CERO VISIBILIDAD

26 abr 2016

CERO VISIBILIDAD

cr

por Carlos Rey

a1La autopista que une a São Pablo con el puerto de Santos estaba repleta de automóviles. Eran las siete y veinte de la mañana de un día de trabajo. Había niebla, y la niebla comenzó a mezclarse con el humo de las refinerías y las fábricas. La visibilidad cayó de pronto a cero, lo que obligó al chofer de un autobús a frenar en seco.

Esa maniobra desencadenó una serie de choques entre ciento cuarenta vehículos. Un auto con varios pasajeros quedó prensado entre dos camiones enormes. Todos sus ocupantes murieron. Varios vehículos saltaron la baranda que divide las pistas y chocaron con autos que venían en sentido contrario, y treinta choques más se produjeron.

En cuestión de menos de un minuto, había en la autopista un caos de vehículos chocados, hierros retorcidos y cristales rotos, y un saldo de catorce muertos y ciento diez heridos. ¿La causa general del desastre? Cero visibilidad.

¿Cómo es posible evitar un accidente cuando se conduce a toda velocidad y de pronto no se ve nada por delante? Lo mismo ocurre cuando un avión lleno de pasajeros se acerca de noche a una pista de aterrizaje y de pronto se apagan todas las luces; o cuando un barco navega a toda máquina en medio de la niebla, entre arrecifes, y de pronto se apaga la luz del faro; o cuando un tren expreso entra en una estación atestada de tránsito ferroviario y de pronto ninguna señal roja o verde se enciende.

Así anda nuestra vida cuando la conducimos sin una verdadera luz espiritual. Según el libro de Eclesiastés, con semejante falta de visibilidad somos como los necios, que andan a oscuras, y no como los sabios, que tienen los ojos bien puestos.1 Pero peor aún es que con tal ceguera espiritual somos como los malvados, pues según el sabio Salomón: «El camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan!»2 Porque vivir sin fe, vivir sin conocimiento de la Palabra de Dios, vivir sin la seguridad de la salvación, es vivir en tinieblas y andar en camino oscuro al borde de la perdición eterna.

Pero podemos remediar esa situación si reconocemos que Jesucristo es la luz del mundo. Todo el que lo sigue sincera y fielmente no anda en la oscuridad porque no vive en tinieblas.3La luz divina de Cristo le proporciona la iluminación necesaria para evitar ciertos errores mortales y equivocaciones suicidas que le pudieran hacer perder el alma eternamente. Jesús dijo: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?»4 Ya que Cristo, y solamente Él, es la luz del mundo, aceptémoslo como Señor, Salvador, Maestro y Guía para que tengamos a quien nos conduzca por los caminos de este mundo, que de un momento a otro pueden tener cero visibilidad.

1 – Ec 2:14

2 – Pr 4:19

3 – Jn 8:12

4 – Lc 6:39

http://www.conciencia.net/

LA GENEROSIDAD Y LA GRATITUD

25 abr 2016

LA GENEROSIDAD Y LA GRATITUD

hp

por el Hermano Pablo

a1Nació y se crió en la pobreza. Sus padres eran trabajadores esforzados, y le inculcaron virtudes como gratitud, respeto, cortesía y honor. También le legaron conceptos de vida como generosidad e integridad, y esmero en el estudio y en el trabajo. Vivió todos sus días en su país natal de Suecia, y murió a los ochenta y cinco años de edad.

¿Quién era esta persona? Era Holger Nisson, que a una temprana edad puso en práctica los valores heredados de sus padres.

Consiguió trabajo en una cervecería y, debido a su integridad y su dedicación, con el paso de los años llegó a ser socio de la empresa y posteriormente dueño absoluto. Fue frugal, ahorrativo y ordenado. Al morir, dejó una respetable fortuna de tres millones de dólares.

¿Cómo distribuyó Holger Nisson su fortuna? La dejó toda a los trescientos habitantes de su pequeña aldea, Kracklinge. Cada habitante, entre los dieciocho y sesenta y cinco años de edad, recibió diez mil dólares. «Dios dejó una herencia para todos —expresó Nisson en su testamento—. Yo también deseo dejar la mía para todos.»

Entre todas las virtudes que el ser humano puede tener, las que más satisfacción producen son la generosidad y la gratitud. La persona que es agradecida sabe recrearse con el sol de la mañana, sabe apreciar los favores del día y sabe disfrutar del descanso en la noche. Tal persona vive en armonía con todos.

Y la persona que agradece cada favor que se le hace es también una persona que sabe dar. Ya sea que tenga mucho o poco, el dar es, para ella, su mayor satisfacción. Esta es la persona que le ha encontrado el verdadero sentido a la vida.

Quizá sea así porque fue Dios quien le enseñó al hombre estas virtudes. El pasaje de la Biblia que más se cita trata sobre este gran don de Dios: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).

A todos nos conviene adoptar como práctica diaria estas dos grandes virtudes: el dar y el agradecer. Son virtudes que vienen de Dios. Fue Él quien nos enseñó a dar, entregando en sacrificio vivo a su propio Hijo. A nosotros nos toca, ahora, corresponder dándole nuestra vida.

Comencemos hoy mismo a expresar nuestra gratitud. En profundo agradecimiento digamos: «Gracias, Señor, por darnos tu Hijo. Te entrego todo mi corazón, toda mi voluntad y todo mi ser.»

http://www.conciencia.net/

 

13. LAS ENFERMEDADES

13. LAS ENFERMEDADES

David Logacho
2016-04-24

a1Reciba cordiales saludos amable oyente. Es motivo de gran gozo para mí contar con su sintonía. Bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por sus oraciones a favor de La Biblia Dice… Gracias por animarnos mediante sus cartas o sus correos electrónicos. Nuestro profundo reconocimiento a aquellos que nos apoyan económicamente. Que el Señor les recompense conforme a sus riquezas en gloria. Este estudio bíblico es parte de la serie que lleva por título: Gigantes al Acecho. Cuando hablo de gigantes no me estoy refiriendo a seres humanos superdotados físicamente. Los gigantes de quienes hablo son hábitos o actitudes contra las cuales todos nosotros tenemos que luchar diariamente. Ya hemos hablado de algunos de estos gigantes, como el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos, la soledad y los malos entendidos. Todos estos gigantes son muy poderosos y si se lo permitimos, son capaces de someternos bajo sus pies y causarnos gran aflicción. En el estudio bíblico de hoy vamos a tratar sobre otro gigante igualmente poderoso.

Sin temor a equivocaciones, puedo afirmar que el gigante que más nos ha atacado a todos y cada uno de nosotros es el gigante llamado enfermedad. ¿Ha estado alguna vez enfermo? Con toda seguridad su respuesta será afirmativa. Si su respuesta es negativa, seguramente está enfermo de amnesia. Si no tenemos una perspectiva correcta sobre la enfermedad, se tornará en un poderoso gigante que está listo a caer sobre nosotros para destruirnos. Si damos un vistazo a la Biblia para ver que hay detrás de la enfermedad, encontraremos que la enfermedad puede tener al menos tres diferentes orígenes. Primero, puede ser que se trate de alguna consecuencia de algún pecado. Enfermedades como el Sida, cuando resulta del uso del sexo fuera de los parámetros establecidos por Dios, es un buen ejemplo de una enfermedad que es consecuencia del pecado. Obviamente, no siempre el Sida es consecuencia de pecado. Piense por ejemplo en una persona que se contagia de Sida como resultado de una transfusión sanguínea con sangre contaminada con el virus. Pero la Biblia nos advierte muy abierta y francamente sobre la ley de la siembra y la cosecha. Gálatas 6:7-8 dice: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Gal 6:8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Si el hombre siembra el bien, cosechará el bien, pero si el hombre siembra el mal cosechará el mal. En ocasiones la enfermedad es la cosecha de una siembra de desobediencia a la palabra de Dios. La enfermedad en este caso es vista también como una disciplina por parte de Dios. Algunos creyentes corintios fueron desobedientes a la Palabra de Dios y aún así participaban en la Cena del Señor como si todo estuviera bien en su vida. Por esta falta de integridad moral Dios los disciplinó y note como lo hizo. 1 Corintios 11: 26-30 dice: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

1Co 11:27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

1Co 11:28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

1Co 11:29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

1Co 11:30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

La disciplina de Dios para estos creyentes corintios fue enfermedad, debilidad y aún la muerte. Si duda del hecho que Dios puede disciplinar con enfermedad a sus hijos descarriados solamente estudie la vida de David a raíz que cometió el pecado de adulterio con Betsabé, para que compruebe como Dios puso su mano sobre el cuerpo de David al punto que David exclamó lo que tenemos en Salmo 32:3-4. La Biblia dice: Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.

Psa 32:4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah

El segundo origen de la enfermedad, puede ser una prueba para purificar nuestra fe. A veces Dios usa la enfermedad como el fuego que calienta el crisol donde se coloca nuestra fe. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en Job del Antiguo Testamento. Según Job 1:1, Job era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Sin embargo de ello, fue probado como quizá ningún ser humano ha sido jamás probado. Parte de su prueba fue justamente la enfermedad. Al salir airoso de la prueba, Job dijo lo que está registrado en su libro capítulo 42 versículo 5 De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.

Antes de la prueba, Job conocía a Dios pero su conocimiento de él era limitado, como de oídas, pero después de la prueba, el conocimiento de Dios por parte de Job era mucho más profundo, como si lo viera con sus propios ojos. ¿Qué es lo que hizo cambiar la perspectiva que Job tenía sobre Dios? Pues la prueba, entre lo cual también estuvo la enfermedad. El tercer origen de la enfermedad es simplemente una oportunidad para manifestar el poder de Dios en sanidad. Una vez Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos entonces le preguntaron: ¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? La respuesta de Jesús fue: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, luego le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé. El ciego fue y se lavó y regresó viendo. La ceguera que es una enfermedad no fue consecuencia de pecado, tampoco fue una prueba, simplemente fue una oportunidad para que Dios manifieste su poder en sanidad. Si no miramos a la enfermedad como hemos mencionado, corremos el riesgo de que la enfermedad se torne en un poderosos gigante que no solamente afligirá nuestro cuerpo sino también nuestra alma y nuestro espíritu. El gigante de la enfermedad nos aconsejará que Dios nos ha abandonado. Que Dios es injusto con nosotros. Que tenemos el derecho de vivir sanos pero que Dios nos está negando ese derecho. Que Dios no tiene poder para detener la enfermedad o aún pensaremos que a lo mejor tenemos algún pecado oculto que ni siquiera nosotros mismos sabemos y que por eso Dios nos está disciplinando. Si hacemos caso a los consejos del gigante llamado enfermedad llegaremos a vivir amargados, desanimados, confundidos, desesperados, faltos de fe y apesadumbrados. El gigante de la enfermedad quiere justamente vernos en esas lamentables condiciones. Pero no es necesario dejarnos dominar por el gigante de la enfermedad. Para conquistarlo sugiero lo siguiente: Primero, agradezca a Dios por la enfermedad, sin importar el origen de la misma. 1 Tesalonicenses 5:18 dice: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

Una actitud de agradecimiento a Dios, a pesar del dolor causado por la enfermedad, abrirá el camino para entender el propósito de Dios para la enfermedad. Segundo, en oración ferviente al Señor y en dependencia plena del Espíritu Santo, haga una evaluación de su propia vida. ¿Existe algún pecado que no lo ha confesado al Señor? Si es así confiéselo inmediatamente y apártese de ese pecado, porque es posible que la enfermedad tenga que ver con aquel pecado. Si luego de una investigación exhaustiva de su propia vida, no hay ningún pecado oculto, debería pensar que a lo mejor su enfermedad es una prueba de parte de Dios para ayudarle a madurar espiritualmente. En oración y en humildad pida a Dios sabiduría para comprender qué es lo que Dios quiere enseñarle a través de esta prueba. No busque desesperadamente la salida de la prueba, porque echará a perder la lección que Dios quiere enseñarle. Con paciencia espere hasta que el Señor mismo le muestre la puerta de salida. También es posible que su enfermedad sea una oportunidad para que Dios muestre su poder sanándole milagrosamente. Pida a Dios por sanidad, pero no sea impaciente o impertinente demandando de Dios sanidad inmediata. Si la voluntad de Dios es sanarle, él lo hará en su tiempo mas no cuando usted quiera. Tercero, no descuide consultar a los médicos. La ciencia médica y los médicos pueden ser canales a través de los cuales Dios puede obrar sanidad. Dios es soberano amable oyente. Él puede sanar con médico o sin médico, pero no debe adoptar una posición de pseudo espiritualismo afirmando que la medicina y los médicos no son necesarios para aquel que tiene su confianza puesta en Dios. Pablo dijo a Timoteo que tomara un poco de vino por causa de su estómago. En esa época se usaba el vino como una medicina, además de una bebida por supuesto. Con eso Pablo estaba diciendo a Timoteo: No descuides tu medicina si quieres sanarte. El gigante de la enfermedad no tendrá poder en alguien que afronta la enfermedad de esta manera.

12. LOS MALOS ENTENDIDOS

12. LOS MALOS ENTENDIDOS

David Logacho
2016-04-23

a1Saludos cordiales amable oyente. Gracias por su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Gigantes al Acecho. Al hablar de gigantes, me refiero a aquellas cosas contra las cuales todos nosotros tenemos que luchar en nuestro diario vivir. Cosas como el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos, la soledad, y eso sólo para mencionar algunos. Gracias a Dios, los creyentes hemos recibido el poder para conquistar estos gigantes, pero a pesar de ello, muchas veces permitimos que algunos de estos gigantes nos tengan dominados y de esa manera nos arrastramos por la vida a pesar de que pudiéramos volar. En esta oportunidad vamos a tratar acerca de otro gigante, igualmente peligroso. Se llama los malos entendidos.

Un dicho popular afirma que ningún comedido sale con la bendición de Dios. ¿Se ha puesto a pensar en el fundamento de este dicho? Una de las posibles razones es porque no siempre nuestras buenas acciones o buenas palabras son bien interpretadas o bien comprendidas por los demás. Se produce lo que llamamos un malentendido. Una de las más brillantes ilustraciones de lo que es un malentendido lo leí en el libro Tres Pasos Adelante, Dos para Atrás de Charles Swindoll. Este autor cuenta que el jefe de un bufete jurídico acostumbraba en el día de Acción de Gracias, entregar a sus empleados un pavo listo para llevarlo a la casa y prepararlo para la cena de acción de gracias. Uno de sus empleados era un joven abogado, soltero. Como vivía solo, no podía en absoluto aprovechar un pavo tan grande, sin mencionar siquiera que no tenía la menor idea de cómo preparar adecuadamente un pavo. Pero por no desairar a su jefe, año tras año recibía su pavo aunque no sabía que hacer con él. Cierto año, los compañeros de trabajo de este joven abogado, sabiendo que el pavo no significaba nada para él, decidieron jugarle una broma. Sustituyeron el pavo que iba recibir por un paquete de piedras, muy bien envueltas para que parezca un pavo de verdad y para que no sospeche nada, le pusieron un cuello un una cola de un verdadero pavo. Llegó el día de acción de gracias. El joven abogado recibió lo que él creía que era un pavo de verdad y luego de agradecer a su jefe por su regalo se marchó a su casa. Tomó un autobús y se sentó pensando que hacer esta vez con ese pavo tan grande y pesado. De pronto se subió al autobús un hombre que tenía una apariencia bastante cansada.

El único puesto libre que encontró este pobre hombre de mirada perdida fue justo a lado de nuestro joven abogado. Se sentó y los dos empezaron a hablar de la vida. El abogado supo entonces que aquel hombre de figura maltrecha había estado todo el día buscando empleo y no había logrado nada, que tenía una familia muy grande y que se estaba preguntando qué llevaría a su casa por el día de acción de gracias. Fue allí, en ese preciso instante cuando al joven abogado se le ocurrió una magnífica idea. Por fin llegó la hora de hacer una obra de caridad, se dijo: Le regalaré mi pavo a este desdichado. Luego le vino otro pensamiento. Este pobre hombre se puede ofender si le regalo un pavo, será mejor si le ofrezco vender en lo que tenga. Así que preguntó al hombre: ¿Cuánto me daría por este pavo? El pobre hombre dijo: Lo único que tengo es un par de dólares y unos pocos centavos. Vendido, exclamó el abogado. El hombre sacó los dos dólares y las monedas que tenía y con sonrisa en los labios recibió a cambio ese enorme envoltorio que se suponía era un pavo. Se despidió del abogado y se bajó del autobús, no sin antes oír las palabras del abogado: Que Dios lo bendiga. Que se divierta mucho el día de acción de gracias. ¿Puede imaginar lo que sucedió cuando este hombre llegó a su hogar? Quizá entró gritando: Me encontré un hombre que prácticamente me regaló un enorme pavo. La dicha se habrá transformado en tristeza y rabia cuando al quitar la envoltura se encontró con piedras en lugar de pavo.

El lunes siguiente, el abogado regresó a su trabajo. Sus amigos se morían de la curiosidad por saber lo que había ocurrido con el supuesto pavo. Cuando el abogado contó la historia, todos sus amigos quería morirse. Sin quererlo, por bien hacer, el abogado vendió una cuantas piedras envueltas como un pavo por un par de dólares con unos pocos centavos y sus amigos fueron sus cómplices. Esto es un malentendido. Una acción bien intencionada que sin embargo sale mal y causa dolor a alguien. Todos hemos pasado por situaciones parecidas, quizá no tan espectaculares como las del relato, pero ¿Cuándo fue la última vez que usted dijo algo o hizo algo con la mejor de las intenciones y sin embargo todo salió tan mal que se arrepintió de haberlo dicho o haberlo hecho? A lo mejor no fue hace mucho tiempo, porque los malos entendidos suelen ocurrir con bastante frecuencia. Cuando uno es víctima de un malentendido queda malherido, porque inmediatamente uno es criticado o difamado o investigado, o como decimos familiarmente, uno se mete en un lío gordo. A nadie le gusta pasar por esta situación y justamente de esto es de lo que se aprovecha el gigante de los malos entendidos para acorralarnos y dominarnos. Este gigante nos gritará en la cara: ¿Ya ves lo que pasó? ¿Viste que por hacer bien saliste mal parado? No seas necio, la próxima vez no hagas nada aunque estés en condiciones de hacerlo, para que no pases vergüenza una vez más. Dominados por este gigante, nos volvemos apáticos a las necesidades espirituales, emocionales y físicas de los demás. Decidiremos que lo mejor será vivir nuestra vida sin pensar siquiera en los demás. Vive tu vive y deja que otros vivan la suya. Si llegamos a este estado de cosas, el gigante de los malos entendidos habrá logrado una resonante victoria. Y cuántos han llegado a esta lamentable condición.

Me refiero a personas que alguna vez hicieron algo para ayudar a alguien pero fueron malentendidos y hoy no mueven ni un dedo para ayudar a nadie. La clave está entonces en cómo conquistar a este poderoso gigante. Para ello, primero reconozca que usted no es el único que ha sido víctima de un malentendido. No piense que hay algo raro en usted que hace que los demás no entiendan correctamente sus palabras o sus actos. No hay tal, todos nosotros somos víctimas del malentendido. Es un mal universal. Una cosa es lo que pensamos, otra la que sale de nuestros labios, otra la que llega a los oídos de nuestro interlocutor y otra la que llega a la mente de nuestro interlocutor. Es la falencia de la comunicación y la fuente de todos los malos entendidos. La única forma de evitar malos entendidos sería dejando de hablar con todos.

Pero trate de pasar una sola hora con otros sin decir una palabra. Verá que es imposible. Entonces es perfectamente posible que usted y yo y cualquier otra persona seamos mal entendidos. Los malos entendidos son como algunas bacterias en nuestro organismo. Tenemos que vivir con ellas. Segundo, entregue la situación a Dios. Diga al Señor en oración: Dios, aquí estoy otra vez. He sido mal entendido. Me siento herido. Tengo la razón pero nunca me lo creerían. Encárgate tú de poner en claro mi buena intención en todo este asunto. Esta, amable oyente es la única salida sensata antes los malos entendidos. No trate de aclarar por usted mismo que sus intenciones fueron buenas. Los hombres sólo vemos las acciones. No podemos ver las intenciones. Si usted entra al tortuoso camino de aclarar esto y aquello para que a todos les conste que sus intenciones eran buenas, sólo conseguirá hundirse más y más en el profundo pozo del mal entendido. Tercero, ore al Señor para que le dé sabiduría, discernimiento y tino para hacer o decir cosas. Antes de hacer o decir algo medite en la forma como lo va a hacer o en las palabras que va a decir. Si por alguna razón sospecha que algo que va a decir puede prestarse para ser mal entendido, no lo diga o dígalo de otra manera. El hablar impulsivo o el actuar impulsivo nos puede conducir a los malos entendidos.

Piense antes de hablar. Piense antes de actuar. Cuarto, si a pesar de poner todo su empeño para no ser malentendido igual es malentendido, no se desanime, ponga el asunto en la mano del Señor y siga haciendo cosas buenas. No se quede atado por el gigante del malentendido. Que con la ayuda del Señor logremos conquistar al temible gigante del malentendido.

«¡ME CELÓ CON SU PROPIA MADRE!»

23 abr 2016

«¡ME CELÓ CON SU PROPIA MADRE!»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Hace más de cuatro años terminé con una novia…. Ella se enfermó de celos, y me acosaba con sus comportamientos. Yo… tomé el valor suficiente para terminar la relación….

»Un año después hice amistad con una joven… y poco tiempo después nos hicimos novios. La relación que llevo con ella es única y muy hermosa. Sin duda la amo mucho y no deseo desprenderme de ella. Tenemos planes de matrimonio, y de verdad eso es lo que quiero.

»Pero de hace un año hasta la actualidad ha tenido comportamientos… que muestran sus celos al igual que mi anterior novia. Ha sido muy terrible porque ya ni siquiera conservo mi paz. Me ha celado con sus hermanas… con desconocidas, ¡y el colmo fue cuando me celó con su propia madre!

»Verdaderamente no le he dado motivos para que me cele de esta manera….

»He estado muy cerca de terminar nuestra relación. No sé qué hacer. ¿Seré el culpable de esta situación? ¿O es simple casualidad que dos novias se hayan vuelto celosas extremas?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Es prudente de su parte que se haya preguntado si será culpable de esa situación, ya que siempre que algo nos sucede con frecuencia, debiéramos hacer una evaluación a ver si nosotros somos los causantes. Sin embargo, si todo lo que dice usted es cierto, entonces el único error que ha cometido es la clase de jovencita por la que siente atracción.

»En muchos casos, los celos que no se justifican provienen de una acentuada inseguridad. ¿Lo atraen jovencitas inseguras porque así usted puede convertirse en su príncipe azul? ¿Acaso lo intimidan las jóvenes que se sienten más seguras de sí mismas? Si la respuesta es que no, entonces tal vez esta no sea más que una infeliz coincidencia.

»El apóstol Pablo incluyó los celos en su lista de pecados junto con otros tales como la idolatría y la inmoralidad,1 así que está claro que los celos son un hábito pecaminoso que puede superarse con la ayuda de Dios. Si su novia no está dispuesta a reconocer que los celos que siente son pecaminosos y que ella necesita arrepentirse de ellos, entonces la relación entre ustedes dos no tiene remedio. En cambio, si ella sí está dispuesta, el proceso de sobreponerse a los celos recibirá un gran impulso si ella puede consultar con un consejero acerca de esa inseguridad que la atormenta.

»Esa falta de paz que usted está sintiendo es una clara señal de peligro a la que debe prestar atención. ¿Por qué habría de querer usted casarse con una persona que siempre le produce tensión y ansiedad a causa de lo que ella pudiera hacer en cualquier momento? Ni siquiera considere el casarse con esa jovencita hasta que los celos que ella siente se hayan convertido en un recuerdo del pasado…. Si de veras la ama, usted será capaz de esperar el tiempo que sea necesario.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 248.

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 17

Orientación para maestros de adolescentes y jóvenes

a1La etapa de la adolescencia es un tiempo caracterizado por los cambios físicos, sociales y cognoscitivos en el desarrollo de la persona. Durante esa fase de la vida, el adolescente tiene como tarea principal la de formar y consolidar su identidad. Con su capacidad de ir independizándose, el adolescente enfrenta el nuevo desafío de tomar decisiones que van a afectar su vida de adulto. Tiene que construir su propia escala de valores, sus identificaciones con lo que espera llegar a lograr, y una definición de sí mismo. No es una tarea fácil, pero le es mucho más leve si puede contar con el respaldo y soporte de adultos cercanos que lo aman y que le ofrecen modelos de vidas íntegras.

La adolescencia es también una etapa muy importante en el desarrollo espiritual. En medio de todos los cambios en su vida, el adolescente puede abrirse a Dios de una forma nueva y genuina, experimentando una relación personal y comprometida con el Señor. Pero la vida del adolescente puede también llevarlo a muchos altibajos en sus emociones y generalmente tiene que enfrentar nuevas dudas, desilusiones y tentaciones. Por eso es importante que la familia y la iglesia estén preparados para guiar al adolescente en una vida auténtica y dinámica en el Señor.

La serie Adolescentes está preparada como herramienta para el desafío de acompañar al adolescente en su vida. Los libros tienen como objetivo que los alumnos puedan conocer personalmente a Jesucristo y crecer en él. Los temas tratados en cada libro apuntan a la vida real del adolescente y le ofrecen una base bíblica para ir tomando decisiones y formando su identidad en Cristo. El adolescente mismo descubre por sí mismo los principios bíblicos mientras aprende a estudiar e investigar la Palabra.

En cada lección hay actividades que procuran que el alumno adquiera conocimientos bíblicos. Se busca confrontar lo que la Biblia enseña con la práctica de la sociedad o con la opinión personal. Las Escrituras tienen un mensaje para hoy, el que en muchas ocasiones contradice la enseñanza popular. Es necesario que el adolescente descubra el mensaje de Dios y que, de esta manera, sea transformado por las Escrituras.

Una característica importante del adolescente es el valor que tiene para él la pertenencia a un grupo. Las lecciones están escritas para que los alumnos puedan crecer también como grupo y compartir sus experiencias, ideas y pensamientos. Pueden ser usadas tanto para el discipulado como para la enseñanza de una clase. Las lecciones son participativas y prácticas, enfocadas a las necesidades y a la vida del adolescente.

Las partes de la clase

La incentivación o introducción

Ésta es la primera y, según algunos expertos en educación, la parte más importante de la clase, ya que del éxito de esta actividad depende que el resto de la clase tenga algún afecto en la vida de los alumnos. En la incentivación se busca atraer la atención de los alumnos. Pero, por otro lado, una buena incentivación predispone al alumno a integrar los conocimientos adquiridos en el desarrollo de la lección con su vida diaria. El maestro, entonces, preparará esta parte de la clase con mucho cuidado y atención, utilizando los distintos métodos sugeridos.

El desarrollo de la lección o los tiempos de estudio y reflexión

Esta sección hace hincapié en la adquisición de conocimientos bíblicos. Se busca que el alumno conozca nuevas verdades de la Palabra de Dios. El mensaje de las Escrituras siempre es pertinente a nuestra situación, pero debemos encontrar formas nuevas para aplicar estas verdades bíblicas a la vida. Para cumplir correctamente la Palabra de Dios, debemos conocer la realidad en la cual estamos inmersos; por ello, en casi todas las actividades, el alumno deberá reflexionar acerca de su situación y su entorno.

En las lecciones se utiliza una Hoja de Trabajo (HT) que se fotocopia para cada alumno. El maestro funciona como una guía para lograr que cada pequeño grupo de trabajo, analice y descubra por sí mismo cuáles son las enseñanzas bíblicas. Todos los alumnos deben tener la oportunidad de participar en clase. Una persona aprende mucho más cuando descubre las cosas por sí misma. Por otra parte, el adolescente necesita interactuar con el grupo y confrontar sus ideas y creencias con los demás. De esta manera, va definiendo y afirmando sus valores y su fe en Dios. Además, las lecciones sirven para fortalecer el sentido de grupo y lograr que ellos tengan un lugar para ser escuchados y aceptados mientras comparten el crecimiento espiritual.

La aplicación y conclusión

No es suficiente conocer las verdades de Dios, hay que vivirlas. Esta sección apunta a la aplicación práctica de estos principios. El alumno descubre cómo ponerlos en práctica en su vida. Usando varios métodos, la conclusión engloba los elementos manejados durante la clase, llevando al alumno a un compromiso de vida con el Señor Jesús.

Bibliografía recomendada

Benson, C. A. El arte de enseñar. Miami, Editorial Caribe, 122 páginas.

Benson, C. H. La escuela dominical en acción. San José, Editorial Caribe, 1971. 122 páginas.

Bolton, Barbara. Ayudando a los pequeños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Bolton, Barbara y Charles Smith. Trabajando con los niños. Terrassa, Editorial CLIE, 1982. 202 páginas.

Campbell, Ross. Si amas a tu hijo. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1986. 144 páginas.

Dobson, James. Atrévete a disciplinar. Miami, Vida, 1976. 223 páginas.

——— Cómo criar a un niño especial. Terrassa, Editorial CLIE, 1979. 250 páginas.

——— La felicidad del niño. Miami, Editorial Vida, 1978. 206 páginas.

——— El amor debe ser firme. Miami, Editorial Vida, 1990. 288 páginas.

Drescher, John. Siete necesidades básicas del niño. El Paso, Editorial Mundo Hispano, 1983. 112 páginas.

Gangler, Kenneth. 24 Ideas para mejorar su enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1992. 166 páginas.

Hancock, Maxine. Vidas en formación. Los años preescolares. Miami, Editorial Vida, 1979. 222 páginas.

Haytead, Wesley. No se puede empezar demasiado pronto. Terrassa, Editorial CLIE, 197. 144 páginas.

Hendricks, Howard G. Enseñando para cambiar vidas. Editorial Unilit, 1990. 142 páginas.

Larson, Jim. Disfrute enseñando. Terrassa, Editorial CLIE, 1978. 118 páginas.

LeBar, Lois y Miguel Berg. Llamados a enseñar. Miami, Editorial Caribe, 1977. 159 páginas.

LeBar, Lois. Rosita asiste a la clase de prepárvulos. Puebla, México, Ediciones Las Américas, S/F. 223 páginas.

Martin, William. Fundamentos para el educador evangélico. Miami, Editorial Vida, 1987. 112 páginas.

Mijares, L. y V. Campbell. Manual para el departamento cuna. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1960. 100 páginas.

Mow, Anna. Tu hijo, del nacimiento al nuevo nacimiento. Terrassa, Editorial CLIE, 1975. 109 páginas.

Pearmar, Myen. Enseñando con éxito en la escuela dominical. Miami, Editorial Vida, 1991. 127 páginas.

Perez, Humberto. El maestro y la forma de la verdad. Editorial Caribe, 1995. 240 páginas.

Somoza, Ana. Aprendiendo a enseñar la Biblia. Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 1990. 174 páginas.

Strauss, Richard. Hijos confiados y cómo crecen. Caparra Terrace, Editorial Betania, 1977. 183 páginas.

Stuckland, Jenell. Cómo guiar a los preescolares. El Paso, Casa Bautista de Publicaciones, 1988. 240 páginas.

Town, Elmar. La escuela dominical dinámica. Miami, Editorial Vida, 1979. 175 páginas.

Willis, Wesley R. La enseñanza eficaz, Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1993. 119 páginas.

Zuck, Roy B. Poder espiritual en la enseñanza. Puebla, México, Ediciones Las Américas, 1973. 126 páginas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 165–170). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

11. LA SOLEDAD

11. LA SOLEDAD

David Logacho
2016-04-22

a1Saludos cordiales amable oyente. Es motivo de gran gozo para mí darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada Gigantes al Acecho. Cuando hablo de gigantes no me refiero a alguna raza de superhombres sino a cosas contra las cuales todos tenemos que luchar en nuestra vida cristiana. Estas cosas pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad, los celos. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si llegan a dominarnos nos causarán gran aflicción. En nuestros estudios bíblicos anteriores sobre este mismo tema, ya hemos visto como podemos librarnos de al menos los gigantes que he mencionado. El problema es que existen más de esos gigantes y es así como en el estudio bíblico de hoy vamos a hablar acerca de otro poderoso gigante que se llama soledad.

Otro poderoso gigante es la soledad. Casi a cualquier lugar donde dirijamos nuestra mirada encontramos personas solitarias. Millones de personas sufren de aislamiento, pensando que nadie les ama, o peor aun pensando que no tienen ningún valor. Personas así viven atormentadas porque se encuentran completamente solas en el mundo a pesar que probablemente tengan a mucha gente a su alrededor. Alguien que trabaja con jóvenes ha dicho que probablemente un 95% de ellos se encuentra en un estado de soledad. Quizá esto explique el alto índice de suicidios entre la juventud. La soledad es un gigante terrible, puede hacer que nos sintamos tan miserables, deprimidos y desanimados que pensamos que lo mejor sería morir. Quizá valga la pena pensar en cómo una persona puede quedar atrapada en las temibles garras de ese gigante llamado soledad. Existen varias puertas que este poderoso gigante utiliza para entrar a nuestra vida y arruinar nuestra existencia. La primera se llama rechazo. Si por algún motivo hemos sufrido algún tipo de rechazo en el pasado, es posible que sintamos que no valemos nada, lo cual nos conducirá al desconsuelo y a la autocompasión. Con una mentalidad así marcada, evitaremos el contacto con la gente para evitar el tan temido rechazo. La soledad aunque sea dolorosa será una especie de autoprotección para evitar mayores heridas. La segunda puerta por donde puede entrar el gigante de la soledad se llama burla. Si alguien se burla de nosotros, ya sea de lo que somos o de lo que hacemos o de lo que decimos, nos sentiremos profundamente heridos en nuestro amor propio. Para evitar seguir siendo heridos echaremos mano de la soledad como mecanismo de autodefensa. Los padres somos muy propensos a burlarnos de nuestros hijos. Al hacerlo estamos abriendo una gran brecha en su amor propio, por la cual perfectamente podría entrar el gigante de la soledad. La tercera puerta por la cual puede entrar el gigante de la soledad es la separación. Un cambio de casa nos puede separar de nuestros mejores amigos y potencialmente nos puede sumir en la soledad. La muerte de un familiar puede separarnos de la persona que tanto hemos amado y arrojarnos a una terrible soledad. Un divorcio puede separar a dos personas que han estado juntas por años y conducir al profundo abismo de la soledad. La cuarta puerta por la cual puede penetrar el gigante de la soledad a nuestra vida es el pecado no confesado. Un pecado no confesado crea un fuerte sentimiento de culpa. En el huerto de Edén, la desobediencia no sólo erigió una barrera entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y su mujer. Una vez que cayeron en pecado se convirtieron en seres egoístas y corruptos. Su maldad creció a partir de ese acto y continuó separándolos. El pecado separa, aísla, conduce a la soledad. Si la soledad ya ha entrado a su vida, debe haber atravesado por alguna de estas puertas. Quizá usted podría identificar por cuál de esas puertas entró ese poderoso gigante llamado soledad. Pero en realidad, lo que más le interesa a usted es saber como sacar a ese poderoso gigante de su vida. Bueno, permítame sugerir estas ideas. Primero, establezca o fortalezca su relación personal con Dios. Si usted no es creyente, está separado de Dios y eso puede ser la fuente de su soledad. Pero Cristo murió en la cruz del Calvario para que usted no continúe separado de Dios. Si quiere estar unido a Dios, lo único que debe hacer es recibir a Cristo como su Salvador. Si usted ya tiene a Cristo como su Salvador y aún así sigue sintiéndose solo, necesita fortalecer su comunión con el Señor. A lo mejor existe algún pecado no confesado en su vida. Algo que solamente usted y Dios lo saben. Si ese es el caso, confiese ese pecado al Señor y apártese del mismo. A lo mejor siente amargura contra los que le han rechazado o contra los que se han burlado de usted, o aún contra Dios por haber permitido cosas que le han causado tanto dolor. Si es así, decídase a perdonar a los que le han causado daño y si su amargura es contra Dios, recuerde que él no puede fallar. Si Dios permitió aquello que le ha causado tanto sufrimiento es porque de alguna manera que tal vez no pueda entender por ahora, eso es para su propio bien. Segundo, procure establecer relaciones significativas con otros. ¿Por qué no puede hacer amistades con facilidad? Quizá está ahuyentando a otros por sus actitudes y sus acciones. Nadie desea relacionarse con una persona amargada, enojada, egoísta y centrada en sí misma. Evalúe cuáles son sus motivaciones a la hora de entablar una amistad con alguien. ¿Busca amistad para obtener algún provecho personal? Si es así, está mal motivado y eso puede ser la causa de su soledad. La amistad no es para sacar algo sino para dar algo. Tener amigos significa correr riesgos, como vernos traicionados o desilusionados, pero no hay otra manera de disfrutar de sus recompensas. Debemos estar listos a tender puentes de amistad y caminar sobre estos puentes confiadamente. Encontraremos que es muy satisfactorio pues el proceso llena nuestras necesidades sociales. Tercero, identifique si su soledad está de alguna manera relacionada con la amargura. Si ha sido lastimado de alguna manera en el pasado, probablemente no desee arriesgarse buscando otra amistad. Pero si persiste en actuar de esta forma negativa, estará impidiendo el proceso sanador que necesita llevarse a cabo. Si continúa abrigando sus resentimientos, quedará incapacitado para actuar con la honestidad y apertura que requieren para llenar sus vacíos sociales. Confiese este sentimiento a Dios y confíe en que él permitirá que tenga buenas relaciones con otros. Cuarto, no se abandone a la autocompasión. Si se pasa la vida sintiendo lástima de usted mismo, nunca saldrá de su soledad. Entre más tiempo se pase lamentando su desdicha, más profundas se harán sus heridas emocionales. La autocompasión es el recurso de los débiles. Deje de mirar hacia el pasado. Cúbralo con la sangre de Cristo y mire el futuro con esperanza. Quinto, evite recluirse en la soledad. Si es una persona con tendencia a la soledad, minimice el tiempo que pasa solo o sola. Busque la comunión con otras personas. Aunque sus emociones le aconsejen a quedarse en su cama todo el día, no se deje dominar de este sentimiento. Fortalézcase en el Señor y busque la compañía de otros. Sexto, busque maneras de ayudar a otros. No hay mejor terapia para salir de la soledad que el ocuparse en el servicio a otros. Cuando está sirviendo a otros, dejará de mirarse a usted mismo y estará forzado a poner su mirada sobre otros. Esto le ayudará a vencer su soledad. Séptimo, busque promesas en la palabra de Señor, que le motiven mirar a Dios como un ser personal, interesado aún en los detalles más insignificantes de su vida. Si Dios conoce aun el número de cabellos de nuestra cabeza, ciertamente que nuestra soledad no le será desconocida. La palabra infalible de Dios le mostrará que en realidad no está solo o sola, a pesar que usted así lo sienta. Note por ejemplo lo que dice la palabra del Señor en relación con su pueblo escogido Israel. Leo en Isaías 43:1-5 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

Isa 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Isa 43:3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

Isa 43:4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.

Isa 43:5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.

Si Dios cuida así de su pueblo Israel, ¿Piensa que lo hará menos con nosotros que somos sus hijos?

«EL MAL DE DON QUIJOTE»

22 abr 2016

cr

«EL MAL DE DON QUIJOTE»

por Carlos Rey

(Día Internacional del Libro y del Autor y Aniversario de la Muerte de Miguel de Cervantes)

a1«Fue llevado un día ante el doctor X…, [psiquiatra] notable de Río de Janeiro, un curioso enfermo, víctima de una singular manía….

»—Es preciso extraerlo —raciocinaba el loco—. El corazón es una víscera absolutamente tonta… No pasa de ser un estúpido fuelle, que sopla sangre por las arterias, en lugar de aire… La ciencia puede cambiarlo por un aparato cualquiera, que lo sustituya en su función de centro circulatorio, evitando, con todo, las regalías morales de que disfruta la tal víscera que he mencionado.

»”… Si el corazón se contentara con su papel fisiológico de fuelle, de bomba de compresión, y se estuviese allá, modestamente, en el fondo de su cárcel de costillas, trabajando oscuro y honrado en sus diástoles y sístoles, no exigiría que se me extrajese, como un obstáculo que me corrompe el organismo y la vida; pero el intruso olvida que nació para fuelle; se mete en los dominios de la existencia moral, en plena competencia con el sensato cerebro, y comete, entonces, cuanta estupidez logre hacer….

»”En la familia, el corazón produce al enamorado: un tonto; en la sociedad, al héroe: otro tonto; en la literatura, al sentimental: otro tonto; en la filosofía, al melancólico: un tonto más…

»”Ridículo, miserable, profundo, es lo propio de las víctimas del corazón….

»”Poner término a este mal me parece un deber elemental de la ciencia. Se sabe que el origen del mal está ahí, palpitando, a la altura de la cuarta y la quinta costilla…

»”Sí, mi querido doctor. ¡Ya es hora de echar mano a los frenos de la fatigada cabalgadura de don Quijote, quien va paseando desastradamente la gesticulación huesuda de su entusiasmo caballeresco por entre el escarnio de las generaciones!

»”¡Ya es hora de que termine este espectáculo del caballero de la Mancha, eternamente bueno, pero eternamente estúpido!…

»El médico, que asistía extasiado a la extraña disertación del loco, reflexionó un momento y luego dijo:

»—Esté usted tranquilo, amigo mío; no piense más en eso; voy a extirparle el corazón… voy a curarlo.1

De ahí que a este insólito cuento, que escribió en 1883 cuando tenía veinte años, el autor brasileño Raúl Pompeia le pusiera por título «El mal de Don Quijote». Curiosamente Pompeia mismo habría de fallecer doce años después, a escasos treinta y dos años de edad, en Río de Janeiro, donde había ocupado los cargos de director del Diario Oficial de la República y director de la Biblioteca Nacional.

Si bien sobra decir que al necio de este cuento de Pompeia no le convenía que ningún psiquiatra le extirpara el corazón, no está por demás señalar que sí le hubiera convenido conocer la verdad de los siguientes proverbios, escritos por el sabio Salomón, que aclaran que el corazón humano no es necesariamente ni tonto ni malo: «En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona.» «El corazón entendido va tras el conocimiento; la boca de los necios se nutre de tonterías», ya que «en el corazón de los sabios mora la sabiduría, pero los necios ni siquiera la conocen.»2

1- Raúl Pompeia, «El mal de Don Quijote», reproducido en Cuentos brasileños del siglo xix, trad. Elkin Obregón (Bogotá: Editorial Norma, 1992), pp. 181‑87.

2- Pr 27:19; 15:14; 14:33

http://www.conciencia.net/

10. LOS CELOS

ESTUDIO BÍBLICO GIGANTES AL ACECHO

david-logacho-80x80

10. LOS CELOS

David Logacho
2016-04-21

a1Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Gracias por dispensarnos su sintonía. Continuamos tratando el tema de los gigantes en nuestra vida. Me refiero a esas cosas que cómodamente se ha instalado en nuestra vida y nos han llegado a dominar de tal manera que echan a perder todo lo que podríamos ser o hacer para el Señor. Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad y algunos otros que los conoceremos a medida que progresamos en esta serie. Todas estas cosas son como poderosos gigantes que si se lo permitimos nos causarán gran aflicción. Gracias a Dios que los que somos creyentes hemos recibido el poder para conquistar a cada uno de estos gigantes. Eso lo hemos visto en nuestros estudios bíblicos anteriores. En el estudio bíblico de hoy, vamos a hablar de otro gigante, tan poderoso como los otros, llamado celos.

Se dice con justa razón que los celos están en cada uno de nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Mi esposa y yo, hemos traído al mundo tres preciosos hijos. Cuando el mayor tenía tan sólo dos años nació su hermanita. Usted a lo mejor dirá: Qué bueno, así el hermano mayor ya tuvo compañía. Pues… nosotros también pensamos así. Pero a decir verdad, no resultó del todo de esa manera. ¿Sabe por qué? Pues por ese poderoso gigante llamado celos. Lamentablemente el hermanito mayor se sintió celoso por la llegada de su hermanita. Claro, las atenciones de los padres y los halagos de la familia ya no eran sólo para él. Tenía que compartir no sólo la atención y los halagos, sino muchas cosas más con aquella intrusa que de pronto apareció dando alaridos en la casa. Y no estamos hablando de un viejo pecador empedernido. Estamos hablando de una criatura de tan sólo dos años. Pero he allí, los celos estaban ya causando problema en él. Con el correr del tiempo, este gigante de los celos ya no causará solamente un lloriqueo constante como en el caso de un niño celoso, sino un comportamiento totalmente extravagante, en el caso de un adulto. Por los celos, el ser humano es capaz de causar terribles desastres. Tanto usted como yo, podemos citar caso tras caso de personas destruidas por haberse entregado al implacable gigante de los celos, hogares destruidos por los celos, iglesias destruidas por los celos. Con sobrada razón, Santiago dice en su libro, en el capítulo 3 versículo 16: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.

Este es un axioma inviolable. Donde usted vea a un hombre celoso o a una mujer celosa, allí habrá peleas, vocabulario soez, intrigas, malos pensamientos, calumnias, chismes y rumores. Cuánto problema puede causar los celos. Los celos, amable oyente, son esas emociones negativas que experimentamos cuando tememos que cualquier afecto o bien que disfrutamos o pretendemos disfrutar, llegue a ser logrado por otro. Dicho en otras palabras, los celos tienen que ven con la incomodidad que sentimos cuando vemos amenazados los afectos o bienes que consideramos como de nuestra exclusiva propiedad. Es por eso que si alguien recibe cierto reconocimiento que nosotros estábamos dándolo como nuestro, casi inmediatamente comenzamos a pensar: Vaya, por qué a él y no a mí. Yo merecía más que él. Lo que pasa es que a nadie le importo. Nadie se fija en mí. Es el gigante de los celos que ha atacado. Una esposa podría pensar: Mi esposo ya no me ama. Debe haber otra mujer en su vida. Presa de este pensamiento esta esposa celosa tejerá una serie de episodios fantásticos. Si su esposo no llega a casa a la hora que se supone, pensará: Seguramente debe estar con esa otra mujer, por eso no llega a tiempo. El gigante de los celos ha atacado a esta esposa. Los celos pueden provocar verdaderos desastres amable oyente. Proverbios 6:34 dice: Porque los celos son el furor del hombre,Y no perdonará en el día de la venganza.

Muy bien, con todo lo que hemos dicho, estoy seguro que habrá reconocido cuan peligroso es este gigante llamado celos. Ahora viene lo bueno. ¿Qué hacer para conquistar a este poderoso gigante? Primero, es necesario reconocer que los celos son pecado. Como leímos ya en Santiago 3:16 los celos son la fuente de una serie de conductas pecaminosas en el ser humano, perturbación y toda obra perversa, dice el texto. Además note lo que dice Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

En este pasaje bíblico vemos que los celos están en el mismo plano que el adulterio, la fornicación, los homicidios, las borracheras y todo lo demás. Por tanto los celos son un pecado que ofende la santidad de Dios. Si usted es una persona celosa, no justifique sus celos diciendo: Es que me provocan, o es que tengo suficientes motivos para ser celoso o celosa. Lo aconsejable es ir al Señor en oración para decirle: Señor, soy un celoso o una celosa, me he dejado dominar del gigante de los celos, reconozco que es pecado y no quiero seguir viviendo de esta manera. Luego de confesar los celos como pecado, en segundo lugar, debe apartarse de los celos. No es algo sencillo se lo aseguro y por eso usted necesitará aferrarse con todas sus fuerzas al Señor. Pida al Señor en oración la ayuda necesaria para vencer a este poderoso gigante. Cada vez que surja ese sentimiento de celos, reconózcalo inmediatamente, y una vez detectado, no deje que su mente se ocupe más en eso. Destierre inmediatamente ese pensamiento. No piense que los celos le van a ayudar a resolver los problemas que tenga, cualquiera que estos sean. Si por ejemplo, se siente celoso de un compañero de trabajo, pensando que a lo mejor él va a recibir una promoción y no usted, piense y razone que esta actitud es fruto de sus celos e inmediatamente sáquela de su mente.

Tercero, jamás actúe motivado por los celos. El gigante de los celos insistirá que usted haga algo en contra de la persona contra quien se siente celoso o celosa. Si se trata de su esposo, el gigante de los celos insistirá que usted inicie una pelea, o lo que se llama una escena de celos, ante la más mínima provocación, no importa si se trata de una situación real o creada en su imaginación. Si es su compañero de trabajo, el gigante de los celos insistirá que usted busque maneras para hacer quedar mal a su compañero de trabajo ante sus superiores, de modo que su propia imagen se vea bien. Usted sabe, el viejo truco de hacer quedar mal a otros para quedar bien nosotros. No actúe motivado por los celos. Lo único que obtendrá es fortalecer a ese gigante que le tiene dominado y que se llama celos y ciertamente, en algún momento se arrepentirá de eso. Recuerde lo que pasó con el celoso rey Saúl cuando David apareció en la escena como el ungido futuro rey. Los celos de Saúl le llevaron a perseguir a David para matarlo, pero en el intento, Saúl mismo fue víctima de la violencia que causó. Por algo afirma el popular dicho: Quien siembra vientos cosechará tormentas.

Cuarto, procure compartir su problema de celos con alguna persona madura espiritualmente hablando. De esta forma, el peso de los celos se hará más ligero. No esconda ese pecado de celos que ya ha detectado en su vida. Confróntelo y pida consejo a hombres y mujeres de Dios para derrotarlo. Es interesante que según la ley Mosaica, si un marido se sentía celoso de su mujer, no debía quedarse en casa alimentando a ese gigante llamado celos, por medio de sospechas sobre su mujer y haciéndole la vida imposible. Según el libro de Números, capítulo 5, lo que debía hacer es ir al sacerdote y allí, ante él, tratar el asunto para terminar de una vez por todas con esos celos tan funestos. Definitivamente, amable oyente, Dios no quiere que vivamos saturado de celos. Los celos nos quitan el gozo de vivir para Dios, y lo que es peor nos conducen al pronunciado barranco de hacer o decir cosas totalmente fuera de lugar. Debemos confrontar este pecado y desterrarlo de nuestra vida. Por último, si usted es una persona celosa, debe como nunca confiar en la suficiencia de Dios para satisfacer cualquiera de nuestras necesidades. Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Puede ser que nosotros pensemos que tal o cual cosa nos hará felices y por eso lo buscamos con tanto ahínco y sentimos celos ante todo lo que amenace con privarnos de aquello que esperamos. Pero solamente Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Busquemos lo que deseamos con dedicación, pero si no lo conseguimos, no pensemos que fue porque otros fueron mejores que nosotros, sino simplemente porque aquello que buscábamos no fue lo mejor y Dios no nos lo dio porque él busca lo mejor para nosotros.

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 16

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”

a1Cristo nos dejó a nosotros, sus seguidores, la misión de hacer discípulos de él. No hay una edad mínima para comenzar la gran aventura de conocer a Dios y crecer en él. Dios mandó a su pueblo que instruyeran a sus hijos en los caminos de él, para que lo honraran y lo obedecieran (Deuteronomio 6:1–9). Samuel, quien llegó a ser un gran profeta, estaba dedicado a Dios y lo servía desde su niñez (1 Samuel 2:18). Jesús llamó a los niños para que se acercaran a él, los bendijo y declaró que el reino de Dios es de quienes son como ellos (Marcos 10:13–16). El apóstol Pablo dice que su hijo espiritual Timoteo, desde su niñez, había conocido las Sagradas Escrituras. Y que las mismas le daban la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).

El niño puede ser discípulo de Jesús y no hay mejor regalo que ayudarlo a conocer al Señor y seguir madurando en él. Es cierto que los niños escolares no han desarrollado todavía su capacidad para analizar ideas abstractas. Sin embargo, en la misma etapa cuando comienzan a leer, ellos inician su habilidad de manipular pensamientos. En ese período, los niños empiezan a razonar de una forma sencilla y pueden pensar en posibles consecuencias de sus acciones.

En los últimos años, están descubriendo que los niños pueden hacer más de lo que originalmente habían pensado en el siglo pasado, acerca del desarrollo del niño. Para potenciar sus habilidades, se les debe proveer de las herramientas para aprender a través de sus propias acciones e investigaciones. Otro factor muy importante en cuanto a los cambios de los niños escolares es su nueva habilidad social; pueden compartir sus experiencias y aprender de los demás.

La serie Soy Discípulo de los libros VIVIR LA BIBLIA contiene estudios participativos para ayudar a los niños escolares a conocer a Jesús personalmente y crecer como discípulo de él. Los seis libros investigan qué es seguir a Jesús y cómo hacerlo. Son lecciones que tienen como meta ayudar en el discipulado del niño y lograr transformaciones en las actitudes, los valores y las conductas de ellos. La base bíblica de las lecciones son los libros del Nuevo Testamento desde Juan a Apocalipsis. Cada estudio trata un principio básico del conocimiento de Jesús y la vida en él.

Las lecciones preparan al niño desde una edad temprana a formar conceptos bíblicos y le capacitan con herramientas para crecer en su propia vida espiritual como el estudio de la Palabra, la oración, el servicio, el apoyo entre el grupo y la práctica de las enseñanzas. Esta serie toma en serio la misión de discipular a los niños para que ellos puedan discipular a otros, quienes puedan discipular a otros…

Es preciso reconocer la dependencia en el Señor para hacer la tarea que él ha encomendado y con la confianza plena en el poder del Espíritu Santo para hacer la obra. El instrumento principal del discipulado es la vida del discipulador o del maestro, la persona guiada por el Espíritu Santo, nutrida por la Palabra de Dios y fortalecida por la oración. Es por esto que cada lección tiene una sección especialmente dedicada para la vida y el ministerio del maestro, El rincón del maestro, que contiene pequeños devocionales. El pasaje bíblico y el tema no tienen una relación directa con la lección de los niños; son pensamientos bíblicos para edificar, animar y alentar la vida personal del maestro. Quien da constantemente, necesita recibir también. El deseo es que el Señor fortalezca a cada maestro en su ministerio.

Secciones de las lecciones

Hoja de presentación

Para ayudar al maestro en su preparación, la primera página de cada lección resume todo el desarrollo de la clase. En la misma, se ven los objetivos, los métodos y recursos necesarios. Además, se agrega una pequeña evaluación para realizar después de la lección.

Los objetivos

Un objetivo es la afirmación de lo que el maestro espera alcanzar en la clase. Es una herramienta útil, ya que dirige y orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje llevado a cabo en el aula. Con el objetivo, el maestro aspira a lograr un cambio en la vida de cada uno de sus alumnos. Además, brinda la posibilidad de evaluar los resultados y saber si se ha logrado la meta propuesta o no. Es importante que el maestro tenga los objetivos en mente para no perder el sentido de la enseñanza.

El bosquejo de la lección

El bosquejo presenta el desarrollo de la clase, pero de una manera esquemática. En el mismo consta: el tiempo estimado para cada momento, los métodos y los recursos que se requieren. Se puede usar para tener una idea general de la lección y como último chequeo para estar seguro de contar con todos los elementos necesarios.

La evaluación del maestro

Después de cada clase es importante hacer una evaluación para descubrir las necesidades de los niños y realizar los cambios necesarios en las siguientes lecciones.

En la evaluación, el maestro considera si se cumplieron los objetivos, cómo fue la participación de los niños y las necesidades que él haya detectado. La evaluación también ayuda a observar cuáles fueron las dificultades que se presentaron para aprender de ellas y mejorar la tarea docente. Por eso es recomendable tener un cuaderno y anotar allí todas las observaciones

Marco de la clase

La preparación

Preparación personal

Ayuda al maestro a centrar su mirada en el propósito de la clase. Además, contiene una reflexión para que el maestro piense si él vive o no la enseñanza bíblica que va a transmitir a sus niños o no.

Preparación de las actividades

Explica con más detalles los recursos que se necesitan para cada momento de la clase. Es importante que el maestro preste atención a las indicaciones, ya que son elementos que debe preparar con anticipación y, de esta manera, tenerlos listos en el encuentro con sus alumnos.

Contexto para el maestro

En esta sección se le da al docente un panorama más amplio de la historia bíblica que deberá narrar a sus alumnos. En la misma aparecen datos que no es necesario que conozca el alumno, pero que son importantes para que el maestro tenga un conocimiento bíblico más completo. Además, permite responder verazmente cualquier pregunta de los niños.

Desarrollo de la clase

Los niños aprenden haciendo; por eso la metodología de estas lecciones es participativa y activa. Cada lección en la serie Soy Discípulo comienza con una actividad que realizan los niños. En cada clase se utilizan varios métodos de enseñanza para que los niños estén activamente involucrados y motivados en la clase. Algunos métodos son juegos, simulacros, dramatizaciones, narraciones, proyectos e ilustraciones.

La incentivación

Las lecciones contienen una incentivación. La misma tiene el propósito de despertar el interés de los niños y prepararlos para la enseñanza bíblica. En cada lección se utiliza un método diferente, de tal manera que los niños sean sorprendidos de clase en clase y no pierdan la motivación.

La enseñanza bíblica o el contenido bíblico

La parte central de la lección es la enseñanza bíblica. En esta sección el maestro debe ir llevando a sus alumnos a investigar una nueva verdad bíblica. Los mismos niños aprenden a usar sus Biblias y descubrir los principios de Dios, usando técnicas como pregunta-respuesta, grupos de investigación, comparaciones y dibujos. Los niños, y adultos, se acuerdan muy poco de lo que escuchan, pero se acuerdan mucho de lo que hacen y experimentan.

Para hacer más vivencial la enseñanza también se incluyen láminas. Si el maestro desea variar esta técnica, las láminas pueden hacerse en transparencias y mostrarse con un retroproyector.

La aplicación

La clase termina con actividades para que el niño aplique lo aprendido en la lección. Este momento tiene como propósito que el niño transfiera lo aprendido a su propia vida. Se utiliza la Hoja de Apoyo, proyectos, oraciones, prácticas, roll-play, la memorización de textos y otros métodos para que el niño incorpore el principio bíblico a su vida.

La memorización

Es importante guardar la Palabra de Dios, porque es viva y poderosa, ya que juzga los pensamientos e intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Ella puede ayudarnos en momentos de mucha necesidad y de ahí la importancia de memorizar los textos bíblicos. Se pueden utilizar varios métodos para ayudar a los niños en la memorización de versículos, que sin duda es un gran beneficio en la capacitación de todo discípulo.

Es conveniente que en cada clase haya un repaso del texto anterior. El maestro puede hacerles preguntas a los alumnos para asegurarse de que hayan captado el significado y entendido la esencia del mismo. Además, el diálogo proporcionará el clima adecuado para la aplicación del texto a la vida cotidiana del niño.

El aula y la creatividad

El maestro puede enriquecer cada una de las lecciones con ideas propias, pues él es quien conoce los gustos y las necesidades de los niños de su clase. Y, sin duda, las manualidades favorecen la creatividad y colaboran con efectividad en el momento de la aplicación de la enseñanza presentada. Por esta razón es bueno tener a su alcance materiales que puedan ayudarlo a realizar diferentes propuestas.

Siempre es bueno contar con una lista de los elementos que utilizará con mayor frecuencia durante el año.

Si se cuenta con un aula disponible, entonces se puede decorar para favorecer un ambiente cálido y acogedor. Se pueden usar pósteres cristianos y cuadros alegres. También se puede preparar un cartel en donde figuren los cumpleaños de los niños y de los maestros. Los niños pueden hacer dibujos que representen las lecciones y los textos memorizados. ¡No hay límite para la creatividad del maestro y sus alumnos!

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 159–164). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.