Mi Ciudad Favorita

Isha – Salmos

DÍA 124 – Salmo 87

Dosis: Eternidad

Mi Ciudad Favorita

“El Señor ama las entradas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. De ti, ciudad de Dios, se dicen cosas gloriosas.” (Salmo 87:2–3) (NVI)

Todos tenemos una ciudad favorita. A mí me gustan los pueblos pequeños y pintorescos, mi esposo prefiere las ciudades cosmopolitas. ¿Y el Señor? Según este salmo, él ama Jerusalén de modo especial. Este salmo, entonado probablemente por los peregrinos que iban a las fiestas cada año, les recordaba cómo Dios había elegido esa ciudad para poner ahí el templo. Sin embargo, nosotras tenemos hoy el privilegio de esperar una ciudad mejor que ninguna otra, pues su arquitecto es el mismo Dios.

Esta es una ciudad segura. Sus cimientos son los montes de santidad del carácter de Dios. Sobre ese fundamento descansamos. Dios es santo, es decir, no tolera el pecado ni Él puede pecar. Pero las puertas de esta ciudad están hechas de su amor. Por la sangre de Cristo, nosotras, aunque no somos santas, podemos entrar a esta ciudad porque en Jesús, Dios nos hace santos. ¿Y qué hay dentro? Nada menos que la presencia gloriosa de Dios mismo.

Además de segura, esta ciudad es permanente. Es un reino que abarca todas las naciones y que no se limita solo para ciertas nacionalidades. Lo único que necesitamos para entrar a ella es formar parte de los conocidos del Señor. En otras palabras, conocerle por medio de la salvación que se ofrece en Cristo. Y esto nos da estabilidad. Nadie nos quitará el derecho de entrar a esta ciudad pues hemos nacido de nuevo. En otras palabras, somos hijas del Rey, con derecho a vivir en la ciudad de nuestro Padre. Solo debemos recibirle, creer en su nombre y somos hechas sus hijas.

Finalmente, esta ciudad es alegre. Se nos recibe con un canto de bienvenida. Después hay una danza producida por el arrepentimiento. ¡Pues cuánto gozo tenemos al sabernos parte de esta ciudad! Y en medio de la ciudad encontramos una fuente rebosante de gozo y bendición.

Hoy somos solamente extranjeras y peregrinas en esta tierra. Ninguna ciudad es eterna. Cualquier día de estos nos podemos mudar. Pero esta ciudad no tiene fin. ¿Estás segura que entrarás a ella? Recuerda una advertencia: “Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero”. ¿Está tu nombre allí?

Oración: Señor, gracias porque has preparado una ciudad eterna donde tu nombre será alabado por siempre. Gracias porque para estar allí solo debe creer en Jesús como mi Salvador. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 140). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

 

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