¿Acaso teme Job a Dios de balde? – Job 1:9

«¿Acaso teme Job a Dios de balde?».
Job 1:9
Esta fue la perversa pregunta de Satanás tocante a aquel hombre recto de la antigüedad, pero hay muchos actualmente acerca de quienes se puede con justicia formular esta pregunta, pues aman a Dios por costumbre, porque él los prospera; pero si las cosas les fueran mal, abandonarían toda la fe en Dios de que hacen alarde.

Si pueden ver claramente que, desde el momento de su supuesta conversión, el mundo los ha prosperado, entonces seguirán amando a Dios en una pobre forma carnal; pero si tienen que hacer frente a la adversidad, entonces se rebelarán contra el Señor. El amor de los tales es el amor por la comida, no por quien les da alojamiento: un amor a la despensa, no al dueño de la casa. El verdadero cristiano espera recibir su galardón en la vida venidera y, en este mundo, espera sufrir aflicciones. La promesa del antiguo pacto era la prosperidad, pero la promesa del nuevo pacto es la adversidad. Recuerda las palabras de Cristo: «Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto [¿qué pasa con él?] lo poda para que dé más fruto» (Jn. 15:2, LBLA).

Si das fruto, tendrás que sufrir aflicción. «¡Ay! —dirás tú—, qué terrible perspectiva». No obstante, esta aflicción produce tan valiosos resultados que el cristiano que se ve sometido a ella tiene que aprender a regocijarse en las tribulaciones, porque en la medida que abundan sus tribulaciones así abundan también sus consuelos en Cristo Jesús. Si eres un hijo de Dios puedes estar seguro de que no dejarás de conocer la vara de la aflicción. Tarde o temprano todo lingote de oro tiene que pasar por el fuego. No temas, sino regocíjate, de que te sean reservados tiempos tan fructíferos, pues en ellos serás separado del afecto a la tierra y hecho idóneo para el Cielo; serás librado de la adhesión a lo presente y se te harán anhelar las cosas eternas que pronto te han de ser reveladas.

Cuando sientas que, en cuanto al presente, no sirves a Dios por interés, entonces te regocijarás en la infinita recompensa del futuro.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 30). Editorial Peregrino.


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