Jul 21 – Ira y misericordia

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 21 – Ira y misericordia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/ira-y-misericordia/

Carmen Espaillat: Es popular imaginar a un Dios tan amoroso, que nunca castigaría a nadie. Nancy Leigh DeMoss dice que las Escrituras lo describen de una forma más completa.

Nancy Leigh DeMoss: La ira de Dios se une a su increíble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra, y si proclamas la una sin la otra, perviertes el Evangelio.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez has escuchado a alguien decir, «Yo amo al Dios del Nuevo Testamento, pero el Dios del Antiguo Testamento parece ser tan cruel y furioso»?

Nancy ha estado enseñando del libro de Habacuc en el Antiguo Testamento, y estamos a punto de ver por qué las dos partes de la Biblia describen exactamente al mismo Dios. Aquí está Nancy, en la serie, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, hoy estamos en el capítulo 3 de Habacuc y estaremos aquí durante las próximas sesiones. Vamos a estudiar esta oración de Habacuc, la oración que Habacuc oró después de encontrarse con el Dios que es alto, sublime y santo, quien está sentado en Su trono, el Dios que se venga de las naciones y de los individuos que lo desafían, este Dios santo.

Habacuc ora, y como vimos en la última sesión, dice, “Señor, estoy lleno de asombro y reverencia. Temo delante de tu presencia. Vengo delante de ti, con temor, porque tú eres un Dios asombroso, y he oído lo que has hecho. He oído lo que has dicho, y me hace temblar”.

Y luego ora, como vimos en la última sesión. Él ora por un avivamiento. “Señor, aviva nuestros corazones”. En esencia, ora así: “da a conocer Tu obra en medio de los años; en la ira, acuérdate de tener compasión”.

Hemos dicho que por la causa de Cristo y por su muerte en la cruz en nuestro lugar, Dios tendrá misericordia de aquellos que se arrepienten delante de Él. Ahora, vamos a continuar hoy en el versículo 3, con la oración de Habacuc.

Probablemente hoy lleguemos hasta el versículo 12. Quiero que veamos que en esta oración, Habacuc recuerda las proezas de Dios en el pasado. Él ve lo que Dios ha hecho.

Vuelve a considerar la historia de Israel. Recuerda lo que Dios hizo cuando liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, cuando los llevó por el desierto, y los llevó a la Tierra Prometida. Recuerda lo que sucedió en el Monte Sinaí, cuando Dios bajó y mostró Su gloria a Su pueblo y les dio la ley. Y recuerda la salvación y el juicio de Dios en la historia de Israel −el cuidado por su pueblo y la demostración de su poder.

Y mientras mira hacia el pasado, en su oración, mientras reconsidera, recuerda y revisa estas cosas, se recuerda a sí mismo que lo que Dios hizo en el pasado, lo puede volver a hacer hoy también. Esto le da fe para mirar hacia el futuro. Recuerda, “El justo por su fe vivirá”. ¿Cómo desarrollamos la fe en Dios? Pues bien, la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios.

Cuando lees la Palabra de Dios, ves cómo es Dios. Ves cómo Él ha actuado. Ves lo que ha hecho, Ves Su poder, Su majestad y Su grandeza. Y cuando ves que Dios dividió las aguas del Mar Rojo de par en par y llevó a Su pueblo a un lugar seguro y luego demolió a los egipcios en el mar, miras tus propias circunstancias y piensas, “¡Wao! ¿Dios hizo eso? Quizás puede ayudarme a sobrepasar esto. Dios puede salvarme. Puede ayudarme a cruzar este Mar Rojo”.

No puedo decirles cuántas veces he venido a una sesión de grabación, y me he sentido como si estuviera parada delante del Mar Rojo, esperando que las aguas se abran y diciendo, “Señor, no estoy lista. No veo las ideas como un todo. No sé cómo encajar todo esto”.

Una y otra vez, he visto cómo Dios ha abierto las aguas del Mar Rojo y nos ha llevado al otro lado, a mí, a mi familia y a nuestro ministerio. Tú lo has visto en tu vida. Al leer la Palabra de Dios, se construye, se edifica tu fe. Tu fe se fortalece cuando ves lo que Dios ha hecho. Por cierto, esta es la importancia de conocer la historia bíblica y enseñar a tus hijos a conocer la historia bíblica.

Es triste decir que algunos de tus hijos saben más acerca de películas contemporáneas, de programas de televisión, canciones de música rock, comerciales, diferentes tipos de tecnología y lo que está sucediendo en la actualidad. Ellos saben mucho más de todo eso que lo que saben de la historia bíblica.

Ustedes dirán, “¿Necesitan saber todo eso? ¿Éxodo, Levítico y Números?” Sí, porque ahí es donde aprenden quién es Dios. Ahí es donde venimos a adorarle y a tener fe en Él.

La historia es “Su historia”. Y si quieres ver a Dios activo y vivo y trabajando a tu favor hoy en día, es necesario volver atrás y familiarizarte con la forma en que Dios se ha actuado en el pasado. De hecho, puedes hacer que la historia bíblica y los eventos de la Biblia formen parte de tu vida de oración, como hace Habacuc en esta oración.

Pasa revista a lo que Dios ha hecho. No hay nada de malo en venir delante de Dios y decir, “Dios, recuerdo cuando hiciste esto. Recuerdo cuando hiciste aquello. Recuerdo cuando hiciste lo otro”.

“Y Señor, cuando pienso en lo que hiciste en la cruz, cómo juzgaste el pecado y derrotaste a Satanás, y recuerdo Señor lo que hiciste en la iglesia primitiva, y recuerdo, Señor, lo que hiciste en este caso y en este otro caso”; eso aviva la fe en nuestros corazones y nos ayuda a atrevernos a pedirle a Dios que se manifieste en nuestros días y que haga una nueva obra de avivamiento.

Por lo tanto, vamos a ver, comenzando en el versículo 3, esta pequeña lección de historia, y recuerden que los eventos que estamos viendo en esta ocasión se refieren a hechos del pasado, pero también describen la manera en que Dios trabaja en la actualidad y la manera como obrará en el futuro.

Versículo 3, “Dios viene de Temán, y el Santo, del monte Parán”. Ahora, estas son referencias a las regiones del sur de Judá, donde Dios había hecho grandes milagros cuando sacó a Su pueblo del cautiverio en Egipto a la Tierra Prometida.

Allí era donde estaba ubicado el Monte Sinaí, donde Dios visitó a Su pueblo y se reveló a ellos en impresionante majestad, poder y gloria. “Dios viene de Temán, y el Santo, del monte Parán”.

“Su resplandor es como la luz”. Esa es una descripción de la luz sobrenatural de Dios (shekinah). Leímos a principios de esta serie, en el libro de Éxodo acerca de los relámpagos y los truenos y las voces como trompetas. La luz sobrenatural de Dios (shekinah) visitó a Su pueblo en el Sinaí, luego los llevó por el desierto durante cuarenta años y los llevó a la Tierra Prometida.

“Su esplendor cubre los cielos y de su alabanza está llena la tierra. Selah”. Esa palabra selah es una palabra que solo se utiliza en las Escrituras en el libro de los Salmos, y la única excepción son las tres veces que se utiliza en este capítulo de Habacuc.

La palabra Selah -no sabemos exactamente lo que significa. Probablemente se trate de una notación musical. Por lo general se cree que indica una pausa. ‘Deténgase un momento a pensar’. Podría ser, algo así como que hubiera música en su iglesia, y ustedes hicieran una pausa mientras los músicos tocan un pequeño interludio o quizás aceleraran el ritmo en la próxima estrofa o cambiaran a un tono más alto en la siguiente estrofa.

Es como si fuera un interludio donde hay un cambio en la música, que nos da la oportunidad de detenernos a pensar en lo que acabamos de leer. Veremos que esto sucede tres veces en este pasaje.

“De su alabanza está llena la tierra. Selah”. ¿Recuerdas lo que leímos en el capítulo 2? “Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar” (versículo 14). De su alabanza está llena la tierra.

El pasado domingo, cantamos en nuestra iglesia un coro bien conocido, “Padre, te amamos, te adoramos, te alabamos”, pero me quedé pensando en la última línea de ese coro mientas lo cantaba una y otra vez: “Glorifica tu nombre en toda la tierra”.

“Glorifícate. Glorifícate. Glorifica tu nombre en toda la tierra.” Y cuando Habacuc reflexiona sobre ese día en el que la tierra estará llena del esplendor y de la gloria de Dios, eso lo motiva a orar, “Oh Señor, que sea así en nuestros días”.

«Y que así sea por fe en los días por venir. Glorifícate, en toda la tierra». Versículo 4, «Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su mano, y allí se oculta su poder».

Ahora bien, creo que esto describe lo que pasó en el Monte Sinaí, cuando Dios se dio a conocer a los hijos de Israel. “Su resplandor es como la luz; tiene rayos que salen de su mano”.

Y esta interesante frase, “y allí se oculta su poder”. Ahora bien, cuando leemos este recuento en Éxodo capítulo 19, parece que Dios mostró Su poder, y ciertamente fue así. Pero a pesar de que los israelitas vieron el poder de Dios, en aquel día, en ese momento grandioso y espectacular, con relámpagos, truenos y voces, las Escrituras dicen que Su poder estaba velado.

Ellos solamente vieron una diminuta parte de la grandiosa majestad y el poder de Dios. Sería como mirar al sol para ver la plenitud del poder de Dios, mirarlo de frente en todo Su esplendor y gloria.

Nos cegaría, y Dios sabe que si alguna vez lo llegáramos a ver de frente por completo, sin que Él velara Su poder y Su majestad y Su gloria, nos cegaría la vista. Nos destruiría.

Así que allí estaba escondido Su poder. Nos dio un vistazo, pero solo un vistazo. Versículo cinco, “Delante de Él va la pestilencia, y la plaga sigue sus pasos. Se detuvo, e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las naciones” (Habacuc 3:5-6).

Piensa en esa frase. “Miró e hizo estremecerse a las naciones”. Piensen en el poder de una mirada de Dios. “Miró e hizo estremecerse a las naciones”. Sabes, pensamos que somos tan poderosas. Pensamos que tenemos tanto poder. Creemos que las naciones de la tierra son tan fuertes. Todo lo que Dios tiene que hacer es mirar, y las naciones temblarán.

“Sí, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguas”. (versículo 6) Bueno, eso no parece tener sentido. Si las montañas son eternas, perpetuas ¿cómo se pueden mover? Si son perpetuas, ¿cómo se pueden hundir?

Ese es el punto. Parecen ser eternas. Parecen ser perpetuas, pero cuando Dios las mira, desaparecen. Y luego dice “Sus caminos son eternos” (Habacuc 3:6).

Dios es el único que es eterno. Pensamos que las montañas son tan grandes. Pensamos que los esposos nunca van a cambiar, que los hijos nunca llegarán a creer, que las situaciones en tu iglesia o en tu trabajo nunca van a cambiar.

¡Son montañas! No se moverán. No se pueden mover. No se mueven. Las montañas no se mueven pero Dios dice, “Se mueven cuando yo las miro”. Dios puede hacer que tiemblen. Dios puede sacudirlas.

Hemos visto en nuestros países cómo las cosas cambian de un momento a otro, con desastres naturales en las zonas del país donde pensábamos que eran seguras, y nos parecía que estábamos a salvo, y casas que pensábamos que estaban bien construidas.

Y luego viene una tormenta de algún tipo y se desmoronan. Dios es poderoso. Sus caminos son eternos. Todo puede cambiar. Todo cambiará, pero Dios nunca cambia.

Lee lo que dice el Salmo 102 acerca de Dios,

Desde la antigüedad tú fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin (Salmo 102:25-27).

Las situaciones en tu vida que piensas que nunca cambiarán, Dios las puede cambiar. Dios puede cambiar esas situaciones. Las cosas que piensas que están estables, cambiarán, para que te des cuenta de que Dios es fiel y que Él nunca cambia.

Me encanta ese versículo de Hebreos capítulo 12, versículo 27. Esta es una paráfrasis: “Las cosas que pueden ser sacudidas, todas las cosas creadas, las cosas que pueden ser sacudidas, serán sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, es decir, Dios y las realidades eternas, aquellas cosas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmes”.

Escúchame, si estás poniendo tu seguridad en las cosas o en las personas que pueden cambiar, vas a ser una persona insegura. La seguridad viene de poner tu confianza en un Dios que no puede cambiar.

Las cosas que pueden ser sacudidas, serán sacudidas, para que aquellas que no pueden ser sacudidas, permanezcan firmes. Cuando nuestro mundo se sacude nos damos cuenta de lo que realmente creemos y si nuestro fundamento es lo suficientemente sólido y lo suficientemente fuerte para perdurar. Si tu fundamento es cualquier cosa que no sea Dios, cuando llegue la tormenta, tu casa se desmoronará.

Si tu vida está enraizada y fundada en Dios, que es inmutable, estarás segura, independientemente de las tormentas que se crucen en tu camino.

Versículo 7, “Bajo aflicción vi las tiendas de Cusán, temblaban las tiendas de la tierra de Madián”. Cusán y Madián eran dos tribus nómadas del sur, y cuando vieron la llegada, la presencia y el poder de Dios, se atemorizaron.

Es por eso que necesitamos orar al Señor para que nos visite con Su poder, con Su presencia y Su gloria en nuestros días. Cuando oramos por un avivamiento, estamos orando para que la gente tiemble ante la presencia de Dios.

Versículo 8,

¿Te indignaste, SEÑOR, contra los ríos? ¿Contra los ríos fue tu ira, contra el mar tu furor, cuando montaste en tus caballos, en tus carros de victoria?

Hay mucho que decir sobre la ira de Dios en este pasaje. Vemos un retrato de un Dios guerrero, un Dios que está en marcha. “Montaste en tus caballos, en tus carros de victoria”. Es una imagen de Dios de la que no se habla mucho en la actualidad.

Preferimos la imagen del dulce Jesús, humilde y manso. Ahora, ese es un aspecto de Dios. Ahí está el corazón tierno de Dios. Es el Dios que es como una madre que amamanta. También el corazón de Cristo, que no quebrará la caña cascada ni levantará su voz en las calles.

Está ese aspecto del carácter de Dios, pero también hay un aspecto del carácter de Dios que es feroz, asombroso y airado, y está la ira de Dios que tendremos que enfrentar si no estamos en Cristo.

El Dios guerrero, el Dios que procura la salvación de Su pueblo, “se montó en sus carros de victoria”. Esa es una frase clave del libro de Habacuc. Dios se mueve para salvar a Su pueblo, pero también se mueve para juzgar a los impíos.

No podemos tener la salvación del pueblo de Dios sin el juicio de los impíos, así que esta frase nos habla de la ira de Dios. Creo que una de las razones por las cuales nuestros métodos de evangelización tienen tan poco éxito hoy y las personas no están tomando en serio el Evangelio es porque no hay convicción de pecado, no vemos a las personas pidiéndole a Dios que los salve.

Ves a la gente que se ríe un poco de las cosas espirituales. Creo que una de las razones es porque se nos ha enseñado muy poco sobre la ira y la justicia de un Dios guerrero que odia el pecado. La gente no tiene temor de Dios. La gente no teme la ira de Dios. La gente no teme pasarse la eternidad separada de Dios. No temen el infierno, así que, ¿a quién le importa ir al cielo si no hay un infierno que tenemos que evitar?

Si Dios no es un Dios de ira y venganza, ¿por qué tenemos que acudir a Cristo en busca de refugio? La gracia, la misericordia, el amor, la compasión y la mansedumbre de Dios no se convierten en algo valioso para ti si no has visto la ira de Dios.

Así que, ¿qué hacemos en nuestras iglesias? Jugamos, comemos, tenemos atracciones, cosas para que la gente venga, ostentación, glamour, celebridades, grandes programas, música alta y todas las cosas para tratar que la gente se interese en Dios.

Les voy a decir algo. Cuando Dios se presente, la gente se interesará en Dios. Ahora, es posible que salgan corriendo. Es posible que se resistan; es posible que huyan, pero no se van a quedar sentados como un árbol plantado. Van a hacer algo.

Algunas veces me canso de los servicios en las iglesias donde la gente escucha la verdad, escuchan las Escrituras, escuchan al pastor derramar su corazón, y no hacen nada. Se quedan sentados. No responden.

Necesitamos proclamar hoy el aspecto de Dios que es la ira y el juicio y la furia, el Dios guerrero que viene para salvar a Su pueblo y para el juicio de aquellos que no tienen a Cristo.

Necesitamos un Dios temible. Necesitamos un Dios santo a quien adorar. Ustedes dirán, “Bueno, eso a la gente no le gusta. Eso no es ser sensible a las necesidades de los que están buscando a Dios. Eso no es muy amistoso para los que están buscando a Dios. “

Las Escrituras dicen que “No hay quien busque a Dios”. Escúchenme bien, si Dios no atrae nuestros corazones hacia Él, nunca lo buscaremos, pero Dios sale a buscar y atraer a la gente a la fe en Cristo, y Él lo hará cuando levantemos la cruz.

Pero, ¿qué es la cruz? Es la ira de Dios contra el pecado. Es la santidad de Dios, la gloria de Dios desplegada. Así que el versículo 9, sobre este Dios guerrero, “Tu arco fue desnudado por completo, las varas de castigo fueron juradas. Selah.” Pausa. Piensen en ese aspecto de Dios.

Por cierto, no estoy diciendo que debemos presentarnos como personas llenas de ira hacia los pecadores. Nosotras, al proclamar la ira de Dios, tenemos que hacerlo con un corazón quebrantado, con ternura, sintiendo compasión por el hecho de que están perdidos y sin Cristo, están en circunstancias desesperadas, terribles.

No estamos felices por la ira de Dios. No debemos dar la impresión de ser gente airada, pero sí debemos darnos cuenta de que tenemos a un Dios que está airado contra el pecado, que odia el pecado y que lo juzgará.

Con ríos hendiste la tierra. Te vieron los montes y temblaron, el diluvio de aguas pasó; dio el abismo su voz, levantó en alto sus manos. (Versículos 9-10).

Y aquí se hace referencia a tantos sucesos de la historia de la redención de Israel- el Monte Sinaí, donde las montañas se retorcían y temblaban, el Mar Rojo, donde las aguas se dividieron y luego volvieron enfurecidas sobre el ejército de Egipto.

Versículo 11:

El sol y la luna se detuvieron en su sitio; a la luz de tus saetas se fueron, al resplandor de tu lanza fulgurante. Con indignación marchaste por la tierra; con ira hollaste las naciones (Habacuc 3:11-12).

Mientras meditaba en ese versículo ayer, me vino a la mente una estrofa que se escribió en un contexto totalmente diferente, pero creo que es un relato de lo que se describe aquí: “Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”.

Ustedes dirán “¡Sí! Dios vuelve”. Dios vuelve. Él es un Dios guerrero. “Ha pisoteado las uvas de su ira para extraer su vino. Ha desencadenado el relámpago fatídico de su espada, terrible y veloz. Su verdad marcha hacia adelante”. 1

Tenemos un Dios guerrero que marcha sobre la tierra enfurecido y trilla a las naciones en su ira. Y ese es el Dios que puso toda esa ira sobre su precioso Hijo, el unigénito, Jesucristo, en la cruz. Toda la ira que esta tierra pecadora merece, la colocó sobre Cristo.

Es por eso que cuando miras a Cristo y crees en Él, tú como pecadora, mirando a Cristo, el Salvador justo, tú le entregas a Él tu pecado. Él se hizo pecado por ti, para que pudieras ser hecha justicia de Dios en Él. Piensa de qué has escapado huyendo a Cristo en fe en busca de refugio. La cruz se vuelve preciosa cuando ves que es un Dios que abandonó a su Hijo, un Dios que marchó en furia e ira para que tú pudieras tener su gracia y su misericordia.

No es un Dios quejumbroso del que estamos leyendo aquí, que sólo atiende nuestros caprichos y nos mima en nuestras indiscreciones y toma a la ligera nuestros pecados. Del que estamos hablando es un Dios santo.

Lo que ves en este pasaje, al continuar, es cómo la ira de Dios se une a Su increíble misericordia. No podemos tener una cosa sin la otra. Y si proclamas una cosa sin la otra, perviertes el Evangelio.

El juicio y la salvación, siempre van de la mano en la Escritura. Siempre van en vías paralelas. No podemos tener una cosa sin la otra. El juicio sin misericordia, lleva al terror y a la desesperación.

La misericordia sin el juicio es patética. No es el Evangelio en lo más mínimo. No es el verdadero Evangelio. ¿Para qué necesitaríamos la misericordia de Dios si no hubiera nada de qué salvarse, si no hubiera ira y juicio de Dios de qué salvarse?

Alabado sea Dios, Él es un Dios de ira; alabado sea Dios, Él es un Dios de misericordia. Él es un Dios de juicio y un Dios de salvación. Si adoras a Dios, tienes que adorarlo por completo. No podemos tener una cosa sin la otra.

Carmen: La justicia de Dios hace que la misericordia de Dios sea algo notable. Nancy Lee DeMoss nos ha ayudado a verlo con claridad. Vas a oír a tus amigos y a otras personas en los medios de comunicación hablando del amor de Dios.

Sin embargo, la ira justa de Dios no es un tema muy popular. El problema es que no podemos tener una cosa sin la otra y no podemos entender que es así sin saber realmente lo que la Biblia dice. ¿Estás permitiendo que la Biblia moldee tu pensamiento cada día?

¿Y estás permitiendo que toda la Biblia moldee tu pensamiento? Es fácil pasar por alto ciertas partes de la Biblia, como Habacuc, un libro corto en la sección final del Antiguo Testamento.

La serie actual de Nancy, Habacuc: del temor a la fe , nos ha mostrado lo fascinante y lo pertinente que es este libro. Es importante conocer toda la Palabra de Dios.

¿Cantas en la iglesia? ¿Ofrendas? ¿Aplaudes? ¿Tiemblas? Sí, dije ‘tiemblas’. Suena extraño para mí también, pero después de nuestro próximo programa, entenderemos mejor por qué temblar es una respuesta adecuada ante la presencia de Dios. Te esperamos en la próxima edición de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

1 «Himno de la Batalla de la República» Julia Ward Howe [Traducción libre].

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

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