13-“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Trece

“¿YO, UN LÍDER ESPIRITUAL?”

a1¿Qué significa ser un líder espiritual?

En lugar de dar una respuesta corta a esta pregunta tan común, voy a pedirte que pienses acerca del liderazgo espiritual desde varias perspectivas. Como una pizza que se corta en varios pedazos, cada pedazo correspondiendo a una parte de la pizza entera, el liderazgo espiritual puede ser definido una parte a la vez.

De hecho, sin darte cuenta tú ya haz cortado al menos seis “pedazos” en el proceso de arribar a este capítulo. Cuando te detengas a analizarlo, la mayoría de los capítulos de este libro tienen que ver con varias responsabilidades del liderazgo espiritual. Déjame explicártelo analizando brevemente lo que hemos considerado en los capítulos previos sobre tu responsabilidad de ser un líder espiritual.

• Capítulos Uno y Dos: Un Líder Espiritual es un hombre que vive con su esposa de manera comprensiva.

• Capítulos Tres y Cuatro: Un Líder Espiritual es un hombre que sabe cómo comunicarse bíblicamente.

• Capítulos Cinco, Seis y Siete: Un Líder Espiritual es un hombre que ama a su esposa como Cristo ama a la iglesia.

• Capítulo Nueve: Un Líder Espiritual es un hombre que puede discernir la condición espiritual de su esposa y guiarla amorosamente hacia la madurez espiritual.

• Capítulo Once: Un Líder Espiritual es un hombre que está consciente de los peligros que enfrenta su esposa y que sabe cómo protegerla de esos peligros.

• Capítulo Doce: Un Líder Espiritual es un hombre que honra a su esposa como a un vaso más frágil (es decir, la trata como a un vaso frágil).

A estas definiciones activas del liderazgo espiritual sólo voy a agregar dos más. La primera se enfoca en un aspecto que tiene que ver con que seas cabeza de tu esposa.

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo (Ef. 5:23).

¿Qué significa que seas cabeza de tu esposa? Ser cabeza de tu esposa significa que eres responsable. Eres responsable de presidirla y de proveerle. Ultimadamente tú eres el responsable de lo que sucede en su vida. Eres responsable de estar enterado de lo que tu esposa está haciendo y de cómo lo está haciendo. Eres responsable, como ya lo he explicado, de vivir con ella con conocimiento para santificarla y protegerla. Pero más que todo, como su cabeza, eres responsable de amarla.

Como suele suceder, Jay Adams lo dice bien:

Mira de nuevo Efesios 1:22, donde Pablo describe cómo es que Cristo es cabeza de la iglesia. Si un esposo quiere saber cómo ser cabeza de la esposa y cómo eso es paralelo con la forma en que Cristo es cabeza de la iglesia, lo puede encontrar en este verso. Dice: “Y todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a [o mejor, por] la iglesia, la cual es su cuerpo.” En otras palabras, todas las cosas que han sido dadas a Cristo Jesús son dadas a Él para su iglesia, y Él ejerce como cabeza sobre Su iglesia para su bendición, para su beneficio, para su bien. El poder, autoridad, gloria, honor y posición de cabeza a la diestra del Padre le fueron dadas a Él para que pueda ejercer y mediar para Su iglesia. Su función como cabeza está orientada hacia la iglesia. La Iglesia es Su cuerpo. La cabeza alimenta al cuerpo, nutre al cuerpo y se preocupa por el cuerpo. La cabeza no anda por sí misma sino que se preocupa siempre por el cuerpo. Siempre está enviando los mensajes que traen restauración y proveen para la seguridad y bienestar de las varias partes del cuerpo, la cabeza preserva y se hace cargo del cuerpo.

La posición de Cristo como cabeza envuelve un interés profundo por la iglesia. Esta es la clase de liderazgo que los esposos son llamados a ejercitar con sus esposas. Ellos son cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de Su iglesia, lo cual significa que no ejercen independientemente su tarea de cabeza colocados remotamente en un pedestal mientras sus esposas abajo se arrodillan y raspan el suelo. Más bien como cabeza ministran a su esposa pues son una cabeza que se preocupa de ella. Es una cabeza en amor orientada a hacer todo lo que pueda por la esposa. Cristo amó a la iglesia suficiente para morir por ella. ¿No le dará gratuitamente todas las cosas entonces? Por supuesto, dice Pablo. Y así debe ser con nuestras esposas. Ser tiranos y arbitrarios como cabeza no está permitido. Ser cabeza significa amor; es decir, entregarse uno a sí mismo [énfasis agregados].1

Al darte la posición de “cabeza,” Dios te ha dado un uniforme. Es un uniforme que probablemente te queda muy grande, para el cual tienes aún que crecer en tu plenitud. Todavía te falta amar a tu esposa como Cristo ama a la iglesia. Sí, es cierto que tu esposa tiene que aprender a distinguir entre tu posición como su cabeza y tu personalidad, la cual aún estás tratando de agarrarle el paso a la posición. Claro que sí; ella tiene que respetar ese uniforme aun si es siete tallas más grande que tú. Pero tú tienes que continuar haciendo todo lo que puedas para llenar ese uniforme. Tienes que aprender a ser el líder amoroso que Dios requiere que seas. Mientras más hagasmientras más te ajustes a ese uniforme viviendo a la altura de la posición de honor que Dios te ha dado por su gracia-más fácil le será a tu esposa hacer las dos cosas más difíciles que Dios le requiere: ser sumisa a ti (Ef. 5:22–24; 1 Pedro 2:1) y respetarte (Ef. 5:33; 1 Pedro 3:4–5).

Un Líder Espiritual es un hombre que asume la responsabilidad de dirigir su casa

La escritura registra las características de la clase de hombres que son calificados para el liderazgo de la iglesia. Tanto a los pastores como a los diáconos se les requiere demostrar eficiencia como administradores de su casa.

Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?) … Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus propias casas (1 Tim. 3:4–5, 12).

Todos los hombres tienen que gobernar su casa. Los oficiales de la iglesiatienen que hacerlo bien. Un líder espiritual es entonces un administrador.Él maneja su familia de acuerdo a los principios bíblicos. No es que Él lo hace todo sólo sino que vela para que cada miembro de la casa cumpla con su responsabilidad bíblica. Tampoco es un micro-administrador que tiene que meter la mano en cada proyecto. Más bien está enterado de todo lo que sucede en su casa. Él sabe lo que se tiene que hacer, pero también sabe cómo delegar responsabilidades a los que son capaces de cumplirlas.

“Ser cabeza” no significa aplastar los talentos y dones de la esposa. No significa hacer todas las decisiones sin tomarla en cuenta a ella o a tus hijos, o no darle el poder de tomar decisiones o hacer algo por su cuenta. Precisamente lo opuesto es la verdad de la imagen bíblica. Un buen director sabe cómo poner a trabajar a otra gente. Un buen director sabe también cómo mantener a sus hijos y a su esposa ocupados. Ciertamente ese hombre que se sentaba entre los ancianos a la puerta era un buen director. Él había reconocido en su esposa toda clase de habilidades y dones de Dios, los cuales le había motivado que desarrollara y usara. Y ella estaba usando éstos para el beneficio de su esposo y de toda la casa. Esto es lo que hace un buen director. Él será cuidadoso de no descuidar o destruir las habilidades de su esposa. Más bien, usará estos dones al máximo. El buen director reconoce que Dios le ha provisto a su esposa como una ayuda. Él recordará que la Escritura dice “el que halló esposa halló el bien.” Él no considerará que ella deba ser arrastrada. Más bien, pensará de ella como una ayuda útil y dejara que le ayude. Él la motivará a que sea ayuda.2

En su libro, Manual de Tareas para la Consejería Bíblica (A Homework Manual for Biblical Counseling), el Dr. Wayne Mack tiene una sección titulada, “Distribuyendo Responsabilidades.” Yo he dado este material como tarea incontables veces a través de los años a parejas para ayudarlas a hacer eso mismo. Wayne, amablemente, me ha dado el permiso para reproducir esta hoja como un apéndice en este libro. Yo te animo a que te sientes con tu esposa y juntos revisen el material. Esto será un gran paso para que seas un buen administrador que sabiamente delega responsabilidades a su “ayuda idónea.”

Cuando hay problemas dentro de la casa, un buen administrador se encarga de que se resuelvan escrituralmente. Cuando hay conflictos en su casa, se encarga de que se resuelvan bíblicamente. Él ayuda a la coordinación del horario. Ve que cada uno en casa sea tratado con justicia y equidad. Además, si alguien es temporalmente incapaz de llevar su carga, él está dispuesto a arremangarse la camisa y “sustituir” al que no puede. Dicho de manera simple, un buen administrador está dispuesto a hacer cosas que no caen dentro de sus responsabilidades usuales tales como cambiar pañales, cocinar, pasar la aspiradora o ir a hacer las compras.

De acuerdo a la Escritura, él también tiene que poder “controlar” su casa. Cuando yo estaba en la universidad bíblica tuve una interesante conversación con la esposa de uno de mis profesores. Esta querida señora tenía una aversión a la palabra “control” en referencia a la relación del esposo y la esposa. Como consejero, y habiendo aconsejado a muchos hombres que habían abusado de su autoridad volviéndose tiranos, dictadores y abusadores dominantes que herían a sus esposas terriblemente, yo podía ciertamente simpatizar con tal sentimiento. Como un estudiante de la Biblia, sin embargo, no podía escapar del hecho de que la Escritura enseña que el hombre tiene que gobernar sobre su esposa:

Genesis 3:16 A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.

Para entender mejor el significado de este texto, veamos más detenidamente la frase “tu deseo será para” tal como aparece un capítulo después en Génesis 4:7:

Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.

Los académicos están en desacuerdo sobre el significado exacto de este texto. Algunos sostienen que el tema del cual Dios está hablando es el de la primogenitura (los derechos dados al hijo mayor). Esta opinión afirma que por la virtud de su primogenitura, Caín no debería haber tenido envidia de Abel porque tenía los privilegios de la primogenitura. Su hermano, entre otras cosas, tendría que haberse sujetado a esta regla. Esto parece ser la interpretación de los traductores de la versión Reina Valera: “a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

La otra opinión, que yo favorezco, conecta esta oración a la frase previa, “el pecado yace a la puerta.” De acuerdo a esta interpretación, el pecado debería regir (controlar) a Caín, pero Caín debería ser responsable de dominarlo (controlarlo). Por supuesto, ya que “ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal) (2 Pedro 1:20), sólo es un significado el que la Biblia intenta. Sólo una de estas dos opiniones (si es que alguna está correcta) es la que la que el Espíritu Santo transmite. Ambas interpretaciones, sin embargo, hacen esencialmente lo mismo con la frase “deseo será:” ambas lo interpretan como “regir sobre” alguien o algo.

Ahora, al poner ese matiz en el significado de Génesis 3:16 podemos decir que su significado básico es: “tu deseo será controlar a tu esposo, pero él se enseñoreará de ti.” Yo creo que como resultado de la caída, la proclividad de la mujer es controlar a su esposo. Pero Dios ha dicho que no debe ser de esa manera. El esposo debe controlar (dirigir) a su esposa. Déjenme apresurarme a decir, no sea que te vuelvas altivo en tu función de cabeza, que como resultado de la caída, tu proclividad como dirigente de la casa será la de ser intolerante, dominante y dictatorial como autoridad. Esto es algo contra lo cual debes estar constantemente en guardia porque es abuso de poder. También va contra la segunda definición activa del liderazgo espiritual que prometí que iba a darte en este capítulo.

Cuando piensas en ser dirigente, talvez visualizas a alguien que es el jefe y tiene el derecho de dar órdenes. El problema con este concepto de liderazgo es que es más pagano que cristiano. Es cierto que en un sentido, como cabeza de tu familia, técnicamente tú eres “el jefe.” Sin embargo tú no eres el dueño de la familia; es Dios, y Él tiene algunas instrucciones bastante rígidas acerca de la clase de “jefe” que tú debes ser. Sí, tú tienes el derecho de dar directrices, pero tienes la responsabilidad de hacerlo sólo de acuerdo a los principios bíblicos (ver el apéndice F: “Guía Para Darle Directrices a Tu Esposa,” para las limitaciones que Dios le pone a tu “derecho” de darle instrucciones a tu esposa). Sí; tú puedes “imponerte” sobre sus decisiones, pero sólo si tus motivos son puros, no-egoístas y si lo haces por razones bíblicas.

Un Líder Espiritual es un hombre que ha aprendido a ser un servidor de su esposa

Si tú eres realmente un servidor de tu esposa, no te convertirás en ese insoportable, dominante y dictatorial acosador del cual te he advertido. Ser un siervo y ser un acosador son mutuamente exclusivos. Examinemos una mirada a una importante lección que el Señor enseñó a sus discípulos acerca del liderazgo y entonces hagamos algunas aplicaciones a tu papel como líder amoroso de tu esposa:

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo. Y Él le dijo: ¿Qué deseas? Ella le dijo: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero respondiendo Jesús, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: Mi copa ciertamente beberéis, pero sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre. Al oír esto, los diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:20–28).

¿Qué es exactamente lo que Juan y su hermano están pidiendo aquí? Respuesta: ¡La posición preeminente de honor en el reino de los cielos sobre todos los santos de Dios que hayan vivido antes y después de ellos! ¡Eso es ambición!

Jesús, después de explicarles a los hermanos que tal posición requeriría un sacrificio personal tremendo y que sólo Dios el Padre puede otorgarlo, llama a todos sus discípulos. ¿Por qué hizo eso? Para enseñarles a todos una lección. La indignación de los otros diez discípulos (v. 24) destaca el deseo obvio por preeminencia de parte de Juan y Santiago. Pero esta indignación de parte de los otros diez revela también el conflicto de ellos con la codicia por la preeminencia. Note que Mateo dice que ellos no estaban “preocupados con” o “turbados por” sino que “se indignaron contra” los dos hermanos. El Señor Jesús les respondió diciendo, “Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos.”

Durante el tiempo de Cristo, prácticamente cada gobernante gentil tenía como sistema de administración alguna forma de dictadura. Los discípulos estaban bien familiarizados no sólo con la autocracia, pero también con el abuso de poder que frecuentemente le acompañaba. El término “enseñorearse sobre” es una palabra en griego. Literalmente se puede traducir, “regir subyugando.” La palabra significa “someter al poder de uno” o “mantener en sujeción,” y “ejercer señorío o dominio sobre alguien.”

El término “los gobernantes de los gentiles” se refiere a quienes tiene posiciones de autoridad gubernamental, mientras que el término “los grandes” se refiere a los que han obtenido posiciones de honor y distinción en la sociedad por otras razones. Ellos han logrado el status de “grandes” por su riqueza, linaje, intelecto, educación o personalidad carismática. Pero como sea que lo hubiesen logrado, eran tenidos en alta estima por la sociedad y usaban su “grandeza” para influenciar y controlar a otros de una manera que Jesús censura fuertemente.

El verbo traducido “ejercen autoridad” conlleva la idea de ejercer la autoridad contra alguien (es decir, antagonística u opresivamente). Estos grandes hombres usaban su influyente posición para ejercitar una clase de autoridad opresiva, dominante, dictatorial y aprovechada. Sin embargo, ésta no era la forma en que los discípulos debían de ejercer la autoridad dada a ellos por Dios.

Jesús continuó: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.” Jesús está explicando a sus discípulos que tanto ellos como los gentiles estaban equivocados. Sus motivos egoístas habían invertido y pervertido la única manera real de obtener grandeza.

Cuando Jesús dijo, “el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor,” Él estaba hablándole a su ambición no mortificada. “es una cosa desear ser grande o aun el primero en el reino de los cielos cuando, de hecho, tienes también la disposición de ser el siervo y el esclavo de todos,” dijo Jesús. “Sin embargo, es una cosa diferente amar el primer lugar entre todos los ciudadanos del reino de los cielos porque deseas enseñorearte sobre todos.”

Entonces Jesús procedió a mostrarles dos puntos cruciales. El punto uno se halla en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Por supuesto esta grandeza es desde el punto de vista de Dios. John Mac-Arthur lo explica así:

[Jesús … estaba hablando de una clase de grandeza enteramente diferente a la que Juan y Santiago buscaban y que el mundo promueve. Esta clase de grandeza es agradable a Dios porque es humilde y sacrificada, no altiva y auto-complaciente. El camino a la grandeza es agradándole a Él y sirviendo a otros en Su nombre. A los ojos de Dios, el que es grande es el que es siervo voluntario.3

Note este espíritu humilde, no dictatorial, en el apóstol Pablo. Pablo le recuerda a los tesalonicenses que él y sus colaboradores en el evangelio no estaban “buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad” (1 Tes. 2:6). De nuevo, cuando le escribió a Filemón y lo urgió a perdonar a su esclavo fugitivo Onésimo y a recibirlo de regreso como a un hermano, Pablo le dice a su amigo, “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte hacer lo que conviene, no obstante, por causa del amor que te tengo, te ruego” (Filemón 1:8–9).

Un “siervo” es uno que deja a un lado sus derechos y que ejecuta los mandamientos de otro. En los días de nuestro Señor, este término describía a una persona de posición inferior que realizaba una labor pagada, parecido a una persona que limpia casas.

El segundo punto que Jesús hace en Mat. 20:20–28 se encuentra en estas palabras:

El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor.

Escuche unas pocas definiciones de la palabra que se traduce “esclavo” en el léxico griego: Uno que se entrega a la voluntad de otro; uno que se dedica a otro sin considerar sus propios intereses; uno que esta en una relación permanente de servidumbre a otro cuya voluntad es consumida totalmente por la voluntad de otro.

La humillación personal de uno mismo a la posición más baja entre los santos se halla en el mero corazón de los que nuestro Señor está enseñando aquí. Si tú quieres ser considerado “grande” por Dios, si quieres complacerlo a Él más que a los hombres, tú, como nuestro Señor, te convertirás en un siervo. Hombre cristiano, si quieres ser un “gran” líder espiritual para tu esposa, te harás su siervo. Es así de simple.

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo (Fil. 2:5–7).

Esta emulación de la “actitud” o “mentalidad” de Cristo es el punto exacto que Jesús enfatiza cuando concluye su lección a sus discípulos interesados en sí mismos: “Así como” dijo Jesús. ¿“Así como” qué? “Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mat. 20:28). Jesús está diciendo: “sigue mi ejemplo. Yo no vine a buscar una posición. Yo no vine para que otros pudieran satisfacer mis necesidades, sino para satisfacer las de ellos.” Si alguien tenía el derecho de demandar el servicio de otros, Él lo tenía. Pero en lugar de insistir en Su derecho a ser servido, Él dio Su vida para servir a otros. Esa es la clase de liderazgo que Dios está buscando. Esta es la clase de líder que tú debes ser para tu esposa – un siervo líder.

Wayne Mack ha capturado el corazón de este pasaje bastante bien:

De acuerdo a este pasaje, un líder es primero y sobre todo un siervo. Su interés no es él mismo; su interés no es dar órdenes, ser el jefe de la gente a su alrededor o imponer su opinión. Su interés es llenar las necesidades de otros. Ciertamente, si los mejores intereses de otros no están en su corazón, si no está dispuesto a sacrificarse a sí mismo – sus necesidades personales, anhelos, deseos, aspiraciones, tiempo, dinero – si las necesidades de otros no son más importantes que la propias, él no está calificado para dirigir.

Este mismo concepto de siervo-líder se puede ver en otros lugares del Nuevo Testamento (1 Pedro 5:3; 1 Tes. 2:5–11). En el capítulo trece de Juan, Cristo puede ser visto “tomando forma de siervo” mientras lava los pies de sus discípulos.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis (Juan 13:12–17).

Cómo Ser un Siervo de tu Esposa

Ahora que entiendes la necesidad de servir (ministrar a) tu esposa, veamos algunas de las maneras específicas en que puedes llegar a ser más un siervolíder.

1. Haz una lista de las maneras en que has abusado de tu autoridad sobre tu esposa. Aquí hay algunas comunes con las que puedes comenzar:

• Pidiéndole que haga cosas pecaminosas.

• Pidiéndole que haga cosas que violan su conciencia.

• Prohibiéndole que haga cosas por egoísmo más que por amor.

• Siendo irrazonable y luego escondiéndote en tu posición de cabeza (“no tengo por qué estar explicándote porque yo soy la cabeza de la casa”).

• Tomando decisiones sin contar con su criterio.

• No permitiéndole apelar tus decisiones.

• Pidiéndole que haga cosas sin tomar en consideración sus flaquezas.

• No tratándola como un vaso más frágil.

• Dándole un número excesivo de órdenes y prohibiciones.

• Gritándole órdenes en lugar de pedirle con amabilidad.

• Usando formas de comunicación groseras o con actitud de superioridad.

• Usando reprimendas y críticas recriminatorias cuando hace algo errado en lugar de consolarla y animarla de forma amorosa para que cambie sus caminos.

• Siendo físicamente abusivo con ella.

• No buscando la asistencia del consejo de otros sobre los conflictos no resueltos, y prohibiéndole a ella que lo haga.

2. Pídele perdón por las formas específicas en que haz impuesto tu autoridad sobre ella y por no tener un corazón de siervo. Recuerda usar el formato discutido en el capítulo cuatro:

Primero: Reconoce que has pecado contra ella.

Segundo: Identifica tu pecado específico con su nombre bíblico.

Tercero: Reconoce el daño que le ha causado tu ofensa.

Cuarto: Identifica una conducta bíblica alternativa para demostrarle arrepentimiento.

Quinto: Pídele perdón.

3. Ora regularmente por ella y por tu actitud hacia ella, pidiéndole a Dios que te dé sabiduría y humildad para ser un siervo.

• Ora por su salvación (si ella no es creyente).

• Ora por su salud y seguridad.

• Ora por su crecimiento espiritual.

• Ora para que sea orientada a la obediencia antes que orientada a los sentimientos.

• Ora para que tenga discernimiento.

• Ora para que sea protegida de malas influencias y que sea una influencia piadosa sobre otros.

• Ora para que sea una madre piadosa para sus hijos.

• Ora para que su carácter desarrolle aspectos específicos que sean consistentes con el carácter de Cristo.

• Ora que Dios le dé la gracia de ser más como la mujer de Proverbios 31 y de Tito 2.

• Pregúntale regularmente por peticiones adicionales que ella pueda tener para oración.

4. Proponte ayudarla a lograr sus metas que honran a Dios.

Entusiásmate en ayudarla a ser exitosa. Pregúntale sus metas y cómo puedes ayudarla a lograrlas. Determina y escribe esas metas y busca ayudarla a cumplirlas por la gracia de Dios.

5. Busca oportunidades para ministrarla en otras maneras. Invierte tu tiempo, esfuerzo, pensamientos y dinero en ministrarle; descubre lo que necesita y usa tus recursos para satisfacerla.

6. Asístela en cumplir sus tareas y otras responsabilidades.

Algunos esposos piensan que hay algo no masculino en lavar los platos, limpiar la casa, cuidar a los niños o hacer compras … [ellos] no levantarían un dedo en hacer nada que consideren trabajo de la mujer. Él puede estar en el cuarto donde el bebé comienza a llorar, y la esposa puede estar en el otro lado de la casa, pero el esposo no sabrá por qué está llorando el bebé. En lugar de eso grita, “Juanita, el bebé está llorando. Ven y haz algo.” Y ella tiene que dejar lo que está haciendo y venir hacia donde él está.

Esta clase de esposos no entienden el verdadero liderazgo bíblico.

7. Aprende a estimarla más de lo que te estimas a timismo.

• Mira las características virtuosas de ella de las cuales tú mismo tienes más necesidad y pídele que te ayude a adquirirlas.

• Cuando hagas una decisión considera como esta afectará tus intereses y los de ella.

• Elógiala por sus cualidades que son bíblicamente dignas de reconocimiento. Recuérdaselo frecuentemente.

• Guarda tu corazón de desarrollar un patrón de pensamientos críticos, condenatorios, acusatorios y fiscalizadores. Tales pensamientos te harán muy difícil (si no imposible) estimarla más que a ti mismo.

Al cerrar este capítulo, me gustaría conectar estas dos definiciones activas del liderazgo espiritual mostrándote cómo se relacionan una a la otra. Talvez tú te preguntaste, mientras leías sobre tu responsabilidad de ser un dirigente (definición #1), “¿Cómo voy a lograr que mi esposa se ponga bajo mi autoridad? ¿Cómo voy a traerla y mantenerla bajo mi ‘control’?” La respuesta a esta frecuente pregunta se encuentra en la definición #2: Tú la controlarás siendo un siervo de ella; amándola de la manera que Cristo ama a la iglesia. Esta es realmente la mejor manera de motivarla a que sea sumisa a ti. A medida que seas un siervo (a medida que te pongas ese uniforme), ella, con toda probabilidad, paulatinamente encontrará más fácil someterse a tu autoridad. Ella, como la iglesia hace con Cristo, te amará porque tú la amaste primero.

Maneras Específicas en Que Puedo Servir a Mi Esposa

1. Asístela con algunas de sus tareas.

2. Asístela con algunas de sus otras responsabilidades.

3.

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5.

6.

7.

8.

9.

10.

Agrega a esta lista algunos ejemplos adicionales de cómo puedes servir a tu esposa …

1 Jay E. Adams, Christian Living in the Home (Phillipsburg, New Jersey: Presbyterian and Reformed Co., 1972), pp. 95–96.

2 Ibid, p. 91

3 John F. MacArthur, The MacArthur New Testament Commentary, Matthew 16–23 (Chicago: Moody Press, 1988), p. 24.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 229–246). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

POR EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-30

a1La famosa carrera de Maratón hace referencia al acto heroico en el cual Domedrión, general ateniense, corrió 42 kilómetros para dar la noticia al Gran Alejandro Magno sobre la victoria del ejército heleno en dicha ciudad: Marathon. Cuando los atletas griegos se disponían a correr la Maratón cada año lo hacían  conmemorando aquel suceso y a aquel soldado. De alguna manera cada competidor era poseído por ese espíritu de héroe y sólo pensaba en llegar primero. Sumado a este estímulo interior había otro externo que era el observar al podio, el estrado, los laureles, la corona que, intencionalmente, se ponía en el miso lugar de la partida. También hoy, en las carreras modernas, muchas veces el lugar de la largada coincide con el de la llegada. Esta misma táctica de los organizadores de eventos deportivos se observa, por ejemplo, en competencias deportivas a nivel internacional como el fútbol o el tenis donde se ubica el trofeo a conquistar en la salida misma de los competidores por el túnel. Ellos pasan al lado del trofeo, miran de reojo y sus espíritus se cargan de una dosis extra de energía porque saben que deben obtenerla a cualquier costo. Aun durante la carrera el recuerdo del trofeo y la imagen del momento de la llegada están grabados delante de él y en momentos de desánimo le inspira a continuar.

Jesús, en los tramos finales de su carrera de redención, estuvo al límite de sus fuerzas: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”, fueron sus palabras, pero dice el Autor de la epístola a los Hebreos que: “Por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, menospreció el oprobio y llegó y se sentó en el estrado de premiación, al lado de su Padre”. Todo humano que intente correr la carrera de la vida sin este estímulo interno de imitar  a nuestro máximo héroe: Jesús, el Autor y Consumador de la fe, y sin el estímulo externo, esa mirada de fe que me permite vislumbrar aquel día cuando lleguemos a la meta, quedará postrado a la vera del camino como tantos.

Pensamiento del día:

Si no te importa triunfar en la carrera de esta vida ¿para qué la corres?…

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

2 abr 2016

«ME CASÉ SIN AMAR A MI ESPOSA»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» en nuestro sitio http://www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Me casé sin amar a mi esposa. Llevamos dos años de casados. Cuando éramos novios, su compañía y amistad me parecían los elementos suficientes para algún día llegar a amarla; pero eso no es así. Vivo frustrado porque no tuve el valor de desistir a tiempo. Lo llegamos a platicar, pero al verla llorar siento que fui cobarde al permitir que llegáramos hasta el matrimonio. Quisiera corresponder a ese amor, pero no lo siento así. Ella lo ha percibido y sufre. Me duele verla así.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»… Si usted algún día tiene un hijo, ¿espera que ha de amarlo? ¿Qué tal que no sea así? ¿Qué tal que nunca llegue a sentir nada por él? Tal vez su respuesta sea que lo ha de amar porque es su hijo y no por lo que usted siente.

»No siempre sentimos amor por nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres o aun nuestro cónyuge. Y sin embargo los amamos porque están ligados a nosotros mediante la relación que tenemos. No siempre nos hacen felices ni satisfacen nuestras necesidades. A veces hacen que nos sintamos frustrados o enojados, pero no por eso dejamos de amarlos. El amor es el lazo que nos ata a ellos.

»Usted esperó sentir alguna sensación con relación a su esposa. Las películas y los cuentos de hadas nos predisponen a sentir algo muy especial y a oír el repicar de las campanas. Pero la vida no es, en realidad, una película ni un cuento de hadas.

»Un matrimonio que tiene como base una sólida amistad y el compañerismo tiene la posibilidad de ser mucho más satisfactorio y duradero que un matrimonio basado en la atracción física o en emociones muy estimulantes….

»Usted hizo sus votos. No importa ahora por qué lo hizo o si fue la decisión acertada. Cambie su enfoque del pasado al futuro. Los lazos del amor y del matrimonio lo han atado a una mujer maravillosa, y usted puede tomar la decisión de fortalecer esa relación en lugar de ponerla en tela de juicio constantemente. Muestre amor mediante sus acciones, y verá que sus sentimientos se ajustarán. Resuelva que hará lo que sea para que triunfe su matrimonio.

»¿Sabía que Dios quiere ayudarlo en su matrimonio y en todos los demás aspectos de su vida? Dios quiere que cada uno de nosotros cultive una relación con Él, pero nos separan de Él nuestros pecados. Así que, por el amor que nos tiene, dio a su Hijo Jesucristo como un sacrificio en la cruz para pagar el castigo de nuestro pecado. Cuando aceptamos a Cristo y decidimos caminar con Dios, Él nos da sabiduría y fortaleza para cada una de nuestras otras relaciones.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 245.

http://www.conciencia.net/

2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

SERIE GIGANTES AL ACECHO

2. CÓMO LIBRARNOS DEL DESÁNIMO

David Logacho
2016-03-29

a1Qué gozo saludarle nuevamente amiga, amigo oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Gigantes al Acecho. En nuestro último estudio bíblico tocamos el tema del desánimo y vimos que es un gigante muy agresivo, capaz de causar enorme daño. Tanto es así que destruyó por completo a toda una generación del pueblo de Israel en el desierto, según el relato que tenemos en el Antiguo Testamento. Todos nosotros hemos sido víctimas de este poderoso gigante en nuestra vida, tal vez unos más que otros. Es posible que usted, amable oyente, este preciso instante esté siendo víctima de este agresivo gigante. Si ese es el caso, le invito a seguir en sintonía porque vamos a hablar acerca de cómo librarnos del dominio de este gigante.

El desánimo ha causado estragos en países, familias, iglesias, ministerios cristianos y vidas de personas. Puede ser que usted sea hoy mismo una víctima más del despiadado gigante llamado desánimo. Si ese es el caso, no es extraño que se sienta como que ha entrado a un callejón sin salida, su vida estará a punto de derrumbarse, su gozo se habrá esfumado. No sabrá dónde poner su mirada. El gigante del desánimo le tendrá contra las cuerdas. El gigante del desánimo le gritará en su cara: Eres un inútil, no sirves para nada. No es sencillo levantar cabeza cuando se ha perdido el valor y la confianza. El gigante del desánimo hace que el alma languidezca, que el corazón desfallezca y que la mente se oscurezca. En estas condiciones, cualquier obstáculo, por más insignificante que sea, aparece como una elevada montaña. Cuando somos presa del desánimo, nos parece que hemos entrado en un círculo vicioso, donde todo se vuelve aburrido. La luz brilla por su ausencia, la esperanza se desvanece, el deseo agoniza y hasta llegamos a pensar que Dios nos ha abandonado. Una de las particularidades del desánimo es que es contagioso. En Números 32 Moisés advierte a las tribus de Rubén y Gad en el sentido que no desanimen a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que Jehová les ha dado. Los descendientes de Rubén y Gad querían quedarse al otro lado del río, en donde la tierra era buena para la ganadería. Rubén y Gad tenían grandes rebaños y la tierra del lado del desierto era ideal para ellos. Moisés tuvo que decirles que debían tener cuidado porque podían desanimar y destruir a los Israelitas. Leo en Números 32:15. La Biblia dice: Si os volviereis de en pos de él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este pueblo.
Moisés estaba preocupado porque el desánimo podía contagiar a todo el pueblo y así, el desánimo podía destruir a toda la nación. No hay lugar a dudas en cuanto a que los resultados del desánimo pueden ser fatales. Bueno, ahora que hemos visto cuan devastador puede llegar a ser el desánimo, pensemos en la solución. Lo primero que tenemos que hacer para no dejarnos dominar del desánimo es reconocer que estamos desanimados. Parece algo sencillo, pero no lo es en realidad. Todos tenemos nuestro orgullo, el cual se opondrá a que admitamos alguna debilidad en nosotros. Pero si deseamos dominar al poderoso gigante del desánimo, debemos recurrir al Señor en oración para decirle: Señor, reconozco que estoy desanimado, pero no quiero que desánimo controle mi vida, quiero vencer mi desánimo. Una oración de esta manera puede ser perfectamente el primer paso para derrotar al desánimo. Segundo, debemos reconocer que por estar desanimados, miramos a los obstáculos de una manera desproporcionada. El mínimo problema nos parecerá como una barrera insalvable. Eso fue justamente lo que pasó con el pueblo de Israel. Cuando dejaron que el desánimo inunde su ser, note como vieron a los obstáculos. Deuteronomio 1:28 dice: ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.
Algo de esto era verdad. Las ciudades en la tierra prometida eran grandes, pero no tanto, la gente era mayor y más alta, pero no tanto, las ciudades tenían murallas, pero de ninguna manera las murallas llegaban hasta el cielo, como a ellos les parecía. Los hijos de Anac eran gigantes, pero también había gente normal. El desánimo amplifica los obstáculos para obligarnos a retroceder. Igual puede pasar con usted amable oyente. Si está desanimado, verá a los obstáculos como montañas, pero reconozca que eso no es real y decídase a enfrentar las dificultades y verá que como en su tiempo dijeron Josué y Caleb sobre los gigantes de Canaán, los comerá como pan. Tercero, debemos poner nuestra mirada en el Señor. En eso consistió el mayor de los fracasos de Israel. Ellos tenían por un lado la palabra de Dios, quien les prometió darles en heredad perpetua la tierra de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, pero por otro lado tenían la palabra de los diez espías, quienes decían: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Allí vimos gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes, y éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos. A causa del desánimo, el pueblo quitó la mirada del Señor y puso su mirada en los problemas. Para salir del desánimo tenemos que hacer el proceso inverso. Tenemos que quitar la mirada de los problemas y ponerla de nuevo en el Señor. Eso fue lo que Josué y Caleb pedían a gritos al pueblo de Israel. Números 14:9 dice: Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.
Si quiere dominar al gigante llamado desánimo, no se fije en lo grande de los problemas, fíjese en el Señor quien es más grande que el más grande de sus problemas. Como bien afirma el dicho: No le digas a Dios cuán grande es tu problema, sino dile a tu problema cuán grande es tu Dios. Quitar la mirada del Señor es fatal amable oyente. ¿Recuerda lo que le pasó a Pedro cuando caminaba sobre el agua? Mientras tenía su mirada puesta en el Señor, podía caminar sobre el agua, pero cuando quitó su mirada del Señor y la puso en las olas del mar, comenzó a hundirse. Igual es con nosotros, amable oyente. Si nuestra mirada está en el Señor nos mantendremos a flote pero si ponemos nuestra mirada en los problemas, muy pronto comenzaremos a hundirnos en el mar del desánimo. Cuarto, invierta tiempo en la palabra del Señor y la oración. Estas actividades que antes nos llenaban de gozo, a causa del desánimo llegan a parecer vacías y aburridas. Pero si sinceramente desea abandonar su desánimo, separe un tiempo durante el día para estar a solas con la palabra de Dios y con el Dios de la palabra en oración, aún cuando todo su ser se resista a hacerlo. Notará que poco a poco entrará un rayo de luz a la lúgubre morada en la que se halla a causa del desánimo. Quinto, evite los momentos de soledad. Busque oportunidades para servir al prójimo. Esto hará que quite la mirada de sobre usted mismo y la ponga sobre otros. Verá como esto le ayuda a evitar la autocompasión que casi siempre acompaña al desanimado. Quizá me dirá que no se siente con ánimo ni para ayudarse a usted mismo, peor para ayudar a otros. Bueno, si ese es su caso, tome a esto de servir a otros como una terapia necesaria para su restauración. Los remedios no siempre son agradables, pero es necesario tomarlos si se quiere salir de algún problema de salud. De modo que aunque todo su ser se resista a servir al prójimo, oblíguese a hacerlo. En cuestión de poco tiempo su desánimo habrá quedado a un lado al ver como Dios le usa para el bien de otros. Sexto, dé atención a un problema a la vez, no se deje abrumar por la cantidad de problemas que tenga que resolver. De uno en uno puede resolver todos sus problemas. Mientras esté resolviendo un problema, olvídese del resto de problemas. Uno a la vez. Esto le ayudará a no sentirse ofuscado ante la aparente o real gravedad de sus dificultades. Séptimo, evite automedicarse con medicinas o químicos para recuperar el ánimo. Estas medicinas podrían conducirle a la adicción y no curarán en realidad su problema de desánimo. Lo único que harán es maquillar el problema haciéndole creer que todo marcha bien. Octavo, agradezca al Señor por la restauración que pronto llegará y por la victoria sobre ese tan agresivo gigante del desánimo.

12-¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

EL MARIDO INTEGRAL

Guía Práctica Para Ser un Esposo Bíblico

Por Lou Priolo

Capítulo Doce

¿CUÁNTO VALE ELLA PARA TI?

a1Nota: Las Feministas Están Mortalmente Equivocadas

Yo estaba un poco incrédulo meses atrás respecto a la cobertura de los medios sobre la más grande vigilia de oración de hombres realizado en Washington D.C. Mi incredulidad se debía a la cantidad de tiempo dada a varias feministas “Cristo-fóbicas” para promover su idea de que la doctrina bíblica de la sumisión de la esposa a su esposo es de alguna manera una amenaza peligrosa para las mujeres. La verdad es que a través de la historia el cristianismo ha elevado consistentemente el lugar de la mujer en la sociedad donde ha sido introducido. Ha sido a causa del reciente ataque del humanismo secular que muchos se han vuelto sospechosos del cristianismo bíblico en lo que se refiere al papel de los géneros.

Fue un avance importante para la sociedad cuando la religión cristiana le dio una dirección como ésta [de darle honor a la esposa], pues en todas partes entre los paganos y bajo todos los sistemas falsos de religión, la mujer ha sido tenida como digna de poco honor o respecto. Ella ha sido considerada como una esclava, o un mero instrumento para gratificar las pasiones de los hombres. Es una de las doctrinas elementales del cristianismo; sin embargo, que la mujer debe ser tratada con respeto; y uno de los primeros y evidentes efectos del cristianismo en la sociedad ha sido elevar a la esposa a la condición en la cual ella es digna de estima.

El Cristianismo ha hecho mucho por elevar el sexo femenino. Ha enseñado que la mujer es heredera de la gracia de la vida tanto como el hombre; que aunque sea inferior en vigor corporal, es igual en el aspecto más importante; que es una compañera de viaje con él hacia la eternidad y que en todo aspecto tiene tanto derecho como el hombre a todas las bendiciones que confiere la redención. Esta sola verdad ha hecho más que todas las otras cosas combinadas para enaltecer al sexo femenino, y es todo lo que se necesita para elevarla de su degradación en todo el mundo. Por lo tanto, aquellos que desean la dignificación del sexo femenino en aquellas partes oscuras de la tierra donde se le ve ignorada y degradada, deberían ser amigos de todos los esfuerzos bien dirigidos para enviar el evangelio a las tierras paganas.1

Si tú has sido instruído en los principios elementales de las responsabilidades domésticas delineadas en la Biblia, probablemente ya sabes que una de las principales responsabilidades trazadas en el Nuevo Testamento para tu esposa es que ella debe honrarte y reverenciarte (su otra responsabilidad predominante es que sea sumisa a ti). Lo que puedes no haberte dado cuenta es que a ti se te manda a honrarla.2

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo (1 Pedro 3:7).

Antes de ampliar mi explicación, déjenme señalar que es precisamente esta ausencia de honor a la esposa la que frecuentemente predispone al esposo a ser dominante, dictatorial e insensible en su propósito de ser cabeza de casa. Un esposo que no honra a su esposa como la Biblia lo manda tiende a ser déspota en lugar de “líder amoroso.” Si tu esposa te acusa de abusar de tu liderazgo espiritual, deberías leer este corto capítulo con especial interés. Puede ser que tu falta de respeto por ella, y por la posición y lugar que Dios le ha dado en tu vida, esté estorbando tu capacidad de guiarla eficazmente.

Para explicar mejor lo que está envuelto en tu responsabilidad de honrar a tu esposa, regresemos a nuestro ejemplo del vaso frágil. ¿Tomarías un caro vaso de cristal marca Waterford y lo arrojarías en un lavadero lleno de agua grasosa? No, lo tratarías como un valioso vaso cuidándolo más de lo que cuidas vasos más comunes y menos atractivos y delicados. Lo lavarías y secarías cuidadosamente con tus propias manos para luego ponerlo en un lugar prominente en tu casa. Lo honrarías así porque es valioso y más precioso.

La palabra traducida “honor” en 1 Pedro 3:7, se traduce ‘precioso” en 1 Pedro 2:7:

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo.

Por ser Cristo quien es y por lo que Él ha hecho por nosotros, le honramos y le estimamos altamente. Él es precioso para nosotros los creyentes. ¿Cuán preciosa es tu esposa para ti? ¿En que medida la honras y estimas altamente por ser quien es y por lo que ha hecho por ti?

Pedro dice que deber honrar tu vaso frágil tratándola como si fuese preciosa-y en verdad lo es-no sólo para ti, pero también para Dios. Ten en mente que tu esposa creyente ha sido comprada con la preciosa sangre de Cristo y tiene que ser honrada como una de las herederas de Dios. Como explica un comentador:

El honor o la preciosidad que un esposo debe conferir a su esposa no es sólo el de reconocer su lugar en la ordenanza divina del matrimonio; es el honor que le corresponde como parte del precioso y santo pueblo de Dios.3

Como regla general, mientras más frágil o débil sea tu esposa, más ternura debes usar en la forma de tratarla. Si la fragilidad de tu esposa es el resultado de su inmadurez espiritual, tienes, por supuesto, que ayudarla a salir de esa fragilidad superflua (revisa el capítulo nueve, “Cariño, Necesitas una Ducha” para sugerencias sobre como ayudarla a crecer espiritualmente). Tú tienes, sin embargo, que continuar tratándola con la gentileza que corresponda a la medida de su debilidad. Si, por el otro lado, su fragilidad tiene que ver más son su constitución (no el resultado de pensamientos o motivos anti-bíblicos) tienes que enfrentar eso a su lado por toda la vida, pidiéndole a Dios que te dé la habilidad de honrar tiernamente su debilidad.

Tu esposa no es calificada como vaso “frágil,” sino como vaso “más frágil.” Tú no eres el “fuerte” sino el “más fuerte.” Tú puedes ser más fuerte que ella, pero siendo pecador, eres débil a tu propia manera. Ten esto en mente y te ayudará a caminar en humildad delante de tu esposa.

Otro elemento para honrar a tu esposa como un vaso mas débil tiene que ver con el hecho de que ella es el vaso o instrumento de bendición especial de Dios en tu vida. Una de las definiciones de la palabra “vaso” es la de “un implemento o instrumento diseñado o adaptado especialmente para un propósito o uso particular.” Dios te ha dado a tu esposa para ser tu ayuda y como tal Él la usa en tu vida de maneras variadas. Ella es el vaso que Él ha creado e instruído para que sea tu compañera, para cuidar de tu casa, para satisfacer tus muchas necesidades y deseos físicos y para compartir tus alegrías y tristezas. Ella es el vaso de Dios a través del cual tú puedes tener hijos y guiarlos y darles sustento y protección espiritual. Ella es el vaso a través del cual Él se propone darte los más grandes placeres terrenales. Como Salomón explica: Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida fugaz que Él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad, porque ésta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol (Ecl. 9:9). Tú debes honrarla porque ella es el instrumento ordenado por Dios para tu bien. Ella está diseñada para ser tu más grande recompensa en este lado de la gloria y tu coheredera en la gracia de la vida. Como cristiano tienes también el llamado a mostrar esta misma clase de honor a hermanos en la fe en la iglesia:

Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros (Romanos 12:10).

Cuando tú “das preferencia” o “prefieres” a otros con honor, les estás dando la eminencia que merecen. En cada área donde es legítimo hacerlo, debes preferir darle honor a otros antes que a ti mismo. En las áreas donde ellos son más dotados, capaces, hábiles y eficientes, debes ceder y permitirles que reciban la honra que les corresponde recibir. Aun si realmente crees que tú te mereces tanto o más que ellos esa honra, no debes resentirte con ellos o envidiarlos. Más bien, regocíjate en que Dios sea complacido esta vez en darles a ellos ese honor antes que a ti.

Si otros se merecen esa honra y no se les da como se te ha dado a ti, tú deberías buscar sacar a la luz sus obras buenas. En lugar de esperar que otros te honren, tú deberías ganarles procurando honrarlos a ellos primero. Deberías procurar ponerlos a ellos antes que a ti mismo en el centro de la atención. Así es como Pablo nos dice que debemos ‘honrar” a otros cristinos en nuestras vidas.

Pedro, usando la misma palabra, te manda como esposo a mostrar esta clase de honor a esta “otra” hermana en Cristo, que es la mujer con quien estás casado. De hecho, debes honrar a tu esposa de esta forma, como un vaso más frágil, aunque no sea cristiana. Debes colocarla en un lugar de honor así como colocas un vaso de cristal marca Waterford en un lugar especial en tu casa. Visualízala, por decirlo así, detrás de un gabinete de vidrio, o en un pedestal con una lámpara arriba de ella iluminando su multifacética belleza.

¿Cuán valiosa es tu esposa para ti? ¿Cuánto valor le atribuyes? ¿De qué manera la estimas como merecedora de más honor que tú? ¿Cuán agradecido estás al Señor por habértela dado? ¿Cuán mejor estás ahora de lo que estabas antes de casarte con ella? ¿Cuántas de las necesidades y deseos, que tú das por hecho, te ha satisfecho ella? ¿Cuánto más bendecido (y menos miserable) eres ahora de lo que eras siendo soltero? Las respuestas a estas preguntas son mayormente cognitivas, pero son extremadamente importantes. Las cosas que te dices a ti mismo sobre el valor que tu esposa tiene para ti (qué tanto valor le atribuyes) determinará mayormente el grado de honor y gloria que le asignas en maneras tangibles cada día de tu vida.

Así que, lo primero que debes hacer si no has estado honrando a tu esposa de forma práctica, es cambiar la manera que piensas acerca de ella. Debes comenzar a valorarla más de lo que lo has hecho. Probablemente deberías recordarte a ti mismo con más frecuencia cuánto hace ella por ti y cuán egoístamente tú la has dado por hecho; también deberías considerar cuán bendecido eres de que Dios te la ha dado. Sólo entonces podrás mostrarle de forma genuina, a ella y a los demás, el honor que la Biblia dice que ella merece.

Aquí hay algunas preguntas más que podrías hacerte a ti mismo una vez que te hayas arrepentido de cualquier actitud malagradecida que hayas desarrollado hacia Dios y tu esposa. ¿Cómo puedo honrar a mi esposa? ¿Cómo puedo exactamente mostrarle a otros lo que ella vale para mí? ¿Qué formas usar para asegurarme que ella reciba esa honra? Si no tienes muchas respuestas para estas preguntas, te recomiendo que examines la siguiente lista que te sugiere formas que puedes practicar para darle a tu esposa la honra que se merece. Podrías incluso considerar revisar esta lista con ella, pidiéndole que comente sobre cada opción y que agregue a la lista cualquier forma adicional en que a ella le gustaría que la honraras.

Maneras específicas en que los esposos pueden honrar (mostrar respeto por) a sus esposas

• Aprendiendo a usar una etiqueta adecuada.

• Rehusando usar formas rudas o displicentes de comunicación al hablarle.

• Enalteciéndola delante de otros (especialmente tus hijos).

• Siendo atento cuanto te habla (deja lo que estás haciendo, si es posible, mírala a los ojos–y escucha con atención lo que te dice).

• Siendo considerado de su tiempo y sus planes para que cumplasus otras prioridades bíblicas además de la de ser tu esposa.

• Pidiendo y tomando en cuenta su opinión, especialmente al hacer planes que la involucren a ella.

• Proveyéndole suficientes recursos financieros para facilitarle sus responsabilidades bíblicas.

• Protegiéndola del pecado y la tentación.

• Siendo considerado de (y ayudándola a priorizar) sus planes.

• No avergonzándola frente a (o revelando sus debilidades a) otros.

• Enfocándose en sus cualidades positivas tanto como sea posible, y encubriendo sus idiosincrasias negativas.

• Hablando bien de ella y aprobándola frente a otros (Prov. 31:29).

• Ayudándola a establecer y mantener su “buen nombre” de acuerdo a Proverbios 22:1.

• No permitiendo a tus hijos que le hablen irrespetuosamente (Ef. 6:2).

• Usando ternura y amabilidad en tu trato con ella (Col. 3:12–13; 1 Cor. 13).

• Atribuyendo los mejores motivos posibles a sus acciones (1 Cor. 13:7: “el amor todo lo cree”) especialmente cuando ella no sigue tus instrucciones claras.

Quiera Dios capacitarte para que cada vez honres más a tu esposa de esta manera y en todo lo que sea conforme a las claras directivas de la Palabra de Dios.

¿Cómo Debe Ser Honrada mi Esposa?

• ¿Qué formas debo preferir para honrar a mi esposa?

• ¿Cuáles son las áreas de su vida que merecen especial honor?

• ¿En qué formas debe ser mi esposa considerada un vaso más frágil?

• ¿Cómo exactamente debe ser ella tratada como un vaso frágil y precioso?

• ¿En qué otras maneras puedo mostrar mi respeto por ella? ¿Qué mas puedo hacer para honrarla?

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Agrega otras maneras a esta lista …

1 Barnes, Albert, Notes on the New Testament, Vol 10, (London: Blackie & Son, 1884), pp. 162–164.

2 La palabra griega “honrar” usada por Pablo para exhortar a la esposa a “respetar a su marido” en Efesios 5:33 es una palabra que tiene la connotación de un temor reverencial. La palabra griega usada por Pedro en el capítulo 3:7 de su primera epístola tiene que ver más con el valor asignado a (o cuán precioso es) un objeto tal como un “vaso frágil.” Las implicaciones prácticas de estas dos clases de honor con frecuencia parecen ser similares, si no idénticas, en la vida cotidiana.

3 Edmund P. Clowney, The Message of 1 Peter (El Mensaje de 1 Pedro) (Leicester, England: Inter-Varsity Press, 1988), pp. 134–135.

Priolo, L. (2012). El marido integral: Guía práctica para ser un esposo bíblico (pp. 219–227). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

PIEDAD SUPERFICIAL

PIEDAD SUPERFICIAL

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-29

a1Prometemos lealtad en todos los ámbitos de nuestra vida. A veces incondicional y perpetua (como los votos maritales), otras condicionadas y cotidianas como mi compromiso laboral diario o mis obligaciones familiares. Algunos se esfuerzan por cumplirlas con responsabilidad  haciendo honor a sus palabras, otros viven vidas displicentes e irresponsables faltando a sus obligaciones y rompiendo sus votos a cada paso.  Esto es trágico, pero mucho más trágico se torna aun cuando esas promesas incumplidas van direccionadas a Dios. El texto arriba citado es tajante al respecto: “Vuestra lealtad es como nube matinal, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.” Son palabras de Dios y se pueden oír con cierto dejo de tristeza y melancolía. Como si Dios nos estuviera diciendo: “Confié en ti, invertí en ti, te rescaté, fui y sigo siendo fiel a mis promesas y ¡mira cómo me pagas!… Creo que no exagero con esta paráfrasis, ¿verdad? La analogía con el rocío o la niebla matinal es perfecta, porque esta se desvanece al instante que el sol comienza a calentar la tierra. En la simbología bíblica el sol y el calor representan a los momentos de prueba y de crisis en la vida. Esos capítulos inesperados e indeseados que nos toca atravesar. Es justamente allí cuando se comprueba la verdadera vida de piedad, es entonces cuando los piadosos de alma y no de lengua se mantienen de pie.

Es fácil prometer fidelidad incondicional a nuestro Dios en medio de un día de fiesta, o en medio de un culto de alabanza rodeado de hermanos que también cantan promesas, muchos de ellos sin saber lo que dicen las letras de esas canciones. El tema es ver si esas palabras de lealtad a Dios se expresan con tanto fervor cuando sale el sol con su calor. Cualquiera de nosotros es capaz de proferir votos para con Dios, esa es la parte fácil. La parte difícil es mantenerse fiel a ellos cuando la vida te invite a desestimarlos.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

La lealtad legítima se comprueba en la adversidad, no en la abundancia.

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

1 abr 2016

«EJEMPLO DE FIDELIDAD»

por el Hermano Pablo

a1Durante cinco años y medio estuvo haciendo lo mismo. Cada vez que llegaba el tren a la estación, iba a esperar a los pasajeros. No necesitaba leer los horarios. No le importaba ni el calor tórrido del verano ni el frío gélido del invierno. Cuatro veces al día, con cada tren que llegaba, ya fuera del norte o del sur, iba y esperaba pacientemente en el andén. Era un perro, un perro pastor alemán.

Tiempo atrás se habían llevado, en tren, el cadáver de su amo, y desde entonces Shep, que era el nombre del perro, había ido a esperarlo a la estación a ver si volvía. Viejo ya, un día calculó mal sus pasos y lo arrolló un tren. Esto ocurrió en un pequeño pueblo de Canadá en 1942. Muchos años después, el pueblo aún celebraba al perro pastor alemán, Shep. Lo llamaban «ejemplo de fidelidad.»

La fidelidad no sólo es una gran virtud, sino que es además indispensable para el desenvolvimiento correcto de la vida diaria.

Supongamos que el reloj despertador no nos es fiel, y en vez de llamarnos a las seis de la mañana nos deja dormir hasta las nueve, y perdemos un importante negocio. ¿Qué si la pastilla de aspirina, el gran remedio universal, no nos es fiel, y en vez de quitarnos el dolor de cabeza nos provoca fuerte hemorragia gástrica? ¿O qué si nuestro banquero no nos es fiel, y de repente desaparece con todo el dinero que tenemos en el banco?

Desgracias indecibles ocurren cuando hay falta de fidelidad. Un ejemplo clásico se da cuando el marido le es infiel a la esposa, o cuando la esposa le es infiel al marido. Todo el hogar se hunde en la desgracia. Los dolores más grandes del corazón los provoca la infidelidad conyugal. Lo cierto es que la sociedad entera depende de que haya fidelidad en todo.

¿Y qué de lo espiritual? ¿Qué sería de este mundo si el hombre no le fuera fiel a su Dios? La respuesta es muy evidente. La desgracia de familias destruidas, de esposos y esposas infieles, de hijos abandonados y de vidas deshechas es prueba suficiente de lo que es este mundo cuando el hombre no le es fiel a su Dios.

Sin embargo, la Biblia nos dice acerca de Dios que «si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo» (2 Timoteo 2:13). Cristo es fiel aun cuando nosotros no lo somos. En Él podemos encontrar un seguro y fiel Salvador, Uno que no falla, que no engaña, que no desilusiona y que no fracasa. Él es el Salvador que todos necesitamos en estos tiempos de cruda infidelidad.

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1. DESÁNIMO

SERIE GIGANTES AL ACECHO

1. DESÁNIMO

David Logacho
2016-03-28

a1Saludos cordiales, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Se dice que dentro de cada uno de nosotros, sin importar si somos o no creyentes, existen gigantes que blandiendo sus espadas nos acorralan privándonos del gozo de vivir, del ánimo para hacer cosas y lo que es peor, privándonos de sacar provecho de lo que Dios nos ha prometido a los que somos sus hijos, mientras estamos en este mundo. ¿Cuáles podrían ser esos gigantes en su vida, amable oyente? ¿Tal vez el desánimo? ¿A lo mejor el temor? ¿Qué tal un sentimiento de culpa? ¿Los malos pensamientos? ¿Los celos? ¿La mentira? ¿La desilusión? ¿La ansiedad? Solamente Dios y usted sabe cuál o cuáles son esos gigantes en su vida. Pero no hay necesidad de vivir amedrentados por esos gigantes en su vida. Es justamente con este propósito, que a partir de este estudio bíblico vamos a iniciar una serie que la hemos titulado: Gigantes al Acecho.

Gigantes en nuestras vidas. Y lo que es peor, gigantes al acecho. Gigantes listos para caer sobre su presa y hacerla pedazos. Tal vez usted se mira a usted mismo y dice: Yo no veo ningún gigante por aquí. Bueno, lo que pasa es que estos gigantes al acecho son expertos en ocultarse muy bien, allí, en lo más profundo de nuestra personalidad, pero el momento menos pensado salen de su escondite para caer sobre nosotros y dejarnos mal heridos. Eso fue justamente lo que hizo uno de los muchos de estos gigantes, llamado desánimo. La historia aparece en el Antiguo Testamento, en el libro de Números capítulo 13. Lamentablemente no tenemos el tiempo suficiente para leer todo este capítulo, pero allí se registra la historia de doce espías, uno por cada una de las doce tribus de Israel, quienes fueron enviados desde el desierto, por Moisés a Canaán, la tierra prometida, para espiar la tierra que el Señor había dado como heredad al pueblo de Israel. Estos doce espías obedecieron, espiaron la tierra por cuarenta días, trajeron muestras del fruto de esa tierra y la conclusión a la que llegaron es que ciertamente es una tierra que fluye leche y miel tal como Jehová les había dicho. Pero eso no fue todo. Los espías dijeron además que el pueblo que habitaba esas tierras era fuerte y que las ciudades eran muy grandes y fortificadas y que también allí vieron a los descendientes de Anac, raza de gigantes. Los obstáculos para tomar posesión de la tierra prometida, hicieron despertar a ese gigante al acecho llamado desánimo y esto afectó la moral del pueblo de Israel. El pueblo se puso inmediatamente a temblar. El pánico les invadió mientras escuchaban a diez de los doce espías que decían: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. El gigante llamado desánimo estaba logrando su objetivo. No contentos con esto, los diez espías pasaron a hablar mal de la tierra que habían reconocido. Antes dijeron que era tierra que fluye leche y miel, pero después estaban diciendo que la tierra por donde pasaron para reconocerla era tierra que tragaba a sus moradores y que todos los viven en esa tierra son hombres de gran estatura. Todo esto era una exageración, producida por el desánimo. Los diez espías estaban tan desanimados que finalmente dijeron: Éramos nosotros, a nuestro parecer como langostas: Así les parecíamos a ellos. Solamente dos espías, Josué y Caleb dijeron: Subamos luego, y tomemos posesión de la tierra, porque más podremos nosotros que ellos. Pero esta declaración sensata se diluyó en el desánimo reinante entre el pueblo. El desánimo ganó la batalla. El capítulo 14 de Números es uno de los capítulos más tristes de toda la Biblia, y todo fue a causa del desánimo. Presa del desánimo, el pueblo de Israel lloró a mares y se quejó contra Moisés y contra Aarón. Fue tal la debacle producida por ese gigante llamado desánimo, que el pueblo dijo: Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto, o en este desierto ojalá muriéramos. Luego el pueblo preguntó a Moisés y Aarón: ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Acto seguido vino lo peor. Se armó una rebelión. Dijeron: Designemos un capitán, y volvamos a Egipto. Fue lo más insensato que se puede imaginar, pero para el pueblo, por el desánimo que les embargaba, les parecía lo más sensato. Dios intervino y castigó severamente a los que se dejaron dominar por el desánimo. La decisión de Dios fue que ninguno de ellos verá la tierra prometida, excepto Josué y Caleb, los dos únicos espías que no desanimaron al pueblo. En su ira, Dios dijo que caerían en el desierto los cuerpos de todos los que murmuraron contra él, de veinte años arriba. En cumplimiento de esta palabra de Dios, el pueblo vagó por el desierto cerca de cuarenta años, hasta que todos los rebeldes de más de veinte años murieron. Según cálculos conservadores, murieron como un millón de personas durante esos cuarenta años. Esto significa que murieron unas 25000 personas por año, o lo que es lo mismo, unas 70 personas por día. Prácticamente, se marcó con tumbas el camino que Israel vagó por el desierto esos cuarenta años. Todo por el desánimo, amable oyente. El desánimo condujo a toda una generación de un pueblo numeroso a la ruina total. Ahora bien, toda esta debacle, causada por el gigante llamado desánimo, ¿No ilustra la actitud de mucha gente hacia la vida, inclusive hacia la vida cristiana? Claro que sí. Muchos creyentes tienen esa misma actitud. Ya han confiado en Cristo como Salvador, saben que sus pecados han sido lavados, sin embargo, sus vidas distan mucho del gozo y la paz, que son características de la vida cristiana genuina. Estos creyentes contemplan las cosas hermosas de la vida cristiana y luego dicen: Es ciertamente tierra que fluye leche y miel, hay hermosas promesas en las Escrituras, paz, amor, gozo, seguridad, esperanza, perdón, sin embargo, hay gigantes, y no estoy seguro que podré dominarlos. Quizá un mal hábito persistente, o el mal genio, o los celos, o el rencor, o la amargura. Pero Dios, amable oyente, no ha prometido eliminar de la vida cristiana a gigantes como estos. Más bien, lo que Dios ha prometido es capacitarnos para conquistar a estos gigantes y tenerlos bajo nuestro control. Sí. Hay gigantes en la vida cristiana. ¿Y qué? Taparnos los ojos para no verlos y pretender que no están allí no es sensato. No se gana nada pretendiendo que no los vemos. Son tan reales como la vida misma. Esos viejos gigantes son tan persistentes como la muerte. Gigantes burlones, embaucadores, engañosos, ríen con sorna que causa temor. A voz en cuello nos gritan lo que podemos o no podemos hacer. Son gigantes que nos infunden terror, y cada uno de nosotros tiene que hacerles frente. Se podría huir de ellos, como pretendió hacer el pueblo de Israel, pero viéndolo bien, huir de ellos, es equivalente a darles la victoria en bandeja de plata y sufrir por el resto de nuestros días la disciplina de Dios por no haberlos conquistado. Si llegamos a huir de los gigantes, ellos se reirán de nosotros por el resto de nuestra vida, burlándose y diciendo: Por supuesto que hay una tierra que fluye leche y miel, pero ustedes no pueden hacer nada, porque nosotros estamos aquí. En lugar de huir de los gigantes, debemos hacerles frente, y buscar la manera de conquistarlos. Esto es lo sensato, de lo contrario, estos gigantes nos convertirán en sus esclavos, nos atarán y nuestra vida se tornará miserable. Habrá poca bendición, todo parecerá sombrío, no habrá consuelo ni esperanza. Así es como operan estos poderosos gigantes al acecho. Por esto tenemos que saber quienes son y luego tenemos que saber como conquistarlos. Todos estos gigantes son conquistables. 1 Corintios 10:13 dice: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

A menudo pensamos que nuestros gigantes son únicos, pensamos que nuestras tentaciones son algo especial, que solamente nosotros las experimentamos, que el diablo nos dedica más de su tiempo a nosotros que a otros y que usa de más astucia, mejores planes, más programas y mejores ideas para atacarnos nosotros, pero no hay tal, amable oyente. Los gigantes que tenemos o los problemas que nos aquejan son comunes a todos nosotros y cada uno de nosotros que somos creyentes hemos sido capacitados para conquistarlos. En nuestro próximo estudio bíblico plantearemos algunas sugerencias para conquistar al primer gigante al acecho en nuestra vida, me refiero al desánimo. Espero su sintonía.

PERMANECER DE PIE

PERMANECER DE PIE

Pablo Martini
Programa No. 2016-03-28

Los árboles se quiebran como palillos de dientes o vuelan hacia arriba, arrancados de la tierra. Techos enteros navegan a la deriva, automóviles dan volteretas como si fueran juguetes, paredes se derrumban y una montaña de agua salta desde la playa y sepulta la tierra. Un huracán corta y hace pedazos, y sólo los cimientos sólidos sobreviven a su furia incontrolable. Pero esos cimientos pueden usarse para la reconstrucción después de la tormenta. Para cualquier edificio, los cimientos son críticos. Deben ser lo suficientemente profundos y sólidos para soportar el peso del edificio y otras presiones. Las vidas son como los edificios, y la calidad de sus cimientos determinará la calidad del resto. Con demasiada frecuencia se usan materiales de calidad inferior y, cuando vienen las pruebas, la vida se desmorona. Tenemos cientos de historias en las páginas del relato bíblico que fueron probadas. Con una vida llena de prestigio, posesiones, y personas, de repente fueron asaltadas por todos lados, devastados, desmantelados hasta sus cimientos. Pero su vida estaba construida en Dios, y resistieron. Son historias de  hombres de Dios. Dramas interesantes sobre la riqueza perdida y luego recuperada, un tratado teológico acerca del sufrimiento y de la soberanía divina, y un ejemplo de fe que perdura. Analiza tu vida y revisa tus cimientos. Y quizás, cuando todo haya desaparecido y sólo quede Dios, podrás decir: «Él es suficiente».

Muchas veces se le permite  a Satanás probar a los hijos de Dios hasta situaciones límite. Es muy fácil pensar que tenemos todas las respuestas pero en realidad, sólo Dios sabe exactamente por qué las cosas suceden de un modo determinado, y debemos someternos a Él como nuestro Soberano.  Nada de lo que llegue a tu vida sucede sin el permiso de Dios. Pensar en esto te llena de una paz inconfundible.  Dice Pablo que no nos ha sobrevenido ninguna situación que humanamente hablando sea irresistible. Además el mismo Dios que te expone a pruebas te da la salida para permanecer de pie.

PENSAMIENTO DEL DÍA:

Revisa tus cimientos de vida. La tormenta puede asomar cuando menos lo imagines

«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

31 mar 2016

«ME HACE FALTA UN PADRE: LO NECESITO»

por Carlos Rey

a1En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Soy fruto de una relación pasajera entre dos amigos solteros. Mi padre siempre me negó. Ahora está casado y tiene tres hijos, los cuales no me quieren, siendo que yo nací cuando ellos todavía no estaban junto a él. Toda la familia de él se enteró de mi existencia hace poco, pero para no quedar mal me ignoran.

»¡Los odio! ¡Quiero vengarme! ¡Quiero que mueran para cobrar yo la herencia, ya que me niegan amor! Pero a la vez me hace falta un padre. Lo necesito. ¿Qué hago?»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»¡Sentimos mucho la pérdida que usted ha sufrido! Ha perdido no sólo un padre, sino también el sueño de tener un padre…. Ahora le toca afrontar una dura realidad inflexible. ¡Es cruel y es injusto!

»… Tiene razón para estar enojada. El problema es que la ira y el enojo sólo perjudican a la persona que alberga esos sentimientos. El deseo suyo de venganza le produce sustancias químicas en el cerebro que fluyen por todo su cuerpo. Esas sustancias la pueden hacer más susceptible a problemas de la salud y aun a graves enfermedades. Cada vez que piensa en el odio que siente y la injusticia que ha sufrido, su cuerpo produce más sustancias químicas negativas. Así que, lamentablemente, es usted quien sale perjudicada….

»Hay una sola solución. Usted necesita que Jesucristo le dé la capacidad sobrenatural que Él tuvo para perdonar. Él perdonó a quienes lo crucificaron. Enseñó que también nosotros debemos perdonar si queremos que se nos perdonen nuestros pecados. Él dijo: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.”1

»¿Merece su padre el perdón suyo? ¡De ninguna manera! El perdonarlo no significa que él lo merezca o que esté libre del castigo divino por su conducta.

»Los que crucificaron a Cristo tampoco merecían el perdón. Como tampoco lo merecemos nosotros cuando quebrantamos las leyes de Dios. Pero Cristo perdonó a quienes lo crucificaron, y nos perdona a nosotros cuando se lo pedimos. Así que su ejemplo nos enseña que es posible perdonar incluso cuando el perdón no es merecido.

»Pídale a Dios en oración que le dé la capacidad sobrenatural que usted necesita para perdonar. Cuando la invadan los pensamientos negativos, busque la manera de convertirlos en pensamientos positivos. Si usted tuvo una buena madre, piense en lo agradecida que está por haberla tenido. Si tiene abuelos que la aman, dele gracias a Dios por ellos. Convierta cada pensamiento negativo en uno positivo para que pueda transformar las sustancias químicas en el cerebro y proteger su salud. Deje que sea Dios quien juzgue. Él sabe perfectamente cómo hacerlo.»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 382.

http://www.conciencia.net/