«TIENE MI APELLIDO»

21 abr 2016

«TIENE MI APELLIDO»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Soy un hombre de treinta y siete años. Tengo dos hijos de distintas relaciones. El mayor tiene dieciocho, y la menor trece. Actualmente vivo con la menor y la mamá de ella.

»Con el mayor no he tenido comunicación alguna. Él sabe que yo existo, y tiene mi apellido. Estoy arrepentido, pero no sé por dónde comenzar a pedirle perdón. Nos hemos visto frente a frente… y sólo nos saludamos con gestos. Quisiera [abrazarlo] y pedirle perdón, pero no sé cómo reaccionaría él.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Usted quisiera saber cómo reaccionaría su hijo si le pidiera perdón, pero usted debe comprender que no importa cómo él reaccione. Es usted a quien le corresponde hacer lo debido, ya sea que él responda de forma negativa o positiva. Sin embargo, el hecho de que él lo saluda con un gesto cuando se cruzan y no desvía la mirada pudiera ser señal de que quisiera relacionarse con usted. Aunque él lo rechazara al principio, de todos modos le corresponde a usted tomar la iniciativa.

»Para tener una idea de lo que siente su hijo por usted, ingrese en Internet a conciencia.net y lea los Casos 63 y 244. Si bien su hijo pudiera pasar por un tiempo de enojo a causa de los sentimientos de abandono, es casi seguro que superará ese enojo en uno o dos años, y tarde o temprano lo perdonará. A usted le corresponde ser paciente y comprensivo, aun cuando él arremeta con ira. Recuerde que él tiene una razón válida para estar enojado, y que usted hizo que él creciera huérfano de padre. Deje de preocuparse por su propio temor de ser rechazado. ¡Es usted quien lo rechazó a él, y no él a usted!

»Comience haciendo el arreglo de encontrarse con su hijo en un lugar público como un restaurante, una cafetería o una heladería. Hágale saber lo mucho que siente el no haberse comunicado antes, y que usted quiere cultivar una relación con él. Dígale que, aunque usted no merece su perdón, le pide que lo perdone. Si él se niega a perdonarlo o siquiera a responder, manténgase calmado y en silencio. Recuerde que él ha sentido el rechazo de usted por dieciocho años, así que usted debe estar dispuesto a esperar todo ese tiempo también.

»Pídale a Dios que lo perdone por los errores que usted ha cometido. Pídale que haga de usted la clase de hombre que pueda ser motivo de orgullo para sus hijos. Resuelva que va a leer la Biblia todos los días a fin de aprender a tomar buenas decisiones a favor de su familia. Si usted sigue el ejemplo de Dios como nuestro Padre celestial, puede llegar a ser un gran padre para sus dos hijos.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 385.

http://www.conciencia.net/

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

20 abr 2016

«SÍMBOLO DE PAZ Y ALEGRÍA»

cr

por Carlos Rey

(Aniversario de la Muerte de Mario Moreno «Cantinflas»)

a1Todo el Barrio Latino de Nueva York estuvo alborotado ese día. Hubo desfiles populares, marchas militares tocadas por magníficas bandas, banderas, confeti, cohetes y pancartas. Era el 4 de mayo de 1983.

Ese día, por iniciativa de las Naciones Unidas, Cantinflas, el popular comediante mexicano, fue declarado «Símbolo de paz y alegría de las Américas». Entre los maestros de ceremonias que animaron la celebración estuvieron otros dos grandes actores hispanos: Ricardo Montalbán y José Ferrer. Si hubieran decidido postergar la celebración diez años, habrían tenido que referirse a Cantinflas en el pretérito, ya que falleció el 20 de abril de 1993. Menos mal que aprovecharon la vida del genio artístico para celebrarla.

«No deja de tener su nota inspiradora este homenaje a Mario Moreno “Cantinflas” —comenta el Hermano Pablo algún tiempo después en un mensaje a la conciencia—…. Porque es aleccionador celebrar a un hombre que sabe hacer reír y que encarna la sencillez, la bondad, la resignación del pobre, el desinterés y el altruismo.

»Indica que todavía se aprecian en el mundo las virtudes de Cantinflas. Y como Mario Moreno también en la vida real es un hombre generoso, altruista, filántropo, humilde y desinteresado —señala el Hermano Pablo—, el homenaje tiene doble significado.

»Ya he mencionado más de una vez a este famoso actor hispano —sigue disertando acerca de Cantinflas aquel admirador suyo, conocido también por su nombre artístico y no por su apellido—. Me gusta destacar que él siempre ha encarnado al hombre del pueblo, al hombre sufrido, resignado, paciente, no exento de alguna picardía pero siempre de un gran corazón con un gran desinterés.»

Y de ahí el Hermano Pablo pasa a definirlo de un modo escueto, totalmente opuesto al estilo que hizo famoso al actor:

«En una sola palabra, Cantinflas es el hombre manso. Y la Biblia dice en uno de sus pasajes más notables: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.»1Palabras del Señor Jesucristo mismo en el Sermón del Monte.

»No son los generales prepotentes, ni los políticos astutos, ni los financistas sin más alma que el dólar, ni los eclesiásticos altaneros, quienes encarnan la paz y la alegría, sino los mansos….

»Jesús alabó a los mansos, a los humildes, a los pacificadores, a los resignados y a los que sienten hambre y sed de justicia, y los llamó bienaventurados», concluye el Hermano Pablo. Si queremos contar con la aprobación de Dios, más vale que nos esforcemos por imitar, al igual que Cantinflas, estas virtudes de los bienaventurados.2

Mt 5:5 (RVR-1960)

Mt 5:3-10

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 15

Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Héroes de Antiguo Testamento”

a1El rostro del niño de diez años reflejaba su deseo intenso de asimilar la información que recién había entendido.

—¿Cómo? —preguntó al maestro—. ¿Es el mismo país que hoy se llama Israel?

El maestro le aseguró que el mapa que estaban mirando de la “tierra prometida” de los tiempos de Josué era casi igual al que se usa hoy día y que identificaba lugares que llevan el mismo nombre y que se mencionan en los diarios casi todos los días. El niño volvió a su actividad de aprendizaje bíblico con nuevo empeño. De repente la Biblia había dejado de ser algo remoto de su mundo porque veía la relación con sus estudios de ciencias sociales en el colegio.

Este pequeño incidente ayuda a entender un poco el privilegio especial que goza el maestro de niños escolares. Esta edad representa un enorme desafío para la enseñanza porque son éstos los años cuando en el niño se ve el despertar de su intelecto, demostrado por su hambre de saber y sus incipientes capacidades de razonamiento y lógica. Todos los días el mundo a su alrededor le presenta innumerables interrogantes. Sus preocupaciones son múltiples y giran alrededor de las presiones que siente de su hogar, de sus compañeros y amistades, de sus estudios en el colegio, de su participación en los deportes y de lo que ve en la televisión. El niño de esta edad es sumamente sensible a las muestras de justicia o injusticia que recibe en el trato con sus padres, maestros u otro adulto. Se preocupa por los grandes interrogantes que le plantean el crimen, el sexo, la droga, las guerras y la lucha por la paz mundial.

El niño latinoamericano vive también otras tensiones. El deterioro en la economía en los países del hemisferio ha producido tremenda tensión en el núcleo familiar. Cada vez más los niños vuelven de la escuela a una casa vacía porque “mamá trabaja”. Otros se encierran en sus angustias particulares al vivir las incertidumbres causadas por la falta de dinero. Muchos conocen lo que es el hambre crónico. Las crisis causadas por estas realidades muchas veces estallan con violencia en el hogar y el niño, a menudo, se ve como el objeto del abuso verbal, físico y sexual. El niño ya no se siente protegido porque en alguna medida él recibe la descarga de todas estas tensiones vividas por los adultos.

Además, la desintegración del hogar causado por el abandono, la separación y el divorcio trae increíble dolor a la vida del niño. Igualmente, ese dolor es sentido por el niño que viene de un hogar donde él es un hijo de crianza o hijo de madre soltera. Niños que viven estas realidades se sienten indefensos, desprotegidos y vulnerables y casi siempre viven con una angustia apenas disimulada por otros males que les pueden llegar.

Una vez escuché decir a una maestra: “Yo quisiera tener alguna vez una clase de niños normales.” ¿Qué maestro alguna vez no ha tenido ese pensamiento? Pero, ¿qué es normal? Supongo que todos quisiéramos creer que una familia “normal” sería aquella donde el padre tiene un trabajo estable y bien pago, donde hay evidencias de amor entre los padres y los hijos, donde el trato mutuo entre padres e hijos es respetuoso y consistente y donde, como consecuencia, el niño da muestras de ser una persona contenta, segura y confiada. Gracias a Dios, hay niños así en nuestras iglesias pero han llegado a ser casi la excepción.

Sobre la base de mi experiencia, es mi convicción de que hoy el entorno que rodea al niño contiene uno o más elementos de tensión. El niño escolar que entra en una clase los domingos para “aprender de la Palabra de Dios” trae consigo todos las tensiones que son propias de su hogar y de su mundo. Él necesita recibir una enseñanza que admita y trate estas realidades. Aunque no lo dice, él busca a alguien que pueda amarlo sin condiciones y escucharlo sin reservas. Necesita soluciones basadas en la certeza de la Palabra de Dios, consuelo que la fe en Dios puede darle y las fuerzas que la oración le puede proveer.

Consciente de esta realidad, junto con mis colaboradores hemos tratado de estructurar lecciones que enfocan la problemática del niño a través de las verdades bíblicas y que, aplicadas correctamente, pueden transformar su vivencia. El niño escolar tiene una inmensa capacidad de pensar, aprender y memorizar, pero necesita sentirse protagonista en el proceso de su aprendizaje. Por eso en las lecciones se da prioridad a las actividades de aprendizaje donde el niño puede analizar, discutir, sugerir y dramatizar; actividades donde él es un participante activo en el proceso de descubrir las verdades de la Palabra de Dios que afectan su vida.

¿Cuáles son los elementos que componen las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA? Miremos cada uno por separado.

Notas al maestro

Para la preparación básica del maestro hemos provisto un recurso al comienzo de cada manual que se llama Notas al Maestro. Esta sección tiene como finalidad proveer un contexto histórico y cultural del período bíblico que abarcan las lecciones de la unidad. A veces hay un bosquejo que ayuda a tener una vista panorámica de los incidentes que aparecen en las lecciones. También hay mapas y diagramas para que el maestro adquiera un concepto de la geografía o del orden cronológico de los eventos.

Muchos maestros no tienen recursos propios para ampliar su estudio de la Palabra de Dios. Estos apuntes se han escrito como un intento de suplir, en una pequeña medida, esta necesidad. Sus autores son personas con estudios teológicos que ejercen su ministerio como pastores o profesores de teología. Han escrito estas notas con la esperanza de que por medio de ellas toda persona que use estos materiales ha de verse enriquecida en su vida personal y en su tarea como maestro de escuela dominical.

El maestro debe entender que la información contenida en estas notas no debe ser enseñada a la clase de niños ni incorporada como parte de las lecciones. Sirven esencialmente para capacitar mejor al maestro y darle un conocimiento más cabal del material que está enseñando.

¿Por qué son importantes? A veces el maestro es una persona que hace poco ha comenzado su vida en el Señor y su conocimiento de la Biblia es limitado. O posiblemente es una persona que nunca ha tenido la oportunidad de realizar un estudio sistemático de la Biblia. Esto hace que su comprensión de la totalidad de la revelación de Dios en la Biblia sea sumamente limitada y que, a su vez, sus conceptos acerca del accionar de Dios con relación al hombre estén condicionados a sus escasas experiencias espirituales. También es probable que el maestro que es nuevo en la fe todavía guarda en su mente conceptos distorsionados recogidos por experiencias religiosas antes de convertirse. Estos conceptos se transmiten a los niños en forma inconsciente durante las clases y pueden establecer bases erróneas que afectarán la vida cristiana del individuo en su niñez y quizás durante toda su vida. Como ejemplo, basta con citar apenas dos creencias: el tema de la confesión de los pecados y el ganar mérito ante Dios por las buenas obras. Si uno ha tenido un trasfondo religioso católico romano, ambos de estos temas deben ser reacomodados a la luz de la Palabra de Dios.

Otra razón por la importancia de estas notas es porque ayudan al maestro a madurar en su vida espiritual. En muchas iglesias, lamentablemente, se usan adolescentes para la enseñanza de los niños. Generalmente, estos jóvenes no tienen madurez personal ni una definición propia como para hacerle justicia a su tarea. Las notas de alguna forma pueden ayudar en el proceso de crecimiento espiritual. Las actitudes de Jesús hacia los niños nos obligan a asumir la tarea de la enseñanza a los niños con toda seriedad y preocuparnos siempre para lograr un amplio conocimiento personal de las Escrituras.

La preparación personal

Como primer paso en la preparación para enseñar una clase, el maestro debe entregar su vida al Señor mediante la oración. Debe orar pidiendo que el Espíritu Santo haga de él un instrumento limpio y digno de transmitir la Palabra de Dios a los niños. A la vez, debe orar por su clase, nombrando individualmente a cada niño y pidiendo que el Señor le ilumine para discernir cuáles son las necesidades espirituales de cada uno. En su oración pide que el Espíritu Santo le haga entender correctamente la lección y aplicarla primero a su propia vida.

Después de orar, el maestro debe leer cuidadosamente el pasaje cuya cita se da al comienzo de la lección donde dice Base Bíblica. Esta porción bíblica es el fundamento de la lección. Pero no se debe leer el pasaje bíblico a los niños en la clase. La razón de esto es que ellos recibirán el contenido y la enseñanza de esa porción bíblica a través de los diferentes elementos de la lección que han sido cuidadosamente preparados para su edad.

Después de haber leído el pasaje bíblico que corresponde, el próximo paso es leer la lección en su totalidad que se encuentra en el manual. Esta primera lectura debe hacerse en forma rápida, sin detenerse en las partes de la lección, para tener una comprensión cabal de lo que se quiere lograr en cuanto a la enseñanza.

Los objetivos

La primera cosa que se define en cada lección son los objetivos. Éstos se definen por tres niveles: lo que el niño debe entender, lo que el niño debe sentir, lo que el niño debe hacer. Son de especial importancia porque establecen la importancia de todas las actividades que forman parte de la lección. Uno de los errores más frecuentes que se comete en la enseñanza bíblica es el de dar importancia únicamente al primer nivel de los objetivos, es decir, la enseñanza de la Biblia como información, enfatizando los datos y hechos históricos, sin que esa información tenga relevancia para la vida de los alumnos. Formamos como si fueran “cabezones bíblicos”, personas con mucha información pero poca habilidad de ponerlo en práctica. ¿Será ésta la causa de que en las iglesias haya tantas personas que habría que calificarlas como “cristianos inmaduros”, sin un compromiso coherente o profundidad espiritual?

Los materiales VIVIR LA BIBLIA están diseñados con la finalidad de ayudar al maestro a llevar la enseñanza bíblica a la vida diaria de sus alumnos, ayudándoles a lograr cambios en sus actitudes y conductas. Por supuesto, los cambios que se quieren lograr en la vida del alumno no son obra del maestro ni el resultado automático de las lecciones. El único que puede transformar la vida en forma profunda y duradera es el Espíritu Santo. El maestro que desarrolla correctamente el proceso de la enseñanza bíblica con su clase está abriendo el camino para que el Espíritu obre, nada más. Las partes de la lección que están estructuradas especialmente para facilitar esos cambios son las que se denominan Transferencia a la Vida (Aplicación) y Momento de Compromiso (Conclusión).

La incentivación

Esta parte inicial de la clase tiene como finalidad despertar el interés del alumno en el tema de la lección y la relación del tema con su propia vida. El maestro debe asegurarse que entiende bien cómo llevar a cabo las actividades sugeridas para captar el interés de sus alumnos. Es probable que sea necesario hacer algunas adaptaciones de las actividades pensando en el medio ambiente cultural de su clase y las experiencias vividas por sus alumnos. Me refiero, por ejemplo, a las diferencias que existen en una clase de niños de la ciudad y una clase de niños que viven en el campo. Cuanto más conocimiento tenga el maestro de la vida de sus alumnos, más eficaz será su enseñanza. Las preguntas que se utilizan en esta parte de la lección son especialmente importantes porque ayudan a los alumnos a pensar en sus propias necesidades, que luego serán respondidas por el contenido de la lección. Conviene que el maestro memorice estas preguntas.

Otra parte importante de esta sección es la frase de transición que se utiliza para pasar de la incentivación a la Historia bíblica. Esta frase de transición (que aparece al final de la incentivación y que se introduce con la palabra “decir”) es el puente que abre la mente del alumno al aprendizaje que se encuentra en la historia bíblica. También es necesario que el maestro aprenda esta frase de memoria para asegurar que se pase de esta actividad a la próxima con toda naturalidad.

La historia bíblica

Cada lección incluye una narración de los incidentes bíblicos seleccionados para esa clase. La historia bíblica está escrita en la forma en que el maestro la debe narrar, puesto que los autores han seleccionado los datos pertinentes y eliminado los que no lo son. Cada narración está elaborada para resaltar el objetivo de la lección. Por eso, el maestro debe cuidarse en no agregar otros detalles. Tampoco, el maestro no debe leer la historia bíblica del manual a la clase. Debe estar tan bien compenetrado del contenido de manera que lo pueda narrar casi de memoria, mirando a los ojos de los niños. Debe fijarse especialmente en las instrucciones que indican cuándo se muestran y cuándo se quitan las láminas y figuras durante el desarrollo de la historia.

El maestro debe recordar que su propósito en la narración de la historia bíblica no es el de entretener a los niños. Desde luego, si la historia está bien narrada, ellos estarán atentos e interesados. Pero la meta final de la historia bíblica es impartir a los niños verdades de eterno significado. Dada la importancia de la historia bíblica, es aconsejable que el maestro se capacite en las técnicas de la narración, utilizando la imaginación, el drama y el suspenso, elementos que son esenciales en comunicar eficazmente cualquier anécdota de la vida real. Éstos son:

La expresión del rostro

Es obvio que la cara del maestro debe reflejar lo que está narrando. Si el relato comienza con un incidente o emoción triste, el rostro del maestro debe expresar tristeza. Si los personajes tienen miedo o están cansados o enojados, el rostro debe expresar esas actitudes. La cara es un poderoso instrumento para reforzar la narración, especialmente para con los niños, porque puede transmitir la realidad del sentimiento con más fuerza que las palabras. Pero ¡cuidado! Hay algo que el maestro NO debe mostrar con su cara: disgusto con algún alumno revoltoso o rechazo por uno antipático. El maestro no debe demostrar su cansancio o desánimo. Las emociones reflejadas por el maestro tienen un efecto inmediato sobre los niños.

Los gestos

Toda persona utiliza ciertos gestos habituales cuando conversa con otros. Pero no toda persona se siente cómoda ante la necesidad de usar gestos para relatar una historia. Quizás esto se deba a que en alguna ocasión hemos tenido que aprender ciertos gestos en relación con una declamación formal donde los gestos parecían exagerados. Para darle vida a un relato, se tienen que usar gestos, pero éstos deben ser naturales y sueltos. Es decir, el gesto tiene que corresponder con la acción que se relata.

El buen narrador es la persona que sabe “meterse en los zapatos” del personaje, es decir, imaginar lo que el personaje está sintiendo y expresar lo que es la probable reacción o acción corporal. Todos tenemos emociones comunes: el miedo, el susto, la preocupación, el enojo, la vergüenza, la felicidad. Y todas estas emociones son, y pueden ser, expresadas con gestos espontáneos y naturales.

Cambios en el tono de voz

El uso correcto de la voz es otro elemento que crea interés en la narración. Por medio de las variaciones en la voz los alumnos perciben las emociones y vivencias de los diferentes personajes. Por ejemplo, se susurra para crear suspenso; se habla fuerte para expresar autoridad; bajito y pausado para expresar timidez; lento para expresar cansancio, triste para expresar pena. Estos cambios de voz no son difíciles y con un poco de práctica el maestro podrá enriquecer la narración en forma significativa.

El ritmo de la narración

El hecho de acelerar o disminuir el ritmo de la narración se llama “marcar el paso” y es otro elemento utilizado para crear interés. Hay varias formas de marcar el paso: utilizando pausas para dar mayor énfasis; silencios para crear suspenso; hablando en forma pausada para denotar tristeza o cansancio; hablando rápido para mostrar sorpresa o felicidad. Estos cambios introducen el elemento dramático en la más sencilla historia y deben ser utilizados en toda narración.

La imaginación

Aunque el uso de la imaginación es un elemento positivo para agregar vitalidad y emoción a la historia, en el caso de las historias bíblicas hay que tener cautela para no agregar detalles que pudieran distorsionar la verdad. Es cierto que la Biblia no nos da muchos detalles que quisiéramos saber. Pero eso no nos da libertad para inventar y agregar detalles a nuestro antojo. Una regla básica es que todo detalle imaginario debe ajustarse a las realidades histórico-culturales de los tiempos bíblicos. Por ejemplo, el alumno debe entender que Abraham viajaba en una caravana de camellos y no en un tren. El maestro de la Biblia está restringido por los límites que imponen los personajes y los acontecimientos en el relato. En otras palabras, hay que tener cuidado de no inventar personajes que no estén en el relato bíblico. No obstante, sí podemos usar la imaginación para darle vida a las emociones y expresar actitudes que serían lógicas dentro del contexto del incidente vivido. El narrador se “pone los zapatos” del personaje y le da emoción a lo que dice y hace.

La conversación dramatizada

Este elemento puede transformar un relato aburrido en uno que tiene emoción y vida. El maestro trata de decir las palabras que probablemente hubiera expresado el personaje, utilizando el tono de voz adecuado y la correcta expresión en el rostro. Por ejemplo, en lugar de decir: “Dios dijo que Abraham tendría que salir de su país para ir a otro que él le mostraría”, el maestro cuenta el incidente como una conversación dramatizada:

—¡Abraham! —dijo Dios—. Quiero que prepares todas tus cosas para viajar.

—¿Cómo? —preguntó Abraham—. ¿Adónde debo ir, Señor?

—A un lugar que yo te mostraré —respondió Dios.

Con cara preocupada Abraham se fue a su casa. Al entrar por la puerta, llamó:

—Sara —le dijo a la esposa—, tenemos que preparar todas nuestras cosas para salir de viaje.

—¿Qué? —respondió Sara sorprendida—. ¿Adónde vamos a ir?

—Eso no lo sé —respondió Abraham.

—¡No te entiendo! —exclamó Sara—. Si me dices que tenemos que viajar, supongo que debes saber adónde vamos a ir, ¿verdad?

—Bueno —respondió Abraham inseguro—, esta vez no sé adónde tenemos que viajar, pero Dios me ha dicho que él nos mostrará el lugar cuando fuere necesario.

Es evidente que, al emplear este elemento de conversación dramatizada, el maestro tiene que usar su imaginación para atribuirles palabras y actitudes a los personajes. En este sentido, como se ha dicho arriba, hay que tener cuidado de no expresar actitudes y reacciones que no estén implícitas en el pasaje. Por ejemplo, hay una diferencia importante entre decir que Abraham estaba preocupado por las instrucciones que Dios le había dado, y decir que por eso estaba enojado con Dios. En la primera instancia el maestro está agregando el elemento natural (preocupación por lo desconocido), que es probable y lógico. Pero en el segundo caso (una reacción de enojo) el maestro estaría agregando algo que la Biblia no dice y dando por ello una interpretación errónea.

Las ayudas visuales

Las láminas y figuras provistas en estos materiales pueden servir de ayuda o pueden ser un estorbo. ¿Por qué digo esto? Uno pensaría que las láminas siempre van a ser un elemento positivo para reforzar la narración. Pero las láminas pueden ser un estorbo en este sentido: el fluir de la narración es el aspecto más importante de la historia bíblica. Pero a veces la narración se interrumpe mientras el maestro, por no tener todo en orden, busca una lámina o figura. En otros casos el maestro tiene una lámina en una mano y la mueve de un lado para otro, como si fuera un abanico, y con la otra mano hace diversos gestos. En estos casos las ayudas visuales se transforman en un estorbo, porque los niños se distraen.

La solución para este problema es tener un lugar donde apoyar las láminas. Este puede ser un tablero o un pizarrón plegado que esté a la altura de los ojos de los niños, por lo general sobre una mesa baja. Entonces el maestro fácilmente coloca y saca las láminas del pizarrón plegado en su secuencia correcta en la historia, sin interrumpir la narración. Esto deja sus manos libres y fija la atención de los niños en un solo lugar.

¡Practicar, practicar y practicar!

El maestro con verdadera vocación dedicará tiempo a perfeccionarse en el método narrativo para que su enseñanza cree interés en sus alumnos. Esto se hace leyendo la historia bíblica varias veces antes de la clase. Conviene que el maestro haga sus propias anotaciones en un papelito aparte, para recordar los detalles importantes en su orden correcto. No está mal ensayar la narración en voz alta con alguien o a solas, a veces frente a un espejo, antes de ir a la clase. Esto demanda trabajo y tiempo, pero no hay otro camino fácil para lograr destreza en el arte de narrar.

Quiero insistir sobre algo. Siempre hay que guardarse de la tentación, lamentablemente bastante común, de leer el relato del manual. Si el maestro cae en este hábito, perderá contacto visual con los alumnos y le quitará el elemento de drama de la historia. El resultado será que enseguida logrará aburrir a los niños.

La transmisión de un concepto de Dios

Es necesario señalar que, además de los objetivos delineados para la lección, el maestro está enseñando otro elemento no especificado. Está transmitiendo al niño en forma indirecta, aunque quizás sin darse cuenta, su concepto de Dios. Lamentablemente, la mayoría de las personas tienen conceptos distorsionados en cuanto a Dios y su obrar con el hombre. Hemos encasillado a Dios dentro de las limitaciones de nuestro modo de pensar y reaccionar ante las experiencias que hemos vivido en el contexto religioso. Si esas experiencias religiosas han sido negativas, frecuentemente llevamos arraigado un resentimiento contra ciertas doctrinas, o contra cierta iglesia o contra algún siervo de Dios. Esta cortina de resentimiento distorsiona nuestro concepto de Dios. De la misma forma, por no tener una amplia comprensión teológica del obrar de Dios entre su pueblo, caemos en el error de interpretar a Dios según nuestro estado anímico o las experiencias vividas la semana pasada. A lo mejor, el Dios que “manejamos” es un Dios que se complace o se enoja según nuestra conducta o según el cumplimiento de ciertos ritos y obligaciones impuestos por la iglesia.

Un ejemplo nos puede ayudar a captar esta realidad. Un maestro contó a su clase la historia de Job. El objetivo de esa lección, de acuerdo con los materiales que usaba, era mostrar que, a pesar de su sufrimiento, Job aprendió que nada podía separarlo del amor de Dios. Sin embargo, por ciertas experiencias de sufrimiento propio en su pasado, el maestro dejó bien en claro en su lección que Dios hace sufrir a sus hijos, no sólo una vez sino muchas veces. Sus resentimientos no resueltos, que venían de una niñez llena de abuso físico de parte de su padre, condicionaban negativamente su enfoque en cuanto al sufrimiento. Para él, dada su historia personal y su falta de madurez espiritual, Dios era un Dios castigador.

Tristemente, una presentación así puede causar mucho daño en el desarrollo espiritual de un niño. Como él no tiene experiencia ni vocabulario para hacer preguntas ni mucho menos para plantear grandes interrogantes teológicos, las ideas sembradas en su mente en esta etapa crucial de su desarrollo espiritual afectarán en el futuro su modo de pensar acerca de Dios. Por eso, no se puede enfatizar demasiado la enorme responsabilidad que tiene el maestro cuando está interpretando y enseñando la Palabra de Dios a los niños. Cae sobre él la responsabilidad de ser sumamente claro y sencillo en sus presentaciones, cuidando de transmitir verdades bíblicas acerca de Dios y no opiniones personales. Esto obliga al maestro a examinar cuidadosamente su propia vida, admitiendo y examinando actitudes arraigadas que pueden afectar su vida espiritual. Debe reconocerlas, confesarlas y experimentar la transformación que obra el Espíritu Santo en los hijos de Dios: “…cambien su forma de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2, VP). Ese proceso continuo es nuestra única seguridad contra el error.

La transferencia a la vida

En los materiales de VIVIR LA BIBLIA, la parte de la lección que se llama La transferencia a la vida, tiene una importancia fundamental. El nombre que le damos a esta parte de la lección refleja esto. Las actividades delineadas en esta sección son las que trasforman los objetivos originales de enseñanza en pasos concretos de aplicación a la vida. Las actividades han sido elegidas y planificadas con cuidado para hacer fácil la transferencia de la enseñanza a la realidad de la vida del niño. Con la finalidad de que el alumno participe plenamente en este aspecto del aprendizaje, se proveen elementos visuales como figuras y láminas, se hacen dramatizaciones con títeres, rol-plays, estudios de casos, trabajos en grupos y juegos diversos.

Es importante reconocer que este proceso ha de lograrse mejor cuando el maestro se haya esforzado por conocer la vida cotidiana de sus alumnos. Con esa información podrá adaptar las actividades sugeridas en la lección a la realidad de sus alumnos o podrá agregar otras que se apliquen más directamente a su situación. Es bueno recordar que estas actividades de aplicación, aunque estén diseñadas para niños, deben ser procesadas primeramente en la vida del maestro antes de que los utilicen con los niños. Podemos llamar este proceso “auto-aplicación” de la verdad.

Igualmente es necesario señalar que la meta del maestro para esta parte de la lección es obtener la máxima participación de todos sus alumnos. La mayoría de los niños tiene una capacidad especial de cerrar sus oídos a cualquier consejo que suena a ser una predicación, un discurso o una moraleja. Por eso el maestro debe “escucharse” continuamente para ver si está predicando (“ustedes tienen que…”, hábito muy común en maestros y predicadores) o si está realmente guiando a los niños a descubrir por sus propios medios la relación entre las verdades bíblicas y sus propias vidas. Una buena pregunta de evaluación para el maestro es ésta: ¿tuve que decirles lo que Dios quiere que hagan o ellos mismos lo descubrieron?

La conclusión

La conclusión es la parte de la lección donde se busca el compromiso personal del niño ante Dios. Esto se hace por medio de la reflexión personal y la oración. Es aquí cuando el alumno puede reconocer nuevamente que Dios, y no el maestro, es el autor de las enseñanzas que acaba de recibir. Recordemos que desde temprana edad el niño aprende que los adultos son personas que saben todas las cosas y que su deber es aprender de ellos. El peligro que esta actitud puede crear en una clase de enseñanza bíblica es que el niño se sienta motivado a responder solamente por obedecer al maestro. Esto es especialmente cierto en la iglesia, ya que muchas de las enseñanzas recibidas tienen que ver con conductas. Es muy fácil, entonces, que el niño mida su obediencia en términos de lo que le pidan sus padres o sus maestros. Por eso, en el tiempo de compromiso es muy importante hacer entender al niño que él está respondiendo a Dios únicamente y no a la voluntad de su maestro.

El compromiso se hace por medio de la oración. El hecho de terminar la clase en oración ayuda al niño a formar el hábito de depender de Dios para lograr los cambios deseados en su vida. El maestro debe utilizar este momento en la clase para orientar y animar al niño a expresar con sus palabras lo que desea de Dios, es decir, aprender a usar palabras y frases propias en sus oraciones. Esta expresión individual es una tarea difícil, porque los niños tienden a orar imitando frases que han escuchado en las oraciones de los adultos, sea en la iglesia o en el hogar. Lo hacen sin entender ni siquiera el significado de las palabras. Un niño oró fervientemente: “Te suplicamos, oh Cordero de Dios, que cubras nuestras transgresiones con tu sangre.” Luego miró a la maestra y con orgullo dijo: “Mi padre ora así.” Es evidente que esa frase, y otras aprendidas de los adultos, no son expresiones genuinas de un niño. El maestro tiene la importante tarea de guiar a los niños a expresar en sus oraciones lo que realmente sienten, utilizando palabras sencillas y acordes con sus experiencias.

En la mayoría de los casos las lecciones traen una sugerencia específica en cuanto a la forma de oración que se debe utilizar para concluir la lección. No obstante, aquí señalo algunas formas de oración que el maestro puede usar.

La oración silenciosa

El maestro dice a los niños el motivo por el cual deben orar y ellos lo expresan a Dios en silencio. Ejemplo: “Ahora vamos a pedirle ayuda al Señor para alguna tarea difícil que tengamos que cumplir esta semana. Cada uno piense en una tarea difícil que le va a tocar. Vamos a orar en silencio y sólo Dios nos escuchará.” Después de un tiempo breve, el maestro ora diciendo: “Gracias por escuchar nuestras oraciones, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.” Para ayudar a los niños a definir el elemento que van a pedirle a Dios en oración, se puede tomar unos minutos antes de orar para que cada alumno diga la tarea difícil que le toca hacer y por la cual necesita la ayuda de Dios.

La oración guiada

El maestro explica que van a orar todos juntos repitiendo las frases que él dice primero. Ejemplo: “Vamos a orar y ustedes van a repetir las frases que yo digo. Querido Dios… te pido ayuda… para ser honesto en la escuela esta semana… “, etcétera.

La oración cantada

El maestro explica que van a orar pero que la oración será una canción. Hay canciones que se prestan especialmente para esto. Algunos ejemplos: “Enséñame a hacer tu voluntad”, “Mi corazón, oh examina hoy”, “Padre, te adoro”, “Con mis labios y mi vida”, etcétera. También se pueden usar las canciones que acompañan la serie de lecciones.

La oración memorizada

La clase aprende algún versículo bíblico que es a la vez una oración, y lo repiten al unísono en actitud de oración. También el maestro puede escribir de antemano una breve oración y hacer que los alumnos la aprendan para luego repetirla juntos. Este método es especialmente útil con un grupo de niños nuevos que no tienen la costumbre de orar. A veces es útil tener una breve oración modelo que se repite en todas las clases.

La oración susurrada

Los alumnos y el maestro oran juntos pero cada uno expresa sus palabras en voz baja. A veces es conveniente arrodillarse para lograr una participación más concentrada. El maestro puede terminar el tiempo de oración con una oración en voz alta. Ejemplo: “Gracias, Señor, porque siempre nos escuchas cuando venimos a ti en oración. En el nombre de Jesús. Amén.”

La oración en grupos

Esta forma de oración se presta especialmente para ocasiones cuando los niños han compartido varias peticiones. Los niños se forman en grupos de dos o tres y oran el uno por el otro o cada grupito ora por una de las peticiones.

La oración conversacional

Este tipo de oración requiere algo de práctica pero puede ser sumamente eficaz. El maestro explica que juntos van a conversar con Dios en oración. Les recuerda que Dios está en medio de ellos y que pueden expresar lo que sienten sin usar frases especiales. Explica que deben ser frases breves y que no hace falta decir “Padre celestial” o terminar diciendo “en el nombre de Jesús. Amén”. En las primeras experiencias con este tipo de oración conviene usar una frase incompleta que los niños van terminando en su oración: “Te amo porque…”, “Hoy quiero darte gracias por…”, “Gracias por ayudarme con…” Explicarles que pueden volver a decir una frase una o varias veces, según como sientan hacerlo. Si esta forma de oración no resulta la primera vez, no hay que desanimarse. Es una de las mejores formas de hacer que la oración sea espontánea.

No quisiéramos dejar la consideración del momento de compromiso sin recordarle al maestro que él es meramente el instrumento a través del cual el Espíritu Santo puede traer bendición a la vida del niño. Esta bendición será proporcional al hecho que la vida del maestro esté en correcta relación con Dios.

La memorización de los textos bíblicos

Todas las lecciones de los materiales VIVIR LA BIBLIA incluyen un texto para memorizar. En las lecciones para niños de siete a once años a veces se incluye un pasaje “lema” de varios versículos que encierran la enseñanza principal de toda la serie. El maestro notará que todos los versículos han sido tomados de la Versión Popular de la Biblia (identificados como DHH, Dios Habla Hoy) o de la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual (identificados como BLA). La razón para esto es que estas versiones son más claras para el entendimiento del niño. Considero que la memorización de la Biblia es un elemento indispensable para el desarrollo espiritual del niño. La finalidad no es hacer una competencia en cuanto a las habilidades de los niños, ni tampoco es buscar la aprobación de los adultos. Este ejercicio sirve para proveerle al niño un tesoro de promesas y mandatos expresados por Dios mismo, que tendrán incalculable valor en su crecimiento espiritual actual y en su vida futura. Para lograr esto, es imprescindible que el niño comprenda lo que está memorizando.

Hay diferencias entre los niños en cuanto a la capacidad para la memorización. Generalmente, los de nueve a once años tienen mucha facilidad para ello; los de seis a ocho años tienen menos. En los casos donde hay un pasaje lema, sugerimos que se use con los niños de nueve a once años, pero esto queda al criterio del maestro ya que siempre hay niños más pequeños que lo pueden hacer. Para llevar a cabo la memorización de textos bíblicos en una manera eficiente, es necesario reconocer ciertas características de los niños.

El niño memoriza con facilidad cosas que no entiende en absoluto

El maestro debe recordar que el simple hecho de que un niño repita una frase no significa necesariamente que lo comprenda. Él puede memorizar una frase en chino si se la enseña. Repetir frases como un loro no significa que el niño entiende lo que está diciendo. No hay nada mágico en los versículos bíblicos que se memorizan como para creer que automáticamente tengan significado para el niño. Es por eso que no siempre el texto para memorizar contiene todas las palabras del versículo. Se han seleccionado las frases bíblicas que tengan relación directa y clara con la enseñanza de la lección.

El niño tendrá mayor grado de comprensión si el texto es enseñado mostrando el significado que tiene para él

Hay muchas maneras de lograr esto. Una forma es señalar cómo el texto es parte de las palabras dichas por Dios en la historia bíblica. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Génesis 17:1, el maestro puede decir algo así durante la narración bíblica:

“Dios habló con Abraham y le dijo: —Abram, te voy a bendecir grandemente. Tendrás un hijo y tus descendientes serán muchísimos. Porque yo soy el Dios todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto.”

Otra forma es usar el texto como uno de los momentos de la adoración, con los niños repitiendo la frase al unísono. Por ejemplo, el texto a enseñar es Salmo 104:24. El maestro tiene en sus manos láminas de diferentes aspectos de la creación y dice:

“Vamos a mirar esta láminas y quiero que ustedes me digan qué cosas ha creado Dios en cada una de ellas (permitir que los niños comenten). Ahora vamos a repetir todos juntos estas palabras de la Biblia: ¡Cuántas cosas has hecho, Señor! Todas las hiciste con sabiduría.”

También el texto se puede presentar en forma personalizada. Cada niño piensa en algo propio que puede agregar en el lugar indicado en el texto. Por ejemplo, si el texto a enseñar es Romanos 8:38, 39, el maestro dice:

“Vamos a repetir el texto, pero cada niño va a agregar una frase que representa algo personal. Estoy convencido de que nada  (ni que me haya salida mal la prueba de matemática) me puede separar del amor de Dios.”

El niño memoriza mejor cuando hay un ambiente ameno para hacerlo

El maestro quiere que el niño perciba en este aprendizaje el gozo y el privilegio que es suyo al memorizar la Palabra de Dios. Este ejercicio, entonces, es muy diferente a las tareas que se dan en el colegio de memorizar datos de una lección de geografía o historia. La memorización de la Biblia tiene una motivación más elevada. Las lecciones VLB sugieren métodos específicos para lograr que la memorización del texto sea amena y alegre.

El niño memoriza con facilidad, pero no lo retiene a menos que haya mucho repaso

Esta característica es normal en el niño y hace necesario repasar constantemente lo que haya sido memorizado antes. Cuando se hace el repaso en forma sistemática a través de muchas semanas, el niño ha de retener lo memorizado por un tiempo casi ilimitado. De allí la importancia de repasar y repasar y seguir repasando.

Las lecciones de repaso

Las series para escolares de VIVIR LA BIBLIA incluyen una o dos lecciones de repaso por unidad. Estas lecciones, que cubren el repaso de las lecciones de la serie y de los textos que han sido memorizados con relación a estas lecciones, se han estructurado sobre la base de juegos, trabajos artísticos y actividades dramáticas. Estas lecciones son distintas a todas las demás porque proveen actividades en las cuales el niño se divierte mientras repasa los elementos de las lecciones. No se puede enfatizar demasiado la importancia de estas dos lecciones. El niño escolar es muy apto para aprender, pero también es propenso a olvidar lo estudiado. Hacen falta muchas actividades de repaso para que los conceptos adquiridos queden grabados en su mente.

En estas lecciones hay instrucciones especiales para el maestro de niños de seis a ocho años. Esto se debe a que su capacidad para memorizar y su desarrollo intelectual no es tan avanzado como los niños mayores. Eso lo limita en lo que pueda aprender. El niño de seis a ocho años no captará, por ejemplo, la cronología de las lecciones ni los elementos histórico-culturales que pueden interesar a los niños más grandes. Los trabajos con mapas les serán difíciles. No tendrá el mismo interés en las competencias, el puntaje y los premios que les encantan a los niños de nueve a once. Se podrá observar, entonces, que las actividades para los más pequeños se basan en juegos mientras que para los más grandes se basan en competencias. El maestro debe ser consciente de estas diferencias, especialmente si tiene niños de ambas edades en una sola clase. Si sigue las indicaciones, podrá resolver este problema.

En los domingos en que corresponde la lección de repaso, el aula debe tener un ambiente diferente, casi de fiesta. El maestro puede llevar algo para tomar y una torta o masas para compartir. De este modo los niños tendrán gratos recuerdos de esas clases.

La manualidad

Las manualidades hacen posible que el niño tome parte activa en el aprendizaje bíblico, trabajando con sus manos para crear algo. A veces la manualidad tiene una relación estrecha con la aplicación de la lección. Otras veces tendrá más relación con la historia bíblica. En algunos casos es un trabajo relacionado con el texto para memorizar. En cualquiera de estas tres opciones, la manualidad tiene como finalidad profundizar las lecciones espirituales que se han enseñado.

Como en las otras partes de la lección, la relación de la enseñanza con la actividad tiene que ser hecha por el maestro. El niño no hará esa relación por sí mismo. El maestro tendrá que dar una explicación clara sobre esa relación, haciendo el puente entre las dos cosas. Aún más, el maestro no debería ni siquiera repartir las hojas de la manualidad a los alumnos hasta no crear primero en ellos cierta expectativa en cuanto al trabajo que van a hacer. Siguen algunos ejemplos de cómo el maestro puede hacer este puente entre la lección y la manualidad:

Ejemplo 1: Decir: “El trabajo que vamos a hacer hoy nos ayudará a entender mejor la maravillosa variedad en la creación de Dios. Mientras están haciendo el trabajo, vamos a pensar juntos en todas las distintas clases de árboles, flores y plantas que conocemos. A ver, ¿quién me puede nombrar una?” Mientras los alumnos trabajan, pueden compartir algo de lo que saben sobre distintos elementos de la naturaleza y también aprender algo más.

Ejemplo 2: Decir: “Al terminar de hacer el trabajo de hoy, cada uno de nosotros tendremos un recuerdo de cómo Dios provee para nosotros en darnos padres y hermanos que forman nuestras familias. Vamos a estar hablando sobre familias que conocemos que son diferentes al ideal que Dios planeó para todos pero que también tiene su ayuda para vivir en amor y armonía. Podemos pensar también en los cambios que nos gustaría ver en nuestras propias familias.” De esta forma el maestro estimula a los niños a hablar de sus situaciones en familia y las de vecinos o amigos.

Ejemplo 3: Decir: “El trabajo que haremos hoy es para ayudarnos a no olvidar los problemas que puede traer el pecado del orgullo. Quiero que ustedes piensen en personas que conocen que son orgullosas y por qué les molesta su conducta y sus actitudes. También podemos pensar en las cosas que hace una persona orgullosa. Esto nos ayudará a saber si nosotros somos orgullosos o no, y si lo somos, pedirle perdón a Dios.” De esta manera se utiliza el tiempo de la manualidad para que los niños piensen y reaccionen ante el orgullo de otros o del suyo propio.

Estos ejemplos ilustran cómo el maestro puede crear un vínculo entre la lección y la manualidad, dándole un significado espiritual y ayudando a que no sea meramente un trabajo para llenar la hora. El maestro debe aprovechar el tiempo de la manualidad para dialogar con los niños mientras ejecutan sus trabajos.

Copias de la manualidad

En el Suplemento de Ayudas Visuales hay un solo ejemplar de la hoja de la manualidad. El maestro debe hacer las fotocopias necesarias de antemano, según el tamaño de su clase. ¡Ojo! Debe hacer una copia de más para usarla de muestra. Además, recuerde guardar el original en el archivo para usarlo nuevamente en el futuro.

Tiempo proporcionado

Es necesario recordar que la manualidad es solamente una parte de la enseñanza. El entusiasmo de los niños cuando se acostumbran a hacer los trabajos manuales creará una tentación de parte del maestro de acortar las otras partes de la lección para dedicar más tiempo a la manualidad. ¡Esto nunca se debe hacer! Es mejor que el niño lleve su trabajo a casa sin terminarlo y no que el maestro pase por alto la aplicación o la conclusión de la lección.

Preparación de la muestra

Es absolutamente imprescindible que el maestro haga una muestra de la manualidad antes de llegar a la clase. Para este fin, usará una hoja de las fotocopias hechas para la clase. Los trabajos no son complicados, pero los niños seguirán mejor las instrucciones si ven una muestra ya terminada. Es preferible que la muestra no esté coloreada, ya que la tentación del niño es hacer exactamente lo que hizo el maestro. Al armar la muestra, el maestro sabrá de antemano cuáles son los elementos que hacen falta para la realización de la manualidad y no pasará un mal momento delante de su clase por no haberse preparado adecuadamente.

Para que los niños disfruten plenamente de estos trabajos, es necesario que la clase disponga de una mesa, lápices de color, marcadores, crayones de cera, cola vinílica y tijeras suficientes para cada niño. En ciertas circunstancias donde la iglesia no ha provisto estos elementos, el entusiasmo de los niños en hacer la manualidad los ha obligado a trabajar agachados en el piso, con un solo lápiz de color cada uno, y una tijera para toda la clase. Pueden trabajar así pero no deben hacerlo. Como hemos dicho repetidas veces, el niño aprende participando y haciendo. Debe tener los elementos básicos para poder hacerlo correctamente. La iglesia, por medio de su tesorería, o la escuela dominical por la suya, deben hacer la inversión necesaria para asegurar que el maestro tenga los elementos que necesita para trabajar correctamente con sus alumnos.

Refuerzo en el hogar

Los trabajos de manualidad son para el alumno. Lo ideal es que lo lleve directamente a su casa cada domingo después de concluida la escuela dominical. Si el niño tiene su trabajo manual a la vista en su casa, éste le servirá de refuerzo de la enseñanza recibida. Además, sirve como un excelente eslabón entre la escuela dominical y los padres del alumno. El deseo natural del niño es mostrar a los padres lo que ha hecho y también explicar su significado. Más de una vez, estos pequeños trabajitos de papel han ocupado un lugar de honor adornando algún ambiente de la casa donde quizás el niño sea el único que conoce al Señor.

Oportunidad para la creatividad

El maestro necesita recordar que la finalidad de las manualidades es proveerle al niño una experiencia agradable en una actividad creativa. Por lo tanto, el niño no está obligado a producir obras de arte ni cumplir ciertas normas de prolijidad o de capacidad. El maestro debe permitirle libre expresión de sus gustos en cuanto a colores y formas y dejar que su trabajo sea completamente original. Tampoco se le debe exigir al niño hacer una copia exacta de la muestra. Recordemos que el niño expresa con sus manos lo que sus ojos ven. Nunca tendrá la misma prolijidad ni destreza del adulto. Pero una palabra de felicitación o elogio de parte del maestro sobre el trabajo realizado puede hacer mucho para crear esa sensación de logro que tanto necesita para adquirir un sano concepto propio.

Expresión afectiva

Existe un beneficio secundario del tiempo de la manualidad. La experiencia demuestra que el ambiente creado en una clase donde todos los niños están trabajando con alegría le permite al maestro expresar su cariño hacia el alumno en forma individual. Hay oportunidades naturales para una expresión afectiva mientras uno admira cómo se realiza el trabajo. Se pueden dar pequeños abrazos de felicitación y palabras personales de aliento cuando el niño viene a hacer una pregunta. Toda la dinámica de la clase cambia y provee para el maestro maravillosas oportunidades para acercarse a un niño con evidente necesidad de consuelo, aliento o afecto y asegurarle que realmente es una persona importante para el maestro y para Dios. La demostración afectiva del maestro hacia los niños hará de estos momentos algo realmente significativo y precioso.

La dedicación y el compromiso del maestro frente a estos procesos de formación espiritual en la vida del niño escolar produce grandes satisfacciones. Uno tiene el privilegio de ver cómo el niño crece en su relación con el Señor, en su amor por la Palabra de Dios y en su sensibilidad a lo que Dios desea para él. Uno puede ver cómo el niño va formando hábitos y actitudes que traerán la bendición de Dios por el resto de su vida. Muchos niños de esta edad hacen la entrega por primera vez de sus vidas al Señor. Otros sienten el llamado para ser pastores o misioneros o para realizar algún ministerio especial cuando sean grandes. Por eso, sin lugar a dudas, podemos decir que la edad de seis a doce años son los años cruciales en la formación espiritual del niño. Es un privilegio singular ser usado por Dios para instruir y guiar a estos niños. Sólo él sabe el resultado de nuestra inversión en estas vidas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 135–159). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

CUANDO EL RÍO SE DESBORDA

19 abr 2016

CUANDO EL RÍO SE DESBORDA

hp

por el Hermano Pablo

a1El cielo se encapotó sobre Tijuana, México. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. Era una tormenta que venía desde el sur, originada en el Pacífico. En pocas horas cayeron 120 milímetros de agua.

El río Tijuana, por lo general tranquilo y de poca agua, se convirtió en un torrente arrollador. Doce personas murieron en el torrente. Un vecino dijo, llorando ante las cámaras de televisión: «Lo he perdido todo: mi casa, mis muebles, mi camión. El río se lo llevó todo.»

¡Qué terrible es la fuerza de un río que se desborda! Esto ocurre en ríos de valles estrechos, cuyas aguas nacen entre montañas. La lluvia que se descarga torrencialmente en el embudo de las montañas corre por el estrecho canal con fuerza arrolladora. Sobrepasando la capacidad del río, el agua se desborda e invade campos y terrenos, casas y pueblos, causando grandes desastres.

Los habitantes de Tijuana se valieron de un recurso. Amarraron una cuerda larga a un lugar en tierra firme, se agarraron de la otra punta, y uno a uno se fueron salvando. Tijuana nunca olvidará esa amarga tragedia.

Si bien la cuerda fue la salvación para muchos en Tijuana, ¿qué cuerda hay para las tormentas de la vida? El padre de familia, cuando todo va bien, es como un río manso que corre lentamente, al lado del cual da gusto vivir. Pero si toma un par de tragos de más, ese alcohol se mete en su cerebro y comienza a correr con la violencia de un río desbordado, causando estragos, destrucción y aun muerte. ¿Y de qué cuerda se agarra la esposa que sufre a causa de él?

El hijo, orgullo y esperanza de sus padres, comienza a faltar a la escuela. Llega muy tarde a la casa. Por momentos, sin motivo alguno, se enloquece y golpea a cuantos están a su lado. Cuando por fin todo sale a la luz, se descubre que es drogadicto, y cuando se quiere detener el mal, es ya un río violento que arrasa con todo lo que tiene por delante. ¿Y de qué cuerda se agarran los confundidos padres?

¿Habrá algún remedio contra el dominio del alcohol o de las drogas? ¿Habrá alguna cuerda que salve al que se hunde en el río de la desesperación?

Sí la hay. Es Jesucristo. Él tiene poder para dominar las fuerzas primitivas que bullen en el corazón humano. Y tiene poder para salvar a todo el que en Él cree. Cristo es la cuerda salvadora. Busquémoslo. Entreguémosle nuestra vida. Él quiere y puede ser nuestro Salvador.

http://www.conciencia.net/

Orientación para maestros de niños preescolares

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 14

Orientación para maestros de niños preescolares

a1Es mi observación que una de las áreas más olvidadas de la educación cristiana en las iglesias evangélicas de América Latina es la que corresponde a la enseñanza espiritual del niño preescolar. Esta indiferencia se demuestra en los lugares generalmente designados como “aulas” para ellos: la cocina de la iglesia, un pasillo con acceso a oficinas o baños públicos, detrás de algún biombo en un rincón del templo o un cuarto utilizado como lugar de almacenamiento pero donde se le encuentra un lugar estrecho e incómodo para la clase de estos niñitos.

Es curioso observar las diversas maneras que tienen los adultos de tratar a los preescolares. Hay quienes los miran aprehensivamente por no saber qué hacer con ellos. Otros están convencidos de que lo más importante es mantenerlos fuera de las reuniones generales en algún lugar donde “no molestan”. Hay otros que los tratan como objetos de diversión llenándolos de caramelos y riéndose por las cosas graciosas que dicen. Son los menos aquellos que los consideran como individuos hechos a la imagen de Dios y merecedores del mismo respeto y consideración que reciben los adultos. Entre aquellos pocos hay personas que, gracias a Dios, responden al llamado de ser sus maestros. Al ir tratando con estas pequeñas vidas, estos maestros van descubriendo el privilegio incalculable de guiar a estos niños en sus primeros aprendizajes acerca de Dios. A estas personas que saben brindarles amor, aceptación y respeto, así como lo manifestó Cristo en su trato con todos los niños, se les concede el deleite de observar sus etapas fascinantes de desarrollo y su asombrosa capacidad de aprender.

En este capítulo quiero dar una orientación general para las personas que trabajan con esta edad. Es una orientación relacionada con los materiales VIVIR LA BIBLIA, de la editorial Publicaciones Alianza, que tiene una línea de libros específicamente escritos para la edad preescolar. Estos libros han sido diseñados tomando en cuenta las características y las necesidades muy particulares del niño de tres a cinco años. Es posible que la maestra que use correctamente estos materiales tendrá que ir modificando su filosofía de enseñanza con relación al preescolar, para ir aprendiendo una nueva metodología y adoptando técnicas que antes no formaban parte de su enseñanza habitual. Aunque es cierto que en el comienzo todo cambio es incómodo y problemático, la modificación de formas de enseñanza para con esta edad traerá recompensas a medida que los niños van respondiendo al Señor mediante las vías naturales que Dios mismo puso en su pequeña persona.

Elementos que afectan el aprendizaje del niño preescolar

Un elemento que la maestra debe tener presente siempre es que estos niños aprenden por medio de sus sentidos. Necesitan ver, oír y tocar. Su necesidad de explorar y descubrir es fundamental y no puede dejar de ser así. Esto hace que él esté aprendiendo siempre y no solamente cuando se le esté tratando de enseñar algo. Por ejemplo, aprende por todos los elementos que forman su medio ambiente. Entonces, si está incómodo en el lugar donde se desarrolla su clase, querrá escaparse por más esfuerzo y buena voluntad que ponga la maestra en captar su interés. ¿En qué forma se puede sentir incómodo? Para empezar, si el lugar donde le hablan de Dios y que le dicen ser “la casa de Dios” es casi como una celda por lo estrecho y feo que es, con paredes manchadas y donde las únicas sillas que hay son grandes y que le cortan la circulación de las piernas, el niño pensará que ir a “la casa de Dios” es incómodo y que él allí no es importante. Pero si hay un aula bien acondicionada donde se encuentra con experiencias agradables que le permiten usar sus sentidos, moverse, hablar, cantar, jugar y participar en muchas actividades, asociará todo ese ambiente de estímulo y felicidad con “la casa de Dios”. Entonces sus primeras experiencias espirituales serán positivas y agradables.

Lecciones que enfatizan actividades

También la maestra debe tener presente las características propias del niño preescolar al desarrollar la lección. En esta edad no es tan importante la adquisición de conocimientos intelectuales, sino más bien las experiencias vividas. Las lecciones se deben estructurar con muchas actividades que respondan a las necesidades de los niños. La lección entera es un vehículo de enseñanza que provee una serie de experiencias dirigidas hacia el desarrollo espiritual del niño. Para enfatizarlo en otra forma, la maestra evalúa la lección viendo si los pequeños alumnos han podido disfrutar de la gran mayoría de las actividades y no si ella ha podido terminar con todas las actividades que la lección ha sugerido. En los materiales VIVIR LA BIBLIA hay ocasiones cuando una actividad dura apenas unos minutos. Hay otras cuando la actividad puede ocupar casi todo el tiempo de la clase. Durante la clase la maestra debe tener la flexibilidad de guiarse por el interés que demuestran los niños a las diferentes actividades. Esto se mide por si los niños se aburren enseguida o si quieren seguir repitiendo la actividad. Mientras están participando con entusiasmo y agrado, la maestra puede estar segura de que están aprendiendo. Ese aprendizaje puede mostrarse nada más que por una sensación de alegría y bienestar al estar ellos unidos haciendo algo agradable en la “casa de Dios”. El aprendizaje también puede medirse al reconocer que los niños vienen con agrado a la clase con deseos de participar en las actividades. El entusiasmo que demuestra el niño puede responder a que se siente aceptado porque percibe el amor que le demuestra su maestra. Las lecciones, entonces, iniciarán las primeras experiencias de niño en la formación de actitudes correctas con relación a Dios, la iglesia y el compañerismo cristiano. No debemos desestimar su gran importancia.

La importancia de los objetivos

Cada lección para preescolares empieza con la especificación de los objetivos para esa lección. Los objetivos vienen a ser como un semillero desde el cual brotan todas las actividades de la lección. Se pueden visualizar de la siguiente manera:

El gráfico ilustra el conjunto de actividades que componen la hora de clase. Los objetivos son el punto céntrico de la lección porque definen las metas que se quieren lograr a través del desarrollo de la clase. Supongamos que el objetivo de una clase fuese: “Que el niño sienta gratitud a Dios por sus ojos.” Para alcanzar esa meta, la lección tendrá tres o cuatro actividades que le brindan al niño la posibilidad de reconocer y gozar de su vista. Pero será por el conjunto de las actividades y el énfasis repetido en cada una que finalmente se logrará en el niño la actitud de agradecimiento a Dios por sus ojos. Por eso vuelvo a decir que la lección tiene como finalidad ser más que una herramienta de enseñanza para la maestra. La lección es la puerta que abre para el niño varias experiencias que le proporcionarán nuevos entendimientos y actitudes.

El propósito primordial de las lecciones es que el niño disfrute del proceso de su aprendizaje espiritual. Para asegurar esto, la maestra no debe sentirse apurada por terminar cierta cantidad de actividades dentro de la hora de clase. En los materiales VLB sugerimos que cada lección sea enseñada en dos domingos, si es necesario, para dar todo el tiempo posible para repetir las actividades, porque los niños de esta edad aprenden mejor por la repetición. Para los maestros que quieren organizar así el programa de enseñanza, en la introducción de cada manual se encuentra un plan detallado explicando cómo enseñar las lecciones en dos partes.

La prioridad de las actividades

Al iniciar la preparación de una nueva lección, la maestra debe comenzar leyendo el pasaje identificado en el manual como Base bíblica. Luego debe familiarizarse bien con los objetivos en sus tres enfoques. Los objetivos establecen las metas que se persiguen en cuanto a lo que uno quiere que el niño aprenda. Luego se deben seguir leyendo todas las partes de la lección hasta el final para conocer todo su contenido y, si se quiere, sustituir una actividad por otra.

En muchas de las actividades de motivación y aplicación hay ciertos elementos que demandan una preparación previa. Es decir, las actividades sugeridas requieren tener ciertos elementos a mano cuando se da la clase o preparar previamente algo que se necesitará en el desarrollo de la misma. Si se hace esto como corresponde, la maestra se encontrará llevando a la clase muchos artículos diferentes. Se puede decir que la maestra eficaz es la que siempre llega a la iglesia “cargada” de cosas: bolsas, papeles, cajas, lápices, crayones, cola de pegar, tijeras, etcétera., que son los elementos necesarios para desarrollar las actividades en forma correcta. Si uno reconoce que la enseñanza eficaz requiere esto, lo hará con buen gusto.

La importancia del diálogo

El mundo del niño preescolar está definido y limitado por lo que él puede entender. Por eso es sumamente importante que el maestro fomente un diálogo activo con él para hacerle preguntas y escuchar sus respuestas. En los materiales VIVIR LA BIBLIA la maestra va a encontrar frecuentemente la palabra “decir”. Es importante que la maestra repase con cuidado todas estas partes porque sugieren el diálogo sencillo que la maestra puede usar con los niños para dirigir su atención hacia la actividad que se está por realizar. Recuerde que el vocabulario limitado del niño preescolar hace que muchos de los conceptos nuevos que se le presentan verbalmente sean interpretados en forma distorsionada. Por lo general la maestra no se da cuenta de que los niños, o por lo menos algunos de ellos, han interpretado incorrectamente lo que dijo. La maestra podrá percibir sus errores y corregirlos únicamente si escucha con paciencia y mucho discernimiento los comentarios de los niños. Por eso vuelvo a insistir que uno de los principios fundamentales en la enseñanza de los preescolares es la necesidad de que la maestra escuche y dialogue con ellos constantemente.

En una ocasión una maestra había contado la historia de la alimentación de los cinco mil, haciendo mención en varias oportunidades de “Jesús, el Hijo de Dios”. Su narración fue acompañada de una serie de láminas. Cuando terminó el relato, un niño de cinco años quiso volver a mirar las láminas.

—¡Quiero ver al Hijo de Dios! —dijo, acercándose. La maestra le mostró la figura de Jesús.

—¡No! —exclamó insistente el niño—. ¡Quiero ver al hijo de Dios!

La maestra dialogó un poco con él para tratar de entender lo que buscaba.

—Quiero ver al hijo —insistió el niño—. Debe ser chiquito como yo, porque yo soy hijo de Eugenio.

Aclarado el asunto, la maestra pudo explicarle que Jesús había sido chiquito una vez pero que después creció y aun de grande seguía siendo el Hijo de Dios. Satisfecho, el niño se unió con los compañeros para la siguiente actividad. Gracias al paciente diálogo de la maestra con el niño, una pequeña piedra más había sido quitada del camino en la comprensión espiritual de un niño.

Aquí debo hacer algunas observaciones sobre las formas de hablar con los niños pequeños.

• La maestra debe aprender los nombres de los niños de su clase y usar sus nombres cuando está conversando con ellos.

• La maestra siempre debe mostrar respeto hacia los niños cuando está dialogando con ellos. Esto lo hace mirándolos a los ojos cuando conversa con ellos. Debe usar un tono de voz natural y no artificial, como se escucha a veces de parte de los animadores de programa de niños en la televisión. Tampoco no son sordos como para estarles gritando.

• La maestra debe hacer un esfuerzo consciente de conversar con todos sus alumnos. Es fácil ignorar al niño tímido o antipático. El niño de esta edad mide su valor como persona por el trato que recibe de los demás, especialmente por los adultos que forman parte de su vida. El problema es que no tiene la capacidad de hacerse querer por otros. Por lo general, el niño difícil está reaccionando al rechazo que siente de parte de las personas que componen su mundo. La maestra que es amable y cariñosa con todos sin excepción ayudará hasta a los niños antipáticos a sentirse mejor consigo mismos. A la vez, la maestra no debe darle más atención al niño problemático, tratando por ello de corregir su mala conducta. Ni tampoco debe forzar una relación afectiva con un niño que se muestra tímido y desconfiado, como para tratar de ganárselo. Lo importante es ser equitativo en el trato con todos, especialmente cuando se van acercando para hablar o para querer recibir la atención de la maestra.

• Nunca se debe hablar con otra persona adulta acerca de un niño estando él presente, y actuando como si no lo estuviera. No hay cosa que lo denigre tanto como eso, especialmente si el adulto está señalando sus defectos o criticando sus conductas. Si una madre empieza a hacerlo, la maestra debe mirarle a los ojos del niño y decir algo así: “Tu madre me está hablando de ti. ¿Le contamos lo bien que te portaste hoy en la clase?” A veces es necesario pedirle a los padres que no hagan críticas ni hablen de cosas negativas acerca de su hijo estando presente el niño.

• La maestra le hace un daño al niño si hace elogios de elementos sobre los cuales él no tiene ningún control, especialmente aspectos físicos. Por ejemplo, en vez de decir “¡Qué lindos ojos tienes!” se debe decir algo como “¡Qué linda sonrisa tienes! Me siento bien cuando te veo contento.” Nunca se debe llamar la atención a diferencias físicas de los niños. Uno hace el esfuerzo siempre de hacerles sentir de valor por lo que son y no por lo que tienen.

La importancia de los juegos

Las lecciones que afectan positivamente a la vida del niño preescolar han de incorporar diferentes tipos de juegos. Casi todas las lecciones en los materiales VIVIR LA BIBLIA contienen juegos. Para algunas maestras éstos pueden parecer como una pérdida de tiempo o una falta de seriedad en el estudio de la Biblia. A veces se piensa así sobre la base de las experiencias que uno mismo vivió en su niñez en la escuela dominical, donde las clases se llevaban a cabo en un contexto tradicional de bastante rigidez. Necesitamos cambiar criterios, sin embargo, para poder lograr nuestras metas. La forma de mejorar nuestra enseñanza es aprovechar la característica más sobresaliente del niño de esta edad, que es aprendizaje por actividad. Aprenden participando en el juego. La mayor parte de sus días la pasan en juegos inventados por ellos mismos. Más que ser una diversión, sus juegos son una forma de dar orden y significado a la multitud de estímulos que reciben diariamente. Por esta razón, la maestra ha de guiar a sus alumnos en muchos juegos, aquellos que están incluidos en las lecciones y otros que ella misma inventará.

El aprendizaje por las canciones

En las lecciones para preescolares, a veces la maestra encontrará que una de las actividades se hace sobre la base de la enseñaza de una canción. Es un hecho comprobado que uno de los elementos más duraderos en el aprendizaje del preescolar es el canto. El niño pequeño se olvida rápidamente de los textos que memoriza en la clase pero las canciones quedarán en su mente para siempre. Las canciones se utilizan para reforzar los conceptos de la clase. La maestra debe aprovechar las canciones para usarlas en momentos apropiados a través de toda la clase, no solamente en el tiempo fijado para aprenderlas y cantarlas. Por ejemplo, la maestra puede acercase a un niño que está trabajando enérgicamente con masa y cantarle suavemente en su oído: “Por mis manos lindas, Dios, gracias doy.” Luego le comenta el buen trabajo que está haciendo con sus manos. Con está acción se recalcan dos conceptos importantes: que Dios creó nuestras manos y que estamos agradecidos por ellas.

No se puede pasar por alto el efecto del canto en el manejo de una clase de preescolares. Muchas maestras comentan que es como un “toque mágico” para calmar el ambiente alborotado o menguar la energía desbordante que tienen los niños de esta edad.

La maestra puede confeccionar su propio cancionero, ilustrando las canciones con dibujos y figuras que ayudan al niño a recordar la letra. Estas canciones ilustradas se usan durante el tiempo de canto pero también sirven para que los niños las miren a su gusto a solas, tarareando la canción. Si los conceptos expresados en la canción son difíciles de ilustrar, es probable que sean conceptos demasiado abstractos como para que los niños los entiendan. Por eso, las canciones que forman parte de los manuales VLB han sido escritas y elegidas tomando en cuenta ese hecho. La meta de las canciones es poner en la boca del niño preescolar expresiones coherentes con su vocabulario y entendimiento.

Los niños aprenden fácilmente las canciones que se usan en los cultos habituales, pero existen muchísimos ejemplos graciosos de canciones mal entendidas por los niños preescolares. Un ejemplo clásico es el de la niña que cantaba con entusiasmo “Vine a lavar a Dios.” Nos reímos, pero tenemos que admitir que la culpa la tenemos nosotros por no darle una explicación clara de palabras abstractas que no entiende como, por ejemplo la palabra “alabar”.

Al introducir una nueva canción en la clase, la maestra debe hacer algunas cosas para que la canción tenga un significado desde el primer momento. Mientras los niños miran la ilustración de la canción, es fundamental dialogar sobre los conceptos expresados en las palabras y escuchar cualquier comentario que pueda surgir de ellos. Al enseñar la canción por primera vez, la maestra debe cantarla sola cinco o seis veces mientras señala los elementos ilustrados, sin esperar que los niños se unan con ella en el canto. La repetición es muy importante para que aprendan bien la canción. Si la canción tiene ademanes, esto ayudará a que los niños capten las palabras y el ritmo. Sin embargo, los niños de tres y cuatro años generalmente seguirán los ademanes sin cantar la letra, o cantarán únicamente la última palabra de cada compás. Los de cinco años tendrán más facilidad para unir las dos cosas.

Se puede hacer la repetición de la canción en formas divertidas. Por ejemplo:

—Esta vez la cantamos sentados en el piso… esta vez arrodillados… esta vez se paran los que tienen puesto algo rojo… esta vez cantamos caminando al ritmo de la música, etcétera.

Está demás decir que la maestra debe saber entonar correctamente la melodía de la canción. Si no tiene habilidad en el canto, debe buscar algún ayudante que sepa cantar bien. En los materiales VLB todas las canciones se encuentran en un casete (Canciones para niños preescolares), donde de un lado se escuchan las canciones cantadas por niños, y del otro lado se encuentra la orquestación. Recuerde que los niños preescolares imitan todo, y si la canción se enseña mal entonada, así la aprenderán.

Cómo ilustrar los cantos para preescolares:

1. Seleccionar figuras que ilustren la letra de la canción, buscando en revistas sobre la familia, libros escolares en desuso, calendarios viejos, etcétera. Los niños en las ilustraciones deben ser de edad preescolar.

2. Cortar una hoja de cartulina en cuatro partes iguales. Cada una de estas partes, doblada por la mitad, forma las páginas del “libro” para los cantos. Unir las partes usando cinta de papel.

3. Usar pegamento en barra para pegar las figuras o ilustraciones a las hojas de cartulina, en el orden en que aparecen en la canción.

4. Escribir en cada hoja el texto de la canción que corresponde a la figura, usando letras de molde. Usar letra chica, ya que lo escrito es para la maestra. El niño no lo puede leer pero se fija mucho en la ilustración.

Diversidad en la oración

El niño preescolar puede aprender a orar en forma natural. El contenido de sus oraciones será mayormente expresiones sencillas de gratitud. Es importante que la maestra le ayude a aprender distintas formas de expresar esa gratitud a Dios. Lo ideal es que en cada lección haya un momento estructurado para la oración. Se pueden utilizar varios métodos de oración: la oración cantada; la que se repite frase por frase; la que se repite al unísono y la que es espontánea. Lo importante es que el niño comience a cultivar el hábito de hablar con Dios durante estos primeros años de su desarrollo espiritual.

La historia bíblica

En los materiales VIVIR LA BIBLIA las historias bíblicas vienen escritas en un lenguaje sencillo que el niño pueda entender. La maestra debe narrarlas tal cual se encuentran en el manual. El niño de esta edad necesita escuchar la historia bíblica en un vocabulario sencillo. Sin embargo, la maestra ¡no debe LEER el relato a los niños! Los niños necesitan el contacto directo con los ojos de la maestra mientras ella va narrando la historia. Para poder hacer esto, la maestra tendrá que leerla de antemano muchas veces en su casa como parte indispensable de su preparación. Como se ha dicho antes, la maestra debe empezar preparando la lección con la lectura de la Biblia siguiendo la lectura que se sugiere en la parte que dice: Base Bíblica. Luego debe leer el relato en el manual tantas veces como sea necesario hasta familiarizarse perfectamente con su contenido y desarrollo. Todas las lecciones de las series VLB vienen acompañadas con ayudas visuales para ilustrar las historias bíblicas. La maestra debe tenerlas a mano, en su orden correcto, para ir mostrándolas durante el desarrollo de la historia. Las láminas son sumamente importantes para esta edad, porque su vocabulario y experiencia son tan limitados que los conceptos bíblicos se distorsionan fácilmente si no tienen el respaldo visual. Después de narrar la historia bíblica, la maestra debe dejar las láminas y figuras a la vista para que los niños las vayan mirando individualmente. Algunas maestras protegen los visuales forrándolos con alguna película adhesiva transparente. Es importante que en la transición entre la Incentivación y la Historia Bíblica, la maestra abra su Biblia. Esto informa visualmente al niño que lo que se va a relatar viene de la Biblia y que no es una historia inventada cualquiera.

Se debe aclarar que las historias para esta edad son cortas a propósito porque es limitada la capacidad de los niños de mantener la atención. Por supuesto, los visuales ayudan a captar la atención. También sugiero que, para distinguir la Historia Bíblica de las otras actividades, se haga un cambio de lugar dentro del aula. Por ejemplo, cuando se está por narrar la historia, se pide que los niños vayan al rincón del aula donde pueden sentarse en el piso sobre una alfombra, o una manta gruesa. La maestra se sienta en un banquito o silla baja con los niños a su alrededor. Con el visual en la mano ella va mostrando las láminas en el momento indicado, asegurando que todos los niños lo puedan ver. Recuerde que el reclamo del niño: “¡Quiero ver!” es realmente: “¡Quiero tocar!” Este momento acogedor, de estar todos juntos escuchando lo que Dios dice en su Palabra, deja un recuerdo muy grato en el niño.

El uso de los títeres

Una ayuda didáctica sumamente útil en la enseñanza de preescolares es el empleo de títeres. Las lecciones VLB proveen muchas oportunidades donde la enseñanza se canaliza a través de títeres. El niño de cuatro y cinco años tiene una imaginación sumamente fértil pero que frecuentemente tiene dificultad en distinguir entre la fantasía y la realidad. Un ejemplo de esto se observa por el hecho de que muchos caracterizan al niño de cuatro años de ser un mentiroso. Pero lo que en realidad está pasando es que el niño está expresando en forma verbal los frutos de su imaginación. Mucho de lo que inventa no lo hace por mentir sino porque vive sus fantasías como si fueran reales. Esta área nebulosa para el niño entre fantasía y realidad nos obliga a utilizar los títeres con cierto cuidado.

Por ejemplo, no es conveniente hacer que títeres representen a personajes bíblicos porque la enseñanza bíblica se basa en personajes e incidentes verídicos. La Biblia no es un libro de cuentos inventados. Tampoco nunca se deben atribuir capacidades espirituales a títeres que representan animales. A los títeres no se les debe hacer orar ni hablar con Dios porque son figuras representativas. La oración es algo concreto, real; expresamos la comunión con Dios por medio de la oración. En ese sentido, entonces, el títere sí puede decirles a los niños que ellos deben hablar con Dios en oración. Los títeres más útiles para niños de esta edad son los que representan a los miembros de la familia o a otros niños.

Las dramatizaciones

La participación que se logra cuando un grupo de niños dramatiza una historia bíblica puede traer muchos beneficios. En algunas lecciones de las series VLB, una de las actividades de aplicación es la dramatización de la historia bíblica. En esto no se pretende una complicada producción teatral sino algo sumamente sencillo que dé lugar a la participación de todos los niños en algún rol. La maestra tiene que guiar a los niños en recordar el orden de las escenas y los diálogos de la historia. Esta actividad se hace más divertida cuando se utilizan disfraces sencillos: toallones, pañuelos, palos de escoba, etcétera. A veces la dramatización se hace más fácil cuando se hace por partes, es decir, cuando se divide la historia bíblica en dos o tres segmentos y se dramatizan las acciones que se acaban de narrar. Ocurre a veces que hay niños que no quieren participar en la dramatización. En estos casos es mejor no insistir sino decir simplemente: “Jorgito prefiere mirar mientras hacemos esto.”

A veces la maestra puede hacer un juego de la dramatización. Toma una parte de la historia y pide la participación de los niños en alguna acción. Por ejemplo, puede decir: “Ahora vamos a formar parejas como los animales que entraron en el arca de Noé y vamos a caminar alrededor del aula imaginando que estamos llegando al arca. El arca será la mesa donde al llegar se van a subir sobre ella (si es una mesa baja) o se van a meter debajo de ella (si es una mesa regular)” Para la maestra que sabe usar creativamente la dramatización, nunca habrá falta de interés de parte de los niños.

El trabajo manual

Los niños de todas las edades aprenden mejor cuando pueden participar en actividades que utilizan sus sentidos. Por eso, en cada lección de los materiales VLB hay un trabajo manual relacionado con la enseñanza de la lección. No es una actividad que se agrega para divertir al niño, sino otro elemento participativo adicional para reforzar lo aprendido. Algunos de los trabajos son más complicados que otros y requieren algo de preparación de antemano por parte de la maestra. Siempre conviene que la maestra arme una muestra de la manualidad para saber cómo funciona y cómo explicar su confección a los niños. (Nota: no debe colorear la muestra, porque los niños la van a querer copiar.) La manualidad debe ser llevada por los niños a sus casas el día en que la completen. Es un elemento visible para ellos y sus padres de lo aprendido en su clase de escuela dominical.

Es importante que la maestra recuerde que la meta del trabajo manual es la participación del niño en su propia expresión artística. No es una clase de dibujo y no se debe exigir que el niño copie cierto modelo. Debe tener la libertad de usar los colores que a él le agraden y colorear como él desee. Si aún le cuesta manejar bien la tijera, no es una tragedia. La maestra hace un remiendo rápidamente con cinta transparente, sin mayores comentarios.

Uno de los beneficios mayores de esta parte de la clase es que le otorga a la maestra la oportunidad de relacionarse individualmente con los niños, comentando sus esfuerzos, animándolos a seguir con lo que están haciendo y dándoles un abrazo o caricia como expresión de cariño genuino. Nunca se deben hacer comparaciones entre el trabajo de un niño y el de otro. Las diferencias en capacidad artística se deben a las experiencias vividas, destreza física y al estímulo que hayan recibido en el hogar. Lo importante es respetar el logro personal del niño, sea o no desprolijo y mal hecho. Hay maestras que quieren que los niños copien fielmente un trabajo que ellas han hecho. Hay otras que quieren hacer el trabajo por el niño. Esto anula el beneficio de la manualidad y le roba originalidad y logro al niño.

Está demás decir que la manualidad tendrá relación con la enseñanza solamente si la maestra explica esa relación. El niño la verá como una actividad para llenar el tiempo si no recibe una explicación adecuada. La maestra le ayuda a entender la relación mediante diálogo, conversación guiada y, a veces, una demostración de cómo se maneja el objeto confeccionado. La maestra se sienta un momento al lado del niño, toma su trabajo en la mano y dice: “¡Qué lindo trabajo has hecho! Si mamá te pregunta qué es, ¿qué le vas a decir? A ver. Primero le muestras esta parte y le dices…” En esta forma sencilla se graba la esencia de la lección y se le ayuda con palabras para explicar lo que ha aprendido.

La memorización de los textos

Cada lección de las series VLB contiene un texto para memorizar. El texto es, generalmente, una frase de un versículo más largo y resume la enseñanza principal de la lección. La meta de la memorización en el ámbito preescolar es comenzar a familiarizar al niño con palabras que vienen directamente de la Biblia. Las frases han sido seleccionadas pensando en las limitaciones de vocabulario y experiencia de esta edad. Por esta razón se utiliza siempre la Versión Popular Dios Habla Hoy o la Traducción La Biblia en Lenguaje Actual, y la Nueva Versión Internacional. Consideramos que el niño pequeño tiene la necesidad y el derecho de entender la Palabra de Dios para su propia vida espiritual.

Las lecciones incluyen actividades y juegos específicamente destinados para ayudar en la enseñanza del texto. Estas actividades tienen como finalidad dar un significado a las palabras que se memorizan. Aunque los niños pequeños pueden memorizar frases y palabras sin entenderlas en absoluto, esto no debe ser el caso cuando se trata de la Palabra de Dios. El niño de tres o cuatro años probablemente no recordará las frases enseñadas más allá de la hora de la clase. El de cinco años puede recordarlas si se hacen repasos adecuados. A veces el texto bíblico forma parte de la manualidad y entonces los padres pueden repasar la frase con sus hijos durante la semana.

Instrucciones para la maestra

En el comienzo de cada manual de los materiales de VLB hay una parte titulada Instrucciones para la Maestra. Se incluyen en estas páginas algunas ideas para ampliar el conocimiento de la maestra sobre la enseñanza espiritual del preescolar. Las ideas sugeridas tienen que ver con la decoración del aula, la confección de un títere, el control de la asistencia o algún otro método para incentivar la enseñanza. Estas ideas pueden ser aprovechadas y aplicadas sin demandar mucho tiempo o esfuerzo y por eso hacemos una fuerte recomendación para su uso. ¡Siempre es oportuno enriquecer la enseñanza!

El desafío de la enseñanza espiritual de los niños pequeños es muy grande. Requiere mucha paciencia y dedicación, además de un compromiso firme con el Señor para amarlos como él los ama. Sin embargo, las satisfacciones de enseñar a esta edad son múltiples. En una ocasión estaba hablando con una maestra de preescolares que se encontraba desanimada con su tarea. Le pregunté si había observado algún cambio en la vida de sus alumnos.

—Casi nada— me dijo —, aunque hoy Luisito oró en voz alta por primera vez.

—¿Y te parece poca cosa? —le pregunté —.Míralo así. Hay una persona que se llama Luis que el resto de su vida podrá decir: “Yo aprendí a hablar con Dios en oración porque una maestra llamada Mariela me enseñó.” ¿Qué podemos saber nosotros sobre el futuro de Luisito? Puede llegar a ser un gran evangelista o pastor de renombre. Puede llegar a ser el presidente de la república o un destacado empresario o un científico famoso. Sin embargo, dudo que alguien alguna vez le enseñará algo más importante de lo que tú le enseñaste, como hablar personalmente con Dios.

El desafío de la enseñanza espiritual del niño preescolar nos otorga este tipo de satisfacciones.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 119–134). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

¿LIBERTAD O LIBERTINAJE?

18 abr 2016

cr

¿LIBERTAD O LIBERTINAJE?

por Carlos Rey

a1Era una fiesta animada, como muchas de las fiestas juveniles de fines del siglo veinte: una fiesta con amigos, con música rock, con abundancia de cerveza y con el espeso humo de cigarrillos. En la sala había una mujer acostada, con una lata de cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra.

Pero algo extraño estaba pasando, y tuvo que intervenir la policía de Arkansas, Estados Unidos. La mujer acostada en plena sala era la madre de Johnny Harrison, el organizador de la fiesta. Y lo más chocante y hasta macabro es que estaba muerta, dentro de un ataúd. Al hijo de la mujer lo acusaron de profanación de cadáver y lo multaron con cinco mil dólares.

En su defensa, Johnny Harrison alegó que su madre le había pedido que, cuando ella muriera, la despidieran con una fiesta. Pero difícilmente se habría imaginado ella que su despedida llegara al colmo de convertirse en orgía.

Lamentablemente siguen ocurriendo actualmente casos tan extraños como el de Johnny Harrison. Es que obedecen a ese fenómeno que, aunque no se ve todos los días, manifiesta de un modo patente el menosprecio y el desdén hacia los valores morales y espirituales. Ese desprecio, tarde o temprano, ha de llevarnos a la ruina. Pues así como la civilización comenzó cuando el hombre cavó la primera sepultura, en señal de respeto por sus muertos, terminará cuando deje de honrar a sus difuntos, en señal de haber cavado su última sepultura: la de su conciencia.

¿A qué se debe esa falta de respeto y aprecio por los valores morales que alguna vez tuvimos por sagrados? En definitiva, no se debe a que hayamos llegado a un punto superior de evolución, sino precisamente a lo contrario. Hemos perdido el pudor, la vergüenza, la dignidad y el respeto a todo lo que antes venerábamos porque hemos confundido la libertad con el libertinaje a tal grado que algún día las generaciones futuras dirán de nosotros lo que se decía de quienes vivían en la época de los jueces bíblicos: que cada uno hacía lo que le daba la gana.1 Pues hemos tomado nuestras libertades fundamentales —la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia y la libertad de expresión— y las hemos llevado al extremo de convertirlas en licencia para practicar la inmoralidad, la deshonestidad, la lujuria, la lascivia, la perversidad, la bestialidad, la obscenidad y la profanidad. Si no es así, ¿cómo se explica que la pornografía se haya convertido en la actividad más lucrativa del mundo actual?

Con todo, no es demasiado tarde para recuperar esos valores perdidos. Sólo tenemos que volver sobre nuestros primeros pasos y acudir a Dios, en reconocimiento del valor de sus leyes morales y espirituales, y que pedirle, como el salmista, que nos dé entendimiento para seguir esas leyes y cumplirlas de todo corazón.2


1 Jue 17:6; 21:25
2 Sal 119:34

http://www.conciencia.net/

 

Aprovechando al máximo los materiales VIVIR LA BIBLIA

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 3

Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños

Capítulo 13

Aprovechando al máximo los materiales VIVIR LA BIBLIA

a1En mi experiencia a través de los años, en las iglesias evangélicas he encontrado muchas personas con una gran disposición de trabajar con los niños. Ellos se sienten desafiados con la idea de que Dios pueda usarlos para bendecir la vida de los niños. Sin embargo, hay algo que siempre desanima a este gran ejército de voluntarios. Es la falta de materiales adecuados para enseñar correctamente la Biblia. La mayoría de estos voluntarios “se las arregla” por un tiempo, utilizando cualquier recurso que puedan conseguir a duras penas. Pero la constante presión de tener una lección nueva cada semana hace que pronto se desanimen y quieran abandonar su compromiso inicial. Algunos, después de años de luchar a solas, se dan por vencidos y dejan para siempre el ministerio con los niños. El reclamo constante que he escuchado en mis viajes a través de América Latina es la falta de materiales didácticos para la enseñanza de la Biblia.

Desde hace más de veinte años he pensado en esta realidad y trabajado para solucionarlo. Los materiales que ahora escribo, junto con un grupo de colaboradores, representa una filosofía particular de enseñanza que quiero explicar.

Lecciones que siguen un orden cronológico

Los materiales, conocidos ahora como VIVIR LA BIBLIA, han sido escritos pensando en las realidades de las iglesias evangélicas de América Latina. Una queja común de muchos maestros es que la mayoría de los materiales que se consiguen para uso en las escuelas dominicales cubren algunas partes de la Biblia y nada más. Como resultado, los niños terminan estudiando vez tras vez los mismos personajes y los incidentes más destacados de la Biblia. Para tratar de corregir ese error nos hemos propuesto escribir materiales educativos siguiendo un orden cronológico, es decir, un orden en relación de las fechas de los sucesos o los incidentes con el tiempo. Esto permite que el niño que es fiel en su asistencia a la escuela dominical por tres años recibirá una vista panorámica de la parte narrativa de la Biblia. La parte narrativa se refiere a los eventos en la vida de personajes. Por supuesto, no se pretende incluir todas las historias que se encuentran registradas en la Biblia, sino que se han elegido aquellos incidentes y personajes más adecuados al proceso de aprendizaje del niño. Utilizando este método, el niño (y su maestro) se salvará de estudiar año tras año las mismas historias, dejando de lado mucha riqueza bíblica sin conocer. No se busca que el niño conozca todo lo que dice la Biblia puesto que hay partes que él no va a poder entender. Si son difíciles para el adulto, cuánto más para el niño. Más bien la finalidad es que el niño reciba el efecto de la enseñanza de la Biblia por medio de su correcta aplicación a su vida.

Esto no quiere decir que forzosamente las lecciones de VLB tienen que ser enseñadas en cierto orden o sino no sirven. Más bien se trata de enlazar una serie con la siguiente para darle una continuidad correcta.

Ayudas visuales actualizadas

Otra característica que se ha tomado en cuenta al preparar estos materiales es el reconocimiento de que los niños tienen ciertas limitaciones particulares en el aprendizaje. El niño no aprende de la misma manera en que lo hace el adulto. Para el adulto, la explicación verbal de algún elemento desconocido generalmente le basta para elaborar y entender el concepto. Pero para el niño no es así. Como todavía su vocabulario no está muy desarrollado, muchas de las palabras que no conoce las interpreta a base de sus limitadas experiencias y les da a ellas el significado que encuadra con su experiencia de vida.

En una ocasión una maestra contó a su clase la historia de Jesús hablando con la mujer samaritana mientras estaba sentado al lado de un pozo. Para su sorpresa, cuando los niños repasaron la historia, hablaron de Jesús sentado en la calle. Al reflexionar, la maestra se dio cuenta de que su clase se componía de niños de la ciudad y que los únicos “pozos” que conocían eran los que se formaban en el asfalto de las calles. La idea mental de los niños de un Jesús sentado en plena calle hablando con una mujer era perfectamente coherente con su limitada experiencia.

Los padres y maestros tienen múltiples ejemplos parecidos a éste que muestran las limitaciones del vocabulario de un niño. Nuestra primera reacción a una situación así es de reírnos frente a su ignorancia. Sin embargo, es el adulto que tiene la culpa por dar por sentado que los niños entienden ciertos detalles, ignorando que éstos sólo sirven para confundir al niño. Ésta es una de las razones fundamentales por usar material visualizado en la enseñanza de los niños. Una figura, lámina o dibujo le sirve al maestro como un respaldo seguro en su enseñanza, haciendo más probable que el niño comprenda lo que se está explicando. Por eso, cada lección de los materiales VLB incluye elementos visualizados para lograr claridad en la enseñanza. Las partes visualizadas contienen un estilo de dibujo que se podría llamar “caricatura respetuosa”, creados por Clemente Montag, un talentoso dibujante cristiano argentino. Su estilo hace más fácil cruzar las diferencias culturas y lograr un nivel de identificación de parte de los niños de diversas naciones. Hemos comprobado que sus ilustraciones bíblicas y de la vida real logran una respuesta positiva en los niños y esto ayuda para que la enseñanza sea agradable y quede fijada en su mente.

Las actividades participativas

Muchos educadores experimentados nos aseguran que el niño no hace suyo ningún elemento aprendido si no participa en alguna expresión propia de ese concepto. La regla didáctica inalterable es ésta: el niño aprende participando. Esto rige también en cuanto al aprendizaje de los valores cristianos. La meta es que el niño internalice o asuma los valores que va aprendiendo con relación a la vida cristiana. El paso esencial en el proceso del aprendizaje de estos valores es la oportunidad de ponerlos en práctica en circunstancias acordes con sus experiencias de niño.

A pesar de este fundamento pedagógico para la enseñanza, es sorprendente cuán pocos de los materiales para la enseñanza de la Biblia a los niños contienen ayudas para una correcta aplicación de la lección. Se da por sentado que el maestro tendrá la capacidad y experiencia como para poder hacer esa aplicación. Creo que seguimos el modelo que tenemos en los mensajes del pastor en donde, por lo general, no hay una aplicación específica que ayude a los oyentes a poner en práctica lo que han escuchado. Se supone que la gente lo hará a su modo. Pero en mi experiencia como educadora y directora de programas educativos, ésta es precisamente el área donde fracasamos en la enseñanza de la Biblia. Nunca debemos dar por sentado que las personas sabrán hacer su propia aplicación, mucho menos que los niños lo podrán hacer.

Es por eso que desde un comienzo nos hemos propuesto proveer los elementos necesarios para que el maestro pueda hacer la aplicación de la verdad bíblica a su clase de escuela dominical. En los materiales VLB se encuentran instrucciones detalladas para lograr este fin. Se hace esto a través de una diversidad de actividades: estudio de casos, rol-plays, dramatizaciones, diálogos, canciones, juegos y actividades diversas utilizando visuales. Generalmente estas actividades se llaman “la aplicación”. Yo prefiero el término sugerido por la profesora Ana Somoza, “transferencia a la vida” porque estamos tratando de trasladar la enseñanza de la lección bíblica a la realidad de la vida del niño. Los maestros que han estado usando por un tiempo los materiales VLB comentan que son las aplicaciones detalladas lo que realmente distingue a los materiales. Este énfasis sobre la participación del niño ha sido la razón de incluir también una manualidad como parte de cada lección. La enseñanza básica de cada lección está sintetizada en el trabajo manual, de modo que el niño pueda llevar a su casa un elemento que refuerce lo que aprendió en esa clase, algo sobre lo cual siente orgullo porque es algo elaborado por él.

La división de las edades

Otro elemento que es importante aclarar tiene que ver con la división de las clases según las edades. Para los niños de menos de doce años, utilizamos únicamente dos divisiones: escolares y preescolares.

En la mayoría de las escuelas dominicales se hace una división para niños escolares de esta forma: niños de seis a ocho años y niños de nueve a once años. Esto es correcto porque es una división natural. En los materiales de VLB identificamos a los manuales para estas dos edades como Serie Escolar. Creemos que el niño debe tener seis años para comenzar este nivel porque, para aprovechar las lecciones, es necesario que sepa leer o, por lo menos, sepa identificar palabras. Los niños de seis años necesitarán una ayuda especial de parte del maestro porque aún no saben leer. Es obvio que al tener una posible diferencia de seis años en la edad de los alumnos, el maestro tendrá que adecuar la historia bíblica a la edad de la mayoría de la clase. En la mayoría de los manuales hay sugerencias específicas para la enseñanza de la lección según esta división. Las ayudas visuales sirven para clases de ambos niveles. Es oportuno señalar que los trabajos manuales pueden resultar difíciles para los niños de seis y siete años. Por lo tanto, el maestro tendrá que ir a la clase habiendo hecho en su casa parte del armado de la manualidad.

La otra división que utilizamos se denomina Serie preescolar y son las lecciones para niños de tres a cinco años. Esta serie está dirigida especialmente a niños de cuatro y cinco años, pero contienen muchas actividades que los niños de tres años pueden aprovechar. Niños menores de tres años no deben formar parte de estas clases.

La duración de las clases

Otro elemento que forma parte de nuestra filosofía educativa tiene que ver con la duración de las clases. El estudio de la Biblia es algo que requiere mucho tiempo. Sin embargo, el tiempo que tenemos disponible para la formación espiritual de los niños generalmente se reduce a una media hora, o quizá 45 minutos, por semana. Si comparamos este tiempo con las muchas horas por día que el niño pasa en la escuela, nos daremos cuenta qué difícil, por no decir imposible, es la tarea de tener que enseñar las verdades bíblicas en un tiempo tan reducido. Sabemos que en el sentido práctico no nos quedan muchas opciones. Hemos elegido extender algo el tiempo de las clases. Por eso las lecciones de VLB han sido planeadas para ocupar una hora y media de tiempo. En muchas iglesias, el tiempo designado para clases de escuela dominical es de 25 a 30 minutos y en ese caso, las lecciones resultarán demasiado largas. Por eso algunos manuales traen sugerencias de cómo las lecciones pueden ser enseñadas en dos clases consecutivas. Otros manuales presentan un desarrollo específico para dos lecciones utilizando el mismo pasaje bíblico. Como estamos dedicados a la formación espiritual del niño, algo tan importante como lo es la formación intelectual, es necesario darle todo el tiempo posible. Entonces el niño se dará cuenta de la importancia del aprendizaje bíblico, porque se busca proveerle un tiempo agradable trabajando, compartiendo y jugando en su clase de la escuela dominical. Este tipo de enseñanza demanda más tiempo que los 30 minutos tradicionales.

Para que el maestro pueda tener el tiempo necesario para la lección, sugerimos algunas opciones.

1. Cuando los niños lleguen a la iglesia, llevarlos a la clase inmediatamente, sin que participen en una apertura de la escuela dominical.

2. Hacer que los niños participen en la apertura, pero permitirles que se queden en su aula hasta terminar la hora de la escuela dominical, sin participar en una clausura.

3. Dividir la lección en dos partes, para ser enseñada en dos domingos consecutivos. En cada manual hay instrucciones específicas para seguir este método. Creo que esta tercera opción es la más adecuada y la que menos altera el programa ya establecido para la escuela dominical.

Hay ciertas tradiciones que se siguen en las iglesias evangélicas que deben ser evaluadas. Por ejemplo, generalmente la apertura y la clausura de la escuela dominical, tan tradicionales en algunas iglesias, no están dirigidas a ninguna edad en particular ni tampoco cumplen una finalidad clara. En la práctica, lamentablemente, la apertura sirve para ocupar el tiempo en algunos cantos, anuncios o un mini-sermón, esperando que lleguen los alumnos que habitualmente aparecen tarde. En la clausura se espera que los alumnos repitan el texto bíblico que se ha aprendido ese domingo, obligando a que el maestro dedique una buena parte del tiempo de la clase a la memorización apurada de un versículo. Dada esa realidad, sería mucho mejor hacer un cambio en la estructura de la escuela dominical para que los niños aprovechen todo el tiempo posible aprendiendo de la Biblia en un contexto adecuado con sus necesidades.

Cuando en 1990 se fundó Publicaciones Alianza, se estableció que sería una editorial dedicada exclusivamente a la educación cristiana. Una de las metas de la editorial es mejorar la enseñanza bíblica en el ámbito niño y adolescente, proveyendo ayudas prácticas para ese fin. Otra es proveer talleres y encuentros de maestros para ayudar a cambiar las actitudes tradicionales y sugerir métodos para mejorar la enseñanza espiritual de la niñez. Y una tercera meta es la de ayudar a las iglesias a cambiar las estructuras tradicionales de la escuela dominical para que se dedique más tiempo a la enseñanza en sí de los niños. Es alarmante ver hoy día que hay iglesias que han decidido no tener una escuela dominical, o una enseñanza sistemática para la niñez, creyendo que ya no sirve. ¡Eso es trágico!

En alguna medida, nuestra visión para que se logren estas metas se va cumpliendo. Aunque nunca podremos decir que la tarea está cumplida, de a poco veo que nuestra visión se encarna en muchos otros, quienes harán los cambios que, con el andar de los años, nuestra sociedad nos obliga hacer. Los que mantienen viva esta visión la llevarán a nuevas alturas. Pido que el Señor nos conceda la humildad de cambiar lo que es necesario para educar mejor a los niños y adolescentes de nuestras iglesias y proveerles los elementos para la formación espiritual de sus vidas.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 109–117). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

9. COMPLEJO DE INFERIORIDAD

¿Cómo podemos fortalecer el desarrollo espiritual del niño?

La formación espiritual del niño

imgres

Betty S. de Constance

Parte 2

Reflexiones sobre la evangelización de los niños

Capítulo 12

¿Cómo podemos fortalecer el desarrollo espiritual del niño?

a1Sabiendo que yo trabajo en la formación espiritual de los niños en mi iglesia, una madre vino a conversar conmigo y compartir su inquietud en cuanto a su hijo.
—Estoy muy preocupada por mi hijo —me dijo con voz llena de ansiedad—. Hace unas semanas, al concluir el culto, él oró con el pastor para recibir a Cristo como su Salvador. Cuando llegamos a casa, le pregunté cómo se sentía, pero no supo qué decirme.
—¿Y qué respuesta esperaba usted? —le pregunté.
—No sé exactamente —dijo—. Pero yo recuerdo muy bien el día en que yo recibí a Cristo como mi Salvador. Sentía un gozo enorme. Me parecía que estaba volando de alegría. En cambio a mi hijo, desde el día que hizo esa decisión, se lo ve triste y preocupado. Cuando le he preguntado sobre qué le está pasando, no sabe qué decirme. Por fin, hace poco me dijo: “Tengo dudas sobre mi fe, mamá. No sé si tengo una fe como dice el pastor que todos debemos tener.”
Por un rato seguí conversando con la madre sobre el tema. Traté de hacerle ver que el inicio de una vida de fe nunca ha de ser vivida de la misma manera por dos personas. Traté de ayudarla a entender que lo más importante era descubrir cuál era la causa de la confusión de su hijo en cuanto a su nueva “fe”. ¿Qué estaba entendiendo él sobre el asunto? ¿Qué condiciones le había sugerido el pastor como muestra de una verdadera fe? ¿Qué otros factores presentes en el hogar podrían estar contribuyendo a las inquietudes de su hijo?
Lamentablemente, no creo que mis palabras lograran un cambio de actitud en esa madre. Temo que ella siguió presionando a su hijo sobre la necesidad de sentir una emoción igual a la que ella había experimentado en su conversión.
Este incidente nos ayuda a enfocar otro aspecto que tiene que ver con la evangelización del niño. La pregunta que debemos hacernos es ésta: ¿Cómo podemos estimular la vida espiritual del niño una vez que haya tomado la decisión de entregar su vida a Cristo? A esta pregunta hay que agregar otra igualmente significativa: ¿Cuáles son los errores que podemos cometer que obstaculizan al niño en su desarrollo espiritual como hijo de Dios?
Para comenzar, la Biblia nos asegura que al nacer de nuevo la vida del niño, como de toda persona que cree, “está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3,NVI). Además, sabemos que el Espíritu Santo es quien se encarga de revelarle toda verdad (Juan 16:13). ¿Cuál es, entonces, nuestra responsabilidad para con este niño? ¿Podemos unir nuestros esfuerzos a los del Espíritu Santo para fortalecer y guiar esta vida? ¿Cómo podemos cuidarnos para no serle de estorbo en su desarrollo espiritual? Estos interrogantes son sumamente importantes para cada uno de aquellos que trabajamos en ministerios relacionados con la niñez.

Debemos recordar que el niño es, al fin, un niño

Uno de los problemas de la madre que mencioné al comienzo tiene que ver con cierta incapacidad que tenemos los adultos de ver al niño como un niño. Era lógico que ella interpretara lo que estaba pasando en la vida de su hijo desde la perspectiva de su propia experiencia pero, lamentablemente, eso le daba ocasión de juzgar la experiencia del niño como inadecuada. Jesús nunca cometió este error. En diferentes ocasiones les advirtió a sus discípulos que “el que no recibe el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él” (Marcos 10:15). Aunque el Señor no las define, sabemos que él estaba haciendo referencia a las características que tiene el niño y que deben ser reflejadas en las personas adultas que desean entrar en el reino de Dios. A mi entender, cuando Jesús puso a un niño como el ejemplo de estas características, estaba señalando el hecho de que los niños tienen una forma única, genuina, transparente y natural de acercarse al reino de Dios y estas cualidades son las que más le agradan al Señor.
El niño que toma la decisión de entregar su vida a Cristo ha vivido pocos años y sus experiencias de vida son muy limitadas en comparación con las de los adultos. Sus pecados, o sea, su rebeldía contra el control de Dios sobre su vida, deben ser percibidos dentro de los parámetros de su conducta como niño y no con las dimensiones que tienen los adultos. La emoción que pueda o no sentir en el momento de hacer su decisión por Cristo se relaciona con lo que él puede entender. No debe ser comparada con las profundas dimensiones de convicción de pecado y pesadas cargas de culpa que puede sentir un adulto. También, como posiblemente haya ocurrido en el caso del niño que mencioné, puede haber algún aspecto de este proceso que lo haya impactado pero sin que lo entendiera bien. Por ejemplo, es posible que para este niño la frase “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6,NVI), que probablemente escuchó en alguna predicación, le haya parecido un requisito imposible de satisfacer. Él podría estar tratando de medir y aumentar su fe sin saber cómo hacerlo. La confusión que siente no tiene nada que ver con el hecho de ser salvo. Más bien, tiene que ver con la pregunta que nos hacemos todos alguna vez: “¿Por qué no tengo más fe?”
La persona que trabaja con los niños en sus procesos de formación espiritual debe cuidarse de no hacer juicios sobre las evidencias externas de la fe del niño. Al contrario, debe hacer lo posible por escucharlo y por ofrecerle repetidas oportunidades de hacer preguntas y admitir su confusión. Cuando nos ocupamos de hacer esto, el pequeño nuevo creyente se sentirá apoyado y no hostigado en su desarrollo espiritual.

Debemos ser conscientes de los efectos de ciertas doctrinas

Cuando el niño inicia su vida con Dios, es posible que se encuentre con ciertas enseñanzas bíblicas que pueden resultarle como “trampas” y que pueden impedir su desarrollo espiritual. Al decir que son “trampas”, me refiero al hecho de que hay ciertas enseñanzas que el niño escucha a través de las predicaciones o estudios bíblicos para adultos que le crean confusión. Algunas de las doctrinas que suelen tener un efecto negativo sobre el niño son aquellas que se relacionan con la segunda venida, el infierno y el juicio final. Como el niño tiende a vivir todo en el presente, encuentra complicado el concepto del futuro. Por ejemplo, los niños de menos de seis años de edad tienen dificultad en entender el concepto de “más tarde” o “mañana”. Los números en el calendario o almanaque no representan el futuro; sólo representan números. Por tanto, estas doctrinas suenan para ellos como algo inminente.
Supe de una niña de siete años de edad que había quedado traumatizada luego de ver una película sobre la segunda venida. Por meses se escondía aterrada en un armario cada vez que alguien llamaba a la puerta de su casa. Cuando por fin su madre pudo entender la causa de la conducta extraña de su hija, descubrió que la niña creía que en cualquier momento llegaría Jesús para llevarse a su familia, dejándola a ella. Aunque había recibido a Cristo como su Salvador personal, era una niña algo traviesa y estaba convencida de que a causa de sus conductas Jesús no la iba a llevar junto con su familia.
Distorsiones similares a ésta ocurren en la mente del niño especialmente con relación al infierno. Como muchas veces se habla del infierno como un lugar de terrible sufrimiento y castigo, el efecto lamentable es de crear gran miedo en el niño. Además, esta reacción afecta la manera en la cual el niño conceptúa a Dios. Es difícil que él piense en un Dios de amor cuando cree que está en peligro de ser enviado al infierno y allí sufrir por sus conductas, o como dije antes, de ser arrancado del seno de su familia. Con esto no quiero decir que debemos eliminar estas doctrinas que, al fin, tienen fundamento bíblico. Más bien, debemos estar muy atentos a cómo el niño las está entendiendo y ser prontos en corregir sus distorsiones. Sobre todo, nunca deberíamos utilizar las doctrinas del infierno, la segunda venida o el juicio final para infundir miedo en el niño o tratar de controlar sus conductas. Al contrario, el maestro necesita tener una sensibilidad especial frente a todo lo que el niño está adquiriendo que pudiera afectar su imagen de Dios.

Personificar la gracia en el trato con el niño

Es demasiado fácil caer en una dimensión de legalismo en la vida religiosa. Siempre queremos establecer conductas que sirvan para definir nuestra vida espiritual. Hacemos lo mismo con los niños. Queremos imponer reglas de conducta que nos ayudan a evaluar su desarrollo espiritual. Nos olvidamos que lo que más nos corresponde, una vez que el niño haya hecho su decisión de entregar su vida a Cristo, es nutrir su relación con el Señor. Ésta es una relación que representa un terreno sagrado, una relación única. Ninguna persona, ni antes ni después, tendrá la misma relación con Dios que ha iniciado este niño. Dios se goza en la adoración y alabanza que salen del corazón de esta pequeña persona, y por medio del Espíritu Santo en su vida se encargará de revelarle su amor y su grandeza. No se puede ni se debe reglamentar este proceso.
A la vez, esta nueva relación del niño para con Dios es frágil, no en el sentido de dejar de existir, sino en la definición de esa relación. Ésta tiene una gran probabilidad de ser distorsionada por medio de las muchas influencias que rodean la vida del niño. Si, por ejemplo, alguien con autoridad sobre él comienza a usar su decisión de fe como la base de una disciplina (“Si de veras tú fueras cristiano, no pelearías tanto con tu hermana”), enseguida el niño empieza a ver a Dios como una fuerza más de presión que se une a las demandas de sus padres para controlar sus conductas. Ésta no es la meta de la formación espiritual. Es lamentable que en muchas iglesias existan sistemas de control que crean un ambiente de presión sobre sus miembros. El resultado de este legalismo es que muy pronto la vida cristiana llega a ser vivida sobre la base de reglas y leyes de los hombres y no de Dios. La razón de ser de la vida cristiana, que es una relación hermosa y llena de amor entre Dios y sus hijos, comienza a desaparecer. Se vive temiendo el “qué dirán” con relación a las personas con autoridad, en lugar de vivir nutriendo y profundizando la relación de amor con Dios.
Es obvio que el obedecer las leyes de Dios y las reglas familiares son parte fundamental de pertenecer a una familia. Lógicamente, el respeto y la obediencia a las leyes son algo que agrada profundamente a Dios. Sin embargo, a través de las Escrituras leemos que la obediencia que es hecha por obligación y no por amor no es de agrado a Dios: “El Señor dice: ‘Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” (Isaías 29:13,NVI). Debemos reconocer, entonces, que la impotencia del niño frente a la vida hace que sea especialmente vulnerable a los efectos del legalismo, respondiendo con temor a las demandas de personas con autoridad sobre él, y no a una obediencia impulsada por amor hacia Dios. Este ambiente de exigencias irá apagando el entusiasmo espiritual en el niño, hasta que finalmente puede llegar a rechazar todo lo que para él representa “la iglesia”.
Lo opuesto de la religión legalista es la fe por gracia. En su actuar con nosotros, Dios obra a través de la gracia. Busca con afán relacionarse con nosotros dentro del contexto del amor, que es su misma esencia (1 Juan 4:8). Su actitud frente a nuestros fracasos es dolor por la relación dañada y no una actitud de juicio y castigo, como tantas veces creemos. Sólo con observar la ternura y compasión con la cual Jesús trató con Pedro después de su negación, podemos tener la seguridad de que lo que Dios más desea es la restauración de nuestras vidas. Si los adultos que acompañan al niño en su peregrinaje espiritual pueden vivir esta actitud de gracia para con él frente a sus tropiezos y caídas, estarán haciendo algo sumamente importante para fortalecer su relación con Dios.
El gran mensaje del evangelio es la gracia. Philip Yancey, en su libro Gracia Divina, Condena Humana habla de la gracia con estas palabras:

La noción de que el amor de Dios nos llega sin cargo alguno, sin ataduras, parece desafiar todo instinto humano. Únicamente el cristianismo se atreve a ofrecer el amor de Dios en forma incondicional. Consciente de nuestra resistencia innata hacia la gracia, Jesús habló de ella con frecuencia. Él describió a un mundo envuelto en la gracia de Dios: donde el sol resplandece sobre los buenos y los malos; donde los pájaros recogen gratis las semillas que no han sido sembradas ni cosechadas; donde las flores silvestres estallan en flor sobre las laderas rocosas. Como un visitante de otro país que se fija en todas las cosas que los nativos ignoran, Jesús veía la gracia en todo lugar.

A través de todo su libro, este autor describe cómo la gracia de Dios actúa en la restauración de vidas, haciendo que el lector mire un panorama nuevo que inspira gozo y libertad. Ése es el mensaje que queremos que los niños también entiendan, por nuestro ejemplo sobre todo, pero igualmente por nuestro trato con ellos.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 101–107). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

«CREO QUE ESTÁ ABUSANDO DE [LA NIÑA]»

16 abr 2016

«CREO QUE ESTÁ ABUSANDO DE [LA NIÑA]»

cr

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«[Sufrí abuso] a los cinco años. Viví un infierno con mis padres alcohólicos.

»Actualmente…. siguen en el alcohol. Ahora crían a las hijas de mi hermana menor porque es drogadicta…. Hoy fui a visitarlos. ¡Mi madre estaba ebria con la niña de dos años, y mi padre con la niña de seis encerrado en el dormitorio! Creo que está abusando de ella. ¿Qué hago? No sé sí son ideas por el trauma, o estoy siendo cómplice de un crimen como ese. He llorado todo el día pensando que esta criatura pase por lo que yo pasé.

»¡Ayúdeme, por favor! Regresaron a mí la angustia y la tristeza sólo de pensarlo.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Lamento mucho que haya tenido una niñez tan difícil…. [Pero] nos quedó la duda en su caso si quien abusó de usted fue su padre o si fue otra persona. Si fue su padre, entonces usted tiene la prueba de que él es un pedófilo, y es urgente que asuma la responsabilidad de hacer lo necesario para impedir que su sobrina corra ese peligro. Si el país en que usted vive aplica todo el peso de la ley en los casos de pedófilos, entonces usted debe de inmediato dar parte a la policía de lo sucedido, contándoles también sus temores acerca de lo que pudiera estar ocurriéndole a su sobrina….

»Ahora bien, si su país no se preocupa por llevar a juicio a los pedófilos, o si lo que le sucedió a usted fue hace tanto tiempo que ya no puede procesarse judicialmente, entonces usted debe confrontar a su padre y también revelarles la verdad a sus demás familiares. Es necesario que ponga al descubierto ese secreto para que otros puedan comprender por qué su sobrina necesita que se le proteja.

»Sin embargo, si quien abusó de usted no fue su padre, entonces es posible que su propia experiencia haya afectado la manera como usted interpretó la situación que se está dando en el hogar de sus padres. En definitiva, debe seguir observando y constatando si hay o no alguna evidencia de abuso; pero si no tiene pruebas, no hay por qué formular ninguna acusación….

»Esas niñas, al crecer con una madre drogadicta y con abuelos alcohólicos, van a tener serios problemas emocionales que afrontar…. Usted y su esposa pueden servirles de ejemplo, y a medida que crezcan ustedes pueden enseñarles acerca de un Padre celestial que las ama y quiere darles una vida mejor. Busquen una iglesia en la que ofrezcan clases para niños y asegúrense de llevarlas con regularidad. Dios ha preparado a maestros amorosos que pueden influir positivamente en la vida de esas niñas si se les da la oportunidad.

»Nada de esto será fácil, pero con la ayuda de Dios y el respaldo de su esposa, usted puede hacer lo debido. Las fuerzas para lograrlo vienen del Señor,1 así que pídale que lo ayude.

»¡Anímese!»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo ingresar en el sitio http://www.conciencia.net y pulsar la pestaña que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 247.


1 Fil 4:13

http://www.conciencia.net/