La ley de la libertad

Sábado 18 Marzo
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Gálatas 5:1

La ley de la libertad
En medio del debate que produjo la adopción de una nueva ley, un responsable político declaró: «Esta ley es la ley de la libertad, pues da el derecho a cada uno de decidir lo que quiera, de vivir con libertad sus pasiones».

¡Libertad para sus pasiones! En una época en la que cada vez se habla más de adicción a una u otra cosa, cuando en los hospitales se crean servicios consagrados a este problema, dicha expresión nos aflige. No, las pasiones de nuestra naturaleza no nos dejan libres; al contrario, nos esclavizan. Muchos de nosotros seguramente se identifican con este hombre descrito por Pablo, quien dijo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). Por lo tanto, prometer la libertad a alguien dejándole hacer lo que quiera es engañoso e ilusorio.

En la Biblia Dios nos propone otra ley de la libertad. Confirma que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15). Él quiere que escapemos de esa muerte espiritual, desea liberarnos de esa “ley del pecado” que está en nosotros (Romanos 7:23; 8:2). Quiere cambiar nuestro corazón, que por naturaleza se opone a Dios. Para ello dio a su Hijo Jesucristo.

Todo el que cree en él recibe una nueva naturaleza, feliz de obedecer la voluntad de Dios. ¡Esta es la verdadera libertad, es decir, vivir en armonía con el Creador, quien nos hizo a su imagen!

Ezequiel 13 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26

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Beneficios de utilizar credos | Gabriel Reyes-Ordeix

Beneficios de utilizar credos

Gabriel Reyes-Ordeix

Imagina esto: el centurión romano entra a la casa del cristiano, pone su espada sobre su garganta y le pregunta: “¿Quién es el señor?”. El cristiano responde: “Jesús es el Señor”, dispuesto a pagar con su vida.

En el imperio romano, una las frases más repetidas era Kaiser Kyrios, que significa: “César es señor”. Decir estas palabras te ganaba el favor de la guardia y del estado; cualquier otra respuesta ponía tu vida en riesgo. Pero la Iglesia fiel nunca se queda callada, y la respuesta de todo cristiano verdadero era Cristos Kyrios. Este fue uno de los primeros credos en la historia de la iglesia.

Un credo es una formulación concisa de creencia, es decir, una confesión doctrinal resumida. El nombre viene del latín credere, de donde viene nuestra palabra “creer”.

Muchas iglesias han dejado a un lado los credos. Algunos por miedo, otros por falta de conocimiento. Se piensa que los credos son demasiado formales, o que son católico romanos. Se alega que la Biblia no necesita reemplazo o ayuda.

Sin embargo, en la historia bíblica vemos múltiples credos, desde el shema —uno de los principales credos de Israel (Deut. 6:4-6)—, hasta las bendiciones finales en las cartas pastorales de Pablo (1 Cor. 15:3-7).1 De la misma manera, la iglesia primitiva se apoyó de credos basados en la Palabra de Dios para preservar la doctrina ortodoxa y sobrevivir a herejías que buscaban eliminar la fe cristiana.

Con esto en mente, veamos 6 razones para volver a los credos.

1) Son cristianos
Los credos no son católico-romanos. Son cristianos, son universales. No pertenecen a una denominación; más bien, están basados en la revelación. Nuestra fe tiene su fundamento en la revelación de Dios en las Escrituras, y los credos ortodoxos comparten la misma genética bíblica. Desde Moisés hasta Pablo, y desde Atanasio hasta Calvino, los cristianos que han impactado, también han adoptado estas fórmulas de creencia (también conocidos como símbolos).2

Estos credos estuvieron en el centro del triunfo del cristianismo sobre las herejías, distorsiones, y controversias históricas. Han servido para reforzar, reformar, y reafirmar los artículos esenciales de la verdad bíblica que dan vida al cristianismo.

2) Representan lo que creemos
Los credos sostienen la doctrina cristiana usando lenguaje sencillo. Afirman la verdad y corrigen el error. El Credo de los apóstoles es uno de los más antiguos. Ambrosio, el primero en mencionarlo, decía: “Es el símbolo que protege a la Iglesia”. Cuando tenemos convicciones teológicas firmes, la Iglesia es relevante. Este credo era lo primero que los creyentes recitaban al bautizarse:

Creo en Dios, Padre omnipotente, creador de cielo y de tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, quien fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la Virgen María, padeció bajo Poncio Pilato, crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos: al tercer día resucitó entre los muertos, ascendió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios Padre omnipotente. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia universal*, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amén.

3) Nos guían a adorar
Los credos son una forma de adoración corporal. Así como cantamos al unísono las verdades fundamentales de la Biblia, podemos recitar las mismas verdades, pero sin música. Confesar lo que la Biblia dice sobre nuestro Señor es adoración. Proclamamos al Dios trino según su revelación, y Él se glorifica en esto. El Credo Calcedonio (451 d. C.) dice:

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos padres (los primeros pastores y teólogos), todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosustancial —coesencial— con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosustancial con nosotros de acuerdo a la humanidad; en todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la humanidad; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; de ningún modo borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza, y son concurrentes en una Persona y una hipóstasis, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, así mismo es el credo de los padres que nos ha sido dado.

Confesar a una voz que Jesús es el único Señor, como lo hicimos individualmente en nuestra conversión, es una declaración de alianza. Igual que el bautismo, los credos son declaraciones públicas que dicen de qué lado estamos.

4) Han sido probados
Aunque no son la Biblia ni son inspirados, estos textos han superado la prueba del tiempo. Los credos no son un sustituto de la Biblia: los mejores credos representan la doctrina de la Biblia misma. Son el producto de la unión y el acuerdo de hombres santos y comprometidos con la verdad de la Palabra.

La mayoría de ellos han surgido como una defensa en contra del error. Una de las mayores herejías de la historia se le debe a Arrio (250–336 d. C.). Su enseñanza decía: “Hubo un tiempo en el que el Hijo no era”.3 Eso significaba que Jesús era una mera creación, y por lo tanto no era Dios. Esta mentira se propagó gracias a la gran capacidad mercadológica del arrianismo.

Esta doctrina anticristiana se pregonó por medio de canciones cortas y pegajosas, y en cuestión de pocos años expandió a lo largo del imperio. Todos cantaban las pegajosas (y herejes) melodías de Arrio.

La respuesta ortodoxa a esta herejía fue el credo de Nicea/Constantinopla (325, 381 d. C.), uno de los textos de la Iglesia primitiva más importantes, poderosos, y unificantes en la historia del cristianismo:

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen, y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato, y padeció, y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo; y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, que habló por los profetas. En una Iglesia santa, universal,* y apostólica. Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

5) Nos recuerdan que no estamos solos.
Los credos nos recuerdan el gran valor de la Iglesia como la institución de Cristo. Nos recuerdan de lo que somos parte. La Iglesia es universal e histórica. Así como la vida cristiana es una que no se vive de manera solitaria, nuestras iglesias no deben aislarse. El participar de los credos nos une en adoración y alianza a Dios junto a la Iglesia histórica. Nos unimos a cristianos del primer siglo, y a los cristianos del presente.

6) Nos recuerdan que la iglesia ha prevalecido y prevalecerá
Cada credo representa una historia pasada que impacta la historia futura. La Iglesia ha errado mucho. Algunos ejemplos son el arrianismo, nestorianismo, docetismo, modalismo, y otras malas doctrinas han atacado al cristianismo. Pero Dios libró a su Iglesia. Y en gran parte, los credos fueron el medio que utilizó.

Los credos nos recuerdan que la Iglesia está en las manos del Señor, y aunque hemos pasado por valle de sombra de muerte, el Señor sigue siendo nuestro pastor. La iglesia prevalecerá hasta el final.

Conclusión
El cristianismo depende completamente de la doctrina. Si la revelación de Dios es tergiversada, el cristianismo se distorsiona.

Los credos son grandes tesoros para la Iglesia. Son tesoros que no solo tienen valor en el pasado —habiendo sido los defensores de la fe ortodoxa en innumerables batallas teológicas—, sino también en el futuro. Nos ayudan a recordar quién es Dios y por qué se ha revelado en su Palabra. Nos recuerdan que la consecuencia de desviarnos de las Escrituras es la muerte espiritual.

Si la vida de la Iglesia depende de su teología, entonces, con su propia vida, la Iglesia debe defenderla. Los credos que ayudaron a Moisés, Pablo, Atanasio, y Calvino siguen a tu disposición como un escudo teológico para la defensa de tu vida.

  • Originalmente dice “católica”, que se refiere a ‘universal’. No debe confundirse con Católica Romana (nombre propio).
    [1] Otros credos en la Biblia son: 1 Re. 18:39; Mat. 16:16; Hec. 16:31; Rom. 10:9-10; 1 Tim. 3:16; 1 Cor. 12:3; Fil. 2:6-11
    [2] Justo L. Gonzalez, The Story of Christianity, 2nd ed., Vol. 1, p. 77. Del griego σύμβολον (symbolon): símbolo, lema o prenda.
    [3] Atanasio de Alejandría, De Synodis, 15. Atanasio reporta sobre Arrio, “Dios creó al Hijo de la nada, y le llamó Su Hijo … El Verbo de Dios es una de sus criaturas … y … hubo un tiempo en el que Él no era.”
    Imagen: Lightstock.
    Gabriel Reyes-Ordeix (M.Div., Th.M.) tiene un doctorado en estudios históricos y teológicos del Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, KY (Estados Unidos). Él está detrás de los perfiles Credo en las redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram) en donde comparte información sobre la historia de la iglesia. Junto a su esposa, Ivana, y su hija, Noël, son parte de Sovereign Grace Church of Louisville. Puedes encontrarlo en Twitter.

«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» | Charles Spurgeon

17 de marzo
«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios».
Mateo 5:9
Es esta la séptima de las bienaventuranzas, y el número siete, entre los hebreos, era el número de la perfección. Puede ser que el Salvador colocara al pacificador en el séptimo lugar porque este se parece más al hombre perfecto en Cristo Jesús. El que desee tener perfecta felicidad, hasta donde esta puede gozarse en la tierra, deberá alcanzar esta séptima bienaventuranza y convertirse en pacificador. Hay también un significado en la posición que ocupa el texto. El versículo que lo precede habla de la bienaventuranza de «los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios». Es bueno que entendamos que primero debemos ser «limpios», y después «pacificadores». Ser pacificador no significa tener un pacto con el pecado o tolerar el mal. Debemos poner nuestros rostros como pedernales contra todo lo que es contrario a Dios y a su santidad. Si la pureza está arraigada en nuestras almas, entonces podemos pasar a ser pacificadores. Aun el versículo que sigue parece haber sido puesto allí con un propósito. Por más que seamos pacíficos en este mundo, seremos, no obstante, calumniados y malentendidos, y no hay que sorprenderse por ello, pues hasta el Príncipe de Paz trajo fuego sobre la tierra. Él mismo, aunque amó a la Humanidad y no hizo maldad alguna, fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto». Por eso, para que los pacíficos de corazón no se sorprendan cuando se topen con enemigos, se dice en el siguiente versículo: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos». Así, no se declara solo bienaventurados a los pacificadores, sino que también se los rodea de bendiciones. ¡Señor, danos gracia para ascender hasta esta séptima bienaventuranza! Purifica nuestras mentes a fin de que podamos tener esa sabiduría que es «primeramente pura, después pacífica» (Stg. 3:17), y fortalece nuestras almas para que nuestra condición de pacíficos no nos conduzca a la cobardía y a la desesperación cuando por tu causa seamos perseguidos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 85). Editorial Peregrino.

Cristo también murió por usted

Viernes 17 Marzo
Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Lucas 15:6-7
Cristo también murió por usted

En el cementerio del pueblo acababan de enterrar a un hombre mayor que no quería ningún oficio religioso en su funeral. Cuando el ataúd fue puesto en su lugar, un incómodo silencio se instaló entre los presentes. A un amigo de la familia le parecía imposible dejar aquel lugar sin una palabra de consuelo y de despedida.

Entonces preguntó si podía decir algunas palabras. Abrió su Biblia y leyó este versículo del Evangelio: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Luego oró encomendando la familia del difunto y todos los asistentes a la misericordia de Dios.

Un poco más tarde, el jardinero del cementerio se acercó a él y le preguntó:

–Disculpe, ¿usted es el cura, el pastor?

–No, no soy ni uno ni otro. Simplemente soy un cristiano porque creí que Jesucristo murió por mí en la cruz.

El jardinero tenía los ojos llenos de lágrimas.

–No llore, Cristo también murió por usted.

–Ya lo sé, acabo de comprenderlo.

Ante una tumba abierta, la Palabra de Dios mostró una vez más su poder vivificante. Una persona nació “de nuevo”. ¡Es un motivo de gozo en el cielo y en el corazón del que sabe que fue perdonado!

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Ezequiel 12 – Hechos 20:17-38 – Salmo 34:1-6 – Proverbios 11:23-24

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Muchos me dirán: Señor, Señor | Will Graham 

“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).

Amantísimo Padre:

¿Profetas lanzados al infierno?

¿Exorcistas enviados al lago de fuego?

¿Milagreros condenados eternamente?

Hoy aprendo que Satanás vendrá a la iglesia vestido como ángel de luz. El diablo predica bien, ora bien, canta bien, sabe enviar mensajes muy bonitos por WhatsApp y ha aprendido el arte de subir imágenes espirituales a las redes, pero en el fondo es un asesino y un mentiroso. No te conoce. Lleva milenios escondiéndose detrás de una falsa apariencia de piedad y santidad. Ciertamente, no es oro todo lo que reluce.

Te pido que tu Hijo Jesucristo sea el Señor de todas las áreas de mi vida. Si le digo “Señor, Señor”, que sea una realidad. Deseo que tu buen Espíritu labre fruto y luz en mí para que mi corazón no siga los pasos de los “hacedores de maldad” que brillan en público y maquinan en secreto.

No me interesa ser profeta ni exorcista ni milagrero, sino tu hijo.

Pastor Will Graham – Palabra de Vida Almería

Preserva también a tu siervo de las soberbias | Charles Spurgeon

16 de marzo
«Preserva también a tu siervo de las soberbias».
Salmo 19:13

Tal era la oración del «hombre según el corazón de Dios». ¿Necesitaba el santo David orar así? ¡Cuán necesaria debe ser entonces esa oración para nosotros, que somos niños en la gracia! Es como si dijese: «Presérvame o de lo contrario caeré de cabeza al precipicio del pecado».

Nuestra naturaleza pecaminosa, semejante a un indómito caballo, está propensa a desbocarse. Que la gracia de Dios le ponga la brida para frenarla, a fin de que no caiga en el mal. ¡Qué podríamos hacer, aun los mejores de nosotros, si no fuera por los frenos que el Señor nos pone en su providencia y en su gracia! La oración del Salmista va dirigida contra la peor forma de pecado: el que se comete deliberada e intencionadamente. Aun el más santo de nosotros necesita ser «preservado» de las transgresiones más viles. Resulta solemne ver al apóstol Pablo exhortar a los santos contra los más repugnantes pecados: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría» (Col. 3:5). ¡Qué! ¿Los santos necesitan que se los exhorte contra pecados como estos? Sí, lo necesitan. Las vestiduras más blancas se verán ensuciadas por las más negras manchas si la gracia divina no preserva su pureza. ¡Cristiano experimentado, no te gloríes en tu experiencia, pues tropezarás si apartas la mirada de Aquel que es poderoso para guardarte sin caída! Vosotros, cuyo amor es ferviente, cuya fe es constante y cuyas esperanzas son luminosas, no digáis: «Nunca pecaremos»; decid más bien: «No nos metas en tentación».

Hay suficiente estopa en el corazón de los mejores hombres como para encender un fuego que abrase hasta lo más bajo del Infierno, si Dios no apaga las chispas a medida que van cayendo. ¿Quién hubiese imaginado que el justo Lot podía ser hallado borracho y cometiendo impurezas? Hazael dijo: «¿Es tu siervo perro, que hará esta gran cosa?» (2 R. 8:13, RV1909). Y nosotros somos muy propensos a hacer esa misma pregunta de justicia propia. Que la sabiduría infinita nos cure de la locura de la confianza en nosotros mismos.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 84). Editorial Peregrino.

Permanecer cerca del Señor

Jueves 16 Marzo
(Jesús dijo:) El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
Juan 14:23
Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Juan 15:9
La comunión (3)

Permanecer cerca del Señor
En Juan 1:35-39 leemos que dos discípulos seguían a Jesús. Él se volvió y les preguntó: “¿Qué buscáis?”. Respondieron: “¿Dónde moras?”, y Jesús los invitó a ir con él. Esos dos discípulos querían estar con el Señor para escucharlo, preguntarle y disfrutar de su cercanía.

En Lucas 19:2-6 leemos que Zaqueo también quería conocer a Jesús. Por ello subió a un árbol situado al borde del camino por donde Jesús debía pasar. Allí lo vio y lo escuchó decirle: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Y en seguida recibió a Jesús en su casa con gozo.

Para nosotros los cristianos, la comunión con el Señor consiste efectivamente en permanecer con él. Por la fe podemos estar cerca de él, orando y leyendo su Palabra. También podemos buscar la compañía de otros creyentes en reuniones cristianas, allí donde el Señor prometió su presencia (Mateo 18:20).

Pero el Señor también está con nosotros ahí donde nos encontramos, en todas nuestras situaciones. Él dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Su Espíritu nos hace experimentar su presencia cuando obedecemos su Palabra, cuando “guardamos” su Palabra.

En la tierra, el Señor hacía la voluntad de su Padre y era consciente de su amor. Él nos invita a hacer lo mismo. Así nuestro gozo podrá ser “cumplido”, nuestra vida reflejará algo de sus caracteres, y Dios será honrado (Juan 15:10-11).

(continuará el próximo jueves)
Ezequiel 11 – Hechos 20:1-16 – Salmo 33:16-22 – Proverbios 11:21-22

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¿Qué es el ministerio de la llenura del Espíritu Santo? | Lucas Alemán

90 Segundos de Teología Sistemática

Lucas Alemán es director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary, y director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana. Además, es pastor en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California. En 2016, Lucas comenzó a enseñar en The Master’s Seminary como miembro adjunto de la facultad. Si bien sus cursos de especialización son panorama del Antiguo Testamento, gramática de hebreo y exégesis de hebreo, él también da clases de exégesis de griego y teología. En 2018, se unió a la facultad de tiempo completo. Lucas y su esposa, Clara, tienen dos hijos, Elías Agustín y Enoc Emanuel.

¿Cómo ayudar a una persona que lucha contra la pornografía? | Miguel Núñez

Miguel Núñez
Es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

Audio original del Ministerio integridad & Sabiduría: https://integridadysabiduria.org/

Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado | Charles Spurgeon

15 de marzo
«Lo hizo de todo corazón, y fue prosperado».
2 Crónicas 31:21

Esto ocurre con frecuencia: es una norma del universo moral el que prosperen los hombres que hacen sus obras de todo corazón; mientras que resulta casi seguro que aquellos otros que van a sus labores con solo la mitad de sus corazones, fracasarán.

Dios no da cosechas a los ociosos: salvo cosechas de espinos. Ni se complace en enviar riqueza a quienes que no cavan el campo en busca de sus tesoros escondidos. Es un principio admitido en todo lugar que el que quiere prosperar debe ser diligente en su trabajo. Y lo mismo pasa con la religión: si deseas prosperar en tu trabajo para Jesús, procura que sea un trabajo de corazón y efectuado con todo el corazón. Pon en la religión tanta fuerza, energía, sinceridad y pasión como jamás hayas puesto en tus negocios; pues la religión las merece mucho más. El Espíritu Santo nos ayuda en nuestras flaquezas, pero no estimula nuestra ociosidad. Él ama a los creyentes activos. ¿Quiénes son los hombres más útiles en la Iglesia cristiana? Aquellos que llevan a cabo las obras que emprenden por la causa de Dios con todo su corazón. ¿Cuáles son los instructores de la Escuela Dominical que tienen más éxito? ¿Los más dotados? No: los más celosos. Los hombres cuyo corazón está sobre el fuego son aquellos que ven a su Señor cabalgar prósperamente en la majestad de la salvación. La sinceridad se muestra en la perseverancia. Tal vez haya fracaso al principio; pero el obrero diligente dirá: «Esta es la obra del Señor; debe, por tanto, llevarse a cabo. Mi Señor me ha ordenado hacerla y con su poder la haré». Cristiano, ¿estás sirviendo a tu Maestro con todo el corazón? Recuerda el celo de Jesús: piensa en su trabajo de corazón.

Él podía decir: «El celo de tu casa me consume». Cuando sudaba grandes gotas de sangre, no era liviana la carga que llevaba sobre sus benditos hombros; y cuando derramaba su corazón, no era un débil esfuerzo el que estaba haciendo por la salvación de su pueblo. ¿Somos nosotros fríos cuando Jesús era ferviente?

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 83). Editorial Peregrino.