Aviva Nuestros Corazones
Serie: Habacuc: del temor a la fe
Jul 22 ā Temor y temblor
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Carmen Espaillat: La Biblia nos dice que Dios siempre estĆ” trabajando. En el dĆa de hoy Nancy Leigh DeMoss nos explica cómo.
Nancy Leigh DeMoss: La Biblia no nos dice que Dios siempre estÔ trabajando para cumplir los deseos de Su pueblo, sino que Dios siempre estÔ trabajando para la salvación de Su pueblo. Y esta salvación no es solamente una salvación de tiempo pasado. No se limita solo a la justificación. Dios siempre estÔ trabajando para nuestra santificación y para nuestra futura glorificación.
Carmen: EstĆ” escuchando Aviva Nuestros Corazones en la voz de Patricia de SaladĆn.
Hay algunas canciones populares dentro de las iglesias de hoy dĆa que claman a Dios para que envĆe Su Gloria o muestre Su Gloria. La próxima vez que te encuentres cantando una de ellas piensa en esto: La Biblia estĆ” llena de historias donde las personas caen aterradas cuando ven a Dios. Es necesario tener la perspectiva correcta de la presencia de Dios; puede causar tanto terror como consuelo. Continuamos hoy con la serie titulada Habacuc: del temor a la fe .
Nancy: Si todo lo que has escuchado a través del programa Aviva Nuestros Corazones han sido los programas de esta serie de Habacuc, debes estar pensando: «Esta mujer es realmente negativa. Se concentra solo en cosas negativas». Bien, lo que tratamos de hacer en Aviva Nuestros Corazones es enseñar todo el consejo de Dios para exaltar Su carÔcter tal cual es revelado en las Escrituras.
Y les confieso que me encanta la historia, las enseƱanzas y todo el contenido del Antiguo Testamento. Hoy en dĆa no se escucha mucha enseƱanza sobre el Antiguo Testamento y considero que es una lĆ”stima que esto suceda. Es lamentable porque las riquezas y los tesoros del Nuevo Testamento no lucirĆan tan hermosos si no son vistos en el contexto del Antiguo Testamento. Esto no significa que Dios ha cambiado. Es el mismo Dios. Ā”Pero gracias a Dios, este Dios de ira y de juicio ha hecho provisión para que los pecadores puedan ser salvados!
Una persona me estuvo diciendo durante el receso justo antes de esta sesión que habĆa escuchado a un predicador decir esta semana: Ā«Son las malas noticias que hacen que las buenas noticias sean tan buenasĀ». Y esa es la verdad. Nosotras tenemos el Evangelio, Las Buenas Nuevas. Pero son las malas noticias de nuestro pecado, de nuestra depravación, y el convencimiento de que somos merecedoras del juicio de Dios, que hacen que Evangelio de la misericordia y gracia de Dios sean tan buenas noticias.
Y hoy nos encontramos en Habacuc capĆtulo 3. Habacuc estĆ” orando al SeƱor, y en este texto exalta el carĆ”cter de Dios. Ćl reconoce la obra redentora de Dios en favor de Su pueblo durante el pasado. A medida que ve lo que Dios ha hecho en el pasado -en el Monte SinaĆ, cuando sacó a Su pueblo de Egipto, llevĆ”ndolos a cruzar el Mar Rojo y luego llevĆ”ndoles a travĆ©s del desierto acompaƱados de Su Gloria Shekinah- durante todos esos aƱos de deambular por el desierto.
Habacuc ve el poder, el poderĆo y la majestad de Dios, y Ć©l estĆ” asombrado de lo que Dios ha hecho -del poder de Dios. Al ver la obra que Dios ha realizado en el pasado, su fe se fortalece y lo lleva a creer que Dios puede hacer lo que sea necesario en sus dĆas. Entonces, el libro de Habacuc, nos permite dar un vistazo de las cosas por venir. Y en el capĆtulo 2, versĆculo 14 podemos leer: Ā«Pues la tierra se llenarĆ” del conocimiento de la gloria del SeƱor como las aguas cubren el marĀ».
Vemos como Dios se manifiestó en el Mar Rojo, tragĆ”ndose por completo al ejĆ©rcito egipcio, y permitiendo que Su pueblo atravesara por tierra seca. Y entonces podemos decir: Ā«SĆ, eso me da la fe para creer que un dĆa por venir acontecerĆ” que el conocimiento de la Gloria del SeƱor llenarĆ” la tierra asĆ como las aguas cubren el marĀ». De manera que en esta oración de Habacuc en el capĆtulo 3 vemos una realidad pasada, una realidad presente y una realidad futura.
Hoy nos dirigimos al versĆculo 13 de Habacuc capĆtulo 3, que se ha convertido en uno de mis versĆculos favoritos de este libro a medida que lo he estado estudiando durante estos meses recientes. Habacuc 3, versĆculo 13: Ā«Saliste -dice Habacuc a Dios en su oración- para salvar a Tu pueblo, para salvar a Tu ungidoĀ».
Y permĆtanme detenerme aquĆ solo por un momento. Llegaremos al resto del versĆculo en unos momentos. Pero quiero que recordemos el capĆtulo 1, donde Habacuc le dice a Dios: «¿Hasta cuĆ”ndo, oh SeƱor, pedirĆ© ayuda, y no escucharĆ”s, clamarĆ© a ti: Ā”violencia! ĀæY no salvarĆ”s? (v. 2) A Ć©l no le parecĆa que realmente Dios era un Dios salvador ya que no parecĆa estar librĆ”ndolos de sus circunstancias. No parecĆa que Dios estaba obrando ni trabajando con un propósito.
Pero ahora se da cuenta de que Dios siempre estĆ” obrando. Ā«Porque harĆ© una obra en vuestros dĆasĀ» dice Dios a Habacuc en el verso 1:5. Dios te dirĆa eso a ti tambiĆ©n cada vez que pienses: Ā«Dios, no estĆ”s salvando. No estĆ”s salvando a mi esposo. No estĆ”s salvando a mis hijos. No me estĆ”s guiando en esta situaciónĀ». Dios te dice: Ā«Estoy hacienda una obra en tu dĆa. Yo estoy obrandoĀ».
Entonces ahora Habacuc nos dice por fe: «El justo por su fe vivirÔ» (2:4). Esta es una oración de fe. Habacuc se ha dado cuenta de que Dios siempre estÔ en búsqueda de la salvación de Su pueblo.
Ćl mira hacia el pasado y dice Ā«Dios, TĆŗ hiciste todo lo que habĆa que hacer para la salvación de Tu pueblo. Cuando enviaste plagas y cosas terribles, TĆŗ lo hiciste para juzgar a los impĆos. Pero tambiĆ©n lo hiciste para salvar a Tu pueblo. TĆŗ lo hiciste todo para la salvación de Tu pueblo.
Y estos eventos históricos nos anuncian y revelan el futuro. Ćl mira hacia atrĆ”s al cruce del Mar Rojo, pero tambiĆ©n mira hacia adelante hacia la cruz y hacia nuestra liberación final de la presencia misma del pecado. Dios lo dio todo por la salvación de Su pueblo. PermĆtanme recordarles que incluso en medio de la corrupción, del pecado y del juicio; en medio de todo lo que vemos que estĆ” sucediendo en nuestro mundo hoy en dĆa, Dios estĆ” obrando para la salvación de Su pueblo.
Y particularmente, me encanta este versĆculo. Ā«Saliste para salvar a Tu puebloĀ» (3:13). No nos dice: Ā«Dios salió para la comodidad de Su PuebloĀ». Tampoco se nos dice que: Ā«Dios siempre estĆ” obrando para hacer realidad los deseos de Su puebloĀ». Sino que Dios siempre estĆ” obrando para la salvación de Su pueblo.
Esta salvación no es solo una salvación en tiempo pasado. No se trata solo de la justificación del pueblo de Dios. Dios estĆ” obrando para nuestra santificación y para nuestra glorificación final. Ćl nos ha salvado; Ćl nos estĆ” salvando y Ćl nos salvarĆ”. Existe un tiempo pasado, un tiempo presente y un tiempo futuro en nuestra salvación.
AsĆ que sea lo que sea que estĆ© sucediendo en tu vida -lo que sea que estĆ© ocurriendo en tu hogar, en tu matrimonio, en tu lugar de trabajo, con las personas que vienen contigo, en tu escuela āDios siempre estĆ” trabajando para la salvación de Su pueblo.
Dios siempre estĆ” salvando a Su pueblo.
En la segunda mitad de este versĆculo 13, se nos presenta el otro lado de la moneda. Recuerda que dijimos en la Ćŗltima sesión que el juicio y la salvación siempre caminan de la mano en las Escrituras. PodrĆ”s comenzar a ver estas lĆneas paralelas en la medida que lees ambos testamentos. Hay juicio y hay salvación.
La primera parte del versĆculo 13 se refiere a la salvación de Dios. Pero hay juicio en la segunda mitad: Ā«Destrozaste la cabeza de la casa del impĆo, descubriĆ©ndolo de arriba abajo. SelahĀ». DetengĆ”monos por un momento y pensemos en este versĆculo. En este preciso momento Dios estĆ” salvando a Su Pueblo, pero Dios tambiĆ©n estĆ” juzgando a los malos: Ā«Destrozaste la cabeza de la casa del impĆo, descubriĆ©ndolo de arriba abajoĀ».
En el contexto inmediato, a medida que Habacuc reflexiona sobre la historia de redención de los judĆos, Ć©l estĆ” pensando cómo Dios libertó a los judĆos sacĆ”ndolos de Egipto. Dios destruyó el ejĆ©rcito del Faraón: Ā«TĆŗ destrozaste la cabeza de la casa del impĆoĀ».
Dios trató con Faraón. Faraón perdió su hijo primogĆ©nito, su familia, y todos los egipcios experimentaron las consecuencias terribles de las plagas que Dios envió a su nación. Dios aplastó ese poder mundial tan increĆble. Ćl lo puso al descubierto. Ćl lo despojó de su poder.
Pero no creo que eso es lo Ćŗnico a lo que Habacuc se estĆ” refiriendo aquĆ. Entiendo que tambiĆ©n Ć©l estĆ” mirando con los ojos de la fe –el justo por su fe vivirĆ”- Habacuc estĆ” deseando que llegue aquel dĆa en que Dios herirĆ” el poder de los babilonios que aĆŗn deberĆ”n conquistar al pueblo judĆo. Ellos castigarĆ”n a los judĆos. Ellos son instrumentos en las manos de Dios.
Pero Ć©l se da cuenta de que los babilonios recibirĆ”n lo que se merecen. Dios los va a aplastar. A Nabucodonosor -a ese rey orgulloso y arrogante-Dios destrozarĆ” la cabeza de la casa del impĆo y lo dejarĆ” al descubierto.
Pero considero que Habacuc, con ojos de fe, estĆ” mirando aĆŗn mĆ”s lejos-mĆ”s allĆ” de Egipto y de Babilonia y de otras potencias mundiales que han venido y se han ido. Creo que la cabeza de la casa, en Ćŗltima instancia, de la casa del impĆo no es otro sino el mismo SatanĆ”s. Ćl es el hombre fuerte acerca de quien leemos en el Nuevo Testamento, quien cree que tiene su casa bajo su control.
Y en el versĆculo 15 del capĆtulo 2, leemos cómo, esta cabeza de la casa, este hombre fuerte, hace que otros se embriaguen para exponer su desnudez. Ćl avergonzó a otros. Pero ahora Habacuc dice: Ā«Tu tiempo para ser descubierto, SatanĆ”s, ha llegadoĀ». Y este es un cuadro sobre el final, cuando SatanĆ”s serĆ” derrotado -Ćl serĆ” traspasado; quedarĆ” impotente y desprovisto de poder. Ā«Tu destrozaste la cabeza de la casa del impĆo, descubriĆ©ndolo de arriba a abajoĀ».
A medida que leo este versĆculo, mi corazón dice, «”SĆ!Ā» ””Conocemos el final de la historia!! Ahora bien, no me alegro por el juicio de Dios, pero sĆ me alegra pensar en el final de SatanĆ”s?ĀæNo te alegras tĆŗ?
Ā”QuĆ© grande e inmenso es nuestro Dios! Ćl vino para la salvación de Su pueblo -de nosotros quienes merecĆamos la ira de Dios y Su juicio. Pero, Ā«TĆŗ has tenido misericordia de nosotros. Nos has prometido, y lo has ilustrado en el pasado, que TĆŗ puedes hacerlo -que destrozarĆ”s la cabeza de la casa del impĆo, descubriĆ©ndolo de arriba a abajoĀ».
Esto fue lo que Dios prometió de una forma velada en GĆ©nesis 3, ofreciĆ©ndonos solo un vistazo de esa promesa, cuando la maldición fue puesta sobre la tierra y las consecuencias de la caĆda fueron dadas. A la mujer, al hombre y a la serpiente se les dijo cuĆ”les serĆan las consecuencias. Y luego en el versĆculo 15, Dios dijo Ā«ĆlĀ» -es decir, la descendencia de la mujer, Cristoā Ā«Ćl te herirĆ” en la cabeza, SatĆ”n. Ćl te asestarĆ” un golpe fatal. Y tĆŗ -la serpiente, SatanĆ”s- le herirĆ”s en el calcaƱalĀ» (parafraseado).
ĀæNo se cumplió esto en el Calvario? La serpiente hirió el talón del Salvador ocasionĆ”ndole sufrimiento. Pero, ĀæquiĆ©n sufrió el golpe final? JesĆŗs fue quien le dio el golpe final y decisivo a la serpiente. Y, como leemos en Romanos 16, Ā«Y el Dios de paz aplastarĆ” pronto a SatanĆ”s debajo de vuestros pies. Ā«La gracia de nuestro SeƱor Jesucristo sea con vosotrosĀ» (versĆculo 20).
Ā”QuĆ© bendición! Ā”QuĆ© bendición! Vivimos en este mundo corrupto y caĆdo, y libramos una guerra espiritual. Libramos una guerra, no contra carne y sangre, sino contra principados y potestades y contra la maldad y la oscuridad de regiones celestiales (Efesios 6:12 parafraseado). Uno puede experimentar esto en la medida que enfrenta la tentación y el pecado.
Lo puedes experimentar en tu matrimonio cuando tienes dos personas egoĆstas que estĆ”n siendo santificadas, y pueden en algĆŗn momento sacar lo peor el uno del otro. Tenemos que lidiar con esto al criar a nuestros hijos; luego crecen y quizĆ”s ni presten atención a las cosas que les enseƱaste. Uno puede ver las obras de las tinieblas; los esfuerzos del maligno. Podemos ver naciones del mundo furiosas contra Dios. Y uno puede hasta llegar a deprimirse a menos que mantengamos nuestros ojos en el final de la historia.
El Dios de paz -es nuestro Dios guerrero; Ćl es nuestro Dios de paz -pronto aplastarĆ” a SatanĆ”s bajo sus pies. Te preguntarĆ”s: bueno, Āæy quĆ© tan pronto es pronto? No parece ser muy pronto, No parece estar sucediendo ahora. Quiero decirte que, en el Calvario, esa victoria ya fue lograda.
La serpiente antigua todavĆa se retuerce y actĆŗa como si tuviera algĆŗn poder, pero ha sido derrotada. Y pronto, en el tiempo de Dios, a Su manera, Ćl aplastarĆ” a SatanĆ”s bajo nuestros pies. Nosotras tenemos la victoria. Vivimos, caminamos, servimos, amamos y adoramos a Dios, y vivimos en este planeta en una posición victoriosa sobre el mal. Nosotros tenemos la victoria sobre el mal porque Dios vino para la salvación de Su pueblo y porque nos ha prometido aplastar la cabeza de la casa del impĆo. Te digo, Ā”Esas sĆ que son buenas nuevas! Ese es el Evangelio.
El versĆculo 14 continĆŗa: Ā«Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerrerosĀ». Dios no solamente enfrenta a SatanĆ”s, sino que tambiĆ©n enfrenta a sus emisariosĀ» -a sus soldados, sus demonios y toda la gente que se encuentra en esta tierra siendo instrumento de SatanĆ”s…
«Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros». Dios usa las mismas armas que SatanÔs usa, y las usa en su contra. «Traspasaste con sus propios dardos la cabeza de sus guerreros, que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que devoran en secreto a los oprimidos».
VersĆculo 15: Ā«Marchaste por el mar con tus caballos, en el oleaje de las inmensas aguasĀ». Dios le da a Habacuc este increĆble cuadro. Y Habacuc lo recuerda a medida que Ć©l reflexiona y repasa lo sucedido. ĀæCómo es Dios? ĀæQuĆ© hizo Dios? ĀæCómo fue que Dios mostró Su poder? ĀæCómo mostró Su majestad? ĀæCómo hizo Dios para dar salvación a Su pueblo? ĀæCómo es eso de que Dios ha aplastado a Sus enemigos? Habacuc ha estado, durante esta oración, reflexionando sobre todas estas cosas.
Y Habacuc, quien ha estado orando a travĆ©s de todo esto que ha estado recordando, ahora, en el versĆculo 16, responde a todas las cosas asombrosas que ha visto, que ha experimentado y que ha oĆdo. Es una respuesta que no vemos muy frecuentemente hoy en dia. Ćl nos dice en el versĆculo 16: Ā«OĆ, y se estremecieron mis entraƱas, a Tu voz temblaron mis labios, entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoyĀ».
Ahora bien, ĀæquĆ© es lo que provoca que Habacuc tiemble? Considero que esto le ocurre por varias razones. En primer lugar, pienso que esto es por la revelación del asombroso poder y gloria de Dios, como cuando uno mira directamente al sol y su brillantez. Eso estremece tu mundo. Ver a Dios, cambiarĆ” toda tu perspectiva acerca de todas las cosas. Ćl es tan maravilloso, tan santo, tan grandioso. No tengo palabras para describir cómo es Dios.
Cuando uno ha podido empezar a contemplar quiĆ©n es Dios, cuando uno ve Su poder y Su gloria⦠”de seguro que tiembla! AsĆ que creo que en Habacuc hay un sentido de asombro, temor y tambiĆ©n de debilidad. Ćl sencillamente estĆ” tambaleĆ”ndose. Ćl estĆ” temblando como una hoja ante el poder de Dios.
Hemos visto a personas a quienes les ocurre esto. Uno escucha sobre huracanes, terremotos y tornados, y la gente tiembla. Quiero recordarte que esos fenómenos no son nada frente a Dios. Si alguna vez pudiĆ©ramos ver y conocer a Dios de la manera que Ćl es, sabrĆamos verdaderamente lo que significa temblar.
Habacuc tiembla ante la ira de Dios, y ante el juicio inminente y la persecución que Dios enviarÔ sobre la tierra. Dios le ha dicho a Habacuc que en esta situación inmediata, los babilonios estÔn llegando. Ellos van a barrer la tierra. Ellos arrasarÔn con todo y van a conquistar a JudÔ.
Y, efectivamente, asĆ lo hicieron, 15 aƱos despuĆ©s de la experiencia de Habacuc con el SeƱor. Ćl sabe que viene un juicio inminente. Ćl sabe que una devastación inminente viene y esto lo hace temblar.
TĆŗ tambiĆ©n temblarĆas si supieras lo que Dios harĆ” en este mundo para juzgar a las naciones. Esto puede ocurrir en 15 aƱos, o quizĆ”s en 15 minutos. No sabemos. Pudiera ser 1,500 aƱos. No sabemos. Pero cuando uno sabe quĆ© ocurrirĆ” y reflexiona sobre ello, uno tiembla.
Pienso que Habacuc se estremece y tiembla porque Ć©l sabe que todo el mundo sufrirĆ” -incluyendo los justos, incluyĆ©ndolo a Ć©l mismo, el hombre de Dios. Ćl sabe que se avecina sufrimiento. Y Habacuc experimenta los efectos fĆsicos y psicológicos de este conocimiento, en su cuerpo, en sus emociones y en su mente, todo esto por la revelación que ha visto por parte de Dios y que estĆ” por venir.
El encuentro de Habacuc con Dios es transformador. Ćl tiembla. Ahora bien, ese temblor -como lo veremos antes de finalizar esta serie- en Ćŗltima instancia se convierte en alabanza. Se convierte en la proclamación de la grandeza y las obras de Dios.
Pero en este momento, esto es como si Habacuc pudiera oler la carne chamuscada de aquellos que estĆ”n bajo el juicio de Dios. Ćl sabe que incluso los justos van a experimentar algo de esa ira. Si eres una persona justa, y vives en una nación impĆa, y Dios juzga a esa nación -tĆŗ tambiĆ©n sentirĆ”s ese calor. Y Ć©l empieza a temblar.
A medida que vamos a travĆ©s de las Escrituras, vemos personas que conocieron a Dios y que realmente vieron Sus propósitos y planes, y temblaron. Dije al principio de esta serie, y lo repito. Me confunde la forma en que en la actualidad se puede ser tan frĆvola, tan trivial, tan casual, en la presencia de un Dios santo.
Hace aƱos, el pastor de mi iglesia predicó acerca del libro de Habacuc. Y recuerdo perfectamente que predicó un sermón bastante poderoso acerca del capĆtulo 2, versĆculo 20: Ā«El SeƱor estĆ” en Su santo templo, calle delante de Ćl toda la tierraĀ».
A medida que meditaba en ese texto durante el sermón, sentĆa la presencia pesada de Dios revelĆ”ndome la verdad de cuĆ”n poderoso Ćl es, cuĆ”n Santo Ćl es, y cuĆ”n majestuoso es. Al final del mensaje, casi no podĆa respirar y sentĆ un justo temor de Dios -no un miedo inapropiado, sino un asombroso temor ante la presencia de Dios.
Y al poco rato, no te imaginas lo rÔpido que salimos de ese momento, tan pronto se pronunció el último amén. La música empieza a tocar y nosotros empezamos a hablar acerca de todo, excepto de Dios y Su grandeza. La gente solo hablaba y charlaba. No estoy criticando con esto; simplemente estoy diciendo que no conocemos a Dios. En realidad no estamos viendo a Dios.
Ahora, no estoy diciendo que cada vez que venimos a la iglesia debemos hablar en susurros, o que nadie debe hablar de cosas como el estado del tiempo o los deportes o lo que sea. Pero hay algo cuando realmente estƔs en la presencia de Dios que es asombroso; que te hace temblar.
Esto lo podemos ver en las Escrituras cuando la gente contemplaba a Dios. Lo vemos en libro de Daniel cuando le fue dada una visión del Cristo pre-encarnado. Lo que los teólogos llaman una Ā«CristofanĆa o TeofonĆaĀ». Ćl realmente vio a Cristo. Ćl se quedó solo, y vio esta gran visión. Y dijo: Ā«No me quedaron fuerzas, y mi rostro demudó» (Daniel 10:8). En el lenguaje original se lee: Ā«mi esplendor fue cambiado en ruinaĀ».
Hay algo devastador acerca de poder ver a Cristo como Ćl es. Daniel dice: Ā«Sin retener yo fuerza algunaĀ». Ćl dijo que ni fuerza ni aliento alguno quedó en Ć©l. Se sentĆa sin aliento, no podĆa respirar, no tenĆa fuerzas.
Y eso fue lo que Habacuc experimentó. Fue lo que experimientó Daniel. Esa fue la experiencia de Pedro cuando vio el poder de Dios -cuando Cristo hizo ese milagro, y atraparon todos esos peces. Pedro pudo ver que no era un hombre ordinario quien hizo que eso sucediera. Ćl sabĆa que estaba ante la presencia de alguien majestuoso y divino.
Y las Escrituras nos dicen en Lucas 5: Ā«Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de JesĆŗs, diciendo: apĆ”rtate de mĆ, SeƱor, pues soy hombre pecadorĀ» (versĆculo 8). El tembló ante la presencia del Dios Santo, de un Dios poderoso.
Habacuc vio esto. Daniel lo vio. Pedro tambiĆ©n lo vio. El apóstol Juan tambiĆ©n lo vio en el libro de Apocalipsis, capĆtulo 1. Nosotros tenemos la hermosa, poderosa e increĆble descripción de Cristo -del Cristo glorificado de Apocalipsis capĆtulo 1, cuyos pies, cabeza y sus cabellos resplandecen. Ćl luce glorioso. ĀæY que le sucedió cuando Juan tuvo esta visión? Ćl no se fue corriendo a jugar, ni a charlar con sus amigos sobre cosas intrascendentes. Ćl dijo: Ā«Cuando le vi, caĆ como muerto a sus piesĀ». (versĆculo 17)
La majestad de Dios. El poder de Dios. El juicio de Dios. La ira de Dios. ĀæQuĆ© sucederĆ” cuando veamos todo esto? Cuando te encuentres con el SeƱor, cuando lo escuches, Āæcómo puedes simplemente salir corriendo a tu rutina; a continuar con tu dĆa como si nada?
De los avivamientos del pasado se dice que una de las seƱales o muestras mĆ”s consistentes era que las personas eran inundadas con un sentido asombroso de la presencia de Dios; con un sentido de la eternidad. Era como si ellos no pudieran pensar o hablar de ninguna otra cosa. Se dice que en alguno de esos grandes avivamientos, uno podĆa caminar por cualquier calle -en lo que anteriormente habĆan sido ambientes muy seculares- y se encontraba personas en todos los sitios hablando de Dios y de la condición de sus almas.
¿CuÔndo fue la última vez que temblaste ante la presencia de Dios? ¿Alguna vez el conocimiento de Dios y Su poderoso obrar te han paralizado? ¿Con qué frecuencia, cuando tengo mi tiempo a solas con Dios, cuando abro la Biblia, cuando leo lo que Dios me tiene que decir, y luego rÔpidamente, simplemente cierro la Biblia y paso a lo próximo que tengo que hacer? Sigo hacia mi computadora, hacia mi laptop, a una reunión, a una llamada telefónica. ¿Realmente me acabo de encontrar con Dios?
Ahora, no estoy diciendo que no debamos tener momentos normales de vida, o que Dios nunca se divierte o que no podemos disfrutar de nada jamĆ”s. Esa es una dimensión de la vida cristiana que tambiĆ©n es muy real. ĀæPero por quĆ© estamos perdiendo de vista la dimensión de temblar ante la presencia de Dios? Considero que la respuesta es porque no estamos viendo a Dios como Ćl es en realidad.
De manera que a medida que profundices en la Palabra de Dios, a medida que vayas a la iglesia, que compartas con el pueblo de Dios, pĆdele a Dios que te ayude a verlo, a temblar ante la realidad de saber quiĆ©n es Ćl realmente.
Carmen: Podemos volvernos tan casuales acerca de Dios. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado recordando cuƔn grande e imponente es Dios en realidad. Este mensaje es parte de la serie titulada: Habacuc: del temor a la fe .
¿Alguna vez has sentido que la vida es como un gigantesco tapón de trÔfico y que lo que haces es esperar y esperar sin hacer nada? Averigua en una próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones lo que el profeta Habacuc aprendió acerca de esperar por fe.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.
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