4 – [6] – La demencia de Lutero

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4 – [6] – La demencia de Lutero

Dr. R.C. Sproul

 

 

 


Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. La Santidad de Dios examina el significado de la santidad y por qué las personas están fascinadas y aterrorizadas por un Dios santo. R.C. Sproul dice: “La santidad de Dios afecta cada aspecto de nuestras vidas – economía, política, atletismo, romance – todo con lo que estamos involucrados”.
http://www.ligonier.org/

3 – [6] – Santidad y Justicia

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3 – [6] – Santidad y Justicia

Dr. R.C. Sproul

 

 


Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. La Santidad de Dios examina el significado de la santidad y por qué las personas están fascinadas y aterrorizadas por un Dios santo. R.C. Sproul dice: “La santidad de Dios afecta cada aspecto de nuestras vidas – economía, política, atletismo, romance – todo con lo que estamos involucrados”.
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2 – [6] El trauma de la Santidad

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2 – [6] – El trauma de la Santidad

Dr. R.C. Sproul

 


Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. La Santidad de Dios examina el significado de la santidad y por qué las personas están fascinadas y aterrorizadas por un Dios santo. R.C. Sproul dice: “La santidad de Dios afecta cada aspecto de nuestras vidas – economía, política, atletismo, romance – todo con lo que estamos involucrados”.
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1 – [6] – Santidad de Dios

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1 – [6] – La Santidad de Dios

Dr. R.C. Sproul

 

Hace más de 30 años que el Dr. R.C. Sproul escribió su afamado libro “La Santidad de Dios”, el cual por la gracia de Dios ha sido de bendición y edificación a una multitud de personas alrededor del mundo. En esta serie de 6 estudios, R.C. Sproul explora bien de cerca el carácter de Dios, llevándonos a nuevas percepciones sobre el pecado, la justicia y la gracia. La Santidad de Dios examina el significado de la santidad y por qué las personas están fascinadas y aterrorizadas por un Dios santo. R.C. Sproul dice: «La santidad de Dios afecta cada aspecto de nuestras vidas – economía, política, atletismo, romance – todo con lo que estamos involucrados».
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Cuida tu corazón del falso perdón 

Cuida tu corazón del falso perdón 

Catherine Scheraldi de Núñez

Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos”, (Lucas 6:35). 

El perdón genuino es mucho más profundo que la ausencia del perdón. No es un parche superficial para mejorar una relación, sino que es cuando el corazón hace un giro de 180 grados en lo que piensa sobre el ofensor. Muchas veces creemos que hemos perdonado cuando en realidad la única cosa que hemos hecho es cubrir nuestro resentimiento. 

El perdón es reconocer que el Creador del mundo nos ha elegido, nos ha adoptado, murió por nuestros pecados pagando la deuda que no éramos capaces de pagar; y luego nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo (Efesios 1). Nosotros en respuesta daremos nuestra vida para agradecerle a Él, haciendo lo que Él quiere que hagamos. Al reconocer la profundidad de este amor que perdona, nos apremia obedecerle y demostrar el perdón que hemos recibido para con otros (2 Corintios 5:14-15). 

Aunque reconocemos que no podemos perder nuestra salvación (Juan 10:29), también sabemos que aquellos que no son salvos siguen muchas de las enseñanzas de Jesús. Muchas personas creen que son salvos cuando realmente no lo son. Leamos lo que Cristo dijo en Mateo 7:22-23 “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Jamás os conocí; APARTAOS DE MÍ, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD. 

Si tenemos un espíritu implacable que no está dispuesto a perdonar, tenemos que reflexionar seriamente si en verdad somos salvos. El Espíritu Santo, quien mora en nosotros, nos convence de pecado, y si no sentimos o no tenemos convicción cuando rehusamos seguir sus enseñanzas, hay una gran posibilidad de que no seamos una de sus ovejas, ya que Marcos 11:26 nos dice que: “Si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras transgresiones. 

Si realmente somos salvos y rehusamos perdonar a nuestros ofensores, estamos abriendo una oportunidad para que Satanás pueda zarandear nuestras mentes y nuestras vidas hasta que nos arrepintamos, y podamos vencer este espíritu maligno de no perdonar.  Sin embargo, si continuamos con un espíritu no perdonador, esto puede ser evidencia de que no somos salvos y es el mismo Señor quien nos entregará a Satanás para torturarnos en el infierno. En Mateo 18:23-34 leemos cómo Jesús comparó el reino de los cielos con una parábola sobre un rey que perdonó a su siervo una cantidad de dinero que era imposible pagar, y luego este mismo no perdonó a su consiervo de una deuda más pequeña. 

En los versículos 32-35 vemos la reacción del señor hacia él:  “siervo malvado, te perdoné toda aquella deuda porque me suplicaste. ¿No deberías tú también haberte compadecido de tu consiervo, así como yo me compadecí de ti? Y enfurecido su señor, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano. Si eres creyente y te rehúsas a perdonar, la separación que ocurre con Dios abrirá la puerta para que Satanás te zarandee, pero, eventualmente el Espíritu Santo te convencerá de obedecer, aunque terminarás pagando las consecuencias. 

Sin embargo, un espíritu no perdonador y la ausencia de la convicción del Espíritu Santo es evidencia de la ausencia de conversión, confirmando así lo que Filipenses 2:12-14 nos dice: “Así que, amados míos… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Aun cuando no tenemos el deseo de perdonar, nuestra obediencia prueba que confiamos en un Dios justo y perfecto (1 P. 2:23). Y a través de la obediencia, el Señor cambiará nuestros deseos mientras Él nos demuestra su amor y poder en el plan que tiene para nosotros, en la circunstancia donde nos encontremos (Jn. 14:21). 

El Señor nos ha dicho en 1 Samuel 15:22 que “el obedecer es mejor que un sacrificio” porque al obedecer, y aun más cuando es contra nuestra voluntad, es un sacrificio. Cuando perdonamos estamos presentándonos como sacrificio vivo y santo que es agradable a Dios (Ro. 12:1) y Él considera nuestras obras sacrificiales como “fragante aroma, sacrificio aceptable, agradable a Dios (Fil. 4:18)Al Señor le agrada cuando perdonamos porque dice la Escritura: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Ef. 5:1-2). 

Cuando Cristo nos perdonó en la cruz, Dios padre aceptó su sacrifico como un aroma fragante. No solamente lo aceptó, sino que lo recibió como un perfume de mucho valor que permea el ambiente; y cuando nosotros perdonamos a otros, Dios Padre se agrada igual. Como la mujer pecadora que, sin importar lo que la gente pensara de ella, se humilló y ungió los pies de Cristo. De la misma forma debe ser nuestra actitud con Él. Nuestras buenas obras deben permear el ambiente para recordar a aquellos a nuestro alrededor que servimos a un Dios vivo. 

Nuestro deber es andar en el Espíritu: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis (Gá. 5:16-17). La falta de perdón es un deseo de la carne y Romanos 8:6-8 es bien claro cuando dice: “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios. 

La habilidad de perdonar bíblicamente viene del mismo Señor según Efesios 2:10“no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.”  Cada circunstancia o situación que estamos viviendo fue puesta personalmente por Dios para enseñarnos: 

  1. Lo que hay en nuestros corazones.  
  2. Nuestra disposición o no, de obedecerle.  
  3. Cuando vencemos nuestra carne y obedecemos nos demuestra “la sabiduría, autoridad y poder que Él tiene”. 

Entonces, en resumen, Él nos regenera dándonos la disposición de querer obedecerle, Él preparó las buenas obras para que anduviéramos en ellas y luego nos da el deseo y la habilidad de hacerlas. Como es Dios quien está obrando de principio a fin, un espíritu implacable es evidencia de que Dios no está obrando en dicha persona. 

Para que uno pueda dar el perdón bíblico a otros, primero es necesario recibir personalmente su perdón. Y cuando esto ocurre, nuestras buenas obras deben permear el ambiente como un perfume y aún más cuando se trata de nuestros enemigos, porque cualquiera puede hacer buenas obras hacia sus familiares, sus amistades y sus colegas. Incluso el mundo puede hacerle bien a un desconocido. Sin embargo, hacerle bien al enemigo es una obra del Señor la cual pone en evidencia que nuestro Dios ha resucitado y que Él sigue viviendo, reinando con autoridad y con poder, y que todo obra para la gloria de su nombre. 


Usted puede encontrar más contenido de Catherine Scheraldi de Núñez en su programa Mujer para la gloria de Dios, dirigido a mujeres con el fin de  orientarles acerca de cómo vivir su diseño para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. 

Catherine Scheraldi de Núñez

Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y es conductora del programa radial «Mujer para la gloria de Dios». Puedes seguirla en twitter.

«La obediencia es hacer, más que decir»

«La obediencia es hacer, más que decir»

Marcos Peña

Jeremías 42-43

 

Marcos Peña Llamado a salvación en algún momento de su adolescencia pues su madre lo expuso desde pequeño a la Palabra de Dios. Siendo un adolescente le predicó el evangelio a otros jóvenes que posteriormente fundaron Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1978. Desde los inicios de nuestra Iglesia fue uno de sus jóvenes líderes, pasando algunos años de estudios teológicos formales entre el 1979 y 1980 en el Instituto Bíblico Quisqueyano. Fue elegido como diácono en febrero de 1987 y en abril del 2001 comenzó a formar parte del cuerpo de pastores de IBSJ. Ha dado clases del Antiguo Testamento en el Instituto Bíblico Logos. Actualmente es responsable del grupo de jóvenes, imparte clases de Escuela Dominical y predica. El pastor Marcos Peña está casado con Carmen Julia Linares y es padre de tres hijas: Ika Marcel, Jennifer y Susan.

https://ibsj.org/

¿Cuál es el Propósito de … los Hijos?

¿Cuál es el Propósito de … los Hijos?

Por Tim Challies

Solía ​​ser tan sencillo. Nos casamos, luego tuvimos hijos. Es justo lo que hicimos. Pero entonces algo cambió, de modo que hoy tanto el matrimonio como el tener hijos se han vuelto opcionales, asuntos de preferencia. Innumerables millones están eligiendo retrasar el matrimonio o dejar pasarlo por completo. Muchos de los que deciden casarse deciden no tener hijos en absoluto. Ante estas nuevas realidades hacemos bien en preguntar: ¿Cuál es el propósito de los hijos? En la respuesta que sigue, no vamos a considerar los métodos de crianza de los hijos o proporcionar una explicación de por qué debemos criar a nuestros hijos de cierta manera. Más bien, haremos una pregunta mucho más fundamental: “¿Cuál es el propósito de tener hijos?” En el mundo de hoy, que con demasiada frecuencia se exalta a uno mismo y se descarta a los hijos como un inconveniente, esta es una pregunta que debemos hacer y responder.

Perspectivas Comunes de los Hijos

En la cultura occidental, el yo es el rey. Juzgamos los méritos de casi todo por el grado en que nos trae realización y progreso propio. Ralph Waldo Emerson dijo: “Es fácil vivir para los demás, todo el mundo lo hace. Te pido que vivas por ti mismo.” Y lo hemos hecho. La búsqueda de los sueños y el cumplimiento del potencial personal se ha convertido en nuestra máxima prioridad. Un reciente artículo de Forbes dice que en 2015, los Milenials gastaron casi el doble de auto-mejora que los Boomers, a pesar de que sus ingresos son sólo la mitad.

Esta cultura individualista tiene un profundo efecto en nuestra comprensión de los hijos.

Cuando el yo está en el centro, los niños son considerados como otro medio de autorrealización, uno que puede ser perseguido o rechazado de acuerdo a su preferencia personal. Los que eligen tener hijos lo hacen sólo cuando es conveniente; cuando están en un lugar estable en la vida, la relación y la carrera; y cuando la carga de tenerlos será lo más pequeña posible. No es de extrañar, entonces, que el porcentaje de mujeres entre 40 y 44 que nunca han tenido hijos se duplicó entre 1976 y 2006. Los hijos se han convertido en un accesorio opcional para una vida bien redondeada y exitosa. Muchas personas esencialmente creen que el propósito de los hijos es agregar valor a las vidas de sus padres.

Pero otros, trabajando desde la misma cosmovisión egocéntrica, llegan a una conclusión diferente. Reconociendo la carga financiera, física y emocional de tener hijos, concluyen que los hijos no pueden agregar valor a la vida de sus padres. Si el progreso propios es la prioridad más alta, y los hijos nos impiden alcanzar nuestro pleno potencial, entonces la conclusión natural es que no debemos tenerlos. En un artículo en el New York Times , Anna Goldfarb explica las razones por las que ha optado por no tener hijos: “Apreciamos nuestro estilo de vida flexible, los hijos consumen mucho tiempo y son caros, los costos del cuidado infantil son prohibitivos y todos tenemos grados variables de ansiedad acerca de nuestro futuro.” ¿Por qué dar el salto cuando tantos aspectos de la paternidad se sienten tan arriesgados?”

En el primer punto de vista, los hijos son un accesorio para la buena vida y aquellos que optan por tener que hacerlo debido a la sensación de cumplimiento que obtendrán de ser padres. En la segunda perspectiva, los hijos son un obstáculo para la buena vida, un obstáculo para alcanzar el máximo potencial. Lamentablemente, incluso los cristianos no son inmunes a estas maneras de pensar acerca de los hijos. Muchos dentro de la iglesia han adoptado deliberadamente o inadvertidamente el énfasis de la cultura en la realización personal.

¿Qué Dice la Biblia Acerca de los Hijos?

La Biblia deja claro que Dios espera que los seres humanos se casen y tengan hijos. Aunque algunos elegirán honrar a Dios a través de la soltería (como el Hijo de Dios mismo), aunque algunos quieran casarse, pero no pueden encontrar un cónyuge, y aunque algunas parejas no podrán tener hijos, la expectativa general de Dios es que las personas engendrarán más personas. Al Mohler dice: “A las parejas no se les da la opción de no tener hijos en la revelación bíblica. Por el contrario, se nos ordena recibir a los niños con gozo como dones de Dios, y criarlos en la disicplina y amonestacion del Señor. Debemos encontrar muchas de nuestras alegrías y satisfacciones más profundas en la crianza de los niños dentro del contexto de la familia.” La Biblia establece al menos cuatro propósitos de tener hijos: obediencia, bendición, discipulado y conocimiento.

Tenemos hijos para ser obedientes a Dios. Cuando Dios creó al primer hombre y la primera mujer, les asignó una vocación crucial: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28). El mundo comenzó con dos seres humanos que viven en un lugar, pero el deseo de Dios era que el mundo fuera poblado por miles de millones de seres humanos que viven en todos los lugares. Cuando tenemos hijos, obedecemos directamente al primer mandamiento de Dios: procrear. Dios es glorificado en todos y cada uno de sus portadores de la imagen.

Tenemos hijos para experimentar la bendición. La obediencia a Dios siempre trae gozo.

Contrariamente a la opinión de la cultura de que los hijos son un obstáculo, creemos y declaramos que los hijos son una bendición. “He aquí, don del Señor son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta.” (Salmo 127:3-5). Cuando consideramos a los hijos una bendición más que un obstáculo, estamos obedeciendo a Jesús y alineando nuestra voluntad con la suya. Cuando tenemos hijos, experimentamos la bendición de Dios que viene con y por medio de ellos.

Tenemos hijos para hacer discípulos. No procreamos simplemente para tener más gente en la tierra, sino para tener más cristianos en la tierra. John Piper dice: “El propósito del matrimonio no es simplemente agregar más cuerpos al planeta. El punto es aumentar el número de seguidores de Jesús en el planeta. … El propósito de Dios al hacer del matrimonio el lugar para tener hijos no fue simplemente llenar la tierra con personas, sino llenar la tierra con adoradores del verdadero Dios.” Así, el texto clave para cada padre es la Gran Comisión: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20) El propósito último de la crianza no se cumple en el nacimiento de un niño sino en su conversión. Chap Bettis lo dice bien: “El deseo de Dios para tu familia es ser una unidad que manifieste la Trinidad, que glorifique a Dios y que haga discípulos.”

Tenemos hijos para conocer a Dios más. Al tener hijos, llegamos a un conocimiento más profundo de Dios. Después de todo, Dios se relaciona con nosotros como un Padre para los hijos y tener hijos nos da una comprensión más profunda de lo que esto implica. JI Packer dice: “Si quieres juzgar lo bien que una persona entiende el cristianismo, averigua cuánto importancia da al pensamiento de ser hijo de Dios, y tener a Dios como su Padre”. Pero hacemos más que llegar a un conocimiento más profundo de Dios-también llegamos a una mayor conformidad con el carácter de Dios. Él usa todas las alegrías y desafíos de la crianza para hacernos más como él. Gary Thomas dice esto bien: “Por el maravilloso diseño de Dios, pocas experiencias de vida nos humillan tan efectivamente como la crianza de los hijos. …. Este diminuto tirano está providencialmente colocado en nuestra casa con un gran programa: moldear a sus padres a la imagen de nuestro Señor.”

Conclusión

En un momento en que los hijos son considerados como un accesorio opcional para la buena vida o como un obstáculo, debemos regresar a la infalible Palabra de Dios para establecer de nuevo el propósito de Dios para tener hijos. Tenemos hijos para obedecer a Dios, para experimentar su bendición, para tener la alegría de hacer discípulos y para crecer en nuestra conformidad con él. Los hijos son un gran regalo de Dios.

http://www.evangelio.blog/2017/09/27/cul-es-el-propsito-de-los-hijos/

«El mal y las malas compañías»

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Escuela dominical #3

«El mal y las malas compañías»

Salvador Gómez Dickson

 

Salvador Gómez Dickson

Nació y creció en un hogar no cristiano siendo el menor de 4 hermanos. Conoció la gracia de Dios a la edad de 16 años. Es graduado de Ingeniería Industrial y de la Academia Ministerial de Trinity Baptist Church, New Jersey, donde estudio por cuatro años. Desde el año 1997 pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Ha participado como invitado en conferencias nacionales e internacionales. Es profesor de la Academia Ministerial Logos, de IBSJ donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Es miembro del consejo directivo del Midwest Center for Theological Studies (MCTS) en Owensboro, KY, autor del libro “Amigo de Pecadores” y escribe artículos que aparecen en su blog https://www.elsonidodelaverdad.blogspot.com.

Está casado con Johanny Pérez y es padre de cuatro hijos: Mónica, Javier, Verónica y Gabriel.

Introducción a Proverbios

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Escuela dominical #1

Introducción a Proverbios

Salvador Gómez Dickson

 

Introducción a Proverbios

“¿Y cuánto vale la sabiduría?¿Cuánto le vamos a atribuir nosotros a la sabiduría? ¿Qué precio le damos? Y, quizás si personalizamos la pregunta un poco más es, ¿Cuánto vale para ti la sabiduría?… El libro de proverbios es un libro que nos ayuda a elevar la apreciación que tenemos por la sabiduría…”

 

Salvador Gómez Dickson

Nació y creció en un hogar no cristiano siendo el menor de 4 hermanos. Conoció la gracia de Dios a la edad de 16 años. Es graduado de Ingeniería Industrial y de la Academia Ministerial de Trinity Baptist Church, New Jersey, donde estudio por cuatro años. Desde el año 1997 pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Ha participado como invitado en conferencias nacionales e internacionales. Es profesor de la Academia Ministerial Logos, de IBSJ donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Es miembro del consejo directivo del Midwest Center for Theological Studies (MCTS) en Owensboro, KY, autor del libro “Amigo de Pecadores” y escribe artículos que aparecen en su blog https://www.elsonidodelaverdad.blogspot.com.

Está casado con Johanny Pérez y es padre de cuatro hijos: Mónica, Javier, Verónica y Gabriel.