Jesús condenado a muerte (1)

Viernes 15 Abril

Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

Juan 19:4-5

Jesús condenado a muerte (1)

Leer Juan 19:1-7

“¡He aquí el hombre!”, declaró Pilato mientras sacaba a Jesús del palacio del gobernador. Para burlarse de él le pusieron un manto real y una corona de espinas. Así fue presentado Jesús ante la multitud. ¿Cómo reaccionó esta ante las palabras de Pilato? Pudo pedir la liberación de Jesús… pero pidió su muerte a grandes gritos.

A lo largo de la historia, a menudo se ha hecho de Jesús el símbolo de todas las condenas de inocentes. En efecto, ¡cuántas personas han sufrido y sufren todavía un juicio arbitrario! El Dios justo es muy sensible a las injusticias y no las dejará impunes.

Sin embargo, la muerte de Jesús es infinitamente más que una injusticia atroz. Aunque conoció el sufrimiento intenso de la crucifixión, aunque fue sacrificado siendo el único justo, Jesús dio su vida voluntariamente, sin que nadie lo obligara: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18). Era Dios hecho hombre, que se entregó por amor.

El profeta Zacarías escribió con respecto al pueblo de Israel: “Mirarán a mí, a quien traspasaron” (Zacarías 12:10), y el apóstol Juan cita estas palabras en su evangelio (Juan 19:37). Es una advertencia para todos los que rechazan a Cristo. Pero, ¡qué gozo para los que lo miran con fe! Contemplan con adoración al hombre justo y perfecto que murió para salvar a los pecadores, a usted y a mí.

(mañana continuará)

Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

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Sumisión al tiempo de Dios

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Sumisión al tiempo de Dios

Charles Stanley

Si creemos que Dios es quien dice ser, ¿cómo no nos será de provecho rendirnos a su voluntad?

Romanos 11.33-36

A la gente le gusta sentir que tiene el control de su tiempo, lo cual puede causar frustración cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, quien desee caminar en obediencia a Dios debe cooperar con el plan que Él ha dispuesto.

Considere cómo ora. Sin darse cuenta, es posible que esté exigiendo que el Señor siga el plan que usted ha diseñado según su entendimiento humano tan limitado. No obstante, si creemos que Dios es quien dice ser, ¿cómo no nos será de provecho rendirnos a su voluntad?

A diferencia de nosotros, el Señor tiene un conocimiento total sobre nuestro mundo y de los detalles de cada vida individual, pasada, presente y futura. Él entiende cada motivo, mientras que nosotros no somos capaces de juzgar con precisión ni siquiera nuestras propias intenciones. Dios también actúa movido por el amor que siente por su pueblo y le da respuesta a cada necesidad en el momento preciso.

Someterse al plan de Dios requiere fe y valentía. Crea en la bondad de su corazón y en sus planes, y tome la decisión de esperar hasta que Él le haga avanzar. Luego, a medida que siga su plan, experimentará el gozo de ver una manifestación de su gloria maravillosa.

Biblia en un año: 1 Reyes 3-5

Aprender de los fracasos

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Aprender de los fracasos

Charles Stanley

Aprender a obedecer a Dios es un proceso, y el fracaso es parte de nuestro desarrollo como siervos humildes.

Lucas 22.54-62

Pedro era un hombre de gran fe y acciones audaces, pero su manera de ser impetuosa a veces lo llevó a cometer errores humillantes. Más de una vez, quizás se sintió como un fracasado en vez de un discípulo fiel.

Estoy seguro de que todos podemos identificarnos con él cuando se trata de no cumplir con nuestras propias expectativas. Aprender a obedecer a Dios es un proceso, y el fracaso es parte de nuestro desarrollo como siervos humildes. Cuando cedemos a la tentación o nos rebelamos contra la autoridad de Dios, pronto nos damos cuenta de que el pecado en nada recompensa.

Todos preferiríamos crecer en nuestra fe sin dar ningún paso en falso, pero no podemos negar que nuestros fracasos son aleccionadores. Nos enseñan humildad, que es un rasgo de carácter esencial para quienes siguen a Cristo. Para eliminar el orgullo es importante reconocer que necesitamos al Dios cuyos caminos y propósitos son más altos que los nuestros.

El Señor no recompensa la rebeldía ni lo malo, sino que bendice a quienes se arrepienten y aceptan la disciplina como una herramienta para el crecimiento (Pr 28.13). Así que, haga que su objetivo sea convertirse en un estudiante moldeable en las manos del Señor, y dele gracias por usar sus fracasos para bendición de su vida.

Biblia en un año: 1 Reyes 1-2

La religión de Gandhi

Miércoles 13 Abril

¿A quién me asemejáis… y me comparáis, para que seamos semejantes? Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí.

Isaías 46:59

La religión de Gandhi

Gandhi (1869-1948) es conocido por su larga búsqueda de una religión satisfactoria, sus luchas por la independencia de la India, su trágica muerte… Imaginó a un dios único con el que cada individuo podría entrar en relación, redimiéndose mediante la penitencia y el ayuno. Equivocadamente él pensaba: “Las religiones representan caminos diferentes que convergen hacia el mismo punto. No importa si nuestros caminos no son los mismos, con tal de que alcancemos el mismo objetivo. En realidad, hay tantas religiones como individuos”.

La idea de que cada uno tiene “derecho” a tener su propia religión es muy común hoy en día; muchos piensan que todas las religiones son equivalentes. Algunos llegan a esta conclusión decepcionados por diversos sistemas religiosos o por sus adeptos; otros, después de haber seguido falsos profetas que los engañaron “con palabras fingidas” (2 Pedro 2:3). Otros incluso buscan lo que corresponde mejor a sus aspiraciones. Están desilusionados y dicen, como Gandhi: ¡La religión no importa, lo que cuenta es el objetivo!

Querer armar su propio itinerario en los recovecos de su corazón para llegar a Dios, conduce al hombre a un callejón sin salida. Solo hay una verdad, un fundamento, un camino… ¡Una única persona para un único objetivo! Al venir a la tierra en forma de hombre, Jesús reveló concretamente al Dios Salvador. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

Cristo es el camino: ¡sigámoslo! Es la verdad: ¡creámosle! Él es la vida: ¡recibámosle!

Isaías 22 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

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La religión de Gandhi

Miércoles 13 Abril
¿A quién me asemejáis… y me comparáis, para que seamos semejantes? Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí.
Isaías 46:5, 9
La religión de Gandhi
Gandhi (1869-1948) es conocido por su larga búsqueda de una religión satisfactoria, sus luchas por la independencia de la India, su trágica muerte… Imaginó a un dios único con el que cada individuo podría entrar en relación, redimiéndose mediante la penitencia y el ayuno. Equivocadamente él pensaba: “Las religiones representan caminos diferentes que convergen hacia el mismo punto. No importa si nuestros caminos no son los mismos, con tal de que alcancemos el mismo objetivo. En realidad, hay tantas religiones como individuos”.

La idea de que cada uno tiene “derecho” a tener su propia religión es muy común hoy en día; muchos piensan que todas las religiones son equivalentes. Algunos llegan a esta conclusión decepcionados por diversos sistemas religiosos o por sus adeptos; otros, después de haber seguido falsos profetas que los engañaron “con palabras fingidas” (2 Pedro 2:3). Otros incluso buscan lo que corresponde mejor a sus aspiraciones. Están desilusionados y dicen, como Gandhi: ¡La religión no importa, lo que cuenta es el objetivo!

Querer armar su propio itinerario en los recovecos de su corazón para llegar a Dios, conduce al hombre a un callejón sin salida. Solo hay una verdad, un fundamento, un camino… ¡Una única persona para un único objetivo! Al venir a la tierra en forma de hombre, Jesús reveló concretamente al Dios Salvador. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

Cristo es el camino: ¡sigámoslo! Es la verdad: ¡creámosle! Él es la vida: ¡recibámosle!

Isaías 22 – 2 Tesalonicenses 3 – Salmo 43 – Proverbios 13:14-15

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En las tormentas de la vida

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En las tormentas de la vida

Charles Stanley

Dios usa una gran variedad de medios para ayudarnos a ser siervos fuertes y eficaces de Jesucristo.

Mateo 14.22-33

Cuando surgen dificultades, ¿se sorprende de que el Señor las permita? Tal pensamiento presupone que ser un creyente obediente nos exime de problemas. Considere el pasaje de hoy: los discípulos hicieron justo lo que Cristo dijo al entrar en la barca y zarpar hacia el otro lado. Sin embargo, en poco tiempo, se encontraron golpeados y sacudidos por una poderosa tormenta.

También están los creyentes que asumen de manera automática que si surgen dificultades, ellos son el problema. Aunque Dios usa de vez en cuando las pruebas para corregirnos, no todas las dificultades son el resultado de nuestros pecados y fracasos. Pero Él puede usar todas las situaciones para que maduremos y nos transformemos a la semejanza de Cristo.

Y eso es lo que estaba pasando en Mateo 14 con los discípulos. Cristo sabía lo que estaba por venir, y los estaba entrenando para el trabajo al que los estaba llamando. En este caso, los azotadores vientos crearon una situación que los ayudaría a aprender lecciones importantes acerca de la confianza, que serían de un valor incalculable para su futuro ministerio.

Dios usa una gran variedad de medios para ayudarnos a ser siervos fuertes y eficaces de Jesucristo. En lugar de agachar la cabeza ante las luchas de la vida, miremos al Señor y busquemos su poder y sus propósitos.

Biblia en un año: 2 Samuel 20-22

La oración de un niño

Lunes 11 Abril

(Jesús dijo:) Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

Mateo 18:10-11

La oración de un niño

Durante los sombríos años de la segunda guerra mundial, un niño de menos de doce años oraba cada noche al Señor Jesús pidiendo que todos los hombres de su barrio que estaban al frente, prisioneros o en campos de trabajo, pudiesen volver un día a sus casas.

No elegía a unos sobre otros. Oraba por los que conocía y por aquellos de quienes había oído hablar, sin importarle si eran creyentes o no. Pensaba en ellos porque se había enterado de que en una u otra casa faltaba el marido o el padre, y poco a poco la lista fue creciendo.

Oraba con perseverancia, y si por la noche, debido el sueño, no alcanzaba a enumerarlos a todos, a la mañana siguiente volvía a empezar.

Al final de la guerra, todos los hombres por los cuales el niño había orado regresaron sanos y salvos. Contaron los episodios de su exilio. La mayoría había vivido situaciones de las que pensaba no poder salir, circunstancias dramáticas de las que solo algunos de sus compañeros pudieron escapar. No supieron que un niño había orado por ellos. Pero este niño aprendió, mediante esta experiencia, que el Señor escucha la oración de fe. ¡Sin duda, para él fue una gran experiencia que recordó toda su vida!

“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

Isaías 19 – 2 Tesalonicenses 1 – Salmo 42:1-6 – Proverbios 13:11

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Compartamos la fragancia de Cristo

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Compartamos la fragancia de Cristo

Charles Stanley

La gracia de Dios no es solo para nosotros, sino también para bendición de quienes conocemos y amamos.

Para bien o para mal, las actitudes son contagiosas; una mentalidad llena de amargura puede deprimir a otra persona, y una perspectiva llena de esperanza puede levantar a alguien. Todo lo que esté en nuestro corazón se desbordará en acciones, conversaciones y compromisos con otras personas (Pr 4.23). Por eso, después de la salvación personal, Dios nos llama a la santificación, para que podamos dar su fruto y enriquezcamos las vidas de quienes nos rodean.

Cristo lo dijo de esta manera: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5.16). La gracia de Dios no es solo para nosotros, sino también para bendición de quienes conocemos y amamos. No se limita a compartir el evangelio; podemos difundir la luz de Cristo a través de una palabra de aliento, un abrazo oportuno, o un oído atento. Al fin y al cabo, los creyentes deben ser “grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden” (2 Co 2.15).

PIENSE EN ESTO

¿En qué circunstancias se inclina usted hacia la amargura? ¿O hacia la alegría? ¿Cómo puede mejorar su “fragancia” el hecho de darse cuenta de esta propensión?

Biblia en un año: 2 Samuel 18-19

Adán, el primero y el postrero

Domingo 10 Abril

El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte… Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesucristo), los muchos serán constituidos justos.

Romanos 5:1219

Adán, el primero y el postrero

Adán, el primer hombre, es el ancestro de todos nosotros. Su Creador lo cuidaba; estaba en un lugar de delicias donde no le faltaba nada, pero escuchó a Satanás y dudó de Dios. Se alejó de él y pecó. Así, por haber pecado, se convirtió en el líder de los humanos: ahora todos tenemos en común el hecho de ser pecadores, alejados de Dios y merecedores de su condenación.

Pero Jesucristo, el segundo hombre, el “postrer Adán” (1 Corintios 15:45-47), vino a la tierra para acabar con esta situación desesperada. Él también fue tentado por Satanás, no en el paraíso, sino en un desierto, en medio de los animales salvajes. Le propuso dudar de la palabra y la bondad de Dios, pero Jesús, como hombre, resistió mediante esta Palabra, y conservó una confianza absoluta en Dios. Obedeció a Dios hasta la muerte, dando su vida en la cruz por los pecadores. Luego resucitó. Satanás y la muerte fueron vencidos. Entonces Jesús pasó a ser el Salvador de todos los que creen en él: sus pecados fueron perdonados para siempre; Dios ya no los ve como pecadores, sino como justos, pues dejaron definitivamente la fila a la que pertenecían por su nacimiento natural.

¡El contraste es completo! Una de las familias conduce al juicio y a la muerte eterna; la otra conduce a la salvación y a la vida eterna.

Ahora le preguntamos: ¿Quién es su líder? ¿Adán, hombre pecador, quien dio la espalda a Dios? ¿O Jesucristo, “el postrer Adán”, el Salvador?

Isaías 17-18 – 1 Tesalonicenses 5 – Salmo 41:7-13 – Proverbios 13:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El camino de la fe

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El camino de la fe

Charles Stanley

Andar por fe no significa que estemos en un camino fácil

Hebreos 11.23-29 

Moisés fue un líder importante del pueblo hebreo, y muchos lo consideran un héroe del Antiguo Testamento. Fue llamado a hacer grandes cosas con la ayuda del Señor, y se encontró con la presencia del Todopoderoso de manera personal. Pero todas sus asombrosas hazañas fueron posibles solo por su fe.

El pasaje de hoy es parte de lo que se conoce como el “Salón de la fe” de la Biblia. Los mencionados en este capítulo le creyeron a Dios y demostraron su confianza con la acción obediente. Santiago 2.14 dice que toda fe genuina resulta en acción, y eso también es cierto para nosotros.

Andar por fe no significa que estemos en un camino fácil. Puede implicar dificultades e incluso persecuciones. Pero cuando nos mantenemos fieles al Señor a pesar de todo, nuestra fe demuestra ser genuina y nos volvemos más semejantes a Cristo.

¿Está usted dispuesto a confiar en el poder de Dios en su debilidad? ¿Cree que Él le dará poder para mantenerse firme si enfrenta la adversidad? El Señor responde a la fe al capacitarnos para soportar las dificultades, demostrando su poder en nuestra debilidad, y dándonos satisfacción y gozo en medio del sufrimiento.

Biblia en un año: 2 Samuel 15-17