La Iglesia del Señor es invencible

Jueves 26 Enero
Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el Señor y contra su ungido.
Salmo 2:2

La Iglesia del Señor es invencible
Mensajes de cristianos perseguidos

«Los grandes de este mundo se oponen a la Iglesia, es decir, al conjunto de todos los verdaderos cristianos… Pero esta no puede ser destruida. Cuando Jesús nació en Belén, el rey Herodes quiso matarlo. Luego los jefes religiosos también trataron de matarlo… Parecía que lo habían logrado, cuando Jesús fue crucificado. ¡Pero Cristo resucitó!

En la época de los apóstoles, la iglesia de Jerusalén sufrió una persecución terrible. Los creyentes tuvieron que huir a donde podían. El enemigo pensó que había aniquilado a la Iglesia, pero sucedió todo lo contrario. Los que habían sido dispersados recorrieron el país anunciando la buena nueva (Hechos 8:4). Fue así como el Evangelio llegó a las naciones de todo el imperio romano.

En realidad, los hombres siempre conspiran contra Dios; quieren deshacerse de la Iglesia. Persiguen a los creyentes, queman sus Biblias, detienen a los predicadores, cierran los lugares de culto. ¡Pero todo es en vano!

Jesús dijo: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). El que mora en los cielos sabe transformar la oposición en oportunidad para predicar el Evangelio. Confiemos plenamente en el Señor, “estando persuadidos de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Y esto, a pesar de todas las circunstancias adversas».

S. Chen (China)
Una vez al mes publicaremos mensajes de los años 1990, escritos por creyentes perseguidos y a menudo encarcelados debido a su fe.
1 Samuel 20:24-42 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley – Romanos 3:31

Cuando el creyente es adoptado en la familia de Dios, su relación con el viejo Adán y con la ley cesan inmediatamente; pero entonces está bajo una nueva autoridad y un nuevo pacto. Creyente, tú eres un hijo de Dios: tu primer deber es obedecer a tu Padre celestial.

No tienes nada que ver con un espíritu servil, no eres un esclavo sino hijo, y ahora, puesto que eres un hijo amado, estás obligado a obedecer el más insignificante deseo de tu Padre, la más leve insinuación de su voluntad. ¿Te manda cumplir un sagrado mandato? Es peligroso que lo desatiendas, pues desobedecerías a tu Padre. ¿Te ordena que procures parecerte a Jesús? ¿No te gozas en hacer esto? ¿Te dice Jesús: «Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto»? Entonces debes esforzarte en ser perfecto en santidad, no porque la ley lo ordene, sino porque te lo manda tu Salvador. ¿Manda él a sus santos que se amen unos a otros? Hazlo, no porque la ley diga: «Ama a tu prójimo»; sino porque Jesús dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos».

Y este es el mandamiento que nos ha dado: «Que os améis los unos a los otros». ¿Se te dice que repartas a los pobres? Cumple con eso, no porque la caridad sea una carga que no te atreves a esquivar, sino porque Jesús enseña: «Al que te pida, dale». ¿Dice la Biblia: «Ama a Dios con todo tu corazón»? Considera el mandamiento y replica: «¡Ah mandamiento!, Cristo ya te ha cumplido; por tanto, yo no tengo necesidad de cumplirte para mi salvación, pero me gozo en obedecerte porque Dios ahora es mi Padre y tiene un derecho sobre mí que yo no quiero discutir».

Que el Espíritu Santo haga que tu corazón obedezca al irresistible poder del amor de Cristo, para que tu petición pueda ser: «Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi voluntad» (Sal. 119:35). La gracia es la madre y el ama de la santidad, no la defensora del pecado.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 33). Editorial Peregrino.

Como un árbol en el bosque

Miércoles 25 Enero

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!… Porque allí envía el Señor bendición, y vida eterna.

Salmo 133:13

Como un árbol en el bosque

Un bosque siempre es más próspero que un árbol aislado, pues conserva mejor la humedad, el suelo es más rico y las raíces encuentran más nutrientes para que los árboles crezcan.

Esta imagen del bosque nos anima a buscar la compañía de otros cristianos para alabar y orar al Señor, para comprender sus pensamientos y crecer juntos en la fe… aunque la fe de cada uno crece a su ritmo.

En el bosque, los árboles grandes en buen estado sanitario son más fuertes para soportar las ráfagas de viento, y protegen a los más pequeños. Así, en una asamblea (iglesia) cristiana, los hermanos y hermanas más maduros protegen a los más jóvenes y les ayudan a afrontar las dificultades de la vida, con el Señor.

La diversidad de las especies constituye la riqueza y la belleza de un bosque, pues cada árbol es diferente.

El punto en común es que todos tienen raíces. Del mismo modo, en una iglesia cristiana cada uno contribuye a la armonía del conjunto, estando bien “arraigados” en el amor de Jesús, teniendo una vida personal con el Señor. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él” (Colosenses 2:6-7).

Dios desea que sus hijos vivan juntos, con Jesús como centro de nuestra vida, y que se cuiden unos a otros. Una iglesia en la que los cristianos se aman, se perdonan y se ayudan mutuamente, es un mensaje sin palabras que todos pueden oír. Es como “una ciudad asentada sobre un monte”, que “no se puede esconder” (Mateo 5:14).

1 Samuel 20:1-23 – Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

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Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres – Lucas 10:40

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres – Lucas 10:40

Su falta no consistió en que ella sirviera: la condición de siervo le sienta bien a todo cristiano. «Yo sirvo» debiera ser el lema de todos los príncipes de la familia real del Cielo. Su falta tampoco consistió en que ella desempeñase muchos quehaceres.

Nunca podemos hacer demasiado. Hagamos todo lo que nos sea posible: que la mente, el corazón y las manos estén ocupados en el servicio del Maestro. Tampoco consistió su falta en que estuviera ocupada en la preparación de una fiesta para el Maestro. ¡Dichosa Marta, que tuvo la oportunidad de agasajar a tan bendito huésped; y dichosa, también, porque tuvo el valor de poner toda su alma, tan sinceramente, en tal ocupación! Su falta consistió en que ella «se preocupaba con muchos quehaceres», de suerte que se olvidaba de él, y solo recordaba el servicio.

Ella permitió que el servicio anulase la comunión y así presentó un deber manchado con el descuido de otro. Debemos ser Marta y María a la vez. Tenemos que servir mucho y, al mismo tiempo, tener mucha comunión. Para esto necesitamos mucha gracia. Es más fácil servir que estar en comunión. Josué nunca se cansó en la lucha con los amalecitas; pero Moisés, orando en la cumbre de la montaña, necesitó dos ayudadores para que le sostuviesen las manos en alto.

Cuanto más espiritual sea el trabajo más pronto nos cansaremos. Las frutas más delicadas son las más difíciles de cultivar. La mayor parte de las virtudes espirituales son sumamente difíciles de desarrollar. Querido amigo, al tiempo que no olvidamos las cosas externas —que son muy buenas en sí mismas—, debemos también procurar disfrutar de una comunión con Jesús viva y personal. No te olvides de sentarte a los pies del Salvador, aun bajo el especioso pretexto de estarle sirviendo.

La primera cosa para la salud de nuestra alma, la primera cosa para su gloria y la primera cosa para nuestra utilidad, es conservarnos en perpetua comunión con el Señor Jesús y cuidar de mantener la vital espiritualidad de nuestra religión por encima de cualquier otra cosa en el mundo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 32). Editorial Peregrino.

¿Quién controla mi vida?

Martes 24 Enero

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Salmo 32:8

¿Quién controla mi vida?

Una publicidad para un videojuego indicaba: «¡Ya hay catorce millones de jugadores! Este juego podría tomar el control de tu vida…». Efectivamente, algunos juegos se vuelven adictivos muy rápido. Es como una alternativa a la vida real, que a menudo es difícil. La mente se evade a otro universo, que creemos poder controlar. Podemos ser adictos al juego, a la droga, al alcohol y a muchas otras cosas. Una persona es adicta cuando se deja dominar por algo hasta el punto que ya no controla el tiempo que pasa en dicha actividad.

¿Qué es lo que nos guía? ¿Qué orienta nuestra vida? ¿Qué hacemos con nuestra existencia? Es preciso hacernos estas preguntas para no perder nuestra vida. ¿Ella es útil? ¿Tiene un sentido? ¿Cuál es el objetivo que persigo?

Un profeta de la Biblia decía: “Conozco, oh Señor, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). Dios quiere que tome conciencia de mi incapacidad para conducirme solo. Sin Dios ando errante por la tierra, sin rumbo, sin objetivo, sin esperanza. Pero él quiere ayudarme, por ello debo dejarle el control de mi vida. ¡Él quiere lo mejor para mí! Él me dice: “He puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos… para que vivas y seas multiplicado, y el Señor tu Dios te bendiga” (Deuteronomio 30:15-16).

“La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12).

1 Samuel 19 – Mateo 15:21-39 – Salmo 16:7-11 – Proverbios 4:20-27

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La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros.

Lunes 23 Enero

La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros.

2 Tesalonicenses 3:18

Una botella en el mar

Como cada tarde, Peadar se había ido a dar un paseo por la playa irlandesa. De repente vio una botella en la arena, dejada por las olas. Al principio no vio nada raro, pero observándola de cerca notó que contenía una carta. Entonces se descubrió que fue echada al mar por los miembros de una expedición cerca del Polo Norte, hacía tres años, con el objetivo de hacer un estudio sobre las corrientes marinas. ¡La botella había llegado hasta Irlanda! El caminante recibió una buena recompensa.

Quizás usted lee por primera vez el versículo de hoy, en el que el apóstol Pablo pide la gracia de Cristo para los creyentes de Tesalónica. Pasaron casi 2000 años desde que esta carta fue enviada. Es un documento fundamental, ya que forma parte de la Biblia, la Palabra de Dios dirigida a todos los hombres. Es un milagro que esta epístola, así como los demás libros de la Biblia, haya sobrevivido a través de los innumerables peligros en la historia. Durante la persecución a los cristianos, a menudo las Biblias fueron confiscadas y quemadas. Sin embargo, Dios veló y velará siempre para que sus testimonios escritos sean preservados. Su valor es permanente y universal, y su enseñanza moral aún nos guía hoy.

Quizás usted ha pasado distraídamente al lado de esa botella en la arena, es decir, la Biblia que está en su estantería. Lea su mensaje, pues es vital para usted.

Dios dice: “Bienaventurado el que lee” (Apocalipsis 1:3).

Jesús dijo a las multitudes: “Escudriñad las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

1 Samuel 18 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

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Nos acordaremos de tus amores más que del vino – Cantares 1:4

23 de enero
Nos acordaremos de tus amores más que del vino
Cantares 1:4

Jesús no permitirá que su pueblo se olvide de su amor. Si llegara a olvidarse de todo el amor que ha disfrutado, él lo visitaría con nuevo amor. «¿Olvidas mi cruz? —dice—; yo te la haré recordar. Pues en mi mesa me manifestaré a ti otra vez. ¿Olvidas lo que hice por ti en el consejo secreto de la eternidad? Yo te lo recordaré, porque tú necesitarás un consejero y me hallarás pronto cuando me llames».

Las madres no dejan que sus hijos las olviden. Si el hijo se ha ido a Australia y no escribe a casa, su madre le pregunta en una carta: «¿Se ha olvidado Juan de su madre?». Entonces le llega una amable misiva que demuestra que aquella suave advertencia no resultó en vano. Así pasa con Jesús. Él nos dice: «Recuérdame». Y nuestra respuesta es: «Nos acordaremos de tus amores». Nosotros recordaremos tu amor y su incomparable historia: tu amor es tan antiguo como la gloria que tuviste con el Padre antes que el mundo fuese. Recordamos, oh Jesús, tu eterno amor cuando te convertiste en nuestro Fiador y nos desposaste contigo. Recordamos el amor que inspiró tu sacrificio de ti mismo: amor que, hasta el cumplimiento del tiempo, pensó en ese sacrificio y ansió la hora acerca de la cual, en el rollo del libro, está escrito de ti: «He aquí, vengo». Recordamos tu amor, oh Jesús, como se manifestó a nosotros en tu vida santa, desde el pesebre de Belén hasta el huerto de Getsemaní.

Nosotros seguimos tus pisadas de la cuna al sepulcro, porque todas tus palabras y todas tus obras fueron de amor, y nos regocijamos en tu amor que la muerte no agotó; tu amor, que brilló con esplendor en tu resurrección.

Recordamos aquel ardiente fuego de amor que nunca te hará guardar silencio hasta que tus escogidos estén todos recogidos con seguridad, hasta que Sion sea glorificada y Jerusalén se establezca sobre sus eternos fundamentos de luz y de amor en el Cielo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 31). Editorial Peregrino.

¿Acaso teme Job a Dios de balde? – Job 1:9

«¿Acaso teme Job a Dios de balde?».
Job 1:9
Esta fue la perversa pregunta de Satanás tocante a aquel hombre recto de la antigüedad, pero hay muchos actualmente acerca de quienes se puede con justicia formular esta pregunta, pues aman a Dios por costumbre, porque él los prospera; pero si las cosas les fueran mal, abandonarían toda la fe en Dios de que hacen alarde.

Si pueden ver claramente que, desde el momento de su supuesta conversión, el mundo los ha prosperado, entonces seguirán amando a Dios en una pobre forma carnal; pero si tienen que hacer frente a la adversidad, entonces se rebelarán contra el Señor. El amor de los tales es el amor por la comida, no por quien les da alojamiento: un amor a la despensa, no al dueño de la casa. El verdadero cristiano espera recibir su galardón en la vida venidera y, en este mundo, espera sufrir aflicciones. La promesa del antiguo pacto era la prosperidad, pero la promesa del nuevo pacto es la adversidad. Recuerda las palabras de Cristo: «Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto [¿qué pasa con él?] lo poda para que dé más fruto» (Jn. 15:2, LBLA).

Si das fruto, tendrás que sufrir aflicción. «¡Ay! —dirás tú—, qué terrible perspectiva». No obstante, esta aflicción produce tan valiosos resultados que el cristiano que se ve sometido a ella tiene que aprender a regocijarse en las tribulaciones, porque en la medida que abundan sus tribulaciones así abundan también sus consuelos en Cristo Jesús. Si eres un hijo de Dios puedes estar seguro de que no dejarás de conocer la vara de la aflicción. Tarde o temprano todo lingote de oro tiene que pasar por el fuego. No temas, sino regocíjate, de que te sean reservados tiempos tan fructíferos, pues en ellos serás separado del afecto a la tierra y hecho idóneo para el Cielo; serás librado de la adhesión a lo presente y se te harán anhelar las cosas eternas que pronto te han de ser reveladas.

Cuando sientas que, en cuanto al presente, no sirves a Dios por interés, entonces te regocijarás en la infinita recompensa del futuro.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 30). Editorial Peregrino.

Jesús – su humildad (3)

Domingo 22 Enero

Jesús… siendo en forma de Dios… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:6-8

Jesús – su humildad (3)

Adán, el primer hombre, quiso elevarse y volverse como Dios. Jesús, el Hijo de Dios, se humilló a sí mismo para hacerse hombre.

Vivió como hombre en la tierra que él mismo había creado. Sabía todo, podía todo y tenía el control sobre todo. Entonces, ¿trató de impresionarnos con su grandeza? ¡Jamás! Él no vino para ser servido, sino para servir (Marcos 10:45). Escogió como discípulos a personas en su mayoría poco instruidas y se hizo su siervo, hasta el punto de lavarles los pies (Juan 13:1-15). Se acercó a los pobres, los débiles y los desdichados para consolarlos, y nunca trató de hacer que lo admirasen por sus milagros (Juan 7:3-4). Cuando quisieron hacerlo rey, se fue a otro lugar (Juan 6:15). Lo trataron de bebedor y de loco, pero no se defendió (Lucas 7:34Juan 10:20). A la gente cansada de la vida, le decía: “Venid a mí… soy… humilde de corazón” (Mateo 11:28-29). ¡Era el hombre más accesible de todos!

Después de vivir en humildad, Jesús, al final de su ministerio, “se humilló a sí mismo” hasta la muerte, por obediencia a Dios. Lo escupieron, lo trataron indignamente, y por último lo condenaron y lo crucificaron entre dos malhechores. Para el santo Hijo de Dios, la crucifixión fue la humillación extrema.

Pero Dios halló su complacencia en el humilde Jesús, y lo demostró: “Le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

“Dios… le resucitó de los muertos y le ha dado gloria” (1 Pedro 1:21).

(continuará el próximo domingo)

1 Samuel 17:31-58 – Mateo 14:13-36 – Salmo 15 – Proverbios 4:10-13

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Después sintió una gran sed, y clamando al SEÑOR, dijo: Tú has dado esta gran liberación por mano de tu siervo, y ahora, ¿moriré yo de sed y caeré en manos de los incircuncisos? – Jueces 15:18

Sansón estaba sediento y a punto de morir. La dificultad era diferente de todas las que el héroe había afrontado antes. Procurar meramente mitigar la sed no es nada en comparación con la enorme empresa de librarse de mil filisteos; pero, cuando la sed lo acometió, Sansón sintió que aquella leve dificultad era más gravosa que las grandes dificultades anteriores, de las cuales había sido tan singularmente librado.

Cuando el pueblo de Dios ha logrado una gran victoria, es muy común que encuentre después muy penosa cualquier insignificante aflicción. Sansón mató a mil filisteos y los apiló en montones, y después desfallecía por un poco de agua. Jacob luchó con Dios en Peniel y venció a la Omnipotencia misma, y después «cojeaba de su cadera». Es extraño que deba haber una contracción del tendón cuando ganamos la batalla, como si el Señor tuviera que enseñarnos nuestra pequeñez y nuestra nulidad para guardarnos dentro de los límites. Sansón se jactaba muy ruidosamente cuando dijo: «He matado a mil hombres». Su jactanciosa garganta pronto se enronqueció por la sed, y entonces recurrió a la oración. Dios tiene muchos medios para humillar a su pueblo.

Querido hijo de Dios, si después de gozar de gran bendición te sientes muy abatido, no creas que tu caso sea inusitado. Cuando David subió al trono de Israel, dijo: «Y yo el día de hoy soy débil, aunque ungido rey». Debes esperar sentirte muy débil cuando estés disfrutando de tus mayores triunfos. Si el Señor ha obrado por medio de ti grandes portentos en el pasado, tu presente dificultad no será otra cosa que la sed de Sansón, y Dios no te dejará desmayar ni permitirá que la hija del incircunciso triunfe sobre ti. El camino del dolor es el camino del Cielo, pero hay fuentes de refrescantes aguas a lo largo del camino.

Así, tú creyente que has sido probado, alienta tu corazón con las palabras de Sansón, y descansa en la seguridad de que Dios te librará en breve.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 29). Editorial Peregrino.