellos pasamos nosotros.” ¡Y nos lo dice un hombre que murió a los 120 años! Pero Moisés trata de ilustrar su punto: Dios es eterno, el hombre es pasajero.

En ocasiones suspiramos: ¡Cómo pasa el tiempo! De niñas, tal vez se nos figura demasiado lento; cuando somos adultas, solo sabemos que el bebé que ayer sosteníamos hoy se está graduando. ¡El tiempo vuela! Por esa razón, en todo este debate del tiempo, Moisés nos da el mejor consejo: acudamos a Dios en oración y que él nos enseñe a contar nuestros días para vivirlos con sabiduría. Siendo conscientes de la brevedad de la vida.

¡Setenta años no son nada! ¡Solo 22,250 días! Y Moisés no nos pide contar los años, ni los meses, ni las semanas, sino cada día. Cada día importa. El día de hoy forma parte del total de nuestra vida. Así que por eso debemos pedir a Dios que nos enseñe a no olvidar que la muerte es una realidad, y que cada día cuenta. De ese modo, debemos pedir a Dios que el día de hoy tengamos sabiduría y usemos el tiempo correctamente. No olvidemos la promesa: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.”

Aprovechemos el tiempo que Dios nos ha dado a cada una, vivamos a plenitud recordando que el tiempo es corto y que Dios lo controla. Que su eternidad sea un bálsamo para nosotras y una llamada de alerta a examinarnos si estamos ocupadas en asuntos que no son eternos, ¡el tiempo es corto! ¡Regresa hoy a Dios!

Oración: Señor, enséñame a entender la brevedad de la vida para así crecer en sabiduría. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 143). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Los hermanos de José

Lunes 20 Enero

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Los hermanos de José

Lectura propuesta: Génesis 45

El joven José fue vendido como esclavo por sus hermanos, quienes estaban celosos de él. Llevado a Egipto, y luego encarcelado por una falta que no había cometido, finalmente fue designado jefe del país por el faraón, quien reconoció en José una sabiduría y una inteligencia dadas por Dios (Génesis 41:38-39). Algunos años más tarde sus hermanos se vieron obligados a ir a buscar trigo en Egipto, y tuvieron que vérselas con el gobernador: ¡el mismo José! Fueron encuentros emocionantes, llenos de miedo y perdón… El Faraón recibió amablemente a esos hombres cuyo pasado, no obstante, era tan penoso; luego les concedió las mejores tierras del país.

¿Por qué este recibimiento tan benévolo? No era debido a sus méritos personales, sino al hecho de que eran hermanos de José, el hombre de quien el Faraón estaba enteramente satisfecho.

Este relato ilustra una realidad actual para nosotros, cristianos: el Señor Jesús “no se avergüenza” de llamarnos “hermanos” (Hebreos 2:11), somos aceptados en la presencia de Dios debido a la satisfacción que él halló en su amado Hijo. No es a causa de nuestros méritos, o de alguna buena obra; es porque Jesús murió por nuestros pecados.

Los hermanos de José tuvieron que reconocer su culpabilidad para ser perdonados y recibidos. Confesar nuestros pecados delante de Dios es todo lo que debemos hacer para ser aceptados por él. Así somos reconciliados con Dios. Entonces, las mejores bendiciones espirituales son para nosotros, como todo lo mejor que había en Egipto era para la familia de José.

Génesis 24:1-32 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

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Dos malhechores

Domingo 19 Enero

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Juan 19:17-18

Dos malhechores

¿Qué sucedió en el Gólgota? Jesús, quien fue declarado inocente por su juez, no obstante fue crucificado entre dos malhechores. Estos estaban condenados a muerte debido a sus crímenes. Mostraban sus tristes disposiciones insultando a su compañero de suplicio. Ellos representan a toda la humanidad, en la cual “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:22-23).

Sin embargo, uno de los malhechores fue tocado en su conciencia y se dirigió a Jesús. A las puertas mismas de la muerte, reconoció que su único recurso estaba en el que se hallaba crucificado a su lado. Y dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42).

¿Cómo hubiéramos reaccionado nosotros ante la petición de alguien que nos insultó momentos antes? Pero los insultos no alteraron el amor de Jesús por ese malhechor; y respondió así a su petición: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Esos dos ladrones crucificados a ambos lados de Jesús ponen claramente en evidencia la situación de los hombres respecto a Cristo. Los unos, rebeldes y blasfemadores, permanecen bajo el peso de sus pecados y tendrán que rendir cuentas el día del juicio. Los otros reconocen sus propias faltas y son sensibles al amor de Jesús, quien se dio en sacrificio en la cruz para expiar los pecados de ellos. Entonces reciben su perdón y la certeza de estar con Jesús en el paraíso.

Génesis 23 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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Promesas Santas Y Eternas

Isha – Salmos

DÍA 126 – Salmo 89

Dosis: Fidelidad

Promesas Santas Y Eternas

“Una sola vez he jurado por mi santidad, y no voy a mentirle a David: Su descendencia vivirá por siempre; su trono durará como el sol en mi presencia. Como la luna, fiel testigo en el cielo, será establecido para siempre.” (Salmo 89:35–37) (NVI)

¿Conoces la historia del pueblo de Israel registrada en el Antiguo Testamento? Leerla siempre causará en nosotras un gran asombro. El pueblo de Israel desobedecía de continuo: sus quejas y rebeldía en el desierto, su idolatría durante el tiempo de los jueces, su infidelidad en cada reinado. Por eso mismo, la promesa de este salmo nos asombra. Imagina a una esposa que vez tras vez perdone a su esposo adúltero, o borracho, o drogadicto. ¿Qué le recomendaría una psicóloga o trabajadora social? ¡Déjalo! ¡Recházalo! Y si no lo hace, la juzgamos débil.

Así trató Dios a su pueblo. Prometió que sus descendientes no dejarían el trono. A pesar de su desobediencia, Dios estableció la dinastía de David hasta el fin. Como sabemos, Dios es confiable, pues tiempo después esta promesa se cumplió en su totalidad por medio de Cristo. En él, la descendencia de David vivirá por siempre y su trono no será removido jamás.

Volvamos al ejemplo de la esposa que perdona a su esposo vez tras vez. Si nos ponemos del lado de la esposa, nos enfadamos por su fidelidad. Pero si estamos en los zapatos del esposo, no podríamos sino deshacernos en vergüenza y gratitud. Dios nos ha repetido sus promesas vez tras vez. Así como mujeres queremos que nuestro esposo nos repita que nos ama, no porque no le creamos, sino porque necesitamos oírlo, de ese modo Dios nos ha llenado de promesas que se basan en su carácter y no en nuestras acciones. Por eso el salmista podía decir: “Oh SEÑOR, por siempre cantaré la grandeza de tu amor; por todas las generaciones proclamará mi boca tu fidelidad. Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que has afirmado en el cielo tu fidelidad.

Ciertamente hay promesas condicionales: si… entonces… Pero en este salmo leemos una de esas promesas que no dependen del ser humano sino del carácter de Dios. ¿Puedes pensar en alguna más? Cuando estés abatida o confundida, recuerda las promesas de Dios y deja que el asombro te refresque.

El perdón no es debilidad sino una expresión del amor de Dios actuando en nosotras, si perdonamos movidas por misericordia y piedad, como Él nos perdonó… Es débil el esposo que, a pesar de ese amor, vuelve vez tras vez a su pecado. No seamos espiritualmente como ese esposo ingrato e insensato. Valoremos las promesas de Dios y glorifiquemos su nombre.

Oración: Señor, gracias porque cumpliste tu promesa a David y vino mi Señor Jesús a ocupar el trono para siempre. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 142). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

¿Cómo nacer de nuevo?

Sábado 18 Enero

Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:7

Arrepentíos, y creed en el evangelio.

Marcos 1:15

¿Cómo nacer de nuevo?

“Os es necesario nacer de nuevo”. Estas palabras, pronunciadas por Jesucristo, designan un paso indispensable para tener una relación con Dios. Uno nace de nuevo por la acción de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo en lo más profundo de sí mismo. Recibida con fe, la Palabra ilumina el alma, el Espíritu la vivifica y comunica la vida de Cristo. Cualquiera que sea nuestro pasado, que hayamos vivido en el anonimato, o en el libertinaje, o incluso como religiosos, todos necesitamos pasar por el nuevo nacimiento para escapar al juicio que merecemos. La luz divina entra en el alma consciente del amor de Dios, y la lleva a arrepentirse y a creer. El evangelio de Lucas cuenta la historia del hijo rebelde que dejó la casa paterna. Más tarde, consciente de su estado lamentable, se dijo a sí mismo: “¡Yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado… Ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:17-19).

La conversión está acompañada por el arrepentimiento. En el lenguaje militar, un soldado hace una «conversión» cuando, lanzado en una dirección, se detiene un instante y se va en la dirección opuesta. Desde mi nacimiento yo estaba naturalmente vuelto hacia el pecado. Una vez nacido de nuevo, de la vida de Cristo, me volví hacia Dios, lo que cambió radicalmente mi manera de vivir.

No podemos obtener este nuevo nacimiento por nuestros propios esfuerzos. En el idioma original, la palabra traducida por “de nuevo” también significa “de lo alto”. Es Dios, y solo él, quien puede cumplir este milagro. Y quiere hacerlo para todos.

Génesis 22 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Desnudando El Alma

Isha – Salmos

DÍA 125 – Salmo 88

Dosis: Fe

Desnudando El Alma

“Yo he sufrido desde mi juventud; muy cerca he estado de la muerte. Me has enviado terribles sufrimientos y ya no puedo más.” (Salmo 88:15) (NVI)

Al parecer este es uno de los salmos más pesimistas en la Biblia. La única nota positiva está en el primer verso donde el salmista llama al Señor el Dios de su salvación. Sin embargo, apreciemos el realismo de la Biblia. A diferencia de otros tratados religiosos, la Biblia no esconde la realidad del sufrimiento. Entonces ¿qué provecho encontramos al leer un salmo así?

Pensemos que algunos sufrimientos no tienen alivio aquí en la tierra. Las enfermedades terminales hacen que un paciente clame como en este salmo en los momentos de agudo dolor. No comprendemos el porqué algunos sufren de este modo, pero podemos escuchar cuando ellos elevan a Dios sus lamentos. Dios no censura al salmista por alzar la voz. Lo deja desahogarse.

Segundo, el sufrimiento nos recuerda que este mundo no es el estado final. A veces nos sentimos tan cómodas en este mundo que ya no anhelamos el cielo. Clamar: “¡Ven pronto, Señor Jesús!” no surge de labios que disfrutan la vida, sino de aquellos que buscan la redención. Pero si estamos muy alegres y cómodas en este mundo, pensemos por un momento qué está pasando dentro de nosotras. Nuestro anhelo debe ser Dios y su presencia. Quizá le conocemos tan poco, que por eso no deseamos estar con él.

Del salmista aprendemos una gran lección. A pesar de la oscuridad, siguió orando. Leamos la sinceridad de sus palabras: “Estoy aprisionado y no puedo librarme; los ojos se me nublan de tristeza. Yo, SEÑOR, te invoco cada día, y hacia ti extiendo las manos. No importa el momento, ni las circunstancias, debemos depender de Dios. Esto es un estilo de vida que marca a quién pertenecemos.

La oración a veces parecería no tener respuesta, pero cuando Hudson Taylor viajaba a China, el capitán entró a verlo a su camarote. Le dijo que no tenían viento y encallarían en un lugar peligroso. “¿Qué puedo hacer por usted?” preguntó el misionero. El capitán respondió: “Ore a Dios por viento”. “Entonces ice las velas”. El capitán arrugó el ceño. ¿Cómo izar las velas si no había viento? Cuarenta y cinco minutos después, el viento rugía. A veces, como ese capitán, oramos a Dios pidiendo algo, pero sin creer que lo recibiremos. Mientras el salmista oraba, estoy segura que Dios le pidió que izara las velas. Si hoy te lo pide, no dudes en hacerlo. Él está escuchando.

Oración: Señor, gracias porque puedo abrirte mi corazón y ser honesta en mi oración. Sé que tú me escuchas, y a su tiempo contestarás. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 141). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

¿Estamos aquí por azar?

Viernes 17 Enero

No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

Salmo 139:15-16

El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

¿Estamos aquí por azar?

http://labuenasemilla.net/20200117

Mi nacimiento no es un error o un accidente, y mi vida no es un golpe de suerte. Que mis padres me hayan deseado o no, Dios me formó. Mucho antes de ser concebido, yo ya estaba en su pensamiento. El hecho de que yo respire en este mismo momento no es una casualidad, ni una coincidencia. Dios quiso crearme. Él previó todo mi ser teniendo cuidado del más mínimo detalle y de cada una de mis características. Él permitió mi nacimiento. Conoce la duración de mi vida.

“De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26). Y Dios preparó el medio ambiente de este planeta para que nosotros pudiéramos vivir en él. Su Palabra declara: “Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre” (Isaías 45:12). Para Dios, el hombre tiene la más grande importancia en toda su creación.

Creando a cada uno de nosotros, Dios tenía un plan. El motivo por el cual nos creó es su amor. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios me ama, a pesar de mis defectos, mis faltas y mis pecados. Él los perdona mediante la obra de Jesús en la cruz, si yo los reconozco ante él. Nadie es excluido, porque Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4).

Su objetivo es hacer de nosotros sus hijos, amados por él, y felices con él.

Génesis 21 – Mateo 12:1-37 – Salmo 10:12-18 – Proverbios 3:21-26

Mi Ciudad Favorita

Isha – Salmos

DÍA 124 – Salmo 87

Dosis: Eternidad

Mi Ciudad Favorita

“El Señor ama las entradas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. De ti, ciudad de Dios, se dicen cosas gloriosas.” (Salmo 87:2–3) (NVI)

Todos tenemos una ciudad favorita. A mí me gustan los pueblos pequeños y pintorescos, mi esposo prefiere las ciudades cosmopolitas. ¿Y el Señor? Según este salmo, él ama Jerusalén de modo especial. Este salmo, entonado probablemente por los peregrinos que iban a las fiestas cada año, les recordaba cómo Dios había elegido esa ciudad para poner ahí el templo. Sin embargo, nosotras tenemos hoy el privilegio de esperar una ciudad mejor que ninguna otra, pues su arquitecto es el mismo Dios.

Esta es una ciudad segura. Sus cimientos son los montes de santidad del carácter de Dios. Sobre ese fundamento descansamos. Dios es santo, es decir, no tolera el pecado ni Él puede pecar. Pero las puertas de esta ciudad están hechas de su amor. Por la sangre de Cristo, nosotras, aunque no somos santas, podemos entrar a esta ciudad porque en Jesús, Dios nos hace santos. ¿Y qué hay dentro? Nada menos que la presencia gloriosa de Dios mismo.

Además de segura, esta ciudad es permanente. Es un reino que abarca todas las naciones y que no se limita solo para ciertas nacionalidades. Lo único que necesitamos para entrar a ella es formar parte de los conocidos del Señor. En otras palabras, conocerle por medio de la salvación que se ofrece en Cristo. Y esto nos da estabilidad. Nadie nos quitará el derecho de entrar a esta ciudad pues hemos nacido de nuevo. En otras palabras, somos hijas del Rey, con derecho a vivir en la ciudad de nuestro Padre. Solo debemos recibirle, creer en su nombre y somos hechas sus hijas.

Finalmente, esta ciudad es alegre. Se nos recibe con un canto de bienvenida. Después hay una danza producida por el arrepentimiento. ¡Pues cuánto gozo tenemos al sabernos parte de esta ciudad! Y en medio de la ciudad encontramos una fuente rebosante de gozo y bendición.

Hoy somos solamente extranjeras y peregrinas en esta tierra. Ninguna ciudad es eterna. Cualquier día de estos nos podemos mudar. Pero esta ciudad no tiene fin. ¿Estás segura que entrarás a ella? Recuerda una advertencia: “Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero”. ¿Está tu nombre allí?

Oración: Señor, gracias porque has preparado una ciudad eterna donde tu nombre será alabado por siempre. Gracias porque para estar allí solo debe creer en Jesús como mi Salvador. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 140). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.