Tomando tu cruz | Charles Spurgeon

23 de febrero
«Tomando tu cruz».
Marcos 10:21
Tú no conoces la forma de tu propia cruz, aunque la incredulidad es un carpintero maestro en la fabricación de cruces. Tampoco se te permite elegir tu propia cruz, aunque a la voluntad propia de buena gana le gustaría ser señora y dueña. Tu cruz está preparada por el amor divino, el cual te la asigna, y tú tienes que aceptarla con gozo. Has de tomar tu cruz como distintivo escogido y como tu carga, y no estar cavilando acerca de ella. Esta noche Jesús te ordena someter tus hombros a su fácil yugo. No des coces irritado contra la cruz, ni la pisotees con vanagloria, ni caigas sobre ella en desesperación, ni huyas de ella con temor, sino tómala como verdadero seguidor de Jesús. Jesús llevó la cruz. Él trazó el camino en la senda del dolor. Sin duda no podrías desear un guía mejor. Y si Jesús lleva una cruz, ¿qué carga más noble que esa podrías desear? El Via Crucis es el camino de la seguridad; no temas andar por sus espinosos senderos.

Querido amigo, la cruz no está hecha de plumas ni forrada con terciopelo, sino que es pesada y áspera para los hombres desobedientes. Sin embargo, no es una cruz de hierro, aunque tus temores te la hayan presentado así; por el contrario, se trata de una cruz de madera, y cualquier hombre la puede llevar. El Varón de Dolores la llevó. Toma tu cruz y, por el poder del Espíritu de Dios, pronto la amarás de tal forma que, como Moisés, no cambiarías el vituperio de Cristo por los tesoros de Egipto. Recuerda que Jesús llevó la cruz, y esta te resultará liviana; recuerda asimismo que a la cruz pronto seguirá la corona, y el pensamiento del cercano peso de gloria aliviará grandemente el presente peso de la tribulación.

Que el Señor te ayude esta noche, antes de dormir, a humillar tu espíritu en sumisión a su divina voluntad; para que mañana, al despertar, puedas llevar la cruz de ese día con espíritu sumiso y santo, siendo así un seguidor del Crucificado

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 62). Editorial Peregrino.

Sembrar y cosechar

Jueves 23 Febrero

El sembrador es el que siembra la palabra.

Marcos 4:14

La semilla es la palabra de Dios.

Lucas 8:11

Yo planté… pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento… Porque nosotros somos colaboradores de Dios.

1 Corintios 3:6-9

Sembrar y cosechar

Un cristiano nos cuenta: «Durante años tuve en mi oficina un póster dibujado por un amigo. En él se veía a un agricultor sembrando, y el siguiente comentario:»No podemos esperar cosechar si no sembramos«.

Esta constatación, muy evidente para un jardinero, se impuso a mí. El Señor la empleó para animarme a colaborar anunciando el Evangelio».

Amigos cristianos, cuando Dios dice que somos sus colaboradores, nos hace un honor, pero también nos confía una responsabilidad. No solo espera que oremos pidiéndole que forme evangelistas, sino que dice a cada uno de nosotros: “Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5). Él nos da la semilla. Es su Palabra, es Jesucristo. Sembrar es hablar de él a nuestro alrededor, es compartir el secreto de nuestra paz y de nuestra felicidad. No podemos hacer más, solo Dios puede hacer que la semilla germine. Confiemos en él, quien “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4).

Entonces, en este mundo que es un vasto campo, sembremos lo más abundantemente posible. Pronto en el cielo veremos con admiración el tamaño de la cosecha.

“Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno” (Eclesiastés 11:6).

2 Samuel 16 – Hechos 7:1-29 – Salmo 25:16-22 – Proverbios 10:13-14

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El Señor es lento para la ira | Charles Spurgeon

22 de febrero
«El SEÑOR es lento para la ira y grande en poder».
Nahum 1:3 (LBLA)

«El Señor es lento para la ira».

Cuando la misericordia viene al mundo la traen alados corceles, y los ejes de las ruedas de su carro están al rojo vivo por la velocidad. Pero cuando viene la ira, esta avanza con pasos cortos, porque Dios no se deleita en la muerte del pecador. La vara de la misericordia siempre está extendida en su mano; en cambio su espada de justicia se encuentra en su vaina, sujeta por aquella amorosa mano traspasada que sangró por los pecados de los hombres. «El Señor es lento para la ira», porque es grande en poder. Es en verdad grande en poder quien tiene dominio sobre sí mismo. Cuando el poder de Dios se contiene, entonces es realmente poder.

El poder que traba de la omnipotencia es omnipotencia superada. Un hombre de gran corazón puede soportar el insulto por mucho tiempo, y solo se ofende por el agravio cuando un sentido de la justicia demanda su acción. El débil de alma se irrita enseguida; el fuerte soporta como una roca, que no se mueve aunque un millar de olas se estrellen contra ella y arrojen la espuma de su despreciable malicia sobre su cima. Dios observa a sus enemigos y, sin embargo, no se excita, sino que contiene su ira. Si fuera menos divino de lo que es, hubiera, hace tiempo, enviado la totalidad de sus truenos y vaciado los depósitos del Cielo; habría secado la tierra con extraños fuegos de sus más bajas regiones y destruido completamente al hombre, pero la grandeza de su poder nos trajo, en cambio, misericordia. Querido lector, ¿en qué estado te hallas esta tarde? ¿Puedes con fe humilde mirar a Jesús y decir: «Sustituto mío, tú eres mi roca y mi esperanza»? Entonces, querido amigo, no temas al poder de Dios, porque ahora que has sido perdonado y aceptado, ahora que por la fe te has refugiado en Cristo, el poder de Dios no debe espantarte más que el escudo y la espada del soldado espantan a aquellos a quienes él ama.

Regocíjate más bien en que Aquel que es «grande en poder» es tu Padre y tu Amigo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 61). Editorial Peregrino.

¿Con o sin intermediario?

Miércoles 22 Febrero
A ti, oh Señor, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío.
Salmo 25:1-2
Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día.
Salmo 25:5

¿Con o sin intermediario?
Soy cristiano y leo comentarios que explican la Biblia. Escucho predicaciones, oigo sermones en internet. Pero, ¿leo la Biblia? ¿Estoy preparado para escuchar lo que Dios quiere decirme directamente por medio de su Palabra?

Confío en lo que el predicador dice en las reuniones cristianas respecto a Jesús, a la salvación, sobre la iglesia… Pero ¿verifico si esto corresponde a lo que Dios escribió en la Biblia?

Digo «amén» a las oraciones de los demás, pero cuando estoy solo, ¿oro con mis propias palabras dirigiéndome a Dios sin intermediario?

Pido consejo a mis amigos creyentes para que me ayuden a tomar decisiones, pero ¿pido directamente a Dios que me muestre su voluntad?

Escucho los CD de cánticos cristianos y asisto a conciertos de alabanza, pero ¿a veces canto yo mismo a Dios?

Procuro imitar a un líder cristiano que consagró su vida a Jesús, pero ¿escudriño en los evangelios para conocer la vida del Señor? ¿Trato de imitar a Jesús, el modelo perfecto?

Cuento mis penas y sufrimientos a mis familiares y amigos, a los que pueden comprender lo que vivo. Pero, ¿le cuento al Señor lo que siento, mis dolores, mis miedos, mis dudas?

Como yo, quizás usted olvida fácilmente que podemos ir a Jesús sin intermediario. Es un privilegio tener hermanos y hermanas en la fe que puedan orar con nosotros y enseñarnos. Pero comunicarnos directamente con Dios es ir a la fuente, ¡es ir a donde el agua es más pura!

2 Samuel 15 – Hechos 6 – Salmo 25:11-15 – Proverbios 10:11-12

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La discapacidad espiritual

Martes 21 Febrero
(Jesús), tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea… le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos… y vio de lejos y claramente a todos.
Marcos 8:23-25
La discapacidad espiritual
Testimonio

«Hace algunos años no tenía ninguna referencia para dirigir mi vida; andaba como una persona ciega. Hacía lo que me gustaba. Había sido bautizado, y esto me tranquilizaba. Pero mi vida seguía siendo muy caótica, y las decepciones eran numerosas, hasta que un día una amiga me dio un Nuevo Testamento y me dijo que la naturaleza de toda persona era mala. Lo leí con curiosidad y descubrí la vida santa de Jesús, llena de un amor perfecto. ¡Qué contraste con el mal que moraba en mí! Los cuatro evangelios afirman que Jesús murió en la cruz y luego resucitó, y esto para dar una vida nueva a los que creen en él.

¡Qué gozo! Como el ciego del que habla el versículo de hoy, reconocí mi estado interior, experimenté el amor de Jesús y sus cuidados. Él puso sus manos sobre mí y me sanó de mi pecado.

Amigos, todos necesitamos un contacto personal con Cristo. Hoy ese contacto se efectúa leyendo los evangelios. Escuchemos las palabras de Jesús. Vayamos a él tal como somos.

Ese ciego (del texto del día) fue sanado, pero al principio no veía claramente. A veces nos cuesta confiar totalmente en Cristo. Las personas que nos rodean, su opinión o su importancia, nos impresionan. Andamos a tientas. Nuestro Salvador es paciente. Se acerca a nosotros cuando hacemos una lectura más atenta de la Biblia. Entonces descubrimos más concretamente su amor, su ternura, lo que es verdadero, pues él es la verdad».

Thierry
2 Samuel 14 – Hechos 5:17-42 – Salmo 25:6-10 – Proverbios 10:9-10

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Aunque el Espíritu Santo te haya santificado por completo, el gran perro del Infierno te seguirá ladrando. | Charles Spurgeon

20 de febrero
«Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo».
Mateo 4:1

Un carácter santo no impide la tentación: Jesús, aunque era santo, fue tentado. Cuando Satanás nos tienta, sus chispas caen sobre la yesca; pero, en el caso de Cristo, la tentación resultó ser como las chispas sobre las aguas. Sin embargo, el enemigo continuó con su mala obra. Ahora bien, si a pesar de no tener resultados el diablo sigue echando fuego, ¡cuánto más lo hará cuando sepa lo inflamable que es la materia de que está hecho nuestro corazón! Aunque el Espíritu Santo te haya santificado por completo, el gran perro del Infierno te seguirá ladrando.

Hay tentaciones en las guaridas de los hombres, pero también las hay en la soledad personal. Jesucristo fue conducido de la sociedad humana al desierto y allí fue tentado por el diablo. La soledad tiene sus encantos y beneficios, y puede ser útil para frenar los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida; pero el diablo nos seguirá aun al más plácido retiro. No supongas que solo el mundano tiene pensamientos espantosos y blasfemas tentaciones, pues también las personas espirituales sufren lo mismo y, en la posición más santa, podemos experimentar la más terrible tentación. La consagración de espíritu más elevada no es una garantía contra la tentación satánica. Cristo estaba consagrado enteramente: su comida y bebida eran hacer la voluntad del que lo envió; y, sin embargo, fue tentado. Tu corazón puede arder con una seráfica llama de amor por Jesús, pero, a pesar de ello, el diablo procurará llevarte a la tibieza de Laodicea. Si puedes decirme cuándo permite Dios que el cristiano deponga sus armas, yo te diré cuándo deja Satanás de tentar.

Debemos dormir como los caballeros en tiempo de guerra: con el yelmo y la coraza puestos; ya que el archiengañador aprovechará cualquier descuido para hacernos presa suya. El Señor nos guarde vigilantes en todo tiempo y nos liberte por completo de las fauces del león y de las garras del oso.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 59). Editorial Peregrino.

¡Demasiado tarde!

Lunes 20 Febrero
¿Qué debo hacer para ser salvo?
Hechos 16:30
Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
Efesios 2:8
¡Demasiado tarde!

Hace mucho tiempo, un predicador anunció el Evangelio en una carpa varias tardes seguidas. Al final, cuando desmontaban la carpa y sacaban las últimas estacas, alguien se acercó y preguntó qué tenía que hacer para ser liberado de su culpa. Y recibió esta respuesta:

–Lo siento, es demasiado tarde.

–¡Oh, no! ¿Quiere decir que es demasiado tarde porque la reunión ya terminó?

–No, quiero decir que es demasiado tarde porque Jesús ya hizo todo.

Luego el predicador le explicó cómo Jesucristo había obtenido una salvación perfecta para él.

Antes de que Cristo viniera a la tierra, los hombres tuvieron muchos siglos para «obtener su salvación» por sí mismo. Dios les dio Su ley por medio de Moisés, luego envió profetas para recordarles sus deberes.

Pero nadie pudo cumplir los mandamientos divinos. Dios lo sabía con antelación, pero quiso que este hecho fuese demostrado. Y en el momento decidido por él, envió a su Hijo Jesucristo a la tierra, para cumplir de manera perfecta y definitiva la obra necesaria para nuestra salvación.

No tenemos que hacer algo para ser salvos, sino solo creer que Jesús se ocupó de todo. Demasiado fácil, dirá usted. ¡No, no es tan fácil abandonar sus pretensiones, comprender su incapacidad y aceptar simplemente el perdón gratuito!

Sin embargo, es el único camino. “En ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12).

2 Samuel 13 – Hechos 5:1-16 – Salmo 25:1-5 – Proverbios 10:7-8

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Éste halló primero a su hermano Simón | Charles Spurgeon

19 de febrero
«Éste halló primero a su hermano Simón».
Juan 1:41
He aquí un excelente ejemplo de todos los casos en que la vida espiritual es vigorosa. Tan pronto como un hombre encuentra a Cristo, enseguida comienza a hallar a otras personas. No creo que hayas probado la miel del evangelio si puedes comerla sin hacer que otros participen de ella. La verdadera gracia pone fin a todo monopolio espiritual. Andrés halló primero a su hermano Simón, y después a otros. El parentesco exige que les dediquemos a los nuestros los primeros esfuerzos individuales: Andrés, bien hiciste en empezar con Simón. Seguro que hay cristianos que reparten tratados en las casas de otras personas que harían bien en repartirlos en la suya; dudo que falten quienes están ocupados en obras de utilidad general y que olvidan su gran esfera de utilidad en el hogar. Tal vez estés o no llamado a evangelizar a la gente de una localidad particular; pero, sin duda, lo estarás a hacerlo con tus sirvientes, con tus parientes y con tus conocidos. ¡Haz que tu religión empiece en casa! Muchos mercaderes exportan sus mejores productos, pero el cristiano no debe hacerlo. Sin duda el cristiano tiene que conducirse irreprochablemente en todo lugar, pero los frutos más sabrosos de la vida espiritual y el testimonio debe producirlos en su propia familia. Cuando Andrés salió para hallar a su hermano, no se imaginaba cuán famoso Pedro llegaría a ser. Por lo que se desprende del relato bíblico, Simón Pedro valía diez veces más que Andrés; sin embargo, este fue el medio para llevarlo a Jesús. Quizá seas pobre en talentos, pero puedes ser el instrumento para conducir a Cristo a alguno que se convertirá en alguien ilustre en gracia y en obras. ¡Ah!, querido amigo, poco conoces las posibilidades que hay en ti. Quizá solo seas capaz de decir algunas palabras a un niño; pero posiblemente haya en ese niño un corazón noble que alentará a la Iglesia cristiana en los días venideros. Andrés tenía solo dos talentos, pero halló a Pedro: «Ve y haz tú lo mismo».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 58). Editorial Peregrino.

Jesús – su abnegación

Domingo 19 Febrero
Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo.
Hechos 10:38
Por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba.
Juan 8:2
Jesús – su abnegación (7)

En la tierra no hubo otra persona más abnegada que Jesús. Lleno de compasión, compartía incansablemente los sufrimientos de las personas que encontraba en su camino. Nunca pensaba en sí mismo, en su propia comodidad o cansancio. La gente podía ir a él a cualquier hora del día o de la noche; él no despreciaba a nadie:

– Recibió a un jefe religioso que, por miedo, fue a él de noche. Respondió a sus preguntas y le enseñó cosas maravillosas (Juan 3).

– En pleno mediodía se sentó al borde de un pozo, pues tenía un mensaje de salvación para una mujer con un corazón sediento (Juan 4).

– Al final de un día agotador le llevaron enfermos y personas poseídas por demonios. Incansablemente echó fuera a los malos espíritus, sanó a los enfermos y recibió a los necesitados (Mateo 8).

– Sus discípulos regresaron de una misión y tenían muchas cosas que contarle. Él les propuso ir a un lugar tranquilo para descansar, pero la multitud descubrió a donde iban y llegó antes que ellos. En vez de rechazarla, Jesús, “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36); las recibió y las alimentó.

Los sufrimientos y las necesidades de aquellos con quienes se encontraba nunca dejaban a Jesús indiferente. Siempre abnegado, tenía una respuesta para cada persona. Solo él cumplió el mandamiento de la ley: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18).

(continuará el próximo domingo)
2 Samuel 12 – Hechos 4 – Salmo 24:7-10 – Proverbios 10:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Padre, he pecado | Charles Spurgeon

18 de febrero
«Padre, he pecado».
Lucas 15:18
Es muy cierto que aquellos a quienes Cristo ha lavado en su preciosa sangre no necesitan, como criminales delincuentes, hacer confesión de pecado ante Dios el Juez. Cristo ha quitado, en el sentido legal, todos sus pecados para siempre; de suerte que ellos no están más en el lugar donde podrían ser condenados, sino que son eternamente aceptos en el Amado. Sin embargo, habiendo llegado a ser hijos, y ofendiendo como hijos, ¿no deben ir todos los días ante su Padre celestial para confesarle sus pecados y reconocer sus iniquidades? La naturaleza enseña que es deber de los hijos extraviados hacer confesión a su padre terrenal; y la gracia de Dios en el corazón nos enseña que nosotros, como cristianos, tenemos el mismo deber para con nuestro Padre que está en los cielos.

Puesto que diariamente ofendemos, no debemos irnos a descansar sin un perdón diario; ya que, suponiendo que mis transgresiones contra mi Padre no fuesen enseguida llevadas a él para que las lave con el poder purificador del Señor Jesús, ¿cuál sería la consecuencia? Si no he buscado el perdón y no he sido lavado de las ofensas contra mi Padre, entonces me sentiré distanciado de él, dudaré de su amor para conmigo, temblaré ante él, temeré orar, seré igual que el hijo pródigo, quien, aunque muchacho, estaba sin embargo lejos de su padre. Pero si, con el pesar de un hijo por haber ofendido a tan misericordioso y amante Padre, voy a él y le digo todo, y no descanso hasta que sienta su perdón, entonces experimentaré un santo amor hacia mi Padre y no seguiré mi carrera cristiana solo como salvo, sino como uno que goza de paz con Dios por medio de Jesucristo el Señor.

Hay una gran diferencia entre confesar el pecado como delincuente y confesarlo como hijo.

El seno del Padre es el lugar para las confesiones del penitente: a nosotros se nos ha limpiado una vez por todas, pero nuestros pies aún necesitan ser lavados de la contaminación de nuestro andar diario como hijos de Dios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 57). Editorial Peregrino.