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«Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado»

24 de noviembre

«Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado».

Proverbios 24:33, 34

El peor de los haraganes solo busca un poco de sueño; se indignaría si lo acusaran de absoluta ociosidad. «Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir»: eso es todo cuanto le apetece, y tiene un sinfín de razones para demostrar que ese abandono resulta muy conveniente. Sin embargo, por esos «pocos» el día declina, el tiempo para trabajar se acaba y el campo permanece cubierto de espinos. Es por pequeñas demoras por lo que los hombres arruinan sus almas. No tienen intención de demorarse años enteros; afirman que dentro de pocos meses se presentará un tiempo más propicio. Si lo deseas, ellos atenderán mañana las cosas serias; porque el momento presente lo tienen tan ocupado y es tan inconveniente que ruegan que se les excuse. A semejanza de la arena de un reloj, el tiempo va pasando, la vida se disipa poco a poco y la hora de la gracia se pierde por un poco de sueño. ¡Oh, Dios quiera que seamos sabios, que atrapemos la hora que pasa volando y aprovechemos esos momentos que huyen sobre alas! Que el Señor nos enseñe esta sagrada sabiduría; porque, de otra manera, una espantosa pobreza nos aguarda: pobreza eterna que deseará una gota de agua y la mendigará en vano. Como un caminante que sigue inexorablemente su camino, la pobreza alcanza al perezoso y la ruina vence al indeciso. Cada hora que pasa acerca más al temido perseguidor, quien no se detiene junto al camino, pues está al servicio de su patrón y no se puede demorar. Como un hombre armado entra con autoridad y potestad, así la pobreza le vendrá al ocioso y la muerte al impenitente, y no escaparán. ¡Ah, si los hombres fueran sabios a tiempo y buscaran diligentemente al Señor, antes de que amanezca el solemne día cuando será demasiado tarde para arar y sembrar, demasiado tarde para arrepentirse y creer! En el tiempo de la cosecha es inútil lamentarse de haber descuidado la siembra. La fe y la santa decisión están aún a tiempo. ¡Ojalá podamos obtenerlas esta noche!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 339). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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