La Vara

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Cinco –

La Vara

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 23 – Espera

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 23 – Espera

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/espera/

Carmen Espaillat: Esperar es una de las cosas más difíciles que se nos puede pedir. Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín, nos explica lo que nos da el poder para hacerlo.

Nancy Leigh DeMoss: Esperamos por fe, sabiendo que en Dios, hay más para nosotras; que un día Dios nos dará cuerpos glorificados; que tendremos una eternidad sin dolor, sin pena y sin muerte. Y con ansias esperamos por esto.

Carmen: La vida a veces parece un embotellamiento de tráfico. Uno tiene grandes esperanzas e ideas, pero siempre hay algo que bloquea nuestro progreso.

Hay días en que parece que avanzamos solo pulgadas en nuestros planes, proyectos, y sueños. El profeta Habacuc entendería esto. Vamos a ver lo que él aprendió acerca de esperar mientras continuamos en nuestra serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Al llegar al final de Habacuc —estamos en el último párrafo del capítulo 3 Habacuc está orando al Señor. Él está respondiendo a las cosas que él ha visto; las cosas de las cuales ha sido testigo; las cosas que Dios le ha revelado a él – sobre el carácter de Dios, la santidad de Dios, la gloria de Dios, sobre el plan de Dios, y los propósitos de Dios.

Él ve que se avecina un juicio. El reino de Babilonia será el instrumento utilizado por Dios para castigar al pueblo judío por sus caminos perversos. Pero, Dios va a traer también juicio al pueblo de Babilonia. Ellos van a cosechar lo que han sembrado, es como si toda la visión fuera demasiado, como para que Habacuc lo pudiera manejar. A la luz de lo que él había visto, él dice en el versículo 16:

«Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy.»

Y en la última vimos que Habacuc tembló ante la revelación de la gloria de Dios -la revelación del poder de Dios, de la ira de Dios. Él tembló ante el inminente juicio y la persecución que venía. Él tembló ante el juicio que hasta los justos iban a experimentar porque vivían en una nación corrupta.

Yo pienso en el hecho de que no solo Habacuc tembló ante este pensamiento, sino también que a través de la historia del pueblo de Dios, también muchas personas de Su pueblo han sido perseguidas, incluso muchos de los justos.

Aquellos que andan por fe son perseguidos por su fe, o han tenido que sufrir junto a los injustos. Piensa en el apóstol Pablo -cuando él se convirtió, Dios dijo, «Yo le mostraré cuánto él ha de sufrir por Mi causa».

Él sabía que su vida de servicio a Cristo no sería fácil, y que conllevaría sufrimiento. Pablo dijo en Hechos capítulo 20, «El Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones (versículo 23).

¿Puedes imaginarte estar en el ministerio, y saber que esa es la única cosa que muy seguramente ocurrirá? Habrá pruebas. Habrá luchas.

La vida de fe, que es de lo que estamos hablando en este libro, «El justo por la fe vivirá», es una vida que también incluye aflicción (Habacuc 2:4; Romanos 1:17).

Los problemas vienen, pero sabemos que por encima de los problemas, la salvación viene. Dios está siempre obrando para la salvación de Su pueblo. Seguimos habitando en el exilio. No hemos llegado a casa todavía. Todavía no se han cumplido todas las promesas de Dios. Se cumplirán todas, y la forma como sobrevivimos aquí es ejercitándonos en la fe, en las promesas de Dios. «El justo por la fe vivirá», aun cuando sabe que vendrán aflicciones.

Entonces, como una expresión de fe, Habacuc hace dos cosas (y vemos esto en el último párrafo del libro de Habacuc). Vamos a ver una de estas hoy. Y Veremos la otra en la próxima sesión.

Pero primero, como una expresión de fe, Habacuc dice, versículo 16, «Tiemblo. Tengo miedo, en parte, por lo que ha de suceder. Yo sé que cosas terribles vienen, y aún así esperaré tranquilamente».

Algunas de sus traducciones dicen, «Esperaré pacientemente». Esperaré tranquilamente, como una expresión de fe, a pesar de lo que sé que sucederá. Los babilonios vienen, el pueblo de Dios va a ser disciplinado, Dios va a derramar Su ira sobre esta Tierra.

Pero Habacuc dice «Todavía, yo esperaré tranquilamente. El solo pensamiento me hace temblar». No es como si él hubiera enterrado su cabeza en la arena, pretendiendo que nada ocurriría o pensando que él iba a escapar de todo esto.

«Yo sé que esto va a suceder. Yo sé que seré afectado, pero aún así yo esperaré tranquilamente». ¿Qué está esperando él? Él dice, «Tranquilo espero el día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos» (versículo 16).

«Vamos a ser invadidos, pero por encima de esto, Dios va a vindicar Su justicia; Dios se va a glorificar a sí mismo; los babilonios serán aplastados; Dios tendrá la victoria, y yo esperaré que todo esto suceda, y esperaré tranquilamente. Yo voy a esperar pacientemente».

«No voy a esforzarme o a estar tenso o alterado, frenético, diciendo, «¿Qué va a suceder?» o «¿Qué vamos a hacer? No voy a doblegarme ante esto. Sí, me hace temblar, pero voy a esperar. Voy a esperar por fe».

Solo quiero asegurarles, amigas, -los babilonios tal vez no vayan a invadir este país, pero entre nosotras y el Cielo, ustedes tendrán que caminar a través de sufrimiento y del dolor.

Tal vez sean tus hijos. Tal vez sea tu matrimonio. Algunas de ustedes están caminando a través de esto ahora. El dolor parece intolerable en algunos momentos. Caminarás a través de esto en tu trabajo; caminarás a través de esto en tu iglesia; caminarás a través de esto en tus relaciones.

Nuestra nación puede experimentar esto. Al orar por avivamiento en nuestra nación, yo pienso que no podemos esperar ver un avivamiento en esta nación que ha sido tan bendecida y prosperada, sin que haya sufrimiento; sin que haya alguna aflicción o persecución, y nos hace temblar el pensar lo que esto puede implicar, lo que esto puede conllevar. Cuando ores a Dios, «Lo que sea, Señor, que implique para que puedas alcanzar el corazón de mi hijo, de mi nieto , de mi nieta, de mi hija», eso te hace temblar el solo pensar lo que esto pueda significar, lo que pueda ser, cómo pudiera esto lucir.

Cuando ores «Señor, santifícame. Saca de mi corazón todo pecado y toda maldad», esto te hará temblar al pensar lo que puede significar, lo que puede implicar. Mas por fe, puedes decir, «Yo lo soportaré tranquilamente. Yo esperaré por el día en que Dios dirija su ira contra mis opresores, y Dios salve y redima y rescate a Su pueblo».

Isaías capítulo 64 nos dice que desde tiempos antiguos, «No habían escuchado ni dado oídos, ni ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él».

Esperar en el Señor en tiempos de problemas y aflicción es una expresión de fe, y ¿cómo vive el justo? «El justo por la fe vivirá» (Habacuc 2:4).

Cuando tú puedes esperar en el Señor y no vivir en un estado de mente perturbado, estás ejercitando la fe, sabiendo que Dios enderezará todo lo torcido. Que Él cumplirá Sus promesas. Espera en el Señor.

Romanos capítulo 8 nos dice que toda la creación, incluso la creación inanimada – el planeta – se retuerce de dolor ( ver versículo 22). Gime como un niño al nacer. ¿Y qué está haciendo? Está esperando que Dios redima la tierra.

Dice que aun nosotros, no solo la creación, «sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo» (versículo 23, parafraseado).

Hay gemidos saliendo de nuestra tierra. Lo podemos ver en los desastres naturales, la tierra gime y se retuerce con dolores como de parto, esperando por Dios para un Cielo nuevo y una tierra nueva.

Pero nosotros que tenemos al Espíritu en nosotras, gemimos; nos retorcemos, pero esperamos con entusiasmo que Dios termine la historia. Esperamos que Dios venga y nos reivindique. Esperamos que Dios ejecute Su justicia y Su salvación en la tierra. Esperamos que Dios nos libre de estos cuerpos débiles, demandantes y falibles. Y esto lo esperamos con ansias.

Esperamos por fe, sabiendo que Dios tiene guardado algo más para nosotras; que un día Dios nos dará cuerpos glorificados. Tendremos una eternidad sin dolor y sin quebranto y sin muerte. Y esperamos por esto con ansiedad.

Cuando tu cuerpo es sacudido por el dolor de la artritis o del cáncer, o comienzas a perder la mente por el Alzheimer’s, y ves la debilidad y fragilidad de estos cuerpos humanos, ¿acaso no esperas con ansias?

Cuando ves como le sucede esto a tus seres queridos . ¿No esperas con ansias. por el día en que todo esto quede atrás, y que todas las cosas sean hechas nuevas? Ansiosamente esperamos que esto ocurra.

Pablo sigue diciendo en Romanos 8, «Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza». (versículo 24). Si lo pudieras ver, si lo pudieras experimentar todo ahora, entonces no requeriría de la fe.

«¿Por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos» (versículo 24b-25). Pablo dice que esperamos ansiosamente, y que esperamos pacientemente. ¿Y cómo hacemos esto? Por fe. ¿Cómo vive el justo? Por fe.

Esperamos con entusiasmo. Esperamos con paciencia. Dios está en el proceso de hacer todas las cosas nuevas. ¿Entonces qué haces? Esperas en el Señor.

Ahora, no sé tú pero yo a veces, encuentro muy difícil esperar. ¿Alguna vez te has encontrado esperando para que Dios se mueva, que haga algo, o esperando que Dios obre, y tu fe como que merma, se debilita y caes en la incredulidad?

A veces incluso te encuentras diciendo, «Dios, ¡es duro esperar! Es duro cuando no puedo ver. Es duro esperar pacientemente. Todavía estoy temblando. Yo veo lo que va a suceder, y lucho con esperar. Mas yo quiero ver que suceda algo ahora!»

Yo creo que el esperar es difícil para todas nosotras. Demanda de fe, y no está en nuestra naturaleza el esperar. Es por esto que tenemos que mantener nuestros ojos puestos en el Señor y en la meta final. Yo lucho con esperar y ver cómo Dios va a resolver todas las cosas, y quiero que Dios se apresure. quiero que Él resuelva las cosas más rápido. Quiero ver el final de la historia más rápidamente.

Pero Dios dice, «No. Aprende a esperar». Espera en el Señor. Hace un tiempo encontré un poema, escrito por un hombre que ya está en la presencia del Señor.

Tuve el privilegio de sentarme bajo las enseñanzas de su ministerio en San Antonio, hace unos años. Su nombre era Russell Kelfer, y escribió un poema acerca de esperar. Este poema ha sido publicado en un librito hermoso como parte de un diario.

Déjenme leerles este poema, porque describe el proceso por el que Dios nos lleva mientras aprendemos a esperar en Él.

El poema de la espera

Desesperadamente, impotentemente, y con nostalgia, grité; Tranquilamente, pacientemente, amorosamente, Dios respondió. Demandé y clamé por una pista de mi destino…Y el Maestro tiernamente dijo, «Espera».

«¿Espera? ¿Tú dices espera?» Respondí indignada, «Señor, yo necesito respuestas, yo necesito saber por qué!» ¿Se ha acortado Tu mano? ¿O no has escuchado? Por fe he pedido, y reclamo Tu Palabra.

Mi futuro y todo lo que se relaciona conmigo, pende de un hilo, ¿y Tú me pides que espere?» Estoy necesitando un «sí», una luz verde. O incluso un «no» al cual me resignaré.

Tu prometiste amado Señor, que si creemos, nosotros solo tenemos que pedir, y se nos dará. Señor, he estado pidiendo, y este es mi clamor: ¡Estoy cansada de pedir! Necesito una respuesta.

Entonces, tranquilamente, suavemente, supe sobre mi destino, cuando mi Maestro respondió otra vez, «Espera». Entonces me desplomé en mi silla, derrotada y consumida. Y me quejé a Dios, «Entonces, estoy esperando… ¿pero qué espero?»

Parecía como si Él se arrodillara y Sus ojos se encontraran con los míos… Y el tiernamente me dijo, «Yo puedo darte una señal. Yo pudiera batir el cielo y oscurecer el sol. Yo pudiera levantar a los muertos y hacer que las montañas corran.

Yo pudiera darte todo lo que buscas y satisfecha estarías. Tú tendrías lo que quieres, pero no me conocerías a Mí. No conocerías la profundidad de Mi amor por cada santo. No sabrías sobre el poder que le doy al débil.

No aprenderías a ver a través de las nubes de la desesperación. No aprenderías a confiar con el solo saber que Yo estoy ahí. Tú no conocerías el gozo de descansar en Mí, cuando la oscuridad y el silencio es todo lo que puedes ver.

Tú nunca conocerías la plenitud del amor, cuando la paz de Mi espíritu descienda como una paloma. Tú sabrías que Yo doy, que salvo, pero no conocerías la profundidad del latido de Mi corazón.

El brillo de Mi consuelo en las madrugadas… La fe que te doy cuando caminas sin ver. La profundidad que existe más allá de simplemente recibir lo que pides de un Dios infinito que hace que lo que tienes perdure.

Tú nunca sabrías, si tu dolor rápidamente desaparece, lo que significa que Mi gracia te baste. Sí, tus más preciados sueños se harían realidad de un día a otro, pero oh, ¡qué lamentable sería el perder de vista lo que Yo estoy haciendo en ti!

Entonces, haz silencio hija mía , y con el tiempo verás, que el mayor de los regalos es realmente conocerme a Mí. Y aunque mis respuestas parezcan llegar muy tarde, mi respuesta más dulce sigue siendo «ESPERA».

Espera. Espera en el Señor. Aquellos que esperan en el Señor nunca serán decepcionados.

Carmen: Dios te llevará a pensarlo dos veces antes de quejarte, cuando tengas que hacer algo que conlleve esperar, así nos lo recordaba Nancy Leigh DeMoss en esta sesión.

Cuando finalmente llega el tiempo en que un bebé deja de usar un pacificador, la primera noche sin este puede ser un tiempo de prueba. Es un tiempo de sufrimiento que es bueno -enseñándole al niño que es tiempo de dejar cosas que él o ella no necesita más. El sufrimiento quita también de nosotros algunos de nuestros «pacificadores» o muletas. Para terminar la sesión de hoy aquí está Nancy.

Nancy: ¿Hay impaciencia en sus corazones porque quieren que se Dios mueva, que Dios obre? ¿Has sido impaciente con Él, diciéndole, «¡Señor, pero hazlo ahora! Arréglalo ahora. ¡Cámbialo ahora!»

¿Has estado presionando y demandando? ¿Has acusado a Dios de ser indiferente? Dios dice, «Yo tengo un tesoro que quiero darte. Quiero que me conozcas, pero tendrás que esperar».

Si tu corazón ha estado impaciente o enojado con Dios porque Él no se ha movido ante la situación tan rápido o en la forma que pensabas que debería – aunque sea solo en este momento- confiesa esto al Señor.

Arrepiéntete. Levanta tus ojos al Señor, y con fe dile, «Señor, por Tu gracia, yo esperaré tranquilamente. Yo esperaré pacientemente para que Tú hagas lo que vayas a hacer. Yo esperaré pacientemente para que Tu propósito sea cumplido. Yo sé que este no es el último capítulo. Yo sé que este no es el final de la historia, y yo sé que vale la pena esperar por el final de esta historia».

Y para terminar nuestro programa de hoy, me gustaría que escucháramos una porción de una entrevista que hicimos a Bety Velázquez de Berrido porque aunque Bety está sufriendo de un cáncer que podría terminar con su vida a menos que Dios intervengan, Bety tiene la perspectiva correcta acerca de su situación , desde hace aproximadamente 10 años esta mujer ha estado enfrentando, tribulaciones y aflicciones que tiene que ver con su salud y pensamos que era bueno y provechoso dejar registrada esa entrevista con Bety porque ella mostró y muestra el gozo del Señor en medio de las aflicciones( el justo por la fe vivirá)

Y una de las preguntas que le hicimos a Bety si ella había pensado acerca de la muerte antes de que Dios trajera toda esta aflicción a su vida, escuchemos lo que Bety tiene qué decirnos.

Bety: Bueno de verdad que no había pensado en la muerte, de verdad que no pero en este proceso que estoy ahora mismo desde hace dos meses que he sentido mucho dolor en mi cuerpo, en diferentes lugares y de verdad que ha sido tan constante esos dolores que me han puesto muy chiquitita, «muy chiquitita».

Aunque me repito que estoy derribada pero no destruida, que estoy pasando por tribulación pero no angustiada, es decir sigo hablándole a mi alma, para que mi alma no me esté… Es decir para no sentirme enferma sino que ¡oye! son cosas que están pasando y Dios tiene el control y están los calmantes.

¡Qué bueno que están los calmantes! Qué bueno que está el dinero para comprarlos y entonces en eso estoy trabajando pero en este proceso de hacen dos semanas para acá. Si he pensado en eso, en ese momento y de verdad que me gustaría que el Señor me encontrara, cuando llegue ese momento, de verdad que me diga, «Buen siervo fiel en lo poco fuiste fiel , en lo mucho te pondré».

Eso es lo que yo quiero oír, «entra en el gozo de tu Señor» , ya ahí no voy a llorar, no voy a sentir dolor, los tumores no van a estar, la pierna voy a caminar derechita, es decir que de verdad he pensado en eso pero mi mayor anhelo es que el Señor me encuentre fiel.

Nancy: Bety cuéntanos un poco dónde y cómo, comenzó todo este proceso, todas estas aflicciones a través de las cuales el Señor los ha estado guiando.

Bety: Todo comenzó en el año 2005, una camioneta nos dio por detrás e hizo que mi esposo perdiera el control y nos estrelláramos contra el muro que está en el medio, tanto mis hijos como mi esposo quedaron inconscientes. Hubo que llevarme de una vez a cirugía.

Nancy: Tú duraste muchos años en sillas de ruedas.

Bety: Sí, aproximadamente yo duré año y medio, luego me pusieron en andador, porque a todo esto duré año y medio en terapia y tuve también terapia ocupacional es decir que a los dos meses volví a trabajar, en mi silla de ruedas, en el colegio dando clases, eso fue una linda experiencia, para ellos y para mí.

Nancy: ¿Y tus hijos y René se recuperaron completamente?

Bety: Sí, Ana Patricia cayó en coma y a los dos días volvió en sí, pero esa noche hubo algo tremendo porque hubo junta de médicos, unos neurólogos querían abrir, otros que no y de una vez los hermanos se pusieron a orar que el Señor les diera la sabiduría y gracias al Señor no la abrieron.

Lo que hicieron fue que le pusieron unos tubitos para que la sangre pudiera salir y el domingo cuando ella despertó porque se temía que pudiera perder la memoria, porque el cerebro estaba muy hinchado, pero gracias a Dios cuando ella despertó que abrió los ojos de una vez encontró una enfermera y preguntó por mí.

Nancy: El Señor afligió pero permitió que todos salieran, vamos a decir con vida. Y entonces en medio de todo esto Bety, ¿cuando es que tu recibes la noticia de que hay otro proceso caminando en tu cuerpo que entonces era cáncer?

Bety: ¡Sí! Bueno, en el 2013 después de mi última operación de ortopedia que fue en el 2010, de sacarme todos los hierros que tenía en la pierna izquierda y en el 2013, me siento una pelotera en el abdomen, voy al médico y era un tumorcito, se veía pequeño en la sonografía pero los análisis detectaron que era algo más grande porque me bajó mucho la hemoglobina y hubo que operar casi de emergencias y efectivamente era un tumor súper grande y gracias al Señor lo pudieron sacar entonces ahí estaba el dilema de si era negativo o positivo, hubo que hacer biopsia.

A todo esto yo me mantuve muy tranquila porque el Señor en esos 7 años que tuvimos en el proceso del accidente el Señor había trabajado mucho con mi corazón, con mi fortaleza. Es decir la palabra de Dios se volvió operativa en mi vida, muy operativa, yo estaba con mucha paz, estaba tranquila.

Bueno mi esposo me decía, «¡ay pero a ti si te gusta que te operen!» Porque casi todos los años había que hacerme una operación de ortopedia y yo le decía, «¡No! Pero si hay que hacerla y tenemos el seguro, ¿para qué retardar más la situación?» Y gracias al Señor Él me dio esa tranquilidad y esa seguridad de que Él iba a cuidar de mí.

Nancy: Amén.

Bety: Cada vez que entraba a cirugía era con esa confianza.

Nancy: Cuando tu dices «operativa»… ¿Qué en realidad tú quieres decir? ¿Como que se hacía real, que tú la orabas? ¿Como se hacía operativa?

Bety: Bueno, operativa, que yo cada vez que oraba, cada vez que leía de sus promesas, yo las entraba en mi corazón es decir yo las hacía mías.

Nancy: Era para Bety.

Bety: ¡Era para Bety! Bueno, en mi Biblia hay varias promesas que dicen Bety y de verdad que yo las cogía para mí y sí eso es Palabra de Dios, palabra viva. Oye, Él lo estaba haciendo en mi vida porque Él me dio mucha paz en medio de la tormenta, cuando hablan de cáncer es como si tú tuvieras una sentencia de muerte pero la sentencia de muerte la tenemos todos, entonces yo dije no, esa sentencia solamente Dios la tiene en Sus manos; Él es el que sabe el día y la hora .

¡Pero eso sí! Yo quiero dejarle un legado a mis hijos, un legado de que el Dios que ellos conocen desde que estaban en mi vientre, desde pequeñitos, es un Dios creíble, es un Dios verdadero, ese Dios que está en la Biblia es UN DIOS REAL.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Trenzando Hilos

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Cuatro –

Trenzando Hilos

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 22 – Temor y temblor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 22 – Temor y temblor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/temor-y-temblor/

Carmen Espaillat: La Biblia nos dice que Dios siempre está trabajando. En el día de hoy Nancy Leigh DeMoss nos explica cómo.

Nancy Leigh DeMoss: La Biblia no nos dice que Dios siempre está trabajando para cumplir los deseos de Su pueblo, sino que Dios siempre está trabajando para la salvación de Su pueblo. Y esta salvación no es solamente una salvación de tiempo pasado. No se limita solo a la justificación. Dios siempre está trabajando para nuestra santificación y para nuestra futura glorificación.

Carmen: Está escuchando Aviva Nuestros Corazones en la voz de Patricia de Saladín.

Hay algunas canciones populares dentro de las iglesias de hoy día que claman a Dios para que envíe Su Gloria o muestre Su Gloria. La próxima vez que te encuentres cantando una de ellas piensa en esto: La Biblia está llena de historias donde las personas caen aterradas cuando ven a Dios. Es necesario tener la perspectiva correcta de la presencia de Dios; puede causar tanto terror como consuelo. Continuamos hoy con la serie titulada Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Si todo lo que has escuchado a través del programa Aviva Nuestros Corazones han sido los programas de esta serie de Habacuc, debes estar pensando: «Esta mujer es realmente negativa. Se concentra solo en cosas negativas». Bien, lo que tratamos de hacer en Aviva Nuestros Corazones es enseñar todo el consejo de Dios para exaltar Su carácter tal cual es revelado en las Escrituras.

Y les confieso que me encanta la historia, las enseñanzas y todo el contenido del Antiguo Testamento. Hoy en día no se escucha mucha enseñanza sobre el Antiguo Testamento y considero que es una lástima que esto suceda. Es lamentable porque las riquezas y los tesoros del Nuevo Testamento no lucirían tan hermosos si no son vistos en el contexto del Antiguo Testamento. Esto no significa que Dios ha cambiado. Es el mismo Dios. ¡Pero gracias a Dios, este Dios de ira y de juicio ha hecho provisión para que los pecadores puedan ser salvados!

Una persona me estuvo diciendo durante el receso justo antes de esta sesión que había escuchado a un predicador decir esta semana: «Son las malas noticias que hacen que las buenas noticias sean tan buenas». Y esa es la verdad. Nosotras tenemos el Evangelio, Las Buenas Nuevas. Pero son las malas noticias de nuestro pecado, de nuestra depravación, y el convencimiento de que somos merecedoras del juicio de Dios, que hacen que Evangelio de la misericordia y gracia de Dios sean tan buenas noticias.

Y hoy nos encontramos en Habacuc capítulo 3. Habacuc está orando al Señor, y en este texto exalta el carácter de Dios. Él reconoce la obra redentora de Dios en favor de Su pueblo durante el pasado. A medida que ve lo que Dios ha hecho en el pasado -en el Monte Sinaí, cuando sacó a Su pueblo de Egipto, llevándolos a cruzar el Mar Rojo y luego llevándoles a través del desierto acompañados de Su Gloria Shekinah- durante todos esos años de deambular por el desierto.

Habacuc ve el poder, el poderío y la majestad de Dios, y él está asombrado de lo que Dios ha hecho -del poder de Dios. Al ver la obra que Dios ha realizado en el pasado, su fe se fortalece y lo lleva a creer que Dios puede hacer lo que sea necesario en sus días. Entonces, el libro de Habacuc, nos permite dar un vistazo de las cosas por venir. Y en el capítulo 2, versículo 14 podemos leer: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar».

Vemos como Dios se manifiestó en el Mar Rojo, tragándose por completo al ejército egipcio, y permitiendo que Su pueblo atravesara por tierra seca. Y entonces podemos decir: «Sí, eso me da la fe para creer que un día por venir acontecerá que el conocimiento de la Gloria del Señor llenará la tierra así como las aguas cubren el mar». De manera que en esta oración de Habacuc en el capítulo 3 vemos una realidad pasada, una realidad presente y una realidad futura.

Hoy nos dirigimos al versículo 13 de Habacuc capítulo 3, que se ha convertido en uno de mis versículos favoritos de este libro a medida que lo he estado estudiando durante estos meses recientes. Habacuc 3, versículo 13: «Saliste -dice Habacuc a Dios en su oración- para salvar a Tu pueblo, para salvar a Tu ungido».

Y permítanme detenerme aquí solo por un momento. Llegaremos al resto del versículo en unos momentos. Pero quiero que recordemos el capítulo 1, donde Habacuc le dice a Dios: «¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡violencia! ¿Y no salvarás? (v. 2) A él no le parecía que realmente Dios era un Dios salvador ya que no parecía estar librándolos de sus circunstancias. No parecía que Dios estaba obrando ni trabajando con un propósito.

Pero ahora se da cuenta de que Dios siempre está obrando. «Porque haré una obra en vuestros días» dice Dios a Habacuc en el verso 1:5. Dios te diría eso a ti también cada vez que pienses: «Dios, no estás salvando. No estás salvando a mi esposo. No estás salvando a mis hijos. No me estás guiando en esta situación». Dios te dice: «Estoy hacienda una obra en tu día. Yo estoy obrando».

Entonces ahora Habacuc nos dice por fe: «El justo por su fe vivirá» (2:4). Esta es una oración de fe. Habacuc se ha dado cuenta de que Dios siempre está en búsqueda de la salvación de Su pueblo.

Él mira hacia el pasado y dice «Dios, Tú hiciste todo lo que había que hacer para la salvación de Tu pueblo. Cuando enviaste plagas y cosas terribles, Tú lo hiciste para juzgar a los impíos. Pero también lo hiciste para salvar a Tu pueblo. Tú lo hiciste todo para la salvación de Tu pueblo.

Y estos eventos históricos nos anuncian y revelan el futuro. Él mira hacia atrás al cruce del Mar Rojo, pero también mira hacia adelante hacia la cruz y hacia nuestra liberación final de la presencia misma del pecado. Dios lo dio todo por la salvación de Su pueblo. Permítanme recordarles que incluso en medio de la corrupción, del pecado y del juicio; en medio de todo lo que vemos que está sucediendo en nuestro mundo hoy en día, Dios está obrando para la salvación de Su pueblo.

Y particularmente, me encanta este versículo. «Saliste para salvar a Tu pueblo» (3:13). No nos dice: «Dios salió para la comodidad de Su Pueblo». Tampoco se nos dice que: «Dios siempre está obrando para hacer realidad los deseos de Su pueblo». Sino que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Esta salvación no es solo una salvación en tiempo pasado. No se trata solo de la justificación del pueblo de Dios. Dios está obrando para nuestra santificación y para nuestra glorificación final. Él nos ha salvado; Él nos está salvando y Él nos salvará. Existe un tiempo pasado, un tiempo presente y un tiempo futuro en nuestra salvación.

Así que sea lo que sea que esté sucediendo en tu vida -lo que sea que esté ocurriendo en tu hogar, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo, con las personas que vienen contigo, en tu escuela —Dios siempre está trabajando para la salvación de Su pueblo.

Dios siempre está salvando a Su pueblo.

En la segunda mitad de este versículo 13, se nos presenta el otro lado de la moneda. Recuerda que dijimos en la última sesión que el juicio y la salvación siempre caminan de la mano en las Escrituras. Podrás comenzar a ver estas líneas paralelas en la medida que lees ambos testamentos. Hay juicio y hay salvación.

La primera parte del versículo 13 se refiere a la salvación de Dios. Pero hay juicio en la segunda mitad: «Destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba abajo. Selah». Detengámonos por un momento y pensemos en este versículo. En este preciso momento Dios está salvando a Su Pueblo, pero Dios también está juzgando a los malos: «Destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba abajo».

En el contexto inmediato, a medida que Habacuc reflexiona sobre la historia de redención de los judíos, él está pensando cómo Dios libertó a los judíos sacándolos de Egipto. Dios destruyó el ejército del Faraón: «Tú destrozaste la cabeza de la casa del impío».

Dios trató con Faraón. Faraón perdió su hijo primogénito, su familia, y todos los egipcios experimentaron las consecuencias terribles de las plagas que Dios envió a su nación. Dios aplastó ese poder mundial tan increíble. Él lo puso al descubierto. Él lo despojó de su poder.

Pero no creo que eso es lo único a lo que Habacuc se está refiriendo aquí. Entiendo que también él está mirando con los ojos de la fe –el justo por su fe vivirá- Habacuc está deseando que llegue aquel día en que Dios herirá el poder de los babilonios que aún deberán conquistar al pueblo judío. Ellos castigarán a los judíos. Ellos son instrumentos en las manos de Dios.

Pero él se da cuenta de que los babilonios recibirán lo que se merecen. Dios los va a aplastar. A Nabucodonosor -a ese rey orgulloso y arrogante-Dios destrozará la cabeza de la casa del impío y lo dejará al descubierto.

Pero considero que Habacuc, con ojos de fe, está mirando aún más lejos-más allá de Egipto y de Babilonia y de otras potencias mundiales que han venido y se han ido. Creo que la cabeza de la casa, en última instancia, de la casa del impío no es otro sino el mismo Satanás. Él es el hombre fuerte acerca de quien leemos en el Nuevo Testamento, quien cree que tiene su casa bajo su control.

Y en el versículo 15 del capítulo 2, leemos cómo, esta cabeza de la casa, este hombre fuerte, hace que otros se embriaguen para exponer su desnudez. Él avergonzó a otros. Pero ahora Habacuc dice: «Tu tiempo para ser descubierto, Satanás, ha llegado». Y este es un cuadro sobre el final, cuando Satanás será derrotado -Él será traspasado; quedará impotente y desprovisto de poder. «Tu destrozaste la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba a abajo».

A medida que leo este versículo, mi corazón dice, «¡Sí!» ¡¡Conocemos el final de la historia!! Ahora bien, no me alegro por el juicio de Dios, pero sí me alegra pensar en el final de Satanás?¿No te alegras tú?

¡Qué grande e inmenso es nuestro Dios! Él vino para la salvación de Su pueblo -de nosotros quienes merecíamos la ira de Dios y Su juicio. Pero, «Tú has tenido misericordia de nosotros. Nos has prometido, y lo has ilustrado en el pasado, que Tú puedes hacerlo -que destrozarás la cabeza de la casa del impío, descubriéndolo de arriba a abajo».

Esto fue lo que Dios prometió de una forma velada en Génesis 3, ofreciéndonos solo un vistazo de esa promesa, cuando la maldición fue puesta sobre la tierra y las consecuencias de la caída fueron dadas. A la mujer, al hombre y a la serpiente se les dijo cuáles serían las consecuencias. Y luego en el versículo 15, Dios dijo «Él» -es decir, la descendencia de la mujer, Cristo— «Él te herirá en la cabeza, Satán. Él te asestará un golpe fatal. Y tú -la serpiente, Satanás- le herirás en el calcañal» (parafraseado).

¿No se cumplió esto en el Calvario? La serpiente hirió el talón del Salvador ocasionándole sufrimiento. Pero, ¿quién sufrió el golpe final? Jesús fue quien le dio el golpe final y decisivo a la serpiente. Y, como leemos en Romanos 16, «Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies. «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros» (versículo 20).

¡Qué bendición! ¡Qué bendición! Vivimos en este mundo corrupto y caído, y libramos una guerra espiritual. Libramos una guerra, no contra carne y sangre, sino contra principados y potestades y contra la maldad y la oscuridad de regiones celestiales (Efesios 6:12 parafraseado). Uno puede experimentar esto en la medida que enfrenta la tentación y el pecado.

Lo puedes experimentar en tu matrimonio cuando tienes dos personas egoístas que están siendo santificadas, y pueden en algún momento sacar lo peor el uno del otro. Tenemos que lidiar con esto al criar a nuestros hijos; luego crecen y quizás ni presten atención a las cosas que les enseñaste. Uno puede ver las obras de las tinieblas; los esfuerzos del maligno. Podemos ver naciones del mundo furiosas contra Dios. Y uno puede hasta llegar a deprimirse a menos que mantengamos nuestros ojos en el final de la historia.

El Dios de paz -es nuestro Dios guerrero; Él es nuestro Dios de paz -pronto aplastará a Satanás bajo sus pies. Te preguntarás: bueno, ¿y qué tan pronto es pronto? No parece ser muy pronto, No parece estar sucediendo ahora. Quiero decirte que, en el Calvario, esa victoria ya fue lograda.

La serpiente antigua todavía se retuerce y actúa como si tuviera algún poder, pero ha sido derrotada. Y pronto, en el tiempo de Dios, a Su manera, Él aplastará a Satanás bajo nuestros pies. Nosotras tenemos la victoria. Vivimos, caminamos, servimos, amamos y adoramos a Dios, y vivimos en este planeta en una posición victoriosa sobre el mal. Nosotros tenemos la victoria sobre el mal porque Dios vino para la salvación de Su pueblo y porque nos ha prometido aplastar la cabeza de la casa del impío. Te digo, ¡Esas sí que son buenas nuevas! Ese es el Evangelio.

El versículo 14 continúa: «Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros». Dios no solamente enfrenta a Satanás, sino que también enfrenta a sus emisarios» -a sus soldados, sus demonios y toda la gente que se encuentra en esta tierra siendo instrumento de Satanás…

«Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros». Dios usa las mismas armas que Satanás usa, y las usa en su contra. «Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros, que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que devoran en secreto a los oprimidos».

Versículo 15: «Marchaste por el mar con tus caballos, en el oleaje de las inmensas aguas». Dios le da a Habacuc este increíble cuadro. Y Habacuc lo recuerda a medida que él reflexiona y repasa lo sucedido. ¿Cómo es Dios? ¿Qué hizo Dios? ¿Cómo fue que Dios mostró Su poder? ¿Cómo mostró Su majestad? ¿Cómo hizo Dios para dar salvación a Su pueblo? ¿Cómo es eso de que Dios ha aplastado a Sus enemigos? Habacuc ha estado, durante esta oración, reflexionando sobre todas estas cosas.

Y Habacuc, quien ha estado orando a través de todo esto que ha estado recordando, ahora, en el versículo 16, responde a todas las cosas asombrosas que ha visto, que ha experimentado y que ha oído. Es una respuesta que no vemos muy frecuentemente hoy en dia. Él nos dice en el versículo 16: «Oí, y se estremecieron mis entrañas, a Tu voz temblaron mis labios, entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy».

Ahora bien, ¿qué es lo que provoca que Habacuc tiemble? Considero que esto le ocurre por varias razones. En primer lugar, pienso que esto es por la revelación del asombroso poder y gloria de Dios, como cuando uno mira directamente al sol y su brillantez. Eso estremece tu mundo. Ver a Dios, cambiará toda tu perspectiva acerca de todas las cosas. Él es tan maravilloso, tan santo, tan grandioso. No tengo palabras para describir cómo es Dios.

Cuando uno ha podido empezar a contemplar quién es Dios, cuando uno ve Su poder y Su gloria… ¡de seguro que tiembla! Así que creo que en Habacuc hay un sentido de asombro, temor y también de debilidad. Él sencillamente está tambaleándose. Él está temblando como una hoja ante el poder de Dios.

Hemos visto a personas a quienes les ocurre esto. Uno escucha sobre huracanes, terremotos y tornados, y la gente tiembla. Quiero recordarte que esos fenómenos no son nada frente a Dios. Si alguna vez pudiéramos ver y conocer a Dios de la manera que Él es, sabríamos verdaderamente lo que significa temblar.

Habacuc tiembla ante la ira de Dios, y ante el juicio inminente y la persecución que Dios enviará sobre la tierra. Dios le ha dicho a Habacuc que en esta situación inmediata, los babilonios están llegando. Ellos van a barrer la tierra. Ellos arrasarán con todo y van a conquistar a Judá.

Y, efectivamente, así lo hicieron, 15 años después de la experiencia de Habacuc con el Señor. Él sabe que viene un juicio inminente. Él sabe que una devastación inminente viene y esto lo hace temblar.

Tú también temblarías si supieras lo que Dios hará en este mundo para juzgar a las naciones. Esto puede ocurrir en 15 años, o quizás en 15 minutos. No sabemos. Pudiera ser 1,500 años. No sabemos. Pero cuando uno sabe qué ocurrirá y reflexiona sobre ello, uno tiembla.

Pienso que Habacuc se estremece y tiembla porque él sabe que todo el mundo sufrirá -incluyendo los justos, incluyéndolo a él mismo, el hombre de Dios. Él sabe que se avecina sufrimiento. Y Habacuc experimenta los efectos físicos y psicológicos de este conocimiento, en su cuerpo, en sus emociones y en su mente, todo esto por la revelación que ha visto por parte de Dios y que está por venir.

El encuentro de Habacuc con Dios es transformador. Él tiembla. Ahora bien, ese temblor -como lo veremos antes de finalizar esta serie- en última instancia se convierte en alabanza. Se convierte en la proclamación de la grandeza y las obras de Dios.

Pero en este momento, esto es como si Habacuc pudiera oler la carne chamuscada de aquellos que están bajo el juicio de Dios. Él sabe que incluso los justos van a experimentar algo de esa ira. Si eres una persona justa, y vives en una nación impía, y Dios juzga a esa nación -tú también sentirás ese calor. Y él empieza a temblar.

A medida que vamos a través de las Escrituras, vemos personas que conocieron a Dios y que realmente vieron Sus propósitos y planes, y temblaron. Dije al principio de esta serie, y lo repito. Me confunde la forma en que en la actualidad se puede ser tan frívola, tan trivial, tan casual, en la presencia de un Dios santo.

Hace años, el pastor de mi iglesia predicó acerca del libro de Habacuc. Y recuerdo perfectamente que predicó un sermón bastante poderoso acerca del capítulo 2, versículo 20: «El Señor está en Su santo templo, calle delante de Él toda la tierra».

A medida que meditaba en ese texto durante el sermón, sentía la presencia pesada de Dios revelándome la verdad de cuán poderoso Él es, cuán Santo Él es, y cuán majestuoso es. Al final del mensaje, casi no podía respirar y sentí un justo temor de Dios -no un miedo inapropiado, sino un asombroso temor ante la presencia de Dios.

Y al poco rato, no te imaginas lo rápido que salimos de ese momento, tan pronto se pronunció el último amén. La música empieza a tocar y nosotros empezamos a hablar acerca de todo, excepto de Dios y Su grandeza. La gente solo hablaba y charlaba. No estoy criticando con esto; simplemente estoy diciendo que no conocemos a Dios. En realidad no estamos viendo a Dios.

Ahora, no estoy diciendo que cada vez que venimos a la iglesia debemos hablar en susurros, o que nadie debe hablar de cosas como el estado del tiempo o los deportes o lo que sea. Pero hay algo cuando realmente estás en la presencia de Dios que es asombroso; que te hace temblar.

Esto lo podemos ver en las Escrituras cuando la gente contemplaba a Dios. Lo vemos en libro de Daniel cuando le fue dada una visión del Cristo pre-encarnado. Lo que los teólogos llaman una «Cristofanía o Teofonía». Él realmente vio a Cristo. Él se quedó solo, y vio esta gran visión. Y dijo: «No me quedaron fuerzas, y mi rostro demudó» (Daniel 10:8). En el lenguaje original se lee: «mi esplendor fue cambiado en ruina».

Hay algo devastador acerca de poder ver a Cristo como Él es. Daniel dice: «Sin retener yo fuerza alguna». Él dijo que ni fuerza ni aliento alguno quedó en él. Se sentía sin aliento, no podía respirar, no tenía fuerzas.

Y eso fue lo que Habacuc experimentó. Fue lo que experimientó Daniel. Esa fue la experiencia de Pedro cuando vio el poder de Dios -cuando Cristo hizo ese milagro, y atraparon todos esos peces. Pedro pudo ver que no era un hombre ordinario quien hizo que eso sucediera. Él sabía que estaba ante la presencia de alguien majestuoso y divino.

Y las Escrituras nos dicen en Lucas 5: «Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador» (versículo 8). El tembló ante la presencia del Dios Santo, de un Dios poderoso.

Habacuc vio esto. Daniel lo vio. Pedro también lo vio. El apóstol Juan también lo vio en el libro de Apocalipsis, capítulo 1. Nosotros tenemos la hermosa, poderosa e increíble descripción de Cristo -del Cristo glorificado de Apocalipsis capítulo 1, cuyos pies, cabeza y sus cabellos resplandecen. Él luce glorioso. ¿Y que le sucedió cuando Juan tuvo esta visión? Él no se fue corriendo a jugar, ni a charlar con sus amigos sobre cosas intrascendentes. Él dijo: «Cuando le vi, caí como muerto a sus pies». (versículo 17)

La majestad de Dios. El poder de Dios. El juicio de Dios. La ira de Dios. ¿Qué sucederá cuando veamos todo esto? Cuando te encuentres con el Señor, cuando lo escuches, ¿cómo puedes simplemente salir corriendo a tu rutina; a continuar con tu día como si nada?

De los avivamientos del pasado se dice que una de las señales o muestras más consistentes era que las personas eran inundadas con un sentido asombroso de la presencia de Dios; con un sentido de la eternidad. Era como si ellos no pudieran pensar o hablar de ninguna otra cosa. Se dice que en alguno de esos grandes avivamientos, uno podía caminar por cualquier calle -en lo que anteriormente habían sido ambientes muy seculares- y se encontraba personas en todos los sitios hablando de Dios y de la condición de sus almas.

¿Cuándo fue la última vez que temblaste ante la presencia de Dios? ¿Alguna vez el conocimiento de Dios y Su poderoso obrar te han paralizado? ¿Con qué frecuencia, cuando tengo mi tiempo a solas con Dios, cuando abro la Biblia, cuando leo lo que Dios me tiene que decir, y luego rápidamente, simplemente cierro la Biblia y paso a lo próximo que tengo que hacer? Sigo hacia mi computadora, hacia mi laptop, a una reunión, a una llamada telefónica. ¿Realmente me acabo de encontrar con Dios?

Ahora, no estoy diciendo que no debamos tener momentos normales de vida, o que Dios nunca se divierte o que no podemos disfrutar de nada jamás. Esa es una dimensión de la vida cristiana que también es muy real. ¿Pero por qué estamos perdiendo de vista la dimensión de temblar ante la presencia de Dios? Considero que la respuesta es porque no estamos viendo a Dios como Él es en realidad.

De manera que a medida que profundices en la Palabra de Dios, a medida que vayas a la iglesia, que compartas con el pueblo de Dios, pídele a Dios que te ayude a verlo, a temblar ante la realidad de saber quién es Él realmente.

Carmen: Podemos volvernos tan casuales acerca de Dios. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado recordando cuán grande e imponente es Dios en realidad. Este mensaje es parte de la serie titulada: Habacuc: del temor a la fe .

¿Alguna vez has sentido que la vida es como un gigantesco tapón de tráfico y que lo que haces es esperar y esperar sin hacer nada? Averigua en una próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones lo que el profeta Habacuc aprendió acerca de esperar por fe.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas Las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique otra fuente.

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Dios disciplina a sus hijos

Iglesia Evangélica de la Gracia

Dios disciplina a sus hijos

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es

El Enojo de los Padres

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Tres –

El Enojo de los Padres

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 21 – Ira y misericordia

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 21 – Ira y misericordia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/ira-y-misericordia/

Carmen Espaillat: Es popular imaginar a un Dios tan amoroso, que nunca castigaría a nadie. Nancy Leigh DeMoss dice que las Escrituras lo describen de una forma más completa.

Nancy Leigh DeMoss: La ira de Dios se une a su increíble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra, y si proclamas la una sin la otra, perviertes el Evangelio.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez has escuchado a alguien decir, «Yo amo al Dios del Nuevo Testamento, pero el Dios del Antiguo Testamento parece ser tan cruel y furioso»?

Nancy ha estado enseñando del libro de Habacuc en el Antiguo Testamento, y estamos a punto de ver por qué las dos partes de la Biblia describen exactamente al mismo Dios. Aquí está Nancy, en la serie, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, hoy estamos en el capítulo 3 de Habacuc y estaremos aquí durante las próximas sesiones. Vamos a estudiar esta oración de Habacuc, la oración que Habacuc oró después de encontrarse con el Dios que es alto, sublime y santo, quien está sentado en Su trono, el Dios que se venga de las naciones y de los individuos que lo desafían, este Dios santo.

Habacuc ora, y como vimos en la última sesión, dice, «Señor, estoy lleno de asombro y reverencia. Temo delante de tu presencia. Vengo delante de ti, con temor, porque tú eres un Dios asombroso, y he oído lo que has hecho. He oído lo que has dicho, y me hace temblar».

Y luego ora, como vimos en la última sesión. Él ora por un avivamiento. «Señor, aviva nuestros corazones». En esencia, ora así: «da a conocer Tu obra en medio de los años; en la ira, acuérdate de tener compasión».

Hemos dicho que por la causa de Cristo y por su muerte en la cruz en nuestro lugar, Dios tendrá misericordia de aquellos que se arrepienten delante de Él. Ahora, vamos a continuar hoy en el versículo 3, con la oración de Habacuc.

Probablemente hoy lleguemos hasta el versículo 12. Quiero que veamos que en esta oración, Habacuc recuerda las proezas de Dios en el pasado. Él ve lo que Dios ha hecho.

Vuelve a considerar la historia de Israel. Recuerda lo que Dios hizo cuando liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, cuando los llevó por el desierto, y los llevó a la Tierra Prometida. Recuerda lo que sucedió en el Monte Sinaí, cuando Dios bajó y mostró Su gloria a Su pueblo y les dio la ley. Y recuerda la salvación y el juicio de Dios en la historia de Israel −el cuidado por su pueblo y la demostración de su poder.

Y mientras mira hacia el pasado, en su oración, mientras reconsidera, recuerda y revisa estas cosas, se recuerda a sí mismo que lo que Dios hizo en el pasado, lo puede volver a hacer hoy también. Esto le da fe para mirar hacia el futuro. Recuerda, «El justo por su fe vivirá». ¿Cómo desarrollamos la fe en Dios? Pues bien, la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios.

Cuando lees la Palabra de Dios, ves cómo es Dios. Ves cómo Él ha actuado. Ves lo que ha hecho, Ves Su poder, Su majestad y Su grandeza. Y cuando ves que Dios dividió las aguas del Mar Rojo de par en par y llevó a Su pueblo a un lugar seguro y luego demolió a los egipcios en el mar, miras tus propias circunstancias y piensas, «¡Wao! ¿Dios hizo eso? Quizás puede ayudarme a sobrepasar esto. Dios puede salvarme. Puede ayudarme a cruzar este Mar Rojo».

No puedo decirles cuántas veces he venido a una sesión de grabación, y me he sentido como si estuviera parada delante del Mar Rojo, esperando que las aguas se abran y diciendo, «Señor, no estoy lista. No veo las ideas como un todo. No sé cómo encajar todo esto».

Una y otra vez, he visto cómo Dios ha abierto las aguas del Mar Rojo y nos ha llevado al otro lado, a mí, a mi familia y a nuestro ministerio. Tú lo has visto en tu vida. Al leer la Palabra de Dios, se construye, se edifica tu fe. Tu fe se fortalece cuando ves lo que Dios ha hecho. Por cierto, esta es la importancia de conocer la historia bíblica y enseñar a tus hijos a conocer la historia bíblica.

Es triste decir que algunos de tus hijos saben más acerca de películas contemporáneas, de programas de televisión, canciones de música rock, comerciales, diferentes tipos de tecnología y lo que está sucediendo en la actualidad. Ellos saben mucho más de todo eso que lo que saben de la historia bíblica.

Ustedes dirán, «¿Necesitan saber todo eso? ¿Éxodo, Levítico y Números?» Sí, porque ahí es donde aprenden quién es Dios. Ahí es donde venimos a adorarle y a tener fe en Él.

La historia es «Su historia». Y si quieres ver a Dios activo y vivo y trabajando a tu favor hoy en día, es necesario volver atrás y familiarizarte con la forma en que Dios se ha actuado en el pasado. De hecho, puedes hacer que la historia bíblica y los eventos de la Biblia formen parte de tu vida de oración, como hace Habacuc en esta oración.

Pasa revista a lo que Dios ha hecho. No hay nada de malo en venir delante de Dios y decir, «Dios, recuerdo cuando hiciste esto. Recuerdo cuando hiciste aquello. Recuerdo cuando hiciste lo otro».

«Y Señor, cuando pienso en lo que hiciste en la cruz, cómo juzgaste el pecado y derrotaste a Satanás, y recuerdo Señor lo que hiciste en la iglesia primitiva, y recuerdo, Señor, lo que hiciste en este caso y en este otro caso»; eso aviva la fe en nuestros corazones y nos ayuda a atrevernos a pedirle a Dios que se manifieste en nuestros días y que haga una nueva obra de avivamiento.

Por lo tanto, vamos a ver, comenzando en el versículo 3, esta pequeña lección de historia, y recuerden que los eventos que estamos viendo en esta ocasión se refieren a hechos del pasado, pero también describen la manera en que Dios trabaja en la actualidad y la manera como obrará en el futuro.

Versículo 3, «Dios viene de Temán, y el Santo, del monte Parán». Ahora, estas son referencias a las regiones del sur de Judá, donde Dios había hecho grandes milagros cuando sacó a Su pueblo del cautiverio en Egipto a la Tierra Prometida.

Allí era donde estaba ubicado el Monte Sinaí, donde Dios visitó a Su pueblo y se reveló a ellos en impresionante majestad, poder y gloria. «Dios viene de Temán, y el Santo, del monte Parán».

«Su resplandor es como la luz». Esa es una descripción de la luz sobrenatural de Dios (shekinah). Leímos a principios de esta serie, en el libro de Éxodo acerca de los relámpagos y los truenos y las voces como trompetas. La luz sobrenatural de Dios (shekinah) visitó a Su pueblo en el Sinaí, luego los llevó por el desierto durante cuarenta años y los llevó a la Tierra Prometida.

«Su esplendor cubre los cielos y de su alabanza está llena la tierra. Selah». Esa palabra selah es una palabra que solo se utiliza en las Escrituras en el libro de los Salmos, y la única excepción son las tres veces que se utiliza en este capítulo de Habacuc.

La palabra Selah -no sabemos exactamente lo que significa. Probablemente se trate de una notación musical. Por lo general se cree que indica una pausa. ‘Deténgase un momento a pensar’. Podría ser, algo así como que hubiera música en su iglesia, y ustedes hicieran una pausa mientras los músicos tocan un pequeño interludio o quizás aceleraran el ritmo en la próxima estrofa o cambiaran a un tono más alto en la siguiente estrofa.

Es como si fuera un interludio donde hay un cambio en la música, que nos da la oportunidad de detenernos a pensar en lo que acabamos de leer. Veremos que esto sucede tres veces en este pasaje.

«De su alabanza está llena la tierra. Selah». ¿Recuerdas lo que leímos en el capítulo 2? «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (versículo 14). De su alabanza está llena la tierra.

El pasado domingo, cantamos en nuestra iglesia un coro bien conocido, «Padre, te amamos, te adoramos, te alabamos», pero me quedé pensando en la última línea de ese coro mientas lo cantaba una y otra vez: «Glorifica tu nombre en toda la tierra».

«Glorifícate. Glorifícate. Glorifica tu nombre en toda la tierra.» Y cuando Habacuc reflexiona sobre ese día en el que la tierra estará llena del esplendor y de la gloria de Dios, eso lo motiva a orar, «Oh Señor, que sea así en nuestros días».

«Y que así sea por fe en los días por venir. Glorifícate, en toda la tierra». Versículo 4, «Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su mano, y allí se oculta su poder».

Ahora bien, creo que esto describe lo que pasó en el Monte Sinaí, cuando Dios se dio a conocer a los hijos de Israel. «Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su mano».

Y esta interesante frase, «y allí se oculta su poder». Ahora bien, cuando leemos este recuento en Éxodo capítulo 19, parece que Dios mostró Su poder, y ciertamente fue así. Pero a pesar de que los israelitas vieron el poder de Dios, en aquel día, en ese momento grandioso y espectacular, con relámpagos, truenos y voces, las Escrituras dicen que Su poder estaba velado.

Ellos solamente vieron una diminuta parte de la grandiosa majestad y el poder de Dios. Sería como mirar al sol para ver la plenitud del poder de Dios, mirarlo de frente en todo Su esplendor y gloria.

Nos cegaría, y Dios sabe que si alguna vez lo llegáramos a ver de frente por completo, sin que Él velara Su poder y Su majestad y Su gloria, nos cegaría la vista. Nos destruiría.

Así que allí estaba escondido Su poder. Nos dio un vistazo, pero solo un vistazo. Versículo cinco, «Delante de Él va la pestilencia, y la plaga sigue sus pasos. Se detuvo, e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las naciones» (Habacuc 3:5-6).

Piensa en esa frase. «Miró e hizo estremecerse a las naciones». Piensen en el poder de una mirada de Dios. «Miró e hizo estremecerse a las naciones». Sabes, pensamos que somos tan poderosas. Pensamos que tenemos tanto poder. Creemos que las naciones de la tierra son tan fuertes. Todo lo que Dios tiene que hacer es mirar, y las naciones temblarán.

«Sí, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguas». (versículo 6) Bueno, eso no parece tener sentido. Si las montañas son eternas, perpetuas ¿cómo se pueden mover? Si son perpetuas, ¿cómo se pueden hundir?

Ese es el punto. Parecen ser eternas. Parecen ser perpetuas, pero cuando Dios las mira, desaparecen. Y luego dice «Sus caminos son eternos» (Habacuc 3:6).

Dios es el único que es eterno. Pensamos que las montañas son tan grandes. Pensamos que los esposos nunca van a cambiar, que los hijos nunca llegarán a creer, que las situaciones en tu iglesia o en tu trabajo nunca van a cambiar.

¡Son montañas! No se moverán. No se pueden mover. No se mueven. Las montañas no se mueven pero Dios dice, «Se mueven cuando yo las miro». Dios puede hacer que tiemblen. Dios puede sacudirlas.

Hemos visto en nuestros países cómo las cosas cambian de un momento a otro, con desastres naturales en las zonas del país donde pensábamos que eran seguras, y nos parecía que estábamos a salvo, y casas que pensábamos que estaban bien construidas.

Y luego viene una tormenta de algún tipo y se desmoronan. Dios es poderoso. Sus caminos son eternos. Todo puede cambiar. Todo cambiará, pero Dios nunca cambia.

Lee lo que dice el Salmo 102 acerca de Dios,

Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin (Salmo 102:25-27).

Las situaciones en tu vida que piensas que nunca cambiarán, Dios las puede cambiar. Dios puede cambiar esas situaciones. Las cosas que piensas que están estables, cambiarán, para que te des cuenta de que Dios es fiel y que Él nunca cambia.

Me encanta ese versículo de Hebreos capítulo 12, versículo 27. Esta es una paráfrasis: «Las cosas que pueden ser sacudidas, todas las cosas creadas, las cosas que pueden ser sacudidas, serán sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, es decir, Dios y las realidades eternas, aquellas cosas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmes».

Escúchame, si estás poniendo tu seguridad en las cosas o en las personas que pueden cambiar, vas a ser una persona insegura. La seguridad viene de poner tu confianza en un Dios que no puede cambiar.

Las cosas que pueden ser sacudidas, serán sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmes. Cuando nuestro mundo se sacude nos damos cuenta de lo que realmente creemos y si nuestro fundamento es lo suficientemente sólido y lo suficientemente fuerte para perdurar. Si tu fundamento es cualquier cosa que no sea Dios, cuando llegue la tormenta, tu casa se desmoronará.

Si tu vida está enraizada y fundada en Dios, que es inmutable, estarás segura, independientemente de las tormentas que se crucen en tu camino.

Versículo 7, «Bajo aflicción vi las tiendas de Cusán, temblaban las tiendas de la tierra de Madián». Cusán y Madián eran dos tribus nómadas del sur, y cuando vieron la llegada, la presencia y el poder de Dios, se atemorizaron.

Es por eso que necesitamos orar al Señor para que nos visite con Su poder, con Su presencia y Su gloria en nuestros días. Cuando oramos por un avivamiento, estamos orando para que la gente tiemble ante la presencia de Dios.

Versículo 8,

¿Te indignaste, SEÑOR, contra los ríos? ¿Contra los ríos fue tu ira, contra el mar tu furor, cuando montaste en tus caballos, en tus carros de victoria?

Hay mucho que decir sobre la ira de Dios en este pasaje. Vemos un retrato de un Dios guerrero, un Dios que está en marcha. «Montaste en tus caballos, en tus carros de victoria». Es una imagen de Dios de la que no se habla mucho en la actualidad.

Preferimos la imagen del dulce Jesús, humilde y manso. Ahora, ese es un aspecto de Dios. Ahí está el corazón tierno de Dios. Es el Dios que es como una madre que amamanta. También el corazón de Cristo, que no quebrará la caña cascada ni levantará su voz en las calles.

Está ese aspecto del carácter de Dios, pero también hay un aspecto del carácter de Dios que es feroz, asombroso y airado, y está la ira de Dios que tendremos que enfrentar si no estamos en Cristo.

El Dios guerrero, el Dios que procura la salvación de Su pueblo, «se montó en sus carros de victoria». Esa es una frase clave del libro de Habacuc. Dios se mueve para salvar a Su pueblo, pero también se mueve para juzgar a los impíos.

No podemos tener la salvación del pueblo de Dios sin el juicio de los impíos, así que esta frase nos habla de la ira de Dios. Creo que una de las razones por las cuales nuestros métodos de evangelización tienen tan poco éxito hoy y las personas no están tomando en serio el Evangelio es porque no hay convicción de pecado, no vemos a las personas pidiéndole a Dios que los salve.

Ves a la gente que se ríe un poco de las cosas espirituales. Creo que una de las razones es porque se nos ha enseñado muy poco sobre la ira y la justicia de un Dios guerrero que odia el pecado. La gente no tiene temor de Dios. La gente no teme la ira de Dios. La gente no teme pasarse la eternidad separada de Dios. No temen el infierno, así que, ¿a quién le importa ir al cielo si no hay un infierno que tenemos que evitar?

Si Dios no es un Dios de ira y venganza, ¿por qué tenemos que acudir a Cristo en busca de refugio? La gracia, la misericordia, el amor, la compasión y la mansedumbre de Dios no se convierten en algo valioso para ti si no has visto la ira de Dios.

Así que, ¿qué hacemos en nuestras iglesias? Jugamos, comemos, tenemos atracciones, cosas para que la gente venga, ostentación, glamour, celebridades, grandes programas, música alta y todas las cosas para tratar que la gente se interese en Dios.

Les voy a decir algo. Cuando Dios se presente, la gente se interesará en Dios. Ahora, es posible que salgan corriendo. Es posible que se resistan; es posible que huyan, pero no se van a quedar sentados como un árbol plantado. Van a hacer algo.

Algunas veces me canso de los servicios en las iglesias donde la gente escucha la verdad, escuchan las Escrituras, escuchan al pastor derramar su corazón, y no hacen nada. Se quedan sentados. No responden.

Necesitamos proclamar hoy el aspecto de Dios que es la ira y el juicio y la furia, el Dios guerrero que viene para salvar a Su pueblo y para el juicio de aquellos que no tienen a Cristo.

Necesitamos un Dios temible. Necesitamos un Dios santo a quien adorar. Ustedes dirán, «Bueno, eso a la gente no le gusta. Eso no es ser sensible a las necesidades de los que están buscando a Dios. Eso no es muy amistoso para los que están buscando a Dios. «

Las Escrituras dicen que «No hay quien busque a Dios». Escúchenme bien, si Dios no atrae nuestros corazones hacia Él, nunca lo buscaremos, pero Dios sale a buscar y atraer a la gente a la fe en Cristo, y Él lo hará cuando levantemos la cruz.

Pero, ¿qué es la cruz? Es la ira de Dios contra el pecado. Es la santidad de Dios, la gloria de Dios desplegada. Así que el versículo 9, sobre este Dios guerrero, «Tu arco fue desnudado por completo, las varas de castigo fueron juradas. Selah.» Pausa. Piensen en ese aspecto de Dios.

Por cierto, no estoy diciendo que debemos presentarnos como personas llenas de ira hacia los pecadores. Nosotras, al proclamar la ira de Dios, tenemos que hacerlo con un corazón quebrantado, con ternura, sintiendo compasión por el hecho de que están perdidos y sin Cristo, están en circunstancias desesperadas, terribles.

No estamos felices por la ira de Dios. No debemos dar la impresión de ser gente airada, pero sí debemos darnos cuenta de que tenemos a un Dios que está airado contra el pecado, que odia el pecado y que lo juzgará.

Con ríos hendiste la tierra. Te vieron los montes y temblaron, el diluvio de aguas pasó; dio el abismo su voz, levantó en alto sus manos. (Versículos 9-10).

Y aquí se hace referencia a tantos sucesos de la historia de la redención de Israel- el Monte Sinaí, donde las montañas se retorcían y temblaban, el Mar Rojo, donde las aguas se dividieron y luego volvieron enfurecidas sobre el ejército de Egipto.

Versículo 11:

El sol y la luna se detuvieron en su sitio; a la luz de tus saetas se fueron, al resplandor de tu lanza fulgurante. Con indignación marchaste por la tierra; con ira hollaste las naciones (Habacuc 3:11-12).

Mientras meditaba en ese versículo ayer, me vino a la mente una estrofa que se escribió en un contexto totalmente diferente, pero creo que es un relato de lo que se describe aquí: «Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor».

Ustedes dirán «¡Sí! Dios vuelve». Dios vuelve. Él es un Dios guerrero. «Ha pisoteado las uvas de su ira para extraer su vino. Ha desencadenado el relámpago fatídico de su espada, terrible y veloz. Su verdad marcha hacia adelante». 1

Tenemos un Dios guerrero que marcha sobre la tierra enfurecido y trilla a las naciones en su ira. Y ese es el Dios que puso toda esa ira sobre su precioso Hijo, el unigénito, Jesucristo, en la cruz. Toda la ira que esta tierra pecadora merece, la colocó sobre Cristo.

Es por eso que cuando miras a Cristo y crees en Él, tú como pecadora, mirando a Cristo, el Salvador justo, tú le entregas a Él tu pecado. Él se hizo pecado por ti, para que pudieras ser hecha justicia de Dios en Él. Piensa de qué has escapado huyendo a Cristo en fe en busca de refugio. La cruz se vuelve preciosa cuando ves que es un Dios que abandonó a su Hijo, un Dios que marchó en furia e ira para que tú pudieras tener su gracia y su misericordia.

No es un Dios quejumbroso del que estamos leyendo aquí, que sólo atiende nuestros caprichos y nos mima en nuestras indiscreciones y toma a la ligera nuestros pecados. Del que estamos hablando es un Dios santo.

Lo que ves en este pasaje, al continuar, es cómo la ira de Dios se une a Su increíble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra. Y si proclamas una cosa sin la otra, perviertes el Evangelio.

El juicio y la salvación, siempre van de la mano en la Escritura. Siempre van en vías paralelas. No podemos tener una cosa sin la otra. El juicio sin misericordia, lleva al terror y a la desesperación.

La misericordia sin el juicio es patética. No es el Evangelio en lo más mínimo. No es el verdadero Evangelio. ¿Para qué necesitaríamos la misericordia de Dios si no hubiera nada de qué salvarse, si no hubiera ira y juicio de Dios de qué salvarse?

Alabado sea Dios, Él es un Dios de ira; alabado sea Dios, Él es un Dios de misericordia. Él es un Dios de juicio y un Dios de salvación. Si adoras a Dios, tienes que adorarlo por completo. No podemos tener una cosa sin la otra.

Carmen: La justicia de Dios hace que la misericordia de Dios sea algo notable. Nancy Lee DeMoss nos ha ayudado a verlo con claridad. Vas a oír a tus amigos y a otras personas en los medios de comunicación hablando del amor de Dios.

Sin embargo, la ira justa de Dios no es un tema muy popular. El problema es que no podemos tener una cosa sin la otra y no podemos entender que es así sin saber realmente lo que la Biblia dice. ¿Estás permitiendo que la Biblia moldee tu pensamiento cada día?

¿Y estás permitiendo que toda la Biblia moldee tu pensamiento? Es fácil pasar por alto ciertas partes de la Biblia, como Habacuc, un libro corto en la sección final del Antiguo Testamento.

La serie actual de Nancy, Habacuc: del temor a la fe , nos ha mostrado lo fascinante y lo pertinente que es este libro. Es importante conocer toda la Palabra de Dios.

¿Cantas en la iglesia? ¿Ofrendas? ¿Aplaudes? ¿Tiemblas? Sí, dije ‘tiemblas’. Suena extraño para mí también, pero después de nuestro próximo programa, entenderemos mejor por qué temblar es una respuesta adecuada ante la presencia de Dios. Te esperamos en la próxima edición de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

1 «Himno de la Batalla de la República» Julia Ward Howe [Traducción libre].

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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La Naturaleza Infantil

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Dos –

La Naturaleza Infantil

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 20 – Aviva Tu obra

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 20 – Aviva Tu obra

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/aviva-tu-trabajo/

Carmen Espaillat: Esta es Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: «Señor, necesito esto, necesito aquello. No te olvides de esto otro. Por favor haz lo otro también».

Terminamos de orar habiéndole arrojado montones de súplicas, y encargos, pero sin haber escuchado realmente de parte de Dios. Ni siquiera sabemos las cosas por las que Dios quería que oráramos. Simplemente nos hemos desahogado.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Así que si orar es algo más que una lista semejante a la del mandado del súper, ¿En qué consiste la oración? El profeta Habacuc aprendió a profundizar más allá en sus oraciones que simplemente orar listas de reclamos y peticiones, y hoy aprenderemos de su ejemplo. Nancy nos ha ayudado a conocer a este profeta a través de la serie: Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, estamos transitando lentamente por el libro de Habacuc. En realidad, tú pudieras decir que vamos muy lento, pues por tres o cuatro meses he estado incursionando en el libro de Habacuc y aun ahora, hoy sigo encontrando cosas nuevas, frescas y emocionantes. Siento que apenas si hemos tocado la superficie.

Quiero animarte a que tú también sigas la lectura del libro junto con nosotras, y espero que nos acompañes, escudriñando también por ti misma. Sé que algunas de ustedes escuchan Aviva Nuestros Corazones mientras van conduciendo su automóvil y ese no sería un buen tiempo para tomar notas o para leer tu Biblia, pero cuando estés en casa podrás abrir tu Biblia y estudiar por ti misma, permitiendo así al SEÑOR que te hable a través de este pasaje.

Hoy, por fin estaremos entrando al último de los 3 capítulos del libro de Habacuc. Estamos leyendo algo parecido al diario que escribiera Habacuc durante su peregrinaje. Bien pudieras catalogar con una palabra cada capítulo, para darte una idea del progreso de su peregrinaje transformador.

En el capítulo 1 pudiéramos decir que Habacuc está «luchando». De hecho, su nombre significa «uno que lucha». Él está luchando con Dios. Él está batallando con asuntos muy pesados, se cuestiona preguntas difíciles de responder, observa alrededor las cosas que no tienen sentido. Y así le hace a Dios estas preguntas. Él está luchando.

En el capítulo 2 vemos a Habacuc «contemplando». Él declara, «Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice». . . Él aguarda por una visitación de Dios. Vimos en el capítulo 2 que Habacuc obtuvo una visión fresca y una percepción tan diferente de Dios que produjo un cambio radical en su vida y en su actitud.

Así que en el capítulo 1, Habacuc está luchando; en el capítulo 2 Habacuc está contemplando. Y para cuando llegamos al final del capítulo 3, él está adorando. Luchando, contemplando y adorando.

Alguien más ha descrito estos tres capítulos de la siguiente manera:

El capítulo 1 es un diálogo entre Dios y Habacuc. El capítulo 2 es una endecha, un lamento fúnebre. Tenemos las exclamaciones de desdicha y pesar, el canto fúnebre pronunciado sobre Babilonia. Ella segará lo que ha sembrado. Así que tenemos un himno fúnebre muy pesado, triste y melancólico en cinco estrofas, que recientemente estudiamos en el capítulo 2

Capítulo 1, diálogo. Capítulo 2, himno fúnebre; pero cuando llegamos al capítulo 3, encontramos una doxología, lo que hubo al principio ahora se ha vuelto alabanza y adoración, es una doxología.

Así que al terminar el capítulo 2. ¿Recuerdan el último versículo del capítulo 2? Dice: Pero el SEÑOR está en su santo templo: calle delante de Él toda la tierra. (Verso 20). Dios le había mostrado a Habacuc que Él es infinitamente más grande y poderoso que cualquier autoridad en la tierra, incluyendo a los poderosos Babilonios.

Así tan perversos, poderosos y crueles como eran, Dios dijo, «Yo estoy sobre ellos». Yo estoy en control. Yo Estoy a cargo.» Y Tengan presente, al leer el versículo 14 del capítulo 2, que el día viene cuando «la tierra será llena del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar».

Así que las cosas parecen estar fuera de control aquí en la tierra. Tenemos inundaciones, terremotos y huracanes; tenemos amenazas, secuestros, guerras, motines; tenemos accidentes, dolor, enfermedades y muerte; tenemos problemas, conflictos, divorcios y más cosas que pueden poner de cabeza nuestro mundo. Pero aun así DIOS dice, «Yo soy mayor que todo ello, Yo estoy por sobre todo ello. Así que relájate. Estate quieta. Guarda silencio y entiende que YO SOY DIOS, y yo estoy en mi trono».

Al final del capítulo 2, presiento como que hubo una gran pausa antes de llegar al capítulo 3. El SEÑOR está en Su Santo Templo , pero toda la Tierra guarda silencio ante Él. Y creo que también tú sientes esa pausa cuando Habacuc la hace. Él espera en silencio, con un temor reverente al magnífico, majestuoso santo, alto y sublime exaltado SEÑOR del universo.

Y cuando finalmente llegamos al capítulo 3. Es como si Habacuc volviera a respirar. El primer versículo de este capítulo dice, «Oración del profeta Habacuc, en tono de Sigionot». Una oración del profeta Habacuc. Yo no creo que esta oración haya sido hecha a la carrera, como quien corre a la presencia de Dios y cantaletea algunas cosas.

No creo que él corrió a Su presencia para decir: «SEÑOR necesito estas cosas hoy». Yo imagino que esta oración fue orada después de haber esperado y perseverado en la presencia de DIOS lo suficiente como para permitirle a Dios mostrarle cómo debería orar.

¿Te has encontrado alguna vez, al igual que yo, orando a Dios con algo parecido a la lista del supermercado mientras corres para empezar tu día? «SEÑOR, necesito esto, necesito aquello. No te olvides de esto otro. Por favor haz lo otro también». Y terminamos de orar habiéndole arrojado montones de súplicas, encargos, pero no hemos escuchado de parte de Dios realmente. Oramos ignorando si hemos venido a Él realmente con las cosas que Dios quiere que oremos. Simplemente nos hemos desahogado.

Este no es el tipo de oración que hace Habacuc. Esta es una oración que viene como resultado de haber estado en la presencia de Dios. En el capítulo 3 tenemos la respuesta de Habacuc a todo lo que ha visto y escuchado hasta ese punto es su respuesta a lo que Dios ha revelado de sí mismo y de sus caminos.

Al leer la oración de Habacuc, vemos que Habacuc es un hombre nuevo. Él es un hombre diferente al que conocimos en el capítulo 1. Ahora ya no hay preguntas, no hay más acusaciones, no hay más ira, no hay más dudas. Ahora solo se manifiesta una completa sumisión, reverencia y alabanza. Todo ello forma parte de una expresión de fe, porque Habacuc ha aprendido que el justo, aun en un mundo impío, ha de vivir ¿Cómo? . . .¡Por su Fe!

  • La fe nos lleva a someternos a DIOS.
  • La fe nos conduce hacia la reverencia a DIOS.
  • La fe nos lleva a confiar en DIOS.
  • La fe nos hace alabar a DIOS

Así que Habacuc no tiene las respuestas a sus preguntas, pero ha encontrado al DIOS que es suficiente. El cambio ha sido un proceso en su vida, creo que ha sido un proceso doloroso, un proceso desgarrador y abrumador. Su perspectiva y su corazón han sido cambiados porque él ha visto al SEÑOR.

Ahora el versículo 1 nos dice que esta oración de Habacuc el profeta es de acuerdo al tono Shigionoth. Y dirás, «¿Qué? ¿Qué cosa es eso? ¿ Qué idioma es ese?» Shigionoth. Nadie sabe qué significa. Pero evidentemente es una notación musical. Y verás la misma palabra usada de otra manera en los Salmos.

Existe evidencia en este capítulo de que esta oración de Habacuc en toda su extensión se escribió en realidad con la intención de que fuese un salmo, para ser entonada como un acto de adoración. Vemos pues esta notación musical, Shigionoth, al principio en el versículo 1. Y luego verás la palabra Selah, en tres diferentes versículos . Y efectivamente también fungen como notación musical. La verás en el versículo 3, en el versículo 9, y una vez más en el versículo 13.

Entonces en el último versículo de este capítulo, versículo 19, Habacuc cierra su oración diciendo, «al director del coro con mis instrumentos musicales». Y llegaremos a esa frase en la conclusión de esta serie, pero es otra evidencia de que la intención de este pasaje fue componer un canto para ser entonado, entonado con el acompañamiento de instrumentos de cuerda. Es muy posible que este canto, la oración de Habacuc, llegará a formar parte de la adoración en el templo.

Así que recuerda eso. Los judíos aún se encuentran alejados de su Dios, descarriados. Los babilonios aun vienen en camino a conquistar la tierra y a castigar a los judíos. Nada ha cambiado, excepto Habacuc. Su perspectiva ha cambiado. Ahora él confía en la sabiduría de Dios y en los propósitos de Dios, de manera que ahora sí puede alabar y adorar; en tanto que al principio se sentía perturbado con temor y confusión, era un hombre frustrado.

Así vemos esta oración del profeta Habacuc. Y en el versículo 2 empieza ya su oración. Él dice, «Oh SEÑOR, he oído lo que se dice de ti y temí. . . «. Para quienes nos han seguido en estos estudios, saben que normalmente yo enseño con la versión de la Biblia de Las Américas, pero hoy, en este versículo en particular quiero citar la Reina-Valera Contemporánea que dice : «Señor, he oído hablar de tus hechos, y saberlo me llena de temor. . . » (RVC). Porque siento que esta traducción aclara el pasaje un tanto mejor, a como yo entiendo el versículo.

Algunas otras versiones dirán: «Señor, he sabido de tu fama;
tus obras, Señor, me dejan pasmado. . .» (NVI) ; «Oh SEÑOR, he oído lo que se dice de Ti y temí. . .» (NBLH) (Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy)

¿Qué tipo de temor? No creo que sea el tipo que se espanta de lo que está por suceder, más bien es un sentimiento de reverencia desde donde ahora admira a la luz de la imponente santidad de Dios. Es temor del tipo del que leemos en el capítulo 12 de la carta a los Hebreos, en los versículos 28-29, donde Las Escrituras dicen que «ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor».

Cuando ves a Dios como majestuoso, como santo y como Fuego Consumidor que juzga la maldad, entonces estarás delante de Dios en reverencia y Santo temor . No tomarás su nombre en vano. No lo tomarás a la ligera. No bromearás con las cosas espirituales. No te apresurarás por salir de la presencia de Dios.

Existe pues, una reverencia y un imponente temor santo en Su presencia, que dicho sea de paso, pienso que tristemente es muy escaso entre el mundo evangélico moderno. No lo puedes atestiguar en muchas vidas cristianas, no lo ves en muchas iglesias, no lo percibes en los servicios y en las reuniones eclesiásticas o en los cultos.

En cambio sientes una familiaridad para con Dios, como si se tratase de una relación entre «compinches» o camaradas o compadres. Él es mi amigo. El es mi «cuate». Él está cercano a mí. Y en efecto, a través de Las Escrituras hay pasajes donde leemos acerca de la intimidad y la cercanía de nuestro Dios, pero nunca podrás experimentar esa intimidad y cercanía de Dios a expensas de despojarlo de Su majestuosidad, de Su soberanía y de Su santidad.

Dios está a años luz de nosotras; Él está separado de nosotras. Está muy por encima de nosotras. Él está infinitamente más arriba e inalcanzable de nosotras, nunca podrás acercarte a Él hasta que puedas hacerlo en santo temor y reverencia .

En esta oración Habacuc ha tornado su enfoque hacia Dios. Anteriormente él estaba enfocado en Israel y en los caldeos, los babilonios. Él estaba antes perturbado. Pero ahora él está enfocado en Dios.

¿No es acaso una verdad en nuestras vidas que, la mayoría de nuestros problemas se tornan en crisis cuando nos enfocamos en nosotras mismas, nuestras circunstancias y en las situaciones difíciles? Habacuc ha llegado al punto en donde la Santidad de Dios y Su Gloria es todo lo que a él le importa.

Él ya no se cuestiona: «¿Por qué Dios permite que esto suceda? ¿Qué hicimos para merecer esto? Él ahora reconoce que Dios es justo. Que Dios es soberano. Que Dios es sabio. Que Dios es santo. El hombre pecador no tiene derecho a quejarse de lo que Dios hace, solamente debe someterse, y permanecer en reverencia y asombro.

Dios se ha revelado a sí mismo. Ha revelado Sus caminos y Sus promesas a Habacuc, y Habacuc se ha humillado en Su presencia. De manera que él ya no protesta las decisiones de Dios, ya no pelea contra Dios. Simplemente permanece de pie asombrado ante la grandeza Divina. Se inclina en admiración y adoración. Sus quejas han cesado. No hay más acusaciones. Hay solamente reverencia, respeto y asombro.

Y justo ahí, es donde Dios nos quiere llevar, donde le conocemos y confiamos en Él. Los justos vivirán por su fe. Hemos contemplado una visión de Él. Hemos visto como es Él. Le hemos visto revelado a través de Las Escrituras, y estamos ante Él adorándole aunque no entendemos Sus caminos, pero le adoramos.

Señor, he escuchado de Ti. He escuchado tu discurso. He escuchado lo que tienes que decir al respecto. He visto lo que has revelado de Ti mismo, y me he quedo pasmada, Tu temor ha caído sobre mí y Te adoro.

Y él continúa orando, «Aviva, oh SEÑOR, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer; en la ira, acuérdate de tener compasión».

Me di cuenta al preparar esta lección que no había tocado la profundidad completa de esta oración de avivamiento, y permíteme compartir algo de la superficie de ella, y luego tú la llevarás ante el SEÑOR. Hazla tu oración y pídele que te muestre más de lo que significa y cómo debiéramos orar por un avivamiento a la luz de este versículo.

«Aviva, oh SEÑOR, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer; en la ira, acuérdate de tener compasión». Y ahora Habacuc se dispone a dar a conocer sus peticiones a Dios.

Fíjate en las peticiones que no forman parte de la oración dé Habacuc.

• No le pide a Dios comodidad o alivio.

• No le pide a Dios que los proteja de los babilonios.

• No le pide a Dios que cambie Su estrategia.

Habacuc sabe que los judíos merecen todo lo que Dios les esté enviando. Él sabe que Dios solo hará lo que es justo y recto. Lo único que le importa es que la gloria de Dios sea manifiesta. Que toda la tierra vea el conocimiento de la gloria del SEÑOR y que ese conocimiento cubra la tierra como las aguas cubren el mar. Esa es su motivación. Eso es lo que le importa.

Habacuc desea ver que la obra de Dios florezca en la tierra. Ya no le preocupa su propia agenda, ni su propio reino, de hecho, ni los reinos de Israel o Babilonia. A Habacuc le interesa la agenda del Reino de Dios. ¿Qué hay en el corazón de Dios? ¿Qué es lo que hay en la mente de Dios? Habacuc se pregunta qué haría que Dios luzca grande y glorioso.

Así que dirige su oración en una súplica para que Dios haga algo en medio de los años. «Aviva, oh SEÑOR, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer». Y si nos sigues con una Biblia Nueva Versión Internacional, estarás leyendo: «Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo. . .» Haz esto en nuestros días.

Entiendo que lo que él está diciendo es, «DIOS, en nuestro tiempo, en medio de donde vivimos, aquí y ahora, en medio de las circunstancias, así de problemáticas como están ahora, en medio de lo terrible que las cosas se pondrán aun, SEÑOR, hazlo. Aviva, oh SEÑOR, Tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer; en la ira, acuérdate de tener compasión. Hazlo hoy, hazlo en nuestros días. Hazlo en medio de los años».

Básicamente, Habacuc pide dos cosas en su oración. El deseo de ver primero una manifestación del poder y grandeza de Dios. Aviva, oh SEÑOR, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer.

«Deseamos ver Tu poder. Deseamos ver Tu gloria. Deseamos ver una manifestación de algo que solo tu puedes hacer. SEÑOR, aviva Tu obra. Tu obra. No la obra de nuestras manos, sino Tu obra. Haz lo que solo Tú puedes hacer».

Esa palabra «aviva» tiene que ver con perseverar. Mantener viva. Revivir. Purificar. SEÑOR, nosotros somos la obra de Tus manos. Purifícanos. Restáuranos. Restáuranos a un lugar de fe, de rendición y de obediencia. Haznos el pueblo que deseas que seamos. «SEÑOR, aviva Tu iglesia» esa es la plegaria.

SEÑOR, avívanos. SEÑOR, avívame. SEÑOR aviva Tu obra para que el mundo pueda ver una manifestación de Tu gloria, para que el mundo pueda atestiguar de tu magnificencia y de Tu poder. Así Tu gloria será vista a través de nosotros. Cumple oh Señor Tus propósitos redentores. SEÑOR, solamente Tú puedes lograrlo.

Es un clamor desesperado, un clamor de súplica y un clamor de desesperanza, pero es un clamor confiado. SEÑOR, Tú puedes hacer esto. Tú tienes el poder. Tu estás en Tu Santo Templo. Tú estás por sobre los babilonios. Y Tú eres el Creador. Nosotros no adoramos ídolos. Nosotros Te adoramos a Ti. Y Tú puedes hacerlo.

Algunas de ustedes han estado orando por un avivamiento durante años. No dejen de hacerlo, aun cuando parezca que las cosas empeoran. Algunas de ustedes han estado orando por un avivamiento en sus iglesias, y han sido fieles en su clamor al SEÑOR. Y justo entonces parece que tu iglesia se vuelve más mundana, y menguan las personas que interceden por lo mismo, hay menos gente ocupándose en la santidad.

No te rindas. Persiste en oración. Los justos vivirán por su fe. Continúa orando por fe. Mantente aferrada al SEÑOR. Continúa clamando a Él, por Su gloria, por Su nombre, por Su reputación.

«Aviva, oh SEÑOR, tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer SEÑOR, Señor aviva Tu obra en nuestros días. Concede a nuestras iglesias, a nuestras familias, a mi cónyuge, a mis hijos, a mis amigos, concédenos ver que eres Dios. Permítenos verte en acción».

No nos satisface la religión, con ese cristianismo que es solo la suma del total de todos nuestros esfuerzos, de toda nuestra energía, todo nuestro ingenio y de todos nuestros programas de mercadeo y de todo lo demás que podemos fabricar.

«SEÑOR, no ha sido suficiente el esfuerzo humano. Oh sí, puede producir Mega iglesias. Puede producir ministerios multimillonarios. Puede llevarnos a la radio y a la televisión y a publicar libros. Pero SEÑOR, queremos ver Tu poder. Queremos ver lo que únicamente Tú puedes hacer. No queremos conformarnos con lo que el hombre puede hacer. SEÑOR, aviva Tu obra».

Luego esa última frase: en la ira, acuérdate de tener compasión. Habacuc no está cuestionando si la ira de Dios es justa. Él no se cuestiona si el juicio de Dios sobre la maldad es merecido o no. Él no se cuestiona si Dios debería o no castigar a Su pueblo por su pecado. Él está diciendo, «SEÑOR, al demostrar tu ira, recuerda tener misericordia».

En el capítulo 1 ese no era su sentir. En el capítulo 1 Habacuc estaba buscando justicia. Ahora se da cuenta de que, de haber obtenido lo que buscaba, entonces todos hubiéramos sido liquidados. Así que dice, «SEÑOR, merecemos tu ira. Merecemos tu juicio, pero SEÑOR, ¿pudieras tener misericordia de nosotros?»

Nuevamente vemos a Habacuc anticipando a Cristo y la cruz. Ahora nosotras vemos en retroceso hacia el Calvario y sabemos que Dios puede tener misericordia de nosotros. Porque Jesucristo tomó sobre Sí mismo toda la ira que el Dios Santo tiene en contra del pecado del mundo.

Así que podemos decir que, Dios, por amor a Jesús y por lo que Él ha hecho en el Calvario, en Tu ira en contra de este mundo, ¿pudieras acordarte de tener misericordia? Venimos a la Cruz. Nos aferramos a Cristo. Creemos en Él y por la fe en Él decimos, «Oh DIOS, por favor ten misericordia de nosotros, de nuestros pecados,» y Él lo hará.

Así que mientras oramos para que Dios obre en nuestros días, estamos orando por un avivamiento ¿Por qué estamos orando? ¿Qué nos preocupa? ¿Qué realmente nos importa? Al orar, deseamos involucrarnos en la obra de Dios, la gloria de Dios, el nombre de Dios y la reputación de Dios en Su iglesia. Y la gloria, el nombre de Dios, la obra de Dios y la reputación de Dios en el mundo.

¿Es por eso por lo que estás orando? Únete a mi al orar. Oh SEÑOR, hemos escuchado lo que tienes que decirnos y temblamos con asombro reverente . Oh SEÑOR, oramos que en medio de los años, de nuestros días, en este momento en este punto en nuestro mundo, nuestras iglesias, nuestros hogares, en nuestras vidas que Tú avives Tu obra, que la des a conocer.

Muestra Tu Gloria y Tu poder y luego muestra Tu perdón y Tu misericordia. En la ira, acuérdate de tener misericordia. Por Jesús lo pedimos y por Tu gloria y por Tu reino, amén.

Carmen: El profeta Habacuc aprendió a orar por la voluntad de Dios en vez de por la suya propia. Tú necesitas aprender a hacer lo mismo. Yo necesito aprender a hacer lo mismo.

Aprender a orar por la voluntad de Dios cuando la vida enloquece en nuestro derredor, es una buena razón para leer el libro de Habacuc. Nancy nos ha estado animando a estudiar el libro mientras ella comparte a través de la serie.

Permíteme preguntarte, ¿cuándo fue la última vez que realmente estudiaste un libro de la Biblia? No me refiero a unos cuántos versos apretujados entre el desayuno y el tráfico de la mañana. Me refiero a realmente llegar a conocer lo que un libro de la Biblia dice y descubrir cómo afecta tu vida. Bueno, durante la serie de Nancy llamada Habacuc: del temor a la fe, es un momento perfecto para estudiar el libro de Habacuc.

¿Has escuchado alguna vez a alguien decir, «Un Dios amoroso no mandaría a nadie al infierno»?

Descubre lo que el libro de Habacuc tiene que decir con respecto a esa idea, cuando Nancy continúe con la enseñanza en nuestro próximo programa. Por favor vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

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69 – Aprovechando bien el tiempo

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

69 – Aprovechando bien el tiempo

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

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