Católica, Evangélica y Reformada

Ligonier Espanol

Católica, Evangélica y Reformada – 2/12

 

Segunda exposición del Dr. R.C. sproul en la serie de enseñanza: ¿Qué es la Teología Reformada? ¿Cómo define usted la soberanía y cómo aplica eso a su teología? La respuesta a esa pregunta determinará todo lo demás acerca de lo que usted piensa de Dios y cómo se relaciona con Sus criaturas. Considerando esto, y cómo se aplica a la teología bíblica, el Dr. Sproul continúa esta serie mientras examina los puntos de vista «católicos, evangélicos y reformados».

Ligonier es la confraternidad de enseñanza del Dr. R.C. Sproul. Nuestra misión, pasion y proposito es ayudar a las personas a crecer en su conocimiento de Dios y su santidad. En nuestra página web disponemos de una amplia variedad de recursos, tales como clases, guías de estudio, y contenido multimedia, con la finalidad de cumplir con nuestra misión de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud a tantas personas como sea posible.

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¿Qué es la Teología Reformada?

Ligonier Espanol

¿Qué es la Teología Reformada? – 1/12

Primera exposición del Dr. R.C. Sproul en la serie de enseñanza (12): ¿Qué es la Teología Reformada? Liberal, Católica, Dispensacional, Pentecostal, Evangélica, Reformada … con tantas teologías diferentes por ahí, ¿por dónde empiezas? Comenzando esta serie sobre Teología Reformada, el Dr. Sproul examina los aspectos distintivos de la Teología Reformada que la diferencian de las muchas teologías que se han desarrollado antes y después de la Reforma Protestante.

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Jesús: La solución para el dilema humano

Gracia a Vosotros

John MacArthur

Jesús: La solución para el dilema humano

http://www.gracia.org/AudioPlayer.aspx?ID=1492

Bueno, aquellos de ustedes que son parte de Grace Church saben que he estado en una rutina durante años y continúa enseñando la Biblia semana tras semana tras semana, versículo por versículo. Pero todas las navidades trato de hacer algo diferente. Es como un tiempo de variedad para mí. Entonces pensé qué puedo hacer esta navidad para compartir con ustedes algunas cosas que hay en mi corazón que pueden ser una mirada fresca de algunas cosas que probablemente debemos entender. De vez en cuando me invitan a hablar en campus de universidad, campus de universidad o a grupos de personas que están alejados de un contexto de iglesia. Y normalmente usted no puede entrar en profundidad en el punto de un capítulo y versículo porque necesitan en cierta manera estar convencidos de que necesitan ver la Biblia porque puedo haber algo importante ahí. Y entonces eso es lo que pensé que podríamos hacer en esta ocasión.

Y quiero compartir con usted lo que creo que simplemente es un retrato muy simple del dilema humano y después quiero ofrecerle la solución que viene en Jesucristo. Usted sabe, estoy plenamente convencido, creo que me vuelvo más cínico cada Navidad conforme envejezco. Y quiero que sepa eso, que conforme pasan los años me vuelvo cínico, más cínico acerca de la Navidad. Pero estoy plenamente convencido este año de que aún si Jesús fuera invitado Él no vendría a la fiesta de cumpleaños que el mundo en la actualidad está haciendo en honor a Él. Como puede ver, eso no es honesto, es muy hipócrita, realmente no les importa Jesús, es algo que carece de dos cosas y creo que todo debe tener esto, y las dos cosas de las que carece el mundo es honestidad e integridad. Y francamente ni siquiera me gusta prestarle atención a eso pero no sé cómo salir de este mundo para evitarlo, parece que está por todos lados y es una fiesta en la que realmente no quiero estar.

Me acuerdo cuando estaba en preparatoria en una ocasión, un amigo y yo fuimos a una fiesta, no sabía qué tipo de fiesta iba a ser, pero había ahí una niña que a mi amigo le gustaba, y yo en particular por un tiempo no me importaban las niñas, y el fútbol era lo que – el fútbol americano era lo que yo adoraba. Pero eventualmente salí de eso. Pero de una niña que él quería ver o estar con ella, y fuimos a esta fiesta, y claro, yo crecí en el hogar de un pastor refugiado y llegué a esta fiesta y era muy oscura y estaban tocando música muy lenta, solíamos llamarla música de cuello en esa época, y las parejas estaban ahí sentadas en las esquinas y la gente que estaba bailando ahí de una manera muy lenta y yo dije, “Esto no es divertido. Este tipo de fiesta.” Y él dijo, “Sí, esto no sirve. ¿Qué quieres hacer para cambiar esta fiesta?”

Entonces salimos y lo que hicimos fue apagar los fusibles para que no pudieran tener ahí ya más música o luces o nada en esa parte de la casa, y metimos monedas ahí en la caja de fusibles. Claro, todo mundo estaba enojado, nunca nadie supo lo que pasó y nosotros entrando y dijimos, “Vayamos a la sala.” Y se nos ocurrió algo maravilloso, teníamos todos estos juegos listos, disfrutamos mucho, jugamos juegos, tuvimos un tiempo maravilloso. Disfrutamos de un gran tiempo, ellos no sabían de lo que se estaban perdiendo, y yo pensé en esto porque este es el sentimiento que tengo en la Navidad. Me gustaría apagarle el fusible a todo esto, simplemente me gustaría quitar el fusible y decir, “Oigan, tengo una mejor idea para una fiesta. ¿Quieren verla? Permítame mostrarles cómo es que la Navidad debe ser celebrado.” No sé, la hipocresía es algo difícil enfrentar y creo que me molesta en la profundidad de mi corazón el hecho de que estas personas andan por todos lados tratando de celebrar el nacimiento de alguien a quien rechaza de manera total. Eso no tiene sentido. No quieren a Jesús en su vida, y no quieren que Jesucristo les mande qué hacer, ni siquiera quieren reconocer la realidad de quién es Él. Simplemente quieren tener una fiesta de cumpleaños para que puedan justificar todas las cosas que hacen y eso a expensas de Jesús. Y creo que eso tranquiliza la conciencia del mundo al pensar que es cristiano, que paradoja.

Jesús lo dijo de una manera tan hermosa, tan simple, tan plena, “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” Y después Jesús dijo de manera tan trágica, “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida. He venido para que la tengan pero no la toman.” Y Juan la resume cuando dice, “A los suyos vino y los suyos no le recibieron.” Y los hombres todavía rechaza la fuente de vida, todavía rechazan la única esperanza y celebran de manera frenética que Él nació y no les podía importar menos. Y para la mayoría de la gente les gustaría que no hubiera nacido. Me gusta ver la vida de cerca sin Cristo, a un mundo sin Cristo para ver realmente lo que hay ahí o lo que no hay ahí.

Ahora, vivimos en un mundo fantástico. Si alguien en algún momento pudiera tener vida y estar contento debería ser el hombre del siglo 20 en la cultura occidental. Digo, tenemos todo. Tenemos comodidades que van más allá de lo que podríamos imaginar. No hay límite alguno a lo que podemos tener para llenar nuestras vidas. Por ejemplo el hecho de la información, usted puede aprender tanto de tantas cosas, puede expandir sus horizontes. El fin de la aventura nunca ha sido vista. Usted puede leer y llenar su mente y encontrar cosas emocionantes y encontrar y descubrir curas para esto y aquello y soluciones para esto y aquello. Y ahora tenemos una tecnología increíble. Digo, tenemos todo lo que podamos concebir y es realmente algo que está creciendo a pasos agigantados. En 10 años usted no va a poder creer el tipo de mundo en el que estaremos viviendo. ¿Se da cuenta de que 3,000 páginas son publicadas cada segundo? Ese es mucho información que se está produciendo, ya ni siquiera la pueden almacenar, los libros ya son un estorbo, tenemos que almacenar cosas en microfilm.

Recibí algo en el correo acerca de algo que estaba solicitando una biblioteca de pastor, creo que eran 5,000 volúmenes. Viene en una pequeña lata como esta y usted tiene esta máquina enorme para leerla, esa es la única manera en la que podemos almacenar el volumen de material que tenemos. Y eso es demasiado molesto, el microfilm es demasiado grande. Ahora tenemos lo que se llama almacenamiento láser, y almacena la información en cristales, disparan un rayo láser en una de las orillas del cristal y esto lo refleja a una pantalla y pueden leerlo. Va haber un día en el que usted vaya a la escuela en la universidad y tenga usted una bolsa de cristales, tiene usted su cristal de ciencias naturales, usted sabe. Pero eso es demasiado grande, demasiado estorboso. Ahora han desarrollado lo que se llama almacenamiento molecular, pueden ahora almacenar información en moléculas. Y han desarrollado una técnica mediante la cual se dice que pueden almacenar la biblioteca entera del congreso en un objeto del tamaño de un cubo de azúcar. Eso es increíble, información asombrosa, 60 millones de páginas por año de literatura científica y técnica es publicada. Los avances son increíbles, 1,000 libros por día son publicados. Hemos aprendido mucho, estamos en medio de una explosión de información que no tiene paralelos.

Parte de los últimos tiempos, creo yo, Daniel 12:4 dice que el conocimiento se incrementará en los últimos tiempos, va tan rápido en la actualidad que vamos a tener que matarnos si el Señor no hace algo. Pero tenemos todo lo que podemos concebir para ocupar la mente de un hombre, para llenar su vida. Y conforme avanza la tecnología, por ejemplo, la educación en video va a estar en el hogar, ya no se va a necesitar la escuela, los miembros de la familia van a observar el instructor, van a oír a preguntas de otros alumnos, inclusive a hacer preguntas, todo mediante un teléfono que les dé una señal de vídeo. Estaciones de satélite a nivel mundial van hacer que la educación sea emocionante más allá de cualquier cosa que experimentamos en la actualidad. Usted puede recibir su educación de quien quiera en cualquier lugar del mundo y nunca dejar su casa. Y los teléfonos con señal de video serán establecidos para que usted pueda tocar un botón y sintonizar cualquier curso que usted quiera.

Y otra cosa que fue interesante de un artículo que leí es que decía que podía tocar unos cuantos más botones y podrá usted voltear las páginas de un libro en una biblioteca lejana, otro, comprar por teléfono. Escuche cómo funciona esto, claro, esta es una consolación, usted simplemente puede jalar el cordón, comprar por teléfono. Si usted quiere ordenar varios artículos de una tienda usted marca el número de la tienda, marca una serie de números del artículo, usted, mete usted su tarjeta en la ranura del teléfono de su casa, aprieta un botón y cuelga, la orden es registrada y el precio es pagado. Los teléfonos portátiles van a reemplazar a los teléfonos públicos debido al problema de la destrucción, no los puede mantener. Toda la ciudad va a estar llena de estas pequeñas ranuras y usted va a tener un pequeño teléfono como el teléfono de Dick Tracy, del tamaño de su reloj, va a poder ir hacer una llamada telefónica y va a poder conectarlo en uno de estas ranuras, va a registrar el número y usted va a poder hacer su llamada.

No sé si usted ha estudiado holografía, es algo fascinante, vi una demostración completa de esto un día cuando estaba hablando en un club cívico y fue increíble. Puede proyectar en su hogar una imagen de televisión que es de 360 grados, entonces si usted quiere ver quién va a salir por atrás del hombre que está viendo ahí simplemente camine a su alrededor y vea. Eso es solo el principio. Estamos desarrollando la capacidad de seleccionar el sexo del recién nacido, de crear la vida en un tubo de ensaye, el crecimiento de fetos en vientres artificiales, control genético y microcirugía mediante radiación y rayos láser, desarrollar bancos de óvulos y espermas, controlar el proceso de envejecimiento con una expectativa de vida de 100 años, eliminar la caries de los dientes al soldar esmalte en los dientes con rayos láser, quitar manchas de la retina del ojo, el uso extensivo de el cuchillo sin sangre en las cirugías, el uso extensivo de órganos artificiales tales como corneas plásticas para el ojo, huesos metálicos, arterias, corazones artificiales y músculos electrónicos computarizados. Este es el hombre biónico. El desarrollo de alimentos sintéticos, desarrollo de granjas oceánicas y posiblemente ciudades bajo el océano, experimentos en la hibernación humana. ¿Tiene problemas? Lo vamos a dormir durante 20 años, por lo menos 4, hasta que sus adolescentes llegan a tener 20 años de edad. El desarrollo de un apetito eficaz y un programa de control de peso.

El otro día estaba leyendo que están desarrollando alimentos que están hechos de madera que es 100% no digestiva, de tal manera que usted puede comer lo que usted quiera y debido a que es madera simplemente atraviesa por su sistema, no tiene valor nutricional, pero lo puede comer y es agradable, tiene un buen sabor y demás. ¿Qué va a cenar, roble o cedro? Bueno, yo prefiero otro tipo de árbol.

Se están desarrollando ciudades fantásticas. Herman Conn dice que en el año 2000, esto es interesante, habrá ciudades de 50 a 100 millones de personas. Él las llama megalópolis, y dice que serán tan grandes por ejemplo que uno va a ir de Boston a Washington y será llamado Bos-Wash, y la otra va a ir de Chicago a Pittsburgh y las llamas Chica-Pits, y de San Francisco a San Diego cera San-San.

Ahora, estas son cosas increíbles en las que podemos pensar. Se predice que en el futuro tendremos robots en la casa y sigue y sigue. Es increíble lo que está llenando la vida del hombre, la ciencia y la tecnología y la información. Parecería que llegaría el día en el que el hombre sería feliz. Él ha creado un Disneylandia a nivel mundial y Él puede jugar todo el día. Escuche, ¿se da cuenta de cuántas tiendas venden cosas que nadie necesita? Nadie las necesita, no sé nada fuera de que juega con ellas. El hombre está llenando su vida, ¿pero sabe lo que sucede? Es trágico, y creo yo quizás que es solo el hecho de que el hombre tiene que enfrentar la realidad de que entre más cosas tiene que enfrentar el hecho de que nunca está satisfecho. Y eso es lo que la Biblia quiere decir en Lucas 12 cuando dice que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee, sea información o sea tecnología o sean bienes materiales o sea lo que sea en su vida su vida no se encuentra en esas cosas. Y entonces en la actualidad tenemos alcoholismo y tenemos drogas y tenemos sexo y tenemos todas estas cosas conforme la gente trata de llenar el vacío inmenso que no puede ser llenado con todas estas cosas. Y después, claro, hay consecuencias en toda esta tecnología.

Tenemos a otras personas que quieren vivir de manera natural y entonces junto a la tienda de computadoras está la tienda de los alimentos naturales. Y usted puede entrar ahí y todo es muy natural, queremos regresar a la naturaleza, no queremos la vida tan complicada. ¿Y sabe por qué? Porque no resolvió nuestros problemas, las frustraciones del hombre. Ahora está en un círculo, él puede hacer lo que quiere y piensa que cuando quiere algo lo puede tener, pero cuando lo tiene él no lo quiere y entonces regresa a su círculo a donde comenzó. Ilustración Arthur Clarke es un escritor de ciencia ficción y un futurista que describió su idea del vehículo de ciudad ideal. Y él estaba viendo al futuro y lo que el hombre necesitaría como el vehículo de ciudad ideal. Y él presentó siete principios que deben gobernar lo que es este vehículo.

Número uno, que sea simple de producir con un mínimo de herramientas y de esta manera que no sea caro. Número dos, que se repare a sí mismo, eso será maravilloso. Número tres, que tenga un buen diseño. Número cuatro, que tenga una buena visibilidad de pasajeros, sin estorbos. Número cinco, equipado con computadora para ayudarle a manejar de tal manera que el vehículo de hecho pueda pensar en el proceso. Número 6, una velocidad máxima de 20 millas por hora para que no haya ningún choque fatal. El siguiente, número siete, los resultados de este vehículo no deben ser tóxicos y deben ser biodegradables.

Y con todas esas conclusiones su sugerencia es que el transporte ideal para alguien que vive en una ciudad es un caballo.

Ahora, tenemos tanto, hemos desarrollado tanto, hemos inventado tanto, hemos creado tanto y siempre está esa vaciedad total cuando usted llega al final de la fila. Todavía nos matamos los unos a los otros, todavía nos maldecimos los unos a los otros, todavía nos calumniamos los unos a los otros, todavía nos demandamos los unos a los otros, todavía nos peleamos unos con otros. Hay más crimen, más suicidio que nunca antes ha habido.

Leí un artículo en el periódico, es triste, diciendo que los niños que tienen menos de 10 años de edad, 200 cometieron suicidio el año pasado, es triste. Usted dice, ¿cómo puede ser? Es falta de esperanza, es desesperanza, criar a un hijo en la época tecnológica no es diferente que criarlos en la época del caballo o cualquier otra época si no tiene nada adentro. La revista Time dice que Norteamérica es como un niño que no es amado. Está inundado en dulces, somos obesos, estamos llenos de barros y todavía queremos más. Cuál es la respuesta a una sociedad con todo y sin embargo enfrenta a la realidad que no tiene nada, y se presenta de una manera tan hipócrita. ¿Cuál es la respuesta?  Bueno, algunas personas dicen educación, podríamos ser felices si tan solo pudiéramos educar a la gente, tenemos que educarlos a no hacer esto y a no contaminar y no hacer esto.

B. F. Skinner viene y dice que realmente lo que tenemos que hacer es controlar sus cerebros, tenemos que conseguir algunas máquinas que podamos meter ahí adentro y bloquear parte de su cerebro, bloquearemos la parte criminal y bloquearemos la parte de tener demasiados bebés y bloquearemos la parte de la contaminación y controlaremos a todo mundo y vamos a tener a un grupo élite de personas quienes van a estar a cargo de esta fábrica de bloqueo, y entraremos y vamos a colocarles pequeñas máquinas y vamos a hacerlo.

Y otras personas dicen, “Bueno, no es tan difícil y todo lo que necesitamos hacer es entrenarlos, prepararlos. Y entonces vamos a desarrollar centros de cuidado de niños, vamos a desarrollar guarderías y vamos a sacar a los niños del hogar.” Y hubo una propuesta de ley, una iniciativa de ley en el congreso para afectar esto 3 años atrás. Vamos a sacar a los bebés de su hogar a los 6 meses de edad y prepararlos hasta que tengan 5 y después colocarlos en el sistema público educativo, y ya para ese entonces los habremos educado para que no cometan eso. El congreso incidentalmente no votó a favor de esta iniciativa, quizás no siempre lo rechacen.

Y otras personas dicen, “Bueno, es la educación avanzada. Tenemos que desarrollar un grupo élite de personas que resuelvan los problemas del mundo mediante educación avanzada.” La educación avanzada no puede resolver mucho de nada en términos de lo que hay en el corazón del hombre.

La gran historia de Kafka, del pescador desafiante, es el mejor retrato de la educación avanzada que jamás he visto. Él retrata una ciudad que ha sido totalmente bombardeada, ha sido devastada, ha sido aplanada, y el bombardeo acaba de ocurrir de tal manera que todo edificio de la ciudad ha sido derribado, excepto por un edificio. Y hay un hermoso edificio que es blanco, limpio, sin una marca, que está ahí en medio de una ciudad bombardeada, en medio de humo y en medio de fuego y en medio de gente que está sangrando y hay cuerpos por todos lados y hay muerte por todos lados. Hay un solo hombre que está caminando en medio de las ruinas. Y él va caminando en medio de las ruinas y llega a este edificio, sube por las escaleras, entra, sube, y sube y llega a la parte de arriba, al final de un pasillo largo y oscuro él ve una luz, camina por el pasillo y sí, es el baño, entra y ve a un hombre que está ahí pescando en la tina. Y él lo ve y dice, “No vas a pescar nada.” Y dice, “Lo sé.” Y sigue pescando. “No hay pescados.” “Lo sé.” Y sigue pescando. “Ni siquiera hay agua.” «Lo sé.» Y sigue pescando. Kafka dice que eso es la educación avanzada. Es aterrador. ¿Qué es lo que está diciendo? Él está diciendo que la educación avanzada es alguien allá arriba buscando algo que no está ahí mientras que el mundo está muriéndose porque no está enfrentando los problemas reales. No sirve de nada cambiar la mente de un hombre.

Es como polios en la Universidad del Sur de California que dijo, “Cuando usted toma la mente de un hombre y le da un impacto fuerte y no hace nada por su alma lo único que usted crea es un monstruo, tecnológicamente preparado pero pequeño de alma y lo único que ha hecho es que tiene un problema en sus manos.”

La respuesta no está en la educación porque es solo un hombre educando a otro hombre y ninguno de ellos ha sido capaz de resolver los problemas. Algunas personas dicen, “Bueno, claro, la respuesta está en el racionalismo. La mente humana puede resolver todo.” ¿Sabe una cosa? Yo soy el capitán de mi alma, yo voy a resolver todos los problemas de la sociedad. Es una broma. No podemos resolver nada. El racionalismo no funcionó. Usted sabe, los racionalistas alemanes vinieron hace unos cientos de años atrás y dijeron, “Solo vamos a aceptar lo que la mente del hombre puede entender, la mente es la autoridad definitiva.” Y entonces un grupo de ellos decidieron atacar la Biblia porque en esos días la Biblia en cierta manera reinaba como suprema en la sociedad europea y eran un grupo de personas muy absoluta y objetiva que creían en la verdad objetiva. Estaba lo que estaba bien y lo que estaba mal, y dijeron tenemos que deshacernos de la Biblia Y entonces analizaron la Biblia Grawell, Haunser, Baur, Straufer, Nou, algunas de estas personas. Y dijeron, “Saquemos todo lo que no cabe en la mente del hombre.” Todos los milagros, todo lo que sea sobrenatural lo quitaron. Uno de ellos terminó con 27 versículos que pensaba que todavía eran válidos, 27 versículos en la Biblia entera. Usted sabe, ahí estaban, y por ahí había una montaña y por ahí había un valle, usted sabe, y eso era todo.

¿Pero sabe lo que sucedió? No les tomó mucho tiempo darse cuenta de que cuando habían hecho eso habrían crucificado sus almas porque no había nada sobrenatural cuando no hay ningún Dios y ese anhelo profundo en el corazón del hombre que dice hay un Dios en algún lugar nunca puede ser satisfecho, y estaban en agonía, en agonía absoluta. Y entonces hubo un movimiento en Europa conocido como Neo ortodoxia. Y Carl Var, un teólogo alemán decidió simplemente nos matamos a nosotros mismos hombres, tenemos que meter algunos milagros de regreso. Entonces Carl Var vino y comenzó a tomar los milagros y comenzó a meterlos en la Biblia y él los metió ahí. Y entonces usted le dice, “Oye Carl, maravilloso, tú metiste de regreso los milagros.” “Sí.” “¿Crees en el nacimiento virginal?” “Oh sí.” “¿Crees que Cristo murió? » «Sí.» «¿Crees que resucitó de los muertos?» «Sí.» «¿Crees que Él regresa?» «Sí.» «¿Crees que Él caminó en agua?» «Sí.» «¿Crees que eso sucedió en la historia realmente?” “No.” “Bueno, ¿cuándo sucedió?” “Bueno, sucedió en una historia el geishe súper duper.” Y dice usted, “¿Qué es eso Carl?” Como puede ver, él quería los milagros pero no los quería lo suficiente como para volverlos a colocar en el lugar en el que debían estar, en el lugar al que pertenecían, él los colocó en una neblina. Esa es la razón por la que cuando él llegó al final de su vida él nunca explicó lo que quiso decir. Al final de su vida alguien dijo, “¿Qué es lo más grande que jamás conociste?” Lo único que puedo decir fue, “Jesús me ama, esto sé porque la Biblia dice así.”

Como puedo ver, todos ellos descubrieron que el racionalismo no funcionó. Digo, no funcionó el quitar a Dios, no funcionó el no tener milagros, no funcionó. Usted no podía responder al hambre del corazón de un hombre, el garfio eterno en el cual busca enganchar su destino. Inclusive cuando los regresaron a la mitad eso tampoco funcionó porque tuvieron que crear un ambiente que no era real. Y después, claro, hay gente que vino y dijo, “Sí, la respuesta está en la religión. Todos tenemos que regresar a la religión.” Y entonces vino la religión; misticismo, religiones orientales, legalismo y todo tipo de religiones concebidas, no hay fin a las religiones, no hay fin, créame, no puedo mantenerme al día con ellas. La gente dice, “¿Has oído de esta?” Alrededor de una vez por semana oigo de una nueva.

Timoteo Larry solía decir antes de que dejara de decir cosas, él solía decir, lo colocaron en lugares en donde él no podía decir mucho, pero él solía decir, “Lo que todos deberíamos hacer es comenzar nuestra propia religión.” Todo mundo tenía una religión. ¿Y sabe lo que pasó? La religión no sirve, la religión es el hombre inventando a Dios. Eso es al revés. La religión dice y el hombre creó a Dios a su propia imagen. La gente trató de buscar a Dios y por eso creó a Dios, no querían al dios de la Biblia porque es demasiado demandante, ellos no querían las normas que Él estableció y por eso inventaron las suyas.

Kierkegaard lo llamó un salto de fe, usted simplemente desarrolla lo que quiere y salta ahí amigos. Y usted le pregunta a un teólogo liberal, “Bueno, ¿cuál fue tu salto?” “Oh, eso es algo de lo que no hablamos. Es mi primer orden de experiencia, he estado en contacto con el orden santo, he tocado el suelo de ser.” ¿Acaso eso lo confunde? No tiene esperanza porque estas personas simplemente están brincando a una experiencia que no los satisface, “Oh sí, creo en Dios. Oh sí, he tocado a Dios.” Usted sabe, inclusive usted hoy en la actualidad a nivel de un laico, pero a nivel filosófico están brincando por todos lados diciendo que hay algo allá afuera, he tocado al ser, lo que sea. El simplista sería el indio que pensó que era un cazador feliz ahí en donde estaba cazando, un lugar que él inventó, una vez que el filósofo comenzó a brincar todo mundo empezó a saltar. Y poco tiempo después el artista comenzó a brincar en sus propias experiencias que no lo satisfacían. Solía ser que cuando usted iba a un museo de arte, oh, ahí hay una pintura hermosa, ahí hay una dama, ahí hay un hombre, ahí hay un pequeño, ahí hay un caballo, ahí hay una montana. Y ahora usted va y pregunta, usted sabe, ni siquiera sabes lo que es, y sucede en la música, escuche algo de la música de John Cage, se oye como si dos camiones de basura hubieran chocado, no tiene sentido pero ese es su salto, déjenlo solo, él tiene un derecho.

Y claro, oímos de todo esta apertura filosófica cualquier tipo de experiencia religiosa, ¿y qué sucede? Vienen el ocultismo, vienen el misticismo oriental, y cautiva la mente de la gente, viene la MT en la meditación trascendental y arrastra todas a estas personas que están ahí sentadas que están abiertas a cualquier cosa que aparezca. Pero después de todo lo que se ha dicho y hecho pueden tratarlo en todas esas áreas. Pueden buscarlo en la educación, en el racionalismo, en la religión y siempre terminan vacíos y no hay esperanza ahí.

Sartrea ha escrito una novela la cual es un comentario de su vida, la llama Náusea. Y eso le da una pequeña idea de cómo ve las cosas. Él fue un hombre triste, un pesimista, triste. En la apertura del libro el personaje principal, Oconton, dice esto, y cito, “Nada sucede, no hay principios, los días son apilados sobre los días sin rima ni razón, una adición interminable monótona, no hay nada, absolutamente nada, no hay razón para existir.” Fin de la cita.

Entonces aquí hay un hombre que ha concluido que no hay nada y no hay razón para vivir y dice ahora voy a salir y ver si puedo encontrar algo, primero lo voy a buscar en la ciencia y la educación, simplemente de lo que hemos estado hablando. Y busca en la ciencia y la educación y dice, “Esto no sirve porque solo explica la mecánica y no el significado. Lo puedo colocar en el tubo de ensaye y sí eso sucede.” Pero no dije por qué. Eso no funciona. Él dice, “Lo sé, tengo mi propio salto y voy a vivir para la experiencia.” Y él va de las emociones a la teología y toda experiencia que se encuentra en medio de estos dos puntos y él llega inclusive hasta el masoquismo, cualquier tipo de experiencia. Y cuando él lo resume, él dice esto, “Si mi existencia en la vida no tiene significado, entonces toda experiencia que tengo tampoco tiene significado porque soy el único que puede certificar mi experiencia. Y él dice, “Yo sé, bueno, voy a intentar con el humanismo. Me voy a perder a mí mismo con la gente. Me voy a entregar a la gente. Ama a tu prójimo. Ama a tu hermano. Ayuda otras personas. Y lo hice, pero encontré otras personas, pero en la mayoría de los casos son malos o egoístas o son personas que odian o inclusive matan y no quise eso.” Y después él dice, “Solo hay otra cosa que voy a probar, y eso es el amor.” Y entonces él busca el amor, pero el único tipo de amor que él puede encontrar es sexual y cada vez que se mete en una relación sexual destruye al objeto que él trató de amar porque el amor para él es solo lujuria. Y finalmente él dice al final, “Soñé en matarme a mí mismo para borrar por lo menos una de estas ideas superfluas.” Nada.

Hay mucha desesperanza en el mundo y quizás he desenmascarado un poco de ello. Pero quizás está diciendo, “Pero yo no veo todo esto.” Usted sabe, la gente lo cubre, usted no puede estar caminando por todos y decir no tengo esperanza. Usted no puede caminar así y vivir su vida de esta manera y por eso lo cubre, compra un coche nuevo, se vuelve un radioaficionado para que nunca tenga que pensar, si no es la música, le habla a alguna persona que tiene algo que decir en otro lado y puede usar ese lenguaje extraño. Usted sabe, estoy seguro que se habla de buenas cosas, no sé, pero puedo llenar su vida entera, puede ir a casa y prender la tele y subirle al volumen, puede irse a acostar y escuchar la radio hasta que se queda dormido, se levanta y vuelve a prender la radio, puede llenar su vida o simplemente puede comprar cosas todo el tiempo, sigue comprando cosas para que siempre tenga usted a algo que lo haga sentir bien, o puede tener su pasatiempo o su deporte o simplemente puede tomar y adormecer sus sentidos o ingerir drogas, o simplemente puede hacer lo que es totalmente absurdo. Usted sabe, algunas personas hacen eso, simplemente se desconectan.

¿Vio usted? Hace como una semana atrás o algo así vi una película que estaba en la televisión, este es uno de los más grandes comentarios filosóficos acerca del dilema humano que jamás he visto, muy, muy claro. Escuche, aquí están estos hombres, y creo que era la Segunda Guerra Mundial. Y están en esta Isla, están en misiones volando para la fuerza aérea, en misiones de vuelo, y eran misiones absurdas y son muy peligrosas y los hombres odiaban el deber y solo esperaban que cuando llegaran a 25 misiones se podían salir. Entonces consiguieron un nuevo coronel quien llegó y tan pronto llegaron ellos a las 25, él las subió a 30, y llegaron a 30 y él las subió a 35, y llegaron a 35, y él las subió a 40, y así siguió y siguió, no había manera de salir. Ese es el dilema humano. Esa es una metáfora del dilema humano, no hay manera de escapar. Usted está atrapado en una isla en una existencia torpe, haciendo cosas sin significado y no hay manera de salir.

Ahora, había solo una manera en la que usted se podía salir de ese deber, aquellos de ustedes que vieron la película recuerdan que la única manera en que usted se podía salir de ese deber era volverse loco porque no querían que gente loca estuviera volando en esas misiones. Pero tenía que entregarse usted a sí mismo por estar loco, y si usted era lo suficientemente inteligente como para entregarse a sí mismo por estar loco usted no estaba loco. Las únicas personas inteligentes en el dilema humano son las que están locas, es como un niño que me dijo en una ocasión que estaba totalmente fuera de sí, Él dijo, “Hombre, quizás no tenga ninguna respuesta pero estoy seguro de que no tengo ya que meterme con ninguna pregunta.”

Entonces el hombre finalmente decidí que solo le queda una cosa, construir una balsa e irse pataleando a Suecia. Eso no es inteligente, eso es torpe. Usted no puede construir una balsa en medio del Mediterráneo e irse pataleando a Suecia. ¿Pero no ve usted cuál es el punto? Cuando todas las opciones racionales del hombre han quedado cerradas lo que hace es irracional, es absurdo, porque no tiene otra opción. ¿Quiere saber por qué la gente hace cosas absurdas, extrañas, irracionales? Es falta de esperanza. Dice usted, “Bueno, John, ¿por qué el hombre siente esta falta de esperanza? Esa fue la introducción. Simplemente para que sepas en dónde está usted. ¿Por qué el hombre siente la falta de esperanza? Creo que hay tres cosas básicamente que podemos usar para resumir sus puntos de presión.

Aquí es donde el hombre siente el dolor. Número uno es el área de pecado y culpabilidad. El hombre vive con un sentido de su pecaminosidad y la culpabilidad que viene detrás de ese pecado y él siempre está tratando de enfrentar eso, el pecado es una realidad. Observe Romanos capítulo 3 por un momento, quiero llevarlos a un pasaje muy simple aquí que nos ayuda a ver el dilema humano en términos de pecado y culpabilidad. En Romanos capítulo 3, y usted sabe, aquí es donde la Biblia entra y como puedo ver, la Biblia está diciendo, “Mira, sabemos lo que está pasando.” Usted sabe. ¿Quiere saber por qué existe el dilema humano? Y las Escrituras le van a decir a usted de manera precisa. La Biblia le habla al hombre. Ahora, lo que usted tiene en Romanos 3, versículo 10, es lo siguiente, “Como está escrito, no hay justo, ni aún uno.” Comenzamos a reconocer que Dios dice que no hay personas justas, que solo hay personas injustas, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. ¿Sabe usted que cuando Adán pecó qué fue lo primero que hizo? Él corrió y se escondió, y los hombres han estado corriendo y escondiéndose de Dios desde ese entonces, no buscan a Dios. Todos se desviaron, a unas hicieron inútiles, es una palabra en el griego que significa echarse a perder como la leche, es leche que se ha acidificado, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y de amargura, sus pies se apresuran para derramar sangre, quebranto y desventura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz, no hay temor de Dios delante de sus ojos. Ahora, ahí tiene usted un resumen de la pecaminosidad del hombre. Está en su boca, está en sus pies, está en sus manos, está en todo lo que la hace porque el hombre es un pecador. El resultado de esto es que él siente culpabilidad. El versículo 19 habla del hecho al final del versículo de que todo el mundo se ha vuelto culpable delante de Dios, el pecado tiene una consecuencia. Usted no puede pecar y no sentir los resultados, es como el dolor. Cuando usted daña su cuerpo, su cuerpo envía impulsos que le dicen que usted ha hecho eso, y su conciencia, y entonces yo respondo al pecado con impulsos de culpabilidad. Y la gente corre como loco para cubrir eso, beben, toman drogas, duermen, van al siquiatra, y desesperadamente quieren que alguien les digan no es tu culpa que seas como eres, tu mamá no debería haberte encerrado en el clóset cuando eras un niño o siempre haberte dado el plátano más pequeño, usted sabe, y tu hermano recibe el plátano más grande, o lo que sea. La gente quiere abandonarse a sí misma al pecado y quieren salir de la consecuencia, pero no pueden salirse y por ello tratan de escapar en áreas en las que realmente no hacen nada más que magnificar la realidad de su pecado, lo justifican.

Hoy en día la última estrategia para aliviar la culpabilidad es justificarlo, hemos perdido nuestra moralidad y por eso podemos hacer eso. Ahora de pronto el pecado es macho, ¿no es cierto? O el pecado es algo que está de moda, lo que está pasando, yo estoy metido en eso. O el pecado es natural, es solo natural hombre, es biológico, es liberado. Todos estábamos bajo esa esclavitud, ahora hemos sido liberados. Todas estas estrategias para enfrentar nuestra culpabilidad, pero es algo hipócrita, realmente nunca resuelve el problema, siempre hay, creo yo, un anhelo en el corazón de un hombre y una mujer y un sentido de retribución que algún día yo voy a pagar, tiene que haber un pago. Y la razón por la que creo que eso es así es porque creo que Dios ha dado una conciencia de pecado a todo hombre para llevarlo al conocimiento de Dios mismo. El hombre ha estado huyendo y escondiéndose y trata de encontrar todo tipo de árboles para esconderse, pero poco después es exhibido y busca otro árbol, y Dios busca y el hombre se esconde debido al pecado y a la culpabilidad.

Hay un segundo punto de presión en el dilema humano, y ese es la lujuria y el deseo. Cómo Oscar Wilde dijo, y estoy de acuerdo, la lujuria es un amo cruel. Es algo terrible ser controlado de manera total por tu propia lujuria y deseo. Si ha habido una sociedad de lujuria es la de Norteamérica en el siglo 20. Es increíble, digo, usted simplemente maneja por cualquier calle y está llena de cosas que apelan a la lujuria y al deseo malo. Usted puede ir a una sucursal de masajes y usar su tarjeta de crédito y hay tiendas donde hay libros sucios por aquí y grandes espectaculares con gente semidesnuda solicitando ir a ciertas películas, Billy Grant dijo que las películas son como una gotera de un caño que está roto, y tiene razón. No hay fin a toda esta apelación y apelación, y cuál es la parte que más responde de un hombre, y es su lujuria. Y la familia ha muerto porque todo mundo está ahí afuera en la calle viendo los espectaculares para ver dónde pueden satisfacer sus lujurias. Todo mundo ha dejado el hogar y han intercambiado la lujuria por el amor y la sexualidad por la seguridad y entonces la familia murió. Y cuando la familia muere todo se acaba. No hay calidez, no hay aceptación, no hay satisfacción. Y entonces tenemos desesperanza. En Efesios capítulo 2 observe conmigo el versículo 3, Pablo hace una crónica de esto cuando dice en el versículo 2, “Fueron guiados por Satanás, el príncipe de la potestad del aire.” Y después en el versículo 3, “Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.”

Entonces tenemos un pensamiento, un deseo de la carne y los satisfacemos. Así es el hombre. Y nos volvemos realmente los hijos de ira, en otras palabras, comenzamos a sentir la retribución de Dios, el juicio de Dios. Y entonces el hombre sufre por las presiones del pecado y la culpabilidad, la lujuria y el deseo, nunca puede salir de esto, nunca puede divorciarse de esta fuerza que lo impulsa y que lo destruye y destruye a su familia y destruye su sociedad.

Hay una tercera cosa, creo que el tercer punto de presión que el hombre enfrenta, y estoy tratando de analizar esto conforme veo a la gente y conforme siento en mi propio corazón y conforme veo el aspecto de las Escrituras. El tercero es una falta de propósito y de significado. Me parece que el peor de todos es no tener razón de ser como Edna St. Vincent Millay dijo, “La vida debe seguir y olvido por qué.” O como Arthur Miller, en su obra de teatro tiene una mujer y a su marido ahí sentados en la mesa del desayuno, nunca hablan. Ella está ahí con cosas en su cabello, vestida con una bata de baño vieja y ella se ve como el desayuno de ayer y él se sienta enfrente de ella ahí en la mesa y él tiene comida en la boca y él lee el periódico. Y ella dice, “Nunca me hablas.” La vida se ha deteriorado al punto de que solo hablamos de cuántos kilómetros tiene nuestro Volkswagen, bastante triste cuando la vida llega a ese nivel pero así es para mucha gente. ¿Sabe usted lo que el salmista dijo? Dijo que los impíos son como tamo que arrebata el viento. Usted sabe que cuando ellos cosechan el trigo y colocan el grano en esas canastas, entran y avientan eso al aire y el grano era lo suficientemente pesado como para caer de regreso en la canasta, pero el viento se llevaba el tamo y así es como era separado, porque era inútil, no servía para nada. Y creo que eso es lo que Dios está diciendo acerca del hombre, que el hombre es inútil fuera de Él. Y el hombre tiene ese sentimiento de falta de propósito, que no sirve para nada. Él no tiene un gancho eterno en el cual puede enganchar su vida y decir, “Oye, yo pertenezco aquí. Aquí es donde me voy a quedar.” Él no tiene sentido de continuidad eterna.

Usted sabe, una de las declaraciones más grandes jamás escritas en la Biblia entera es esta, “Vuestro fruto permanecerá.” ¿Se acuerda cuando Jesús dijo eso en Juan 15? “Daréis mucho fruto, y su fruto permanecerá.” Escuche, es una de las cosas más emocionantes en el mundo, el saber que su vida puede tener una continuidad eterna. Es increíble pensar en eso. Usted no solo apareció, existió, ya no está, terminó en cenizas y fue olvidado. Si usted es cristiano tiene una parte en el plan de terno de Dios, usted está en el flujo del destino con Dios. Si usted no conoce a Cristo, usted simplemente deja de existir en esta tierra y ha perdido el propósito de su ser. Recientemente la revista Time presentó, de lo que recuerdo como también News Week, una nueva filosofía que está arrasando con el país, decenas de miles de personas están en lo que se llama EST, Werner Herden, el cual es un seudónimo de un hombre que solía ser un vendedor de coches en algún lugar, que simplemente adoptó ese nombre y desarrolló esto. Pero lo que sucede es que la gente va, y va por un par de semanas, y lo que es que es una técnica de lavado de cerebro. Él entra ahí, tienen un par de semanas de este lavado de cerebro doloroso concentrado mental, digo, son golpeados y arrasados verbalmente cautivados y ni siquiera pueden ir al baño, los mantienen ahí, están ahí en el piso sudando y literalmente los destruye y destruye su ego y no puedo imaginar todo lo que está involucrado en esto.

Pero cuando todo esto termina y usted ha terminado con todo esto, él se levanta y dice, “Esto es último.” Y esto es lo que dice al terminar, “Bueno, ahora, usted lo tiene porque no hay nada que obtener.” Obviamente la verdad es lo que no es tan obvio, y entonces qué, lo que es – entonces que él se va eso, eso es algo, todo eso y usted sabe, y entonces qué, hombre él entiende el problema del hombre, entonces qué, entonces qué, no hay significado, tiene que haber un punto de referencia en el universo, tiene que haber un gancho en el cual usted cuelgue su vida, una roca, un estándar, una fuente de vida abundante, tiene que haber significado en algún lugar. El deísta viene y dice, “Dios es una fuerza cósmica que está allá arriba en algún lugar.” Bueno, es agradable saber eso pero no me toca. El fatalista dice, “Dios es simplemente un bromista práctico.” Y el hedonista religioso dice, “Él es un abuelo glorificado.” Y el panteísta dice, “Él es todo.” Y alguien más dice, “Él es el aguafiestas cósmico.” Y el cristianismo viene y dice, “Él es un Dios amoroso, soberano, santo, justo. Y Él es el gancho en el cual puedes colgar tu vida.” Y Él ha venido a este mundo y Él nació como hombre y un bebé en Belén y esa es la Navidad. Y me atrevo a decir que si usted tiene una fiesta sin la realidad de Cristo, la fiesta es una farsa. Quiero destrozar su fiesta y ofrecerle una verdadera fiesta, una verdadera celebración. Jesús es Dios. Dios quiso que colgáramos nuestra vida en Él y por eso descendió y dijo, “Así es como lo hacen, a través de mi Hijo Jesucristo quien vivió y murió y resucitó para darle vida.”

La navidad no tiene significado a gente sin Cristo más que cualquier otro día en su vida, pero con Cristo diariamente tiene tanto significado como la Navidad, todo día, diariamente. La Navidad es, “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria.” ¿Qué gloria? la gloria del Unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. Vimos que fue Dios y le entregamos nuestras vidas, eso es Navidad, y la Navidad no es nada más que eso. Oremos.

Padre nuestro, reconocemos que fuera de ti solo tenemos pecado y culpabilidad que pagar por el pasado, la lujuria y el deseo que experimentar en el presente, y la falta de significado y de propósito para el futuro. Y eso no es vida. Nunca quisiste que fuera así. Tú has estado buscando tocarnos, alcanzarnos desde Adán. Has estado buscándonos en medio de los árboles que hemos inventado para escondernos, que seamos lo suficientemente honesto y abiertos para salir y decir Dios creo que te necesito. Quiero al Cristo de Navidad. El Señor Jesucristo, el Dios vivo en carne humana que murió y resucitó para que yo tuviera vida. Quiero la vida abundante que Tú das. Padre, es mi oración por la gente que está aquí que sepa esta mañana, que se comprometa de manera fresca contigo, y para aquellos que no te conocen que esta sea la verdadera Navidad real en la que Cristo nazca en ellos. Amén.

 

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El llamado de Dios en la Salvación

Grace en español

El llamado de Dios en la Salvación

Henry Tolopilo

Henry se desempeña como pastor asociado en Grace Church, supervisando el Ministerio español. Anteriormente sirvió como misionero en Costa Rica y México, y también trabajó como director de desarrollo curricular para LOGOI International en Miami, Florida. Henry tiene títulos de Biola University (BA), Talbot Theological Seminary (M.Div.) Y Dallas Theological Seminary (STM). Él y su esposa Barbara tienen dos hijos.

La humillación de Cristo

Grace en Español

La Cruz de Cristo y su Significado

Henry Tolopilo

Henry se desempeña como pastor asociado en Grace Church, supervisando el Ministerio español. Anteriormente sirvió como misionero en Costa Rica y México, y también trabajó como director de desarrollo curricular para LOGOI International en Miami, Florida. Henry tiene títulos de Biola University (BA), Talbot Theological Seminary (M.Div.) Y Dallas Theological Seminary (STM). Él y su esposa Barbara tienen dos hijos.

¿Por qué se nos hace tan difícil el hábito de orar?

Coalición por el Evangelio

¿Por qué se nos hace tan difícil el hábito de orar?

SUGEL MICHELÉN 

Orar es a la vida cristiana como el respirar a la vida física. Así como nadie puede vivir sin respirar, así tampoco un creyente puede vivir sin orar. Un hombre sin oración es un hombre sin Dios. En el Salmo 14 el salmista describe a los impíos como aquellos que no invocan a Dios. Así como un niño respira desde el momento en que nace, así también el cristiano ora.

No obstante, no debemos pensar por esto que el orar sea una tarea sencilla. Cuando un creyente se dispone a orar una tremenda lucha comienza a librarse de inmediato en su interior, y continuará librándose hasta que termine de orar. ¿Por qué es esto así? Porque el pecado aún mora en nosotros, y continuamente nos empuja lejos de Dios.

Todo deber que nos acerque a Dios encontrará resistencia en nuestro interior. En Romanos 7:21 Pablo dice: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí”. “Precisamente cuando me dispongo a hacer el bien, el pecado que mora en mi interior se manifiesta activamente tratando de impedirlo”.

Y como ningún otro deber nos acerca más a Dios que la oración, ninguno encontrará más resistencia que éste. El pecado es tan terrible que nos persigue hasta las puertas mismas del cielo, como nos advierte el Señor en Mateo 6:5-6:

“Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Detengámonos a observar este texto con cuidado. No existe una actividad más noble, ni más piadosa que orar. Dice Martyn Lloyd-Jones que “nunca es mayor el hombre que cuando se halla en comunión y contacto con Dios”. No obstante, aún en el ejercicio de ese deber tan noble y piadoso, el creyente puede ser atrapado por la corrupción y el pecado que habita en él y orar como un hipócrita.

Muchas veces pensamos en el pecado en términos de hechos vergonzosos y desagradables. Vemos a un hombre tendido en el pavimento, completamente borracho, y pensamos que ese es un cuadro vívido de los efectos del pecado en el hombre. Pero si queremos tener una idea más exacta de lo que es el pecado debemos mirar hacia otro lugar. Debemos mirar a un creyente sincero, de rodillas delante de Dios, tratando de presentarse ante el trono de la gracia, y aún en ese lugar experimentando el asedio de su propio “yo”, el asedio de su propia corrupción.

Esa es una imagen más vívida y más terrible de los efectos del pecado en el hombre. Ese hombre ha venido a adorar a Dios, y si se descuida el pecado lo moverá a adorarse a sí mismo. Así de monstruoso es el pecado.

El Señor Jesucristo nos está advirtiendo en este pasaje que al venir delante de la presencia de Dios debemos cuidarnos de la hipocresía. Cuidarnos de centrar la atención en nosotros mismos en vez de centrarla en Aquel a quien oramos. Ese es el peligro que Cristo denuncia aquí.

El pecado nos perseguirá hasta las puertas mismas del cielo. Así que no te sorprendas por las luchas que experimentas en tu vida de oración. No sólo durante el ejercicio de ese deber piadoso, sino también en el momento en que te dispones hacerlo.

¡Cuán difícil es mantener una vida disciplinada de oración! Satanás y el pecado no sólo tratarán de estorbarnos mientras oramos, sino que intentarán, por todos los medios posibles, obstaculizarnos para que no oremos.

Y es precisamente acerca de estos obstáculos que pienso postear una serie de artículos a lo largo de esta semana, haciendo un amplio uso de la obra del puritano William Gurnall, The Christian in Complete Armour (“El Cristiano y su Completa Armadura”). El cristiano no debe ignorar las maquinaciones del maligno, y por lo tanto debe conocer las estratagemas que usa para alejarlo del trono de la gracia y los remedios que debemos aplicar para impedirlo.

Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

La intervención del relojero

jueves 30 noviembre

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor… pruebo el corazón.

Jeremías 17:9

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.

Ezequiel 36:26

La intervención del relojero

Hay pocas personas realmente satisfechas con su vida. La gente se queja de todo: de los demás, del tiempo, de la mala suerte, de Dios, a quien fácilmente hacen responsable de todos los problemas. Y cada uno desea tal o cual cambio que le daría la alegría de vivir.

Es cierto que hay algo que debe cambiar en mi vida. Pero hay que determinar primeramente con honestidad la verdadera causa de mis decepciones e inquietudes. La Palabra de Dios me dice qué es. Lo que me impide ser feliz no son las circunstancias de mi vida, sino más bien mi estado interior. No son solo los demás, sino ante todo yo mismo. ¡No son mis costumbres, sino mi corazón!

El corazón es malo, declara la Escritura, y es responsable de mi perpetua insatisfacción. ¡Ahí es donde debe haber un cambio! ¿Lo conseguiré mediante mis esfuerzos personales? La Biblia no deja que me haga ilusiones con respecto a este punto. Cambiar nuestro corazón es imposible. Un reloj roto no puede funcionar sin la intervención del relojero, y para nosotros es la de nuestro Creador. Aquel que nos dio la vida también quiere dar, por Jesucristo, la vida nueva, un corazón nuevo, a todo el que se reconoce pecador y cree que Jesús murió por sus pecados.

“Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).

Job 37 – Colosenses 3 – Salmo 135:15-21 – Proverbios 28:25-26

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

9 – [9] Escogidos por Dios

Escogidos por Dios

R.C. Sproul

Capítulo 9

Cuestiones y objeciones sobre la predestinación

Quedan varios problemas y cuestiones alrededor de predestinación que debemos al menos tocar.

¿Es fatalismo la predestinación?

Una frecuente objeción que se levanta contra la predestinación es el ser una forma religiosa de fatalismo. Si examinamos el fatalismo en su sentido literal, vemos que está tan lejos de la doctrina bíblica de la predestinación como el este del oeste. El fatalismo significa literalmente que los asuntos de los hombres son controlados bien por subdeidades caprichosas (los hados) o, más popularmente, por las fuerzas impersonales del azar.

La predestinación no se basa ni en una idea mitológica de diosas jugando con nuestras vidas, ni en la idea de un destino controlado por la colisión casual de los átomos. La predestinación está arraigada en el carácter de un Dios personal y justo, un Dios que es el Señor soberano de la historia. El que mi destino esté, en última instancia, en las manos de una fuerza indiferente u hostil es aterrador. Que esté en las manos de un Dios justo y amante es un asunto totalmente diferente. Los átomos no contienen justicia; en el mejor de los casos, son amorales. Dios es totalmente santo. Prefiero que mi destino esté con El.

La gran superstición de los tiempos modernos tiene que ver con el papel que se le da al azar en los asuntos humanos. El azar es la nueva deidad reinante en la mente moderna. El azar habita en el castillo de los dioses. Al azar se le atribuye la creación del universo y la aparición de la raza humana a partir del cieno.

El azar es un sibolet. Es una palabra mágica que utilizamos para explicar lo desconocido. Es el poder favorito de la casualidad para aquellos que atribuyen poder a cualquier cosa o persona excepto a Dios. Esta actitud supersticiosa hacia el azar no es nueva. Leemos acerca de su atracción muy al principio de la historia bíblica.

Recordamos el incidente en la historia judía cuando el arca sagrada del pacto fue capturada por los filisteos. Aquel día la muerte visitó la casa de Elí y la Gloria fue traspasada de Israel. Los filisteos estaban jubilosos por su victoria, pero pronto aprendieron a lamentar el día. Dondequiera que tomaban el arca, la calamidad les sobrevenía. El templo de Dagón fue humillado. La gente fue devastada por tumores. Durante siete meses el arca fue enviada a las grandes ciudades de los filisteos con los mismos resultados catastróficos en cada ciudad.

Desesperadamente, los reyes de los filisteos se juntaron para tomar consejo y decidieron devolver el arca a los judíos con un rescate también, para calmar la ira de Dios. Sus palabras finales de consejo son dignas de mención:

Tomaréis luego el arca del Señor, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya. Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente (1 Sam. 6:8–9).

Ya hemos notado que el azar nada puede hacer, porque nada es. Permítaseme desarrollar esto. Utilizamos la palabra azar para describir las posibilidades matemáticas. Por ejemplo, cuando lanzamos una moneda al aire, decimos que hay un 50% de posibilidades de que salga cara. Si al lanzar la moneda elegimos cara y sale cruz, podemos decir que tuvimos mala suerte y que perdimos nuestra oportunidad.

¿Cuánta influencia tiene el azar en el lanzamiento de una moneda? ¿Qué hace que salga cara o cruz? ¿Cambiaría la situación si supiéramos con qué cara de la moneda se comenzó, cuánta presión fue ejercida por el pulgar, cuán densa era la atmósfera y cuántas vueltas dio la moneda en el aire? Con este conocimiento, nuestra capacidad para predecir el resultado excedería con mucho el 50%.

Pero la mano es más rápida que el ojo. No podemos medir todos estos factores en el normal lanzamiento de la moneda. Puesto que podemos reducir el posible resultado a dos, simplificamos las cosas hablando acerca del azar. La cuestión a recordar, sin embargo, es que el azar no ejerce influencia alguna en absoluto sobre el lanzamiento de la moneda. ¿Por qué no? Como estamos repitiendo, el azar nada puede hacer porque nada es. Antes que algo pueda ejercer poder o influencia debe ser primeramente algo. Debe ser alguna clase de entidad, bien sea física o no física. El azar no es ninguna de las dos. Es meramente una construcción mental. No tiene poder porque no tiene ser. Es nada.

Decir que algo ha ocurrido por azar es decir que es una coincidencia. Esto es simplemente una confesión de que no podemos percibir todas las fuerzas y poderes causales que actúan en un incidente. Al igual que no podemos ver todo lo que está ocurriendo en el lanzamiento de una moneda a simple vista, así los complejos asuntos de la vida están también fuera del alcance de nuestra capacidad de percepción. Inventamos, pues, el término azar para explicarlos. El azar realmente nada explica. Es meramente una palabra que utilizamos como taquigrafía por nuestra ignorancia.

Escribí recientemente sobre el tema de causa y efecto. Un profesor de filosofía me escribió quejándose de mi ingenuo entendimiento de la ley de causa y efecto. Me regañó por no tener en cuenta los “acontecimientos sin causa”. Le di las gracias por su carta y dije que estaría dispuesto a abordar su objeción si me escribía citando sólo un ejemplo de un acontecimiento sin causa. Todavía estoy esperando. Esperaré por siempre porque ni aun Dios puede producir un acontecimiento sin causa. Esperar un acontecimiento sin causa es como esperar un círculo cuadrado.

Nuestros destinos no están controlados por el azar. Digo esto dogmáticamente, con todo el énfasis que me es posible. Sé que mi destino no está controlado por el azar porque sé que nada puede ser controlado por el azar. El azar nada puede controlar, porque nada es. ¿Cuáles son las posibilidades de que el universo fuese creado por azar o que nuestros destinos sean controlados por el azar? No hay posibilidad alguna.

El fatalismo encuentra su más popular expresión en la astrología. Nuestros horóscopos diarios están compilados sobre la base del movimiento de las estrellas. La gente en nuestra sociedad sabe más acerca de los doce signos del zodiaco que acerca de las doce tribus de Israel. Sin embargo, Rubén tiene que ver más con mi futuro que Acuario, Judá más que Géminis.

¿No dice la Biblia que Dios no quiere que ninguno perezca?

El apóstol Pedro afirma claramente que Dios no quiere que ninguno perezca.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2 Pedro 3:9)

¿Cómo podemos armonizar este versículo con la predestinación? Si no es la voluntad de Dios elegir a todos para salvación, ¿cómo puede decir la Biblia pues, que Dios no quiere que ninguno perezca?

En primer lugar, debemos entender que la Biblia habla de la voluntad de Dios en más de una manera. Por ejemplo, la Biblia habla de lo que llamamos la voluntad eficaz y soberana de Dios. La voluntad soberana de Dios es la voluntad por la cual Dios hace que ocurran las cosas con absoluta certeza. Nada puede resistir la voluntad de Dios en este sentido. Por su soberana voluntad El creó el mundo. La luz no podría haber rehusado resplandecer.

La segunda manera en que la Biblia habla de la voluntad de Dios es con respecto a lo que llamamos su voluntad preceptiva. La voluntad preceptiva de Dios se refiere a sus mandatos, sus leyes. Es la voluntad de Dios que hagamos las cosas que El manda. Tenemos la capacidad de desobedecer esta voluntad. De hecho, quebrantamos sus mandamientos. No podemos hacerlo impunemente. Lo hacemos sin su permiso o aprobación. Sin embargo, lo hacemos. Pecamos.

Una tercera manera en que la Biblia habla de la voluntad de Dios se refiere a la disposición de Dios, a lo que le agrada. Dios no se deleita en la muerte del inicuo. Hay un sentido en que el castigo del inicuo no produce gozo a Dios. Escoge hacerlo porque es bueno castigar la maldad. Se deleita en la justicia de Su juicio, pero le “entristece” que tal justo juicio deba ser llevado a cabo. Es algo así como un juez sentándose en un tribunal y sentenciando a su propio hijo a la cárcel.

Apliquemos estas tres posibles definiciones al pasaje en 2 Pedro. Si tomamos la afirmación general: “Dios no quiere que ninguno perezca”, y le aplicamos la voluntad eficaz y soberana, la conclusión es obvia. Nadie perecerá. Si Dios decreta soberanamente que nadie perezca, pues Dios es Dios, entonces ciertamente nadie perecerá jamás. Esto sería así, un texto probatorio no para el arminianismo, sino para el universalismo. El texto pues, probaría demasiado para los arminianos.

Supongamos que aplicamos la definición de la voluntad preceptiva de Dios a este pasaje. Entonces el pasaje significaría que Dios no permite que nadie perezca. Esto es, prohibe que la gente perezca. Es contra su ley. Si las personas pues, siguieran adelante y perecieran, Dios tendría que castigarlas por perecer. Su castigo por perecer sería perecer más. ¿Pero cómo puede alguien perecer más que perecer? Esta definición no funciona en este pasaje. No tiene sentido.

La tercera alternativa es que Dios no se deleita en que la gente perezca. Esto encaja con lo que la Biblia dice en otros lugares acerca de la disposición de Dios hacia los perdidos. Esta definición podría encajar en este pasaje. Pedro puede estar diciendo aquí simplemente que Dios no se deleita en que alguien perezca.

Aunque la tercera definición es posible y atractiva para usarla en resolver este pasaje con lo que la Biblia enseña acerca de la predestinación, hay sin embargo, otro factor a considerar. El texto dice más que simplemente Dios no quiere que nadie perezca. La cláusula entera es importante: “… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

¿Cual es el antecedente de ninguno? Es claramente nosotros. ¿Se refiere nosotros a todos nosotros los seres humanos? ¿0 se refiere a nosotros los cristianos, el pueblo de Dios? A Pedro le agrada hablar de los elegidos como un grupo especial de personas. Creo que lo que está diciendo aquí es que Dios no quiere que ninguno de nosotros (los elegidos) perezca. Si eso es lo que quiere decir, entonces el texto requeriría la primera definición y sería un fuerte pasaje más a favor de la predestinación.

De dos maneras diferentes el texto puede armonizar fácilmente con la predestinación. De ninguna manera apoya al arminianismo. Su otro único posible significado sería el universalismo, que lo haría entonces entrar en conflicto con todo lo demás que la Biblia dice en contra del universalismo.

¿Qué es el pecado imperdonable?

En nuestra consideración de la seguridad de la salvación y la perseverancia de los santos, tocamos la cuestión del pecado imperdonable. El hecho de que Jesús advierte contra la comisión de un pecado que es imperdonable es incuestionable. Las preguntas que hemos de afrontar son, pues, éstas: ¿Cuál es el pecado imperdonable? ¿Pueden los cristianos cometer este pecado? Jesús lo definió como una blasfemia contra el Espíritu Santo:

Por tanto os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero (Mat.12:31–32).

En este texto Jesús no facilita una explicación detallada de la naturaleza de este terrible pecado. Declara que existe tal pecado y hace una ominosa advertencia acerca del mismo. El resto del Nuevo Testamento añade poco a manera de explicación adicional. Como resultado de este silencio, ha habido mucha especulación acerca del pecado imperdonable.

Dos pecados han sido mencionados frecuentemente como candidatos al pecado imperdonable: adulterio y asesinato. El adulterio es escogido sobre la base de que representa un pecado contra el Espíritu Santo, porque el cuerpo es su templo. El adulterio era un crimen capital en el Antiguo Testamento. El razonamiento es que, puesto que merecía la pena de muerte e implicaba una violación del templo del Espíritu Santo, éste debe de ser el pecado imperdonable.

El asesinato es escogido por razones similares. Puesto que el hombre ha sido creado a imagen de Dios, un ataque contra la persona humana es considerado un ataque contra Dios mismo. Matar al portador de la imagen es insultar a Aquel cuya imagen se porta. De igual manera, el asesinato es un pecado capital. Añadimos a esto el hecho de que el asesinato es un pecado contra la santidad de la vida. Puesto que el Espíritu Santo es la “fuerza vital” en última instancia, matar a un ser humano es insultar al Espíritu Santo.

A pesar de ser atractivas estas teorías para los especuladores, no han obtenido el consentimiento de la mayoría de los eruditos bíblicos. Una idea más popular tiene que ver con la resistencia final a la aplicación por parte del Espíritu Santo de la obra redentora de Cristo. La incredulidad final es vista pues, como el pecado imperdonable. Si una persona repudia el Evangelio repetida, plena y finalmente, entonces no hay esperanza de perdón en el futuro.

De lo que estas tres teorías carecen es de una consideración seria del significado de blasfemia. La blasfemia es algo que hacemos con la boca. Tiene que ver con lo que decimos en voz alta. Ciertamente, también puede hacerse con la pluma, pero la blasfemia es un pecado verbal.

Los Diez Mandamientos incluyen una prohibición contra la blasfemia. Se nos prohibe hacer un uso frívolo o irreverente del nombre de Dios. A los ojos de Dios, el abuso verbal de su santo nombre es un asunto lo suficientemente grave como para incluirlo en su lista de los diez máximos mandamientos. Esto nos dice que la blasfemia es un asunto grave a los ojos de Dios. Es un pecado detestable blasfemar a cualquier miembro de la Divinidad.

¿Significa esto que cualquiera que haya abusado jamás del nombre de Dios no tiene posible esperanza de perdón, ahora o jamás? ¿Significa que si una persona maldice una vez, utilizando el nombre de Dios, está condenada para siempre? Pienso que no.

Es crucial notar en este texto que Jesús hace una distinción entre pecar contra El (el Hijo del Hombre), y pecar contra el Espíritu Santo. ¿Significa esto que esté bien blasfemar a la primera persona de la Trinidad y a la segunda persona de la Trinidad, pero que insultar a la tercera persona es traspasar los limites del perdón? Difícilmente tiene esto sentido.

¿Por qué pues, haría Jesús tal distinción entre pecar contra El y contra el Espíritu Santo? Creo que la clave para responder a esta pregunta es la clave para la cuestión entera de la blasfemia contra el Espíritu Santo. La clave se encuentra en el contexto en que Jesús originalmente hizo esta severa advertencia.

En Mateo 12:24 leemos: “Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.” Jesús responde con un discurso acerca de una casa dividida contra sí misma y la insensatez de la idea de que Satanás obrase para echar fuera a Satanás. Su advertencia acerca del pecado imperdonable es la conclusión de esta discusión. El introduce su severa advertencia con la palabra por tanto.

La situación es, más o menos, la siguiente: los fariseos están siendo repetidamente críticos con Jesús. Sus ataques verbales contra El se vuelven más y más feroces. Jesús había estado echando fuera demonios “por el Espíritu de Dios”. Los fariseos cayeron tan bajo como para acusar a Jesús de hacer su santa obra por el poder de Satanás. Jesús les advierte. Es como si les estuviera diciendo: “Tened cuidado. Tened mucho cuidado. Os estáis acercando peligrosamente a un pecado por el cual no podéis ser perdonados. Una cosa es atacarme, pero guardaos. Estáis pisando tierra santa aquí.”

Aún nos preguntamos porqué hizo Jesús la distinción entre pecar contra el Hijo del Hombre y pecar contra el Espíritu. Notamos que aun desde la cruz Jesús imploró el perdón de aquellos que le estaban asesinando. En el día de Pentecostés, Pedro habló del horrible crimen contra Cristo cometido en la crucifixión; sin embargo, aún dio esperanza de perdón para aquellos que habían participado en el mismo. Pablo dice: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.” (1 Corintios 2:7–8).

Estos textos indican una cierta concesión a la ignorancia humana. Debemos recordar que cuando los fariseos acusaron a Jesús de obrar por el poder de Satanás, no tenían aún el beneficio de la plenitud de la revelación de Dios en cuanto a la verdadera identidad de Cristo. Estas acusaciones se hicieron antes de la resurrección. Sin duda, los fariseos debieron haber reconocido a Cristo, pero no lo hicieron. Las palabras de Jesús desde la cruz son importantes: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Cuando Jesús hizo la advertencia y distinguió entre la blasfemia contra el Hijo del Hombre y la blasfemia contra el Espíritu Santo era en un tiempo cuando El no se había manifestado aún plenamente. Notamos que esta distinción tiende a desaparecer tras la resurrección, Pentecostés y la ascensión. Notemos lo que el autor de la carta a los Hebreos declara:

Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos y de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

(Hebreos 10:26–29.)

En este pasaje la distinción entre pecar contra Cristo y contra el Espíritu desaparece. Aquí, pecar contra Cristo es insultar al Espíritu de gracia. La clave está en el pecado voluntario después de haber recibido el conocimiento de la verdad.

Si tomamos el primer renglón de este texto en sentido absoluto, ninguno de nosotros tiene esperanza en cuanto al cielo. Todos pecamos voluntariamente después de conocer la verdad. Aquí se considera un pecado específico, no todos y cada uno de los pecados. Estoy persuadido de que el pecado específico que se considera aquí es la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Estoy de acuerdo con los eruditos del Nuevo Testamento que llegan a la conclusión de que el pecado imperdonable es blasfemar a Cristo y al Espíritu Santo diciendo que Jesús es un diablo cuando se sabe que no lo es. Esto es, el pecado imperdonable no puede cometerse por ignorancia. Si alguien sabe con certeza que Jesús es el Hijo de Dios y luego declara con su boca que Jesús es del diablo, esa persona ha cometido una blasfemia imperdonable.

¿Quién comete tal pecado? Este es un pecado común a los demonios y a personas totalmente degeneradas. El diablo sabía quién era Jesús. No podía argüir ignorancia como excusa.

Uno de los hechos fascinantes de la historia es la extraña manera en que los incrédulos hablan de Jesús. La inmensa mayoría de los incrédulos hablan de Jesús con gran respeto. Pueden atacar a la Iglesia con gran hostilidad, pero hablan aún de Jesús como un “gran hombre”. Sólo una vez en mi vida he oído a una persona decir en alta voz que Jesús era un diablo. Recibí un susto al ver a un hombre de pie en medio de la calle sacudiendo el puño contra el cielo y gritando con toda la fuerza de sus pulmones. Maldijo a Dios y utilizó toda obscenidad que pudiera expresar para atacar a Jesús. Me asusté igualmente sólo unas horas más tarde cuando vi al mismo hombre en una camilla con el agujero de una bala en su pecho. Se había disparado a sí mismo. Murió antes de la mañana.

Aquel terrible espectáculo no me condujo a la conclusión de que el hombre hubiera cometido realmente el pecado imperdonable. No tenía manera de saber si él ignoraba la verdadera identidad de Cristo o no.

Decir que Jesús es un diablo no es algo que veamos hacer a la gente. Es, sin embargo, posible que la gente conozca la verdad de Jesús y caiga tan bajo. No es necesario nacer de nuevo para tener un conocimiento intelectual de la verdadera identidad de Jesús. Una vez más, los demonios no regenerados saben quién es El.

¿Qué de los cristianos? ¿Es posible que un cristiano cometa el pecado imperdonable y por ello pierda su salvación? Creo que no. La gracia de Dios lo hace imposible. En nosotros mismos somos capaces de cualquier pecado, incluyendo la blasfemia contra el Espíritu Santo. Pero Dios nos preserva de este pecado.

Nos preserva de una caída final y plena, guardando nuestros labios de este horrible crimen. Realizamos otros pecados y otras clases de blasfemia, pero Dios en su gracia nos refrena de cometer la blasfemia final.

¿Murió Cristo por todos?

Uno de los puntos más controversiales de la teología reformada tiene que ver con la L en TULIP. La L significa expiación limitada. Ha sido tal problema doctrinal que hay multitudes de cristianos que dicen abrazar la mayoría de las doctrinas del calvinismo, pero que se paran aquí. Se refieren a sí mismos como calvinistas de “cuatro puntos”. El punto que no pueden tolerar es la expiación limitada.

He pensado a menudo que para ser un calvinista de cuatro puntos, hay que entender mal al menos, uno de los cinco puntos. Me resulta difícil imaginar que alguien pueda entender los otros cuatro puntos del calvinismo y negar la expiación limitada. Siempre existe la posibilidad sin embargo, de la feliz inconsecuencia por la cual la gente sostiene ideas incompatibles al mismo tiempo.

La doctrina de la expiación limitada es tan compleja que tratarla adecuadamente demanda un volumen entero. No le he dedicado ni siquiera un capítulo entero en este libro porque un capítulo no puede hacerle justicia. He pensado no mencionarlo en absoluto, porque existe el peligro de que decir demasiado poco acerca de ello es peor que no decir nada en absoluto. Pero creo que el lector merece al menos un breve resumen de la doctrina y por tanto, seguiré adelante con la advertencia de que el tema requiere un tratamiento mucho más profundo del que puedo proveer aquí.

El tema de la expiación limitada tiene que ver con la pregunta: “¿Por quiénes murió Cristo? ¿Murió por todos o sólo por los elegidos?” Todos estamos de acuerdo en que el valor de la expiación de Jesús fue lo suficientemente grande como para cubrir los pecados de todo ser humano. También estamos de acuerdo en que su expiación es verdaderamente ofrecida a todos los hombres. Cualquier persona que pone su confianza en la muerte de Jesucristo recibirá con toda certeza los beneficios plenos de esa expiación. Estamos también confiados en que cualquiera que responda a la oferta universal del Evangelio será salvo.

La cuestión es: “¿Para quiénes fue designada la expiación? ¿Envió Dios a Jesús al mundo meramente para hacer la salvación posible para la gente? ¿O tenia Dios algo más determinado en la mente? (Roger Nicole, el eminente teólogo bautista, prefiere llamar la expiación limitada “Expiación Determinada”, estropeando el acróstico TULIP tanto como yo.)

Algunos arguyen que lo único que significa la expiación limitada es que los beneficios de la expiación están limitados a los creyentes que cumplen la necesaria condición de la fe. Esto es, aunque la expiación de Cristo era suficiente para cubrir los pecados de todos los hombres y satisfacer la justicia de Dios contra todo pecado, sólo efectúa la salvación para los creyentes. La fórmula dice: Suficiente para todos; eficiente para los elegidos solamente.

Esa observación simplemente sirve para distinguirnos de los universalistas, que creen que la expiación aseguró la salvación para todos. La doctrina de la expiación limitada va más allá de eso. Tiene que ver con la cuestión más profunda de la intención del Padre y el Hijo en la cruz. Declara que la misión y muerte de Cristo estuvieron restringidas a un número limitado: a su pueblo, a sus ovejas. Jesús fue llamado “Jesús” porque salvaría a su pueblo de sus pecados (Mat. 1:21). El Buen Pastor pone su vida por las ovejas (Juan 10:15). Tales pasajes se encuentran abundantemente en el Nuevo Testamento. La misión de Cristo fue salvar a los elegidos. “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (Juan 6:39). Si no hubiera habido un número fijo planeado por Dios cuando designó a Cristo para morir, entonces los efectos de la muerte de Cristo habrían sido inciertos. Sería posible que la misión de Cristo hubiera sido un fracaso funesto y completo.

La expiación de Jesús y su intercesión son obras conjuntas de su sumo sacerdocio. El excluye explícitamente a los no elegidos de su gran oración sumosacerdotal. “No ruego por el mundo, sino por los que me diste” (Juan 17:9). ¿Murió Cristo por aquellos por los que no quiso orar?

La cuestión esencial aquí tiene que ver con la naturaleza de la expiación. La expiación de Jesús incluía tanto expiación como propiciación. Expiación implica que Cristo quita nuestros pecados “de” (ex) nosotros. Propiciación implica una satisfacción por el pecado “ante o en la presencia de” (pro) Dios. El arminianismo tiene una expiación que está limitada en valor. No cubre el pecado de la incredulidad. Si Jesús murió por todos los pecados de todos los hombres, si expió todos nuestros pecados y propició por todos estos, entonces todos serían salvos. Una expiación potencial no es una expiación real. Jesús realmente expió los pecados de sus ovejas.

El mayor problema de la expiación determinada o limitada se encuentra en los pasajes que las Escrituras utilizan con respecto a la muerte de Cristo “por todos” o por el “mundo entero”. El mundo por quien Cristo murió no puede significar toda la familia humana. Debe de referirse a la universalidad de los elegidos (gente de toda tribu y nación) o a la inclusión de los gentiles además del mundo de los judíos. Fue un judío quien escribió que Jesús no murió meramente por nuestros pecados sino por los pecados del mundo entero. ¿Se refiere la palabra nuestros a los creyentes o a los judíos creyentes?

Debemos recordar que uno de los puntos cardinales del Nuevo Testamento tiene que ver con la inclusión de los gentiles en el plan divino de salvación. La salvación era de los judíos, pero no estaba restringida a los judíos. Dondequiera que se dice que Cristo murió por todos, debe añadirse alguna limitación, o la conclusión sería o bien el universalismo o una mera expiación potencial.

La expiación de Cristo fue real. Efectuó todo lo que Dios y Cristo se proponían con ella. El designio de Dios no fue ni puede ser frustrado por la incredulidad humana. El Dios soberano envió a su Hijo para expiar por su pueblo.

Nuestra elección está en Cristo. Somos salvos por El, en El y para El. El motivo de nuestra salvación no es meramente el amor que Dios nos tiene. Está especialmente fundamentado en el amor que el Padre tiene por el Hijo. Dios insiste que su Hijo vea el fruto de la aflicción de su alma y quede satisfecho. Jamás ha habido la más mínima posibilidad de que Cristo pudiera haber muerto en vano. Si el hombre está verdaderamente muerto en el pecado y vive esclavo de este, una mera expiación potencial o condicional no sólo puede haber terminado en fracaso, sino con toda certeza habría terminado en fracaso. Los arminianos no tienen una sana razón para creer que Jesús no murió en vano. Se quedan con un Cristo que intentó salvar a todos, pero que realmente no salvó a nadie.

¿Cómo afecta la predestinación a la tarea de la evangelización?

Esta cuestión suscita graves preocupaciones acerca de la misión de la Iglesia. Es particularmente de peso para los cristianos evangélicos. Si la salvación personal está decidida de antemano por un decreto divino inmutable, ¿qué sentido o urgencia tiene la obra de la evangelización?

Nunca olvidaré la terrible experiencia de ser interrogado sobre este punto por el Dr. John Gerstner en una clase del seminario. Había unos veinte de nosotros sentados en un semicírculo en la clase. El planteó la cuestión: “Muy bien, caballeros, si Dios ha decretado soberanamente la elección y la reprobación desde toda la eternidad, ¿por qué deberíamos preocupamos acerca de la evangelización?” Suspiré con alivio cuando Gerstner comenzó su interrogatorio por el extremo izquierdo del semicírculo, puesto que yo estaba sentado en el último asiento a la derecha. Me consolé con la esperanza de que la pregunta nunca llegara hasta mí.

El consuelo duró poco. El primer estudiante respondió a la pregunta de Gerstner: “No lo sé, Señor. Esa cuestión siempre me ha importunado.” El segundo estudiante dijo: “Me doy por vencido.” El tercero simplemente meneó la cabeza y dirigió la mirada al suelo. En rápida sucesión, todos los estudiantes se pasaban la pregunta. Las fichas del dominó estaban cayendo en dirección a mí.

“Bien, Sr. Sproul, ¿cómo responderías tú?” Quería desvanecerme en el aire o encontrar un escondite en las tablas del suelo, pero no había escapatoria. Tartamudeé y susurré una respuesta. El Dr. Gerstner dijo: “¡Hable en voz alta!” Con palabras tentativas dije: “Bien, Dr. Gerstner, sé que ésta no es la respuesta que está usted buscando, pero una pequeña razón por la que debiéramos aún preocuparnos acerca de la evangelización es que, bien, es de …, sabe usted, después de todo, Cristo nos manda evangelizar.”

Los ojos de Gerstner comenzaron a relampaguear. Dijo: “Ah, ya veo, Sr. Sproul, una pequeña razón es que su Salvador, el Señor de gloria, el Rey de reyes lo ha mandado así. ¿Una pequeña razón, Sr. Sproul? ¿Le resulta apenas significativo que el mismo Dios soberano que decreta de tal forma su elección también mande así su implicación en la tarea de la evangelización?” ¡Oh, como deseé no haber usado jamás la palabra pequeña! Entendí lo que el Dr. Gerstner quería decir.

La evangelización es nuestro deber. Dios ha mandado que lo hagamos. Esto debería ser suficiente para concluir el asunto. Pero hay más. La evangelización no es sólo un deber, es también un privilegio. Dios nos permite participar en la mayor obra en la historia humana, la obra de la redención. Oigamos lo que Pablo dice acerca de la misma. El añade un capítulo diez a su famoso capítulo nueve de Romanos:

Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:13–15)

Notamos la lógica de la progresión de Pablo aquí. El hace una relación de las condiciones necesarias para que la gente se salve. Sin enviar, no hay predicadores. Sin predicadores, no hay predicación. Sin predicación, no se oye el Evangelio. Sin oír el Evangelio, no se cree el Evangelio. Sin creer el Evangelio, no se invoca a Dios para ser salvo. Sin invocar a Dios para ser salvo, no hay salvación.

Dios no sólo preordena el fin de la salvación para los elegidos; también preordena los medios para ese fin. Dios ha escogido la locura de la predicación como el medio para llevar a cabo la redención. Supongo que El podría haber llevado a cabo su propósito divino sin nosotros. El podría publicar el Evangelio en las nubes utilizando su santo dedo para escribir en el cielo. El podría predicar el Evangelio por sí mismo, con su propia voz, gritándolo desde el cielo. Pero no es esa su elección.

Es un privilegio maravilloso ser utilizado por Dios en el plan de la redención. Pablo apela a un pasaje del Antiguo Testamento cuando habla de la hermosura de los pies de aquellos que traen alegres nuevas y anuncian la paz.

¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! A Izarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que el Señor vuelve a traer a Sión. Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque el Señor ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. (Isaías 52:7–9)

En el mundo antiguo, las noticias de las batallas y de otros acontecimientos cruciales eran llevadas por corredores. La moderna carrera del maratón recibe su nombre de la batalla de Maratón debido a la resistencia del mensajero que llevó las noticias del resultado a su pueblo.

Se situaban atalayas para observar a los mensajeros que se acercaban. Sus ojos eran agudos y estaban adiestrados para observar los sutiles matices de las zancadas de los corredores que se acercaban. Los que traían malas noticias se acercaban con pies pesados. Los corredores que traían buenas noticias se acercaban rápidamente, corriendo con sus pies a través del polvo. Sus zancadas revelaban su emoción. Para los atalayas, la escena de un corredor aproximándose rápidamente en la distancia, deslizándose con sus pies sobre la montaña, era una magnífica visión que contemplar.

Así también, la Biblia habla de la hermosura de los pies de aquellos que nos traen buenas noticias. Cuando nació mi hija y el médico vino a la sala de espera para anunciarlo, quise abrazarle. Nos sentimos inclinados favorablemente hacia aquellos que nos traen buenas noticias. Siempre tendré un lugar especial en mis afectos hacia el hombre que me habló primero de Cristo. Sé que fue Dios quien me salvó y no aquel hombre, pero aún aprecio el papel de esta persona en mi salvación.

Conducir a la gente a Cristo es una de las mayores bendiciones personales que podemos disfrutar jamás. Ser calvinista no quita ningún gozo a esa experiencia. Históricamente, los calvinistas han estado fuertemente activos en la evangelización y la misión mundial. Sólo necesitamos señalar a Edwards y Whitefield y su labor en el Gran Despertamiento para ilustrar este punto.

Tenemos un papel muy significativo que jugar en la evangelización. Predicamos y proclamamos el Evangelio. Ese es nuestro deber y privilegio. Pero es Dios el que da el crecimiento. El no nos necesita para llevar a cabo su propósito, pero le agrada utilizarnos en la tarea.

En cierta ocasión conocí a un evangelista itinerante que me dijo: “Dame a cualquier hombre sólo por quince minutos, y obtendré una decisión por Cristo.” Tristemente, aquel hombre creía realmente sus propias palabras. Estaba convencido de que el poder de la conversión descansaba solamente en su poder de persuasión.

No dudo que aquel hombre basaba su pretensión en su experiencia pasada. Era tan imperioso que estoy seguro de que había multitudes que tomaban decisiones por Cristo después de quince minutos de estar a solas con él. Sin duda, el podía cumplir su promesa de producir una decisión en quince minutos. Lo que él no podía garantizar era una conversión en quince minutos. La gente tomaría decisiones simplemente para librarse de él.

Nunca debemos subestimar la importancia de nuestro papel en la evangelización. Tampoco debemos sobrestimarlo. Predicamos. Damos testimonio. Aportamos el llamamiento externo. Pero sólo Dios tiene el poder para llamar a una persona a sí internamente. No me siento defraudado por eso. Por el contrario, me siento confortado. Debemos realizar nuestra labor, confiando en que Dios hará la suya.

Conclusión

Al principio de este libro relaté un poco de mi propia peregrinación personal con respecto a la doctrina de la predestinación. Mencioné el conflicto ferviente y duradero que implicó. Mencioné que fui finalmente llevado a someterme a la doctrina a regañadientes. Fui primero llevado a una convicción de la verdad del asunto antes de deleitarme en ella.

Permítaseme terminar este libro mencionando que, poco después de despertar a la verdad de la predestinación, comencé a ver su hermosura y a gustar su dulzura. Mi amor por esta doctrina ha crecido. Es muy reconfortante. Subraya el extremo al que ha llegado Dios en nuestro favor. Es una teología que comienza y termina con la gracia. Comienza y termina con una doxología. Alabamos a Dios, que nos levantó de nuestra muerte espiritual y nos hace andar en lugares celestiales. Encontramos a un Dios que está “por nosotros”, dándonos ánimo para resistir a los que puedan estar contra nosotros. Hace que nuestras almas se regocijen de conocer que todas las cosas están cooperando para nuestro bien. Nos deleitamos en nuestro Salvador que verdaderamente nos salva, preserva e intercede por nosotros. Nos maravillamos de su obra de arte y en lo que ha realizado. Saltamos de gozo cuando descubrimos su promesa de acabar lo que ha comenzado en nosotros. Consideramos los misterios y nos inclinamos ante ellos, pero no sin una doxología por las riquezas de gracia que ha revelado:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!… porque de El, y por El, y para El, son todas las cosas. A El sea la gloria por los siglos. Amén. (Romanos 11:33, 36).

Sproul, R. C. (2002). Escogidos por Dios (pp. 131–149). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

6 – [9] Presciencia y predestinación

Escogidos por Dios

R.C. Sproul

Capítulo 6

Presciencia y predestinación

La inmensa mayoría de los cristianos que rechazan la idea reformada de la predestinación adoptan lo que a veces se llama la idea de la presciencia (pre-sciencia, conocimiento previo) acerca de la predestinación. Brevemente expresada, esta idea enseña que desde toda la eternidad Dios sabía cómo viviríamos. Sabía de antemano si recibiríamos a Cristo o le rechazaríamos. Sabía nuestras elecciones libres antes de que las hiciéramos. La elección de Dios en cuanto a nuestro destino eterno se hizo pues, sobre la base de lo que El sabía que escogeríamos. El nos escoge porque sabe de antemano que nosotros le escogieramos a El. Los elegidos pues, son aquellos que Dios sabía que escogerían libremente a Cristo.

En este concepto, tanto el decreto eterno de Dios como la libre elección del hombre quedan intactos. Según esta idea, nada hay de arbitrario acerca de las decisiones de Dios. No se habla aquí de ser reducidos a marionetas o de que se fuerce nuestro libre albedrío. Dios es claramente absuelto de cualquier indicio de mala acción. La base para nuestro juicio final se apoya en última instancia, sobre nuestra decisión a favor o en contra de Cristo.

Hay mucho de loable en esta idea de la predestinación. Es bastante satisfactoria y tiene los beneficios mencionados anteriormente. Además de esto, parece tener al menos una fuerte garantía bíblica. Si dirigimos nuestra atención de nuevo a la carta de Pablo a los Romanos, leemos:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogenito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó a éstos también llamó los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a estos tambien glorificó (Romanos 8:29–30).

Este pasaje tan bien conocido de Romanos ha sido llamado la “Cadena de Oro de la Salvación”. Notamos una especie de orden aquí que comienza con la presciencia de Dios y continúa hasta la glorificación del creyente. Es crucial para la doctrina de la presciencia de Dios, que en este texto venga tal antes que la predestinación de Dios.

Siento un gran aprecio por la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación. En tiempos la sostuve antes de rendirme a la idea reformada. Pero abandoné esta idea por varias razones. Entre éstas no es la menos importante, el haber llegado al convencimiento de que la idea de la presciencia no es tanto una explicación de la doctrina bíblica de la predestinación como una negación de la doctrina bíblica. No incluye todo el consejo de Dios en el asunto.

Quizá la mayor debilidad de la idea de la presciencia es el texto que más le apoya. Tras un análisis más minucioso, el pasaje de Romanos citado anteriormente viene a ser un grave problema para la idea de la presciencia. Por un lado, los que apelan al mismo para apoyar la idea de la presciencia encuentran demasiado poco. Esto es, el pasaje enseña menos de lo que los defensores de la presciencia quisieran que enseñase y sin embargo, enseña más de lo que ellos quisieran.

¿Cómo puede ser esto? En primer lugar, la conclusión de que la predestinación de Dios esta determinada por Su presencia, no se enseña en el pasaje. Pablo no sale diciendo que Dios escoge a la gente sobre la base de su conocimiento previo de las elecciones de ellos. Esa idea ni se afirma ni se implica en el texto. Lo único que el texto declara es que Dios predestina a los que conoce antes. Nadie disputa en este debate que Dios tiene presciencia. Aun Dios no podría escoger a personas de las cuales nada supiera. Antes de poder escoger a Jacob, tuvo que tener alguna idea en su mente acerca de Jacob. Pero el texto no enseña que Dios escogió a Jacob sobre la base de la elección que este hiciese.

En justicia, debe decirse que al menos el orden de presciencia y predestinación que encontramos en Romanos 8 es compatible con la idea de la presciencia. Es el resto del pasaje lo que crea dificultades. Nótese el orden de los acontecimientos en el pasaje. Presciencia—predestinación—llamamiento—justificación—glorificación.

El problema crucial aquí tiene que ver con la relación entre el llamamiento y la justificación. ¿Qué quiere decir Pablo con “llamamiento”? El Nuevo Testamento habla del llamamiento divino en más de una manera. En teología distinguimos entre el llamamiento externo de Dios y el llamamiento interno de Dios.

Encontramos el llamamiento externo de Dios en la predicación del Evangelio. Cuando se predica el Evangelio, todos los que lo oyen son llamados o invitados a Cristo. Pero no todos responden positivamente. No todos los que oyen el llamamiento externo del Evangelio llegan a ser creyentes. A veces, el llamamiento del Evangelio cae en oídos sordos.

Ahora bien, sabemos que sólo aquellos que responden con fe al llamamiento externo del Evangelio son justificados. La justificación es por la fe. Pero una vez más, no todos cuyos oídos oyen la predicación externa del Evangelio responden con fe. Por tanto, debemos concluir que no todos los que son llamados externamente son justificados.

Pero Pablo dice en Romanos que los que Dios llama, a éstos también justifica. Ahora bien, concedemos que la Biblia no dice explícitamente que El justifica a todos los que llama. Estamos supliendo la palabra todos. Quizá seamos tan culpables de leer algo en el texto que no esta allí como aquellos que abogan por la idea de la presciencia.

Cuando suplimos la palabra todos aquí, estamos respondiendo a una implicación del texto. Estamos haciendo una inferencia. ¿Es ésta una inferencia legitima? Pienso que lo es. Si Pablo no quiere decir que todos los que son llamados son justificados, la única alternativa sería que algunos de los que son llamados son justificados. Si suplimos la palabra algunos en lugar de la palabra todos aquí, entonces debemos suplirla a todo lo largo de la Cadena de Oro. Entonces se leería de la siguiente manera:

A algunos de los que antes conoció, también los predestinó. A algunos de los que predestinó, a éstos también llamó. A algunos de los que llamó, a éstos también justificó. A algunos de los que justificó, a éstos también glorificó.

Esta lectura del texto nos deja con una monstruosidad teológica, una pesadilla. Significaría que sólo algunos de los predestinados oyen jamás el Evangelio, y que sólo algunos de los justificados son finalmente salvados. Estas nociones están totalmente en conflicto con lo que enseña el resto de la Biblia sobre estos temas. Además, la idea de la presciencia sufre un problema aun mayor al suplir la palabra algunos. Si la predestinación de Dios se basa en su presciencia de cómo la gente responderá al llamamiento externo del Evangelio, ¿cómo es que sólo algunos de los predestinados son siquiera llamados? Ello demandaría que Dios predestinase a algunos que no son llamados. Si algunos de los predestinados son predestinados sin ser llamados, entonces Dios no estaría basando su predestinación en un conocimiento previo a la respuesta de ellos a su llamamiento, ¡no podrían dar respuesta alguna a un llamamiento que nunca recibieron! Dios no puede tener presciencia de la no respuesta de una persona a un no llamamiento.

Si seguimos todo eso, entonces veremos la conclusión. Pablo no puede estar implicando la palabra algunos. Por el contrario, la Cadena de Oro necesariamente implica la palabra todos. Revisemos la propuesta. Si suplimos la palabra algunos en la Cadena de Oro, el resultado es fatal para la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación, porque haría que Dios predestinase a algunos que no son llamados. Puesto que la idea enseña que la predestinación de Dios se basa en la presciencia de Dios en cuanto a las respuestas positivas de la gente al llamamiento del Evangelio, entonces la idea se hunde claramente si algunos son predestinados sin un llamamiento.

Suplir la palabra todos es igualmente fatal para la idea de la presciencia. Esta dificultad se centra en la relación entre el llamamiento y la justificación. Si todos los que son llamados son justificados, entonces el pasaje podría significar una de dos cosas: (A) Todos los que oyen el Evangelio externamente son justificados; o (B) Todos los que son llamados por Dios internamente son justificados.

Si respondemos con la opción A, entonces la conclusión a la que debemos llegar es que todos los que oyen el Evangelio son predestinados para ser salvos. Por supuesto, la inmensa mayoría de los que sostienen la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación también sostienen que no todos los que oyen el Evangelio son salvos. Algunos son universalistas. Creen que todos serán salvos, tanto si oyen el Evangelio como si no. Pero debemos recordar que el principal debate entre los evangélicos acerca de la predestinación no es acerca de la cuestión del universalismo. Tanto los defensores de la doctrina reformada de la predestinación como los defensores de la idea de la presciencia están de acuerdo en que no todos son salvos. Están de acuerdo en el hecho de que hay personas que oyen el Evangelio externamente (el llamamiento externo de Dios) que no responden con fe y que por tanto, no son justificados. La opción A repugna tanto a los defensores de la idea de la presciencia como a los defensores de la doctrina reformada.

Eso nos deja con la opción B. Todos los que son llamados internamente por Dios son justificados. ¿Cuál es el llamamiento interno de Dios? El llamamiento externo se refiere a la predicación del Evangelio. La predicación es algo que hacemos como seres humanos. El llamamiento externo puede también ser “oído” leyendo la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios, pero nos llega mediante documentos escritos por seres humanos. En ese sentido es externa. Ningún ser humano tiene poder para obrar internamente en otro ser humano. No puedo llegar al interior del corazón de una persona para obrar en él una influencia inmediata. Puedo hablar palabras que son externas. Esas palabras pueden penetrar en el corazón, pero no puedo hacer que ocurra eso por mi propio poder. Sólo Dios puede llamar a una persona internamente. Sólo Dios puede obrar inmediatamente en lo mis recóndito del corazón humano para influir una respuesta positiva de fe.

Así pues, si la opción B es lo que quiere decir el apóstol, entonces las implicaciones son claras. Si todos los que Dios llama internamente son justificados, y todos los que Dios predestina son llamados internamente, entonces se sigue que la presciencia de Dios tiene que ver con algo más que una mera consciencia previa de las decisiones libres que los seres humanos tomen. Sin duda, Dios conoce desde toda la eternidad quiénes responderían al Evangelio y quiénes no. Pero tal conocimiento no es él de un mero observador pasivo. Dios conoce desde la eternidad a quienes llamará internamente. El justifica a todos los que llama internamente.

Dije anteriormente que la Cadena de Ore enseña algo más de lo que la idea de la presciencia quiere que enseñe. Enseña que Dios predestina un llamamiento interno. Todos los que Dios predestina a ser llamados internamente serán justificados. Dios está aquí haciendo algo en los corazones de los elegidos para asegurar su respuesta positiva.

Si la opción B constituye el entendimiento correcto de la Cadena de Oro, entonces está claro que Dios hace una clase de llamamiento a algunos que no hace a todos. Puesto que todos los que son llamados son justificados, y puesto que no todos son justificados, entonces se sigue que el llamamiento es una actividad divina bastante significativa que algunos seres humanos reciben y otros no. Ahora nos vemos forzados a tratar de nuevo una importante cuestión no muy diferente de nuestra cuestión original. ¿A qué se debe que algunos sean predestinados para recibir este llamamiento de Dios y otros no? ¿Reside la respuesta en el hombre o en los propósitos de Dios? Un defensor de la idea de la presciencia tendría que responder que la razón por la que Dios llama sólo a algunos internamente es que sabe de antemano quiénes responderán positivamente al llamamiento interno y quienes no. Por tanto, no malgasta el llamamiento interne, sólo lo hace a aquellos que El sabe que responderán favorablemente al mismo.

¿Cuánto poder hay en el llamamiento interno de Dios? ¿Tiene alguna ventaja recibirlo? Si sólo es dado a aquellos que Dios conoce que responderán a El por su propio poder, parecería ser una influencia interna sin una influencia real. Si no tiene influencia alguna en la persona que oye el llamamiento externo, entonces Dios está predestinando una ventaja para algunos de que está privando a otros. Si no tiene influencia alguna sobre la decisión humana, entonces simplemente no es una influencia en absoluto. Si no es una influencia en absoluto, entonces nada significa en cuanto a la salvación y constituye una parte absurda de la Cadena de Oro.

Es crucial recordar que el llamamiento interno de Dios se hace a las personas antes que crean, antes que respondan con fe. Si influye en la respuesta de alguna manera, entonces Dios está predestinando una ventaja para los elegidos. Si no influye en la decisión humana, ¿entonces qué hace? Este dilema es penoso para la idea de la presciencia, penoso y sin alivio.

La doctrina reformada de la predestinación

En contraste con la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación, la doctrina reformada asevera que la decisión final en cuanto a la salvación descansa en Dios y no en el hombre. Enseña que desde toda la eternidad Dios ha escogido intervenir en las vidas de algunos y llevarles a la fe salvadora, y a su vez, ha escogido no hacer eso por otros. Desde toda la eternidad, sin tener en cuenta previamente nuestra conducta humana, Dios ha escogido a algunos para elección y a otros para reprobación. El destino final de la persona está decidido por Dios antes que la persona haya siquiera nacido y sin depender finalmente de la elección humana. Sin duda, existe una elección humana, una elección humana libre, pero la elección se hace porque en primer lugar, Dios escoge influir en los elegidos para que hagan la elección correcta. La base de la elección de Dios no se apoya en el hombre, sino únicamente en el beneplácito de la voluntad divina.

En la doctrina reformada de la predestinación, la elección de Dios precede a la elección del hombre. Nosotros le escogemos a El solamente porque El nos ha escogido primero a nosotros. Sin la predestinación divina y sin el llamamiento interno divino, la doctrina reformada sostiene que nadie escogería jamás a Cristo.

Esta es la doctrina de la predestinación que irrita a tantos cristianos. Esta es la perspectiva que suscita importantes cuestiones acerca del libre albedrío del hombre y acerca de la equidad de Dios. Esta es la idea que provoca tanta polémica y acusaciones de fatalismo, determinismo, etc.

La doctrina reformada de la predestinación entiende la Cadena de Oro como sigue: Desde toda la eternidad, Dios conoció de antemano a sus elegidos. El tenía el concepto de su identidad en Su mente antes de crearlos. No sólo los conoció desde siempre en el sentido de tener el concepto previo de su identidad personal, sino que también los conoció en el sentido de amarlos. Debemos recordar que cuando la Biblia habla de “conocer”, distingue a menudo entre una simple consciencia mental de una persona y un profundo e íntimo amor de la persona.

La doctrina reformada cree que todos aquellos a quienes Dios ha conocido así de antemano, también los ha predestinado para ser llamados internamente, para ser justificados y para ser glorificados. Dios en su soberanía, hace que se lleve a cabo la salvación de sus elegidos y sólo de sus elegidos.

Resumen del capitulo 6

1. La presciencia no es una explicación válida de la predestinación.

2. Hace que la redención sea en última instancia, una obra humana.

3. La predestinación es soslayada y virtualmente vaciada de significado.

4. La cadena de oro muestra que nuestra justificación depende del llamamiento de Dios.

5. El llamamiento de Dios se apoya en una predestinación previa.

6. Sin predestinación, no hay justificación.

7. No son nuestras elecciones futuras, sin embargo, las que inducen a Dios a escogernos.

8. Es la decisión soberana de Dios a nuestro favor.

Sproul, R. C. (2002). Escogidos por Dios (pp. 89–96). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

5 – [9] Muerte espiritual y vida espiritual: nuevo nacimiento y fe

Escogidos por Dios

R.C. Sproul

Capítulo 5

Muerte espiritual y vida espiritual: nuevo nacimiento y fe

La teología reformada es famosa en el mundo anglosajón por un simple acróstico que fue designado para resumir los así llamados “cinco puntos del calvinismo”. Está formado por la palabra TULIP.

T – Total depravity (depravación total)

U – Unconditional Election (elección incondicional)

L – Limited Atonement (expiación limitada)

I – Irresistlble Grace (gracia irresistible)

P – Perseverance of the Saints (perseverancia de los santos)

Este acróstico ha ayudado a muchas personas a recordar las características distintivas de la teología reformada. Desafortunadamente, ha causado también mucha confusión y muchos malentendidos. El problema de los acrósticos es que los mejores términos que tenemos para las ideas no siempre comienzan con letras que formen palabras pequeñas y hermosas. El acróstico sirve bien como un recurso para la memoria, pero poco más que eso.

Mi primer problema con el acróstico TULIP tiene que ver con la primera letra. Depravación total puede ser un término muy confuso. El concepto de depravación total se confunde a menudo con la idea de depravación extrema. En la teología reformada, la depravación total se refiere a la idea de que toda nuestra humanidad está caída. Esto es, no hay parte mía alguna que no haya sido afectada en alguna manera por la Caída. El pecado afecta mi voluntad, mi corazón, mi mente y mi cuerpo. Si Adán nunca hubiera pecado, supongo que nunca había tenido la necesidad de llevar lentes bifocales al alcanzar una edad mediana. De hecho, el término mismo edad mediana no habría tenido sentido para él. Si Adán no hubiera pecado, nunca habría muerto. Cuando alguien vive para siempre, ¿dónde está la edad mediana?

La depravación total también enfatiza el hecho de que el pecado llega hasta el centro de nuestro ser. El pecado no es algo periódico, un pequeño defecto que estropea lo que de otra manera sería un espécimen perfecto. El pecado es radical en el sentido que afecta la raíz (radix) de nuestras vidas.

La depravación total no es depravación extrema. La depravación extrema significaría que somos tan pecadores como nos sería posible ser. Sabemos que no es este el caso. No importa cuanto hayamos pecado cada uno, somos capaces de pensar en pecados peores que podríamos haber cometido. Aun Adolfo Hitler se refrenó de asesinar a su madre.

Puesto que la depravación total se confunde a menudo con la depravación extrema, prefiero hablar de la “corrupción radical” del hombre. El concepto del carácter radical del pecado es quizá el concepto más importante que hemos de entender si vamos a sacarle algún sentido a la doctrina bíblica de la predestinación. Como mencioné durante nuestra discusión de la incapacidad moral del hombre, éste es el punto central de todo el debate.

Recuerdo haber enseñado en una clase de teología. La clase estaba formada por un grupo interdenominacional de unos veinticinco estudiantes. Pregunte al comienzo del estudio sobre la predestinación, cuántos estudiantes se consideraban calvinistas en este asunto. Sólo un estudiante levantó la mano.

Comenzamos con un estudio de la pecaminosidad del hombre. Tras haber dado clases durante varios días sobre el tema de la corrupción del hombre, hice otra encuesta. Pregunté “¿Cuántos de vosotros estáis persuadidos de que lo que acabáis de aprender es en efecto, la doctrina bíblica de la pecaminosidad humana?” Se levantaron todas las manos. Yo dije: “¿Estáis seguros?”. Ellos insistieron que estaban verdaderamente seguros. Les di una advertencia más. “Tened cuidado ahora. Esto puede volver a rondaros más adelante en el curso.” No les importó, e insistieron que estaban convencidos.

En este momento de la clase, fui a una esquina de la pizarra y escribí la fecha. Al lado de la fecha escribí el número veinticinco. Lo rodee con un círculo y añadí una nota para el maestro en turno diciendo que, por favor, se abstuviera de borrar esta porción de la pizarra.

Varias semanas después comencé un estudio de la predestinación. Cuando llegué al punto que trata de la incapacidad moral del hombre, hubo aullidos de protesta. Entonces fui a la pizarra y les recordé la encuesta anterior. Me llevó otras dos semanas convencerles de que, si realmente aceptaban la idea bíblica de la corrupción humana, el debate acerca de la predestinación a todos los efectos, había ya terminado. Intentaré en resumen, hacer lo mismo aquí. Procedo con el mismo cuidado.

La doctrina bíblica de la corrupción humana

Comencemos nuestro estudio acerca del grado de la caída del hombre mirando Romanos tres. Aquí escribe el apóstol Pablo:

No hay justo, ni aun uno;

No hay quien entienda,

No hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;

No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

(Romanos 3:10–12).

Aquí encontramos un breve resumen de la universalidad de la corrupción humana. El pecado está tan extendido que captura a todos en su red. Pablo utiliza palabras enfáticas para mostrar que no hay excepciones en este proceso entre los hombres caídos. No hay justo alguno: nadie hay que haga el bien.

La afirmación “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” se opone a nuestras suposiciones culturales. Crecemos oyendo que nadie es perfecto y que de humanos es errar. Estamos bastante dispuestos a reconocer que ninguno de nosotros es perfecto. Es fácil admitir que somos pecadores; pues, que ninguno de nosotros ni siquiera hace el bien es ya demasiado. Ninguna persona entre mil estaría dispuesta a admitir que el pecado sea tan grave.

¿Nadie hace el bien? ¿Cómo puede ser eso? Cada día vemos a simples paganos haciendo algún bien. Los vemos llevando a cabo actos heroicos de sacrificio, obras industriosas, prudentes y honestas. Vemos a incrédulos obedeciendo escrupulosamente los límites de velocidad mientras que otros coches pasan zumbando a su lado con símbolos cristianos pegados por atrás.

Pablo debe de estar utilizando una hipérbole aquí. Debe de estar exagerando intencionadamente con objeto de enfatizar un principio. Sin duda, hay personas que hacen el bien. ¡No! El sobrio juicio de Dios es que nadie hace el bien, ni siquiera uno.

Tropezamos aquí porque tenemos un entendimiento relativo de lo que es el bien. El bien es, ciertamente, un término relativo. Una cosa sólo puede ser juzgada como buena según alguna clase de norma. Utilizamos el término como una comparación entre los hombres. Cuando decimos que un hombre es bueno, queremos decir que es bueno comparado con otros hombres. Pero la norma final para la bondad, la norma por la cual seremos todos juzgados, es la ley de Dios. Esa ley no es Dios, pero procede de Dios y refleja su carácter perfecto. Juzgados conforme a esa norma, nadie es bueno.

Según las categorías bíblicas, una buena acción se mide por dos partes. La primera es por su conformidad externa a la ley de Dios. Esto significa que si Dios prohibe robar, entonces es bueno no robar. Es bueno decir la verdad. Es bueno pagar nuestras deudas a tiempo. Es bueno asistir a las personas necesitadas. Externamente, estas virtudes se realizan cada día. Cuando las vemos, concluimos rápidamente que los hombres en efecto, hacen buenas cosas.

Es la segunda parte de la medida lo que nos causa problemas. Antes que Dios pronuncie como “buena” una acción, El considera no sólo la conformidad externa o exterior a su ley, sino también la motivación. Nosotros observamos sólo las apariencias externas; Dios lee el corazón. Para que una obra se considere buena, ésta debe no sólo conformarse externamente a la ley de Dios, sino que debe estar motivada internamente por un sincero amor a Dios.

Recordamos el Gran Mandamiento de amar al Señor nuestro Dios con todos nuestros corazones, toda nuestra fuerza, y todas nuestras mentes y amar a nuestro prójimo tanto como a nosotros mismos. Toda acción que realizamos debiera proceder de un corazón que ama a Dios totalmente.

Desde esta perspectiva es fácil ver que nadie hace el bien. Nuestras mejores obras están manchadas por nuestros motivos, que son menos que puros. Nadie entre nosotros ha amado jamás a Dios con todo su corazón o con toda su mente. Hay medio kilo de carne mezclado con todas nuestras acciones, haciéndolas menos que perfectas.

Jonathan Edwards hablaba del concepto de interés propio iluminado. El interés propio iluminado se refiere a esa motivación que sentimos para realizar actos externos de justicia y refrenamos de los impulsos malvados que hay dentro de nosotros. Hay ciertos momentos y lugares en que el crimen no compensa. Cuando el riesgo del castigo sobrepasa la posible recompensa de nuestra mala acción, podemos inclinamos a refrenamos de la misma. Por otro lado, podemos ganar el aplauso de los hombres por nuestros actos virtuosos. Podemos ganarnos una palmadita en la cabeza por parte de nuestro maestro o el respeto de nuestros iguales si hacemos ciertas buenas acciones.

El mundo entero aplaude a los artistas cuando se juntan para grabar un álbum especial con objeto de utilizar las ganancias para aliviar el hambre en Etiopía. El aplauso raramente daña la carrera de un actor de teatro, a pesar de las cínicas afirmaciones de que la ética y los negocios no van juntos. Por el contrario, la mayoría de nosotros hemos aprendido que la ética realza nuestra reputación en los negocios.

No soy tan cínico como para pensar que el gesto hacia Etiopía por parte de los cantantes se hizo meramente por el aplauso personal o como un reclamo publicitario. Sin duda, hubo fuertes motivos de compasión y preocupación hacia la gente que se muere de hambre. Por otro lado, no soy tan ingenuo como para pensar que los motivos estuviesen totalmente libres de interés propio. La compasión puede sobrepasar con mucho el interés propio, pero no importa cuán minúsculo, había al menos un grano de interés propio mezclado en ello. Siempre lo hay, en todos nosotros. Si negamos esto, sospecho que nuestras mismas negaciones están motivadas en parte por dichos intereses.

Deseamos negar esta alegación. Sentimos a veces en nuestros propios corazones un sentimiento abrumador de actuar sólo por causa del deber. Nos agrada pensar que somos verdaderamente altruistas. Pero nadie nos adula más que nosotros mismos. El peso de nuestros motivos puede a veces, inclinarse grandemente en la dirección del altruismo, pero nunca está perfectamente allí.

Dios no califica por una curva. El demanda la perfección. Ninguno de nosotros alcanza ese nivel. No hacemos lo que Dios manda. Jamás. Por tanto, el apóstol no se está gratificando así mismo con la hipérbole. Su juicio es exacto. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Jesús mismo reafirmó esta idea en su discusión con el joven rico. “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios” (Lucas 18:19).

Aunque ya de por sí esta acusación resulta problemática, hay otro elemento en el pasaje de Romanos que puede producirnos aún más consternación, especialmente a los cristianos evangélicos que hablan y piensan lo contrario. Pablo dice: “No hay quien busque a Dios”.

¿Cuántas veces has oído a los cristianos decir, o has oído las palabras de tu propia boca: “Fulano de tal no es cristiano, pero está buscando.”? Es una afirmación común entre los cristianos. La idea es que hay personas por todas partes que están buscando a Dios. Su problema es que simplemente no han sido capaces de encontrarle. Está jugando al escondite. Es evasivo.

En el huerto del Edén, cuando el pecado entró en el mundo, ¿quién se escondió? Jesús vino al mundo para buscar y salvar a los perdidos. No fue Jesús quien se estaba escondiendo. Dios no es un fugitivo. Somos nosotros los que estamos huyendo. La Escritura declara que el inicuo huye cuando nadie le persigue. Como observó Lutero: “El pagano tiembla ante el susurro de una hoja.” La enseñanza uniforme de la Escritura es que los hombres caídos están huyendo de Dios. Nadie busca a Dios.

¿Por qué pues, a pesar de una enseñanza bíblica tan clara en sentido contrario, los cristianos persisten en pretender que conocen a personas que están buscando a Dios, pero que aún no le han encontrado? San Tomás de Aquino arrojó alguna luz sobre esto. Aquino dijo que confundimos dos acciones humanas que son similares pero diferentes. Vemos personas buscando desesperadamente paz mental, liberación de la culpa, significado y propósito para sus vida, aceptación, etc. Sabemos que, en última instancia, estas cosas sólo pueden encontrarse en Dios. Por tanto, llegamos a la conclusión de que por buscar estas cosas dicha gente debe de estar buscando a Dios.

Las personas no buscan a Dios. Buscan los beneficios que sólo Dios les puede dar. El pecado del hombre caído es éste: el hombre busca los beneficios de Dios mientras que al mismo tiempo, huye de Dios mismo. Somos, por naturaleza, fugitivos.

La Biblia nos dice repetidamente que busquemos a Dios. El Antiguo Testamento clama: “Buscad al Señor mientras puede ser hallado” (Isa. 55:6). Jesús dijo: “Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mat. 7:7). La conclusión que sacamos de estos textos es que, puesto que se nos llama a buscar a Dios, ello debe de significar que aun en nuestro estado caído, tenemos la capacidad moral de efectuar esa búsqueda. ¿Pero a quiénes van dirigidos estos textos? En el caso del Antiguo Testamento, es el pueblo de Israel quien es llamado a buscar al Señor. En el Nuevo Testamento, son los creyentes quienes son llamados a buscar el reino.

Todos hemos oído a los evangelistas citando de Apocalipsis. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y el conmigo” (Apo. 3:20). Generalmente, el evangelista aplica este texto como una apelación a los inconversos diciendo: “Jesús está llamando a la puerta de tu corazón. Si abres la puerta, El entrará.” En el texto original, sin embargo, Jesús dirigió sus observaciones a la iglesia. No fue una apelación evangelística.

¿Entonces, que? La cuestión es que el buscar es algo que los incrédulos no hacen por sí mismos. El incredulo no busca. El incrédulo no llama. Buscar es un asunto de creyentes. Edwards dijo: “La búsqueda del reino de Dios es el principal asunto de la vida cristiana.” Buscar es el resultado de la fe, no la causa de la misma.

Cuando somos convertidos a Cristo, utilizamos un lenguaje de descubrimiento para expresar nuestra conversión. Hablamos de encontrar a Cristo. Quizá tengamos una lema que dice, LO ENCONTRÉ. Estas afirmaciones son ciertamente verdaderas. La ironía es ésta: una vez que hemos encontrado a Cristo, ello no es el fin de nuestra búsqueda, sino el principio. Generalmente, cuando encontramos lo que estamos buscando, ello marca el fin de nuestra búsqueda. Pero cuando “encontramos” a Cristo, ello es el comienzo de nuestra búsqueda. La vida cristiana comienza en la conversión; no termina donde comienza. Crece; avanza de fe a fe, de gracia a gracia, de vida a vida. Este avance en el crecimiento es fomentado por una búsqueda continua de Dios.

Hay algo más que percibimos en Romanos 3 y que necesitamos considerar brevemente. No sólo declara el apóstol que nadie busca a Dios, sino que añade el pensamiento: “A una se hicieron inútiles”. Debemos recordar que Pablo está aquí hablando de los hombres caídos, los hombres naturales, los hombres inconversos. Esta es una descripción de personas que están aún en la carne.

¿Qué quiere decir Pablo con inútiles? Jesús habló anteriormente acerca de siervos inútiles. La utilidad tiene que ver con valores positivos. El inconverso obrando en la carne, nada consigue de valor permanente. En la carne puede ganar el mundo entero, pero pierde lo que tiene más valor para él, su propia alma. La más valiosa posesión que una persona puede tener jamás es Cristo. El es la perla de gran precio. Tenerle a El es tener el máximo beneficio posible.

La persona espiritualmente muerta no puede en su propia carne, ganar el beneficio de Cristo. Se la describe como alguien que no tiene temor de Dios ante sus ojos (Rom. 3:18). Los que no son justos, que no hacen bien, que nunca buscan a Dios, que son totalmente inútiles y que no tienen temor de Dios ante sus ojos, nunca inclinan sus propios corazones a Cristo.

Vivificación a partir de la muerte espiritual

La cura para la muerte espiritual es la creación de vida espiritual en nuestras almas por Dios el Espíritu Santo. Un resumen de esta obra se nos da en Efesios dos:

Y Dios dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:1–10)

Aquí encontramos un pasaje por excelencia sobre la predestinación. Notemos que a lo largo de este pasaje, Pablo acentúa grandemente las riquezas de la gracia de Dios. Nunca debemos minimizar esta gracia. El pasaje celebra la novedad de vida que el Espíritu Santo ha creado en nosotros

Esta obra del Espíritu es llamada a veces vivificación. Lo que aquí se llama vivificar o dar vida es lo que en otros lugares se llama nuevo nacimiento o regeneración. El término regeneración, como sugiere la palabra, indica un “generar de nuevo”. Generar significa hacer ocurrir o comenzar. Nos hace pensar en el primer libro de la Biblia llamado Génesis, el libro de los principios. El prefijo re significa simplemente “de nuevo”. Por tanto, la palabra regeneración significa comenzar algo de nuevo. Es el nuevo principio de vida lo que nos interesa aquí, el principio de la vida espiritual. Notamos que esta imagen de la vida se contrasta con una imagen de la muerte. El hombre caído es descrito aquí como estando “muerto en pecado”. Para que alguien que esta muerto a las cosas de Dios viva para Dios, se debe hacer algo por y para él. Los muertos no pueden vivir por sí mismos. Los muertos no pueden crear vida espiritual dentro de sí mismos. Pablo deja completamente claro aquí que es Dios quien hace vivir. Es Dios quien nos vivifica de la muerte espiritual.

El hombre caído está muerto en pecado. Se le describe aquí como siendo “por naturaleza hijo de ira”. Su norma caída es andar “siguiendo la corriente de este mundo”. Su lealtad no esta dirigida a Dios sino “al príncipe de la potestad del aire”. Pablo afirma que éste no es meramente el estado de los peores pecadores, sino el estado anterior de sí mismo y de sus hermanos y hermanas en Cristo. (“Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne …”)

La mayoría de las enseñanzas no reformadas acerca de la predestinación no toman en serio el hecho de que el hombre caído está espiritualmente muerto. Otras posiciones evangélicas reconocen que el hombre está caído y que su caída es un asunto grave. Conceden aun que el pecado es un problema radical. Conceden con prontitud que el hombre no está meramente enfermo, sino moralmente enfermo, enfermo de muerte. Pero no ha muerto del todo aún. Aún le queda un pequeño aliento de vida espiritual en el cuerpo. Aún le queda una pequeña isla de justicia en su corazón, una pequeña y débil capacidad moral que permanece en su caída.

He oído dos ilustraciones por parte de evangelistas que suplican el arrepentimiento y la conversión de sus oyentes. La primera es una analogía de una persona que sufre de una enfermedad terminal. Se dice que el pecador está gravemente enfermo, al borde de la muerte. No está dentro de su propio poder el curarse de la enfermedad. Está tendido en su lecho de muerte casi totalmente paralizado. No puede recuperarse a menos que Dios provea la medicina sanadora. El hombre está tan mal que no puede ni aun estirar el brazo para recibir la medicina. Se halla en un estado casi comatoso. Dios debe no sólo ofrecerle la medicina, sino que debe ponerla en una cuchara y colocarla en los labios del hombre moribundo. A menos que Dios haga todo eso, el hombre perecerá sin duda. Pero aunque Dios haga el 99% de lo necesario, al hombre le queda aún el 1%. Debe abrir la boca para recibir la medicina. Este es el ejercicio necesario del libre albedrío que hace la diferencia entre el cielo y el infierno. El hombre que abre la boca para recibir el don benévolo de la medicina será salvo. El hombre que mantiene los labios fuertemente apretados perecerá.

Esta analogía hace casi justicia a la Biblia y a la enseñanza de Pablo acerca de la gracia de la regeneración. Pero no totalmente. La Biblia no habla de pecadores mortalmente enfermos. Según Pablo, están muertos. No les queda ni un gramo de vida espiritual. Si han de vivir, Dios debe hacer algo más que ofrecerles medicina. Los muertos no abren la boca para recibir algo. Sus mandíbulas están cerradas por la muerte. La rigidez de la muerte se ha apoderado de ellos. Deben ser resucitados de los muertos. Deben ser nuevas creaciones, elaborados por Cristo y nacidos de nuevo por su espíritu.

Una segunda ilustración es igualmente popular entre los que se dedican a evangelizar. Según esta idea, al hombre caído se le ve como un hombre que se esta ahogando y que es incapaz de nadar. Se ha hundido dos veces y ha salido a la superficie por última vez. Si se hunde de nuevo, morirá. Su única esperanza es que Dios le arroje un salvavidas. Dios arroja el salvavidas y lo hace llegar precisamente al alcance de los dedos estirados del hombre. Lo único que el hombre tiene que hacer para salvarse es agarrarse. Si solamente agarra el salvavidas, Dios tirará de él. Si rehusa el salvavidas ciertamente perecerá.

Una vez más, en esta ilustración se enfatiza el extremo desamparo del pecador sin la asistencia de Dios. El hombre que se está ahogando está en una condición grave. No puede salvarse así mismo. Sin embargo, aún está vivo; puede estirar sus dedos. Éstos son el vínculo crucial para la salvación. Su destino eterno depende de lo que haga con los dedos. Pablo dice que el hombre está muerto. No está meramente ahogándose, se ha hundido ya en el fondo del mar. Es inútil arrojar un salvavidas a un hombre que se ha ahogado ya. Si entiendo a Pablo, le oigo decir que Dios bucea en el agua y saca al muerto del fondo del mar y entonces realiza un acto divino de resucitación boca a boca. Sopla aliento de vida en el hombre muerto.

Es importante recordar que la regeneración tiene que ver con la nueva vida. Se le llama el nuevo nacimiento o nacer de nuevo. Existe mucha confusión acerca de este asunto. El nuevo nacimiento está estrechamente vinculado en la Biblia a la nueva vida que es nuestra en Cristo. Al igual que en biología natural no puede haber vida sin nacimiento, así también en términos sobrenaturales no puede haber nueva vida sin un nuevo nacimiento.

El nacimiento y la vida están estrechamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo. El nacimiento es el comienzo de la nueva vida. Es un momento decisivo. Entendemos esto en términos biológicos naturales. Cada año celebramos nuestros cumpleaños. No somos como la reina en Alicia en el País de las Maravillas, que celebraba todos sus “incumpleaños”. El nacimiento es una experiencia única. Puede celebrarse pero no repetirse. Es un momento decisivo de transición. Una persona o bien ha nacido, o bien no ha nacido aún.

Así es con el nuevo nacimiento espiritual. El nuevo nacimiento produce nueva vida. Es el comienzo de una nueva vida, pero no constituye la totalidad de la nueva vida. Es el punto crucial de transición desde la muerte espiritual a la vida espiritual. Una persona nunca nace de nuevo parcialmente. Está regenerada o no lo está.

La clara enseñanza bíblica acerca de la regeneración es que se trata de la obra de Dios y la obra de Dios solamente. No podemos hacernos nacer de nuevo. La carne no puede producir espíritu. La regeneración es un acto de creación. Dios realiza la creación.

En teología tenemos un término técnico que puede ser de ayuda, monergismo. Precede de dos frases. Mono significa “uno”. Un monopolio es un negocio que tiene el mercado para sí. Un monoplano es un avión con alas sencillas. Erg, puede que lo recuerdes de la escuela, se refiere a una unidad de trabajo. De este termino se deriva nuestra palabra de uso común, energía.

Juntando las dos partes, obtenemos el significado de “uno trabajando”. Cuando decimos que la regeneración es monergista, queremos decir que sólo uno está haciendo la obra. Ese uno es Dios el Espíritu Santo. El nos regenera; nosotros no podemos hacerlo por nosotros mismos o aun ayudarle en la tarea.

Puede sonar como si tratásemos a los seres humanos como marionetas. Las marionetas se hacen de madera. No pueden responder. Están inertes, sin vida. Se las mueve mediante cuerdas. Pero no estamos hablando de marionetas. Estamos hablando de seres humanos que son cadáveres espirituales. Estos seres humanos no tienen corazones de aserrín; están hechos de piedra. No son manipulados mediante cuerdas. Están biológicamente vivos. Actúan, toman decisiones, pero nunca decisiones hacia Dios.

Cuando Dios regenera un alma humana, cuando nos hace vivir espiritualmente, hacemos elecciones. Creemos. Tenemos fe. Nos apegamos a Cristo. Dios no cree por nosotros. La fe no es monergista. Anteriormente hablamos acerca de la condición del hombre caído y el estado de su voluntad humana. Afirmamos que si bien está caído, aún tiene una voluntad libre en el sentido de que aún puede hacer elecciones. Su problema, que definimos como incapacidad moral, es que carece de un deseo por Cristo. Está indispuesto y desinclinado hacia Cristo. A menos o hasta que el hombre se incline hacia Cristo, nunca escogerá a Cristo. A menos que primero desee a Cristo, nunca recibirá a Cristo.

En la regeneración, Dios cambia nuestros corazones. Nos da una nueva disposición, una nueva inclinación. Planta un deseo por Cristo en nuestros corazones. Jamás podremos confiar en Cristo para nuestra salvación, a menos que primero le deseemos. Esta es la razón por la que dijimos anteriormente que la regeneración precede a la fe. Sin el nuevo nacimiento, no sentimos deseo alguno por Cristo. Sin un deseo por Cristo, nunca le escogeremos. Por tanto, concluimos que antes que alguien crea jamás, antes que alguien pueda creer, Dios debe cambiar primero la disposición de su corazón.

Cuando Dios nos regenera, se trata de un acto de gracia. Miremos de nuevo Efesios 2: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida …”

Tengo un rótulo sobre mi mesa que me bordó una mujer en una iglesia donde estuve ministrando. El rótulo dice simplemente: “Pero”. Cuando Pablo relata la condición espiritual del hombre caído, ello es suficiente para conducimos a la desesperación. Finalmente, llega a la palabra mágica que nos hace dar un suspiro de alivio. Pero. Sin ella estamos destinados a perecer. El “pero” encierra la esencia de la buena noticia.

Pablo dice: “Pero Dios, que es rico en misericordia …” Nótese que no dice: “Pero el hombre, que es rico en buena voluntad”. Es Dios solamente quien nos da la vida. ¿Cuándo lo hace? Pablo no lo deja para que lo adivinemos. Dice, “… estando nosotros muertos en pecados.” Este es el aspecto asombroso de la gracia, que nos es dada cuando estamos espiritualmente muertos.

Pablo concluye que es cuestión de gracia y no de obras. Su genuino resumen es, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Este pasaje debería sellar el asunto para siempre. La fe por la que somos salvados es un don. Cuando el apóstol dice que no es de nosotros, no quiere decir que no sea nuestra fe. Una vez más, Dios no cree por nosotros. Es nuestra propia fe, pero no se origina en nosotros. Nos es dada. El don no se gana o se merece. Es un don de pura gracia.

Durante la Reforma protestante hubo tres lemas que se hicieron famosos. Son frases latinas: sola fide, sola gratia, y soli Deo gloria. Los tres lemas van juntos. Nunca se les debe separar. Significan “por fe sola”, “por gracia sola” y “sólo a Dios la gloria”.

¿Gracia irresistible?

La mayoría de los cristianos están de acuerdo en que la obra de Dios en la regeneración es una obra de gracia. La cuestión que nos divide es si esta gracia es o no irresistible. ¿Es posible que una persona reciba la gracia de la regeneración y aún no llegue a tener fe? El calvinista responde con un enfático “¡no!”, pero no porque crea que la gracia salvadora de Dios es literalmente irresistible. Una vez más se nos crea un problema con el antiguo acróstico TULIP. Ya hemos cambiado el tulip a rulip, y ahora vamos a cambiarlo aún más. Ahora lo llamaremos “rulep”.

El término gracia irresistible puede confundir. Todos los calvinistas creen que los hombres pueden resistir y de hecho resisten la gracia de Dios. La cuestión es: “¿Puede la gracia de la regeneración dejar de cumplir su propósito?” Recordemos que los muertos espirituales están aún biológicamente vivos. Tienen una voluntad que está desinclinada hacia Dios. Harán todo lo que este de su parte para resistir la gracia. La historia de Israel es la historia de un pueblo duro de corazón, que resistía la gracia de Dios repetidamente. Dicha gracia es resistible en el sentido de que podemos resistirla y de hecho la resistimos. Es irresistible en el sentido de que consigue su propósito. Lleva a cabo el efecto deseado por Dios. Así pues, prefiero el término gracia eficaz.

Estamos hablando de la gracia de la regeneración. Recordamos que en la regeneración Dios crea en nosotros un deseo hacia El. Pero cuando tenemos ese deseo plantado en nosotros, continuamos funcionando como siempre hemos funcionado, haciendo nuestras elecciones según la motivación más fuerte en el momento. Si Dios nos da un deseo por Cristo, actuaremos según este deseo. Con toda seguridad, escogeremos el objeto de este deseo; escogeremos a Cristo. Cuando Dios nos hace vivir espiritualmente, llegamos a vivir espiritualmente. No es meramente la posibilidad de llegar a vivir espiritualmente lo que Dios crea. El crea vida espiritual dentro de nosotros. Cuando Dios llama algo para que sea, llega a ser.

Hablamos del llamamiento interno de Dios. El llamamiento interno de Dios es tan poderoso y eficaz como su llamamiento para crear el mundo. Dios no invitó al mundo a que existiese. Mediante su divino mandato, clamó: “Sea la luz”. Y hubo luz. No podía haber sido de otra manera. La luz tenia que comenzar a brillar. ¿Podía haber permanecido Lázaro en la tumba cuando Jesús le llamó? Jesús clamó: “¡Lázaro, ven fuera!” El hombre rompió su mortaja y salió de la tumba. Cuando Dios crea, ejerce un poder que sólo Dios tiene. Sólo El tiene el poder de sacar algo de la nada y vida de la muerte.

Existe mucha confusión acerca de este punto. Recuerdo la primera lección que oí jamás de John Gerstner. Era acerca del tema de la predestinación. Poco después de comenzar su lección, el Dr. Gerstner fue interrumpido por un estudiante que estaba agitando la mano en el aire. Gerstner se detuvo y reconoció al estudiante. El estudiante preguntó: “Dr. Gerstner, ¿se puede asumir con seguridad que usted es calvinista? Gerstner respondió: “Sí,” y continuó de nuevo con la lección. Unos momentos después apareció en los ojos de Gerstner un destello de reconocimiento y dejó de hablar en mitad de una frase y preguntó al estudiante: “¿Cuál es tu definición de un calvinista?”

El estudiante respondió: “Un calvinista es alguien que cree que Dios fuerza a algunas personas a escoger a Cristo e impide que otras personas escojan a Cristo.” Gerstner quedó horrorizado y dijo: “Si eso es ser calvinista, entonces puedes estar seguro que no lo soy”.

El concepto erróneo del estudiante acerca de la gracia irresistible está muy extendido. Una vez oí al presidente de un seminario presbiteriano declarar: “No soy calvinista porque no creo que Dios lleve a algunas personas, pataleando y gritando contra sus voluntades, al reino, mientras que excluye a otros que desesperadamente quieren estar allí.” Me quedé asombrado cuando oí estas palabras. No creía posible que el presidente de un seminario presbiteriano pudiera tener un concepto tan crasamente erróneo de la teología de su propia iglesia. Estaba recitando una caricatura que estaba tan lejos del calvinismo como sería posible.

El calvinismo no enseña y nunca ha enseñado que Dios lleve a la gente pataleando y gritando al reino, o que haya excluido jamás a alguien que quisiera estar allí. Recordemos que el punto cardinal de la doctrina reformada de la predestinación se apoya en la enseñanza bíblica de la muerte espiritual del hombre. El hombre natural no quiere a Cristo. Solamente querrá a Cristo si Dios planta un deseo por Cristo en su corazón. Una vez que está plantado el deseo, los que vienen a Cristo no vienen pataleando y gritando contra sus voluntades. Vienen porque quieren venir. Ahora desean a Jesús. Se lanzan al Salvador. El significado de la gracia irresistible es que el renacimiento vivifica a alguien a la vida espiritual de tal manera que ahora se ve a Jesús en su belleza irrestistible. Jesús es irresistible para aquellos que han recibido vida para apreciar las cosas de Dios. Toda alma cuyo corazón late con la vida de Dios dentro de sí anhela al Cristo viviente. Todos aquellos a quienes el Padre dé a Cristo, vienen a Cristo (Juan 6:37).

El término “gracia eficaz” puede ayudar a evitar alguna confusión. La gracia eficaz es una gracia que efectúa lo que Dios desea. ¿En qué difiere esta idea de otras ideas no reformadas acerca de la regeneración? La idea alternativa más popular se apoya en el concepto de gracia precedente.

Gracia precedente

Como el nombre sugiere, la gracia precedente es una gracia que “precede” a algo. Se la define normalmente como una obra que Dios hace para todos. El da a todos suficiente gracia para responder a Jesús. Es decir, es suficiente gracia para hacer posible que la gente escoja a Cristo. Los que cooperan con esta gracia y asienten a la misma son “elegidos”. Los que rehusan cooperar están perdidos.

La fuerza de esta idea es que reconoce que la condición espiritual del hombre caído es lo suficientemente severa como para requerir que la gracia de Dios le salve. La debilidad de la posición puede verse de dos maneras. Si esta gracia precedente es meramente externa al hombre, entonces falla de la misma manera que las analogías de la medicina y el salvavidas. ¿Qué bien procura la gracia precedente si se ofrece extremadamente a criaturas espiritualmente muertas? Por otro lado, si la gracia precedente se refiere a algo que Dios hace dentro del corazón del hombre caído, entonces debemos preguntar por qué no es siempre eficaz. ¿A qué se debe que algunas criaturas caídas escojan cooperar con la gracia precedente y otras escojan no hacerlo? ¿Obtienen todos la misma cantidad?

Pensemos acerca de ello de esta manera en términos personales. Si eres cristiano, sin duda serás consciente de otras personas que no son cristianas. ¿A qué se debe que tú hayas escogido a Cristo y ellos no? ¿Por qué dijiste tú, “sí,” a la gracia precedente mientras que ellos no lo hicieron? ¿Fue porque tú eras más justo que ellos? Si es así, entonces ciertamente tienes algo de lo que jactarte. ¿Fue aquella mayor justicia algo que conseguiste por ti mismo o fue don de Dios? Si fue algo que tú conseguiste, entonces en el fondo tu salvación depende de tu propia justicia. Si la justicia fue un don, ¿entonces por qué no le dio Dios el mismo don a todos? Quizá no fue porque fueses más justo. Quizá fue porque eras más inteligente. ¿Por que eres más inteligente? ¿Porque estudias más (lo que realmente significa que eres más justo)? ¿O eres más inteligente porque Dios te dio un don de inteligencia que no dio a otros?

Sin duda, la mayoría de los cristianos que sostienen la idea de la gracia precedente rehusarían dar tales respuestas. Ven la arrogancia implícita en ellas. Por el contrario, es más probable que digan: “No, yo escogí a Cristo porque reconocí la apremiante necesidad que tenía de El.”

Eso ciertamente suena más humilde. Pero debo insistir en la pregunta. ¿Por que reconociste tu apremiante necesidad de Cristo mientras que tu prójimo no lo hizo? ¿Fue porque tú eras más justo que tu prójimo, o más inteligente?

La cuestión fundamental para los defensores de la gracia precedente es por que algunos cooperan con ella y otros no. La manera en que respondamos revelará cuán misericordiosa creemos que es nuestra salvación realmente.

La cuestión vital es: “¿Enseña la Biblia una doctrina tal como la de la gracia precedente? Si así es, ¿dónde?”

Concluimos que nuestra salvación es del Señor. El es quien nos regenera. Aquellos a quienes El regenera van a Cristo. Sin regeneración, nadie irá jamás a Cristo. Con la regeneración, nadie le rechazará jamás. La gracia salvadora de Dios efectúa lo que El se propone efectuar mediante ella.

Resumen del capítulo 5

Nuestra salvación fluye de una iniciativa divina. Es Dios el Espíritu Santo quien libera a los cautivos. Es El quien sopla dentro de nosotros la vida espiritual y nos resucita de la muerte espiritual.

Nuestra condición antes de ser vivificados es de muerte espiritual. Es más grave que una mera enfermedad mortal. No hay ni un gramo de vida espiritual en nosotros hasta que Dios nos da la vida.

Sin el nuevo nacimiento, nadie irá a Cristo. Todos los que nacen de nuevo van a Cristo. Los que están muertos a las cosas de Dios permanecerán muertos, a menos que Dios les haga vivir. Aquellos a quienes Dios hace vivir viven. La salvación es del Señor.

Sproul, R. C. (2002). Escogidos por Dios (pp. 71–88). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.