El Fundamento de la Paternidad Piadosa

El Fundamento de la Paternidad Piadosa
by John MacArthur

Nuestro mundo tiene un punto de vista cada vez más cínico acerca de los niños. Cada vez más, la descripción cultural de la paternidad es negativa, con particular énfasis en la capacidad del niño de frustrar a sus padres. Si bien es verdad que algunas veces los niños traen desafíos a nuestras vidas, ningún padre amoroso quiere ver a su hijo como un impedimento para la felicidad.

Además, los cristianos que adoptan la opinión del mundo acerca de sus niños, no pueden esperar ser padres piadosos. El diseño de Dios para su familia no lo incluye a usted quejándose acerca de los defectos de sus hijos, o viéndolos a través de lentes egoístas y mundanos. El fundamento de la paternidad piadosa está contenido en la perspectiva de la Escritura acerca de los niños. Usted no puede ser el padre que Dios quiere que sea, si usted no ve a los niños que Él le ha dado, en la manera en que Él los ve.

Los niños deben ser vistos como una bendición, no como una adversidad.

Primeramente, la Escritura claramente enseña que los niños son un regalo de parte del Señor. Dios los diseñó para ser una alegría. Ellos son una bendición del Señor para agraciar nuestras vidas con realización, significado, felicidad, y satisfacción. La paternidad es un regalo de Dios para nosotros.

Esto es verdad, aun en un mundo caído, infectado con la maldición del pecado. En medio de todo lo malo, los niños son ejemplo de la bondad amorosa de Dios. Ellos son una muestra viviente de que la misericordia de Dios se extiende aun a criaturas caídas y pecaminosas.

Recuerde que Adán y Eva comieron la fruta prohibida antes de que hubieran concebido algún hijo. Aun así, Dios no simplemente los destruyó y comenzó con una nueva raza. Él les permitió a Adán y Eva cumplir el mandato dado antes de la caída: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28). Y Él puso en movimiento un plan de redención que finalmente abrazaría a un sinnúmero de la descendencia de Adam (Apocalipsis 7:9-10). Los niños que Eva tuvo entonces, personificaron la esperanza de que los pecadores caídos podrían ser redimidos.

Y cuando Dios maldijo la tierra debido al pecado de Adán, Él multiplicó el dolor del proceso del parto (Génesis 3:16), pero no anuló las bendiciones inherentes de tener niños.

Eva reconoció esto. En Génesis 4:1 dice, “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.”

Ella consideró al niño como un regalo de la mano de Aquel, contra quien ella había pecado, y estaba llena de alegría por eso. A pesar de los dolores de parto, e independientemente de la naturaleza caída del niño mismo, ella sabía que el niño era un emblema de la gracia de Dios hacia ella.

¿Qué acerca de los niños de los inconversos? Ellos también representan bendiciones divinas. En Génesis 17:20 Dios prometió bendecir a Ismael. ¿Cómo le bendeciría? Al multiplicar sus hijos y su descendencia. Él le dijo a Abraham, “Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera.”

A través de la Escritura encontramos un tema común que resalta a los niños como a bendiciones de la mano de un amoroso y misericordioso Dios. En Su diseño de gracia, los niños son dados para traerles a los padres, alegría, felicidad, contentamiento, satisfacción, y amor. Salmo 127:3-5 lo dice expresamente:

«He aquí, herencia de Jehová son los hijos;

Cosa de estima el fruto del vientre.

Como saetas en mano del valiente,

Así son los hijos habidos en la juventud.

Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;

No será avergonzado

Cuando hablare con los enemigos en la puerta.»

Claramente, en el plan de Dios, los niños están llamados a ser una bendición, no un problema. Y normalmente son una bendición cuando llegan, pero dejarlos expuestos a este mundo, y sin sombra de protección, ellos sin duda romperán el corazón de los padres.

Se supone que la crianza es una alegría, no una carga.

La tarea de los padres no es un yugo pesado de llevar; es un privilegio para ser disfrutado. Si el diseño de Dios al darnos niños, es bendecirnos, la tarea a la que Él nos llama como padres no es nada más que una extensión y magnificación—amplitud, de esa bendición.

La crianza de los niños es difícil, al grado en que los padres la hacen difícil, al fallar en seguir los principios simples que Dios estableció. Negar las responsabilidades de uno, como padre, delante de Dios, es perder las bendiciones inherentes en la tarea, y aquellos que lo hacen, toman una carga que Dios nunca quiso que los padres llevaran.

Una manera segura de llenar su vida con miseria, es abdicar la responsabilidad que Dios le ha dado como padre, y mayordomo del niño que Él afectuosamente ha colocado en sus manos. Por el contrario, nada en su vida engendrará más alegría y gozo que criar a su hijo en la disciplina y amonestación del Señor.

¿Existen en la crianza, aspectos inherentemente desagradables? Por supuesto, ninguno de nosotros disfruta el tener que disciplinar a nuestros niños. Como padre, aprendí rápidamente que lo que mis padres siempre me dijeron acerca de la disciplina, era verdad: Usualmente le duele más al padre que lo que le duele al hijo. Pero aun el proceso de disciplina finalmente produce alegría, cuando somos fieles a las instrucciones de Dios. Proverbios 29:17 dice, “Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.”

La vida del padre no necesita ser una decepción o un trabajo monótono. Hay una refrescante, riqueza estimulante de rica alegría en la crianza piadosa, que no puede ser conseguida de ninguna otra manera. Dios ha diseñado amorosamente dentro del proceso de crianza, una fuente de gozo, si adoptamos Su perspectiva y acatamos Sus principios.

¿Garantiza la Escritura que nuestra crianza tendrá éxito si seguimos el plan de Dios?

Padre, he pecado | Charles Spurgeon

18 de febrero
«Padre, he pecado».
Lucas 15:18
Es muy cierto que aquellos a quienes Cristo ha lavado en su preciosa sangre no necesitan, como criminales delincuentes, hacer confesión de pecado ante Dios el Juez. Cristo ha quitado, en el sentido legal, todos sus pecados para siempre; de suerte que ellos no están más en el lugar donde podrían ser condenados, sino que son eternamente aceptos en el Amado. Sin embargo, habiendo llegado a ser hijos, y ofendiendo como hijos, ¿no deben ir todos los días ante su Padre celestial para confesarle sus pecados y reconocer sus iniquidades? La naturaleza enseña que es deber de los hijos extraviados hacer confesión a su padre terrenal; y la gracia de Dios en el corazón nos enseña que nosotros, como cristianos, tenemos el mismo deber para con nuestro Padre que está en los cielos.

Puesto que diariamente ofendemos, no debemos irnos a descansar sin un perdón diario; ya que, suponiendo que mis transgresiones contra mi Padre no fuesen enseguida llevadas a él para que las lave con el poder purificador del Señor Jesús, ¿cuál sería la consecuencia? Si no he buscado el perdón y no he sido lavado de las ofensas contra mi Padre, entonces me sentiré distanciado de él, dudaré de su amor para conmigo, temblaré ante él, temeré orar, seré igual que el hijo pródigo, quien, aunque muchacho, estaba sin embargo lejos de su padre. Pero si, con el pesar de un hijo por haber ofendido a tan misericordioso y amante Padre, voy a él y le digo todo, y no descanso hasta que sienta su perdón, entonces experimentaré un santo amor hacia mi Padre y no seguiré mi carrera cristiana solo como salvo, sino como uno que goza de paz con Dios por medio de Jesucristo el Señor.

Hay una gran diferencia entre confesar el pecado como delincuente y confesarlo como hijo.

El seno del Padre es el lugar para las confesiones del penitente: a nosotros se nos ha limpiado una vez por todas, pero nuestros pies aún necesitan ser lavados de la contaminación de nuestro andar diario como hijos de Dios.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 57). Editorial Peregrino.

¿Por qué tendría que vivir?

Sábado 18 Febrero
En cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Hebreos 2:18

¿Por qué tendría que vivir?

¿Está triste, su vida le parece insoportable? ¿Está pasando por un duelo, una enfermedad, fracasos, o el abandono? ¿Se siente solo… a tal punto que la muerte le parece quizá como una puerta de escape y le seduce?

En medio de su desesperación, quiero darle un mensaje de esperanza: ¡Hay alguien que lo ama! ¡Es Jesús! Él dio su vida en la cruz por usted. ¿Quiere dejarse amar por él, tal como es?

«¡Jesús murió!», me dirá usted. Sí, es verdad; pero resucitó y vive eternamente. Hoy, ahora, usted puede hablarle, él lo escuchará. Vaya a Jesús con total confianza, cuéntele sus penas, todo lo que usted vive. Pida socorro, ¡esa será su oración! Él lo comprenderá y le responderá. Jesús está muy cerca de usted, más cerca que cualquier otra persona, porque es Dios. Él puede y quiere consolarlo. Con Jesús, su vida tiene un sentido; ella no es una gota de agua en el océano, sino que es preciosa para él. Él lo ama, quiere salvarlo y darle una esperanza. Algunas situaciones dolorosas tal vez no cambiarán, pero usted experimentará la paz.

Cristo está conmigo, qué consolación;
su presencia quita todo mi temor.
Tengo la promesa de mi Salvador:
“No te dejaré nunca; siempre contigo estoy”.
No tengo temor, no tengo temor.
Jesús me ha prometido: “Siempre contigo estoy”.
No tengo temor, no tengo temor.
Jesús me ha prometido: “Siempre contigo estoy”.
Original por I. Hörnberg
2 Samuel 11 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Nuestras buenas obras son el blanco de los ataques de Satanás | Charles Spurgeon

17 de febrero
«Aunque el SEÑOR estaba allí».
Ezequiel 35:10 (LBLA)

Los príncipes de Edom vieron desolada toda la tierra y creyeron fácil su conquista; pero había en su camino una gran dificultad que ellos no conocían, y era que «el Señor estaba allí». Y en este hecho residía la singular seguridad de la tierra escogida. Cualesquiera que sean las maquinaciones y estratagemas de los enemigos del pueblo de Dios, allí estará siempre la misma barrera eficaz para frustrar sus designios. Los santos son la herencia de Dios, el cual está en medio de ellos para protegerlos. ¡Qué ánimo nos da esta seguridad en las pruebas y los conflictos espirituales! ¡Nos vemos combatidos sin cesar, pero somos perpetuamente preservados! ¡Cuán a menudo lanza Satanás sus dardos contra nuestra fe! Pero nuestra fe desafía el poder de los ardientes dardos del Infierno, los cuales no solo resultan desviados sino apagados por el escudo, porque «el Señor [está] allí».

Nuestras buenas obras son el blanco de los ataques de Satanás: nunca ha tenido un santo alguna virtud o gracia que no haya sido el blanco de los proyectiles infernales. Ya sea la firme esperanza, ya el ferviente amor, ya la paciencia que todo lo soporta o el celo que arde sin cesar, todo lo ha intentado destruir el viejo enemigo de lo bueno. La única causa por que lo virtuoso o amable sobrevive en nosotros es porque «el Señor [está] allí».

Si el Señor está con nosotros en la vida, no tenemos por qué preocuparnos en cuanto a nuestra confianza a la hora de la muerte; porque cuando estemos para morir, hallaremos que «el Señor [está] allí». Donde las olas son más borrascosas y el agua está más fría, tocaremos el fondo y conoceremos que el mismo es bueno, pues nuestros pies estarán sobre la Roca de los siglos cuando el tiempo no exista ya más. Querido amigo, desde el principio hasta el final de la vida de un cristiano, la única razón por que este no perece es porque «el Señor [está] allí». Si el Dios del amor eterno cambiara y dejase perecer a sus escogidos, entonces se podría destruir a la Iglesia de Dios; pero no hasta entonces, porque está escrito: «El Señor [está] allí».

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 56). Editorial Peregrino.

Si reconoces tus pecados

Viernes 17 Febrero
Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Romanos 10:9
Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
1 Juan 4:15

Si reconoces tus pecados

Para pasar el tiempo, Natalia tomó un libro al azar y empezó a leer cortos pasajes en los que Jesús transformó la vida de varias personas. Los leyó atentamente, pero la conclusión del libro le molestó: «Jesús murió por ti. Si reconoces tus pecados y crees en él, serás salvo». ¡Eso no es para mí!, se dijo cerrando el libro.

Sin embargo, esta frase daba vueltas en su cabeza: «Si reconoces tus pecados y crees en Jesús…».

Natalia volvió a pensar en sus pecados, y deseaba liberar su conciencia. Se sentía culpable y tan sola… Quiso vivir sin Dios, y ahora sus pecados se presentaban delante de ella como un gran cartel: ¡camino sin salida!

Entonces Natalia reconoció que estaba vencida. No le quedaba otra solución, tenía que contarle a Dios lo que había hecho. Esa noche, por primera vez en su vida, oró. Al día siguiente fue a su trabajo sonriente y aliviada.

–¿Qué te sucede?, le preguntó Elisabeth, una amiga cristiana.

–Nada.

–¡Sí, algo sucedió porque estás cambiada!

Natalia pensó en lo sucedido la noche anterior y le contó cómo había hablado a Dios.

–¡Maravilloso!, dijo Elisabeth abrazándola. Tus oraciones fueron oídas; Dios te respondió.

Sí, Dios transformó a Natalia, incluso si ella no era plenamente consciente. Desde entonces su vida cambió completamente, y los años siguientes demostraron la solidez de su fe.

2 Samuel 10 – Hechos 2 – Salmo 23 – Proverbios 10:1-2

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¡Ten coraje, tú que eres tímido! | Charles Spurgeon

14 de febrero
«Al instante había sido sanada».
Lucas 8:47 (VM)

Tenemos esta noche delante de nosotros uno de los milagros más conmovedores e instructivos del Salvador. La mujer era muy ignorante: se imaginó que había salido poder de Cristo naturalmente, sin su conocimiento o inmediata voluntad. Por otra parte, ella desconocía la generosidad del carácter de Jesús, de lo contrario no hubiera ido detrás de él a robar la sanidad que él estaba dispuesto a darle. La miseria debiera colocarse siempre frente a la misericordia. Si la mujer hubiese conocido el amor del corazón de Jesús, habría dicho: «Solo tengo que ponerme donde me pueda ver. Su omnisciencia le hará conocer mi caso, y su amor obrará enseguida mi cura». Admiramos su fe, pero nos maravillamos de su ignorancia.

Cuando hubo obtenido la cura, se regocijó con temblor: estaba alegre porque el poder divino había obrado en ella una maravilla, pero temió que Cristo le quitara la bendición y le negara su gracia. ¡Poco conocía la plenitud de su amor! Nosotros no tenemos un concepto tan claro de él como quisiéramos, no conocemos las alturas y profundidades de su amor, pero sabemos, con seguridad, que él es demasiado bueno para quitarle a un alma temblorosa el don que esta ha obtenido.

No obstante, aquí está lo maravilloso: aunque el conocimiento de ella era limitado, su fe (porque era fe verdadera) la salvo, y la salvó al instante. No hubo una demora tediosa; el milagro de la fe fue instantáneo. Si tenemos fe como un grano de mostaza, entonces la salvación es nuestra posesión presente y eterna. Aunque en la lista de los hijos de Dios estemos inscritos como los más débiles de su familia, sin embargo, siendo herederos por la fe, ningún poder humano o diabólico es capaz de privarnos de la salvación. Aunque no podamos tomar en nuestros brazos al Señor, como lo hizo Simeón, aunque no nos atrevamos a reclinar nuestras cabezas en su seno, como Juan, sin embargo, si nos aventuramos a abrirnos paso detrás de él y a tocarle el borde de su manto, seremos eternamente sanos.

¡Ten coraje, tú que eres tímido! Tu fe te ha salvado; ve en paz. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios» (Ro. 5:1).

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 53). Editorial Peregrino.

Estos textos estaban llenos de vida

Martes 14 Febrero
La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12
Tu dicho me ha vivificado.
Salmo 119:50

Estos textos estaban llenos de vida

Testimonio
«Era el 14 de febrero en el año 1974. Esa noche estaba sentado en mi habitación de la ciudad universitaria cuando mi mejor amigo llegó con su futura esposa, para decirme que se habían vuelto cristianos. Alarmado, pensé que una secta los había atrapado… En esa época yo no estaba seguro de mis propias creencias. Me había bautizado y confirmado, pero eso no significaba gran cosa para mí. En la escuela había asistido regularmente a las clases de religión, había estudiado la Biblia en los cursos bíblicos, pero terminé rechazando todo, e incluso tenía argumentos fuertes contra el cristianismo (al menos eso era lo que pensaba).

Quería, pues, ayudar a mis amigos. Primero pensé en hacer una búsqueda profunda sobre el tema. Decidí leer el Corán, a Karl Marx, a Jean-Paul Sartre y la Biblia. Como tenía una Biblia en un armario, esa noche la tomé y empecé a leerla. Leí todo el evangelio de Mateo; luego Marcos, Lucas y, casi dormido, solo leí la mitad del evangelio de Juan. Cuando desperté, terminé de leer Juan y continué leyendo Hechos, Romanos y las dos epístolas a los Corintios. ¡Esta lectura me apasionó! Antes, estos mismos textos no me decían nada, pero ahora estaban llenos de vida, y no podía parar de leer. Era la verdad, lo reconocía en el fondo de mí mismo. Tenía que tomar una decisión, pues estos textos me interpelaban con mucha fuerza. Poco después puse mi fe en Jesucristo».

Nicky
2 Samuel 7 – Mateo 27:32-66 – Salmo 22:16-21 – Proverbios 9:7-9

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¡Oh, cuán grande es la deuda de amor y de gratitud que tienes con tu Salvador! | Charles Spurgeon

13 de febrero
«Ahora, pues, ninguna condenación hay…».
Romanos 8:1

Ven, alma mía, piensa en esto: al creer en Jesús te libras real y efectivamente de la culpa, sales fuera de la prisión. No permaneces más en cadenas como un esclavo. Ahora estás libre de la esclavitud de la ley y del pecado, y puedes andar libremente, pues la sangre de tu Salvador ha logrado tu absolución completa. Tienes el derecho de acercarte al trono de tu Padre. Ninguna llama de venganza hay ahora allí que te espante; ninguna espada encendida.

La justicia no puede castigar al inocente. Tus inhabilitaciones ha sido quitadas: en tiempos estabas inhabilitado para ver el rostro de tu Padre, pero ahora lo puedes ver; no podías hablar con él, pero actualmente tienes acceso con confianza; en otro tiempo había en ti un temor al Infierno, mas ahora no lo temes ya, pues ¿acaso puede haber castigo para el inocente? El que cree no es condenado, no puede sufrir castigo. Y, a más de todo eso, los privilegios de que hubieras gozado en caso de no haber pecado, ahora —que estás justificado— son tuyos.

Todas las bendiciones que habrías tenido si hubieses guardado la ley, y muchas más, te pertenecen porque Cristo las ha reservado para ti.

Todo el amor y la aceptación que la obediencia perfecta hubiera podido conseguirte de Dios son tuyos, porque Cristo fue perfectamente obediente por ti y te ha imputado todos sus méritos: para que seas muy rico por medio de él, quien por tu causa se hizo muy pobre.

¡Oh, cuán grande es la deuda de amor y de gratitud que tienes con tu Salvador!
Un Dios soberano es mi Dios,
grande y poderoso al salvar,
es siempre fiel para librar,
sonríe y hay consolación.
Su gracia, cual lluvia, veré
y muros de amor rodearán
al alma que defienda él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 52). Editorial Peregrino.

Todo va bien

Lunes 13 Febrero
El mismo Jesucristo Señor nuestro… nos amó y nos dio consolación eterna.
2 Tesalonicenses 2:16
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4:16
Todo va bien
Leer 2 Reyes 4:8-37

Una mujer rica y su marido prepararon una habitación en su casa para recibir al profeta Eliseo. Agradecido por la generosa hospitalidad de esta mujer sin descendencia, Eliseo le anunció el nacimiento de un hijo. Según la palabra del profeta, esta pareja tuvo un hijo, el cual creció bajo los tiernos cuidados de su madre.

Pero una mañana, estando en los campos con su padre, el niño se quejó de un fuerte dolor de cabeza. Su padre mandó que lo llevaran a casa. Su estado se agravó rápidamente, y al mediodía murió en las rodillas de su madre. Ella lo acostó en la cama del profeta, cerró la puerta y salió. A las preguntas de su marido que la veía partir, ella respondió: “Paz”, es decir, todo va bien. Al criado de Eliseo que fue a su encuentro, también respondió que todo iba bien.

Pero ante Eliseo, “el varón de Dios”, manifestó su dolor y su confusión. ¡Hubiese preferido no tener nunca un hijo que perderlo ahora! El profeta Eliseo la escuchó, luego fue a su casa y resucitó al niño.

¿Tiene usted un sufrimiento que nadie comprende? ¿Es algo tan personal que no se atreve a contárselo a nadie? Si se siente triste o amargado, haga como esta mujer de fe: vaya directamente a Jesús. Él es más grande que Eliseo, sin embargo, no rechaza a nadie. Expóngale todo mediante la oración, incluso sus resentimientos. ¡Él lo conoce, comprende su sufrimiento y dará paz a su corazón, aunque las circunstancias no cambien necesariamente!

2 Samuel 6 – Mateo 27:1-31 – Salmo 22:12-15 – Proverbios 9:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Sublime gracia del Señor | Charles Spurgeon

12 de febrero

«Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre». Juan 14:16

El magnífico Padre se reveló a los creyentes de la antigüedad, antes de la venida de su Hijo, y Abraham, Isaac y Jacob lo conocieron como el Dios Todopoderoso. Después vino Jesús, y el siempre bendito Hijo, en su persona misma, fue el deleite de los ojos de su pueblo. Y, desde la ascensión del Redentor, el Espíritu Santo ha sido la cabeza de la presente dispensación y su poder se manifestó gloriosamente en Pentecostés y lo ha hecho después de entonces.

Él permanece en esta hora presente como Emmanuel (Dios con nosotros) morando en y con su pueblo: vivificando, guiando y reinando en medio del mismo.

¿Reconocemos su presencia como debiéramos?

No podemos restringir la acción del Espíritu: él es enteramente soberano en todas sus obras.

Sin embargo, ¿estamos suficientemente ansiosos por obtener su auxilio, o suficientemente despiertos como para no provocarle a que nos retire su ayuda?

Sin él, nada podemos hacer; pero, con su poderosa energía, pueden producirse los más extraordinarios resultados.

Cada cosa depende de la manifestación o de la ocultación de su poder. ¿Le aguardamos siempre, tanto para nuestra vida interior como para nuestro servicio externo, con la respetuosa dependencia que conviene?

¿No acudimos, con frecuencia, presurosos a su llamado y obramos, después, independientemente de su ayuda?

Humillémonos esta noche por los errores pasados, e imploremos ahora que el celestial rocío repose sobre nosotros, que el óleo sagrado nos unja y que la llama celestial arda en nosotros.

El Espíritu Santo no es un don temporal, sino que él permanece con los santos.

No tenemos más que buscarlo acertadamente y lo hallaremos.

Él es celoso, pero también compasivo: si se va con ira, vuelve con misericordia.

Condescendiente y tierno no se cansa de nosotros, sino que aguarda para ser siempre benigno.

Sublime gracia del Señor

que a un infeliz salvó;

fui ciego mas hoy veo yo,

perdido y él me halló.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 51). Editorial Peregrino.