¿QUÉ DICE REALMENTE LA BIBLIA ACERCA DE “ATAR A SATANÁS”?

¿QUÉ DICE REALMENTE LA BIBLIA ACERCA DE “ATAR A SATANÁS”?
POR NATHAN DÍAZ

Uno de los principales debates que existen en escatología tiene que ver con la naturaleza de la atadura de Satanás en Apocalipsis 20:2. Pero, ¿cómo define el resto del Nuevo Testamento la idea de atar a Satanás?

SATANÁS FUE DERROTADO POR CRISTO EN SU PRIMERA VENIDA
La idea de que Satanás está atado en el presente queda bien desarrollada desde los Evangelios. Ellos afirman que esta atadura es la derrota real y tangible de Satanás a manos de Cristo en Su muerte y resurrección. La atadura de Satanás es el cumplimiento de Génesis 3:15, en donde se presenta la promesa de que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.

Estoy convencido, no por Apocalipsis 20:2, sino por el resto del Nuevo Testamento, de que Satanás está atado hoy. Sé que algunos podrán cuestionar esta afirmación. ¿No dice 1 Pedro 5:8 que Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar? ¿No es él considerado el dios de este mundo (2Co 4:4)?

En primer lugar, consideremos los siguientes versículos que explican lo que Jesús logró en Su primera venida respecto a Satanás:

Si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, el reino de Dios ha llegado a ustedes. ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa (Mt 12:28-29).

Los setenta regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombre”. Y Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño. Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielos” (Lc 10:17-20).

Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Pero Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a Mí mismo (Jn 12:31-32).

Y habiendo despojado a [habiéndose desecho de] los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él [de Jesús] (Col 2:15).

El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo (1Jn 3:8).

Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades [es decir, los poderes de la muerte] no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos (Mt 16:18-19).

Acercándose Jesús, les dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden [he aquí]! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:18-20).

En resumen: Jesús mismo dijo que Satanás estaba siendo derrotado en la inauguración de Su ministerio (Lc 10:17-18; Jn 12:31-32) y usó el lenguaje de “atar” como la descripción de lo que vino a hacer con Satanás (Mr 3:27). Asumir que Satanás no está atado en un sentido muy real al ser derrotado por Cristo en Su primera venida es minimizar tanto el valor como el impacto que la muerte de Jesús tuvo en el historial de la batalla contra el enemigo (Col 2:15).

La escatología estudia y resume los eventos proféticos de la Biblia. Pero la escatología práctica tiene que ver con una teología de las últimas cosas que va más allá de solo examinar eventos futuros. Este libro analiza los temas escatológicos que la Biblia presenta y explica cómo estos temas afectan no solo nuestra teología, sino también nuestra conducta como cristianos hoy.

Todas estas victorias reales sobre Satanás fueron obtenidas por Cristo en Su primera venida. Cualquiera que sea tu interpretación de Apocalipsis 20:1-3 —Vi entonces a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. El ángel prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo— tienes que reconocer que hay un sentido real en el cual Satanás está atado, ha sido ya derrotado y no puede detener el plan de Dios de avanzar Su reino por medio de la predicación del evangelio, que es la misión de la iglesia. Pero, considerando la naturaleza cíclica de Apocalipsis, ahora veamos lo que el capítulo 12 dice sobre la serpiente “Satanás”:

Entonces apareció otra señal en el cielo: Un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas había siete diademas [o coronas]. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz. Y ella dio a luz un Hijo varón, que ha de regir [o pastorear] a todas las naciones con vara de hierro. Su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta Su trono. La mujer huyó al desierto, donde tenía un lugar preparado por Dios, para ser sustentada allí por 1260 días. Entonces hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Y el dragón y sus ángeles lucharon, pero no pudieron vencer, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía:

Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Su Cristo [del Mesías], porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte. Por lo cual regocíjense, cielos y los que moran en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a ustedes con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo. Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al Hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo. La serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que ella fuera arrastrada por la corriente. Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca. Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús (Ap 12:3-17).

Aquí claramente hay una batalla en el cielo (Ap 12:7) conectada con la ascensión de Cristo (Ap 12:5). Esta batalla es para expulsar a Satanás del cielo (Ap 12:9) y esta expulsión está relacionada con el engaño de Satanás a las naciones (Ap 12:9). Es difícil ignorar este pasaje como un paralelo del capítulo 20. Usa el mismo lenguaje, pero tiene un énfasis diferente. En el capítulo 12, la destrucción del engaño de las naciones tiene que ver con que “… ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Su Cristo [del Mesías], porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte” (Ap 12:10-11).

En Apocalipsis 12, Satanás no puede acusar a los redimidos delante de Dios. En Apocalipsis 20, Satanás no puede engañar a las naciones para atacar a los redimidos de Dios. Estas dos restricciones se complementan para mostrarnos todo lo que Cristo ha logrado en Su primera venida (Mt 28:18-20). El juicio sobre Satanás se desarrolla en tres etapas.

ASÍ QUE ¿TIENE SATANÁS PODER HOY?
“Atado” es la idea de restricción, no de erradicación completa. Satanás solo ha sido atado “para no engañar más a las naciones” (Ap 20:3), lo cual significa que ya no puede hacer pensar al mundo que la salvación es de los judíos solamente, que no puede hacer guerra a una escala mundial contra la iglesia hasta el final en que sea soltado (Ap 11:7; 13:7; 16:12-16; 19:17-21; 20:7-9) y, respecto a los escogidos, que no puede acusarlos más delante del trono de Dios (Ap 12:10-11). Esta es una victoria real sobre Satanás que no debemos minimizar. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia de Dios porque es protegida por Dios (Mt 16:18-19; 28:18-19; Ef 1:15-23; Ap 7:3; 11:5). El enemigo puede atacar y lastimar, pero ningún ataque será triunfante a largo plazo sobre los escogidos de Dios. Eso debe ser un consuelo real y constante para nosotros hoy.


Este artículo ¿Qué dice realmente la Biblia acerca de “atar a Satanás”? fue adaptado de una porción del libro Escatología práctica, publicado por Poiema Publicaciones.


Páginas 54 a la 60

Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino – Salmo 119:37

Hay diversas clases de vanidad: el bonete y los cascabeles del payaso, la alegría del mundo, el baile, la lira y la copa del libertino. Los hombres saben que todas estas cosas son vanidades. Ellas ostentan en sus frontispicios sus propios nombres y sus títulos. Mucho más traicioneras son estas otras, igualmente vanas: las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas. El hombre puede ir en pos de la vanidad tanto en la oficina como en el teatro. Si emplea su vida en acumular riquezas, entonces la está pasando en una vana función. A menos que sigamos a Cristo y hagamos de nuestro Dios el gran objeto de nuestra vida, solo en apariencia nos distinguiremos de los más frívolos.

Esto nos muestra que tenemos mucha necesidad de la primera oración de nuestro texto: «Aparta mis ojos, que no vean la vanidad». «Avívame en tu camino». El Salmista se confiesa torpe, tedioso, inactivo, enteramente muerto. Quizá, querido lector, tú te sientas igual. Somos tan flojos que, aparte del Señor, ni aun los mejores incentivos nos pueden avivar. ¡Qué! ¿No me avivará el Infierno? ¿Puedo pensar en los pecadores que perecen, sin ser, no obstante, avivado? ¿No me avivará el Cielo? ¿Puedo pensar en el galardón que aguarda a los justos y permanecer indiferente? ¿No me avivará la muerte? ¿Puedo pensar en la muerte, y estar ante mi Dios y, sin embargo, ser indolente en el servicio de mi Maestro? ¿No me constreñirá el amor de Cristo? ¿Puedo yo pensar en sus amadas heridas y sentarme al pie de su cruz sin enardecerme con fervor y celo? ¡Parece que sí! Una mera reflexión no puede avivar nuestro celo; Dios mismo tiene que hacerlo, de ahí el clamor: «Avívame».

El Salmista exhala toda su alma en vehemente intercesión; su cuerpo y su alma se unen en la oración. «Aparta mis ojos», dice el cuerpo; «avívame», clama el alma. Es esta una oración apropiada para todos los días. ¡Oh Señor oye, en mi favor, esta plegaria en esta noche!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 28). Editorial Peregrino.

¡Oh, Dios! ¡Perdóname! (1)

Viernes 20 Enero

¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?

Juan 9:27

¡Oh, Dios! ¡Perdóname! (1)

Hace muchos años conocí a Ralph Newman en Inglaterra. Disfrutábamos mucho de nuestro tiempo libre. Pasábamos noches en las discotecas con muchos amigos. Vivíamos exclusivamente para nuestro placer, sin preocuparnos por Dios, por su amor, ni por lo que le agrada. Una noche hablamos del joven predicador de la congregación.

–Es un buen tipo, dijo Rendall, el mecánico del garaje.

–¿Cómo? ¿Un buen tipo?, exclamó Ralph. ¿Te vas a volver religioso?

–¡Cuidado, Newman! ¡También podría persuadirte!, respondió Rendall.

–¿Cómo?, vociferó Ralph… ¡Yo, Ralph Newman en la iglesia! ¡Ni pensarlo! E hizo todo tipo de comentarios desagradables sobre el predicador, enojándose cada vez más. Pero el mecánico dijo tranquilamente:

–Es fácil insultar a alguien a sus espaldas. Si realmente eres un tipo honesto, ve a la iglesia y, después de la reunión, dile lo que piensas de él.

Ralph dudó. ¿Se arriesgaría a atacar públicamente a un hombre que era respetado en todo el pueblo?

–Ralph, ¡no eres tan valiente como pretendes!, bromeó su amigo. Pero Ralph no quería admitirlo, y exclamó:

–Si nos vamos todos a la iglesia el domingo, le diré en la cara a ese joven payaso que él no hace más que decir palabras piadosas, pero que él mismo no cree lo que predica…

¡Al final todos aceptaron ir!

(mañana continuará)

1 Samuel 16 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch