«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?…»(Sal. 27:).

SALMO 27
«El SEÑOR es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?…»
(Sal. 27:).
Esperar es una virtud que muchas veces no es cultivada en el tiempo que vivimos. Vivimos en el tiempo de la comida rápida, de acceder a información en segundos, y de poder ir a otros continentes en pocas horas. En este momento que estamos enfrentado, la humani- dad ha sido llamada a esperar. Providencialmente el mundo se ha detenido y todos nuestros planes, metas y sueños se han detenido instantáneamente. En estos momentos somos llamados a poner en práctica nuestras creencias, a verdaderamente tener una absoluta confianza en Dios y aprender a esperar en Él, porque sabemos que Él es bueno.

Hay diferentes opiniones de cuándo escribió este salmo David. Lo que es claro en el mismo es que David muestra la respuesta piadosa de una persona que conf ía en Dios en momentos de dificultad. Este salmo nos debe ayudar tanto a prepararnos para el tiempo difícil, como para sostenernos en el tiempo difícil, ya que comparte ver- dades sobre quién es Dios y que su cercanía es nuestro sostén en tiempos devastadores.
David comienza alabando a Dios por su obra redentora:
El SEÑOR es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?
El SEÑOR es el baluarte de mi vida: ¿quién podrá amedrentarme? (v. 1).
En estos momentos es importante que recordemos que Dios nos ha salvado. Nos ha salvado del pecado, de sus consecuencias y he- mos sido librados de la mayor demostración de Su ira. Básicamente sí, Dios nos ha salvado, y no tememos porque al que debemos de temer está de nuestra parte. Esta verdad debe ser suficiente para nosotros, calmar nuestras almas para dar paz y traer consuelo; Aquel que debemos temer es Aquel que nos salva.
Y eso lleva al creyente a desear la cercanía de Dios. Ya no tenemos que temer al que debemos temer, pero algo más increíble es que podemos acercarnos a Él. No es que solamente me libre de Él, sino

que con un corazón lleno de fe podemos pedirle Su cercanía:
Una sola cosa le pido al Señor,
y es lo único que persigo:
habitar en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo.
Porque en el día de la aflicción
él me resguardará en su morada;
al amparo de su tabernáculo me protegerá,
y me pondrá en alto, sobre una roca (vv. 4-5).
El comienzo del versículo 4 siempre me sorprende, David pudo pedir muchas cosas y pidió una sola: estar en la casa del Señor. Él sabe que el lugar de protección es estando en la cercanía de Dios. En medio de este tiempo de espera, los animo a cultivar intimidad con Dios, sin olvidar que el templo del Señor se manifiesta en su expresión máxima en la tierra cuando todos juntos nos reunimos presencialmente como Iglesia.
En este tiempo de angustia clamamos y pedimos a Dios que nos permita prontamente estar como Iglesia juntos, porque donde está Su pueblo ahí Dios habita.
Al final, el salmista termina reconociendo que sin la cercanía de Dios no hubiera podido continuar:

Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el SEÑOR! (vv. 13-14).
Por eso esperamos, en este tiempo donde estamos aislados, donde parece que el enemigo se está adelantando, esperamos en el momento que estemos junto al pueblo de Dios con Aquel que nos salvó. Solo esperamos por medio de Jesús, porque sin Cristo en lugar de salvación y esperanza, tendríamos juicio y desanimo.

Dios en la tierra

Viernes 16 Septiembre

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Juan 1:18

Dios… nos ha hablado por el Hijo… por quien asimismo hizo el universo.

Hebreos 1:2

Dios en la tierra

A veces oímos decir: “Muéstreme a Dios y creeré en él”. ¿Acaso nuestros pensamientos pueden limitarse a lo que vemos? Dios es espíritu; el ojo humano no puede verlo y su razón no puede comprenderlo. “Mayor es Dios que el hombre” (Job 33:12).

Pero Dios se dio a conocer. Él se reveló en sus obras, en la naturaleza que creó. Yo no necesito ver al relojero para estar seguro de que alguien fabricó mi reloj. Lo mismo sucede con todas las maravillas de la naturaleza, con el cuerpo humano: ellos son la manifestación de su Creador.

Pero Dios hizo más todavía: vino a la tierra en la persona de Jesús. La existencia de Jesucristo es tan cierta como la de Alejandro el Grande o la de Napoleón. Dios se dio a conocer por medio de su Hijo Jesús. Algunos solo quieren ver mitos en los evangelios, pero la autenticidad de los milagros y de los hechos narrados en los evangelios no puede ser puesta en duda: los hechos son relatados por cuatro testigos diferentes. Los evangelios hablan de las obras de poder y de amor que Jesús cumplió por su palabra… Nos presentan su vida pura y santa. Nos exponen sus enseñanzas, las cuales están caracterizadas por el amor, la paz, el perdón, y al mismo tiempo por la verdad y la justicia. Nos muestran que él juzgaba el mal, pero que recibía a todos los desdichados y perdonaba los pecados de los que creían y confiaban en él. Jesucristo fue la revelación del Dios justo y santo. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19).

Jeremías 48:28-47 – 2 Corintios 5 – Salmo 106:1-5 – Proverbios 23:15-16

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Palabras del evangelio: Venid (3)

Jueves 15 Septiembre
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.
Isaías 55:3
Venid, que ya todo está preparado.
Lucas 14:17
Palabras del evangelio: Venid (3)
En el evangelio de Mateo encontramos cuatro veces esta palabra en boca de Jesús: “Venid”. La primera invitación: “Venid en pos de mí”, es decir, “sígueme”, fue dirigida a dos hermanos, Simón Pedro y Andrés (Mateo 4:19). ¡Qué poder en este llamado de Jesús! ¡Ellos dejaron todo y le siguieron!

Y a mí, Señor, ¿qué me impide ir a ti? ¡Concédeme la felicidad de vivir por la fe contigo!

La segunda invitación de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados” (Mateo 11:28) ¡es tan hermosa! Se dirige a todos los que están cargados con los problemas, las inquietudes, la culpa, las tristezas, cansados de empezar cada vez de nuevo… Jesús agrega: “Y yo os haré descansar”. Un descanso experimentado por una fe simple y total en su amor y su poder.

La tercera invitación se halla en la parábola del rey que convidó a sus amigos a la boda de su hijo (Mateo 22:4). Aquí es Dios quien nos invita a entrar en el gozo de su reino, creyendo en el Señor Jesús. Él ha preparado todo; nosotros solo tenemos que aceptar.

Por último, la cuarta invitación: “Venid”, se refiere a un tiempo futuro, cuando Jesús vuelva en su reino (Mateo 25:34). Será el tiempo cuando él dirá a los que hayan creído en él: “Venid”. Pero a los que hayan rechazado su invitación, la cual aún hoy dirige a cada uno de nosotros, les dirá: “Apartaos de mí”.

“El que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

(continuará el próximo domingo)
Jeremías 48:1-27 – 2 Corintios 4 – Salmo 105:37-45 – Proverbios 23:13-14

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Resistir

Martes 13 Septiembre

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.

1 Pedro 5:8-9

Resistir

Dentro de la famosa Torre de Constanza en Aigues-Mortes (Francia), una palabra grabada en una piedra hace aproximadamente tres siglos desafía el tiempo: “Resistir”. Esta inscripción es atribuida a Marie Durand (1711-1776), prisionera en esa torre durante 38 años debido a su fe. Ella la talló pacientemente, tal vez con una aguja. Sin duda esta palabra fue un incentivo para las que permanecerían prisioneras después de ella en esa torre, pero también lo es para todos los cristianos.

Este estímulo a resistir es para todos los creyentes que, en numerosos países, se enfrentan a la maldad de las autoridades, al acoso diario y a las persecuciones más severas. Ellos pueden contar con esta promesa de Jesús: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

Pero esta consigna también es para nosotros que, por la gracia de Dios, no tenemos que resistir a una autoridad hostil. Porque Satanás es tan peligroso cuando toma la apariencia de una serpiente astuta que cuando actúa como un león rugiente. Él conoce bien el corazón humano; nos acecha, y aprovecha nuestras menores debilidades para llevarnos poco a poco a la deriva. No nos muestra a dónde quiere conducirnos y no dejará ir fácilmente al que cae en sus garras. Así que tengamos cuidado, cualquiera que sea nuestra edad.

Es cierto que el diablo es poderoso, pero nosotros estamos con Jesús. Él es más poderoso que el diablo, y lo venció en la cruz. Animémonos y fortalezcámonos “en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

Jeremías 45-46 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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El día más hermoso de mi vida

Lunes 12 Septiembre
Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.
Salmo 66:16
Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo.
Daniel 4:2
El día más hermoso de mi vida
 – Dime, papi, ¿cuál fue el día más hermoso de tu vida?

 – ¡Ah! Sabes, he tenido días de gran gozo y días de gran tristeza… En mis viajes he admirado las maravillas de la creación: el desierto del Sahara, el inmenso océano, los Alpes cubiertos de nieve… ¡Pero el día más hermoso de mi vida fue diferente!

Me acuerdo como si fuera ayer; solo tenía 17 años. Hasta entonces tenía una idea equivocada de Dios, lo veía un poco como un policía tratando de hallarnos en alguna falta para castigarnos. Es verdad que todos somos culpables ante él. Pero leyendo la Biblia comprendí que Dios me amaba y que había enviado a su Hijo Jesucristo, quien aceptó ser castigado en mi lugar. Sí, Jesús cargó con mi culpa. Él fue castigado por Dios para que yo nunca lo sea. ¡Este amor extraordinario sobrepasa toda imaginación! ¡Fue un descubrimiento! Solo debía creer en el Dios de amor y en Jesús, quien murió por mí. Y fue lo que hice. Estando solo, en un rincón, me arrodillé. Reconocí delante de Dios que le había desobedecido y le pedí que me perdonara. Él lo hizo, y me llenó de una paz y un gozo profundos. ¡Oh, sí! Ese fue el día más hermoso de mi vida… Escribí la fecha en mi Biblia. Y, ¿sabes?, nunca he perdido la paz que Dios me dio ese día.

Dios también te ama a ti. El día en que lo comprendas también será el día más hermoso de tu vida, ¡un día que nunca olvidarás!

Jeremías 44 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8

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¿Dónde están nuestras riquezas?

Domingo 11 Septiembre

Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mateo 6:21

La bendición del Señor es la que enriquece.

Proverbios 10:22

¿Dónde están nuestras riquezas?

Cristianos, ¿cuál es nuestra actitud frente a la prosperidad y a las riquezas? En teoría, sabemos bien que todo lo que el mundo ofrece es efímero e inestable, pero en la práctica, ¿qué sucede? Tal vez los nuevos medios de telecomunicación y los aparatos modernos hayan influenciado nuestras vidas. Nos hemos acostumbrado a la comodidad y al confort, los cuales pueden convertirse en verdaderos obstáculos para nuestra vida espiritual.

El apóstol Pablo escribió: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:17-19).

La Biblia nos da ejemplos como el de Moisés: tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios”. Por la fe vio “al Invisible” (Hebreos 11:26-27).

Hoy, “las abundantes riquezas de su gracia” nos son presentadas “en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”, quien vino del cielo para salvarnos (Efesios 2:7). Estas riquezas nos son aseguradas, son un “tesoro en los cielos” que no se agota, “donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33).

“Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:1-3).

Jeremías 43 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5

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Verdaderos valores

Sábado 10 Septiembre
Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis.
Amós 5:14
Jesús… anduvo haciendo bienes.
Hechos 10:38
Verdaderos valores
Con motivo de una ceremonia de graduación, el alcalde de la ciudad, después de las felicitaciones acostumbradas, invitó a los estudiantes a preguntarse sobre los verdaderos valores, pero no precisó cuáles. Nuestra sociedad ha perdido todas sus referencias, ya no tiene la capacidad de responder sobre dicho tema. Y los mensajes difundidos por los medios de comunicación, ¿presentan verdaderamente valores recomendables? A menudo promueven el espíritu de competencia, la vanidad, la superficialidad, el juicio sobre las apariencias… Ahora bien, “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:15).

Entonces, ¿cuáles son los verdaderos valores? ¿Dónde debemos buscarlos? En la Biblia, porque ella es la Palabra de Dios. La enseñanza de Jesucristo en los evangelios nos los muestra: amor, bondad, compasión, humildad… Y toda su vida los ilustra.

¿Es necesario, pues, imitar a Cristo como lo hacía el apóstol Pablo? (1 Corintios 11:1). Sí, pero nadie puede hacerlo sin haber recibido primero la vida nueva, la vida eterna. Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).

Si lo hemos aceptado como nuestro Salvador, él nos dará la fuerza moral que necesitamos cada día: pidámosela. También necesitaremos leer la Biblia diariamente, para conocer mejor al Señor Jesús. Entonces podremos ser testigos, no solo de los verdaderos valores, sino sobre todo de Aquel que dio su vida por nosotros, y que nos los mostró a través de su ejemplo.

Jeremías 42 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3

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«A ti clamo, SEÑOR; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo!»(Sal. 141:1).

En las Escrituras podemos leer muchos salmos en los que el salmista suplica la protección de Dios, unas veces de los ejércitos enemigos, otras de las calamidades de la vida, de las tempestades, sequías, accidentes o engañadores. Pero este salmo expresa la necesidad de ser protegidos del principal enemigo retratado en los salmos. El enemigo más cercano, el propio pecado.
El primer enemigo es descrito (v. 1-4) al nivel de las palabras, las obras, y el corazón. Una vez más el salmista clama en oración, y ruega en primer lugar por sus labios: «SEÑOR, ponme en la boca un centinela» (v. 3). Este es el principal temor del rey David, que sus palabras no vayan a inclinarse hacia cosas malas como eviden- cia sintomática de que su corazón se ha dejado seducir por el mal. David reconoce que necesita de la intervención divina para ale- jarse de lo malo y sabe que Dios suele obrar mediante instrumentos humanos (v. 5-7): «Que la justicia me golpee, que el amor me re- prenda…» (v. 5). Los creyentes somos, o debiéramos ser, al fin y al cabo, meros instrumentos en las manos del Redentor para el bien de nuestros hermanos. David lo pudo comprobar en primera persona cuando el profeta Natán se acercó a él con una clara exhortación respecto a su pecado y la reprensión del justo fue medicina para él. La reprensión puede ser primero amarga, pero luego trae frutos de justicia. Quienes no tienen reprensión, sin embargo, siguen su camino de destrucción sin tener quien le exhorte o sin escuchar la exhortación (v. 6-7).
La conclusión del salmista es simple, pero no simplista. «En ti, SEÑOR Soberano, tengo puestos los ojos» (v. 8). Quiera el Señor hacernos más y más conscientes de ese primer enemigo que lle- vamos dentro, de nuestro propio pecado, y de la batalla diaria que hemos de librar con él. Quiera el Señor darnos que nuestros ojos no miren hacia dentro, ni hacia los demás, sino hacia Él, pues de Él solamente vendrá nuestra ayuda y nuestras fuerzas para vivir la vida cristiana.
¿Cuán consciente eres de la gravedad de tu propio pecado? ¿Oras como David, pidiéndole que Dios no deje que tu corazón se inclin al mal? ¿Tienes tus ojos puestos en el cielo o en el suelo? Ora al Señor rogándole que te de las fuerzas que necesitas para combatir contra tu enemigo más íntimo. La vida del creyente supone una lucha encarnizada contra el pecado a fin de que Dios siga forman- do en nosotros a Su Hijo amado. «En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre» (Heb. 12:4). En esa lucha, tenemos una bendita espe- ranza y una victoria segura en Cristo Jesús. Pon sobre Él tus ojos. Conf ía solamente en Él. Mira al crucificado, cuya sangre te lava de tus pecados. Que hoy pueda ser, descansando en el poder de Dios, un poco más parecido a lo que serás eternamente por Su gracia.

Él está sentado, ¡qué descanso para nosotros!

Viernes 9 Septiembre
El Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.
Marcos 16:19
Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.
Hebreos 10:12
Él está sentado, ¡qué descanso para nosotros!
El evangelio de Marcos presenta a Jesús bajo el carácter de un siervo consagrado a Dios. Y termina mostrándonoslo recibido en el cielo, sentado a la diestra de Dios. Había terminado la obra que Dios le había confiado (Juan 17:4-5). Se sentó, pues, como un siervo que puede descansar porque ha terminado su trabajo. No es una situación provisional, se sentó “para siempre”, es decir, perpetuamente.

Si Dios hizo sentar a Jesús a su diestra, fue porque su sacrificio en la cruz lo satisfizo. Haciéndolo sentar en este lugar de honor, Dios declaró que la obra de la cruz era suficiente, perfecta. Ahora, Dios puede perdonar y salvar a todo aquel que cree en Jesús. El hecho de que Jesús esté sentado tiene un alcance inmenso para el cristiano, constituye el fundamento de su paz. Jesús “es nuestra paz” (Efesios 2:14).

Si queda en mí la mínima duda concerniente a mi salvación, al hecho de ser liberado de toda condenación, esa duda desaparece cuando por la fe veo a Jesús sentado a la diestra de Dios. El problema de mis pecados está solucionado. Jesús los llevó sobre sí mismo cuando murió en la cruz. Si no los hubiera expiado completamente delante de Dios, mi Salvador no estuviera sentado. Pero, porque él está sentado, yo puedo estar en paz. Si Dios se declara satisfecho, yo puedo estar perfectamente tranquilo.

Señor, te vemos allá arriba en la luz

A la diestra de Dios. Tu glorioso reposo es la perfecta paz de tus amadas ovejas.

Jeremías 41 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29

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¿Qué significa creer “en el evangelio”?

Jueves 8 Septiembre
(Jesús dijo:) Arrepentíos, y creed en el evangelio.
Marcos 1:15
Palabras del evangelio: Creed en el evangelio (2)
Al comienzo de su servicio público Jesús invitó a sus oyentes (y a nosotros también) a arrepentirse y a creer en el evangelio. El arrepentimiento, ese cambio interior, está íntimamente unido a la fe en el evangelio.

¿Qué significa creer “en el evangelio”? Simplemente aceptar la buena noticia que Jesús nos trajo. Tener fe en esta buena nueva manifiesta la confianza en él, igual que, cuando aceptamos la propuesta de una persona, expresamos la confianza que depositamos en ella.

En este camino de la fe hay obstáculos. Pueden ser exteriores, como el atractivo de las riquezas, la búsqueda del poder, o la persecución, en algunas regiones del mundo. También pueden ser interiores, como el miedo al rechazo, las dudas. Todos esos obstáculos requieren que “nos soltemos”, que nos abandonemos a Dios para avanzar. La fe confía totalmente en Dios, el único que puede salvarnos del miedo, del pecado y de la muerte.

Creer en el evangelio es también vivirlo, vivir las palabras de Jesús, porque en la vida cotidiana la confianza en Dios se concreta y descubrimos cuán verdaderas y poderosas son las palabras de Jesús para darnos la esperanza, el gozo y la fuerza en la prueba. En fin, vivir el evangelio nos lleva a crecer: amar como Dios, servir humildemente gozando la presencia de Cristo, vivir este compromiso en la paz de su gracia y la fuerza de su luz.

“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17).

(continuará el próximo jueves)
Jeremías 40 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28

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