«El orgullo y la humildad»

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Escuela dominical #7

Proverbios «el orgullo y la humildad»

Ps. Marcos Peña

 

 

El orgullo y la humildad

“Este es uno de los tantos temas antitéticos que trata el libro de Proverbios. Aunque debemos reconocer de inicio que se ocupa mucho más del orgullo que de la humildad… Todos debemos luchar en mayor o en menor grado con este pecado. Aún al apóstol Pablo se le dio un aguijón para que no se enorgulleciera…”

Marcos Peña Llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos. Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

La Insensatez de la Voluntad Humana

La Insensatez de la Voluntad Humana

Y el Señor dijo a Samuel: Oye su voz y nómbrales un rey. – 1 Samuel 8:22

Encontramos en la Escritura varios ejemplos registrados donde el Señor concede los deseos de los hombres, aun y cuando tales deseos son contrarios a Su propia voluntad. Pareciera, en efecto, ser un principio del gobierno moral de Dios, donde Él no va más allá de cierto punto para resistir a la voluntad propia de Sus criaturas, en todo caso durante el período de prueba de Su trato con ellos. Las circunstancias que rodearon el nombramiento de Saúl, hijo de Cis, como el primer rey de Israel, son una ilustración notable de esta verdad. Si el propósito Divino era finalmente introducir la forma monárquica del gobierno en Israel, o no, es claro que el deseo del pueblo para tal cambio no sólo era malo, sino que fueron impulsados ​​por motivos erróneos al considerar tal idea. El orden teocrático, bajo el cual el Señor mismo preparó y puso a cargo a un hombre para que fuera Su instrumento en el gobierno de Su pueblo, fue la elección divina original, y la insistencia del pueblo en sustituir este orden por otro, significó, como hemos aprendido del registro sagrado, un virtual rechazo al Señor mismo cómo la cabeza y gobernante de la nación. No obstante, la petición del pueblo fue concedida en las palabras citadas arriba, y encontramos que no mucho tiempo después Saúl es ascendido y unánimemente aceptado como rey. Los capítulos subsiguientes del primer libro de Samuel relatan una serie de consecuencias desastrosas para Israel, resultado de su propia impaciencia y su propia voluntad. Podemos estar seguros de que si ellos hubieran manifestado un espíritu recto y una actitud de humildad, paciencia y auto juicio, si hubieran esperado en el Señor para dejar en claro Su propio acuerdo para suplir las necesidades de la nación, los acontecimientos hubieran tomado un curso muy distinto. El libro de los Jueces repite una y otra vez la gracia (del Señor), que en tiempos de necesidad nacional y de desastre, aunque fuera ocasionado por el pecado y el retroceder del pueblo, si sólo se volvían de todo su corazón al Señor, Él estaba dispuesto a encargarse de ellos, y darles a alguien escogido y preparado por Él, para liberarlos.

A medida que avanzamos en la historia del Rey Saúl, nos impresiona el hecho de que, aunque parece haber fracasado en un período relativamente temprano de su reinado, la intervención divina para su destronamiento fue llevada a cabo lentamente. Es verdad que en cuanto al propósito fue rechazado del reino, y que el hombre, quien en la Providencia Divina iba a ser su sucesor, fue ungido para el oficio real; sin embargo, pasaron largos años, durante los cuales se nos dice que el Espíritu de Dios había sido retirado de Saúl, y había sido entregado a la influencia de un espíritu maligno, convirtiéndose así en un íncubo y una desgracia en cuanto a la prosperidad de su país. La experiencia del pueblo de Israel durante este largo periodo, nos brinda un instructivo ejemplo de verdad; que cuando los hombres por impaciencia y voluntad propia insisten en algo que no es el propósito de Dios para ellos, seguramente tendrán que comer el fruto de sus propias acciones, y la serie de consecuencias que ha sido puesto en marcha tendrá que seguir su curso, aun si resulta ser algo triste y lleno de maldades. Estas cosas están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos, y corresponde específicamente a los llamados a participar activamente en el servicio del Señor, tener cuidado de sí mismos; a menos que descuiden su caminar en el Señor o negligencia en los medios de gracia, llegaran poco a poco a estar cada vez más lejos de Dios, y perderán su capacidad de percibir Su voluntad. No hacer caso a la conciencia y la falta de plena obediencia al Espíritu Santo en la vida personal de un cristiano le exponen al grave peligro de, o exhibir su voluntad propia, o por lo menos tomar un curso de acción equivocado en tiempos de prueba y perplejidad.

El caso del patriarca Abraham en relación con el nacimiento de Ismael nos muestra cómo hasta el hombre de la fe y obediencia más eminentes puede equivocarse y cometer un error fructífero en maldades durante los años siguientes. Se recordarán que cuando él percibió que su acción iba a resultar en discordancia, Abraham envió lejos a Agar, con la esperanza de evitar así el problema que estaba evidentemente próximo sobre su familia. Pero no sucedió así: Dios mismo trajo a Agar de vuelta. Tampoco es difícil ver que, durante años después, hubo elementos de conflicto e infelicidad en la vida doméstica de Abraham como resultado de su fracaso en un tiempo de pruebas para ejercer una fe y una paciencia tan plenas como debió haber hecho.

1861-1946
Dixon Edward Hoste (23 Junio 1861 – 11 Mayo 1946).

La edificación de familias

Gracia a Vosotros

John MacArthur 

La edificación de familias

La familia es la unidad designada por Dios para pasar el camino de rectitud de una generación a la siguiente (Dt. 6:7, 20-25). Satanás, sin embargo, ataca todo aquello que Dios ha establecido para preservar la rectitud.

  Satanás ataca las tres fuerzas preservadoras de la sociedad: El gobierno, la iglesia y la familia. Cada vez que Dios ha ordenado un gobierno para castigar a los que hacen el mal y apoyar a los que hacen el bien, Satanás lo asaltará. Siempre que hay una iglesia que exalta a Cristo y proclama la Palabra, Satanás la atacará. Y a él no le gustan las familias que pasan la rectitud divina, por eso procura desintegrarlas.

  Satanás está usado la sociedad inmoral y lujuriosa en la que vivimos para atacar a la familia. Ha hecho que a la familia le resulte difícil sobrevivir. La iglesia tiene que ayudar a preservar a la familia. Esa es una de nuestras prioridades en la iglesia; enseñamos y discipulazos a los hijos y a los jóvenes. Es inspirador ver a los adultos de la iglesia trabajar con los jóvenes, porque los jóvenes tienen la responsabilidad de preservar lo que aprenden y pasarlo a la siguiente generación. Quiero que nuestros jóvenes conozcan los principios de Dios para el matrimonio y la familia.

  Cuando los creyentes están llenos de Espíritu de Dios, se someten unos a otros (Ef. 5:21-6:9). En una situación familiar, eso quiere decir que las esposas se someterán a sus esposos, y los esposos se someterán a sus esposas mediante un amor que nutre, valora y purifica. Los hijos se someterán a sus padres y los padres se someterán a las necesidades de sus hijos, no provocándolos a la ira, sino cuidándolos y criándolos en los camino de Cristo. La sumisión brota de vidas llenas del Espíritu Santo. La iglesia tiene que asegurarse de que las familias vivan controladas por el Espíritu de Dios de forma que puedan experimentar la bendición que viene por la sumisión de unos a otros. Si cada uno en la familia pelea por sus propios derechos, entonces se destruye la posibilidad de una relación significativa.

  Las familias de una iglesia se debieran apoyar unas a otras. Se debieran ayudar y orar unas a otras con sus hijos. ¿Cuál es su reacción cuando ve hijos rebeldes? ¿Ora por ellos? ¿Ayuda usted a otros padres enseñando a sus hijos un comportamiento correcto? Una iglesia debe cuidar de sus familias.


 Extraído del libro, “El Plan del Señor Para La Iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz. 

Homosexualidad: ¿Se nace o se hace?

Homosexualidad: ¿Se nace o se hace?

Nathan Díaz

Una pregunta cada vez más común en medio nuestro es esta de si se “nace o se hace” homosexual. Si bien en algún momento me interesó mucho el llegar a una conclusión definitiva sobre si alguien nace con esta tendencia genética o si es algo que surge como resultado de factores externos, creo que un enfoque más fructífero es definir lo que es natural de acuerdo a la Palabra.

Definiendo natural

Romanos 1 nos muestra que todo pecado es la consecuencia de restringir la verdad (Ro. 1:18) y de intercambiar al Creador por lo creado (Ro. 1:22-25). Pablo muestra que el homosexualismo es el pecado más explícito sobre el intercambio trágico que hacemos del propósito original (hombre y mujer, comparado con vivir para Dios) por un propósito distorsionado (hombre con hombre o mujer con mujer, comparado con vivir para lo creado). De modo que lo que no es natural en el propósito de Dios se ha vuelto natural para nosotros. Esta naturalidad para el hombre, de hecho, es el juicio mismo de Dios (Ro. 1:28).

Por tanto, si me preguntan si alguien ya nace con una tendencia al homosexualismo, mi respuesta tendría que ser “sí”. ¿Por qué? Porque todo pecado en nuestra vida será un reflejo de lo que es natural para nosotros, es decir, un reflejo de nuestra naturaleza de pecado.  Solo que son diferentes pecados los que son naturales para cada quien. Con esto no estoy negando que haya factores externos que contribuyan a motivarnos hacia ciertos pecados. Pero esos factores simplemente están facilitando y amplificando lo que ya existía en nuestra naturaleza desde un principio.

Así nos ilustra Salmos 51:5: “He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre”. Desde que nacemos, nuestra inclinación natural es hacia el pecado, aunque sean diferentes pecados para cada quien, y algunos parezcan más o menos serios o sean más o menos aceptados por los demás.

La lujuria es una batalla de todos

Alguien preguntará: “¿Cómo puede ser malo si es natural?”. Tendríamos que preguntarnos también si es natural el deseo sexual por el sexo opuesto. Por supuesto que es natural. Pero todo lo que está fuera del orden y diseño de Dios para el sexo dentro del matrimonio es pecado. Por lo tanto, mi deseo sexual “natural” por mujeres que no son mi esposa es pecado y no lo puedo justificar simplemente porque “así nací”, aunque es cierto (Pr. 5:15-23).

La gracia y el poder del Espíritu Santo en la vida del cristiano no son evidentes por la ausencia completa de una tendencia hacia el pecado, sino por la batalla que se desata cada día en contra de esa naturaleza en nosotros. El hacer morir las obras de la carne por el Espíritu en nosotros (Ro. 8:13) no sucede una vez al comienzo de nuestra vida cristiana, sino todos los días.

Aunque hemos nacido con una naturaleza que nos lleva a pecar, Dios nos invita a en el evangelio a nacer de nuevo en una naturaleza que ya no es dominada por el amo del pecado, sino por el Espíritu que nos lleva a amar a Dios y su justicia sobre de todas las cosas (Ro. 6:16-23).

Llevemos este mensaje de esperanza a una sociedad que se ha rendido ante lo que satisface la naturaleza con que nacieron. Ellos no saben que Dios satisface más.

Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A” que se transmite en emisoras de México, Argentina, Nicaragua, España y Estados Unidos. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

Un cuento de hadas peligroso para futuras esposas

Un cuento de hadas peligroso para futuras esposas

De niñas pudimos haber pretendido ser una damisela en problemas- secuestrada por un dragón que escupe fuego, y salvadas por un caballero de armadura brillante. Crecemos y dejamos de pretender, pero como mujeres todavía tendemos a inclinarnos por libros y películas románticas.

Lo que más nos gusta de un cuento de hadas romántico es el final feliz. No importa los altos y bajos, el chico y la chica siempre llegan al final y alcanzan la felicidad romántica. Es tan nítido, limpio y perfecto. Sin embargo, los libros y películas románticas son sólo pretensiones. Sus historias nos entregan un cuento de hadas moderno: el sueño americano que viene con una carrera exitosa, dos hijos (un niño y una niña, por supuesto), un esposo fiel y devoto, buena salud, y una abundancia de riquezas y posesiones materiales.

¿Pero qué sucede cuando la realidad no se alinea con nuestras esperanzas y sueños? ¿Y qué tal si la verdadera historia de nuestra vida y matrimonio nos decepcionan? ¿Es nuestro caballero de armadura brillante el que pensamos que era cuando nos casamos con él? ¿Puede él salvarnos del dragón?

Los casados no han llegado

El problema con trasladar un cuento de hadas a nuestra vida personal es nuestras expectativas poco realistas. Queremos el final feliz en nuestra propia vida, y creemos que el matrimonio será esa bendición. Esperamos el final feliz – a veces incluso lo exigimos. Todas tenemos una historia romántica en la cabeza de cómo sería la vida de casada, pero con el tiempo vamos a descubrir que este mundo de fantasía no se corresponde con la realidad. Nuestros nobles y frágiles sueños y esperanzas se rompen. Somos lastimadas y confundidas por el pecado de nuestro esposo (y por los nuestros). Nunca nos dimos cuenta de que el matrimonio podría ser tan difícil.

Nos encantan los libros y películas románticas – el cuento de hadas – porque nuestra propia vida amorosa puede ser una decepción. Tontamente pensamos que por fin hemos “llegado a la meta” cuando pasamos de solteras a casadas.  Pero Dios sabe que apenas hemos comenzado. Tenemos que empezar a ver el matrimonio a través de un género diferente: una película de guerra.

Bodas en tiempos de guerra

Todos necesitamos una mentalidad de tiempo de guerra en el campo de batalla del matrimonio. Cuando vamos más allá de las decisiones del vestido de novia, las flores y las opciones de comida, enfrentamos las decisiones diarias de vivir nuestros votos matrimoniales. La dulce dicha romántica probada en nuestro día de bodas es una parte real del matrimonio – temporadas y momentos que deben ser atesorados – pero son las duras batallas peleadas y ganadas con la gracia que sustentan un matrimonio.

Ya sea que estemos conscientes de ello o no, la batalla comienza, no termina, cuando hacemos nuestros votos. Nuestros deseos pecaminosos se levantarán como un dragón que escupe fuego por la boca. Satanás lanzará su granada de mentiras a nuestros pies. Tendremos que cuidar dónde pisamos para que no activemos las bombas explosivas ocultas en nuestros propios hogares. Muchas veces son nuestras expectativas poco realistas en el matrimonio que nos ciegan para ver las balas que están volando a nuestro alrededor. Hay que dejar al lado el cuento infantil de hadas y pedir a Dios que nos abra los ojos ante la guerra espiritual en nuestro matrimonio, la batalla en la que debemos luchar por fe.

La esperanza de Satanás para tu matrimonio

Satanás quiere destrozar la imagen hermosa del Evangelio en el matrimonio: la representación del amor sacrificial de Cristo por su novia, la iglesia. El enemigo no se detendrá ante nada para destruir cualquier imagen o reflejo de Cristo en este mundo. Él sabe que las expectativas irreales en el matrimonio podrían ayudarlo para matar lo que Dios ama. Entonces, trata de engañarnos minimizando la intención de Dios para el matrimonio.

Satanás quiere que pensemos que el matrimonio es para satisfacer nuestras necesidades y deseos no realizados, vivir el sueño que se vende en las novelas románticas, tachar algo de la lista, o, finalmente, conseguir estabilizar nuestras vidas. Él poco a poco, suavemente nos va adormeciendo hacia un sueño apático para que nos conformemos con menos. Debemos despertar y ver cómo nuestras expectativas irreales establecen un estándar demasiado bajo. Nuestros deseos son demasiado pequeños cuando ponemos nuestra mayor esperanza en nuestro esposo o en el matrimonio mismo. Nuestras expectativas deben aumentar a medida que Dios utiliza nuestras expectativas insatisfechas – y la decepción y el daño resultantes – para guiarnos hacia Él mismo. El matrimonio es un camino que nos lleva hacia un destino mayor: Dios mismo.

Una historia de amor más grande que el matrimonio

Ya ves, realmente deseamos el cuento de hadas en vez de la película de guerra, porque en el fondo sabemos que es verdad. Sabemos que hay un caballero de armadura brillante que va a matar al dragón por nosotros, que va a superar todos los obstáculos y ganar la guerra, que nos buscará en nuestra dificultad y nos salvará. Como el príncipe de Blanca Nieves, cuyo beso trajo a la princesa de vuelta a la vida, Dios nos da el beso divino de la vida a través de Jesús.

Nuestro caballero de armadura brillante es un carpintero de Belén; y Él nunca nos decepciona. Creemos que nuestro matrimonio está diseñado para acomodarnos a nosotros y a nuestros pequeños deseos terrenales, pero nuestros matrimonios son realmente parte de una historia más grande que Dios está contando a través de su Hijo.  Nuestras expectativas deben ser moldeadas mientras atesoramos a Cristo. Sólo entonces podremos dejar de pretender y entonces accionar en una mentalidad de tiempo de guerra hacia el matrimonio.


Una publicación original de DesiringGod.org | Traducido al Español por Alicia Ferreira de Díaz

Cómo aconsejar a prometidos

Cómo aconsejar a prometidos

Jesse Johnson

“Chocar contra el muro” es un fenómeno que ocurre entre maratonistas alrededor del kilómetro 35. A siete kilómetros de la línea de meta todo comienza a fallar, se pierde el foco, entra la fatiga y la falta de agua es evidente. En estos últimos 7 kilómetros muchos corredores inclusive abandonan la carrera pues ya no pueden seguir corriendo.

Lo mismo puede llegar a suceder entre parejas jóvenes que buscan el matrimonio. Después de meses o años de estar saliendo juntos como novios, ahora se enfrentan a las dificultades que el compromiso trae, justo antes de la luna de miel. Los siguientes puntos son mi consejo pastoral a novios comprometidos:

1. Oración

El tiempo de compromiso antes del matrimonio debe ser un tiempo marcado por la piedad. Dios diseñó el matrimonio para ser un pacto entre un hombre y una mujer que trabajan juntos en buscar cumplir los propósitos de Dios en su vida. En lo que probablemente fue el compromiso más corto en la historia, Dios creó a Eva como la cónyuge de Adán para que juntos fuesen capaces de dominar la tierra y cuidar de ella. De modo que honrarán a Dios tanto en el trabajo como la familia. Cuando dos cristianos hacen un compromiso de convertirse en marido y mujer, ellos se están comprometiendo a ayudarse mutuamente a cumplir con los propósitos de Dios en sus vidas, viviendo una vida piadosa y santa.

El compromiso es una oportunidad única para exhortarse mutuamente al crecimiento espiritual. Por lo tanto, busquen orar juntos, lean la Biblia juntos, pero sobre todas las cosas, utilicen su tiempo de compromiso para acercarse más a Cristo y no para alejarse de Él.

2. Pureza

Se me hace necesario enfatizar lo suficiente en la necesidad de la pureza durante su compromiso. Muchas parejas cristianas han caído víctimas de una variedad de ideas erróneas que las lleva a sacrificar la pureza en el altar por el libertinaje. Tal vez la idea más común es la siguiente: “Bueno, ya que de todos modos nos casaremos dentro de tan poco tiempo… ¿qué importa si tenemos relaciones sexuales ahora?”. Por supuesto, tal lógica también funciona a la inversa: “Ya que estarás casado para toda la vida, ¿qué importa si comienzan a tener sexo ahora o dentro de unos meses?”.

Por supuesto que la pereza sexual antes del matrimonio sí importa. Aun entre parejas que piensan casarse pronto. La pureza sexual es una cuestión de liderazgo espiritual. El hombre que está dispuesto a racionalizar el tener relaciones sexuales pecaminosas probablemente no cambiará una vez que esté casado. Si le gusta pecar sexualmente ahora, lo mismo será una vez que esté casado. Por lo tanto, las parejas cristianas comprometidas deben comprometerse a honrar al Señor con sus vidas, incluyendo su vida sexual. Este es un tema de liderazgo espiritual, y como futuro líder espiritual de la casa, es la responsabilidad del hombre el poner el ejemplo de piedad y santidad en su relación.
Para aquellas parejas cristianas que han experimentado fracaso con respecto a la pureza, este es mi consejo práctico:

  • Primeramente, dejen de pecar. El hecho de que ya han pecado no les da la libertad para seguir haciéndolo.
  • En segundo lugar, demuestren madurez espiritual haciendo los cambios que sean necesarios para que mantengan la pureza: Busquen a alguien que los mantenga a cuentas y aprendan de sus errores. Si saben que les hace falta dominio propio no se coloquen en situaciones donde les sea fácil caer en tentación. No más noches largas viendo una película sentados en el mismo sofá. Viajes como pareja pueden esperar hasta que estén casados.
  • En tercer lugar, si el pecado sexual continua estando presente durante el compromiso, tomen tiempo para evaluar lo que están haciendo. Señoritas, si su novio no está dispuesto a conducirlas de una manera que honre al Señor durante su compromiso, debe reconsiderar seriamente el tipo de liderazgo que él practica, pues será el mismo tipo de liderazgo después de la boda.

3. La boda no es lo más importante

Debo recordar a las parejas comprometidas que su boda no es lo más importante en el mundo. Sé que entre los preparativos de la boda, las tiendas vestido y la selección del local, la boda puede llegar a ser un trabajo de tiempo completo durante el compromiso. Esta es una razón más por la que animo a las parejas comprometidas a mantener una relación independiente a la planificación de la boda. En el gran esquema de la vida, los seis meses que pasan preparando su boda son sólo una fracción del tiempo que van a pasar juntos. Por lo tanto, les recomiendo que corran la carrera con paciencia. Por ejemplo: si alguien le pregunta cómo está, y su respuesta gira en torno a la boda y responde algo como: “¡Terrible! ¿Puedes creer que el coordinador acordó sillas blancas y ahora de repente ella quiere sillas color marfil? ¡Imposible!”… podría ser el momento para dar un paso atrás y recordar que la boda no es lo más importante en el matrimonio.

4. Disfruten el momento

Junto con el consejo de recordar que lo más importante no es la boda en sí, debo exhortarles a divertirse. Su compromiso es sólo una temporada de su vida, ¡pero debe ser un tiempo de celebración! Disfrute de las diferentes pruebas de su pastel de boda, busque reírse de los errores inesperados que surgen en la planeación y diviértanse juntos. Estar comprometidos es como estar en un avión listos para empezar unas vacaciones increíbles. Usted puede pensar en las hermosas vacaciones que está a punto de disfrutar, o bien puede dedicarse a pensar en lo que sucederá si se pierde su equipaje. Su preocupación no hará que el avión vaya más rápido, así que lo mejor en esos casos es disfrutar del vuelo sin preocupaciones.

5. Busquen consejería pre-matrimonial

Todo cristiano debería estar en una relación de discipulado. Esto es particularmente cierto durante la etapa de compromiso. Algo vital que normalmente les recomiendo, es que encuentren una pareja mayor que tenga un matrimonio que deseen imitar, y pídanles que los prepare para el suyo. Otro método que sugiero es utilizar algún libro que les ayude en su comunicación, pues les asegura tocar los principales temas en un matrimonio.

El punto principal de la consejería pre-matrimonial es forjar una relación con una pareja cristiana mayor que probablemente podrá ser la fuente de consejo y aliento tanto antes como después de la boda. Esta es la razón por la cual la pareja que les ayude durante el proceso de consejería pre-matrimonial debería ser una pareja que deseen imitar.

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Jesse Johnson es pastor de Immanuel Bible Church en Springfield, Virginia. Durante sus estudios en The Master’s Seminary, Jesse sirvió como pastor de evangelismo en Grace Community Church y coordinó la edición del libro de estudio Fundamentos de la Fe.

El amor del mundo vs. el amor bíblico

The Master’s Seminary

El amor del mundo vs. el amor bíblico

John MacArthur

En la década de los sesentas el grupo musical los Beatles compuso una de sus canciones más memorables: “All you need is love” (traducida: todo lo que necesitas es amor). Si hubiesen estado cantando sobre el amor de Dios, sus palabras tendrían algo de verdad. Pero lo que generalmente se conoce como amor no es el amor auténtico, sino más bien es un fraude. La visión distorsionada que tiene el mundo del amor es algo que los cristianos necesitan desesperadamente evitar.

El apóstol Pablo hace este mismo punto en Efesios 5:1-3: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos.”

Este simple mandamiento en el versículo dos, “andad en amor, como también Cristo nos amó“, resume la obligación moral del cristiano. Después de todo, el amor de Dios es el principio único y central que define el deber del cristiano.

Éste es el tipo de amor que realmente necesitamos.

Romanos 13:8-10 nos dice: “porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. ” Gálatas 5:14 hace eco a la misma verdad: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Jesús enseñó lo mismo, que toda la ley y los  profetas dependen de dos mandamientos que hablan acerca del amor (Mateo 22:38-40).

En otras palabras, como lo resume Pablo: “el amor. . . es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14). En Efesios, cuando Pablo le ordena a los creyentes a caminar en amor, el contexto revela que se refiere a ser amables, misericordiosos y perdonadores (Efesios 4:32). El modelo para tal amor desinteresado es Cristo, que dio su vida para salvar a su pueblo de sus pecados. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13). Y “si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” (1 Juan 4:11).

El verdadero amor siempre es sacrificial, misericordioso, compasivo, comprensivo, amable, generoso y paciente. Estas y muchas más son part de las cualidades benevolentes del verdadero amor (cp. 1 Corintios 13:4-8).

Pero note el lado negativo el cual también se observa en el contexto de Efesios 5. La persona que realmente ama a los demás como Cristo, debe rechazar todo tipo de amor falso. El tipo de amor falso que Pablo discute incluye la inmoralidad, inmundicia y avaricia:

Los nombres de Pablo apóstol algunas de estas falsificaciones mundanos. Incluyen la inmoralidad, impureza, y la codicia:

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos (Efesios 5:3-7).

La inmoralidad es quizás el sustituto favorito de nuestra generación para el verdadero amor. Pablo usa la palabra griega porneia, la cual incluye todo tipo de pecado sexual. La cultura popular trata desesperadamente de borrar la división entre el amor genuino y la pasión inmoral. Pero toda esta inmoralidad es una perversión total del amor genuino, pues viola tanto el Gran Mandamiento (Marcos 12:29-30) al desobedecer la Palabra de Dios, como el Segundo Gran Mandamiento (Marcos 12:31; Romanos 13:9-10) al buscar la auto-gratificación más que el bien espiritual y la santificación de los demás.

La impureza es otra perversión diabólica del amor. En Efesios 5 Pablo utiliza la palabra akatharsia, que se refiere a todo tipo de suciedad e impureza. Pablo se refriere a la “inmundicia” y “estupideces”, las cuales caracterizan el mal compañerismo. Ese tipo de camaradería no tiene nada que ver con el verdadero amor, y, como lo menciona el apóstol, esto no tiene lugar en el andar del cristiano.

La codicia, que nace de un deseo narcisista de auto-gratificación, es otra corrupción del amor. Es exactamente lo contrario al ejemplo que Cristo estableció cuando “se entregó a sí mismo por nosotros.” En Efesios 5:5 Pablo establece que la codicia es igual a la idolatría. Reitero, esto no tiene lugar en la vida cristiana, y de acuerdo con el versículo 5, la persona que practique esto no “tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.”

Tales pecados “ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5:3). Y acerca de aquellos que practican tales cosas: “no seáis, pues, partícipes con ellos” (versículo 7), sino más bien “reprendedlas” como obras de las tinieblas (versículo 11).

Una de las maneras en las que un cristiano muestra el amor auténtico es al hablar con valentía acerca de las perversiones populares del amor hoy en día. La mayor parte de las conversaciones acerca del amor pasan por alto lo que la Biblia dice al respecto. “El amor” se ha redefinido como una amplia tolerancia que da el pecado y la abraza bien y el mal por igual. Pero eso no es amor; es la apatía mezclado con compromiso.

El amor de Dios es completamente diferente

Recuerde, la manifestación suprema del amor de Dios es la cruz donde Cristo “nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios” (Efesios 5:2). La Escritura explica que el amor de Dios es un amor sacrificial, el cual se demuestra en la expiación por el pecado y la propiciación, como Juan escribe: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).

Cristo se hizo a sí mismo sacrificio por nosotros, y alejó la ira de Dios que nos pertenecía por nuestros pecados. Dios dio a su hijo como ofrenda por el pecado para satisfacer su propia ira y la justicia en la salvación de los pecadores. Éste es el corazón del evangelio: Dios manifestó en Cristo su amor de tal manera que desplegó su santidad y justicia sin compromiso. El verdadero amor “no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6). El tipo de amor que debemos practicar es un amor puro y pacífico (Santiago 3:17).

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John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotrosson escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Maternidad bajo fuego

Maternidad bajo fuego

 Sugel Michelén

MaternidadHace unos años leí un artículo, con un título bastante sugestivo: “¿Qué hace una mujer tan inteligente como tú metida en la casa?” En dicho artículo la autora narra todas las peripecias que tuvo que hacer para buscar una persona idónea que cuidara a su hijo recién nacido y ella pudiera regresar al trabajo. Luego de algunos intentos fallidos, salió embaraza otra vez. La búsqueda de la niñera ideal se hizo más intensa, y en ella descubrió algunas cosas interesantes: Algunas eran tan preparadas que su salario representaba una buena parte del que ella ganaría; muchas otras no estaban capacitadas para una labor tan delicada. Quiso recurrir entonces a las que cuidan niños en sus casas, pero allí también descubrió que la mayoría hacía ese trabajo porque tenían que cuidar a sus propios hijos, y nunca cuidarían los ajenos con el mismo esmero; otras tomaban más niños de los que podían cuidar movidas por sus necesidades económicas; en fin, que ninguna se relacionaría con sus hijos de la forma que ella lo haría.

La autora concluye diciendo: “Con el tiempo aprendí una lección muy importante, gracias a la búsqueda de atención para mis hijos: por mas licencias que otorguemos, pautas que establezcamos y dinero que paguemos, es imposible ejercer un control de calidad en la capacidad de un ser humano para amar a otro u ocuparse de él. Yo había deseado los servicios de una persona cariñosa, que tuviera sentido del humor y una actitud vivaz… Alguien que fomentara la creatividad de mis hijos, que los llevara a lugares interesantes, contestara a todas sus preguntas y los arrullara hasta que se quedaran dormidos. Lenta, dolorosamente, llegué a una pasmosa conclusión: la persona que andaba buscando, la que había tratado con desesperación de contratar, era yo misma”.

Hoy más que nunca la maternidad debe ser revalorada, porque por décadas nos han estado transmitiendo el mensaje subliminal de que la mujer inteligente y capaz es la que trabaja fuera de la casa, en contraposición a la pobre mediocre que no tiene más alternativa que dedicarse a criar a sus hijos. Sabemos que muchas madres trabajan por necesidad y que la responsabilidad de la crianza de los hijos es también del padre. Pero afirmar que el potencial de la mujer sólo puede ser desarrollado echando a un lado su papel como madres es desvalorizar una de las labores más demandantes y de más trascendencia que un ser humano pueda hacer.

© Por Sugel Michelén. Todopensamientocautivo.blogspot.com. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Un verdadero Hombre

HeartCry Missionary Society

Paul Washer

Un verdadero Hombre

 

 

Paul David Washer Nacido en Estados Unidos en 1961 es un misionero, pastor, evangelista, escritor, abogado, fundador y director de la Sociedad Misionera Heartcry que apoya el trabajo misionero con los nativos sudamericanos, también es predicador itinerante de la Convención Bautista del Sur.1 Aparte de sus viajes y predicas, Paul es profesor invitado en varios seminarios, en particular en el Seminario de Master (The Master’s Seminary)

 

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

¿QUÉ DICEN LOS ADOPTADOS SOBRE LA ADOPCIÓN HOMOSEXUAL?

El 13 de enero de 2013, Benoit Talleu de 17 años de edad, fue orador en la Marcha por la Familia que organizó La Manif Pour Tous en París, Francia. Habló en nombre de la Asociación para los Niños Adoptados.

He aquí su discurso completo:

“Hola a todos. Soy Benoit Talleu y tengo 17 años de edad. Nací en Vietnam, pero me adoptaron desde bebé. Mis padres adoptaron 7 niños y yo soy el mayor.

Estoy en la lucha contra el “matrimonio para todos”, junto con la Asociación para Niños Adoptados, porque estoy harto de escuchar que muchos hablan de la adopción, como si lo más importante no fuéramos los adoptados.

Si preguntas a los adoptados qué quieren, ellos solo tienen una respuesta: ¡un papá y una mamá! “Papi y mami” son palabras que un huérfano conoce y cuando es adoptado, sueña con usar esas palabras. Los niños en adopción sueñan con sus futuros padres. Los imaginan. Desde lo más profundo de su ser, ellos esperan a papá y mamá. ¡Y son esos niños los que deben ser escuchados!

Debemos decirlo claro, un huérfano NECESITA un papá y una mamá. En cambio, la pareja QUIERE un niño, y entre “necesitar” y “querer”, hay mucha diferencia.

La adopción no es para “hacer” papás y mamás. No es un remedio para las parejas estériles. La esterilidad no hace NECESARIA la adopción. La adopción no es para que los adultos se sientan bien. ¡No somos un remedio para la esterilidad! ¡No somos medicinas! ¡No estamos aquí para consolarte por no tener hijos! ¡No somos un premio! ¡No somos un derecho! No hables como si tuvieras derecho a nosotros. ¡Eso es violentar nuestra identidad!

Nuestra madre biológica tuvo la valentía de confiarnos a un orfanatorio. Eso no quiere decir que seamos objetos. Ella pudo estar en una situación dramática, probablemente estaba sola, tal vez no había papá. Ella no pudo hacerlo. Pero eso no es un insulto para nosotros.

Dar a parejas del mismo sexo “el derecho a nosotros” ¡Traiciona la confianza de nuestra madre biológica! El huérfano necesita un papá y una mamá. Eso no es discriminar a las parejas gay. ¡No tiene nada que ver! Es más simple que eso: ¡Todos nacemos de un hombre y una mujer!.. ¡Y los adoptantes deben ser un hombre y una mujer!

Escuchamos a personas que dicen: “Vivir con una pareja gay es mejor que ser huérfano” Escuchen lo que tengo que decir al respecto: Esa afirmación rebosa de deshonestidad. ¡Hay decenas de miles de parejas hombre/mujer que esperan poder adoptar!

Otros dicen, “una pareja gay es mejor que nada”. ¡Eso es estremecedor y homofóbico! ¡Lo mejor para un niño es un papá y una mamá! No me cansaré de repetirlo.

Decir que un huérfano no merece tener mamá, es cruel e injusto. Decir que un huérfano no merece tener papá, es cruel e injusto. ¡Es una crueldad y una injusticia! ¡Es atentar contra la igualdad de la niñez!

La inseminación y la renta de úteros se contempla en la ley del matrimonio gay.

Cada vez será más común ver niños de la inseminación y la renta de vientres. Nosotros decimos ¡No a la inseminación artificial ni al alquiler de vientres! ¡No a la adopción por parejas del mismo sexo! Los gays pueden estar enamorados, no lo dudo, ¡pero eso no cambia las necesidades de un niño!

Muchos dicen “oh, las cosas han evolucionado”, “tantos países han aceptado el matrimonio gay”, pero nosotros somos un gran nación y una gran democracia. La ley del matrimonio gay es puro egoísmo. La ley debe velar por los más débiles, ¡No por el capricho de los fuertes! Los padres son para el niño, no al revés.

Francia es la nación de los derechos humanos, es la nación de los derechos del niño. ¡Somos la nación donde los niños tienen derechos! ¡No donde los niños son un derecho!

Señor presidente, le recuerdo a usted, escúchenos, los huérfanos somos los que importamos en todo esto. Los niños, los huérfanos y los adoptados.

¡Gracias y movilicémonos!

¡Por nosotros!

¡Por nuestros papás y mamás!

¡Por la familia!