La profundidad del amor

Junio 23

La profundidad del amor

Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. (1 Pedro 4:8)

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien en su casa? Si lo hace, recuerde que Jesucristo ya pagó el castigo de cualquier cosa que esa persona hiciera. Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

¿Conoce usted a Jesús?

Domingo 23 Junio

(Jesús dijo:) Esta es la voluntad del Padre… Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6:39-40

¿Conoce usted a Jesús?

¿Quién es “Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”? (1 Timoteo 2:5-6).

– Jesús es “Dios… bendito por los siglos” (Romanos 9:5). “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas” (Colosenses 1:15-16).

– Jesús descendió del cielo a la tierra. “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).

– Jesús llevó una vida sin pecado. “No conoció pecado” (2 Corintios 5:21). “No hizo pecado” (1 Pedro 2:22). “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

– Jesús murió para quitar el pecado. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

– Jesús resucitó de los muertos. “Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:18).

– Jesús subió al cielo, “fue alzado…” (Hechos 1:9) y “fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16:19).

– Jesús está a la diestra de Dios e “intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

– Jesús volverá. “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

– Jesús será el juez supremo: “Todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Juan 5:22-23).

2 Reyes 23:1-20 – 1 Timoteo 5 – Salmo 74:1-11 – Proverbios 17:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Mida su amor

Junio 22

Mida su amor

Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó. (Efesios 2:4)

La mejor vara de medir el amor en la vida de un cristiano puede ser el perdón. Es porque Dios nos demostró su amor desde el punto de vista del perdón. La Biblia pudo habernos enseñado que de tal manera amó Dios al mundo que ha hecho flores o árboles o montañas. Pero ella enseña que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Él dio a su Hijo para perdonarnos. Eso demuestra sin dudas el amor de Dios más que las flores, los árboles o las
montañas.

Mida su amor. Pregúntese: ¿Amo? Si no ama, no es de Dios porque los hijos de Dios aman a los demás (1 Jn. 4:7-8). ¿Cómo puede saber si usted se caracteriza por el amor? Pregúntese: ¿Estoy enojado con alguien por algo que me hizo? ¿A menudo me enojo con los demás, ya sea que exprese o no mi enojo? ¿Hablo de los demás lo que no debo hablar? Esas son características de su antigua manera de vivir; características de las que debe librarse a fin de amar y perdonar a los demás.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

Dar la vida

Sábado 22 Junio

Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

1 Juan 5:11-12

Dar la vida

Los medios informaron sobre la triste muerte de un joven, como consecuencia de una agresión. Pero el periodista agregó que la donación de sus órganos había permitido mantener la vida de por lo menos otras cuatro personas. Esta generosa donación efectuada por la familia en circunstancias tan dolorosas nos conmueve.

Dicha historia nos hace pensar en otra donación. Dios aceptó entregar a su Hijo para que, por medio de su muerte en la cruz, comunicara la vida eterna a los hombres.

“Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios” (Isaías 59:2), clamó el profeta Isaías. Sí, toda la humanidad estaba enferma, y nada podía sanarla, salvo ese don supremo. Y esto tuvo como resultado maravilloso el don de la vida para todos los que creen en él y lo aceptan como su Salvador.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). Esa vida que se nos concede no es un simple prolongamiento de nuestra existencia terrenal, sino una vida eterna, una relación infinita con Dios, feliz, en paz, justicia y santidad. “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Nunca olvidemos lo que le costó al Señor Jesús acercarnos a Dios y darnos esta vida eterna.

Que tu muerte, oh santa Víctima,

Esté siempre presente ante nuestros ojos;

Tu sangre ha lavado nuestro crimen,

Solo tu sangre nos abre los cielos.

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Sea imitador de Dios

Junio 21

Sea imitador de Dios

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. (Efesios 5:1)

El imitar a Dios pudiera ser fácil de analizar, pero es difícil de hacer. No puede hacerlo con su propia fuerza. Pero Jesús nos dio en el Sermón del Monte el punto de partida para imitar a Dios. Tenemos que llorar por nuestro pecado con un espíritu quebrantado y contrito. Cuando estemos abrumados por nuestro carácter pecaminoso, tendremos hambre y sed de justicia. Así que hay una paradoja: “Debemos ser como Dios, pero tenemos que reconocer que no podemos ser como Él por nuestro propio esfuerzo”.

Una vez que estemos conscientes de la paradoja, entonces sabemos que debe de haber algún otro poder para hacer posible el imitar a Dios. El apóstol Pablo pedía a Dios que nos fortaleciera “con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Ef. 3:16). El Espíritu Santo da la fortaleza para que seamos “llenos de toda la plenitud de Dios” (v. 19). Podemos ser como Dios (desde el punto de vista de su carácter), pero no podemos lograrlo por nuestra cuenta. Esa es la obra del Espíritu.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

 

El árbol caído

Viernes 21 Junio

(Jesús dijo:) Aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis.

Mateo 10:30-31

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios.

Isaías 41:10

El árbol caído

Cerca de la casa de una pareja de creyentes ancianos se levantaba un gran árbol, plantado hacía mucho tiempo. Lamentablemente su tronco era hueco y los ancianos temían que se cayera en caso de que ocurriera una tempestad. El árbol estaba cerca de la vía, de las redes eléctricas, de algunas viviendas y alambrados. No había forma de derribarlo sin provocar destrozos. Los ancianos no sabían qué hacer.

Cierta noche se oyó un ruido estruendoso… y el árbol apareció tendido en el único lugar donde su caída no provocó ningún daño. ¡Qué alivio para estas dos personas preocupadas! Había terminado todo riesgo. La mano de Dios había dirigido todo para bien.

Dios se ocupa de todo lo que nos concierne, incluso de los pequeños detalles de nuestra vida. Él cuenta hasta los cabellos de nuestra cabeza. ¡Cuánta bondad hacia aquellos que confían en él!

Nada se le escapa: está al corriente de todo lo que hago (Salmo 139:3). Su poder es ilimitado: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2).

No dudemos en contarle todas nuestras preocupaciones. Él oye y responde con sabiduría.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La norma de Dios

Junio 20

La norma de Dios

Seréis, pues, santos, porque yo soy santo. (Levítico 11:45)

La vida cristiana pudiera resumirse en esta declaración: Ser imitadores de Dios. Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:48). El apóstol Pedro reiteró esa norma elevada cuando dijo: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

Cuanto más se conoce a Dios, tanto más se entiende quién Él quiere que seamos, de modo que lo primero que el creyente debe procurar es conocer a Dios (Fil. 3:10). Eso puede lograrse solo cuando estudiamos el carácter de Dios como se revela en las Escrituras.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

¡Ah, esta mosca!

Jueves 20 Junio

Yo soy Dios… mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes… mío es el mundo y su plenitud.

Salmo 50:7-12

Mirad a mí, y sed salvos.

Isaías 45:22

¡Ah, esta mosca!

Vicente estaba haciendo su tarea, pero una mosca lo fastidiaba continuamente sobrevolando y posándose sobre él o sobre su cuaderno. Exasperado le mostró la dirección de la ventana abierta… pero ¡una mosca no obedece a un muchacho!

En cambio, todos los animales obedecen a Dios, su Creador. La Biblia contiene muchos relatos donde ellos le obedecen, incluso en contra de las leyes de la naturaleza: Los cuervos, aves carnívoras, recibieron la orden de llevar pan y carne para alimentar mañana y tarde a un profeta hambriento (1 Reyes 17). A pesar de su instinto maternal, unas vacas dieron la espalda a sus terneros para ir en la dirección indicada por Dios (1 Samuel 6). Un profeta pasó una noche entera en una fosa con leones, pero Dios les cerró la boca (Daniel 6). Una asna habló para advertir a un profeta desobediente (Números 22).

En los evangelios también vemos que Jesús tuvo autoridad sobre los animales: Antes de su servicio público, pasó 40 días en compañía de bestias salvajes (Marcos 1:14). En pleno día llenó de peces la red de Simón, quien a pesar de ser un pescador experimentado, había trabajado en vano toda la noche (Lucas 5). También ordenó a un pez traer una moneda a Simón para pagar los impuestos (Mateo 17). Jesús se subió en un asno que nunca había sido montado, y el asno se lo permitió (Lucas 19).

Los animales obedecían a Jesús porque él es Dios, su Creador. Pero Jesús también es Salvador. Obedezcamos a su llamado de gracia y vayamos a él (Mateo 11:28).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Vivir nuestro mensaje

Junio 19

Vivir nuestro mensaje

Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios el Padre por medio de él. (Colosenses 3:17)

Los incrédulos prestarían más atención a nuestro mensaje evangélico si le diéramos algo especial a observar. Pudiéramos comenzar por no mentir y por decir siempre la verdad. ¿Qué sucedería si nunca nos enojáramos hasta pecar, sino que siempre obráramos con amor; que nunca robáramos, sino que siempre compartiéramos lo nuestro; y que nunca dijéramos vulgaridades, sino que siempre pronunciáramos palabras edificantes? ¿Puede imaginarse cómo reaccionarían los perdidos si nunca nos amargáramos, ni enojáramos, ni mostráramos resentimiento, ni fuéramos violentos, ni calumniadores, sino que siempre nos caracterizara la bondad, la compasión y el perdón? Tal vez entonces prestarían más atención.

Examine su conducta. ¿Dice usted la verdad? ¿Controla usted su enojo de tal modo que solo actúa con justicia? ¿Comparte con otros lo que tiene? ¿Habla con misericordia? ¿Es usted bondadoso, compasivo y clemente? Si usted es un nuevo hombre o una nueva mujer en Cristo, vivirá de esa manera.

Del libro La Verdad para Hoy de John MacArthur DERECHOS DE AUTOR © 2001 Utilizado con permiso de Editorial Portavoz, http://www.portavoz.com

Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros. Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org

¿Cree usted en la casualidad?

Miércoles 19 Junio

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.

Romanos 8:28

¿Cree usted en la casualidad?

Algunas personas creen que la suerte juega un gran rol en sus vidas. El cristiano, por el contrario, sabe que tanto los fenómenos naturales como las circunstancias imprevisibles de la vida son controladas y hasta dirigidas por Dios (Rut 2:3; 1 Reyes 22:34).

Un náufrago, varado en una isla desierta, logró construir una cabaña en la cual pudo refugiarse y sobrevivir. Cada día oraba a Dios observando el horizonte y esperando el paso de algún barco que pudiera verlo. Cierto día se alejó un momento de su choza y al regresar vio consternado cómo su albergue ardía en llamas. Lo poco que había logrado reunir para su supervivencia fue consumido por el fuego. ¡Qué tragedia! Sin embargo, al poco tiempo una embarcación llegó a rescatarlo. El capitán le dijo: «Vimos su señal de fuego, señor. Aquí estamos».

Este relato nos prueba que a menudo aquello que parece ser una adversidad es parte de una serie de circunstancias que concurren para el bien de los hijos de Dios. La Biblia declara: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

Como el salmista, el sobreviviente pudo decir: “Escucha, oh Señor, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes…” (Salmo 86:6-7).

Nosotros que lo conocemos como Padre, ¿no queremos volvernos a él, escuchar al que ve todo, y preguntarnos qué quiere decirnos a través de las dificultades que nos sobrevienen?

Estemos seguros de que él es el Dios vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9), que desea nuestro bien. Él nos ama. ¡Él lo ama!

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch