//
estás leyendo...
Familia, Iglesia Cristiana, Interés General, Matrimonio, Noviazgo, Padres, Todos los Artículos, Vida Cristiana

6 – [9] Presciencia y predestinación

Escogidos por Dios

R.C. Sproul

Capítulo 6

Presciencia y predestinación

La inmensa mayoría de los cristianos que rechazan la idea reformada de la predestinación adoptan lo que a veces se llama la idea de la presciencia (pre-sciencia, conocimiento previo) acerca de la predestinación. Brevemente expresada, esta idea enseña que desde toda la eternidad Dios sabía cómo viviríamos. Sabía de antemano si recibiríamos a Cristo o le rechazaríamos. Sabía nuestras elecciones libres antes de que las hiciéramos. La elección de Dios en cuanto a nuestro destino eterno se hizo pues, sobre la base de lo que El sabía que escogeríamos. El nos escoge porque sabe de antemano que nosotros le escogieramos a El. Los elegidos pues, son aquellos que Dios sabía que escogerían libremente a Cristo.

En este concepto, tanto el decreto eterno de Dios como la libre elección del hombre quedan intactos. Según esta idea, nada hay de arbitrario acerca de las decisiones de Dios. No se habla aquí de ser reducidos a marionetas o de que se fuerce nuestro libre albedrío. Dios es claramente absuelto de cualquier indicio de mala acción. La base para nuestro juicio final se apoya en última instancia, sobre nuestra decisión a favor o en contra de Cristo.

Hay mucho de loable en esta idea de la predestinación. Es bastante satisfactoria y tiene los beneficios mencionados anteriormente. Además de esto, parece tener al menos una fuerte garantía bíblica. Si dirigimos nuestra atención de nuevo a la carta de Pablo a los Romanos, leemos:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogenito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó a éstos también llamó los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a estos tambien glorificó (Romanos 8:29–30).

Este pasaje tan bien conocido de Romanos ha sido llamado la “Cadena de Oro de la Salvación”. Notamos una especie de orden aquí que comienza con la presciencia de Dios y continúa hasta la glorificación del creyente. Es crucial para la doctrina de la presciencia de Dios, que en este texto venga tal antes que la predestinación de Dios.

Siento un gran aprecio por la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación. En tiempos la sostuve antes de rendirme a la idea reformada. Pero abandoné esta idea por varias razones. Entre éstas no es la menos importante, el haber llegado al convencimiento de que la idea de la presciencia no es tanto una explicación de la doctrina bíblica de la predestinación como una negación de la doctrina bíblica. No incluye todo el consejo de Dios en el asunto.

Quizá la mayor debilidad de la idea de la presciencia es el texto que más le apoya. Tras un análisis más minucioso, el pasaje de Romanos citado anteriormente viene a ser un grave problema para la idea de la presciencia. Por un lado, los que apelan al mismo para apoyar la idea de la presciencia encuentran demasiado poco. Esto es, el pasaje enseña menos de lo que los defensores de la presciencia quisieran que enseñase y sin embargo, enseña más de lo que ellos quisieran.

¿Cómo puede ser esto? En primer lugar, la conclusión de que la predestinación de Dios esta determinada por Su presencia, no se enseña en el pasaje. Pablo no sale diciendo que Dios escoge a la gente sobre la base de su conocimiento previo de las elecciones de ellos. Esa idea ni se afirma ni se implica en el texto. Lo único que el texto declara es que Dios predestina a los que conoce antes. Nadie disputa en este debate que Dios tiene presciencia. Aun Dios no podría escoger a personas de las cuales nada supiera. Antes de poder escoger a Jacob, tuvo que tener alguna idea en su mente acerca de Jacob. Pero el texto no enseña que Dios escogió a Jacob sobre la base de la elección que este hiciese.

En justicia, debe decirse que al menos el orden de presciencia y predestinación que encontramos en Romanos 8 es compatible con la idea de la presciencia. Es el resto del pasaje lo que crea dificultades. Nótese el orden de los acontecimientos en el pasaje. Presciencia—predestinación—llamamiento—justificación—glorificación.

El problema crucial aquí tiene que ver con la relación entre el llamamiento y la justificación. ¿Qué quiere decir Pablo con “llamamiento”? El Nuevo Testamento habla del llamamiento divino en más de una manera. En teología distinguimos entre el llamamiento externo de Dios y el llamamiento interno de Dios.

Encontramos el llamamiento externo de Dios en la predicación del Evangelio. Cuando se predica el Evangelio, todos los que lo oyen son llamados o invitados a Cristo. Pero no todos responden positivamente. No todos los que oyen el llamamiento externo del Evangelio llegan a ser creyentes. A veces, el llamamiento del Evangelio cae en oídos sordos.

Ahora bien, sabemos que sólo aquellos que responden con fe al llamamiento externo del Evangelio son justificados. La justificación es por la fe. Pero una vez más, no todos cuyos oídos oyen la predicación externa del Evangelio responden con fe. Por tanto, debemos concluir que no todos los que son llamados externamente son justificados.

Pero Pablo dice en Romanos que los que Dios llama, a éstos también justifica. Ahora bien, concedemos que la Biblia no dice explícitamente que El justifica a todos los que llama. Estamos supliendo la palabra todos. Quizá seamos tan culpables de leer algo en el texto que no esta allí como aquellos que abogan por la idea de la presciencia.

Cuando suplimos la palabra todos aquí, estamos respondiendo a una implicación del texto. Estamos haciendo una inferencia. ¿Es ésta una inferencia legitima? Pienso que lo es. Si Pablo no quiere decir que todos los que son llamados son justificados, la única alternativa sería que algunos de los que son llamados son justificados. Si suplimos la palabra algunos en lugar de la palabra todos aquí, entonces debemos suplirla a todo lo largo de la Cadena de Oro. Entonces se leería de la siguiente manera:

A algunos de los que antes conoció, también los predestinó. A algunos de los que predestinó, a éstos también llamó. A algunos de los que llamó, a éstos también justificó. A algunos de los que justificó, a éstos también glorificó.

Esta lectura del texto nos deja con una monstruosidad teológica, una pesadilla. Significaría que sólo algunos de los predestinados oyen jamás el Evangelio, y que sólo algunos de los justificados son finalmente salvados. Estas nociones están totalmente en conflicto con lo que enseña el resto de la Biblia sobre estos temas. Además, la idea de la presciencia sufre un problema aun mayor al suplir la palabra algunos. Si la predestinación de Dios se basa en su presciencia de cómo la gente responderá al llamamiento externo del Evangelio, ¿cómo es que sólo algunos de los predestinados son siquiera llamados? Ello demandaría que Dios predestinase a algunos que no son llamados. Si algunos de los predestinados son predestinados sin ser llamados, entonces Dios no estaría basando su predestinación en un conocimiento previo a la respuesta de ellos a su llamamiento, ¡no podrían dar respuesta alguna a un llamamiento que nunca recibieron! Dios no puede tener presciencia de la no respuesta de una persona a un no llamamiento.

Si seguimos todo eso, entonces veremos la conclusión. Pablo no puede estar implicando la palabra algunos. Por el contrario, la Cadena de Oro necesariamente implica la palabra todos. Revisemos la propuesta. Si suplimos la palabra algunos en la Cadena de Oro, el resultado es fatal para la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación, porque haría que Dios predestinase a algunos que no son llamados. Puesto que la idea enseña que la predestinación de Dios se basa en la presciencia de Dios en cuanto a las respuestas positivas de la gente al llamamiento del Evangelio, entonces la idea se hunde claramente si algunos son predestinados sin un llamamiento.

Suplir la palabra todos es igualmente fatal para la idea de la presciencia. Esta dificultad se centra en la relación entre el llamamiento y la justificación. Si todos los que son llamados son justificados, entonces el pasaje podría significar una de dos cosas: (A) Todos los que oyen el Evangelio externamente son justificados; o (B) Todos los que son llamados por Dios internamente son justificados.

Si respondemos con la opción A, entonces la conclusión a la que debemos llegar es que todos los que oyen el Evangelio son predestinados para ser salvos. Por supuesto, la inmensa mayoría de los que sostienen la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación también sostienen que no todos los que oyen el Evangelio son salvos. Algunos son universalistas. Creen que todos serán salvos, tanto si oyen el Evangelio como si no. Pero debemos recordar que el principal debate entre los evangélicos acerca de la predestinación no es acerca de la cuestión del universalismo. Tanto los defensores de la doctrina reformada de la predestinación como los defensores de la idea de la presciencia están de acuerdo en que no todos son salvos. Están de acuerdo en el hecho de que hay personas que oyen el Evangelio externamente (el llamamiento externo de Dios) que no responden con fe y que por tanto, no son justificados. La opción A repugna tanto a los defensores de la idea de la presciencia como a los defensores de la doctrina reformada.

Eso nos deja con la opción B. Todos los que son llamados internamente por Dios son justificados. ¿Cuál es el llamamiento interno de Dios? El llamamiento externo se refiere a la predicación del Evangelio. La predicación es algo que hacemos como seres humanos. El llamamiento externo puede también ser “oído” leyendo la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios, pero nos llega mediante documentos escritos por seres humanos. En ese sentido es externa. Ningún ser humano tiene poder para obrar internamente en otro ser humano. No puedo llegar al interior del corazón de una persona para obrar en él una influencia inmediata. Puedo hablar palabras que son externas. Esas palabras pueden penetrar en el corazón, pero no puedo hacer que ocurra eso por mi propio poder. Sólo Dios puede llamar a una persona internamente. Sólo Dios puede obrar inmediatamente en lo mis recóndito del corazón humano para influir una respuesta positiva de fe.

Así pues, si la opción B es lo que quiere decir el apóstol, entonces las implicaciones son claras. Si todos los que Dios llama internamente son justificados, y todos los que Dios predestina son llamados internamente, entonces se sigue que la presciencia de Dios tiene que ver con algo más que una mera consciencia previa de las decisiones libres que los seres humanos tomen. Sin duda, Dios conoce desde toda la eternidad quiénes responderían al Evangelio y quiénes no. Pero tal conocimiento no es él de un mero observador pasivo. Dios conoce desde la eternidad a quienes llamará internamente. El justifica a todos los que llama internamente.

Dije anteriormente que la Cadena de Ore enseña algo más de lo que la idea de la presciencia quiere que enseñe. Enseña que Dios predestina un llamamiento interno. Todos los que Dios predestina a ser llamados internamente serán justificados. Dios está aquí haciendo algo en los corazones de los elegidos para asegurar su respuesta positiva.

Si la opción B constituye el entendimiento correcto de la Cadena de Oro, entonces está claro que Dios hace una clase de llamamiento a algunos que no hace a todos. Puesto que todos los que son llamados son justificados, y puesto que no todos son justificados, entonces se sigue que el llamamiento es una actividad divina bastante significativa que algunos seres humanos reciben y otros no. Ahora nos vemos forzados a tratar de nuevo una importante cuestión no muy diferente de nuestra cuestión original. ¿A qué se debe que algunos sean predestinados para recibir este llamamiento de Dios y otros no? ¿Reside la respuesta en el hombre o en los propósitos de Dios? Un defensor de la idea de la presciencia tendría que responder que la razón por la que Dios llama sólo a algunos internamente es que sabe de antemano quiénes responderán positivamente al llamamiento interno y quienes no. Por tanto, no malgasta el llamamiento interne, sólo lo hace a aquellos que El sabe que responderán favorablemente al mismo.

¿Cuánto poder hay en el llamamiento interno de Dios? ¿Tiene alguna ventaja recibirlo? Si sólo es dado a aquellos que Dios conoce que responderán a El por su propio poder, parecería ser una influencia interna sin una influencia real. Si no tiene influencia alguna en la persona que oye el llamamiento externo, entonces Dios está predestinando una ventaja para algunos de que está privando a otros. Si no tiene influencia alguna sobre la decisión humana, entonces simplemente no es una influencia en absoluto. Si no es una influencia en absoluto, entonces nada significa en cuanto a la salvación y constituye una parte absurda de la Cadena de Oro.

Es crucial recordar que el llamamiento interno de Dios se hace a las personas antes que crean, antes que respondan con fe. Si influye en la respuesta de alguna manera, entonces Dios está predestinando una ventaja para los elegidos. Si no influye en la decisión humana, ¿entonces qué hace? Este dilema es penoso para la idea de la presciencia, penoso y sin alivio.

La doctrina reformada de la predestinación

En contraste con la idea de la presciencia en cuanto a la predestinación, la doctrina reformada asevera que la decisión final en cuanto a la salvación descansa en Dios y no en el hombre. Enseña que desde toda la eternidad Dios ha escogido intervenir en las vidas de algunos y llevarles a la fe salvadora, y a su vez, ha escogido no hacer eso por otros. Desde toda la eternidad, sin tener en cuenta previamente nuestra conducta humana, Dios ha escogido a algunos para elección y a otros para reprobación. El destino final de la persona está decidido por Dios antes que la persona haya siquiera nacido y sin depender finalmente de la elección humana. Sin duda, existe una elección humana, una elección humana libre, pero la elección se hace porque en primer lugar, Dios escoge influir en los elegidos para que hagan la elección correcta. La base de la elección de Dios no se apoya en el hombre, sino únicamente en el beneplácito de la voluntad divina.

En la doctrina reformada de la predestinación, la elección de Dios precede a la elección del hombre. Nosotros le escogemos a El solamente porque El nos ha escogido primero a nosotros. Sin la predestinación divina y sin el llamamiento interno divino, la doctrina reformada sostiene que nadie escogería jamás a Cristo.

Esta es la doctrina de la predestinación que irrita a tantos cristianos. Esta es la perspectiva que suscita importantes cuestiones acerca del libre albedrío del hombre y acerca de la equidad de Dios. Esta es la idea que provoca tanta polémica y acusaciones de fatalismo, determinismo, etc.

La doctrina reformada de la predestinación entiende la Cadena de Oro como sigue: Desde toda la eternidad, Dios conoció de antemano a sus elegidos. El tenía el concepto de su identidad en Su mente antes de crearlos. No sólo los conoció desde siempre en el sentido de tener el concepto previo de su identidad personal, sino que también los conoció en el sentido de amarlos. Debemos recordar que cuando la Biblia habla de “conocer”, distingue a menudo entre una simple consciencia mental de una persona y un profundo e íntimo amor de la persona.

La doctrina reformada cree que todos aquellos a quienes Dios ha conocido así de antemano, también los ha predestinado para ser llamados internamente, para ser justificados y para ser glorificados. Dios en su soberanía, hace que se lleve a cabo la salvación de sus elegidos y sólo de sus elegidos.

Resumen del capitulo 6

1. La presciencia no es una explicación válida de la predestinación.

2. Hace que la redención sea en última instancia, una obra humana.

3. La predestinación es soslayada y virtualmente vaciada de significado.

4. La cadena de oro muestra que nuestra justificación depende del llamamiento de Dios.

5. El llamamiento de Dios se apoya en una predestinación previa.

6. Sin predestinación, no hay justificación.

7. No son nuestras elecciones futuras, sin embargo, las que inducen a Dios a escogernos.

8. Es la decisión soberana de Dios a nuestro favor.

Sproul, R. C. (2002). Escogidos por Dios (pp. 89–96). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Las Bienaventuranzas

Mateo 5:3-12 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: