Una Asamblea Desmantelada

Una Asamblea Desmantelada

by Jacob Trotter 

¿Acaso la iglesia tal y como la conocemos ha pasado su fecha de vencimiento? ¿Necesitamos rediseñar nuestras congregaciones para adaptarlas a las sensibilidades modernas y a los avances tecnológicos?

Este es precisamente el argumento presentado en una reciente serie de artículos de The Christian Post en los que se promueven las congregaciones virtuales e iglesias diseñadas para el metaverso.

Como vimos la última vez, la Palabra de Dios es suficiente y autoritativa para la conducta de la iglesia, por lo que no somos libres de reorganizar la iglesia a nuestro antojo. Al contrario, debemos procurar que cada aspecto de nuestra práctica cristiana esté en conformidad con las Escrituras.

Por el contrario, The Christian Post parece asumir que la práctica familiar y bíblica de la asamblea de la iglesia se formó por motivos puramente pragmáticos. Uno de los supuestos expertos del artículo escribe: “Las plataformas digitales trastornan las iglesias. Esto no ocurrió durante la pandemia. Ocurrió cuando apareció la Web 2.0. Así que, si observa la historia de la iglesia, ve que nuestro modelo, el que prevalece ahora mismo, se inventó hace 1.700 años”. Según él, este modelo de iglesia se diseñó para adaptarse a una época y cultura diferentes.

En realidad, la práctica de que los creyentes se reúnan regularmente el primer día de la semana no se “inventó hace 1.700 años” con fines pragmáticos. Fue establecida hace 2.000 años por Cristo mismo. La naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras lo demuestran claramente.

Una Asamblea Convocada

Cuando el estado de California prohibió que las iglesias se reunieran en cualquier capacidad, los ancianos de Grace Community Church respondieron diciendo: “La iglesia por definición es una asamblea. Ese es el significado literal de la palabra griega para ‘iglesia’—ekklēsia—la asamblea de los llamados. Una asamblea que no se reúne es una contradicción en términos”.

Además, John MacArthur comenta sobre las palabras de Cristo: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18) diciendo:

“La palabra ekklēsia (iglesia) significa literalmente ‘los llamados’, y se usaba como un término general y no técnico para cualquier grupo oficialmente congregado de personas. Se usaba a menudo para reuniones cívicas como cabildos municipales, donde se hacían importantes anuncios y se debatían asuntos comunitarios. Ese es el sentido en que Esteban utilizó ekklēsia en Hechos 7:38 para referirse a ‘la congregación’ de Israel llamada por Moisés en el desierto (cp. Ex. 19:17). Lucas la utilizó para una turba desenfrenada (‘asamblea’) incitada por los plateros efesios en contra de Pablo (Hch. 19:3241).

Mateo 16:16 contiene el primer uso de ekklēsia en el Nuevo Testamento, y Jesús no ofrece aquí ninguna explicación calificada. Por consiguiente, los apóstoles no la habrían entendido en ninguna otra manera que su sentido común y general. Las epístolas utilizan el término en una manera más distinta y especializada, y dan instrucciones para su adecuado funcionamiento y para su liderazgo. Pero en Cesárea de Filipo el uso que Jesús da a ekklēsia solo pudo haber llevado la idea de ‘asamblea’, ‘comunidad’ o ‘congregación’”[1].

Aunque Jesús habla de la iglesia de modo universal en Mateo 16:18, el término ekklēsia también se utiliza a lo largo de las Escrituras para referirse a iglesias locales específicas. Mark Dever señala: “El libro de los Hechos normalmente se refiere a reuniones locales especificas cuando usa la palabra ekklēsia, como las asambleas en Jerusalén, Antioquía, Debe, Listra, y Éfeso”[2].

Como señaló John MacArthur, el Nuevo Testamento utiliza esta palabra en su sentido más natural. No se puede tergiversar para que signifique algo distinto a una asamblea real. Por lo tanto, la iglesia es por naturaleza, una asamblea.

La Práctica de Congregarse

Debido a que la iglesia es una asamblea por naturaleza, vemos asambleas organizadas en la práctica de los apóstoles. John MacArthur escribe:

“Aprendemos de las Escrituras, por ejemplo, que el primer día de la semana era el día en que la iglesia apostólica se reunía para celebrar la Cena del Señor: ‘El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba’ (Hechos 20:7). Pablo instruyó a los corintios para que hicieran sus ofrendas sistemáticamente en el primer día de la semana, implicando claramente que ése era el día en que se reunían para adorar (1 Corintios 16:2). La historia revela que la iglesia primitiva se refería al primer día de la semana como el Día del Señor, una expresión que se encuentra en Apocalipsis 1:10[3].

En el Nuevo Testamento, la Iglesia comenzó a llamar al domingo “el Día del Señor”, porque ese es el día en que Jesús resucitó de entre los muertos. Cuando Juan escribió el Apocalipsis, alrededor del año 95 d.C., ese término ya era tan familiar que el apóstol pudo utilizarlo sin más explicaciones (Apocalipsis 1:10)[4].

Como explica Dever:

“El cuarto mandamiento estableció un ritmo semanal en el pueblo de Dios, y cualquiera que fuera la relación entre el sabbat del Antiguo Testamento y el día del Señor en el Nuevo Testamento, la naturaleza de la obediencia cristiana siempre demandaba que los creyentes se reunieran habitualmente. No es sorprendente que las iglesias del Nuevo Testamento se reunieran por lo menos semanalmente (si no más) y hasta comenzaran a referirse al ‘día del Señor’”[5].

Él añade que la reunión semanal era necesaria para las prácticas de la predicación, la mesa del Señor y la disciplina eclesiástica. Entonces, aunque no se ordena explícitamente en estos pasajes, está claro que la iglesia apostólica se reunía constantemente en el Día del Señor para la adoración corporativa y la comunión.

El Mandamiento a Congregarse

Además del hecho de que ekklēsia significa literalmente “asamblea” y que la iglesia apostólica se reunía en el Día del Señor, el Nuevo Testamento también ordena explícitamente a los creyentes que se reúnan. Hebreos 10:24-25 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

El autor de Hebreos escribió a una audiencia judía tentada a volver a las prácticas del Antiguo Pacto, ya fuera parcial o totalmente. Como explica John MacArthur:

“Los lectores judíos no la estaban pasando bien en su rompimiento con el antiguo pacto, el templo y los sacrificios. Todavía se aferraban al legalismo, a los rituales y a las ceremonias, las cosas externas del judaísmo. De modo que el escritor les dice que una de las mejores formas de mantenerse firmes en las cosas divinas –las cosas divinas que solo se encuentran en el nuevo pacto de Jesucristo– es estar en la comunidad del pueblo de Dios, donde puedan amar y ser amados, servir y ser servidos. No hay mejor lugar… para esperar continuamente en Él que la Iglesia, su cuerpo”[6].

Hebreos 10:24 contrasta “estimularnos al amor y a las buenas obras” con “no dejando de congregarnos” en el versículo siguiente. La implicación evidente es que reunirse como iglesia produce estímulo mutuo para la semejanza a Cristo en los miembros.

F. F. Bruce escribe: “Sin embargo, esto nunca sucederá si se mantienen distantes los unos de los otros. Por lo tanto, cada oportunidad de reunirse y disfrutar de su comunión en la fe y la esperanza debe ser bienvenida y utilizada para el estímulo mutuo. Nuestro autor exhorta a sus lectores a seguir reuniéndose con mayor fervor, porque sabe de algunos que se estaban alejando de la comunión cristiana”[7].

Lamentablemente, quienes proponen la “iglesia” de la realidad virtual están sugiriendo que abandonemos el reunirnos en persona, aunque no se den cuenta de ello. El resultado es que los creyentes pierden la oportunidad de “estimularse los unos a los otros al amor y a las buenas obras”. Así que rechazar el mandato de Dios de reunirse no sólo es una evidente desobediencia, sino que también paraliza espiritualmente a la iglesia.

¿La Iglesia del Futuro?

Desde la era del Nuevo Testamento, los cristianos entendieron que debían reunirse regularmente debido a la naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras. Pero los discípulos de la revolución digital de hoy quieren derrocar esta práctica bíblica que ha sido probada a través del tiempo por un modelo nuevo, creado por el hombre.

Otro supuesto experto en este artículo afirma: “La Iglesia del futuro es una red. Y estará basada digitalmente. No va a estar situada geográficamente”. Este nuevo método no sólo pasa por alto el imperativo bíblico de reunirse e ignora el modelo bíblico de reunión, sino que propone cambiar la naturaleza misma de la iglesia—al abogar por una asamblea que no se reúne.

En otras palabras, esta “Iglesia del futuro” no es una iglesia en absoluto.

Les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían – Lucas 24:27

Los discípulos que iban a Emaús tuvieron un viaje provechoso. El compañero y Maestro de ellos era el mejor de los preceptores, el mejor intérprete entre mil, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. El Señor Jesús se dignó convertirse en predicador del evangelio y no se avergonzó de ejercer su vocación ante un auditorio de dos personas, ni tampoco rehúsa ahora ser el Maestro hasta de uno solo. Busquemos la compañía de tan excelente Instructor, pues hasta que él no nos sea hecho sabiduría, nunca seremos sabios para la salvación.

Este Maestro sin rival utilizó como libro de texto el mejor de los libros. Aunque capacitado para revelarnos nuevas verdades, prefirió exponer la verdad antigua. Él conocía por su omnisciencia cuál era la norma de enseñanza más instructiva y, al referirse enseguida a Moisés y a los profetas, nos mostró que el camino más seguro hacia la sabiduría no es la conjetura, el razonamiento o la lectura de libros humanos, sino la meditación de la Palabra de Dios. El modo más efectivo de ser rico en conocimiento celestial es cavar en esta mina de diamantes y recoger perlas en este mar celestial.

Cuando Jesús procuraba enriquecer a otros, recurría a la cantera de las Sagradas Escrituras. A estas dos personas favorecidas se las llevó a considerar el mejor de los temas, pues Jesús habló de sí mismo y expuso las cosas concernientes a su persona. Aquí el diamante talla el diamante, ¿y qué podría ser más admirable? El dueño de la casa abre sus propias puertas, conduce a los huéspedes a su mesa y coloca en ella sus sabrosas comidas. El que ha ocultado el tesoro en el campo, él mismo guía a los que lo buscan. Nuestro Señor disertaría, naturalmente, acerca de los temas más agradables, y no hallaría ninguno más bello que su propia persona y su obra.

Teniendo en mente esto, debiéramos escudriñar siempre la Palabra de Dios.

¡Dios nos conceda la gracia de estudiar la Biblia teniendo a Jesús como Maestro y lección!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 26). Editorial Peregrino.

En la cárcel

Miércoles 18 Enero

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15

En la cárcel

Testimonio

«Debido a un tipo de demencia, y como había cometido varios actos muy violentos, fui llevado a un hospital psiquiátrico, y luego a la cárcel. Allí conocí a Randy, un prisionero cristiano, quien a menudo oraba y leía la Biblia. Siempre me burlaba de su fe, pero a pesar de ello nos hicimos amigos. Día tras día sus preguntas y las respuestas que daba a las mías empezaron a desestabilizarme. Antes creía que la resurrección de Jesús era una historia inventada para la gente ingenua… Pero poco a poco me dije que si alguien estaba dispuesto a morir por una causa, ¡esta debía ser realmente seria! Si los apóstoles estaban dispuestos a morir por Jesús, era porque verdaderamente lo habían visto vivo, resucitado.

Mis convicciones se desmoronaron una tras otra. De pensar que yo era un hombre mejor que los otros, pasé a creer que era el peor de todos. ¿Quién podía amarme y darme una nueva vida? Tal vez Jesús, de quien Randy me hablaba con frecuencia. Entonces me puse de rodillas y oré: “Dios, no sé si voy a creer en ti mañana, pero creo en ti ahora. Si quieres hacer un trabajo en mí, hazlo por favor”. Cuando me levanté de mi oración, por primera vez desde hacía años, no quería hacerle daño a nadie.

Yo, que era un hombre violento y blasfemo, obtuve misericordia; la gracia de nuestro Señor sobreabundó, para que sirva de ejemplo a los que creerán en él para vida eterna (1 Timoteo 1:16)».

David

1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50 – Salmo 11 – Proverbios 3:27-31

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